AGLI Recortes de Prensa   Viernes 2  Abril  2021

El nacionalismo no vence al virus
Editorial larazon 2 Abril 2021

Sólo en dos artículos del Tratado Fundacional de la Unión Europea hay referencias a la política sanitaria. En el 168 («la Unión fomentará la cooperación entre los Estados miembros en los ámbitos contemplados en el presente artículo y, en caso necesario, prestará apoyo a su acción») y en el 169 («no obstarán para que cada uno de los Estados miembros mantenga y adopte medidas de mayor protección»), pero lo suficientemente inconcretas como para entender que, en el momento de su firma, en 1992, no se contemplaba ninguna emergencia como la que estamos viviendo ahora. Después de más de un año de pandemia, cuando la vacunación no se contemplaba a corto plazo, algo ha quedado claro: cada miembro de los 27 estados que forman la Unión –tras la salida de Reino Unido– ha desarrollado su propia política sanitaria y ha optado por la vacuna que ha considerado, aunque corregido al final por la gravedad de los hechos. Un ejemplo ha sido el incomprensible sistema de control de viajeros para moverse entre países, mientras había un casi confinamiento interior, o las exigencias en torno a acreditar PCR para poder viajar. El resultado se refleja en que la evolución de la pandemia ha sido diferente en cada país, pero con un hecho común: el incumplimiento del plan de vacunación de la UE, que obligaba a que para el 31 de marzo el 80% de las personas mayores de 80 años estuviesen vacunadas. La realidad es que sólo se ha llegado al 27%. Que las dosis recibidas en enero (20 millones), febrero (30 millones) y marzo (50 millones) no eran suficiente para afrontar el plan lo demuestra que la propia presidenta de la CE, Ursula von der Leyen, confía en que a partir de abril se reciba una media de cien millones por mes. Que ha actuado un nacionalismo al margen de la Unión es innegable, aunque tampoco serviría de nada, o sólo para dar ánimos a los euroescépticos, poner el espejo de EE UU y Reino Unido, donde el 50% y el 7,8% de la población, respectivamente, ha recibido ya las dos dosis. A escala nacional, se ha reproducido la idéntica pugna por ver que comunidad vacunaba más rápido, competición sin sentido, pues el suministro está centralizado y las diferencias de población son notables.

Que el presidente del Gobierno diga que «pronto tendremos más vacunados que contagiados en España» no ayuda en nada y, además de una obviedad deseable, no concuerda con los datos: si bien se ha incrementado el ritmo en los últimos días, son algo más de 5,3 millones de personas –un 11,2% de la población– las que han recibido al menos una dosis. Estamos viendo una despiadada campaña electoralista contra la Comunidad de Madrid acusándola de ineficacia en la vacunación cuando mantiene uno de los niveles más altos y, sin embargo, no se tiene en cuenta que es de Sanidad de quien depende la distribución de las dosis. Lo que hace falta es lealtad y cooperación.

No sólo Marlaska
EDITORIAL Libertad Digital 2 Abril 2021

La sentencia sobre la destitución del coronel de la Guardia Civil Diego Pérez de los Cobos pone en el disparadero a un ministro, el de Interior, que no debería permanecer un minuto más en el cargo después de que la Audiencia Nacional haya considerado probado que pidió a un subordinado cometer un delito.

Muy pocos altos cargos de democracias occidentales aguantarían en su puesto tras un varapalo judicial así, y, desde luego, ningún Gobierno respetable seguiría contando con alguien en esa tesitura. El problema es que, al igual que Fernando Grande Marlaska no es un ministro homologable a sus colegas europeos, ni el Gobierno en su conjunto ni su presidente tienen la talla moral que se exige en las democracias dignas de tal nombre.

El ministro del Interior no debería estar un día más en el cargo, ciertamente; pero es que la mayor parte de sus compañeros tampoco merece sentarse en el Consejo de Ministros, empezando por el plagiario que lo preside.

Pero en lugar de destituciones, individuos como Salvador Illa, ministro de Sanidad con decenas de miles de muertos a sus intolerablemente incompetentes espaldas, lo que reciben son premios, como la candidatura del PSC a presidir la Generalidad de Cataluña.

¿Y qué decir de José Luis Ábalos, que no ha dejado de saltar de escándalo en escándalo desde su infame noche aeroportuaria con la enviada del narco-chavismo, Delcy Rodríguez? ¿En qué país de la Unión Europea se habría soportado la catarata de versiones contradictorias y mentiras que se han sucedido en este escándalo? ¿Dónde se permitiría que un escándalo como el rescate de Plus Ultra no se saldase ya no con la destitución de los directamente implicados sino con la caída del Gobierno en pleno?

En cuanto a Yolanda Díaz, ahora ya no es sólo ministra sino vicepresidenta, cuando ha sido incapaz de afrontar con un mínimo de eficacia los monumentales retos que ha debido afrontar su ministerio en el último año y ha visto cómo un ataque informático paralizaba el SEPE durante un periodo de tiempo intolerable.

De la fanática ignara Irene Montero y su semejante –aunque ellas no lo crean– Carmen Calvo, cuya pelea de gallinas feminista costó literalmente la vida a tantos españoles, mejor no hablar.

Está visto que de este Gobierno sólo se sale para ser candidato, como Illa o como el propio Pablo Iglesias, mientras su partido se ve cada día más cercado por los problemas legales de su relación con Neurona y él mismo tiene también graves escándalos que solucionar en los juzgados.

