AGLI Recortes de Prensa   Viernes 26  Marzo  2021

Pedro, ‘el trampas’
OKDIARIO 26 Marzo 2021

Desesperado por el despegue en las encuestas de Isabel Díaz Ayuso, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se guarda una bala electoral en la recámara para tratar de invertir una situación que se le está complicando al PSOE. El jefe del Ejecutivo socialcomunista anunciará el Plan de Recuperación,Transformación y Resiliencia (los 72.000 millones de fondos europeos) justo cuando se esté desarrollando la campaña electoral madrileña. Después de meses mareando la perdiz, Sánchez mira el calendario y de manera indecente convierte las ayudas directas de la UE en baza electoral, como si el dinero fuera un regalo del Gobierno a los españoles.

En todo caso, pese a esta estrategia política bastarda, hay que ver las cosas con optimismo: cómo de mal lo debe ver para tener que recurrir a esta burda maniobra. Es la constatación de que Isabel Díaz Ayuso le ha ganado el pulso al Gobierno con el adelanto de las elecciones, la prueba del nueve de que el plan orquestado por La Moncloa, en connivencia con Inés Arrimadas, se ha saldado con un estrepitoso fracaso. Tanto que Sánchez tiene que recurrir a la propaganda de forma desesperada.

Pedro Sánchez y su ministra de Economía, Nadia Calviño, llevan meses diciendo que van a presentar el plan. Finalmente, lo harán cuando los madrileños estén sumidos en una campaña electoral de trascendencia nacional, prueba evidente de que las cosas se han torcido para el presidente del Gobierno, dispuesto a toda clase de trampas para evitar la victoria de Isabel Díaz Ayuso.

Pedirle a Sánchez que recapacite y esté a la altura que se espera de un presidente del Gobierno es un ejercicio inútil. Al fin y al cabo, su naturaleza política es esa: utilizar todas las triquiñuelas a su alcance para mantenerse en el poder. Por fortuna, los madrileños ya están curados de espanto y saben cómo se las gasta un personaje capaz de vender su alma al diablo para seguir en La Moncloa.

Sánchez boicotea a Madrid para tapar sus errores
Editorial El Mundo 26 Marzo 2021

El Gobierno vuelve a usar la gestión de la crisis de modo partidista

Vamos ya camino de lo que los especialistas denominan cuarta ola y el Gobierno, que tiene la obligación de liderar la respuesta a la emergencia sanitaria por el coronavirus, continuando dando muestras inequívocas de insolvencia, descoordinación e improvisación. A ello se suma su voluntad indisimulada de confrontación, de nuevo, usando a la Comunidad de Madrid como blanco de su diana. El Gobierno no ha tenido pudor en las últimas horas en acusar a Isabel Díaz Ayuso de no «tomar decisiones» ante el incremento de casos. Abonar el choque institucional en estos momentos supone un boicot intolerable que vuelve a tomar a los ciudadanos de Madrid como chivos expiatorios del fiasco gubernamental.

Moncloa no ha escondido su intención de alimentar la confrontación con la Comunidad de Madrid a cuenta de la estrategia del Gobierno que preside Ayuso para compatibilizar el control en la transmisión del virus y el mantenimiento de la economía. De ahí la estigmatización durante los últimos días del turismo extranjero, hasta el punto de provocar la queja a través de las redes sociales de la Embajada de Francia en España. Resulta obsceno el intento de manchar la imagen de Madrid insultando a los turistas de otro país para hacer partidismo. Todo ello es el resultado no solo de la falta de escrúpulos a la hora de usar la pandemia como arma política arrojadiza, sino de los titubeos permanentes del Gobierno. Esto se volvió a poner de manifiesto ayer. Apenas 24 horas después del último Consejo Interterritorial con las comunidades autónomas, un documento aún no vigente de Sanidad propone endurecer las medidas en los bares cuando la incidencia acumulada supere los 150 casos de contagio. De esta forma, cuando el nivel sea alto, según el semáforo establecido por el departamento que dirige Carolina Darias, la nueva versión impone la «supresión del servicio en zonas interiores de los establecimientos» de hostelería y limita las reuniones tanto en público como en privado a un máximo de seis personas o cuatro si se trata de un nivel muy alto y no son convivientes.

El Ejecutivo vuelve a dar muestras de un rumbo errático y va a rebufo de lo que hacen otras potencias europeas, particularmente Alemania y Francia, cuyos líderes han elevado la voz de alarma alrededor de un repunte inminente del riesgo de transmisión de SARS-CoV-2. La ausencia de criterios claros, coherentes y homogéneos en todo el territorio nacional provocan agravios disparatados y agravan la erosión del tejido productivo. Especialmente, del sector servicios, que volverá a sufrir los efectos de otra Semana Santa perdida. Las invectivas Ayuso esconden la incapacidad del Gobierno. Y la vacunación, a la que Moncloa fiaba la recuperación económica, sigue sin avanzar al ritmo de crucero que el propio Ejecutivo prometió para primavera. Sánchez ya no habla con claridad de alcanzar la inmunidad de grupo en verano. La inoperancia, los choques con las autonomías y el electoralismo del Gobierno siguen lastrando la pésima gestión de la pandemia.

