AGLI Recortes de Prensa   Martes 2 Marzo  2021

Comunidad sin ley, Gobierno sin límites
Liusivaya esdiario 2 Marzo 2021

Llevamos más de una semana contemplando el desastre de Cataluña. En todos los sentidos. Una comunidad autónoma que hasta hace bien poco era uno de los principales motores económicos de España hoy en día se halla sumida en el caos, tomada por aquellos a los que lo único que les importa es que no falten adoquines porque sin ellos sería harto complicado el reventar algún que otro escaparate.

Comercios cerrados: por la pandemia, claro, pero también por miedo. Calles sucias: llenas de restos de objetos quemados. ¿Desde cuándo hay en España toda una franja de Gaza? ¿Desde cuándo hemos asumido que Cataluña más que una comunidad autónoma cualquiera es la moneda de cambio que tanto a los independentistas como al Gobierno del país les sirve para seguir viviendo del cuento?

Pues unos la abandonan para no cabrear a ERC, cuyo apoyo necesitan en el Congreso, y otros hacen lo propio para no perder la fuerza de los radicales y de esta forma no tener que experimentar tampoco su ira en carnes propias.

Una cadena de favores de toda la vida. Los CDR se los hacen a los independentistas que a su vez se los aseguran al Gobierno. Los ciudadanos de a pie no cabemos en esa ecuación: vivamos en Cataluña o fuera de la misma. Y el hecho de que todos lo tengamos tan claro solo lo hace más espeluznante.

¿Qué modelo de país estamos construyendo con ello? ¿Uno en el que no viven en paz ni las papeleras? ¿Uno en el que con una comunidad autónoma a medio quemar lo único que hace el presidente del Gobierno es mandar tuits de apoyo? ¿Cómo podemos pretender pintar nada en Europa si no lo pintamos ni dentro de nuestras propias fronteras?

¿Cuándo piensa Sánchez parar la violencia y aislar a los violentos?

Y es que el modelo español no es menos por tener playa y copas por mucho que lo diga Íñigo Errejón, lo es por la falta de “porteros” en esta fiesta del sol. Nos vendría bien una industrialización, sí, pero mejor aún nos vendría ponernos antes con algo tan sumamente básico como el orden en las calles y la seguridad de nuestros negocios y nuestros ciudadanos.

Y no, no es culpa de Pablo Iglesias, que sencillamente aprovecha sus conocimientos de marketing político para pillar todas las semanas sus 20 minutillos de prime time. Es culpa de Pedro Sánchez, que en diez días de revueltas ha mandado dos tuits y ningún efectivo. Unidas Pueden: unos preparan las cortinas de humo y otros se dedican a dilapidar las arcas públicas a su antojo antes de que el humo se desvanezca. Hay que reconocerlo: son un buen equipo, qué pena hayan decidido jugar contra España.

El ejemplo del legado de Aznar
José María Rotellar okdiario 2 Marzo 2021

Este miércoles, tres de marzo, se cumplirán veinticinco años de la primera victoria de José María Aznar en unas elecciones generales y, con ello, de la que fue la primera de muchas victorias del PP en unas elecciones a Cortes Generales. Algo menos de tres años antes, Aznar había acariciado la victoria, pero un mal asesoramiento en el segundo debate televisivo, el de Telecinco, tras arrollar a Felipe González en el primero, celebrado en Antena 3, y la argucia falsa del presidente socialista con la que acusaba al PP de pretender bajar 8.000 pesetas a cada pensionista -para los lectores más jóvenes, alrededor de 48 euros en base 1993- retrasaron la llegada de Aznar a La Moncloa.

El camino no fue fácil, como no lo es todo lo importante en la vida. Fue un trayecto largo, cuidado y en el que Aznar y el PP fueron cubriendo etapas. En primer lugar, la refundación de AP en el PP, en 1989, con la vuelta de Fraga al timón del partido, pero con el objetivo de dejarlo en manos de otra persona que pudiese superar su famoso techo -que ya se quisiera alcanzar ahora-. En principio, todo parecía diseñado para que Marcelino Oreja fuese la persona elegida, pero el mal resultado en las Europeas de aquel año, por el efecto de dispersión de voto producido por la candidatura de Ruiz-Mateos, lo eliminó de la lista de Fraga. Éste, decidido tras ello a nombrar a Isabel Tocino, accedió a entregar la candidatura a las generales a Aznar tras la famosa reunión de Perbes entre Fraga, Cascos, Lucas, Rato y Trillo.

A partir de entonces, y ahí empieza a forjarse el legado de Aznar, en poco tiempo, tras la maniobra de González de adelantar elecciones para que el PP no tuviese tiempo de dar a conocer más a su nuevo candidato, Aznar, primero, superó el techo de Fraga por un escaño -aunque la encuesta de TVE le dio durante gran parte de la noche no más de ochenta escaños, y, después comenzó a unificar el centro-derecha, cuyos primeros pasos habían sido dados por el propio Fraga no ya con las fracasadas coaliciones con el PDP de Alzaga y el PL de Segurado, sino con las mociones de censura entre PP y CDS para CCAA y ayuntamientos, donde Aznar dio ejemplo en la Junta de Castilla y León. El inicio de la reunificación para mí se produce con un dato al que se le presta poca atención: la repetición de las elecciones generales de 1989 en Melilla. El PSOE había ganado porque el voto del centro-derecha se había repartido entre el PP y el CDS. Ciertas irregularidades en el recuento llevaron a decretar la repetición de elecciones en marzo de 1990 y, entonces, los electores de centro-derecha miraron los resultados de octubre de 1989 y vieron que la desunión le daba el escaño al PSOE, de manera que quienes unos meses antes votaron al CDS, en la repetición lo hicieron al PP, como si de una segunda vuelta se tratase. Ese ejemplo se extendería ya para siempre, y hasta 2015, entre los electores de centro-derecha. Para ello, y ya en la presidencia del partido desde 1990, todavía Aznar y el PP tuvieron que trabajar duro, pues fue necesario que el CDS quedase extraparlamentario en junio de 1993 y conformar un pacto sólido con UPN, que absorbió al PP y fue su sucursal en Navarra hasta que tras Aznar se rompió dicho acuerdo para luego rehacerlo en parte.

