AGLI Recortes de Prensa   Martes 23  Febrero  2021

Los chiringuitos autonómicos: 422 empresas públicas pierden 2.405 millones al año
La deuda de las empresas dependientes de las comunidades autónomas asciende a 16.067 millones.
Diego Sánchez de la Cruz Libertad Digital 23 Febrero 2021

El estallido de la Gran Recesión entre 2007 y 2008 se tradujo en un fortísimo aumento del endeudamiento público que puso en peligro la estabilidad macroeconómica de España. El presidente Rodríguez Zapatero no se tomó en serio el reto y, durante su segundo mandato, elevó el gasto total de las Administraciones de 422.200 a 491.000 millones de euros.

Así las cosas, fue el gobierno de Mariano Rajoy el que hubo de abordar el reto de la consolidación presupuestaria con una economía que ya acumulaba casi un lustro de crisis. Frente a un "pico" de gasto de 502.000 millones en 2012, primer año de la legislatura, el Ejecutivo de los populares llegó a aplicar una reducción presupuestaria de hasta 36.000 millones, alcanzándose un "suelo" de gasto de 466.000 millones en 2014.

Una de las palancas que hizo posible la mejora de la situación presupuestaria bajo mandato de Rajoy fue la Comisión para la Reforma de las Administraciones Públicas. Dicha iniciativa afloró la existencia de cientos de empresas y entes públicos ligados a las comunidades autónomas, las diputaciones provinciales y las corporaciones locales.

¿Qué queda de aquel sector público empresarial que tantos titulares acaparó en su día? El Tribunal de Cuentas acaba de concluir su auditoría de las cuentas de las comunidades autónomas para 2017 y ha concluido que siguen existiendo al menos 422 empresas dependientes de los gobiernos regionales, muchas de las cuales arrojan pérdidas.

Durante el conjunto del año, el sector empresarial autonómico presentó en su totalidad unos resultados de explotación negativos por importe de 2.405 millones de euros. Las pérdidas más elevadas se dieron, con gran diferencia, en Murcia (2.158 millones), seguida de la Comunidad Valenciana (177 millones).

Los también conocidos como "chiringuitos" autonómicos parecen haber cambiado algunas de sus prácticas y, según el organismo auditor, su patrón de apoyo al sector productivo bebe cada vez menos de la concesión de subvenciones y descansa de forma creciente en torno al otorgamiento de préstamos.

En cualquier caso, la acumulación de pérdidas a lo largo de los años ha elevado sustancialmente el endeudamiento financiero de las empresas públicas autonómicas. Como puede verse en el siguiente cuadro, este capítulo ascendió en 2017 a la friolera de 16.067 millones de euros, que evidentemente vienen respaldados, en última instancia, por la comunidad autónoma de la que dependen estas entidades. Al menos la buena noticia es que, entre 2015 y 2017, estos pasivos se redujeron desde un máximo de 17.870 millones.

Tertsch: La izquierda tiene carta blanca para la violencia
Redacción. https://rebelionenlagranja.com 23 Febrero 2021

En una entrevista concedida por el eurodiputado de VOX Herman Tertsch a El American, el parlamentario denuncia de «la izquierda tienen carta blanca para la violencia, para recurrir a cualquier tipo de métodos, aquí se disculpa al terrorismo de ETA por parte de aliados del gobierno y del gobierno mismo, porque estamos viendo que en el gobierno tenemos grandes justificadores del terrorismo y grandes aliados de las FARC, tenemos el representante de las FARC, a Henrique Santiago, que dirigió las negociaciones en La Habana, ahora es un diputado español. El representante de la mayor banda narcoterrorista del mundo, aliada con el Cártel de Los Soles y con el régimen de Maduro, estamos hablando de una gente muy peligrosa que no tiene el más mínimo escrúpulo, creo que han logrado normalizar esa violencia por parte de la izquierda contra todo el que discrepe de de ellos, independientemente de cómo se perfile, recurren a las acusaciones. Primero hay unas grandes campañas de llamarte nazi y/o fascista y si eres nazi o fascista se justifica ya cualquier cosa contra ti. Si no estas de acuerdo ya eres nazi o fascista y si es así pues hay que combatirte con todos los medios posibles».

En relación a la violencia desatada contra su formación durante las leeciones catalanas, y que ahora se ha extendido con el pretexto del ingreso en prisión de un convicto, Tertsch señala:

«La violencia que despliegan es cada vez más masiva y más brutal. Vamos a ver cómo sigue esto, pero nosotros lo que hemos visto es que en Cataluña ha habido una una gran respuesta por parte de mucha gente que en condiciones muy malas, por la pandemia, por las amenazas, porque mucha gente tiene miedo realmente de votar VOX porque se pueden enterar, por lo que sea, y pese a ello hemos tenido un inmenso éxito después de una campaña electoral absolutamente épica como ha sido, eso demuestra que hay gente con con coraje y que la gente con coraje también contagia en el mejor sentido y va extendiéndose ese valor de hacer frente al rodillo totalitario de la izquierda de siempre, que son lo que son, que son Venezuela, que son Cuba, que no hace falta dar muchas lecciones a la gente, no debiera ser necesario explicare de qué son capaces quienes asesinan y torturan y llevan teniendo 62 años en una cárcel toda la población cubana, ¡por Dios! y lo que están haciendo y lo que han hecho con el país más rico de América, con Venezuela, que tiene siete millones de venezolanos ahora desperdigados por todo el continente y por otros continentes también, en unas condiciones calamitosas, terroríficas, pero huyendo del hambre, de la tortura, de la arbitrariedad monstruosa y criminal de un régimen como el de Maduro.»

Respecto de la estrategia internacional de la izquierda para extender sus tiranías por el planeta, el eurodiputados sostiene:

«Y ese régimen de Maduro y el cubano, gracias a ayudas y complicidades, muchas también de democracias, está logrando expandirse más, y con el dinero de la cocaína están logrando recuperar gran parte del continente y quedarse con el continente, están desestabilizando a las democracias que quedan y están fortaleciendo a las tiranías que hay y ese es el camino que estamos viendo en este momento y que es terrorífico… en el Parlamento de España tenemos a gente que son los aliados y los cómplices de Maduro y de todos los asesinos que andan sueltos por allí dedicados al narcotráfico y al asesinato y al secuestro y a crear esa maquinaria de la intimidación totalitaria con la cual van a avanzando en Colombia como en todos los demás países.

Es terrorífico lo que hay y frente a eso, tenemos que ser lúcidos y valientes para defender la libertad, la nación que es la base para todas democracias y la verdad, la verdad frente a todas esas oleadas de mentiras y de manipulaciones que recibimos diariamente por los medios, con los medios son un capítulo aparte, los medios están en gran parte comprados pero en gran parte adoctrinados, ya las élites universitarias en Estados Unidos se ha visto lo que son realmente; lo que produce ese tipo de militantes que no son periodistas y son solo militantes y nuevos clérigos, no son intelectuales, son clérigos de la nueva religión que es la misma religión totalitaria que lleva cien millones de muertos en un siglo y seguimos sin escarmentar, y siguen volviendo a intentarlo, solo producen hambre miseria, dolor, horror, terror y fracasan, y vuelven a empezar, vuelven a matar, vuelven a torturar y vuelven sojuzgar y a esclavizar a los pueblos, y vuelven a fracasar porque no les puedes dar más que hambre, miseria y fracaso y eso es en lo que tenemos que demostrarle a las sociedades. Demostrarles con la verdad que esas vías del socialismo por muy narco que sea, por mucho dinero que tenga para campañas electorales como ahora en Ecuador y como antes en Bolivia, que son una vía solo a la miseria y al desastre, que no va a haber igualdad, que ellos van a ser los más desiguales.»

La España ‘proponida’ de Garzón y Hasél
Pablo Planas Libertad Digital 23 Febrero 2021

Para estos iletrados que han llegado a ministros de la mano del PSOE, España no es una democracia.

En la España del ministro Garzón y el artista Hasél, el principio de autoridad es un chiste, una broma, un vago recuerdo del pasado, cuando había un cierto respeto por los bienes públicos y la propiedad privada. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, es incapaz de reconvenir al vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, que en un alarde de incendiaria irresponsabilidad justifica la extrema violencia del separatismo y la izquierda encapuchada tras el encarcelamiento del antedicho Hasél.

Ambos, presidente y vicepresidente, están a la altura de la alcaldesa antisistema, Ada Colau, el incompetente y risible consejero de Interior de la Generalidad, el desaparecido vicepresidente autonómico Aragonès, la delegada del Gobierno en la región, muda perdida, y el ministro Marlaska. La ineptitud es oceánica, pavorosa, colosal.

Puede que en Unidas Podemos no alcancen a hablar más de cinco minutos sin que se les escape un "habemos proponido", pero son un artistas en el manejo de la propaganda. De ahí que las almas cándidas estén convencidas de que el rapero está en el trullo por rapear contra el emérito. Para que lo entienda hasta Eduardo Garzón, Hasél está en la cárcel porque después de ser condenado por enaltecimiento del terrorismo se suspendió la aplicación de la condena siempre que no volviera a delinquir. Pero como la cabra tira al monte, el señorito Rivadulla, de la alta sociedad de Lérida, asaltó el rectorado de la universidad de su ciudad, agredió a un cámara de TV3 y en otro expediente amenazó de muerte al testigo de un juicio, entre otros delitos.