Y todo esto, conviene no olvidarlo, en el Gobierno que alcanzó el poder a través de una moción de censura cuyo propósito era dignificar las instituciones y que lo único que ha hecho ha sido convertir la mentira en la herramienta clave de su política.

Tres dimisiones

EDITORIAL. https://gaceta.es 2 Abril 2021

La sentencia del Juzgado de lo Contencioso Administrativo que obliga a restituir en su puesto al coronel de la Guardia Civil Diego Pérez de los Cobos, purgado por el secretario de Estado de Seguridad Rafael Pérez, subordinado del ministro Grande-Marlaska, contiene varios elementos objetivos que en un país serio habrían provocado una catarata de dimisiones.

El primer hecho objetivo es que tanto el secretario de Estado de Seguridad como el ministro del Interior que ejecutan el cese del coronel por negarse a llevar a cabo un acto delictivo, abiertamente ilegal y de consecuencias penales como es la revelación de secretos, son dos magistrados españoles. Si reprochable es que un ignaro político como el doctor (?) Sánchez ponga su voluntad por delante de la ley, que lo hagan dos magistrados como Ruiz y Grande Marlasca (como dice el maestro Ussía, vamos a dejarnos de la coña de la ‘k’), devenidos en cargos políticos, ofende a la razón y lo que es más pernicioso, ofende a la Judicatura. Aquí sólo podemos esperar una reacción contundente por parte de las asociaciones de jueces. Veremos.

El segundo hecho objetivo que contiene la sentencia es que Ruiz y Marlasca son dos meros recaderos de Pedro Sánchez, que es quien ordena el cese del coronel Pérez de los Cobos por la investigación de los presuntos delitos cometidos por el delegado del Gobierno en Madrid, el secretario general de los socialistas madrileños, Franco Pardo; y por el coordinador de Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, con ocasión de la autorización y promoción de la manifestación feminista del 8 de marzo de 2020, también conocida como «el infestódromo» y que, esto también es un dato objetivo, aceleró la transmisión del coronavirus que ha costado ya la vida de más de cien mil españoles. Ocioso es recordar lo que la izquierda dijo, hizo y exigió cuando por cuestiones sanitarias se sacrificó a un perro llamado Excalibur, y ocioso es recordar la nota que se concede (notable alto) el presidente Sánchez tras la muerte de cien mll de nuestros compatriotas de los que no sabremos jamás sus nombres, muchos de ellos los más vulnerables y a los que debíamos mucho más respeto del que han recibido, que es ninguno, por parte de esta clase política que nos desgobierna.

La confirmación de que el sectario de Estado de Seguridad y el ministro Marlasca son dos pobres recaderos del presidente Sánchez se encuentra en las páginas 58 y 59 de la sentencia del Juzgado Central número 8 de lo Contencioso-Administrativo, en las que se detalla la participación de la directora general de la Guardia Civil, Mária Gámez Gámez, en la destitución del coronel Pérez de los Cobos. Recoge la sentencia que Gámez rechazó la petición del segundo de Pérez de los Cobos de darle al coronel la posibilidad de defender su actuación antes del cese, asegurando la directora general de la Guardia Civil que la decisión estaba tomada por Moncloa.

Moncloa es Pedro Sánchez. Marlasca y su cinta de correr con sistema de almohadillas power-up de 2.700 euros instalada en su vivienda pagada por todos los españoles en la sede del Ministerio en el Paseo de la Castellana no son Moncloa. Hasta el último de los directores generales de España sabe qué significa la palabra ‘Moncloa’. Si decimos, por ejemplificar, que a Toni Cantó lo ha impuesto ‘Genova’ en las listas del PP en Madrid, todo el mundo sabe quién es ‘Génova’ y hasta dónde puede lanzar un hueso de aceituna.

Si grave es que un abogado —por más político que sea, algo habrá estudiado— como María Gámez Gámez, niegue la posibilidad de defensa a un subordinado intachable como el coronel Pérez de los Cobos, mucho peor es que sea la directora general de la Guardia Civil la que deshonre a un militar bajo su mando temporal; un coronel que, recordemos, se limitó a defender que el trabajo de los guardias civiles de una unidad bajo su mando se realizara dentro de la legalidad.

CONSIDERANDO los hechos objetivos contenidos en la sentencia: el de que Moncloa ordenó el cese de un coronel de la Guardia Civil por negarse a cometer un acto delictivo como es revelar información a sus superiores políticos sobre una investigación reservada por orden de un juez sobre los presuntos delitos cometidos en relación con la pandemia por el secretario general de los socialistas madrileños […] CONSIDERANDO que dos magistrados en excedencia como el secretario de Estado de Seguridad y el Ministro del Interior perdieron la confianza en el coronel por negarse a cometer un delito de revelación de secretos, CONSIDERANDO que tras esta sentencia ahora podemos asegurar que el ministro Marlasca mintió en sede parlamentaria al asegurar que el cese del Pérez de los Cobos era sólo un reajuste de equipos, y CONSIDERANDO que la directora general de la Guardia Civil aceptó participar en la cacería contra uno de sus coroneles a quien debió proteger con su cargo de las desviaciones totalitarias del Gobierno:

FALLAMOS que debemos exigir la dimisión de la directora general de la Guardia Civil, María Gámez Gámez, el secretario de Estado de Seguridad, Rafael Pérez Ruiz y el ministro del Interior, Fernando Grande Marlasca, con expresa petición a los tres de que, tras dimitir, aparte de devolver la cinta de correr, reflexionen hasta reconocer qué mal día fue aquel en el que se convirtieron en todo lo contrario de lo que un día estudiaron y juraron defender.

