AGLI Recortes de Prensa   Lunes 12  Abril  2021

Piketty y los tontos contemporáneos
Miguel Ángel Belloso. okdiario 12 Abril 2021

Cuando algunos años después de empezar a trabajar en el diario económico Expansión, donde me he criado, llegué a ser su director, entre 1999 y 2002, se me ocurrió que para rematar mi faena, que consistió en iniciar y robustecer la línea editorial en favor de la economía de mercado y del liberalismo como filosofía política, sería muy oportuno editar todos los años, con motivo del aniversario, un suplemento que profundizara en las tesis que defendemos la gente normalmente bien constituida intelectualmente, que ha superado la fase de la prueba y del error. Lo llamé ¡Viva el capitalismo!

La razón principal de esta iniciativa es que, a mi juicio, la sociedad española, ya con Franco y su paternalismo, y después bajo la égida de Felipe González y sus sombríos herederos ha vivido permanentemente sometida al paradigma socialista. Este consiste en la importancia del Estado en su papel de socorro de las necesidades de los individuos, aunque no sean perentorias ni jamás constituyan derecho alguno, en su activismo en la prestación de bienes y de servicios regularmente de manera ineficiente, en su monopolio de la mala educación de las personas y de las conciencias, y finalmente en su protagonismo en la redistribución fatal de la renta, extrayendo coactivamente recursos de los que más ganan -en un régimen criminalmente progresivo- para regar de subvenciones y de ayudas a personas todavía capaces de generar riqueza a fin de aniquilar su instinto natural para la supervivencia así como sus dotes creativas, todo ello con el objetivo indisimulado de tener una red clientelar destinada a perpetuar a la clase dominante en el poder.

En estas me encuentro con que Thomas Piketty, el intelectual de moda que ha propuesto la extravagancia de que el Banco Central Europeo condone la deuda que ha ido comprando masivamente a los estados miembros de la UE, acaba de publicar un libro que se titula ¡Viva el socialismo! En condiciones normales, los vinos bien alimentados y construidos suelen madurar exitosamente según pasa el tiempo. Con los individuos suele ocurrir algo parecido. En la juventud, que es la época más descabellada de la vida, mitificada espuriamente por la izquierda, es corriente que los chicos sean, digamos progresistas, y a veces violentos. Que sean rebeldes sin causa, que tiren piedras a la policía y que se resistan a la autoridad.

Luego por fortuna esta gente se da cuenta de las estupideces repetidamente cometidas y suele entrar en razón, es decir, se hace de derechas. Le preocupa conservar y enaltecer sus propiedades, exige llevarse a casa el mayor fruto de su trabajo -y por tanto defiende pagar los menores impuestos posibles-, y se opone a que un porcentaje cada vez más notable de la población viva de la sopa boba por la simple razón de que unos Gobiernos incompetentes, normalmente los socialistas, destruyen los incentivos consuetudinarios para que las personas abandonen la pobreza y prosperen.

Piketty es en cambio un ejemplo de anormalidad inquietante. Habiendo sido liberal en la juventud ahora de mayor piensa que “el hipercapitalismo ha ido demasiado lejos”, y que hay que superarlo a través de una nueva forma de “socialismo entre otras cosas ecológico, mestizo y feminista”. Sólo estos tres últimos adjetivos, que son los que esgrime el Gran Timonel de España, el presidente Sánchez, bastarían para desacreditar a este presunto intelectual francés siniestro y peligroso. Entre otras cosas porque la premisa de partida, que es el dominio de un capitalismo salvaje sin freno, es notoriamente falsa.

Nunca en tiempos de paz, y ya antes de la pandemia, el nivel de gasto público había representado una proporción tan importante sobre el PIB en los estados desarrollados. La presión fiscal es tremendamente punitiva en todo el mundo occidental, y los programas de redistribución de la renta son fastuosos, aunque sus consecuencias sobre el bienestar de la gente sean ridículos y lo que es peor, francamente incapaces de conseguir que la población en peores condiciones sortee la trampa de la pobreza.

Según ha documentado y escrito Lorenzo Bernaldo de Quirós, España es el país europeo donde menos mejora la posición de la gente con niveles más bajos de ingresos después de recibir el riego abundante, indiscriminado y nocivo de las transferencias estatales. Para combatir la desigualdad no debida a la naturaleza -y esta es una cuestión inobjetable que repugna y es el origen de todas las confusiones del progresismo militante- habría que hacer reformas profundas en la educación, en las instituciones laborales y en los programas del estado de bienestar.

Pero la respuesta tradicional de la izquierda, y la del ‘sanchismo’ en vigor, es justamente la contraria. Una ley Celaá que profundiza en el adoctrinamiento sectario de los alumnos, relegando a segundo plano su formación y capacitación intelectual. Y una propuesta de contrarreforma laboral que va en sentido opuesto a las recomendaciones de Bruselas para flexibilizar el mercado de trabajo, abaratar el despido -que permitiría la conversión masiva de contratos temporales en fijos- y rearmar a las empresas, cuyo único objetivo es crecer cuanto más mejor, generar beneficios y producir el empleo correspondiente, ideas opuestas a las de la ministra de Trabajo comunista y ahora vicepresidenta Yolanda Díaz.

