AGLI Recortes de Prensa   Domingo 21  Febrero  2021

Los encapuchados de Hasél, el árbol y las nueces
Hasél está en la cárcel por delinquir, y no por cantar. Es evidente. España es y opera, material y formalmente, como un Estado de Derecho en el que las penas privativas de libertad están perfectamente tasadas, y se instituyen en una sanción penal que se impone al sujeto que ha cometido un acto delictivo, declarado así por un tribunal a través de un proceso público celebrado con todas las garantías.
Alfonso Merlos. Estrella Digital 21 Febrero 2021

No hay novedades ni excepciones que valgan en el caso de este individuo, que tiene poco de artista y mucho de malhechor. Cosa distinta es, si en el caso de una mentalidad tan enrevesadamente sectaria, tan propensa al vómito y la agresividad, esa pena privativa de libertad conseguirá lo que constitucionalmente pretende: la reeducación y la reinserción social, algo que en tiempos pretéritos y en regímenes totalitarios se alcanzaba a través de los trabajos forzados.

En consecuencia, resulta de una corresponsabilidad con la justificación del delito atroz y abyecta que no sólo cargos públicos sino institucionales, y de altura, se alineen con un tipo que, por ejemplo, ha enaltecido de manera constante el terrorismo.

Pocas cosas más viles hay que un ciudadano -se dedique a cantar rap, a echarle de comer a las palomas en un parque o a visitar las obras del pueblo- incurra con su verbo en actos de descrédito, menosprecio y humillación de las víctimas de la violencia terrorista. No es aceptable, en una sociedad sana, que se proteja con el paraguas de la impunidad a quien, en su provocación, por su naturaleza, siembra de forma reiterada la incitación para cometer delitos.

Igualmente bajo y perseguible, en paralelo, resulta que haya quienes se valgan de las presuntas letras de una supuesta canción para fomentar o promover directa e indirectamente el odio, la hostilidad, la discriminación… las agresiones.

Precisamente por ello, en la conciencia de los dirigentes de Podemos que no se sienten incómodos con la repugnante y reprobable ola de terrorismo callejero quedará el incomprensible amparo a formas bárbaras de expresión que no pueden tener sino una respuesta contundente e implacable, policial y judicial.

No importa en exceso que tras la sacudida del árbol por parte de los encapuchados recojan o no nueces los correligionarios gubernamentales de Sánchez, como hacían en el pasado los separatistas moderados mientras en el País Vasco se abrían paso las bombas y los tiros en la nuca. Lo que importa, porque mancha a España como país, es que cristalice la descerebrada sintonía nada menos que de un trozo del gobierno de la nación con los barriobajeros facinerosos que pretenden, a fuego, aniquilarla.

La Cataluña naciente del 14F
Patricia Sanz estrella digital 21 Febrero 2021

Cataluña ha vuelto hoy a nacer sí, pero volviendo al siglo XII. Los entonces reinos de taifas absorbidos por el condado de Barcelona, ahora resurgen como un Gobierno regional más dividido incluso, que el resto de la población española. Ni la pandemia de la Covid-19 y las supuestas lecciones aprendidas de ella, han sido capaces unir a un pueblo que afronta la gran incógnita de si repetirá sus comicios este 2021

Desde la visión de una persona nacida en la era constitucional, tanto esta campaña electoral como el propio 14F, han sido impactantes. Resultó vergonzoso el ‘todos contra Illa’ en uno de los debates televisados, durante el que poco se habló del grave problema económico de la región, una Comunidad autónoma cuyas decisiones afectan al PIB nacional. Más lamentable aun ha sido la protesta de las mujeres ligeras de ropa, al candidato de Vox, cuando acudía a ejercer su derecho de voto o el lanzamiento de piedras a Abascal durante la campaña. ¿De verdad no somos capaces de respetar el sufragio de nuestros conciudadanos, sea este más a la derecha o más a la izquierda, o completamente diferente al nuestro? Nos reíamos de la joven Democracia estadounidense, cuando hace un mes se permitió asaltar el Capitolio (aunque Trump supuestamente sea ‘no guilty’ de tal suceso) pero: ¿y nosotros? ¿Volveremos a ver otro asalto a uno de nuestros parlamentos regionales? No tendríamos excusa, nuestra Nación tiene siglos de Historia. Y los políticos a los que votamos, ¿conseguirán acercar posiciones entre el innegable clamor independentista de unos catalanes y el sentir español de los otros?

La guinda de este pastel han sido las ruedas de prensa del Consejero de Relaciones Institucionales de Cataluña. Todos los medios de comunicación a los que se les permitía formular preguntas eran claramente de una posición ideológica y, si un periodista quería salirse del guión, había que pedir permiso para obtener la respuesta en castellano. ¡En castellano, en España! ¿Podríamos calificar esto como ataque al derecho a la libertad de prensa y, por ende, al de información? Quizás debería ser obligatorio por ley que a unos y a otros se les permitiera siempre preguntar, con independencia de que la respuesta o el silencio sea a libre elección del entrevistado.

Sin duda, son muchas las cuestiones que quedan por resolver este 14-F a falta de conocer los resultados definitivos de las urnas: ¿se repetirá un gobierno independista? ¿Qué significará a nivel nacional para la derecha, el sorpasso de Vox al PP y el mal resultado del partido de Inés Arrimadas? ¿Conseguiremos los españoles respetar nuestras, por fin, diversas opiniones políticas? ¿Seremos capaces de darles encaje en nuestro orden constitucional?

Ojalá esta crónica sirva al menos de reflexión sobre si queremos una España plural o simplemente enfrentada. Hoy, anochecemos con una Cataluña tan moderna como caduca, cuyo grave problema político amenaza con extrapolarse al resto de España, ante la evidente incapacidad de entendimiento de nuestra clase política. Hoy, Cataluña renace, pero también el resto de España.

Solo un centro derecha unido puede ser una alternativa
Editorial EM 21 Febrero 2021

PP, Ciudadanos y Vox tienen más puntos en común frente al populismo que razones para su enfrentamiento

La derrota en las elecciones catalanas del PP no supone solo el agravamiento de la crisis por la que atraviesa el principal partido de la oposición. También plantea serias dudas sobre la necesaria unidad de las fuerzas de centro derecha para constituirse como alternativa real al Gobierno de coalición de Sánchez e Iglesias......

Puntos suspensivos
Nota del Editor 21 Febrero 2021

Como El Mundo es de pago, sólo he podido leer las primeras líneas del editorial, persisten en eso del centro derecha y me parece que ya está pasado de rosca.

El PP por acción, omisión, traición es culpable de la situación cada segundo más desesperada en la que siguen hundiéndonos los comunistas y demás quates del dr cum fraude.

Cualquier opción que no sea apoyar a Vox es caminar por la cuesta del suicidio.

La sede abandonada
Alejo Vidal-Quadras vozpopuli.es 21 Febrero 2021

El PP ha anunciado una convención en la que los ya instalados y alguna vieja gloria repetirán cansinamente los lugares comunes de siempre
El PP ha anunciado que abandonará su histórica sede, ubicada en la madrileña calle Génova.

Como algunos de los personajes más célebres de las tragedias griegas, en las que el destino implacable o el capricho de los dioses inmortales juegan inmisericordes con los seres humanos, o de los atormentados protagonistas de borrascosas novelas decimonónicas que intentan en vano en largos viajes a latitudes exóticas huir de un pasado que les tortura, así Pablo Casado, sin consultar con nadie salvo con su círculo intimísimo, tal como es costumbre inveterada de la casa -y del resto de partidos, todo hay que decirlo- ha tomado por sorpresa una decisión da gran calado, abandonar la legendaria sede de Génova 13, lugar de tantas alegrías tan efímeras como inútiles y de tantos errores garrafales, ellos sí, de largo alcance. La noticia ha causado sensación y a pocos ha dejado indiferente.

