AGLI Recortes de Prensa   Lunes 15  Febrero  2021

VOX y el final del silencio
EDITORIAL https://gaceta.es 15 Febrero 2021

De todos los errores cometidos durante estos años en Cataluña por las fuerzas constitucionales con representación en el Parlamento de Cataluña, quizá el más lamentable (compartido por Ciudadanos y el PP) es el de haber apoyado el silencio clamoroso del separatismo sobre los problemas reales de los catalanes creados por esas fuerzas secesionistas.

Ese silencio atronador se escuchó en todos los debates a lo largo de la campaña cada vez que VOX, una formación con los dos pies en la tierra, denunciaba los retos que deben afrontar los catalanes con urgencia: el perverso adoctrinamiento en las aulas, la imposición de una lengua como instrumento político y de discriminación laboral; la creciente islamización amparada y deseada por el separatismo hispanófobo; la delincuencia fruto de la inmigración ilegal en las calles de las principales ciudades catalanas y el rápido declive de la economía catalana que comenzó mucho antes de la pandemia y de la que ha sido cómplice necesario…

Estos, y no otros, son los problemas reales, diarios y urgentes de los catalanes, no las ensoñaciones golpistas y republicanas que siempre van a acabar en fuga, detención y presidio a poco que los poderes constitucionales del Estado se resistan al suicidio.

VOX así lo ha entendido y más de 200.000 catalanes han decidido convertir a Ignacio Garriga en el líder de la primera fuerza nacional en Cataluña. Sus once diputados, más que la suma de Ciudadanos y PP, le entregan al partido de Santiago Abascal la indudable responsabilidad de liderar la Oposición. Y no sólo en Cataluña.

Por delante, a VOX le aguarda una tarea agotadora, dura y emocionante. Su lema, «Ni un paso atrás», es una declaración de la claridad de principios del ya cuarto partido en Cataluña y que hoy contempla las cenizas de aquellos que pastelearon con sus valores y se confundieron de paisaje y, lo que es peor, de enemigo.

Ojalá a esa tarea de reconquistar Cataluña para la libertad y el sentido común se sumen Ciudadanos y PP, las fuerzas ayer derrotadas por sus propias ambiciones y personalismos. Su tarea será más fácil: bastará con sacudirse los complejos y desterrar etiquetas.


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La derecha, si es más tonta, nace oveja
Carlos Dávila okdiario 15 Febrero 2021

Los secesionistas sí fueron a votar. Los españoles se quedaron mayoritariamente en casa. Sobre todo los votantes del PP. El peor resultado en el peor momento de la Historia de España. Sólo el correo ha paliado que el virus de la abstención haya infectado del todo estas dramáticas elecciones. Como en el cómico corrido de Pancho Villa, lo que tenía que pasar, pasó. La mitad de la región se quedó en casa. Sobre todo la de las gentes a los que aún no les asusta la bandera de España en Cataluña. Los separatistas pueden volver a ostentar todo el poder si Illa, que ha ganado en votos, no se hace con la Generalitat porque en estas elecciones sus rivales han sido han sido más. Y -lo ha dicho Laura Borrás- ellos quieren declarar la independencia. Otra cosa es el cómo.

El vuelo que ha pagado Sánchez para Illa, que ha tenido un enorme resultado, se puede quedar a punto de cumplir con sus aspiraciones de subir al trono de San Jordi, si ERC tira más a la secesión que a la izquierda En pura hipótesis, y sin sumar, podría apoyarse en los llamados constitucionalistas; estos sin embargo no han dado para más. Vox le ha comido -era de esperar tal y como ha transcurrido la campaña- la merienda a los populares. Los alegres muchachos de Abascal, tan apedreados durante esta última quincena, se han embolsado, parece, los restos más queridos, los más españolistas, para que decirlo de otra forma, del partido de Casado que, desde luego, no ha gozado este domingo del mejor día de su vida política. Para el PP es un desastre sin paliativos, hasta el punto de que el buen candidato que ha sido Alejandro Fernández no ha podido descontaminarse del horrendo papel representado por su partido de Madrid. Una campaña sin relato, declaraciones parece que inoportunas sobre la gobernación de Rajoy en 2017, y desde luego la ‘pinza’ entre Sánchez y Abascal, tan festejada en las televisiones más o menos oficiales, son, de entrada y sin entrar en otros detalles, las razones nucleares del trágico resultado colectado por el PP,

