AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 17  Febrero  2021

El problema del PP no es su sede
EDITORIAL Libertad Digital 17 Febrero 2021

Tras haber obtenido el PP sus peores resultados en unas elecciones regionales catalanas, Pablo Casado se descolgó este martes con unas sorprendentes declaraciones para comunicar su intención de trasladar la sede nacional del partido. La explicación dada no puede ser más estupefaciente: se pretende así dejar atrás un pasado ligado a la corrupción y abandonar un edificio cuya reforma está siendo investigada por los tribunales a raíz del caso Bárcenas.

En primer lugar, resulta patético ver a Casado atribuir el insuficiente apoyo a su partido en las encuestas y su abrumadora irrelevancia en Cataluña no a una corrupción ideológica que les ha llevado a renunciar a dar la batalla ideológica y cultural contra el socialismo y el separatismo, sino a otra de orden financiero que remitiría a los tiempos de Aznar y Rajoy. ¿Pero cómo pueden pensar los dirigentes del PP que los millones de votantes que han dejado de votar a su partido lo han hecho por el caso Barcenas y no por la orfandad en la que Rajoy primero y ahora Casado han dejado a buena parte de la derecha liberal-conservadora? ¿Cómo pueden pensar que la renuencia a dar la batalla de las ideas contra el nacionalismo y el proceso de secesión no les iba a pasar factura electoral en Cataluña?

Si el PP quiere romper con el pasado, que lo haga pidiendo perdón a los españoles en general y a los catalanes no nacionalistas en particular por haber aplicado tan tarde con Rajoy el artículo 155 de la Constitución; y encima no para instaurar en el Principado la legalidad constitucional, que los nacionalistas burlan a diario, sino como mero mecanismo de convocatoria electoral. Que pida perdón también por haber subido el Gobierno de Rajoy los impuestos y endeudado a los españoles más que ningún otro Gobierno anterior. Y por haber el Gobierno de Rajoy intentado contentar a los nacionalistas con más dinero en lugar de combatir sus delirios antiespañoles y su ruinoso sectarismo.

Para recuperar las traicionadas señas de identidad liberal-conservadoras y hacer frente al nacionalismo se supone que disputó Casado la jefatura de su partido a la mano derecha de Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría. Sin embargo, la destitución de Cayetana Álvarez de Toledo y la hostilidad manifiesta a Vox, con el que el PP está llamado ya no a entenderse sino a aliarse o incluso a fusionarse, si pretende presentar una alternativa creíble al social-comunismo dominante, fueron errores descomunales, a los que sumó unas bochornosas declaraciones a la emisora golpista RAC 1 en las que casi pidió perdón por la encomiable actuación policial del 1 de octubre del 2017 en defensa del orden constitucional en Cataluña.

La decisión de Casado de cambiar la ubicación la sede nacional del PP tiene además un componente de insensatez casi increíble. Y es que, dado el machacante agitprop izquierdista de que el PP es un partido de corruptos, suena a chiste que la solución sea cambiar de edificio o de calle. Si la supuesta corrupción del pasado afecta a la actual dirección del PP, de nada servirá la mudanza. Y si no es el caso, el innecesario cambio hace torpemente que lo parezca.

Sea como fuere, está visto que Casado no piensa en otra cosa que en seguir arremetiendo contra Vox. Y eso es una estrategia suicida, la acometa desde Génova o desde cualquier otra calle que se le antoje.

¿Qué ha pasado, Casado?
Liberal Enfurruñada okdiario 17 Febrero 2021

Qué lejos quedan aquellos 19 diputados conseguidos para el PP hace poco más de 8 años por Alicia Sánchez-Camacho, en las elecciones autonómicas catalanas de 2012, o los 17 que el valiente Alejo Vidal-Quadras obtuvo en 1995, con el 13,21% de los votos para el Partido Popular. El domingo los de Alejandro Fernández, ese al que todos consideraban como el mejor candidato, el que aparentemente había arrasado con sus contrincantes en los debates televisivos, obtuvo el peor resultado de la historia para el Partido Popular, bajando tanto en términos absolutos -3 diputados-, como en porcentaje de votos -3,85%-, respecto a los ya nefastos resultados logrados por Xavier García Albiol en 2017 y dejando al PP en el grupo mixto, a no ser que consiga mendigar algún voto que les permita constituir grupo parlamentario. Y todo pese a la debacle de Cs que, no por anunciada, ha dejado de sorprender por su intensidad al pasar de ser el partido más votado con 36 diputados a quedarse tan sólo con 6, catástrofe de la que a los de Pablo Casado no les ha llegado ni las raspas.

Casi un millón de votos ha perdido Cs. De ellos puede que unos 200.000 hayan preferido votar a Salvador Illa porque sale en los telediarios y pese a que parece un empleado de funeraria, nunca se mete mucho con nadie. Otros tantos pueden haberse ido a defender la unidad de España con VOX y más de medio millón de catalanes de los que votaron a los de Inés Arrimadas hace 3 años, han preferido quedarse en casa antes que votar a un Partido Popular que había hecho notables esfuerzos para atraerlos. Hasta el punto de echar a Cayetana Álvarez de Toledo, no fuera a ser que su potente discurso ideológico asustara a los naranjas; de fichar mes y medio antes de las elecciones a Lorena Roldán, la ganadora de las primarias de Ciudadanos para ser la candidata de ese partido a la presidencia de la Generalidad de Cataluña; y de incorporar un mes antes del día de las votaciones a la catalanista Eva Parera, esa que hizo campaña diciendo que a los españoles la palabra indulto no nos tiene que dar ningún miedo.

Y con todo y con eso, un millón de votos de Cs se fueron a VOX, al PSC y a la abstención, y los de Casado han perdido 76.603 votos de los escasos 185.670 que consiguieron hace 3 años, lo que significa perder a más del 40% de sus pocos votantes. ¿Qué ha pasado, Casado? Hoy ha comparecido el líder de los populares para analizar su derrota y ha argumentado que… ¡Bárcenas! Y se ha quedado tan tranquilo. Dice Casado que el pacto de Bárcenas con la fiscalía en plena campaña ha otorgado un desproporcionado protagonismo mediático a su ex tesorero y que eso es lo que ha hecho que se fueran al guano, pero que los resultados en Cataluña nunca son extrapolables a nivel nacional. Y que para regenerarse lo que van a hacer es irse de la sede del número 13 de la calle Génova, supuestamente financiada ilegalmente. Ninguna autocrítica y ni la menor exigencia de responsabilidades, al menos delante de las cámaras.

