AGLI Recortes de Prensa   Martes 16  Febrero  2021

Cataluña, como siempre: en las peores manos
EDITORIAL Libertad Digital 16 Febrero 2021

Las elecciones del domingo consolidan a Cataluña como una región en manos de pirómanos dispuestos a destruirla hasta los cimientos para dar satisfacción a sus delirios separatistas. Ni la catástrofe económica provocada por la cleptocracia nacionalista tras décadas de continuos latrocinios ni las graves consecuencias del coronavirus, agravadas por un personaje que se alzó con el mayor número de sufragios, fueron argumentos suficientes para cambiar el sentido del voto de una sociedad políticamente enferma, dispuesta a inmolarse en la pira de un nacionalismo especialmente repulsivo por su aversión a la libertad y a la Cataluña real.

Las fuerzas separatistas reforzaron su hegemonía parlamentaria, por lo que seguirán controlando la Administración autonómica si llegan a un acuerdo para seguir detentando el poder. Frente a este bloque liberticida y guerracivilista, los partidos contrarios al separatismo tuvieron un resultado paupérrimo, en el que solo destaca positivamente la irrupción de Vox en el Parlamento regional con 11 diputados.

El batacazo de PP y Ciudadanos debería mover a una honda reflexión a sus equipos directivos. El caso de la formación naranja resulta especialmente dramático, y es que el vencedor de las autonómicas de 2017 se derrumbó este domingo hasta la penúltima posición, perdiendo 30 escaños y un millón de votos. En cuanto al PP, es evidente que su enfrentamiento directo con Vox y la ocurrencia de Pablo Casado de mostrarse genuflexo ante el separatismo en los últimos días de campaña solo sirvieron para ahondar en la irrelevancia de un partido que llegó a tener 19 escaños y a serla tercera fuerza de la Cámara regional.

Las querellas entre estas formaciones explican en parte la abrumadora abstención entre su electorado potencial. La honda decepción que experimentaron muchos al constatar que ni siquiera la trabajosa victoria de un partido constitucionalista como Cs servía para cambiar radicalmente la política regional es otro factor que explica las razones de ese desistimiento por parte de centenares de miles de catalanes que quieren seguir formando parte de España y de la UE.

Así pues, Cataluña va a seguir como hasta ahora, liderada por partidos secesionistas que tratarán de imponer su proyecto totalitario, lo que agravará la evidente y tremenda fractura social. Los resultados del domingo fueron funestos, pero tendrían su utilidad si finalmente hicieran reflexionar a PP y a Cs y entendieran de una vez que el enemigo no es el Vox demonizado por la izquierda y su brazo mediático, sino precisamente el social-comunismo y el proyecto separatista de los socios de Sánchez e Iglesias.

Fin de la historia nacional
Agapito Maestre Libertad Digital 16 Febrero 2021

La traición está a punto de consumarse irreparablemente. España como nación está a punto de desaparecer. Salvo la gran historia intelectual de los defensores de España como nación, apenas conseguimos otear en este obscuro horizonte una verdadera, recta y limpia posición política que haga frente a esta gran traición. Una minoría abyecta y rencorosa sin otro designio que el explicado por la patología o el dinero nos lleva al despeñadero. El acercamiento semanal de cinco terroristas a su zona de nacimiento certifica la catadura inmoral del gobierno de España. El descuartizamiento territorial y moral de España va acompañado del arrasamiento de cualquier tipo de vida espiritual, incluida la interpretación decente de nuestra historia. La muerte de la nación está a la vista de todos, pero la barbarie del hombre actual, caracterizada por su absoluta ahistoricidad, se niega a levantar acta de esta tragedia. Sí, porque la historia nacional de España desapareció hace tiempo de la educación básica de los españoles, los traidores pueden cantar con total desvergüenza su palinodia contra España. El estudio de cómo y por qué hemos llegado a esta situación constituye uno de los retos intelectuales más apasionantes de los historiadores y filósofos de nuestro tiempo y, por supuesto, de las próximas generaciones. La mentira, el engaño y la calumnia de los separatistas se han impuesto a la verdad de una historia milenaria de España. Hace tiempo que los políticos rindieron el Estado-nación al separatismo. Los responsables políticos de esta tragedia son todos los presidentes del Gobierno de España, desde 1978 hasta hoy. Sobra decir que el actual inquilino de La Moncloa está puesto ahí por los exterroristas y los separatistas catalanes y vascos. He ahí la prueba más contundente para decir que España como nación está moribunda.

En este contexto de total desnacionalización de España nadie se rasgue, pues, las vestiduras por las necedades que los separatistas catalanes y vascos ponen en los libros de texto para adoctrinar, engañar y mentir, o sea, aturdir a los escolares para que odien España. Los grandes historiadores y estudiosos de la historia de España han denunciado el silencio cómplice de ciento de historiadores e intelectuales ante la negación de la historia nacional. Se trata de un crimen de guante blanco sin posible redención. El destrozo de la historia nacional será estudiado, sin duda alguna, por las próximas generaciones como el mayor crimen llevado a cabo contra una nación. So pretexto de superar intelectualmente un inexistente nacionalismo español se han cometido todo tipo de barbaridades políticas e ideológicas contra la historia nacional. Desde la manipulación sistemática de los libros de textos de historia, supresión de asignaturas clave para la formación de la identidad nacional como la Historia de la Literatura Española, incluida la de lengua catalana, pasando por el destrozo del Archivo Histórico Nacional, hasta la resignificación, manipulación y destrucción de todo nuestro patrimonio artístico nacional, así por ejemplo la destrucción sistemática de nuestra cultura museística de corte nacional, para instalar en su lugar centros de interpretación de nuestro pasado, es ya una muestra de barbarie para el mundo entero.

De ese complejo y terrífico proceso de degradación espiritual, sin duda alguna, la consecuencia más terrible consiste en la desaparición de la historia nacional de España como factor de identidad personal y, por supuesto, colectiva de la población española. El proceso ideológico de negación de la historia tiene diferentes componentes. Pero, en mi opinión, no es el menos relevante el olvido sistemático de sus grandes hombres de letras y ciencias en general, y de los historiadores y filósofos de España en particular. Los grandes autores del pasado, como fuente clave para deshacer entuertos en el presente y esbozar un futuro mejor, han sido despreciados sistemáticamente por las agencias españolas de socialización intelectual y política. Esta actitud refleja no sólo la desaparición de la cultura humanística, sino la voluntad ideológica de empezar de cero, imitando a los simios, que sobresale en los dirigentes políticos e intelectuales de España. El paradigma de este desprecio por la cultura humanística, en la España actual, sigue siendo hoy, como en la España de las generaciones del 98 y el 14, no tanto el vilipendio de la figura civil e intelectual de Marcelino Menéndez Pelayo cuanto el desconocimiento absoluto de su nombre. Ni siquiera se considera una desgracia que un estudiante de Humanidades no sepa quién es Menéndez Pelayo. Tampoco a esta caterva de bárbaros sin España, entre los que destaca la piara de los políticos y los periodistas a su servicio, les dirá nada los nombres de Cánovas del Castillo y Valera, de Galdós y Clarín, de Unamuno y Baroja, de Ortega y Marañón, de Altamira y Araquistain, de Américo Castro y Sánchez Albornoz, de Laín y Calvo, en fin, de Dalí y Antonio López.

Sin embargo, sin esos nombres, junto a otros de similar catadura moral e intelectual, y sus ideas será imposible enfrentarse con alguna garantía de éxito a los traidores secesionistas y sus cómplices en la jefatura del Gobierno de España. En fin, contra el olvido de esos nombres escribí Entretelas de España, una singular filosofía de la historia sobre el ser de España, que los “defensores de boquilla” de la unidad nacional no quieren discutir, ni siquiera entrar, porque ellos prefieren invocar unas cuantas hazañas de nuestra historia milenaria que construir, repito, una verdadera, recta y limpia posición política. En todo caso, y perdonen mi reiteración, lo poco que sea hoy España, por mínimas que sean sus tradiciones y escuálidos sus proyectos políticos, es infinitamente superior a cada una de sus comunidades autónomas. Nada son y, sobre todo, nada serían sin España.

Pensar en España es imprescindible si queremos que funcione
Pero si queremos que funcione y no se rompa en pedazos es necesario amarla de corazón
Francisco Rodríguez diariosigloxxi 16 Febrero 2021

Mi anterior artículo lo encabezaba preguntando si entendemos la democracia como diálogo o enfrentamiento y lo terminaba indicando la necesidad de reflexionar sobre los derechos y libertades de nuestra constitución

Me dispongo a escribir al día siguiente de las elecciones en Cataluña, cuyos resultados no parece que ilustren la existencia de ningún diálogo sino de múltiples enfrentamientos entre los partidos que han concurrido a los comicios y el posible ocaso de la constitución de 1978 por desaparición de España como sujeto que puede desaparecer troceada por independentismos problemáticos.

Sin duda la ilusión de 1978 de poder organizar una convivencia fructífera se vino abajo con la inclusión de su título VIII que abrió la puerta a una organización territorial, creándose nada menos que 17 autonomías que se nutrieron del desguace de la administración central y fomentaron que determinados territorios, que ya habían mostrado su desafecto por una España total en anteriores ocasiones, se dedicaran a conseguir su independencia con métodos violentos o partidistas.

Los derechos y libertades que reconocía la constitución a todos los españoles poco podían funcionar si unos trozos importantes de su territorio decidieron declarar su ansia feroz de independencia.

Los sucesivos gobiernos de la nación han abordado los problemas de las autonomías con ansias de independencia con desigual fortuna. El país vasco organizó la resistencia de ETA asesinando a mucha gente. El país catalán ha optado desde los tiempos del ex honorable Pujol en denigrar a los andaluces como “hombres poco hechos” o forzarlos a aprender su lengua. Lo mismo han hecho los gallegos, los mallorquines o los valencianos.

El actual gobierno ha buscado aliados entre todos los independentistas otorgando pingües beneficios económicos para sus territorios a cambio de sus votos para mantenerse en la Moncloa.

Desde luego no podemos decir que nuestra democracia sea una forma de diálogo cuando se ha llegado hasta a renunciar al español como lengua unificadora y al derecho a la educación de las familias por el adoctrinamiento más descarado y a preferir a emigrantes africanos a los españoles de otras regiones.

La dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la ley y a los derechos de los demás que se declaran en el art. 10 del Título I de la Constitución, el art. 14 que establece que los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra circunstancia personal o social.

Los que me lean pueden responderse sobre todo ello, así como del cumplimiento de lo que establecen los artículos 15 al 54 sobre derechos y libertades de los españoles. El texto de la constitución está al alcance de cualquiera.

Parece claro que nuestra democracia puede consistir en un equilibrio inestable concebido por algunas mentes “privilegiadas”, pero está más lejos del diálogo que del enfrentamiento.

A todos nos va la paz y la tranquilidad si no hacemos lo que esté en nuestra mano para evitar males mayores.

La Inspección se lava las manos y condena al español
Editorial ABC 16 Febrero 2021

La Alta Inspección del Estado en materia educativa no puede ampararse en tecnicismos jurídicos para sacudirse de encima la escandalosa marginación del español en las aulas de Baleares, o para asegurar que no actúa porque no tiene competencias para garantizar un 25 por ciento de lengua castellana en los colegios públicos. No es una cuestión de competencias, sino de cerciorarse de que se cumple estrictamente la legalidad. Y ese es el problema: que no se cumple. Lo de las competencias es una burda excusa. La Alta Inspección, controlada por Isabel Celaá, se ha convertido en un organismo irrelevante y sumiso, y su argumentación es falsa. Sí tiene competencias en materia de vigilancia y supervisión, e incluso en la propuesta de sanciones. Cosa distinta es que prefiera lavarse las manos mientras una autonomía convierte a trescientos centros educativos en áreas de adoctrinamiento masivo contra lo español.

VOX y el final del silencio
EDITORIAL https://gaceta.es  16 Febrero 2021

Los once diputados de VOX, más que la suma de Ciudadanos y PP, le entregan al partido de Santiago Abascal la indudable responsabilidad de liderar la Oposición. Y no sólo en Cataluña.

De todos los errores cometidos durante estos años en Cataluña por las fuerzas constitucionales con representación en el Parlamento de Cataluña, quizá el más lamentable (compartido por Ciudadanos y el PP) es el de haber apoyado el silencio clamoroso del separatismo sobre los problemas reales de los catalanes creados por esas fuerzas secesionistas.

Ese silencio atronador se escuchó en todos los debates a lo largo de la campaña cada vez que VOX, una formación con los dos pies en la tierra, denunciaba los retos que deben afrontar los catalanes con urgencia: el perverso adoctrinamiento en las aulas, la imposición de una lengua como instrumento político y de discriminación laboral; la creciente islamización amparada y deseada por el separatismo hispanófobo; la delincuencia fruto de la inmigración ilegal en las calles de las principales ciudades catalanas y el rápido declive de la economía catalana que comenzó mucho antes de la pandemia y de la que ha sido cómplice necesario…

Estos, y no otros, son los problemas reales, diarios y urgentes de los catalanes, no las ensoñaciones golpistas y republicanas que siempre van a acabar en fuga, detención y presidio a poco que los poderes constitucionales del Estado se resistan al suicidio.

VOX así lo ha entendido y más de 200.000 catalanes han decidido convertir a Ignacio Garriga en el líder de la primera fuerza nacional en Cataluña. Sus once diputados, más que la suma de Ciudadanos y PP, le entregan al partido de Santiago Abascal la indudable responsabilidad de liderar la Oposición. Y no sólo en Cataluña.

Por delante, a VOX le aguarda una tarea agotadora, dura y emocionante. Su lema, «Ni un paso atrás», es una declaración de la claridad de principios del ya cuarto partido en Cataluña y que hoy contempla las cenizas de aquellos que pastelearon con sus valores y se confundieron de paisaje y, lo que es peor, de enemigo.

Ojalá a esa tarea de reconquistar Cataluña para la libertad y el sentido común se sumen Ciudadanos y PP, las fuerzas ayer derrotadas por sus propias ambiciones y personalismos. Su tarea será más fácil: bastará con sacudirse los complejos y desterrar etiquetas.

Adiós al constitucionalismo
José María Marco Libertad Digital 16 Febrero 2021

El resultado de las elecciones catalanas permite ver, como si fuera un corte geológico, la historia y el naufragio de dos intentos de frenar al nacionalismo que se han producido en nuestro país. Se comprende así por qué, a pesar de que el nacionalismo era algo minoritario hace no tantos años, ha acabado convertido en la fuerza predominante de la política española.

Salvo en el PSOE, y por razones que ahora no vienen a cuento, apenas queda nada del primaveral optimismo que veía en los nacionalismos una fuerza de construcción del Estado español y en el Estado de las Autonomías el elemento básico de la democracia liberal y parlamentaria. En su momento, el Estado de las Autonomías iba a ser el dique de contención contra unos nacionalismos dispuestos a contentarse con las competencias cedidas por el Estado español. Sobrevive un rastro de aquella actitud en el desconcierto de un Partido Popular que no sabe qué hacer con esa forma de Estado, ahora que ha quedado demostrado que las Autonomías, por lo menos en su forma actual, no sólo no han detenido al nacionalismo, sino que lo han fomentado. Durante esta campaña, y probablemente antes, el Partido Popular cayó en la tentación de asumir el papel de federación de fuerzas regionales, con Génova al frente del conglomerado de intereses locales. No le correspondía ni le corresponde ahora, y el escaso éxito del PP se debe a no haber sacado las consecuencias de la nueva situación, como pareció que estaba dispuesto a hacer con la renovación interna que siguió a la caída de Rajoy.

Las elecciones catalanas también han puesto en evidencia la quiebra de otra forma de oposición al nacionalismo, aquella que se basa en el constitucionalismo. El constitucionalismo intentó contrarrestar el nacionalismo sin profundizar en la idea de nación ni en la idea de España. La frivolidad de Ciudadanos al marcharse de Cataluña como hicieron después de ganar las elecciones de 2017 puede explicarse de muchas maneras. Una de ellas, probablemente la más verosímil, es la inconsistencia de una posición que intenta evitar la idea de nación –de España–, como si fuera peligrosa y comprometiera la nobleza de la causa antinacionalista. Ahora bien, ni la Constitución –demasiado abstracta– basta para articular una comunidad política capaz de neutralizar las pulsiones nacionalistas, ni a los nacionalistas les importa la Constitución: lo que quieren es acabar con España. Por eso el constitucionalismo no sirve para resistir al avance del nacionalismo, ni sirve tampoco para elaborar una alternativa.

Eso sí, el constitucionalismo, como antes el Estado de las Autonomías, permite soslayar la elaboración de un proyecto nacional. Lo más asombroso ha sido ver a miembros del PP impartiendo doctrina sobre nacionalismo español, como si la reivindicación de España y el amor al propio país fueran equiparables a la esencia excluyente y violenta del nacionalismo. Son lo contrario, precisamente, y sólo desde la afirmación de la nación, la afirmación de una comunidad política nacional –es decir, plural y tolerante–, se puede combatir al nacionalismo. Las democracias sólo se sustentan en naciones, naciones con todas sus consecuencias. En nuestro país se ha intentado demostrar lo contrario, con resultados que están a la vista de todos: en Cataluña, en el País Vasco y en el resto de ese Estado compuesto o de esa nación de naciones (ocho, por lo visto) que ya se está poniendo en marcha. En cuanto a la nación, por el momento, no se ha ensayado.

Cataluña, legado de desolación de Pedro Sánchez
Teresa Giménez Barbat larazon 16 Febrero 2021

El resultado de las elecciones catalanas refuerza el independentismo en Cataluña. Pedro Sánchez, cuando subió a los cielos, se encontró con un independentismo desconcertado, aún perplejo de que su mundo de “helados cada día” y de reconocimiento mundial no se hubiera cumplido. Un independentismo al que esa mitad de Cataluña que para ellos ni siquiera existía dijo basta y se revolvió ante sus narices. Un independentismo a cuyos cabecillas la Justicia llamaba delincuentes y les encerraba en una vulgar prisión. Podría haberles apretado las tuercas, pero no lo hizo. Su prioridad pasaba por su promoción a las más altas esferas del poder y no tuvo reparos en aliarse con lo peor imaginable. Incluso con lo peor imaginable para él. Y los catalanes no nacionalistas vieron que sus esfuerzos iban diluyéndose cada día. Que los partidos que habían promovido el golpe de estado los días 6 y 7 de septiembre del 2017 seguían contando con el poder de los medios, del sistema educativo, de la administración en general. Y no sólo eso: eran aliados preferentes del presidente de uno de los dos partidos más importantes de España. Limitados durante meses por una pandemia que se ceba preferentemente en ellos (una gran parte del “españolismo” catalán pertenece a las clases trabajadoras más castigadas por el Covid), este fin de semana les exhortaron a participar en unas elecciones insensatas. En las del 2017 fue a votar el 81, 94% de los ciudadanos, ahora un mero 53,6% del censo. Una parte de Cataluña ha perdido la esperanza.

En la televisión pública, arrasada por el PSOE y Podemos, vimos el domingo como vocingleros fanáticos como Pilar Rahola, que ha apoyado la sedición desde hace años, eran invitados a una tertulia de seguimiento de los resultados como si fuera lo más normal del mundo. Reinona absoluta frente a un Xavier Sardá, epítome del socialista acomplejado, del que temimos un infarto en directo cuando la gran bacallanera (acuñación de Salvador Sostres) le lanzó un “viva España” cual bala de plata, y de un Juan López-Alegre, perfectamente capaz de neutralizarla con argumentos obvios pero que prefirió un perfil incomprensiblemente bajo. Desolador. Desolador que durante décadas la derecha no haya sido capaz de impulsar medios de comunicación no mediatizados por el “progreísmo”. Ni siquiera lo hizo cuando tuvo el gobierno en sus manos. Ayer vi en la 1 a Enric Juliana asegurando sin sonrojo que el resultado de estas elecciones demuestra que existe un conflicto “de Cataluña con España”, pero que se trata de un nacionalismo “que no quiere pegarse con el vecino”. Un Juliana que, si no me equivoco, ha diseminado su visión sectaria en tribuna preferente incluso con gobiernos del PP. Siempre, siempre están los mismos propagandistas. Gente que, como él, miente cuando habla de un conflicto que lo es entre catalanes que, si no quieren “pegarse con su vecino”, es porque delegan la agresión a sus representantes. Si no, no andarían sembrando Cataluña de lazos amarillos.