Cállate, Casado. Cállate
Emilio Campmany. Libertad Digital 26 Marzo 2021

Casado es como el estudiante de química del chiste que, después de haber definido el ácido sulfhídrico como algo de aroma agradable y habérselo dado el profesor a oler, insiste en el yerro y afirma, con un mohín de asco: “Pues a mí me gusta”. Denostó temerariamente a Santiago Abascal durante su impertinente moción de censura para demostrar a la izquierda lo poco de derechas que es el actual líder del PP. Haciéndolo se arriesgó a que Vox le pagara el desdén con desdén y le privara del poder que los populares disfrutan en algunas regiones y ayuntamientos gracias al partido verde a cambio de casi nada. Ahora que en Madrid ya no se podrá contar con Ciudadanos y habrá que necesariamente apoyarse en Vox, Casado debería tragarse las palabras de la moción, pedir perdón y rezar para que todo salga como se espera. No quiere por no tener que desdecirse. Muy bien. Es comprensible que el estúpido orgullo se lo impida o que quiera preservar su inexistente reputación de líder de la derecha tolerable para la izquierda. Pero entonces tendría que mantenerse silente, callado como una tumba, mudo como un muerto, con los labios cosidos, escondido en una cuba hasta que todo pase.

Es legítimo que Casado aspire a que el PP logre unos resultados que permitan a Ayuso gobernar en solitario. Ella misma lo ha dicho. Lo que no es lógico es que quiera seguir abjurando de Vox y describir un hipotético Gobierno de coalición como “una locura”. Los electores de Vox están dudando si, por eso del voto útil, no sería mejor votar a Ayuso. El empeño de Casado en seguir atacando al partido verde tan sólo servirá para convencerles de que es mejor seguir siendo fieles a sus siglas para mejor garantizarse que, en caso de éxito, se tendrán en cuenta sus propuestas. Dicho de otro modo, cuando Casado abusa del verbo, más votantes de Vox se reafirman en votar a Monasterio, poniendo así en peligro la victoria. También podría Abascal, para mejorar los resultados de Vox, insistir en que el partido de Casado no deja de ser la “derechita cobarde” de siempre y que lo que tiene que hacer el genuino elector de derechas es votar a su candidata. Si lo hiciera, y no está dicho que no termine haciéndolo si Casado sigue con su furiosa verborrea, no serviría más que para eso, para poner en peligro el triunfo de la libertad sobre el socialismo.

Es comprensible que Casado quiera atribuirse la probable victoria del PP en Madrid. Pero también debería darse cuenta de que su futuro como presidente de Gobierno depende de que Ayuso siga siendo la presidenta de Madrid tras el 4 de mayo. Y para que lo sea es fundamental que el atolondrado líder del PP se calle hasta que durante la noche del día 4 pueda proclamar que el PP ha ganado las elecciones en Madrid y su candidata presidirá el Gobierno autonómico durante dos años más. Pero, si Casado se juega mucho, más nos jugamos los madrileños en unas elecciones donde el “socialismo o libertad” es mucho más que un eslogan. Por eso, Casado, cállate, por Dios, cállate.

El faro se quedó en farol
Amando de Miguel. Libertad Digital 26 Marzo 2021

Me refiero a la gran luminaria o lumbrera de la política española: Pablo Manuel Iglesias Turrión. Es el prototipo de la personalidad del narciso: satisfecho consigo mismo, carente de todo sentido de culpa, presumido con su irreverente atavío y su tocado. El profesor mediocre pretende ser modelo, faro irradiante, aunque se nos queda, vulgarmente, en linterna sorda, en farol.

Nada más ser convocadas las elecciones al Gobierno de la región madrileña, sorprendió a todos con una altisonante declaración. La hizo desde su despacho de vicepresidente del Gobierno de España, sin trazas de que allí se hubiera trabajado mucho. Se atrevió a tildar de “delincuentes y criminales” a sus eventuales rivales de la derecha, Ayuso y Monasterio. Ese tono de insulto prepotente recuerda el que distinguió al Frente Popular de 1936, de infausta memoria.

El gran narciso ha logrado atraer la atención general, no por su dedicación parlamentaria, sino por ser el guía de la hueste okupa y demás ralea. A través de ese cometido, su figura se ha agigantado. Sin embargo, su partido o partida (una mixtura de feminismo alocado y de comunismo latinoamericano) ha ido perdiendo votos a lo largo de los últimos años.

Asombra el supuesto desclasamiento de un vicepresidente del Gobierno que se conforma con ocupar un humilde escaño en la Asamblea madrileña. Bien es verdad que “Madrid es mucho Madrid”. Se comprende el gesto de órdago (o todo, o nada) lanzado desde su primera proclama. Nada menos que pretende borrar del mapa político a la derecha, aunque todos los pronósticos la dan como ganadora. Son las típicas ínfulas del totalitarismo progresista, que tan bien personifica nuestro hombre.

