AGLI Recortes de Prensa   Domingo 14  Febrero  2021

Hoy, moción de censura en Cataluña contra Casado
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 14 Febrero 2021

Hace poco más de tres meses, el 22 de octubre, en la moción de censura contra Sánchez, Pablo Casado hizo un discurso de ruptura total con Vox y de feroz descalificación personal contra su líder, Santiago Abascal. Casado definió la moción como “un acto de la precampaña catalana” que “le iba a salir por la culata”. Hoy se vota en Cataluña, y el fruto de aquel discurso de hace poco más de cien días lo conoceremos esta noche. Dicen las encuestas que el vaticinio de Casado, tan aplaudido por los que nunca votaron al PP, puede cumplirse al revés. Hoy se vota aquel discurso de Casado. Hoy las urnas mostrarán lo que opinan sobre Vox y sobre su PP.

Por encima del resultado, está el hecho de que ese 22 de octubre Casado rompió de forma deliberada la relación con Vox, que le había facilitado todo el poder territorial que aún administra, y la posibilidad de forjar un frente común contra el proyecto social-comunista de liquidar el orden constitucional por su base, la unidad nacional, y la cúpula, la Corona. Casado dijo que Abascal era parte indisociable de ese peligro. Hoy, los que más y desde hace más tiempo lo padecen, dirán si Casado les sirve para combatirlo o, por el contrario, si su PP les parece inútil ante tal amenaza.

Las frases con que Casado retó a Abascal
Visto en perspectiva, el discurso de Casado contra Abascal, y del PP contra Vox, obedecía a una estrategia que conducía precisamente a la cita electoral de hoy. Comenzó con el linchamiento de Cayetana por los siervos mediáticos de Génova, prosiguió por la ruptura estrepitosa con Vox -muy probablemente, esperando que Abascal rompiera los gobiernos de Madrid y Andalucía y apartara de todo liderazgo en el PP a Ayuso y Moreno Bonilla, para concluir en lo que entonces se daba como una victoria cómoda del PP catalán frente al candidato Garriga al que, efectivamente, Abascal, quiso dar el protagonismo mediático que se niega a Vox cediéndole el discurso primero -y mejor- de una moción de desgaste, no de censura, que Casado pudo ganar con una abstención, como pedían muchos en la derecha. No lo hizo por puro cálculo personal, y si hoy fracasa, habrá fracasado él, no el PP ni Alejandro Fernández, que ha acabado tan desquiciado como su jefe.

Pero repasemos esas frases que, salvo propósito sincero y público de enmienda, que me sorprendería, pueden servir de epitafio a Casado y con las que él pensó enterrar, precisamente esta noche, a Abascal y a Vox:

"Esta moción no la dispara contra el Gobierno, sino contra el partido que le ha dado trabajo quince años, y lamento decirle que el tiro le ha salido por la culata". (…) Es la hora de poner las cartas boca arriba. Hasta aquí hemos llegado".

"Señor Abascal, usted no da ninguna batalla por las ideas. Usted tiene como única idea la de arrastrar a los españoles a una batalla. Igual que Sánchez e igual que sus socios, forma parte de este desgarro nacional" (…) "para enfrentar a la sociedad, para hacer imposible la convivencia".

Pensaba que no sería necesario hacer esta aclaración dada su trayectoria laboral, pero, llegados a este punto, me temo que es imprescindible". (…) Señor Abascal, no es que no nos atrevamos, no es que nos hayamos rendido, no es que seamos cobardes, lo que ocurre es que no queremos ser como usted".

"El Partido Popular es nuestro partido, pero no es nuestra patria. Nuestra patria es España y por nuestra patria este partido, que usted conoce bien y que a usted le conoce muy bien, ha pagado un tributo de sangre, que ahora pisotean personas como ustedes. No sé cuál es su idea de patriotismo, pero yo no lo concibo como un insulto a los que dan su vida por la libertad de todos, especialmente cuando han sido tus compañeros".

"Van ustedes de nueva política, pero usted ya tenía cargo público cuando yo estaba en el colegio y alguno de sus diputados ya tenía escaño aquí el año en que yo nací. (...) Déjeme decirle algo: los insultos, los suyos y los de cualquiera, los aguantaremos, como aguantamos el terrorismo, los escraches y el cordón sanitario, por la libertad y por España, y en mi caso, créanme, lo hago con una profunda decepción personal". (…)

"Señor Abascal, no le gustamos. Perfecto, entendido. Usted a nosotros tampoco. Usted ya es parte del problema de España y no puede ser parte de la solución que mi partido representa" (…)

"Señor Abascal, usted ha debilitado gravemente la línea de defensa de la nación española, que no estaba en episodios remotos de nuestra historia, sino en las puertas de los colegios electorales hace apenas unos meses. Usted llamó a romper filas, pero nosotros seguiremos reclutando sueños y esperanzas para los españoles sin ustedes. (…)

La distancia entre su ambición y su patriotismo es demasiado grande como para recorrerla con esta moción trampa. Esto se parece más bien al patético final en Escalona del ciego de El Lazarillo de Tormes. Alguien le ha dicho que salte lo más lejos posible y se ha dado de bruces con el muro de la realidad.”


La realidad, la cobardía y el respeto al PP
El muro de la realidad, que en el Lazarillo es columna tras un charco, son los votos de los que alardeó en ese discurso que quiso ser de fundación del casadismo y que podría ser el de su defunción, si no como presidente, porque huye del preceptivo congreso, sí como centro que lograría la tercera mayoría absoluta equidistando de la derecha -Vox- y de la izquierda -el Gobierno socialcomunista, el partido de la ETA y el golpismo catalán. El discurso de Casado en Octubre fue como el de Illa o el de Chamberlain: “traigo la paz”. Pero el de su campaña catalana ha sido el de la cobarde negación de la historia del PP que hace cien días le reprochaba a Abascal.

Aunque el acto que resume toda la claudicación de los principios de los que presumía en octubre fue la entrevista en la radio separatista RAC1, Casado la inició con una entrevista en la Vanguardia y un discurso ante los empresarios que fueron la negación del que Cayetana Álvarez de Toledo había hecho en las pasadas elecciones generales, culpando a la burguesía de haber financiado el golpe de Estado y de inhibirse de sus responsabilidades a cambio de la paz mediática y el dinero público que otorga la Generalidad.

Decir que el PP “quiere ser parte de la solución y no del problema” y que las cargas policiales el 1-O “nunca debieron producirse” es lo mismo. Lo primero, es renegar de aquel Casado que ganó el congreso del partido contra Soraya y Rajoy. Lo segundo, es renegar hasta de Rajoy y de Soraya. En ambos casos, pruebas de esa cobardía que tanto le ha reprochado Vox, estamos ante alguien que, en aras de un proyecto personal o de cuadrilla, reniega de la historia de su partido, o sea, de sus antecedentes laborales, exponiéndose a que cualquiera de los que él dijo querer derrotar le diga lo de “este partido que usted conoce bien y que a usted le conoce muy bien”, para finalmente concluir: “y entre Abascal y usted, preferimos a Abascal”.

Mañana hay que empezar la reconstrucción
No quiero extenderme más, ni siquiera en lo que respecta a la guerra que, tras echar a Cayetana y romper con Abascal, emprendió Casado contra el grupo Libertad Digital. Mañana debemos empezar a pegar los platos rotos de Casado en octubre. Y no veo pegamento suficiente. Pero que no quede por los que tememos que, con la derecha rota, la Izquierda podrá acometer más fácilmente la destrucción de España. Pongámoselo difícil.

