AGLI Recortes de Prensa   Martes  4  Mayo  2021

La Gaceta de la Iberosfera
Pablo Casado o la irreflexiva nostalgia del bipartidismo
No es tiempo de centrismos
Pedro Carlos González Cuevas. https://gaceta.es 4 Mayo 2021

En los momentos de crisis como el actual, los individuos y las colectividades tienden a evadirse hacia el pasado. Surge entonces la nostalgia, un sentimiento profundamente humano, pero, al mismo tiempo, tan peligroso como equívoco. Se trata de un mecanismo de defensa en una época de aceleración de ritmos de vida y de agitación histórica. Sin embargo, como señaló la historiadora de la literatura Svetlana Boym, es preciso distinguir entre dos tipos de nostalgia, la restauradora y la reflexiva. Mientras la primera pretende la restauración transhistórica del hogar perdido, la segunda analiza las razones del cambio histórico, planteando alternativas y nuevas interpretaciones. Ante los presentes problemas españoles, hay quienes se refugian en el paladeo de unas supuestas brillantes décadas que acaban de transcurrir.

No existe la menor duda de que Pablo Casado, el actual líder del Partido Popular, se ha instalado en una nostalgia de carácter restaurador que idealiza retrospectivamente el período en que dominaba el bipartidismo en la política española. Recientemente, con motivo de las elecciones autonómicas en la Comunidad de Madrid, se ha atrevido a pedir, con su habitual oportunismo, los votos de los simpatizantes de VOX para su pupila Isabel Díaz Ayuso, y que los denominados populares obtengan “una mayoría amplia para gobernar solos”. Sin embargo, de su boca no sólo ha salido semejante petición. Ha criticado a Inés Arrimadas y a Ciudadanos porque se presentan a las elecciones, “diciendo que Sánchez es muy malo y ahora pacto con él”. Y, lo que es más significativo aún, ha reivindicado el bipartidismo frente al multipartidismo: “El multipartidismo ha sido la peor noticia, ha sido un desastre y no ha traído nada bueno”. “Espero que vuelva el bipartidismo”, ha señalado Casado, para quien “las cosas van bien”, en cuanto a sus expectativas electorales.

En un principio, el señor Casado pareció representar, al menos para los incondicionales del Partido Popular, una esperanza de regeneración política y ética. Como estudioso de la trayectoria histórica de las derechas españolas, yo nunca lo creí, ni participé de semejantes expectativas; todo lo contrario. Tras las etapas de Aznar y de Rajoy llegué a la conclusión de que Partido Popular era, en el fondo, el principal enemigo de la derecha social, política e intelectual en nuestro país. Y es que se trata de una organización basada en una serie de hábitos, estructuras, prejuicios, intereses y complejos permanentes y coriáceos que lo hacen inmune a cualquier renovación. Si, como decía Ortega y Gasset, lo que distingue al hombre del animal es su capacidad proyectiva frente a la meramente reactiva, poco podemos esperar del Partido Popular, instalado en instintos y pulsiones de mera supervivencia trófica; y las declaraciones de su boquirroto líder lo demuestran fehacientemente. Se encuentra tan instalado en sus prejuicios, en sus creencias y en sus cortos intereses que ni tan siquiera es capaz, por puro maquiavelismo, de ocultarlos. En realidad, Casado es el complemento de Pedro Sánchez. El líder popular entiende a Sánchez, no a Santiago Abascal. Y es que tanto el líder popular como el líder socialista pertenecen a la categoría de lo que el excelso T.S. Eliot denominaba “Hollows Mens”, los “hombres huecos”, unidimensionales, “con la cabeza llena de paja”. De ahí que su reivindicación del bipartidismo sea del todo coherente.

No deja de ser significativo y, al mismo tiempo, irrisorio que Casado critique a Arrimadas por su intento de aproximación a Sánchez, porque, si él pretende restaurar el bipartidismo, ¿con quién iba a pactar sino con el líder socialista? Le perdonaría todo a Pedro Sánchez y al PSOE por una miaja de poder. Tal es su perspectiva cortoplacista. Sin embargo, los equilibrios sociales y políticos que dieron vida al bipartidismo ya no existen. Los contextos son muy diferentes. No podemos ni debemos mitificar esa época; debemos analizarla de forma realista y crítica. No fue el paraíso, como aduce Casado. Permanentemente hubo terrorismo, paro estructural, corrupción económica, partitocracia y crisis de la conciencia nacional. Y es que en aquellos tiempos, se podían ofrecer muchas cosas a la izquierda y los nacionalistas. Hoy, no. Ya disponen los separatistas de plataformas para llevar a cabo sus proyectos sociales y políticos más descabellados y destructores.

¿Qué haría el señor Casado en Cataluña?. Conjeturo que, como Rajoy e Inés Arrimadas, huir y dejar a los catalanes solos ante la bestia. Es el estilo centrista. Lo que debe quedar claro es estamos sumidos en una profundísima crisis política, cultural, social, económica e incluso biopolítica. Y de eso no se sale con recetas centristas. El “centrismo” no puede servir de alternativa a la emergencia de populismos, neomarxismos, particularismos excluyentes, globalismos y crisis financieras. A eso quiere volver Casado, pero, en el caso de logre alguna vez acceder al poder, no podrá. Reinará, pero no gobernará, porque no tendrá legitimidad ideológica. Como Rajoy, se limitará a gestionar el desorden establecido. Eso si, tras la pandemia, queda algo que gestionar, salvo despojos.

Para ello, el señor Casado pretende destruir a VOX, que le molesta, que es un obstáculo. Espero que no lo logre. Por mi parte, y en ese sentido, declararé, como historiador y ciudadano, una “implacable hostilidad”, como decía don Antonio Maura, a esa derecha superflua. Y es que, por desgracia, las masas sociales suelen tener poca memoria; de ahí que sea preciso recordar la trayectoria del Partido Popular y de su añorado bipartidismo.

Porque en el discurso de Casado aparecen y se reflejan los ecos de aquellos que declararon “español del año” a Jordi Pujol; los que dieron los medios de comunicación hegemónicos a las izquierdas; los que deliberadamente abandonaron la creación cultural; los que defenestraron a Vidal-Quadras y a María San Gil; los que, desde el Partido Popular, insultaron a Ortega Lara; los que silenciaron a las víctimas del terrorismo; los que se autodefinieron como “centro reformista”; los que afirmaron que la “economía es todo”; los que opinaban que las leyes de memoria histórica carecían de dimensión política; los defensores a ultranza del Estado autonómico, sin percibir sus patologías y su dinámica suicida; los promotores de políticas lingüísticas y culturales discriminadoras del español; los partidarios del pacto a cualquier precio; los que, desde la derecha, han contribuido a la demonización de VOX, uniéndose a los “cordones sanitarios” de las izquierdas.

¿A quién resultó “útil” el voto a Rajoy en 2011? No desde luego a los defensores de la vida, a las víctimas del terrorismo de ETA, a los críticos de las leyes de la memoria histórica, a los jóvenes sin empleo, a los autónomos y pequeños empresarios, a los defensores de la unidad nacional etc, etc. Todos fueron humillados y ofendidos por el partido al que habían votado. Nunca creo que haya existido un partido más desdeñoso hacia su base social.

No es tiempo de centrismos; hemos entrado en la etapa del pluralismo agonístico.