Pedro Sánchez aseguró que Illa iba a ser un detente bala para el separatismo. Se burlaba de Rajoy diciéndole que, con cada paso que daba, se le multiplicaban los independentistas. A ver cómo explica ahora esto. Y corre prisa porque una de las quinielas es que se forme un gobierno con mayoría independentista en la cámara catalana. Ya andan hablando de referéndum otra vez. ¿El miedo a la Justicia ante las barbas remojadas de Junqueras y Puigdemont será suficiente barrera? Cuidado porque el independentismo nunca lo ha tenido mejor, pues un gobierno en Madrid formado por lo menos “español” de las fuerzas políticas del país no parece el que pueda inspirar más miedo a un nuevo 155 o a cualquier otra medida que pueda defender del rodillo secesionista a la mitad más ignorada de Cataluña.

Muchos votantes constitucionalistas que abominan de la ceguera egoísta del PSC, siempre dispuesto a venderlos, han buscado propuestas más asertivas que las del PP y Ciudadanos para hacer frente a la agresión separatista. El mejor político del Parlamento catalán es sin duda Alejandro Fernández. Pero no hay confianza en el PP. Y Ciudadanos, partido al que yo sigo votando, está lastrado por una inane cúpula aún “riverista” y por la ofensiva victoria pírrica del 2017, con una Inés Arrimadas que no cogió el toro por los cuernos quizá porque ya pensaba en irse a Madrid. Y han votado a Vox, que ha visto sus expectativas multiplicadas por diez.

Lo que no aceptaron los independentistas de la tertulia del domingo, como la señora Rahola, fue que se les atribuyera responsabilidad alguna en el crecimiento de la derecha nacionalista española (no llamo “extrema derecha” a Vox cuando se es “extremo” en relación a otros, y el extremismo más violento en Cataluña es el del separatismo golpista). Pero la culpa es totalmente de ellos. Vox es la reacción al separatismo periférico, apoyado por la izquierda, tanto en Cataluña como en el resto de España.

Un futuro oscuro e incierto
Abel Hernández larazon 16 Febrero 2021

Pedro Sánchez, Oriol Junqueras y Santiago Abascal se han salido con la suya en Cataluña. Son los triunfadores. Ninguno de los tres es muy recomendable. El futuro se presenta oscuro e incierto como el reinado de Witiza. España no levanta cabeza y Cataluña sigue ingobernable en manos de los envalentonados separatistas.

Sánchez apostó temerariamente por Salvador Illa, el oscuro profesor de Filosofía, responsable del Ministerio de Sanidad durante la gran mortandad, y la jugada le ha salido bien. En ningún país de Europa, con tal carga de muertos a la espalda, habría ocurrido nada parecido. Aquí el socialismo, de su mano, ha vuelto a levantar cabeza en Cataluña y este éxito acalla el clamor de la crítica dentro del PSOE contra la deriva política del presidente del Gobierno. Un respiro, puede que pasajero, que nunca viene mal. Ahora llega el tiempo de los enredos y de las alianzas. Sólo una vuelta al tripartito, de aciaga memoria, aseguraría los apoyos necesarios al Gobierno central.

El verdadero vencedor de estos comicios, el que tiene la sartén por el mango, es Oriol Junqueras, tan católico como Illa, que sigue cumpliendo condena por su insurrección y al que Pablo Iglesias, vicepresidente del Gobierno, considera preso político. Junqueras es el verdadero cerebro del “proceso” que ha llevado a Cataluña a este callejón sin salida. Pondrá a su hombre de confianza, Pere Aragonés, al frente de la Generalidad, pero será él quien moverá los hilos, fuera ya de la cárcel, poniendo condiciones al Gobierno de Pedro Sánchez, que, después de San Valentín, es más rehén suyo que antes.

El tercero en el podio es Santiago Abascal, representado por Ignacio Garriga, tan católico como Illa y Junqueras. La irrupción de Vox demuestra que en estas elecciones catalanas lo identitario ha seguido prevaleciendo sobre la sanidad o la economía. Los titubeos de Casado negándose a asumir con gallardía toda la herencia recibida y el errático comportamiento de Arrimadas han condenado a PP y Cs a la inanidad en esta importante región española. Muchos de sus votantes se han quedado en casa, temerosos de la covid y desanimados o se han tirado al monte con Vox. Se comprueba que el voto catalán no nacionalista es inestable y no es trasladable al resto de España, sino todo lo contrario; pero obliga a la recomposición urgente y a fondo de las fuerzas del centro-derecha.

Tirarse al monte
Nota del Editor 16 Febrero 2021

Ahora resulta que defender la libertad, el cumplimiento de la ley, la defensa de España y de los españoles equivale a un polvo (como el papelito que les entregaban a los republicanos durante la guerra, "Vale por un polvo con La Lola". Hay que reconocer que tras los años de indoctrinamiento, a muchos les han desconectado los axones neuronales.  Lo urgente es desmantelar el tinglado autonómico, para eliminar su despilfarro, su indoctrinación, su imparable esfuerzo destrozando España y machacando los derechos humanos y constitucionales de los españoles.

El error del ABC
Vicente Torres Periodista Digital 16 Febrero 2021

Dice que el independentismo ha ganado. ¿Cómo puede ganar algo que no existe? Ha querido decir el separatismo, pero tampoco es cierto que haya ganado, sino que hemos perdido los demócratas. El Gran Farsante que es Sánchez ha vuelto a engañar a unos cuantos.

Los sinvergüenzas que de forma ininterrumpida se suceden al frente del gobierno regional catalán vienen imponiendo, porque los demás se dejan, un modo de hablar totalmente equívoco. Así, al español insisten en llamarle castellano, con el fin de equipararlo al catalán, que no es más que un pobre artificio de Pompeyo Fabra, ideado con fines políticos y no lingüísticos. Se refieren a su gobierno regional y a su parlamento de forma pomposa, como si fueran organismos respetables, cuando por regla general han sido ocupados por delincuentes, sinvergüenzas, caraduras y otros elementos, masculinos y femeninos, de índole gallinácea.

Son sinvergüenzas porque de forma consciente, masiva y mantenida de forma ininterrumpida a lo largo de los años han venido incumpliendo las reglas de juego establecidas de antemano de forma democrática. Vienen derrochando de forma traicionera el dinero de los impuestos de los españoles. Los jornaleros andaluces se desloman bajo un sol abrasador para que los señoritos catalanes jueguen. Los impuestos que pagan los jornaleros extremeños se usan para pagar las destrozas que hacen los señoritos catalanes.

Este lenguaje catalufo, vocablo compuesto a partir de catalán y ufología, según el cual da la impresión de que Cataluña es lo que no es, y tampoco puede ser, es utilizado también por el culto De Carreras que, hipotéticamente, combate a esta gentuza. Pero, claro es catalán, algún fragmento de nacionalismo se le debe de haber colado en el cerebro y no es improbable que haya caído complacido en esta trampa. El término ‘unionista’ no debería ser utilizado jamás por los demócratas, hay que dejarlo para los gamberros.

Ser complaciente al estilo Casado con la gentuza no conduce a nada bueno. El PP debe buscar alguien que tenga principios y firmeza. Y el PSOE también, pero en este partido ya no hay controles internos, sólo ‘Su Persona’.

El ‘repasso’
Enrique García-Máiquez https://gaceta.es 16 Febrero 2021

Aunque han ganado otros, el único cambio sustancial con lo que ya había y padecíamos ha sido el sorpasso de Vox al PP y a Ciudadanos en su mismísimo feudo fundacional. Hay dos aspectos que analizar: las razones que tantos han tenido para votar a Vox y las razones que no han tenido para votar a los otros partidos del bloque de centro-derecha que votaban hasta entonces.

Las razones para votar a Vox mejor las explico en otro periódico, porque aquí me da que mucha falta no hace. Las razones para no votar a los otros partidos, aquí, para que nadie caiga en la tentación de ver sólo los méritos propios (muchos) y no lo que los rivales han contribuido (mucho).

Por supuesto, con el PP llueve sobre mojado por el 155 de papel mojado que aplicaron y también por las nieves de antaño de los pactos de Aznar con Pujol, pero creo que lo verdaderamente significativo han sido dos actuaciones muy recientes de Pablo Casado. Primero, la defenestración de Cayetana Álvarez de Toledo, candidata por Barcelona, ojo, que es un detalle que no hay que olvidar, ya que despertó una gran ilusión en ese electorado en su momento. ¿Ha sido Cayetana la gota que ha desbordado el vaso de la paciencia del voto popular? Quizá la penúltima.

La última es más subconsciente. Desde aquella moción de censura de Vox que supuestamente ganó Casado para gran alborozo de todos los medios, quedó claro que el PP renunciaba a liderar una unión de partidos de centro-derecha volcados en la defensa de la unidad nacional. En vez de avanzar, se revolvió. No desdeñemos la relación de revolverse con el revolcón de ayer. Porque un líder que renuncia a liderar pierde su razón de ser, y los votantes tienen un sexto sentido para estas cosas.

Con todo, el problema real para el PP no es ayer, sino hoy. La situación se le complica por tres flancos. Cataluña no es cualquier comunidad autónoma. Es aquella donde más seriamente se amenaza a la unidad nacional. Que Vox se haya convertido en el partido que lidera la defensa de lo que queda de Constitución le da un protagonismo político y, sobre todo, moral que no podrá obviar nadie ni allí ni en el resto de España ni hasta en Europa.

Por otro lado, han abundado estos últimos años quienes defendían el voto al PP porque era la manera de no disgregar el voto del centro-derecha. Si Vox ha dado este sorpasso al PP y a CS donde la línea era más roja, debiera ser lógico que aquellos partidarios de lo utilitario, con su idéntico argumento, sin cambiar una coma, cambien ahora su voto. Yo tampoco voy a cambiar mi argumento y seguiré sosteniendo que hay que votar al partido que mejor represente tus principios, tus ideas y tus intereses. Sí cambiarán, en cambio, pero sin inmutarse, los tertulianos y politólogos que hasta ayer aplaudían a rabiar la estrategia de Casado en la moción y hoy empezarán a cuestionar su liderazgo. Pero, como mínimo, ellos y el PP ha perdido una de las partes más socorridas y tediosas de su argumentario: el utilitarismo electoralista.