La receta tradicional socialista, bendecida ahora por el tonto contemporáneo que es Piketty, y que consiste en castigar a los individuos con niveles de renta elevados a través de una fiscalidad cada vez mayor, en laminar tributariamente la propiedad privada y en gastar cada vez más recursos públicos sin ninguna clase de resultado tangible sobre el bienestar y la prosperidad de los individuos equivale a incurrir una vez más en el error. A tropezar en la misma piedra.

Por mucho que le cueste aceptar a Piketty, el único modelo que permite que los pobres prosperen, dotándolos de los instrumentos adecuados para ello, ha sido y es el capitalismo. Y naturalmente, esta visión es incompatible con la concepción igualitarista de la izquierda, que con el pretexto de ayudar a los más vulnerables termina por encerrarlos en un gueto del que cada vez es más difícil salir, y que corre el riesgo de transmitirse de generación en generación.

Pero para que todo el engranaje de la izquierda funcione es preciso el concurso de muchos más tontos. El español por antonomasia es el ex director de El País Joaquín Estefanía, que opina que el equilibrio presupuestario es sencillamente “una tabarra” propia del neoliberalismo y de los economistas neoclásicos. Este señor, igual de siniestro e incluso más contumaz que Piketty -aunque sin su pedigrí-, se ha alineado ahora con los partidarios de la Teoría Monetaria Moderna, un disparate que defienden unos intelectuales americanos excéntricos, según la cual como un Estado soberanamente monetario puede imprimir billetes a discreción, cuando quiera, pues tiene una capacidad ilimitada para pagar los bienes que desee comprar o cumplir con los pagos prometidos, por escandalosos que sean, de tal manera que la insolvencia y la bancarrota de los países no son posibles, aunque la evidencia empírica haya demostrado sobradamente lo contrario desde hace siglos, en los antiguo reinos que ya acuñaban toda la moneda que querían sin evitar la quiebra. ¿Se puede ser más inepto?

En su afán de superar el capitalismo, una aspiración que considero afortunadamente inalcanzable, todos estos chicos, muchos de ellos entrados en años, madurando mal como los vinos que dan el petardo, son igualmente olvidadizos. Porque ¿qué sucede por ejemplo con la inflación, que es la consecuencia indeseable del aumento indiscriminado de la masa monetaria, que destruye los ahorros y que perjudica sobre todo a la gente en situación más precaria? ¡Ah, esto no lo habíamos pensado!, vienen a decir. Pero ya no se nos ocurrirá algo. Parafraseando a Groucho Marx, ese será el próximo objeto de deseo de estos tontos contemporáneos. Tratar de persuadirnos de que, así como el déficit público ha dejado de ser importante a causa del virus exportado por los chinos, la inflación tampoco será problema ni obstáculo de cara a consumar el delirio socialista bendecido por Piketty.

Pablo Iglesias y las piedras de Vallecas ponen a Vox en un primer plano del 4-M
FERNANDO LÁZARO. Madrid. El Mundo 12 Abril 2021

No eran pocos los que comenzaron a sudar gotas de considerable tamaño cuando conocieron la maniobra de Díaz Ayuso de adelantar los comicios de Madrid. Porque su estrategia no pasaba por unas contienda inmediata y de ese nivel. Porque sus análisis en la calle Bambú de Madrid pasaban por reposar y deglutar los enormes resultados obtenidos en Cataluña, por trasladar a la opinión pública y hacer que calara que se habían convertido en la primera fuerza política con representación en toda España asentada en Cataluña.

Pero la presidenta de Madrid (lista como el hambre y rápida de reflejos como pocos), que olió la maniobra de La Moncloa desde que arrancó en Murcia, no quiso sorpresas. Y tomó la delantera a todos. Casi, según algunos, hasta a los suyos de Génova. Porque si algo tiene Díaz Ayuso son impulsos y buenos asesores a la hora de tomar decisiones.

Pero a quien le pilló descolocado fue a Vox. La formación de Santiago Abascal quería tranquilidad política. Debate, si. Pero no una campaña tan cercana que evitaba siquiera paladear el 'efecto catalán'. Y menos, en Madrid.

Según explican desde las filas 'voxeras', ir partido a partido, semana a a semana, como lluvia fina lanzando mensajes era su horizonte. Porque miraban a verano, más bien después de verano. Incluso algunas voces apuntaban hasta a un adelanto de generales para el 20-N, otra vez.

Pero saltaron las alarmas. Se tocó alerta general y las mentes pensantes de esta joven formación pusieron bien cargadas las cafeteras. Porque, además, era y es una campaña intensa, rápida y difícil. Sin posibilidad casi de serenarse para tener ideas reposadas. Y, sobre todo, sin capacidad de corregir errores.