En cuanto al doctor (?) Sánchez, de un hombre que se pone un ‘notable alto’ por su gestión de un virus que su feminismo panfletario ayudó a esparcir por España y que con la ayuda eficaz de la Fiscalía General del Estado y con la intimidación que se desprende de esta sentencia, impide que se investiguen y se depuren sus responsabilidades penales (por no hablar de las políticas), no esperamos que dimita por haber ordenado el cese ilegal de un intachable coronel de la Guardia Civil que defendió su honor y el de los hombres bajo su mando.

Para eso habría que tener vergüenza.

El periodismo independiente ante el manual castrista de subversión de la realidad
PARA PONER FIN A LA DICTADURA
Luis Leonel León. https://gaceta.es 2 Abril 2021

No se crea jamás que Fidel Castro era un simple psicópata que por arte de magia revolucionaria logró engañar primero a un grupo de jóvenes rebeldes, descontentos con Fulgencio Batista, y a empresarios confundidos o resentidos, para luego arremeter contra todos ellos, encarcelarles, fusilarles y finalmente embaucar a todo un pueblo, y hasta a un hemisferio, por varias generaciones.

Para nada era tonto. Su capacidad para crear disturbios, intrigas y manipulaciones era casi tan grande como su maldad. Pero igual se equivocaba. Y grandemente.

Todo eso lo puso en práctica siempre. Sobre todo, la manipulación a nivel masivo. En lo que sigue, por ejemplo, podemos comprobar cómo el dictador certifica que el sentido de los medios de comunicación en la Cuba totalitaria debía ser el mismo, aunque ya en una fase de sostenimiento, de la emisora radial Radio Rebelde, que fundara en la Sierra Maestra como aparato propagandístico de su Revolución, mientras realizaba actividades subversivas en las montañas y ciudades, antes de finalmente hacerse del poder total en la Isla.

“Veo la prensa como una fuerza, un instrumento formidable de la Revolución. La veo como Radio Rebelde, en la Sierra Maestra, porque estamos viviendo tiempos que no son más fáciles que los de la Sierra Maestra; estamos viviendo tiempos más complejos que los que vivimos en aquella época”, esto dicta el dictador a los comunicadores en el país, el 23 de diciembre de 1992, tres años después del derrumbe del Muro de Berlín, y subrayando, con una impudicia increíble, que el pueblo cubano está condenado a una guerra sin fin, guiado por sus falsos ideales, como en un eterno retorno.

Y es precisamente, en medio de esa enfermiza batalla en la que el pueblo siempre será víctima, donde la prensa, guiada y controlada por el partido comunista, “tiene la misión primordial de defender la Revolución. Defender la Revolución es defender el socialismo. Cuando hablamos de esta Revolución, no la puedo concebir separada del socialismo, son inseparables”. Esto recalcaría, una y otra vez, antes, durante y después de la caída de la Unión Soviética.

Pero su visión, más allá de chupar de la teta del bloque comunista de Europa, siempre estuvo puesta en América Latina. Primero a través de la subversión armada y luego a través de la guerra cultural. No es casual que en el VI congreso de la UPEC, Castro les advierte a los periodistas que los medios de comunicación no son “un instrumento para nuestro país”. Les dice con su siniestra ironía y desvergüenza: “Olvidémonos de eso. Somos una gota de agua en un océano, casi. Hay muchas ideas que sembrar y extender por el mundo”. Y así lo hizo. Lo siguió haciendo hasta el final. Y sus ecos aún se utilizan para estos virulentos propósitos. Un terrible legado.

También a propósito del VI congreso de la UPEC, Castro reitera que la prensa tiene una importancia vital en su batalla de ideas. “Una lucha en la que” -lo reconoce- “nos estamos jugando todo”. Y ya no sólo para el presente de los cubanos sino también para el futuro de su sistema: “No solo nos estamos jugando nuestra obra, nos estamos jugando la obra de todas las generaciones que nos precedieron, y estamos defendiendo la herencia de los que vendrán después de nosotros. Hay que partir de ese enfoque”. Algo que se empeñan en sostener, con más errores que el fantasmal caudillo, sus seguidores en el ilegítimo poder.

En ese mismo discurso, hábil manipulador, Castro acude a la imagen, fabricada por él, tergiversada en todos los niveles, de José Martí. Y lo hace con la pretensión -no faltaba más, una vez más- de desvirtuar la realidad e influenciar a los periodistas para que le sigan sirviendo de soporte y fusil, e incluso carne de cañón, y con su ayuda, consciente o inconsciente, continuar adoctrinando y domesticando generaciones. A sus descendientes incluidos. Un juego macabro que aún persiste en la Isla y que en otras latitudes debería comprenderse. Pues el mundo, para sorpresa de unos y horror de otros, va por un rumbo muy parecido. Algo muy pero muy peligroso.

Interpretemos a Castro en el citado discurso cuando, como si de un espíritu comunista se tratase, manosea la imagen del notable poeta y político del siglo XIX, apóstol de la independencia de Cuba, en función de sus perniciosos intereses:

“¿Cómo pensaría Martí en una circunstancia como esta? ¿Qué diría Martí del papel de la prensa en una circunstancia como esta? Es decir, de la prensa revolucionaria. Creo que realmente no se apartaría de la esencia de las mismas cosas que ustedes han dicho aquí. Y tienen que darlo como premisas fundamentales: creo que la prensa, y aquí quedó claro con sentimiento y criterio de ustedes, tiene la misión primordial de defender la Revolución”.