Madrid puede reorientar la nefasta política de Sánchez e Iglesias en España

Los madrileños tienen en su mano, con su voto, empezar a cambiar la degradación de la vida pública y económica en España, reforzando una alternativa al nefasto sanchismo vigente.
Editorial ESdiario4 Mayo 2021

Antes ya de conocerse el resultado de las Elecciones Autonómicas del 4M en Madrid; puede establecerse ya una conclusión: la bronca campaña electoral por la que ha optado la izquierda, elevando la tensión a límites de enfrentamiento radical, puede ser la inquietante pauta que domine la política española hasta las Generales si, como parece, el centroderecha conserva la Comunidad de Madrid.

Los comicios, pese a desarrollarse tras un puente y en día lectivo, pueden batir un récord de participación que haga aún más relevante la victoria de quien la consiga y más impactante en el conjunto de la política española, claramente instalada en un eterno clima preelectoral.

La media de todas las encuestas publicadas en los últimos 15 días, incluyendo la de ESdiario, da al PP un 40.9%. Al PSOE un 21.2%. A Más Madrid un 16.6%. A VOX un 9.4%. Y a Podemos un 7.3%. Ciudadanos, según esto, quedaría fuera de la Asamblea de Madrid con un 3.8%.

Sánchez toca fondo, cómplice silente de la deriva guerracivilista de Iglesias

Con ese resultado, que supone la absorción de la práctica totalidad de Cs por el PP; Ayuso sería presidenta y muy cerca de la mayoría absoluta (fijada en 69 escaños), pero necesitaría el respaldo de VOX para lograr la investidura, salvo que obtenga más diputados que los tres partidos de izquierdas juntos.

La gran clave es cómo afectará a Podemos ser tercera fuerza de la izquierda y cómo impactará eso, a su vez, en la estabilidad del Gobierno de coalición y en la estrategia del PSOE: sus acuerdos con un partido que ha protagonizado o jaleado episodios de violencia hace insostenible, al medio plazo, mantener esa alianza para Sánchez.

España necesita que Madrid siga encarnado un modelo alternativo que impulse el relevo en el Gobierno

La otra gran clave es que Madrid puede suponer un avance en la reunificación del centroderecha por la extinción de CS que le permita, en sucesivas citas electorales, traducir mejor sus superiores votos en escaños.

En todo caso, España necesita que Madrid siga encarnando un modelo alternativa a la propuesta empobrecedora, frentista e invasiva representada por el Gobierno de Sánchez. Y si además con ello refuerza la capacidad del centroderecha de relevar en las urnas a la coalición vigente, el 4M será un día esperanzador que nadie, descontento con el resultado, puede degradar: la crispación generada por Podemos debe ser, gane quien gane, la gran derrotada una vez hablen las urnas.

La jornada de reflexión de un miserable sectario
OKDIARIO  4 Mayo 2021

¿Qué hacemos con los gilipollas que cobran 900 euros y votan a Ayuso», se preguntaba, en plena jornada de reflexión, el cofundador de Podemos Juan Carlos Monedero en un bar madrileño mientras daba cuenta de una paella. Las palabras del imputado ideólogo podemita le retratan. Su argumento es de una hipocresía sangrante: cobrar 900 euros y votar a Ayuso es de «gilipollas». Y lo que les desea es que se peguen una «ostia» y les «vaya como el culo». El clásico concepto de la solidaridad comunista se explica en una frase: quienes no nos voten ganando 900 euros son unos gilipollas que ojalá se hundan en la miseria. Clarificador. Lo que no entra en la cabeza sectaria de Monedero es que quienes cobran 900 euros votan a Ayuso, precisamente, porque entienden que así podrán prosperar. ¿Por qué no se pregunta Monedero que tendrá Podemos para que nos les voten ni quienes tienen los salarios más bajos? La frase del ideólogo podemita revela, por otra parte, además de odio, impotencia, porque da por descontado que Ayuso arrasará en las elecciones. Igualmente revelador es cuando Monedero asegura que la campaña de agitación podemita, con las agresiones a Vox y la Policía, responde a la estrategia de «cuanto peor, mejor». Otra vez se ha retratado.

Lo cierto es que la rabia contenida de Monedero tiene una parte buena: da por perdidas las elecciones y reconoce que el voto a Ayuso es transversal. O sea, que la presidenta madrileña ha conseguido captar el voto de amplios sectores sociales. Es decir, que su apoyo no es sólo ideológico. Es buenísima noticia que a Monedero casi se le indigestara la paella porque haya asumido que a Podemos no les van a votar ni quienes tienen sueldos precarios. Les llama, despectivamente, «gilipollas», y les desea que les vaya «de culo», que es la clásica reacción del totalitario sin escrúpulos. Ojalá que el voto a Ayuso de quienes hoy cobran 900 euros permita que Madrid siga siendo ejemplo de libertad y progreso para que vean incrementados sus salarios y puedan decirle libremente a la cara a Monedero que es un miserable sectario. Ojalá.

Moderación y responsabilidad
Editorial ABC 4 Mayo 2021

Ni siquiera la exaltación y el enardecimiento de una contienda electoral pueden justificar la soflama con que Pedro Sánchez cerró el pasado domingo la campaña electoral madrileña, asegurando que una victoria de los partidos de centro-derecha representaría «el principio del fin de la democracia». Como secretario general del Partido Socialista, Sánchez dispone de un amplio margen de maniobra para sobreactuar y tocar a rebato ante las amenazas que, en defensa de los legítimos intereses de su formación, estime oportunas, pero como presidente del Gobierno de España tiene la responsabilidad institucional de no cuestionar nuestro sistema de libertades en función de un resultado electoral adverso y de la posible victoria de fuerzas que, ante todo, respetan y defienden el texto de la Constitución de 1978, circunstancia que precisamente las distingue de aquellas que conforman su denominada mayoría de progreso. No difiere mucho la reflexión del líder socialista sobre «el principio del fin de la democracia» con las de Pablo Iglesias, cuando siendo vicepresidente del Gobierno, hace solo unos meses, llegó a poner en duda la plena normalidad de la democracia española. Las dudas ofenden, más aún si son expuestas de forma interesada y partidista desde el propio poder ejecutivo de la nación.

En los últimos años, el sanchismo ha logrado neutralizar a Unidas Podemos y frenar su auge en las urnas, pero a costa de asimilar su radicalidad y su discurso frentista, a través de una desinhibida opa ideológica que ha convertido al PSOE en una versión aburguesada, presentable ante la opinión pública, del extremismo que encarna y despacha el partido de Pablo Iglesias. Incapaz de sacar rédito electoral de aquel centro político que reclamó y llegó a ocupar Ciudadanos en la escena parlamentaria, el PSOE de Pedro Sánchez ha emprendido un giro a la izquierda que no repara en gastos y costes para nuestro sistema de libertades. Si hay algo que lo ponga en riesgo es la irresponsabilidad del presidente del Gobierno para deslegitimar el juego democrático y lanzar una alerta -de corte antifascista, inspirada en el discurso de Pablo Iglesias que siguió a los últimos comicios andaluces- como la que cerró la campaña del candidato Ángel Gabilondo.