Por supuesto, se han barajado motivos de índole financiera atribuyendo el rotundo gesto a la búsqueda de una solución a las menguadas arcas de la que fuera la amplia casa común del liberal-conservadurismo español durante treinta años hasta que su penúltimo líder, acreditando su genialidad estratégica y la asombrosa profundidad de visión de su privilegiado cerebro, invitó a liberales y conservadores, es decir, a los que sustentaban su acción política en conceptos, convicciones, argumentos racionales y principios morales, a abandonar la formación porque la batalla cultural contra la izquierda y el separatismo golpista es muy fatigosa y todo el mundo sabe que lo que da la victoria en las urnas no es activar las pasiones, las emociones, las esperanzas, los registros mágicos de la identidad heredera del clan colector-recolector que abrigan los votantes en sus corazones, sino la fría, eficaz -no necesariamente eficiente- tecnocracia ideológicamente deshuesada y concentrada en los afanes de la pura gestión.

Yo prefiero no entrar en tan prosaicas y vulgares consideraciones contables a la hora de explicar la mudanza, pero sí quiero dejar constancia de un hecho tan incontestable como terrible. Equipado con tan poderoso armazón teórico, el Partido Popular cometió a partir de 2011 no un error, ni un descuido, ni un desenfoque, ni un mal cálculo, sino un crimen político de inconmensurable magnitud cuyos responsables, cuando sean juzgados por la historia, ocuparán las húmedas y oscuras hornacinas de nuestros peores gobernantes, que unos cuantos hemos tenido para sentir vergüenza ajena desde la llegada de los visigodos a la península. Con una mayoría absoluta en el Congreso, otra igualmente abrumadora en el Senado, el gobierno de trece comunidades autónomas y la alcaldía de cuarenta capitales de provincia, en lugar de tener ya preparado un ambicioso programa de reformas estructurales e institucionales en los ámbitos económico, social, educativo, cultural, lingüístico, industrial, energético, turístico, jurídico, moral, científico, para poner en pie con celeridad una agenda de cambios y medidas de considerable alcance, unas de carácter más esencial, otras más de orden práctico, que hubieran puesto en su sitio al separatismo golpista y a la extrema izquierda colectivista, neutralizando sus planes destructivos con toda la fuerza del Estado, de la Ley y del Presupuesto, nada de esto sucedió. Una vez instalados en los predios monclovitas, se movieron papeles, se urdieron trucos electorales, se repartió la tarta de cargos y prebendas entre afines, pero sobre todo, sin ánimo de molestar al adversario con ninguna acción legislativa de sustancia ya que, como es notorio, tiene muy mal perder Ahora bien, habida cuenta de que los avisados pensadores marianistas habían procedido a la rara astucia de crear previamente un enemigo interno de la Nación tan o más mortal que el secesionismo, importándolo de los narcototalitarismos caribeños, con el fin de dividir el voto socialista, esa hábil maniobra combinada con la fragmentación del espacio antes unido en torno al PP en tres distintas organizaciones dedicadas a aniquilarse entre sí en el fragor de vetos mutuos, nos proporciona la génesis del desastre que estamos padeciendo desde 2018.

La desorientación y la inercia
Pablo Casado no desaloja Génova 13 en pos de una nueva era de limpieza, firmeza y voluntad de auténtica reforma. Ya es tarde para tal empresa porque el deterioro de las siglas no la sostiene. Además, y dicho sea con ánimo simplemente descriptivo y sin intención peyorativa, un alférez de navío, por elocuente y dinámico que luzca, no puede ocupar el puente de mando de un superportaviones de propulsión nuclear. El PP ha anunciado una convención en la que los ya instalados y alguna vieja gloria repetirán cansinamente los lugares comunes de siempre, sin entrar ni siquiera al sesgo en el único problema del que merece la pena hablar hoy en España, el de su supervivencia como Nación y como sociedad libre. Ciudadanos agoniza entre la desorientación y la inercia y comienza a abrigar la posibilidad de una fusión con el PP para guardar los escasos muebles que se han salvado del incendio en un intento melancólico de reemplazar los sueños del sorpasso por las limosnas de la beneficencia.

Tras el resultado de las elecciones en Cataluña, esta legislatura nacional está resuelta y las tres amenazas que gravitan sobre el Luis Candelas de La Moncloa no provienen de la oposición, tan tullida la pobre, sino de un posible descontrol del golpismo separatista, envalentonado por su hegemonía en el Parlamento de Cataluña; de una posible ruptura de la coalición con Podemos por su afición a tensar la cuerda dentro del Gobierno hasta hacerlo inmanejable y de una recesión galopante que saque a la calle a millones de españoles hambrientos y desesperados. Si ninguno de estos factores desestabilizadores se sale de madre, Pedro Sánchez se preparará para una nueva mayoría con lo peor de cada casa debidamente engrasada por el maná europeo.

El espacio liberal-conservador, por su parte, deberá afrontar mucho más que una nueva dirección postal de su principal partido. Está obligado a una completa reestructuración de la que surjan liderazgos inéditos del fondo de reserva de energía saludable de la sociedad civil y un plan completo de mejora del sistema del 78 para que España vuelva al rumbo perdido. En este hipotético escenario, Vox podría tener un papel relevante si cambiase, sin renunciar a ninguno de sus principios, sus valores, sus convicciones y sus políticas, de sastre, de escenografía y de redactores de los discursos clave. Además, asombraría a la sociedad española haciendo algo que ninguna de las cúpulas de los partidos desde la Transición se ha dignado considerar: escuchar a los que de buena fe les quieren ayudar.

La verdad oficial y la verdad real del 23-F
Jesús Palacios Libertad Digital 21 Febrero 2021

Para quienes hemos investigado durante muchos años qué fue el 23-F nos queda poco que añadir, salvo que se hiciera publicó algún testimonio relevante de alguna de las personas que, o bien fueron testigos importantes o estuvieron en su gestación, diseño y ejecución, o se desclasificaran las grabaciones que aquella tarde-noche-madrugada mantuvieron sus protagonistas principales; el rey Juan Carlos y los generales Alfonso Armada y Sabino Fernández Campo. No obstante, cuarenta años después de aquel intento de golpe de Estado es más necesario que nunca precisar y puntualizar algunos hechos.

Ante el 23-F subsisten dos posiciones contrapuestas: la verdad oficial y la verdad real. La primera es a la que se sigue agarrando el sistema, la clase política y los medios de comunicación, en general. Esta se basa en que un pequeño sector del ejército, nostálgico del franquismo y crítico con la situación, quiso acabar con la naciente democracia y las libertades para volver a instalar a los españoles en un régimen autoritario o de semidictadura. No se la creen ya ni ellos, pero es lo que conviene políticamente. A esta verdad ocultista se opone la verdad real, basada en hechos y en los testimonios de algunos de sus protagonistas principales, pues no hay que olvidar que todo lo que envuelve al 23-F es una historia oral al carecer de documentos escritos.