Así, aunque saliese derrotado en 1993 y dijese, desde el balcón de Génova “pensaba que iba a traeros la victoria y sólo he podido traeros el mejor resultado electoral del Partido Popular”, Aznar, en un primer acto, había conseguido unificar lo que Miguel Ángel Cortés y él mismo ubicarían como todo lo que está a la derecha del PSOE.

Tras sobrevivir afortunadamente a un atentado de ETA, y ganar las elecciones municipales y autonómicas de 1995, Aznar, con un mapa plagado de los símbolos del PP, dijo “que hoy hemos subido el penúltimo escalón a La Moncloa”. De ahí, con el episodio socialista de los vídeos del dóberman incluido, llegó la escueta y agónica victoria de marzo de 1996. Pocos confiaban en las posibilidades de Aznar para formar Gobierno -incluso El País trató de buscarle unilateralmente un recambio entre sus filas- pero cuando Aznar dijo, también desde el balcón de Génova, “hemos conseguido una mayoría que puede ser suficiente”, se abría una nueva página en la Historia de España.

Entonces, tras dos meses de negociaciones intensas, se celebró la sesión de investidura el viernes tres y sábado cuatro de mayo, dos meses después de la victoria cuyo vigésimo quinto aniversario se conmemora ahora. Aquel Gobierno fue el más parco en número de carteras hasta entonces pero el más certero en tan poco tiempo. Con dos años escasos, de incumplir todos los criterios de convergencia para entrar en el euro, España pasó a ser el que mejor los cumplía, gracias, entre otros, al recordado profesor Barea, a la determinación de Aznar y a su equipo.

Fructificaban, así, los largos años de oposición en los que Aznar y el PP estudiaron, trabajaron a fondo, reunieron la opinión de expertos de todos los campos para estar preparados para gobernar cuando los españoles les diesen su confianza, sin prisa pero sin pausa. Eso también forma parte del legado de Aznar, que demostró que para gobernar hay que prepararse, que no vale la propaganda, sino el trabajo: no se trata de querer alcanzar el poder sólo para detentarlo, ni de esperar a heredar, sino formarse para aplicar un proyecto de transformación hacia la prosperidad. Muchos deberían tomar buena nota de esto, que Aznar ha simbolizado en muchos discursos diciendo que “sólo en los diccionarios el éxito viene antes que el trabajo”.

Se equilibraron las cuentas, se redujo el déficit, la deuda comenzó a disminuir, la inflación se controló, se saneó la cuasi quebrada Seguridad Social, con un agujero de 600.000 millones de pesetas de 1996, donde hubo que pedir unos préstamos a la banca para poder pagar la extraordinaria de Navidad de los pensionistas en diciembre de 1996 y negociar con Bruselas la imputación a ejercicios anteriores, para que el quebranto salido a la luz no impidiese el cumplimento de los criterios de Maastricht. Tras ello, se impulsó un potente paquete de privatizaciones de empresas públicas que no tenía ningún sentido que lo fuesen, que permitió que se modernizasen y se convirtiesen en números uno de su sector, como es el caso de Telefónica, por ejemplo.

De ahí, al tercer acto, en el que los españoles reconocieron esos aciertos con la mayoría absoluta. Entonces, José María Aznar y Ana Botella, salían al balcón de Génova, adornado con un sobrio cartel de la imagen electoral de Aznar en el que aparecía impresa sólo una palabra: Gracias.

En la era de Aznar, se crearon cinco millones de puestos de trabajo, se redujo la tasa de paro a niveles muy bajos y España retomó su puesto en el contexto internacional, como firme aliado en el seno de la UE, especialmente con el Reino Unido, y también fortaleció el vínculo atlántico con Estados Unidos. Algunos no le perdonaron nunca ese éxito ni su decisión de abandonar la presidencia tras ocho años, cosa a la que ya se comprometió en 1996, y trataron de desdibujar su despedida al emplear electoralmente los atentados del 11-M, pero el legado está ahí: un centro-derecha unido, una economía pujante y una prosperidad creciente. Si lo segundo se simbolizaba en aquel famoso “España va bien”, lo primero, la unidad del centro-derecha, se mostraba como la herramienta indispensable para que dicho espectro ideológico pudiese gobernar y conseguir esos éxitos. Del inicio de ese camino, en forma de victoria electoral, se cumplen ahora veinticinco años, que este martes se conmemoran con un ciclo de conferencias en la Universidad Francisco de Vitoria, protagonizadas por Aznar en el marco del Aula de Liderazgo del IAdG y el Máster en Acción Política de la UFV.

Aznar entregó un centro-derecha unido y una España próspera. Hoy no tenemos ni lo uno ni lo otro, y si para lograr lo segundo -la prosperidad de España- la experiencia demuestra que es indispensable que gobierne el centro-derecha, éste sólo podrá hacerlo desde la unidad. Por ello, se hace imprescindible y urgente que se tome buena nota del ejemplo del legado de Aznar y se aplique de inmediato entre los liberal-conservadores, ya que si quieren gobernar para transformar positivamente España, para dinamizar su economía y mejorar la prosperidad de todos los españoles, sólo podrán hacerlo desde la unidad, sin exclusiones, sin vetos, sin enfrentamientos, para volver a representar a “todo lo que se encuentre a la derecha del PSOE”.

Centroman y el español
Nota del Editor 2 Marzo 2021

Sobre unos de los recientes artículos loa a centroman, citaba como contrapunto el de FJL del lunes, así que no voy a repetirlo.