Martí, según Castro, les diría a los comunicadores: defender la revolución es su deber. Y es sinónimo de buen periodismo. Por eso exclama que “el país necesita la máxima calidad de nuestra prensa”, entendiendo por “calidad” no otra cosa que difundir el dictado estatal, el discurso de la Revolución. Hacer un periodismo revolucionario es hacer un periodismo socialista. Un periodismo castrista.

En el 2007, previo a entregarle formalmente el poder a su hermano Raúl Castro, el viejo y enfermo dictador comenzó a publicar en la prensa nacional una serie de artículos que llamarían sus “reflexiones”, y que inmediatamente aparecían eran comentadas por todos los medios de prensa, siendo la guía de lo que debían pensar y hacer los revolucionarios ante diferentes temas y situaciones. Ante todo, realmente. Aunque por supuesto que no eran más que bodrios nacidos de su miserable e insaciable sed de poder.

En la titulada “La historia real y el desafío de los periodistas cubanos” esto dispone Castro: “La verdad en nuestros tiempos navega por mares tempestuosos, donde los medios de divulgación masiva están en manos de los que amenazan la supervivencia humana con sus inmensos recursos económicos, tecnológicos y militares. ¡Ese es el desafío de los periodistas cubanos!”.

Dos lecturas, al menos, podemos hacer. La primera -la pretendida por Castro- es que según el manual del periodismo castrista, la función de los periodistas cubanos (de los que no se arriesguen a disentir, claro está) no debe ser el compromiso con los hechos, con la incómoda verdad que durante décadas aqueja a su nación. Los periodistas cubanos, por ordenanza del periodista en jefe, deben olvidar su terrible entorno y enfocarse en criticar, revolucionariamente, lo que sucede fuera. Sobre Cuba ya les dirá el Estado qué decir, en qué momento y cómo.

Ironía maquiavélica. Locura. Infinita tristeza para quienes realmente tienen respeto por un oficio cuyo mayor compromiso es con la verdad.

La segunda lectura -que debería ser la que prevalezca en la Isla y el mundo- es totalmente contraria a la pretensión castrista de subvertir la realidad. Pues lo evidente es que sigue siendo el castrismo quien mantiene condenada la verdad a navegar por los mares más tempestuosos, signados por la censura, la autocensura y la represión sistemática.

Es en Cuba donde los medios de divulgación masiva están en manos del Partido Comunista, quien con “sus inmensos recursos económicos, tecnológicos y militares” todos los días amenaza la supervivencia de los cubanos. De ahí que “el desafío de los periodistas cubanos” debería ser desertar inmediatamente de los medios oficiales, donde les han tenido atados durante tanto tiempo, y convertirse en periodistas independientes. Esa sería la salvación. De los periodistas y del periodismo cubano. La posibilidad de retornar ese noble oficio a la decencia. A ese estatus de donde un fallido proceso le sacó a fuerza de mentiras, patadas, castigos.

En estas “reflexiones” es obvio que Fidel Castro se equivocó rotundamente. O tal vez se le escapó la verdad. Probablemente nunca lo sabremos. Pero valdría la pena que los periodistas decentes le tomaran la palabra al dictador y ayudaran, de una vez, a derribar los muros impuestos por una dictadura que a todas luces urge derrocar.

Aunque lo cierto es que Fidel Castro murió en un contexto nacional, similar el actual, totalmente controlado por la policía política y acurrucado por la servidumbre intelectual: no debemos dejar de pensar y actuar para que esta realidad pueda ser revertida. Porque -si lo pretendemos, si lo construimos, desde ambas partes- cada vez más comunicadores se atreverán a cumplir su verdadera función: negarse al adoctrinamiento, informar, decir la verdad, con toda la dignidad, el riesgo y el agradecimiento que implica hacerlo en una dictadura. Porque siempre ha sido más fácil el silencio o la fuga. Bien lo sabemos.

Y no será la masacre con que algunos tratan de paralizarnos, allá y aquí. Llegará ese momento (irónicamente “histórico”, como le gustaba decir al propio Castro) en el que, a los soldados del régimen, con la verdad chocándole en sus ojos, contra sus fusiles, nos les quedará más opción que abstenerse de asesinar a las multitudes indefensas, pero en las calles, y donde no faltarán sus familiares, avivados por las mismas penurias, hartazgos y demandas.

Pero para que esto cuaje, para que finalmente esa explosión social suceda, sea real, y no sólo el eco de un viejo trino de más de 60 años: es imprescindible apoyar a los periodistas independientes en esa riesgosa labor que es expresar la verdadera realidad. Una elección que en la isla comunista es igual a convertirse en disidente. Este, en mi opinión, según mis experiencias dentro y fuera de la Isla, sería el camino más claro para ponerle fin a la dictadura y comenzar a sanar la nación. Y nos apremia hacerlo. En todas las orillas.

Los niños del exilio
Durante la Guerra Civil fueron evacuados de España 34.037 niños, de los cuales solo algunos volvieron
César Alcalá. larazon 2 Abril 2021

Ante la situación que vivía el país -represión, bombardeos, hambre, enfermedades- el gobierno republicano pensó en la posibilidad de evacuar a los niños a países aliados o neutrales. Es la primera vez en la historia que un gobierno decide evacuar a los niños para alejarlos de los escenarios bélicos o de una muerte segura. No era una solución fácil, pues el coste de este éxodo era muy elevado. Sin embargo, la idea cobró efectividad cuando cayó el frente del Norte. Fue el gobierno vasco el que organizó una serie de expediciones de niños al extranjero. A ellos se unieron otras comunidades cuando vieron peligrar a sus niños por las ofensivas del ejército nacional.

