AGLI Recortes de Prensa   Martes 16  Marzo  2021

El acoso tributario a Madrid
José María Rotellar. okdiario 16 Marzo 2021

La vicepresidenta tercera del Gobierno ha insistido, en una entrevista, en lo manifestado también por la ministra de Hacienda y por algunos políticos independentistas, que no es otra cosa que acusar a Madrid de “dumping fiscal. Llega a decir la vicepresidenta del Gobierno que el Ejecutivo “en el ámbito europeo tiene una posición muy activa en contra de aquellas estrategias que consisten en bajar impuestos para atraer actividad económica y es la misma que tenemos en el ámbito español”. A su juicio, el interés del Gobierno es tener “sistemas fiscales sólidos, a nivel estatal y a nivel autonómico, para que el conjunto del país tenga un sector público bien financiado y una sostenibilidad fiscal a medio y largo plazo”.

Esta estrategia de perseguir tributariamente a Madrid no es nueva. El Gobierno ya pactó con los separatistas de ERC crear una comisión bilateral que persiga, en palabras de Rufián, acabar con lo que él llama el “paraíso fiscal que se ha montado la derecha en Madrid”. Dicho pacto es fruto, junto con otras muchas cesiones del presidente Sánchez, de la necesidad de contar con los independentistas para que prosperasen los Presupuestos Generales del Estado (PGE). Ese pacto constituye un ataque a las competencias madrileñas y a su autonomía financiera, enmarcada en la Constitución, en la LOFCA y en la ley del Sistema de Financiación para las regiones de régimen común. Esto es insólito, por no hablar de los argumentos falsos de Rufián. ¿Qué dirían el PNV o ERC si fuese Madrid la que tratase de imponer en el País Vasco o en Cataluña una política económica? Imagínense.

Ahora bien, no nos equivoquemos: como vemos en las manifestaciones de Calviño o Montero, Sánchez y el PSOE actual persiguen lo mismo que Rufián y su formación: atacar a Madrid, tratar de imponerle normativamente, cambiando la ley, una política económica que se ha demostrado fracasada, que no es otra que la que los independentistas llevan aplicando lustros en Cataluña, la que el propio Sánchez lleva a cabo en el Gobierno de España o la que María Jesús Montero impuso en Andalucía, que se basa en gasto desmedido, impuestos confiscatorios, incumplimiento de déficit y deuda exponencial, junto con todo tipo de trabas al desarrollo económico.

Esa política aplicada por los socialistas y por los independentistas ha dado unos resultados lamentables, pues además de endeudar a los ciudadanos, ha mermado la capacidad económica de los lugares donde se ha llevado a cabo y ha esquilmado tributariamente a los contribuyentes, sin dejarles recursos suficientes para poder invertir privadamente y crear actividad y puestos de trabajo. Inversión mermada ya de por sí por la inseguridad jurídica que se genera con un continuo intervencionismo en la economía como acostumbran -y que relatábamos ayer-, que genera desconfianza e incertidumbre.

Como dichas políticas demuestran su fracaso, no toleran que la Comunidad de Madrid les ponga día tras día frente al espejo de su incompetencia y equivocación, pues al aplicar Madrid una política económica radicalmente distinta, basada en una austeridad eficiente con la mejor cobertura de servicios públicos -ahí están los hospitales, los colegios bilingües o el Metro, por ejemplo-, unos impuestos bajos que dejan a cada madrileño más de 1.100 euros al año por menor pago de impuestos para que puedan hacer con ello lo que quieran (consumir, ahorrar o invertir, en definitiva, generar actividad, empleo y prosperidad), un exquisito cumplimiento del déficit en la media de la serie desde que comenzó la anterior crisis, el menor crecimiento de deuda desde entonces a nivel regional y unas medidas económicas que allanan el camino para generar riqueza y puestos de trabajo, se notan todavía más las diferencias.

Por eso, quieren acabar con esa política económica y pactan crear una comisión bilateral que pretende diseñar la forma en la que obligarle a Madrid a subir impuestos y repiten incesantemente la idea de una deslealtad fiscal de Madrid, lo cual es falso. Si persiguiesen la eficiencia, no lo harían, pues con cinco puntos de tipo impositivo máximo en Cataluña y en Andalucía de los tiempos socialistas que Madrid, la región catalana recaudaba 1.200 millones menos por IRPF que Madrid, y en el caso andaluz su recaudación era la mitad de lo que conseguía la madrileña, pese a que la población de Madrid es inferior a ambas en más de un millón de personas. Y no se trata de un efecto capitalidad, porque de todo lo ingresado en Madrid se recibe una parte pequeña, tras reubicar los rendimientos en los lugares de cada sujeto pasivo. Madrid es capital desde hace siglos y no siempre destacó de esta manera. Se trata de que con una política de libertad económica e impuestos bajos se genera confianza, se atraen inversiones y se incrementan la activad, el empleo y, con ello, la recaudación.

Como eso se ve, tanto Sánchez como ERC envidian a Madrid e, incluso, odian a Madrid en ese formato de envidia insana. Por ello, tratan de perseguirla. Dejando al margen la discriminación y parcialidad que aplicó Sánchez en la gestión de la pandemia o el agravio tradicional a Madrid con las inversiones regionalizables de los PGE, tributariamente tampoco es la primera vez que Madrid sufre ataques. El actual Sistema de Financiación Autonómica (SFA) fue diseñado para beneficiar a Cataluña y Andalucía y perjudicar a Madrid. Como resultaba difícil hacerlo favorable a Cataluña y no a Madrid, al ser dos regiones similares, se ideó, primero, un reparto conveniente para Andalucía, entonces gobernada por los socialistas, con los recursos adicionales del sistema, para, después, imponer un reparto por población protegida equivalente en sanidad a la medida de la estructura poblacional catalana, y un límite en el fondo de competitividad que permitiese que Cataluña participase en el mismo plenamente y que Madrid perdiese, año tras año, entre quinientos y ochocientos cincuenta millones de euros, que no aprovechan a ninguna otra región, pues se queda la Administración General del Estado (AGE). Hasta ahí llega la envidia y el odio, que hace que no les interese tanto recibir más como que pierda Madrid.

Ese SFA no fue sometido a consideración de las CCAA hasta que los órganos de dirección de ERC no dieron su visto bueno al mismo un fin de semana de inicios de verano de 2009. Ahora, parece que quieren volver a hacer lo mismo: dictar en Barcelona desde el resentimiento, la envidia y el odio, con el visto bueno de La Moncloa, la política económica regional de Madrid, para impedir que unos y otros queden mal en el espejo de la incompetencia, e imponer, así, a la región madrileña una política económica fracasada. No se trata, por tanto, de financiar adecuadamente los servicios públicos. Para empezar, habría que preguntarse qué servicios públicos, pues nadie discute que se provean y financien los servicios esenciales, pero lo que sí que no se puede tolerar es el despilfarro público al que nos acostumbra la izquierda, a base de llevar la tributación a unos niveles confiscatorios. Se trata de saber gestionar mejor, de poder ofrecer los servicios públicos de manera más eficiente. Por otra parte, ¿por qué se persigue el atraer inversiones? Implícitamente, están reconociendo que una política eficiente de impuestos bajos es lo que genera actividad, pero eso deja de lado la obsesión intervencionista por lo público, el juguete con el que irrumpen en la vida de los ciudadanos para decirles qué tienen que hacer.

En lugar de procurar imitar los buenos resultados de Madrid para que el resto de ciudadanos se beneficien de la misma prosperidad, castigan a los madrileños para que sufran la misma confiscatoriedad y menor prosperidad que los ciudadanos de los lugares donde gobiernan los de Sánchez y los de ERC. Lamentable.