Por cosas como ésta es por lo que Cs va camino de desaparecer
OKDIARIO 2 Marzo 2021

Hay gestos en política que impiden que los votantes puedan seguir confiando en un partido. Cs sufrió una hecatombe en las anteriores elecciones generales que se llevó por delante a Albert Rivera, un político valioso que, sin embargo, no acertó a dar con la tecla y pasó del casi todo a la nada en unos meses. Le sustituyó Inés Arrimadas, otra política valiosa que tampoco ha acertado y que está pagando los vaivenes de una formación que en su afán de recuperar el centro político se ha convertido, en ocasiones, en el tonto útil del socialcomunismo. Y como muestra, un botón: la Mesa de la Asamblea de Madrid ha rechazado este lunes con los votos de Ciudadanos y PSOE una Proposición No de Ley (PNL) presentada por el Grupo Parlamentario Popular en la que se instaba al Gobierno de la Comunidad de Madrid a pedir el cese del vicepresidente segundo del Ejecutivo central, Pablo Iglesias, por apoyar los altercados producidos tras el encarcelamiento del rapero Hasél.

Según Cs, no han apoyado la iniciativa por una cuestión formal, al considerar que la petición de reprobación mediante una PNL es un procedimiento que incumple el reglamento de la Cámara regional, ya que toda reprobación debe hacerse mediante una declaración institucional. Tecnicismos que no justifican el error de estrategia: la votación tenía un carácter meramente simbólico, de modo que la formación de Inés Arrimadas podrá abrazarse a excusas formales, pero lo cierto es que, al final, su partido ha impedido que la Asamblea madrileña censurara el comportamiento -intolerable, por cierto- del vicepresidente segundo.

Con su negativa, Cs no gana nada y pierde buena parte del poco crédito que le queda entre sus votantes. Son errores de bulto que se pagan muy caro. ¿Qué le costaba a Cs sumarse a la Proposición No de Ley? Nada. ¿Y qué le puede costar no hacerlo? Pues no se sabe con certeza, pero con gestos como este no es de extrañar que la formación naranja siga en franco retroceso. No está para muchas más meteduras de pata el partido de Arrimadas que, por lo que se ve, tampoco acierta con la tecla.

Sectarismo ‘feminazi’ ante el 8M
OKDIARIO 2 Marzo 2021

Las plataformas feministas vinculadas a Podemos han organizado cuatro manifestaciones en diversos puntos de Madrid pese a la situación de riesgo derivada de la pandemia y los antecedentes mortales de las concentraciones del año pasado. Su argumento es que «nadie nos puede callar en nuestro derecho democrático de movilizarnos». Aseguran que se van a respetar todas las medidas con un plan «elaborado por expertas sanitarias», simpatizantes del movimiento que se han ofrecido para establecer su particular protocolo, ajeno al del Ministerio de Sanidad. Por ahora, poco se sabe de ese protocolo, pero sí de cómo están intentando concienciar «a las vecinas para que se acerquen a las convocatorias más cercanas» que «se realizarán en los barrios y pueblos de Madrid».

Anuncian un plan «creativo» que estará dividido en cuatro bloques, que se desarrollarán en torno a cuatro plazas de la ciudad de Madrid: Puerta del Sol, Cibeles, Atocha y Embajadores. O sea, la estrategia para sortear el peligro del coronavirus pasa por dispersar las concentraciones en lugar de llevar a cabo una gran acción unitaria. Eso sí, la acción reivindicativa de las feministas organizadoras del 8M no se va a centrar tan sólo en ese 8 de marzo, porque el calendario de acciones en la capital incluye una serie de actividades que empezarán en breve y que buscan llevar el movimiento feminista a las calles. Así, el 7 de marzo, por ejemplo, está previsto un «pasacalles» en la zona de San Blas y Canillejas, de una duración superior a las dos horas. La comitiva tiene prevista una parada frente a la comisaría de Policía Nacional, aunque no especifican con qué motivo. A esa misma hora del domingo también hay convocadas otras concentraciones en diversos puntos de la ciudad. El viernes 5 de marzo, dos días antes, asambleas locales del movimiento 8M protestarán contra la existencia de los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE).

En suma, que el feminismo más reaccionario pondrá en marcha su propio protocolo sanitario: toda una bomba de relojería. Van presumiendo de que defienden la salud pública, pero a las primeras de cambio anteponen su sectaria ideología a los intereses de la mayoría de los madrileños.

Populistas y separatistas, abono del terrorismo callejero en Barcelona
OKDIARIO  2 Marzo 2021

No es ninguna novedad que el populismo y el independentismo han servido de abono para que el terrorismo callejero haya convertido a Barcelona en centro neurálgico de sus violentas operaciones. La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, reactiva a todo lo que sea incrementar el número de efectivos policiales municipales, ya ha dejado claro que no pondrá a patrullar a más agentes de la unidad de antidisturbios de la Guardia Urbana. Por su parte, la consejería de Interior de la Generalitat también ha sido muy clara al anunciar que no pedirá ayuda de la Policía Nacional. Y dado que la consigna es que los mossos mantengan en todo momento una actitud contenida ante los violentos -esto es, que aguanten la embestida de los cafres-, toda la ventaja la seguirán teniendo quienes han convertido Barcelona en una ciudad sin ley.

El responsable de la Consejería de Interior ha trasladado a Colau la necesidad de contar con un mayor apoyo de la policía local, que cuenta con más de un centenar de efectivos en plantilla, para actuar en este tipo de protestas violentas. Una petición a la que la alcaldesa se ha negado en rotundo, seis años después de prometer disolver a los antidisturbios de la Guardia Urbana. Colau no quiere ponerse en contra a los dirigentes de su partido hermano, Podemos, por lo que no dará ordenes a su cuerpo policial para aumentar la presencia en las calles. En las últimas semanas la participación de la Urbana en los dispositivos ha sido prácticamente testimonial. Y como la consejería de Interior tampoco está en disposición de colaborar, justo ahora que los votos de la CUP son necesarios para la formación de un Gobierno separatista, los mossos volverán a ser los grandes paganos de una situación en la que los terroristas callejeros seguirán campando a sus anchas y desatando la violencia.

Los sindicatos policiales aseguran que no es suficiente los alrededor de 200 agentes antidisturbios que a diario salen a las calles de Barcelona para controlar una manifestación de más de 10.000 personas con perfiles tan violentos. Denuncian que se sienten desprotegidos ante la furibunda reacción de los protestantes que «tienen a los policías como principal objetivo». Reivindican que «se trata de una decisión política acabar con estas protestas y todo lo que supone a nivel social» y que esa decisión pasa por «ampliar el número de antidisturbios que dan servicio en cada manifestación».