Sánchez sella la paz con los sindicatos: les da el control de los convenios en plena debacle económica

Carlos Cuesta okdiario 14 Febrero 2021

Pedro Sánchez se prepara para momentos de tensión social. La actividad económica sigue su deterioro, la financiación de las prestaciones sociales corre peligro, y el presidente, por el momento, ha preferido sellar la paz con los sindicatos para evitar tentaciones de respaldar la tensión laboral. El paquete de reformas económicas que prepara ya el Gobierno les da el control de los convenios en plena debacle económica. La reforma laboral salta por los aires, pero los sindicatos vuelven a retomar el poder perdido en 2012.

El año 2012 fue el de la reforma laboral. El año 2021, si nada lo impide, será el del mayor retroceso experimentado en esta materia en mucho tiempo en España. Mucho se ha hablado de la rebaja del coste del despido blindada por aquella reforma que encabezó el Gobierno del PP de la mano de la ministra Fátima Báñez hace casi una década. Pero lo cierto es que esa rebaja del coste ya había sido introducida unos años antes por un José Luis Rodríguez Zapatero arrodillado ante la UE que lo tuvo que rescatar tras haber dejado España sin capacidad de financiación propia.

La realidad es que aquella reforma laboral del PP lo que hizo fue apartar a los sindicatos del control absoluto de los convenios. O, mejor dicho, apartar a las grandes cúpulas nacionales de los sindicatos de ese control: la ultraactividad de los convenios desapareció y la negociación directa de los sindicatos de cada empresa con los directivos abrió una puerta a negociar con flexibilidad las condiciones laborales en los momentos de crisis. Todo ello con un fin: evitar los despidos masivos en las etapas de debilidad económica y favorecer despegues rápidos en los momentos de recuperación. La clave: el alejamiento de las cúpulas sindicales y de su control de los convenios sectoriales, de forma que pasase a mandar en cada situación lo negociado por aquellos trabajadores realmente conocedores y vinculados por la situación de cada empresa.

Paquetes de reformas
El Gobierno ha remitido ya a Bruselas un paquete de reformas que acompaña al plan de recuperación. El objetivo de este plan es definir los cambios legislativos de España en el corto plazo para convencer a la UE de que la economía nacional merece recibir el rescate de 70.000 millones de euros en ayudas directas. Y entre esas reformas figura la siguiente:

“Modernización de la negociación colectiva. Objetivo: adaptar la negociación colectiva a las necesidades de empresas y sectores, para vertebrar un sistema de relaciones laborales equilibrado a nivel nacional. Medidas: abordar los siguientes aspectos de la negociación colectiva, ultraactividad de convenios, relación entre convenios sectoriales y de empresa, mecanismos de consulta y negociación en los supuestos de modificación sustancial de las condiciones de trabajo y refuerzo de la representatividad de las partes negociadoras y la seguridad jurídica en su aplicación”.

Las fuentes consultadas por OKDIARIO han confirmado que la reforma de todo ello se dirige precisamente a devolver el poder a las cúpulas sindicales de las negociaciones colectivas, algo que no satisfará demasiado a Bruselas, pero que forma parte de los compromisos entre el PSOE, Podemos y los grandes sindicatos (UGT y CCOO).

La reforma se incluye, de hecho, en el mismo texto en el que figuran claros recortes: uno de ellos afecta al cobro de las pensiones por parte de las personas que pasan a la jubilación antes de la edad legalmente establecida: los conocidos como prejubilados. A todos ellos, el Gobierno socialcomunista pretende recortarles las pensiones por medio de un incremento de los coeficientes reductores que regula la Seguridad Social, precisamente, por no haber llegado al nivel de años trabajados determinado por la Administración.

Sablazo a los autónomos
Y también en ese texto figura, por ejemplo, el nuevo sablazo a los autónomos. El texto, al que ha tenido acceso OKDIARIO, contiene un apartado con un representativo título denominado: «Nuevo sistema de cotización a la Seguridad Social de los trabajadores autónomos por sus ingresos reales».
 El documento no deja lugar a dudas: «Se trata de implantar gradualmente un nuevo sistema de cotización en el régimen especial de trabajadores autónomos (RETA) basado en los rendimientos por la actividad económica desempeñada».

«De este modo se ha de corregir la distorsión generada por la facultad de elección de la base de cotización que supone una merma de recursos para el sistema y un nivel bajo de acción protectora para los autónomos», añade el documento que ya conoce Bruselas.

El texto prosigue con los detalles y aclara que, efectivamente se trata de una subida recaudatoria: «El resultado del reconocimiento a los trabajadores autónomos de la facultad de elección de la base de cotización es que casi el 85% del colectivo lo hace por la base mínima. Junto a este problema de insuficiencia de recursos, la lógica contributiva del sistema se traduce en que las prestaciones económicas son sensiblemente inferiores a las del régimen general, hasta el punto de que un 36% de los pensionistas del RETA no alcanzan la pensión mínima, y por tanto, son beneficiarios de complementos a mínimos en las cuantías de suspensiones».

La «democracia» del camarada Iglesias
Francisco Marhuenda larazon 14 Febrero 2021

A la pregunta ¿hay comunistas demócratas? se puede responder que sí, pero pocos. Algunos idealistas creyeron en el comunismo a lo largo de su tormentosa y cruel historia, pensando que era la solución para conseguir el progreso y la igualdad. El problema es que esos ingenuos acabaron asesinados, encarcelados o exiliados. El comunismo ha sido, es y seguirá siendo una doctrina totalitaria que se adapta como un camaleón a las circunstancias para conseguir el objetivo final de establecer la «dictadura del proletariado». Esta mutación hace que cambie su denominación y se adapte a las circunstancias de cada país. El Diccionario Filosófico (1764) de Voltaire recoge la conocida frase: «El peor de los Estados es el Estado popular» que Cinna le dirige a Augusto en la tragedia de Corneille y Máximo sostiene que «es la monarquía». La historia ha demostrado que la cita sobre el Estado popular es muy certera y los populismos, de cualquier signo, son una tragedia terrible. La raíz de las doctrinas autoritarias es siempre populista. Y Pablo Iglesias es un populista y comunista de manual.

La monarquía, que tan poco le gusta, ha ido evolucionando con la sociedad y nada tiene que ver con la monarquía de la Antigüedad. Por cierto, es interesante reflexionar por qué los regímenes comunistas establecen sistemas de sucesión hereditaria del poder y crean su propia «aristocracia» de partido. El populismo no es un mal de nuestros tiempos, sino que existe un hilo conductor que encontramos a lo largo de la historia. Un criminal comunista como François-Noël Babeuf, el jefe de la conspiración de los iguales durante la Revolución Francesa, eligió el sobrenombre Gracchus en recuerdo de los hermanos Graco, dos tribunos de la plebe, aunque eran aristócratas de la familia Cornelia. Babeuf murió guillotinado en mayo de 1797. Robespierre el Incorruptible y los jacobinos, una impresionante colección de asesinos de acomodado origen, también buscaban en la igualdad, pero utilizando la guillotina a destajo. Los revolucionarios franceses eran tan demócratas que asesinaron a más de 200.000 compatriotas en la Guerra de la Vendée. No hay revolución de carácter popular, no me refiero obviamente a las científicas o económicas, que no haya provocado un baño de sangre en nombre del pueblo.

