AGLI Recortes de Prensa   Lunes 15  Marzo  2021

El nefasto balance económico de los treinta y tres meses de Pedro Sánchez
José María Rotellar Libertad Digital 15 Marzo 2021

Tras ya casi tres años como presidente del Gobierno, el presidente Sánchez tiene que enfrentarse a los datos de su gestión también en su vertiente económica. Es obvio que la crisis sanitaria ha impactado en la economía española, pero hay que realizar dos matizaciones: ni todo el empeoramiento económico se debe a la crisis provocada por el coronavirus, pues la ralentización se intensificaba cada vez más desde finales de 2018 sin que el Gobierno hiciese nada positivo para frenarlo, cuando no incentivaba la desaceleración con sus medidas de incremento de gasto, ni el impacto del virus en la economía ha tenido la misma fuerza en todos los países, pues quienes han sido previsores y han gestionado mejor, han podido tomar medidas más suaves, incluso no cerrar la economía y ahora cuentan con una fortaleza económica estructura muy superior a la española.

En este balance pesa, y mucho, la forma de hacer política de Pedro Sánchez, aplicada también a la política económica. Su problema es de origen, del momento y modo en cómo llegó a la presidencia del Gobierno. No se puede pretender gobernar con una cifra tan escasa de diputados del propio grupo en un parlamento que cuenta con 350 escaños. Todo lo más, como hizo Sánchez, se puede alcanzar el poder, pero no gobernar, de manera que tiene que estar sometido a las alianzas que él ha querido tener: los comunistas, los independentistas y el antiguo brazo político de la banda terrorista ETA, que llevan a aplicar políticas perjudiciales para la economía.

Cuando Pedro Sánchez deje el Gobierno, su legado será malo, no ya por los datos de nivel que presente, sino, sobre todo, por tres elementos: la tendencia de agudización del empeoramiento por la inseguridad generada, la ausencia de reformas y las propuestas populistas de incremento de gasto y subida de impuestos que habrán desestabilizado la economía. Ese balance, tras estos treinta y tres meses (casi tres años), ya se comienza a vislumbrar de manera clara.

Todo eso, lo que ha desatado no es otra cosa que la desconfianza en la política económica que se aplicará ahora. Vuelve al recuerdo de los agentes económicos la grave crisis de no hace tanto tiempo, porque el horizonte económico que tenemos por delante podría ser peor, ya que no ha sabido ocuparse del problema económico a tiempo, hundiéndolo con medidas muy restrictivas que tampoco ha demostrado que sirvan para conseguir progresos sanitarios. Todo lo ha hecho mal, porque ha primado la propaganda sobre la gestión y el sentido común. Las ayudas, tardías e insuficientes; los impuestos, sin condonar; la confianza, por los suelos; la vacunación, retrasada; y la incertidumbre, elevada de manera exponencial.

Eso repercute sobre los agentes económicos. Y esos agentes económicos, principalmente las familias y las empresas, han intensificado su prudencia ante el empeoramiento de expectativas tras la gestión ineficiente del Gobierno a lo largo de estos meses, donde han cerrado la economía y han motivado el fin de muchas empresas.

En primer lugar, las familias reducen su consumo y aumentan su ahorro en previsión de que dicha reducción en renta llegue, al ver cómo muchas otras personas ya cuentan con menos recursos. El consumo de las familias se hunde un 8,4% interanual, mientras que cuando Sánchez llegó al Gobierno crecía un 1,1%.

Es más, y como prueba de que el deterioro económico ya venía de antes de la situación sanitaria derivada del coronavirus, el comportamiento interanual del consumo en 2020 fue negativo en todos los trimestres, cuando del primer trimestre sólo le afectó el cierre medio mes.

Por su parte, las empresas hacen lo propio: anulan o, en el mejor de los casos, aplazan decisiones de inversión hasta ver qué camino tomará la política económica y si la economía española se reforma para ello o no. Así, la formación bruta de capital (la inversión), pasa de crecer un 8,4% interanual en el IITR-2018 a bajar un 14,3% en el último dato disponible.

Es más, también en la inversión se ve que el efecto de la política económica aplicada por el Gobierno ya ralentizaba la economía antes de la pandemia, al caer en términos interanuales todos los trimestres de 2020, y hacerlo, en el último, de manera más acentuada respecto a lo que había parecido una leve mejoría en el trimestre anterior.

Ese descenso de la confianza empresarial que nos transmite la inversión se ve claramente en la inversión en bienes de equipo, fundamentales para la producción. Se ha pasado de crecer un 12,5% interanual al llegar Sánchez a caer ahora un 17,5%.

Por la parte de la oferta, destaca el deterioro de la construcción. Cae un 18,2%, mientras que cuando Sánchez llegó al Ejecutivo crecía un 6,4% interanual.

Y también destaca en la oferta, especialmente, el quebranto provocado al comercio y la hostelería, que con tan duras medidas, que desangran su actividad, pasan de crecer un 2,9% interanual en el IITR-2018 a caer ahora un 20,4%.

Esa caída del comercio y la hostelería llega después de haber adoptado medidas tan duras con este sector, que hizo que llegase a caer más de un 45% en el IITR-2020, de manera que lo han puesto contra las cuerdas, sin casi ya posibilidad de recuperación, por agotamiento de recursos financieros.

La industria y los servicios también se ven afectados globalmente de manera muy intensa, con bajadas importantes en los dos principales sectores de nuestra economía, especialmente en el más relevante, los Servicios, con una caída de casi un 10% interanual en el IVTR-2020.

Tampoco son mejores los datos de inversión extranjera recibida, que cae 14.773,60 millones desde que Sánchez gobierna, ni los de deuda, que crece en 153.961 millones desde que llegó al poder. Es decir, se pierde una gran parte de la inversión extranjera que se recibía al tiempo que la deuda crece exponencialmente (crece diez veces la cifra de inversión que se pierde). Ello denota tanto la incertidumbre generada, que hace que no se reciban tantas inversiones, como el desmedido gasto público, que será muy perjudicial de manera estructural en forma de déficit y deuda.

Todo ello desemboca en el empleo, con 712.273 parados más y 86.188 afiliados menos desde mayo de 2018.

Ése es el balance que deja Sánchez hasta el momento. Una economía atenazada por la incertidumbre, con su estructura económica dañada por el cierre productivo motivado por la falta de medidas tempranas en el ámbito sanitario, sin una buena dirección y coordinación en el plan de vacunación y sin reformas que permitan minimizar los problemas y que posibiliten dinamizar la economía para volver a crecer de manera rápida, sólida y robusta, de manera que la gestión equivocada hace que los indicadores económicos se deterioren cada vez más y hagan más complicado salir de la crisis.

Ciudadanos se inmola por Pedro Sánchez y quizá ya no tenga arreglo

El tiro por la culata
Luis Herrero Libertad Digital 15 Marzo 2021

Doy por asumidas las consecuencias que le acarreará a Ciudadanos la catástrofe murciana. Es el fin de su aventura. Punto final. Arrimadas estaba al borde del precipicio, ha dado un paso en falso en su huida hacia adelante y se ha despeñado con todo el equipo. Solo estamos a la espera de que las urnas de Madrid certifiquen su defunción política. ¿Pero ha sido suicidio o muerte accidental? La respuesta es discutible, aunque conviene aclarar que en cualquiera de los casos el PSOE ha jugado un papel de cooperador necesario.

Ya sabíamos que los alquimistas de Moncloa, con el doctor Bacterio Redondo a la cabeza, estaban buscando la fórmula magistral para que Sánchez pudiera adueñarse del espacio de centro, casi deshabitado desde que Ciudadanos entró en barrena y el PP de Casado se reveló incapaz de de ocupar su sitio. Los votantes de ese segmento ideológico, una vez desencantados, prefieren irse a su casa —es decir, a la abstención— antes que a la orilla del PSOE. El lastre del pacto con Podemos retiene al presidente del Gobierno en el rincón izquierdo del cuadrilátero. Para alejarse de allí debía conseguir que su perfil político resultara menos refractario a la moderación. Era urgente empezar a marcar distancias con Iglesias y atraer con sigilo la complicidad de Arrimadas. De esa doble necesidad nace la chapuza de Murcia.

El objetivo de sus muñidores consistía en debilitar aún más al PP, arrebatándole uno de los cinco feudos territoriales donde gobierna, y proyectar la imagen de Ciudadanos permitiendo que presidiera, por primera vez en su historia, un gobierno autonómico. Arrimadas, desesperada, se dejó seducir por los cantos de sirena. Su formación política se estaba consumiendo lentamente en su propia salsa (o no tan lentamente tras el fiasco catalán) y necesitaba hacer algo —lo que fuera— para tratar de revertir la situación. Tal vez pensó que recuperar la imagen fundacional de partido bisagra podía ser una buena idea. Ahora sabemos que no. La ocurrencia desencadenó la convocatoria anticipada de elecciones en Madrid. Las dos encuestas que hemos conocido este fin de semana predicen que Ciudadanos no alcanzará el 5% que exige la ley para obtener representación parlamentaria y se quedará fuera de la Asamblea. ¿Pero qué pasa con el PSOE? ¿Ha salido indemne de esta perogrullada? Yo creo que no.

Manda narices que en plena pandemia, con gran parte de las competencias sanitarias transferidas a las Comunidades Autónomas, el Gobierno de España lidere una ofensiva para entorpecer el normal funcionamiento administrativo de tres de ellas. A la moción de censura en Murcia, pensada para cambiar de caballo en mitad del río, les siguieron con idéntico propósito las de Madrid y Castilla y León. No creo que el PSOE saque nada en limpio de esas maniobras oportunistas que priorizan los intereses partidistas por encima de la salud de los ciudadanos. Redondo no hará más popular a Sánchez con ese tipo de campañas de imagen.