Las tormentas de propuestas se sucedieron. La intensidad de las reuniones del núcleo duro de Abascal fueron de máxima intensidad. Primero, interpretaron que era un buen momento para acudir a las urnas tras su éxito en Cataluña, por la cercanía. Si. Pero había un problema que consideraron mucho más relevante: la candidata del PP. No ya el PP. Los estacazos a Génova en general y a Pablo Casado en particular estaban ya en la agenda desde el minuto uno: ni olvidan ni perdonan los agravios personales de Casado al que fuera su compañero de partido "y amigo" Abascal en la moción de censura. Pero Díaz Ayuso no solo contaba y cuenta con muchas simpatías entre sus propios militantes y votantes. Es que, además, la corta legislatura que hemos vivido ha mostrado una gran cercanía entre las dos candidatas: la del PP y Rocío Monasterio. Porque, como bien recuerdan desde Vox, sin el apoyo de Monasterio y con las zancadillas de Ciudadanos, hubiera sido una legislatura aún más convulsa.

Por eso, la primera dificultad fue cómo enfrentarse a esa candidatura. Pero cuando los sesos de los pensadores echaban humo confiando en una campaña tranquila, sin mucho ruido y que pudieran cuando menos 'vender' sus actuaciones en Madrid, irrumpió la gran sopresa: Pablo Iglesias se presentaba como candidato y tomaba las rinedas de Podemos en Madrid. El riesgo de no llegar al 5% y quedarse sin representación era enorme. Al margen de interpretaciones domésticas de si es por conservar el poder, si es por otras causas, lo cierto es que a Vox se le abrió el cielo.

Porque si ya tenían claro que su centro de actuación y crítica tenía que ir por allí, por el pacto PSOE- Podemos, la irrupción de Pablo Iglesias despejó todos los nubarrones. Ahora, todo era más claro, más meridiano. Su enemigo tiene nombre, apellidos y foto para todos los suyos. El mero anuncio de Iglesias, según fuentes de Vox, logró amarrar a un importante porcentaje de indecisos que dudaban con Ayuso.

Por el camino, antes de que este 'lobo bueno' asomara las orejas, en la sede de Vox se tuvo claro que había que poner ya en primera línea de campaña a Santiago Abascal. No existían dudas sobre Rocío Monasterio, más bien al contrario. Pero entendían que había que meter toda la gasolina en el despósito, que Madrid es una visión nacional y que había que hacer un esfuerzo grande por ganar terreno, sobre todo si, como esperaban, Pablo Casado tomaba primera línea de actuación. Y allá que fue el de Bilbao a los actos.

No son pocos los que apuntan que elegir Vallecas para arrancar la campaña fue una provocación. Otros, definen la selección como un acierto estratégico. Porque en las generales se acercaron al 20% de los votos allí de donde se presume que provenía Pablo Iglesias.

Lo que nadie esperaba (bueno, algunos analistas policiales si) es que se liara la que se lió. Pero lo cierto es que queriendo o sin querer, Vox, que tenía una papeleta bastate complicada para los comicios del 4-M, se ha convertido en la protagonista de la precampaña de Madrid. Y si hasta ahora Sánchez y Casado tenían dudas de hasta qué punto se tenían que implicar en la campaña, ahora ya no tienen ninguna. Porque, días después, lejos de asustar con sus piedras los autodenominados antifascistas a los militantes de Vox, el camino ha sido el contrario y, por fortuna, trabajo en un periódico al que le gusta que los periodistas contemos las cosas porque las vemos, porque estamos donde hay que estar. Y allí estuvimos: en Vallecas, en Vicálcaro, En Torrejón, en Getafe... y lo que hemos visto (he visto) es que la gente sale y arropa a Vox no en un mitin (que aún no están convocados) sino en actos de apoyo a las mesas de recogidas de firma. Y se ve gente mayor, si. Pero sobre todo, jóvenes y familias.

¿Se estrellará Vox en menos del 5% en Madrid? La calle no parece que vaya por esos derroteros. Más bien, como apuntan casi todas las encuestas, tendrán la cifra clave para que el Gobierno de Madrid no cambie de manos. Ya queda menos para el 4-M. Por el camino, las imágenes hablan solas: Vallecas, Getafe, Vicálcavaro, San Fernando de Henares, Cercedilla, El Escorial... Esas imágenes de Monasterio (cadas vez más crecida, más contundente en sus mensajes) y Abascal demuestran que queda mucho partido aún.

