AGLI Recortes de Prensa   Viernes 9  Abril  2021

Marlaska, dimisión
EDITORIAL. https://gaceta.es 9 Abril 2021

Con los hechos ocurridos ayer en Vallecas, el ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, ha completado su semana fantástica después de conocer la sentencia sobre el caso del coronel Pérez de los Cobos, con otra demostración de que estamos ante uno de los más tristes ministros del Interior de nuestra historia constitucional y que su dimisión o su cese son un asunto de interés nacional y una causa de pura defensa de la libertad y de la democracia.

La dejación de la Policía bajo el mando de Grande Marlaska a la hora de controlar el acceso a los violentos que ayer fueron a reventar un acto electoral de VOX como es la presentación de sus candidatos, no es ineficacia, porque conocemos la capacidad demostrada de la Policía Nacional curtida en mil eventos mucho más complicados. Es una acción política deliberada que desde el poder busca vincular a VOX con la violencia, da igual si la condición de la formación de Santiago Abascal es siempre la de víctima de la violencia.

La posibilidad de celebrar en libertad y en paz todos los actos de un partido democrático, legal y al servicio de España, es un imperativo que mide, como ningún otro, la temperatura democrática de una nación y de sus gobernantes. Santiago Abascal tuvo millones de razones, tantas como votos, además del Código Penal y la Ley Electoral, para negarse a suspender el acto de presentación de candidatos a las elecciones en Madrid y exigir a la Policía que despejara la Plaza de la Constitución del barrio de Vallecas, una Constitución tan violada ayer por la chusma antifa violenta convocada con impunidad desde casoplones serranos no tan lejanos.

“Esto no pasa en ningún otro país de Europa“, gritó ayer Abascal mientras a su alrededor, sobre sus compañeros y sobre sus simpatizantes, volaban botellas, ladrillos, amenazas y latas puntiagudas que privaron a los ciudadanos su derecho a recibir información libre sobre los candidatos de un partido político. Por eso, porque el Gobierno consiente y ampara el hecho lamentable de que España se haya convertido en la excepción europea, es por lo que el ministro Grande Marlaska debe cesar al instante y su actuación, investigada para depurar posibles responsabilidades penales.

Ocioso es decirlo, pero el uso de las fuerzas de seguridad para intereses ilegítimos es la peor forma de corrupción posible, mucho más nefasta que la económica porque el perjuicio es mucho mayor y de consecuencias funestas que la Historia ya conoce. A estas alturas, después de dos años de desgobierno que han causado pérdidas irreparables a la sociedad española, apelar a la responsabilidad del presidente del Gobierno, el que se concede un notable alto por su gestión de la pandemia, es una lastimosa pérdida de tiempo. Pero nos daba cosa no intentarlo. Queda hecho, por tanto, el esfuerzo inútil de escribir que Sánchez debe reflexionar sobre su responsabilidad ante los hechos futuros que siempre se derivan de los delitos presentes.

Errar el diagnóstico: el problema es el dr cum fraude.
Nota del Editor 9 Abril 2021

El problema de España es el dr cum fraude. Dedicarse a defenderse de todos los sicarios que tiene en plantilla es una muestra de buena voluntad pero de una ineficacia absoluta.

Violencia contra Vox: Marlaska lo sabía, pero se lavó las manos
OKDIARIO  9 Abril 2021

La actuación policial evitó que los violentos de ultraizquierda que descargaron su ira contra los dirigentes de Vox en Vallecas causaran más daño. De modo que sólo cabe aplaudir la intervención de los agentes. Lo que resulta criticable es que la Delegación del Gobierno de Madrid, dependiente del Ministerio del Interior de Fernando Grande-Marlaska, no desplegara un operativo con mayor dotación, toda vez que desde desde días antes la Policía tenía la certeza de que grupos de alborotadores violentos iban a reventar el acto. Y de que esa misma mañana, como publica OKDIARIO, un testigo dio la pista definitiva de que algo grave se estaba organizando en Vallecas. Concretamente, un ciudadano alertó a la Policía de que un grupo de personas entraba y salía de un local portando objetos como palos, mochilas y carteles. Hasta el punto de que agentes de la Brigada Provincial de Información de Madrid se desplazaron hasta el lugar indicado por el denunciante y comprobaron la existencia del local. En cualquier caso, el hecho de que a través de las redes sociales se estaba animando a reventar el acto de Vox reafirmó el convencimiento policial de que lo que se estaba preparando iba a ser grave. De hecho, los agentes detectaron en las redes mensajes que han acabado en detenciones precisamente por poder ser hechos constitutivos de delitos de odio o incitación a la violencia.