La pregunta que ya está en la propia calle es si estos datos pueden ser transbordados al resto de España. ¿Ha arrebatado Vox la primogenitura de la derecha al Partido Popular? Son tantas las ocasiones en las que hemos dado por muerto a este partido que quizá merece la duda y sobre todo conmiseración en estas horas. Una vez pareció que Ciudadanos estaba a punto de arrebatarle la cabeza, y fíjense en qué se ha quedado ya el partido de Arrimadas, la vencedora hace cuatro años. Por tanto, prudencia al respecto.

Pero por encima y por debajo del drama popular es más importante conocer cuál es el escenario que se ha montado en Cataluña. Que nadie se fije en las promesas de campaña porque éstas, como sucede siempre por otra parte, se quedan en la realidad para vestir santos, para nada. Por tanto, no hay solo escenario, hay por lo menos dos. Lo lógico es que los secesionistas aparcaran sus odios y se pusieran de acuerdo para gobernar un país que les ha dado la mayoría cualitativa. Esquerra odia a Junts y Junts aborrece todo lo que puede a Junqueras. Ahora bien, no es que la política haga extraños compañeros de cama, sino que el centro de sus ocupaciones es la independencia. Nada más conocer los primeros porcentajes de las muestras, Esquerra ya anunció con total solemnidad, que todos deberíamos tomar nota de esta verdad demoscópica: los secesionistas son más que los constitucionalistas. En el trance de decidir por unos u otros, la CUP apoyaría a los independentistas.

La segunda posibilidad también abierta es un tripartito encabezado por Salvador Illa. Nadie haga caso ni de sus promesas de pactar con los separatistas; eso ya no vale para nada. A Sánchez no le importa nada quién es su compañero de viaje, ni qué tiene que ofrecerle a cambio de sus escaños. Él ya ganó este domingo y no tiene la menor intención de abandonar su victoria, de echarla al cubo de la basura, Al final, fíjense la paradoja: la única esperanza, debilísima, para los españoles en Cataluña, es que pueda gobernar Salvador Illa. Esto es lo que ha quedado de España en el Principado. La derecha unionista, peleados entre ellos como gamberros, ha dejado expedito el camino a los barreneros. Si es más tonta nace oveja. Aunque Vox se haya venido arriba a costa de la torpeza (tiene que hacérselo mirar) del PP.

Torpeza no, torpedos
Nota del Editor 15 Febrero 2021

El PP es una submarino disparando torpedos bajo la línea de flotación de España.

El centroman, disparó el primero, hacia el estribor de España, y agujereó Cataluña, donde, creo recordad que Vidal Cuadras había conseguido rebanar 17 escaños para su jefe.

Hoy vemos con alegría, porque está claro que el PP tiene que desapaarecer, que se ha quedado en tres, pero lo terrible es que los daños colaterales son terroríficos.

Mientras no se desmonte la máquina diabólica (con nuestro dinero) de los separatistas, comunistas y demás facinerosos del 3%, el flanco de estribor no tiene remedio y siguen hundiéndonos.

El independentismo frena el «efecto Illa» y Vox aglutina el voto contra el golpismo
OKDIARIO 15 Febrero 2021

El resultado de las elecciones catalanas, marcadas por una altísima abstención, no despeja, sino todo lo contrario, el horizonte político en una comunidad donde el independentismo aumenta en número de escaños y obtiene más de la mitad de los votos (gracias, sobre todo, al alza de la CUP, que sube 5). El PSC de Salvador Illa, pese a ganar en votos, empata con ERC en diputados (33), uno más que Junts (32). Al final, para este viaje no hacían falta alforjas, pues no parece muy probable que el socialismo puede hacer valer su victoria en sufragios para invertir el curso de la deriva política que se ha instalado en Cataluña. Los separatistas refuerzan su mayoría y alcanzan los 73 escaños.