Las rusa y china, ambas comunistas, son el paradigma del horror del concepto de democracia popular perpetrada por los defensores del proletariado. Al igual que escuchamos ahora en algunos líderes de Podemos, se trataba de acabar con el capitalismo, la burguesía y el liberalismo. En un primer momento mostraban su cara más amable y eran gente culta, algo lógico formando parte de las clases altas y medias. No hay más que ver a los ideólogos y sus obras para constatar su origen como aristócratas o ricos burgueses como Marx o Engels. Una vez alcanzado el poder se desataba una crueldad sin límites destinada a exterminar a los elementos «indeseables» para el comunismo. Stalin lo practicó con una brutalidad ilimitada cuando ocupó parte de Polonia gracias a su pacto con Hitler. Decenas de miles de polacos fueron asesinados por ser políticos, militares, intelectuales, burgueses o aristócratas. Los «compañeros de viaje» en las democracias occidentales olvidaron rápidamente estas cuestiones para apoyar a la Unión Soviética y a las democracias populares que impuso tras la Segunda Guerra Mundial.

Otra característica sorprendente es la enorme ingenuidad de empresarios, intelectuales y periodistas en nuestros días ante la llegada del comunismo. La victoria de la Revolución Rusa y el horror de la Guerra Civil contra los rusos blancos provocó la reacción de las democracias europeas frente a la monstruosidad del comunismo. Lo mismo sucedió gracias a la Guerra Fría en los países sometidos a la dictadura del proletariado. La Unión Soviética, consciente de que no podía ganar una guerra frente a Estados Unidos, intentó extender su revolución por el mundo mientras los partidos comunistas en las democracias occidentales ofrecían su cara más amable. Con la caída del Muro de Berlín y el fin de la opresión comunista, la Europa del Este les dio la espalda. Habían sufrido la horrible distopía igualitaria y sabían que es una de las doctrinas más criminales de la Historia.

Asia, África y América fueron el campo de batalla entre la democracia y el comunismo. Sin lugar a duda se cometieron crímenes terribles por parte de Estados Unidos y sus aliados, pero quedaron eclipsados por las brutalidades perpetradas por los partidos comunistas cuando alcanzaron el poder. La persecución de los disidentes, las catástrofes humanitarias provocadas por sus políticas económicas y la ausencia de libertades son una verdad histórica incuestionable. Los camaradas tenían muy claro que instalarían una nueva «aristocracia» de partido y reeducarían al pueblo para que fueran buenos ciudadanos comunistas. Algunas de estas democracias populares, como China o Corea del Norte, han llegado hasta nuestros días. Ahora tenemos, también, el nuevo concepto de populismo caudillista hispanoamericano, tan grato para el camarada Iglesias, en Venezuela y Cuba que son las democracias plenas a las que tendríamos que aspirar según su delirante concepción de la democracia.

España es una de las grandes democracias del mundo a pesar de las teorías comunistas y populistas, que no tienen nada de nuevo, sino que son tan viejas como sus admirados maestros. El tiempo está demostrando que la presencia de Podemos en el consejo de ministros es una anomalía democrática y un grave factor de distorsión dentro del propio equipo gubernamental. Todo indica que irá a peor. Es verdad que las coaliciones siempre son complicadas, pero en este caso el esperpento alcanza límites increíbles. No se trata de una nueva izquierda, sino el viejo comunismo de toda la vida que ha camuflado su totalitarismo hasta el momento en que ha mostrado su cara más inquietante. Los políticos, periodistas e intelectuales que vieron con simpatía su llegada ahora empiezan a comprobar las consecuencias terribles que tiene para la sociedad y la economía.

La última manipulación de los ‘Big Media’

Jorge Mestre okdiario 14 Febrero 2021

Esta semana los senadores ‘progres’ de EEUU nos han hecho saber durante su particular ajuste de cuentas a Donald Trump, el mal llamado ‘impeachment’, que el asalto al Capitolio se saldó con un “por lo menos 7 muertos”. Sí, ni siquiera cierran a estas alturas la cifra porque confían en aumentarla hasta aproximarla al total de bajas estadounidenses en las guerras de Irak o Afganistán. Ya que en cuatro años Donald Trump no invadió militarmente ningún país, como sí hicieron sus predecesores, hay que colgarle como sea la responsabilidad de todos los muertos del pasado 6 de enero, no ya los del Capitolio, sino los de todos los de EEUU durante aquel día. Y no cogen la cifra de fallecidos de aquel día en todo el mundo porque sería pasarse de listos.

Como pueden imaginarse, los órganos de propaganda ‘progres’ en EEUU y en medio mundo, acríticos con quienes deben serlo, braman hasta la saciedad la nueva consigna para tratar de permeabilizar en el imaginario colectivo que el disparate de un grupo de seguidores de Trump quede inmortalizado como una especie de ‘Noche de los Cuchillos Largos’ cuando tuvo momentos de gran parecido con la película “Una noche en el museo”, sobre todo cuando se ven las imágenes de parejas cogidas de la mano paseándose por los pasillos del Capitolio como si no tuvieran nada mejor que hacer ese día.

De las siete víctimas que contabilizan los demócratas estadounidenses y sus altavoces mediáticos, sólo una, repito, sólo una, falleció directamente por el enfrentamiento de los seguidores de Trump con las fuerzas del orden. Me estoy refiriendo a Ashli Babbitt la mujer asesinada por un agente del servicio secreto pese a estar desarmada y cuando no ponía en riesgo la vida de nadie. Tras lo ocurrido, no emergió ningún colectivo feminista, ni grupos denunciantes de la brutalidad policial, para llorar dicha muerte. Babbitt como otras tantas mujeres en Occidente pasó a engrosar la lista de víctimas de segunda categoría para la izquierda política por no pertenecer a su rebaño ideológico. Algo muy similar a lo que ocurre aquí en España cuando se agrede a mujeres de la Guardia Civil en Alsasua, o a políticas del PP, VOX o Ciudadanos.

Sólo otras dos muertes podrían vincularse de alguna forma con los hechos del 6 de enero. Me refiero a la del agente Brian Sicknick, que murió en el hospital al día siguiente, tras haber sido golpeado supuestamente con un extintor de incendios, y a la de Rosanne Boyland, que también falleció supuestamente pisoteada, aunque no se ha confirmado si perdió la vida antes o después de ser aplastada por la turba.

Respecto a los otros cuatro casos, tristes como los de cualquier pérdida humana, he de decir que constituyen un paradigma merecedor de ser incluidos en cualquier manual de manipulación política. Inicialmente se dijo que varios de ellos habían fallecido por “emergencias médicas”. Las “emergencias médicas” se referían a dos infartos. Kevin Greeson murió cerca del Capitolio de un paro cardíaco mientras hablaba por teléfono con su esposa. Al igual que Benjamin Philips, de 50 años. Ninguno de los dos estaba enfrentándose con nadie.

Las últimas dos víctimas de las que hablan los senadores de Biden son dos agentes de la policía que estuvieron en el Capitolio y que se quitaron la vida a la semana y a las dos semanas. Nadie les agredió el 6 de enero. Desconocemos si tenían cualquier tipo de problema personal que les llevó a tal fatídica decisión, pero a la izquierda mundial le da igual. La cuestión es cargarle la culpa de todo a Trump. Nadie le dirá a Obama que los miles de militares suicidados en Irak o Afganistán son bajas de ambos conflictos, o las de los militares que fallecieron por paros cardíacos.

Pero con lo del Capitolio, la izquierda busca víctimas de donde sea. Un verdadero ejemplo de que la narrativa del juicio político a Trump tiene más de revanchismo y ajuste de cuentas de Nancy Pelosi o de Joe Biden, que un proceso serio ajustado a la norma y a la Constitución de los EEUU. Lo más llamativo de todo es que los mismos medios tradicionales, que tanto denuncian las ‘fake news’, son los verdaderos forjadores de la más absoluta y descarnada desinformación. Insisto, la misma contra la que se jactan de estar combatiendo.