En estas circunstancias, la pregunta es obvia: ¿Por qué la Delegación del Gobierno no consideró necesario incrementar la dotación policial? ¿Cómo es posible que si la Policía tenía confirmación de las violentas pretensiones de los jóvenes de ultraizquierda el ministro del Interior no ordenara reforzar el dispositivo para evitar lo ocurrido? Sorprende que habiendo confirmado que grupos organizados iban a desatar actos de violencia, Marlaska se lavara las manos. Resulta, sencillamente, inexplicable. Bueno, no tanto. ¿Será porque el mitin lo organizaba Vox? Verde y con asas.

No son fascistas
Carlos Esteban. https://rebelionenlagranja.com 9 Abril 2021

No, no son ‘fascistas’. Claro que no son fascistas. Porque nadie es hoy fascista, ni siquiera esos cuatro niñatos con ganas de gresca que se llaman a sí mismos ‘fascistas’ o ‘neonazis’ para escandalizar a sus mayores. No hay fascistas como no hay gibelinos o agramonteses, porque el fascismo, una confusa y breve anomalía hija de las circunstancias del periodo de entreguerras fue definitivamente aplastado bajo una montaña de cadáveres en 1945.

Pero, míralos, mira cómo atacan al disidente, cómo manipulan con una propaganda incesante, cómo recurren a la violencia callejera: ¿no te recuerdan a los escuadristas del Fascio italiano o a los camisas pardas del NSDAP? Sin duda, como cientos de miles de movimientos, facciones, partidos y bandas de la porra desde que el mundo es mundo.

Pero, ¿no tiene más sentido llamarles lo que son? Quiero decir, esa ideología que estaba ya cuando llegó el fascismo y que continuó hasta hoy, que durante décadas se impuso en un tercio del planeta, que provocó unos cien millones de muertos, miseria, represión brutal y un océano de mentiras. Vamos, que se les puede y debe llamar ‘comunistas’.

Cada vez que se les llama “fascistas”, sonríen. Cada vez que se les llama “fascistas” saben que han triunfado, porque nadie escoge lo menor si tiene acceso a lo mayor. Cada vez que se les llama “fascistas” se está diciendo implícitamente que el comunismo no es tan malo, se está admitiendo tácitamente su discurso como válido.

Reconozcamos a Isabel Ayuso el mérito de haberlo entendido -y haber entendido que seguir con la broma es resignarse a perder siempre- cuando dijo sonriente que si le llamaban fascista, algo bueno estaría haciendo. El escándalo que provocó esa respuesta es el de Tartufo, y reflejo de la rabia de comprobar que el conjuro está dejando de funcionar.

No, esos ladrillos volando en Vallecas son comunismo puro, pata negra. Es la izquierda de siempre, es la izquierda de las checas y los paseos, es la izquierda que en nuestro país ha matado a más presidentes del gobierno que ninguna otra ideología, que más golpes de Estado ha dado que ninguna otra ideología. Dejemos de esperar de ella otra cosa que lo que lleva en su ADN desde el origen. Y llamémosla de una vez por su nombre.

El Estado de derecho y el fin del estado de alarma
EDITORIAL Libertad Digital 9 Abril 2021

Ya resultó lamentable que el Gobierno aprobara en su día un estado de alarma que no pocos juristas de prestigio calificaron de “estado de excepción encubierto”. Más bochornosa todavía fue su decisión de prorrogarlo durante seis meses de una tacada, decisión clamorosamente inconstitucional por mucho que a estas alturas el Tribunal Constitucional no haya tenido la decencia de pronunciarse al respecto. Aun así, más escandaloso sería ahora prorrogar la vulneración de derechos fundamentales que conllevan los confinamientos, los toques de queda y los cierres perimetrales generales una vez haya concluido –tal y como ha anunciado Pedro Sánchez– el estado de alarma el próximo 9 de mayo.