No seré yo quien diga que la corrupción del Partido Popular, personificada en Luís Bárcenas, sus cuentas en Suiza y los SMS de Rajoy -«Luis, lo entiendo, sé fuerte, mañana te llamaré»- no le esté costando votos a los de Pablo Casado. Pero es que la noticia de los sobres con sobresueldos en dinero negro se publicó en enero de 2013 y en junio de ese mismo año Bárcenas ingresó en prisión, o sea, que han pasado ya unas cuantas elecciones como para seguir usándolo como excusa de mal perdedor. El martes pasado, a cinco días de las elecciones, Casado aceptó conceder una entrevista a uno de los más notables altavoces del secesionismo catalán, la emisora pro golpista Rac1, consintió conque el entrevistador le hiciera las preguntas en catalán y soltó perlas como que las imágenes de la policía reprimiendo el golpe del 1 de octubre de 2017, «debieron haberse evitado», que le “da igual la bandera que tenga un catalán en su balcón”, o que quiere que vuelva “hasta la última empresa que se ha ido a Cataluña”. El día de la moción de censura de VOX contra Pedro Sánchez, Casado inauguró una estrategia de insultos y mentiras contra los votantes que le han abandonado para pasarse a los de Santiago Abascal, el pasado domingo comprobó sus resultados.

Casado no vale
Emilio Campmany Libertad Digital 17 Febrero 2021

“Extrapolable”. Es la palabra que está en boca de todos los que analizan los resultados de las elecciones catalanas en el ámbito del centro-derecha. ¿Es o no extrapolable el sorpasso de Vox al PP? Claro que no. Desde que Aznar entregó a Pujol la cabeza de Vidal-Quadras, el PP había dejado de existir allí. En el resto de España la situación es completamente distinta. Sin embargo, la campaña de las catalanas ha sido útil en algo al centro-derecha, y es en revelar que la actual dirección del PP, con Casado al frente, no vale. No vale para ganar elecciones en Cataluña, que eso se daba por descontado. Pero es que tampoco sirve para ganarlas en España.

Hasta ahora, la estrategia de Casado ha sido una gruesa imitación de la de Rajoy: moverse poco, tratar de satisfacer a todos, cortarle la cabeza a quien la asome y esperar a que el cadáver de Sánchez (con Rajoy fue el de Zapatero) pase por su puerta. Con seguridad, alguien le dijo: “Si no cometes errores y sabes mantenerte al frente del PP, en un par de legislaturas serás presidente del Gobierno”. Casado ha grabado el consejo en piedra porque, siendo nadie fuera de la política, no puede permitirse el lujo de perder la oportunidad que se le ofrece. De manera que el problema no es que no tenga ideas, que desde luego carece de ellas. El problema es que no se permite tenerlas, ya que, como tiene que ser presidente a toda costa, espera serlo con las ideas de su potencial electorado una vez las haga propias, tras descubrir cuáles son.

El problema es que su electorado es muy diverso y cambiante en su forma de pensar. Es imposible no caer en contradicciones si todo se limita a darle satisfacción. Por eso apela a la España de los balcones y despide a Cayetana Álvarez de Toledo. Por eso despotrica de la falta de patriotismo de Sánchez como embiste a Santiago Abascal. Por eso proclama el retorno a las esencias del PP y luego renuncia a ellas para demostrar que es muy moderado. Por eso se declara heredero de Rajoy y Aznar y luego reniega de ellos. No es tanto que no sepa lo que es, sino que no sabe ni siquiera lo que le gustaría ser. Lo único que sabe es que quiere ser presidente del Gobierno. ¿Para hacer qué? Lo que sea. Eso es lo de menos.

Un líder tiene que tener como propios los principios de la corriente a la que pertenece y luego convencer al grueso de los votantes de esa corriente que las directrices que él marca son las correctas. Un líder lidera, dirige, muestra el camino por el que conseguir, dentro de las creencias comunes, lo que se pueda, y sabe renunciar a lo que no es posible de momento alcanzar. Es decir, sabe ser fiel a las ideas a la vez que pragmático en su puesta en práctica. Y, tras meses de atolondrada dirección hacia ninguna parte, se ha demostrado sin lugar a la duda que, para eso, Casado no vale.

Los muertos que Vox matáis
José Alejandro Vara. vozpopuli.es 17 Febrero 2021

Sólo si Casado y Arrimadas reaccionan con vocación de unidad y fusionan sus pasos en defensa de la Constitución podrían esquivar un destino incierto

Ortega Smith ya apenas vocifera. Ni siquiera invade Gibraltar o vota a bríos. Parece hasta más bajito y se le ha puesto cara de oficial de la guardia suiza. Iván Espinosa no incurre en el humor vitriólico y los chistes agresivos de sus primeras campañas. Maldita la gracia. Se maneja ahora con temple de notario y esa circunspección de quien ha extraviado las interjecciones. Rocío Monasterio tiene ya más de lo segundo, de lo monástico, que de lo primero, el ozú. Dejó atrás la bronca y la zapatiesta, se sumergió en el debate sobrio, en la trifulca contenida. Saca las uñas cuando es preciso, frunce el ceño cuando le irritan pero acompasa sus famosos arranques coléricos al metrónomo de Beethoven, siempre más lento de lo que imaginas. Macarena Olona gasta aún usos de fierecilla indomable, con todos sus colmillos al viento y la quijada en guardia permanente. Su verbo es hiriente como un alfange y suave como el flautista de Manet. Santiago Abascal siempre fue así, rudo por fuera y prudente por dentro, de esa amabilidad siempre puesta en razón. No le agradan los gritos sino los argumentos. Expele, eso sí, una imagen que a tantos seduce y a unos cuantos confunde.

Poco conservan los dirigentes de Vox de aquella estampa de jóvenes airados con la que irrumpieron en la escena andaluza hace un par de años y se hicieron con doce diputados en el inexpugnable cortijo socialista. ¿Y estos, quién coño son? Defendían el campo, los toros, la caza, el gazpacho, las sevillanas y la bandera de España. Repudiaban la inmigración ilegal, los chiringuitos de amiguetes, el feminismo hipertrofiado, el ecologismo ortopédico y el comunismo en todas sus variantes. Les tacharon de ultraderecha, franquistas, maltratadores, pistoleros, tramperos, tramposos y trumpistas. Súbitamente, doce escaños. Algo pasaba.

En las generales subsiguientes, las de abril del 19, lograron 24 escaños y el PP, atentos, se quedó en 66. Algo seguía pasando. En las municipales y regionales se erigieron en pieza clave en Madrid y Murcia y se hicieron importante hueco en Burgos, Santander, Badajoz, León, Almería, Guadalajara, Granada, Alicante y algunas más... Pasaba algo, en efecto, ¿pero qué? En las generales de noviembre, 52 diputados. La consagración. Se acabaron las dudas y las incógnitas y se despejaron algunos interrogantes. Se evaporó el fantasma de lo efímero, se desintegró la coartada de la casualidad. Tercera fuerza en el Congreso. Luego se produjo el chasco en Galicia y la sorpresa en País Vasco. O sea, un empate. Y ahora, el estallido catalán, once escaños, más que PP y Cs juntos.