Sea cual sea el resultado de la jornada electoral de hoy, la izquierda que desde el arranque de la Transición y hasta la irrupción en la sede de Ferraz de José Luis Rodríguez Zapatero ha representado el Partido Socialista está obligada, por pura responsabilidad social, no ya política, a bajar el tono y reflexionar sobre los verdaderos peligros que acechan a España, que no son otros que los derivados de una pandemia que ha asolado nuestra economía y desembocado en la petición de ayuda financiera a nuestros socios comunitarios. Ya sea desde el poder regional, a través de una alianza con la extrema izquierda de Iglesias y Errejón, o desde la oposición, frente a un PP que como sucede en otras regiones de España pacta y puede pactar con Vox -sin que desaparezca la democracia, solo amenazada, y a cara descubierta, por los socios de Sánchez en el Congreso-, el socialismo tiene el reto moral y la obligación institucional, por su papel en el Gobierno de España, de identificar y combatir los auténticos riesgos que acechan a nuestra democracia. No los tiene muy lejos. Cerrada la campaña regional y abiertas las urnas, no es mal momento para repensar el modelo de convivencia por el que, no solo en Madrid, apuesta el PSOE.

Pedir peras al olmo o alguna verdad al dr cum fraude
Nota del Editor  4 Mayo 2021

Pretender que el PSOE haga algo bueno para España, es lo mismo que esperar que el dr cum fraude haga algo bueno para España. Su desaparición sería un alivio para esta vieja España en trance de desaparición.

No lo dude, vote
EDITORIAL. https://gaceta.es/  4 Mayo 2021

Las elecciones autonómicas que hoy se celebran trascienden el pequeño continente geográfico de la región de Madrid y van a servir para lanzar varios mensajes importantísimos. El primero será el de saber si sobrevivirán formaciones como Podemos, el viejo y trasnochado comunismo disfrazado de seda áspera, indignada y violenta; y Ciudadanos, aquel prodigio antinacionalista que desde la socialdemocracia derivó en un crepúsculo ideológico, veleidoso e inútil al que llamaron, con tierna ingenuidad, ‘centro’.

El segundo será el de conocer el grado de sumisión de los madrileños a las políticas del Gobierno socialista y comunista de Pedro Sánchez. Si vence la izquierda, será porque una mayoría de madrileños cree que nada de lo ocurrido en España en los últimos catorce meses se pudo evitar, además de que se validarán los recortes en libertades y derechos fundamentales con los que el Gabinete del Doctor Sánchez, solo o en cogobernanza, se ha ido sacudiendo la responsabilidad de la gestión de la catástrofe económica y social fruto de la pandemia de coronavirus.

Si, por el contrario, vencen las fuerzas de oposición que han estado gobernando Madrid o colaborando con lealtad en su gobernabilidad, se lanzará un mensaje inequívoco de que media España, y eso siendo pesimistas, no se resigna a morir.

Otro mensaje esencial será el de conocer si el mensaje de VOX de insumisión al consenso progre globalista, identitario y multiculturalista, insumisión ejemplificada a la perfección en el éxito de la formación de Santiago Abascal en las pasadas elecciones catalanas, renueva o amplía su fuerza en la Asamblea madrileña y ahora ya, sin el sempiterno desprecio de la veleta naranja, se constituye en un partido imprescindible con aspiraciones de Gobierno y que debe ser escuchado y atendido.

Ni que decir tiene que hay más consideraciones, no menos importantes, como las consecuencias que tendría un posible adelantamiento de la izquierda urbanita posmoderna de Más Madrid al viejo PSOE que, sin un liderazgo de altura, vive apenas del éxito electoral de sus siglas históricas. También veremos si las consecuencias de una derrota si paliativos de Podemos hacen mella en la alianza en el Gobierno de la nación. O, por supuesto, si un inmediato entendimiento del PP con VOX podría acabar con el eco lamentable que todavía resuena de aquel discurso de Pablo Casado contra Santiago Abascal en la moción de censura.

En Madrid se juega hoy un partido durísimo entre dos formas de gestión. Una de sumisión absoluta de lo privado a lo público; y otra, de libertad económica y de respaldo de lo público a lo privado. Y en cada urna habrá una batalla cultural entre políticas identitarias y soberanía familiar; entre brechas de género y brechas maternales, entre derecho positivo y derecho natural, entre resiliencia y resistencia, entre el dispendio y la contención; entre déficit y equilibrio, entre buenismo y realismo; entre burocracia y sentido común, entre kultura y cultura; entre federalismo y unidad y, al fin, entre Estepaís y España.

Por todas estas razones y desde el recuerdo a los muertos por la pandemia que ya no pueden votar, pero a los que debemos tener siempre presentes, estas elecciones son de una importancia extrema —como ninguna otra antes— para el futuro de Madrid, que es el futuro de la nación.

Contamos con una ventaja sobre otras elecciones: la de que hoy, cada voto vale lo mismo y cada voto, a partir de un cinco por ciento, cuenta.

Por eso, no lo dude, vote.

Pablo Iglesias, el elefante-partisano
Santiago Navajas. Libertad Digital 4 Mayo 2021

La campaña electoral de Unidas Podemos se desmoronó como el soufflé de un aprendiz. Pablo Iglesias quiere hacer ver que es una combinación de Lenin y Gramsci, pero a lo que siempre ha aspirado es a formar parte de los parásitos socialistas del capitalismo. La estrategia para su desastre de campaña pasó por querer ser el paquidermo del que hablaba George Lakoff en su manual de sofística electoral No pienses en un elefante. Por otra parte, pretendió hacer reinar el desorden y la crispación en Madrid, donde se respiró el aire venezolano de la intimidación y las calumnias. Justo lo que había descrito uno de los autores favoritos de Iglesias, el filonazi Carl Schmitt, que en su obra Teoría del partisano explicó cómo el político revolucionario lucha contra el Estado de Derecho.

Pablo Iglesias ha mostrado en varias ocasiones su admiración por Schmitt, un gran teórico del Derecho casi tabú en Alemania por sus querencias filonazis derivadas de su visión hobbesiana de la política, a favor de un Estado totalitario y la dialéctica maniquea amigo-enemigo. No es de extrañar que, desde el otro extremo político, el marxismo-leninismo disfrazado de populismo postmoderno lo admire. Iglesias se paseaba por el Parlamento con un ejemplar de la Teoría del partisano cuando negociaba para formar Gobierno. Seguramente le hubiese gustado más llevar un par de pistolas, en plan Che Guevara, pero una de las máximas del partisano es ocultar las armas. En 2016 citaba muy ufano en Twitter una crítica del pensador alemán contra la "democracia burguesa":

Pablo Iglesias siempre se ha visto como un "partisano" tal y como lo analizó Schmitt, alguien que lucha irregularmente, concibe la guerra como una continuidad de la política, no tiene escrúpulos morales, sus máximos referentes son Lenin y Mao y ve al adversario como un enemigo al que no hay que derrotar sino destruir. Cuando llegó al Gobierno, Pablo Iglesias mostró su desazón:

Me acojona pasar de partisanos al ejército regular. No nos tiene por qué ir bien.

Y efectivamente no les ha ido bien, porque su única faceta es la destructiva. Aupados sobre el nihilismo metafísico, la violencia política y el resentimiento moral, la banda comunista del Politburó socialista ha oscilado entre el papanatismo de Garzón, la irrelevancia de Castells, el ridículo de Montero, la sonrisa joker de Yolanda Díaz y el escapismo por Netflix y HBO del mismísimo Iglesias, al que Pedro Sánchez puso un chalet en Galapagar como si fuese una cupletista mantenida de un aristócrata decimonónico.