Además de desdoro estético, la maniobra social-centrista arroja sobre la cara de sus promotores algunos baldones más. Para empezar, el de la torpeza. Después de todo, Murcia sigue en manos del PP. Todo este lío, para nada. El asalto al fortín de la derecha ha terminado convirtiéndose, por la ineptitud de los asaltantes, en un espectáculo grotesco de consecuencias inesperadas. La estratagema del doctor Bacterio no solo no debilita al PP, sino que además le brinda la oportunidad de apuntarse una victoria salvífica. Justo en el momento en el que peor estaba, fané por el cataclismo electoral en Cataluña y descangallado por la progresiva vampirización de Vox, las urnas madrileñas acuden en su socorro. Podrá discutirse después si el éxito abrumador de Díaz Ayuso —que hasta en Ferraz dan por descontado— es bueno o malo para el liderazgo de Pablo Casado, pero, de momento, los de Génova podrán decir que su deflación demoscópica ha experimentado un drástico cambio de tendencia y que el crecimiento de Vox a costa de su granero de votos se ha ralentizado notablemente.

Las encuestas que vamos conociendo estos días no pueden ser más concluyentes. Casi la mitad (el 48,2%) de los votantes madrileños, incluyendo a los de Vox y Ciudadanos, quieren que Ayuso gane las elecciones. En el caso de Rocío Monasterio el porcentaje se sitúa en el 3,1%. Y en el de Ignacio Aguado, en el 2,9%. Está claro que el voto útil va a convertir a la candidata del PP en la nueva heroína del centro-derecha. Y no solo eso. También va a convertir a Ciudadanos en un despojo electoral incapaz —por raquítico— de saciar el estómago de los buitres que merodean su cadáver. Si lo que querían los alquimistas de Moncloa era fortalecer al partido de Arrimadas, el tiro les ha salido por la culata. Para colmo, Iglesias ha tomado nota del intento de Sánchez de acercarse al centro y ya le ha advertido a través de la prensa (el esperado encuentro entre ambos sigue sin producirse) que no está dispuesto a consentirlo. A perro flaco, todo son pulgas.

Ahora, la gran esperanza de Ferraz es que Ayuso se quede lo bastante lejos de la mayoría absoluta como para que Vox le exija, a cambio de su apoyo, varios asientos en el Gobierno regional. De ese modo Casado tendrá que comerse el discurso que puso en circulación tras la moción de censura de Abascal y ellos podrán decir que la derecha y la extrema derecha son la misma cosa. Yo creo que ese es el meollo de la cuestión. Puede que el mensaje del miedo surta efecto en un sector de la población y que entorpezca el crecimiento del PP en el resto de España. Pero es una pistola de una sola bala. Si el experimento del nuevo gobierno madrileño sale bien y los ciudadanos comprueban que nadie sale de noche de la Casa de Correos para comerse crudos a los demócratas, al espantajo sanchista le pasará lo mismo que al dóberman felipista de 1996. Cuatro años después Aznar ganó por mayoría absoluta.

Arrimadas ha perdido dos Gobiernos, provocado unas Elecciones y acelerado la fuga de sus dirigentes con una incomprensible rendición a las malas artes de un PSOE sin líneas rojas.
Editorial ESdiario 15 Marzo 2021

El Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha validado la disolución de las Cámaras y la convocatoria de Elecciones para el próximo 4 de mayo, decretada por Isabel Díaz Ayuso al conocerse la moción de censura en Murcia y la posibilidad, más que verosímil diga lo que diga Ignacio Aguado con muy poca credibilidad, de que ocurriera lo mismo en la región madrileña.

El fallo no solo da la razón a la presidenta regional, sino que demuestra el juego sucio de Ciudadanos, del PSOE y de Más Madrid para quitarle a los madrileños el “derecho a decidir” que resuelve democráticamente conflictos políticos como el existente a raíz de la decisión de Cs de derribar al Gobierno de Murcia y el intento posterior de que sucediera lo mismo en Madrid y Castilla y León.

La resolución judicial, adoptada en tiempo récord por los cinco magistrados del TSJ en el Auto número 48/2021, demuestra que las mociones de censura se presentaron más de media hora después de la decisión de Ayuso. Y que se utilizaron trampas legales e instituciones como la Mesa de la Asamblea, de mala fe, para intentar legalizar un fraude a sabiendas de que lo era.

Ayuso se queda sin rivales y se medirá a candidatos improvisados o forzados
La decisión de Ciudadanos de participar en ese fraude, liderado por el presidente de la Asamblea de Madrid, Juan Trinidad, legitima la disolución previa de Ayuso y avala su temor a la moción de censura en Madrid en sintonía con las de Murcia y Castilla y León.

¿Alguien puede aún sostener que ese miedo era infundado viendo la actitud de Ciudadanos en las dos Comunidades donde controlaba a sus direcciones autonómicas? Solo en Andalucía y Castilla y León, remisas a las órdenes de Inés Arrimadas, ese riesgo no existía.

Las elecciones se celebrarán un inusual martes 4 de mayo, laborable y posterior al puente del 2 de mayo, y tendrán unas profundas consecuencias nacionales. Pueden suponer el primer paso para la reunificación del centroderecha en solo dos partidos y cambiarle el ritmo a La Moncloa si Ciudadanos pierde su representación y PP y VOX suman la mayoría absoluta.

En solo unas horas Ciudadanos ha pasado de intentar presidir la Comunidad de Murcia a perder su participación en ese Gobierno y en el de la Comunidad de Madrid y a sumergir al partido en la mayor crisis de su historia, con una incipiente espantada de dirigentes. Quizá los comicios madrileños demoren soluciones más traumáticas, pero un mal resultado el 4 de mayo las hará inaplazables.

¿Ya es tarde para Arrimadas?
Y quizá tardías ya. Porque la mejor opción para Ciudadanos, constatado que la fragmentación del centroderecha es el mejor seguro para Sánchez, hubiera sido una alianza tranquila, justa y constructiva con el PP que ahora puede hacerse de manera traumática mediante la absorción de su mejor capital humano.

Y si ello ocurre, será responsabilidad de Inés Arrimadas: no lo tenía fácil, sin duda, pero ha hecho justo lo contrario a lo que la lógica y el sentido común indicaban: en lugar de negociar una integración razonable con Casado, se ha entregado frívolamente a las trampas tendidas por Sánchez.

Un dry martini con Ayuso y Monasterio
Miguel Ángel Belloso. okdiario 15 Marzo 2021

El martes 9 de marzo, un día antes de la explosión política que ha sacudido la Comunidad de Madrid, comparecí en la Puerta del Sol para hacer un elogio de Isabel Díaz Ayuso, que recibió el premio Sociedad Civil de la Fundación Civismo que me había sido otorgado el año anterior. Allí dije que, si tuviera que destacar dos cualidades inmarchitables de la señora Ayuso, una de ellas es su apuesta rotunda por la libertad de sus gobernados, por su convencimiento de que hay que ampliar todo lo posible el margen de maniobra para que ejerzan su responsabilidad individual en el destino de la propia vida. Hoy en día constituye una proeza que dirigentes políticos como Ayuso y Rocío Monasterio declaren que lo que más desean es que los ciudadanos sean libres y responsables de sus actos, en lugar de súbditos temerosos del poder público y agradecidos sin remedio a su arbitrariedad y discrecionalidad en caso de que les alcance.

La segunda cualidad que admiro de Ayuso, ésta más relativa a la gestión, es sin duda el desparpajo con el que, al aplicar las políticas que ha pensado que podían tener más beneficio social, se ha desembarazado desde el inicio de los mantras del momento, de la dictadura de la corrección intelectual, del consenso socialdemócrata dominante contra el que lucha denodadamente Vox más que el PP nacional. Me parece que siempre ha apostado primero por los valores consuetudinarios del pensamiento liberal y luego por la eficacia, pues su ligazón es indeleble, y el bien común depende de los resultados.

Madrid fue una de las comunidades más castigadas por la pandemia al inicio de la crisis. A pesar de todo, Ayuso ha conseguido que, aun dirigiendo la región con más densidad de población de España, su desempeño haya procurado que sea una de las que relativamente mejor ha afrontado el virus durante mucho tiempo. Y creo que lo sigue haciendo, aunque le evolución de este contagio endemoniado aconseje siempre no echar las campanas al vuelo.

Hay algunas cuestiones por las que la izquierda instalada en el Palacio de la Moncloa no puede soportar a Ayuso y por las que detesta a Vox. Estas son que ha hecho un digno seguidismo de las políticas que siempre han sido santo y seña de este territorio esencialmente libre y acogedor: gastar moderadamente y reducir todo lo posible los impuestos. A estas alturas de la historia, la evidencia empírica demuestra que las rebajas de impuestos aprobadas por la Comunidad de Madrid han elevado la recaudación justo en aquellos tributos que se decidieron decapitar, como el impuesto del Patrimonio y el de Sucesiones y Donaciones.

Esta es una gesta que confirma la famosa tesis de Arthur Laffer de que reducir los impuestos acaba potenciando la recaudación; es una gesta que reivindica la idoneidad de las tesis liberales frente al aciago retorno del keynesianismo, que desgraciadamente vuelve a estar en boga.

A pesar de lo que digan la Comisión Europea o el FMI, instituciones que se rigen por parámetros automáticos y que desconfían de gobiernos que piensan temerarios, reducir impuestos no equivale a perder ingresos en la misma proporción. Suele ocurrir precisamente lo contrario. Madrid lleva 16 años recortando la presión fiscal, ingresando cada vez más, creciendo por encima del resto de las regiones de la nación y ahorrando a los ciudadanos de la autonomía más de 48.000 millones de euros en todo el periodo.