Trump, absuelto: fracasa la operación del Partido Demócrata para inhabilitarle
SIETE REPUBLICANOS APOYAN EL JUICIO POLÍTICO CONTRA EL EXPRESIDENTE
https://gaceta.es  14 Febrero 2021

El expresidente estadounidense Donald Trump ha sido absuelto en el juicio político en el Senado por el el asalto al Capitolio del 6 de enero.

En concreto, 57 senadores, incluidos siete republicanos, han votado a favor de condenar a Trump, mientras que 43 lo han hecho en contra, unas cifras lejanas a los 67 votos necesarios, ya que se requiere una mayoría de dos tercios.

Los siete republicanos que han votado a favor en el veredicto son Bill Cassidy (Luisiana), Susan Collins (Maine), Richard Burr (Virginia), Lisa Murkowski (Alaska), Mitt Romney (Utah), Ben Sasse (Nebraska) y Pat Toomey (Pensilvania).

Tras conocerse el resultado de la votación, Trump ha roto semanas de silencio por la censura de las grandes tecnológicas y ha calificado de “triste” que “un solo partido político de Estados Unidos haya dado vía libre a denigrar el estado de derecho, difamar a las fuerzas de seguridad, jalear a las masas, disculpar a los alborotadores y transformar la justicia en una herramienta de venganza política para procesar, señalar, censurar y reprimir a toda la gente y todas las opiniones con las que no están de acuerdo”.

Además, ha dejado entrever que tiene planes para su futuro político: “tenemos tanto trabajo por delante y pronto nos alzaremos con una visión para un futuro brillante, radiante e ilimitado para Estados Unidos”.

El golpe de Estado del Estado Profundo
Manuel Pastor Libertad Digital 12 Febrero 2021

EEUU es una sociedad profundamente dividida y, ante el resto del mundo, la democracia americana aparece como un sistema político disfuncional.

Por si hubiera dudas, la revista Time, órgano tradicional del USA Establishment y abiertamente pro-Biden, ha reconocido que en 2020 hubo una “campaña en la sombra” anti-Trump. Así lo afirma con notable arrogancia progresista la autora Molly Ball (biógrafa de Nancy Pelosi) en su artículo “The Secret History of the Shadow Campaing That Saved the 2020 Election” (4 de febrero en la red, Time, 15 feb). La autora dice que la campaña no pretendía “amañar”, sino “fortalecer” las elecciones.

No sería la primera vez que se produce un gran fraude electoral en la democracia americana. En la famosa campaña presidencial de 1960 –ahora casi todo el mundo lo reconoce– Kennedy le robó la elección a Nixon (Seymour M. Hersh, The Dark Side of Camelot, 1997; sobre todo Irwin Gellman, “Nixon´s Noble Pass on a 1960 Recount”, WSJ, 6 ene, y su próxima monografía Campaign of the Century: Kennedy, Nixon and the Presidential Election of 1960).

Tampoco han estado libres los Estados Unidos de intentos golpistas y alguno con éxito. Prescindiendo de la desinformación periodística al estilo Woodward & Bernstein, el más famoso caso fue también contra Nixon (Len Colodny & Robert Gettlin, Silent Coup, 1991; Ray Locker, Haig´s Coup, 2019).

Pero volvamos a 2020 y recapitulemos lo que son hechos probados, no hipótesis conspiratorias, basados en:

La investigación e informe de Devin Nunes (Nunes Memo, 2018).
La investigación y las obras de Lee Smith (The Plot Against the President, 2019, y The Permanent Coup, 2020).
La investigación y la obra de Svetlana Lokhova (Spygate Exposed, 2020).

Todas ellas son investigaciones concurrentes que demuestran, paralelamente a alguna documentación reciente desclasificada:

Que existió espionaje del FBI (por el grupo responsable de la operación Crossfire Hurricane, encabezada por el director James Comey) al candidato Donald Trump durante la campaña presidencial 2016, utilizando el mendaz Steele Dossier, pagado por su rival Hillary Clinton.

Que existió una cábala en el Despacho Oval (5 de enero de 2017) del todavía presidente Obama, con el vicepresidente Biden y subalternos (James Comey, John Brennan, Susan Rice, etc.), dando el visto bueno para que el FBI continuara espiando al presidente legítimo electo Donald Trump, y acusando injustamente al general Michael Flynn de ser un agente de Rusia.

Divulgación de las mentiras sobre Trump del Steele Dossier en los medios de comunicación y en el Congreso por el senador RINO John McCain, el FBI y otros, alentando la idea de una “Trump-Russia collusion”, de la investigación especial y el Mueller Dossier, y de un Fake Impeachment contra el presidente Donald Trump, que fracasará en el juicio del Senado en enero de 2020, con el único voto traidor del senador RINO Mitt Romney.

Campaña en la sombra anti-Trump de 2020, ahora revelada por Time, que alimenta la sospecha del gran fraude electoral.

Incidentes del 6 de enero de 2021 y acusaciones infundadas contra el presidente Donald Trump, que se retira el 20 de enero sin “conceder” la victoria de Joe Biden.

Inicios de un nuevo Fake Impeachment contra el expresidente Donald Trump, por incitación a la insurrección, que reputados constitucionalistas consideran además anticonstitucional, por lo que el juicio en el Senado en febrero de 2021 sería un delito de prevaricación en el más alto grado, cometido por los 50 senadores Demócratas y 6 senadores traidores Republicanos (entre ellos, otra vez, el senador RINO Mitt Romney). Como en el primer intento de Fake Impeachment, no se conseguirían los votos suficientes para condenar a Trump.

Para el colmo y burla a la Constitución, el presidente de la Corte Suprema se ha negado a presidir el juicio en el Senado, ocupando su lugar un senador de la mayoría demócrata, el presidente pro-tempore (por tanto, juez y parte en la farsa legal de este Paper Coup anti-Trump).

Svetlana Lokhova, joven historiadora ruso-británica en la Universidad de Cambridge es testigo y víctima, como ha relatado detalladamente en su libro Spygate Exposed (2020), de los prolegómenos de esta historia con algunos ribetes de soap opera política. El reciente 3 de enero de 2021 afirmaba Lokhova en un tweet: “Documentos desclasificados en 2020 muestran que el grupo Crossfire Hurricane del FBI, coordinado con el senador McCain, Chris(topher) Steele y Stef(an) Halper divulgaron falsas alegaciones de que yo era una espía rusa que sedujo al futuro Consejero de Seguridad Nacional (general Flynn). El objetivo último era Donald Trump".

El historiador Christopher Andrew, reputado experto en estudios sobre Inteligencia-Contra-Inteligencia y tutor de Lokhova en Cambridge, publicó un miserable artículo en el Sunday Times (Feb. 29, 2017) alimentando la mentira. Como relata Lee Smith: “Andrew, un auxiliar en la operación de Halper (profesor en la Universidad de Oxford e informador del FBI), insinuó que su antigua alumna era una espía rusa que sedujo mediante un honey-trap a Flynn” (The Plot Against the President, 2019, p. 139).

Basándome principalmente en las investigaciones del congresista Devin Nunes y del autor Lee Smith, he divulgado alguna información y los nombres de los principales responsables de este presunto golpe de Estado del Deep State en mis artículos “Un portugués azul en el grupo rojo del Congreso USA” y “El Factor I-C-I en la crisis de la Democracia Americana” (ambos en La Crítica, 25 de Noviembre, 2020, y 7 de enero, 2021, respectivamente), pero debemos seguir esperando la publicación de más documentos desclasificados, y las revelaciones finales del fiscal especial John Durham que investiga el espionaje y golpismo contra Trump, si la administración Biden –obviamente comprometida con el Deep State– no lo impide.

