AGLI Recortes de Prensa   Domingo 21  Marzo  2021

Españoles con futuro
Jesús Cacho. vozpopuli.es 21 Marzo 2021

Escribía esta semana Antonio Caño un artículo (España, un proyecto fallido) en El País que venía a ser un recuento de las desgracias que hoy afligen a esta España nuestra, a veces madre y siempre madrastra, y a fe que allí no faltaba calamidad por tocar, nada quedaba en el tintero, de modo que el resultado final desembocaba en un desolador claroscuro al estilo de esas pinturas tenebristas tan al gusto antaño por estos lares. En el foro que acompañaba la pieza y al margen del general elogio al trabajo de diagnóstico, muchos de los lectores manifestaban su frustración por el hecho de que el autor que con tanta pericia había descrito los síntomas del paciente fuera incapaz de aportar soluciones, insinuar siquiera un tratamiento, algún tipo de remedio susceptible de impedir el destino fatal al que parece condenado este enfermo terminal llamado España.

Abundan estos días los análisis de similar porte. La situación se ha agravado tanto que hasta el más ciego advierte el deterioro más que semanal casi diario del doliente. Inevitable hasta cierto punto: la decisión del PSOE de Pedro Sánchez de echarse en brazos de toda clase de partidos disolventes, enemigos de la Constitución, para gobernar, ha acelerado vertiginosamente el proceso de degradación institucional de un país que ya venía muy castigado, muy desgastado, por la incapacidad de los partidos del turno para regenerarse desde dentro, a pesar de que los síntomas de la enfermedad ya estaban claros incluso en los primeros años noventa. Asistimos así a una especie de revival del 98, aquella crisis de identidad, aquel clamor ilustrado que la pérdida de los últimos restos del imperio colonial provocó entre la entonces intelligentsia española o lo que quedaba de ella.

La complejidad del problema, la gravedad del fallo multiorgánico que padece el enfermo, hace difícil la solución con la actual farmacopea de que disponemos: los escasos mimbres políticos, el pobre capital humano, la debilidad de una clase dirigente muy devaluada. Difícil encontrar el hilo con el que desentrañar el ovillo. La fractura de la sociedad en dos grandes bloques, el viejo frentismo, complica sobremanera cualquier intento de llegar a un acuerdo no ya sobre la medicina correcta a aplicar al paciente, sino siquiera sobre el problema que habría que atacar primero. ¿Por dónde empezar? Casi todo el mundo apunta a la reforma de la Constitución como la piedra angular del nuevo edificio que debería albergar la España del futuro, pero las coincidencias se difuminan hasta desaparecer a la puerta misma de entrada al inmueble. ¿Qué tipo de reformas? ¿Hasta dónde cambiar? ¿Qué habría que tocar y qué no?

El rompecabezas de la estructura del Estado, por ejemplo, se antoja una de las cuestiones más graves que entorpecen el diseño a largo plazo de un país moderno y competitivo. Si algo bueno ha tenido la pandemia ha sido el poner de manifiesto la incoherencia del actual diseño territorial. España se ha convertido en una Taifa insolidaria reñida con el interés general, que hace imposible o muy dificultosa la adopción de medidas de carácter general porque chocarían con las competencias transferidas y los intereses de las elites dirigentes a nivel local y/o regional. Asistimos al espectáculo de 17 Ejecutivos luchando contra el virus con otras tantas leyes o reglamentos propios, lo que convierte en un imposible la lucha eficaz contra la enfermedad en esta ininteligible torre de Babel que hemos levantado. La necesidad de revisar el modelo territorial –recuperando para el Estado algunas competencias que jamás debió ceder- para hacerlo más eficaz a la hora de defender los intereses generales es una verdad asumida con normalidad entre españoles de cualquier condición, pero extrañamente ese debate no está en los medios y mucho menos figura entre las prioridades de los políticos.

La dificultad de emprender una reforma de esas características, simplemente orientada a racionalizar el modelo, que no a suprimirlo, se antoja hoy tarea de cíclopes, al punto de que nuestra clase política prefiere pasar sobre el asunto como si de caminar sobre ascuas se tratara. ¿Cómo decirle al gañán que gobierna Cantabria que se haga a un lado o se dedique a jugar al mus con los amigos en el bar de la esquina? ¿Quién anuncia a las fuerzas vivas riojanas que su autonomía es un sinsentido y que La Rioja debería volver a esa Castilla la Vieja a la que siempre estuvo anclada? Son ya muy poderosos los intereses personales o de grupo que se oponen con uñas y dientes a la racionalización de una estructura convertida en un rompecabezas tan costoso como ineficiente y que requeriría, además, hincarle el diente al tema prohibido, al gran tabú sobre el que nadie quiere pronunciarse en esta España en ruinas: qué hacer con Cataluña y el País Vasco y sus respectivas circunstancias.

Muchos de los que reclaman soluciones se remontan aguas arriba del “problema de España” para apuntar que la raíz de la crisis nacional arranca del deterioro del sistema educativo, y que la aspiración a una España mejor debería empezar a concretarse en la escuela, pero los españoles no hemos llegado a consensuar una Ley de Educación aceptada por derecha e izquierda y capaz de servir a los intereses generales, no obstante haber dispuesto de un buen ramillete de leyes al respecto, cada una peor que la anterior, con la palma en manos de la muy reciente 'ley Celaá'. Y bien, si no somos capaces de ponernos de acuerdo para sacar adelante una ley educativa destinada a producir ciudadanos libres, dotados de espíritu crítico y listos para competir en este mundo canalla en que vivimos, ¿cómo vamos a serlo para abordar cuestiones mucho más resbaladizas como las que tienen que ver con las lenguas, la Justicia, las pensiones, etc.?

Hay quien argumenta, en fin, que más que pensar en milagrosos acuerdos de Estado capaces, cual bálsamo de Fierabrás, de acabar de un plumazo con todos nuestros males, bastaría con que la autoridad competente, empezando por el Gobierno de la nación, hiciera cumplir la Ley. Bastaría con que todos cumpliéramos la Ley, esa obligación caída en descrédito que los partidos nacionalistas, en particular el separatismo catalán, viene pasándose por el arco del triunfo, como las resoluciones judiciales, desde hace lustros, con los Gobiernos centrales mirando distraídos hacia otro lado, y ello porque ninguna denuncia, reivindicación, desigualdad, anomalía o irregularidad dejaría de existir como por ensalmo con una reforma de la Constitución o del modelo del Estado. Bastaría con cumplir la Ley.

Imposible llegar hoy a un consenso mínimo capaz de concretarse en el “acuerdo país” que necesitamos. Los más pesimistas aducen que esto solo tendría una salida “de partido”, un regreso a las dinámicas propias del XIX cuando un cambio de Gobierno implicaba un cambio de régimen, lo cual es ciertamente un imposible en unos tiempos en los que la vuelta a esas mayorías de que dispusieron González, Aznar e incluso Rajoy -y que por cierto no sirvieron para corregir la deriva en la mala dirección- parece una entelequia. Las diferencias en cuanto a modelo de sociedad son ahora tan grandes que el acuerdo, que tal vez habría sido factible con un Felipe al frente del PSOE y un Aznar al frente del PP, se antoja inalcanzable. “Se puede pactar con un Prieto, pero parece imposible hacerlo con un Largo Caballero”, asegura un personaje que tuvo responsabilidades políticas al principio de la transición. “Con sus alianzas, el Gobierno Sánchez ha terminado por pudrir unos problemas que hasta la crisis de 2008 parecían tener solución por difícil que fuera. Ahora todo es mucho más complicado”.