El Estado como un bandido estacionario
Juan Ramón Rallo. elconfidencial 12 Abril 2021

Cuando los liberales decimos que “los impuestos son un robo”, muchos intelectuales enrocados en el 'statu quo' estatista se escandalizan. A su entender, los impuestos son herramientas para promover la justicia social, para resolver los fallos del mercado o, simplemente, para garantizar la vida pacífica en sociedad. Pero mucho me temo que con semejante réplica están confundiendo la naturaleza de los impuestos con sus presuntas y potenciales consecuencias positivas: que los impuestos se originen como un robo no es incompatible con que el ladrón pueda emplear su botín para promover que sus víctimas se mantengan productivas y, por tanto, sigan generando esa riqueza que este se dedica a robar.

De hecho, esta fue la intuición del gran Mancur Olson en su modelo de “bandidos itinerantes versus bandidos estacionarios”. 'Ceteris paribus', cualquier ladrón prefiere vivir en una sociedad rica antes que en una sociedad pobre, pues así dispone de muchos más objetivos que atracar. Ahora bien, cada vez que un ladrón roba a alguien, la sociedad se empobrece: el ladrón no produce nada valioso mientras está robando, sus víctimas ven reducidas las recompensas que obtuvieron por ser productivas y el gasto en seguridad y justicia tenderá a incrementarse a costa de otros servicios. Ahora bien, por mucho que el ladrón empobrezca la sociedad en la que reside, no tendrá incentivos a dejar de delinquir porque su porcentaje de participación en esa sociedad es muy estrecho: si redujera la magnitud de su robo, solo incrementaría infinitesimalmente la riqueza dentro de la sociedad que puede ser robada.

Tomemos alternativamente el caso de una mafia que monopoliza la exacción criminal dentro de un territorio y, por tanto, posee un porcentaje de participación amplio dentro de esa sociedad. La mafia sí tiene razones para autolimitarse a la hora de robar: imaginemos una sociedad con unos ingresos agregados de 100 unidades monetarias de los cuales la mafia se apropia de 95; en tal caso, a las víctimas solo les restarán cinco unidades monetarias después del atraco. Si, en cambio, los mafiosos reducen su porcentaje de parasitismo al 90%, entonces los ciudadanos verán duplicada su disponibilidad de renta hasta 10 unidades monetarias: si esa mayor disponibilidad les incentiva a volverse más productivos y a incrementar sus ingresos monetarios de antes del atraco hasta 110 unidades monetarias, entonces el botín de los mafiosos se incrementará: robarán más apropiándose del 90% de 110 (99 unidades monetarias) que con el 95% de 100 (95 unidades monetarias). Sí, exacto: esta es la misma lógica que aplican los gobiernos con la curva de Laffer.

Pero la actividad de la mafia no terminará aquí: si puede destinar parte de su botín a efectuar inversiones dentro de la sociedad que incrementen la productividad de sus víctimas, también tendrá incentivos a hacerlo. Por ejemplo, si la mafia determina que el tipo de extracción que maximiza su botín es el 50%, entonces invertirá una unidad monetaria en bienes públicos siempre que la riqueza social atracable aumente en al menos dos unidades monetarias. Por eso las mafias que monopolizan la exacción en un territorio tienen incentivos a proveer servicios de seguridad frente al crimen que no ejerce ella misma (prohibir el asesinato, pues las víctimas dejan de producir riqueza atracable; o prohibir los robos, puesto que los ladrones compiten con la mafia por el botín), a suministrar infraestructuras, educación o sanidad e incluso a redistribuir la renta si con ello consigue consolidar su legitimidad sobre la población atracada.

Así es como explica Mancur Olson el origen de los Estados: como bandidos itinerantes que se convierten en estacionarios y, por tanto, adquieren un porcentaje de participación muy amplio en el botín de la sociedad que en parte alinea sus intereses. Como vemos, pues, es perfectamente compatible que los impuestos sean un robo y que se destinen en gran medida a actividades que sus víctimas reputan valiosas (y que les incentiven o a aumentar su productividad o a aumentar su lealtad hacia el Estado). Con posterioridad, los intelectuales cortesanos racionalizarán la actividad criminal del Estado jurándonos que tiene un origen divino (y que por tanto posee un derecho natural a gobernar) o que en realidad no surgió de la institucionalización del crimen, sino del consentimiento unánime de las víctimas a través de un contrato social. Pero la realidad es muy otra.

Ahora bien, para que un bandido itinerante decida convertirse en un bandido estacionario (y, en última instancia, en un Estado) no basta con que el bandido itinerante sea capaz de monopolizar temporalmente el derecho de exacción sobre una población, sino que también será necesario que espere mantener a largo plazo ese derecho de exacción. En caso contrario, si se ven perturbados los derechos de parasitismo monopolístico del bandido estacionario, este puede reconvertirse en un bandido itinerante.