En tercer lugar, el PP y Ciudadanos se han quedado sin margen ni para la generosidad, que apenas usaron, ni para la condescendencia, de la que abusaron tanto. Las elecciones catalanas nos dejan un avispero nacionalista en las manos de Pedro Sánchez, que supongo que le echará hilo (de la manoseada madeja constitucional) a la cometa. Sin embargo, en el pequeño bloque constitucional sí han ocurrido cosas que lo renuevan todo; y que aportan un atisbo de esperanza.

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El error del apaciguamiento
José María Rotellar okdiario 16 Febrero 2021

Las elecciones autonómicas celebradas en Cataluña han arrojado un resultado desastroso tanto para Cataluña como para el conjunto de España. Con todo lo que ha pasado en dicha región y con el pésimo gobierno de la Nación quetenemos -como muestra la mala gestión de la crisis de la pandemia, con su candidato en Cataluña, Illa a la cabeza-, sustentado sobre los independentistas, el antiguo brazo político de ETA y el comunismo más rancio que existe -si es que puede haber algún comunismo que no lo sea-, resulta terrible ver que allí han empatado, prácticamente, el PSC, ERC y el partido de Puigdemont, mientras que los partidos constitucionalistas se quedan en unos escuálidos veinte escaños.

Es cierto que Vox ha sido el gran triunfador de la noche electoral, porque de no tener representación en el parlamento de Cataluña ha pasado a ocupar once escaños, pero, como ha dicho el propio Abascal, no deja de ser un mal resultado para Vox, porque los resultados globales han sido penosos para el conjunto de España, aunque la claridad del mensaje de este partido haya resultado premiada por los votantes constitucionalistas, que en su mayoría se han reunido en torno a Vox para que los represente, al sacar más diputados que la suma de Ciudadanos y PP.

Siempre que un partido constitucionalista es claro, es premiado en Cataluña, porque sus votantes necesitan claridad, firmeza y valentía para defenderlos, y cuando no lo es, los electores lo castigan, que es lo que ha pasado con Ciudadanos y con el PP en estas elecciones.

Lo del partido naranja no es novedad, porque nunca ha sido muy claro y desde que Arrimadas desistió de sus responsabilidades en Cataluña para tratar de ser la muleta del PSOE en Madrid -sin lograrlo, por cierto, nada más que para lo que le conviene a Sánchez- todavía lo es menos.

En cuanto al PP, es una pena que con un gran candidato como es Alejandro Fernández, posiblemente el mejor que ha tenido el PP en décadas desde que lo fuera Alejo Vidal-Quadras, el resultado haya sido el fruto de un cambio de rumbo hacia el apaciguamiento emprendido por su dirección nacional, seguro que bienintencionado, pero profundamente erróneo. Alejandro Fernández intentó aunar a todos los votantes del PP de siempre, y para ello reclutó en algún mitin a Cayetana Álvarez de Toledo y a Alejo Vidal-Quadras, pero la tibieza en las manifestaciones de sus líderes nacionales y el cambio de opinión en algunas cuestiones esenciales para sus electores, han hecho que pierda un escaño sobre los ya pobres resultados de 2017, pasando de cuatro a tres escaños, a sólo un punto porcentual en Barcelona -que es por donde ha conseguido los mencionados escaños- de quedar extraparlamentario.

Cabe una reflexión profunda en todo el bloque constitucionalista de centro-derecha -que en Cataluña es prácticamente lo mismo-, porque estas elecciones muestran claramente que es imprescindible que se unan si es que quieren tener opciones de ganar las elecciones a la suma de socialistas, comunistas e independentistas, porque esa amalgama es la que sostiene y parece que sostendrá al Gobierno de Sánchez.

Por otra parte, no cabe la política de apaciguamiento. En noviembre de 2004, en el Aula Magna de la Universidad CEU San Pablo, Faes inició un ciclo de conferencias llamado “La Revolución de la Libertad”, que conmemoraba el entonces decimoquinto aniversario del derribo del muro de Berlín, donde se proyectó un vídeo en el que se recordaba que siempre que se ha aplicado una política de apaciguamiento, el agresivo al que se trataba de apaciguar ha crecido y provocado un mal mayor. Por eso, frente al golpismo no se puede pretender apaciguar, porque cuando eso sucede termina en un referéndum ilegal, un intento de golpe de Estado, una población rota y una economía maltrecha, además de con el descalabro de quien pretende ser el apaciguador. Quienes ondean una bandera “estelada”buscan romper la Constitución, no buscan que se les entienda ni entender a nadie. Sólo quieren alcanzar su objetivo.

Por último, debería quedarle claro a todo el centro-derecha que si se pelean entre ellos, si tratan de levantar barreras entre ellos, o si se descalifican entre ellos, ganará el otro bloque, porque, nos guste o no, hay bloques: uno que defiende la Constitución, y otro con partidos que la atacan o que se apoyan en los que la atacan para gobernar, y este último bloque va ganando y seguirá haciéndolo si el centro-derecha sigue cayendo en los errores antes mencionados. No se trata de ser transversales a los dos bloques, sino de conseguir que muchos ciudadanos elijan antes la Constitución que una ideología de izquierdas o derechas, pero eso no se logra desdibujando los principios y valores, sino fortaleciéndolos para ofrecer a esos electores huérfanos de izquierdas una alternativa sobre unos principios comunes, al tiempo que no se deja huérfanos a los votantes de centro-derecha por apartarse de la senda de las ideas, que importan, y mucho. Si el centro-derecha no rectifica, nada tendrá que hacer, con especial perjuicio para el partido que se enroque en su posición y para toda España, que sufrirá las consecuencias de un mal Gobierno. En aquel ciclo de conferencias antes citado, también se recordaba una famosa cita de Edmund Burke: “lo único necesario para que el mal triunfe es que los hombres buenos no hagan nada”. Algunos deberían tomar buena nota.

La unión del centro derecha
Nota del Editor 16 Febrero 2021

Como ha quedado demostrado, la denominada derecha en Cataluña es residual, cualquier suma sigue resultando residual. El problema no es de sumar o restar, el problema es conseguir que las leyes se cumplan y los ciudadanos puedan ejercitar su libertad, informarse, formarse, pensar y a ver si así dejan de seguir intentando suicidarse. Mientras el monstruo autonomico no sea descabezado, no hay esperanzas.

Muchos catalanes han mostrado su deseo de suicidarse, solo unos pocos han tenido la valentía de votar a Vox.

Aviso a navegantes: Vox despunta en los barrios de la Barcelona obrera
OKDIARIO 16 Febrero 2021

Si analizamos los votos cosechados por Vox en las elecciones catalanas llegaremos a conclusiones que no tienen nada que ver con la imagen estereotipada que desde la izquierda, pero también de la derecha, se hace de la formación de Santiago Abascal, etiquetada por su adversarios políticos como la «extrema derecha» sin matices. El cliché es demasiado simple. ¿Es que los votantes catalanes que hace cuatro años apostaron por Cs y ahora lo han hecho por la candidatura de Ignacio Garriga se han vuelto todos de «extrema derecha»? Obviamente, no.

El voto a Vox proviene tanto de las zonas ricas de Barcelona como de los barrios obreros, por lo que su apoyo es transversal desde un punto de vista socioeconómico. Varios datos avalan esta afirmación: la candidatura de Ignacio Garriga obtuvo su mayor porcentaje de votos (11,28%) en el distrito barcelonés de Sarrià-Sant Gervasi, el de mayor renta familiar per cápita de la Ciudad Condal, pero en el de Nou Barris, el de menor renta per cápita, logró el 9,44%, su segundo mejor registro.

Nou Barris es un distrito de clase trabajadora que en los últimos años ha acogido a un alto porcentaje de inmigrantes, especialmente latinoamericanos, que se ha integrado sin grandes problemas y que como todos en la zona sufre la inseguridad derivada de un sensible aumento de la delincuencia, especialmente el auge de las ‘okupaciones’. Son gente que bastante tiene con lidiar cada día con una realidad adversa como para dejarse llevar por la monserga identitaria planteada por el independentismo.Vox ha sabido poner en el foco del debate estos problemas, ninguneados por el separatismo en campaña, y atraerse el voto de sectores que tradicionalmente apoyaban a la izquierda no independentista

De modo que quien pretenda reducir el éxito electoral de Vox en Cataluña al ámbito de una mera batalla en el seno de la derecha se equivoca. La formación de Abascal ha conseguido atraer votos de zonas tradicionalmente de izquierdas. Y quien no quiera verlo, será porque prefiere no mirar y seguir instalado en los mantras y clichés ideológicos.

Impresiones de un apoderado mesetario
Iván Vélez https://gaceta.es 16 Febrero 2021

Enjuto y con paso presuroso, el individuo, en hábito de montañero, se acercó a nosotros. A un metro de distancia, alzó su pierna derecha, que cabría llamar pata, y simuló mear sobre nosotros como si de un perro se tratara, emitiendo un sonido que acompañó al imaginario arco de orín. Comoquiera que le pregunté si padecía cistitis, el sujeto se deshizo en improperios y gestos procaces. Al abandonar la sala, dejó en el aire su última heroicidad: nos llamó «fascistas». De este y de otros episodios fuimos testigos mi compañero Alfonso Carreto y quien firma esta columna durante la jornada electoral vivida el pasado domingo en Cataluña. El lugar de tan cínico episodio fueron las dependencias de la Universidad Pompeu Fabra en la barcelonesa calle Balmes, a la altura del número 132, situado en pleno Ensanche, donde la atmósfera altoburguesa de Sarriá se atenúa.