El voto de la cólera, la papeleta del cabreo
El voto del cabreo, claro. De la protesta y hasta de la cólera. Hay gente que incluso en el estanque dorado catalán, ese paraíso sedado y maniatado, todavía siente una cierta molestia cuando le pisan el cuello, le tapan la boca y observa cómo le trepanan las neuronas a sus hijos en el patio de la escuela. Esos catalanes furiosos ya inundaron las calles de Barcelona tras el discurso del Rey, llenaron primero los balcones con banderas y luego las urnas con votos de Ciudadanos, que ganaron las elecciones.

Este domingo, con menos pasión, quizás la pandemia, quizás las dudas, esta singular especie de indomables no ha pestañeado en el momento de confiar su papeleta a un ignoto odontólogo, joven y "negro" (como decía ese pseudofilósofo de flequillo imbécil en el debate de TVE, el menos visto de la historia), a quien han perseguido, escupido y hasta apedreado con esa saña que los racistas amarillos le dedican a cuantos descreen de las consignas supremacistas y se apartan del rebaño estelado.

En esto llegó Vox. También de la nada, de cero escaños, como en el milagro andaluz. Un hecho accidental, un movimiento puntual, un ladrido aislado, la queja del hartazgo, fugaz y pasajera... los politólogos jibarizan de la magnitud del cimbronazo. “No compiten en la liga de los grandes, juegan a otra cosa, están en el extrarradio de la realidad, en los suburbios de lo concreto, en otro planeta”.

Bueno, quizás estos marcianos hayan llegado para quedarse. Quizás se trate de un fenómeno sociopolítico similar al de Podemos en 2015. Quizás sea, en efecto, algo transitorio, como la canción del verano o un dolor de barriga. El caso es que aquí están, han entrado en la Diagonal y han plantado sus reales en la Ciudadela. Con fuerza creciente y con enormes posibilidades de arrinconar al bloque de la derecha y enviar al PP y a Cs al cementerio de elefantes. Sólo si Casado y Arrimadas reaccionan con vocación de unidad, aparcan sus ambiciones personales y fusionan al unísono sus pasos en defensa de la Constitución podrían esquivar su incierto futuro. No lo harán. Abascal, claro, seguirá creciendo. En esos 'arrabales' de los que hablan los profetas. También Le Pen empezó en los bidonvilles y ahí la tienen, a dos pasos del Elíseo.

En este infernal presente, la dirección de Vox se ha alejado de su caricatura. Ofrece una estampa de tanta serenidad “que es ya dolor”, como escribió Claudio Rodríguez. “No teman, ya no nos dedicamos al asalto ni al degüello”, podrían bromear en homenaje a los salvajes unitarios de Borges. Aún los pintan envueltos en cuernos y pieles, como el bisonte aquel que asaltó del Capitolio. Son otros los que cercan congresos y rodean parlamentos, en Madrid, Barcelona o Sevilla. Son otros los que levantan cordones sanitarios y escupen sobre el diálogo, como el candidato Illa, falso hasta en sus melindres.

Gobernar con los golpistas
Vox es el único partido que, en la campaña catalana, no habló de pactos ni cambalaches. Cierto que hospeda a alguna gente de ideario irritante y prosodia chillona. Ecos de las cavernas. Se supone que lo irán puliendo. También es cierto que hay realidades con las que no traga, como la actual burocracia europea (¿quién aplaudiría a Ursula y sus inexistentes vacunas?) ni la estructura autonómica del Estado (¿a quién, salvo a Rajoy, le complace el batiburrillo periférico?) ni la ley de violencia de género. Mucha gente no comparte su ideario. Y hasta le repele. Pero nada de cuanto plantea es inconstitucional. Menos aceptable, desde el punto de vista legal, se antoja promover un golpe de Estado, algo que a Illa no le incomoda. Incluso pretende ahora gobernar junto a sus impulsores, aunque sea de complaciente monaguillo, resuelto con los cálices, la campanilla y las vinajeras.

Abascal ha ratificado en las urnas que su discurso de claridad y firmeza tiene amplia acogida en un sector del electorado. El sentimiento de hartazgo aflora imparable, el drama le remite oleadas de náufragos hacia su orilla. No parece que vaya a quedar, al menos de momento, desplazado a esos 'arrabales de la irrealidad' al que le envían las cacatúas. Todo lo contrario. Vox se ha erigido en una fuerza fundamental para hacerle frente a la creciente pesadilla. La noticia de su efímera existencia parece prematura.

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Una sociedad enferma
Rafael Rossy Ramírez https://rebelionenlagranja.com 17 Febrero 2021

Las elecciones al parlamento autonómico de este domingo certifican que –si algún efecto ha producido esta pandemia sobre la salud mental de los catalanes– éste ha sido solo nocivo.

El de los ‘hare krishna nazionalistas’no es un quiste nuevo; sabíamos, ciertamente, que no faltarían a esta nueva cita para votar a una de las dos ‘sectas’ separatistas: la siniestra de ERC y la histriónica de ‘Junts’. Conocemos desde hace lustros que esta tumefacción supremacista no tiene cura. Cada caso individual tiene fácil pronóstico, por el carrusel de síntomas común a todos los pacientes: el odio al resto de la población, un negacionismo histórico capaz de alcanzar niveles de delirio y una gran variedad de trastornos obsesivo compulsivos. Hay, en realidad, una sencilla terapia de choque con magníficos resultados: la constatación, en un baño de realidad, de la imposibilidad efectiva de sus alucinaciones. Lamentablemente, es una terapia que las instituciones del Estado les han negado hasta ahora. Atendiendo a la elevada edad media de los pacientes y a la creciente deserción de los jóvenes, es posible que en cuestión de meses quede limitada al puro y exclusivo rebaño.

El resultado que este colectivo cancerígeno ha conseguido, como consecuencia de un sistema injustamente favorable, es que la suma de los partidos separatista formarán (podrán formar (podrían formar (o habrían podido formar))) gobierno. Con todo, es importante tener presente que los votos recibidos en estas elecciones por estos partidos suman 720.000 menos que en las anteriores y que representan únicamente una cuarta parte del censo electoral. Habrá que recordárselo cuándo se repitan los recurrentes trastornos de ansiedad ‘volem votar’.