Pero da igual. Para estos iletrados que han llegado a ministros de la mano del PSOE, España no es una democracia, los separatistas que pegaron un golpe de Estado en 2017 son "presos políticos" y Juego de Tronos es la obra cumbre de la cultura occidental. No merece la pena perder el tiempo en explicaciones. Es más práctico prepararse para lo que viene.

Y lo que viene, destruidas las nociones de la ley, el orden y la autoridad, es la erradicación absoluta de la seguridad ciudadana. Así es que estos ignorantes que se pasan el día hablando de la sanidad y la educación pública están poniendo los cimientos para que en pocos años España sea como esos países en los que quien puede permitírselo habita en urbanizaciones protegidas por ejércitos privados metralleta en ristre mientras que el resto hace lo que puede para que no le maten por un teléfono móvil, un reloj o el carrito de la compra. Como en Argentina, México y Venezuela, sí, Venezuela, el paraíso de los chorizos bolivarianos.

Peroran sobre cambios de modelo policial y pretenden que los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, incluidos los Mossos, afronten la violencia de los encapuchados con abrazos y besitos, que sean permisivos con el pillaje, tolerantes con los pirómanos, amables con quienes destrozan patrimonio público y privado y apedrean a los vecinos que arrojan agua sobre los contenedores en llamas. Y todo con la excusa de un tipejo que nada más entrar en la cárcel ha pedido una celda individual. ¿Y qué más, majo? ¿Un colacao antes de irte a dormir?

Odian y desprecian a la misma policía que les protege porque quieren que el orden público esté en manos de sus escuadrones de matones, de sus guardaespaldas de confianza, de sus vanguardias revolucionarias, de los mismo tipos que ahora tratan de acorralar a los agentes, los apalean con señales de tráfico e intentan abrasarlos con bengalas, petardos y cócteles molotov. Los separatistas y la izquierda podemita quieren que los Comités de Defensa de la República (CDR) sean agentes de la autoridad y llevan camino de conseguirlo. De seguir la deriva, en menos de lo que imaginamos pasarán de las barricadas a llevar placa y pistolón.

Podemos, un peligro para el CGPJ
Editorial ABC 23 Febrero 2021

La renuncia del Consejo General del Poder Judicial a realizar ocho nuevos nombramientos de magistrados durante esta semana reafirma los indicios de que esta vez la renovación del órgano constitucional parece cercana. Es la tercera vez en los dos últimos años que el PSOE y el PP reactivan las negociaciones para cumplir con el mandato constitucional, y lo deseable es que llegue a término. No obstante, el acercamiento entre los equipos de Moncloa y Génova quedó ayer algo enfriado después de que el PP admitiese que Pedro Sánchez ha aceptado dejar a Podemos al margen de cualquier pacto, que era una de las condiciones impuestas por Pablo Casado para afrontar la renovación. El Gobierno matizó ayer estas afirmaciones del PP, pero no las desmintió categóricamente, entre otros motivos porque es completamente cierto que el PSOE no querría ceder al partido de Pablo Iglesias ninguno de los diez vocales que debe proponer la izquierda parlamentaria. Según Moncloa, quien negocia es la coalición de Gobierno, y por tanto Iglesias no está vetado en la negociación. Pero los socialistas no pasaron de esa versión edulcorada de la realidad porque son plenamente conscientes de que los nombres de los vocales que querría imponer Podemos no van a estar en ningún caso en la lista definitiva.

De todas formas, y tratándose de una negociación tan compleja, harían bien el PP y el PSOE en no confundir a la opinión pública sobre las condiciones que ponen unos y otros para alcanzar la mayoría necesaria de tres quintas partes del Congreso. Ya en ocasiones anteriores esta negociación se frustró por una imprudente sobreactuación de filtraciones y boicots internos en ambos partidos, y sería un error que ahora ocurriese lo mismo. Y mayor equivocación aún sería que Sánchez transigiera con Iglesias, que es quien dinamitó el pasado mes de julio, con su campaña de acoso a la Monarquía, un acuerdo que estaba prácticamente cerrado. Si Iglesias está utilizando su vicepresidencia para agrietar el Consejo de Ministros y generar una inestabilidad política inédita, incluso justificativa de la violencia en las calles, cabe deducir que haría exactamente lo mismo en el órgano de gobierno de los jueces. Sobre todo, porque su único objetivo es socavar la independencia judicial para lograr que los Tribunales se sometan a su ordeno y mando. El control ideológico de los jueces es esencial para Podemos, y por eso lo auténticamente crucial para la solidez del sistema es que no acceda a una institución para cuya renovación no se necesita en realidad ni uno solo de sus votos. El régimen de mayorías establecido legalmente lo cumplen con creces el PSOE y el PP, y a ellos corresponde avanzar. Se trata de alcanzar acuerdos de Estado indispensables para España, y no de acometer un mero intercambio de cromos. Pero sobre todo se trata de que el Gobierno renuncie a esas reformas legales con las que pretende cambiar las reglas del juego a mitad de partido, y de impedir que Moncloa designe de modo arbitrario un CGPJ a su medida.

Pablo Iglesias mantuvo ayer un sospechoso silencio. En otras ocasiones, cuando es ninguneado por Sánchez, reacciona de modo virulento y de momento no lo ha hecho, lo que lo convierte de nuevo en imprevisible porque la tensión acumulada entre PSOE y Podemos no decrece. Al contrario, la nueva regulación en materia de vivienda y la negativa socialista a aprobar la ‘ley Trans’ de Irene Montero vuelven a demostrar que la fractura se agrava. El resultado es que España tiene uno de los gobiernos más inestables y anárquicos de Europa.

Podemos, PSOE, PP atacantes y destructores de la justicia.
Nota del Editor 23 Febrero 2021

Menos mal que con el abandono de la defensa de nuestras fronteras, cada vez hay más negros y por tanto meriendas de negros. Esta de la in justicia española es tremenda. Si ya es terrible depender de la valoración de algunas personas que han aprobado una oposión, una especie de canto cotorrero,  y mas grave aún sicabe dependen de los profesionales de la política y profesionales de la destrucción de España, habrá que pensar en largar velas y pedir la residencia en alguna isla del Pacífico.

Terrorismo callejero
En pocos países, como en España, la Policía es tan mansa y permisiva con el terrorismo urbano.
Jesús Salamanca. diariosigloxxi  23 Febrero 2021

En otro artículo decíamos que había mucho miserable suelto, destapado a raíz del equivocado enfoque del caso Hasél. Mencionábamos a ‘Hundidas’ Podemos y a alguna persona que habían alentado las manifestaciones en la calle, la violación del orden público y la extensión del terrorismo callejero. No han tardado en las redes sociales en apuntar con el dedo a un tal Pablo Echenique Robba quien, desde hace algún tiempo, vuelca su odio contra la ciudadanía, pero se esconde cuando prevé que le van a sobar el morro: eso hizo ayer en el Congreso de los Diputados donde, al ver subir a la tribuna Espinosa de los Monteros, aceleró el ‘troncomóvil’ de todos los españoles y abandonó el Parlamento sin comprobar los daños colaterales.

No tengo dudas respecto a que es uno de los personajes más denostados del Parlamento español en esta legislatura y al que ‘disparan’ todos los memes. Incluso se permite la licencia de desenfocar la realidad del caso Hasél, haciendo creer que se le condena por cantar, a la vez que se le priva de su libertad de expresión. La realidad es otra bien distinta: se le ha condenado por obstrucción a la Justicia, amenazas a un testigo, insultos e injurias reiteradas a la Corona y enaltecimiento del terrorismo. Entre esos “Miserables” a los que citábamos en otro artículo, estaba la tal Armengol, presidenta balear, quien maliciosamente también insistía en que iba a la cárcel por cantar. Si esta mujer fue incapaz de enterarse del caso de las niñas prostituidas en Baleares, escondiéndose e ignorando el caso, además de impedir una comisión de investigación, no me sorprende que no se entere de casi nada.

Recomiendo a la señora Armengol que vuelva a leer el párrafo anterior y compruebe que no se encarcela a un rapero sino a un DELINCUENTE y, como tal, tiene que cumplir la pena. Parece mentira que Armengol haya llegado a presidenta porque demuestra que sus conocimientos y preparación son los de un gazapo. Cuente, cuente presidenta: 50 heridos y de ellos 33 son policías nacionales sólo en Barcelona. Durante el fin de semana habrá muchos más. A eso hay que añadir que ‘Hundidas’ Podemos se está luciendo con su apoyo a las protestas, incluso las alienta a diario con el fanático pretexto de que la culpa es de la brutalidad policial. En pocos países, como en España, la Policía es tan mansa y permisiva con el terrorismo urbano.

Hoy es un hecho que Podemos es una anomalía democrática. Armengol no ha dudado en pronunciarse sobre Hasél: "No comparto que un rapero vaya a la prisión por cantar y por su libertad de expresión". La presidenta balear demuestra que es una cínica; cuando un político se empeña en algo, acaba llevándose ese estigma al otro mundo. Pero entiendo su reacción sectaria y brutalista porque en su comunidad gobierna gracias al apoyo de Unidas Podemos y de los nacionalistas de Más por Mallorca. Si levantara la cabeza el teniente Rivadulla y viera que su nieto había caído tan bajo….