Melones de censura
Fernando Sánchez Dragó. https://gaceta.es  16 Marzo 2021

El título de esta columna no es metáfora de poema surrealista ni greguería de Ramón ni viñeta de Ibáñez en el Pulgarcito ni retruécano fácil de plumilla jubilado. ¡Qué va! Me ha salido del alma, pues hace cinco minutos he creído leer en un titular de periódico, con tipografía de a puño, esa curiosa expresión: melones de censura. Pestañeé, claro, antes de bizquear y pellizcarme, y no tardé en descubrir lo que de verdad decía. Sobra aclararlo… Mociones, no melones, de censura.

El espejismo óptico no era, sin embargo, baladí. Demostraba que todos, y yo el primero, nos estamos volviendo locos. Tal es la impresión que día tras día me produce echar un vistazo al mundo. ¿Seré como el protagonista de ese chiste, recientemente citado por Chimo Puig, que conduce en sentido contrario por una autopista y llega a la conclusión de que han enloquecido los demás automovilistas? La verdad es que transformar mociones en melones resulta, en vista de lo que sucede, una metamorfosis bastante lógica, pues esas cucurbitáceas se vendían a cala y cata antes de que el mundo enloqueciera y a cala y cata van ahora como locos por su carril todos los politilocuelos incapaces de ganar elecciones que optan por ganar mociones no tanto de censura ni menos aún de mesura cuanto de defenestración.

Lo único que en la concerniente a la política, siempre tan monótona y repetitiva, no me aburre, es el agonismo. El ordenador me subraya la palabra, así que recurro a Wikipedia para que los lectores la entiendan: «El agonismo (del griego agón, “conflicto” o “disputa”) es una teoría política que enfatiza los aspectos potencialmente positivos de ciertas formas de conflicto político y difiere así de la descripción de la democracia como mera búsqueda de consensos».

O sea: moción de censura o, en su defecto, llamada a las urnas. En ello andamos

El agonismo exige antagonismo y, a la postre, protagonismo. Curioso es que el ordenador no subraye las dos últimas palabras.

Me aburre, decía, la política, pero me divierte en grado sumo hacer porras antes de que llegue la noche electoral y seguir ésta con el interés y la atención que las carreras de caballos despiertan en Fernando Savater. El 4 de mayo, si los jueces no me dejan sin función (y parece ser que no lo harán a juzgar por su primer dictamen), me plantaré en cuanto las sedes electorales cierren frente al televisor con una botella de champán ‒champán, champán, de cava no, así sea de Requena, pues no lo digo por anticatalanismo, sino por razones de paladar‒ y revisaré mi quiniela a ver si la voz del pueblo la avala.

Tengo en este instante el corazón partío. Si la convocatoria fuese de alcance nacional no lo tendría: mi voto sería para Vox o, mejor dicho, para Santi Abascal, porque yo siempre voto a personas y no a partidos. Pero siendo lo del 4 de mayo ‒¿por qué no lo han puesto el Dos, que se escribe con letras y con mayúscula?‒ elecciones restringidas al ámbito de mi Comunidad no sé si seguir el consejo de acogerme al subterfugio del voto útil, cuya única utilidad sería la de afianzar algo que de todos modos sucederá: la derrota de ese panecillo sin corteza ni sal que es el candidato del gobierno.

No sé, no sé… Tengo muy buena opinión de las dos mujeres fuertes ‒Isabel Díaz Ayuso y Rocío Monasterio‒ que librarán amistosa batalla en el vientre de las urnas y se cogerán del brazo después de que éstas dicten su veredicto. Mi problema se deriva de lo que antes dije: mi decisión, que de antiguo viene, de no votar nunca a partidos, sino a personas. De no ser así, mi dilema no existiría, puesto que después de la traición perpetrada por Casado en la moción de censura al gobierno jamás podría yo votar a un partido capitaneado por él y por los de su colla. No es cuestión de ideología, por más que yo no sea socialdemócrata, como lo es el PP, sino de ética y de estética.

¡Ay, Isabel, Isabel, para sacarme de dudas bastaría con que hicieras algo que Esperanza Aguirre no se atrevió a hacer en su día y que tú, a corto plazo, tampoco harás! Romper las amarras al partido que virtual y momentáneamente, espero, representas y ponerte a navegar por tu cuenta o unirte a Vox, que es tu destino natural. Sueños, bien lo sé, pero sueño parecía hasta el miércoles lo que ese día sucedió. Imposible era prever antes de tan memorable fecha el monumental y triple tropezón dado por el gobierno, siempre tan astuto, y por los ciudadanitas, siempre tan precavidos, en Murcia, en Valladolid y en Madrid.

De todos modos, da igual… Votar a Rocío es votar por Isabel y hacerlo por Isabel es hacerlo por Rocío. No hay corazón que no sea bipolar. Madrid volverá a salvarse de la ruina y a mantener su libertad dos días después de la fecha de la efemérides más importante de su historia. Ésa es mi porra. Se admiten apuestas. Mañana mismo voy a comprar la botella de champán. Será francés y de Reims. Otro no hay.

Inútil Iglesias
EDITORIAL https://gaceta.es  16 Marzo 2021

"Será un honor ocupar el puesto
en el que ahora puedo ser más útil"
(Pablo Iglesias)

Iglesias, el inútil mando en las residencias de ancianos que no se merecían a un incapaz ideologizado, se ha presentado hoy ante los madrileños y ha anunciado su dimisión en diferido como vicepresidente del Gobierno de la nación para encabezar la lista de su partido, la sexta y última formación en la Asamblea de Madrid, con el fin de detener «a la derecha criminal y asesina». Al margen de discursos que repugnan el sentido común y contradicen a la Historia, Iglesias, que ni siquiera ha sido capaz de cabalgar contradicciones galapagueñas, agita el comodín del fascismo inexistente y cambia el marco político en el que debía situarse la campaña electoral —seguridad, trabajo, fiscalidad, crecimiento— por la cochiquera ideológica —antifascismo, feminismo, revanchismo trasnochado, anticlericalismo— en la que disfruta este pequeño napoléón (orwelliano).

Pobre de aquel partido que caiga en la trampa de un seudolíder de la izquierda sectaria en sus horas más bajas. Anulado en Galicia, abocado a la marginalidad de un partido roto en Andalucía, sin control sobre la formación en Cataluña… la maniobra de Iglesias, que tocó el cielo con Podemos y que lo condujo él solo —purgas mediante— de camino a los resultados tradicionales del comunismo en España, más parece una maniobra desesperada para evitar, no que el partido desaparezca, sino que lo haga su inútil liderazgo.

Las elecciones autonómicas madrileñas de 2019 colocaron a Pablo Iglesias en su lugar natural: la última fuerza política en un parlamento. La osadía del gran purgador a la hora de colocarse como macho alfa de una reunificación de los partidos de izquierda también merecería una respuesta inteligente y apropiada. Que por mucho que sea difícil creer que haya vida inteligente en esos partidos, confluencias, núcleos irradiadores y demás mareas, no significa que tengamos que dejar de soñar.

Si solo fuera inútil
Nota del Editor 16 Marzo 2021

Ha demostrado su capacidad para seguir destruyendo España, para dejar morir a miles de personas en las residencias. Ahora les toca a algunos españoles  demostrar que sus ondas cerebrales funcionan y empularlo donde no pueda seguir destrozando España ni dejando morir cientos de miles de españoles pòr enfermedad o pobreza

Ayuso contra Iglesias: libertad o comunismo
OKDIARIO 16 Marzo 2021

La decisión de Pablo Iglesias de abandonar el Gobierno socialcomunista para liderar la candidatura de Podemos en la Comunidad de Madrid hace que los próximos comicios autonómicos marquen un punto de inflexión, pase lo que pase, en el paisaje político nacional. Pocas veces unas elecciones autonómicas tendrán tanta importancia como las que se celebrarán el 4 de mayo. El necio y desleal movimiento de Cs en Murcia, que iba a tener ramificaciones en otros territorios, ha provocado un auténtico terremoto político. Esta por ver si Podemos concurre junto a Más Madrid -Iglesias y Errejón juntos de nuevo-, porque si así fuera la batalla por la izquierda salpicaría de lleno a un PSOE que hasta ahora disfrutaba de una posición hegemónica. Hasta ahora Pedro Sánchez estaba cómodo, aunque tuviera que aguantar las salidas de pata de banco de Iglesias. El PSOE mantenía el tipo y Podemos iba perdiendo fuelle de manera progresiva.