Y es que, sencillamente, no es posible limitar de manera extensiva y general el derecho fundamental a la libertad de movimiento por el territorio nacional ni prohibir la circulación en determinadas franjas horarias basándose sólo en decisiones gubernamentales, por muy consensuadas que estén entre las distintas autonomías. Para ello es imprescindible que esté activado el artículo 116 de la Constitución, que contempla los estados de alarma, excepción y sitio.

Pese a lo anterior, no faltan representantes autonómicos de todos los partidos –excepto Vox– interesados en prorrogar este demencial estado de cosas una vez haya expirado el estado de alarma, que, aun de forma artera, ha venido amparándolo.

Existen leyes y reglamentos en materia sanitaria y en el ámbito de la lucha contra las enfermedades infecciosas que, con oportunas reformas que los dotaran de mayor claridad y precisión, podrían permitir ciertas restricciones puntuales, sin llegar a los extremos que estamos padeciendo. Este fue de hecho el plan B que Pablo Casado planteó hace casi un año como alternativa al estado de alarma, que, aun así, el PP respaldó o no rechazó. Y, ciertamente, por aquellas fechas en las que todavía no se disponía de material de protección suficiente, en las que no se avistaba todavía la posibilidad de una vacuna y en las que sólo cabía aislarse para evitar el contagio, hubiera sido una alternativa válida.

A estas alturas, en las que no falta ni material de protección ni posibilidad de analíticas y en las que ya hay varias vacunas en circulación, no se trata de encontrar la vía jurídica adecuada para seguir confinando a la ciudadanía y paralizando la vida laboral y cotidiana, sino de inmunizar a la población con la mayor celeridad y seguridad posible. Esta es la batalla que la oposición debería estar librando contra el Gobierno, no la de insistir en confinamientos y restricciones que no solucionarían el problema sanitario, perpeturarían la crisis económica y harían necesario, para cada caso, el aval de los tribunales, si no se quiere incurrir en la mayor de las inseguridades jurídicas.

Pero, en fin, hay políticos que no aciertan ni cuando rectifican.

La habilidad de Pedro Sánchez para ponerse medallas y rechazar responsabilidades
“Es más fácil engañar a la gente, que convencerlos que han sido engañados”, Mark Twain
Miguel Massanet. diariosigloxxi 9 Abril 2021

Todos sabemos que el régimen comunista desde, el bolchevismo de la Unión Soviética hasta el del recientemente implantado del neocomunismo de los países latino-americanos, han venido utilizando el método del engaño, la mentira, la tergiversación junto a la descalificación sistemática de quienes se oponen a este sistema político, que no ha conseguido más que fracasos en todos aquellos países en los que ha estado gobernando con la agravante de que, una vez instalado en el poder, suprime todo rastro de democracia para convertirse en un sistema de gobierno absolutista y totalitario en el que, los derechos de los ciudadanos, desaparecen para convertirlos en meros sujetos de deberes, obligaciones y simples lacayos del poder, sin derecho a protesta o reclamación ante los tiranos dictadores que los gobiernan.

En España, por desgracia, ya llevamos unos años en los que la democracia de la que nos dotamos los españoles, para dar el salto de la dictadura del franquismo al sistema de partidos y al régimen de monarquía parlamentaria, mediante los puntos recogidos en nuestra Constitución de 1978, ha ido cediendo ante la aparición de un partido nacido de la revolución del 15M, de origen y con el apoyo de la tiranía de Maduro en Venezuela, dirigida por Pablo Iglesias y alentada desde el extranjero por quienes tienen el poder económico y la influencia para intentar derrocar el actual sistema de gobierno del que veníamos gozando, con la malévola intención de efectuar un cambio de régimen, de tipo revolucionario, que le permita al comunismo internacional establecer una cabeza de puente en nuestra nación, desde donde intentar asaltar al resto de la UE.

Claro que, un programa tan ambicioso puede resultar difícil de poner en marcha hasta para un sujeto tan resabiado y carente de escrúpulos éticos y morales como es el señor Pedro Sánchez, para quién el decir la verdad, el actuar con honestidad política, el preocuparse por todo aquello que pudiera favorecer a la nación o el gobernar para todos los españoles, constituye la antítesis de lo que está dispuesto a hacer, por consistir lo contrario de lo que, precisamente, forma parte de sus planes para una nueva España, dividida, socializada, de economía centralizada, de libertades cívicas recortadas y de supeditación del individuo y sus derechos ( incluido en primer lugar el de propiedad) a los planes estatales y a las conveniencias políticas de los gobernantes, aunque ello pudiera conducir indefectiblemente a una situación de desplome económico y de caída en picado de nuestro sistema productivo.