La contienda madrileña se presenta con dos resultados posibles: a) Iglesias consigue instalarse como presidente de la Comunidad de Madrid (la única que no insiste en el título de “autonómica”, según sus textos fundacionales); b) el narciso pierde tal oportunidad, que, en el fondo, solo existe en su magín. En ambos supuestos, quien gana, verdaderamente, es el presidente Sánchez: ha logrado quitarse de encima, bonitamente, la pejiguera que le producía insomnio.

En el caso más probable de que Iglesias no consiga la presidencia de Madrid, sus opciones no serían la de volver a la cátedra o la de recobrar su puesto en el Gobierno de Sánchez. Tampoco creo que vaya a aguantar unos años como diputado raso de la oposición en la Asamblea madrileña. Su temperamento se asemeja al del Che Guevara, otro gran narciso, inepto para sentarse tras una mesa de despacho, abarrotada de expedientes.

Recordemos que el señor Iglesias, como vicepresidente del Gobierno de España, con ocasión de la pandemia, fue incapaz de visitar las residencias de ancianos, que de él dependen, orgánicamente. Lo suyo es alentar la algarada callejera, por mucho que se haya instalado en la dacha de Galapagar.

El vaticinio de que Iglesias no tiene nada que hacer en la Asamblea de Madrid se basa en los efectos inesperados de las elecciones del 4 de mayo. En un día laborable y después de un puente, no es probable que haya una gran participación electoral. Todavía menor si se consideran las condiciones de la pandemia. Aun así, la presencia de Iglesias movilizará a votar (por correo) a muchas personas conservadoras y a otras que suelen ser indiferentes ante la política, tal como ahora se presenta. Ese factor hará subir el voto de Vox, que resultará una imprescindible ayuda para que el PP de Ayuso se haga con el mando en la Casa de Correos. Un resultado así significará la exasperación de Iglesias. Lo interpretará en términos conspirativos. Puede que, herido en su amor propio (que es mucho), decida expatriarse a las selvas latinoamericanas. No caerá esa breva.

El partido Ciudadanos, con "la banda de Sánchez"
EDITORIAL. Libertad Digital 26 Marzo 2021

A ver si en el PP toman nota de una vez o prefieren seguir dejándose asaltar.

Los concejales de Ciudadanos han apoyado este jueves una moción de censura en el Ayuntamiento de Murcia que, con el voto necesario de Podemos, ha dado al PSOE la alcaldía de la séptima ciudad más poblada de España. Para esto ha quedado el partido naranja.

Lo más triste del ominoso suicidio de la formación que todavía lidera Inés Arrimadas es que hace bien poco estaba en la primera línea de combate en cuestiones como la denuncia del nacionalismo, la reivindicación del español como lengua común, la despolitización de la Justicia y la defensa del orden constitucional frente al separatismo sedicioso y el proyecto de cambio de régimen del Gobierno social-comunista de PSOE y Podemos, “el peor en el peor momento”, según alertaban con toda la razón.

Se diría que hace un siglo, pero en realidad han pasado menos de dos años en los que Ciudadanos se ha obcecado en degenerar. Evidentemente, su anterior líder, Albert Rivera, cometió errores de bulto, pero nunca llegó a enfangar a Cs en una alianza con PSOE y Podemos. “La banda de Sánchez” y su semejante Pablo Iglesias.

Para su infame traición murciana no pueden poner como excusa la corrupción, sobre todo si se tiene en cuenta el sangrante hecho de que han trabajado para beneficio del partido más corrupto de la historia de España y para el que tiene por referente a uno de los regímenes más corruptos del planeta, el del sanguinario sociópata Nicolás Maduro. Y Neurona en los juzgados...

La corrupción es sólo una vil excusa para un pacto que violenta claramente la voluntad de unos votantes que, en Murcia como en Madrid o Andalucía, dejaron meridianamente claro, al confiar en partidos como PP, Vox y, por supuesto, aquel Ciudadanos, que lo último que querían era que la izquierda se hiciera con el poder. Eso precisamente les prometieron esos partidos, por supuesto también aquel Ciudadanos.

El patético veletazo murciano, así como las intentonas frustradas de Madrid, Castilla y León y la propia Murcia (Gobierno autonómico), da escalofriante cuenta del estado de descomposición de un partido que ha hecho grandes servicios a España en su corta existencia. Pero ahora es pavorosamente evidente que no es de fiar, especialmente en plazas tan importantes como Andalucía. A ver si en el PP toman nota de una vez o prefieren seguir dejándose asaltar.

Ser y estar
Antonio Robles. Libertad Digital 26 Marzo 2021

En estos tiempos de imposturas y mudanzas políticas, me han impactado dos frases dignas de grabárselas a los líderes políticos en los espejos de sus respectivos baños.