La verdad real se sustenta en dos cuestiones principales; el 23-F no fue un golpe militar, y el 23-F fue una operación política-institucional en la que intervinieron y participaron, de una forma u otra, los principales poderes del Estado. A la cabeza de esa operación estuvo D. Juan Carlos de Borbón, a quien le cabe el ‘honor’ de ser su principal protagonista, pues todo lo que convergió en la asonada pasó por las manos del rey. Nada se hizo sin contar con su consentimiento y aprobación. No fue un golpe militar, porque de haber sido el ejército su ejecutor hubiera tomado el poder de manera inmediata, sin oposición alguna, y a las órdenes del rey como, de hecho, estuvieron las fuerzas armadas en su conjunto durante aquella jornada. Todas, absolutamente todas.

El 23-F vino precedido de una gravísima crisis del sistema, de una crisis de la política que comenzó a manifestarse en 1978 y a acentuarse tras las elecciones de marzo de 1979. Entonces empezó a romperse el señuelo del consenso y la concordia, para iniciarse una confrontación política de cerco, acoso y derribo al presidente Suárez, con quien el monarca había roto el periodo de identidad y sinergias que los había mantenido muy unidos a lo largo de varios años. Hasta el punto de pedir a quienes recibía en Zarzuela: “¡Ayudadme a librarme de Suárez!

En su periodo de gestación se buscó un acuerdo para aplicar una ‘medida extraordinaria’. A lo largo de 1978 y 1979 un grupo de relevantes personalidades; financieros, políticos, empresarios, de la Conferencia Episcopal y miembros del recién creado servicio de inteligencia CESID, se reunieron en la sede de la Agencia EFE, presidida por el periodista y académico Luis María Anson, y en otros lugares, para analizar de forma muy crítica el proceso inicial de la Transición y su negativa deriva política. Esto fue una parte de la verdadera trama civil de la operación, a la que se incorporaría posteriormente el Partido Socialista, Alianza Popular-Convergencia Democrática y algunos de los principales ‘barones’ de la UCD. El presidente de la Generalidad, Josep Tarradellas, afirmó en junio del 79 que “España necesita un golpe de timón”. Dictum que serviría de aglutinador entre la nomenclatura del sistema.

La medida extraordinaria quedó pergeñada en unos folios redactados por agentes del CESID, a la que dieron el nombre de ‘Operación De Gaulle’. Una solución paralela a cómo llegó el general Charles De Gaulle a la jefatura del gobierno francés en 1958. Francia se debatía ante un riesgo de guerra civil a consecuencia de Argelia. Para evitarla los máximos responsables del ejército conminaron al presidente de la República a que o la Asamblea elegía a De Gaulle jefe del gobierno o darían un golpe de Estado. Y votaron a De Gaulle. En aquella ocasión solo fue necesaria la amenaza de la fuerza. Pero el paralelismo con la situación de España de 1980 era muy diferente. Había una crisis del sistema, los partidos políticos estaban en abierta confrontación, alarmante paro y mala situación económica, y un terrible terrorismo, principalmente de ETA. Pero no existía polarización social y, lo más importante, no eran las fuerzas armadas las que amenazaban con actuar, aunque estuvieran en un permanente ‘estado de cabreo’, sino fuerzas políticas y civiles quienes la impulsaban.

En la primavera de 1980 se ‘desempolvo’ la Operación De Gaulle, que se expuso al rey en diversas ocasiones con la respuesta del monarca: “¡A mí dádmelo hecho!”. Tras su consentimiento y a diferencia con Francia, la operación se diseñó por el CESID en dos fases; la primera, con una pequeña exhibición de fuerza y la violación de la legalidad constitucional con el hecho sonoro del asalto y secuestro de los diputados y gobierno en pleno; y la segunda, con su reconducción y retorno a la legalidad democrática con la designación de un jefe de gobierno previamente consensuado. Ambas fases, estancas, no se reconocerían entre sí en momento alguno. Para la primera fase, la puesta en marcha del SAM (Supuesto Anticonstitucional Máximo), el CESID ‘recluto’ al teniente coronel Tejero, cuyo perfil crítico con la situación y sus dotes de mando y personalidad se juzgó adecuado. Tejero aceptó la jefatura y órdenes de los generales Armada y Milans, pese a no ser sus jefes directos. Y para la segunda fase, la trama civil escogió al general Alfonso Armada Comyn, una figura de consenso político-institucional, monárquico por encima de todo y leal al rey, que fue bendecido por el Partido Socialista en una reunión en Lérida, sin cuyo concurso jamás se hubiera puesto en marcha la operación.

A Tejero le facilitaron la toma del Congreso diversas unidades operativas del servicio de inteligencia. La operación se ejecutó con éxito como un clásico golpe de mano, salvo el penoso incidente con el vicepresidente del Gobierno, general Gutiérrez Mellado, y las ráfagas de ametralladora en el interior del hemiciclo. Hecho, que en modo alguno “estaba previsto”, como comentaron en Zarzuela los ayudantes del rey. Ello, no obstante, no impidió que la operación siguiera adelante al conocer el rey que no había habido heridos, algo sobre lo que insistió el general Armada a Tejero 72 horas antes. La llegada al Congreso del general Armada enviado por Zarzuela, luego de unas horas de compás de espera y de ‘maquillaje’ con conversaciones con las Capitanías Generales, debería haber cerrado la operación con su entrada en el hemiciclo y la votación de los diputados designándole presidente de un gobierno de concentración en el que figuraba Felipe González como vicepresidente, varios socialistas, Fraga, miembros de UCD, de Alianza Popular, otros ajenos a la política y dos destacados miembros del Partido Comunista.

Dicho gobierno de concentración hubiera sido el primero en la historia de España, que durante año y medio habría llevado a cabo una reforma profunda de la Constitución, reafirmando el concepto de nación indisoluble, lo que los separatismos vasco y catalán y las comunidades autónomas estaban poniendo ya en grave riesgo, pero la intransigencia de Tejero a aceptarlo y pedir, en un acto de rebelión, un gobierno militar hizo que la operación fracasara. El 23-F no se llevó a cabo para que se resolviera con un gobierno militar. Fue entonces el momento del rey Juan Carlos, quien hasta entonces “había estado a verlas venir”, el que dio orden para que se diera su mensaje por televisión, que en modo alguno iba contra el general Armada, y cortocircuitó a Tejero al hablar por vez primera con el general Milans para que anulara su bando y regresaran a los cuarteles las unidades tácticas que habían salido a las calles de Valencia. Lo que éste aceptó sin reservas. El resto hasta la salida del Gobierno y diputados del Congreso y la detención del teniente coronel Tejero fueron horas basura.

Pese a su fracaso, el 23-F marcó un periodo de ‘golpe de Estado psicológico’ que duró 22 años, hasta la llegada al poder de Rodríguez Zapatero, un juicio militar con muchas irregularidades procesales que se cerró en falso, el acuerdo y pacto tácito de los líderes políticos cerrando filas en torno al rey porque “había salvado la democracia”, y la frase del rey a Sabino la tarde del día siguiente, antes de recibir a los líderes políticos: “¡Y mira que si te has equivocado!”. Una frase para los mármoles.

'Memoria Histórica, amenaza para La Paz en Europa'
https://s.libertaddigital.com/doc/memoria-historica-amenaza-para-la-paz-en-europa-6711544.pdf?_ga=2.245422788.1739181682.1613899865-2011137388.1583311900

Libertad Digital les ofrece en exclusiva 'Memoria Histórica, amenaza para La Paz en Europa', libro publicado por el Grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos, en el que se integra el Vox.