Uno de los partidos de la alternancia, el PSOE de Sánchez, se ha convertido en una alternativa al sistema al impugnar el régimen del 78, lo que hace casi imposible la búsqueda de los consensos mínimos necesarios para llegar a grandes pactos. Claro que el problema no está solo en la izquierda, sino también en una derecha que sigue víctima del vacío doctrinal que caracterizó al PP de Rajoy, pendiente apenas de que el contrario se equivoque lo suficiente como para volver a ocupar el poder por la misma ley de la gravedad (la gravedad de la situación) que en 2011 hizo presidente al gallego tras el desastre Zapatero, pero sin un proyecto claro de país (Génova dice que lo tiene, pero pocos lo conocen). Es la crisis terminal de los partidos del “turno”, y la ausencia de liderazgos con carisma bastante como para forzar, o siquiera plantear, esos magnos acuerdos.

Y mientras, el deterioro institucional se acelera. El viaje hacia el frentismo de bloques se acentúa. Crece el “páramo de odio sectario y mezquindad” de que hablaba Caño en su artículo. Y aumentan también las voces de quienes advierten que la situación podría terminar por explotar en algún momento. ¿Hay alguien al mando? Diariamente llegan noticias que inciden en ese descontrol de país empeñado en destruirse a sí mismo. “El bable y el aragonés enfilan la senda de la oficialidad lingüística”, titulaba El Mundo este mismo sábado. “Los socialistas ya las apadrinan como lenguas cooficiales a expensas de reformas estatutarias que eleven su rango”. Los niños asturianos, que ya de por sí tienen un brillante futuro por delante en una de las zonas más deprimidas de España, región que malvive de las subvenciones públicas, se educarán en bable a partir de ahora. Y otro tanto cabe decir de los aragoneses. Todo el mundo parece haber perdido el oremus en este infortunado país. No cabe un delincuente más en las instituciones.

Los últimos consejos de ministros son más propios de un Gobierno en funciones que consume sus últimos “minutos basura” que de un Ejecutivo en ejercicio ocupado en atender los mil frentes que el país tiene abiertos. No acaba de llegar el maná de los fondos europeos, faltan vacunas o se pierden y sobran muertos. Sigue muriendo mucha gente. País sin máquina y a la deriva, como la leyenda del Holandés Errante, el buque fantasma condenado a vagar en la soledad de los mares por los siglos de los siglos. Ese Consejo de Ministros en aparente cesantía sí da, no obstante, para aprobar operaciones tan apestosas como el rescate con 53 millones de la aerolínea 'venezolana' Plus Ultra, asunto revelado por este diario. Un escándalo que en cualquier país haría caer al Gobierno y que apunta alto en dirección a una corrupción instalada en las más altas instancias del Estado.

Aquí está Vox
Nota del Editor 21 Marzo 2021

Está más claro que el agua clara que el PP ha sido siempre parte del problema, así que esta vez termina de desaparecer y nos olvidamos de cuarenta años de tomadura de pelo "democrática".

Alerta anticomunista en Madrid
EDITORIAL Libertad Digital 21 Marzo 2021

Pablo Iglesias pretende tomar Madrid. No hay nada más opuesto a la política económica que rige en la comunidad madrileña que la que defiende el capo chavista de Galapagar. No hay nada que amenace más la prosperidad y el bienestar de los madrileños.

En los comicios del 4 de mayo, la Comunidad de Madrid celebra las elecciones autonómicas más determinantes de su historia. Si los comunistas lograran arrebatar la presidencia a Isabel Díaz Ayuso, el futuro de la región se tornaría desolador. Fue en 2018 cuando –con 1,5 millones de habitantes menos– la dinámica Comunidad de Madrid dio el sorpasso a una Cataluña en caída libre por culpa de los aliados y correligionarios de Iglesias, los separatistas y la banda d Ada Colau. La economía madrileña ya representa cerca del 20% del PIB y sus habitantes son los más ricos del país, con un PIB per cápita de 35.913 euros, un 36% más que la media nacional.

En lo peor de la pandemia del coronavirus –de cuyo efecto devastador es tremendamente responsable el Gobierno del que Iglesias ha sido vicepresidente–, Madrid siguió descollando en medio de la calamidad general. Así, en el último trimestre de 2020, el bastión liberal que pretende asaltar Iglesias llegó a crecer diez veces más que la media española: nada menos que un 4,4% frente al 0,4% general.

Esos magníficos resultados se deben a la estrategia de impuestos bajos, libertad para hacer negocios y responsabilidad presupuestaria que lleva desarrollando Madrid desde hace casi dos décadas. Ahora, todo eso está en peligro. El chavista que pretende convertir Madrid en Caracas aún no tiene programa electoral, pero su apuesta liberticida es clara: más intervencionismo, más impuestos, más clientelismo subvencionado; acoso a la propiedad privada; menos libertad.

El chavista Iglesias no se conformaría con subir los impuestos existentes. También se inventaría todo tipo de tributos para agravar el expolio. Así lo contemplaba el anterior programa de la condenada Isa Serra, feminista que se ha dejado humillar por el macho Iglesias de la más sumisa de las maneras: habrá un impuesto turístico, uno ecológico, uno a las viviendas vacías… No dejará títere con cabeza.

La vivienda de los madrileños sufriría todo tipo de agresiones chavistas: limitación de precios de alquiler y venta, fomento de la ocupación, expropiación.. Todo valdría para acabar con las fuentes de riqueza y autonomía de los ciudadanos, a los que Iglesias pretende convertir en súbditos dependientes. Por descontado, las empresas padecerían lo indecible. Se les asfixiaría con trabas administrativas, regulaciones, impuestos... Tampoco podrían decidir sus horarios de apertura o sus épocas de rebajas. Los cierres se multiplicarían.

Es imposible, pues, sobreestimar la importancia de las elecciones del 4 de mayo. Ayuso lo resumió con su contundente “Comunismo o libertad". Y si cae Madrid, España quedará sentenciada para mucho, mucho tiempo.

Moción a moción, la democracia por el balcón
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 21 Marzo 2021

Si ganan las izquierda en Madrid, el proceso de liquidación de la Derecha política se acelerará más y la derecha social quedará entregada a Vox.

Hace sólo diez días, Ciudadanos confirmó lo que Libertad Digital había anunciado días antes y presentó una moción de censura con el PSOE contra el Gobierno de Murcia presidido por el PP y del que también formaba parte Cs. De inmediato, Isabel Díaz Ayuso convocó elecciones en Madrid, adelantándose por una hora a la presentación de una doble moción de censura del PSOE y Más Madrid, y a una tercera, también en marcha, de Ciudadanos, parte del Gobierno como en Murcia, y para la que recogía firmas su Secretaria General en la propia Asamblea de Madrid. Ese mismo día, el PSOE presentó una moción de censura en Castilla y León, que se votará mañana. En menos de dos semanas, Sánchez y Arrimadas han consumado el asalto a tres de las cuatro comunidades que Cs gobernaba con el PP y el apoyo de Vox. Y han destrozado el sistema de representación democrática que se basa en el voto de los ciudadanos, no el de los políticos.

Iglesias, de capitán a polizón del buque golpista
El primer movimiento de esa operación, la aparentemente anodina moción de censura en Murcia -que de anodina no tenía nada, el PSOE presumía de que era sólo el primer asalto al Poder territorial de la Derecha-, desencadenó la rebelión contra reloj de Ayuso, mientras el PP no fue capaz de reaccionar en Murcia y cuando lo hizo recurrió al caciquismo regional contra la cacicada nacional, no a las urnas, que era lo decente y procedente. El movimiento defensivo de Ayuso, provocó la reacción de Iglesias, que se vio fuera o como una pieza más del nuevo esquema de poder de Sánchez.