“¡Un poco de pudor, señoría!”, le soltó el presidente Pedro Sánchez al inofensivo Pablo Casado en la sesión de control de este miércoles en el Congreso. No fue la sordidez en sí, fue el aplomo, la convicción, la indignación impostada con que soltó tal obscenidad. Tal como si un violador en serie se presentase en comisaría a grito pelado despotricando contra la ineficacia policial con los delitos sexuales. A la altura de esa indecencia, aseguraba con el mismo cuajo esta otra: en la política española actual hay mucho político narcisista. ¡Vágame Dios, que decía mi abuela! ¡Quién fue a hablar!

¿De qué material tiene el rostro este personaje? ¿Realmente creen que el control de los medios garantizan su credibilidad? ¿Que la verdad ya no depende del objeto en sí, sino de la capacidad que tenemos de garantizar su difusión? ¿Iván Redondo y Pedro Sánchez están convencidos de que el medio, y el control de su capacidad de difusión sobre el adversario político, determina su eficacia, y por tanto su credibilidad?

Estamos en manos de falsos psicópatas creados a medida del consumidor por gabinetes de comunicación. A Pedro Sánchez le acabarán incriminando por intrusismo profesional en la Academia de Cine. Ya están tardando en darle un Goya.

Si Pedro se ha doctorado en cinismo, Inés Arrimadas lo ha hecho en sectarismo. Sin advertirlo. El colmo en alguien que dice combatir al nacionalismo: "Hay personas que estaban en Ciudadanos, pero no son de Ciudadanos". Y, como loros, Carlos Carrizosa y sucedáneos aplicaban la sentencia con vulgares ripios: los que están pero no son, cuanto antes se vayan, mejor. ¡Increíble! En mitad del naufragio, en lugar de reconocer la emergencia, se atrincheran en la bodega a cal y canto. ¿Alguna vez tuvieron conciencia de por qué nació Cs?

Sorprende su desconocimiento del enorme entusiasmo que levantó la cristalización de Cs en 2006 después de veinte años de Resistencia al nacionalismo poniendo piedra a piedra docenas de personas anónimas con ideologías distintas y un mismo sentimiento contra el nacionalismo obligatorio, por la libertad lingüística y la defensa de España como espacio del bien común. El activo mayor de su irrupción fue la colaboración de liberales, socialistas y conservadores unidos con el objetivo de neutralizar al nacionalismo.

Y ahora nos vienen con eso de “no es lo mismo ser que estar”. Vaya, aquellos que justifican sus fechorías últimas en nombre del centro y la gobernabilidad, los mismos que repiten “ni rojos ni azules” sin saber bien, bien, qué significa, no son capaces de entenderse con su propia diversidad interna. ¿Qué diferencias quieren ayudar a reducir si son incapaces de tolerar al compañero? ¿Qué respeto puede inspirar un partido que dice querer acabar con la mentalidad sectaria e identitaria del nacionalismo, si en una sola frase sacraliza lo peor del nacionalismo: la exclusión de los que no coinciden con la identidad verdadera? A un lado los auténticos catalanes, al otro los charnegos, los ciudadanos de segunda, los males catalanes; vamos, los enemigos que están impidiendo la libertad de Cataluña.

A esta altura de la película, más les valdría no ensuciar más la memoria de quienes hace 15 años crearon un sueño y colaboren con Isabel Ayuso. El 4 de mayo en Madrid no se celebran una elecciones autonómicas, es un pulso entre España y sus enemigos. Y Cs debería saber dónde estar, ahora que estorba más que ayuda.

Esto puede que en Madrid parezca mero reduccionismo. Caer en la trampa de la polarización. Y tendrán razón. Quienes vivimos en territorio hostil lo vemos de otra manera, porque lo sufrimos de otra manera.

El transfuguismo como farsa
Para la izquierda, solo hay tránsfugas en la derecha; en cambio, cuando es el PSOE quien promueve mociones con otros partidos, se trata solo de librepensadores que cambian de criterio
Editorial ABC 26 Marzo 2021

El PSOE y Unidas Podemos están exhibiendo una piel muy sensible con su sonoro fracaso en las mociones de censura presentadas en Murcia y Castilla y León. Su lamento contra el transfuguismo favorable al Partido Popular suena a oportunismo de mal perdedor y deja a la vista su ya acreditada falta de escrúpulo ético en los últimos tiempos. El apoyo de tres diputados murcianos de Ciudadanos al gobierno que ellos mismos habían formado con los populares ha sido interpretado por Pablo Iglesias como un delito de cohecho y compra de votos por el que ha denunciado al secretario general del Partido Popular, Teodoro García Egea. Iglesias es muy libre de hacer el ridículo como le plazca, y esa denuncia es una exhibición absurda de su forma de entender la política, como cuando también anunció que la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, acabaría en la cárcel. Es parecido a lo que decía Donald Trump de Hillary Clinton en plena campaña electoral de 2016.