Se trata de una recopilación de 15 artículos escritos por Hermann Tertsch, promotor del proyecto, Stanley Payne, Alfonso Ussía, Fernando Sánchez Dragó, Francisco José Contreras, Jesús Palacios, Miguel Platón, Pedro Carlos González Cuevas, Ángel David Martín Rubio, Jesús Lainz, Luis E. Togores, Javier Barraycoa, Alberto Bárcena, José Manuel Otero Novas y Pedro Fernández Barbadillo, coordinador de la obra.

El objetivo del libro (de gran formato, de casi 160 páginas y con fotografías) es poder contrarrestar el "bombardeo cultural de la izquierda”desmontar los mitos y las “mentiras" de las leyes de Memoria socialistas y reivindicar el espíritu de la Transición.

Vox reúne en un libro a 15 escritores e investigadores contra la Memoria Histórica de la izquierda
Stanley Payne, Alfonso Ussía, Fernando Sánchez Dragó participan en un libro financiado por el Grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos.
Maite Loureiro Libertad Digital 21 Febrero 2021

En pleno frenesí del Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias por aprobar todo tipo de leyes ideológicas, (que comenzó el pasado mes de octubre con el Anteproyecto de Ley de Memoria Democrática) aprovechándose de la situación de excepcionalidad de la crisis del coronavirus y de los diferentes estados de alarma, 15 intelectuales se han unido para combatir lo que consideran el "germen" del actual enfrentamiento entre españoles y la radicalización de la política.

Por iniciativa del periodista y parlamentario europeo de Vox Hermann Tertsch, el Grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos, en el que se integra el partido de Santiago Abascal, ha editado el libro Memoria histórica, amenaza para la paz en Europa, una recopilación de 15 artículos firmados por historiadores, escritores, doctores en filosofía o abogados que desmontan algunos de los mitos de las leyes socialistas de memoria.
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Entre los autores figuran Stanley Payne, Alfonso Ussía, Fernando Sánchez Dragó, Francisco José Contreras, Jesús Palacios, Miguel Platón, Pedro Carlos González Cuevas, Ángel David Martín Rubio, Jesús Laínz, Luis E. Togores, Javier Barraycoa, Alberto Bárcena, José Manuel Otero Novas y Pedro Fernández Barbadillo, coordinador de toda obra.

En conversación con Libertad Digital Hermann Tertsch explica que que el objetivo del libro (de gran formato, de casi 160 páginas y con fotografías) es poder contrarrestar el "bombardeo cultural de la izquierda para generar odio", así como la "mentira" difundida por la izquierda sobre la Guerra Civil española.

Desde hace casi un lustro la manipulación de la Historia de España con fines políticos, gracias al control sobre la educación o los medios de comunicación, ha sido la hoja de ruta de una izquierda que busca fomentar un enfrentamiento entre españoles que había quedado atrás.

El eurodiputado de Vox asegura que ya "en la época de Felipe González comenzó la idea de ir, poco a poco, arrinconando a todos aquellos que pensaran diferente, definiéndoles como fascistas". Actitud que alcanzó su apogeo durante los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero, a través de la idea de "revancha", y que pretende consolidar Pedro Sánchez.

Este avance no se puede explicar, según relata, sin "la incomparecencia de la derecha", que ha ido abandonando todas las batallas ante el temor de ser señalados como "fachas" o "totalitarios" por el simple hecho de disentir. "El miedo a ser señalado hizo que la gente se callara y la izquierda ha utilizado ese mecanismos para cerrar bocas", cuenta.

El otro caballo de batalla del libro es la reivindicación del espíritu de la Transición, un período que elogian todos los autores, y que destacan como un ejemplo "aplaudido" y "admirado en todo el mundo" y que "está siendo atacada y desprestigiada por quienes ahora gobiernan".

El libro, financiado por el grupo ECR, es una edición no-venal y se distribuirá de forma gratuita por "instituciones españolas y gobiernos regionales" además de "centros educativos, entre diputados, senadores, líderes de opinión o periodistas". Se han editado 1.000 ejemplares.
Algunos fragmentos del libro.

Hermann Tertsch, "Memoria manipulada o el veneno de la mentira".
Fue la llamada Transición española, un proceso que generó gran interés y admiración en el mundo entero. (...) Por mucho que hoy se vean las debilidades de la Constitución y los errores que han facilitado la tarea de quienes habrían de llegar décadas después, para emprender la voladura de la reconciliación nacional y reabrir una guerra ideológica entre españoles.

Sin embargo, la entrada en el nuevo milenio trajo pronto la catástrofe. Mucho se rompió, saltó hecho pedazos, con aquellas bombas de un atentado contra los trenes que llegaban a la estación de Atocha en Madrid en el que murieron 192 personas y cerca de dos mil fueron heridas. Aquel acto de terror del 11 de marzo de 2004 no sólo cambio el resultado de unas elecciones generales previstas para cuatro días después; además llevó al Gobierno a quien demostró ser el máximo representante de unas fuerzas decididas a acabar con la senda —emprendida en 1976 con la Transición— de la convivencia en la reconciliación nacional. Aquellas bombas acabaron con la voluntad de entender el pasado desde la concordia presente y el compromiso común con la verdad; para pasar a utilizar la historia de nuevo como arma arrojadiza con la que movilizar pasiones políticas o justificar imposiciones con cuentas del pasado.

Francisco José Contreras, "La Historia como arma política"
En las últimas décadas, al tiempo que las conmemoraciones clásicas se debilitaban (en España, por ejemplo, la izquierda considera que el 12 de octubre no hay "nada que celebrar", y tanto el día de la Hispanidad como el de la Constitución pasan desapercibidos en las regiones con Gobiernos nacionalistas), surgía una fiebre memorialista "fragmentaria", de afirmación de identidades subnacionales, bien territoriales (en España, la Diada catalana, el Aberri Eguna vasquista, el Día de Andalucía, etc.), bien sexuales (día de la mujer, día del orgullo gay, etc.) o raciales. Mientras que las festividade nacionales clásicas eran cohesionadoras y celebraban la historia común, las nuevas conmemoraciones son divisorias en la medida en que se refieren a subgrupos; además, tienen una connotación victimista-reivindicativa, pues los colectivos en cuestión se consideran históricamente agraviados. De un memorialismo unificador hemos pasado a otro desintegrador. Las "leyes de memoria" se inscriben en esa misma tendencia fragmentadora: se trata, en este caso, de grupos étnicos o ideológicos que pretenden blindar —usando la fuerza coactiva del Estado— sus respectivos agravios frente a cualquier negación o relativización.

Stanley G.Payne, "La "memoria histórica" y la ruptura de la democracia española".
Durante el curso de la Transición, los principales partidos de izquierda se habían desplazado hacia el centro democrático, cuando los comunistas abandonaron el marxismo-leninismo por el eurocomunismo y los socialistas abrazaron plenamente la socialdemocracia por vez primera en su historia. Sin tales transformaciones se habría repetido la polarización destructiva de los años 30 haciendo imposible la democratización del sistema político español. Sin embargo, una segunda transformación se puso en marcha a principios del nuevo siglo, cuando una parte de la izquierda comenzó a abandonar la socialdemocracia histórica en favor de un progresismo radical políticamente correcto, que enfatizaba el regreso a la polarización y la demonización de los oponentes resaltando lo que se proyectaba como su historia perversa. Este es un fenómeno cada vez más común en el mundo occidental, y en el caso español se ha visto alentado por la sensación de que las anteriores doctrinas habían perdido su capacidad de persuasión. Así, esta nueva ideología rechaza categóricamente el pasado y los valores tradicionales de una manera aún no vista ni en la socialdemocracia ni incluso en el marxismo-leninismo revolucionario (que, por ejemplo, respetaba en general la cultura clásica). La nueva ideología enfatiza la revolución cultural, no la vieja revolución socioeconómica. La historia es un objetivo importante considerada como poco más que un registro de víctimas y verdugos, y su principal función sería ahora la de dar la oportunidad de desenmascarar a los opresores separando las generaciones anteriores en víctimas (para ser reivindicadas) y verdugos (para ser estigmatizados).