Pero, aunque Iglesias anunció que se presentaba contra Ayuso, en realidad lo hacía contra Errejón, Gabilondo y el propio Podemos, porque Irene Montero -y antes, Mayoral- se negó a suplir a Isa Serra al frente de un partido abocado a la desaparición. Es difícil saber lo que hay de personal y de político en la decisión de Iglesias, pero la suya es una sorpresa meditada. El rediseño del bloque de Poder sobre los restos mortales de Ciudadanos lo convertía en irrelevante, sobre todo si su partido desaparecía en Madrid. No ha acudido a rescatar a Madrid de las garras del fascismo, en el que lleva ya años viviendo bastante bien, sino a rescatarse a sí mismo de la jubilación.

Esto cambia la perspectiva del proyecto totalitario que Iglesias aspiró a encabezar, luego a compartir, y ahora a limosnear. Pero el proyecto sigue incólume, y las guerras civiles entre el PP, Vox y Ciudadanos lo refuerzan. Esto nada tiene que ver con los anhelos y preocupaciones de los españoles: se trata de convulsiones internas de los partidos políticos, ensimismados en sus repartos de poder, expectativas de triunfo o intentos de supervivencia. Lo significativo de este movimiento para arrasar cualquier alternativa al Poder de la Izquierda y los separatistas, presidido por Sánchez, que a eso se ha prestado Inés Arrimadas, es que desprestigia ante la opinión pública a los políticos en general, pero, al mismo tiempo los partidos políticos siguen adueñándose de instancias de Poder que deberían estarles vedadas.

La última operación para destruir cualquier equilibrio de poderes es el copo total de la Fiscalía por Dolores Delgado -léase Garzón- y su soviet de fiscales de extrema, extrema, extrema izquierda. Mientras los partidos se desdibujan ante nuestros ojos, unos para resucitar, siquiera parcialmente, como el PP en Madrid gracias a Ayuso, o Podemos gracias a Pablenin, el proceso de apropiación de espacios de autonomía individual o institucional por parte del conjunto de los partidos, la partitocracia, avanza velozmente.

Es posible que tras estos diez días que han escandalizado a España, como los diez días que conmovieron al mundo de la apología leninista, los partidos políticos salgan más desprestigiados y con más poder que nunca. Paradoja sólo aparente: el proceso de demolición del orden constitucional debía incluir forzosamente el de los partidos que apoyan el sistema. Pero, por la fuerza de esa convulsión y las carambolas en espacios electorales contiguos, también los que aspiran a reemplazarlos, como los comunistas. Y con la política sucede como con la economía: cuanto peor le vaya a España, mejor les va a los que quieren destruirla, con Sánchez a la cabeza.

Bal, de abogado del Estado a pasante del Gobierno
Madrid no sólo va a ser la trinchera en que el sistema constitucional se defienda frente a las fuerzas totalitarias social-comunistas. Si Ayuso logra la mayoría con Vox, se perfila con nitidez un nuevo bloque de poder en la derecha que deberá tener traslación nacional. Si ganan las izquierdas, el proceso de liquidación de la Derecha política se acelerará aún más. En cuanto a la derecha social, prácticamente quedará entregada a Vox, la única fuerza que, por sus peculiaridades, permite la agrupación del pánico. Sería deseable, en todo caso, que en Madrid, con el poder simbólico que siempre ha tenido y tiene sobre el devenir de España, los partidos que aún defienden a la Nación y a su Constitución se cuidasen mucho de pelear entre sí. Su adversario, símbolo de todas las claudicaciones, es Ciudadanos, cuya lista encabeza un abogado del Estado convertido en pasante del Gobierno. Su enemigo, el comunismo, al que el maldito centro se ha vendido baratísimo.

Ya somos una colonia alemana (y ni tan mal)
Domingo Soriano Libertad Digital 21 Marzo 2021

"A lo largo de 2020 el BCE ha realizado compras netas de deuda española por un importe superior al 100% de las necesidades de financiación neta".

La pandemia ha agudizado los desafíos asociados a los altos niveles de endeudamiento público, cuya sostenibilidad futura está fuertemente ligada a las políticas del Banco Central Europeo. La contundente y rápida actuación del organismo encargado de la política monetaria ha evitado el resurgimiento de cualquier tipo de duda sobre la sostenibilidad de los históricamente elevados niveles de deuda. La compra de activos públicos a través del Programa de Compras de Emergencia de la Pandemia (PEPP) ha cubierto la mayor parte de las necesidades de financiación extraordinarias de 2020 a la vez que ha logrado situar toda la curva de rendimientos en mínimos históricos, minimizando los diferenciales entre países de la zona euro.

Los titulares se los llevan siempre las cifras del déficit (en 2020, más del 11%; y en 2021 se prevé que ronde el 8-9% del PIB si la cosa va bien) o el coste de los intereses (unos 32.000 millones para este año si se cumplen las previsiones de los PGE). Pero los países caen por las refinanciaciones.

Cuadrar las cuentas puede ser impopular. Pero si no tienes más remedio, lo haces. Si nadie te presta, no es que decidas equiparar ingresos y gastos. Es que no te queda otra.

Y lo mismo pasa con los intereses. Que sí, que parece que te ahogan. Pero no dejan de ser unos pocos puntos del PIB. Algo que es más palpable en estos momentos de políticas monetarias extraordinarias. En 2021, por ejemplo, “la carga financiera del Estado se ha visto reducida por sexto año consecutivo, situándose el gasto por intereses a finales de 2020 en el 2,3% del PIB. Desde mediados de 2012 el coste efectivo de financiación de la deuda de las Administraciones Públicas se ha reducido de manera sistemática hasta un total acumulado de 210 puntos básicos, lo que ha permitido reducir el gasto en intereses tanto en valor absoluto como en porcentaje sobre el PIB”.

Lo que no tiene una solución tan sencilla es lo otro. Lo que se da por supuesto. Lo que ni siquiera entra en los cálculos de los ministros de Hacienda o apenas es una nota al pie en las presentaciones de los Presupuestos. Lo que te lleva a la quiebra cuando las cosas vienen mal dadas: las necesidades reales de financiación.

Miren los siguientes cuadros de la última actualización del Observatorio de Deuda de la AIReF publicado este jueves (por cierto, uno de los informes más importantes sobre la economía española y la salud de nuestras finanzas públicas; y, a pesar de su nombre, no muerde: es corto, de apenas ocho folios, fácil de leer y está muy bien estructurado para que sea accesible incluso a los no muy duchos en la materia).

“La emisión bruta (277 mm€) del Tesoro español registró en 2020 su máximo histórico tanto en términos monetarios como en relación con el PIB (25%)”. Para que no se nos olvide: en 2007, antes de la anterior crisis, esta cifra era del 5% del PIB.

En 2021, estaremos, más o menos, en las mismas. En realidad, sumaremos unos cuantos miles de millones de euros más de financiación bruta total como “consecuencia del aumento de la refinanciación y un mayor uso de los instrumentos de corto plazo”. Aunque esperamos que el peso de esa financiación bruta en relación al PIB sea un poco más bajo (24% del PIB, no se crean) por el crecimiento de éste.

O lo que es lo mismo: el Tesoro tendrá que colocar unos 290.000 millones de euros en el mercado este año. Pero sólo 100.000 millones corresponden al déficit, a lo que gastaremos de más respecto a nuestros ingresos.

¿Y los otros 190.000 millones? Pues lo que vence y no pagamos. O, mejor dicho, lo que pagamos con una mano y volvemos a pedir prestado con la otra. Patada p’alante. Que nadie lo mira mucho porque parece como si los estados fueran a tener acceso a financiación porque sí. Para cualquier empresa o familia, esta cifra es muy relevante. Se te agota el plazo del préstamo que pediste y lo primero es preguntarte si podrás abonar el principal, si tendrás crédito para renovarlo, qué opciones se presentan en cada caso... De hecho, lo más sano es cancelarlo. Lo que demuestra que de verdad eres solvente y no necesitas la respiración asistida de la deuda para sobrevivir.

Pero estas reglas no valen para los estados. Cuando decimos que “baja la deuda” no es porque baje. Es que sube el PIB. Y el resultado final deuda/PIB es más reducido. Pero no porque hayamos amortizado nada, que no lo hacemos.

