AGLI Recortes de Prensa   Domingo 28  Febrero  2021

Casado quiso tapar el desastre electoral con el deshonor judicial; tiene el deshonor y agrava el desastre
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 28 Febrero 2021

Hay quien dice que Churchill nunca pronunció la célebre frase “entre el deshonor y la guerra, elegisteis el deshonor; tenéis el deshonor y tendréis la guerra”. Desde luego, no está en su discurso de 5 de 0ctubre de 1938, en respuesta al canciller del Tesoro John Simon, que pedía el apoyo a la política de Chamberlain tras el pacto de Munich. Pero, sin duda, ése es el espíritu del discurso, del que recomiendo el resumen en la web Diálogos del Duero, al hilo de la capitulación en Cataluña. Vale la pena leerlo, en inglés o en español, en Google, antes de que lo borren por incitar al odio. Volveremos a él, porque parece escrito para España en esta hora menguada.

Abrazarse al que se debe evitar
Pero a ese espíritu de rendición para salvar los muebles tras la humillante derrota en Cataluña ante Vox, una pelea buscada por él y por la que aún le aplauden los que odian al PP, se acogió Casado, volviendo al reparto con el PSOE de los despojos de la independencia judicial, en el CGPJ. Antes, quiso salvar los muebles domésticos abandonando la casa del partido durante 30 años, con el argumento de que está siendo investigada. Si esa fuera razón suficiente, él debía haber dimitido por lo de su master, llevado también a los tribunales por sus ahora amigotes de timba judicial.

El espectáculo de Teodoro convertido en mozo de cuerda y con una cómoda a cuestas, buscando piso por Madrid, es divertido, pero seamos serios: el PP buscó salvarse tras el derechazo de Vox, no como dice algún adicto al boxeo, abrazándose al que lo dejó tambaleante, Abascal, sino a dos que no libraban esa pelea: Big Fraud Sánchez y Kid Tunante Iglesias. La táctica de abrazarse al que te ha dado un golpe tan duro que necesitas tiempo para recuperarte es vieja como el boxeo mismo. El error de Casado y su rincón de opinadores centristas, enemigos de la derecha real, es que, tras buscar el cuerpo a cuerpo con Abascal, se abrazó a Sánchez. Es como si en el famoso Carrasco-Velázquez, alguno se hubiera abrazado al árbitro.

Antecedentes de la claudicación
El problema de fondo del PP de Casado es el clásico de la Derecha: fundan su legitimidad en la aceptación por la Izquierda. Y, como es natural, la Izquierda exige esa renuncia que les enajena su base social y además un papel subalterno en la estructura de poder que en ese momento disfrute. No lo consiguieron del todo con UCD, aunque el Estado de las Autonomías provenga de los complejos de la izquierda ante el nacionalismo y de la derecha ante la izquierda. Lo consiguieron del todo con la Coalición Democrática cuyo núcleo era la AP de Fraga, al que coronaron Jefe de la Oposición sabiéndolo incapaz de poner en peligro el Poder de la Izquierda. Y ayudó mucho a ese propósito el análisis de las termitas democristianas, según el cual España es y será siempre de Izquierdas y el nacionalismo catalán y vasco no es separatista, sino negociante de ventajas económicas, por lo que la derecha españolista debería ceder su espacio a la separatista. De ahí el impulso d Fraga a formaciones regionalistas en Valencia y otras regiones, para disputar el voto a los nacionalistas en sus propios términos. Lo que abolía, por principio, el valor de la unidad nacional en el partido.

Con Aznar cambió ese análisis, y se buscó un partido nacional en el que cupieran diversas tendencias, sin discutir la unidad, es decir, al Jefe. Pudo ser una recuperación del valor de lo español, que exigía luchar contra la inmersión lingüística y otros abusos del separatismo, y el PP no lo hizo. La sumisión total al dominio izquierdista durante el felipismo, el PRISOE, la encarnó Gallardón como alternativa a Aznar. La elección de Rajoy mostró que Aznar buscaba más la unidad del partido que una idea nacional. Y tras el 11M y la primera legislatura de Zapatero, con la oposición real de Zaplana en el Congreso y de Acebes en Génova 13, con Cayetana al lado, llegó la rendición en 2008 de Rajoy, que, en su célebre discurso de Elche, telón del Congreso de Valencia, echó del PP a “liberales y conservadores”. El partido, mera agencia de colocaciones, facilitó el auge de Ciudadanos y, tras su cobarde actuación en 2017 frente al golpe en Cataluña, el de Vox.

La crisis económica de 2009 llevó a Rajoy al Poder en 2011, con mayoría absolutísima. En su campaña prometió abolir la Ley de Memoria Histórica y la de Violencia de Género, y, como prometió pero no cumplió Aznar, recuperar la independencia judicial aboliendo la LOCGPJ del 85. Es decir, volver a lo que manda la Constitución: 12 elegidos por los jueces, 4 por el Congreso y 4 por el Senado. La aceptación de esa ley por el Tribunal Constitucional se subordina a que no se hiciera lo que cabía temer: que los partidos convirtieran el CGPJ en mera traslación de su poder electoral. Es lo que ha pasado, luego es anticonstitucional lo perpetrado desde 1985.

El impulso político puede devolvernos a la Constitución. Y Rajoy en su discurso de investidura y Gallardón en su primer discurso como ministro de justicia lo dejaron claro: “Vamos a acabar con el obsceno espectáculo de unos políticos que eligen a los jueces que pueden juzgar a esos políticos”. A los pocos meses, la solemne promesa se archivó y el PP todavía agravó el modelo del PSOE. Quedó el análisis: los políticos eligen a los jueces del CGPJ para que, si los juzgan, los suyos actúen como abogados, no jueces. Y a ese modelo se ha plegado Casado tras prometer lo contrario, buscando el aplauso de los medios progres, que llaman “moderación” a la rendición. Como ha contado Ketty Garat, el engaño de Sánchez e Iglesias al PP es total, y vuelve el chantaje previo a las elecciones catalanas: “O tragáis a los comunistas De Prada y Rosell o los nombramos en el Congreso cambiando la mayoría de dos tercios por mayoría simple. ¡Qué adolescentes sois!”. Y así acaba el intento de Casado de tapar la ruina electoral con el deshonor judicial: con el deshonor judicial absoluto y con la ruina electoral agravada. Tome nota Vox para no jugar al bloqueo en el Congreso. Esto es muy serio.

El deshonor arruina la libertad de expresión
Volvamos a Churchill, y a su discurso. Lo más importante y olvidado es, a mi juicio, lo que dice sobre la libertad de expresión en los políticos y los medios de comunicación, arrastrados a secundar el derrotismo político:

En muy pocos años, quizás en unos pocos meses, nos enfrentaremos a exigencias que sin duda seremos invitados a cumplir. Esas demandas pueden afectar la entrega de territorio o a la entrega de libertad. Preveo y pronostico que la política de sumisión traerá consigo restricciones a la libertad de expresión y debate en el Parlamento, en las plataformas públicas y en los debates en la prensa, porque se dirá, de hecho, lo oigo decir a veces ahora, que no podemos permitir que el sistema de dictadura nazi sea criticado por políticos ingleses comunes y corrientes. Luego, con una prensa bajo control, en parte directa pero más poderosamente indirecta, con todos los órganos de la opinión pública dopados y cloroformados en consentimiento, seremos conducidos a lo largo de etapas posteriores de nuestro camino.