La unidad de la extrema izquierda populista complicaría un poco más las cosas al socialismo, mientras que en el otro lado, las elecciones madrileñas deberían servir de pistoletazo de salida para una reunificación efectiva del centro derecha. Isabel Díaz Ayuso acierta cuando asegura que el 4M los madrileños tendrán que elegir entre libertad y comunismo, porque si la izquierda se impone, la Puerta del Sol será una copia de La Moncloa o, incluso, peor, si el socialismo que encarna Ángel Gabilondo es derrotado por una eventual alianza entre Iglesias y Errejón.

Con Cs en vías de extinción -la maniobra de Inés Arrimadas debería estudiarse en la Facultad de Ciencias Políticas como ejemplo de lo que significa un suicidio político-, el PP tiene ante sí la oportunidad de resituarse y tejer alianzas con el único partido que le garantiza posibilidades de erigirse en sólida alternativa al socialcomunismo: Vox no puede ser el enemigo, sino un potencial aliado con el que hay que trazar estrategias comunes. Ayuso ha marcado el camino a seguir y lo que urge en esta hora decisiva es no desaprovechar la oportunidad. Madrid debe ser el kilómetro cero del camino de vuelta hacia La Moncloa. Lo que está en juego es demasiado importante como para enredarse en peleas cainitas. Al fin y al cabo, volviendo a parafrasear a Ayuso, el 4 de mayo los madrileños deciden entre democracia o totalitarismo.

Qué te juzgan, Ayuso
La presidenta de la Comunidad de Madrid ha dejado a todos con dos palmos de narices tras una gestión audaz que no ha tenido ni un segundo de respiro desde que llegó a la Puerta del Sol.
David Arranz. esdiario 16 Marzo 2021

Viendo el anuncio de la convocatoria de elecciones, dos imágenes se dibujaban en mi mente. Una, la de los desesperados hosteleros manchegos luciendo mascarillas y carteles que rezaban "Queremos una Ayuso". Otra era la de Cristina Almeida afirmando ante Ferreras, que "si las mujeres mandasen, hasta Ayuso sería capaz de ser más mujer".

La disolución de la Asamblea ha sido el último acto de una mujer valiente de los pies a la cabeza. Hemos visto cómo en más de una ocasión se ha jugado su pellejo tomando medidas arriesgadas que rompían esquemas por el bien de los madrileños, de la salud de éstos y de la economía de todos. Y eso en política es tan valioso como escaso.

La apertura de la hostelería y la defensa a ultranza de éstos como lugares seguros, a la vez que se aplicaban restricciones concretas en barrios con altos índices de contagios son los mejores ejemplos de ello. Mientras, veíamos cómo otras regiones del país no conseguían reducir el número de casos a pesar de estar cerradas a cal y canto.

La Marea Blanca sale a las calles contra Ayuso mientras calla con Pedro Sánchez

Ella fue la primera en cerrar centros educativos en toda España cuando el gobierno estaba quitándose los guantes morados del 8M diciendo aquello de “besos y abrazos no”. De hecho, muchas de sus medidas eran entorpecidas desde Moncloa y cuando funcionaron, generaron diversidad de reacciones: los medios internacionales como el Frankfurter Allgemeine Zeitung habló de "el milagro de Madrid", y aquellos que la ponían de tonta y loca han tenido que hacerse chiquititos y comerse sus palabras.

Pero la campaña de acoso y derribo a Ayuso ha sido constante y ninguna medida que planteaba era buena, suficiente, lógica o económica. Siempre los horarios eran demasiado amplios, las mascarillas demasiado buenas o los hospitales demasiado caros. Aunque después no se los llevara el viento de levante.

Como es lógico, también ha cometido errores. Desde la foto de Ifema con más gente de la que debía hasta sus lapsus linguae que no dejan de ser propios de una persona que ha estado trabajando 24 horas al día durante meses. Porque de lo que nadie puede dudar es que ha estado siempre al pie del cañón dando la cara, mientras el Presidente del Gobierno solo sale cuando hay que dar mensajes positivos.

La retorcida Moncloa
Pero, ¡ay los datos! Esos acompañantes de viaje más pegajosos que la hemeroteca, esos bastardos que matan el relato más retorcido del jefe de gabinete de Moncloa. Esos dicen que el crecimiento de Madrid del 4,4% en el último trimestre de 2020 ha superado a todas las demás regiones, algunas de las cuales se hundían.

Los datos también han demostrado que sus medidas eran las correctas. Que por Barajas entraban positivos sin control y que el Zendal ha ayudado a luchar frente al virus aumentando considerablemente la capacidad hospitalaria en tiempo récord.

Ahora su ya exvicepresidente recurre al manido recurso de afirmar que ha perdido la cabeza. ¿Por qué? ¿Porque ha visto venir vuestro juego de sillas y se ha adelantado a la deslealtad de Ciudadanos y de Inés Arrimadas? Pues que juzguen su gestión, pero no ustedes, que juzguen los madrileños.

Objetivo, convulsionar Madrid
Iglesias abandona el Gobierno en un ejercicio de supervivencia personal para evitar el final de Podemos y, sobre todo, para comprometer en última instancia la legislatura de Pedro Sánchez
Editorial ABC 16 Marzo 2021

Después de que la semana pasada Inés Arrimadas diese un manotazo al tablero político fallido para Ciudadanos, ahora ha sido Pablo Iglesias quien ha decidido convulsionar la legislatura de modo virulento. El líder de Podemos se superó en frivolidad, abandona el Gobierno y encabezará la candidatura más extremista en Madrid. En términos de estabilidad, las consecuencias son imprevisibles porque estamos ante el Iglesias más impulsivo y superficial. Pero no es difícil descifrar que pretende dinamitar por partes al Gobierno en plena pandemia, romper la deriva agónica de Podemos, golpear al PSOE allí donde carece de liderazgo, y resucitar la guerra ideológica con la que llegó al poder.

En la decisión de Iglesias confluyen varios factores. Por un lado, es un intento desesperado de rescatar a Podemos de su desmembración porque hace tiempo que dejó de ser un proyecto político para convertirse en un cortijo. Por otro, pretende erigirse en el superviviente de la izquierda en Madrid, donde las encuestas condenan a la irrelevancia al PSOE y a Podemos frente a una abrumadora mayoría del PP. En las decisiones de Iglesias hay mucho de búsqueda obsesiva de supervivencia personal, pero también de reacción espasmódica: Sánchez creía haber anulado a la derecha para lustros, pero la torpeza de Ciudadanos y la pretensión del PSOE de reducir a Podemos a un partido residual han forzado a Iglesias a una solución extrema. El mensaje que envía a Sánchez es sintomático de que su mandato puede tambalearse una vez que, con Ángel Gabilondo, el PSOE renuncia a dar la batalla al PP. Es un contragolpe del Iglesias más iluminado para sacudir la política y debilitar a Sánchez.