Tanto la izquierda como la dirección actual de Ciudadanos deberían aceptar que en Murcia ha fracasado la moción de censura contra el gobierno autonómico porque ha funcionado un pacto de coalición -no un apaño con tránsfugas- entre lo que queda sensato del partido de Inés Arrimadas en esa región y el PP. Transfuguismo es lo que ha hecho la dirección de Ciudadanos al romper sus pactos de gobierno en la Región de Murcia y en el ayuntamiento de su capital, fracasando en el asalto al primero y pactando -ellos, los liberales- con la izquierda radical de Podemos para poner al PSOE al frente del segundo.

La izquierda ha convertido su discurso más reciente contra la derecha en una sucesión de excesos, a cada cual más desquiciado, en la que ni siquiera falta la increíble afirmación de Pablo Echenique de que los maltratadores y agresores sexuales son principalmente votantes de partidos de derecha. No hay freno en esta cascada de iniquidades con las que la izquierda está envenenando el ambiente político electoral, y todo apunta a que irá a más sin límite ninguno. Del escrache a los dirigentes del PP y de Ciudadanos en sus casas o en la calle, la izquierda pasa sin solución de continuidad a llamar «criminal» a la derecha o a endosarle el voto de violadores. Por supuesto, Madrid no podía faltar en este relato de la crispación que ofrecen los socios de gobierno a la sociedad española. Ni veinticuatro horas ha tardado el Gobierno de Pedro Sánchez en señalar a Isabel Díaz Ayuso como responsable de los incrementos de contagios en Madrid, preludio de una campaña que cabalgará a lomos de muertos y de las UCI contra la presidenta madrileña. Será una nueva demostración de la capacidad de la izquierda para presentarse como dueña de todas las virtudes políticas y cargar a la derecha con todos los vicios de la corrupción, el machismo, el transfuguismo, o lo que haga falta. Parecería así que Sánchez no ha tenido nada que ver con la pandemia y sus cien mil muertos, o que las decisiones económicas tomadas en el Consejo de Ministros no han influido en los seis millones de parados reales que hay en España. Y, por supuesto, que aquellos de sus candidatos que han recalado en sus listas después de pasar por otros partidos no son tránsfugas, como los de la derecha, sino librepensadores.

El PP ya sabe lo que le espera en Madrid y está en su mano responder con inteligencia y mesura a lo que será una cadena de provocaciones para forzar errores que le hagan perder votos en unas elecciones autonómicas que la izquierda se está tomando como un ensayo de comicios a nivel nacional.

¿En qué momento se jodió Cataluña?
La deriva independentista es la culminación del gran fraude pujolista
Francisco Marhuenda larazon 26 Marzo 2021

Vargas Llosa comienza su famosa novela Conversación en la Catedral (1969) con la frase «¿En qué momento se jodió el Perú?». Es una frase muy popular en ese país hermano, pero se puede utilizar en otros muchos territorios y, por supuesto, en diversas cuestiones. ¿Cuándo se jode algo? Es un término muy coloquial, directo e incluso brutal. Lo que sucede desde hace años en Cataluña, mi querida tierra, conduce a esa pregunta.

Lo que sufre es muy propio de este mundo donde se impone las mentiras y las manipulaciones históricas. No importa la calidad y formación de los políticos, no hay más que constatar el nivel que se ha instalado en la cámara catalana, sino su capacidad para el engaño y la conversión de las ideologías en nuevas religiones con las que manipular al pueblo. Cataluña se jodió con Pujol. Las bases de lo que sucede ahora se establecieron a partir de 1980 y seguimos instalados en una montaña rusa que nos conduce al desastre. La deriva independentista es la culminación del gran fraude pujolista y hay que reconocer, aunque con dolor, que le ha salido muy bien. Lo que ha quedado tras su marcha es un enorme desastre colectivo.

La mediocridad más exasperante se ha instalado en la política catalana. Ni siquiera los independentistas son capaces de ponerse de acuerdo porque se odian entre ellos. La primera premisa es abrazar la religión independentista y las ideologías no importan. Esto explica que puedan coincidir ERC, que es la izquierda, JxCat que es la derecha más rancia y las CUP que es una amalgama de antisistema y anarquistas.

Esta anormalidad solo se explica porque no les importa la gestión de los asuntos públicos, el progreso y la convivencia, sino el activismo y el conflicto contra el resto de España. Este es el enemigo para batir. Los de JxCat solo quieren que su jefe, Carles Puigdemont, el fugado de oro, tenga su plataforma para seguir enredando con la disparatada república catalana.

Por ello, hoy se abstendrán en la investidura de Aragonés. No puede ser todo más esperpéntico, porque los antisistema que quieren acabar con las instituciones y el sistema económico apoyan al candidato de ERC. Esto no significa que las marionetas de Puigdemont no se sumen en unos días al jolgorio y festín independentista, porque es un gran abrevadero en el que muchos viven a cuerpo de rey y seguirán haciéndolo a costa del erario.