Desde que cayó el Muro y Aznar hizo del PP la gran fuerza de la Derecha, he denunciado ese deslizamiento de una hegemonía electoral, apoyada, como lo fue Chamberlain, por la opinión pública, a la dictadura mediática. En La ilustración Liberal y Libertad Digital publiqué el Viaje al centro de la nada en 1999; y anuncié el “invierno mediático” que nos aguardaba si el PP ahogaba el proyecto liberal en el aguachirle centrista. Eso fue antes de que el PP perdiera el Poder, tras la tragedia del 11M en 2004. Pero el problema de fondo es el mismo que plantea Churchill en los aciagos días en que Gran Bretaña prefería el deshonor a la guerra. Cuando se aceptan los términos de un enemigo que busca destruirnos, es fatal que acabemos haciendo nuestros esos términos, que interioricemos nuestra derrota y que ataquemos a los políticos o a los medios que no lo hagan. Eso está pasando con Vox y con los medios que criticamos la sumisión del PP y Ciudadanos al plan social-comunista. Sin embargo, a veces no cabe más que luchar, porque no hacerlo es peor que la derrota.

El discurso impopular de Churchill
Volvamos al discurso de aquel hombre viejo, alcohólico y casi solo ante una cámara que respaldaba casi en bloque el acuerdo de Chamberlain:

"No guardo rencor a nuestra gente (…) por el estallido natural y espontáneo de alegría y alivio cuando supieron que por el momento ya no se les exigiría la dura prueba; pero deben saber la verdad. Deben saber que ha habido gran negligencia y deficiencia en nuestras defensas; deben saber que hemos sufrido una derrota sin guerra, cuyas consecuencias nos acompañarán a lo largo de nuestro camino; deben saber que hemos pasado un hito terrible en nuestra historia, cuando todo el equilibrio de Europa se ha trastornado, y que, por el momento, se han pronunciado las terribles palabras contra las democracias occidentales: "Fuiste pesado en la balanza y encontrado falto." Y no supongáis que es el final. Es solo el comienzo del ajuste de cuentas. Es sólo el primer sorbo de una copa amarga que se nos ofrecerá año tras año, a menos que, mediante una recuperación suprema de la salud moral y el vigor marcial, nos levantemos de nuevo y defendamos la libertad como en los antiguos tiempos.”

Siempre acabamos pidiendo libertad
¿Qué tiempos eran aquellos en el que el PP y, antes y después, otros partidos de la derecha, e incluso de la izquierda, defendían la libertad? ¿Alguien los recuerda? El grito de “¡Libertad!” sonó en 2017, en el triunfo de Arrimadas. Y años atrás, en aquel “¡Toma tres, Tevetrés!” de Rivera. Y, antes, en el ascenso de Vidal Quadras; en el millón de votos de Aznar; en la última noche triunfal del PP con Sánchez Camacho. Y tras perder tantas veces lo ganado, en el último acto de Vox de las elecciones catalanas oímos el grito de siempre, el único: ¡Libertad! ¡Libertad! ¿Cómo hemos podido olvidarlo tantas veces? ¿Cuántas veces más tendremos que recordarlo?

Los estertores del Estado
Alejo Vidal-Quadras vozpopuli.es 28 Febrero 2021

Las diversas veces que en el pasado el Partido Socialista y el Partido Popular se comprometieron en sus campañas electorales a revertir la atrocidad que en términos constitucionales e institucionales representó la reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial de 1985 perpetrada por el dúo González-Guerra, que erosionó de forma implacable la independencia del Poder Judicial en nuestro país, y los subsiguientes incumplimientos por parte de ambos, incluso cuando contaron con cómodas mayorías para hacerlo, forman parte ya de la pléyade de infamias cometidas por los dos supuestos pilares sostenedores del sistema del 78. En estos días vivimos de nuevo este oprobio, con el agravante de que el número de postulantes a poltronas en el Consejo General del Poder Judicial se ha multiplicado e incluye a formaciones que han anunciado que su objetivo es tumbar el orden político y jurídico vigente y liquidar a España como Nación democrática garante de nuestros derechos y libertades.

Este vomitivo aquelarre se lleva a cabo con gran aparato publicitario ante una ciudadanía apenas consciente del atropello al que se disponen de nuevo a someterla. Cuesta creer que Pablo Casado se haya prestado a semejante fechoría, aunque sus vaivenes, inconsistencias y despistes de los últimos tiempos concuerdan bien con este deplorable espectáculo. EL pacto para renovar los órganos constitucionales y reguladores en cuyo viscoso potaje hincan su voraz cuchara sin recato todos los que anteponen sus intereses particulares al supremo interés nacional es un clavo más, y de gran tamaño, remachado en el ataúd de un Estado que nació hace veintitrés años aupado por una oposición responsable, un régimen autoritario contrito y una sociedad española preñada de esperanza, rebosante de proyectos y desbordada de entusiasmo ante el futuro, un Estado que ahora agoniza, cosido a heridas infligidas por aquellos que en teoría debieran fortalecerlo, defenderlo y preservarlo.

En este panorama desolado destacan dos fuerzas parlamentarias que se han negado en redondo a mancharse con el fango de este indigno pasteleo, que no han presentado candidatos y que incluso, en su loable afán de no recibir ni una pestilente salpicadura del enjuague, ni siquiera han participado en la votación para cubrir los puestos del Consejo de Administración de RTVE, entremés de las operaciones de gran calado que se están fraguando para cristalizar en los próximos días y que como dijo en su inolvidable carta al amorfo Patxi López la madre del llorado Joseba Pagazaurtundua, nos helarán la sangre. Conviene destacar esta coincidencia entre Ciudadanos y Vox porque les sitúa a ambos en un alto nivel de autoexigencia democrática que convierte determinados vetos e inquinas aplicadas por el centro liberal a una organización política sin duda conservadora, eurorealista, adalid de valores tradicionales y nacionalista española, pero respetuosa de nuestra Ley Fundamental, en poses de seguimiento sumiso del pensamiento progre políticamente correcto más que en rechazos dotados de fundamento racional. No hay duda de que en muchos temas, algunos no menores, la distancia entre naranjas y verdes es considerable, pero su gallarda e insobornable negativa a ensuciarse en el siniestro reparto del botín institucional los aproxima en un asunto de profundo calado, que debiera llevarles a una reflexión serena sobre su futura relación.

Se está produciendo, además, un interesante fenómeno sociológico que debería obligar a las cabezas pensantes del PP que asesoran a su presidente a algún tipo de revisión de su bamboleante estrategia. En la izquierda las tensiones y los enfrentamientos entre el PSOE y Podemos son cada día más evidentes e intensos, circunstancia que se traduce en un pausado, pero continuo, trasvase de voto del segundo al primero. En el espacio del centro-derecha, el PP ha elegido conscientemente la senda de la hostilidad rayana en la guerra abierta contra Vox y la consecuencia de este enfoque es un lento, pero sostenido, crecimiento electoral de Vox en detrimento del PP. ¿Será que Iván Redondo es mucho más hábil que el núcleo rector de la planta séptima de Génova 13? ¿O que quizá hay quiénes tienen un plan a medio y largo plazo, aparte de una notable facilidad para la táctica mientras otros sólo practican el regate corto y encima se traban las piernas y acaban en el suelo?