Terrible locura es también que más de medio millón de catalanes hayan votado a alguno de los dos partidos de ultraizquierda de corte totalitario, es decir, Podemos y la CUP. Contrariamente, a lo que se cree, muchos de los votantes de ambas formaciones radicales son jóvenes de clase social acomodada. Cuánta razón tiene Clint Eatswood. En lugar de preocuparnos por qué planeta dejaremos a nuestros hijos, deberíamos cuestionarnos qué hijos estamos dejando a éste planeta. Es una afección grave la de este colectivo y pocas veces reversible. Causa grandes problemas en la interacción social. Su origen se encuentra en el sobredimensionamiento tumoral de la pereza, la envidia y el odio. Este virus radical presenta una potencialidad destructiva sin límites. Es capaz de provocar en muy escaso tiempo un terrible deterioro en los sistemas económicos que, de persistir, terminan indefectiblemente con la muerte.

“EFECTO ILLA”
Pero, en estas elecciones, se ha manifestado una nueva y preocupante enfermedad mental. Se trata de un trastorno raro del espectro del autismo que ha sido llamado ‘efecto Illa’. Al parecer está causado por factores epigenéticos y ambientales que actúan durante las etapas tempranas de la persona. No obstante, aunque se hubiera considerado en los primeros días de sintomatología como una patología típicamente infantil, se ha demostrado que presenta manifestaciones graves en cualquier edad. Nos encontramos, esta vez sí, con una patología psiquiátrica completamente irreversible y es importante que los pacientes y sus familiares lo asuman desde el primer momento: el idiotismo profundo no tiene cura alguna.

Illa, abandonó pocos días antes la oficina central de maximización mundial de defunciones y ruina económica con unos resultados finales únicos, realmente extraordinarios: más de 100.000 muertes y una economía devastada con un sector de la restauración que no podrá levantar cabeza en lustros. Se sabe que nadie en el mundo ha sido capaz de causar semejante tragedia. Salvador Illa ha sido el indiscutible campeón de la muerte y de la ruina pero hay quien le niega el mérito, que se lo atribuye a la suerte; como si para conseguir ser el peor ministro de Sanidad del mundo no hubiera tenido que ocultar información a la población, darle consejos temerarios, facilitar la distracción de importantes recursos que deberían haber ido a la adquisición del material indispensable, complicar la llegada de instrumentos eficaces de control de la pandemia y mentir, mentir día tras día, mentir a todos los españoles sobre cualquier cosa, incluido el número de familiares y amigos muertos como consecuencia de su sanguinaria especialidad, reduciendo eso sí, por encomiable modestia, las cifras a casi la mitad. Un héroe.

La más honda idiocia –diplomada en la Sexta con masters en Cuatro– no podía dejar escapar un mirlo blanco de incompetencia como éste, y menos desde que, sin abandonar esa triste cara de sepulturero, nos mostró sus primeras risitas en los debates, a la par que evolucionaba su extraño embarazo. Fiel –cómo no– a Iván, Salvador interpretó su papel con todo cinismo que requería la ocasión, inclinando el voto autista hacia su partido y proclamándose el vencedor de la noche en su papel de pelele de los debates.

Hasta que llegó el momento determinante durante la campaña: el rey de la muerte fue requerido a la realización de un test de antígenos. Un momento así, puede cambiar el curso de la historia. Su mente se obnubiló. ¿Cómo debía actuar? En esos instantes los conceptos de mascarillas y tests se confundían en su neuronas. Pero en unos segundo se hizo la luz y recordó ese mensaje que la OMS lanzó en marzo y en el que reclamaba la realización masiva de test, como medio indispensable para control de la pandemia. “Test, test, test” dijo el Director General de la OMS, recordó. La luz se había hecho a tiempo y, ya iluminado, llla exclamó un NO rotundo a que le hicieran el test. ¿Cómo iba él a someterse a un test del que está absolutamente en contra? ¿Cómo iba a promocionar un instrumento que se está manifestado extraordinariamente eficiente para la detección de casos y la reducción de los muertos? Menudo susto, unos segundos de distracción y casi se cambia de bando. Finalmente, evidenciada su incompetencia completa Illa estaba ya en condiciones de recibir el voto de ese creciente número de autistas teledirigidos, hasta proclamarse “primer candidato sin opción a candidato”, una distinción de la que ahora se siente particularmente orgulloso.

Algunas menciones deben hacerse también en el segmento de los partidos llamados constitucionalistas. ‘Ciudadanos’ ha acudido con Arrimadas a la campaña con una compleja técnica de la paramnesia del reconocimiento, que provoca la extraña sensación de que ese instante ha sido vivido previamente; el fenómeno es conocido en francés como déjà vu. Estamos estudiando la revolucionaria técnica electorialista de Carrizosa de reclamar el voto, en una TV3 con una audiencia muy mayoritariamente separatista, con el argumento de estar a solo un escaño de ganar los constitucionalistas. Todavía no hemos alcanzado a comprenderla.

Finalmente, hubo un candidato al que se le fue abiertamente la olla y confundió una campaña electoral –el momento de presentar propuestas sensatas que puedan interesar a franjas importantes de la población– con el show televisivo del club de la comedia, para el que demostró eso sí estar particularmente dotado. Su resultado electoral ha sido el peor de la historia de su partido.

11 candidatos de Vox han conseguido entrar en el parlamento catalán. Algunos pensarán que son pocos para un parlamento tan grande. Lo dicen porque desconocen que lo que ha entrado, en realidad, es una auténtica vacuna.

Cataluña: en el lodazal de Artur Mas y Rajoy
Diego Vigil de Quiñones okdiario 17 Febrero 2021

Hace dos semanas, les dije que el centro derecha constitucionalista estaba entre las cuatro fuerzas en cabeza de Cataluña. La semana pasada me atreví a aventurar que las derechas darían la sorpresa. Es evidente que me equivoqué, salvo con Vox (que ha dado la sorpresa, y es la cuarta fuerza). Pero no porque ese voto no exista, sino porque ha decidido abstenerse. ¿Como se ha podido llegar al esta situación? Creo que estos lodos provienen de los polvos de dos personajes especialmente responsables: Mariano Rajoy y Artur Mas. Lo que hoy vivimos es consecuencia directa del modo en que se enfocaron la política post-crisis de hace diez años.

Como recordarán, la pasada crisis dio al traste con la economía española tras años de presupuestos expansivos. El PSOE de Zapatero perdió el gobierno a manos de una mayoría absoluta de Mariano Rajoy. Poco después, en Cataluña Artur Mas logró desalojar al tripartito de PSC-ERC-ICV.

Mariano Rajoy llegó a la Moncloa por la crisis económica, sí, pero también a lomos de la rebelión cívica contra las políticas del Gobierno de ZP en materias de educación, familia y vida, ruptura del consenso constitucional y política antiterrorista. Una vez en el poder, se limitó a ser el administrador concursal de la España del PSOE: saneó las cuentas, pero no dio batalla cultural alguna. Por ello, en cuanto la situación volvió a relativa normalidad económica, se volvió a imponer la realidad: la España socialista seguía intacta, y recuperó el poder. Pero la rebelión cívica no sólo no desapareció, sino que hizo frente al proceso independentista con más determinación que su timorato presidente. Fruto de ello, emergió Vox, el partido que hoy triplica en escaños al PP en el Parlament.