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Las agencias estatales y la corrupción
Juan Francisco Martín Seco. republica 26 Marzo 2021

El pasado día cuatro dedicaba mi artículo semanal a hablar sobre la corrupción, distinguiendo lo que designaba como ex ante y ex post, y mostraba mi preocupación por el hecho de que los políticos habían convertido los casos de corrupción -en ocasiones ciertos, en otros, supuestos- en armas políticas. En realidad, da la sensación de que la corrupción en sí misma importa poco, por eso ningún partido se preocupa de potenciar y defender normas, medidas o procedimientos para evitarla; cuando no actúan de forma contraria, promoviendo cambios en la legislación para librar a la gestión pública de todo lo que consideran ataduras.

Durante las semanas pasadas se han producido algunos hechos que confirman estas reflexiones. Ciudadanos y el sanchismo se coaligaron en Murcia para llevar a cabo una moción de censura al Gobierno de coalición de PP y Ciudadanos. Y ahí comienza lo extraño, un partido instando una moción de censura a su propio gobierno. Pero la extrañeza se convierte en prevención cuando el único motivo que se aduce es la corrupción, corrupción que no se encuentra en ninguna causa judicial, ni siquiera como imputación, y solo existe en la imaginación o en la sospecha de quienes han presentado la moción. No digo que no pueda haber motivos para la moción de censura. Desconozco por completo lo que ocurre en Murcia, pero lo que no parece de recibo es utilizar exclusivamente como argumento la supuesta corrupción, cuando el único que aparece como imputado es precisamente el líder del socialismo murciano, artífice de la propia moción.

¿Y qué decir de la elección de Laura Borrás como presidenta del Parlament, imputada por el Tribunal Supremo y no precisamente a causa del procés? Ya sabemos que para el soberanismo no existe ninguna acción que pueda considerarse delictiva si tiene como finalidad la independencia; aunque, en realidad, pocas acciones más corruptas que un golpe de Estado e intentar robar la soberanía a un pueblo. Pero es que la señora Borrás no está imputada por nada que tenga que ver, al menos aparentemente, con la independencia. Se la acusa de falsedad documental, fraude, prevaricación y malversación de caudales públicos en la adjudicación de manera ilícita de los contratos de programación informática de la Institució de les lletres catalanes, de la que era directora. Hay que suponer que el señor Rufián y demás compinches no se atreverán a hablar más de corrupción en el Congreso después de haber elegido presidenta del Parlament a una imputada.

Lo más grave es que a pesar de que todos los partidos están prestos a arrojarse a la cara mutuamente los casos de corrupción muy pocos son, por no decir ninguno, los que están inclinados a establecer las condiciones y las normas para que estos no se den, e incluso en muchos casos trabajan afanosamente en levantar los mecanismos de control establecidos, con lo que la comisión de la corrupción se hace más fácil.

Hay que traer aquí a colación a Montesquieu y su aserto acerca de que no hay que confiar en que los políticos sean buenos; si lo son, mejor que mejor; pero hay que establecer leyes que impidan que puedan salirse de lo correcto, aun cuando estén dispuestos a hacerlo. Algo parecido habría que afirmar de la corrupción. Se precisa crear normas y procedimientos de modo que, aunque haya políticos que se sientan tentados al fraude, a la corrupción, o a la arbitrariedad, les resulte imposible practicarlos porque los mecanismos de control se lo impiden.

Lo cierto es que los partidos políticos, a pesar de hablar mucho de la corrupción, no sienten la menor preocupación que les lleve a poner los medios para evitarla. Es más, a menudo la apuesta es la contraria y las actuaciones de los gobiernos se orientan en la dirección inversa, y con la excusa de la agilidad y de la eficacia en la gestión pretenden desentenderse de lo que consideran ataduras, pero que en realidad constituyen los requisitos legales necesarios para garantizar que no hay desviaciones de fondos públicos o que al menos que se minimiza su posibilidad.

En varias ocasiones me he referido al Real Decreto-ley 36/2020, para la ejecución del plan de recuperación, como un ejemplo de huida del derecho administrativo. Se han producido muchas críticas ante la falta de control político que va a darse en la gestión de los fondos europeos, pero se ha puesto mucho menos énfasis en el desarme de los controles administrativos, ya que se van a emplear todos los instrumentos posibles para canalizar los recursos al margen de los procedimientos y garantías precisos para una gestión objetiva y honesta.

Pero el Gobierno no se ha limitado a perseguir este desarme en la gestión de fondos europeos, sino que, en buena medida, pretende generalizar el mismo escenario para el resto de la actuación administrativa, por eso se ha introducido en la ley de presupuestos toda una serie de cambios normativos que afectan a leyes tan importantes como la ley general presupuestaria o la ley de régimen jurídico del sector público. Mediante disposiciones adicionales o finales se modifican aspectos importantes de la Administración, tales como la recuperación de la figura de las agencias estatales o la potenciación de que determinadas entidades adopten la condición de medios propios.