Afortunadamente, Díaz Ayuso mantiene la intención de continuar impulsando recortes fiscales en cuanto tenga oportunidad, lo que resulta agradabilísimo. Que la señora Rocío Monasterio vigile coercitivamente este compromiso es una garantía de primer orden. A pesar de que la historia del mundo está repleta de rencor y de resentimiento hacia aquellos que tienen éxito poniendo en práctica programas que están en las antípodas de los que predica la izquierda intelectual, y de los que desde puestos ejecutivos tratan de llevar a la práctica esas teorías fracasadas, en Madrid, desde hace mucho tiempo, el PP con el concurso indeleble de Vox ha mostrado siempre su determinación por premiar e incentivar al que prospera gracias al trabajo, el esfuerzo cotidiano y el cultivo recurrente de sus aptitudes personales, que son circunstancias cuya promoción está al alcance de cualquier Gobierno decente y bien orientado, que trabaje para que los individuos den lo mejor de sí mismos, desarrollando la capacidad innata de generación de riqueza que tienen todas las personas, pero que muchos políticos desprecian simplemente porque están desorientados, y en algunos casos porque simplemente son unos depravados.

El modelo liberal de bajos impuestos, de facilidad para las empresas, de cariño hacia los emprendedores y de promoción de una convivencia amigable con el sector privado acaba proporcionando una rentabilidad inmensa. A pesar de lo que se diga en contra, la competencia fiscal es intrínsecamente positiva. Alivia la presión tributaria de los hogares, favorece la localización del trabajo y del capital, incentiva la inversión y el consumo e impulsa a la vez el crecimiento económico y la recaudación. Esta es la norma que ha inspirado a la Comunidad de Madrid a pesar de las denuncias extemporáneas y absurdas sobre eventuales paraísos y desfiscalización de rentas, que no sólo son falsas sino grotescas, pues sólo tratan de enmascarar el suspenso sin paliativos de sus detractores, así como de esconder la podredumbre moral de los que las esgrimen.

Desde su nombramiento, y hasta que ha presentado la dimisión y ha convocado elecciones, Ayuso ha recorrido un camino lleno de obstáculos. Pudo formar gobierno después de arduas negociaciones con Ciudadanos, un socio que ha sido desleal desde el principio hasta su expulsión, así como gracias al respaldo externo de Vox, que ha sido siempre exigente pero fiel, porque ésta es una virtud que está en su ADN, lo que le da fuerza, lo que asegura su futuro. Ciudadanos es un partido moribundo, que además tendrá un sepelio horrible, precipitado por la traición no ya en Murcia -con ser importante-, sino por el cúmulo de desaires y de chulería que ha acumulado en Madrid y que ha protagonizado asiduamente ese ser mediocre que es el ex vicepresidente Ignacio Aguado.

Después de llegar la pandemia, con su reguero desgraciado de muertes, Ayuso ha demostrado en situaciones límite una determinación fuera de lo común. En poco tiempo habilitó Ifema como hospital. En pocos meses, como si fuéramos chinos, los que nos trajeron el virus, ha sido capaz de construir el hospital Isabel Zendal, una epopeya que demuestra por desgracia al mismo tiempo lo más miserable de la condición humana, de aquellos que todavía le siguen poniendo pegas o incluso lo sabotean, de un Gobierno central que tiene el dudoso mérito de no haber visitado ninguno de los recintos, de los sindicatos empeñados en torpedear un proyecto colosal al que ninguna persona animada por la bondad y el sentido común puede esgrimir argumento decente en contra. Madrid y la señora Ayuso, Rocío Monasterio, que es la responsable de Vox en Madrid, son la demostración palmaria de la derrota total y completa del socialismo, desde el punto de vista ideológico, y por supuesto, que es lo importante, del práctico.

El pasado miércoles, la señora Ayuso puso fin a la extorsión permanente de Ciudadanos convocando elecciones. Algunos dicen que esta ha sido una jugada maestra de Ábalos, el señor que desayuna una copita de sol y sombra por la mañana, porque permitirá a Sánchez posicionarse en la centralidad y vincular directamente al PP de Madrid con Vox, ya saben, la ultraderecha. Yo estoy encantado. Si a pesar de que Sánchez cosecha la mayor tasa de mortalidad del mundo durante la pandemia, gobierna un país con la caída del PIB más profunda de la OCDE y tiene la tasa de paro más abultada de Europa; si siendo el que menos ha ayudado a las empresas del conjunto de los socios, y si a pesar de acreditar que es el más inepto a la hora de la vacunación, los españoles le siguen respaldando nos merecemos sin duda la ruina a que nos conduce inexorablemente. ¡Que nos jodan!

Ya dijo Mark Twain que es más fácil engañar a la gente que convencerlos de que han sido engañados. Thomas Sowell, un economista y teórico social americano todavía vivo, afirmó que “el socialismo tiene tantos récords de fracasos que sólo un intelectual podría justificar”. En España hay ejemplares de estos por doquier. Proliferan en todas las televisiones del país exhibiendo su promiscuidad letal. Pero yo no me desanimo. Me gusta el pensamiento tanto como un buen cóctel. Por eso si lo que imagina Sánchez -el gobernante más extremista y nocivo de la historia de España- es que gracias a la traición de Ciudadanos él se situará definitivamente en la centralidad esgrimiendo la alianza ineludible entre Ayuso y Rocío Monasterio en Madrid, le diré que estamos todos encantados. Esperamos con ansiedad arrasarlo.

Hablando de cócteles me parece que el dry martini es el más perfecto y simple de todos. Es seco, es duro, es genuino, es brutal. Aboca a la disyuntiva que la derecha debe poner de moda -repitiéndola todos los días- entre el socialismo y la libertad, que naturalmente son del todo incompatibles, y que estas dos señoras majestuosas, Isabel y Rocío, argumentan y defienden con coraje, valor y determinación cotidiana. Salud y suerte para ambas.

Tres eran tres y ninguna era buena
Pedro de Tena. Libertad Digital 15 Marzo 2021

Comprendo perfectamente que uno de los fundadores de Ciudadanos, al que sigo desde cuando apenas tenía un blog, haya convocado un Manifiesto para la Extinción de su vástago político. Lo que descuadra en tal inteligencia es que, como aperitivo, nos endiñe una teoría de la compraventa política, llámese soborno o tamayazo si así gusta, en la que sólo aparecen como responsables de los males de la política española “personas como esas tres de Murcia que se echaron atrás a las pocas horas de firmar la moción de censura contra el presidente de la Comunidad.” Y, claro, cómo cualquier progre de corazón, culmina la faena con un bajonazo al PP, al que sitúa como especialista de la corrupción de las formas, pagador de venales y disolvente de la ética y la estética. También, de paso, llama cortito con sifón a Albert Rivera por no haber querido ser vicepresidente de Pedro Sánchez.

Vamos a ver si además de listos y guapos nos ponemos serios. En la compraventa de Murcia, epicentro de nuestro más reciente terremoto político con réplicas en Madrid, Castilla y León, Andalucía y ya veremos en qué lugares más, han intervenido tres formaciones políticas. No sabemos el orden de la intervención porque nadie nos ha susurrado quien instigó a quién, pero se va sabiendo que entre el PSOE de Sánchez y el Ciudadanos de Inés Arrimadas estuvo la cuestión. Parece un hecho que ambos presentaron una moción de censura en la Comunidad de Murcia contra el gobierno constituido que era, fíjense, de coalición entre PP y Ciudadanos, una gallardía de comportamiento.

Cómo se llegó a tal contubernio se irá sabiendo, pero la experiencia política española nos dice sin sombra alguna de duda que cuando dos partidos acuerdan tamaña aventura algún trueque chungo, y al margen de las urnas, ha habido de por medio. Es sorprendente que sólo se destaque al partido más perjudicado en este caso, al que perdía el gobierno de la Comunidad y tal vez de otras, como perpetrador de pagos y se señale sólo a los tres “ciudadanos” que no se sabe cómo y bajo qué presiones o amenazas firmaron la moción de censura ¿Qué cargos, mercedes y prebendas se ofrecieron a los otros tres “ciudadanos” arrimados de Murcia, los beneficiarios del entuerto, que el consagrado extintor no tiene en cuenta? ¿Qué otras regalías llovieron sobre los campos resecos del socialismo murciano y otros predios?

Sigamos siendo serios. Es que las mociones de censura de Madrid, las de PSOE y el avispero de Errejón, ya estaban preparadas desde hacía tiempo porque no cuadra que redactar tales mamotretos jurídico-políticos se puedan hacer en dos horas. Y, tras la estupefacción provocada por la rebelde osadía de Isabel Díaz Ayuso, aparecía otra moción de censura en Castilla y León. ¿Quiere hacernos creer el voluntario extintor de Ciudadanos que todo esto era limpio como una patena y que no habría estraperlo en Madrid, Castilla y León y otras comunidades y ciudades? Y además, ¿pretende que nos traguemos, sin nombrarla, que Inés Arrimadas es larguita y con “Casera” por querer ser vicepresidenta, o lo que pueda comprarse a Sánchez con 10 escaños, y luego predicar que todo está consumado y que hay que proceder a la extinción?

Tres han sido, tres, no sólo una, como quiere la rima de los pregoneros de la Moncloa, las formaciones implicadas en este seísmo político que, además de ausencia de ética y estética, revela una falta alarmante de sentido democrático y nacional. Pero una de ellas, el PSOE, parecía tener claro el rumbo y los doblones preparados para los corsarios que se iba a encontrar en un tráfico que conoce a la perfección. Otra, Ciudadanos, sin timón y a la deriva apostó por el ordeno y mando, el miedo y secreto desleal para sumarse a una cagada de diseño que le ha reventado el dodotis. La última, el PP, a menos que Teodoro García Egea y Pablo Casado sean genios de la estrategia del juego medio en el tablero político, lo que parece una guasa, se encontró con el cambalache en marcha y han trapicheado cómo y cuándo han podido.

Tres eran tres…y ninguna era buena. Las tres, PSOE, Cs y PP, han exhibido las peores maneras de la política, dos de ellos desde hace décadas. Reducir la miseria moral que respiramos en esta nación, a la que se quiere extinguida sin manifiestos, a esos tres “Ciudadanos” que se han opuesto a una impuesta moción de censura en Murcia olvidando todo lo demás, parece un meme, y malo, de Iván Redondo.