El señor Sánchez ha encontrado en la crisis sanitaria de la Covid 19 un inesperado aliado que le ha permitido adelantar sus planes de tener controlada a toda la nación, bajo la excusa de tener más libertad para luchar contra la pandemia. El medio ha sido declarar el “estado de alarma”. Pero no como debería haber sido y como, sin duda alguna, lo previó el legislador cuando estableció este sistema, no olvidemos que limitado en el tiempo y extraordinario, con el añadido de la correspondiente vigilancia de la cámara baja, circunstancias que no se han tenido en cuenta en la forma, poco ortodoxa, con la que se ha venido aplicando por el gobierno del señor Sánchez poco amigo de hacer caso de estas “minucias” de tipo legal. Se ha pasado por el arco del triunfo la renovación, cada quince días, de la declaración y consiguiente permiso del Parlamento para promulgar un estado de alarma hasta el mes de mayo. Se ha decidido a apartarse de la responsabilidad de responder por las medidas tomadas por el ejecutivo delegando en las CC.AA, o sea, el tomar las decisiones respecto a lo que afecte a la incidencia del virus en cada comunidad, lo que ha supuesto que no ha existido unidad alguna en cuanto a las distintas formas de enfocar las medidas para luchar contra la pandemia y esto la ha permitido, al gobierno de la nación, criticar a los responsables de las autonomías que estaban dirigidas por los partidos de la oposición, mientras ha favorecido, descaradamente, a los que estaban bajo las órdenes de los partidos que apoyan al actual gobierno.

Sánchez y el cerebro gris del PSOE, el señor Redondo, decidieron poner en apuros a la comunidad madrileña, de las pocas que se han resistido a caer en manos de la izquierda, algo que no han podido digerir, mediante una batería de intentos de moción de censura en Murcia, Castilla y León y, según se estaba gestando en secreto, contra la comunidad madrileña. Fracasaron estrepitosamente, aunque Ciudadanos de la señora Arrimadas se prestó a una de estas jugadas sucias que demuestran la catadura y miseria de algunas personas a las que la ambición les hace desbarrar, algo que, con toda seguridad les va a hacer perder votos en Madrid, con la posibilidad de que no alcancen el porcentaje necesario para tener grupo propio en la comunidad. La señora Ayuso les madrugó y con una diligencia propia de una estadista consagrada decidió convocar, por los pelos, unas nuevas elecciones para el día 4 de mayo, lo que desbarató por completo la estrategia de los socialistas, que habían contado con el factor sorpresa para sacar adelante sus proyectos.

Sánchez no le iba a perdonar a Ayuso su fracaso y, desde aquel día, toda la maquinaria del Gobierno, del PSOE y de la prensa que le es adicta, unida a las TV y las Radios dominadas por ellos, la mayoría de las que existen en el país, se han lanzado a una campaña sin cuartel en contra de la señora Ayuso, su gobierno, su labor respecto a la Covid 19 y su propia persona. Por si faltara algo, el señor Pablo Iglesias, que se dio cuenta que desde su cargo de vicepresidente no consiguió su propósito de desgastar a su propio gobierno, decidió presentarse de candidato a la presidencia de la comunidad madrileña, constituyéndose en tercero en discordia, con posibilidades de perjudicar más al candidato Gabilondo que a la señora Ayuso, que ha tenido la ocasión de presentar estas elecciones como un enfrentamiento claro entre conservadores y comunistas lo que, a nuestro entender, la puede favorecer mucho en el resultado de las votaciones.