Para entender cómo se llegó a esta situación debemos tener en cuenta una cosa. El futuro de cualquier país radica en las personas que, con su esfuerzo, lo hacen crecer. El contingente humano muerto en los campos de batalla o como consecuencia de la represión fue muy alto. El futuro de España dependía de los niños. El gobierno republicano, cuando tomó esta decisión, creía que ganaría la guerra. Si los niños continuaban muriendo el futuro sería desolador. Con esta iniciativa, una vez ganada la guerra, el porvenir estaba garantizado. Si en un primer momento se marcharon como evacuados, al perder la guerra se convirtieron en exiliados políticos.

Los países que acogieron niños españoles fueron: Inglaterra, URSS, México, Francia, Bélgica, Suiza, Dinamarca, Holanda, Suecia y Noruega. En el mes de septiembre de 1936 se evacuaron los primeros niños a Francia. El mes anterior este país había cerrado sus fronteras. Pese a no querer intervenir en el conflicto bélico, no negó la entrada de los niños.

Estas evacuaciones consideradas oficiales, recibieron el apoyo de organizaciones políticas, sindicales y humanitarias. Las instituciones políticas siempre tuvieron muy claro que esta situación era provisional. La guerra no duraría mucho tiempo. Una vez conseguido el objetivo, esto es, la victoria, los niños volverían.

Cuando las poblaciones quedan bajo el gobierno nacional pedían a los países anteriormente citados que repatriaran a los niños. Casi todos estuvieron de acuerdo. ¿Por qué? Con el paso de los meses, Europa reconocía la legitimidad del gobierno de Franco. La República iba perdiendo repercusión internacional. Era lógico, pues, que los denominados países aliados aceptaran esta petición.

Muchos de aquellos niños que ahora eran reclamados habían perdido a su familia. Llegarían a un país diferente, solos, y deberían empezar desde cero. Por eso es por lo que dos países se negaron a repatriarlos. Estos fueron México y la URSS. También estaba el factor político. Ambos países no reconocieron la legitimidad del régimen franquista. La URSS colaboró militarmente con el ejército republicano y México se convirtió en el idílico destino de muchos exiliados españoles a partir de 1939.

Durante la Guerra Civil fueron evacuados de España 34.037 niños. A esta cifra debemos sumar aquellos que se exiliaron con sus padres en 1939. En total salieron de España, por una u otra circunstancia, cerca de 70.000 niños.

El gobierno republicano creó sus propias colonias para proteger a los niños. En septiembre de 1937 había 564 colonias repartidas por toda la denominada zona republicana. En total albergaban 45.248 criaturas. Las colonias se dividían en dos clases: 158 eran colectivas y 406 de régimen familiar. Cada colonia tenía un director responsable, varios maestros y personal auxiliar. Con el avance del ejército nacional fueron reconvertidas en campos de refugiados. Las instaladas en Valencia y Cataluña perdieron esta condición y sirvieron de antesala hacia el exilio francés.

Si bien es cierto que se ha hablado mucho sobre la Guerra Civil, pocas han sido las obras dedicadas a los niños del exilio. Ellos sufrieron una guerra que no entendían. Fueron apartados de sus padres y trasladados a un país extranjero. Allí empezaron una nueva vida. Esta no fue fácil. Si bien es cierto que recibieron educación, aprendieron un nuevo idioma, no tuvieron carencias alimenticias, fueron tratados con afecto y mimo, les faltaba lo fundamental: sus padres.

Para estos últimos la guerra no fue un camino de rosas. Muchos murieron en el frente, o fueron represaliados, o los encarcelaron, o tuvieron que exiliarse. En definitiva, muchos españoles nunca jamás volvieron a su lugar de origen. Teniendo en cuenta todas estas circunstancias, muchos de estos niños exiliados decidieron quedarse en el país de acogida. En España ya no los quedaba nada. Allí, al menos, formarían su propia familia.

Otros volvieron. Se marcharon de su país como niños y tenían una visión utópica de sus padres. Los años habían pasado. Ni sus padres ni ellos eran las mismas personas. Se conocieron de nuevo. Muchos no aguantaron la presión y volvieron al país que los había acogido. Los que se quedaron fueran considerados, por el régimen franquista, como exiliados políticos. Partieron de España como evacuados y ahora eran desafectas al régimen. La vida tiene estas contradicciones. Y no es sólo esto. Al drama personal hemos de añadir el de una dictadura, la II Guerra Mundial, la persecución nazi, y la omisión de un pasado y su propio olvido. Sus vidas quedaron marcadas por una guerra civil y por muchas frustraciones personales.

Muchos lloraron durante años la muerte de sus seres queridos. Algunos salieron adelante, otros no. Habían dejado atrás una guerra civil. Los niños, cuando volvieron, tuvieron que empezar de nuevo. A todos ellos les une un pensamiento: no los dejaron ser niños.

«¡Melillenses!: los legionarios venimos a morir por vosotros»
La Plataforma Millán Astray se ofrece a comprar la estatua de Franco retirada en Melilla y reclama la del fundador de la Legión en La Coruña. Ambos protagonizaron una «marcha épica» en 1921
Andrés Bartolomé. larazon 2 Abril 2021

La fecha de fundación oficial del Tercio de Extranjeros –conocido después como la Legión– se fija el 20 de septiembre de 1920, cuando se produce el alistamiento de su primer integrante. Esta fuerza de choque nacida por iniciativa del teniente coronel José Millán Astray, tuvo pronto oportunidad de demostrar su valía y la razón de ser de su creación: sustituir en primera línea como tropa profesional a los soldados de reemplazo que eran enviados a África como carne de cañón. La especial preparación para la lucha y su ideario, un código de honor basado en el Bushido japonés, imprime al legionario un carácter que a día de hoy mantiene a la Legión como una de las mejores unidades de combate de todo el mundo.