Francina Armengol ha hecho suyo el discurso de sus socios de gobierno, pero sin llegar al fondo de la cuestión. Desde Podemos siguen alentando la violencia callejera y la ignorancia ha prendido en los manifestantes, incluso se ha extendido por varias ciudades españolas. Hasta hoy, el PSOE guardaba silencio porque la extrema izquierda le tiene cogido por los bajos. La indignidad y la actitud miserable se ha apoderado del socialcomunismo. La falta de valores, la falsedad y el corrompido sectarismo está enterrando a la extrema izquierda. Un dato más: sabido es que, en uno de los altercados recientes, los terroristas callejeros acorralaron a un grupo de policías y apalearon a una mujer policía ¿Han oído decir algo a la mediocre, miserable y analfabeta titular del inservible Ministerio de “Muñecas y Niñeras”?

Confío en que se aparte a Echenique de la política o su jefe le ordene dejar de ser el “bocachanclas” oficial. Aprovechando su disposición a las excentricidades, deberían ponerle en órbita y que patrulle en un dron todo el espacio aéreo del casoplón de Galapagar. Y si, una vez puesto en órbita, puede hacer que aterrice en Argentina, mejor que mejor. Por cierto, debería aprovechar el viaje para llevarse a Francina Armengol para que patrulle la Pampa.

De cómo se quiebra un país robándolo de infinitas formas
Antonio García Fuentes Periodista Digital 23 Febrero 2021

Hoy me limito a difundir una indignante noticia relativa a mi país natal, como muestra de lo que aquí ocurre lleva ya “muchísimas décadas”, que por otra parte es lo que ocurre en otros muchos países del planeta.
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PERIODISTA DIGITAL 19 Feb 2021 – 09:55 CET
LOS ‘MARQUESES DE GALAPAGAR’ SE LAS VERÍAN PARA AFRONTAR EL PAGO DE LA HIPOTECA DEL CASOPLÓN Y DE LA NIÑERA

Los motivos por los que Iglesias no se irá de Moncloa hasta que lo echen: 8 millones en sueldos y 100 asesores

Igualmente, muchos enchufados en la Administración Pública tendrían que volver a depender salarialmente de Unidas Podemos. Irene Montero también se llevaba a su asesora-niñera a los Consejos de Ministros, a cuidar a su hija

Van de farol como unos mediocres jugadores de póker.

Pablo Iglesias y su tropa de Unidas Podemos pretenden poner en jaque a Pedro Sánchez cada vez que la parte socialista del Gobierno tumba alguna de sus barrabasadas legales como la ‘ley trans’.

Sin embargo, a pesar de que los morados no soportan que se les baje el ego por parte del presidente del Falcon, lo cierto es que no pueden tampoco poner en peligro unas prebendas que hace poco más de un año siquiera imaginaban que iban a poder disfrutar.

Por eso Pablo Iglesias, Irene Montero y compañía no van a abandonar por su propio pie la holganza que les proporciona estar en el poder, así como el disfrute de pisar moqueta y gozar de despachos de maderas nobles y sillones de cuero repujado en los que, por ejemplo, la ministra de Igualdad puede celebrar sus fiestas de cumpleaños con su ‘cuchipandi’.

Para seguir sumando argumentos en pro de que Iglesias no acabará abandonando a Pedro Sánchez está el hecho de que el propio líder supremo de Unidas Podemos y vicepresidente segundo del Gobierno se vería tal vez con más de un apuro para afrontar el pago de la hipoteca de su casoplón de Galapagar.

Y no solo eso. Porque, gracias a entrar en el Consejo de Ministros, a los comunistas se les ha aligerado la nómina con más de un centenar de altos cargos y asesores colocados en los diferentes departamentos gubernamentales que ahora son pagados por ‘papá Estado’ gracias al dinero de los sufridos contribuyentes.

Tampoco es un asunto menor el que gracias a estar en el poder, Pablo Iglesias e Irene Montero se pueden permitir el lujo de tener niñera-funcionaria, a razón de más de 50.000 euros al año.

De no seguir en el gabinete monclovita, no parece que con su salario como meros diputados rasos de Unidas Podemos pudieran afrontar el coste que conlleva la misma.

ALIGERAMIENTO DE LA MASA SALARIAL EN EL PARTIDO DE IGLESIAS
El Boletín Oficial del Estado ha publicado el nombramiento de varias decenas secretarios de Estado, subsecretarios, directores generales y de Gabinete que están vinculados a la formación de Pablo Iglesias.

Además hay que añadir otros cinco vocales y 14 expertos asesores de diversos organismos del Estado.

Y la cuenta no solo se frena ahí. Entre los gabinetes técnicos y de asesoría de cada uno de los niveles administrativos de los cinco ministerios que controla Unidas Podemos han sido designados alrededor de unas 100 personas.

¿Y en qué se traduce esto? Pues muy sencillo, que ahora mismo la permanencia en el Ejecutivo socialcomunista le reporta a Pablo Iglesias un monto cercano a los 8 millones de euros en sueldos y poder disponer de un centenar de asesores.

Y tampoco es moco de pavo, precisamente, los 11 millones de euros que se pueden repartir entre los suyos correspondientes a complementos de productividad y el chollo que supone manejar cerca de 10.000 millones de los Presupuestos Generales del Estado merced a los cinco ministerios que están bajo su jurisdicción.
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Así que “usted que me lee”, como mínimo comente y difunda esta noticia, España y resto de países, “llevados de esta ignominiosa y delictiva forma; están como están, no por otro motivo que el del bandidaje que los domina”, y aunque parezca que no surten efecto “las palabras de los sojuzgados”, pero no olvidemos que la mejor y más eficaz arma con que contamos, es precisamente LA PALABRA; que es a la que más temen, “los que dicen gobernar, mientras nos roban hasta la ilusión de ser, estar y vivir donde nacimos”.

IMPORTANTE: Tengan presente que este es sólo “un caso especial”, ya que el criticado es vicepresidente del gobierno actual, el que como mayor abuso, ha conseguido que su esposa o compañera, sea ministra también, cosa que copia del también actual presidente del gobierno, que hizo a su esposa o compañera, ministra; y que en general; estas corrupciones, “son el pan nuestro de cada día, en esta España corrupta de ahora mismo, por la infinidad de casos que ocurrieron y siguen ocurriendo”.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)

La desoladora realidad de Venezuela
Orlando Avendaño. https://gaceta.es 23 Febrero 2021

Esta columna no es optimista. Es imposible, hoy, tener algo de optimismo frente a Venezuela. La realidad es desoladora. Parece, traguemos fuerte, una causa perdida.

Si me he desaparecido por un tiempo de este atesorado espacio es porque ya no hallo qué decir sobre mi país. Quería aprovechar la columna semanal para decir lo que debía y lo que no. Pero ya no hay nada que decir. Nada bueno, necesario o útil, al menos. Podemos, como haré ahora, lamentarnos y amargarnos.

El país anda a la deriva. Se consumó, parece, el proyecto que encontró resistencia en tan pocos. El resto se prestó. Se dejó utilizar por el chavismo y, entonces, se dejó engullir por el monstruo. Cobardes. Los que fingieron oponerse —y fingieron porque realmente no les convino jamás un cambio porque hay intereses, ¡sus intereses!—; y los que acompañaron el saqueo. No habrá perdón para ellos y debemos apuntarles siempre. Gozan de impunidad, pero les pesará la vergüenza y el desprecio.

El collaborationniste. El maldito cómplice. El que simuló enfrentarse al régimen, impulsó los diálogos y se aferró a las farsas electorales. Están los evidentes, los que todos identificamos con facilidad. Pero también los que, con muchísima más audacia, supieron engañar.

Hemos perdido oportunidades valiosísimas. Entre los dedos de Guaidó se esfumó la mayor que hemos tenido en veinte años. El mejor contexto, imposible de replicar, diluido entre torpezas, corrupción, miopía, egos y, por supuesto, colaboracionismo. Un liderazgo que no estuvo a la altura. Y ahora, condenado a la irrelevancia, se sacude para que lo noten. Pero a nadie le importa. Todos lo ignoran. Porque la intrascendencia es, sin duda, el destino de los fracasados.

Su mentor lo acompaña en el destino. De gira por el mundo, con su headquater en Madrid, aparenta que hace algo por nosotros. Pero ni mil reportajes rosa lograrán mercadear esa mentira. Todos sabemos que Leopoldo López no quiere ni puede salvar a Venezuela.

La hazaña de López y Guaidó es el último esfuerzo que sella un amplísimo recorrido de fracasos de la oposición venezolana. Empezó por 2002, pasó por Rosales, Capriles y ahora culmina con Voluntad Popular a la cabeza. Digo culmina porque la historia acabó. Como lamento pensar: Venezuela es, ya, una causa perdida.

En Estados Unidos, nuestro último y único verdadero y definitivo aliado, tomó posesión una administración completamente afín a los que quieren que todo siga igual. Ni soñar que el Gobierno de Joe Biden moverá un solo dedo para que el butcher de Miraflores termine en prisión —recemos, entonces, por que nos sorprenda; pero sigamos escribiendo sobre lo probable—. A Europa ni la miremos. Por allá jamás les interesó que Venezuela sea libre. Contestos, eso sí, mientras puedan disfrutar sus cubalibres en Varadero o La Habana.