¿Y por qué no valen esas reglas? Porque en condiciones normales los estados encuentran quien les financie lo que sea. O se financian ellos mismos.

Otra combinación de gráfico+párrafo del Observatorio que lo explica muy bien:

Los distintos programas de compras de activos públicos del BCE iniciados en 2015 e intensificados en 2020 han convertido al Banco de España en uno de los principales tenedores de la deuda pública española, incrementando su cuota de participación en el total de la deuda en 20 puntos en los últimos cinco años hasta el entorno del 30%. A lo largo de 2020 el BCE ha realizado compras netas de deuda española por un importe superior al 100% de las necesidades de financiación neta. Del mismo modo, se espera que en 2021 lleve a cabo compras por un importe superiora las necesidades netas del año.

Luego, nos explicará Calviño que si la prima de riesgo está contenida. Nos felicitaremos porque no hay presiones en los mercados de deuda soberana. Diremos que menuda diferencia con la crisis de 2010-2012, cuando Grecia, Italia, Portugal o España estuvieron al borde de la quiebra.

¿Quién nos financia en la práctica comprando más del 100% de nuestras necesidades netas? Nuestros socios. El BCE. Que es como decir Alemania, aunque también deberíamos decir Holanda, Austria, un poco Francia... Es lo que tiene compartir moneda y banco central. El euro es una divisa (como todas en el mundo actual) que se sostiene sobre la capacidad productiva de las empresas y trabajadores de sus países miembros. Y sobre la capacidad de los estados de cobrarles impuestos a esas empresas y trabajadores. Y no hablamos de Merkel, Macron o Rutte, sino de sus contribuyentes.

“La sostenibilidad futura”
Por eso, la AIReF dice que la “sostenibilidad futura” de la deuda española está “fuertemente ligada a las políticas del Banco Central Europeo”. Que es algo que me imagino que todos sabemos, pero que casi nunca decimos en voz alta. Porque parecería como si fuéramos un país menor de edad, no del todo soberano. Las pensiones, la renta básica, el rescate de Plus Ultra y las subvenciones absurdas que vamos a dar para obras que no necesitamos: todo eso, lo pagamos porque nuestros vecinos ricos compran o avalan nuestra deuda. Porque si nosotros solos tratásemos de colocar esos 290.000 millones.. ni de broma íbamos a encontrar a 290.000 pardillos a los que enchufárselos (desde luego, no al tipo de interés que pagamos en la actualidad). Incluso los que ahora nos compran dejarían de hacerlo si no contásemos con el aval del euro y el BCE.

La buena noticia es que hemos aprovechado el regalo. Miren estos gráficos:

En 2020, se ha seguido reduciendo el coste de financiación, registrándose un nuevo mínimo histórico. En concreto, el coste medio de la Deuda del Estado en circulación se ha situado en el 1,86%, por debajo del 2,19% al que cerró 2019. El coste medio de las nuevas emisiones, por su parte, se ha reducido hasta el 0,18%, frente al 0,23% de 2019.

Nos financiamos más barato y hemos alargado los plazos de la deuda. Nos hemos curado en salud por si vienen mal dadas. Más del 50% de la deuda colocada en 2020 se emitió con tipos negativos. No nos hemos visto en otra igual.

Y eso que hay riesgos muy relevantes a medio plazo. El más importante, “el aumento del gasto sanitario y en pensiones como consecuencia del envejecimiento de la población. Un mayor gasto estructural que no sea cubierto con ingresos adicionales conllevará un incremento muy significativo del endeudamiento desde unos niveles históricamente ya muy elevados”. Aunque tampoco parece que por aquí estemos haciendo demasiado.
El protectorado

Depender de Alemania no es tan malo. Es lo que en su día pedía, de forma bastante cínica, Varoufakis para Grecia. Una especie de protectorado en el que los contribuyentes germanos pagaban y los gobiernos helenos hacían alguna reforma (pocas y a regañadientes) para cumplir el expediente.

Porque, además, hasta ahora los que se han ido llevando el gato al agua son las colonias, no la metrópoli. Si a alguien favorece la política ultraexpansiva del BCE es a los que no pueden endeudarse por su cuenta: Italia, España... En 2010-12 no nos vimos en una situación a la argentina porque teníamos el euro. Imagínense a Zapatero en aquellos años, sin moneda única y sin la presión de Bruselas. A cambio, les hemos prometido reformas que luego no hacemos. También les hemos dicho que nos gastaremos el dinero del fondo de reconstrucción en actividades productivas y en mejorar nuestro potencial de crecimiento. ¡Y se lo han creído!

En alguna otra ocasión he dicho el problema no es que nos pongan demasiadas condiciones. ¡El problema es que apenas nos controlan! Mucho “bla, bla, bla...” pero nos dan el dinero y se olvidan de nosotros. Firmaría porque nos mandasen un virrey como ministro de Economía. Peor que los nuestros no lo iba a hacer. No creo que eso ocurra. Seguiremos con este juego unos años. Y un día, se cansarán: por unas elecciones en las que saque un gran resultado un partido euroescéptico, porque repunte la inflación de forma inesperada, porque el Brexit salga bien y alguno quiera mirarse en el espejo inglés... El motivo puede cambiar, pero el resultado será el mismo: nos darán la independencia.

Entonces tendremos que financiar 290.000 millones por nosotros mismos. Con una nueva peseta o con un euro en el que se ha terminado la barra libre. ¡¡Ya verán qué risa!!

Sí, sería mejor ser un país soberano y responsable. Fuera de la UE se puede ser Argentina... pero también Suiza. Llegados a este punto y viendo las opciones reales que tenemos sobre la mesa (que son las que los votantes españoles hemos elegido), ser una colonia alemana no parece la peor de nuestras alternativas.

Madrid ante el acoso al «régimen del 78»
Editorial larazon 21 Marzo 2021

La libertad, como la democracia, está en juego todos los días. En su ejercicio y en su defensa ante sus enemigos, que lo son tanto por sus resabiados idearios y rimbombantes declaraciones, como en las políticas concretas que llevan a cabo y su escaso respeto de la ley. España no es una «democracia militante» que impide que existan partidos –con amplia representación parlamentaria– que van en contra del orden constitucional –incluso con el más execrable de los métodos: la violencia–, aunque la experiencia reciente nos ha dado algunas lecciones sobre cómo éstos se aprovechan de un régimen liberal para destruirlo.

El mayor ejemplo es la irrupción de Podemos, encarnado en su líder único. A Pablo Iglesias le gustaría que el debate en las elecciones de la Comunidad de Madrid a las que se ha presentado girase sobre sus principios ideológicos que, sobre el papel, son infalibles, pero que no aguantarían someterse al rigor de los hechos contrastables: basta comprobar el desastre político, social y económico de la Venezuela chavista que tanto defienden –y asesoraron– para entender que cuando habla de democracia quiere decir que ésta sólo es «plena» si se eliminan a sus adversarios. Iglesias ha presentado sus credenciales democráticas refiriéndose a la derecha como «derecha criminal», que no hace falta interpretar porque anuncia claramente sus objetivos y su estrategia electoral.