Esa es la triste realidad: la «caza» del policía se ha convertido para los grupos de extrema izquierda que funcionan como guerrillas urbanas en una práctica cotidiana ante la indiferencia política de los populistas y separatistas que gobiernan Barcelona y Cataluña.

Despejar dudas
EDITORIAL. https://gaceta.es 2 Marzo 2021

Las penúltimas amenazas y bravatas de Nicolás Maduro —en las que llama a la revisión de las relaciones con España—, no deberían pasar de ahí. En condiciones normales, despreciarlas y no acusar recibo debería ser la primera reacción sensata de cualquier Gobierno serio. Sin embargo, en este caso, los intereses de España y de las empresas españolas que todavía operan en la dictadura narcochavista venezolana exigen una contundente respuesta diplomática como requisito necesario para despejar las sospechas públicas de que hay ministros de la izquierda española—y no sólo en Podemos— que cargan con maletas muy pesadas por sus relaciones, pasadas, y presentes, con el régimen caribeño.

Si ya son graves las relaciones conocidas de determinados ministros y un expresidente como Zapatero con organizaciones como el Grupo de Puebla que cuentan con el aliento financiero del chavismo al que asesoraron y del que tanto recibieron, las que sin duda deberían preocuparnos son las que todavía desconocemos. Las últimas informaciones periodísticas que señalan que el ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, conocía, consintió y preparó la escala no tan técnica que hace un año llevó a cabo la dirigente chavista Delcy Rodríguez que tiene prohibida la entrada en la Unión Europea y que se reunió en secreto durante horas con el ministro de Fomento, José Luis Ábalos, señalan un escenario de contubernio inaceptable entre una dictadura y un Gobierno formalmente democrático al que le es exigible que vele por el liderazgo europeo de España en cuestiones iberoamericanas.

Este liderazgo no se sostiene consintiendo soflamas antiespañolas, aceptando chantajes y trabajando de maletero de aeropuerto. Sólo se sostiene desde una posición ética inquebrantable que señale a Nicolás Maduro como uno de los grandes enemigos de la libertad en la Iberosfera.

Y si ante esa declaración de enemistad con un dictador —que no con un país hermano—, ese mismo régimen corrupto decidiera cumplir sus amenazas veladas de tirar de la manta de las relaciones secretas con ciertos ministros españoles, el Gobierno español debería celebrarlo como una oportunidad para regenerar a la izquierda española y devolverla al carril constitucional.

En cualquier caso, qué mala señal es que tengamos que editorializar lo obvio.

Veinticuatro horas sin mentir
Fernando Sánchez Dragó. https://gaceta.es 2 Marzo 2021

Tendría yo cosa de diez años cuando vi en el cine Narváez, de Madrid, que estaba muy cerca de mi casa y que ya, como casi todo lo restante, no existe, una película del actor cómico Bob Hope, a la sazón muy conocido y hoy olvidado, que me encantó, me impactó y en la que nunca he dejado de pensar. Se llamaba como hoy se llama esta columna: Veinticuatro horas sin mentir. Seguro que José Luis Garci, el hombre de la infinita memoria cinematográfica, que también solía frecuentar ese local de risas, sobresaltos, besos y sueños en sus años infantiles, la recordará.

Bob Hope, en ella, por alguna razón que he olvidado, se comprometía, mediante apuesta, a estar un día entero sin mentir así fuese por mera educación o, simplemente, delicadeza. Por ejemplo: si se cruzaba con una señora fea, gorda y bigotuda o con un señor barrigón, pelón y con tantas arrugas en su facies como las de una castaña pilonga, se lo espetaba sin escurrir el bulto, dorar la píldora ni recurrir al silencio.

Huelga aclarar y sobra ponderar el pandemónium, cifostio, griterío, zipizape y marimorena que su conducta suscitaba. Ponía el mundo patas arriba. Se armaba la de san Quintín. No quedaba títere con cabeza. Dejaba a sus espaldas tierra quemada. Tras él venía el diluvio. Y todo eso daba pie a situaciones y gags de contundente comicidad y descacharrante hilaridad. Quizá, si volviese a ver ahora la película, no me reiría tanto como entonces me reí, pues también los mecanismos del humor, como todos los cánones, se desgastan y mudan con el correr del tiempo.

¿Por qué traigo todo esto a colación tantísimos años después? Es la estricta actualidad la que me mueve a hacerlo. Ayer mismo, por el sábado, y van ya diez jornadas de estúpido y maligno alboroto callejero, la horda de quienes confunden la libertad de expresión con la de agresión volvió a hacer de las suyas en las calles más pintonas de la capital de Cataluña y acaso, pues eso ya no lo sé, en las de otras ciudades tan españolas, mal que eso pese a quienes quieren fragmentar y pulverizar la nación, indivisible, en la que nacieron como si fuese uno de esos enojosos cálculos de pedrería y urea que a veces se instalan en los conductos del sistema renal de las personas.

Lo que está sucediendo en pro de la excarcelación de un zoquete gramaticida que odia a sus semejantes, y más aún a quienes, por suerte para ellos, no lo son, es algo similar a la iracunda zapatiesta provocada por Bob Hope el día en que estuvo veinticuatro horas sin mentir y clama al cielo de la sensatez como clamaban al de Jehová las licenciosas costumbres de los vecinos de Sodoma y Gomorra. Sírvanme de metáfora, y sólo de metáfora, para que no se me enfaden los de la LGTBIQXYZ (y llevo dos), ambos topónimos, aunque también cabría sustituirlos por los de Vandalia, Manifestalia y Asnalfabética, de estricta aplicación todos ellos, y más que habría, a ese campo de Agramante y de rumiantes en el que las alimañas han convertido España.