En el citado enclave, que antes de adquirir la condición actual fue sede del jesuita Fórum Vergés, cinco urnas recogieron los votos presenciales y postales de los electores por la circunscripción barcelonesa. En las calles, los rostros de los delincuentes -Junqueras, Romeva, Cuixart, Sánchez, Rull, Turull, Forn, Forcadell y Bassa- beneficiados por un oportuno tercer grado, recurrido por la Fiscalía solo después de que concluyeran los comicios, que les ha permitido hacer campaña secesionista e insultar a su odiada España. A lo lejos, en la, para los lazis, paradisiaca y democrática Europa, Puigdemont, ventrílocuo de Torra, cuya huida en maletero y bruselense vida principesca no han sido obstáculo, antes al contrario, pues para muchos es un héroe, para conseguir un excelente resultado. En el local, sobre una mesa, toda la oferta política en forma de papeletas con listas cerradas y bloqueadas.

Como es sabido, las elecciones autonómicas catalanas se han celebrado en medio de una abierta y consentida violencia hacia Vox, hostilidad que solo cesó después de que en Vich se percibiera con nitidez la posibilidad de que alguno de sus simpatizantes pagara con su vida los modos de la gent de pau. Un muerto voxero, susceptible de convertirse en mártir, podría haber arrastrado aún más votos de los que ya se preveían para la formación de Vox, razón por la cual, después de aquella emboscada, los mozos de escuadra extremaron las precauciones para evitar lo que en algún momento se creyó inevitable. Con la campaña cerrada y las urnas abiertas, el puesto de apoderado permite realizar una particular cata político-sociológica, máxime si el apoderamiento lo es de Vox, partido demonizado -«extrema derecha», «derecha extrema», «ultraderecha», «partido fascista»- por todo el arco parlamentario y la prensa afín. Y ello a pesar de que al secretismo propio de las votaciones, han de sumarse factores genuinamente catalanes. En una sociedad fracturada por el secesionismo, dominador de la escena pública, manejador de una tupida red clientelar que incluye delatores -recordemos al chivato Santiago Espot– de aquellos que se desvían de la norma, el número de votantes celosos de hacer pública su significación política se ve sensiblemente aumentado por el temor a ser descubiertos por el vecino que ha colocado en su balcón la estelada o cualquier otro símbolo sedicioso. Por tales motivos, los votantes que traen de casa el sobre electoral son muy numerosos, convirtiendo en exóticos y aún temerarios, a aquellos que, a ojos vistas o de un modo discreto, toman la papeleta de la mesa expositora, convertida en poco menos que un escaparate ideológico.

En tan asfixiante contexto, por delante del apoderado, en este caso, mesetario, desfilan familias enteras que se decantan por un candidato, misántropos que solo en contadas ocasiones como la narrada, abandonan su refugio, exhibicionistas, circunspectos, pero también votantes de Vox que, ya de manera explícita, ya mediante un guiño cómplice o un pulgar en alto, muestran su apoyo al partido de Abascal y Garriga. Es así como transcurre una jornada marcada por la presencia del covid-19 y del DNI que todos, hispanófobos e hispanófilos, deben mostrar para acreditar su ciudadanía española, su pertenencia a un Estado cimentado en un sistema autonómico que muestra su omnipresente realidad y que, en el caso que nos ocupa, permite que Cataluña siga siendo, como ya lo advirtiera Quevedo, un laberinto de privilegios.

Con las actas cumplimentadas, se cerró una nueva fiesta de la democracia que ahora, tras la publicación de los resultados, ofrece materia para innumerables cábalas en torno a los posibles pactos de gobierno y al eco que estos tendrán en la política nacional que muchos pretenden convertir, al menos, en plurinacional. He aquí algunos datos para distracción del lector:

A pesar del machacón volem votar, el porcentaje de votantes fue del 53,6 %.

El secesionismo partitocrático ha obtenido sus peores resultados desde 1980, perdiendo el 30% de los votos que obtuvo en 2017, si bien su radicalidad ha aumentado, pues la CUP ha pasado de 4 a 9 diputados.

En esta situación, con unos golpistas, de los que depende el Gobierno de Sánchez, que han manifestado en reiteradas ocasiones su intención de «volver a hacerlo», la responsabilidad adquirida por Vox, pues PP y Ciudadanos difícilmente volverán a tener relevancia en Cataluña, es enorme. Nos va la soberanía en ello.

El apaciguamiento, una fábrica de independentistas
Alejandro Tercero cronicaglobal 16 Febrero 2021

Durante muchos años, fue un lugar común del nacionalismo y de una parte de la izquierda acusar a Rajoy y al PP en general de ser “una fábrica de independentistas” o “una máquina de crear independentistas”.

La línea argumental consistía en atribuir el incremento del número de partidarios de la secesión en Cataluña --e incluso su radicalización-- a la inacción del Gobierno del PP o a su inflexibilidad frente a las demandas de los nacionalistas.

Pues bien, este domingo, en las elecciones autonómicas del 14F, los partidos independentistas (ERC, JxCat y la CUP) han obtenido más escaños que nunca (74) y, por primera vez en la historia, han superado la mitad de los votos (el 51,28%, si se toma como referencia todos los sufragios emitidos, o el 50,02%, si solo se tiene en cuenta los de aquellas formaciones que han conseguido representación en el Parlament).

Y todo esto ha ocurrido tras dos años y medio de Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, una etapa durante la que se ha volteado radicalmente la forma de afrontar el desafío del secesionismo catalán.

En este tiempo, el tono del discurso del Ejecutivo con el nacionalismo catalán ha pasado a ser más cordial que nunca; se ha puesto en marcha lo que la Moncloa bautizó como la “agenda del reencuentro con Cataluña”; se ha constituido una “mesa de diálogo” entre gobiernos; se ha apostado por ERC como uno de los socios preferentes en el Congreso para sacar adelante la legislatura, y se ha dado a entender que, más pronto que tarde, llegarían los indultos a los responsables del 1-O (hasta la fiscalía ha esperado a que pasara el 14F para recurrir el tercer grado concedido por la Generalitat a los presos).

¿Y cuál ha sido el resultado de tamañas muestras de flirteo? Pues, lo dicho: a nivel electoral, los independentistas han logrado los mejores resultados de la historia (más que cuando gobernaba el rancio de Rajoy); y a nivel político, ERC --con Otegi como referente-- y JxCat han montado un cordón sanitario en toda regla contra los acaramelados socialistas, ya negocian un nuevo Govern y se han conjurado para seguir adelante con su plan de “amnistía”, “autodeterminación” y “culminación” del procés.

A estas alturas, podemos concluir sin riesgo a equivocarnos que la estrategia de contentamiento con el nacionalismo que ha impulsado y practicado el Gobierno durante este medio lustro ha cosechado un fracaso sin paliativos.

Siguiendo el criterio utilizado por los que atribuían al PP la culpa del crecimiento del secesionismo, ahora deberíamos inferir que la política de apaciguamiento con los separatistas ha sido “una máquina de crear independentistas”.

Esta es, probablemente, la principal lección que el constitucionalismo debería extraer del 14F.

Sin embargo, me temo que no van por ahí los tiros. Especialmente cuando vemos al vicepresidente segundo del Gobierno y líder de Podemos, Pablo Iglesias, presentar a España como un Estado poco democrático y a Puigdemont como un exiliado. ¿Qué será lo siguiente, presionar al PSOE para que acepte negociar algún tipo de consulta o seudorreferéndum para amansar al nacionalismo? Sé fuerte, Pedro.

Por lo menos, el 14F nos deja una buena noticia, como es la oportunidad que se abre para tumbar otro mito independentista.

Al igual que en los últimos años se ha constatado que el 155 se puede aplicar sin problemas; que una DUI no facilita la independencia; que el Estado es capaz defender su integridad con toda la fuerza frente a los violentos (como ocurrió el 1-O), y que una mayoría de escaños independentistas no dan derecho a la secesión, esta legislatura servirá para dejar claro que obtener más del 50% de los votos tampoco servirá para alcanzar la República catalana.

Algo es algo. Aunque, seamos sinceros, me temo que eso no será suficiente para revertir la decadencia de Cataluña.

Cataluña empeora su crisis y Sánchez aumenta su poder
Pablo Sebastián republica 16 Febrero 2021

Esta misma semana decenas o cientos de empresas catalanas ya habrán comenzado a hacer las maletas para abandonar este territorio del que han salido otras miles y ninguna volverá. Así lo anuncian los resultados del 14-F catalán que vuelven a colocar a los jefes de dos bandas de delincuentes golpistas, el uno preso y el otro huido de la Justicia, como los amos de la Generalitat.

Cualquier otra lectura sobre lo ocurrido el domingo pasado en Cataluña no se ajusta a la realidad. Y cualquier intento de apaciguamiento o diálogo, en mesas, celdas o en guaridas de prófugos, están llamados a fracasar salvo que los gobernantes de este país decidan, desde el interior del Gobierno, que se debe violentar la Constitución, la Democracia y la legalidad.

Entre las causas principales de esta situación figuran altos dignatarios del poder económico catalán, empresas que con habilidad y gran disimulo financian a los separatistas y a sus distintas organizaciones y aparatos de infame propaganda.

Y una trama de medios de comunicación de todos los tamaños que tratan, como La Sexta TV, a delincuentes como Junqueras -un sedicioso y ladrón de fondos públicos- como si fuera un estadista en obsequiosas entrevistas en las que el delincuente insulta, sin réplica alguna, al Jefe del Estado, las instituciones la democracia, y a España. La nación que denigra, dentro y fuera de nuestro país, el vicepresidente del Gobierno Pablo Iglesias.

Los errores cometidos para llegar a esta situación son más y muchos de ellos vienen de lejos o incluso de cerca y están anclados en la hasta ahora necesidad del presidente Sánchez de permanecer en el poder. Incluso con el argumento razonable de que en esta hora de la zozobra nacional España necesita un Gobierno, lo que es verdad pero más bien en consonancia con la línea italiana de Mario Draghi.

Pero, constituido el Gobierno, aprobados los PGE con ayuda de la escoria (por la ceguera suicida de Cs y el PP), llegando como están las vacunas y a la vista como parecen estar los fondos de la UE, Sánchez ya no necesita a Iglesias, ni a Otegui, ni Junqueras, y además no tiene oposición.

E incluso, en cierta manera, ha convertido al Rey Felipe VI en su rehén, y tiene en Vox el idóneo espantajo que necesita para justificar su autocracia izquierdista en el menoscabo de la normalidad democrática e institucional.