Fernando Sánchez Dragó, "¿Memoria Histórica o Ministerio de la Verdad?".
¡Acabáramos! Pocos éramos, decimos en España, y parió la abuela. La memoria es memoria, y punto. Puede ser triste o alegre, oscura o luminosa, exacta o incierta, pasajera o duradera, pero es siempre individual, personal, subjetiva y, por ello, legítima en su diversidad y no sujeta en ningún caso a adjetivaciones de índole partidista, parasitaria y doctrinaria. La única memoria histórica que puede y debe existir es la de los historiadores que manejen datos, sólo datos, demuestren su veracidad y los interpreten con objetividad, honestidad y ecuanimidad, pero no, nunca, como ahora se pretende, la del Boletín Oficial del Estado ni, menos aún, la del Código Penal.

En septiembre de 1936 fusilaron sin juicio previo a mi padre en Burgos, mi tío paterno fue condenado a muerte al terminar la guerra y pasó varios años en la cárcel, yo mismo di con mis huesos en ella, fui detenido en no pocas ocasiones, sufrí cinco procesos, permanecí un total de diecisiete meses en la cárcel y casi ocho en prisión domiciliaria, estuve seis años en el exilio... ¿Basta con eso? ¿Se admite mi testimonio? ¿Se me reconoce la condición de víctima del franquismo? ¿Tengo derecho a hablar?

Ángel David Martín Rubio, "¿Fue la persecución de izquierdas a los católicos equivalente a un genocidio?".
Lo cierto es que el PCE, con el patrocinio soviético y el respaldo de buena parte del Partido Socialista (PSOE), con el presidente del Gobierno Juan Negrín (mayo de 1937- marzo de 1939) a la cabeza, fue apoderándose del control de la retaguardia frentepopulista. Por otro lado, todas las fuerzas revolucionarias —aunque, efectivamente, tenían muchas diferencias y los enfrentamientos entre sus diversas facciones provocaron centenares de muertos— coincidían en su ateísmo y en un objetivo socio-político que se puede calificar genéricamente de "comunista". Comunismo libertario o anarquista, por un lado; y por otro, comunismo estatista que comprende el socialismo marxista y el comunismo propiamente dicho. Todo ello no obsta para que, hasta 1936, el vehículo del ideal soviético, y la principal fuerza pro soviética, fuera el PSOE.

Con ocasión del homenaje que, por iniciativa del arzobispo de Valladolid, D. Antonio García y García, tuvo lugar en aquella ciudad los días 11 y 12 de abril de 1950, se elaboraron unas relaciones nominales que permitían colocar la cifra más aproximada de asesinados entre 6.900 y 7.000. En 1953, el escolapio Calasanz Bau había ultimado un fichero en el que se confrontaban las relaciones nominales de Valladolid y de la Causa General con otras procedentes de las diócesis y congregaciones. Estos son sus resultados finales: 4.065 sacerdotes seculares, 2.338 religiosos y 270 religiosas asesinados. Basándose en este fichero, a comienzos de los años sesenta, monseñor Antonio Montero hablaba de 4.184 víctimas del clero secular (incluyendo a doce obispos, el administrador apostólico de la Diócesis de Orihuela y un centenar de seminaristas), 2.365 religiosos y 283 religiosas; es decir, un total de 6.832, cifra comúnmente aceptada.

Alfonso Ussía, "La sonrisa asesinada". (Sobre el secuestro, el encarcelamiento y el asesinato de su abuelo, el famoso dramaturgo Pedro Múñoz Seca.)
Tres grupos fueron fusilados ante sus ojos en espera de su turno. En uno de ellos, un marino con sus dos hijos, de 14 y 13 años. Llegó su hora. Se alineó al lado de un sacerdote agustino de El Escorial. El pelotón ejecutor lo formaban catorce republicanos con fusiles y tres que se ocupaban de una eficaz ametralladora. Gritó don Pedro: "¡Viva Cristo Rey!" y todos cayeron muertos o malheridos. Don Pedro, agonizante, necesitó del tiro de gracia. Eran las 10.30 de la mañana del 28 de noviembre de 1936. Según la orden firmada por Santiago Carrillo Solares habían sido "trasladados" a Valencia. En una fosa común de Paracuellos de Jarama, a pocos kilómetros de Madrid, enterraron los cuerpos de los ajusticiados. Ochenta y cuatro años después, sus huesos permanecen reunidos en la fosa común.

Cuando fue llamado, Don Pedro Salió sonriente, tranquilo, con inmensa tristeza en sus ojos. Se abalanzaron sobre él y le quitaron un abrigo que llevaba plegado en el brazo. Le quitaron la cartera y el reloj.Ataron sus manos a la espalda con un hilo de bramante. Un miliciano, algo más humano, le quitó la cadena con la medalla de la Virgen de los Milagros, Patrona de El Puerto de Santa María, y con un movimiento rápido se la metió en el bolsillo derecho de la chaqueta. Para humillar su figura, le cortaron los bigotes.

Tenía cincuenta y siete años. No hizo en su vida otra cosa que el bien. Dios, España, la Corona y ABC fueron sus delitos.
Cayó como un mártir y un valiente.
Perdonó a quienes se disponían a matarlo.

Alberto Bárcena, "¿Funcionó el Valle de los Caídos como un campo de concentración?".
Debe tenerse en cuenta que tanto si el número máximo de penados llegó a 800 como si no pasó de 500 en su momento de mayor concentración, jamás se hubieran acercado a las cifras imaginarias que se han dado por ciertas a base de repetirlas. De hecho, aunque las obras duraron casi veinte años, los penados solamente trabajaron allí entre 1943 y 1950; en siete años, con las cifras reales que hemos podido documentar, es imposible que se acercaran siquiera a la cifra de 20.000.

De manera más contundente, podemos negar que hubiesen sido allí masacrados y utilizados como escombro junto a los cuerpos de otros represaliados del régimen llevados allí con el mismo fin. Es más, finalizado el estudio del mayor fondo documental relativo a la construcción del Valle de los Caídos que consta en los archivos españoles, y contrastados los testimonios de los penados que allí trabajaron, podemos afirmar que ni fueron trabajadores forzados ni el Monumento Nacional a los Caídos que levantaron puede llamarse "sarcófago de sus compatriotas".

Así pues, nadie fue llevado allí contra su voluntad. Eran presos pero, tras acogerse al sistema de Redención de Penas, el resto de sus condenas lo seguirían cumpliendo en los destacamentos a los que fuesen destinados. Allí, naturalmente, iban a trabajar, como se les explicaba al ofrecerles esta posibilidad, recién introducida en el sistema penal español, pero en una situación completamente distinta de los condenados a trabajos forzados de otros regímenes con los que se les ha comparado.

Pedro Fernández Barbadillo, "¿Exigieron la amnistía a los franquistas?".
La realidad es que el régimen franquista estuvo muy lejos de los números de muertos que se produjeron en Europa y Asia en los años 30 y 40 (y en el caso de la URSS desde los años 20). Mientras los bolcheviques no concedieron perdón ni a su propia población, el Estado del 18 de Julio empezó a aplicar medidas de gracia y de reintegración de los soldados capturados desde antes de concluir la Guerra Civil.