Ya que alguna columna parece haberse agrietado con el tembleque, léase alguna más robusta, la de Daniel Rodríguez Herrera, por ejemplo, que no quiere oficiar ninguna extinción sino asistir a la restauración de la nación española.

Habrá elecciones en Madrid
Editorial ABC 15 Marzo 2021

La decisión del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de Madrid de rechazar la suspensión del adelanto electoral acordado por Isabel Díaz Ayuso, debería llevar a la mesa de la Asamblea madrileña a desistir del recurso interpuesto y asumir su derrota. Los jueces han resuelto un conflicto difícil, que ellos mismos califican de inusual, con un auto que solo resuelve una petición de suspensión cautelar y que, teóricamente, no impide seguir discutiendo si prevalece la disolución de la Cámara madrileña o, por el contrario, las mociones de censura presentadas por la izquierda. El tribunal es muy prudente al no juzgar el fondo del asunto, que lo reserva a la sentencia final, pero tal y como la Mesa de la Asamblea madrileña planteó su petición de suspensión cautelar no le ha quedado más remedio que resolver a favor de la presidenta de la Comunidad de Madrid con una tesis que ya es inapelable. El argumento central de los jueces es que la disolución del Parlamento autonómico se produjo con la firma del decreto correspondiente por Díaz Ayuso y que la publicación posterior en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid solo es necesaria para dar publicidad al proceso electoral. El razonamiento jurídico que contiene el auto es mucho más complejo, pero mantiene la claridad del argumento: las mociones de censura no pueden ser utilizadas para neutralizar la potestad de la presidencia autonómica de disolver la Asamblea, una vez firmado el decreto de disolución.

Los partidos mayoritarios en la Mesa de la Cámara madrileña pueden perseverar en el pleito judicial, pero sin la suspensión cautelar de la disolución, el proceso electoral está en marcha, las funciones parlamentarias reducidas a las de la Diputación permanente y, en términos políticos, el Gobierno de Ayuso remodelado a tenor de la nueva situación. Será muy difícil -en el mundo judicial pocas cosas son imposibles- que un proceso a dos bandas, que enfrente a la Asamblea con el Gobierno madrileño, ya personado y desplegando toda su artillería jurídica, haga cambiar de criterio al TSJ de Madrid. Su razonamiento se basa en una mera cronología de acontecimientos que no va a ser modificada: la disolución es preferente a las mociones de censura. Si la oposición a Díaz Ayuso acepta el riesgo de seguir sumando derrotas judiciales a las políticas, está en su derecho de forzar a los letrados de la Asamblea a que mantengan el recurso, pero el auto del TSJ de Madrid es un llamamiento a dejar en paz la Asamblea madrileña y a no utilizarla en disputas partidistas. La disolución de la Cámara fue anterior a las mociones de censura y punto.

La consecuencia política de esta decisión judicial es que los partidos que presentaron las mociones -PSOE y Más Madrid- han quedado retratados -mal retratados- con la argucia con la que querían dejar a Ayuso sin la potestad estatutaria de disolver la Asamblea autonómica y a los madrileños, sin votar. Y Ciudadanos, que preside la Mesa del parlamento madrileño, ha dado al PP un argumento añadido a las razones por las que rompió el gobierno de coalición. Toda la estrategia concertada por el PSOE con Ciudadanos contra el PP ha sido un fracaso: no ganan Murcia y Madrid se anticipa a cualquier jugada de Arrimadas con los socialistas. Lo que empezó en Murcia se ha convertido en un movimiento político de ámbito nacional, quizá el detonante que necesitaba el centro-derecha para una reordenación interna. El auto de los jueces madrileños añade un tinte más dramático a la cadena de fracasos que han trabado el PSOE y Cs, que quisieron unirse en un proceso de intereses recíprocos a costa del PP y están pagando el coste de no haber medido las consecuencias de sus decisiones y la fortaleza real de los populares.

La sinrazón de la política española
Amando de Miguel. Libertad Digital 15 Marzo 2021

La mentalidad autoritaria (mejor, una pasión) ha sido el factor común de todos los regímenes políticos de la España contemporánea, si bien, aplicado con grados distintos. Un sistema, así, ha convencido tanto a los que mandan como a los españoles de la gleba.

En la vida corriente, la mentalidad autoritaria se basa en el esfuerzo, constante y general, de imponer la razón de cada uno a los demás. Cuando esa acción se ejerce desde el poder, el resultado es el autoritarismo. Naturalmente, es una conclusión mucho más patente en las dictaduras y más sutil e indirecta en las democracias. Una expresión típica del autoritarismo es la censura; se ejerce a las claras en las dictaduras y, de forma sinuosa o indirecta, en las democracias. Siempre me refiero a España.

En el régimen actual de la Transición (nadie sabe hacia dónde), la censura se ejecuta, a través, de un control riguroso de los medios de comunicación y de propaganda por parte del Gobierno de turno y sus terminales.

En cada situación política se establece una forma de hegemonía de determinadas ideas. En la España actual, es evidente la penetración hegemónica de la izquierda, definida a sí misma como progresista. Tal es su fuerza que, incluso, un partido conservador, como el PP, se resigna a no oponerse, de verdad, a la prédica progresista.

El progresismo imperante se apoya en la hegemonía de tres corrientes ideológicas de carácter radical: 1) el ecologismo, 2) el feminismo, y 3) el secesionismo de las regiones con dos lenguas. La influencia se nota en que es casi imposible rebelarse contra los postulados de las tres corrientes de influencia. Las cuales dominan el mundo de la cultura y los esquemas organizativos de los que mandan.

La influencia de las tres corrientes dichas muestra un tono, definitivamente, autoritario. Es decir, no solo manifiestan unos principios ideológicos, sino que los imponen con éxito al conjunto de la sociedad. La imposición autoritaria obliga a muchos españoles de todas las tendencias a plegarse a las exigencias de las tres corrientes ideológicas dichas. Por ejemplo, hay que adoptar el lenguaje “inclusivo” del feminismo, hay que comulgar con ciertos postulados ecologistas o hay que considerar natural el principio de autodeterminación de ciertas regiones. Se trata de creencias admitidas, no solo por la izquierda, sino por una buena parte de la derecha. Es casi una sumisión incondicional a la ideología dominante. Tanto es así que, oponerse a ella significa que el disidente pueda ser tachado de “negacionista”, “facha” o “machista”, según los casos. Son sambenitos como los que se utilizaban, simbólicamente, contra los herejes o las brujas en la época de la Inquisición.

El conflicto social es algo más que el choque de ideas. Se produce en el contexto de una quiebra de la sociedad como tal, una escotadura sin precedentes en la historia. Considérense estos elementos objetivos: (a) El estancamiento del desarrollo económico, que es algo más que la “crisis” económica, de la que tanto se habla. (b) La reducción de la tasa de natalidad hasta un mínimo desconocido en la historia de España y del mundo. (c) La acumulación de un disparatado déficit en las cuentas públicas; tendrán que pagarlo las sucesivas generaciones de españoles. (d) La tasa de inactividad de la población en edad de trabajar, que es la más alta de la historia contemporánea española. Los cuatro problemas parecen insolubles; cada uno de ellos alimenta los otros tres.

Se podría agregar la cuestión, no resuelta, de la pandemia del virus chino, si bien, se trata de una amenaza mundial. Por lo que a España respecta, se puede añadir la instalación, por parte del Gobierno, de medidas un tanto arbitrarias, que, encima, no se cumplen del todo. No queda claro qué relación pueda existir entre tales normas y la contención de la pandemia, tales son las fluctuaciones inexplicables. Por otra parte, la epidemia ha alcanzado en España tasas de mortalidad elevadísimas, siempre, en términos por habitante. El éxito de las autoridades sanitarias para organizar las estadísticas, el mercado de las mascarillas o el de las vacunas, parece, manifiestamente, mejorable. Hay incongruencias inexplicables. Por ejemplo, las restricciones de movilidad espacial se aplican con mayor rigor a los nacionales que a los extranjeros. La norma de la “distancia física” en las situaciones gregarias no se aplica a los futbolistas o a las manifestaciones ideológicas. Pasará la pandemia y se convertirá en endemia, pero quedará el uso político (verdaderamente, irracional) de que el Gobierno pueda entrometerse en la vida privada de sus súbditos.

El suicidio de Cs y la loca de Ayuso
Álvaro Nieto. vozpopuli.es 15 Marzo 2021

El PP contribuye a extender la idea de que la presidenta madrileña está trastornada al ser incapaz de fijar una posición común respecto a las restricciones de Semana Santa en todas las regiones donde gobierna

"Inés solo pretende marcar un perfil propio para volver a ser un partido bisagra y evitar su desaparición engullido por el PP". Así justificaba el miércoles pasado un miembro destacado de Ciudadanos la moción de censura presentada en Murcia para dejar de gobernar con el PP y pasar a hacerlo con el PSOE. La operación formaba parte de una estrategia diseñada por el partido naranja para regresar al centro, lo que incluía rectificar el error cometido en el verano de 2019, cuando tras las elecciones autonómicas Cs pactó todo lo que pudo con el PP, olvidándose de que en regiones como Murcia, Madrid o Castilla y León los populares llevaban décadas gobernando... y quizás hubiera sido mucho más saludable para la democracia fomentar la alternancia. Era en eso en lo que estaba Arrimadas: tratar de ocupar un espacio equidistante entre el PP y el PSOE, huir del mantra de "las tres derechas" y de la foto de Colón. El problema es que eligió muy mal día para dejar de fumar.