En realidad a Sánchez lo único que le preocupa es la vigilancia de la UE una vez que cree tener al alcance de su mano el control del Poder Judicial, como tiene a la fiscal general Dolores Delgado convertida en la nueva ‘mascota’ de La Moncloa que saca a los presos golpistas para la campaña electoral y que los vuelve a guardar en la fonda de Lledoners para que se avengan a pactar con Illa, el presunto triunfador electoral, un gobierno ‘transversal’ catalán.

Sánchez es imbatible, un profesional de la política y el poder al que le falta un destello que lo deslumbre, lo tumbe del caballo y le anime a regresar a la senda constitucional. Y al encuentro con el sentir sin duda mayoritario en el PSOE y el conjunto de la Sociedad. Pero el destello cegador y esperanzador aún no ha llegado por lo que, de momento, el presidente imbatible continúa cabalgando a sus anchas y ufano en la oscuridad.

¿Qué futuro tiene la derecha española?
Jorge Vilches vozpopuli.es 16 Febrero 2021

No es broma. Pablo Iglesias dijo tras la aprobación de los PGE que se estaba formando un bloque para crear un orden nuevo que haría que la derecha no volviera a gobernar en España. Ese escenario es posible tras el batacazo electoral en Cataluña y la desaparición efectiva en el País Vasco, al menos el tiempo suficiente como para que se lleve a cabo esa transformación del país.

La abstención por miedo al contagio no es excusa para la derrota. Si el PP y Ciudadanos no son capaces de impulsar el voto por correo o de animar a la gente a ir a la urna es porque la campaña electoral ha sido mala. Estos dos partidos no han sabido transmitir al electorado la importancia de lo que los catalanes se estaban jugando, y que era importante resistir y tener esperanza. El votante no nacionalista no tuvo incentivos para apoyar a Cs y al Partido Popular, y prefirió quedarse en casa. Esto significa que vieron prescindibles a esas dos opciones para defender sus intereses. No les compensaba el esfuerzo ni el riesgo. Pensaron que de todas formas iban a tener su ración de dictadura.

La derecha no sabe tampoco transmitir la importancia de la responsabilidad individual ante el avance de los liberticidas, ni la relevancia de participar y mostrarse. Hacen lo que decía Henry David Thoreau ante la tiranía: no soy responsable de lo que pasa en esta sociedad, y por tanto no voy a hacer nada que me exponga. Ciudadanos y Partido Popular, quizá en manos de asesores 'progres', aconsejaron que bajaran los brazos, que moderasen su discurso y su tono, que no salieran a la calle y que ficharan a personajes comprensivos con el nacionalismo.

Ciudadanos ha retrocedido diez años por su vocación de partido pequeño, y su deseo de no hacer ruido mientras se ofrece a Pedro Sánchez. Su propósito de ser “útiles” para que gobierne más cómodo el que gane es indicar que la opción correcta es el partido que más papeletas tiene para vencer en las urnas. El mensaje que se transmite ahonda su falta de atractivo para el elector catalán harto de la bota nacionalista. Por eso ahora Ciudadanos se enfrenta a su situación delicada. Tiene que cuestionar su liderazgo y el proyecto en medio de una previsible fuga de cargos y una bajada en la militancia ante la falta de expectativas de tocar poder.

Pablo Casado solo puede hacer como Felipe González cuando José María Aznar en 1993 le pisó los talones y perdió la mayoría absoluta: "He entendido el mensaje de los ciudadanos: quieren el cambio del cambio". La moderación solo es un valor si va acompañada de la coherencia y el coraje en la defensa de los principios. Cuando esto no ocurre, el elector percibe que el partido por el que votó ha cambiado de opinión y cobardea en tablas, que casi pide perdón por no ser nacionalista, y habla de la paz mundial mientras los independentistas, que mandan, decretan su muerte civil. La sensación que quedó en su electorado es que se quedaba solo, que era vergonzoso haberse opuesto al golpe de 2017, sacar una bandera de España al balcón, y enfrentarse a su entorno personal independentista.

Vox en un entorno hostil
Vox hizo todo lo contrario. Entendió bien que debía conectar con ese electorado, con la Cataluña silenciada, y se presentó en la calle, con un mensaje simple pero coherente, igual en todos los territorios de España. Consiguió que el votante no nacionalista empatizara con ellos, que se sintiera representado por un partido que prometía partirse la cara en el Parlament, y decir a los diputados independentistas lo mismo que él a su entorno personal hostil.

Los 'voxistas' se convirtieron en la opción antinacionalista no solo por sus acciones y palabras, sino también por la reacción de los independentistas, que apedreaban, insultaban y perseguían a sus simpatizantes. Los separatistas trabajaron para Vox, confirmaron su posición de resistentes y dejaron en la sombra de la inutilidad a PP y Ciudadanos. ¿Para qué votar a estos dos, tuvo que plantearse un no nacionalista, si Vox se va a pelear por mí?

Ese votante resistente, cabreado con el nacionalismo, no olvida lo que ocurrió tras las elecciones de 2017, cuando Arrimadas vio, venció y se marchó. ¿De qué sirvió entonces votar a Ciudadanos, que se había mostrado como el partido antinacionalista más potente? Nada. Ese lugar lo ha ocupado Vox con mucha eficacia.

Con este panorama. ¿Qué se aventura en la derecha española? Ciudadanos ya no se puede considerar “derecha”, con lo que queda más despejada la ecuación. El PP de Pablo Casado tendrá que sentarse en el diván y decidir una identidad bien definida. Los populares no han fracasado en Cataluña porque Casado criticara a Abascal en su moción de censura, sino por la campaña equivocada e incomprensible. Sin tocar la calle no se gana en un territorio donde la exclusión social del no nacionalista es la clave. Esto no es solo una cuestión de los quince días antes del 14-F, sino que debe ser una constante.

¿Qué puede pasar? En la derecha se puede repetir en 2023 lo que ocurrió en las elecciones de junio de 2016. En aquel entonces se jugó el sorpasso de Podemos al PSOE. Casi sucedió. Los socialistas de Sánchez consiguieron 85 escaños, e Iglesias llegó a los 71. Hubo una diferencia de 350.000 votos.

La solución de Sánchez para recuperar posición fue ocupar el lugar de Pablo Iglesias eligiendo una estrategia populista y dura. Fue incoherente y mentiroso, pero la izquierda lo perdona todo con tal de que gobiernen los suyos, lo que no ocurre en la derecha. Eso significa que tarde o temprano, PP y Vox tendrán que converger o entenderse si no quieren que la tentación totalitaria de la izquierda acabe realizándose.

Converger o desaparecer
Nota del Editor 16 Febrero 2021

El PP debe converger en el punto infinito de la total desaparición. Cualquier español sensato debe apoyar a Vox. La alternativa es el suicidio asistido de España.

La gran siesta de la democracia
Ramón de España cronicaglobal 16 Febrero 2021

Definitivamente, el Día de la Marmota ha venido para quedarse. Nuestra burguesía sigue adelante con su suicidio colectivo (arrastrándonos también a los pelacañas) y ha repartido sus votos entre ERC y JxCat: les va la marcha y aspiran a cuatro años más de bronca permanente, mal rollo dentro y fuera de Cataluña y una ruina previsible a pocos años vista. A nuestros lazis les da igual la incompetencia de los dos principales partidos independentistas, igual hasta les parece que brillan por su eficacia. El efecto Illa, a todo esto, se ha reducido a pillar la mitad de escaños que los independentistas de relumbrón, quienes cuentan además con los de la CUP, el socio ideal para llegar a la República Catalana, como todo el mundo sabe.

Entre un tipo razonable y de derecha liberal como Alejandro Fernández y los energúmenos de Abascal, la derechona catalana ha preferido a éstos: nueve diputados de Vox van a entrar en el Parlament. Ciudadanos (y el PP) caen en la irrelevancia y sus posibles votos no le van a servir de nada al PSC para acceder a la presidencia de la Generalitat, por mucho que Illa insista en presentar su candidatura (más que nada, para no protagonizar una espantada como la de Inés Arrimadas hace cuatro años). El futuro del paisito está en manos de un niño con barba y de un presidiario místico, que son quienes deben decidir entre la patria y la izquierda (por si acaso, para no cerrarse puertas, Aragonès le hizo firmar a otro el documento anti PSC de la campaña).

Mi sensación particular es que seguimos en las mismas, que aquí no ha cambiado nada, que la tabarra independentista sigue en todo su esplendor y que en Cataluña seguimos atrapados con un solo juguete. Tal vez esa sensación --la de que aquí, hagas lo que hagas, nada cambia ni aporta novedades-- es la responsable de que casi la mitad de los catalanes con derecho a voto se negaran a ejercerlo el domingo. Dicen que los unionistas son los más fatalistas ante la realidad del paisito, pero yo creo que el fatalismo, el aburrimiento y la sensación de que cada día es el Día de la Marmota se extienden entre toda la población. Unos, porque ya no se creen que la independencia esté al caer. Otros, porque se han dado cuenta de cómo son una elevada cantidad de sus conciudadanos y han llegado a la conclusión de que no hay nada que hacer para volver a lo que consideran cordura. En cualquier caso, una sociedad a la que al 50% de su población se la pela el resultado de sus elecciones es una sociedad en claro riesgo de descomposición, aunque a los políticos les de igual porque solo piensan en sus malditos escaños y en sus posibilidades de medrar y de imponer sus puntos de vista a la comunidad (si solo votan cuatro, les parecerá de perlas si les votan a ellos).

Yo diría que, poco a poco, se va extendiendo la idea de dejar a Cataluña por imposible, tanto en el bando constitucionalista como en el independentista. Aquí ya solo votan los creyentes y algunas almas puras y nobles. La gran fiesta de la democracia --que es como llaman los cursis a las jornadas electorales-- se convirtió el domingo en la gran siesta de la democracia. Como he decidido dimitir de mis obligaciones como ciudadano en cuanto me caigan los 65 (el próximo mes de mayo), considero mi visita del domingo al colegio electoral una especie de despedida, aunque desprovista de la satisfacción del deber cumplido. El tipo al que voté (no porque me fascinara, sino porque los demás me daban más grima) acabará en la oposición o montando un tripartito churroso con el niño barbudo y la valenciana que hace como que es catalana, de la misma manera que su jefe en Madrid ha montado un gobierno infecto con esa fuerza tóxica, viejuna y guerracivilista que atiende por Podemos (también le voté).