Durante sus años de gobierno, Franco concedió doce indultos, a los que se puede unir la prescripción de todas las responsabilidades penales de hechos anteriores al 1 de abril de 1939 y relacionados con la "Cruzada", más cinco amnistías; su sucesor, el rey Juan Carlos, concedió un indulto y dos amnistías antes de la entrada en vigor de la Constitución.

Como consecuencia de estas medidas de gracia y de la reducción general de la delincuencia en Europa Occidental a mediados del siglo XX, el último año completo de Franco como jefe de Estado, el número de internos en las cárceles españolas fue inferior a 15.000, cuando en el mismo 1974 en Francia había poco más de 27.000. Es decir, una dictadura encabezada por el militar vencedor de una Guerra Civil tenía casi la mitad que una democracia como la francesa, cuando, además, la población francesa superaba en casi un 50% a la española.


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"Un tiro al presidente de España"
Jesús Cacho vozpopuli.es 21 Febrero 2021

El viernes, después de tres días con sus noches y las calles ardiendo, el aprendiz de sátrapa que nos gobierna se dignó condenar la violencia desatada por quienes le sostienen en Moncloa. Lo hizo cuando su silencio se había convertido en un clamor ante la evidente quiebra de ley y orden. De modo que salió de su escondite y se fue a Extremadura a sentar cátedra. “En una democracia plena, y la democracia española es una democracia plena, es inadmisible el uso de cualquier tipo de violencia”. Mala cosa que una democracia necesite adjetivos para tenerse por tal y que además sea alguien como él, precisamente él, el encargado de adjetivarla. Tardó tres días con sus noches y hubiera tardado tres años si la presión social no le hubiera obligado a salir de la hura y dar la cara, condenar a su socio de Gobierno, pero la puntita nada más, porque de inmediato se alineó con sus tesis al anunciar su intención de “ampliar y mejorar la protección de la libertad de expresión”, como si no estuviera suficientemente garantizada por la ley y los tribunales, como si el comunista desnortado del rap, ese prototipo de ser mal nacido y bien alimentado, no gozara ya de protección bastante para agredir o amenazar de muerte -incluso para plantear que “le metan un tiro al presidente de España” (sic)- a quienes considera sus enemigos de clase.

Difícil condenar una violencia que en Barcelona promueven los comandos del separatismo y en Madrid alienta el socio del Gobierno de coalición. Así de abracadabrante es la situación española. A estas alturas de la película está claro que Iglesias está enviando a Sánchez un mensaje en una botella para recordarle quién controla la calle y cómo puede hacerle la vida imposible si se le ocurre deshacer la entente. “Las casualidades no existen en política”, escribía ayer aquí Alberto Pérez Giménez, “y las calles se incendian cuando las urnas, los tribunales, el giro al centro o los ministros económicos ponen en aprietos a Podemos”. Idea en la que abundaba también Miquel Giménez: “Sánchez se expone a tener un país ardiendo por los cuatro costados si decide cortar amarras”. ¿Y por qué quieren los indepes que arda Roma, cuando afirman campanudos que han arrollado en las catalanas, que ya controlan más del 50% del voto, y que ahora sí que sí van a ir de cabeza a la proclamación unilateral de la independencia? ¿Por qué esa ofuscada paranoia de quemar la calle cuando dicen haber ganado? Porque es rotundamente falso que hayan ganado.

El 14 de febrero el nacionalismo se dio una costalada de campeonato. Resulta que ERC, que a juzgar por la propaganda separata ha sido la gran triunfadora del lance, perdió el domingo 332.254 (el 35,5%) de los 935.861 votos que logró en 2017, y eso con una masa de fieles muy movilizada. Y resulta que En Comú Podem se dejó 131.734 (el 40,25%) de los 326.360 votos que obtuvo en 2017, a pesar de lo cual ha repetido el mismo número de escaños (8), ello gracias a un sistema electoral que ni PSOE ni PP han querido alterar en más de 40 años de democracia y que hace que a Junts le cueste 17.750 votos lograr un escaño, mientras que Ciudadanos necesita 26.317. Pues bien, según TVE, la televisión pública ocupada por los paracaidistas de Iglesias, la marca catalana de Podemos “ha resistido bastante bien el embate de las urnas” (la “Isobaras” en La hora de la 1 de TVE), a pesar de haberse dejado por el camino, ya digo, el 40,5% de los sufragios alcanzados en 2017. Por no hablar de la CUP, los chicos de la gasolina, que ha pasado de 4 a 9 escaños a pesar de haber perdido 6.169 votos respecto a los 195.246 que contabilizó en 2017.

La aritmética, cabezona como es, invita a una lectura de los resultados muy poco caritativa con el mundo indepe. En efecto, las tres formaciones independentistas (ERC, Junts y CUP), que en 2017 obtuvieron 2.079.340 sufragios, se quedaron el domingo en 1.360.696, lo que equivale a decir que el eje nuclear del separatismo ha perdido 718.644 votos de unos comicios a otros, un 34,6% ni más ni menos. Aquella cifra de 1.360.696 votos equivale al 17,6% de la población total de Cataluña (7.722.203 personas, según el censo de 2020) y al 25,04% de su censo electoral (5.433.979 personas). Ese 25% llega hasta el 26% si a los tres citados se le suman los votos de partidos minoritarios (incluido el PdCAT de Artur Mas, qué papelón el del delfín de Jordi Pujol) que no han obtenido escaño. La conclusión es clara, el independentismo ha perdido 11 puntos (del 37% al 26%) del censo electoral entre 2017 y 2021, y de hecho el voto separatista se encuentra hoy en niveles similares a 1980. La otra conclusión, más demoledora aún, es que con el 17% de la población y el 26% del censo no se independiza ni una escalera de vecinos.

El hundimiento del centro derecha
Esta es la verdad. El resto es propaganda. Una propaganda que vorazmente devora un centro derecha al que le ha dado un aire. Porque resulta que el único partido que ha perdido las elecciones catalanas, si a los signos externos hemos de atenernos, ha sido el PP. A Pablo Casado le ha faltado tiempo para levantar la mano y decir “sí, yo soy el derrotado”, al punto de que para corroborarlo anunció el martes la venta de la sede de Génova, de donde se infiere que por primera vez un edificio carga con el mochuelo de un fracaso electoral. Maravillosa aportación al pensamiento político contemporáneo. Es evidente que su resultado ha sido malo, pésimo si se quiere, porque se ha dejado en la cuneta 76.603 (el 41,2%) de los 185.670 votos que obtuvo en 2017 (que ya era muy malo para un partido que aspira a gobernar), pero lo asombroso es que el PP se cuelgue mansamente el sambenito y asuma en público su derrota. Es otra de las variantes del drama español: la aparente ausencia de vida inteligente en Génova 13.