Sin embargo, nada hay de sacrificio personal en Iglesias. Al revés. Su afán de notoriedad es obsesivo. Es de esos políticos que cree que sin él, España no merece existir. Por eso inicia un proceso de reinvención con un infantilismo desestabilizador. Solo pretende desatar una confrontación polarizada en España para cultivar su egolatría, y que el proceso concluya con un simulacro de censura contra Sánchez. A fin de cuentas, va a hacer la oposición al PSOE con Podemos incrustado dentro del Ejecutivo con el mensaje de que ni Sánchez ni sus candidatos son útiles para combatir a una derecha rearmada. Iglesias se suma así a la tesis de que Madrid será un plebiscito contra Sánchez del que quiere sacar tajada. Esta es la política-ficción que sufren los españoles, e Iglesias tiene más de guionista de tramas rupturistas que de servidor público. Solo se sirve a sí mismo, como si la política fuese un juego de intrigas para saltar de una plataforma de poder a otra sin importarle nada, nadie, ni cómo. Es la consecuencia de un relativismo repleto de inconsciencia que nació en platós de televisión creando salvapatrias en permanente fase de autopromoción, y no líderes solventes.

Sin embargo, su ajuste de cuentas con Sánchez por haber girado inútilmente hacia Ciudadanos no significa que Podemos renuncie al revanchismo. Al contrario. Reaparecerán el Iglesias más destructivo y el pancartero incombustible de cacerola y cal viva. Su objetivo es convulsionar la calle, recuperar la amenaza de una ‘alerta antifascista’ y generar una agitación radicalizada. Su estado natural es la barricada, el guerracivilismo incendiario. Iglesias no se siente cómodo en la política constructiva. No es un gestor, sino un revolucionario venido a menos acuciado por la corrupción e incapaz de entender España, y por eso opta por encender el odio para atraer votos. Su apuesta, en cualquier caso, es tan arriesgada como inmadura porque su idea de presentar los comicios como una dualidad entre Iglesias y Ayuso, con el PSOE fuera de juego, puede convertirse en un referéndum contra el Gobierno que eclosione en el voto útil de la derecha en torno al PP. Más aún, Iglesias se ha autoproclamado candidato sin primarias, con ese supremacismo prepotente que le caracteriza, y despreciando a Íñigo Errejón, a quien ha planteado la absorción de Más Madrid como un trágala, sin más.

Se impone también una reflexión crítica sobre los partidos de la ‘nueva política’ en vista de la degradación de Podemos y Ciudadanos. No gobiernan, solo acaparan poder. La reivindicación del bipartidismo clásico se convierte así en un mal menor mucho más pragmático para España que el aventurerismo de políticos coyunturales y advenedizos. Y no solo está en juego Madrid. De su resultado dependerá si Sánchez queda en minoría y se ve forzado a convocar elecciones generales. ¿Qué sentido tiene si no que Iglesias lo avanzase ayer designando ya como candidata a Yolanda Díaz? Todo es imprevisible.

Iglesias y el trastorno narcisista
Pablo Planas Libertad Digital 16 Marzo 2021

Pablo Iglesias salta al ruedo con una sola idea en la cabeza: puerta grande o enfermería. Después de más de un año en el Gobierno sin que se le conozca una sola aportación positiva, se tira a la piscina sin comprobar si hay agua, como un auténtico kamikaze, probablemente enfebrecido después de un maratón de series políticas y con la única idea de convertir la campaña de Madrid en una suerte de Batalla del Ebro de Podemos.

De sus primeras declaraciones ya se puede inferir cuál será el tono de la campaña:

Hay que impedir que estos delincuentes, que estos criminales que reivindican la dictadura, que hacen apología del terrorismo de Estado, que promueven la violencia contra los migrantes, contra los homosexuales y contra las feministas, que cuando unos militares hablan de fusilar a 26 millones de rojos dicen que son su gente, puedan tener todo el poder en Madrid, con todo lo que eso implica para el resto del país.

Esa sarta de miserables falsedades e insultos son y serán la sustancia del desempeño del hombre del moño, un fajador acomodado al juego sucio, a la política como garrotazo y cuya carrera ya no daba más de sí en el Gobierno. Pero lo que se dirime en Madrid es demasiado importante como para que pueda quedar condicionado por la retórica guerracivilista de semejante personaje, un tipo programado para mentir y difamar, un fabulador con un trastorno narcisista cuyo principal problema es que se cree sus propias mentiras. En Madrid están en juego trabajo, prosperidad, salud, libertad, futuro y democracia, todo aquello que no existe donde mandan los amigos y referentes de Pablo Iglesias.

Las primeras cábalas apuntan a que la intención de Iglesias es provocar un terremoto demoscópico que dificulte la victoria de Isabel Díaz Ayuso. Habrá que estar muy atentos a las manipulaciones del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Lo ocurrido con Illa en Cataluña puede ser una broma al lado de lo que perpetre Tezanos para la ocasión.

La maniobra que protagoniza el líder de Podemos demuestra además que Murcia era el primer paso en una operación de largo alcance con Madrid como punto de destino. Se trata de arrebatar a la derecha la capital sea como sea. Fracasada la moción de censura, es el turno del plan B, Iglesias, de modo que se lanza sobre Madrid a quien encarna lo peor de la política, a un personaje del que cabe esperar cualquier cosa, de la crispación más absoluta a los enfrentamientos físicos en la calle pasando, claro está, por el mayor despliegue de noticias falsas y manipulación en redes sociales de la historia.

El riesgo de que las elecciones se conviertan en una partida trucada es más que evidente. Comparece en ellas un individuo mal relacionado con la realidad, atravesado por una vanidad enfermiza y que en sus declaraciones se muestra predispuesto a superar todos los límites morales en pos de su objetivo, la eliminación radical de la derecha, ya sea por lo civil o por lo criminal.

Díaz Ayuso ha encajado el aterrizaje en Madrid del torpedo podemita con acertada flema. España le debe una, sí, pero que vaya con cuidado. Un análisis detenido del mensaje emitido por Iglesias para anunciar su candidatura muestra a un tipo desatado, fuera de sí, descontrolado, nervioso, tenso, con la mandíbula tiesa y con evidentes dificultades para no liarse a puñetazos con la mesa. Los demás candidatos deberán ser muy prudentes en el trato con este sujeto, un provocador nato, de lo peor que ha pasado por la política en España desde la restauración de la democracia.

Dicen que Sánchez es uno de los grandes beneficiados del paso dado por Iglesias, pues ya no tendrá que compartir espacio con el líder podemita. El presidente del Gobierno está acostumbrado a caer de pie. De su fallida carambola murciana surge el inesperado rebote de la salida de Iglesias del Gabinete. Por lo demás, todo son perjuicios. Eso sí, se abre la oportunidad de desterrar de la política a Pablo Iglesias. Es un reto para el que Díaz Ayuso no necesita según qué ayudas.

VOX encuentra la horma de su zapato
Vicente Torres Periodista Digital 16 Marzo 2021

Casado no soporta a VOX y quisiera hacerlo desaparecer de un plumazo. A Casado lo comparan con una vaca que mira pasar un tren. Muchos de sus votantes optan por VOX, partido en el que observan más energía en la defensa de sus principios.

Ayuso es de otra pasta y por ello mismo no me extrañaría que fuera vista con recelo por la cúpula de su partido. Es lista y coge las ocasiones al vuelo. Se dio cuenta pronto de que ser objeto de odio de la izquierda cerril le acarreaba la simpatía de la derecha e incluso de la izquierda civilizada. No le inquietan los ataques obscenos y persistentes de los podemitas, lastritas y otras gentes del montón. Es más, sabe que le favorecen y no se frena a la hora de decirles las verdades del barquero. Los trata como los gamberros que son.

A Ayuso no se le van los votos hacia VOX, sino que los votantes del PP que habían optado por este partido vuelven a ella. Ayuso remarca, una tras otra, sus diferencias con VOX. Invierte tiempo en dejar esto claro. Pero a continuación añade que no tiene ningún problema en pactar con este partido, que no es de extrema derecha y que, realmente, los extremistas están en el lado del gobierno. El sanchismo, que no el socialismo, es extremista. Y qué decir de los asquerosos podemitas. Lo de asquerosos es mío. Y de los no menos asquerosos terroristas y delincuentes en los que se apoya.