Para poner en marcha el Tercio, Millán Astray elige como lugarteniente al joven comandante Francisco Franco Bahamonde, que va a protagonizar la primera gesta legionaria. Tras el desastre de Annual, en julio de 1921, se decide que es el momento de que la nueva unidad entre en escena. En la zona occidental del Protectorado español en el Rif se despliega la III Bandera, mientras que la I y la II acuden a la zona oriental, donde protagonizan el episodio conocido como «Socorro a Melilla».

Es la culminación de la primera gran marcha rápida que hizo la Legión entre el 21 y el 22 de julio de 1921 para auxiliar a la ciudad del ataque de miles de kabileños al mando de Abd El Krim, el mismo que ha dejado miles de muertos españoles a sus espaldas solo días antes. Cien kilómetros en 30 horas hasta Ceuta es la marca de aquella jornada histórica a pie, sin apenas descanso, que se cerró el día 24 con el traslado en barco hasta Melilla y una arenga al llegar a destino a cargo de Millán Astray: «Melillenses, os saludamos. Es la Legión, que viene a salvaros. Nada temáis, nuestras vidas lo garantizan. […] ¡Melillenses!: los legionarios, y todos, venimos dispuestos a morir por vosotros. Ya no hay peligro. ¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva Melilla!».

Sobre aquella agotadora expedición, Franco escribió: «¡No es posible! La gente no puede más y necesita descanso. […] A las tres y media se toca diana, hay que despertar uno por uno los soldados que, rendidos, permanecen sordos a la corneta» («Marruecos. Diario de una bandera»).

Hasta el pasado 23 de febrero, una estatua recordaba al comandante Franco en la Ciudad Autónoma, porque el Pleno de la Asamblea de Melilla aprobó un día antes su retirada de la vía pública. La Fundación Nacional Francisco Franco ha interpuesto un recurso contencioso-administrativo contra una «venganza histórica» –en palabras de Juan Chicharro, al frente de la FNFF– que culminó con la efigie en una caja de madera en el almacén municipal. De allí quiere rescatarla la Plataforma Millán Astray, que anuncia también acciones legales y se ofrece a pagar para quedarse con ella «lo que pidan», según su secretario, el abogado Guillermo Rocafort. «Que la tasen, la pagamos y nos la llevamos. No queremos que ocurra lo mismo que con la de Millán Astray en La Coruña, ni que la vejen o profanen, como suelen hacer los radicales de izquierda», lamenta.

Antes de que quitaran la estatua –«haciéndolo coincidir» con la fecha del golpe de Estado, el 23-F, algo que Rocafort considera «buscado»– presentaron tres requerimientos y uno posterior, alegando que recuerda un hecho previo a la Guerra Civil, y su instalación en un lugar declarado Bien de Interés Cultural (BIC) y, por lo tanto, «protegido», como es la zona de Melilla La Vieja, donde aun así «tuvieron que meter la piqueta». «No nos han contestado», apunta el también veterano legionario. «El pleito lo tenemos ganado», según las fuentes jurídicas que ha consultado, pero «nos va a costar muchos años, como nos está costando recuperar la calle Millán Astray en Madrid, cuando tenemos sentencias a nuestro favor».

La plataforma nace precisamente en septiembre de 2016 a raíz del anuncio de la entonces alcaldesa de Madrid Manuela Carmena de que va a eliminar del callejero la vía dedicada al fundador de la Legión. «Descubrimos que la calle era de 1924 y por eso ganamos el juicio, porque no cabe en el ámbito temporal de la Ley de Memoria Histórica, que abarca de 1936 a 1975». Y lograron evitar lo mismo en Cartagena.

Sobre la acción de 1921, Guillermo Rocafort considera que se trata de una «marcha épica que marca la historia de la Legión no solo por el perímetro defensivo que llevó a cabo sino porque ahí es cuando los mandos, Millán Astray y Franco, se dieron cuenta de que tenían en sus manos una fuerza militar sobrehumana. Porque aguantar una marcha de esa naturaleza, con todo el equipo, durante una treintena de horas, es algo sobrenatural».

Los legionarios no hicieron otra cosa que cumplir con uno de los puntos de su famoso credo, el espíritu de marcha: «Jamás un legionario dirá que está cansado, hasta caer reventado, será el Cuerpo más veloz y resistente».

Un empeño especial de la asociación –que forman 3.000 personas entre veteranos legionarios y simpatizantes–, es «intentar recuperar los lazos afectivos, que son los primeros que se rompen». «Y eso que en Melilla» Franco ha sido considerado «casi un padre», porque «salvó a la ciudad», dice Rocafort. En La Coruña, ciudad natal de Millán Astray, atacaron al creador del Tercio con una campaña de «estigmatización», cuando la inauguración de su monumento en 1970 «fue un acontecimiento espectacular en sus calles, como se ve en las fotos de la época».

Para Rocafort, «estamos defendiendo dos estatuas que van en paralelo». En el caso de José Millán Astray, considera que está «secuestrada» en La Coruña, donde hicieron una oferta al Ayuntamiento, «dispuestos a pagar» en este caso «lo que costó: 400.000 pesetas», como certifican las facturas en su poder. «Es una obra de arte que tienen en un almacén escondida, y no nos quieren decir dónde, tememos que la hayan profanado o destruido», así que «probablemente en las próximas semanas» pongan «una denuncia por destrucción del patrimonio artístico».