Otra vez Redondo y Sánchez, en tándem de conspiradores de la Moncloa, han decidido jugar sucio y se han lanzado, desde la propia Moncloa, algo que la comisión electoral debería estudiar si está permitido que, institucionalmente, un jefe de gobierno puede hacer campaña a favor de un aspirante a dirigir una autonomía. Pero, una vez más, ha decidido aprovechar la ocasión de que van a llegar desde Europa una nueva tanda de vacunas para el coronavirus, algo en lo que él no ha tenido parte alguna ya que se distribuyen de acuerdo con un plan de reparto determinado en todas las autonomías, para hacer una de sus raras comparecencias, ante los españoles, para colgarse la medalla de que, por fin, los españoles puedan vacunarse. No lo ha hecho cuando las vacunas se retrasaban ni cuando dijo, hace un año, que la pandemia se había acabado y luego fue falso. Ahora habla de que un 75% de los españoles estarán vacunados para agosto, sin acordarse de que hace poco dijo que lo estarían para mayo, fecha en la que acaba el plazo legal para mantener el estado de alarma. Sigue mintiendo y no le importa porque sabe que los españoles ya se han acostumbrado a que lo haga, si con ello se fastidia a las derechas.

No obstante, se le olvida a nuestro presidente el hecho de que, gracias a la dejadez y retraso de su gobierno, a los errores de su equipo de “expertos”, un equipo que luego resultó que no existía, han muerto en nuestra nación más de 90.000 contagiados del virus y que su gestión ha sido valorada, en Europa, como la peor de todas las que se han llevado a cabo por los distintos gobiernos, de las naciones de la CE. Su colaborador directo en la función de tener engañados a los españoles durante todo el tiempo que hemos estado padeciendo los embates de la pandemia, el señor Fernando Simó, ha dado muestras de su cara dura, de su inutilidad, de su adicción incondicional al gobierno y de su desvergüenza por decir un día una cosa y, al día siguiente, todo lo contrario; sin que ello le afectase lo más mínimo y sin que el gobierno tuviera el buen sentido de relevarle de su cargo por inútil e incapaz para la misión que se le encomendó.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, lo que venimos constatando es que el señor Sánchez se ha venido aprovechando del estado de alarma para gobernar por medio de decretos leyes lo que priva a los ciudadanos de la posible criba por parte del Parlamento previa a la publicación de cualquier ley. Por otra parte ya es un insulto a la inteligencia del pueblo español la forma completamente absurda que tiene de solamente presentarse en aquellos casos en los que puede dar una buena noticia, veraz o inventada o, en el caso de que la noticia sea mala o no le favorezca y pueda perjudicar a su imagen pública, la ruindad y la desvergüenza de dejar que sean los dirigentes de las comunidades los que respondan de ellas, mientras él se mantiene alejado evitando sus responsabilidades como presidente del Gobierno. Y una frase interesante de Jaume Perich: “Gracias a la libertad de expresión hoy ya es posible decir que un gobernante es un inútil sin que nos pase nada. Al gobernante tampoco”. Una verdad como un templo.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Contra la violencia y el odio
La izquierda convierte cada campaña electoral en un ejercicio de cainismo ideológico y revanchista, en el que el radical agresor es el garante de las libertades, y el agredido, el fascista
Editorial ABC 9 Abril 2021

Presentar la violencia como una herramienta legitimadora de unas ideologías en detrimento de otras no es solo una burla al sentido común, sino una peligrosa estrategia política de nefastas consecuencias. Nuestra historia tiene antecedentes sobrados, tantos como para haber aprendido hace mucho tiempo de ellos y del daño que hacen a la democracia. Cada vez que arranca un proceso electoral, la izquierda más radical resucita el guerracivilismo como fórmula para lograr votos. Primero, agita a sus votantes con mensajes falsos sobre un pretendido fascismo renacido en España, cuando en realidad el votante mayoritario de la derecha es moderado y constitucionalista. Después, se genera el caldo de cultivo mediático-social oportuno para la agitación callejera y se normaliza la doble vara de medir ideológicamente al votante. Y finalmente, se ejecuta una estrategia borroka de acoso al conservador identificándolo con una amenaza para la democracia, a la par que se blanquea al izquierdista como el pulcro garante de la esencia de las libertades. Podemos, Mas País, o el propio Partido Socialista, lo han hecho incluso con terroristas como Arnaldo Otegui. De este modo, la izquierda siempre lucha frente a una amenaza ultraconservadora contra la democracia, y para ello utiliza, justifica y ampara estrategias de campaña equiparables incluso con la guerrilla urbana, como si la normalización de la violencia fuese una exigencia moral irreprochable. Todo es útil si le sirve para criminalizar a la derecha y a sus votantes sin distinción, sin matices y sin escrúpulos.