En el lado del centro derecha constitucionalista, sin embargo, se ha producido un auténtico terremoto: Vox se convierte en la cuarta fuerza política, con 11 escaños, casi cuatriplicando al PP (3) que no consigue capitalizar ni mínimamente el brutal hundimiento de Cs, que de ser la fuerza más votada con 36 escaños en 2017, se queda en 6. El partido de Inés Arrimadas se desangra, pero es la formación de Santiago Abascal quien rentabiliza la debacle naranja, cuyos votos perdidos se reparten entre Vox y el PSC, dejando a los de Pablo Casado como convidados de piedra. Haría bien el PP en reflexionar para sacar conclusiones: desde luego, la guerra declarada a Vox, que obtiene más escaños que Cs y PP juntos, no parece que haya dado resultados. El enemigo era el independentismo, no la candidatura de Ignacio Garriga, un error estratégico de primera magnitud que debería llevar al PP a replantear su táctica. Por lo demás, Podemos repite resultados (8 escaños), siendo superado por la CUP (9). Otra decepción más para Iglesias, que no consigue levantar cabeza. Es lo que tiene emular a la izquierda independentista catalana: que viene la CUP y te come la tostada.

El «efecto Illa», por muy meritoria que sea la victoria socialista, no parece que vaya a alterar el «estatu quo» de Cataluña, lo que significa que los intentos de Pedro Sánchez de formar un gobierno de izquierdas en Cataluña que le garantizara mayor tranquilidad al Ejecutivo socialcomunista se van a ver frustrados. En Cataluña, seguirá gobernando el independentismo, que continuará desafiando al Estado. El resultado de las urnas no resuelve nada, si acaso lo complica.

Sánchez se afianza en La Moncloa al abrir las puertas de la Generalitat a su gran socio separatista ERC
Carlos Cuesta okdiario 15 Febrero 2021

Los resultados electorales de Cataluña han acabado suponiendo un balón de oxígeno para la gobernabilidad de ERC en Cataluña. Y, a corto plazo, del propio Pedro Sánchez en La Moncloa. El esquema de mandato del PSOE en la actual legislatura es inestable por definición. Depende de que sus socios y el propio Partido Socialista vayan logrando sus objetivos prioritarios. Si el PSOE avanza en sus metas pero el resto no, el esquema de apoyos se puede ir por el sumidero. Y ese esquema también estaba en juego en estas elecciones catalanas. Y ahora, con los actuales resultados en la mano, ha salido reforzada la estabilidad, a corto plazo, de Pedro Sánchez.

El PSOE logra uno de sus objetivos: con 33 diputados y casi el 23% de los votos, Salvador Illa se convierte en el ganador de las elecciones celebradas este domingo, de hecho, Sánchez podrá esgrimir interna y externamente, que su candidato -tras una desastrosa gestión del coronavirus que ha llevado a España a ser el país con mayor mortalidad de todo el planeta-, ha logrado 17 escaños más que Miquel Iceta en 2017. Pero, además, Sánchez logra tener tranquilo su particular gallinero: del que depende para gobernar.

ERC se sitúa como la segunda fuerza catalana, pero con los mismos escaños que el PSC. Pere Aragonès logra 33 sillones y, además, sólo necesitará del apoyo de su actual socio en el Gobierno catalán -Junts- y la abstención de la CUP, para poder hacerse con la Presidencia de la Generalitat. Y eso es, en el fondo, lo que le preocupa a ERC: mandar en Cataluña para lanzar su programa, acceder a la política presupuestaria y caminar, como ya ha anunciado, hacia un referéndum pactado.

La tranquilidad de ERC en Cataluña es la tranquilidad del PSOE en Madrid. Porque a ojos de Pedro Sánchez significa que su principal socio separatista saca rédito del pacto con el socialcomunismo.

Es más, la tranquilidad de ERC será también la tranquilidad de Bildu. Los proetarras tienen un pacto de actuación conjunta con los separatistas catalanes. Y los de Arnaldo Otegi ven, igualmente, que las alianzas con el PSOE funcionan de cara a sus objetivos rupturistas. Y el voto de Bildu en el Congreso de los Diputados es decisivo para Sánchez.