Genética privilegiada
Estas son cuestiones dignas de ser pensadas, sobre todo por aquellos a los que más les afectan, aunque cuando se nace equipado con una sabiduría innata que le conduce a uno a sentarse a una mesa de negociación con un trilero profesional para que le desplume, destrozando de paso la menguante calidad de nuestra democracia, no necesita consejos de nadie y menos de los que gozan de conocimientos que no son fruto de una genética privilegiada como la suya, sino de largos años de lecturas, estudio, análisis, experiencia y examen crítico de los propios errores. A los que así actúan ya únicamente cabe desearles buena suerte porque no hay nada más en lo que puedan confiar.

El legado que cambió a la derecha
La herencia que Aznar dejó tras dos legislaturas consecutivas demuestra al actual PP que cualquier proceso de renovación pasa por tener claros unos principios irrenunciables
Editorial ABC 28 Febrero 2021

El 3 de marzo se cumplirán veinticinco años desde la llegada del Partido Popular al poder por primera vez en España. La victoria de José María Aznar en 1996 frente a Felipe González supuso el punto final a más de tres legislaturas en las que, desde 1982, el PSOE había gobernado cómodamente. Hasta entonces, el centro-derecha heredero de la profunda crisis que hizo sucumbir a la UCD, y después al CDS, había permanecido en un continuo proceso de reorganización interna de la mano de Manuel Fraga. Fue en 1989 cuando el fundador de Alianza Popular dio el relevo a Aznar, y a partir de ese momento una derecha rejuvenecida supo articular un proyecto político alternativo y creíble frente al desgaste al que numerosos casos de corrupción habían sometido al PSOE. Diversos procesos judiciales contra los GAL, una corrupción sistémica en distintos organismos del Estado, y la condena por Filesa a miembros del partido por lo que hoy está tipificado como financiación ilegal, dieron al traste con el felipismo. No obstante, hubo más de mérito de una derecha reinventada por Aznar que de deméritos del PSOE. Sencillamente, González y un PSOE envuelto en pugnas cainitas dejaron de ser creíbles, y más aún en un contexto de crisis económica que permitió al PP sumar a sus postulados conservadores un exitoso concepto liberal de la economía. El resultado de aquellas elecciones de 1996 sirvió para premiar después a Aznar con una mayoría absoluta.

La agresiva reforma económica que permitió a España tener su tasa de paro más baja en democracia, unida a una llamativa expansión de nuestra economía y a una creciente influencia española en el ámbito internacional, especialmente en el eje atlántico, hizo de Aznar hace 25 años un referente en los países de nuestro entorno. Lo mismo ocurrió, por ejemplo, con la convicción de aquel Gobierno en la lucha contra ETA. Sus logros fueron innegables. Tanto como la reivindicación política, social, incluso emocional, del PP como un partido orgulloso de encarnar valores y principios propios de la derecha europea más clásica.

En el debe de aquella etapa está su modo de concluir con el desmembramiento del equipo de confianza inicial con el que contó Aznar. Rodrigo Rato, que después llegó a ser director gerente del Fondo Monetario Internacional, sigue a día de hoy inmerso en casos de enriquecimiento personal por los que acaba de salir de prisión. Francisco Álvarez Cascos, alter ego de Aznar en el partido, terminó dándose de baja y fundando otro partido. Y otros ministros, como Mariano Rajoy, por ejemplo, siguieron la estela de Aznar en primera fila política. La del PP en 1996 fue una etapa brillante que con los años concluyó en convulsión, cuando los atentados terroristas del 11-M de 2004 apearon al PP de La Moncloa. Después, la corrupción que ha afectado a exdirigentes del partido, en especial al que fuera su tesorero Luis Bárcenas, mantiene desolada a la formación política.

El legado que Aznar dejó tras dos legislaturas consecutivas demuestra al actual PP que cualquier proceso de renovación pasa por tener claros unos principios irrenunciables, una estrategia firme y no cambiante, una capacidad innegable de ilusionar a la sociedad, y un liderazgo interno sin fisuras. Aznar y Rajoy tardaron siete años en gobernar desde que accedieron a la presidencia del partido. Hoy los tiempos políticos han cambiado y probablemente Pablo Casado no tenga tanto margen. Pero la senda por la que el PP llegó al poder ahora hace veinticinco años fue el modelo a seguir.

El legado de centroman
Nota del Editor 28 Febrero 2021

El artículo de cabecera de FJL demuestra que  el "legado" de centroman es un desastre.

PSOE y PP no pueden renunciar al pacto
Editorial larazon 28 Febrero 2021

Pedro Sánchez tiene un objetivo claro: marginal al PP, dejarlo fuera del sistema y hacer realidad el maleficio que Pablo Iglesia dictó cuando dijo aquello de que «no volverán a formar parte del Consejo de Ministros». Una cosa es que lo diga el líder de un partidos populista –no hacer nada que esté en sus manos, aunque prometer lo que no está– y otra que se lo crea el propio presidente del Ejecutivo. Es legítimo que el líder del PSOE aspire a estar el mayor tiempo posible en el Gobierno porque de esta manera llevará a cabo su proprama –si lo tuviese– y, en consecuencia, que el líder de la oposición tenga difícil hacer lo propio. Ahora bien, otra cosa es impedir que realice su papel de control y de contrapeso en las decisiones de Estado que le corresponden. Esta degradación del sistema la hemos podido ver con la extraordinaria comparecencia de Sánchez en el Congreso después de dos meses, una ausencia justificada por el estado de alarma, pero injustificable en cumplimiento de la salud democrática. Pablo Casado fue claro y le expuso con claridad que su objetivo no era otro que impedir que el espacio de acuerdo entre ambos se redujera sin margen para llegar a pactos y, por contra, ensanchando los márgenes del tablero político a izquierda y derecha. «Si el centro político se comprime por los extremos, en ese río revuelto solo ganan los radicales y pierden todos los españoles», dijo el líder del PP. Sánchez no sólo despreció el ofrecimiento al diálogo –en coherencia con el olvido hacia los populares en la gestión de los fondos europeos contra la pandemia–, sino que al día siguiente incumplió el principio de acuerdo para la renovación del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) al incluir a dos candidatos del Podemos. De este hecho sólo podemos deducir o que Sánchez utiliza a Iglesias como unidad de choque para desgastar al PP –función que daría sentido a su plaza en el Consejo de Ministros–, o que no poder llegar a un acuerdo con los populares es el síntoma de su debilidad. Más allá de la posición de ambos partidos y la nada difícil travesía hacia el centro político bajo la presión de Podemos y de Vox, hay un síntoma preocupante en la actual coyuntura: la situación de la Monarquía parlamentaria, situada en el centro del debate político; la posición del independentismo en Cataluña, y, por último, las consecuencias de la crisis económica producida por la pandemia a corto plazo.