Napoleón, que sufrió a los españoles y rusos, explicaba que la única forma de luchar contra los partisanos es la guerrillera. Es un error, explica Schmitt, confundir al partisano con el mero criminal o el psicópata (como la derecha suele hacer respecto a Iglesias). Describe Schmitt la performance política de tipos como Lenin e Iglesias a través de una serie de máximas: hay que ser irregular, saltándose las reglas y siendo imprevisible; acentuar la movilidad en la lucha activa; pasar de ser un político al uso a convertirse en un técnico de la lucha invisible, un saboteador y un espía; calificar de trampas ideológicas todas las nociones usuales de ley, derecho y honor; realizar emboscadas, trampas y asaltos por doquier.

No sólo es que Podemos necesitaba desencadenar el desorden total para tener una posibilidad en Madrid, para que no desaparezca el partido y desplazar a la derecha del poder, sino que corresponde al carácter de Iglesias la guerra y la violencia entre partidos. Ha resultado divertido, aunque patético, ver a la rana Gabilondo ofreciéndose gentil a llevar a cuestas al escorpión Iglesias. La mejor táctica contra un elefante-partisano como Iglesias es ignorarlo. Pero Iglesias sabe que los medios de comunicación adoran el espectáculo, la confrontación y el victimismo. No es casualidad sino el signo de los tiempos que Rocío Carrasco y Pablo Iglesias sean las estrellas del momento (y bufones de izquierda como Jorge Javier Vázquez, el Gran Wyoming, Quique Peinado y Andreu Buenafuente los que ejerzan de maestros de ceremonias de la confusión).

Lenin tiene un texto fundamental explicando la guerra de guerrillas: es clave, dice el revolucionario ruso, transformar la acción política usual en una guerra civil. Así consiguió destruir la incipiente democracia liberal rusa en 1917. Ese espíritu guerracivilista, que introdujo la izquierda en el núcleo de la Segunda República, es lo que trató de hacer emerger Pablo Iglesias, Vallecas mediante. La respuesta de aquellos que apoyamos al atacado Estado de Derecho, el denostado parlamentarismo y el despreciado espíritu de la Transición, es ignorar olímpicamente a los partisanos y votar a partidos constitucionales. Finalmente, rezar a San Adolfo Suárez.

Las elecciones madrileñas, el termómetro de la democracia española
Sentimos un escalofrío cuando un juez tiene la osadía de decir que los gobiernos populares se han caracterizado por “26 años de odio y señalamiento del diferente”
Miguel Massanet. diariosigloxxi 4 Mayo 2021

Los españoles de a pie, entre los que nos encontramos, tenemos la certeza de que el gobierno actual, el del señor Pedro Sánchez y, hasta hace unos días, el del señor Pablo Iglesias, comenzó su andadura, tortuosa, insegura y poco eficaz, a partir del mes de enero del 2019. Sin embargo una ministra, una de estas que nos aportó el partido de Unidas Podemos ( deberían pensar en cambiar el nombre debido a la poca eficacia, escasa popularidad y evidente falta de capacidad y preparación de sus representantes parlamentarias y ministras del gobierno) esta señora jueza ( parece que los representantes de la magistratura, que promocionó el gobierno del señor Sánchez, han sido y son los que están dando la campanada, en esta legislatura, por su poco acierto, escaso pudor cuando se trata de aplicar la Justicia y poca decencia cuando, como es el caso del juez Marlaska, después de haber recibido un rapapolvo fenomenal de parte del TS, sigue tan campante como si no hubiera pasado nada sin que se le haya pasado por su mente la idea, por otra parte evidentemente necesaria, de presentar su dimisión y regresar a su casa). Efectivamente la ministra de Trabajo, la señora Yolanda Díaz, nos ha sorprendido con unas declaraciones, por lo menos inquietantes y demostrativas de que alguien en este Gobierno de comunistas y socialistas, parece que acaba de caerse del tilo y no se entera de lo que ha estado pasando en esta nación desde el mes de enero del 2019, en el que el actual ejecutivo tomó en sus manos las riendas del país.

Nos dice la señora ministra que: “Este mayo, lo que va a pasar es que comienza la legislatura de verdad”. Nos preguntamos si los dos años largos que venimos padeciendo a estos señores dirigiendo el país, aparte de que a muchos españoles nos ha parecido la peor pesadilla que podríamos tener, no han formado parte de la legislatura o es que, simplemente, se trata de un ensayo que unos aprendices, aspirantes a gobernantes, se han tomado para hacer prácticas con la economía, la salud, el trabajo, las libertades, las vidas y los derechos de los ciudadanos españoles y que, ahora, ( lo dice la señora Díaz) es cuando, por fin, se han decidido a empezar a gobernar después de que los fracasos en la conducción de la pandemia de coronavirus, su falta de anticipación en reconocer su magnitud y gravedad, los palos de ciego que han estado dando con la maltrecha economía del país, el grave endeudamiento en el que nos han metido ( en febrero de este año 2021 teníamos en España 1,367 billones de Deuda Pública o lo que representa un 121% del PIB) algo que tiene una consecuencias que, aún si llegara a recuperarse la economía y vinieran, algo que no está previsto, una serie de años de bonanza económica, nuestros hijos deberían pasarse parte de su existencia pagando impuestos para poder atender a sus intereses y saneamiento.

Pero lo que no sabemos es, si a lo que se refiere la señora ministra tiene relación con la puesta en marcha de Lomloe (la ley educativa de la señora Celaá), una ley cuestionada no solamente en España sino en la propia UE, ante cuyos tribunales está recurrida y si los estudiantes van a mejorar su nivel y capacitación para su futuro o, si se aprueba curso con varios suspensos lo que estaremos consiguiendo es que, en lugar de licenciados competentes, salgan de las universidades una reata de jumentos, eso sí, todos muy bien aleccionados en las doctrinas leninistas. O si el aumento de los impuestos, reafirmado por el señor Pedro Sánchez , para poder atender a los faraónicos proyectos de mejoras sociales, que los filocomunistas del actual gobierno piensan que deben ponerse en marcha para añadirse al salario mínimo o básico de los españoles de rentas bajas, algo que ya está legislado, pero que sigue durmiendo el sueño de los justos porque, en realidad, seguimos sin disponer de la dotación necesaria para poder hacer frente a semejante dispendio, que se calcula en unos tres mil millones de euros y seguimos, como ya se ha dicho, entrampándonos hasta límites de que se pueda poner en peligro la estabilidad de las cuentas de nuestro país.

Cuando observamos el comportamiento que está teniendo el actual Gobierno de la nación en cuanto a unas elecciones, las de la comunidad madrileña, en las que lo correcto hubiera sido que permaneciera neutral mientras los distintos candidatos discutían y tenían debates sobre los temas que debieran interesar a los madrileños; no obstante, sin que le importare un ápice sustituir al candidato del mismo PSOE, el señor Gabilondo, restándole protagonismo y actuando sin preocuparse, poco ni mucho, de desmentir la propuesta del candidato, que se había comprometido a no pactar con el comunista Iglesias y a no aumentar los impuestos en la comunidad, durante su mandato; el presidente, Sánchez ha irrumpido, como elefante en cacharrería, para asumir el protagonismo en la contienda. El pobre señor Gabilondo que, a lo que en realidad aspiraba era que lo nombrasen Defensor del Pueblo de la comunidad y, pese a sus reticencias le han obligado a presentarse a las elecciones, porque no tenían a nadie mejor que oponer a la señora Ayuso, cargando con el “marrón” de convertirse en un personaje sin personalidad ni posibilidades algunas de obtener un buen resultado. Y así es como, señores, lo tienen, al pobre diciendo y desdiciéndose, según diga el guion de la Moncloa que se ve obligado a seguir. Y, consecuencia, de todos estos bandazos fue tal la confusión de este hombre que hasta ya se emparejó con Iglesias en el debate, cuando habló de gobernar juntos; desdiciéndose de su promesa original de no pactar con el comunista.