La cobardía ideológica de Rajoy tuvo en Cataluña una versión alternativa. Artur Mas tampoco dio la batalla cultural. Pero se sacó de la manga un as: el problema catalán no era el socialismo, sino la pertenencia al Estado español, y por ello era el momento para la independencia. El nacionalismo convergente aguantó el poder algo más que el PP. Pero al final el monstruo que creó le ha devorado: el PDeCat ha desaparecido a manos de Junts, y el nacionalismo de centro ha perdido por primera vez frente a Esquerra.

En los últimos meses, no han faltado voces que dicen que no hace falta dar batalla cultural alguna, que el socialismo se combate gestionando mejor (…). El resultado de ese planteamiento está a la vista: si no se combate ideológicamente, de nada sirve la gestión, pues el socialismo siempre vuelve, gracias a su hegemonía cultural, para deshacer lo hecho. Algo que debería hacer pensar a la derecha pompier: si no van a apoyar la batalla cultural por su justicia, deberían apoyarla al menos por su utilidad (para que el socialismo no vuelva al poder constantemente).

Las derechas (en sentido amplio e impropio) fueron incapaces de quitar el polvo, e incluso echaron más del que había (procés). Llegó la lluvia, y con ella el lodazal. Un lodazal en el que los votantes de esas derechas no han desaparecido. Simplemente se han ocultado, pues el camino que se les ofrecía se ha mostrado gravemente infecundo. Otros vendrán capaces de sacarles de casa a volver a dar la batalla. Vox tiene un recorrido inmenso en Cataluña si se piensa en el número de votos abstenidos. La burguesía catalana encontrará nuevos caminos ya iniciados como el PNC de Marta Pascal, Lliures o la Lliga. Pero de momento, queda el lodazal causado por dos personajes cuya responsabilidad ya es histórica.

Auge, ambición y caída de Ciudadanos
El partido de centro izquierda que jugó a ser el líder de la derecha
José Antonio Fúster https://gaceta.es 17 Febrero 2021

En un recorrido de urgencia por lo que ha sido aquella gran esperanza llamada Ciudadanos que hoy se extingue como la llama de una vela votiva, hay que partir del hecho cierto de que siempre fue una opción de centro-izquierda. Es verdad que al principio, despojado de etiquetas, desnudo como aquel cartel electoral de Albert Rivera, los catalanes vieron en aquellos ciutadans una alternativa fresca, antinacionalista, transversal, no contaminada por los pactos vergonzosos del Partido Popular con el nacionalismo expoliador pujolista.

Aquel Ciutadans, nacido de una conjura de intelectuales catalanes socioliberales antinacionalistas estupefactos por el anticonstitucionalismo del PSC y por el desaguisado que para Cataluña suponía el modelo asimétrico de ruptura de la convivencia de Rodríguez Zapatero, había tomado la calle y hablaba con una voz autorizada sobre los desastres del nacionalismo, manejaba la palabra España sin empacho y apostaba por un modelo macroeconómico liberal con toques sociales. En su contra, la sensación de que abusaba de las encuestas sociológicas para definir su programa social. Meras descargas de fusilería cuando uno es un partido de ámbito regional.

El éxito en Cataluña cegó a Albert Rivera, que se lanzó al agua al primer canto de sirena y se dispuso a tomar Madrid. First we take Manhattan, etc.

Madrid, rompeolas y tal, aceptó que los socialdemócratas de Ciudadanos ahogaran a UPyD, el primer partido de centroizquierda nacional que mereció ese nombre pero cuya líder, la exsocialista Rosa Díez, mantenía una distancia insalvable con el PSOE, quizá porque los conocía demasiado bien. Millones de votantes en toda España vieron que Ciudadanos podía ser una benéfica bisagra que con su programa en la mano y una capacidad notable de pacto, rompiera los oligopolios y caciquismos creados por el bipartidismo y, lo que es también interesante, que sirviera para disminuir la altísima capacidad de chantaje del nacionalismo del que los españoles, de los que quieren ser libres e iguales, están hartos.

Ya instalado en el Congreso de los Diputados —sin abandonar el partido en Cataluña que estaba en manos de una estrella como Inés Arrimadas que subía a la tribuna del Parlament y decía cosas que jamás se habían escuchado en ese templo del cinismo—, el equipo de Albert Rivera, que en todas las tertulias, debates y desayunos con la prensa hacía protestas de centroizquierdismo (incluso cuando no venía a cuento), recibió un mandato inequívoco de sus votantes. El mandato de moderar a un Partido Socialista desbocado, catastrófico para la economía, que con su positivismo jurídico pecesbarbiano y revanchista despreciaba los logros de la Transición, la memoria de los muertos y el sufrimiento de las víctimas del terror nacionalista. Y a ello se aplicó Rivera, cabalgando las veletas que hicieran falta.

El mandato incluía una segunda parte: impedir la llegada del comunismo de corte castrochavista al poder. Ese comunismo morado que venía camuflado en la indignación del 15-M.

Para cumplir con el mandato, Ciudadanos abandonó sus posiciones fundacionales socialdemócratas y se pasó al liberalprogresismo (primos hermanos). Como todo es bueno para el convento, fue recompensado en votos y escaños. Es cierto que Rivera intentó pactar con el PSOE desde posiciones evidentes —una vez más— de centroizquierda. Incluso llegó a un principio de acuerdo con el socialismo de corte sanchista, foto incluida. Es decir, logró pactar con la nada aunque luego todo quedara en nada. Aquel esfuerzo ímprobo también fue recompensado.

Pero entonces llegó el gran error de Albert Rivera y de todos los que le jalearon, incluidos líderes europeos como Macron. Cegado por la ambición, y sin nadie subido a su cuádriga que le recordara que era mortal, sustrajo a Inés Arrimadas —qué error, qué inmenso error— del liderazgo del primer partido en escaños y en afectos en Cataluña y preparó un equipo de ensueño para asaltar, no el socialismo, sino el centroderecha español. La ambición de Rivera había olido la sangre de un Partido Popular debilitado por la corrupción, por su incapacidad para trasladar mensajes y por la vacuidad de Mariano Rajoy.

Contaba la vanidad de Rivera con la ventaja de que el Partido Popular se negaba con machacona insistencia a identificarse como derecha, despreciando a los votantes conservadores e incluso a los liberales unionistas y reivindicando el reformismo que nadie jamás ha entendido y que tan ‘magníficos’ resultados le dio a la llamada «Operación Roca» (0,96 por ciento de votos y cero diputados).