En función de la Ley de Transparencia, desde la plataforma reclamaron la «ubicación y una foto como “prueba de vida”, como en un secuestro, pero no nos quieren dar ni una cosa ni la otra», denuncia Guillermo Rocafort. Su destino «lo ocultan porque alegan que puede ser vandalizada, como si nosotros fuéramos a hacer algo, cuando han sido precisamente los que ahora están en el poder quienes no han perdido oportunidad de pisar o pintar obras parecidas».

Ataca Rocafort al BNG y el PSG que, apelando a la Ley de Memoria Histórica, «le quitaron» a Millán Astray su título de Hijo Predilecto de La Coruña y su estatua, cuando en la Guerra Civil «no tuvo un papel estelar». Dice el letrado que «como veterano legionario» quiere «saber dónde está mi fundador, pero también como español, quiero saber dónde está una obra de arte que le costó al erario público un dineral». En el caso del que fuera jefe de Estado y su efigie en Melilla, apunta que «como veteranos legionarios defendemos al Franco legionario, no nos metemos en política».

Su auxilio a la ciudad en la guerra de África ha inspirado cuatro pruebas legionarias de ultrafondo: 101 de Ronda –«una de las más fuertes del mundo», según Rocafort, «una locura»–, La Desértica, la Cuna de La Legión de Ceuta y la Africana de Melilla.

Tres metros de bronce y 30 años en pie
La estatua de Millán Astray que había en La Coruña es obra de Xoán Piñeiro, «probablemente el mejor escultor gallego del siglo XX», en opinión de Guillermo Rocafort. Dentro de los actos del 50 aniversario de la fuerza de choque, la Legión pidió que se creara la réplica en bronce en 1969, y se ofreció a abonar los gastos. El consistorio aceptó «por el gran cariño que suscitaba Millán Astray en La Coruña, pero asumió el coste» del monumento de tres metros de altura, que permaneció 30 años en la plaza de igual nombre que el militar que hizo carrera en África.

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Preocúpese si no le llaman “facha”
Sergio Fidalgo. okdiario

Eduardo Inda es un ‘facha’ de manual por denunciar los abusos del populismo y del nacionalismo en un gran número de medios de comunicación y haber creado uno de los diarios más leídos de España para combatirlos. Por supuesto, Carlos Cuesta también lo es por ser el azote del secesionismo, sea vasco, catalán, o gallego, y por analizar con rigor sus bases teóricas y sus excesos supremacistas. Yo, más modestamente, también merezco ser tachado de ‘fascista’ por haber escrito dos volúmenes en los que pongo a TV3 a la altura de la televisión bolivariana.

Y no digamos nada de José Javier Esparza, que además de presentar El gato al agua, ha escrito un libro (No te arrepientas) en el que da treinta y cinco razones para estar orgulloso de la Historia de España. ¿Orgulloso de la Historia de España? Sólo un facha, franquista, fascista, plutócrata puede decir algo así, cuando todo el mundo sabe que somos un Estado (¿España un país? Eso queda para las democracias plenas como la Cataluña de la CUP y el Euskadi de Bildu) a medio camino entre la Alemania de Adolf Hitler y la Italia de Benito Mussolini.

¿Teresa Giménez Barbat? La digna heredera de Herodes, que como la sucursal balear del PSOE bien sabe fue el general franquista que tomó Badajoz y provocó una matanza de niños en el Alcázar de Toledo. Una eurodiputada que se opuso al nacionalismo no merece otra consideración. ¿Rosa Díez? ‘Facha’ por defender a España en esa tierra prometida llamada Euskadi. ‘Facha’ por haber liderado un partido que denunció que los sistemas fiscales de Navarra y País Vasco eran injustos. ‘Facha’ por denunciar los excesos del populismo en sus libros y allá donde colabora.

¿Félix Ovejero? ¿Daniel Gascón? ¿Alejo Vidal-Quadras? ¿Teresa Freixes? ¿Isabel Coixet? ¿Inés Arrimadas? ¿Salvador Illa? ¿Jordi Cañas? ¿Isabel Díaz Ayuso? ¿Pablo Casado? ¿Alejandro Fernández? ¿Miquel Iceta? ¿Carlos Carrizosa? ¿Xavier García Albiol? ¿Miriam Tey? ¿Ignacia de Pano? ¿Santiago Abascal? ¿Santiago González? ¿Nicolás Redondo Terreros? ¿Joaquín Leguina? ¿Albert Rivera? ¿Begoña Villacís? ¿Santiago Trancón? ¿Isabel San Sebastián? ¿Ignacio Garriga? ¿Macarena Olona? ¿Javier Negre? ¿Eurico Campano? ¿Joan Ferran? ¿Antonio Robles? ¿Pau Guix? ¿Arcadi Espada? ¿Víctor Amela? ¿Ramón de España? ¿Elisa de la Nuez? ¿Andrea Levy? ¿Josep Bou? ¿David Jiménez Torres? ¿Joaquín Luna? ¿Xavier Rius? La lista de ‘fachas’ es casi infinita, cualquiera que haya criticado, aunque sea levemente, al secesionismo y al populismo que asolan a nuestro país lleva esta denominación como si de una marca de nacimiento se tratara.