A VOX le venía muy bien un dirigente como Casado que le ayudaba a engordar y a crecer. Y se ha encontrado con alguien que le va a disputar los votos con más perspicacia y con la conciencia de que al estar dispuesta a pactar le quita alternativas. No puede declararle la guerra abiertamente. Es Ayuso la que ha marcado las reglas de juego.

Personas y partidos
Nota del Editor 16 Marzo 2021

Eso de valorar un grupo en base a un único elemento es algo parecido a las mentiras del CIS. Para valorar un grupo hay que tener en cuenta todos los elementos, su historial, su fiabilidad y en el caso del PP el resultado es desastroso, razón por la que tiene que desaparecer.

Que nos va la vida en ello…
Javier Somalo Libertad Digital 16 Marzo 2021

No es el aleteo de una mariposa lo que está provocando terremotos políticos en España. Es el miedo de la izquierda a perder el poder y a que la derecha decida reaccionar a las trampas. Lo que empezó en Murcia estaba claramente destinado a Madrid y ya lo ha corroborado el vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, al anunciar su repentina candidatura para la Comunidad de Madrid.

“VuELve” el Iglesias desbocado que necesita caos para construir una frase completa. Y lo hace con un vídeo como vicepresidente del Gobierno del Reino de España —no en la sede de Podemos—, en el que dice que ya es hora de República y de echar a los “criminales” y “delincuentes” que están en la Comunidad, como primer paso, claro. Por muchísimo menos se ha pedido una reprobación en el Congreso de los Diputados. Pero lo del doble rasero aburre porque sirve de poco cuando está la izquierda en el poder y, como casi siempre, en casi toda la prensa.

El Iglesias de moño y pendientes, con una mano bajo la mesa, sin adorno ni papel alguno en escena, sólo con su ceño, intenta matar a una bandada de un solo tiro porque resulta que si ÉL es el único capaz de detener al fascismo, además deja el puesto para que por primera vez en la historia una mujer, Yolanda Díaz, sea presidenta del Gobierno, como si fuéramos a votarlo todo junto o ya lo hubiéramos hecho.

Si Pedro Sánchez no sabía nada de esto, como parece, sería el siguiente perjudicado porque tendría que dar explicaciones. Pero Pedro Sánchez no explicó ni el plagio de su tesis, ni si había comité de expertos por la pandemia, así que abandonemos toda esperanza. Y tampoco resulta de mucho interés que Iglesias haya querido castigar el ninguneo de su presidente porque no creo que eso se traduzca en algo concreto y ahora hay que centrarse en lo que sea útil. Es más, parece que el único mensaje de Moncloa hasta ahora es que el efecto de la candidatura es positivo en sus cuentas contra Ayuso, como si Iglesias fuera una especie de Kamala de Gabilondo, y que además prefieren a Yolanda que a Pablo en la vicepresidencia.

En cuanto a Íñigo Errejón, el de la moción de cartón piedra, ya se puede considerar viejo camarada o súbdito y borrar de su lista de contactos a cualquier amigo que se apellide Mercader. Los sóviets han sido anulados, el partido también. El comunismo es Iglesias y el resto, enemigos. Así sucede siempre por más que algunos se resistan.

Por último, o lo primero, Iglesias cae cada vez que llegan las urnas y este lunes ha doblado su apuesta ante la inminente llegada de su ocaso personal y político.

Al nuevo candidato jamás le importaron la pandemia ni los muertos en las residencias que eran de su competencia pero que vertía contra Madrid. No ha visitado un hospital, salvo desde las redes y para boicotearlo, ni fue al Palacio de Hielo a comprobar que sí, que era verdad, que morían personas, muchas personas. Esas minucias no alteran un músculo en el comunismo porque ellos sólo ven “gente”, nunca personas. Y el desorden siempre beneficia.

Lo bueno de la candidatura de Iglesias es que tenemos fotos y recuerdos de lo que puede ser su Madrid, en el mejor de los casos, porque hace ahora un año lo inauguramos por culpa de la pandemia: estado de alarma, confinamiento, cierre absoluto, ruina, desabastecimiento, miedo. Por más que quiera cambiarlo, tiene la campaña hecha con imágenes de archivo. Iglesias sería la tumba de Madrid porque el comunismo es la tumba más profunda de la libertad, como bien ha acuñado Ayuso en un lema de campaña —“Comunismo o Libertad”—que espero mantenga contra viento, marea y complejos porque es el más certero de la democracia.

Hay un enemigo claro, clarísimo. Así que el 4 de mayo hay que votar con 14 mascarillas superpuestas o vestido de buzo o por correo, porque, como diría su camarada la vicepresidenta Calvo, nos va la vida en ello. Ahora sí.

Madrid ha de ser la tumba del chavismo
EDITORIAL Libertad Digital 16 Marzo 2021

El comunista Pablo Iglesias ha decidido abandonar el Gobierno y –sin encomendarse a proceso de selección alguno y ninguneando escandalosamente a la servil feminista Isabel Serra– presentarse como cabeza de lista de Podemos a las elecciones regionales madrileñas.

Aunque trate de presentar su decisión como un sacrificio personal imprescindible para impedir la victoria de Isabel Díaz Ayuso, lo cierto es que su salida del Gobierno parece una maniobra desesperada para evitar el colapso de la extrema izquierda en Madrid... o una ocurrencia de algún misógino recalcitrante con fobia a Podemos; en este último caso se explicaría mejor, desde luego, la puñalada de Iglesias a la condenada Serra... y la que pretende asestar a la candidata pistolera de Íñigo Errejón, Mónica García, que huele ya a pólvora quemada.

Y mientras su vicepresidente abandona el barco y le rehace el Gobierno a su antojo, colocando como ministra de Asuntos Sociales a una fanática que no ha trabajado en su vida como Ione Belarra –gran valedora de la espeluznante organización Infancia Libre–, Pedro Sánchez se limita a sancionar lo que le ha impuesto el hombre de Nicolás Maduro en España.

La presencia de Iglesias al frente de la candidatura podemita puede movilizar el voto más izquierdista, ciertamente; pero movilizará mucho más el voto del centro-derecha y hasta de quienes no estén demasiado politizados pero comprendan perfectamente la amenaza letal que se cierne sobre Madrid. Adquiere así todo el sentido el lema de Ayuso, pues es radicalmente cierto que la batalla del 4 de mayo se dirime entre el comunismo y la libertad.

Madrid debe seguir siendo Madrid, no Caracas. Y el triunfo de las fuerzas de la libertad ha de suponer el principio del fin para quienes quieren convertir España en Venezuela.

Ganas de votar
Cayetano González. Libertad Digital 16 Marzo 2021

Las elecciones en Madrid el 4-M son la primera etapa de una carrera que tiene como meta botar al actual inquilino de la Moncloa.

Quién nos iba a decir hace sólo unos días que las maniobras de la factoría Redondo desde la Moncloa, con la inestimable colaboración de ese cadáver político que es Inés Arrimadas, serían el detonante de algo que ni la pésima gestión de la pandemia por parte del Gobierno ni la crisis económica consecuencia de ella habían conseguido: sacudir el tablero político nacional con una intensidad inimaginable hace muy poco tiempo.

La decisión de Pablo Iglesias de ser el candidato de Podemos en las elecciones autonómicas de Madrid, y su consiguiente abandono de la vicepresidencia del Gobierno, es algo que, como ella ha reclamado, se debe agradecer a Isabel Díaz Ayuso, que al disolver la Asamblea de Madrid y convocar elecciones para el 4 de mayo ha sido la que ha provocado este terremoto que tendrá consecuencias no sólo para la Comunidad de Madrid sino para el presente y futuro de España. En Madrid, formalmente habrá unas elecciones autonómicas, pero en el fondo serán unas generales. Con la convocatoria de Ayuso y con la decisión de Iglesias, quien a día de hoy debería estar muy preocupado es Pedro Sánchez.