Las rimas consonantes, por malsonantes que sean, del párrafo anterior son intencionadas y lo de gramaticida es una colleja asestada en el obtuso cogote minicéfalo de quien no sabe ni siquiera escribir su seudónimo sin cometer una falta de ortografía. Hasel, mi estimado héroe de la asnalidad lírica, no lleva tilde, que también rima, por cierto, con algo que tú nunca serás: humilde. La llevaría sólo sobre la a de aaaaasno si ese seudónimo fuese heterónimo y se acomodase a tus ripios, a tus berridos, a tus rebuznos y a tu conducta.

Disculpe vuecencia esta ristra de dicterios en gracia a esa libertad de expresión y de agresión que tus cachorros reivindican. Reconocerás, supongo, y reconocerán ellos, que también yo, aunque me consideren facha, tengo derecho a ella.

Urge achicar, perimetrar (horrenda e inútil palabreja que los gestores sanitarios, con el inefable Simón a la cabeza, y los locutores de la radio y de la tele, siempre serviles y proclives a hacer suya la voz de sus amos, han puesto de moda), y precisar el territorio semántico de la libertad de expresión, que no debería ser ilimitada, por ser de rango inferior a otras que la de agresión conculca. Quien lo dice es un escritor que no por serlo cree que su sacrosanto derecho a escribir lo que piensa le autoriza a insultar, a ofender, a burlarse de las instituciones y de las personas que las encarnan, a agredir, en definitiva, al prójimo y, last but not least, a hacerlo con faltas de ortografía, de sintaxis, de léxico y de sindéresis.

A punto ya de terminar esta columna me entero de que ayer, en Barcelona, un grupo de facinerosos prendieron fuego a un vehículo de la policía con la evidente intención de quemar a la persona que estaba dentro y que consiguió escapar a las llamas gracias a la ayuda de un compañero. Eso ya son palabras mayores. Eso ya es tentativa de asesinato con todas las agravantes posibles, y no es la primera vez que semejante barbaridad se acomete. No será, tampoco, la última si quienes pueden y deben salir en defensa de las leyes y cuidar de su implacable aplicación con toda la contundencia que es del caso se enrocan en la permisividad, miran al tendido en vez de echarse al quite de lo que en el ruedo ibérico sucede y se enrocan en los melindres de un supuesto Estado de Derecho que en contra de sí mismo da derecho a hacerlo todo. Y no a todos, por cierto, sino a algunos.

¿Libertad de expresión ilimitada, señoritos de la ceja izquierda, o libertad de agresión caiga quien caiga? Recuperen los cabales. La mesura, dijo Aristóteles, no es censura, sino cordura. Yo, por ejemplo, me muerdo, llegado a este punto, la lengua y renuncio momentáneamente al pleno ejercicio de mi libertad de expresión no vaya a ser que por decir lo que pienso acabe con un sambenito en la picota.

SI NOS ENTENDEMOS, ¿PARA QUÉ?
El español nunca desbancará al inglés: "Hay que usarlo incluso en filología hispánica"
A pesar de los discursos triunfalistas sobre el español, el inglés sigue siendo la lengua franca en ciencia, negocios y tecnología. Una brecha que nos hace gastar más de lo que pensamos
Por Héctor G. Barnés el confidencial 2 Marzo 2021

¿Cuánto dinero cuesta hablar en español? O, mejor dicho, ¿cuánto puede suponer no ser nativo inglés? Pongamos una cifra: alrededor de 2.000 euros al año. Es la cantidad que algunos investigadores españoles calculan que pueden gastar al año en traducciones de sus artículos desde su lengua materna a la lengua franca de la ciencia para aparecer en las mejores revistas. Como explica uno de ellos, "dile a tu mujer que tienes que gastarse 600 euros en publicar un artículo", el coste aproximado de una traducción (barata).

Frente a las visiones triunfalistas del español que alardean de que disponemos de la segunda lengua más hablada del mundo, bajar al detalle muestra que cantidad no es calidad. El inglés ha sido, sigue siendo y probablemente será cada vez más la lengua franca en la ciencia y la investigación, pero también en negocios, política, internet o, simplemente, para encontrar trabajo en una multinacional. Aun así, el inglés no es el idioma más hablado del mundo como primera lengua: el honor recae en el chino mandarín, con 1.284 millones de hablantes, lo que muestra que lo importante es situarse como principal lengua secundaria. Y ahí nadie gana al inglés.

Si, como afirman algunos esgrimiendo un argumento darwiniano, no necesitamos lenguas como el catalán o el gallego porque tenemos el español, algo semejante pueden decir los angloparlantes respecto al castellano. Estas contradicciones se ven bien en la investigación española. "Yo entiendo que para dar difusión se necesite una lengua tecnológica, que ahora es el inglés como antes fue el latín o el francés, pero eso genera discriminaciones", explica Elisa Borsari, investigadora de la Universidad de Granada. "Yo trabajo literatura medieval castellana y me imponen que lo traduzca al inglés para que lo pueda leer un ruso o un japonés".

Una de las paradojas más difícilmente comprensibles, puesto que, como explica Borsari, "es un contrasentido, porque mi tema es la alta filología, es decir, si no sabes nada de español, no lo vas a entender ni aunque te lo traduzcan a inglés". Con la dificultad añadida de que el inglés condiciona los términos empleados y los marcos mentales en los que se investiga. Muchas decisiones institucionales terminan obligando a adoptar el inglés. Como explica la filóloga italiana, "¿por qué el ministerio te obliga a presentar un proyecto en inglés cuando pides más de 100.000 euros? Es una barrera, porque ya tienen en la cabeza que las humanidades no van a tener acceso a tanto dinero".

El coste de las traducciones, prosigue, es alto aunque "justo", porque "es difícil traducir un artículo que trate sobre poesía medieval o sociología". La transposición al inglés tiene que ser perfecta, preferiblemente realizada por un nativo especializado en el tema porque si no, se corre el riesgo de que el trabajo sea rechazado. De las 12 grandes revistas académicas de Europa Occidental, ocho publican sus artículos en inglés y las cuatro restantes tienen sus guías en ese idioma.