Latinoamérica, si es que no la termina de tomar antes el socialismo (nuevamente), seguirá con su insoportable diplomacia, que nos está hundiendo. De comunicado en comunicado el chavismo se les está metiendo rapidito. Pobre Colombia, cuyo horizonte luce igual de desolador. Nos tocará agradecerle por siempre al señor Duque, por tanta solidaridad y hospitalidad, y decirles a los colombianos que se los dijimos, bastante, pero no nos hicieron caso.

A los argentinos, a los chilenos, a los ecuatorianos. ¡Pero, por Dios! Si para algo debía servir tanto sufrimiento, tanta sangre derramada y tanta estampida de venezolanos era para, al menos, alertar a los mirones. Pero no. Vieron, dijeron alguna frase boba, lastimera, cargada de puros lugares comunes, y se devolvieron a imitar el error que nosotros cometimos pese a que los cubanos también nos alertaron. Así que, hermanos latinoamericanos a los que hoy con soberbia les decimos “se los dijimos”, a nosotros también nos lo dijeron y con soberbia también respondimos que nosotros no somos esos que sí cae en esas cosas, que a nosotros nos va a ir mejor.

No nos fue mejor. Nos fue terrible. Probablemente, perdimos el país para siempre. Y toca, ahora, asumirlo. Construir nuestro futuro a partir de esa premisa: se perdió la libertad de Venezuela. En consecuencia, el que está afuera, el que está adentro, el que piensa en irse, y el que piensa en volver… Todos, ahora, debemos estructurar nuestras vidas, nuestras decisiones, a partir de esta desgarradora realidad. El país, y nosotros, a la deriva. Queda recordar. Y queda, sobre todo, escribir la historia de por quiénes perdimos Venezuela. A los responsables, por su nombre.

La hipocresía de la ONU
EDITORIAL. https://gaceta.es 23 Febrero 2021

De tarde en tarde, la Organización de Naciones Unidas —aquella buena idea— se empeña en recordarnos que más allá de su ineficacia y de su ineptitud burocratizada, también es sierva de ideologías concretas que no mejoran el mundo, sino que lo embrutecen y lo desgarran.

Como saben nuestros lectores, y quizá solo ellos, la ONU ha realizado un llamamiento a Gobiernos, ONG y organizaciones LGBT y feministas para que informen de todas aquellas personas, partidos, fundaciones y medios que disientan de la ideología de généro, la nueva religión dogmática de la progresía occidental y, por lo que parece, indiscutible.

Dejemos de lado la consideración que nos merecen ciertas técnicas estremecedoras de pésimo recuerdo histórico como la delación, la redacción de listas negras y la caza de brujas y centrémonos en la vergonzosa hipocresía que supone que la ONU requiera información sobre disidentes cuando los artículos 18 y 19 de la Declaración de Derechos Humanos garantizan la libertad de pensamiento y de conciencia, así como la libertad de expresión y de opinión. Parece mentira que haya que recordar a la ONU que la misma Declaración reconoce el derecho a no ser molestado por causa de las opiniones informadas y libérrimas. Pero que sea la propia ONU la que persiga disidentes de la verdad oficial y de la corrección política limitadoras del pensamiento, va más allá de la vergüenza.

La perplejidad que nos causa que, a buen seguro, el nombre de La Gaceta de la Iberosfera y los de los periodistas que en este medio escriben estén incluidos en una lista negra de algún oscuro despacho de Naciones Unidas, no conseguirá doblegarnos. La ideología de género —que desgarra el tejido social y que ataca el elemento natural y fundamental de la sociedad como es la familia (artículo 16 de la deshonrada Declaración)— y el consenso socialdemócrata que la ampara, merecen ser combatidos con información, análisis y opinión. Y sin miedo.

«Que si ellos tienen ONU, nosotros tenemos dos», como dejaron escrito los españoles en cierta ocasión.

TEME POR SU VIDA
Didier Lemaire, el penúltimo profesor perseguido en Francia por denunciar la amenaza del islamismo
https://gaceta.es 23 Febrero 2021

En estas páginas ya han podido leer que la influencia del islam en la educación francesa va en aumento y se alimenta de un sistema que desprecia la identidad nacional y prioriza la defensa del multiculturalismo. A ello cabe sumar la persecución a aquellos profesores, una minoría, que alertan del peligro para Francia que significa que buena parte de los musulmanes ya antepongan su propia ley islámica a las leyes de la República.

El penúltimo perseguido es Didier Lemaire, un profesor de filosofía que alertó de que el islamismo ya está ganando la batalla en el pueblo donde trabaja, Trappes. “Y esa victoria no es un caso aislado…”, añadió. Ahora teme por su vida, vive protegido por policías las 24 horas del día y se ha retirado de la enseñanza por su seguridad, la de sus alumnos y la de sus compañeros. “Quizá sea razonable que deje de enseñar. Es una evidencia: los islamistas han ganado la batalla en Trappes. Y en otras ciudades francesas. Y tardará mucho tiempo, serán necesarios muchos hacer esfuerzos, antes de hacerlos retroceder, vaya usted a saber cuando”, ha dicho, según recoge ABC.

La razón es que Lemaire decidió abordar con sus alumnos la libertad de expresión y el odio cultural tras la decapitación por parte de un islamista del profesor de historia y geografía Samuel Paty el pasado mes de octubre por haber enseñado en clase las caricaturas de Mahoma en clase. Ahí descubrió que buena parte de sus alumnos simpatizaba con el supremacismo islamista y lo decidió denunciar ante la dirección del instituto y otras altas instancias.

Tras conocerse la denuncia, se convirtió en el enemigo principal del islamismo y recibió el ataque directo del alcalde izquierdista de la ciudad, Ali Rabeh, de origen marroquí, que cuenta con el apoyo de Jean-Luc Mélenchon, líder de la extrema izquierda francesa.

Lemaire condenó también la autocensura de los profesores, una tesis apoyada en la oposición del 100% de los maestros a que el colegio de Paty llevará su nombre por el temor de los miembros del colegio a convertirse en “objetivos” del terroristas, y recordó que islamismo está corrompiendo una parte del tejido social de la periferia de algunas grandes ciudades en Francia.

El profesor ha manifestado que “la lucha contra el islamismo será larga”, aunque el proyecto de Ley del Gobierno de Emmanuel Macron pueda ser “un buen primer paso”.

La pasada semana, la Asamblea Nacional Francesa aprobó dicho proyecto de ley para “reafirmar los principios republicanos”, y garantizar la libertad de culto y la neutralidad del Estado ante la cuestión religiosa, pero Macron, que denunció públicamente la amenaza del separatismo islamista, se negó a señalarlo directamente en la nueva legislación.

La ley, entre otros puntos, refuerza el control de mezquitas y asociaciones para asegurarse de que respetan los principios republicanos, y prohíbe la educación en casa a partir de los tres años para evitar que los jóvenes musulmanes crezcan a la espalda de la ley francesa.

Para explicar lo inexplicable: Lenin o el mal absoluto
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 23 Febrero 2021

Libertad Digital publica en exclusiva el prólogo de Federico Jiménez Losantos a la biografía de Lenin elaborada por el escritor francés Stéphane Courtois que se acaba de publicar en español.

Prólogo
Esta biografía de Lenin, que es también la primera biografía no autorizada del totalitarismo, no puede resultar más actual, más necesaria y, al mismo tiempo, más triste, si observamos lo que sucede en todo el mundo y muy especialmente en España. El totalitarismo, que es la forma moderna y devastadora de una dictadura sobre todos los aspectos de la vida pública y privada, sobre cuerpos y mentes, sobre vocabulario y conductas, está más generalizado que nunca, pero no por una malsana democratización, ni por un populismo despótico generalizado; la metástasis global del cáncer totalitario, con una terrible velocidad de propagación a través de internet y las redes sociales, va más allá de la matonería tribal. En muchos aspectos, es inseparable de la supervivencia del leninismo y de la ocultación de su carácter totalitario.

Dicho de otro modo: el leninismo está en las cancelaciones y pro­hibiciones culturales por motivos políticos, en el asesinato civil y la denigración de ideas y personas por lo mismo, en los aparatosos movimientos cíclicos de opinión que unos medios de comunicación convertidos en jueces, abogados, fiscales y verdugos imponen sobre lo que se debe pensar sobre el clima (o serás terraplanista), sobre la mujer (o serás violador), sobre los animales (o serás torturador) sobre la historia (o serás fascista) o sobre cualquier cosa que divida a la sociedad y obligue a someterse a lo indiscutible, so pena de muerte civil (por negacionista). Puro Lenin.

En el prólogo, Stéphane Courtois plantea con nitidez las dos cla­ves en que se basa la supervivencia moral de Lenin, que es también la del comunismo: una, dejarlo al margen de Stalin, mero accidente en el sendero luminoso leninista; otra, el afán académico en no considerarlo como lo que es: no solo un totalitario sino el creador del primer tota­litarismo, modelo de los que le siguieron.