El martes 4 de mayo los ciudadanos censados en la Comunidad de Madrid van a tener la gran oportunidad de endosar la primera gran bofetada política al Gobierno social-comunista liderado por Sánchez. Hay muchas ganas de votar con v y de botar con b. Votar para evitar que la izquierda se haga con el Gobierno de una comunidad donde no gobiernan desde hace 23 años y botar al peor presidente que ha tenido España, en cerrada competencia con Zapatero

Isabel Díaz Ayuso se ha convertido en este último año, desde que se declaró el estado de alarma, en el símbolo de la resistencia a un poder político y mediático del que ha recibido todo tipo de ataques y descalificaciones, también personales. Por eso el 4 de mayo va a recibir un respaldo muy importante en las urnas, veremos si suficiente para gobernar en solitario, como parece que quieren y desean en la calle Génova, algo horrorizados ante la posibilidad de tener que necesitar a Vox, después del enorme error que cometió Pablo Casado con Abascal y su formación en el debate de la moción de censura contra Pedro Sánchez.

Los ciudadanos también perciben que el 4 de mayo va a ser una oportunidad para que empiece el declive político de Pedro Sánchez. Si el PP, muy probablemente con el imprescindible apoyo de Vox, consigue mantener el Gobierno de la comunidad, las tornas habrán empezado a cambiar. Y todo por una moción en Murcia –da igual a estos efectos cómo acabe su tramitación– que tenía como razón de ser arrebatar al PP otras comunidades donde gobierna, debilitar el ya de por sí frágil liderazgo de Casado y, en ese escenario, convocar en un plazo razonable unas elecciones generales que encumbrarían a Sánchez, garantizándole cuatro años más en el poder. Todo eso se ha ido al traste por la chapuza de Murcia y por la convocatoria de elecciones en Madrid. Además, la fuga de Iglesias del Ejecutivo le complica más a Sánchez, porque el líder de Podemos será fuera del Gobierno, ya lo era dentro, una auténtica mosca cojonera.

Todavía hay mucho trecho que recorrer para que la alternativa de centro-derecha que necesita España sea una realidad. Dando por descontado que Ciudadanos está muerto, esa alternativa sólo puede pilotar en torno a PP y Vox. Casado tiene que rectificar, por la vía de los hechos, la estrategia de ruptura con el partido de Abascal que expuso en la moción de censura, y Vox tiene que priorizar la construcción de esa alternativa frente a cualquier otro objetivo, porque es lo que necesita urgentemente España. Las elecciones en Madrid el 4-M son la primera etapa de una carrera que tiene como meta botar al actual inquilino de la Moncloa.

Pablo Iglesias decreta la alerta antifascista
Jorge Vilches. vozpopuli.es 16 Marzo 2021

Para algunos será una sorpresa que los mismos que no querían que los madrileños votaran sean quienes se arrogan en exclusividad la democracia, la libertad y el progreso. Sí; esos que gritaban “democracia real, ya”. Los que coreaban “no nos representan”. Los que desfilaban con cartelitos que rezaban “lo llaman democracia y no lo es”. Esos que irán desde una mansión en la Sierra a dar mítines al Puente de Vallecas, Villaverde, Usera y San Blas, bajándose de un coche oficial, con chófer y guardaespaldas, a decir que los ricos les roban y que hay que repartir la riqueza.

El jefe de campaña de Iglesias lo va a tener difícil. El líder chavista no podrá visitar las residencias de ancianos de Madrid que abandonó, ni los hospitales que no se atrevió a pisar durante la pandemia. Ni podrá conversar con la gente que está en las colas del hambre o a las puertas de los colapsados SEPE esperando la prestación prometida. Tampoco es posible que pase por los comercios madrileños que él quiso que no abrieran. ¿Se atreverá a estirar las piernas, digamos, por el Paseo de Recoletos y escuchar a la gente? Porque Podemos era “el partido de la gente”. Es más; ningún “vulnerable” notará que Pablo Iglesias ha dejado la vicepresidencia de Derechos Sociales porque el podemita no hizo nada.

El desembarco de Pablo Iglesias en la política madrileña no es por el bien de Madrid, sino por el suyo propio. El líder comunista quiere ganar foco enfrentándose a Ayuso, el alma de la recuperación del PP. Piensa usar Madrid para resucitar Podemos. El objetivo es mostrarse como el paladín de la izquierda frente a la derecha, y sustituir el “antisanchismo” por el “antipablismo”. De hecho ya lo ha conseguido. Ayuso ha cambiado el “socialismo o Libertad” por el “comunismo o Libertad”. Esto convertirá al PSOE del blando Gabilondo en mero comparsa de estas elecciones.

La polarización será la clave. No solo beneficiará a Pablo Iglesias, sino también a Ayuso. Si el primero piensa convertirse en quien quitó el gobierno de Madrid a la “ultraderecha”, la segunda concentrará el voto de todo aquel que no quiera un socialcomunista en la Puerta del Sol. Al PP de Madrid le viene de cine la candidatura de Iglesias porque no tiene más que continuar el discurso, el tono y la política que lleva haciendo desde marzo de 2020. Ni siquiera necesita moderar la campaña para rascar lo poco que queda de Ciudadanos, sino seguir como hasta ahora. La continuidad será un acierto: libertad y política práctica, no ínsulas baratarias ni ingeniería social, o guiños al progresismo.

En el imaginario izquierdista no hay nada como un enemigo bien definido, y eso lo sabe el aparato de comunicación podemita. El lema será “alerta antifascista”, como dijo Pablo Iglesias al día siguiente de que PP, Cs y Vox ganaran en Andalucía. Alentará el miedo a que la “ultraderecha” gobierne en Madrid como principal recurso. Esto permitirá a Iglesias, o eso cree, presentarse como el dique de contención del “fascismo”. De ahí que haya empezado llamando a la sacralizada unión de la izquierda, imitando una especie de frentepopulismo para tontos.

El político más traidor
El llamamiento a que Más Madrid se una a Podemos frente al enemigo común es un dardo envenenado. Si los de Errejón aceptan estarán quitando importancia al motivo oficial de su nacimiento como partido: no ser esclavos morales de Iglesias y sus comunistas. Esto supondrá negociar con los podemitas puestos de salida en la lista, y que Iglesias, aunque vaya de número dos, oscurezca a la desconocida Mónica García. Si por el contrario Más Madrid se niega, Errejón confirmará la leyenda de que es el político más traidor de la historia de la izquierda, y será presentado como la “muleta de Ayuso”.

Quien gana en todo esto es Pedro Sánchez, que se quita a Iglesias del Consejo de Ministros, y le permite seguir trabajando en su orla de hombre de Estado ajeno a la mundanal política. Incluso facilita al presidente desmarcarse de la derrota de la izquierda en Madrid porque la noticia será el fracaso de Pablo Iglesias. Las excentricidades del líder comunista, su guerracivilismo y demagogia, el pánico que generarán en Madrid sus propuestas intervencionistas, harán que Sánchez parezca un moderado simpático. Esa será la única baza de Gabilondo.

La difícil unidad de la izquierda
Madrid va a ser un laboratorio para la izquierda, que saldará cuentas entre sus partidos, y también para la derecha porque puede marcar un camino frente al Gobierno de Sánchez. PP y Vox tienen más facilidad para converger manteniendo su autonomía que PSOE y Unidas Podemos, que han demostrado no aguantarse. Y si algo hemos aprendido de los gobiernos de coalición tras el fracaso de Ciudadanos en Madrid es que la unidad no se logra cuando uno de los dos solo piensa en sustituir al otro como sea. Es imposible que dure el matrimonio de conveniencia entre el sanchismo y el comunismo cuando se odian y se envidian, y menos si un calmado Gabilondo solo puede repartirse las peras con un exaltado “antifascista”.