Hace bien Isabel Díaz Ayuso en decir que «no dedicará ni un minuto» al líder de Podemos porque, si algo ha dejado claro su estancia en el Gobierno como vicepresidente, es que él no ha venido a la política para gestionar los asuntos públicos que preocupan a la ciudadanía, incluso cuando ha sido un verdadero desgarro emocional, como las casi 30.000 personas fallecidas en residencias de mayores en toda España, algo que caía de lleno en su responsabilidad. Que su objetivo en esta campaña es remover las sentinas del partidismo más cainita, es innegable, por lo que aceptar este reto supondría un retroceso en lo que debe ser una democracia tolerante y liberal. Si en algo se puede caracterizar la irrupción de Iglesias en la política española es en el manejo del odio, volver a delimitar el terreno de debate entre bandos y recuperar el lenguaje guerracivilista. Ahora bien, será incapaz de debatir sobre la libertad de económica en Madrid, lo que la sitúa entre las comunidades donde es más fácil montar una empresa, donde existe menor presión fiscal, donde el intervencionismo no permitiría expropiar pisos de alquiler. Iglesias ha optado por situarse en una patética barricada «anifascistas», creyendo que por eso –tal es su visión infantil de la política– todo lo que está al otro lado es «fascista». Madrid no se puede permitir unas elecciones donde socave los logros de «pacto del 78», pero debe dar ejemplo de cómo se defiende. También puede debatirse sobre libertad y comunismo.

Comunismo o libertad: sofismas en la batalla de Madrid
Alfonso Merlos estrella digital 21 Marzo 2021

Plantear y aceptar que con la caída del muro de Berlín murió el comunismo, y que apenas sobreviven excéntricos vestigios más allá de Cuba, Corea del Norte o algún otro Estado tercermundista es un razonamiento, en pura lógica, erróneo: aparenta ser correcto pero no lo es.

La voluntad de aniquilar la libertad, de extender el colectivismo, de trabajar por la construcción de sociedades cerradas, de laminar derechos conquistados -como mínimo desde las Revoluciones Francesa y Americana- es algo que descansa sobre la mente de las personas; más allá de partidos políticos, de movimientos ideológicos, de plataformas antisistema o de las propias estructuras administrativas y de poder de determinadas naciones.

La democracia no se defiende por sí misma. Requiere de una misión proactiva de cada uno de quienes la conforman: más allá de su voto, con su actitud, con su comportamiento, con el camino que marca y recorre. Cuando el sistema se abandona, cuando se genera descontento, el resentimiento contra quienes lo gestionan termina siendo aprovechado por los paladines de proyectos autoritarios, populistas o totalitarios… entre ellos, los nostálgicos del comunismo, aún en 2021.

Hay amenazas sobre los derechos y libertades fundamentales de las personas que no terminan de superarse definitivamente, sino que exigen de una tarea constante, de un esfuerzo insistente por despejarlas; y así, se hace posible el progreso, la prosperidad y la generación de riqueza.

El 4M ha sido planteado como un plebiscito, no sólo en la Comunidad de Madrid sino a nivel nacional, para el respaldo a un modelo de convivencia liberal o la apuesta, por el contrario, por propuestas radicalizadas que -en algunos de sus términos- ya están siendo ensayadas en el gobierno de España en medio de una crisis económica de caballo que asoma bastante más que la cabeza.

Se aproximan días de propaganda esparcida a sangre y fuego, de una dialéctica absolutamente dicotómica, de pocos argumentos y muchos razonamientos viciados, de siembra de premisas falsas… y esto, en el inquietante contexto del incontenible empuje, aún, del covid-19, en forma de muertos e infectados, de desgarro familiar, pérdidas y entierros.

Madrid es la locomotora de España y un referente y ejemplo, hoy, en momentos de insólita dificultad, por mil y un motivos. Más que nunca. Si se frenase en seco en la estación electoral, si descarrilase, si perdiese su combustible y su empuje, su energía… los pasajeros correrían el serio riesgo de perder algo más que las maletas y la cartera. Theodore Roosevelt sostenía que “una gran democracia, si deja de progresar, o deja de ser grande o deja de ser democracia”. La razón, en efecto, hace al hombre.

Controlar la educación
Cristina Farrés cronicaglobal 21 Marzo 2021

La solución del PP en Murcia para no perder la presidencia de la comunidad ha sido brindar a los díscolos de Vox una consejería tan sustancial como es la de educación. Fue Sócrates el primero en acuñar aquello de que veritas liberat nobis, una frase que se ha convertido casi en un ruego con el paso de los años por aquello de que la facilidad con la que se accede a un volumen cada vez mayor de información es proporcional a la pérdida de la capacidad crítica, con todas sus consecuencias.

Los rebeldes de Vox, con la dirección, no con sus principios, lo han tenido claro. El apoyo que necesitaba Fernando López Miras pasaba por quedarse con la llave de las políticas educativas de la comunidad. Van a imponer el pin parental, esa controvertida herramienta que permite a los padres decidir qué materias escolares evita su hijo. O, lo que es lo mismo, la mayor pesadilla de Sócrates. El veritas se va por el retrete, pero permite mantener ciertos culos en ciertos sillones muy cómodos. El poder es demasiado atractivo como para perderlo.

En cuanto al control de la educación, los nacionalismos han tenido claro desde el inicio de los tiempos que es la fórmula perfecta para sobrevivir y para conseguir que sus ideales pasen de generación en generación. Ocurre en Murcia, y antes ha pasado en otras tantas autonomías. En Cataluña, por ejemplo, decidir quién ocupa la Consejería de Educación es una de las decisiones que más tensiones ha generado en las etapas de gobiernos de coalición. Ocurre como en los medios de comunicación públicos, otros grandes emisores de propaganda, que cada vez son menos los de todos, pero establecer directrices sobre qué se enseña en las aulas (de forma más o menos disimulada) es cada vez más atractivo.

A nivel estatal hemos sido incapaces de dar forma a una ley educativa que resista los cambios de color político en Moncloa. Hecho que dice muy poco a favor de los partidos de este país y que tiene una incidencia directa en el nivel de la media de alumnos que completan la formación obligatoria. Al final, es la voluntad de la comunidad educativa la que marca el ritmo de cómo se traslada esta veritas.

Ha quedado meridianamente clara con la pandemia, donde la autorregulación ha sido la clave para que se mantuvieran unos mínimos; incluso en evitar la propagación del virus en las escuelas. Es la peor cara de la denominada autonomía de los centros, la que se entiende como dejarlos solos en los momentos de mayor tensión mientras hay prisa por definir qué se debería enseñar y qué no. En Cataluña, por ejemplo, aún se espera la lluvia de ordenadores portátiles que se prometieron en el inicio del curso para los colegios con familias más desfavorecidas.

Hace unos días, una cercana me explicaba cómo en el chat de Whatsapp de las familias de su curso (¡esa pesadilla tan real!) se estaban organizando para reclamar a la dirección de su centro un correctivo al profesor de matemáticas, ya que el último examen que había planteado a la clase solo lo había aprobado una persona, su hijo. Consideraban que esto era intolerable y que se debía bajar el nivel de exigencia para que más alumnos pasasen el corte. Al final, consiguieron su propósito. Todo lo que ocurra a partir de aquí, nos lo tenemos merecido.

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O el Madrid de Iglesias y Hasél o el de Ayuso
EDUARDO INDA okdiario 21 Marzo 2021

Las algaradas que han incendiado durante tres o cuatro semanas Barcelona y media España, son la prueba del nueve de que los delincuentes tienen carta blanca o casi con este Gobierno. Hasta ahora, al menos, han gozado de una semiimpunidad que causa asombro entre nuestros socios de la Unión Europea e indignación entre esa mayoría absolutísima de españoles de bien. Una España de Pablo Hasél que da por hecho que la propiedad privada no existe, que ve legítimo el uso de la violencia para imponer sus tesis políticas, que apuesta por la eliminación física o civil del contrario ideológico y que sitúa a la Policía como el gran enemigo a batir por las buenas o por las malas.