Definiciones del totalitarismo
Courtois recuerda, como editor y autor de El libro negro del comunismo, el texto de Nicolas Werth, luego desertor de su obra, sobre la paternidad de Lenin en el sistema desarrollado después por Stalin, que cabe resumir en cuatro puntos: 1. El monopolio de lo político por un partido único, dirigido por un jefe carismático, convertido en un Partido-Estado por absorción de las prerrogativas gubernamentales y administrativas del Estado en beneficio del partido; 2. El monopolio de una ideología que dirige el conjunto de las ideas en todos los ámbitos —filosofía, ciencias, historia, etc.— y los medios de su difusión a través de la prensa, la edición, la enseñanza, los medios de comunicación, etc.; monopolio asegurado por una censura generalizada; 3. El monopolio del Partido-Estado sobre todos los medios de producción y de distribución de bienes materiales, en razón de la supresión de la propiedad privada; y 4. El terror de masas utilizado como procedimiento de gobierno. Y esas cuatro características se pueden ejecutar con mayor o menor intensidad, según el momento

Una definición aún más precisa es la de Emilio Gentile (2001), que sirve para el comunismo, el fascismo mussoliniano y el nazismo hitleriano: el fenómeno totalitario puede definirse como una forma nueva, inédita, de experiencia y poder político aplicada por un movi­miento revolucionario que profesa una concepción integrista de la política, que lucha para conquistar el monopolio del poder y que, una vez conquistado por vías legales o ilegales, dirige o transforma el régimen preexistente y construye un Estado nuevo, fundado en el régimen del partido único y en un sistema policiaco y terrorista como instrumento de la revolución permanente contra los “enemigos interiores”. El objetivo principal del movimiento totalitario es la conquista y la transformación de la sociedad, a saber, la subordinación, integración y homogeneización de los gobernados, basándose en el principio de la primacía de la política sobre cualquier otro aspecto de la vida humana. Esta es interpretada según las categorías, mitos y valores de una ideología palingenésica, dogmatizada en forma de una religión política que pretende modelar al individuo y a las masas mediante una revolución antropológica para crear un nuevo tipo de ser humano dedicado exclusivamente a realizar los proyectos revolucionarios e imperialistas del partido totalitario. Se trata de fundar, a largo plazo, una nueva civilización de carácter supra nacional y expansionista.

¿No sirve esta minuciosa definición de totalitarismo para el expansionismo chino y ruso de hoy o para el “socialismo del siglo xxi”, convertido en narcotriángulo Caracas-FARC-La Habana? ¿Y no nos ayuda a pensar lo que amenaza hoy a España?

La ceguera de Occidente
Jruschov, en su condena de Stalin en 1956 y para no deslegitimar el sistema que heredaba, salvó a Lenin de toda relación con Stalin, que fue su sucesor y continuador. Era un recurso astuto pero previsible. Lo malo fue que Occidente, tras su alianza con la URSS en la Segunda Guerra Mundial desde 1941 y olvidando la alianza de Stalin con Hitler desde 1939, que duró hasta que Hitler le atacó, asumió esa superchería. Tanto, que la definición académica de “totalitarismo” por Hannah Arendt deja fuera a Lenin, pese a la evidencia de que lo creó precisamente él.

Sin crueldad, pero con claridad, Courtois señala cómo incluso Annie Kriegel (a la que, junto a su esposa, dedica este libro) y eminentes intelectuales antiestalinistas franceses evitan el término “totalitarismo” en un gran libro colectivo sobre Lenin. Ante todo, había que evitar la equi­paración de comunismo y nazismo. Ayer y hoy, el comunismo nunca puede ser lo peor: tiene que ser lo menos malo. Ese es su triunfo.

Esta biografía de Lenin, que se pretende humilde, sin descubrir más fuentes que las ya existentes —Volkogónov, Service, Conquest, Pipes— es, sin embargo, una herramienta teórica fundamental para los que pretenden separar líderes y épocas del comunismo, y también para relativizar la mentira y el terror que lo definen, que “no puede ser tan malo como lo pintan”. Y, por si acaso, no lo estudian. También ayuda a entender su resurrección a cargo de una inmensa legión de profesores y periodistas instalados en las universidades de élite y los medios de comunicación americanos; obesa, que no famélica legión simiesca­mente imitada en todo el mundo.

Y es que desde la creación por Lenin de la Komintern, recorrie­ron las aulas de Occidente (nunca las fábricas, cubiles del revisionismo socialdemócrata) ejércitos cazafantasmas promoviendo “movimientos” por la Paz, contra la energía atómica, el colonialismo, o lo que conviniera a Moscú. La técnica es idéntica un siglo después: unos intelectuales “progresistas”, siempre los mismos y que no se dicen comunistas, aunque lo sean, denuncian injusticias atroces, a veces desde el neolítico, para alborotar hormonas estudiantiles y reclutar pro­fesores. Y junto a periodistas de izquierdas imponen lo que hoy se llama “la agenda”: hablar de lo que ellos quieren y como quieren que se hable. En un mundo mucho más rico que hace cien años, el apo­calipsis resulta más barato: se trata de liberar a la mujer, incluso donde está liberada; de combatir el racismo, hasta donde está prohibido el racismo, y de cambiar el clima siguiendo a una adolescente pirada que insulta al mundo en la ONU como una Juana de Arco arrojada a la subvención en vez de a la hoguera. Pero, insisto, es la misma fórmula que en los años 60 del siglo XX daba por muerta de hambre y sed a la Humanidad si la Tierra sobrepasaba los 1.000 millones de habitantes, la que imponía el “hijo único” en China o intentaba la esterilización masiva en las mujeres del Tercer Mundo. Son los que atacaban las antinucleares como ahora el carbón, los que condenaban los pantanos como ahora el diésel, las que quemaban sujetadores y hoy son free-nipples, los que reinventaban la Iglesia tras quemar los templos, para salvar nuestras almas incluso fusilando nuestros cuerpos. Porque, hoy como ayer, son los Amos de la Historia. Solo los hijos de Lenin saben el sentido en que debe avanzar, nunca retroceder, porque el progreso no debe detenerse. Ayer era ciencia y hoy humanidad; ayer mal necesario y hoy bien irrechazable, pero la fórmula es la misma: yo miento, tú obedeces.

La sinécdoque, alma del leninismo
Courtois, para purgar sus pecados comunistas de juventud, ha releído la infinita obra de Lenin —más notas que hojas, más artículos que libros— y ha encontrado la clave de su razonamiento: la sinécdoque, que es tomar la parte por el todo, y hacer que las cosas sean como queremos decir que son. Los primeros textos anónimos del joven Uliánov —como el famoso informe de Engels sobre la clase obrera británica manipulando los “Libros azules” del Ministerio de Industria, a partir del cual funda Marx su absurda tesis del empobrecimiento siempre creciente de la clase obrera— son arbitrarias extrapolaciones camufladas en un montón de estadísticas. Un remedo de ciencia que sirve para argumentar lo que uno se proponga: declarar obreros a los campesinos, medio ricos a los pobres y siervos a los proletarios libres. Mao hizo lo mismo en su primer informe sobre una lejana provincia rural. ¿Quién iba a discutir en Moscú el informe? Y Mao se convirtió en teórico marxista-leninista.

Tanto tiempo y tantos muertos después, vemos a Pablo Iglesias en televisión susurrando: “Yo no quiero ninguna dictadura; lo que quiero es que los niños no tengan que buscar comida en los cubos de basura de los hoteles de cinco estrellas”. La mayoría de los hoteles no son de cinco estrellas, raros son los niños que rebuscan en los cubos de basura —mentira aireada por el New York Times— y ningún niño ha muerto de hambre en España desde hace muchas décadas, pero Iglesias, típico leninista, aplica la sinécdoque: presenta la parte como todo y la anéc­dota como categoría. Así presume de superioridad moral mientras de­fiende la hambruna mortal en su Venezuela, donde sí que hay miles de niños buscando comida en la basura.

“El comunismo es necesario —dirán Iglesias, Zizek, Badiou y los Tenores del Gulag— para que los niños nunca más tengan que buscar comida en la basura”. Lo de menos son los niños, víctimas de las hambrunas provocadas por Lenin, Stalin o Mao, cuando las familias cambiaban a los niños para no devorar a sus propios hijos muertos. La clave totalitaria es el nunca más. El leninismo es, por definición, irreversible. Después de Lenin, el mundo se divide entre los que están dispuestos a rectificar y los empeñados en rectificar a todo el mundo.

El libro de Courtois avanza como una película clásica: al principio, todo es tranquilo, somnoliento, descriptivo y próspero en el hogar donde viene al mundo Vladímir Ilich Uliánov, brillante en clase, abusón en casa. Y luego se precipita por los acantilados del terrorismo ruso, inseparable del empeño del joven Vladímir en no trabajar nunca para ganarse la vida. El líder de la clase obrera vivirá de rentas familiares y sobresueldos del partido. Es abstemio y patológicamente casto, al modo de Netchaev, y Courtois recoge la opinión de Trotski, que lo conoció bien y lo declara indiferente al sexo. Acaso con Inessa Armand y cierta prostituta francesa a la que la Tcheka compró su silencio, juga­ría a algo poco convencional. Pero el deseo que consume a Lenin es el de un poder ilimitado, totalitario. Fue muy miedoso y jamás pisó el frente, pero nadie animó tanto a matar.

Pero tras los engañosos remansos juveniles y el precipicio terroris­ta, después de las peleas con Plejánov o Mártov y la lotería de la Primera Guerra Mundial, llega el Lenin bolchevique que, en mes y me­dio, pone en pie el sistema que durará casi un siglo en Rusia y más de un siglo en todo el mundo. Son las páginas más minuciosas de Courtois, que describen cómo la fría maldad de Lenin utilizó la fuerza y el engaño para destruir la democracia rusa. La que ya apuntaba tras la abdicación del zar y debía reforzarse decisivamente con las elecciones a la Asamblea Constituyente, que Lenin, pensando siempre en enmendar los fallos de Robespierre, boicotea y cierra a toda velocidad.