Hace un par de años, la editora de origen indio Sheha Kulkarni publicó para la London School of Economics un artículo en el que explicaba lo caro que puede resultar tener una gran idea y no hablar inglés. "Los autores no nativos que viven en un mundo que no habla inglés invierten demasiado tiempo y dinero", explicaba uno de los investigadores entrevistados. Hace ya 25 años, el número de revistas académicas en inglés en el Science Citation Index era del 95%.
Europa sin ingleses, pero con inglés

Otra paradoja es la de la Unión Europea (UE), donde después del Brexit el inglés sigue siendo la lengua oficial, a pesar de que solo es oficial en Irlanda y en Malta. "Luchar contra la prevalencia del inglés en terrenos como la ciencia es una batalla perdida de antemano", valora David Fernández Vítores, profesor titular en la Universidad de Alcalá y responsable desde 2010 del informe 'El español, una lengua viva', del Instituto Cervantes. "No es una guerra de lenguas como suele presentarse, sino un acuerdo interlingüístico para entendernos, aunque vaya ligado al poder económico y político".

Por eso, pretender que el español pudiese ser la lengua franca en la UE es una utopía. Pero probablemente también lo sería elevar el francés o el alemán. "Hay dos corrientes muy contradictorias", explica el investigador. "Una que promociona el multilingüismo a capa y espada, que se recoge en el primer reglamento del Consejo Europeo, en el que los textos se escribían en francés y se pasaban a otras lenguas. Desde la entrada de Reino Unido en la Unión en 1973, se produjo un relevo, y va a ser imposible cambiar esa tendencia".

Las razones son, ante todo, prácticas: la ralentización que se produciría con la traducción a cada una de las lenguas oficiales de un mismo texto sería ineficiente y ni siquiera los franceses, que siempre han presumido de que su lengua era la de la diplomacia, han sido capaces de cambiar la tendencia. Como recuerda Fernández Vítores, "las instituciones se dinamizan cuando hay un consenso y, al final, todo consiste en sacar el trabajo adelante".
placeholder Si naces en Oxford, tienes mucho ganado. (Reuters)

Por eso, no es tan importante fijarse en cuál es la primera lengua demundo sino en la segunda. Y esa no es ni el chino mandarín ni el español, sino el inglés, con 753 millones de hablantes no nativos y 379 millones de hablantes nativos. El único del 'top ten', junto al francés y al indonesio, donde los no nativos superan a los nativos, un sorpaso que se produjo hace más de una década.

No queremos angloparlantes, sino nativos
Ana Cristina Suzina recuerda aquel sábado noche de 2018 en el que la Ecrea, la European Communication Research and Education Association, organizó una mesa redonda sobre las estructuras de poder y discriminación que produce el uso del inglés como lengua franca en la ciencia. Apenas 12 personas, ponentes incluidos, acudieron, pero a la brasileña le sirvió para abrir la caja de los truenos y publicar, dos años después, un trabajo sobre el inglés como lengua franca y la "esterilización del trabajo científico".

"Es normal que se establezca una plataforma de conocimiento común, pero ¿quién lo decide? ¿Y cuál es el criterio?", se pregunta por teléfono desde Londres. "Hay otro problema añadido: las instituciones académicas en Latinoamérica y en España evalúan a los investigadores respecto a su acceso a revistas publicadas en inglés, y tu carrera va a evolucionar en la medida en que publicas en dichas instituciones, pero estas mismas no dan soporte para aprender inglés, realizar estancias o pagar traducciones". Lo más habitual es que el investigador pague de su propio bolsillo las traducciones, lo que provoca una discriminación de base "entre los que pueden costearse esos gastos y los que no, aunque sean investigadores brillantes".

Otra clave que expone Suzina es de qué hablamos cuando hablamos de inglés. Si cada vez en más ámbitos se acepta un inglés neutro con ciertas incorrecciones, siempre que estas permitan entenderse, no ocurre lo mismo en el mundo académico. "Cuando establecemos el inglés como lengua franca, debería ser un lugar común para intercambiar, en el que los nativos reconozcan un inglés comprensible y los que no lo son hagan el esfuerzo de alcanzar un nivel mediano", explica. "Pero eso no pasa: establecemos el inglés como lengua franca, pero con un nivel muy alto". El caso de Latinoamérica es aún más extremo que el español. Suzina recuerda que una traducción de un nativo puede costar 350 libras: al cambio, "cinco veces más que el sueldo mínimo". La consecuencia es obvia: solo pueden prosperar los que lo pueden pagar.

El impacto del inglés no se limita a los círculos académicos, aunque sea uno de los más visibles. Suzina cita la investigación en proceso de una de sus colegas, que está estudiando el impacto del uso del inglés como lengua franca en las multinacionales. "Una de las cosas que ha identificado es que los chinos que trabajan en estas grandes empresas terminan hablando lo mínimo en inglés y los superiores creen que no aportan mucho así que no ascienden, pero lo que pasa es que tienen miedo a expresarse mal por lo que reducen su participación".

En internet, el español está claramente infrarrepresentado en comparación con el inglés que, como recuerda Borsari, es la lengua de la tecnología y la economía. Según el análisis realizado por W3Techs sobre las páginas más visitadas de la red, el 60,5% del contenido más relevante está en inglés, mientras que el porcentaje de usuarios que habla ese idioma como lengua materna es del 25,9%. El español representa un 3,9% de contenidos para un 7,9% de hablantes.

Una ventaja fácilmente explicable a través de la historia geopolítica. Hace algo más de un siglo, la producción científica alternaba entre inglés, francés y alemán. Si la derrota alemana después de la Segunda Guerra Mundial supuso el abandono del idioma que hasta entonces se había utilizado el de la física, el exilio de científicos centroeuropeos a EEUU y su 'boom' económico e investigador y la victoria aliada llevaron a que el inglés se convirtiese en una lengua franca mundial frente al castigado francés.

¿Quién va a querer aprender idiomas?
Podría parecer que nos encontramos ante un proceso de homogeneización en el que el inglés terminará prevaleciendo como única lengua, aunque haya quien apunte hacia el surgimiento de un neo-esperanto basado en el inglés. Estamos acostumbrados a oír que cada dos semanas desaparece una lengua en el mundo, que para 2115 se habrán extinguido alrededor del 90% de los idiomas que hoy existen y que, tal vez, en algún momento, el chino mandarín arrebatará el cetro al inglés, como sugiere el doctor en lingüística John H. Mcwhorter.