El bipartidismo representado por PSOE y PP fue útil para la estabilidad del país, y asegurar gobiernos con mayorías sólidas con un claro compromiso constitucional; la situación política ha cambiado con nuevos actores contrarios al consenso, pero los dos partidos mayoritarios no pueden renunciar a encontrar acuerdos en los grandes temas que debe afrontar España en este momento marcado por un proceso de deslegitimación de las instituciones democráticas y de crisis económica.

Equidistancia, equivocación, furia divina contra Vox
Nota del Editor 28 Febrero 2021

Ya se ha pasado la hora para que "La razón" cambie de cabecera y tome la verdadera "La sin razón", aunque si tiene razón en cuanto a mantener sus intereses defendiendo el desgobierno del dr cum fraude y del PP, porque piensa que esa situación le beneficia aunque implique la destrucción de España, total sin racón.

Las razones del PSOE para divorciarse de Podemos
Alfonso Merlos estrella digital 28 Febrero 2021

Hay algo peor que un gobierno descabezado o aturdido, y es un gobierno dividido, enfrentado, con guiones diferentes y contradictorios. Lo dañino no es aquí la bronca interna o las interminables discrepancias institucionales sino sus efectos sobre la población: en términos de imagen y de resultados.

En horas de verdadera angustia económica, de esfuerzos titánicos e individuales (en ocasiones baldíos e infructuosos) para salir materialmente adelante, que los ciudadanos miren al poder y vean a un órgano ejecutivo más atado a los dogmas ideológicos de cada uno de los dos partidos que lo conforman que concentrado en actuar y resolver resulta tan decepcionante como esperpéntico.

Pero es que, además, cuando quienes se supone que están al mando de la nave se dan manotazos para hacerse con el timón, o para llevarlo a un lado u otro, los errores de gestión se multiplican… y de nuevo los gobernados los sufren; un traspié tras otro, un fracaso sucediendo casi sin tregua al anterior.

Qué duda cabe de que el apoyo de Podemos al PSOE fue tan esencial para la investidura de Sánchez como lo es para mantener la legislatura viva. El problema nace y crece cuando los peajes del presidente se hacen interminables, cuando las maniobras para desatascar las decisiones y agilizarlas se encuentran con tapones continuos, colocados por quienes se sientan igualmente en el Consejo de Ministros.

Será cuestión de tiempo, mucho o poco (según sus cálculos), pero es indiscutible que el actual secretario general de los socialistas romperá con Iglesias, y que lo hará en el instante en que este último quede varado o en la cuneta. La cuestión es si, antes de que sea tarde, para evitar que el lastre del desgobierno sea excesivo e insufrible para una nación entera, el actual inquilino de La Moncloa romperá amarras.

Ya hace casi dos siglos que Lincoln reflexionara sobre el dilema del político que trataba de salvar dos caras a la vez. Quedaba y queda en el aire el interrogante de si, ante tal actitud, imposible de sostener eternamente, son los electores los que terminan dándole la espalda. O no.

Las razones de España para divorciarse del dr cum fraude, del PSOE y del PP
Nota del Editor 28 Febrero 2021

España tiene sobradas razones, graves problemas, para divorciarse deñ dr cum fraude, del PSOE, de Podemos, del PP y de todos los separatistas y filoterroristas.

Cataluña, 2021: y ahora, ¿qué?
Estrella Digital 28 Febrero 2021

Todo ha cambiado para que todo siga igual. Con la perspectiva del paso de las semanas, la visualización sobre el presente y el futuro de Cataluña, y el denominado -con gran cursilería- encaje en España, deja un panorama de callejón sin salida, sin alternativas para el desbloqueo institucional y político, al menos en el corto y el medio plazo.

Es así. El protagonismo de quienes están fugados de la justicia o entran y salen de prisión permanece, prácticamente, intacto; y sus bazas a jugar, también. El debilitamiento del espacio constitucionalista se daba tan por hecho y descontado antes del 14F, que el rol que PP-CS-VOX adoptarán desde el arranque de la nueva legislatura poco margen a la sorpresa puede ofrecer: de la resistencia a la andanada, y vuelta a empezar. Y el árbitro, Sánchez hasta ahora desde Madrid y a partir de ahora Illa desde Barcelona, sigue igualmente inalterable: el socialismo.

Tras días y días de puro terrorismo callejero y vandalismo por el justo encarcelamiento de Hasél, una afrenta para los profesionales del delito y el alboroto, la que debería ser por razones más que evidentes la locomotora de España, o una de las dos, continuará achatarrada. La fuga de empresas ni se ha detenido ni se detendrá, la decadencia económica proseguirá, la crisis social se acentuará… y el empuje feroz y tóxico de los antisistema se hará patente siempre que la más mínima oportunidad lo propicie.

No se trata de tirar, por consiguiente, la toalla. Al contrario. Es la hora de evaluar los innumerables errores de estrategia que se han cometido en la relación con los separatistas intransigentes, de no volver a repetirlos, de pensar en grande: sin complejos y sin reservas, en un enfrentamiento de ideas constante hasta merar las fuerzas de los radicales. Por supuesto, recurriendo al debate pero, siempre que proceda, igualmente a los tribunales.

Sería una equivocación mayúscula que el Partido Popular profundizase en su plan de choque y hasta de guerra contra Vox. No es el enemigo, como tampoco lo es Ciudadanos, por mucho que Arrimadas y sus huestes coqueteen por aquí y por allá con el PSOE. Sólo sumando, desde la colaboración y el apego a una causa común (la defensa de la unidad de España, la prosperidad y la convivencia) será posible dar pasos para reconquistar una Cataluña mejor, y no dejarla en manos de quienes la desean, desde el nacionalismo más troglodítico y cavernícola, para ellos; revuelta y herida, arruinada, pero para ellos.

Despolitizar el CGPJ: la eterna promesa incumplida de Sánchez, Casado e Iglesias
Las negociaciones para renovar el órgano de gobierno de los jueces han quedado congeladas ante los vetos cruzados, pero Moncloa tratará de retomarlas la próxima semana
P. Gabilondo elconfidencial 28 Febrero 2021

PSOE, PP y Podemos retomaron esta semana las negociaciones para repartirse los 20 puestos del órgano de gobierno de los jueces. Con el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) en funciones desde 2018, los líderes de los tres partidos insisten en la importancia de renovarlo, pero al mismo tiempo olvidan las promesas que han lanzado una y otra vez en los últimos años: despolitizar el órgano para favorecer su independencia. La propuesta no es nueva. Fingir que no la hicieron tampoco.

El actual sistema de acceso al CGPJ establece que los 20 vocales dependen de la votación de las cámaras parlamentarias y son propuestos por los partidos políticos, que imponen una libre designación respecto a los juristas —ocho— y eligen a los jueces —12— del total de candidaturas presentadas de forma oficial, o bien por las asociaciones judiciales o bien con avales de sus compañeros de carrera. Después, los elegidos por tres quintos del Congreso y el Senado, mitad y mitad, votan al presidente, que asume también el mando del Tribunal Supremo. Dado el actual reparto de las cámaras, al Gobierno de coalición no le queda más remedio que buscar un acuerdo con el PP para alcanzar los votos necesarios.