Me da asco el gobierno español y me dará asco el gobierno que se monte en Cataluña, sea cual sea (si es que no hay que repetir las elecciones, aunque aviso de que me pillarán ya jubilado en cuestión de urnas). Esto es lo que siento y no me voy a inventar un optimismo del que carezco. Cataluña va a seguir perdiendo peso dentro de España y España, dentro de Europa. Parece que es lo que queremos; así pues, que nos aproveche a todos. En cuanto al parlamento del paisito, entre los lazis y Vox se prevén cuatro años de bronca cotidiana y grandes posibilidades de llegar a las manos en el hemiciclo, cosa que al principio nos dará vidilla y luego, vergüenza. ¡Bienvenidos a Cataluña, la nación milenaria, aunque sin estado, que no va a ninguna parte!

"Los energúmenos de Abascal"
Nota del Editor 16 Febrero 2021

La única esperanza de que España vuelva al camino de la sensatez son los "energúmenos de Abascal". Si no apoyamos a Vox, el señor Ramón tendrá que cambiar de apellido, y en vez de España, copiar al Café Central de Málaga "no me lo pongas".

Guía (modesta) para entender los resultados catalanes
Pablo Planas Libertad Digital 16 Febrero 2021

Tractoria desafió la pandemia mientras que Tabarnia se quedó en casa. Y aún así, los resultados son un gatillazo separatista.

– La propaganda separatista presenta los resultados electorales como un gran triunfo del independentismo, que obtiene la mayoría en escaños y supera el umbral del cincuenta por ciento del voto. Si se rasca un poco, tal impresión queda muy mermada por la baja participación, un 53,54%, y por la sangría de votos experimentada por las fuerzas separatistas. Sí, mayor es el trompazo de Ciudadanos y el PP, pero es que Puigdemont pierde con relación a las penúltimas elecciones 380.231 votos y Junqueras, 332.254.

– Así, en 2017 fueron 948.233 los electores que apoyaron al prófugo, por tan solo 568.002 este domingo. El preso, por su parte, ha pasado de 935.861 votantes a 603.607. En cuanto a la CUP, hace tres años logró 195.246 y el domingo, 189.087, esto es, 6.159 menos. De modo que los antisistema partidarios de un tipo único del IRPF del 49% para pagar una renta mínima universal son los que mejor han resistido en el campo independentista, que pasa de un total de 1.884.094 votos en 2017 a 1.360.696 este último domingo. O sea, 523.398 sufragios menos, votantes que han volado hacia la abstención, desertores del procés hartos de esa pareja del humorismo político que forman Calimero Junqueras y Cocomocho Puigdemont.

– Para los independentistas, los números son importantes y siempre han presumido de ellos. Por ejemplo, en el referéndum ilegal del 1-O votaron dos millones trescientas mil personas, según dicen ellos mismos. Así que el descenso de apoyos sería aún más grosero. Un millón de amigos de la república se habrían evaporado en poco más de tres años. Debe de ser tan difícil de digerir semejante pérdida que en TV3 y la red de medios independentistas evitan exponerla ante su disminuida audiencia.

– Uno de cada cuatro electores catalanes ha optado este domingo por apoyar a un partido separatista. ¿Se puede aspirar a la independencia con una cuarta parte de la población, o más bien a la indiferencia? Téngase en cuenta además que no hay electorado más motivado que el separatista, siempre dispuesto a manifestarse con sus mejores galas y esteladas, lazos amarillos y coreografías norcoreanas, ya sea por la república, por los supuestos exiliados o por los presuntos presos políticos y frente a cualquier clase de inclemencia, sea meteorológica o policial. De hecho, se ha votado más en las poblaciones y zonas que presentan más voto independentista elección tras elección. Tractoria desafió la pandemia mientras que Tabarnia se quedó en casa. Y aún así, los resultados son un gatillazo separatista.

– Noticia desapercibida entre el defecto Illa. El independentismo ha perdido una pieza maestra, a uno de sus grandes impulsores. El Pdecat de Mas es extraparlamentario. El partido heredero de Convergencia se ha quedado en 77.059 votos, el 2,72%, justo lo necesario para impedir que Puigdemont le volviera a mojar la oreja a Junqueras. Ha sido el último servicio a la causa de Mas, capitán de patín náutico y gran gafe de la política catalana, cuya andadura política pasará a los anales mundiales de la estulticia. Por su culpa, Laura Borràs, la mujer que circula en Jaguar, no podrá ser presidenta. Ni tampoco Canadell, el gasolinero fantástico, relevo natural de la presunta corrupta. Una auténtica lástima.

– ERC se erige en el relevo natural del pujolismo. Gabriel Rufián es el nuevo Miquel Roca, la versión quilla de Duran Lleida, el representante de los intereses catalanistas (sean cuales sean esos intereses) en Madrid. Pere Aragonès tiene bastantes números para ser el nuevo presidente de la Generalidad, un presidente becario y vicario de Junqueras, algo así como lo de Torra con Puigdemont cuando el hombre al que nadie echa de menos hacía caso del residente en Waterloo, reedición en versión republicana de la Generalidad como cortijo de los golpistas. Miles de altos cargos están en juego en una Administración mastodóntica y con cientos de extensiones en forma de chiringuitos, ya sean medios o empresas públicas.

– Si Junqueras y Puigdemont y sus respectivos equipos logran ponerse de acuerdo, se avecinan un par de años tirando por lo bajo de más de lo mismo, parálisis, desgobierno, inseguridad jurídica, inestabilidad política y la prolongación de la guerra de trincheras entre separatistas, cegados por el odio entre banderías y las envidias.

– ¿Jugada maestra del PSC? Salvador Illa se ha proclamado ganador de las elecciones. En 2017 el PSC obtuvo 17 escaños con 606.659 votos. Ahora dispone de 33, los mismos que ERC y uno más que JxCat, con 652.858 sufragios. El triunfo no le servirá de nada. Tendrá que acelerar los indultos o la reforma del delito de sedición para sentarse en la misma mesa que los separatistas. La segunda carta es la consulta, alguna forma de votación relacionada con el vínculo entre Cataluña y el resto de España, un conejo de la chistera federalista, nueva operación Estatut, una suerte de elucubración de carácter plurinacional que pase por las urnas. En resumen, una cesión más a los independentistas y otra estocada a la idea de España. Que ERC presida la Generalidad es perfecto para Sánchez, que se consolida en Moncloa.

– La versión catalana de Podemos mantiene los ocho escaños a pesar de una sangría de votos (de 326.360 en 2017 a 194.626). Siempre dispuestos a destrozar España, los separatistas cuentan con ellos para socavar las instituciones del Estado y empujar hacia el referéndum. Pablo Iglesias es el gran aliado de los golpistas presos y fugados, su abogado defensor en el resto de España y, sobre todo, en Europa. El partido camina hacia la irrelevancia en Cataluña superado por Vox y con la CUP soplándole el cogote.

– Ciudadanos ya está a las puertas de la extinción. El desastre en Cataluña es tan solo comparable a fenómenos como la desaparición de UCD. Un meteorito ha impactado en el planeta naranja. En 2017 obtuvo 1.109.732 votos (el 25,35%) y 36 escaños. Este domingo sacó 157.903 (5,57%) y 6 escaños. Todo lo que podía salir mal salió mal desde el momento en el que Inés Arrimadas decidió irse a Madrid. Que dimita o no es irrelevante. Difícilmente ella o quien le suceda gestionarán algo más que el cierre ordenado del partido que tal vez con algo más de paciencia podría haber gobernado en Cataluña. Rivera se creyó que podía ser presidente del Gobierno y Arrimadas no se quiso quedar atrás. Ambición desmedida y fallos de juventud.

– PP. Pablo Casado debe de estar a la espera de que los prebostes de La Vanguardia le expliquen qué ha pasado. Quizá por eso todavía no ha dado la cara. Claro que a lo mejor siente vergüenza por la entrevista en la radio del conde de Godó y se arrepiente de su intervención cuando la moción de censura. Gran candidato Alejandro Fernández. Tal vez debió de sospechar de las felicitaciones del sector independentista, de tantos parabienes de los rivales políticos. No era buena carta de presentación que los separatistas le consideraran el mejor candidato en liza. El PP en Cataluña es un erial. Ha perdido toda la implantación territorial que llegó a tener en los noventa. Ha tenido que recurrir a militantes del resto de España para montar carpas y cubrir las plazas de apoderado e interventor. Fernández es un orador muy brillante al decir general, pero ahora toca resucitar y regenerar el partido, gastar suela y picar piedra.

– La derecha sin complejos ha irrumpido en el Parlament como nunca antes ningún partido lo hizo. Vox es el fenómeno de moda, el partido emergente, la promesa de una formación conservadora enérgica y dispuesta a dar la batalla en la guerra cultural. La oportunidad es grandiosa, poder fajarse en el la cámara catalana contra el separatismo, la izquierda cómplice y la derecha tontina, esa especie de mejunje entre Lorena Roldán y Eva Parera con Fernández en medio del bocadillo cual solitaria loncha de mortadela. De momento sabemos que a Garriga le privan las maneras de la política estadounidense, dar las gracias a Dios y bendecir en nombre de Dios. Perfecto, pero no es suficiente. El partido en Cataluña debe demostrar que no es una simple extensión de Plataforma per Catalunya, aquel engendro de partido catalanista y xenófobo, valga la redundancia, algunos de cuyos miembros han encontrado acomodo en la formación de Abascal.

Avance del Frente Popular
Cayetano González Libertad Digital 16 Febrero 2021

Qué contraste en la valoración que del resultado de las elecciones catalanas hicieron los tres partidos de ámbito nacional en la noche del domingo. Mientras que Santiago Abascal –el que tenía más motivos para mostrar su alegría por el magnífico resultado de su partido– decía con acierto: “Estos son unos malos resultados para España y por lo tanto son unos malos resultados para Vox”, el número dos del PP, Teodoro García Egea, en una comparecencia realmente esperpéntica vino a culpar a Bárcenas del pésimo resultado de su partido, del que dijo, sin mover un solo músculo de la cara, que seguía siendo la única alternativa real al Gobierno social-comunista. Hasta ahí llega la autocrítica de la dirección del PP, que, faltaría más, no va a reconocer el enorme error que supuso el discurso de Casado contra Vox y Abascal en el debate de la moción de censura presentada por este partido contra Sanchez el pasado mes de octubre.