Ese asalto comenzó con el abuso de la tribuna del Congreso para soltar andanadas contra el sanchismo jugando a liderar la Oposición. Insistimos en que no era ese el mandato de los votantes de Ciudadanos, que era el de tratar de moderar incluso lo inmoderable. Pero cuando uno es de centroizquierda, sobre todo cuando el centro es hoy un punto geográfico que está más a la izquierda que el PSOE de 1982, cuando uno jalea políticas identitarias como el feminismo, cuando uno no se atreve a contradecir leyes como la de Violencia de Género, cuando abrazas la eutanasia deshumanizadora y te agarras a la perversión libertaria que supone aceptar los vientres de alquiler, cuando te niegas a intervenir la cadena de televisión pública (TV3) que jaleó el golpe del 1 de octubre; cuando no denuncias chiringuitos ideológicos porque necesitas que te permitan estar en la cabecera de las demostraciones del Orgullo, cuando no defiendes la libertad de los padres a elegir la educación de sus hijos, cuando tu voto es metropolitano y te olvidas de suburbios y pueblos, cuando te llenas la boca de etiquetas como «ultraderecha» y se te nota el repelús que te da salir en una foto con un partido democrático como VOX; cuando aceptas Europa como un ídolo de oro al que sólo puedes adorar y jamás criticar, entonces no puedes tratar de asaltar el centroderecha. Punto.

Los diez escaños de 2019, cenizas de lo que pudo llegar a ser el gran partido de centroizquierda nacional que mandara al socialismo al rincón del olvido (como ha pasado en Francia y en Grecia), demostraron que “ambiciones” no era solo el nombre de la finca de la Pantoja. Y Rivera, en la primera decisión lúcida desde hacía tanto tiempo, dimitió. Y con él, muchos de los suyos y gran parte de lo mejor que tenía aquel partido como el impagable Girauta y el lúcido Marcos de Quinto.

Diez escaños en Madrid contra un Gobierno Frankenstein no es nada. Seis diputados contra el secesionismo rampante en Cataluña, es insuficiente. Es cierto que hubo quien antes de dar un portazo en la sede de Ciudadanos pidió que el partido se replegara a Cataluña y que Inés Arrimadas liderara la vuelta a los orígenes, por supuesto pidiendo perdón por haber abandonado Barcelona. Pero (de ahí el portazo) había mucha poltrona que conservar aquí (en Madrid) y allí (en Andalucía, Castilla y León o Murcia). Ciudadanos ya era un partido del establishment y aquellas voces no fueron escuchadas.

Los resultados en Cataluña del pasado domingo, con covid o sin covid, e incluso con el manifiesto de los padres fundadores de Ciudadanos reclamando la vigencia de la formación, abocan a Ciudadanos a una refundación por su inutilidad actual. Es verdad que seis diputados y grupo propio para una opción laminada por la prensa subvencionada catalana y que pasó de Rivera y Arrimadas a Carrizosa, no están tan mal si los comparas con el Partido Popular, pero también es cierto que es el mayor desastre electoral en términos relativos desde la descomposición y muerte de la Union de Centro Democrático.

Lo cual, visto desde cualquier perspectiva, ofrece un futuro sombrío. Sobre todo cuando no tienes un edificio al que echarle la culpa.

Por qué se abstienen los de Hospitalet
José García Domínguez Libertad Digital 17 Febrero 2021

Como ha ocurrido absolutamente siempre en la historia contemporánea de la Cataluña autónoma, con la única excepción de los comicios plebiscitarios previos al conato de independencia de 2017, la población catalana de raíces familiares no autóctonas ha vuelto a abstenerse de modo estadísticamente significativo. Como siempre, sí. Pero, ojo, conviene no olvidar que estamos hablando de electores, esos crónicamente indiferentes a quien dirija el Gobierno de la Generalitat, que en su inmensa mayoría han nacido en Cataluña (los miembros de la generación de aquellos inmigrantes meridionales que arribaban en oleadas a los suburbios de Barcelona y sus alrededores a principios de los sesenta, o han muerto ya o son octogenarios). Rasgo, el arraigo territorial que cabe presumir a gentes que nunca han habitado en un entorno distinto al suyo actual, al que habría que añadir la circunstancia nada baladí de que todos ellos, los integrantes de esa cohorte poblacional descendiente de la inmigración interna de los sesenta, han sido educados íntegramente en Cataluña e íntegramente en catalán.

Bien, pues siguen absteniéndose en las elecciones domésticas exactamente igual que hicieran sus padres. Exactamente igual. A menos que estemos muy a punto de que se declare una guerra civil con muertos por las calles, la situación que vivimos tan de cerca en Cataluña hace cuatro años, ellos no votan. Sus padres votaban por norma al PSOE en las generales y, también por norma, se quedaban en casa en las autonómicas porque creían que eso, la Generalitat, era solo para los catalanes (y ya sabemos lo que significa la voz catalanes). Pero ellos, a diferencia de sus padres, no sólo lo creen; ellos lo saben. ¿Por qué tendrían que mostrar interés por votar si, gobierne quien gobierne, ya sean los separatistas o los socialistas del PSC, más del 95% de los cargos públicos de la Generalitat, desde los consejeros del Gobierno y los diputados hasta el último responsable político de cualquier departamento, poseen exclusivamente apellidos autóctonos. ¿Cómo van a considerar que TV3, con miles de empleados en nómina, sea su canal público de televisión si Julia Otero fue la única charnega que logró colarse en su parrilla de programación desde que se fundó la cadena hasta hoy? Porque no son estúpidos. Simplemente, tienen ojos en la cara.

Cataluña y como siempre
Antonio García Fuentes Periodista Digital 17 Febrero 2021

Oigo a “unos y otros y veo el percal”; y mi visión del problema, no cambia, puesto que sigue siendo el mismo de antes de las elecciones; y es simple; o sea que Cataluña (también Vascongadas) quieren seguir explotando a España como colonia de ellos, que es lo que han venido haciendo llevan siglos. O sea, que es mentira que quieran una independencia, que como tal, les sería costosa y problemática; además que no la pueden obtener, por cuanto constitucionalmente no es posible; y España llegado el momento y aún sin quererlo, “los que gobiernen”, no tendrían más remedio que ocuparlas militarmente y por descontado, “quitarles los privilegios que tienen”; y que no debían tener, puesto que en una democracia, no caben privilegios para nadie, aunque los tengan, precisamente porque esto que nos oprime, NO ES UNA DEMOCRACIA.