Crónica de un descarrilamiento: así se frustró la enésima renovación del CGPJ

Este mecanismo de elección ha sido criticado en repetidas ocasiones por las asociaciones judiciales y por el Consejo de Europa, entre otras instituciones. Pero también por los líderes de los partidos que ahora negocian el intercambio de los asientos del CGPJ como si se tratase de cromos. No hay más que echar un vistazo a los programas con los que se presentaron a las elecciones del 28 de abril y del 10 de noviembre de 2019 para encontrar sus propuestas de cambiar el CGPJ:

"Se ha impulsado una reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial en la que se acaba con el sistema presidencialista de funcionamiento del CGPJ, se establece la dedicación exclusiva de los vocales, se modifican las reglas relativas a los nombramientos discrecionales en los órganos judiciales en función de criterios de mérito y capacidad y se amplían los supuestos de abstención respecto de los jueces que hayan desempeñado funciones como altos cargos o de confianza", sostenía el programa del PSOE para el 28-A. Siete meses después, ante la repetición de elecciones, el partido solo se comprometía a buscar "acuerdos parlamentarios" basados en "principios de igualdad, paridad de género, mérito, capacidad y prestigio profesional", una idea que nada tiene que ver con la que defendía Pedro Sánchez en 2014, cuando aspiraba a liderar el PSOE: "Mi compromiso: regenerar la vida democrática es hacer un CGPJ verdaderamente independiente del Gobierno", aseguraba en redes sociales. Como presidente, esa promesa ha quedado en papel mojado.

En el caso del PP, la propuesta de despolitizar el CGPJ se reflejaba en su programa del 28-A, en el que apuntaban incluso cuál era el mecanismo alternativo que ellos consideran más adecuado para elegir a sus vocales: "Fortaleceremos la independencia del Poder Judicial. Promoveremos la reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial para recuperar el sentido originario del artículo 122.3 de la Constitución española. De esta manera, los 12 vocales del Consejo General de procedencia judicial serán elegidos directamente por los jueces y magistrados, fortaleciéndose así la independencia del órgano de gobierno del Poder Judicial". Las asociaciones judiciales ven con buenos ojos la idea de que los vocales del CGPJ sean elegidos por los propios jueces, pero ahora que el Gobierno necesita el apoyo del PP para renovar el órgano, Casado ha dejado atrás esta promesa para pelear por colocar a sus afines.

"Reformar el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) para reforzar su independencia a través de un sistema de elección directa por la ciudadanía", anunciaba por su parte el programa de Podemos para el 10-N. "Hasta que se apruebe la necesaria reforma constitucional, mejoraremos el sistema parlamentario de elección de vocales para aumentar la pluralidad y la transparencia de la elección de las doce vocalías de procedencia judicial, incluyendo la posibilidad de propuesta de candidaturas avaladas por la ciudadanía y las comparecencias públicas iguales a las de procedencia no judicial". Pero ahora que forma parte del Gobierno, Pablo Iglesias dedica sus esfuerzos a sortear las reticencias del PP para poder colocar a sus elegidos.

Las promesas de los líderes de los tres partidos han caído así en el olvido. PSOE y Podemos, de hecho, sí maniobraron para cambiar el sistema de elección de los vocales este año, pero no para despolitizar el CGPJ sino para prescindir del PP: la modificación de la ley que propusieron implicaría una reducción de la mayoría necesaria para sacar adelante la renovación, pasando de la actual exigencia de apoyo de los tres quintos del Congreso y el Senado a una mayoría simple que el PSOE y sus socios tienen asegurada. En octubre, el Grupo de Estados contra la Corrupción (GRECO) dejó clara su opinión al respecto: "Esta iniciativa legislativa se aparta de las normas del Consejo de Europa relativas a la composición de consejos judiciales y elección de sus miembros y puede resultar en una violación de los estándares anticorrupción del Consejo de Europa".

Por el momento, las negociaciones para renovar el CGPJ han quedado paralizadas ante los vetos cruzados de los partidos de los últimos días. Desde Moncloa aseguran que volverán a intentarlo la próxima semana, pero ninguno de los tres partidos incide ya en aquellas propuestas para despolitizar el órgano. Llegado el momento clave, Sánchez, Casado e Iglesias dejan atrás aquellas promesas para intentar colocar al mayor número de afines en el órgano de gobierno de los jueces.

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La España de Hasél

Eduardo Inda okdiario 28 Febrero 2021

Hubo un tiempo en que en España lo normal era lo normal y lo anormal lo anormal. Esta elemental premisa, perogrullesca apostillaría yo, empezó a incumplirse con un Zapatero que pensábamos inempeorable y se ha multiplicado exponencialmente con la llegada de los maleantes podemitas al máximo órgano de gobierno de la nación. Anteayer charlaba con un ilustre miembro del Tribunal Supremo precisamente de esta esquizofrenia que padecemos de 15 años a esta parte. Y me soltó la frase que en apenas unos meses se ha convertido en máxima: “Nunca pensé que en España veríamos lo que estamos viendo”.

La España del 78 está siendo asesinada por este Gobierno socialcomunista de la mano de sus socios proetarras y golpistas y de ese 80% de medios de comunicación antaño vendidos al razonable PSOE felipista y ahora pasados con armas y bagajes a ese imperio del mal que es Podemos. Al punto que en estos momentos lo normal es lo anormal y lo anormal lo normal. En el plano legal, moral, ético y hasta estético. Vamos, que lo moral es lo amoral y lo amoral lo moral; lo legal lo ilegal y lo ilegal lo legal; lo ético lo indecente y lo indecente lo ético; lo bello lo feo y lo feo lo bello; y la verdad la mentira y la mentira la verdad.

Es lo que yo he dado en denominar la España de Hasél, una España que ha robado con premeditación, alevosía y cero nocturnidad nuestros ideales, nuestra moralidad, nuestra ética y, basta con mirarles, hasta nuestra estética. Una España de Hasél que recuerda peligrosamente a esa Italia de las Brigadas Rojas en la que se justificaba, relativizaba o banalizaba ese mal absoluto que constituyen el asesinato, la extorsión, las amenazas y el acoso. Aquí, de momento, no estamos en eso pero padecimos esa disfunción moral durante los 50 años que actuó la banda terrorista ETA con numerosos personajes e instituciones vascas y navarras justificando el tiro en la nuca, el secuestro o el coche-bomba. Viendo el curso que están tomando los acontecimientos, no descarto que volvamos por esos aberrantes fueros. Es más, estoy seguro de que desgraciadamente acabaremos en el abismo moral y ético, si no unos centímetros más allá, estampándonos contra el suelo tras una breve y aterradora caída a plomo. Nada me gustaría más que equivocarme.