La intervención de Inés Arrimadas estuvo a caballo entre la compasión y el ridículo. Pasar en cuatro años de 36 a 6 escaños, y de 1.110.000 votos a 158.000, parece evidente que merecería una dimisión fulminante de la máxima responsable del partido, y no refugiarse en la cantinela de que es que no han sido capaces de movilizar el voto constitucionalista. Quizás podría haber reconocido su profunda equivocación cuando al comienzo de la campaña se ofreció a Illa para formar Gobierno –vaya usted a saber cuántos diputados pensaba Arrimadas que iba a sacar su partido para hacer tan audaz ofrecimiento–, o cuando apoyó en el Congreso de los Diputados al Gobierno de Sanchez e Iglesias. Ciudadanos es desde hace tiempo un cadáver político, como en su momento lo fueron UCD, CDS y UPyD, y lo único que cabe desearle es que tenga un entierro digno.

Para los ciudadanos que quieren que España siga siendo España no hay más que motivos de preocupación y desasosiego al analizar los resultados del domingo en Cataluña. El independentismo ha crecido en votos y en escaños, y si quisieran y pudieran–algo que está por ver– podrían formar un Gobierno, presidido en este caso por ERC, por la independencia que contaría con más apoyos de los que tuvieron Puigdemont y Torra.

Pero digo que está por ver que ese vaya a ser el próximo Gobierno de la Generalitat. La lógica del proceso que inició Sanchez al pactar con Podemos el Gobierno de España, con el apoyo de ERC, Bildu, BNG y PNV, lleva a pensar que se buscará la manera de trasladar esa fórmula a Cataluña. Por mucho que Oriol Junqueras se haya puesto campanudo y declarado que no van a pactar con el PSC porque son partidos antagónicos, no parece que ni al propio líder de ERC ni al resto de los políticos independentistas presos les interese buscar un enfrentamiento con el Gobierno de Sánchez, del que depende la concesión del indulto para que puedan salir de la cárcel.

Buscarán una fórmula para que ERC pueda justificar ante su electorado que por el bien de su Cataluña no tienen otro remedio que llegar a un acuerdo con el PSC de Illa –el exministro de Sanidad ha ido para eso– que incluya, entre otras cosas, la manera de llevar a cabo un referéndum pactado para decidir el futuro de esa comunidad autónoma. En esa fórmula, ERC contará con el apoyo entusiasta de Podemos, y de paso sacarán de la Generalitat a los de Puigdemont. Un escenario bastante goloso como para no ser contemplado.

Y en todo esto el que gana claramente es el proyecto de Frente Popular que encarnan Sánchez e Iglesias. Un proyecto que avanza sin desviarse del objetivo final: la liquidación del régimen constitucional del 78, Monarquía incluida. La próxima estación será muy probablemente el País Vasco, donde los herederos políticos de ETA –no hay que perder de vista que la banda terrorista ha sido y sigue siendo, a través de Bildu, junto al PSOE de Zapatero y de Sánchez, el actor principal de este proceso– podrían llegar al poder en Vitoria en las próximas elecciones autonómicas. Eso supondría ver a Arnaldo Otegui en Ajuria-Enea con el apoyo del PSE y de Podemos. Al tiempo.

Las cuentas de la lechera de Sánchez con Esquerra
Cristina Losada Libertad Digital 16 Febrero 2021

Alegría en Ferraz, porque en Cataluña el centro-derecha que defiende el orden constitucional cae, y los partidos separatistas tienen cuatro escaños más que antes.

El PSOE está contento. ¿Por qué estará contento el PSOE? Me lo preguntaba mientras leía su reacción oficial a los resultados de las catalanas. Había que leer dos veces el comunicado emitido tras la Ejecutiva para asegurarse de que la nota era del PSOE y no de la Esquerra. Tantos eran los elogios al partido de Junqueras que allí se vertían que a cualquiera le podía entrar la duda. Cierto que ponían las virtudes de la Esquerra a la par de las del PSC, pero era una curiosa y posiblemente inédita celebración. Que un partido celebre los resultados propios y, al tiempo, los de otro partido con el que rivalizaba en la contienda electoral es toda una rareza. Y se explica, sí, por motivos raros.

El partido de Sánchez tiene incentivos para darle jabón a la Esquerra. De entrada, la necesita para mantenerse en el Gobierno de España, como es público y notorio. Los socialistas ya practicaron el halago cuando obtuvieron el plácet de ERC a la investidura. Entonces cayeron en la cuenta de que era de la familia, de la gran familia de izquierdas, y por eso resultaba de lo más natural juntarse con un partido cuya seña de identidad ha sido y es el separatismo. Esto decían los socialistas. Lo que dicen ahora es que Esquerra y el PSC son los más guays, porque son “dos partidos con raíces” que, cada uno a su modo, “abogan por el diálogo”. El resto, ya se sabe, desarraigados. Bien. Constatemos que, como primera señal dialogante, la Esquerra quiere impedir que Salvador Illa se presente a la investidura. Pero, oye, que no decaiga la fiesta en el PSOE.

La cúpula socialista está contenta porque el PSC ha tenido los mismos escaños que ERC y ERC ha tenido un escaño más que la marca de Puigdemont. ¡Un escaño más! ¡Tremenda diferencia! Como, obviamente, no es una diferencia tremenda, lo que indica esta pequeña ventaja es que los de Junqueras no tienen margen para independizarse del tronado que está en Bruselas. Eso, siempre que ERC quisiera esa independencia; la otra, ya sabemos que sí. La expectativa de un retroceso notable de su rival separatista no se ha cumplido. Lo que augura el resultado es que la Esquerra estará igual de pegada o más a los de Puigdemont que antes. Los socialistas dicen que las urnas han recompensado el pactismo de ERC. ¿Cómo? ¿Con un escaño más que en 2017 y un porcentaje de voto un poquito inferior que el de entonces? A cualquier cosa le llaman recompensa. Vale: que la realidad no te estropee la buena noticia.

Hay otra buena noticia para el socialismo, aparte de la muy apretada victoria de Illa y la pequeña ventaja de ERC. Al menos, por lo que dice la Ejecutiva. Esa buena noticia es que la derecha –salvo Vox, ciertamente– se lleva un buen varapalo. Para el PSOE, la gran satisfacción es que se descalabre Ciudadanos y el PP siga en la insignificancia. Alegría, alegría en Ferraz, porque en Cataluña el centro-derecha que defiende el orden constitucional cae, y los partidos separatistas tienen cuatro escaños más que antes. La prensa amiga dice que a Sánchez le salió casi todo bien. Impresionante.

Las cuentas de la lechera de Sánchez con Esquerra
Cristina Losada Libertad Digital 16 Febrero 2021

Alegría en Ferraz, porque en Cataluña el centro-derecha que defiende el orden constitucional cae, y los partidos separatistas tienen cuatro escaños más que antes.

El PSOE está contento. ¿Por qué estará contento el PSOE? Me lo preguntaba mientras leía su reacción oficial a los resultados de las catalanas. Había que leer dos veces el comunicado emitido tras la Ejecutiva para asegurarse de que la nota era del PSOE y no de la Esquerra. Tantos eran los elogios al partido de Junqueras que allí se vertían que a cualquiera le podía entrar la duda. Cierto que ponían las virtudes de la Esquerra a la par de las del PSC, pero era una curiosa y posiblemente inédita celebración. Que un partido celebre los resultados propios y, al tiempo, los de otro partido con el que rivalizaba en la contienda electoral es toda una rareza. Y se explica, sí, por motivos raros.

El partido de Sánchez tiene incentivos para darle jabón a la Esquerra. De entrada, la necesita para mantenerse en el Gobierno de España, como es público y notorio. Los socialistas ya practicaron el halago cuando obtuvieron el plácet de ERC a la investidura. Entonces cayeron en la cuenta de que era de la familia, de la gran familia de izquierdas, y por eso resultaba de lo más natural juntarse con un partido cuya seña de identidad ha sido y es el separatismo. Esto decían los socialistas. Lo que dicen ahora es que Esquerra y el PSC son los más guays, porque son “dos partidos con raíces” que, cada uno a su modo, “abogan por el diálogo”. El resto, ya se sabe, desarraigados. Bien. Constatemos que, como primera señal dialogante, la Esquerra quiere impedir que Salvador Illa se presente a la investidura. Pero, oye, que no decaiga la fiesta en el PSOE.

La cúpula socialista está contenta porque el PSC ha tenido los mismos escaños que ERC y ERC ha tenido un escaño más que la marca de Puigdemont. ¡Un escaño más! ¡Tremenda diferencia! Como, obviamente, no es una diferencia tremenda, lo que indica esta pequeña ventaja es que los de Junqueras no tienen margen para independizarse del tronado que está en Bruselas. Eso, siempre que ERC quisiera esa independencia; la otra, ya sabemos que sí. La expectativa de un retroceso notable de su rival separatista no se ha cumplido. Lo que augura el resultado es que la Esquerra estará igual de pegada o más a los de Puigdemont que antes. Los socialistas dicen que las urnas han recompensado el pactismo de ERC. ¿Cómo? ¿Con un escaño más que en 2017 y un porcentaje de voto un poquito inferior que el de entonces? A cualquier cosa le llaman recompensa. Vale: que la realidad no te estropee la buena noticia.

Hay otra buena noticia para el socialismo, aparte de la muy apretada victoria de Illa y la pequeña ventaja de ERC. Al menos, por lo que dice la Ejecutiva. Esa buena noticia es que la derecha –salvo Vox, ciertamente– se lleva un buen varapalo. Para el PSOE, la gran satisfacción es que se descalabre Ciudadanos y el PP siga en la insignificancia. Alegría, alegría en Ferraz, porque en Cataluña el centro-derecha que defiende el orden constitucional cae, y los partidos separatistas tienen cuatro escaños más que antes. La prensa amiga dice que a Sánchez le salió casi todo bien. Impresionante.
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