Lo que esta lectura darwinista y teleológica de los idiomas no tiene presente son los cambios tecnológicos que se han producido en los últimos años y que, por ejemplo, pueden poner patas arriba la necesidad de aprender idiomas. A Fernández Vítores le sorprende que aprender idiomas siga siendo un factor esencial de diferenciación laboral, algo que ya está popularizado en todos los currículos. "Pensaba que eso de proyectarse profesionalmente por saber lenguas iba a pasar a mejor vida, pero el inglés o el chino aún son muy vendibles en las empresas con relaciones internacionales", responde.

Sin embargo, la cotización de los traductores ha descendido en los últimos 20 años, cuando él comenzó a trabajar como traductor y recibía quince céntimos por palabra. La razón es sencilla: en algo más de un lustro, el 'software' de traducción ha mejorado sensiblemente, por lo que si al lingüista hace años le encargaban traducciones de textos "para saber de qué iban", hoy sus potenciales clientes no tienen más que pasarlo por el traductor automático. El mercado de contratos mercantiles ha crecido, pero ha descendido también su valor. Fernández Vítores tiene por ello una teoría que puede sorprendente: "La lengua del futuro va a ser cualquiera, porque la lengua del futuro va a ser la traducción".

Puede sonar chocante, pero propone el siguiente escenario: "Cada persona redactará sus textos en su propia lengua, y los sistemas de traducción van a estar tan perfeccionados que, más pronto que tarde, el 98% de los textos estará perfecto". Es decir, no hará falta perfeccionar un idioma, y la traducción simultánea quedará más como una cuestión de cortesía y protocolo que como una necesidad. Ganancia para el mundo de la investigación, la docencia y los negocios, pérdida para los traductores.

En ese contexto, ¿para qué queremos el español, ni siquiera el inglés? Como concluye Fernández Vítores, el hecho de que el número de hablantes no nativos haya superado a los nativos ha provocado que el inglés se haya desnacionalizado: "Ahora es patrimonio de todos y que no hables bien inglés no quiere decir que tu resultado de negociación sea peor que el de un nativo, que a lo mejor se desespera porque tiene que plegarse a tu sintaxis. Imagínate que los españoles tuviésemos que enfrentarnos a 600 millones de no nativos que quisieran dirigirse continuamente a nosotros en español". ¿Quién quiere vivir en un mundo donde todo el mundo chapurree español?

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No es esto
Enrique García-Máiquez. https://gaceta.es 2 Marzo 2021

Mi amiga la filósofa Mariona Gúmpert me escribió hace unos días medio en broma pidiéndome un artículo que echase algo de luz esperanzada sobre la situación política española. Si yo no —seguía bromeando—, quién podría. Abrumado por el prestigio imponente de la Filosofía, tiré de un adagio de mi humilde carrera de Derecho para disculparme con la plata de la calderilla de mi escaso latín: «Ad imposibilia nemo tenetur», o sea, que «Nadie está obligado a lo imposible». A Mariona el brillo del latín no la deslumbró. Mi escapatoria por la transversal del Derecho y la imposibilidad, había fracasado. Se acabaron las bromas.

Ahora he caído en que esa propia desesperanza de la situación puede ser una puerta o, mejor dicho, una trampilla en el suelo para escapar. Podemos caer más bajo todavía, sí, pero ya estamos lo suficientemente hundidos para que cada vez más gente se marque un Ortega y Gasset. Esto es, que salte a la calle exclamando «¡No es esto, no es esto!» como salió el filósofo cuando la República le salió rana.

Quitando la cúpula del PP, empeñada en repartirse los puestos del CGPJ y del Consejo de TVE con el PSOE como en sus merry old days, no creo que quede nadie en España que crea todavía en las caretas de Sánchez ni en sus promesas, ni aunque le vote por otras causas. Por otro lado, entre las pedradas a Vox en la campaña catalana y los bestiales disturbios en las calles, tampoco nadie normal, aunque no les vote, va a tragarse más que la amenaza a la democracia son Abascal, Espinosa de los Monteros, Macarena Olona e Ignacio Garriga, como si fuesen los cuatro jinetes del Apocalipsis. La estrategia del discurso del coco que viene, ¡que viene el coco!, que es lo más sutil que se ha sacado del ídem Iván Redondo, ha tocado fondo definitivamente.

Y no es lo único. Se está derrumbando ante nuestros ojos como un castillo de arena el PSOE que marcaba el centro del espectro ideológico en el imaginario español, de modo que todo a su derecha era la extrema derecha, que hasta a los de Cs le han llamado falangistas. A su izquierda y a los nacionalistas los blanqueaba con su varita mágica porque los necesitaba para ir entregándose, que es lo que está en su naturaleza. Eso se ha terminado. Hoy por hoy, nadie percibe que Pedro Sánchez esté en el centro, ni siquiera que esté centrado. Tanto pacto con un Pablo Iglesias que se ha soltado la coleta (y para disimular se ha recogido la coleta) y con tanto nacionalista, incluyendo a Bildu, y tanto flambear las calles de Barcelona y con la economía hecha unos zorros, han terminado por poner a cada uno en su sitio (en el mismo que ya estaba).

La situación de España está, como decía al principio, bastante imposible, pero el diagnóstico popular ha empezado a acercarse a la realidad de la política y de las intenciones de cada cual. Y un buen diagnóstico, aunque sea muy malo, es imprescindible para dar con el tratamiento que conduzca a la curación. No sé si la venda del dinero que venga de Europa será suficiente para tanta herida o, al menos, para tapar los ojos de suficientes españoles; pero, ni aún con tanta pasta ajena, Iván Redondo va a poder recomponer la superioridad moral del PSOE ni el sambenito del malditismo que le habían calzado a Vox para neutralizarlo. Que todo eso no era nada de esto lo sabe ya hasta el último español.