El caso Hasél puso de relieve algo inaudito en 44 años de democracia: los delincuentes que ponen patas arribas las calles, roban comercios, incendian contenedores e intentan asesinar policías estaban representados en el Consejo de Ministros. Pablo Iglesias y su enchufada compañera sentimental, Irena Montera, son los embajadores de los peligrosos piojosos que siembran el pánico en nuestras grandes urbes. O tal vez los caudillos aunque en este caso, como ocurría con la banda terrorista ETA, se desconoce si fue antes la gallina o el huevo, si manda el que está en la calle ejerciendo el terrorismo callejero o el autor intelectual que observa todo con delectación desde su enmoquetadísimo despacho. Acuérdense del vicedelincuente, aún vicepresidente, siempre delincuente, cuando patearon a un antidisturbios en ese Rodea el Congreso que en realidad fue un Asalta el Congreso fallido. “Me emociona ver a manifestantes que se la juegan agrediendo a un policía”, rebuznó en aquel 2012 para olvidar.

La salida del facineroso Iglesias rumbo al incierto futuro de una candidatura inevitablemente perdedora a la Comunidad de Madrid permite extraer una conclusión a vuela pluma: Isabel Díaz Ayuso ha conseguido la salida de Moncloa de ese feo bulto sospechoso que provocaba pánico en Bruselas y terror en Fráncfort. Que no es moco de pavo, especialmente si tenemos en cuenta que la presidenta madrileña es una fascista, amén de tonta del bote, de acuerdo a lo que se escucha en la mayor parte de las televisiones, radios y periódicos patrios.

Ésa es, al menos, la deducción que se extrae tras un meteórico, y por ello somero, análisis. Porque todo huele a que el machaca del narcodictador Maduro ha salido corriendo del Gobierno de España un minuto antes de que le pegaran la patada —“no lo soportamos”, era la frase unánime de la facción socialdemócrata—, o dos antes de que la Fiscalía Anticorrupción le eche el guante, o quién sabe si tres antes de que el Supremo le procese por cualquiera de los tres delitos que le preimputa el magistrado de la Audiencia Nacional Manuel García Castellón. Porque méritos, lo que se dice méritos, concita méritos sobrados para todo ello. Y más. Estamos hablando de un individuo que ha loado a ETA —hace falta ser miserable—, un pájaro al que la Policía situó hace 15 años cuando era un don nadie como el enlace en Madrid de la asociación de presos etarras Herrira, un sujeto que cobra sin pudor alguno de una tiranía como la venezolana que asesina a los opositores en las calles y tiene muerta de hambre a la población y un individuo al que financió su programa de TV esa teocracia iraní que cuelga homosexuales y lapida mujeres. Todo muy progre, como ven.

Sea como fuere, la fascista de Ayuso, a la que ya le desean el degollamiento, como hizo anteayer el protodelincuente Pradera, los tiene de los nervios porque no sólo no va a perder un voto sino que duplicará el número de escaños. La gran pregunta es si sumará sola o en compañía de otros los 69 en que se halla fijado en estos momentos el umbral que divide la mayoría mayoritaria de la mayoría absoluta. La OKENCUESTA publicada anteayer revela que las cosas están mucho más ajustadas de lo que algunos quieren hacernos ver. Cuidadín. Vender la piel del oso antes de cazarlo es normalmente sinónimo de Waterloo.

Por este último motivo y por diez mil más nadie se puede quedar en casa el primer martes de mayo. Parafraseando pero en sentido bueno a Carmen Calvo, hay que ir a las urnas como si nos fuera la vida en ello. Porque nos va la vida en ello. Hay que acudir como un solo hombre o una sola mujer para impedir que ese Pablo Hasél que es Pablo Iglesias acabe gobernando la Comunidad de Madrid solo o por Ángel Gabilondo interpuesto. Nadie se puede quedar en casa, básicamente, porque esa gandulería puede provocar que resuciten ese Impuesto a los Muertos mal llamado de Sucesiones, que rescaten del baúl de los recuerdos el de Donaciones y que disparen el IRPF hasta límites aún más insoportables. Hay que concienciar a todos nuestros convivientes de que no nos podemos cargar así como así una región cuyo PIB creció en el último trimestre de 2021 a un 4,5% que nos asimila más a China que a Estados Unidos o el resto de la UE. Para que se hagan cargo de la salvajada de la que estamos hablando, ahí va un dato que lo dice todo: la subida del PIB madrileño fue 11 veces superior a la media nacional (+0,5%) y 12 a la de Cataluña. Todas las comparaciones son odiosas pero ésta en sencillamente escandalosa.

Hasél Iglesias es el enviado de Belcebú para arruinar Madrid durante varias generaciones. Y aunque es casi física y metafísicamente imposible que llegue a la Real Casa de Correos —o no, que diría Mariano Rajoy—, no hay que descartar ni mucho menos que acabe condicionando la gobernabilidad. Sea como macho alfalfa, es decir, de presidente, acabe ocupando la Vicepresidencia de la región más próspera de España, una cosa está clara: todo se irá al garete. Lo primero que pasará a mejor vida será la propiedad privada, al igual que está sucediendo en unas Islas Baleares donde el artículo 33 de la Constitución es papel mojado. La okupación será el pan nuestro de cada día y a ver quién es el guapo que compra una casa. Y el que herede una vivienda de su padre, de su madre, de su tío o de su tía, que se despida de ella. Si no se la quita el fisco madrileño vía Impuesto a los Muertos, se la robará directamente la Comunidad, como ha hecho la socialista-independentista Armengol en Mallorca, Menorca, Ibiza y Formentera.

Y, por supuesto, toda la pasta que se recaude en tributos no irá a mejorar el sobresaliente sistema sanitario madrileño o esa Educación a la sueca que permite que los niños se gradúen manejando con similar destreza la lengua de Cervantes y la de Shakespeare. Acabará en manos de los chiringuitos que esta chusma tiene montados no para mejorar el estatus de los más pobres o de las maltratadas, tampoco para avanzar en ese camino de la igualdad real entre hombre y mujer, ni desde luego para proteger a ese colectivo históricamente discriminado que es el gay o el transexual. Servirá para engordar la butxaca de este impresentable multimillonario y sus amiguetes.

Las calles se volverán más inseguras, entre otras razones, porque los Hasél de la vida se apoderarán de ellas. El pensamiento único se impondrá en Madrid. Convertirán nuestros hogares en pequeños gulags con la excusa de la pandemia o sin ella, vamos, que las restricciones dejarán chicas a las adoptadas en otras autonomías. Se terminarán las licencias para construir. A nuestros hijos les enseñarán el mal en las escuelas, que lo bueno es nacionalizar las empresas, que un niño es una niña y una niña un niño, que la propiedad privada es pecado, que la agresión está justificada si la víctima es un capitalista y que los empresarios son unos ladrones.

Y desde luego el machismo salvaje que desprende el personaje se impregnará en todos los órdenes de nuestras vidas. Un político que aparta a una mujer sin ningún tipo de miramiento para colocarse él es capaz de cualquier cosa. Un indeseable que desea “azotar a Mariló Montero hasta que sangre” es un peligro público. Un tipejo que lanza besos a una contertulia como Pilar Gómez no sería ni presidente de su comunidad de vecinos en una democracia de calidad, bueno, esto último no lo será nunca porque él goza de un casoplón que el 99,99999% de los madrileños no verá ni en 70 reencarnaciones. Un testosterónico que ofreció su despacho en el Congreso a Andrea Levy “para que se entendiera” con el diputado Miguel Vila debería estar inhabilitado civilmente. Empezando por ese Instituto de la Mujer que ahora controla su pareja, pasando por las asociaciones feministas y terminando por las féminas en general. Pero a este pollo le sale gratis todo.