Cualquiera que sea el final de esta crisis política y constitucional –para mí, una triste historia– dos hechos parecen quedar en evidencia: los Estados Unidos es hoy una sociedad profundamente dividida, y ante el resto del mundo la democracia americana aparece ahora como un sistema político gravemente disfuncional.

El contingente que Stalin envió a la Guerra Civil contra Franco: un secreto oculto por la URSS durante 60 años
Israel Viana ABC 14 Febrero 2021

La documentación procedente de los actuales archivos de la Federación Rusa, antes integrados en la extinta Unión Soviética, estuvo guardada con un celo absoluto hasta el final de la Guerra Fría. Desde que salieron a la luz en 1991, han jugado un papel importante a la hora de reconstruir de manera más seria el papel que los soviéticos jugaron en la Guerra Civil española, cuya intervención militar directa fue decidida por Stalin entre mediados de agosto y finales de septiembre de 1936, mientrad disfrutaba de su descanso en la ciudad balneario de Sochi, en el mar Negro.

En las reflexiones del dictador comunista pesó la idea de que si España acababa en manos de Franco, eso representaría un peligro para Francia, el país que constituía el primer eslabón de la cadena que debía cercar las ansias expansionistas de la Alemania nazi. Y si ella caía, sería un peligro para la URSS, puesto que no tenían la menor duda de que Hitler acabaría llevando a cabo una política más agresiva contra Europa que acabaría afectando al Tercer Reich, tal y como ocurrió poco después en la Segunda Guerra Mundial.

Lo cierto es que Stalin no tenía dudas sobre cómo solucionar el problema de España de la manera más eficaz posible: asesinar a Franco. Y tal y como contaba el historiador ruso y ex agente de los servicios de inteligencia rusos, Boris Volodarsky, en su libro «El caso Orlov» (Editorial Crítica, 2013), la Unión Soviética llegó a enviar hasta tres expediciones al bando sublevado con el objetivo de llevar a buen puerto su magnicidio. Todo ello mientras se ponía en marcha una operación mucho más complicada y grande como la Operación X (donde «X» significaba España), que consistía en el apoyo al Ejército republicano enviando todo tipo de armamento y hombres.

La ayuda a la República
Esta última se decidió oficialmente en la reunión del Politburó –el máximo órgano de poder en la Unión Soviética– del 29 de septiembre de 1936, pero las acciones ya se habían emprendido días antes. El 14 de septiembre, por ejemplo, en otra reunión en el Kremlin presidida por Viacheslav Molotov como presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo, se aprobó la compra de armas para España en los mercados de Francia, Suiza y Checoslovaquia. Y el 26 fue Stalin quien telefoneó desde Sochi al mariscal Kliment Voroshilov, para ordenarle que enviara también unos cien tanques y sesenta bombarderos, con sus correspondientes tanquistas y pilotos, junto a un nuevo cargamento de armas.

El volumen final de la ayuda soviética a lo largo de la Guerra Civil fue de 648 aviones, 347 tanques, 60 vehículos blindados, 1.186 piezas de artillería, 340 morteros, 20.486 ametralladoras, 497.813 fusiles, 3,5 millones de proyectiles, 862 millones de cartuchos, 110.000 bombas de aviación y cuatro torpederas, según las cifras dadas por el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad del País Vasco, Ricardo Miralles, en su artículo sobre la «Operación X» de la revista «La Aventura de la Historia». Y a esto hay que añadir otros 66 «igreks» –barcos de transporte que tuvieron que vadear el cerco impuesto por la marina de Franco en el Mediterráneo y entrar en España por la costa atlántica de Francia– para transportar las armas.

El volumen de dicha aportación fue muy grande, efectivamente, pero la de Alemania e Italia fue mayor, pues enviaron conjuntamente unos 1.500 aviones que participaron, entre otros, en los bombardeos de Guernica y el mercado de Alicante. Pero las armas de los rusos, a su vez, no llegaron solas. Junto a ellas vinieron, además de los mencionados pilotos y tanquistas, asesores militares, técnicos, especialistas en armamento, instructores, ingenieros aeronáuticos, mecánicos, radiooperadores y traductores, estos últimos para que se produjera una comunicación fiable entre rusos y españoles. Y todos ellos sumaron, aproximadamente, 2.200 hombres y mujeres.

Solo en asesores militares, la URSS mandó a 600 personas: unos cien prestaron servicio en 1936, 150 en 1937, 250 en 1938 y, a comienzos de 1939, cuando la derrota ya parecía segura tras la batalla del Ebro, unos 84. Para coordinarlos se creó una estructura de mandos a cuyo frente colocaron a un consejero militar jefe (GVS, por sus siglas en ruso), que contaba con su propio Estado Mayor y más asesores específicos en cada ámbito: desde la marina hasta las comunicaciones, pasando por la aviación y la infantería, entre otros.

Kim Philby
La compleja operación de transporte, instrucción y combates por tierra, mar y aire no impidió que Stalin siguiera en secreto con su plan de asesinar a Franco. Un golpe de efecto, pensaba, que sería mucho más efectivo que cualquier batalla. De las tres expediciones enviadas por el dictador comunista, la primera de ellas es de sobra conocida, pues su caso ha sido tratado por periodistas, pensadores, cineastas y escritores como John Le Carré, que se inspiró en él para el personaje central de «El topo», su novela más célebre. Su nombre, Kim Philby, un corresponsal de guerra británico que había sido reclutado por los soviéticos cuando tenía 22 años.

El capítulo menos conocido de su carrera, sin embargo, es esta primera misión de espionaje en la Guerra Civil española, bajo la tapadera de estar cubriendo el conflicto como periodista para «The Times». En su primer viaje había permanecido en nuestro país tres meses. Al regresar logró que el prestigioso diario británico le publicara un reportaje titulado «En la España de Franco», el cual le abrió las puertas para su corresponsalía permanente en el bando franquista, de cara al público, y su labor como espía, en secreto.

Durante su cobertura, Philby llegó a ser galardonado con la Cruz Roja al Mérito Militar por el mismo Franco, que le creía simpatizante de su causa. Y corrió bastantes riesgos, porque estuvo a punto de morir durante la batalla de Teruel cuando, comiendo bombones y bebiendo brandy en la Nochevieja de 1937, un proyectil republicano acabó con la vida de otros tres corresponsales que se encontraban a su lado. Sin embargo, cuando los servicios secretos le enviaron allí, ya sabían que su voluntad y coraje no eran lo suficientemente fuertes como para matar al futuro Caudillo. Así que ni lo intentó a pesar de encontrarse cerca del objetivo en alguna ocasión.

Durante años se ha puesto en duda que Kim Phliby fuera el elegido por Stalin. Y, de hecho, nunca se han encontrado pruebas concluyentes. Según los archivos desclasificados del Servicio de Seguridad británico (MI5), un general ruso que desertó a Gran Bretaña, en 1940, reveló la existencia de dicha misión. Y aseguraba que había sido encargada a un «joven inglés» que, posiblemente, era periodista.

Por otra parte, en el archivo personal de Nikolai Yezhov, líder del NKVD, el futuro KGB, hay un informe con la confesión del general Walter Krivitsky después de huir a Estados Unidos en 1938. Esta, según la transcripción realizada por «The Guardian», dice: «A principios de 1937, la OGPU (policía secreta) recibió órdenes de Stalin para preparar el asesinato de Franco. Hardt, un oficial que fue luego purgado, fue instruido por el jefe de la OGPU, Yezhov, para reclutar a un inglés. Este lo contactó y envió a España. Era joven, un periodista de buena familia, un idealista y fanático anti nazi. Antes de que el plan madurara, el propio Hardt fue llamado a Moscú y desapareció». Lo curioso del informe, según el medio británico, es que en los márgenes había escrito «prob Philby» («probablemente Philby»).