El proceso totalitario en Rusia comenzó ilegalizando ilegalmente a los kadetes, siguió con los mencheviques y anarquistas y terminó triturando a los social-revolucionarios, a los que divide, roba el programa y aniquila. Y todo muy rápido, para impedir la reacción. Cada vez que un representante del pueblo le molesta, Lenin anula su elección; si una asamblea le estorba, crea otra paralela en su lugar. Sí: lo mismo que Maduro en Venezuela. Lo asombroso del comunismo no es cómo se diferencia según los países y las épocas, sino cómo se parece al de Le­nin, primus totalitarius antecessor, al que todos imitan después, empezan­do por Mussolini y, sobre todo, Hitler.

El inexplicable triunfo de la mentira comunista
En el último capítulo del libro, Courtois se pregunta: ¿cómo explicar la existencia del comunismo, que después de tanto dolor, de cien millones de víctimas, de tanta ruina económica y moral, haya gente, sobre todo en el ámbito académico y mediático, dispuesta a creer y defender esas patrañas? Solzhenytsin, subraya el biógrafo de Lenin, decía que lo peor del comunismo es la mentira, que lo impregna todo, corrompe a todos y destroza al que pretenda defender la verdad o decir su verdad. Le esperan la represión y el asesinato civil en los regímenes comunis­tas; la marginación profesional en los que no lo son, pero donde la izquierda, leninista siempre, se impone.

Uno tiende a pensar, como los centenares de intelectuales expulsados de Rusia por el tirano bolchevique, que hay una maldición metafísica en el comunismo que explicaría el triunfo de la mentira sobre la verdad y a la que parece imposible vencer, pero ante la que de profundis, como aquellos rusos, cabe luchar. Lo único eficaz contra el comunismo es la insistencia, la decisión de combatirlo siempre, aun a costa del aislamiento y la marginación social.

Recuerdo la última vez que vi a Courtois, en un encuentro auspiciado por el CEU sobre los crímenes del comunismo, al fin condenados por la Unión Europea. Era un día de lluvia oscura, más de Moscú que de Madrid, y en torno a una mesa, con Julia Escobar, Ymelda Navajo y Berenice Galaz, dijimos que había que traducir este libro extraordina­rio porque, si no, nadie lo haría. Courtois, Ymelda, Julia y yo compartimos estar vacunados de leninismo, y la Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de la República Francesa y gran escritora que es Julia Escobar se ofreció a traducir de inmediato la gran biografía del hombre más malo del mundo que, según una testigo de su periplo vital, o sea, criminal, “tenía los ojos de los lobos”.

Ymelda aceptó, pero me pidió un prólogo, que aquí está, espero que sin desmerecer demasiado de la traducción y del original. Y tras el acuerdo, que Courtois aceptó con sonrisa incrédula, nos fuimos a la mesa redonda, que era, naturalmente, rectangular. Allí, ante un aula magna atestada —y era sábado—, Courtois terminó su intervención pidiendo disculpas por tener que irse al aeropuerto, camino de la Ucrania que evoca en el prólogo, o Bielorrusia, o Polonia, u otro país donde el comunismo no sea solo la ideología más criminal de la Historia sino el epitafio en una tumba familiar. Entre aplausos, Courtois se abrochó la pelliza, se echó al hombro el carterón, agitó a modo de adiós su gorro ruso y se perdió en la lluvia oscura del invierno. Era un sobrino de Turguéniev con más suerte en el amor. Era uno de los nuestros, de los que nunca aceptarán los “excesos” de Stalin sin recor­dar que fueron, como hoy las masacres de Maduro, hijos de Lenin.

Es un honor contribuir, en muy modesta medida, a difundir uno de los mejores libros que se han escrito nunca sobre el peor hombre de todos los tiempos.

Stéphane Courtois Lenin. El inventor del totalitarismo, prólogo de Federico Jiménez Losantos, traducción de Julia Escobar, La Esfera de los libros, Madrid, 2021, 532 páginas.

A Lenin lo que es de Lenin
Julia Escobar Libertad Digitall 23 Febrero 2021

Lenin es el descubridor del totalitarismo, estructurado y puesto en práctica por el comunismo mediante el terror de masas, el líder carismático, el monopolio del partido sobre los medios de producción y distribución de los bienes materiales y la censura de todos los medios de expresión.

Después de la pionera y polémica experiencia del Libro negro del ­comunismo (1997), obra colectiva que él dirigió y cuya traducción al español, en 1998 fue la primera que se hizo del mismo, Stéphane Courtois, historiador, director honorario de investigación del CNRS y autor de una treintena de libros, nos ofrece ahora una biografía de Lenin, cuyo título no llama a engaño: Lenin. El inventor del totalitarismo. Con ella, ha emprendido la ingrata tarea de consolidar, frente a la comunidad académica de historiadores, a la que pertenece, y frente a la más amplia, y esperemos que más agradecida de los lectores, sus dos tesis más provocadoras, sugeridas ya en la obra antes citada, y controvertidas, incluso por aquellos que, en principio, parecían o deberían ser partidarios de ambas.
Stalin, Lenin y Kalinine en 1905

La primera está contenida ya en el título: que Lenin fue el inventor del totalitarismo. Nadie duda que la tiranía, el despotismo, el absolutismo, llámeselo como se quiera, es viejo como el mundo (nihil novi sub sole). Como recuerda José Jiménez Lozano, “el primer totalitarismo del mundo es el del rey Nimrod que quiso alzarse contra el cielo construyendo una torre para que todos hablaran igual y tuvieran los mismos pensamientos”. Por así decirlo, el totalitarismo ya estaba ahí, como también estaba América en su sitio antes de que la “descubriera” Cristóbal Colón, o sea, antes de que la señalara con el dedo, le diera nombre y la localizara, poniéndola, nunca mejor dicho, en el mapa y haciéndola accesible a todos.

Eso es precisamente lo que ha hecho Courtois con este libro: poner el totalitarismo inventado por Lenin en el mapa político, como explica muy bien Federico Jiménez Losantos en el prólogo («Para explicar lo inexplicable: Lenin o el mal absoluto»), y a cuya difusión contribuirá sin duda él con su propia obra, pues con sus libros, Memoria del comunismo y La vuelta del comunismo, Jiménez Losantos es quien, desde todos los medios a su disposición, más ha hecho y hace para sensibilizar y sacar a los españoles, obnubilados y acomplejados por el antifranquismo, de la suicidaria indiferencia ante una amenaza que se está convirtiendo en un peligro inminente.

Conviene aclarar esto, porque, como decía Galdós, las palabras rigen el mundo, no las ideas, y la gente se pierde fácilmente en sutilezas semánticas olvidando lo mollar. Sin desdeñar las significativas enseñanzas del pasado al respecto –la Revolución francesa, la Comuna–, el totalitarismo leninista que nos describe Courtois es el que conocemos y padecemos todavía, y fue estructurado, instrumentalizado y utilizado como forma de gobierno, no por “el malvado” Stalin, y los no menos monstruosos Mussolini o Hitler, por mucho que estos últimos lo perfeccionaran, si no por el “gran intelectual” llamado Lenin. Es en este sentido en el que Lenin es el descubridor del totalitarismo, tal y como lo padecieron y aún lo padecen muchos, desde entonces, estructurado y puesto en práctica por el comunismo mediante el terror de masas, el líder carismático, el monopolio del partido sobre los medios de producción y distribución de los bienes materiales y la censura de todos los medios de expresión. Aquí está contenida la definición del régimen totalitario inventado por Lenin entre 1917 y 1922, como explica Courtois en esta biografía.
Entre el 1 de enero de 1935 y el 22 de junio de 1945 fueron fusiladas 7 millones de personas, o sea, un millón al año

La segunda tesis, y otro gran punto de controversia, de muy difícil asunción incluso para amplios sectores conservadores, es la comparación entre el comunismo (primera doctrina en estructurar e implantar el totalitarismo como método de poder), el fascismo de Mussolini y el nacional socialismo de Hitler que lo imitarían y desarrollarían después, aplicándolo a sus respectivas políticas e ideologías en toda su esplendente e idiosincrásica siniestrez, como Courtois demuestra cronológica y documentalmente en este libro a través del estudio pormenorizado de la vida de Lenin y apoyado por testimonios de muchos contemporáneos e de grandes historiadores como Richard Pipes, Orlando Figes, Sebag Montefiore, Robert Conquest, entre muchos otros.

Esto nos lleva a otro de los más inquietantes interrogantes que plantea su autor, me refiero al sorprendente hecho de que, así como Mussolini y Hitler cayeron para no levantarse más –por mucho que se empeñe la izquierda en intentar resucitarlos, a fuer de imitarlos– y pagaron en su día por sus crímenes, no ha ocurrido lo mismo con esos otros grandes asesinos de masas que son los comunistas, ni siquiera tras la caída del muro de Berlín, en 1989, ni la implosión de la Unión soviética, en 1991, crímenes que siguen impunes y, aunque ya en menor medida, son jaleados e imitados en la época actual en amplias regiones de este democrático mundo. Para poner en su sitio al comunismo, y ya que hablamos de sus crímenes, recordemos que, según un informe ministerial de la URSS de 1956, sólo entre el 1 de enero de 1935 y el 22 de junio de 1945 fueron fusiladas 7 millones de personas, o sea, un millón al año, mientras que en el reinado de Alejandro II fueron ahorcados en Rusia 70 presos políticos. Imagínense la industria de la muerte necesaria para fusilar a 7 millones de personas…
Portada del libro

Courtois analiza la vida de Lenin, paso a paso, con un rigor documental que impide cualquier duda al respecto. Las interpretaciones psicológicas sobre la perturbada personalidad de Lenin, basadas en los traumas que le produjeron la temprana muerte de su padre, primero, y la ejecución de su hermano mayor, poco después, por el atentado frustrado al zar podrán o no, convencernos, pero permiten entender, en parte, el odio y el rencor hacia la familia imperial de ese pequeño aristócrata de provincias, así como su deseo de venganza, satisfecho con una crueldad que ha creado escuela.