Cuidado con Pablo Iglesias
Liusivaya. Esdiario 16 Marzo 2021

Hoy la derecha amanece pletórica: Pablo Iglesias deja el Gobierno para ser el candidato de Unidas Podemos a la Comunidad de Madrid. ¿Qué mejor noticia, no? Qué va. Qué noticia más macabra.

En España el análisis político más o menos objetivo no está excesivamente valorado: cada uno prefiere escuchar a los suyos y castiga duramente que uno de esos un buen día se salga del guión y de repente diga algo bueno sobre el contrario por muy objetivo que trate de ser en el acto.

Pablo Iglesias es un genio de la política. Al igual que lo es Iván Redondo. ¿Cuántos en la derecha lo reconocen? Y, sin embargo, lo reconozcamos o no, cada uno en su campo saben jugar y arriesgar, solo que uno se dedica a hacer presidentes y el otro a exprimir al máximo los pocos escaños que tiene, demostrándonos una y otra vez que menos puede ser más también en política.

Iglesias aparta a dos mujeres para ponerse él y menosprecia a la suya, Montero

Calificarlos de cutres y hasta medio tontos siempre ha supuesto muchas derrotas en la derecha y es que subestimar al adversario nunca suele traer consigo ninguna estrategia efectiva. Sin embargo, reconocer la audacia del que tenemos enfrente no solo nos hace más objetivos, sino que además nos da valiosísimas herramientas a la hora de valorar su peligrosidad que en el caso concreto de Pablo Iglesias es mucha.

Fijaos si es peligroso Iglesias que en un solo día ha dado un giro de 180º a todo el tablero político español. Hace unas horas muchos dábamos a Podemos por amortizado en la Comunidad de Madrid. Hoy ese tiene todas las papeletas de ser más bien Más Madrid. Porque con Iglesias de candidato las elecciones se convierten definitivamente en un "todos contra Ayuso", ellos lo llamarán "frente popular antifascista", tú ten en mente que no es más que una estrategia que persigue varios objetivos.

En primer lugar, frenar la que hasta hoy parecía irreversible caída de Unidas Podemos, que entrará en la Asamblea con más fuerza de la que jamás tuvo en Madrid. En segundo lugar, neutralizar a la formación de Íñigo Errejón a la que se le ha propuesto un pacto, por supuesto con Iglesias de cabeza de lista. Si pactan, Podemos terminará merendándoselos por tibios. Si no lo hacen, se los merendará por traidores.

Y, en tercer lugar, tratar de disputarle la Presidencia a Ayuso porque al entrar Podemos en la Asamblea la correlación de fuerzas se inclina peligrosamente a la izquierda porque Ciudadanos aunque probablemente no entre, terminará quitándole a Ayuso esos 60.000 votos que podrían hacerla gobernar.

Veremos qué remedio le encuentra la derecha y recordemos mientras tanto que el diablo más que por viejo o por diablo de política sabe por politólogo.

Pero, ¿esto qué es, la URSS?
OKDIARIO 16 Marzo 2021

En su afán de meter entre rejas -una pulsión propia de los totalitarios- a Miguel Frontera, el hombre que protestaba ante la mansión de Iglesias e Irene Montero al ritmo de «Que Viva España» de Manolo Escobar, Pablo Iglesias ha conseguido que la Justicia requise y acceda al móvil del hombre que ponía el himno de España ante su casoplón. Y lo insólito es que el móvil ha sido chequeado sin darle la oportunidad al acusado de estar presente en el momento de la apertura de su teléfono, por lo que sus abogados han presentado un recurso por violación del derecho a la defensa.

El pasado 10 de marzo de 2021 fue practicado el visionado del vídeo supuestamente perteneciente al móvil de Miguel Frontera -con el que según Iglesias grabó el interior del casoplón , sin que el acusado estuviera presente, lo que supone una vulneración del derecho a la tutela judicial efectiva. O sea, le requisan un móvil, acceden a su contenido y le impiden personarse en el momento en que se hace la práctica de la prueba. Pero, ¿esto qué es, la URSS?

Existe una descomunal desproporción entre los actos supuestamente ilícitos de Miguel Frontera y las medidas que se están adoptando en su contra. Parece difícil que este ciudadano haya podido acceder y revelar secretos que afectan a la «seguridad nacional» al grabar con su móvil parte del interior de la vivienda de Iglesias y Montero, entre otras cosas porque el teléfono le fue requisado momentos después de que Frontera se encaramara a una roca para llevar a cabo su propósito. Es dudoso que lo poco que grabó Frontera con su móvil pueda afectar a la seguridad nacional y es imposible que revelara secreto alguno porque le fue incautado el teléfono.

Todo es tan desproporcionado que cualquiera diría que estamos en un Estado de Derecho. A terroristas con delitos de sangre se les ha respetado de forma escrupulosa su derecho de defensa. A Miguel Frontera, no.

La ‘españolización’ de EE.UU bajo la Administración de Biden: los medios piden una paga al gobierno
Piden su parte del botín después de décadas actuando como servicios de propaganda
Carlos Esteban. https://gaceta.es 16 Marzo 2021

Representantes de los grandes grupos mediáticos norteamericanos pidieron al Congreso exenciones especiales para defender al sector en una sesión del Comité Judicial de la Cámara.

Tiene sentido, si lo piensas: los grandes medios norteamericanos llevan décadas actuando como servicios de propaganda del partido demócrata y de perros guardianes de la ortodoxia, con no poco sacrificio de credibilidad. Es natural que exijan su parte en el botín.

Las cuentas no salían. Como en nuestro país, el descaro de los grandes grupos mediáticos en la enloquecida defensa del pensamiento único está empujando a un número cada vez mayor de usuarios a buscar su información en fuentes alternativas e incluso en particulares que “estaban ahí”. Los dispositivos móviles, Internet y las redes sociales han convertido a cualquier particular con una cámara, en el momento preciso, en el lugar adecuado, en un reportero de ocasión más creíble que el que se acerca a la escena de la noticia con un guion.

¿Se acuerdan de 2015? Entonces había muchos dogmas incuestionables sobre política electoral, pero uno de los más inamovibles era que el candidato podía hacer y decir casi cualquier cosa, siempre que mantuviese la debida veneración a la prensa. Incluso los candidatos hacia los que los grandes medios eran más decididamente hostiles tenían que defenderse de un modo que no ofendiese al gremio.

Y Trump se salió del guion. A lo bestia. Llamaba tranquilamente ‘fake news’ a las cadenas más seguidas y poderosas del país, despreciaba a los periodistas más famosos, e incluso llegó a pedir a seguridad que expulsase a una estrella del periodismo latino en una de sus comparecencias.

El resultado no fue el esperado, para desesperación de los poderosos medios. El New York Times, después de los primeros desprecios sonados de Don, redactó su certificado de defunción política, y al día siguiente tuvo que tragarse una significativa subida en la popularidad del neoyorquino.

Trump había leído las hojas de té de las encuestas, en las que se revelaba que los americanos despreciaban a los medios a unos niveles nunca vistos, y el New York Times, no. El candidato republicano olía el cambio en el viento, así que gastó buena parte de su presupuesto de propaganda (muy inferior al de su rival, Hillary Clinton) en GORRAS, no en anuncios en la prensa. Por dos razones: porque la prensa convencional no tendría más remedio en cualquier caso que hablar de él (sabía cómo, perfectamente; les hacía cantar como un maestro de coro), y porque era mucho más barato y más eficaz explotar los nuevos medios de Internet.

Así que un ejército de trumpistas entregados cayó sobre las redes refutando noticias y comentarios contra Trump y burlándose con ingenio de la candidata demócrata. El resto, como suele decirse, es historia.