El enrarecimiento de cada campaña se ha convertido en sistémico. Todas tienen ya un tono de revanchismo cainita basado además en una inmensa mentira. Pero hasta en la prostitución del lenguaje la izquierda radical ha pervertido la política, y con ella, nuestra convivencia. Cada partido tendrá que asumir las consecuencias, especialmente el PSOE, porque de nada sirve que unos ministros de su Gobierno respalden a la Policía frente a las agresiones que sufre, y otros la maltraten por hacer cumplir la ley. España es el único país del mundo en el que la mitad de una coalición desprecia a la misma Policía que cumple órdenes de su propio Gobierno. La contradicción resulta delirante, más aún cuando es el PSOE quien suscribió el pasado 7 de abril un comunicado conjunto con Más Madrid y Podemos en el que decían «denunciar la provocación de Vox en Vallecas». Es insólito que el PSOE tilde de provocador a un partido con la misma legitimidad, autoridad moral y aval democrático que él para celebrar sus mítines en libertad, y allá donde les plazca. El doble rasero de la izquierda se hace así insoportable, más aún cuando recientemente Pedro Sánchez agradeció textualmente a Vox y a Santiago Abascal su «sentido del Estado» por permitirle aprobar el decreto de los fondos europeos.

Con su metalenguaje y su sectarismo, la izquierda también pretende adueñarse físicamente de territorios en los que se ha arrogado el falso derecho a expulsar de ellos a quien considere oportuno. Es la estrategia de la fobia y el rencor elevado a la enésima potencia, pero Podemos o el PSOE no son nadie para repartir credenciales de legitimidad. No hay nada peor que invocar la libertad negándosela a los demás de manera excluyente y dictatorial, y menos aún si incitan a la violencia, la amparan o la justifican. En España solo la izquierda incendia las calles. Eso no es opinión. Es un dato. Y eso no es libertad. Es odio.

Odio y terrorismo
Nota del Editor 9 Abril 2021

Eso de la gerrilla urbana puede sonar  heróico si donde se hace es contra la opresión asesina del comunismo en Cuba, Venezuela, Corea del Norte o cualquier otro de los abundantes países donde la ciudadanía está siendo arrasada, pero lo que hacen los comunistas en los actos de Vox es terrorismo. Y el dr cum fraude sigue destrozando lo poco que ya queda de España.

Abascal retrata a Marlaska bajo las piedras
Marcel Gascón Barberá Libertad Digital 9 Abril 2021

Yendo a los lugares donde quiere vetarles la izquierda, Abascal y los suyos nos dan una medida de lo amenazada que está la democracia en España.

La izquierda, toda la izquierda y no solo la ultraizquierda como pretenden algunos para seguir rescatando al PSOE, había preparado convenientemente el terreno. En un manifiesto profundamente totalitario, Más Madrid, el PSOE y Unidas Podemos expresaban su apoyo a las protestas contra el mitin de Vox en Vallecas, uno de esos barrios obreros que el rojerío acaudalado trata como reservas de indios navajos.

Según el manifiesto, de inconfundible inspiración batasuna, Vox no tiene derecho a hacer campaña en lugares como Vallecas. La presencia de los de Abascal allí era por sí misma una provocación. Cualquier incidente violento sería, por tanto, imputable a Vox, si bien los firmantes pedían evitar encontronazos. No porque la defensa del barrio del peligro ultra no mereciera algo de sangre, sino por el rédito electoral que de los desórdenes pudiera sacar Vox.

Decenas, si no centenares, de agitadores hicieron suyo el argumento de los partidos del Gobierno y Más Madrid concentrándose cerca del mitin con una misión clara: que Vox no pudiera celebrar un acto al que amparaban todos los derechos constitucionales. Tras pasarse la tarde amenazando a los vecinos que votan verde con llamamientos guerracivilistas al asesinato (“¡A por ellos, como en Paracuellos!” es un buen ejemplo), estos agitadores itinerantes a los que los medios siguen llamando "antifascistas" pasaron a la acción nada más aparecer Abascal, Monasterio, Olona y Ortega Smith.