Para colmo, Bildu busca ya de forma activa en el País Vasco y en Navarra un esquema similar al de ERC con el PSC en Cataluña. Y el acceso a la Presidencia de la Generalitat de los de Pere Aragonès dará alas a la fidelidad de Bildu hacia el PSOE.

La CUP y Podemos
Aún más: la CUP tiene que convertirse en el facilitador del pasaporte a la gobernabilidad de ERC. Y en estas elecciones también ha salido ganando. Los radicales de la CUP pasan de cuatro escaños a nueve, con lo que será difícil que no piensen que el actual esquema de trabajo no les beneficia.

Y por último, Podemos también se queda medianamente tranquilo. Los de Pablo Iglesias acudían a estas elecciones con la duda de si sus imputaciones e innumerables escándalos nacionales les pasarían factura. Es cierto que su marca en Cataluña responde más a la bandera de Ada Colau que a la de Pablo Iglesias, pero aún así, su resultado los deja razonablemente al margen de crisis internas: no ganan nada de todo el voto que se ha desplazado en esta región, de hecho pierden medio punto, pero se quedan con los mismos ocho escaños que tenían.

Es cierto que la CUP adelanta a Podemos. Y que, si hubiera un ánimo crítico en el partido morado, ese dato debería llevarles a replantear cuestiones internas. Pero ni existe esa posibilidad de crítica, ni, en el fondo, ese adelanto preocupa demasiado en las filas de Pablo Iglesias: él sabe que su pacto con el separatismo consiste en convertirse en el engranaje de poder de los radicales en Madrid a cambio de que otorguen poder a Iglesias a escala nacional en caso de necesitarlos en un momento dado.

En resumen, que todos los protagonistas que le interesan al PSOE han quedado tranquilos. Empezando por el propio Salvador Illa. Y el propio Sánchez, por lo tanto, ve prolongarse su castillo de naipes, pese al desastre de gestión del coronavirus, pese a haber necesitado un rescate de la UE a tan sólo tres meses de haber llegado al Gobierno, y pese a tener España sumida en el mayor golpe económico de toda la OCDE, muy por encima del daño sufrido por los países vecinos y economías comparables.

Todo un éxito propagandístico de Sánchez, a costa de un desastre para toda España y para la propia Cataluña, que seguirá gobernada por el separatismo.

El separatismo suma y sigue
Editorial ABC 15 Febrero 2021

Aún es prematuro avanzar cualquier fórmula de gobierno, pero solo cabe una nueva alianza del independentismo para reavivar su desafío al Estado o un tripartito soberanista con el PSC. Y ambas fórmulas son frustrantes

Las elecciones celebradas en Cataluña arrojan un inexorable y alarmante avance del independentismo porque, más allá de sus fracturas internas, ERC, Junts y la CUP tienen en su mano recomponer sus heridas y conformar el Gobierno de mayoría separatista más amplio de nuestra historia en democracia. Es prematuro hacer cábalas sobre futuras alianzas de gobierno, especialmente porque ERC y la marca catalana de Podemos tendrán la posibilidad de fraguar una alternativa a un Ejecutivo cien por cien separatista reeditando los antiguos tripartitos liderados por el PSC, lo que sería sin duda la apuesta preferida por Pedro Sánchez y Salvador Illa. Nada es descartable. Ni siquiera que un laberinto de vetos múltiples termine forzando una repetición de los comicios. Son movimientos que se irán conociendo a partir de ahora y sobre los que es arriesgado avanzar cualquier diagnóstico. En efecto, la formación de un gobierno secesionista está en el aire, pero esa hipotética alternativa de PSC-ERC-Podemos, sin ser totalmente independentista, sería netamente soberanista, lo cual es igual de preocupante para España.