En un reciente estudio titulado 'On the Ends of the State: Stationary Bandits and the Time Horizon in Eastern Congo', la tesis de Olson encuentra un importante respaldo empírico. Los autores analizan el comportamiento de las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda (FDLR) durante el periodo en que dominaron una zona en la provincia de Kivu del Sur, dentro de la República Democrática del Congo. Mientras este grupo armado controló sin amenazas externas esta región del país, se dedicó a proporcionar funciones protogubernamentales: cobrar impuestos y proporcionar servicios de seguridad y justicia. Sin embargo, después de que, en 2009, el ejército congolés y miembros de las Naciones Unidas se organizaran para atacar y poner fin al control que ejercían las FDLR dentro de Kivu del Sur, este grupo armado pasó a convertirse en bandidos itinerantes y multiplicaron en un 350% los pillajes con respecto al periodo anterior en el que ejercían de probos gobernantes.

En suma, y a falta de mejor evidencia histórica, el origen del Estado sí parece estar en el crimen organizado. Eso no es incompatible con que el Estado pueda prestar funciones socialmente valiosas (el propio Olson remarcaba que la población tiende a preferir a los bandidos estacionarios sobre los bandidos itinerantes), pero sí debería ponernos en guardia a la hora de otorgar un cheque en blanco de legitimidad a los Estados: su origen no es inmaculado y aun hoy desempeñan funciones que solo son instrumentalmente valiosas para maximizar su rapiña.

Infame campaña de Sánchez contra Díaz Ayuso
EDITORIAL Libertad Digital 12 Abril 2021

El Gobierno socialcomunista ha llevado a España a encabezar la lista de países más castigados por el coronavirus, con más de 120.000 muertos y una destrucción del empleo y el tejido productivo sin parangón en el mundo desarrollado. Solo por eso, Sánchez debería observar cierta prudencia a la hora de atacar al Ejecutivo autonómico que mejor ha combatido la pandemia, pero en lugar de actuar con la mesura que aconseja su fracaso, trata de desgastar al Gobierno madrileño utilizando con las peores artes los recursos del Estado.

El último episodio de esta utilización espuria de las instituciones públicas la ha protagonizado en su visita oficial por tierras africanas, donde ha aprovechado su presencia mediática para difamar a Díaz Ayuso, su auténtica obsesión. Allí, Sánchez no tuvo ningún reparo en mentir afirmando que el Gobierno de la Comunidad de Madrid falsifica las cifras de contagios y fallecidos, una acusación de extraordinaria gravedad sobre la que, como es habitual en el personaje, no aportó ni una sola prueba.

De vuelta en España, Sánchez ha proseguido su campaña contra el Ejecutivo madrileño acusando a Díaz Ayuso de “enredar y sembrar la confusión y la zozobra” en relación con las vacunas que se están administrando a la población. Lo dice el presidente huido de sus responsabilidades desde la segunda oleada de la pandemia, y cuyo Gobierno ha protagonizado todo tipo de bandazos en solo 48 horas a cuenta de la administración de la vacuna AstraZeneca, a pesar de que la Agencia Europea del Medicamento avala absolutamente su seguridad.

Lo cierto es que el Gobierno socialchavista sólo ha acertado cuando ha dado marcha atrás en sus decisiones y ha adoptado las medidas implantadas en Madrid por Díaz Ayuso. La última de esta labor de imitación tiene que ver con la vacuna rusa, despreciada por Moncloa cuando Ayuso negociaba su compra, para anunciar al día siguiente la apertura de negociaciones con el Gobierno ruso de cara a su adquisición.

Sánchez no puede ahogar su frustración política ejerciendo de opositor a Díaz Ayuso desde la presidencia del Gobierno, aunque las encuestas le auguren un más que posible batacazo en las elecciones del próximo 4 de mayo. Y es que la gestión Díaz Ayuso al frente de la comunidad madrileña, que ha sabido conjugar medidas efectivas de lucha contra la pandemia con la preservación en todo lo posible de la actividad económica, no sólo concita el apoyo de los ciudadanos madrileños, sino que sirve de referencia para acotar la magnitud del fracaso del Gobierno de Sánchez y sus socios ultraizquierdistas.

La democracia transida de España
Amando de Miguel. Libertad Digital 12 Abril 2021

El público valora más las instituciones, que no exigen un funcionamiento democrático, que las, estrictamente, parlamentarias.

Digo “transida” de angustia, por no saber a dónde nos quería llevar la famosa “Transición”, advenida a la muerte de Franco. Por fin, nos acomodamos, de hoz y coz, en un sistema democrático con todas las de la ley. El ideal clásico de democracia es “el Gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. En la práctica, se ha quedado en “para el pueblo”; y eso, en la más benévola de las interpretaciones. Es decir, se ha cultivado el famoso “Estado de bienestar”, aunque no hemos de olvidar que esa doctrina la importó Franco del Reino Unido. Fue en los comienzos de su reinado, solo que las circunstancias adversas (guerra, autarquía) no dieron lugar a su completo desarrollo. El cual lo remataron los herederos de Franco, esto es, los iniciadores de la Transición democrática. Falló, como digo, un verdadero “gobierno del pueblo y por el pueblo”. En la práctica de la última generación, lo que ha funcionado, a las mil maravillas, es una especie de “oligarquía democrática”, valga el oxímoron. Ha sido la consecuencia de una extraordinaria modernización económica. Hemos comprobado, para nuestro asombro, que el dinero, en grandes cifras, tiende a hacerse invisible y acaba teniendo personalidad.