Por eso, es de gran importancia el análisis que hace Courtois de las influencias literarias en la doctrina leninista (y en la intelligentsia y el movimiento revolucionario ruso en general), su fascinación por Padres e hijos de Turguéniev, el papel que juega la novela panfletaria de Chernychevski ¿Qué hacer? en la siniestra teoría leninista de «conducir con mano de hierro a la humanidad hacia la felicidad», así como su odio por el único escritor que les había calado en profundidad, que lo había visto y comprendido todo, me refiero a Dostoievski. La larga lista de crímenes, atrocidades y cadáveres dejados por el laborioso asalto al poder; la relación y el retrato de los secuaces y bandoleros que le apoyaron y sucedieron en esa pesadilla, empezando por los más conocidos, Trotsky, Stalin; la reproducción del testimonio literal de numerosos autores, víctimas y testigos de la infamia, la amplia bibliografía mencionada en el propio texto y en las más de mil notas a pie de página, las citas pormenorizadas de todos ellos, convierten a este magnífico libro en una fuente documental imprescindible y en una suerte de proceso a lo que Robert Conquest llamaba, «el feroz siglo XX».

Stéphane Courtois Lenin. El inventor del totalitarismo, prólogo de Federico Jiménez Losantos, traducción de Julia Escobar, La Esfera de los libros, Madrid, 2021, 532 páginas.

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Los responsables de la impunidad
Cayetano González Libertad Digitall 23 Febrero 2021

O desautoriza públicamente la actitud de Podemos o las palabras de Sánchez se las lleva el viento.

Lo que se ha visto y padecido estos últimos días en Cataluña –especialmente en Barcelona– y en otros puntos de España con la actuación de grupos violentos no tiene ningún precedente en nuestra todavía joven democracia. Ni la mal llamada kale borroka (violencia callejera), que tuvo su auge en la década de los años 90 en el País Vasco, se puede comparar, cualitativamente hablando, con lo de esta pasada semana.

La diferencia fundamental radica en el hecho de que ahora los poderes públicos –Gobierno de la Nación y Gobierno de Cataluña– son, por acción o por omisión, responsables de ese clima de violencia. Si en el Gobierno de España hay un vicepresidente que no ha condenado esos actos de violencia y no ha desautorizado al portavoz de su grupo parlamentario, Pablo Echenique, por el tweet en el que de alguna manera se podía interpretar que aprobaba esas actuaciones, entonces el sistema democrático tiene un problema, que no es otro que el hecho de que el Gobierno en su conjunto, y no solo la parte podemita, es cómplice de la situación. Por cierto, las declaraciones realizadas este lunes por el portavoz de Podemos diciendo que claro que condena los actos violentos huele más a una maniobra personal de protección ante posibles acciones judiciales que a una rectificación sincera.

No es suficiente con que el presidente del Gobierno –cinco días después de que empezara ese terrorismo callejero en Barcelona, Gerona, Tarragona, Lérida, Madrid o Valencia– hiciera una condena de esa manera. O desautoriza públicamente la actitud de Podemos o las palabras de Sánchez se las lleva el viento.

Pero además está la competición abierta entre los partidos independentistas de Cataluña que conforman el actual Gobierno en funciones de la Generalitat para ver quién es más crítico con la actuación de los Mossos y quién corteja mejor con esa postura a los radicales y antisistema de la CUP, a los que necesitan para la formación del próximo Gobierno. Es un auténtico dislate que desde el Ejecutivo catalán se ponga en duda, por razones políticas y partidistas, la labor de quienes están encargados de velar por el orden público. Esa actitud demuestra en qué manos ha estado y puede seguir estando Cataluña. También es verdad que, cuando los ciudadanos votan –y los catalanes lo acaban de hacer–, deberían tener en cuenta todas las circunstancias. Si lo que se ha visto estos días es lo que quiere una mayoría social en Cataluña, entonces el problema lo tienen ellos, aunque luego lo paguen, por ejemplo, los dueños de los comercios que han sido saqueados.

Cuando en una sociedad no impera el cumplimiento de la ley, y el Estado o sus poderes legítimos renuncian a o ponen en duda la utilización legítima de la fuerza para hacer frente a quienes quieren saltarse la ley utilizando la violencia, se da paso al caos, al desgobierno y a la impunidad. Si detrás de todo eso están los Gobiernos y algunos de los partidos que los conforman, entonces el problema se agrava y tiene una muy difícil solución.

Pedro Sanchez, como presidente del Gobierno de España, no puede mirar para otro lado y conformarse con una condena genérica de la violencia. El problema lo tiene dentro de su Gobierno, que es el que quiso formar con Podemos, y con sus socios de investidura, entre los que están lo mejor de cada familia, como ERC o Bildu. No destituirá a Pablo Iglesias, como le pide el PP o Ciudadanos, pero que no tenga ninguna duda de que esta situación ya le salpica a él. Los ciudadanos, aunque estén muy cansados y de alguna manera anestesiados con el año tan raro por mor de la pandemia, saben perfectamente quién nombró a Iglesias, quién pactó la coalición con Podemos y quién está consintiendo cosas que degradan nuestra convivencia y nuestro sistema democrático.

La decadencia de Cataluña
Alejandro Tercero cronicaglobal 23 Febrero 2021

En los últimos años somos testigos de la inexorable decadencia de Cataluña. Somos espectadores en primera persona de la autodestrucción de una sociedad que parece que se aburrió de su prosperidad.

En las décadas que sucedieron a la recuperación de la democracia, Cataluña experimentó una bonanza sin precedentes en su historia. Todo ello a pesar de Pujol. De hecho, el régimen pujolista --que introdujo el nacionalismo catalán hasta el tuétano de esta colectividad-- es uno de los elementos que más han contribuido a acelerar el ocaso que hoy sufrimos.

El legado de Pujol fue el procés, una sinrazón absurda e inútil capitaneada por los líderes más incompetentes que pudiéramos imaginar. Los Artur Mas, Carles Puigdemont, Quim Torra, Oriol Junqueras, Rafael Ribó, Gabriel Rufián, Laura Borràs, Marta Rovira, Toni Comín y compañía no tienen parangón en el ámbito autonómico ni nacional.

A ello se sumó una burguesía cobarde que fue incapaz de plantar cara --o lo hicieron demasiado tarde y con excesiva laxitud-- a los que se dedicaban a agujerear con fruición el casco del barco en el que todos navegábamos a la deriva.

Mientras el centro del mundo se desplaza a Asia, y Europa se esfuerza por reinventarse para encontrar un sitio en el nuevo orden global, en España gastamos las energías en discutir sobre el sexo de los ángeles, arrastrados por los nacionalismos periféricos y los populismos adanistas.

La poca industria que teníamos se desmantela a marchas forzadas, un fenómeno que es especialmente intenso en Cataluña --otrora envidia del resto del país--, que será muy difícil de revertir y que se suma a la fuga de empresas que nos trajo el procés. Cataluña se convierte en un paraíso okupa. Los antisistema controlan el Ayuntamiento de Barcelona. Los independentistas llenan sus listas con lunáticos y, tras sumar mayoría el 14F, se preparan para seguir gobernando --con la CUP-- contra media Cataluña y contra el resto de España. Y los medios de la Generalitat siguen alimentando el discurso del victimismo y del “puta España”.

Entre tanto, nuestros líderes políticos son devorados por los complejos: Pedro Sánchez se echa en manos de la izquierda radical --que defiende un inexistente derecho de autodeterminación de las CCAA y el engendro falaz de la “España plurinacional”-- y del independentismo extremista de ERC para apuntalar su Gobierno --con el horizonte de los indultos de la vergüenza a tiro de piedra--; y Pablo Casado pacta con la extrema derecha de Vox en las CCAA y se avergüenza de las cargas policiales del 1-O ordenadas por la justicia para defender la integridad territorial --pese a ser, probablemente, la mejor y más trascendente actuación del Estado en toda la democracia--.

Los disturbios y saqueos de los últimos días son solo un síntoma más de la descomposición de la sociedad catalana. En realidad, la violencia es habitual en Cataluña. Hace años que la padecen partidos y políticos constitucionalistas, medios y periodistas no nacionalistas, jueces y fiscales. Y hace también mucho tiempo que masas descontroladas y agresivas toman las calles periódicamente de forma impune.

Es imposible que se respete la autoridad de los Mossos d’Esquadra cuando hace lustros que se les tritura por hacer uso de la fuerza que la ley les atribuye --también desde el propio Govern--. Y todavía es más difícil cuando se aplaudió que se pusieran de perfil --e incluso colaborasen con los amotinados-- en otoño de 2017, ante el mayor desafío que ha afrontado la democracia española.