Las urnas ofrecen claves inequívocas. A nivel nacional, Pedro Sánchez ha acertado con la candidatura de Salvador Illa, que ha duplicado los resultados del PSC como consecuencia de una fuga masiva de votantes de Ciudadanos. Es cierto que en su día, el proyecto de Albert Rivera causó al PSC su crisis más profunda en décadas. Ahora, buena parte de aquel electorado retorna al partido socialista hastiado de la desastrosa deriva que sufre con Inés Arrimadas al frente. También es cierto que el PSC es, por ADN, un partido constitucionalista muy alejado del independentismo militante. Pero su camaleónica capacidad de adaptar a conveniencia su proyecto federalista a tesis plenamente soberanistas, lo convierte en un partido mutante y oportunista que ha terminado por fulminar cualquier expectativa de Ciudadanos. De hecho, el de Arrimadas es un partido en fase de extinción. No sería de extrañar que los resultados de ayer lo aboquen en cuestión de meses a su desaparición, o a la forzosa fusión con el PP, porque la presión interna sobre Arrimadas es desde ahora insostenible.

Pedro Sánchez se ha apuntado un éxito notable por dos motivos: por su apuesta por Illa, un ministro de Sanidad desbordado durante toda la pandemia, pero que ha generado cierta ilusión en Cataluña y ha gozado de un notable apoyo popular; y por el aumento de la fractura causada en el centro-derecha, que resulta ser dramática para los intereses tanto de Arrimadas como de Pablo Casado. La desolación anoche en las direcciones de ambos partidos era máxima y elocuente. No obstante, y pese a este triunfo táctico de Sánchez, el futuro de Illa puede ser paradójicamente irrelevante si el independentismo –y ERC en particular– lo margina, y Oriol Junqueras y el prófugo Carles Puigdemont pactan entre ellos una nueva hoja de ruta para la secesión de Cataluña. En breve se sabrá si los documentos en los que el separatismo se comprometió por escrito a no negociar nada con el PSOE son papel mojado o no. Pero si ERC y Junts mantienen su promesa, el efecto Illa se habrá disuelto de forma inútil. Ese escenario complicaría además la legislatura a Sánchez en el resto de España porque la capacidad de presión de ERC habrá aumentado exponencialmente.

Mención especial merecen los decepcionantes resultados del PP porque perdió un escaño y no recogió ningún voto proveniente del proceso de desmembración de Ciudadanos, cuyo electorado se ha dividido entre tres opciones: alimentando una abstención histórica, fugándose hacia el que fuera su partido matriz, el PSC, o concediendo a Vox un triunfo de tal magnitud que ni un solo sondeo lo había previsto. El drama del centro-derecha constitucionalista, tal y como se había conocido en Cataluña en los últimos diez años, lo aboca a una renovación absoluta, si no a una refundación drástica. Que el mensaje de Vox haya calado más que toda la labor de Ciudadanos y el PP unidos demuestra hasta qué punto es grave la crisis de credibilidad de ambos. Arrimadas probablemente esté en el trance de dar por concluida su carrera política, pero Casado tiene difícil dar explicaciones a los dirigentes del PP en el resto de España porque la estrategia en Cataluña ha sido un fracaso. Lo ocurrido es un varapalo a su liderazgo nacional y desde luego no le ayuda a consolidar su proyecto. En cambio, el espaldarazo a Santiago Abascal es sobresaliente, y el gran beneficiado de los errores del centro-derecha vuelve a ser Pedro Sánchez.

Errores no, traiciones
Nota del Editor 15 Febrero 2021

No se trata de errores, el PP nunca ha tenido principios, solo intereses para mantener su tinglado. Siempre se ha aprovechado de las iniciativas de la sociedad civil para traicionarla seguidamente. Cuando ha dispuesto de votos para cambiar algo, ha dejado todo peor, nunca ha mostrado interés por España, en todo momento ha abandonado a los españoles. Ahora mismo, la información sanitaria (y toda la demás) de la chusma de Galicia que dirige el caradura de Núñez, el del bilingüismo armónico o chorradas parecidas, solo aparece en lengua regional. Ese es el PP verdadero, un camaleón capaz de confundirse con el fondo, el fondo más podrido de la falta de ideas, principios y honradez.

Cataluña sin solución
Editorial larazon 15 Febrero 2021

Vuelve a repetirse un resultado similar al de las elecciones de febrero de 2017, cuando Cs fue el partido más votado, pero los independentistas fueron mayoría. Aquello abrió un horizonte de esperanza para que una opción constitucionalista se abriese paso en pleno «procés». Ahora ha sido el PSC quien ha ganado, pero es ERC y JxCat los que pueden alcanzar un pacto para formar gobierno y, sobre todo, tener la llave del futuro político de Cataluña.