Las agencias estatales constituyen el último escalón en ese proceso de centrifugación tendente a separar porciones de la Administración del Estado para dotarlas de autonomía y librarlas de los controles y garantías ineludibles en el manejo de los fondos públicos. La historia comienza en 1991 con la creación por Borrell de la Agencia Estatal de Administración Tributaria. A mi entender, un grave error, porque no añadía ninguna operatividad a lo que venía siendo la estructura del Ministerio de Hacienda, más bien la complicaba funcionalmente, pero hay que reconocer que se constituía como un caso único y, dado el sometimiento de esta institución al derecho financiero público y la preeminencia en ella de los cuerpos de funcionarios, inspectores financieros y tributarios, inspectores de aduanas y técnicos de hacienda, al menos se minimizaban los efectos negativos que pueden suscitarse en otros ámbitos, especialmente cuando esta figura se generaliza.

La generalización surgió con Jordi Sevilla, el de las grandes ideas, el del tipo único en el impuesto sobre la renta, el que iba a enseñar economía en dos días a Zapatero. Eso sí, parece que con poco éxito. La Ley 28/2006 crea las agencias estatales, cuya primera plasmación fue la Agencia de Evaluación de Políticas Públicas y Calidad de los Servicios, creada en 2007, y disuelta sin pena ni gloria en 2017. Después fueron varios organismos los que se convirtieron en agencias sin saberse muy bien el motivo, como no fuese librarlos de los obligados controles. Curiosamente, fue un gobierno del denostado Rajoy el que en la ley 40/2015 eliminó legalmente esta figura administrativa, aunque se dio un plazo de varios años para que las agencias existentes se transformasen de nuevo en organismos autónomos. El hecho es que aún hoy perviven sin que se haya llegado a producir el cambio.

Ahora, el Gobierno de Pedro Sánchez retoma de nuevo la figura de las agencias estatales. En una disposición final de la ley de presupuestos se establece su nuevo régimen jurídico, caracterizado por la desregulación y lo que denominan autonomía que, en definitiva, consiste en concederles patente de corso en su gestión para que actúen con total libertad, y casi sin someterse a ningún control ni norma. La gravedad de la cuestión, frente a las que pueden presentarse en otras entidades públicas como las fundaciones, los entes públicos, los consorcios, etc., es que las agencias gozan de potestad administrativa, forman parte de la función pública y participan de sus poderes y prerrogativas.

Se establece dentro de cada una de ellas un consejo rector del que no se facilita su composición, pero que se supone formado por políticos, sin indicar mayor capacitación y al que se dejan las manos libres para actuar con casi total discrecionalidad, discrecionalidad que puede convertirse en arbitrariedad. Se elude el sistema de oposiciones, al conceder a las agencias la potestad de contratar a su propio personal; que si bien se indica que se seleccionará en convocatorias públicas, según los principios de igualdad, mérito y capacidad, van a ser los propios órganos de la agencia los encargados de la selección y además se insinúa la participación de órganos especializados en la selección de personal, lo que parece hacer referencia a empresas ajenas a la Administración, con procedimientos y métodos propios del sector privado, más propensos a la discrecionalidad cuando no a la arbitrariedad.

Algo parecido cabe decir de los cargos de dirección, que serán nombrados por el consejo rector con la única condición de ser titulados superiores. Aunque cuando se añade que serán “preferentemente funcionarios” se deja abierta la puerta a la excepción y ya se sabe que a menudo la excepción se transforma en pauta. Incluso se prevé que se puedan cubrir puestos directivos de máxima responsabilidad en régimen laboral con contratos de alta dirección, figura claramente importada del sector privado y que tiene un sistema retributivo de tipo contractual y, por lo tanto, sin sujeción a ninguna norma.

Podríamos decir que su presupuesto está constituido por un solo crédito y ampliable, porque únicamente la cantidad global y las partidas de gastos de personal y subvenciones nominativas tienen un carácter limitativo, y su modificación se reserva al ministro de Hacienda. El director de la agencia tiene potestad para variar todas las otras partidas presupuestarias, incluso incrementar la cuantía total cuando se financie con recursos adicionales y extraordinarios de la propia agencia. Se prevé así mismo que las agencias puedan crear o participar en sociedades mercantiles o en fundaciones, generándose por tanto una pirámide en la descentralización y el desgobierno.

El control de la Intervención General de la Administración del Estado se reduce al financiero y a la auditoría pública, pero se elimina la función interventora o fiscalización previa, bestia negra de todos los que reclaman autonomía y una gestión libre, aunque está demostrado hasta la saciedad que ese control previo resulta imprescindible para evitar la corrupción y la arbitrariedad en el manejo de los recursos públicos.