Hasél es el símbolo más reciente, más patente y más cantoso de lo que estoy contando. Una España que resumo en 12 puntos, que bien podrían ser 30, 50, 100 ó 150. Porque maldad hay para dar y tomar:

1.-Mismamente, el propio Hasél. Comenzaré por el malnacido que da nombre a esta España que ni en la peor de nuestras pesadillas pudimos atisbar, especialmente, los que ni nos acordamos de la dictadura porque éramos muy niños cuando espichó Franco o, simplemente, porque no la hemos vivido. Lo del niño de papá ilerdense es para mear y no echar gota. Ahora resulta que lo encarcelan por rapear. Pues mire, oiga, no. Lo han metido en la trena por instar a poner un coche-bomba a Patxi López, por pedir que claven un piolet en la cabeza a José Bono al más puro estilo Ramón Mercader y por jalear los tiros en la nuca a los dirigentes del PP. Y no sólo por eso: también por apalear y lanzar lejía al rostro de un reportero de TV3 y por amenazar y pegar al testigo en un juicio contra un amigo suyo. Tal y como apuntaba tres párrafos atrás, la mentira ha suplantado el rol de verdad y la mentira el de verdad. El fin justifica los medios por muy repugnantes y falsarios que sean.

2.-Barra libre para el mal. Suma y sigue con Hasél. Hay quien, aun con todo, exige que se eliminen del Código Penal las penas de cárcel para los que incitan a la violencia y al terrorismo como este hijo de Satanás. Olvidan estos falsos demócratas que a la violencia física siempre le antecede la verbal. Aquí, allá y acullá. En Madrid, en Barcelona y en Sebastopol. Aconteció con el leninismo, con el fascismo, con el nazismo y con el estalinismo y, por desgracia, continúa sucediendo en nuestro mundo contemporáneo en Venezuela, en Cuba, en Irán y especialísimamente en esa Corea del Norte en la que una simple admonición del tan enano y feo como rechoncho tirano es sinónimo de muerte segura. Si Iglesias consigue que se despenalice la incitación o el enaltecimiento del terrorismo, volveremos a la ley de la selva, a la del más fuerte, a la del Talión.Y el Estado de Derecho se habrá ido al carajo para siempre.

3.-El terrorismo callejero es guay. Terminamos el apartado de este rapero que ha tenido que llamar la atención por la letra de sus canciones porque si fuera por su oído estaría muriéndose de hambre. Bueno, lo de palmarla por inanición es metáfora pura porque el tiparraco es un cayetanito de la vida. Escucharle cantar es un ejercicio de masoquismo: desafina que da gusto, al punto que no descarto que haya dejado sordo a más de un fan. Definitivamente, no es Jay-Z o Eminem. Que se permita incendiar Barcelona y Madrid por este indeseable significa, ni más ni menos, que hemos perdido el oremus. Y que haya gente que mueva un dedo por esta basura es para entrar en estado de shock pensando qué sociedad estamos dejando a nuestros hijos y nietos. Peor aún que todo esto es que haya periodistas que sigan diciendo que las manifestaciones son pacíficas.

4.-Los gobernantes con la kale borroka. Porque no son pacíficas. Alarma ver el contraste entre la actuación de la Policía en Madrid, respaldada por el Ministerio del Interior, y la de los Mossos en Barcelona, cuestionada por su mandos políticos. Los antidisturbios de la Generalitat son tremendamente eficaces, el problema es que si se les pone el freno de mano y se les sitúa como poco menos que unos torturadores al final pasan de actuar como marcan los más elementales protocolos en la materia. Y pasa lo que pasa: que llevamos dos semanas de kale borroka con saqueos a diario que dañan aún más un tejido comercial catatónico por culpa de la pandemia.

5.-ETA es normal (o ETA no existió). Si hay algo que me pone a mil es la normalización de ETA. Un proceso que inició el desvergonzado de Zapatero y que alcanza su máxima expresión con un Sánchez al que le da igual ocho que ochenta con tal de que él, Begoña y las niñas sigan viviendo en Palacio y volando en Falcon. Pactar con Arnaldo Otegi, el jefe de la banda que asesinó a 856 compatriotas, 11 de ellos socialistas, es una inmoralidad imbatible. Viendo cómo nos lava el pensamiento único el cerebro parece como si ETA no hubiera existido jamás. Por no hablar de un presidente del Gobierno que rompió en mil pedazos esa práctica consuetudinaria que prescribía no pactar jamás con etarras ni con independentistas. Independentistas que, para más inri, perpetraron un golpe de Estado hace tres años, no hace 30 ni 300.

6.-Anormalización de Vox. La campaña que por tierra, mar y aire se desarrolla contra Vox sí que es una anormalidad democrática y no ésa de la que habla el ciniquillo marqués de Galapagar. Contemplar a los muy mayoritarios medios y periodistas socialpodemitas, y muy especialmente a sus caudillos, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, anatematizar a un partido impecablemente constitucional como es Vox mientras relativizan o justifican a ETA es vomitivo. Claro que esta gentucilla no da puntada sin hilo: el objetivo es alzaprimar mediática y socialmente a Vox para jibarizar sin prisa pero sin pausa al PP. El apedreamiento sistemático de los de Abascal en la campaña catalana tenía más que ver con este último objetivo que con el hecho de que sean unos fascistas, porque no lo son y los malos saben que no lo son. Item más: el objetivo ulterior es marear aún más a un PP, que no sabe por dónde le da el aire, e impedir que si llega el caso de formar Gobierno porque salen los números, que llegará, se vea impelido a no hacerlo por el qué dirán. “En Europa no se pacta con la ultraderecha”, repiten cual loritos políticos socialpodemitas y plumillas de argumentario.

7.-La propiedad privada es inmoral. ¿Qué es, si no, en la España de Pablo Hasél esa figura recogida como derecho fundamental en el artículo 33 de la Constitución? En la España de Hasél un piojoso okupa tu casa y no lo puedes echar al instante salvo que llames a los eficaces chicos de Desokupa. Porque la Policía se lavará las manos basándose con razón en una ley kafkiana y el juez te invitará con buenas maneras a ponerte a la cola. Y cuando resuelva, tu propiedad privada estará hecha unos zorros: habrán destrozado la cocina, se habrán llevado los sanitarios, te habrán levantado el parqué, los armarios estarán reventados y habrá mierda para dar y tomar. Los medios están normalizando la Ley de Vivienda que promueve el sujeto que mora en un casoplón en Galapagar de 280 metros cuadrados, 2.500 de parcela, piscinaco, casa de invitados y decenas de guardias civiles custodiándola. El pollo de la coletita y los pendientitos quiere decidir por cuánto tienes que alquilar tu casa y, si Ábalos no le para los pies, que en ello está, obligarte a destinar a fines sociales todas las viviendas que poseas a partir de la quinta. Es decir, que si gozas de la suerte de poseer 20 viviendas en la zona más cara de Barcelona o Madrid podrás alquilar al precio que te venga en gana las cinco primeras pero desde la sexta hasta la vigésima será al que establezca el Ejecutivo. Sobra decir que, si se sale con la suya, el mercado inmobiliario se irá a tomar por saco. Por cierto: lo de la okupación es sencillamente escandaloso. En España se allanaron 7.450 moradas el año pasado. Cataluña, con la gran Colau al frente, es el paraíso de estos delincuentes: se okuparon 3.611 propiedades, seis veces más que en la Comunidad de Madrid y el triple que en Andalucía. No comentaré estos datos porque se comentan por sí solos.