A Cataluña y vascongadas, les ha venido muy bien, el dinero del resto de España, para mantener su supremacía económica y social; y lo han conseguido de múltiples formas, incluso a Franco, al que critican “ladinamente”. En la nueva época lo estamos viendo constantemente, puesto que aprovechan cualquier ocasión, para pegarse al dinero del resto de España, como “ladillas o sanguijuelas”, y llevárselo sin regomello o pesar alguno, puesto que en este mundo, “el dios máximo sigue siendo el dinero”; y van por él al precio que sea. Siguen siendo “la lepra catalanista”, como ya lo sentenciara Vicente Blasco Ibáñez, en un artículo de igual titulares y hace más de un siglo y el que lo pueden leer en la dirección que les dejo, puesto que está en Internet: https://www.eldiestro.es/2019/05/la-lepra-catalanista-articulo-de-vicente-blaco-ibanez-publicado-el-13-de-junio-de-1907/

Sobre Cataluña que es a lo que hoy principalmente me refiero, me han regalado estas navidades un libro, muy curioso e ilustrativo; escrito por un catalán que firma con seudónimo, pienso que por miedo a enfrentarse a sus paisanos y que lo maten. El libro se titula “Catalunya para Marcianos”, lo firma, Jaume Pi i Bofarull” y lo han editado en Barcelona, por la editorial Planeta año 2018; pues la realidad, es que hay más catalanes que quieren seguir siendo españoles, que renegados, de una patria común. En dicho libro, se relata “la historia” de los separatistas catalanes y todas sus argucias y perversidades, para justificar lo injustificable; y lo que ocultan, con toda intención y perversidad, puesto que, “esos separatistas”, llegado su victoria, lo que quieren es algo así como un “feudalismo”, para explotar a sus vasallos como ya lo hicieran cuando fueron condados feudales; y la prueba reciente, la tenemos, en, “la muy honorable familia Pujol y sus abundantes pujoleros, y el dinero en masa que se han llevado, principalmente los primeros”; o sea lo que digo, del “dios dinero y nada más”.

Pero hay más; o sea que hoy tienen acumulada una deuda pública enorme y que como no pueden pagarla, seguro que lo que traman, es que se la paguemos el resto de españoles, como les pagamos “sus olimpiadas, así como tantísima obra pública como les hemos pagado”; y a pesar de ello, tienen la osadía de difundir una de sus grandes mentiras, o sea, que , “España les roba”; lean, lean el citado libro, que ahí tendrán elementos de juicio abundantísimos, para conocer la realidad cruda y dura de las relaciones, “Cataluña España”, siempre ventajosas para los primeros; unas veces por “lloros y otras imponiendo sus fuerzas, puesto que no olvidemos de sus bandas de asesinos terroristas, que aún colean”.

Y como esto lleva siglos ocurriendo y no ha tenido solución, yo dudo que la vaya a tener, al menos en un tiempo prudencial, puesto que les antecedentes nos lo dicen; y reitero, lean el libro que cito y háganlo despacio y tomando notas.

Y aun leyéndolo, seguro que faltan cosas por decir; entre ellas, que nada menos que derrotado Napoleón y agradeciendo las ayudas, que el pueblo español aportó a ello, los ingleses “agradecidos”, ofrecieron al idiota rey Borbón que ocupó el trono en 1815, le ofrecieron hacer navegable el río Guadalquivir desde Sevilla a Córdoba; cosa que impidieron los catalanes (1), alegando, que lo que los ingleses querían, era “introducir sus paños y tejidos a través de esa vía, en el resto de España”; y por ello el Guadalquivir, sigue estando como en aquella época, de Sevilla a Córdoba.

(1) Lo refleja el profesor D. José Manuel Cuenca Toribio, de la Universidad de Córdoba, en uno de sus libros; y el que lo puede confirmar, puesto que aún vive.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y
http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes

Cómo ganarle las próximas elecciones a los nacionalistas
Irene González vozpopuli.es 17 Febrero 2021

Resulta inevitable recordar en estos días el profético título del libro de Rafa Latorre, “Habrá que jurar que todo esto ha ocurrido”. El título hace referencia también a lo increíble que nos resultaba creer que en verdad sucedieron aquellos episodios terribles del procés en 2017, incluso aunque se diera la circunstancia de que muchos fuimos testigos directo y presenciales. “¿Cómo es posible que hayamos llegado hasta aquí?”, era la pregunta que tantos se hacían en ese tiempo, especialmente todos aquellos que habían mirado hacia otro lado durante cuarenta años. Los que practicaron la política del “apaciguamiento” son los que nunca entendieron nada, junto a quienes compartieron siempre los postulados del nacionalismo.

Aún es difícil creer aquellos hechos, pero más escarpada se vuelve la realidad si atendemos a lo que ha sucedido en estos tres años, que tiene un claro reflejo en los resultados electorales de este domingo. Ahora quien en verdad se pregunta “¿cómo es posible que hayamos llegado hasta aquí?” es el constitucionalismo que ganó unas elecciones históricas. Entonces hubo manifestaciones de un millón de personas de la Cataluña no nacionalista y se frenó la parte más dura y frontal de un golpe de Estado.

¿Hubo o no hubo golpe?
Lo que explica la realidad actual de lo que entonces fue el constitucionalismo -hay que hablar en pasado- es que unos han negado que se diese un golpe de Estado y así poder sumarse a él, y otros han vivido en la ficción de que el golpe fue derrotado, y así poder abandonar.

Después de la asonada de 2017, hubo muchas cosas que no se asumieron y por la reacción de los perdedores de estas elecciones, no parece que lo vayan a hacer ahora. Inés Arrimadas llegó afirmar que “en política no todos los días son de fiesta”. Lo primero que ha de hacer la España no nacionalista para poder revertir la situación de derrota es asumir el escenario que ella misma ha provocado, antes de elaborar una estrategia para abordar las posibilidades de una futura victoria.

Uno de los primeros factores que se han de tener bien claros es que el golpe de Estado se ha trasladado al ámbito nacional. En 2017, únicamente se detuvo la embestida del nacionalismo contra el Poder Judicial, uno de los pilares de carga del edificio constitucional. El resto de las ramificaciones del ataque a las instituciones democráticas permaneció intacto, especialmente el flujo de la financiación desde el Presupuesto estatal así como la ausencia de Política (en mayúsculas) por parte de los demócratas frente al relato falso y victimista de los totalitarios sublevados. Esta situación provocó que el independentismo cambiase su estrategia, puesto que mudó de escenario. Se trasladó a La Moncloa en la moción de censura del 2018 que llevó a Pedro Sánchez a la Presidencia del Gobierno de España con el apoyo desde prisión del principal dirigente del golpe de Estado, Oriol Junqueras.

Desde ese día, y no desde la llegada de Podemos al Gobierno un año después en las elecciones del 2019, se debe situar al PSOE en el bloque del nacionalismo. Todos los calificativos que ha recibido después, independentismo y ahora republicanismo, son mejores nombres para definir lo mismo.