Quizás para ser conscientes de la importancia que van a tener todas estas modificaciones legislativas y la recuperación de las agencias estatales convenga traer a colación los ERE de Andalucía, no con el ánimo de utilizarlos como piedra arrojadiza, sino de constatar a dónde puede llevar la mutación de partes de la Administración a entes a los que se libra de normas y procedimientos, y se les priva de controles.

www.martinseco.es

El separatismo es un gran negocio
Miquel Giménez. vozpopuli.es 26 Marzo 2021

Muchísima gente vive de él a cuenta de nuestros bolsillos

Pujol practicó en sus años de gobierno una estrategia tan eficaz como tóxica: te compraba. Daba igual si eras catalán con pedigrí o no, la cosa radicaba en que él te daba de comer y tú te sometías al dictado de su política. Quien no lo hacía, lo sé muy bien, se convertía en inexistente. Desaparecía. No eras nada, no te daban trabajo, ni siquiera se molestaban en combatirte. Sus trolls de aquellos años se despachaban con un despectivo y supremacista I aquest, qui és? Era la muerte civil, la más trágica, porque el cadáver es consciente de su deceso.

No es una opinión. Está respaldada por cifras que en cualquier otro país harían sonrojar. Empecemos por ese inmenso abrevadero de los “cargos políticos de confianza”, a saber, militantes, amiguetes o allegados por vía del tálamo discreto de quien gobierna. La generalidad cuenta con más de medio millar de los que se sabe poco, salvo que cobran suculentos emolumentos. La cifra total aproximada – saber la exacta es casi imposible – se estima en más de treinta y cuatro millones setecientos mil euros anuales. Hagan cuentas y verán cuántas vacunas, cuántos ingresos mínimos vitales, cuántas ayudas directas a autónomos saldrían.

Pero como sea que lo que conozco mejor es mi oficio, dejen que les dé algunos apuntes que van en consonancia con lo que ya he dado alguna noticia en otros artículos. Porque si hay un gremio que debería morirse de vergüenza en mi tierra es el de los periodistas. Ya no les hablo de Rahola, porque todo el mundo es perfectamente consciente de lo pornográfico que supone que esa señora se lleve lo que se lleva por ser la apologista de delincuentes fugados o en prisión. Hablemos de los segunda regional, de los que difícilmente oirán hablar en el resto de España porque son de una irrelevancia total. El director del programa Més 324, Xavier Grasset, que cada noche convoca a tres o cuatro hiperventilados separatas alrededor de una presunta mesa de debate y se explaya entrevistando a ex terroristas con cara embelesada calificándolos de pata negra del independentismo, se lleva 107.000 euros anuales. Digamos que este hombre no es Larry King. Empezó haciendo de graciosillo en algún programa de la casa, y ha terminado como periodista del régimen con la misma sinsustancia que cuando comenzó. Solo que ahora su mensaje es más nocivo y antidemocrático.

Señalemos, antes que precisen del auxilio de un calmante, que el presupuesto global de TV3 son 245,18 millones, un 31% más que la citada Casa Real, y el triple que Telemadrid

Un inciso: en ese programa se podían leer durante su emisión en el cintillo opiniones auténticamente delictivas recibidas, supuestamente, vía Twitter. Hasta que se descubrió que no pocas de ellas eran responsabilidad de una redactora de TV3. No se podía saber. Añadamos que los tertulianos de ese bodrio suponen un gasto de 266.750 euros. Vayan sumando y comparen esto con los 7,8 millones que nos cuesta la Casa Real al año o los cien que más o menos ha supuesto el Zendal. Señalemos, antes que precisen del auxilio de un calmante, que el presupuesto global de TV3 son 245,18 millones, un 31% más que la citada Casa Real, y el triple que Telemadrid.

Entre los segundones encontramos cifras más modestas pero que, sumadas, nos dan la fotografía de lo bien que se vive si eres de la cofradía del lacito amarillo. El escritor Marius Serra, leído por todos los españoles indudablemente, cobra 13.200 euros solo por una seccioncita que hace de lunes a viernes en la radio catalana en el programa de las mañanas. Jair Domínguez, el que disparaba a fotos del rey emérito, de Sostres y demás, por un comentario de un minuto en una sección que lleva por nombre Un bon día de merda – inútil traducir – se levanta 10.500, a lo que habría que sumar un programilla que perpetra en la misma emisora y que nos sale por 160.000, además de su participación en el programa del millonario separata Toni Soler, que cuesta por temporada 1,6 millones de euros. Algo se llevará de ese monto.

Son patriotas de pedra picada, se les considera auténticas luminarias del mundo mundial y pobre de ti si les levantas la voz. Son los elegidos, los periodistas de raza, catalana, por supuesto. Y como ellos hay cientos, miles de individuos que descubrieron que, como dijo Sagarra, la patria se entiende mejor cuando te acaricia el estómago tras una buena comida. Entenderán que me importe bien poco si es presidente Aragonés, Illa o Perico de los Palotes, Hay tanta gente chupando de este negocio llamado separatismo que extirparlo solo puede hacerse con bisturí. Y no tenemos cirujano capaz de hacerlo.

Asco es decir poco.


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