La minifalda de Abascal
Miquel Giménez. vozpopuli.es 9 Abril 2021
En Vallecas llueven piedras en un acto de Vox. Treinta y cinco heridos, veinticinco son policías. Los agresores comunistas y sus lacayos dicen que la culpa es de Abascal. Eso es

Van provocando, sería el resumen del asunto. Que un partido legal, constitucional, con los permisos en regla y en plena campaña electoral decida en función de su leal saber y entender dónde y a quién quiere hacer llegar su mensaje es una provocación. Ya lo saben, al fascismo se le combate y bla bla bla. Los comunistas, hay que llamarlos por su nombre, entienden que la violencia está justificada cuando se trata del otro, del que no es de los tuyos, del enemigo. Porque esta harka no tiene adversarios, tiene enemigos. Y la culpa de todo, insisten ellos y muchos políticos y periodistas, es de Abascal, que va a provocar en un barrio en el que no se le ha perdido nada. Como en el tristemente célebre caso de la minifalda, van provocando y luego pasa lo que pasa.

Ya pueden decir que hay que condenar la violencia venga de donde venga, que se les ve el plumero más que a una vedette de revista. Porque la violencia en España viene de los mismos: comunistas, okupas, separatas, Bildu etarras y demás miembros de esa especie de Santa Compaña que pretende enterrar a toda una nación con tal de salirse con la suya. Miren, señores progres descremados en público y cargados de odio en privado, lo que se sustenta tras sus cobardes declaraciones es que solo ustedes pueden decidir dónde y cuándo han de ir los partidos. Solo ustedes tienen patente de corso para apropiarse de calles y plazas. Solos ustedes tienen la altura moral imprescindible para negar a los oídos de los trabajadores otro mensaje que no sea el suyo, el de siempre, el cainita, el revanchista, el que engaña.

Luego, sale Pablete diciendo que Abascal empezó todo, que cruzó el cordón policial, que, en definitiva, como llevaba minifalda e iba provocando, causó todo ese lío. Acabáramos. El meollo del discurso es que si dices lo que yo digo puedes ir donde quieras y vomitar a placer desde cualquier rincón de España, uy, perdón, del Estado español. Pero si no eres así, si formas parte de la disidencia, amigo, lo llevas crudo. En Cataluña sabemos mucho de esto, de els carrers serán sempre nostres, de poblaciones en las que declaran personas non gratas a líderes de partidos defienden la constitución. Sabemos todo lo que hay que saber de escraches, cuando no agresiones, a Arrimadas, a Cayetana, a Girauta, a Cañas, a Albiol, incluso a ese Pesecé melifluo que nunca será a los ojos de los totalitarios más que un conjunto de tontos útiles mencheviques a los que ya se les pedirán cuentas cuando toque.

Lo que sucede es que Abascal es mucho Abascal. Y Monasterio. Y toda la gente que, ejerciendo su legítimo derecho a la libre manifestación, se reunieron para escuchar una propuesta política. Y como a Santiago lo ha amenazado ETA y sabe muy bien lo que eso suponía –y supone, ojito– en nuestro país, los violentos de Kelly que se juntaron delante de él no iban a hacerle callar. Mucho tío para tan poca enjundia humana. Independientemente de lo que uno vote, a este hombre y a la gente de Vox hay que reconocerles que su coraje y su entereza son dignas de toda admiración. Y no vale el sí, pero no. Porque lo que hoy le hacen al partido verde mañana se lo pueden hacer al suyo, porque los que amenazan a uno de Vox mañana lo pueden amenazar a usted, porque todas las dictaduras comienzan cuando los pusilánimes contemporizan con el monstruo. Nada de eso.

Abascal va a Vallecas, sí, ¿qué pasa? El problema no es su minifalda, el problema lo tienen los babosos que se muestran excitados ante la misma y arrojan piedras y lo que les viene a mano. Mucho rollo con el hermana yo sí te creo –a ver qué cuento sueltan con la chica que afirma que fue acosada presuntamente por Iglesias, Monedero y otro pájaro – y mucho poner cara de bonico. Pero aquí hay lo que hay: o se ilegaliza a Podemos como partido que ampara la violencia y promueve delitos de odio o esto acabará con algo más que piedras. Por eso defender que Vox vaya donde le plazca no es defender a ese partido, es defender el sacrosanto derecho que todos tenemos a decir lo que más nos acomode en el lugar que mejor nos parezca. Sépanlo los tibios y los maricomplejines. Vox en estos momentos decisivos representa la libertad de expresión y en esa causa estamos todos comprometidos, seamos de estos o de los otros.