La defensa de Madrid
Casi al mismo tiempo que la posible elección de Philby, en la primavera de 1937, hubo otra expedición encabezada por el oficial de la inteligencia soviética Grigori Mijáilovich Semiónov. Y una tercera que se depositó en Elli Bronina, la esposa de un espía soviético en Shanghai. Pero todas fracasaron, como bien es sabido, porque Stalin parecía estar más interesado en eliminar antes a los «traidores» trotskistas que habían sido enviados a España desde la URSS. Todo ello bajo la lógica aterradora de que, para acabar con cualquier enemigo externo, primero había que acabar con el enemigo interno.

Mientras se llevaba a cabo esta purga mediante asesinatos selectivos y fracasaban los planes del magnicidio, a España llegaban los diferentes consejeros jefes de la Unión Soviética: en 1936 y 1937, Yan Berzin; en 1937 y 1938, Grigory Stern, y entre finales de 1938 y comienzos de 1939, Kuzmá Kachanov, según detalla Miralles. Todos ellos con sus correspondientes consejeros adjuntos y el proyecto de crear un Nuevo Ejército Popular. Y lo cierto es que su aportación fue decisiva en la defensa de Madrid, cuya operación fue un éxito durante los primeros meses de guerra y funcionó, también en algunas de las batallas posteriores, como el Jarama, Teruel y Guadalajara. Al igual que el adiestramiento de soldados españoles y la creación de escuelas militares en Barcelona, Madrid, Almansa, Murcia, Albacete o Archena.

Los primeros pilotos soviéticos, por su parte, llegaron a España en septiembre de 1936, un mes antes que los primeros bombarderos rápidos Tupolev –un total de 30 con los que formaron tres escuadrillas– y 40 cazas. Fue en Madrid donde se produjeron también los primeros combates en 1936, que se saldaron la mayoría con éxito por parte de los aviadores rusos y con la ayuda de algunos españoles inexpertos. El final ya lo sabemos: el número decreció desde los 311 a finales de 1936, hasta los 183 en 1938, hasta el final de una guerra que acabó con 99 de ellos.

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El separatismo insiste en la ruina catalana
Pablo Sebastián republica 14 Febrero 2021

Los separatistas catalanes no van a ninguna parte en España ni en Europa. Y lo único que les interesa es la lucha por el control del poder, de un país roto y arruinado, entre dos notorios delincuentes: el preso Oriol Junqueras y el prófugo Carles Puigdemont.

A estos dos personajes fuera de la ley y de la realidad no les importa nada Cataluña ni el pueblo catalán, y carecen de un proyecto unitario y viable para sacar a su país del agujero negro en el que lo metieron con el fallido golpe de Estado del otoño de 2017.

Y si Puigdemont apuesta por otra declaración unilateral de independencia y Junqueras confía en Sánchez les concederá una amnistía y un referéndum de autodeterminación también se van a equivocar, porque eso sería el final de Sánchez y un enfrentamiento directo y de mayor cuantía con el Estado español.

El odio político y personal que además se profesan Junqueras y Puigdemont completa el desastroso panorama soberanista, mientras el catalanismo y los restos de la vieja Convergencia y Unió se diluyen entre la corrupción de Pujol y Más y la locura de este último.

Un Artur Más que es el autor de la crisis catalana y la campaña de odio a España que fomentó sobre un sinfín de mentiras y que ha sido expulsado de la banda soberanista con una patada que le propinó en el trasero la CUP. Y con la traición del que fue su sucesor, Puigdemont, mientras el PDeCAT que Más fundó se hunde en lo más profundo de las urnas y sin posibilidad alguna de recuperación.

A esta situación se llegó con las concesiones tiempo atrás de González y Aznar a los gobiernos de Pujol. Y sobre todo con la catastrófica alianza de Zapatero y Maragall autores del demencial, innecesario e inconstitucional Estatuto catalán que al ser rectificado por el TC dio alas al soberanismo para desafiar al Estado y organizar el golpe catalán del 27-O de 2017.

El que Mariano Rajoy no se atrevió a afrontar como debió aplicando el 7 de septiembre de 2017 el artículo 155 de la Constitución, nada más violar la Constitución el parlamento catalán. Lo que hubiera impedido celebrar el referéndum del 1-O y las tensiones que provocó.

Como también se equivocó Rajoy al convocar las elecciones catalanas en diciembre sin haber investigado el golpe y sin haber llevado a los golpistas ante la Justicia, dándoles la oportunidad de volver a la Generalitat.

Las responsabilidades de lo ocurrido en Cataluña son pues compartidas y sus principales culpables son Maragall, Zapatero y Rajoy por parte del lado españolista y Más, Junqueras y Puigdemont por el lado soberanista. Con el agravante añadido de Junqueras y Puigdemont de los delitos que ambos y sus estrechos colaboradores cometieron.

Los que Sánchez e Iglesias pretenden indultar con sus pactos infames y contra natura democrática con el separatismo y el golpismo catalán. Para sumarse ellos dos también a la enorme ceremonia de la confusión que se celebra en el altar del callejón sin salida en el que habita el pueblo catalán.

Evitar el suicidio
Jorge Vilches larazon 14 Febrero 2021

Cataluña es como el coche de la escena final de «Thelma & Louise». Sus conductoras lo llevan felices hacia el abismo, mientras el público suelta una lagrimita pensando «Qué bonito». La película, en realidad, es la apología de la resignación y la derrota. Durkheim lo catalogaría de «suicidio fatalista», en el que una persona toma la muerte como liberación. ¿Hace cuánto tiempo vemos que la sociedad catalana se dirige al abismo gracias a unos gobernantes irresponsables que creen que la decadencia total es aceptable mientras se consiga un Estado propio?

Todo lo que ha pasado en Cataluña ha sido una auténtica calamidad desde que el mitificado Pasqual Maragall firmó el Pacto del Tinell, y Zapatero, el causante de la degradación del PSOE, decidieron romper el consenso político basado en respetar la Constitución.

En consecuencia, nada de lo que ocurra el domingo en Cataluña va a ser bueno para la convivencia, la democracia y estabilidad, salvo sorpresa. En el caso improbable de que ganara con mayoría absoluta un partido antinacionalista, una opción que no contemplaría ni Lewis Carroll, tendríamos incendiadas las calles de Cataluña. Si ganan ERC o JxCAT, dos caras de la misma moneda, se sentirán con la legitimidad suficiente como para exigir a Sánchez una mesa bilateral que negocie un referéndum vinculante. Esa situación profundizará la crisis del sistema y romperá la Constitución definitivamente.

La España constitucional se desangra por Cataluña, como se puede ver. El PP puede encontrar el varapalo a la regeneración que comenzó Pablo Casado en 2018, y que su liderazgo sea cuestionado si Vox consigue más escaños. Pero es que Garriga y sus «voxistas» solo pueden proporcionar crítica parlamentaria, «teatro» dirán muchos, y constituirse en la coartada de los nacionalistas. Ciudadanos no es ni una sombra de lo que fue, y Carrizosa, buen tiempo, no es un líder de masas.

El fracaso de Sánchez puede también ser épico: mandar allí a Salvador Illa, uno de los grandes responsables del impacto mortal de la pandemia, y quedarse para vestir santos independentistas. Incluso Pablo Iglesias puede quedar malparado pese a sus sandeces sobre la democracia española, sus palabras sobre los «presos políticos», y los insultos de su partido al Rey y a la Princesa de Asturias. Fracasará y el daño estará hecho.