Pero, en este segundo ‘round’, han estado más despiertos, y quizá con alguna ayudita de los que cuentan los votos, llevaron a Biden a la Casa Blanca controlando las redes sociales y los buscadores por Internet. Y, ahora, los grupos más poderosos exigen su soldada, que depender del mercado cansa mucho.

Así que se han presentado ante el Congreso con un mensaje muy simple: dadnos. El argumento es el que vienen usando desde hace ya algún tiempo: el Gobierno tiene que echar una mano al sector “para luchar contra la desinformación”, el mismo que han planteado para pedir la censura de sus rivales más modestos.

Los medios, ha recordado el presidente y CEO de la News Media Alliance, David Chavern, son “parte esencial de nuestra democracia”, y ahora está “amenazada” y necesita que el Gobierno les dé una ayudita por los viejos tiempos. “Se necesita la ayuda del Congreso para combatir ese amenaza”.

Visto que, asombrosamente, Estados Unidos va por detrás de nuestro país en este asunto, es cuestión de tiempo que los gigantes en manos de los hombres más ricos del mundo se enteren del caso de nuestro ejecutivo ‘ayudando’ al multimillonario Roures en la peor crisis económica desde la posguerra civil y se les encienda la bombilla.

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Sánchez e Iglesias trasladan su pulso a Madrid en contra de los madrileños

La degradación del Gobierno de España y los cálculos electorales están detrás del salto del líder de Podemos, un nefasto dirigente que solo puede traer problemas a una región que funciona.
Editorial ESdiario 16 Marzo 2021

El líder de Podemos se ha saltado las normas de su propio partido para designarse candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid. Un gesto más dirigido a Sánchez que a Ayuso, que pone en duda la estabilidad del Gobierno y avala la tesis de que el PSOE tenía en la agenda electoral unas Elecciones anticipadas y un cambio de alianzas, iniciado con estrépito en Murcia de la mano de Ciudadanos.

La tendencia al caciquismo de Iglesias se ha percibido en toda su extensión al saltarse a la teórica candidata (Isa Serra); a las bases (a las que solo consulta para barnizar sus decisiones) y al designar sucesores en la vicepresidencia segunda (Yolanda Díaz) y el Ministerio de Asuntos Sociales (Ione Belarra) sin contar con el visto bueno de quien decide los nombramientos, el presidente Sánchez.

El desafío al PSOE se percibe también en que competirá contra el partido que ganó las elecciones en Madrid, aunque no gobernó, y aparece disputándole la victoria al PP en los sondeos: es a Ángel Gabilondo a quien restará votos. A su socio, pues, a quien puede forzar a una alianza preelectoral como la que ya trata de imponer a Íñigo Errejón.

Iglesias desafía a Sánchez por su intentona con Cs: se marcha a la oposición pero retiene su control del presidente

Su anuncio de que no dejará la vicepresidencia hasta el último momento es otro desmán a Sánchez y un gesto político lamentable: no se puede hacer campaña en Madrid desde un despacho en Moncloa y con el coche oficial. Iglesias debería aclarar si seguirá en Madrid si pierde o seguirá los pasos de Carmena y Errejón, que se marcharon al día siguiente de no lograr los resultados esperados.

Tanto su derrota cuanto su victoria, muy improbable, tendrán efectos negativos en el Gobierno de España: si gana, será un competidor para Sánchez antes que un socio. Y si pierde, será un estorbo y una amenaza por su necesidad de recuperar algún hueco, ejerciendo de oposición pero con media Moncloa ocupada por los suyos y el presidente intervenido por él mismo.

Iglesias, por lo demás, tiene poco mensaje para Madrid: defiende la autodeterminación en Cataluña; aplaude las alianzas con Bildu; propone subidas fiscales y ha estado desaparecido durante la pandemia en las residencias que estuvieron bajo su tutela en abril. Un bagaje lamentable que se rematará, probablemente, con el mismo plantón a los madrileños de otros dirigentes populistas que le precedieron.

Que luego no le coja a nadie por sorpresa
Alejandro Tercero. cronicaglobal 16 Marzo 2021

En los momentos más oscuros del procés, muchos se preguntaban cómo se había llegado a aquella situación. La respuesta era evidente: los dirigentes constitucionalistas (y, en muchas ocasiones, también la justicia y el mundo empresarial) miraron hacia otro lado durante décadas ante las señales que indicaban por dónde iba el nacionalismo catalán.

Hace unos días recordábamos a un grupo de intelectuales (los firmantes del Manifiesto de los 2.300) que ya en 1981 fueron pioneros en dar la voz de alarma. Pero nadie les escuchó.

Hoy recibimos nuevas señales. El discurso pronunciado el viernes pasado por Laura Borràs​ con motivo de su toma de posición de la presidencia del Parlament es una de ellas.

La dirigente de JxCat dejó claro que “la legislatura que empezamos ha de marcar un punto de inflexión en el avance hacia la independencia de Cataluña porque así lo han querido y decidido más de la mitad de los ciudadanos”.

Borràs habló de “represaliados”, de “excepcionalidad democrática”, de Puigdemont como “presidente legítimo”, de “continuar el trabajo donde Carme Forcadell lo dejó”, de “guerra sucia y antidemocrática del Estado español contra Cataluña”, de “represión”, de “completar el camino hacia la liberación nacional”.

También prometió que impedirá “injerencias” de la justicia y aseguró que “el único límite que tiene este Parlament es la aspiración de los ciudadanos de Cataluña que nosotros representamos, y llegaremos hasta donde ellos, democráticamente, nos lleven”.

Ante estas amenazas, caben dos actitudes. Una de ellas sería cerrar los ojos, considerar que solo son parole, parole, parole, pensar que el nacionalismo catalán no lo volverá a hacer y tenderle la mano para tratar de convencerle o pactar con él (como hizo la rana con el escorpión de la fábula).

Otra opción más prudente pasaría por valorar las amenazas y tomar las medidas para que no puedan materializarse.

Es probable que, a corto plazo, no se repita un desafío de la envergadura del 1-O. Sobre todo, porque la justicia respondió con (relativa) contundencia. Y todo apunta que los líderes independentistas --además de no estar dispuestos a arriesgar su patrimonio-- no quieren ir a la prisión. El efecto pedagógico de la cárcel ha sido innegable.

Pero sí parecen dispuestos a enredar y enturbiar el funcionamiento de las instituciones y de todos los ámbitos de poder que puedan conquistar (como la Cámara de Comercio de Barcelona y el Barça), torpedeando la convivencia en Cataluña y lastrando la recuperación económica.

A aquellos que tenían la esperanza de que el nacionalismo catalán asumiría la derrota del procés y trabajaría por sus proyectos políticos desde el sentido común y el respeto al Estado de derecho tras el 14F, la elección de Borràs como presidenta del Parlament --paso previo a un acuerdo de Govern entre ERC, JxCat y la CUP-- les ha caído como un jarro de agua fría.

Borràs está imputada por corrupción y pertenece al ala más ultra y xenófoba del independentismo catalán. A causa de lo primero, pende sobre ella la espada de Damocles de la inhabilitación, que podría confirmarse en los próximos meses y, con toda seguridad, será presentado como un nuevo agravio contra Cataluña. Lo segundo, además, nos garantiza que la justicia tendrá mucho protagonismo en esta legislatura. Especialmente con cinco de los siete asientos de la Mesa del Parlament en manos de los nacionalistas.

Permanecer inmóviles o recuperar la estrategia de las cesiones y del apaciguamiento frente a los radicales no son alternativas razonables. El constitucionalismo --de todo signo-- debería ponerse las pilas y prepararse para la próxima embestida de los fanáticos.

Las señales de que volverán a la carga (por supuesto, en la medida de sus posibilidades) son irrefutables. No vale preguntarse después --otra vez-- qué hemos hecho mal para que los extremistas hayan llegado tan lejos.


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