Pese a que en el Gobierno no quieren oír hablar de que los resultados de las elecciones de Madrid pueden tener efectos importantes en el resto de comunidades españolas, han sido ellos mismos con su comportamiento obstructivo, con su participación directa en los mítines, con la operación de convertir a la señora Ayuso en el enemigo a batir haciendo de ella el centro de todas las puyas, insultos, descalificaciones e injurias, presentándola como un ogro dispuesta a cargarse las libertades de los madrileños y a implantar un régimen opresivo sobre ellos. Lo que se han dejado en el tintero y lo que va a ser, salvo una sorpresa mayúscula, lo que les va a condenar a convertirse en oposición, es que la señora Ayuso no es una persona desconocida en la comunidad, no es alguien que acabe de llegar y de quién no se conozcan sus antecedentes, su forma de gobernar, sus defectos pero también sus múltiples aciertos y, por si fuera poco, gracias a la propaganda adversa de los socialistas y comunistas, la han convertido en un ídolo para los madrileños que se han tornado, a la vez, en sus mejores valedores y propagandistas para que, si las encuestas que, salvo el CIS de Tezanos ( el garbanzo negro), pronostican unánimemente la victoria de la candidata del PP, no estén todas equivocadas.

No podemos negar que, las esperanzas de todos los que no pertenecemos a esta izquierda resabiada que amenaza con la destrucción de España, están puestas en este órdago que se está planteando en Madrid y que estamos convencidos de que, si se produce como se espera, una victoria holgada de la señora Ayuso, que le permita gobernar de nuevo sobre todos los madrileños; el efecto contagio en otras comunidades, que ya están decepcionadas de estos gobernantes autoritarios y de talante totalitario que están intentando acabar con nuestra democracia para implantar un régimen de tipo dictatorial, como ya están haciendo, hurtando a los españoles el debate en el Parlamento sobre las leyes que van promulgando mediante el procedimiento de decreto-ley, mediante las cuales lo que se intenta es ir socavando, de una manera furtiva y maliciosa, los derechos constitucionales de los ciudadanos españoles; es muy probable que acaben tomando ejemplo de los madrileños.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie no podemos negar que sentimos un escalofrío de preocupación cuando un juez, como es el caso de Fernando Grande-Marlasca tiene la osadía, el atrevimiento, la cara dura y la desfachatez de decir que los sucesivos gobiernos populares en Madrid se han caracterizado por: “26 años de odio y señalamiento del diferente”. Queremos entender que lo del odio se lo ha sacado de su dura mollera, ya que no ha habido ninguna protesta durante estos años que ha gobernado la derecha, por parte del pueblo madrileño, respecto a conductas del gobierno popular que hayan tenido efectos en los que se demostrara odio contra nadie, si acaso prevención, vigilancia y actuación policial contra los delincuentes y respecto a aquellos que sólo buscan el desorden y el caos. Algo intuimos que, en el caso del señor Marlasca, por sus inclinaciones homosexuales, es posible que no se haya podido resistir a mostrar su resentimiento por algo que no se puede atribuir solamente a la comunidad madrileña, sino que, apenas hace unos años, se consideraba en toda la nación como algo inmoral, antinatural y denigrante. Y la frase de hoy, que dedicaremos a quienes muestren aversión al totalitarismo gubernamental. La frase se la debemos a Friedrich Hayek y dice así: “En un Estado totalitario la situación es, permanentemente y en todos los campos, la misma que en los demás países domina algunos ámbitos en tiempos de guerra. Se ocultará a la gente todo lo que pueda provocar dudas acerca de la competencia del Gobierno o crear descontento”. Sin duda, una frase para meditar sobre si les cuadra a quienes nos gobiernan.

Los fascistas son ellos
José Luis Feito. VZ 4 Mayo 2021

Muchas sociedades siguen sucumbiendo a la atracción fatal de este ideario nacionalsocialista, que hoy se presenta con otros nombres como chavismo, sandinismo, peronismo o podemismo

Ciñéndonos estrictamente a su ideario económico, se puede afirmar que el nacionalsocialismo y el fascismo son variantes del socialismo. En lo económico ambos idearios son muy similares por lo que se dice del uno se puede aplicar al otro. Al igual que la socialdemocracia marxista o el comunismo, estos regímenes aspiran a liquidar el capitalismo y la filosofía del liberalismo individual que lo sustenta. Muchos, dentro y fuera de Alemania e Italia fueron seducidos por su doctrina social para privilegiar los derechos de los trabajadores sobre los del capital y supeditar el uso y control de la propiedad privada al interés de la colectividad (según lo defina el gobierno de la nación).

A pesar de las advertencias y evidencias en contra aportadas por economistas que habían vivido en primera persona el avance del nazismo, como Mises y Hayek, en la mayor parte de países europeos fructificó la idea de que era una variante del capitalismo. En aquella Europa cuyos centros intelectuales estaban dominados por el marxismo, el nacionalsocialismo se vio como el último intento de la burguesía para salvar el capitalismo de su inexorable derrota por el socialismo. Prueba de ello, se aducía, era que los nazis habían perseguido a socialistas y comunistas, así como el apoyo de grandes industriales y terratenientes al régimen de Hitler. En cuanto a lo primero cabe señalar que el führer atacaba cualquier grupo político o de otro tipo que pudiera entorpecer su poder, lo que no tiene por qué excluir que su programa económico fuera profundamente socialista. Lo segundo concuerda con el papel que la propiedad privada desempeña en su sistema, pudiendo ser tolerada y premiada cuando se utilice siguiendo sus orientaciones y confiscada en caso contrario o, simplemente, cuando se considere necesario por “razones de Estado”. La historiografía reciente del nacionalsocialismo no deja lugar a dudas sobre el anticapitalismo furibundo del régimen. En la última y aplaudida biografía de Hitler por Brendan Simms (Hitler: sólo el mundo bastaba), publicada en castellano este año, este anticapitalismo constituye la clave para entender el nazismo, según dicho autor. En palabras de Simms: “para Hitler, el principal enemigo a batir no era el comunismo ni la Unión Soviética sino el capitalismo anglosajón global y la judería internacional que lo alimentaba”.