Todo acaba siendo una cuestión de equilibrio mental. Adam Smith escribió que la prudencia es la madre de la virtud. El prudente, sentenció, no se deja embaucar por el impostor, ni por el pedante presuntuoso ni el demagogo porque lo llevan al abismo con mentiras y desvaríos. Cataluña se dejó embaucar y nos arrastra a todos.

No importa el bloqueo a la hora de formar el Govern. No tener Gobierno no es una tragedia cuando lo constituyen quienes quieren destruir la convivencia, como ocurre con Pablo Iglesias y Podemos en el Ejecutivo español. Un tripartito de izquierdas, compuesto por ERC, PSC y En Comú avanzaría en el rupturismo, y la reedición de uno compuesto por Junt y ERC lo haría igual, pero por otra vía. ¿Qué queda?

Si los dirigentes políticos, me niego a calificarlos de «élite», están decididos a conducir el coche hacia el abismo solo queda la rebelión cívica de la gente común. Es decir; que los catalanes voten sensatez, paz y concordia, que desprecien la falsedad y la locura, porque es una cuestión de inteligencia y moral.

La única posibilidad de aminorar el caos, de restar legitimidad a los rupturistas, es que los votos constitucionalistas, sean al partido que sean, superen el 50%. El reparto de escaños, por esa ley electoral pensada para premiar al nacionalismo, no reflejará esa decisión de los catalanes, pero al menos se habrá desarmado el discurso independentista.

La decadencia económica de Cataluña
Editorial ABC 14 Febrero 2021

La realidad de Cataluña está escrita con los números rojos de una crisis económica que empezó mucho antes de la pandemia y que continuará después de que la pandemia desaparezca. El nacionalismo ha gestionado Cataluña como un depósito de fondos para corromper instituciones y financiar la independencia. Así se ha llegado a unas expectativas de deuda pública que apuntan a que la de Cataluña será bono basura hasta 2040, a diferencia del resto de comunidades autónomas, con capacidad para captar financiación en los mercados. Esto significa que el Estado español seguirá siendo el único financiero posible para la Generalitat catalana a largo plazo. La evolución en otros valores de la situación económica es igualmente pesimista. Un estudio de la Cámara de Comercio de Cataluña, al que ha tenido acceso ABC, revela que esta Comunidad retrocede en 49 de los 75 indicadores analizados. La caída del turismo es dramática, pero el descenso comenzó antes del Covid-19. Los sectores de servicios, exportaciones, inversión, consumo, construcción y creación de empresas siguen también una tendencia negativa. La crisis sanitaria vela la responsabilidad política del nacionalismo por el declive económico de Cataluña, pero no la elimina. Los electores catalanes siguen encajonados en un debate político centrado en el soberanismo y por eso las mayorías viables para sostener un nuevo gobierno no ofrecen una esperanza de rectificación. Cataluña está en una decadencia de la que solo el nacionalismo es responsable.

Los discursos contra España, los llamamientos a la independencia unilateral, la situación constante de conflicto, la derogación de los valores democráticos más esenciales erosionan de forma irreparable la reputación de Cataluña. No hace que falta Madrid baje impuestos para que las empresas catalanas cambien de domicilio. Se van por tranquilidad. Las elecciones de hoy en Cataluña no van a resolver ninguno de sus problemas. Ni el nacionalismo lo permite, ni la izquierda lo exige. Un gobierno solo nacionalista sería una reactivación de las pulsiones de 2017, con el mismo objetivo independentista. Un gobierno tripartito de izquierdas, con el PSC incluido, tiene ya acreditado que solo sirve para alimentar el proceso separatista. Está escrito lo que hicieron los gobiernos de coalición del PSC con los republicanos de Esquerra, bajo las presidencias de Maragall y Montilla: sembrar la discordia con un estatuto soberanista que fue la causa detonante del proceso unilateral de independencia. El problema es que Cataluña está dividida y paralizada. Lo que los nacionalistas no han conseguido con España, lo han conseguido con los propios catalanes. Y así es imposible atraer inversión. La reputación de Cataluña está asociada a conflictos que las opiniones públicas occidentales creyeron haber superado en los Balcanes.

La democracia se ha convertido en un sistema pesimista en Cataluña. Mientras lo normal en cualquier territorio que celebre elecciones es pensar que con ellas se abre una puerta a la esperanza, en Cataluña ya se está dando por probable que haya que volver a votar si la fragmentación del Parlamento no facilita mayorías bien definidas. Es un pesimismo que se refleja en la desilusión constante del ciudadano catalán y en la normalización de comportamientos públicos que deberían sonrojar a cualquier demócrata, como la placidez con la que delincuentes condenados por sedición y malversación hacen campaña electoral contra el Estado al que agredieron. Nadie puede extrañarse de que la economía catalana refleje estas anomalías políticas y las pague con una precariedad lindante con la quiebra, que solo consigue evitar gracias a la solidaridad de los demás españoles.

Cómo ser español e independentista
Javier Caraballo elconfidencial 14 Febrero 2021

Nadie se irritaría en Cataluña por la manipulación de las noticias en la televisión pública, la TV3, si contemplaran los informativos como un programa de humor. A la espera de que alguien introduzca cordura profesional en esa televisión, lo mejor que se puede hacer, lo más edificante, es contemplarlos así, como un cachondeo. Mejor reírse que cabrearse, porque motivos dan a diario del sesgo independentista.

Un ejemplo del último monólogo: En el tramo final de la campaña, en los informativos de la TV3 catalana se ha destacado como una de las principales noticias la actualidad de Birmania, sumida en el caos y la represión por la dictadura militar. Pero, dentro de la extrema gravedad de la situación política y social en ese país del sudeste asiático, que es algo conocido, ¿ha ocurrido algo que lo haga merecedor de una especial relevancia en plena campaña electoral? Ahí es donde entra el apartado de humor: nada nuevo; de hecho, ningún otro medio informativo español (y puede que europeo) lo destacaba en sus noticias, salvo la TV3 porque eso le permitía hablar de las decenas de miles de presos políticos que hay en ese país y que el Gobierno prometió liberar hace tiempo. Con lo cual, con un escorzo nada despreciable, al poco la locutora recordaba que la junta electoral les ha prohibido hablar de “presos políticos” y de “exiliados” en Cataluña por la revuelta independentista de 2017. Tampoco eso es nuevo, porque los tribunales catalanes lo vienen prohibiendo desde que los sediciosos entraron en la cárcel, pero les gusta recordarlo en sus monólogos. Total, que ellos a lo suyo, el humor. Contemplado así, es constructivo.

La pena de todo esto es que cuando se visitan algunos pueblos del interior de Cataluña espanta ver que se han convertido en parques temáticos del independentismo. Pongamos que hablamos de Berga, “independentismo de pura cepa”, como titularon una vez en La Vanguardia. Este pueblo de la provincia de Barcelona, con el ochenta por ciento de votantes independentistas, recuerda nada más entrar a Marinaleda, en Sevilla, por la afición a los grafittis y a las pintadas. Estos días hay en Berga un circo del terror, con carteles que anuncian “una invasión zombi” y no hace falta hacer ningún chiste fácil porque lo que sorprende es que esos son los únicos carteles que se pueden encontrar en castellano en muchos kilómetros a la redonda. Por supuesto, en las carreteras y en las autopistas, nada de doble rotulación.

¿Puede ser esa la prueba más evidente de que hace ya mucho tiempo que el Estado español desapareció de Cataluña? Es posible, sí, todo lo demás es decorado, las múltiples pintadas, “libertad para los presos políticos revolucionarios”, “solidaridad con el pueblo Kurdo”, “Unidad popular para construir los países catalanes”, “independencia sin excusas”, “Esquerra no vende humo”… En fin, pueblos fetiches que, al poner el parte de la televisión catalana, se sentirán como Birmania. Y ni siquiera pillarán el chiste.