Es lógico que, en una democracia, cuente la intervención de los grandes grupos de influencia, al lado de los partidos políticos. Aparte del “Ibex 35”, durante los últimos lustros, los dos grupos de influencia más destacada han sido el feminismo y el ecologismo, ambos en sus formas más radicales y difusas. Son los receptores de las más suculentas subvenciones públicas. Mi predicción es que sería un éxito la instauración de un grupo como “Mujeres por el cambio climático”, o algo parecido.

La degradación democrática se muestra en el nuevo lenguaje de la política. No me da espacio para mayores precisiones. Valga una pequeña ilustración, pero, con consecuencias demoledoras. Es la práctica sustitución de la palabra “España” por la de “Estado”. Empezó siendo una muletilla de los partidos nacionalistas, ahora secesionistas. Con el tiempo, la ha hecho suya el progresismo dominante, que atrae, también, a una parte de los políticos de derechas.

Hay un dato preocupante, repetido en distintas encuestas, a lo largo de todo el tiempo de la Transición. A saber, el público valora más las instituciones, que no exigen un funcionamiento democrático (la Guardia Civil, la Corona), que las, estrictamente, parlamentarias (las Cortes, los Gobiernos).

Así, llegamos a la actualidad. Por si fuera poco, la democracia española se enfrenta con un problema insoluble: la incapacidad de resolver la doble crisis, económica y sanitaria. No cabe el consuelo de que se trata de una hecatombe mundial, ya que, en España, es mucho más grave. No es difícil percatarse de que el país se encuentra patas arriba, desmoralizado. La única continuidad con el pasado inmediato es el fútbol.

El hecho es que la incapacidad de la gestión pública para enfrentarse al doble reto destaca, sobremanera, en la política actual. No es solo una cuestión cuantitativa. Por ejemplo, el desempleo de un gran número de trabajadores y empresarios es un asunto pavoroso, pero, al lado está otro, todavía, más grave: el malempleo. Sencillamente, muchas personas activas desempeñan puestos de trabajo, para los que se encuentran mal preparadas. Se podría aducir, incluso, la ilustración de los componentes del Consejo de Ministros. Es la consecuencia de una vieja cuestión no resuelta: el atraso de nuestro sistema educativo, que se agrava con cada nueva ley de educación. Y ya, hemos despachado más de media docena, en unos pocos años.

Otro problema insoluble, de larga trayectoria histórica, es la constante y creciente presión secesionista de catalanes y vascos. A la cual, se agregan otros nacionalismos de las demás regiones bilingües. La continuidad del Estado español, y, no digamos, de la nación española, sin Cataluña o el País Vasco (con Navarra, claro), es algo, sencillamente, inviable. Con tales secesiones, España sería otra cosa, algo así como la actual entelequia de Yugoslavia. No es fácil imaginar cómo se podría estructurar una entidad de tal naturaleza.

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El "rayo vallecano"
Pedro de Tena. Libertad Digital 12 Abril 2021

Los que agreden, los que revientan, los que apedrean, los que buscan un muerto, no son los votantes ni los simpatizantes de Vox.

Todavía estoy revuelto con el lapidario mensaje de Pablo Iglesias, que sigue aliado a su socio Pedro Sánchez formando ya un todo indivisible imposible de diferenciar. Las calles de Vallecas no pueden ser pisadas por partidos y personas ajenos a la izquierda socialcomunista. Las calles de Vallecas, y de otros barrios y pueblos de España, ¿son propiedad ideológica y política de quiénes se conceden a sí mismos el don intelectual de conocer “científicamente” cuál es la felicidad que necesitan y desean sus semejantes?

Como el malvado, ya muerto, Felipe de Edimburgo, que anhelaba convertirse en un virus mortal para aniquilar a los miles de millones que, según él, sobramos en la Humanidad, este falso profeta y pésimo candidato, desertor de Vallecas (cambiazo de pisito vallecano por mansión de Galapagar y del salario mínimo por miles de euros mensuales) es poseedor, cree él, del secreto del bienestar de los trabajadores del barrio y sus familias. Por algo parecido, Miguel Hernández llamó “hijos de puta” a algunos frívolos “antifascistas” del palacio incautado a los Heredia Spínola que se disfrazaban, bebían y comían sin medida, mientras otros morían de hambre y tiros en el frente republicano.

Si Tirso de Molina viviera, cambiaría el título de su comedia La villana de Vallecas por el masculino singular y daría entrada a un nuevo personaje que se enmascarara de vallecano pero que, en realidad, fuese un marqués bolchevique. Y hubiera terminado con sus versos:

Primero que los vecinos
de Vallecas a ver salgan
el fin de tantos enredos,
es razón que se deshagan.