8.-Podemos sí que es inviolable. Otra anormalidad democrática es que Podemos se haya ido hasta ahora de rositas de todos los marrones judiciales en que se ha visto envuelto. Bien por presiones del sorayismo en su tiempo para continuar inflando el globo e impedir la vuelta al poder del PSOE, bien por el miedo invencible que les entra a algunos jueces cuando se topan con un caso de estos maleantes. Si al PP le trincan con una financiación como la venezolana o la iraní de Podemos, lo de Gürtel se queda corto. Hubiera ido palante hasta el botones de Génova 13. Veremos cómo concluyen las instrucciones de Manuel García-Castellón y Juan José Escalonilla. Por lo que veo, son jueces decentes, impecablemente respetuosos con la legalidad. La gran pregunta es si por arriba harán luz de gas. De momento, en ese Supremo que no procesa ni condena a un aforado ni por equivocación, se repite esa triste historia de siempre, que confirma que la ley no es igual para todos. Podemos es más inviolable que el jefe del Estado, que ya es decir.

9.-Los maleantes en el Consejo de Ministros. Hablando de maleantes, en los 40 años de democracia lo normal es que en el Gobierno estuvieran los defensores del Estado de Derecho y en las calles, en el lumpen o en las cloacas los malhechores. Lo normal en la democracia española y en cualquiera digna de tal nombre. Ahora, no, ahora los maleantes están sentados en el Consejo de Ministros. Lo digo por Pablo Iglesias e Irene Montero, no por Yolanda Díaz o Manuel Castells que, por muy equivocados que estén, que lo están, son gente honorable. Esta semana y la anterior, Hasél estaba en la calle por terroristas callejeros y en el Ejecutivo a través de sus embajadores podemitas.

10.-Ministerio de Desigualdad. Un departamento de Igualdad nunca está de más. Lo tienen o lo han tenido históricamente las democracias de más calidad de Europa. Desde las escandinavas hasta la alemana, pasando por la francesa o la holandesa. Eso es una cosa y otra montar un chiringuito dotado con 450 millones de euros para que la enchufada compañera sentimental del machistoide número 2 del Gobierno nos diga que los niños son niñas y las niñas, niños. O para que nos retrate a todos los hombres como maltratadores por el mero hecho de ser hombres. O para que envíe cartas amenazantes a los fabricantes de juguetes para que eliminen el color rosa en las muñecas. O para que forre el lomo a asociaciones que defienden a esos delincuentes de tomo y lomo que son los okupas.

11.-Cuando la caza de brujas es ley. La ley del “sólo sí es sí” es otra viva expresión de la España de Pablo Hasél. Una norma que el Consejo General del Poder Judicial ha descalificado por unanimidad. ¿Es obligatorio el “sí” en los prolegómenos del acto sexual? ¿Qué ocurrirá si una mujer se inventa que no hubo “sí”? ¿Cómo demostrará el hombre que la anuencia se produjo? ¿Habrá que grabar todas las relaciones sexuales por si acaso? Esto es macarthysmo puro y duro. Una caza de brujas sin sentido. Cuando, como mantenía con todo el sentido del mundo Cayetana Álvarez de Toledo, el silencio es en el 99% de las ocasiones sinónimo de consentimiento. En lugar de satanizar al hombre, en lugar de enfrentarlo con la mujer, Irene Montero debería cambiar el orden de prioridades y meter en clases de Igualdad a su pareja, a un indeseable que manifestó que le encantaría “azotar hasta que sangre” a Mariló Montero y que en sede parlamentaria ofreció su despacho a Andrea Levy para que “se entienda” con el diputado podemita Miguel Vila.

12.-Falseamiento de la historia. La España de Hasél es también la que reescribe nuestro pasado a través de una Ley de Memoria Histórica/Democrática que ignora un hecho elemental: la Guerra Civil fue una contienda de malos contra malos, la peor que se pueda librar porque enfrentó a hermanos y amigos en una espiral de sangre que se cobró medio millón de almas. Por otra parte ilegalizar la Fundación Franco o perseguir penalmente la apología de la dictadura es un agravio comparativo cuando Otegi campa a sus anchas, cuando el brazo político de lo que fue ETA (Bildu) es legal y cuando no se ha puesto fuera de la ley a las formaciones protagonistas del 1-O.

Cuando una nación, un proyecto colectivo o incluso algo tan pequeño como es un núcleo familiar pierde sus valores y deroga de facto o de iure las normas más elementales, llega el imperio del mal. El totalitarismo. El pensamiento único. La anarquía. La ley del más fuerte y la del Talión, que sustituyen al Código Civil, el Penal, el Mercantil y la Constitución. Cuando el bien es el mal y el mal, el bien, ganan los malos. Siempre. Absolutamente siempre. En el momento en el que agredir, injuriar, calumniar, acosar, amenazar, poner en la diana, robar e incluso matar sale gratis o muy baratito, la democracia desaparece. La España de Hasél no es para tomársela a broma.

Pablo, para eso bastaba Soraya
Jesús Cacho vozpopuli.es 28 Febrero 2021

Un miserable pacto para repartirse el control de RTVE. Recordarán los ríos de tinta vertidos en torno al pretendido concurso de méritos anunciado en 2017 (Ley 5/2017, de 29 de septiembre) y destinado a “recuperar la independencia de la Corporación RTVE y el pluralismo en la elección parlamentaria de sus órganos”. Despolitizar y profesionalizar el Ente, única forma de elevar el prestigio de una institución degradada por el manoseo partidista. Pura filfa. En el nuevo Consejo de Administración que conocimos el jueves ha entrado un comunista que dirige Mundo Obrero; un sindicalista ligado a CCOO, porque son los sindicatos los que mandan en RTVE; una señora del PSOE que representa los intereses de los amigos de Zapatero que se forran con la externalización de programas; un señor y una señora del PP “que han sido elegidos porque ya están en la casa; no hay más” (explicación del PP), es decir, por su fidelidad al partido; un señor del PNV exdirector del diario Deia, y así sucesivamente.

Los aspirantes más cualificados a la presidencia renunciaron de plano a ocupar una de esas vocalías en el Consejo en cuanto supieron que el “gordo” ya estaba adjudicado. Con 900 euros brutos de retribución al mes y un régimen de incompatibilidades bastante estricto, o no tienes dónde caerte muerto o eres un tipo de fidelidad probada a la cuadra a la que perteneces o ambas cosas, lo que en cualquier caso implica comportarte como un chico bien mandado a las órdenes del amo. Es la realidad de unos nombramientos que deberían llenar de vergüenza a los jefes de filas de los partidos. PSOE, PP, Podemos y PNV se han quitado las caretas. Ya ni siquiera disimulan. La desvergüenza es total. Se trata de colocar comisarios por delegación sin exigencia de cualificación moral o profesional, dispuestos a seguir a rajatabla las directrices que les lleguen desde el puente de mando de cada grupo.

De modo que nada ha cambiado en RTVE. Y nada va a cambiar a mejor, aunque todo podría pudrirse un poco más. Una televisión pública cuya plantilla se acerca a las 6.300 personas (el doble de las de Mediaset y Atresmedia juntas), con un presupuesto cercano a los 1.000 millones, la mitad de los cuales se va en pago de salarios, que anualmente sostienen los Presupuestos Generales del Estado, es decir, el dinero de los contribuyentes; una televisión, convertida en un fortín sindical, que no ve casi nadie, porque difícilmente una mente aseada puede soportar espectáculos de sectarismo como los que de buena mañana protagoniza la tal “Isobaras”, la señora que antaño se encargó de contarnos el tiempo en el telediario de la noche, y que después continua el tal Cintora, uno de los periodistas más sectarios que pueblan el horizonte mediático hispano.