Si, como parece, fragua una mayoría de gobierno con los partidos independentistas –sumándose la CUP–, puede decirse que hay un futuro sin solución, que la situación se encalla, que se está en el mismo sitio, sin más perspectiva que seguir forzando al Estado para una ruptura. El independentismo exhibirá como una victoria refrendaría el resultado, como viene haciendo. Pero, en este caso, su unilateralidad desbocada debería contenerse aún más porque, con una participación de poco más de la mitad del electorado, nos sitúan en un número de votos que, sumando a todo el separatismo, no llega al 1,5 millones. Por lo tanto, la perspectiva de acelerar el «procés» se cierra de momento.

Ahora lo que queda por resolver es cómo ERC y JxCat cierran un acuerdo, si es que no se abre otra vía, lo que tendrá efectos colaterales importantes en la particular guerra dentro del secesionismo: por primera vez los republicanos alcanzan la presidencia de la Generalitat desde la restauración del autogobierno. Aunque por poco, el partido de Oriol Junqueras tiene el mando del bloque nacionalista, sin olvidar de que de él depende la estabilidad del Ejecutivo de Pedro Sánchez. En este sentido, la opción de Salvador Illa como candidato ha funcionado; ha sabido capitalizar el voto de Cs y situarse en el centro del tablero, capitaneando la opción constitucionalista pero apartándose del centroderecha y abriendo, de nuevo, la mesa de negociación con el independentismo. En esto, la estrategia marcada por La Moncloa ha tenido un gran rédito: por un lado, fortalece a ERC, el partido que le da estabilidad, y, por otra parte, prácticamente llevar a Cs a la mínima expresión, cerrando toda opción constitucionalista que no pase por el PSC y, dejando al PP en la marginalidad gracias al espectacular ascenso de Vox.

Es un error o un subterfugio táctico pensar que el buen resultado de Illa es a la vez un aprobado a su gestión en la pandemia, como quisiera que se interpretarse desde La Moncloa, sobre todo cuando la mayoría la sigue teniendo el independentismo. La clave está en saber qué control tiene Sánchez de ERC y de sus planes. Si algo no entraba en los cálculos de Sánchez es que Pablo Iglesias no sufriera su esperpéntica estancia en el Gobierno. La clave ahora es esperar a ver cómo ERC y JxCat resuelven su pugna por el poder de la Generalitat. En definitiva, el independentismo sigue manteniendo el control de Cataluña.

España, de luto
Luis Herrero Libertad Digital 15 Febrero 2021

No nos perdamos en la letra pequeña. Lo fundamental es que ha ganado el independentismo -más porcentaje y más escaños- y que el voto constitucionalista se ha diseminado como un puñado de arena en un vendaval. Muchos de los que votaron hace cuatro años a Ciudadanos, con la ilusión de construir un dique que contuviera la marea del procés, se han refugiado en el PSC por puro utilitarismo. Creen que Illa es la mejor opción —o la menos mala— para pararle los pies a las huestes de la estelada. El rayo que no cesa. El error es mayúsculo.

Muchos de esos votantes tenían claro en plena vorágine del 1-O que el PSC, es decir, el socialismo catalán, como el del resto de España, había sido un molusco inane —al igual que Rajoy— a la hora de plantar cara al desafío independentista. Y a partir de entonces, algo peor: se convirtió en su cómplice. El pago a ERC por su adhesión a la moción de censura es de dominio público. Se constituyó una mesa de diálogo de igual a igual entre el todo y la parte —España y Cataluña— y se estableció el compromiso de hablar de todo. También del derecho a decidir, que es un eufemismo que significa exactamente lo mismo que autodeterminación. Tras las condenas del Supremo, que envió la sedición al limbo de las ensoñaciones oníricas, los socialistas han aceptado añadir la amnistía al catálogo de la discusión bilateral. Según parece, el hecho de que ni la autodeterminación ni la amnistía tengan encaje constitucional, es algo que al socialismo no le parece causa de refutación suficiente para excluirlos del diálogo.