La irrupción de este violento machista —al menos en potencia— no es ninguna broma. Enfatiza aún más lo que nos jugamos el 4 de mayo en esa cita que yo bauticé como las elecciones generales de Madrid que, dicho sea de paso, serán las más importantes de su vida para los habitantes de la región. O el Madrid de ese sosias de Pablo Iglesias que es su tocayo Hasél o el de Isabel Díaz Ayuso. O la okupación o la propiedad privada. O el terrorismo callejero o la seguridad. O la eliminación de la Sanidad privada o la virtuosa coexistencia con la pública. O resignarte a apoquinar tributos cuando te mueras, vayas al cielo o al infierno, o hacerlo sólo en vida. O un 32% de Impuesto de Donaciones o menos de un 1%. O irte a casi el 60% de IRPF o tributar al 47% como mucho. O comunismo o liberalismo. O cierre a cal y canto de bares, restaurantes, comercios y hoteles o compatibilización de la salud física con la económica. O persecución sin cuartel de todos los que disentimos o democracia. O el mal o el bien. No hagamos el tolai. Con las cosas de comer no se juega.

Iglesias, Sánchez y la izquierda hipócrita
Francisco Marhuenda La Razón 21 Marzo 2021

No creo que nadie esperara una campaña de guante blanco una vez que Iglesias ha irrumpido como candidato con la prioridad de ganar a Errejón. Es verdad que el líder de Más Madrid no se presenta, pero la primera razón que ha motivado la maniobra de abandonar un despacho en el que no pegaba palo al agua ha sido, precisamente, destruir a su antiguo amigo. La vicepresidencia no era más que una carcasa vacía de contenido dedicada únicamente a la agitación política contra la parte socialista del gobierno.

El aparato propagandístico de Iglesias se dedicaba a hacer oposición y filtrar unas batallitas para mayor gloria de los inexpertos representantes de Podemos. Esos debates ideológicos no han existido y el silencio ha sido lo habitual en el consejo de ministros. La falta de preparación y la inexperiencia de los ministros comunistas, con la excepción de la titular de Trabajo, ha hecho que nada tuvieran que aportar salvo la propaganda.

Con cierta ironía se indica que el ausente Castells está más ocupado con sus colaboraciones periodísticas y sus excentricidades universitarias que en gestionar una cartera pequeña que le viene grande. En el caso de Garzón su actividad es un misterio irresoluble en un ministerio que es un ridículo premio de consolación y Montero ha conseguido organizar una sucesión de líos enormes.

La llegada de Podemos había despertado grandes expectativas, pero finalmente ha quedado en nada. La vicepresidencia de Iglesias es la culminación de ese fracaso, porque ha demostrado que se vive mejor en la oposición. La razón no es que sea un gobierno de coalición, que hay muchos en toda la Unión Europea y, por supuesto, en autonomías y ayuntamientos españoles. El problema es que no tenía ningún proyecto más allá de seguir con la estrategia de activismo y propaganda que caracteriza a Podemos.

En cambio, las experiencias de la participación de IU en los gobiernos refleja, se coincida o no con sus planteamientos, una visión institucional que asume, además, el retroceso en las siguientes elecciones porque ha tenido la oportunidad de poner en práctica aspectos de su programa electoral. No recuerdo que sus socios socialistas les hayan acusado de desleales en autonomías o municipios. En cambio, no se puede decir lo mismo de Iglesias y su equipo en el gobierno de España.

Por tanto, Iglesias abandona el barco para dedicarse a lo que más le gusta que es el activismo y la propaganda. El adelantamiento electoral en Madrid le ha dado la oportunidad de renunciar a una vicepresidencia en la que se aburría y alejarse de todo aquello que le incomoda por cuestiones personales o políticas. Ahora tiene como objetivo vengarse de Errejón, que consiguió humillarle en Madrid, así como enfrentarse a Ayuso, que es una de las figuras más importantes del PP.

Lo hace con el estilo barriobajero que utilizaba como periodista aficionado en la Tuerka o tertuliano en los programas televisivos que tanto añora y tan feliz le hacían. Las descalificaciones personales, los insultos y los exabruptos de estos días serán el hilo conductor de su campaña. Por supuesto, todos irán contra la presidenta madrileña, porque el PSOE necesita conseguir Madrid después del fracaso en Murcia.

Es curiosa la doble vara de medir de la izquierda política y mediática. Los socialistas buscan tránsfugas en Castilla y León, al igual que hacían en Madrid, pero las críticas han sido para el PP y los diputados de Ciudadanos que se negaron a apoyar la indigna moción de censura en Murcia. En este caso sí los llaman tránsfugas, pero no sería criticable o cuestionable si beneficiara a la izquierda. Es la hipocresía a la que nos tienen acostumbrados. En este mismo sentido, no se puede pactar con Vox mientras se apoyan en comunistas, antisistema, independentistas y bilduetarras que quieren destruir España.

Los madrileños afrontan el reto de elegir entre un gobierno que mantenga las políticas de libertad, progreso social y económico como el actual, presidido por Ayuso, o uno condicionado por los comunistas y antisistema como sucede en España. Madrid se ha convertido en un baluarte frente a las políticas radicales y la alternativa no es la socialdemocracia, sino un gobierno socialista-comunista que incluiría a Más Madrid y Unidas Podemos. No puede ser una alternativa más inquietante e intervencionista, así como inestable teniendo en cuenta las atormentadas relaciones entre Errejón e Iglesias. El calvario que ha sufrido y sigue sufriendo Sánchez es lo que le espera a Gabilondo con vicepresidentes y consejeros de estas formaciones.

El argumentario de campaña de la izquierda pasa por la destrucción política y personal de Ayuso, lo vimos el viernes con los ataques de Iglesias, que, sin ningún fundamento, dijo: «Es más que probable que acabe en prisión». Es lo que haría con todos los que no pensamos como él y es lo que hacen en sus admirados regímenes dictatoriales de Venezuela y Cuba. Es lo que han hecho siempre los comunistas cuando llegan al poder. Por cierto, no solo con políticos, empresarios, periodistas e intelectuales de otras ideologías, sino también con las personas de izquierdas que no se someten al partido. Esto es lo que significa realmente esa frase, porque investigar para un comunista es fabricar pruebas e inventar delitos con lo que acabar con cualquier atisbo de disidencia.

Del expolio a la capitalidad
Benito Arruñada. vozpopuli.es 21 Marzo 2021

A Cataluña ni ayer le robaban el partido ni hoy compite con un Madrid dopado

Proliferan en algunos medios las críticas a Madrid, centradas ahora no en el Gobierno del Estado sino en el de la Comunidad de Madrid. Con la malicia cursi que le caracteriza, un escribiente acuñó el oxímoron del “supremacismo madrileño” y el inventor del hospital volador ha hablado de “procés invisible”. Mientras tanto, los que intentan parecer sensatos acusan a Madrid de “dopaje fiscal” por asentar su prosperidad en las supuestas ventajas que le reporta el ser capital del Estado.

Lo del supremacismo ya apenas tiene interés psicológico: es un síndrome que remite rápido con la decadencia. Amén de que la boutade no proviene de quienes dudaban de si sus conciudadanos teníamos de humano algo más que la forma, sino de quienes les encumbraron, moralmente mucho peores. Hoy no soportan contemplarse en el espejo que les ofrece el “prusés” real y visible. Por ello aspiran a compartir el peso de sus muchos pecados. No quieren condenarse solos. Ya sin esperanza de contrición, promueven una atrición compartida.

El que hablen de dopaje fiscal también supone cierto alivio. Piensen que no hace ni una década parte de esa clerecía acusaba al resto de españoles de expoliarles, despojándoles “con violencia o iniquidad”. Tampoco hablan ya de “balanzas fiscales”, lo cual hasta resulta divertido. Les profesaban fe ciega cuando sólo las calculaban ellos, pero la perdieron cuando, al abrirse el debate, comprobaron que Madrid contribuye aproximadamente el doble a la redistribución territorial que Cataluña y que la situación de ésta no es en absoluto anómala a escala internacional.

Por ello, fundan su nuevo credo en las percepciones erróneas que suele generar lo obvio. En vez de apelar al instinto de posesión, aprovechan la disonancia entre la percepción sensorial, inmediata e irreflexiva, y la racionalidad abstracta, que creen inaccesible para unos seguidores a quienes en el fondo desprecian. Su evidencia empírica consiste ahora en que Madrid tiene las sedes de muchas empresas y ministerios cuyos funcionarios pagan allí sus impuestos. Es cierto, y más después de que tanta empresa catalana haya tenido que huir del separatismo.