Arrimadas tiene todo el derecho a poner en marcha la estrategia que mejor considere, porque para eso la eligieron en primarias sus militantes (recordemos que obtuvo el 77% de los apoyos), pero lo ocurrido estos días le deja en muy mal lugar, porque ha fallado estrepitosamente en los tiempos, las formas y el fondo. El momento elegido no pudo ser peor: en mitad de una pandemia, cuando la gente está preocupada por salvar su vida o su empleo. Alguna mente brillante en Cs pensó que, tras las elecciones catalanas y con dos años por delante sin comicios, era el mejor momento para realizar el viraje definitivo. Pero la maniobra ha sido tan burda que es difícil encontrar a alguien que la defienda más allá del habitual coro de sectarios, que entraron en éxtasis ante la mera hipótesis de que el PP perdiera uno de sus feudos.

En cuanto a las formas, resulta especialmente llamativo que un partido que integra un Gobierno presente una moción de censura contra sí mismo. Debe ser este un caso único en el mundo. Si de verdad está mal tu relación con el PP y consideras que son una panda de corruptos, lo primero que tienes que hacer es abandonar el Gobierno... pero no parece muy ético que te mantengas en los cargos mientras pactas bajo cuerda una cuota mayor de poder con los partidos de la oposición.

Y luego está la cuestión de fondo. Empeñarte en ir de la mano de Pedro Sánchez como estrategia para centrarte no parece lo más razonable, sobre todo porque llevas dos años tendiéndole gratuitamente la mano y él, en vez de agradecerlo, se ha orinado en tu cara siempre que ha podido. Qué pronto se olvida Arrimadas de que apoyó varias prórrogas del estado de alarma la primavera pasada con la condición de que se modificaran las leyes sanitarias para no tener que seguir en la excepcionalidad para frenar la covid... y aquí seguimos, inmersos en otro estado de alarma, pero esta vez ¡de seis meses! Echarte en brazos de un personaje cuya trayectoria provoca urticaria en tus propios votantes quizás no sea la mejor idea. Sobre todo porque corres el riesgo de quedarte sin votantes y, en consecuencia, sin partido.

Además, causan sonrojo las dos excusas esgrimidas para justificar el golpe de mano en Murcia. La primera tenía que ver con la vacunación fraudulenta de políticos del PP: si tanto le preocupan las vacunas al partido naranja por qué no pregunta a Sánchez dónde están las 28.000 dosis que los laboratorios han entregado a España pero que el Gobierno no ha trasladado a las comunidades autónomas, tal y como ha ido desvelando 'Vozpópuli' en lo que ya se denomina 'caso de las vacunas perdidas'. Y la segunda excusa es la supuesta corrupción generalizada en el PP murciano. Si eso es así, no se entiende qué hacían gobernando con ese partido, ni por qué no han presentado una denuncia en un juzgado relatando los supuestos delitos de los que han sido conocedores. Si tanto les repugna la corrupción, ¿por qué no han dicho ni mú ante el escandaloso rescate del Gobierno a una empresa hispano-venezolana conectada con el chavismo y a la que le hemos dado 53 millones de euros, según contó en primicia este periódico?

Ayuso y el reagrupamiento
En resumen, que Arrimadas ha intentado reparar los últimos errores de Albert Rivera cometiendo un error todavía mayor. Pero, quizás sin pretenderlo, esta 'murcianada' puede acabar siendo, como este domingo contaba Jesús Cacho en estas mismas páginas, la chispa que prenda la llama para la reunificación del centro-derecha. Sería, paradojas de la vida, el último servicio de Cs a la democracia española, pues desde el miércoles tiene toda la pinta de que van camino de la desaparición por la vía del suicidio. Y, una vez que eso suceda, los otros dos partidos no van a tener más remedio que entenderse si quieren tocar pelo a partir de ahora, empezando tras las elecciones madrileñas del 4 de mayo. No obstante, no es descartable que sean los propios electores los que provoquen ese reagrupamiento en aras del denominado "voto útil" y acaben regresando al PP, aunque solo sea para evitar que triunfe la izquierda.

En el caso de Madrid, la figura de Isabel Díaz Ayuso favorece esa posibilidad. Ella se ha erigido durante estos meses en la auténtica oposición a Sánchez, y los hechos le han dado la razón. Ayuso y su equipo han ido sistemáticamente por delante del Gobierno central. Fueron los primeros en traer material sanitario, en pedir que la mascarilla fuera obligatoria en espacios públicos, en hacer test de antígenos, en solicitar controles en los aeropuertos y en reclamar un pasaporte de vacunación que permitiese recuperar cuanto antes la movilidad. Y en el terreno económico Madrid ha demostrado, desde que el Gobierno le entregó el poder mediante la 'cogobernanza', que se puede tener abierta la economía y luchar contra la covid. De hecho, en algunas comunidades deberían hacérselo mirar: desde que Ayuso tiene el control de la situación, Madrid presenta mejores cifras de muertos por cada 100.000 habitantes que otras regiones que llevan meses con todo cerrado.

Pero lo más sorprendente de todo es que, a pesar de los hechos, media España considera todavía que Ayuso está loca. Es la caricatura que se ha transmitido desde algunos medios de comunicación, aprovechando que la expresión oral de la presidenta madrileña no es precisamente su fuerte. Todo lo que propone se mira con desdén, como si fueran las ocurrencias de una pirada. "Ida", la llaman algunos, jugando malévolamente con las iniciales de su nombre. Y el último ejemplo de ello lo hemos visto con las restricciones aprobadas por todas las comunidades junto al Gobierno para prohibir la movilidad durante la Semana Santa y el puente de San José. En España hay ahora mismo una incidencia acumulada similar a la de comienzos de agosto, es decir, tenemos sobre el papel el mejor dato de los últimos siete meses, pero nuestros políticos han decidido que las restricciones deben ser similares a las que había en el mes de junio. Hace un mes había que ir a las urnas en Cataluña porque la situación estaba bajo control, pero ahora que los números dicen que estamos mucho mejor es una grave irresponsabilidad abrir la mano... e incluso celebrar las elecciones de mayo.

Hay gente empeñada en hacernos comulgar con ruedas de molino. Y el problema es que una parte significativa del PP, que tiene un complejo de inferioridad de agárrate y no te menees, ha comprado el argumentario del Gobierno. Solo Madrid se ha opuesto a las absurdas restricciones de la Semana Santa, que van a permitir que un francés visite Málaga, pero no así un español de fuera de Andalucía. Las otras regiones gobernadas por el PP han dejado sola a Ayuso en la defensa de la economía y de la movilidad, de unas medidas más quirúrgicas y no tan de brocha gorda. Es muy lamentable que Génova 13 sea incapaz de consensuar una postura común entre sus propios gobiernos regionales y, lo que es más grave, los presidentes autonómicos que dan la razón al Gobierno y se prestan a arrinconar a Madrid transmiten sin quererlo la misma idea que machaca la izquierda: Ayuso tiene ideas de bombero. Y ese es el verdadero peligro para el 4-M: que el PP no se dé cuenta de la importancia de la batalla que está en juego y no arrope lo suficiente a la presidenta madrileña. Si el PP pierde Madrid, probablemente comience su propia desaparición.

El voto inútil
Nota del Editor 15 Marzo 2021

Vaya disparate, votar al PP para evitar que triunfe la izquierda, como si en cuarenta años de bipartidismo no hubiéramos aprendido nada de nada, ondas cerebrales planas. Está claro que Vox es la única alternativa. Si Ayuso y algunos de sus colaboradores han acertado con numerosas medidas, no implica que el PP de Casado merezca nuestro apoyo. Nuestro apoyo es para quienes lo merecen no para quienes nos denigran, insultan, pisotean nuestros derechos humanos y constitucionales,

El PSOE y el PP tienen que desaparecer, levantando antes las alfombras y devolviendo lo afanado con sus correspondientes intereses, como aplica la trituradora de hacienda.



Lamento boliviano
Juan Gutiérrez Alonso. Libertad Digital 15 Marzo 2021

En el actual contexto internacional, mediático e informativo, los sátrapas se mueven con gran soltura.

El régimen iniciado en el país andino y amazónico en el año 2005, cuando Evo Morales y el Movimiento al Socialismo (MAS) vencieron limpiamente las elecciones nacionales, quedó tempranamente desenmascarado con la experiencia de la Asamblea Nacional Constituyente de corte chavista, la posterior violación sistemática de sus propias leyes, la colonización de todas las instituciones del Estado con agentes políticos del propio MAS, y el giro radical en política internacional hacia Irán, China, Venezuela y, por supuesto, Cuba.

Este itinerario, en un contexto social muy condicionado por el aumento exponencial de la industria del narcotráfico en el país, culminó con la impresentable sentencia del Tribunal Constitucional de 2017 que permitía, vulnerando lo dispuesto nítidamente en su propia Constitución, la reelección de Evo Morales y su caudillo Álvaro García Linera en los comicios del mismo año, cuyas vergonzantes imágenes de amaño siguen disponibles en internet para consulta de cualquiera que desee informarse.

En Bolivia, por mucho que ustedes lean otra cosa, no hay ni ha habido elecciones libres en los últimos años. Esto lo sabe cualquiera que conozca mínimamente el país y su historia. De los equipos de “ojeadores” electorales que han frecuentado el país mejor ni hablar; dos perfiles abundan en esas misiones: simpatizantes del régimen y personas con nula experiencia o conocimiento del mismo, que además ni se preocupan de informarse como es debido. Sí, rara vez, muy rara vez, uno encuentra personas con el valor suficiente para denunciar las fisuras de los sistemas electorales y la adulteración de esos procesos. Lo sucedido en los comicios de 2019, eso sí, no hubo manera de ocultarlo y la OEA no tuvo más remedio que denunciarlo públicamente, con el desenlace por todos conocido. Aun así, no olvidemos que los urdidores de todo aquello casi salen victoriosos. El mundo bolivariano entendió que debía perfeccionar el mecanismo mientras propagaba en la prensa y redes sociales que en Bolivia habían dado un golpe de Estado, quedando Morales y el MAS como víctimas.