Por supuesto, el mayor ‘facha’ entre los ‘fachas’ es Albert Boadella, que fue pionero a la hora de retratar la cleptocracia del nacionalismo catalán, de mostrar su tendencia a diferenciar entre ciudadanos “buenos” y “malos” y, sobre todo, de enseñarnos su cara más ridícula. Porque el secesionismo, aunque sea totalitario y antidemocrático, tiene una cara patética que pocos se atreven a denunciar, para evitar ser señalados por la tribu y ahorrarse la muerte social con la que el ‘clan’ premia a sus discrepantes.

Querido lector, si los nacionalistas y populistas de su entorno familiar, social o laboral nunca le han llamado “facha”, debería preocuparse. En breve puede acabar llevando un lazo amarillo en su solapa, cantando “libertad presos políticos” en medio de la comunión de su sobrina o, aún peor, dejándose coleta y defendiendo que pasar de vivir en un piso en Vallecas a un chaletazo en Galapagar es la mejor muestra del buen funcionamiento de la dictadura del proletariado. Así que ya puede aplicarse para ganarse, como si fuera el jornal, unos cuantos “fascista” cada día. Su espíritu lo agradecerá, se sentirá mejor y, sobre todo, no formará parte de la “casta”. Que, como todo el mundo sabe, es ese grupo de gente selecta y escogida que acaba ‘trabajando’ en el Consell de la República o en el Ministerio de Igualdad.

La sentencia del TSJC contra la inmersión enfrenta a los partidos independentistas
La decisión de los jueces de anular los proyectos lingüísticos de dos colegios, por no impartir al menos un 25% de las clases en castellano, reactiva la 'guerra' entre Junts y ERC por el "blindaje" de la inmersión
Marina Alías. vozpopuli.es  2 Abril 2021

Las dos sentencias del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) que anulan los proyectos lingüísticos de las escuelas públicas Bogatell, de Barcelona, y Josefina Ibánez, de Abrera (Barcelona), por no contemplar el carácter vehicular del castellano han reactivado la guerra entre los partidos independentistas a cuenta de la 'ley Celaá' y la inmersión lingüística.

Justo antes de aprobarse la nueva norma educativa promovida por la ministra Isabel Celaá, PSOE, Unidas Podemos y ERC pactaron in extremis una polémica enmienda transaccional que eliminaba de un plumazo la definición del castellano como "lengua vehicular" en la escuela.

La modificación llevó a los partidos de la oposición a recurrir al Tribunal Constitucional (TC), pero el terremoto político también tuvo repercusión en el otro lado. ERC quiso apuntarse un tanto por haber "blindado" la inmersión lingüística en Cataluña, pero Junts y PDeCAT trataron de rebajar el acuerdo al considerar, en palabras de Laura Borràs, que "no se ha blindado nada, ni se avanza en el reconocimiento de la pluralidad lingüística". Ni siquiera apoyaron la famosa enmienda.

Ahora, a raíz del fallo de los jueces, vuelven a cargar contra los republicanos y han pedido la comparecencia de Celaá en el Congreso de los Diputados "para que dé explicaciones sobre qué acciones va a emprender el Ministerio de Educación para garantizar el modelo de inmersión lingüística en el sistema educativo de Cataluña".

Piden comparecencia de Celaá
La iniciativa fue registrada este martes por el PDeCAT y el diputado Sergi Miquel recordó que "nosotros ya advertimos que la Ley Celaá –que pactaron PSOE, Unidas Podemos y ERC– no blinda el modelo de inmersión lingüística, y por este motivo nos parece un escándalo la gestión que han hecho algunos partidos y el Departamento de Educación".

"Queremos que la ministra explique cómo va a proteger el modelo de escuela catalana si una sentencia del TSJC dice que la Lomloe no tiene valor alguno para hacerlo", apuntó.

El portavoz de estos en el Congreso, Gabriel Rufián, se ha visto empujado a calmar los ánimos ante las críticas. "La Lomloe no fija cuotas de castellano. Blinda el catalán como lengua vehicular. El TSJC hace lo que siempre ha hecho: anticatalanismo. El Tribunal Constitucional no impugna la inmersión. El Gobierno continuará aplicando la Ley Educativa Catalana. El resto es intoxicación", defiende Rufián.

"Churchill decía que podías engañar mucha gente durante poco tiempo y a poca gente durante mucho tiempo, pero nunca a mucha gente durante mucho tiempo. Está claro que no te conocía a ti, Gabriel Rufián. Las cosas como son: en eso eres bueno", responde el abogado Josep Rosell i Fossas. Otro usuario de las redes sociales añade: "Sí, sí, eso se lo dices a los dos colegios que tienen que cumplir con la decisión del TSJC. Trilero".

El fallo contra el modelo de inmersión
Las escuelas públicas objeto de las denuncias no contemplaban el carácter vehicular del castellano como lengua oficial, junto con el catalán, lo que llevó a algunos padres a llevar el asunto a los tribunales. Los fallos del TSJC, a los que tuvo acceso Vozpópuli, reiteran que "es constitucionalmente obligado que las dos lenguas cooficiales sean reconocidas por los poderes públicos competentes como vehiculares".

Las históricas sentencias no solo obligan a dar más clase en esta lengua en el aula de los padres que lo piden, sino que extienden la exigencia a todo el centro

Los jueces reconocen a los denunciantes "el derecho de sus hijos menores a recibir, durante su enseñanza obligatoria, junto con sus condiscípulos, en el centro y curso en el que sigan sus estudios, una enseñanza que incluya el castellano como lengua vehicular, en proporción razonable".

Al menos un 25% de la enseñanza ha de impartirse en castellano. Las históricas sentencias no solo obligan a dar más clase en esta lengua en el aula de los padres que lo piden, sino que extienden la exigencia a todo el centro en su conjunto.


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