Pero en esto, apuntan las crónicas, cayó sobre la plaza que llaman “roja” de Vallecas el “rayo vallecano”, el ya histórico mitin de Vox, que ha recorrido como una descarga electoral a toda España haciéndonos sufrir un calambrazo democrático ante el totalitarismo comunista de los seguidores del apóstata de Vallecas. Su centelleo ha destapado la complicidad evidente de un gobierno socialcomunista que permite que quienes obtuvieron en las pasadas elecciones más votos madrileños que Podemos y Más Madrid (Más País-Equo) sean apedreados, heridos e insultados mermando las fuerzas policiales necesarias para asegurar la libertad política en cualquier calle y plaza de España.

El pasado Día de Difuntos de 2020 un grupo de demócratas “cabales” (reunión de cabales es en el mundo flamenco el público entendido y aficionado ante el que los artistas se exhiben a garganta, guitarra, palmas y tacones descubiertos) firmamos un Manifiesto contra los intentos de expulsar a Vox de la vida política española y denunciamos las exclusiones emprendidas por PSOE, Podemos, PNV, Bildu, ERC, JuntsXCat, Cup, BNG, Mas País y Compromís que se extendían al PP y Ciudadanos. Y decíamos en él:

“Constatamos que Vox no defiende ni practica la violencia como forma de actuación política que sí han consentido y consienten algunos grupos, ni es impulsor ni ejecutor de golpes de estado que sí han perpetrado otras siglas ni busca instaurar una dictadura como hay quien reconoce abiertamente, ni ha sido imputado, ni siquiera implicado, en casos de corrupción como lo han sido casi todos los demás…

…Ese camino conduce a la postergación política y social de millones de españoles que no son ni quieren ser miembros ni cómplices de esa izquierda coaligada con el separatismo que exhibe un autoritarismo cada vez más agresivo y excluyente.”

Desde el pasado día 8 de abril, el “rayo vallecano” ha desvelado la verdad de lo que ocurre. Los que agreden, los que revientan, los que apedrean, los que buscan un muerto, no son los votantes ni los simpatizantes de Vox. Eso es una calumnia fabricada en las calderas mediáticas del socialcomunismo. Lo que ese rayo verificador ha dejado en evidencia ante los demócratas cabales en esta España es que son otros quienes encaminan a España hacia un guerracivilismo abierto.

En una democracia cabal, cada ciudadano puede votar libremente a quien considere apropiado para sus intereses, ideas y creencias. Pero para quienes quieran votar a Vox, aportaré un argumento que debe añadirse al de voto coherente y útil, que son bien claros para impedir la marea totalitaria que algunos buscan. Además, el voto a Vox es un voto merecido porque, a pesar de las agresiones evidenciadas por el “rayo vallecano”, las campañas sufridas y las exclusiones padecidas, su equilibrio y mesura merecen el voto de los madrileños que necesitan un partido que no sólo no les mienta ni los estafe ni los defraude sino que les permita seguir estando a la cabeza de la nación española por su meritorio esfuerzo y su amor a la libertad.

Sin Sánchez no son nada
Rosa Díez okdiario  12 Abril 2021

Los actos de violencia organizada contra los partidos de la oposición al régimen sanchista, últimamente centrados en VOX, son viejas y conocidas expresiones de la estrategia totalitaria. No es preciso remontarse a las técnicas utilizadas por los nazis contra los judíos para excluirlos primero y exterminarlos después; en la España de Sánchez se está reproduciendo un fenómeno ya testado por los totalitarios en el País Vasco. Quienes tenemos edad, y memoria, tenemos la obligación de compartir nuestra experiencia.

Lo que se vivió en la Plaza de la Constitución de Vallecas sigue el guión, punto por punto, de la táctica desarrollada en el País Vasco por los llamados borrokas, cuyos actos fueron posteriormente calificados por las instancias europeas como actos de terrorismo callejero. También en el País Vasco –como antes en la Alemania nazi- todo empezó pervirtiendo el lenguaje; quienes ejercían sus derechos de ciudadanía, quienes defendían la democracia y la Constitución, quienes se negaban a ser expulsados de su tierra o de sus plazas o calles eran catalogados por los totalitarios como provocadores, fascistas, txakurras (perros)…

También en Euskadi comenzaron a cambiar los nombres de las plazas para apropiarse del espacio público y expulsarnos a quienes nos negábamos a renunciar a nuestra libertad.