¿Cómo se puede esperar que un partido que se comporta de esa manera sea la barricada que contenga la segunda oleada del procés? ¿Y cómo se puede explicar que tantos electores que en 2017 ya estaban al cabo de la calle de su poca fiabilidad hayan decidido confiarle ahora la defensa de la Nación? Con 26 puntos menos de participación —algo que perjudica notablemente los intereses de las opciones constitucionalistas—, el PSC ha obtenido un porcentaje de voto del 23 por ciento. 2 puntos menos de lo que obtuvo Ciudadanos hace cuatro años. Al igual que entonces, su victoria se convierte en un hecho testimonial.

Si el partido de Arrimadas, mucho menos bizcochable que el de Illa a la hora de tenérselas tiesas con los indepes, ha sido un jarrón chino durante esta legislatura, ¿por qué extraña razón debería el PSC sacarle más provecho a su condición de vencedor minoritario? ¡Qué grande tiene que ser el sentimiento de orfandad de los constitucionalistas catalanes para que, a pesar de todo, muchos de ellos hayan decidido respaldar esa apuesta!

Otros muchos, menos optimistas, han decidido emigrar de Ciudadanos a Vox. La fuerza de Abascal ha obtenido el 7,6 por ciento de los votos y 11 escaños. Cuarta fuerza. No solo ha sorpassado al PP, sino también a Ciudadanos, a Podemos y a la Cup. El auge de los abascalistas tiene lógica. Su discurso es enérgico y proyecta la contundencia que buscaban los electores que se adhirieron al proyecto de Arrimadas antes de quedar defraudados por su inacción. Pero el hecho de que ese nutrido grupo de desencantados haya preferido apostar por Vox en vez de hacerlo por el PP me parece uno de los hechos más significativos, si extrapolamos los resultados al ámbito nacional, de estas elecciones.

Casado no ha sido capaz de mejorar la imagen decadente y anémica del partido que heredó de Rajoy. De hecho, ha empeorado los registros de 2017. 3,8% —medio punto menos—, y 3 escaños. Uno menos de los que obtuvo García Albiol en la peor cosecha popular de todos los tiempos. El propósito de Casado de vigorizar al principal partido de la derecha, de dotarle de pujanza ideológica tras la desecación rajoyista, de hacerlo aparecer ante los ojos de los ciudadanos como una herramienta útil para contrarrestar la amenaza que se cierne sobre la idea de España, ha devenido en fracaso. En gran fracaso.

Y eso es lo desolador. Los dos partidos que se movían en el centro del espectro ideológico, PP y Ciudadanos, salen hechos papilla de esta contienda. Ese espacio de moderación queda ahora casi deshabitado y deja expedito el camino a la crispación de la contienda entre posiciones extremas. El PSOE, mientras tenga a Sánchez como líder y a Podemos como socio, no podrá arrastrar el voto de lo que Iván Redondo suele llamar “la mayoría cautelosa”. Y menos a la vista del papel que tendrán que desempeñar Illa a partir de mañana.

La victoria de ERC, que finalmente se ha impuesto a Junts en la recta de tribunas de la campaña, solo abre dos expectativas de gobierno en Cataluña: la reedición del bipartito independentista, intercambiando los roles, o una insensata aventura monocolor de los republicanos, con el apoyo externo de PSC y En Comú Podem. Los tres juntos suman 74 escaños, 6 más de la mayoría absoluta. En ambos casos Illa está condenado a hacer de palanganero de Junqueras. En el primer supuesto para conseguir que la estabilidad parlamentaria de Sánchez no pierda a un socio imprescindible. Y en el segundo, por razones obvias. Desde hoy, el constitucionalismo se ha quedado huérfano en el Parlament. España está de luto.

Moderación y posiciones extremas
Nota del Editor 15 Febrero 2021

Si utilizáramos un programita de inteligencia artificial alimentado con "centro del espectro ideológico", "espacio de moderación deshabitado", "posiciones extremas" y el conocimiento de lo que es y representa Vox, la red neuronal echaría chispas al detectar la sibilina mala leche del articulista contra Vox y los millones de españoles que les apoyamos y confiamos para que salven lo que pueda quedar de España.


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