Recuerden: en los campos de exterminio y en los gulags las diferencias ideológicas se desvanecen. Solo hay víctimas y verdugos. Es importante no olvidarlo.

El castellano: entre la voz y el silencio
Manuel Peña Díaz. cronicaglobal 9 Abril 2021

Con sus recientes emulsiones, el coro nacionalista ha vuelto a recordar cuán necesario es para sus objetivos continuar con la repre(n)sión de la práctica de hablar en castellano (o español) en Cataluña. Es larga la recua de defensores del catalán como lengua única, con el delirante argumento de ser lengua propia y el no menos paranoico de estar sometida a un pretendido y planificado proceso de sustitución, que desde 1714 está aplicando el “malvado” Estado español. De Aurora Madaula, Laura Borràs o de tantísimos otros fanáticos ---a los que les repugna oír el castellano en el Parlament-- se puede esperar todo, pero al común de la “progresía” no catalana le ha sorprendido el argumento identitario de Josep Ramoneda en su crítica al bilingüismo parlamentario de Illa. Harían bien esos ciudadanos, desprevenidos o autoengañados, en aplicar términos como “puertas giratorias” o “salidas del armario” a este tipo de gestos y comentarios que, de tanto en tanto, practican sujetos con profundas convicciones nacionalistas, es decir, reaccionarias y excluyentes.

Lejos de ser parte de un supuesto plan de aniquilación del catalán, el castellano pervive porque es parte fundamental de los espacios de la voz en Cataluña. Dirán los nacionalistas que esta presencia es, por ejemplo, gracias a tantas cadenas de radio o de televisión que emiten en español, quizás, pero entonces deberían añadir también a las redes sociales como parte de ese premeditado proyecto de destrucción lingüística. Visto así, la acumulación de volúmenes en castellano en librerías y bibliotecas, públicas o privadas, son también un simbólico ejército de ocupación. ¡Cuántas veces habrán soñado muchos nacionalistas con una enorme pira de libros por Sant Joan en la plaza Sant Jaume!

No sólo hablar, para los nacionalistas fanatizados también leer en castellano puede ser un gesto que delate al hereje. No se extrañe la ciudadanía si un día de estos, algún ideólogo hispanófobo condena públicamente aquellas prácticas lectoras que resisten al adoctrinamiento de la sagrada palabra nacional y monolingüe. Tal y como hizo en 1612 el Inquisidor General, Bernardo de Sandoval, con la prohibición de libros que contenían doctrina de herejes: “que por ningún medio tanto se comunica y dilata como por el de los libros que, siendo maestros mudos, continuamente hablan y enseñan a todas horas y en todos lugares, aun a los que no pudo llegar la fuerza de la palabra”.

La distopía Farenheit 451 de la república catalana ya es no sólo imaginación, es una realidad palpable. El nacionalismo únicamente necesita aprobar su propia Constitució, hasta el Consell tienen. Sus fervientes seguidores ya piensan y escriben con términos culturales, políticos y jurídicos que se amparan en ese anhelado texto fundacional y esencialista. Es comprensible que en su imaginario el castellano deba ser silenciado. Ha de ser muy doloroso que, en su cotidiana vida nacional, se haga pública cualquier expresión en la voz del enemigo.

Uno de los errores del nacionalismo etnolingüístico con cascarón republicanista es confundir público con poble. El público tiene proporciones gigantescas, lo invade todo. Es una gran masa amorfa en constante movimiento, con la que se siente muy incómodo el poble, otra masa modelada por los dirigentes nacionalistas y nutrida con el 25% de electores que les votan. Existe una evidente tensión entre el vulgo catalán y la élite catalanista, un conflicto que no se resolverá, entre otras causas, mientras el catalán sea considerado la única lengua propia y el castellano en Cataluña sobreviva entre la voz y el silencio. Porque no es sólo identidad, es también negocio.
Recortes de Prensa   Página Inicial