Las señales inequívocas del hundimiento de Cataluña no son nuevas. Sorprenderse ahora roza el cinismo.

Buena suerte, y disfruten de lo votado.

21 años sin Fernando Buesa
Rosa Díez okdiario 23 Febrero 2021

Hoy se cumplen 21 años desde que ETA asesinó a Fernando Buesa explosionando un coche bomba cuando, acompañado del joven ertzaina Jorge Díez, se dirigía desde su casa hasta su despacho en el Parlamento. Fernando Buesa había sido Vice-lehendakari y Consejero de Educación en el Gobierno de coalición entre el PSE-EE y el PNV. Antes fue Diputado General de Álava. Cuando ETA lo asesinó era Diputado y Portavoz Socialista en el Parlamento Vasco y Secretario General del Partido Socialista de Euskadi en Álava.

Por eso de que recordar es un deber, hagamos memoria sobre qué hizo cada cual en aquellos momentos y sobre cómo hemos llegado hasta aquí.

Un mes antes ETA había roto 14 meses de tregua “unilateral” asesinando con un coche bomba al teniente coronel Blanco. En ese momento el PNV gobernaba con el apoyo de Euskal Herritarrok. Y no rompió el acuerdo.

Cuando ETA rompió la tregua, el Gobierno Vasco se negó a reinstaurar el sistema de escoltas y protección que había retirado a los amenazados -entre ellos a Buesa- cuando ETA declaró la tregua. Durante la tregua “unilateral” siguieron apareciendo en Vitoria pintadas amenazantes contra Fernando Buesa.

Cuando se produjo el atentado que costó la vida a Fernando Buesa, el Lehendakari, Juan José Ibarrexe, se encontraba a escasos 200 metros del lugar en el que estalló el coche bomba. Pero no sólo no se acercó al lugar del atentado sino que tardó cinco horas en hacer pública su condena.

El Lehendakari tardó semanas en llamar a la viuda de Buesa y a los padres de Jorge Díez.

Quien era el Portavoz del Gobierno Vasco, Josu Jon Imaz, se acercó ese día por la noche a la sede del PSE en Vitoria. Yo salí a recibirle. Me dio el pésame con estas palabras: “Lo sentimos mucho, Rosa… lo sentimos… como si fuera de los nuestros…”

El lehendakari no se acercó a la sede socialista ni se personó en la concentración de condena celebrada horas después del atentado.

Cuando se celebró el funeral por Fernando Buesa, el lehendakari se marchó de la iglesia por la sacristía, antes de la salida del féretro.

El 26 de febrero a las 18 horas la familia convocó una manifestación con el lema “BASTA YA. ETA NO”. La manifestación fue sobre todo silenciosa y transcurrió entre aplausos y gritos de “Libertad” y “ETA No, Basta Ya”

Aunque el hijo de Fernando Buesa pidió al Lehandakari que se sumara a la marcha, el PNV trató de convertir la movilización en contra de ETA en un plebiscito a favor del Lehendakari y convocaron otra manifestación que partió a las cinco de la tarde y en la que se corearon incesantemente consignas a favor del Lehendakari Ibarretxe.

En esos días, un periodista preguntó a Javier Arzalluz qué sentía tras el asesinato. Esta fue su respuesta: “Bueno… era socialista… pero formaba parte del paisaje”. Así una rebelión cívica. Él guardaba silencio complice, y ellos (como Joseba Pagaza) miembros del PSOE. por la democracia. No digáis contó El País el 24 de febrero de 2000 el paso del máximo dirigente del PNV por la capilla ardiente: “Su presencia en la capilla ardiente generó un instante de tensión. Tras abrazarse con el hermano de Buesa, Jon, miembro del PNV, Arzalluz sólo saludó a Txiki Benegas, presidente del PSE, y no al resto de dirigentes socialistas. La eurodiputada del PSOE Rosa Díez, compañera de Gobierno de Buesa en el gabinete tripartito del peneuvista José Antonio Ardanza, comentó en Tele 5: “Quiero pensar que (Arzalluz) no me saludó porque le dio vergüenza…”.

Cuatro años más tarde del asesinato de Fernando Buesa, el PSOE encabezado por Zapatero ganó las elecciones y no tardó en solemnizar las negociaciones con ETA que, como supimos más tarde, Egiguren había iniciado en nombre del PSOE en el año 2001, cuando Zapatero ya era el secretario general del PSOE. Y mientras ETA seguía matando inocentes, algunos de ellos (como Joseba Pagaza) miembros del PSOE.

Nada más llegar al Gobierno, Zapatero reconoció a ETA como interlocutor político; y ahí inició el PSOE oficialmente la tarea de limpieza de ETA y de su historia de terror.

Zapatero fue quien en un acto del PSOE describió a Otegi, celebrado en Ponferrada en febrero de 2007 describió como «una persona con convicciones y principios, y además de izquierdas. Y quisiera creer que con valores cívicos republicanos».

Después llegaría Sánchez a recoger esa herencia de indignidad y a remachar la gran traición del PSOE a la democracia sellando sus infames acuerdos de gobierno con Otegi, ese terrorista que sigue defendiendo la historia de ETA, que sigue homenajeando a sus criminales, que llama a los terroristas encarcelados a sumarse al proyecto de destrucción de la democracia que lleva a cabo –con la complicidad del Gobierno de Sánchez- desde dentro las instituciones democráticas. Otegi, el socio de Sánchez, ese hombre que en entrevista con Esther Jaén publicada el 27 de mayo de 2002 se refirió a ETA como la “persuasión armada”.

Hoy que se cumplen 21 años del asesinato de Fernando Buesa, uno de los mejores, uno de los grandes, he querido recordar cómo hemos llegado hasta aquí. La democracia y el estado de Derecho son tejidos que se hacen con las palabras precisas, algo ajeno a la política española actual en la que se ha sustituido la verdad por la propaganda oficial y en la que las palabras se utilizan elásticamente y no sirven para describir la realidad sino para que se note quien manda.

Hoy que se cumplen 21 años del asesinato de Fernando Buesa he querido, en su memoria y homenaje, reiterar un llamamiento a lo que queda, si queda algo, de lo mejor de la historia del socialismo en España. Socialistas de carnet que aún seguís ahí, no digáis que no sabéis lo que pasó, quién fue Fernando Buesa, por qué lo asesinaron. No digáis que ignoráis qué hizo cada cual y en cada momento de nuestra historia. No digáis que no sabéis lo que está haciendo Sánchez, a quien ha convertido en sus socios, en sus referentes de “la izquierda” y del “gobierno de progreso”. No finjáis que no sois conscientes de que, en vuestro nombre y con vuestro silencio cómplice, se está cometiendo alta traición

Fernando Buesa apeló a la necesidad de organizar una rebelión cívica. Él forma parte de los 857 ciudadanos asesinados porque estorbaban a ETA, porque suponían una dificultad para que triunfara el proyecto totalitario de quienes son sus herederos y hoy son aliados de Sánchez. Fernando no puede ayudarnos, pero, ¿no habrá llegado ya la hora de ponerla en marcha?

Va por ti, Fernando, maitia.

Indigno Omella
EDITORIAL Libertad Digital 23 Febrero 2021

El arzobispo de Barcelona echa gasolina al fuego de la violencia antisistema.

La Iglesia tiene un grave problema en Cataluña y en el País Vasco, dos autonomías copadas por el separatismo con la complicidad de unos obispos que, con excepciones bien contadas, han acreditado durante décadas su identificación con un nacionalismo liberticida, criminógeno y, de la mano de organizaciones como ETA o Terra Lliure, directamente criminal.

Esos obispos indignos de la dignidad que ostentan no pierden ocasión de significarse a favor del separatismo fratricida, atentando así gravemente con su misión apostólica y sumiendo en la confusión o la rabia indignada a multitud de católicos.

El último en dar la nota ha sido Juan José Omella, cardenal y arzobispo de Barcelona, con un lamentable mensaje a cuenta de la oleada de violencia callejera orquestada tras el encarcelamiento del delincuente Pablo Hasél, apologeta del terrorismo.

Al igual que los separatistas y los podemarras, el cardenal Omella ha tenido el cuajo de proclamar que “la injusticia social provoca violencia" y que para que haya paz “es necesario asegurar el bien común de todos los ciudadanos”. Como si los disturbios registrados en la batasunizada Barcelona o en Madrid fueran la inevitable expresión de protesta de un pueblo sumido en la miseria. Hay que ser muy estólido o muy miserable para justificar tan burdamente el terrorismo callejero que está perpetrando la hez antisistema a cuenta del encarcelamiento del indeseable Hasél, escandaloso ejemplar de rebelde sin causa.

El separatismo ultra está incendiando literalmente las calles para influir decisivamente en la composición del nuevo Gobierno regional catalán. También Podemos está hozando en el peor oportunismo en estos graves momentos, en los que parece querer tensar la cuerda de sus relaciones con su gran facilitador, el PSOE de Pedro Sánchez. Omella conoce todo esto perfectamente, y aun así dice lo que dice. Sin vergüenza.

El arzobispo de Barcelona y presidente de la Conferencia Episcopal debería utilizar su presencia en las redes sociales para calmar los ánimos y mostrar su apoyo a los policías heridos, los vecinos agredidos y los comerciantes saqueados, víctimas todos ellos de esta oleada injustificable de carrer borroka. Pero no. Omella está a otra cosa. A echar gasolina al fuego. No tiene perdón de Dios.
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