Estos sucesos nos enseñan que en el actual contexto internacional, mediático e informativo, los sátrapas se mueven con gran soltura. Aprovechan, por un lado, que las filias y fobias ideológicas de quienes dirigen los organismos internacionales condicionan su determinación, y por otro, que el mundo occidental no sigue la cotidianeidad de lo que sucede en sus países, conscientes de que la información que llega a la opinión pública siempre o casi siempre lo hace filtrada por grupos de información afines o simpatizantes. No tienen nada que temer y disponen de todos los medios internos y externos para imponer su voluntad y relato. De hecho, el que se está construyendo en Bolivia, con proyección internacional, es claro: en las elecciones de 2019 hubo un golpe de Estado contra Evo Morales y García Linera y hay que rehabilitarles, depurando las responsabilidades de quienes lo perpetraron. Es decir, en esta absurda realidad distópica en la que vivimos, quienes llevaron a cabo el auténtico golpe, uno más, porque ya llevaban varios, pretenden quedar libres de toda sospecha y rehabilitados, mientas que quienes reaccionaron ante el fraude electoral y encauzaron la institucionalidad en el país van a acabar, muy posiblemente, en prisión.

Estas personas, todo sea dicho, cometieron un error, un inmenso error. Bueno, más bien dos. El primero, no haber acabado lo que empezaron tras el fraude electoral de 2019 con el coraje suficiente, aplicando la ley al MAS y sus dirigentes con toda su determinación; y el segundo, creer que las elecciones siguientes, las de 2020, serían libres y no abandonar el país en cuanto se conocieron los resultados. Por no hablar de dar credibilidad a las declaraciones de reconciliación de los dirigentes del proprio MAS. Es inexplicable que, con los antecedentes de la persecución a Carlos Mesa, E. Rodríguez Veltzé, Víctor Hugo Cárdenas y tantos otros dirigentes y personalidades, es decir, con el currículo que tiene el MAS en persecuciones, violaciones de todo tipo de derechos e incluso en simulación de atentados terroristas, hayan puesto en riesgo su libertad y la tranquilidad de sus familias. El Movimiento al Socialismo, el anterior y el actual, es una creación diseñada exclusivamente para acaparar poder sin limitación alguna. Una organización incompatible con cualquier estructura o diseño político democrático, y su principal tarea es eliminar progresivamente todo atisbo de oposición o alternativa de gobierno. Las circunstancias tan especiales que acompañan a este país, un verdadero laboratorio de las ideas comunistas del siglo XXI, presagiaban que, de ninguna manera, el MAS podía perder las elecciones de 2020, como así ha sido. Ni era creíble esa dispersión electoral de la oposición, ni tampoco lo ha sido el resultado final. Es demasiado lo que se sabe en Bolivia y lo que hay que tapar, como para permitir un gobierno libre y dispuesto a aclarar tantas cosas en la Plaza Murillo.

Tomen nota los españoles y vayan aprendiendo de los lamentos bolivianos, porque todo esto, exactamente todo esto, este proceso de degradación institucional en el magma de la confusión que asienta una hegemonía política es el futuro también prediseñado para nuestro país.

Juan J. Gutiérrez Alonso es Profesor de Derecho administrativo en la Universidad de Granada

agresivo enemigo de la libre expresión
Manual del periodismo castrista: trampas ideológicas, amenazas y falsas noticias
Luis Leonel León. https://gaceta.es 15 Marzo 2021

Los dictadores no podrían sobrevivir hoy día sin el control mediático. Esto es historia (que suele olvidarse, aunque no es antigua). Y tampoco podrían hacerlo quienes están detrás de las llamadas “agendas globalistas”, imponiendo escenarios totalitarios como la ideología de género por encima de las ciencias, la legislación de la inmigración ilegal, el lobby del calentamiento global, el carnaval del aborto y la reliquidación de la población mundial.

Sin el apoyo de fortísimas campañas y contubernios mediáticos todas esas ideas delirantes no calarían tanto en la opinión pública y muchos en el sentido común. Pues el mayor éxito de estos desquicios se basa precisamente en la manipulación de la información. Algo que los nuevos ejes totalitarios han aprendido de los anteriores totalitarismos del siglo XX, desde Vladimir I. Lenin y Adolf Hitler hasta Mao Zedong y Fidel Castro. No en balde el más popular y populista de los totalitarismos en la actualidad es, sin duda alguna, el globalismo.

Uno de los más grandes manipuladores de la historia fue el fallecido dictador cubano, quien a los medios de comunicación masiva -mucho antes de que existiera Internet y luego en confluencia con la red de redes- los consideraba tan importantes, o mucho más, que las ametralladoras y los tanques de guerra. De hecho, catalogaba a estos medios como la verdadera “artillería pesada” de su “revolución socialista”.

Y es evidente que Castro, símbolo de la malevolencia y la desvergüenza de un sistema cimentado en el adoctrinamiento y la manipulación mediática, tenía muchísima razón. De no haberse apoderado de todos los medios de prensa, el castrismo habría durado muy poco. Desgraciadamente Castro era un perverso versado.

En Cuba, ese Archipiélago Gulag del trópico, el individuo es cotidianamente bombardeado con mensajes que contienen trampas ideológicas, falsas noticias, restricciones y escarmientos de todo tipo, que repercuten en el pensamiento y el comportamiento causando diferentes efectos, casi todos en favor de la censura y la autocensura.

Unos les resultan incómodos al cubano de a pie, pero medianamente aceptables, raciones de la sobrevivencia. Otros son como proyectiles perturbadores que la gente trata de esquivar, aunque no de destruir, que sería la cura. Y algunos de estos mensajes guardados y reactivados en la consciencia colectiva ya han sido asumidos por buena parte de la sociedad -que es lo más dañino- como si fueran cuestiones normales, casi naturales, y no como parte de la estrategia de una criminal y grosera dictadura para mantenerse, sin demasiados contratiempos, en el poder.

Para poner en marcha y sobre todo sostener este momentum revolucionario (mezcla de caballos de fuerza comunistas y nazis) apenas se adjudicó el poder Castro canceló los medios privados y la libertad de prensa. En 1963 desactivó todas las asociaciones de prensa cubanas para crear, como un bloque totalitario, la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), cuyos congresos no se perdía y en donde su doctrina fue, y sigue siendo, el manual del periodismo castrista.

Tomando como antecedentes los experimentos del comunismo y el nazismo en estos malos manejos, Castro conoció el poderío y los efectos de articular los medios de información para -en el caso de los totalitarismos- desinformar y atemorizar a sus receptores. Premisas que, en el modelo cubano, con sus condiciones de isla cárcel, claramente les fueron más fácil de implementar.

Sus discursos y declaraciones sobre el papel de la prensa “revolucionaria” -que es la única legalmente permitida en Cuba- están llenos de mensajes de represión intelectual. Para el difunto Castro los periodistas deben ser “los comisarios del pueblo”, quienes guíen -guiados por el partido comunista- a las masas en lo que él bautizara como “la batalla de ideas”, en la que lógicamente persisten sus herederos.

En su discurso en el VI congreso de la UPEC Castro dijo a los periodistas: “Los revolucionarios constituimos un verdadero ejército. No sólo las Fuerzas Armadas. Cuando hablo de ejército hablo del pueblo revolucionario, que constituye un verdadero ejército capaz de ganar esta batalla si nosotros sabemos dirigirlos. ¿Cómo los veo a ustedes los periodistas? Los veo como comisarios del pueblo en esta batalla”.

En otras palabras: el súper objetivo que el castrismo le ha destinado a los comunicadores sociales es “defender la revolución”, como reiterara Castro, para quien “defender la Revolución es defender el socialismo. Cuando hablamos de esta Revolución, no la puedo concebir separada del socialismo, son inseparables”, así lo dictaminó el periodista en jefe en el VI congreso de la UPEC, en diciembre de 1993, en medio de aquella exacerbación de la indigencia y la desesperación, inédita para los cubanos, que fuera publicitada con el eufemismo de “periodo especial”.

Para el castrismo defender la revolución y el socialismo no significa otra cosa que servir de voceros de la desinformación, el adoctrinamiento, la desvergüenza, la miseria y el crimen sistemáticos. Un manual que siguen al pie de la letra los hijos y nietos de la revolución, o los dirigentes neocastristas, como también se les llama a quienes han heredado el manejo de importantes áreas del país, y que no son más que meros sucesores de los “líderes históricos” del castrismo. Un virus que muta pero que sigue siendo el mismo. “Somos continuidad”, repite a cada rato el gobernante designado Miguel Díaz-Canel, para quien “la Revolución no es una lucha por el presente, la Revolución es una lucha por el futuro”.

Y para eso precisamente necesita el Estado cubano a los periodistas. Para seguir defendiendo, con los labios dirigidos, el espantoso proyecto comunista que el establishment salvaguarda -para beneficio personal y para infortunio del pueblo- mientras disfrutan de los placeres que le brinda la isla de la impunidad. Así lo diseñó Castro y sus usufructuarios materiales e ideológicos lo tienen claro: un periodismo diferente al castrista siquiera será considerado periodismo para el aparato estatal. No son pocos los periodistas independientes a quienes el castrismo (Fidel y Raúl Castro y luego la pantomima de Díaz-Canel) ha acusado de “mercenarios al servicio del imperialismo yanqui”, “enemigos del pueblo”, entre otras infamias que comparten los totalitarismos.

Desde hace décadas a los periodistas independientes -como a los disidentes, pues los comunicadores que no reverencien el discurso oficial son catalogados como disidentes- se les viene enjuiciando sin ningún derecho, se les encierra en mazmorras, culpándoles de supuestos “delitos” que no son más que subterfugios para asesinar la libertad de expresión, bajo argumentos como la necesidad de proteger la “seguridad del Estado” o que el hecho de denunciar la realidad puede constituir un acto de “propaganda enemiga”. Falsos delitos que según las falsas leyes del llamado “código penal” castrista, pueden ser sancionados con largos años en prisión.