Los ayuntamientos gallegos superan el récord histórico de gastos en personal
Destinaron 776 millones para pagar a sus trabajadores en 2019, por encima de los 772 que habían abonado en 2009 | Un tercio de los ingresos son para las nóminas de sus empleados
Manolo Rodríguez. A Coruña La opinion 2 Marzo 2021

Ha tenido que pasar una década para que los ayuntamientos gallegos superen la marca histórica de 772 millones que pagaron en 2009, en época de vacas gordas, a sus trabajadores. En 2019 se gastaron 776 millones en remunerar a su personal.

La fotografía fija del montante total de las nóminas de los empleados de los concellos es una gran uve. Eso sí, con el primer palo más pequeño que el segundo. Hasta el ejercicio de 2019, el techo de gasto en sueldos estaba en los 772 millones que se alcanzaron en 2009. Después, debido a la crisis y al ajuste que tuvieron que realizar todas las administraciones, la partida sufrió tres años de caída hasta los 652 millones de 2012.

Desde entonces ha enlazado siete ejercicios de subidas hasta los 776 de 2019. Si la caída en el periodo 2010-2012 fue del 15%. La subida entre 2013 y 2019 ha sido del 19%. Como consecuencia, los ayuntamientos gallegos superaron el récord histórico de gastos en personal en 2019 tras incrementar la cifra un 4,7% con respecto a 2018.

La partida que los concellos dedican a remunerar a sus trabajadores ya supone casi un tercio de todos los ingresos: el 31%.

En los años anteriores a la crisis, la entrada de dinero vía impuestos en las arcas de los concellos también repercutió en el personal que trabajaba en ellos. Aumentó el número de empleados y con ello también la partida para retribuirlos. Pero llegó la crisis y el panorama cambió. Las administraciones locales se apretaron el cinturón para recortar sus gastos y una de las partidas que más redujeron fue la dedicada a pagar los sueldos de sus plantillas.

El año 2009, uno después de que estallase la crisis económica, fue el último desde el inicio del siglo en el que aumentó la cifra dedicada a pagar a los empleados de las instituciones municipales. Aquel ejercicio se llegó a los 772 millones, una cantidad récord que no se había logrado antes y que ha tardado una década en ser superada.

Llegan los recortes
A partir de ese año, y coincidiendo con la entrada de las nuevas corporaciones municipales en mayo de 2011, llegaron los recortes: 120 millones en solo tres años. De 772 a 652. Una cifra similar a la que se abonó en 2007.

Pero tras tres ejercicios de bajadas, comenzó una nueva época expansiva de las cuentas de las administraciones locales a partir de 2013. Ese ejercicio, por primera vez tras tres años de disminución del dinero reservado para pagar las nóminas de sus trabajadores, los concellos dejaron de apretarse el cinturón y la partida para los sueldos aumentó en 28 millones. Desde entonces ha crecido en 124 (un 19%) hasta los 776 actuales, según los últimos datos del Ministerio de Hacienda.

De los siete conceptos en los que se desglosan los gastos de las plantillas de las corporaciones municipales, los siete aumentaron en 2019 con respecto al año anterior. De ellos, hay tres que aglutinan casi nueve de cada diez euros que reservaron para pagar a sus empleados. La partida más cuantiosa es la del personal funcionario (el 35% del total), con 273 millones; le siguió la del personal laboral (30%), con 238, y, en tercer lugar, las cuotas, prestaciones y gastos sociales (20%), con 161. En otras partidas como la de los altos cargos se gastaron 23 millones; en incentivos al rendimiento, 15, y en personal eventual de gabinete, 5.

Si en los últimos siete años, la partida total reservada para las plantillas de los trabajadores de los ayuntamientos gallegos se ha incrementado en un 19%, la de los altos cargos ha crecido la mitad: un 10%.

Para 2020, los ayuntamientos habían presupuestado que se gastarían en sus trabajadores 817 millones lo que supone un 5,2% más que el año anterior. Mientras que las diputaciones desembolsarían 159,9 millones, un 11,2% más.

En ambos casos no se puede hacer una comparación, porque los datos de 2019 ya están cerrados y los de 2020 son aún estimaciones que cuando se presente la liquidación de los presupuestos pueden tener variaciones, y más con la pandemia del coronavirus que ha obligado tanto a las instituciones locales como a las provinciales a modificar sus presupuestos.

Sin embargo, sí se puede realizar una comparación con la estimación de gasto que habían previsto las administraciones locales en 2019 y la que fue al final. Los ayuntamientos presupuestaron ese año 773 millones. Al final fueron 776, y las diputaciones, 148. Al final fueron 143. El avance de los presupuestos para 2021 aún no se ha publicado.

Las diputaciones se quedan a solo cuatro millones de alcanzar su mejor cifra
Si los ayuntamientos rompieron en 2013 la racha de tres años de recortes en las nóminas de sus trabajadores, y desde entonces han enlazado siete años de subida, en las cuatro diputaciones la evolución ha sido bastante similar, aunque en 2019 no batieron el récord del importe de los sueldos, como lo hicieron los concellos. Eso sí, marcaron la segunda mayor cifra de la historia. En 2019, la partida que las diputaciones dedicaron para pagar a sus empleados se incrementó en 11 millones con respecto al año anterior hasta los 143. Esta cifra solo ha sido superada por los 147 que se abonaron en 2010. La foto fija de las nóminas de los empleados de las instituciones provinciales en los últimos ocho años es una uve perfecta. El máximo se alcanzó en 2010 con 147 millones, y a partir de ese año encadenó cuatro ejercicios a la baja hasta los 118. Desde entonces, otros cuatro años al alza hasta los 143 de 2019. Si en el periodo de descenso, la caída fue del 19%, en el cuatrienio siguiente el alza ha sido del 21%. Nueve de cada diez euros que las diputaciones reservaron en 2019 para los gastos de personal fueron a tres partidas: personal funcionario (el 52% del total); cuotas y prestaciones (22%) y personal laboral (19%). De las siete partidas en las que se dividen los gastos de las plantillas, subieron todas, excepto los incentivos al rendimiento que bajaron de 7,2 millones a 6,1.
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