Como los socialismos marxistas, y en contraposición al liberalismo, el fundamento filosófico del nacionalsocialismo es la subordinación del individuo a la colectividad. De hecho, Hitler y Musolini compartían la visión marxista de la sociedad como una lucha de clases, si bien sustituyendo las clases económicas de Marx por naciones y razas. Sus pilares económicos distintivos, como se ha dicho antes, son el control estatal de las relaciones laborales y de la propiedad privada, dirigiendo lo uno y lo otro a los usos decididos por el gobierno nacional. En cuanto a lo primero destaca en Alemania la influencia práctica de Robert Ley, inspirado por el fascismo italiano perfeccionó el sindicalismo vertical, que copiamos en España, y fue jefe supremo del mismo hasta la derrota de Alemania (fiel a Hitler hasta el final, terminó ahorcándose en su celda). El derecho laboral nacionalsocialista impedía de facto el despido de trabajadores y el cambio geográfico u ocupacional de los mismos debía ser aprobado por el comité nacional de empleo. Estableció salarios mínimos y encomendaba al gobierno el monto de las variaciones salariales. En cuanto a la propiedad privada, se podía expropiar o nacionalizar, o beneficiar, según el gobierno decidiera que fuera lo más conveniente para alcanzar su concepción del interés de la colectividad. Muchos mercados estaban sujetos a controles de precios e igualmente estaban topados los beneficios empresariales.

Esta filosofía económica, además de atentar contra libertades fundamentales del individuo, carcome la prosperidad de las sociedades en donde se implanta. Incluso la aparentemente bien intencionada sobreprotección de los trabajadores frente a los intereses del capital se vuelve contra ellos porque termina limitando severamente sus posibilidades de contratación y cronificando las situaciones de paro o la economía sumergida o ambas cosas a la vez. Acaso sea por su acendrado anticapitalismo o por los beneficios que reporta a la clase gobernante, muchas sociedades siguen sucumbiendo a la atracción fatal de este ideario nacionalsocialista, que hoy se presenta con otros nombres como chavismo, sandinismo, peronismo o podemismo.

Por todo lo anterior, a los que regurgitando espuma por la boca llaman nazis o fascistas a quienes sostienen la superioridad de las políticas económicas liberales, hoy aún más necesarias que ayer, se les puede responder con todo rigor que los fascistas son ellos. Y, cabe añadir, no sólo en lo económico.

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Vox pide el voto para proteger Madrid de la izquierda

Redacción. https://rebelionenlagranja.com 4 Mayo 2021

La candidata de Vox a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, Rocío Monasterio, ha pedido el voto en las elecciones del 4 de mayo para proteger la región de la izquierda y de «sus políticas que traen ruina», y crear «una sociedad de patriotas», porque hacer patria hoy es «creer en lo común» y es «la mejor manera de oponerse al globalismo».

«La patria es el último refugio al que acudir cuando no queda nada, por eso sólo los ricos se pueden permitir el lujo de no tener patria», ha dicho Monasterio en la plaza de Colón, ovacionada por miles de simpatizantes que ondeaban banderas de España, frente a los que ha criticado a «esa izquierda pija que va a Vallecas de turismo, que ha abandonado los barrios, que llama xenófobo al vecino que pide seguridad en las calles», ha continuado.

Y por eso -ha proseguido- «nos insultan, nos tiran piedras, porque saben que somos la voz del sentido común, la que madruga, que es valiente, y que ha dicho ‘hasta aquí hemos llegado'», ha exclamado Monasterio, que asegura estar harta del «adoctrinamiento en las aulas» y de que quieran que los niños sepan «más de genero y afectos sexuales que de matemáticas, lengua e historia».

Las madres y padres, ha sostenido Monasterio, no van a permitir que sean educados por «Pablo Iglesias y los suyos» y por eso les ha pedido que voten para «mandar a Pablo Iglesias a su casa y que le aguante Irene (Montero)» y decirle a Pedro Sánchez que «en Madrid comienza el principio del fin del Gobierno de la ruina y la miseria».

En su intervención ha recordado el debate de la Ser que abandonó el candidato de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, después de que Monasterio pusiera en duda la carta amenazante con balas que éste había recibido.

«No nos conocen. Se puso digno diciendo que no condenábamos las amenazas, como si nosotros fuéramos como él, nosotros las habíamos condenado, toda la violencia venga como venga», ha señalado.

Por su parte, el líder de Vox, Santiago Abascal, ha dicho que la suya ha sido la campaña «de la ilusión, de la esperanza, de la decencia y de la libertad» frente «a los que sólo han traído resentimiento, odio, censura y trampas», y que va a dejar «un recuerdo imborrable» que «tarde o temprano dará la victoria a Vox en toda la nación».

Ha añadido que el «Gobierno del montaje nos ha tenido diez días hablando de la (campaña) del sainete balístico», en alusión a las cartas amenazantes que recibió Iglesias y otros políticos, y ha insistido en que Vox no sabe si esas cartas «son verdad o mentira».

«Diez días hablando de eso mientras los sicarios que mandaba Iglesias han sido los que nos han agredido y el Gobierno lo sabía y se ha callado, en el mayor acto de corrupción perpetrado desde hace tiempo en unas elecciones en España», ha dicho Abascal.

«Qué buenos frutos nos van a traer las elecciones, por fin alguien que tenga que aguantar al macho alfa y no van a ser los españoles. Ese machito alfa llorón», ha apostillado el líder de Vox, que ha señalado que Iglesias no tiene derecho a quejarse porque «ha traído a España la violencia, los escraches, la batasunización y los insultos».

También ha cargado Abascal contra Más Madrid que, «como Iglesias, tienen la lengua muy larga y la piel muy fina», así como contra el candidato socialista, Ángel Gabilondo, a quien ha llamado «Biden Gabilondo» y que parece «moderadito» pero ya se quitó «la careta».

También contra Pedro Sánchez, que ha señalado que es «el presidente del Gobierno ilegítimo de España» y que ha pactado con los «enemigos de España», y finalmente contra el PP de Pablo Casado, que está «en la equidistancia respecto al Gobierno» y al que ha acusado de ser «la veleta azul».

«Vox es de verdad, es un movimiento social y patriótico auténtico que está llamado a ser la principal fuerza política del país muy pronto», ha asegurado en el mitin, que ha finalizado con fuegos artificiales con los colores de la bandera de España que han iluminado toda la plaza de Colón, con 3.500 personas que han permanecido sentadas en asientos separados y otras tantas que han estado de pie durante el acto, según fuentes de la formación.

Pablo Iglesias debe ser desterrado con los votos de la vida pública española

Los madrileños pueden acabar con un nefasto dirigente que jalea la violencia, la confrontación y el enfrentamiento. Y obligarle a Sánchez a cambiar con urgencia de socios.
ESdiario Editorial 4 Mayo 2021

Resulta simplemente inaceptable que un líder político, y con él su partido, comprendan, disculpen o incluso jaleen la violencia. Y eso es precisamente lo que, desde hace años, han venido haciendo Pablo Iglesias y Podemos, un partido que nació con unos fines y se ha dejado arrastrar por la deriva cesarista, antisistema y marginal de un indeseable que ha privatizado, en beneficio propio, el espíritu germinal del 15M.

En estos años, el hasta hace nada vicepresidente segundo del Gobierno de España y ahora aspirante a presidir la Comunidad de Madrid; se ha puesto siempre en el lado incorrecto: comprensivo con ETA o sus herederos e inhumano con sus víctimas; cercano a los CDR y a todos los agitadores y distante con los comerciantes o vecinos que han sufrido sus estragos.

El 4M decide también el futuro de un sanchismo entregado a la extrema izquierda

Y guerracivilista con sus rivales constitucionales, desde el PP a VOX pasando por Ciudadanos; y encantado con siglas como Bildu o ERC que defienden abiertamente el derribo de la Constitución, la fractura de España e, incluso, el enfrentamiento abierto contra el orden público.