En 2016, el informe del Comité de Protección a los Periodistas (CPJ, siglas en inglés), con sede en Nueva York, demuestra que Cuba “tiene las leyes más restrictivas de las Américas en cuanto a libertad de expresión y de prensa. La constitución prohíbe la propiedad privada de medios de difusión y permite la libertad de expresión y del periodismo solo si “mantiene los objetivos de la sociedad socialista” y que el código penal ofrece a las autoridades cubanas una variedad de disposiciones penales para reprimir el disenso y castigar a aquellos que sean abiertamente críticos del gobierno”.

Este informe, además de abundar sobre los tratamientos que el “código penal” cubano da a figuras como el desacato a la autoridad, la calumnia, difamación, el insulto y injuria, expone las restricciones a la libertad de expresión y la libertad de asociación y reunión pacífica, que en Cuba se penalizan con supuestos cargos de rebelión, impresiones clandestinas, peligrosidad social predelictiva (un préstamo del nazismo, como explica el periodista Luis Cino), asociaciones ilícitas, reuniones y manifestaciones, resistencia y espionaje, con el propósito de condenar instantáneamente a “cualquier persona que, de manera directa o indirecta, colabore con medios de comunicación del enemigo”.

Otro chantaje más para arremeter contra quienes publican fuera de la isla un periodismo con puntos de vista divergentes o abordan asuntos prohibidos en los medios cubanos, que como se sabe están vigilados por el aparato censor del Estado.

Sobre la llamada “propaganda enemiga” el código penal, en su artículo 108, dice que será sancionado con “privación de libertad de uno a ocho años el que: a) incite contra el orden social, la solidaridad internacional o el Estado socialista, mediante la propaganda oral o escrita o en cualquier otra forma; b) confeccione, distribuya o posea propaganda del carácter mencionado en el inciso anterior. El que difunda noticias falsas o predicciones maliciosas tendentes a causar alarma o descontento en la población, o desorden público, incurre en sanción de privación de libertad de uno a cuatro años”. Todo un entuerto contra la libertad de expresión.

No en balde Reporteros Sin Fronteras (RSF), en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2020, colocó al Estado cubano en la “zona negra” juntos a los regímenes de Corea del Norte, China, Eritrea, Guinea Ecuatorial y Egipto. RSF considera que la dictadura caribeña “se estanca en las profundidades de la clasificación y sigue siendo el país peor clasificado de América Latina en cuestión de libertad de prensa”.

En este sentido el CPJ recuerda: “A lo largo de los años, cientos de personas han sido encarceladas en Cuba por expresar pacíficamente sus opiniones. El hostigamiento, la intimidación, la detención arbitraria y las acusaciones penales continúan siendo usadas para restringir la expresión y distribución de información u opiniones críticas al gobierno. Están dirigidos a disidentes y críticos, en muchos casos periodistas independientes y activistas políticos y de derechos humanos”.

Una situación que no ha cambiado. Al contrario, empeora mientras más rancia se hace la dictadura, como muestran otros informes análogos y los muchos atropellos que se reportan cotidianamente, denunciados desde la Isla por periodistas y disidentes, publicados por medios fuera de la Isla y denunciados por instituciones internacionales (Naciones Unidas, la OEA, Human Rights Watch) y organizaciones que velan por la libertad de expresión (Reporteros sin Fronteras, Instituto Cubano por la Libertad de Expresión y Prensa (ICLEP), Sociedad Interamericana de Prensa, PEN Club), entre otras.

El régimen sabe que perder el control total de la información -túnel que se ha agrietado gracias a Internet- es el más peligroso enemigo de un sistema que por su naturaleza es un agresivo enemigo de la libre expresión. De ahí que, para reconquistar la libertad y la democracia en Cuba, es esencial apoyar desde todos los ángulos y maneras posibles el trabajo de los periodistas independientes.

Y a la par es necesario incentivar a los miles de comunicadores (que aún no han roto con la ceguera y el terror, pero que bien podrían cruzar las fronteras impuestas por un ideal embustero) a que se unan sin recelos a ese ejército, aún incompleto, al que verdaderamente temió Fidel Castro y al que más temen sus también ilegítimos sucesores: esa especie de milicia civil en la que pueden convertirse los periodistas independientes. Los genuinos, no los impostores cuyo objetivo es el reformismo, ni tampoco los que sacan provecho de la frivolidad y el desparpajo mediáticos. Mientras más periodistas independientes haya menos eco tendrá la dictadura.

Insisto: una Cuba libre de castrismo no será posible sin la creación de una inmensa red de auténticos comunicadores independientes. No importa si se graduaron de periodismo en las academias o si aprenden el oficio por la necesidad de dejar testimonio de su época. Se les debe ayudar, con seriedad y constancia. En los efectos de su faena radica la semilla más sustancial de la solución para Cuba.

No perdamos más tiempo ni cuantiosos recursos en el festival de la insignificancia que a veces prevalece en las redes sociales, alejándonos del debate sensato, empujando a los cubanos no al oasis que anhelamos sino a otro pantano. Otro pantano más. No nos entretengamos con sketches ni enturbiemos las miradas. Distribuir la información que el régimen se niega a divulgar es la clave para ponerle fin al fracasado sistema que sigue ahogando a los cubanos.

Víctimas del GRAPO, las grandes olvidadas
La organización dejó 93 muertos y 95 heridos en tres décadas. El diez por ciento del rostro del terror. Casi nadie las recuerda
Cruz Morcillo. ABC 15 Marzo 2021

Mayte Cabezas se enteró de los juicios por el asesinato de su padre en la Prensa y del traslado a Galicia de uno de los asesinos, Fernando Silva Sande, por televisión. «Lo que más daño me ha hecho es que nadie nos ha informado nunca de nada». Tenía 18 años cuando los Grapo asaltaron una sucursal del Banco de España en el centro de Santiago y acribillaron a tiros a su padre, el guardia civil Pedro Cabezas y al compañero de éste, Constantino Limia. Fue el 10 de marzo de 1989. El miércoles se cumplieron 32 años.

Nadie, salvo sus familias, conmemoró el día en que la vida de todos ellos saltó por los aires. «Las víctimas del Grapo son invisibles y las gallegas lo somos más aún», cuenta Mayte entre la desesperanza y la rabia.

Está acostumbrada, pero le duelen las promesas que no acaban de cuajar. Una en concreto: la que les hizo a ella y a los hijos de Limia el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, hace justo dos años. Cuando se cumplieron 30 del atentado (un atraco con el fin de recaudar fondos para la organización terrorista), se descubrió una placa en el lugar y Feijóo se comprometió a aprobar una ley para las víctimas del terror en Galicia. «Estamos expectantes porque es la palabra de un presidente. Esperemos que salga antes del verano, si hay voluntad real».

Entre 1975 y 2006 los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre asesinaron a 93 personas e hirieron a otras 95, según datos de la AVT, algo más del diez por ciento del total de víctimas en atentado terrorista: 10.414 entre muertos y heridos. Ese diez por ciento está huérfano de ley regional. Y como ellos otras seis comunidades autónomas. Diez sí la tienen: Andalucía, Aragón, Castilla y León, Madrid, la Comunidad Valenciana, Extremadura, La Rioja, Navarra, País Vasco y Murcia.

El objetivo es que todas las regiones cuenten con una y que se armonicen, algo que hoy no ocurre. La más antigua es la de Madrid (1996), la comunidad golpeada una y otra vez por atentados de todas las organizaciones. La última, la de La Rioja, aprobada en 2018. Es la tercera comunidad con mayor número de víctimas (824). Desde la AVT también están trabajando para que se unifiquen criterios. «Es una cuestión presupuestaria. Unas reconocen como víctimas a aquellas que han sufrido el atentado cometido en su suelo; otras si estaban empadronados en ella aunque el hecho ocurriera en otro lugar. Pero debería imponerse un solo criterio», explican desde la asociación.

La semana en la que España ha acogido el Día Europeo de las Víctimas del Terrorismo muchas se sienten aún ninguneadas. «Pasa el tiempo pero no lo olvidas. Yo creo que para todas es importante saber que cuentas con el apoyo de tu comunidad, que no eres un número», reflexiona Mayte Cabezas. Ella llevaba veinte días presentando un programa en la televisión gallega cuando mataron a su padre. Tino, el guardia civil con el que compartía turno, recibió los primeros disparos mientras leía el periódico y, casi a la vez Pedro fue acribillado por otro de los asaltantes.
Ver al asesino en la calle

Mayte escuchó en la radio que había un atraco y el ímpetu periodístico la empujó junto a unos compañeros a acercarse. «Mi padre trabaja allí, tendremos noticias de primera mano», les dijo. Al llegar alguien la abrazó y el resto es un recuerdo difuso. Y una travesía de las dos familias durante los siguientes 32 años. Describe algunas. Su madre, tras el homenaje, necesitó de nuevo asistencia psicológica. «¿Y quién se encarga? Pues nosotros». Ella al enterarse de que Silva Sande, uno de los cinco terroristas condenados por el crimen, iba a ser trasladado a Galicia entró en shock. «¿Y cuando salga de prisión qué, me lo voy a cruzar por la calle? No hay un mecanismo que les prohíba residir en el mismo sitio que sus víctimas. Y si lo hay nadie nos lo ha dicho. Lo que sí me han dicho es que va escribir un libro de cómo mató a mi padre».

Sus reproches van más allá y los comparte con su otra familia, los hijos del agente Limia. «Tras la infamia de lo de Hasel no ha salido nadie del mundo de la cultura a decir, oiga que los del Grapo no son héroes. Las víctimas no utilizamos nuestros medios para difundir odio, ¿por qué ellos sí?».
******************* Sección "bilingüe" ***********************

Democracia y Sánchez no mezclan bien

Rosa Díez okdiario 15 Marzo 2021

Es difícil encontrar un acto de corrupción mayor que el de un presidente que ha entregado el futuro de su país a una alianza estratégica con los proetarras y los golpistas, los mayores delincuentes que habitar pueden en una democracia.