De todas formas, todo eso pertenece a lo evidente, pero no es lo más preocupante. Los radicales siempre serán minoría; el problema es la mayoría impasible o permisiva. Quiere decirse, en definitiva, que con los años que ya han pasado desde que la sociedad catalana se despeñó por la sinrazón de la independencia de Cataluña hay algunos temas en los que, francamente, es muy difícil no acabar claudicando cuando se plantean en cualquier conversación con muchos catalanes. No hablamos ya de los lobeznos de los Comités de Defensa de la Revolución, que son, como ya se ha indicado alguna vez, descerebrados sin posibilidad alguna de entendimiento. Sería como discutir un penalti con un hooligan; no merece la pena ni el esfuerzo.

Pero ¿y los demás, los que no son como ellos, por qué toleran al independentismo? Eso sí es más interesante porque ofrece una medida exacta de cómo ha calado en la sociedad catalana el mensaje del separatismo. Sabemos, por ejemplo, por las encuestas que se han hecho que más del setenta por ciento de los catalanes son partidarios del indulto de los presos independentistas y esa es una realidad que se constata en cada conversación que se mantenga. Es muy interesante verles la cara cuando uno les asegura que está de acuerdo, que se debería indultar a los presos independentistas “siempre que, previamente, reconozcan el delito cometido y se comprometan a no reincidir”. Entonces, con un gesto de desaprobación, de contrariedad, hasta de perplejidad, replican al instante que no se les puede exigir esa humillación. ¿Humillación? ¿Perdona?

No se trata de independentistas, y conviene remarcarlo, sino de catalanes que, simplemente, ven con simpatía la independencia o, por lo menos, la contemplan como algo justo para Cataluña y, por supuesto, nada perjudicial para sus intereses. Tanto ha calado en ellos el mensaje independentista que, sin serlo, defienden con ardor cada piltrafa histórica que les han colado.

Eso de que Cataluña ha sido un país que siempre ha luchado por la independencia, a pesar de la opresión de los españoles, de que España explota a los catalanes y se aprovecha de su prosperidad económica, o de que “las leyes españolas” han recortado los derechos y libertades de los catalanes; todo eso forma parte de una retahíla compartida masivamente. No se cuestiona, aunque el que lo suscriba no vote a partidos independentistas. Y la prueba está en el hombre que, después de discutir un largo rato, me dijo al oído: “Es que no lo entiendes, se puede ser español e independentista. Y así hay muchos catalanes”. Esa frase destruye a cualquiera, lo fulmina. Así que, después de la conversación, uno se retira, noqueado, dándole vueltas al enigma sin llegar a comprender cómo ha sucedido. Hasta la invasión zombi de Berga parece más real.

Abascal: «solo queda Vox» para hacer frente a separatismo
Redacción https://rebelionenlagranja.com 14 Febrero 2021

Santiago Abascal ha apelado al voto porque, ha dicho, «solo queda Vox» para hacer frente al «separatismo» y a la izquierda, con un PSC convertido en «sucursal nacionalista», un PP «incapaz de parar el golpe de Estado» y una formación como Ciudadanos que «desaprovechó su preciosa victoria» en 2017.

El presidente de Vox, Santiago Abascal, ha arropado este viernes al candidato del partido para las elecciones del 14F, Ignacio Garriga, en el mitin de final de campaña que la formación ha celebrado en Barcelona.

«Hoy solo queda Vox para hacer frente al separatismo y a la izquierda. No es un lema electoral, no es una estratagema para captar votos, es el sentimiento que tienen los españoles que vinieron a esta tierra para levantar con los catalanes codo con codo Cataluña«, ha clamado Abascal.

Abascal ha situado a Vox como el único partido que puede hacer frente al separatismo y a la izquierda en las elecciones catalanas del 14 de febrero, después de que muchos de aquellos inmigrantes votaran a un PSC que ha acabado convertido en una «sucursal del nacionalismo».

Continuando con sus adversarios constitucionalistas, el líder de Vox ha agregado que la mayoría absoluta del PP «no sirvió para parar el golpe de Estado de los separatistas» en 2017 y que, además, fueron «incapaces de restablecer el orden y de devolvernos la identidad que nos habían robado».

«Y a los que apoyasteis a Ciudadanos en 2017, les decimos que solo queda Vox. Vimos aquella victoria de Ciudadanos como una oportunidad, y ¿qué hicieron con esa victoria preciosa?. Desaprovecharla e irse a Madrid», ha apostillado.

«Hoy solo queda Vox», ha insistido Abascal tras lanzar estas críticas a PSC, Ciudadanos y PPC.

Abascal ha comenzado su discurso parafraseando a los independentistas con un «las calles son nuestras, los barrios son nuestros, Cataluña es nuestra» porque, ha dicho, «tenemos la obligación de recuperar la Cataluña auténtica«.

El candidato a las catalanas, Ignacio Garriga, ha llamado también a votar a Vox para acabar con el «yugo totalitario de los separatistas y de la izquierda».

«Vamos a recuperar la Cataluña que nos han arrebatado» los independentistas que en esta campaña «se han quitado su máscara» para mostrar «su cara de odio, violencia e identicida».

Ha reivindicado a Vox como un «movimiento de resistencia que lidera la esperanza y la libertad que va a recuperar» Cataluña con una entrada «fuerte» en el Parlament, lo que «marcará un punto y a parte en la historia» de los últimos años.

«A partir del 14F vamos a empezar a construir lo que los enemigos libertad y la mafia separatista y de izquierda han querido destruir»,

Abascal, en el cierre de campaña: ‘Els carrers són nostres, Cataluña es nuestra’
'VOX ha pasado por encima de amenazas'
https://gaceta.es 14 Febrero 2021

“Els carrers són nostres, Cataluña es nuestra”. Así ha iniciado el líder de VOX, Santiago Abascal, su discurso de cierre de campaña este viernes en la plaza de Artós de Barcelona, símbolo de la resistencia frente al separatismo.

“VOX ha pasado por encima de amenazas y coacción, ha pisado cada pueblo de Cataluña”, dijo Abascal refiriéndose a la violencia separatista en todos sus actos, al tiempo aseguró que ha sido “la campaña más difícil que ningún partido ha hecho en toda Europa, en mitad de la violencia permitida e instigada desde la Generalitat”.

A su juicio, “solo queda VOX” no es tanto un lema de campaña como “un sentimiento profundo que cada vez tienen más españoles”. “Solo queda VOX también para todos aquellos catalanes que apoyasteis al partido que ganó las anteriores elecciones autonómicas (…) y que desaprovechó esa victoria preciosa para irse a Madrid cómodamente”, añadió.

En este sentido, apeló también a los españoles que migraron hace décadas a Cataluña desde Extremadura, Galicia o Andalucía y a los que “la izquierda les privó de la posibilidad de poder votar a un partido nacional y les obligó a votar a esa sucursal nacionalista que es el PSC”.

Y reiteró que es VOX la formación que defiende “la verdadera identidad de Cataluña, una Cataluña en concordia con el conjunto de la nación, admirada por el resto de los españoles, trabajadora y próspera… la Cataluña que ha destruido el separatismo”.

¿ Me estoy equivocando ?
Nota del Editor 14 Febrero 2021

Aznar, centroman, hablaba la lengua regional en la intimidad, y ahora aparece Abascal largando latiguillos en lengua regional. Desearía no estar equivocado porque Vox es la única defensa que queda de los derechos humanos y constitucionales de los español hablantes.

 


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