Madrid puede enviar al olvido a Iglesias y obligar a Sánchez a cambiar de socios, de discurso y de objetivos

Ese penoso currículo ya le hacía antes indigno de ostentar cualquier representación pública. Y retrata a la perfección a Pedro Sánchez, que no ha hecho otra cosa que blanquear a Iglesias y al pesado equipaje que le acompaña con tal de alcanzar y mantener sus objetivos.

Sánchez debe cambiar el rumbo
Pero si a todo eso se le añade la confirmación de que dos colaboradores de Iglesias estaban entre los trece detenidos por herir a 20 policías en un mitin en Vallecas; el escándalo no tiene precedentes. Y la cobertura ofrecida por el Gobierno, que calló los hechos mientras activaba una bochornosa "alerta antifascista" sirviéndose de residuales amenazas anónimas; rebasa todas las líneas rojas y pone en riesgo la propia salud de la democracia.

Los madrileños tienen la oportunidad de confinar a Iglesias en el olvido. Pero aunque eso no ocurra, el PSOE tiene la obligación de hacerlo por ellos: si alimentar el choque es triste, protagonizarlo es ya irreversible a efectos de aparcar a este lamentable dirigente de todo respeto institucional: con los violentos nada hay que hablar. El silencio, la indiferencia y la ley son las únicas respuestas. Y si Sánchez no es capaz de entenderlo, su futuro será el mismo que el de su penoso socio.

El dr cum fraude
Nota del Editor 4 Mayo 2021

El PSOE tiene la obligación de desaparecer. Mientras siga el dr cum fraude destrozando España, no hay otra alternativa que seguir apoyando a Vox. Todo lo que no sea apoyar a Vox, es seguir en la misma desastrosa cuesta de destrucción de España.

Madrid a la (derecha) madrileña
José María Marco. Libertad Digital

La campaña electoral madrileña ha sido, sin duda, una de las más fascinantes de la historia reciente de España. Pocas veces han ocurrido tantas cosas, y tan relevantes para Madrid, para la vida española y, también, para reordenar corrientes políticas profundas.

Para empezar, son las primeras elecciones en las que se juzga, con una repercusión nacional, la catastrófica gestión de la pandemia y de la crisis realizada por el Gobierno social-podemita de Sánchez, en alianza con separatistas y filoetarras. Además, las provocó, al parecer sin darse cuenta de lo que ponía en marcha, la propia Moncloa en una maniobra con Ciudadanos. Con su auto-moción de censura en Murcia –y el regalo de la alcaldía de Murcia al PSOE–, Ciudadanos tal vez haya acabado por destruir la sucinta y somera posición que le quedaba después de haber abandonado Cataluña. Es uno de los partidos que se ha jugado su supervivencia en esta campaña: un primer signo de que se ha cerrado el ciclo de ruptura regeneracionista iniciado como consecuencia de la primera crisis y que tantas esperanzas –no compartidas por quien esto firma– suscitó en su día.

Tal vez el PSOE quiso redorar sus credenciales centristas, pero para ello tenía que haber previsto un candidato más atractivo que el que ha lucido en Madrid. Prueba evidente de la improvisación, la ceguera y el vacío estratégico con los que el PSOE encaró una campaña en la que ha cambiado por tres veces –como mínimo– de táctica. No ha sido Inés Arrimadas el único líder mudo y desaparecido en campaña, ante el más que probable fracaso de su candidato. Lo que empezó como una ofensiva nacional contra Díaz Ayuso ha acabado convertido en una casi patética petición de ayuda al exvicepresidente, y en el respaldo sin fisuras a la brutalidad exhibida por su formación política. Nunca lo que el PSOE piensa de Madrid había quedado explicitado con tanta claridad.

Por la izquierda, queda por explicar la espantada de Iglesias, que deja un puesto de primera categoría para representar a un grupo secundario en una Asamblea regional. Como resulta imposible creer que Iglesias se inmole por amor al arte, seguramente habrá un pacto, entre podemitas y monclovitas, que no tardaremos en conocer. El caso es que tampoco parece que hubieran previsto la tozudez de Más Madrid, bien situado para saborear una venganza largamente esperada. Es posible que hubiera sido más intensa y sabrosa de haber evolucionado Más Madrid hacia una izquierda woke menos primitivamente marxista, como lo sigue siendo. En cualquier caso, parece haber actuado, además de la incitación a la venganza, como refugio para un votante de izquierda desconcertado con un PSOE que estaría agotando su tradición antinacional y antidemocrática (primera y original, en contra de lo que se sigue diciendo). Cambios gigantescos, como se ve, que comprometen toda la situación de la izquierda española.

El aterrizaje de Iglesias también tuvo consecuencias entre sus adversarios ideológicos. El cerrilismo exhibido por el podemita desinhibido contribuyó a proyectar una luz dramática, y no deseada, sobre la propuesta y Rocío Monasterio, la candidata de Vox, ya de por sí castigadas por una mentalidad que se resiste a aceptar la existencia de una alternativa cultural y política al progresismo.

De rebote, Iglesias impidió –aún más de lo previsto– que el PP polemizara con Vox. Se conforma así un posible reparto de papeles que puede ser beneficioso para ambos, y sobre todo para la sociedad española, en el futuro, aunque no habría que olvidar que la dimensión nacional de estas elecciones no borra del todo su categoría regional. Díaz Ayuso es un fenómeno madrileño, aunque vaya a tener efectos en las políticas de otras comunidades gobernadas por el PP. No será fácil replicar a nivel nacional el atractivo de la presidenta, conseguido –además de por sus valientes dos años de gestión– por el ataque implacable a la que la ha sometido el Gobierno central. Parece que tampoco en esto los monclovitas habían previsto que podían crear un mito y, además, consolidar una renovada identidad madrileña, vivida en buena medida contra el socialismo. De ahí a que la derecha se emancipe de una vez de su sempiterno papel de gestor de las ocurrencias de la izquierda media muy poco.

Mañana podremos comprobar cómo estas tensiones, algunas de ellas muy de fondo, cristalizan en una situación política nueva.

El ocaso de Feijóo
Vicente Torres. Periodista Digital 4 Mayo 2021

En la vida y en la política hay ciclos y todo apunta a que se aproxima uno de ellos, motivado por la repulsa que genera Sánchez. En el lugar oportuno y momento adecuado ha tenido la suerte de estar Ayuso, a la que no le ha faltado el valor para mantener el tipo.

Si Felipe González tuviera la talla personal de Adolfo Suárez, habría convertido al PSOE, en su refundación, en un partido modelo, obligando al PP a serlo también. Tendríamos ahora una democracia ejemplar. Pero es mezquino y, por tanto, no es de extrañar que su partido haya generado excrecencias como Zapatero y Sánchez, que han traicionado todo lo que se podía traicionar, comenzando por sus propias víctimas del terrorismo. Esperemos que el PSOE haya tocado fondo y que opte por reinventarse partiendo de aquellos ideales que tenían bastantes de sus afiliados de primera hora y de muchos de sus votantes de entonces.

A los catalanes les gusta mirarse en el espejo de Madrid, y no les queda más remedio que darse cuenta de su pujanza y compararla con el declive moral y económico de Cataluña, propiciado por el nacionalismo. La hartura se empezando a notar.