Por eso, nada de lo que haga un tipo de su calaña nos puede extrañar. Para quien ya ha elegido como socios a los enemigos de la democracia todo lo que haga a partir de ahí no dejarán de ser pecados veniales. Pero el hecho de que sepamos que Sánchez es capaz de perpetrar todo tipo de tropelías no puede llevarnos a contemplarlas de forma resignada o en silencio.

La última golfada de Sánchez y su banda (bueno, última cuando escribo estas líneas, para cuando las publiquen ya se habrán producido unas cuantas más…) es el rescate de una empresa de aviación, Plus Ultra, propiedad de unos amigos del sátrapa Maduro.

El hecho de que Sánchez haya decidido utilizar fondos destinados a rescatar empresas estratégicas para dárselos a una empresa que, no sólo no es estratégica en el sector aeronáutico español sino que lleva en pérdidas desde antes de que se iniciara la crisis de la Covid-19, es un síntoma más de la descomposición ética y moral que aqueja al Gobierno de España. Es una aberración, una sinvergonzonería sin límites que el Gobierno financie a los amigos de Maduro con el dinero que les niega a los pequeños empresarios, a los autónomos o a los parados.

Pero esta decisión, que no es sólo económica, es una demostración palmaria de que la soberbia y prepotencia de Sánchez le ha llevado a pensar que ninguno de sus actos le pasará factura electoral. Y ciertamente que tiene razones para despreciar la posibilidad de una reacción crítica de los españoles. Las encuestas que le enseña cada día su Goebbels de bolsillo, Iván Redondo, le indican su apreciación de que los españoles tragan lo que les echen. Y por si tenía alguna duda, las elecciones catalanas le han permitido evaluar el efecto perverso de la propaganda al lograr que gane las elecciones el responsable máximo de gestionar la crisis sanitaria que se ha llevado por delante las vidas de cien mil de nuestros conciudadanos.

Sánchez pudre todo lo que toca y liquida –física, política o socialmente- todo aquello que no puede controlar. Por eso se encuentra tan a gusto con comunistas, bolivarianos, proetarras o golpistas. Sus compañeros de viaje son muy como él pues todos ellos ya han demostrado estar dispuestos a todo para conseguir sus objetivos. Naturalmente que Sánchez, como cualquier “padrino”, si puede ampliar la red clientelar, no liquida sino que compra. Y lo mismo compra voluntades de “profesionales” a quienes sitúa en cualquiera de sus terminales mediáticas y/o económicas que “rescata” las empresas de sus amigos.

Y mientras nos entretenemos/escandalizamos con el vergonzoso espectáculo de la compraventa de diputados, mientras buscamos como calificar a un partido que presenta mociones de censura contra sí mismo, mientras especulamos sobre el papel de Arrimadas en la función diseñada por Iván Redondo, mientras se suceden los episodios bochornosos que animarían al más pintado a “borrarse” de la política (sin tener en cuenta que la opción de dejarse guiar por el caudillo es mucho peor), Sánchez nos cuela su operación Plus Ultra, aprueba la Ley que quita competencias constitucionales al CGPJ y la reforma del Código Penal para legalizar las coacciones contra la libertad de huelga. Y comienza a soltar la idea de alargar el estado de alarma después de mayo para mantener los poderes absolutos…

Y mientras se acumulan los millones de parados, mientras centenares de miles de españoles no reciben ninguna ayuda pública para subsistir, mientras crecen las colas del hambre… Mediapro negocia con el Gobierno que le sean transferidos 300 millones de euros del dinero de todos los contribuyentes , dinero que se sumaría al que ya se ha destinado a Mediaset, a Atresmedia, a Prisa… Dinero que no llega a los cuatro millones de parados, a los más de dos millones de autónomos que han cesado su actividad, a la sanidad, a la educación… Dinero que, insisto, llega puntualmente y a raudales a las terminales mediáticas que emiten la propaganda del Gobierno.

Y mientras todo se pudre, Marlaska corre jacarandoso en la cinta que le hemos comprado con nuestro dinero para que entrene cómodamente desde su casa y no se distraiga de su tarea de acercar terroristas a sus domicilios en el País Vasco.

Y en esta atmósfera espesa y maloliente pareciera como si nos hubiéramos acostumbrados a que cada día el Gobierno nos informe de los cientos de nuevos muertos por la Covid-19, de los centenares o miles de nuevos contagiados….

Es un hecho que la corrupción institucionalizada no para de crecer desde que la pareja tóxica Sánchez/Iglesias habita la Moncloa. “El mejor desinfectante es la luz del sol”, dijo Louis Brandeis, refiriéndose a la transparencia. Para desinfectar la cloaca de la Moncloa no hay nada más efectivo que sacar a la luz todas sus tropelías. Porque probado está que democracia y Sánchez no mezclan bien. A la democracia hay que cuidarla; y a Sánchez hay que ponerle fecha de salida.

Los huérfanos del desencanto
Carlos Mármol. cronicaglobal 15 Marzo 2021

La política española es una centrifugadora de ambiciones. Un vendaval de calamidades. Una guerra sin cuartel por prevalecer ante el contrario. La mayoría de las veces no arregla nada de lo importante y complica lo esencial. Probablemente por eso sea tan rentable --en el corto plazo-- para su actores principales y una desgracia (recurrente) para los cómicos secundarios, ese grupo en el que estamos los que (todavía) votamos. Desde 2008, cuando la crisis económica comenzaba a clausurar la etapa de prosperidad y estabilidad más larga de nuestra historia reciente --el portazo definitivo tuvo lugar en 2010, el día en el que Zapatero se suicidó (simbólicamente) en el Congreso, aplastado por el peso inmisericorde de la realpolitik--, las cosas se han sucedido a una velocidad de vértigo. En general, para peor.

España es mucho más pobre que antes. Tiene bastante más deuda, más desempleados e infinitos sepelios y lágrimas pendientes. El futuro es más incierto que nunca. Y la muerte, entendida como un hecho comunitario en lugar de individual, parpadea todos los días en las pantallas de los teléfonos móviles --nuestros nuevos señores feudales-- camuflada en las estadísticas de la pandemia. Probablemente existirán excepciones, pero en líneas generales casi nadie puede decir sin mentir que es más feliz que hace una década.

El país ha retrocedido en lo material, pero el mayor quebranto es anímico. Espiritual. La salud mental se ha colocado en la agenda pública --aunque en una posición ciertamente secundaria-- y todo el tejido institucional construido en la Santa Transición, o mediante el acuerdo de los grandes partidos, se ha inmolado en una ceremonia colectiva cuyos episodios encadenan historias de corrupción --en nuestro caso, un mal endémico--, deterioro cultural y embolia moral.

En Cataluña, el prusés resucita tras ocho largos años de hartazgo, regresión económica y delirio tribal, sin que la ley se cumpla. Los soberanistas plantean, incluso antes de un indulto injusto en términos legales y ridículo desde el punto de vista político, un remake de su desafío contra el Estado. El efecto Illa quedó en nada y las hipotéticas vías de pacificación --lo que se libra es una guerra cultural-- andan desactivadas, mientras el independentismo ya tiene dentro de la Cámara legislativa a su imagen especular: los ultramontanos de Vox. La cosa promete ser entre un espectáculo y un espanto.

El sistema de las oficinas de Empleo lleva días hundido por un ataque informático tras un año infame por el colapso en la tramitación de las prestaciones de subsistencia. El Ingreso Mínimo Vital sigue siendo pura propaganda. Hasta los comedores sociales para desahuciados han establecido listas de espera. Las autonomías administran --ante la incomparecencia de La Moncloa-- los quebrantos de la tercera ola (augurio de una cuarta que ya ha llegado a Italia) y las empresas, negocios y autónomos que todavía están vivos cuentan los días que restan para la insolvencia, prolongar los despidos falsamente temporales o convertir en definitivos los potenciales. Dentro de poco llegará, como gran colofón, la campaña de Hacienda.

Dado semejante panorama, resulta obvio que la descomposición de la derecha española --provocada por el acercamiento de un Cs moribundo a un PSOE sin conciencia de Estado, y que ha derivado en un pacto con tránsfugas en Murcia, precipitando acto seguido las elecciones de Madrid-- sólo le importa a sus protagonistas, falsas víctimas unos y secretos verdugos otros. Y, sin embargo, desde hace días en los medios, sobre todo aquellos situados en posiciones conservadoras, no se habla de otra cosa. Desde una orilla, para enterrar a la Arrimadas a la que llamaban Inés, convertida ahora en “la gran traidora”; desde la otra, para acelerar el control de un Estado que con entre 70.000 y 100.000 muertos, según la fuente que se consulte, es incapaz de vacunar a una población hastiada.

¿Se acuerda alguien de la agenda social del 15M? ¿Es creíble un partido que en 15 años ha pasado de ser una plataforma de intelectuales contra el nacionalismo a convertirse en la bisagra de cualquier portillo? Cs nació hace 15 años y camina hacia su extinción, provocada por una mezcla de vanidad, bisoñez e ignorancia elemental. Podemos, convertido definitivamente en un consorcio matrimonial, ha cumplido siete años hace una semana.

El espejismo de la nueva política se ha diluido, ahogado por el ruido ambiental, sin conseguir cambio alguno entre los capellanes de la pretérita, capaces de pagar (con nuestro dinero) lo que sea para anclarse al poder. Los redentores que prometían salvarnos del bipartidismo son ya la fiel caricatura de sí mismos. Quienes confiaban en que un cambio generacional aceleraría el reformismo retornan a la orfandad. Hasta el rey gigoló llora en una jaula de oro. Todo se ha vuelto ancestral, como si el tiempo, señor de todas las cosas, acelerase la degradación de las esperanzas. España ya no cree ni en su propio desencanto.


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