Y una desazón profunda, un rastro de inconsolable despecho recorre hoy el universo separatista y estalla en furia y fuego por las calles de Barcelona al asumir en secreto que la Ítaca nacionalista está cada vez más lejos y que el hedor que despide la ciénaga ha alejado ya del templo a casi el 35% de la feligresía. Se repite la historia con más de 80 años de retraso. Separatistas, comunistas airados y anarquistas antisistema ocupando la calle. Con la derecha local comprando la soga con la que va a ser ahorcada y el PSC flirteando con unos y otros. Una copia casi perfecta de los barceloneses años treinta. “Anarquistas y comunistas se matan a tiros en Barcelona”, titulaba el 5 de mayo de 1937 La Almudaina, diario de la mañana, Palma de Mallorca: “Situación caótica. La FAI y la CNT contra la Generalidad a la que apoyan socialistas y comunistas. Los prohombres de los partidos desde la radio de la Generalidad pedían anoche ansiosamente ¡alto el fuego! ¡alto el fuego! Los hospitales llenos de heridos y muertos. Llamamiento a los “rebassaires” para que acudan a Barcelona a defender el Gobierno”. Leído ayer: “Esquerra se alinea con la CUP y Junts para modificar el modelo policial catalán”. El trío separata quiere que los Mossos d’Esquadra ofrezcan amablemente un libro y una rosa, como en Sant Jordi, cuando vean venir a un energúmeno dispuesto a rociarles con gasolina y prenderles fuego. Hasta aquí ha llegado la paranoia separatista. “Me muero de ganas de montar una empresa en Cataluña”, tuiteaba un tal Ricardo esta semana. “Todo son ventajas”.

En esta Cataluña en fase terminal no hay lugar para un Salvador Illa, qué descansada vida, que ha sesteado durante meses mintiendo a los españoles desde su despacho en Sanidad con las cifras de muertos de la pandemia. No es lugar para tímidos taimados. Pronto será un mueble más aparcado en un Parlament dominado por la abrasiva doctrina separata. También su mentor se dará pronto cuenta de que los resultados del domingo le han dejado mensajes inquietantes. Porque ERC, la pareja de baile con la que pensaba aliviarse en Madrid y en Barcelona, ha decidido elegir a Junts y a la CUP, los de siempre, como socios para formar nuevo Govern. Son los eternos complejos de inferioridad de una Esquerra incapaz de abandonar la sombra del “padre”, incapaz el menestral de romper con el amo de la finca, antes Pujol y ahora Puigdemont. La reedición de ese Gobierno empeñado en una independencia imposible priva a Sánchez de su fórmula de oro: un tripartito en Barcelona y otro en Madrid y a vivir que son dos días. El sueño húmedo de Iván Redondo en las sentinas de Moncloa, porque era la receta que podía asegurarles un tranquilo discurrir a lo largo y ancho de la legislatura.

¿Abocados a nuevas generales?
Esa esperanza se ha evaporado, de modo que a Sánchez le va a resultar más difícil seguir contando con el apoyo del independentismo para mantenerse en el machito, lo que quiere decir que a los españoles nos va a costar todavía más aguantar en Moncloa a este descuidero de la política sin ideología conocida. Razón que abona la tesis de que el sujeto podría estar acariciando la idea de disolver las Cortes y convocar nuevas generales el próximo otoño o, a lo más tardar, la primavera de 2022. Con la alegría del rebote económico que la vacunación traerá bajo el brazo y antes de que la crisis de deuda empiece a enseñar la oreja. Con Podemos convirtiendo el Gobierno de coalición en un perpetuo sin vivir. Y con el PP a por uvas, ocupado los próximos meses en la búsqueda de piso y en la mudanza. Es fácil imaginar la escena: “Lo he intentado todo, he tratado de gobernar con comunistas, con independentistas y hasta con filoetarras, pero me ha resultado imposible. Vuelvo a someterme a la confianza de los españoles y lo hago por el bien España. Envuelto en su bandera. Para salvar nuestra democracia del peligro fascista que representa la extrema derecha de Vox”. El cuento completo.

Y mientras tanto, España (esa “aventura truncada, orgullo hecho pedazos” de Blas de Otero) se desangra. Consumado cínico, el doctor Sánchez fue a Extremadura a recitar lo que llevaba aprendido sobre la violencia y volvió raudo a su guarida, dispuesto a ver pasar los días desde la atalaya de Moncloa mientras las calles siguen ardiendo. Vuelve “El problema de España; España como problema; el laberinto español; las dos Españas; España, país dramático…” con que Fernando García de Cortázar da inicio a su espléndido Y cuando digo España (Arzalia). La España que ayuna de un proyecto motivador, carente de cualquier “viva pasión o noble empeño” que cantaba Rubén Darío. Las décadas, más bien los siglos, empleados en angustiosa búsqueda de modernización, democracia y consenso para un país en apariencia condenado al atraso, la pobreza y la barbarie, parecen haber servido de poco. De nuevo nos enfrentamos a una de esas coyunturas que amenazan con hacernos perder pie con la convivencia y el progreso. “Aquí todo es muy sencillo –dice un personaje de La calle de Valverde, de Max Aub- estamos todos contra todos”. A punto de regresar a lo peor de nuestra historia. Otra vez. Lo que hoy se vive en España huele a enfrentamiento civil, a caos, a ruptura, a sálvese quien pueda. Una semana peor que la anterior. Es la España jaula de locos “atacados de una manía extraña: la de no poder sufrirse los unos a los otros”, que escribió Ganivet en su Idearuim español. Nada que hacer mientras este aventurero de la política, necesitado del respaldo de lo peor de cada casa para continuar hozando en el poder, siga en Moncloa.
La democracia no se defiende sola
Editorial ABC 21 Febrero 2021

El inminente cuarenta aniversario de la victoria de la democracia sobre el golpe de Estado del 23-F irrumpe con especial oportunidad en el debate temerario, pero nada gratuito, que Unidas Podemos ha provocado sobre la calidad de nuestro sistema democrático. Con menos de tres años de vigencia, el orden constitucional se impuso hace cuarenta años al secuestro de los poderes ejecutivo y legislativo en pleno, reunidos en el Congreso de los Diputados para la investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo. Con España en vilo y confusa y los tanques en las calles de Valencia, Juan Carlos I se impuso a los golpistas y desde entonces la democracia española se dotó de una fortaleza que no la ha abandonado. Hablar hoy de anomalía democrática para referirse a España es un insulto a la inteligencia y un desprecio al esfuerzo colectivo que representó el pacto de 1978 y la superación del golpe de Estado de 1981. Pero es un insulto con intención y objetivos bien definidos.

Desde 1978 hasta hoy, no solo el golpismo nostálgico amenazó la convivencia democrática en España. El terrorismo de ETA ha jalonado nuestra democracia con un historial de crímenes por los que aún debe responder. La guerra sucia contra ETA fue denunciada, juzgada y condenada, y el Estado de Derecho finalmente prevaleció sobre el terror separatista, aunque el llamado relato histórico sobre la violencia etarra no sea coherente con la derrota policial de los terroristas, gracias, entre otras causas, a la comprensión mostrada hacia la banda terrorista por activistas como Pablo Iglesias, hoy vicepresidente del Gobierno.

El separatismo catalán no dejó pasar su cita periódica con el golpismo anticonstitucional; y al intento de 1934 sumó el de 2017, también respondido por la Corona, el Estado de Derecho y el orden constitucional con la fuerza de la ley y la justicia. Si de aquella victoria no se han sacado las lecciones correspondientes y hoy el separatismo anticonstitucional se presenta como víctima del Estado se debe, entre otras causas, al apoyo explícito de sectores de la izquierda, como la que representa Pablo Iglesias y su defensa a ultranza del derecho a la autodeterminación y el indulto a golpistas como Oriol Junqueras.