Los vascos, a la vista de la chulería con que se conduce el criminal Otegui, tendrán que comprender que su condescendencia con los etarras no les trae nada bueno. Falta un líder allí que hable alto y claro.

Es normal que alguien tan limitado como Chimo Puig, cuyo odio a los valencianos es evidente, no se entere de lo que pasa y persista en sus idioteces. Pero lo que es motivo de risa es que Feijóo, que se tiene por la cabeza pensante del PP, tampoco se percate que el viento empieza a soplar por otro lado, e incida en su nacionalismo estúpido. Debería ir empezando a abandonar esa vía, en la que no debió entrar jamás, porque el nacionalismo es tan nocivo como el comunismo. Como no lo hace, se lo llevará el vendaval.

Gracias, Ayuso.

La mirada catalanista de Madrid
Pablo Planas. Libertad Digital 4 Mayo 2021

Una gran parte de los periodistas y tertulianos de la Cataluña del proceso separatista contempla la política madrileña con indisimulado horror, como si en lugar de la vida pública de la capital de España observara la de Kabul. El espanto ante el supuesto fascismo que presuntamente asuela Madrid es sincero, lo cual tiene un enorme mérito. Quienes con más aspavientos condenan los sobres con balas dirigidos a políticos socialistas jamás dijeron ni una palabra sobre las amenazas de muerte, abucheos, insultos, agresiones y demás expresiones del independentismo frente a lo que tachan con desprecio de "unionismo". Pero es que ni una. Claro que tampoco dijeron nada cuando el sobre con balas iba dirigido a Isabel Díaz Ayuso, un envío procedente, por cierto, de Cataluña.

De lo que sí han hablado es de las vacunas que la Generalidad debe administrar a los agentes de la Policía Nacional y la Guardia Civil destinados en Cataluña. Han dicho, en la línea del doctor Argimon, que si se vacuna a los policías no se podrá vacunar a los ancianos. Tal cosa no ha sido óbice para que dos minutos después la consejera de Salud, la republicana Alba Vergés, anunciara la vacunación de la población de entre 50 y 59 años.

La cuestión es más o menos así. Vacunar a todos los Mossos no ha provocado ninguna discriminación ni víctimas colaterales; empieza a administrarse la vacuna a la gente de entre 50 y 59 años y, sin embargo, vacunar a la vez a los policías y a los guardias civiles es quitar la aguja de los brazos de los ancianos para ponerla en los de quienes no la necesitan o, peor aún, no la merecen. Pues la gente que defiende estos disparates de raíz balcánica es la misma que llama fascista a Isabel Díaz Ayuso o a Rocío Monasterio. No tiene una explicación lógica. Es el nacionalismo puro y duro, a dos pasos del fascismo de verdad.

Es cosa de ver cómo se rasgan las vestiduras los tertulianos del proceso porque el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, dijera aquello de "Seremos fascistas, pero sabemos gobernar". No es que no aprecien la ironía implícita en el mensaje, es que ni siquiera reparan en que Martínez Almeida es al fascismo lo que Pablo Iglesias al esfuerzo, la honradez o la sinceridad. Nada que ver, y no hace falta conocer en profundidad al alcalde de Madrid para llegar a esa conclusión. Pero todo vale, y más cuando se habla de Madrid desde Cataluña.

El fenómeno catalanista de la caricaturización de Díaz Ayuso, de Vox y de Madrid alude al supremacismo separatista, lo que está bastante más cerca del fascismo (porque es fascismo) que las declaraciones del alcalde. Las elecciones se siguen con sumo interés en Cataluña. El separatismo en pleno está con Iglesias, Mónica García y Gabilondo y aboga por una subida generalizada de los impuestos que convierta la Comunidad de Madrid en un infierno fiscal como el de la región catalana, donde se paga más por todo para que la Generalidad pueda abrir más embajadetas y Puigdemont viva como un monarca republicano en Waterloo.

Por lo demás, el año pasado, el de la pandemia, se registraron en Cataluña 380 incidentes de violencia política y odio ideológico, 349 perpetrados por individuos o grupos independentistas. Un informe del Observatorio Cívico de la Violencia Política en Cataluña desgrana así el estado de la cuestión en este oasis de la concordia: "Acoso y boicot a los contrarios a la secesión y escarnio a figuras y representantes del ámbito constitucional (46 incidentes); daños y deslucimiento de bienes del ámbito contrario a la secesión (43); injurias a representantes del constitucionalismo (24); enaltecimiento del terrorismo dirigido a los constitucionalistas (20); amenazas a los contrarios a la secesión (19); agresiones físicas a constitucionalistas (13)". Esta suma sólo tiene en cuenta los hechos concretos en lo que se podría denominar vida real, no las amenazas e insultos en redes sociales.

Muy mal se tendrían que poner las cosas en Madrid para alcanzar los datos de violencia real y odio digital y postal que rigen en la Cataluña del proceso independentista.

No nos quieren en Cataluña
Roberto González Rodríguez, Secretario Federal Territorial del Sindicato Unificado de Policía
La voz 4 Mayo 2021

Una vez más nos quieren desplazar. En esta ocasión, la vacuna ha sido el argumento para discriminar a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (FCSE) en Cataluña. El uniforme con la bandera de España parece molestar a los que quieren romper la unidad nacional, a los que pretenden campar a sus anchas bajo el pretexto del independentismo, a aquellos que rezuman odio contra los agentes estatales, señalándolos por el simple hecho de elegir una profesión que para los radicales no tiene encaje dentro de su forma de vida.

Mientras la estrategia establecía que el personal esencial debería estar ya vacunado, las autoridades sanitarias de esa comunidad han obviado esa obligación que ha tenido que llegar de la mano de la presión social y del amparo judicial.

En cada concurso general de méritos, las plantillas de la Policía Nacional ubicadas en Cataluña quedan desabastecidas. Es el destino menos jugoso para un policía y para un guardia civil. Cerca de un 40 % de los funcionarios policiales destinados en esa comunidad autónoma aspira a obtener traslado a otra región. Urge un plan de medidas económicas acompañado de otras enmarcadas dentro del ámbito sociolaboral, teniendo en cuenta el incremento de la presión sufrida por los miembros de las FCSE desde hace varios años por su papel en el auxilio a jueces y fiscales en cumplimiento de diferentes instrucciones que, por parte de un concreto sector de la sociedad, han desencadenado una campaña de señalamiento y acoso contra los profesionales de ambos cuerpos. Buscan de esta manera un empeoramiento de sus condiciones de vida y plantean la salida de la Guardia Civil y la Policía Nacional de Cataluña para su plena sustitución por los Mossos, ya como policía exclusiva y excluyente. Esta especial circunstancia debe verse compensada mediante la creación de un complemento salarial de especial singularidad por prestar servicio en Cataluña, similar al que está establecido en el País Vasco o Navarra, así como la concesión de mayor número de días de vacaciones y permisos, con la creación de un permiso especial para los destinados en Cataluña, que compense la mayor presión social que se registra por las campañas habituales de entidades independentistas contra el trabajo de las FCSE, con el señalamiento de los agentes y de sus familias.

Aunque algunos quieran ver lejos de Cataluña a la Policía Nacional y a la Guardia Civil, su presencia en esa hermosa comunidad autónoma es sinónimo de libertad y de derechos, los mismos que cercenan cada vez que nos desprecian, cada vez que nos discriminan. La vacunación es un ejemplo más.


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