Es cierto también que pagan allí sus impuestos pero es falso que esos impuestos beneficien especialmente a la Comunidad de Madrid. Primero, porque muchos de ellos son impuestos estatales o de otras comunidades que nunca llegan a entrar en sus arcas, como el impuesto de sociedades y los tramos estatales del IRPF e IVA e impuestos especiales o retenciones a cuenta de contribuyentes que residen en otras comunidades. Segundo, porque el sistema de financiación autonómica incorpora mecanismos de transferencia que se llevan buena parte de los ingresos tributarios brutos de la Comunidad de Madrid a otras comunidades de menor renta. Al final, tanto para Cataluña como para Madrid el fiel de la balanza queda prácticamente neutro: en 2018, la financiación por habitante de la Generalidad era el 100,6% de la media nacional, excluyendo a las comunidades forales, prácticamente igual al 100,7% de la CAM. (En realidad, no es tan neutro si empezamos a considerar el creciente desequilibrio que se está acumulando en términos de deuda, pues éste nos beneficia a los catalanes: al final de 2020, cada catalán debía al Estado más de 8.000€, por los 4.000€ que le debía cada madrileño; pero no lo mencione, que es éste un asunto que produce crispación).
Insistir en la obviedad

Observe que esta narrativa separatista es eficaz porque apela a lo más obvio, que es la ubicación y la recaudación, mientras que se requiere algo de abstracción y análisis racional para trascender las apariencias: la Comunidad de Madrid tiene unos ingresos tributarios brutos elevados (un 132,9% de la media por habitante ajustado) pero al final su financiación neta está en el promedio nacional (de donde el mencionado 100,7%). La primera de esas dos cifras es irrelevante pero es la que buscan consagrar en el imaginario colectivo cuando insisten en una obviedad como la ubicación de sedes y ministerios. Una obviedad que, sin embargo, a la luz de la segunda cifra, menos obvia, está fiscalmente neutralizada.

Sobre esa diferencia perceptiva construyen su nueva demagogia. Una vez digerida esta rueda de molino de la capitalidad, el creyente ya está en disposición de que le sea administrada una segunda dosis, según la cual los menores impuestos autonómicos de Madrid son sólo posibles por esa supuesta ventaja. Se trata de una mentira muy práctica, con efecto dual, pues, a la par que excusa los desorbitados impuestos que cobran muchas autonomías, empezando por la catalana, sustenta su iniciativa para laminar la libertad de la madrileña para cobrar menos impuestos a cambio de, en principio, prestar menos servicios públicos a sus ciudadanos.

Según esta trampa argumental, si la Generalidad de Cataluña cobra por ITP al comprador de una vivienda entre el 10 y el 11% de su valor (en vez del 6% que cobra Madrid), y desde el 21,5% hasta el 48% por IRPF (en vez de entre el 18,5% y el 43,5% que le cobra Madrid) ello se debería a que Madrid no necesita cobrar tanto porque ya se lo regala el Estado. La verdadera razón, como comprenderá, es muy otra. Madrid no lo necesita porque no ha creado un imperio burocrático que, en el caso de la Generalidad, incluye una red de 18 mini embajadas para promocionar el separatismo; una mini NASA a la que en plena pandemia han asignado 20 millones de euros; o una mega televisión con 2.200 peones muy bien cebados, una plantilla de tamaño similar al total de las televisiones madrileña, vasca y andaluza… juntas. Eso es lo que permite a Madrid no sólo cobrar menos impuestos a sus ciudadanos, sino proporcionarles mejores servicios: por ejemplo, un Zendal modélico, en vez de un hospital de campaña al albur del viento.

A este sesgo político en la gestión de las prioridades hacia la identidad, que es obvio casi desde el principio del régimen autonómico, se une al efecto retardatario que ha tenido en Cataluña la adopción de políticas reaccionarias en el plano económico, como fueron el frenar o revertir reformas liberalizadoras tan importantes como las de alquileres y horarios comerciales, o los esfuerzos para legalizar la “ocupación” de inmuebles. No es casual que en 2019 se produjeran en Cataluña la cuarta parte de todas las ocupaciones nacionales, frente a sólo un 11% de Madrid, una brecha que además se ha ampliado en 2020.

Con todo, debemos ver como algo positivo el cambio que se ha producido en el debate territorial. No sólo porque, gracias a la insistencia del separatismo, ahora contamos con herramientas racionalizadoras, como las balanzas fiscales (aunque ahora mismo no se calculen, dado el comprensible desinterés del actual Gobierno). Además, invita a replantearnos decisiones que no debemos dar por cerradas, como con qué tipo de “capitalidad” debemos dotarnos. Espero abordar este asunto en una próxima entrega.

Comunismo o libertad. Valencia o Madrid
Jorge Mestre. okdiario 21 Marzo 2021

Al presidente de la Generalitat Valenciana, Ximo Puig, no le gusta el eslogan “comunismo o libertad” que Ayuso y su equipo han elegido para la campaña electoral en Madrid. Dice que no le gusta porque es “tratar a los ciudadanos como idiotas”. Lo dice el campeón autonómico en cerrar empresas, hundir el turismo, acabar con la hostelería y provocar largas y largas colas del hambre no ya en los barrios más humildes de la Comunidad Valenciana, sino en las zonas incluso más acomodadas.

¿Puede enseñarnos el señor Puig los informes científicos que avalen sus políticas que han acabado con la hostelería, el sector turístico y miles de autónomos? Claro que no, porque no los tiene. Lo más que tendrá son cuatro papeles como los de Sánchez y su comité de expertos, que no era más que un grupo de amiguetes (con carné) reunidos para hacer ensayos de ingeniería social. Los resultados son evidentes. España está entre los países con más muertos del mundo por coronavirus, y la Comunidad Valenciana, la región española que más muertos acumula en lo que llevamos de año.

De las más de 7.000 víctimas valencianas de la pandemia, la mitad (3.500) se han producido en apenas dos meses y medio. ¿Ha salido Ximo Puig a disculparse por su nefasta gestión? ¿Ha tenido el decoro el señor Puig de dar la cara y dar explicaciones con luz y taquígrafo de las medidas adoptadas? Por supuesto que no. ¿Ha aparecido Mónica Trola, conocida en los ambientes de la extrema izquierda catalanista como Mónica Oltra, a rendir cuentas por los 2.000 muertos en residencias? Menos aún.

Su gobierno sí que ha tratado verdaderamente a los ciudadanos como a idiotas, diciendo no sólo a qué horas podían ir a comprar o quedarse en casa, sino lo más grave, diciendo que ciudadanos tienen derecho a prosperar o no, diciendo quiénes pueden abrir su negocio o tienen derecho a trabajar. Ximo Puig y su compañera de baile, Mónica Oltra, se han cargado de un plumazo el principio de igualdad de oportunidades necesario en cualquier sociedad libre. A todos los que han castigado, los han maltratado, les han expropiado sus modos de vida sin ofrecerles alternativas.

El ‘comunismo de amiguetes’ que practican Puig, Oltra y Dalmau (el de Podemos) está llevando a la Comunidad Valenciana a la ruina. A su época más oscura en décadas. ¿Se imagina un madrileño una cola del hambre en el Santiago Bernabéu? Pues en Valencia, camareros, cocineros, entrenadores deportivos, recepcionistas de hoteles, dependientes de comercios, relaciones públicas de discotecas, trabajadores del ocio, acomodadores de salas de cines, carritos de bebés se alinean frecuentemente en el estadio Mestalla para poder alimentar a sus familias en una de las colas del hambre más impactantes de la ciudad.
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