Hay quien sitúa el enloquecimiento del PSOE en aquel momento, pero si su posicionamiento se debe a una pérdida de la razón, ésta hay que buscarla muchos años antes. Los antecedentes del socialismo con el nacionalismo en nuestro país son inequívocos. Su colaboración ha ido estrechándose con los años por ese sectarismo compartido, el rechazo a la nación española.

Las negociaciones de Illa
Es algo innegable. El PSC gana unas elecciones e implora a ERC entrar a formar Gobierno y no al revés. La justificación es formar un gobierno de izquierdas, palabra mágica en este país para justificar cualquier cosa en política, dentro o fuera de la ética o la legalidad, abandonando lo que un día significó. Hay que recordar que ERC es el único partido que ha tenido autodeclarados supremacistas blancos como dirigentes. Salvador Illa se sienta a hablar con la CUP pero no con Vox. El eje de poder del PSOE transita por los nacionalismos regionales a los que no disputa el poder, sino que se mimetiza con ellos en una unión indisoluble.

Asumir que el bloque constitucional del 2017 ha mutado a un bloque no nacionalista en el que no se encuentra el PSOE, que está liderando un proceso constituyente para que el nacionalismo pueda llevar a cabo sus pretensiones, es el primer paso para poder detener el proceso de degradación democrática.

Otra cuestión a asumir antes de que sea tarde es el triunfo de la ETA en las elecciones catalanas. En el competitivo campo del esperpento nacionalista, uno de los más reseñados actos de la campaña de ERC tuvo a Otegi de protagonista, junto a Oriol Junqueras, mano a mano. El condenado por dirigir un golpe de Estado había obtenido un permiso penitenciario para participar en mítines en los que arengaba a sus fieles en el “lo volveremos a hacer”. La presencia de Otegi era la plasmación del camino a seguir, tal y como declaró Marta Rovira. Otegi acudió a Cataluña a ensayar su futura campaña como lehendakari, junto con los presos etarras a quienes envió cartas para su implicación con Bildu. Ser un delincuente contra la democracia resulta rentable electoralmente en algunas zonas de España. ERC ha ganado a Junts porque ha movilizado a más votantes con la bandera de los presos a pesar de la buena campaña de Borrás. Esta situación está normalizada en los medios de comunicación nacionales. No es la TV3 o la EiTB, son TVE o La Sexta las que entrevistan a Junqueras en la cárcel como el que acude a su despacho del Parlamento.

El nacionalismo, junto con lo que se ha venido a llamar el proyecto de mutación constitucional, está organizado actualmente en el triángulo Cataluña, País Vasco y La Moncloa. Es necesaria una agrupación de la alternativa demócrata no separatista. No necesariamente bajo unas mismas siglas en un primer momento, sino bajo un proyecto. Una estrategia conjunta incluso de distintos partidos e ideologías, que represente la alternativa y la resistencia de un movimiento cívico. Para empezar a ganar las siguientes elecciones hay que empezar a asumir que se han perdido estas, así como el escenario real en el que se van a producir las siguientes. La estrategia es crear el marco favorable para ganarlas, no establecer estrategias dentro del marco que Iván Redondo despliegue. La España demócrata y no nacionalista está cansada de perder, hay que empezar a planificar la victoria.

Un paso más hacia el adoctrinamiento
Baleares quiere que la educación de 0 a 3 años sea pública y gratuita para hundir la privada e imponer el catalán
Tomeu Maura okdiario 17 Febrero 2021

Nuevo órdago educativo pancatalanista en Baleares. El anteproyecto de la Ley de Educación, presentado el pasado 23 de diciembre por la Conselleria de Educació ante el Consell Económic i Social (CES), y al que ha tenido acceso OKDIARIO, aconseja convertir en gratuito el primer ciclo de enseñanza infantil, que comprende a los niños de entre 0 a 3 años. El objetivo es implantar la lengua catalana desde el primer momento en el que los niños pisen un centro educativo, aunque ni siquiera sepan hablar.

“Entendemos que esta etapa educativa debería ser íntegramente de gestión pública y gratuita”, manifiesta expresamente el anteproyecto de ley, cuyo último registro se produjo el pasado 19 de enero. En caso de que salga adelante -y ya cuenta con los votos necesarios- va a suponer un golpe frontal contra los centros privados destinados al primer ciclo de enseñanza infantil -básicamente guardarías-, que no podrán competir con el “gratis total” que pretende implantar la Conselleria de Educació. Por supuesto pueden optar a ayudas concertadas, pero siempre que acepten el sistema impuesto por los talibanes pancatalanistas al servicio del Pacte de Progrés de Francina Armengol, condición que ya han rechazado varias guarderías de Palma, que quieren seguir siendo -mientras puedan- absolutamente independientes.

Una edad crucial para el desarrollo
“El grado de desarrollo cognitivo y emocional que experimenta un niño durante la edad de 0 a 3 años es de una relevancia crucial”, cita explícitamente el anteproyecto. La intención es que no haya otra posibilidad para los niños que ser educados en catalán estándar desde el primer día, sin opción además para los padres, a los que se les niega la opción de elegir la lengua castellana pese a ser uno de los dos idiomas oficiales de las Islas Baleares.

A este respecto, llama la atención que en uno de los puntos del anteproyecto recoja la prohibición de “establecer criterios discriminatorios por razón de nacimiento, sexo, religión o raza”, pero en cambio no se permita ni a los alumnos ni a sus padres escoger otra lengua que no sea la catalana. De hecho, en el punto 18 se recoge expresamente “la garantía de dotar de los recursos necesarios para hacer efectivo el derecho del acceso al uso y dominio de la lengua catalana al alumnado no catalanoparlante”.

El borrador elaborado por la Conselleria de Educació llega hasta el punto de limitar el poder de decisión de los padres sobre la educación de sus hijos negándoles tanto el derecho a la libre elección de centro como la implantación del pin parental, que según el anteproyecto obedece “a las recientes problemáticas generadas maliciosamente por un partido político de extrema derecha”. “Por tal motivo creemos necesario e indispensable establecer un marco de delimitación claro de este derecho de participación de las familias para no dar cabida a posibles sistemas anti educativos y anti democráticos”, sentencia el anteproyecto.

Hay que recordar que el porcentaje de abandono escolar en Baleares es muy superior a la media de todo el Estado. En el año 2018 la tasa de abandono era del 24,4%, 6,5 puntos por encima de la media del país. Se trata de la segunda tasa más alta de España, sólo superada por Ceuta y Melilla, que llegaron al 26,5%. La implantación obligatoria del catalán es una de las principales razones del fracaso escolar en Baleares, una Comunidad en la que se le niega a los padres no sólo la libre elección de centro, sino también la lengua en la que van a ser educados sus hijos.

 


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