También en Euskadi comenzaron a socializar el miedo atacando comercios, librerías, concesionarios de automóviles… cuando sus dueños eran personas conocidas por militar en la democracia. Paradigmático es el ejemplo de la Librería Lagun, sita en la Plaza de la Constitución de San Sebastián, regentada por José Ramón Recalde, María Teresa Castells e Ignacio Latierro, los tres militantes de izquierdas, antifranquistas, demócratas, constitucionalistas… que resistió durante años pintadas, rotura de cristales, cocteles molotov… hasta que tuvo que irse a otra parte de la ciudad, porque acercarse a comprar un libro se había convertido en un ejercicio heroico; y a nadie se le puede pedir que para ejercer un derecho constitucional tenga que comportarse como un héroe…

También en Euskadi los partidos políticos nacionalistas minimizaban la violencia tildando de “provocadores” a las víctimas.

También en Euskadi se convirtió en un hábito que cuando los gobernantes nacionalistas condenaban la intimidación y la violencia ejercida contra personas y organizaciones cívicas o políticas añadieran siempre una adversativa al comunicado: “Pero…”

En Euskadi los totalitarios ejercían la violencia para evitar que pudiéramos construir y consolidar la democracia; pero no lo hacían solos, siempre contaron con la complicidad –por acción u omisión- de los sucesivos Gobiernos nacionalistas, de los partidos políticos nacionalistas “institucionales”, de la jerarquía eclesiástica, de los tibios que nos decían que “a lo mejor hay que darles algo…”

En Euskadi los totalitarios nacionalistas utilizaban la violencia porque no tenían votos suficientes para que su modelo totalitario de país se impusiera al conjunto de la sociedad. Hoy en España los totalitarios utilizan la violencia por el mismo motivo y para conseguir el mismo objetivo: acabar con la democracia.

Los cachorros de ETA que quemaban autobuses y comercios, que intimidaban a los demócratas e impedían actos públicos de los partidos democráticos, no tenían capacidad por sí solos para impedir que construyéramos el sistema democrático, no podían conseguir por métodos democráticos que Euskadi fuera una excepción dentro de España. ETA y sus cachorros, a pesar de llevar la violencia hasta el extremo del crimen, hubieran sido derrotados mucho antes si no hubieran contado con la complicidad tácita del nacionalismo gobernante.

Es exactamente lo mismo que está ocurriendo ahora en el conjunto de España. Los totalitarios comunistas y bolivarianos, la hez de esa izquierda putrefacta que quiere liquidar el sistema del 78, no tienen capacidad por sí solos para deslegitimar la democracia. Para deslegitimar primero y destruir después el sistema democrático necesitan de la complicidad activa de un partido político que históricamente fue defensor de las libertades, que ayudó a que en España se transitara de la dictadura a la democracia, que ayudó a que España se incorporara a la Unión Europea y que sigue siendo visto en el club europeo de los demócratas como un partido democrático.

Lo que hoy ocurre en España es mucho más grave que lo que vivimos en el País Vasco. Entonces el nacionalismo gubernamental apoyaba tácitamente a los chicos de la gasolina; pero hoy Sánchez tiene a los jefes operativos de los matones en el Gobierno de España. En el reparto de tareas para demoler la democracia Sánchez ha ido mucho más lejos de lo que nunca se atrevió un lehendakari nacionalista, que dejaba el trabajo sucio a Arzallus. Sánchez no tiene escrúpulos ni límites, él es el jefe, el que ha metido en el Gobierno la bomba de relojería para demoler el sistema, el que mantiene a ministros que alertan primero y justifican después los actos de violencia, el que, personalmente, desacredita y trata de deslegitimar a quienes serán las víctimas de los actos de violencia extrema.

Sánchez es el jefe real de los chicos de la gasolina que irrumpieron en Vallecas. Sánchez es el legitimador de la violencia, el deslegitimador de los partidos de la oposición democrática, el que nombra ministros y vicepresidentes porque sabe que van a actuar de esta manera, no “a pesar” de que vayan a actuar así. Sánchez ha nombrado ministros y ministras a esa gentuza porque los necesita para que su plan tenga éxito, porque él solo no puede derogar el sistema del 78, porque necesita ese caldo de cultivo de aparente confrontación en el que víctimas y verdugos son tratados como si fueran la misma cosa. Eso también lo hemos vivido ya.

La legitimación activa de los actos de violencia no pretende únicamente evitar que Vox organice con normalidad sus actos de campaña; esa es la táctica, pero la estrategia es mucho más sutil y peligrosa: la estrategia consiste en amedrentar a los ciudadanos para que no se atrevan a ir a un acto que, en este caso, organiza Vox; o dejen de comprar en la tienda del barrio si su dueño se ha identificado con Vox; o dejen de decir en alto que votan a Vox. La estrategia está ensayada en el País Vasco: es lo de Lagun en la plaza de La Constitución.

En el País Vasco acuñamos un grito de resistencia para plantar cara frente a quienes venían a amedrentarnos o a impedir que ejerciéramos nuestros derechos : “Sin pistolas no sois nada”. Este vuelve a ser el grito de la resistencia democrática en toda España frente a quienes hacen el discurso del odio o ejercen la violencia extrema para robarnos la libertad: sin Sánchez no sois nada.
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