No es una coincidencia que tras cada una de las anomalías traumáticas que ha vivido la democracia española después del 23-F -ETA y el golpismo separatista- se encuentre hoy el discurso político de una extrema izquierda cuyo objetivo es la deslegitimación de la democracia liberal, la monarquía parlamentaria y el orden constitucional en su conjunto. Si algo demuestra esta historia reciente es que la democracia española y su Constitución de 1978 son fuertes y resistentes, siempre que sean defendidas con lealtad por los poderes del Estado. Ni el terrorismo de ETA ni el golpismo catalán hallaban su causa en la democracia de 1978, sino su dique de contención, y por eso querían acabar con ella, cada cual con sus propios métodos. El apoyo electoral de Otegui a Esquerra Republicana de Cataluña en la campaña del 14-F significa eso y no otra cosa.

Por eso es necesario recordar el 23-F como la prueba de resistencia de la democracia frente a sus enemigos, pero también como el aviso de que la democracia no se defiende sola, menos aún cuando se la ataca desde sus propias instituciones. La convivencia entre españoles respondió en 1978 al compromiso de un puñado de líderes generosos que supo dirigir el curso de los acontecimientos hacia el pacto constituyente posible en aquel momento, renunciando a las pulsiones de revancha que hoy exhiben, sin razón de edad ni causa legítima, dirigentes extremistas que desconocen la historia y juegan con fuego.

Lo que no se sabe
Nota del Editor 21 Febrero 2021

Las últimas hipótesis sobre el universo estiman que está compuesto por 4% de átomos, 23% de materia oscura y 73% de energía oscura.

En España ocurre lo mismo: creemos que conocemos el 4% de la realidad y desconocemos el 96% restante. Sólo unos pocos creadores de conspiraciones conocen esa energía oscura.

Como resúmen rápido, ¿ qué se sabe del atentado contra el general Carrero Blanco, del GAL y mister X, del 23 F,del 11M, de los trapicheos constitucionales, id del TC, id del TEDH, del CGPJ ¿.

La democracia es es España una palabra vacia, utilizada por los profesionales de la política para entontecer a la ciudadania que pasa sus mejores momentos delante de la caja "tonta" que es más lista que el hambre en eso de indoctrinar, adormecer, mentir.



Pablo: tu problema es la derecha sociológica, no la sede
EDUARDO INDA okdiario 21 Febrero 2021

—Gracias, Mariano—.

Seguro que el domingo pasado, al educadísimo Pablo Casado se le escapó la frase que cual maldición yo profiero contra Rajoy cada mañana desde aquel infausto 31 de mayo de 2018 en el que rechazó el guante que le tendió Pedro Sánchez: “Presidente, si usted dimite, yo retiro la moción de censura”. Era simple y llanamente cuestión de ganar tiempo. Ana Pastor, Cospedal y hasta la diabólica Soraya Sáenz de Santamaría eran mejores que un tipo que ya había apostatado de la normalidad socialdemócrata para juramentarse con proetarras, podemitas y golpistas en una suerte de “todos para uno y uno para todos” dumasiano. Pero el pontevedrés de Santiago antepuso su orgullo, “no voy a renunciar porque sería tanto como reconocer que he cometido un delito”, al interés general con las consecuencias que vivimos y que reducen a la condición de juego de niños el jacobino “A España no la va a reconocer ni la madre que la parió” del genial Alfonso Guerra.

Un “gracias, Mariano” que, cual herencia envenenada, se extiende a todos los ámbitos. Empezando por ése de la opinión publicada que es la que conforma la opinión pública. Intuyo que el presidente nacional del PP se ciscaría en la movida que le legó un Mariano Rajoy que no supo manejar la corrupción que ha esclerotizado al PP desde aquel tercer viernes de enero de 2013 en el que un servidor destapó tanto el cobro sistemático de sobresueldos por parte de la cúpula como esa caja B que se nutría de coimas de constructoras y empresas de seguridad. Su antecesor no sólo descompensó aún más el proverbialmente enrojecido panorama mediático sino que, además, optó por tirar de Torrentes de la Policía para eliminar pruebas comprometedoras agrandando aún más el problema que representaba la corrupción en sí.

Barcelona, bajo el terrorismo callejero: los amigos de Hasél saquean las tiendas del paseo de Gracia
Quinto día consecutivo de disturbios en Cataluña en medio del desgobierno en la Generalidad y los ayuntamientos.
Pablo Planas Libertad Digital 21 Febrero 2021

Ni ley ni orden. Barcelona vuelve a ser la Rosa de Fuego, la ciudad de los disturbios, los saqueos, los incendios. Como sucedió tras la publicación de la sentencia por el golpe de Estado separatista, los violentos separatistas y antisistema se adueñan de las calles del centro de la ciudad cuando cae la noche.

Perfectamente organizados y coordinados, exhibiendo tácticas de terrorismo callejero y con la excusa de la libertad de expresión, que los dirigentes de los partidos separatistas y los comunes aceptan como dogma de fe, escuadras de vándalos destrozan, incendian y saquean todo cuento encuentran a su paso.

Como siempre, la manifestación comienza de forma pacífica, con adolescentes con cara de no haber roto un plato en su vida, emocionados por su primera manifestación, incluso alentados por sus familias a asumir compromisos con la defensa de los derechos humanos. Aceptan sin rechistar que el Estado ha encarcelado a un pobre chico que podría ser su hermano mayor por cantar contra la monarquía. Ni saben lo que es el enaltecimiento del terrorismo ni que su héroe es un tipo que acumula antecedentes violentos por agresiones y amenazas.

Al poco rato, comienzan los incidentes, los adolescentes dejan paso a los profesionales de la violencia, a los radicales dispuestos a atacar hasta el final a los agentes de los Mossos y de la Guardia Urbana. Enseguida comienzan los incendios de contenedores, después los destrozos en el mobiliario urbano, a continuación la quema de motocicletas y para continuar, los escaparates rotos y los saqueos.

Este sábado por la noche los disturbios se han concentrado en el centro de Barcelona, en Vía Layetana, plaza de Urquinaona, en la plaza de Cataluña y en el eje comercial del paseo de Gracia, donde radica la Bolsa de Barcelona y las principales tiendas, muchas de lujo. La Bolsa ha vuelto a ser atacada, como el viernes, pero este sábado los violentos han decidido darse el capricho de saquear los comercios que antes de la pandemia vivían de los turistas con más poder adquisitivo.

La incompetencia de Sàmper y Colau
El desgobierno es absoluto. La consejería de Interior es una broma, igual que el "Govern" de la Generalidad o la autoridad de Ada Colau. La cabeza de cartel de la CUP, Dolors Sabater, exalcaldesa de Badalona, ha reprochado este sábado a su colega Colau que anoche condenara tibiamente la violencia. Sabater dijo en una entrevista en campaña que no tendría problemas en asumir la consejería de Interior y que lo primero que haría sería disolver a los antidisturbios. Ese es el nivel y ERC quiere que la CUP entre en el gobierno autonómico. El consejero de Interior, Miquel Sàmper, de JxCat, no se cansa de hacer el ridículo. Ha convocado a los representantes sindicales de los Mossos a una reunión después de poner a los agentes a los pies de los caballos al cuestionar sus actuaciones.

Los violentos se dirigen al barrio de Gracia. Los vecinos intentan apagar los contenedores en llamas lanzando agua desde los balcones. La ciudad está a merced de las vanguardias de los Comités de Defensa de la República (CDR) y de grupúsculos de extrema izquierda. Intereses coincidentes. Los Mossos practican diversas cargas para disolver a los manifestantes. Es el juego de todas las noches. Pillaje, incendios, destrozos de bienes públicos y privados y ciudadanos atemorizados.

Los Mossos informan de que también hay incidentes graves en Tarragona y Lérida, ataques a los agentes y destrozos. En Tarragona, el objetivo son los juzgados. En Lérida, la subdelegación del Gobierno.
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