Difícil entender el volantazo protagonizado por un Pablo Casado que se ha hartado en los últimos tiempos de denunciar la imposibilidad de llegar a pactos “con un tío que te va a engañar seguro y que, además, gobierna con comunistas, separatistas y bildutarras”. Ya hemos llegado. Ya hemos “tragao”. Y lo hemos hecho no para regenerar las instituciones, no para despolitizarlas y profesionalizarlas, sino para ocuparlas con fines partidistas. Como siempre. El cambio operado en el PP es tan llamativo que algunos sospechan la existencia de algún dato desconocido, un pacto para que la dirección de Informativos recaiga no en un hombre del PP, Dios nos libre, sino en un profesional medianamente íntegro e independiente, porque en otro caso no se entendería que el centro derecha haya aceptado el papel de comparsa en un viaje en el que va a seguir mandando Pedro Sánchez y su socio de Gobierno, ese Pablo Iglesias solo interesado en “el control de los informativos”; no se entendería, Pablo, porque para eso bastaba Soraya.

Y detrás de RTVE viene lanzada la renovación del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Todo parecía atado y bien atado hasta que el viernes se produjo un nuevo parón. Como de costumbre, Sánchez salió a escena para culpar al PP del repentino desacuerdo. La verdad es que el PSOE, que no Podemos, se ha enrocado en un nombre, José Ricardo de Prada, juez responsable de la sentencia de la Gürtel que echó de la presidencia del Gobierno a Mariano Rajoy con un argumento falaz. Un juez ideologizado hasta la náusea que puso a Sánchez en bandeja la excusa para la moción de censura. Un juez, en suma, que hizo presidente a Sánchez y con quien ahora Sánchez está obligado a cumplir. Y un peaje por el que difícilmente puede pasar Casado so pena de bajarse las calzas hasta los zancajos… o sí. Hay, además, otra cuestión tanto o más relevante en discusión: el nombre del presidente del CGPJ, que a su vez lo será del Tribunal Supremo y cuyo voto de calidad es de suma importancia a la hora de decidir votaciones y realizar nombramientos. El cinismo de nuestros partidos llega al extremo de adjudicar el cargo antes de que los vocales se reúnan en pleno para proceder a su nombramiento (ocurrió en 2008 con Carlos Dívar y en 2013 con Carlos Lesmes), pero se cuidan muy mucho en hacerlo público antes de tiempo para evitar el escandalo consiguiente.

El PP insistía ayer mismo en que no se sentará a negociar si Sánchez no retira el nombre de De Prada, porque esa es una línea roja que Casado no podría traspasar so pena de quedar arrumbado definitivamente para la política y la historia. Porque, de nuevo, para eso bastaba Soraya. En Vox sostienen que en ningún caso se puede negociar la renovación del CGPJ con un Gobierno cuyo objetivo más o menos explícito reside en la ocupación de una Justicia hoy convertida en el último dique contra el desmantelamiento del régimen del 78, pero en Génova ha terminado por imponerse la idea de que es insostenible la situación de un CGPJ cuyo mandato lleva expirado más de dos años. En todo caso, el PP tendrá que explicar muy bien –algo que no es su fuerte- los argumentos que de repente le han llevado a participar en la fiesta de estos obscenos repartos de cargos entre partidos, en los que, además, corre el riesgo cierto de quedar retratado como simple compañero de viaje o tonto útil.

Seguramente no tenga ocasión ni de explicarse. Algunas fuentes se maliciaban ayer que Sánchez podría aprovechar el veto radical del PP al magistrado De Prada para proceder, con su socio Podemos, a activar la vía de urgencia para reformar el órgano de gobierno de los jueces, un argumento con el que viene amenazando a Casado desde antes de fin de año, martingala que dejaría al PP fuera de juego. Con el problema, o el drama, añadido de que Casado ya ha perdido la “inocencia” al admitir a Podemos en el reparto de la tarta de RTVE, de forma que difícilmente podrá seguir utilizando esa muletilla para justificar su negativa a pactar el CGPJ. El espectáculo de estos tejemanejes deja tras de sí la evidencia de la extrema debilidad de nuestra democracia, con unas instituciones diariamente arrastradas por el barro de los intereses partidarios. No hay la menor posibilidad de regeneración democrática, algo que sabíamos de sobra, cierto, pero que este “ganado” se encarga puntualmente de recordarnos.

Posdata 1. El Emérito y sus obras completas siguen cabalgando sobre el techo de cristal de la Corona, haciendo añicos el relato de la Transición y mancillando el paisaje de esta España atragantada por mil soledades. Dicen que ha llamado a la puerta de amigos muy singulares para pedirles dinero con el que pagar a Hacienda, lo cual que todo suena a farsa de mercadillo de los jueves: el rey millonario tratando de hacerse pasar por “er probe Manué”. Un montaje dicen que ideado por el amigo del alma y socio de aventuras Alberto Alcocer. Probablemente todo sea un intento de esquivar al fiscal suizo Bertossa, lento pero seguro, y cubrirse allí de un eventual delito de blanqueo, “porque en España nadie le va a acusar de nada”. El estallido de esta nueva “regularización” no hace sino ponérselo cada día más difícil a Felipe VI. Curiosa la obstinación en demoler los cimientos de una institución que encarnó en primera persona. Carlos IV y su hijo Fernando. ¡Borbones! La regularización, y los intentos de regresar a España, alboroto que sus cortesanos se encargan de pregonar por Madrid cada dos por tres. “Él quiere venir en marzo por algún tipo de festejo que tiene agendado, pasar aquí unos días y volverse a marchar; sobre todo quiere convertir en norma el mensaje de que Juan Carlos I, el rey putero y ladrón, puede entrar y salir de España sin problema cuando le pete”. Pobre Felipe VI.

Posdata 2. La noticia del ERE que prepara El Corte Inglés (ECI) es una radiografía en cuerpo entero de un país que se cae a pedazos. ECI como símbolo, quintaesencia de la España de clases medias que durante años se enorgulleció pisando sus tiendas y exhibiendo su condición de nuevo rico. “La repentina riqueza de los pobres de Kombach”. El ERE de ECI es el viaje a ninguna parte de un país que sigue viviendo de espaldas al escenario de paro y pobreza que la crisis de la covid nos tiene reservado. La pandemia y la fatal arrogancia de un Gobierno inane. País sin pulso, que sentado en la solana de un invierno frío espera como agua de mayo la lotería de esos fondos europeos que han de devolvernos a la condición de nuevos ricos. Como en los tiempos de la burbuja. País apegado a la teta del gasto público, incapaz de acometer reformas para liberalizar, para crecer y crear empleo, para enaltecer las vocaciones empresariales. País sin horizonte, en manos de canallas y desaprensivos. Ojalá El Corte Inglés remonte pronto el vuelo como el Ave Fénix de una esperanza que nunca debe perderse.

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