AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 5  Mayo  2021

Ayuso tritura al sanchismo y convierte a Madrid en cuna de la reconquista política
OKDIARIO  5 Mayo 2021

Isabel Díaz Ayuso ha propinado al socialcomunismo una paliza política de dimensiones colosales. El sanchismo sale triturado de las urnas, recibiendo un durísimo castigo que trasciende en mucho al ámbito madrileño. Porque el aplastante triunfo del PP (65 escaños) y el buen resultado cosechado por Vox (13) colocan a la derecha en una posición hegemónica en la región que se ha erigido en motor económico de España y en referente de libertad frente a una izquierda cada vez más sectaria. El punto de inflexión que el resultado de los comicios madrileños marca en el panorama político nacional es evidente, porque nada será igual para Pedro Sánchez. Su derrota es absoluta (24 escaños, 13 menos), tanto como el batacazo de su aliado Pablo Iglesias (10), que sale trasquilado. Los madrileños le han indicado a Iglesias la puerta de salida y el líder podemita se marcha de la política.

Ayuso sale de las urnas convertida en el azote del socialcomunismo; su liderazgo crece de forma exponencial. Ella sola ha hecho jirones a los partidos que conforman el Gobierno de España y convertido a Madrid en catapulta para una ofensiva que doblegue finalmente al sanchismo. Ayuso ha marcado el camino para acabar con una izquierda política que se ha convertido en una amenaza real para la libertad. La respuesta de Madrid ha sido un clamor que pone patas arriba el tablero político nacional y que, sin duda, tendrá un efecto transversal en otros territorios.

Ayuso no sólo ha absorbido por completo a Ciudadanos, sino que ha entendido que en las circunstancias que atraviesa el panorama político español, Vox no puede ser un adversario, sino un aliado necesario para acabar con el socialcomunismo. La indispensable unidad del centroderecha se convierte ahora casi en una obligación moral para los partidos de oposición al sanchismo, que en Madrid toca fondo y se ve superado en votos por Más Madrid (24). Ayuso ha demostrado cómo hacerlo: su victoria sobre la izquierda es cuantitativamente abrumadora, pero cualitativamente tiene un valor inmenso. Madrid se convierte en la cuna de la reconquista política de la mano de una mujer que encarna en sí misma los valores que venían reclamando millones de españoles para plantar cara con éxito al socialcomunismo.

Primer aviso para Sánchez
Las elecciones de Madrid arrojan un resultado catastrófico para el presidente del Gobierno. Las urnas son un duro castigo a su gestión de la pandemia y de la crisis, y a sus mentiras
Editorial ABC 5 Mayo 2021

Las elecciones de Madrid arrojaron ayer un triunfo incontestable de la candidata del PP, Isabel Díaz Ayuso, que podrá reeditar su gobierno incluso con la abstención de Vox. Ayuso no solo dobló el número de escaños que tenía, pasando de 30 a 65, sino que ella sola superó a toda la izquierda. Su triunfo sirvió también para dar un aldabonazo liberal-conservador al discurso del odio promovido por la izquierda durante la campaña más cainita y pobre que se le recuerda. Y fue asimismo el refrendo mayoritario de una gestión política basada en la libertad frente al intervencionismo autoritario y el revanchismo ideológico. Con estos resultados se ha premiado la bajada de impuestos a los madrileños y, sobre todo, la capacidad de compatibilizar con éxito el binomio seguridad-sanidad en plena pandemia. Incluso, estas elecciones están llamadas a ser un indicio de reunificación de la derecha: si no una reconciliación a corto plazo, porque las diferencias entre el PP y Vox y entre sus líderes son elocuentes, sí apunta a crear al menos una primera conexión emocional entre sus electorados.

En segundo término, las elecciones suponen una severa advertencia a Pedro Sánchez porque no se han basado exclusivamente en el inusitado tirón de Ayuso. Analizarlo así sería incompleto porque el mensaje de cientos de miles de madrileños es de castigo a Sánchez, por más que el PSOE quiera atribuir el desastroso resultado a algo coyuntural. Hasta Más Madrid le ha superado como segunda fuerza. Madrid ha sido la constatación del brutal desgaste que están experimentando Sánchez y su coalición con Podemos, y necesariamente el resultado tendrá repercusiones en una legislatura en la que los socios nacionalistas y separatistas del PSOE tomarán nota de la creciente debilidad de La Moncloa. Al llegar a votar, Sánchez fue recibido con abucheos e insultos. Al concluir, ni siquiera recurrió al tópico de desear éxito a su candidato. Se limitó a presumir de las buenas cifras de vacunación, olvidando que los mítines habían acabado el sábado. Sánchez es un consumado maestro del engaño, pero el varapalo para el PSOE es absoluto y no toda la culpa de su peor resultado histórico es de Gabilondo. Madrid es hoy el motor económico de España y sus ciudadanos saben que el aparato de propaganda del PSOE se ha averiado, que el ritmo de vacunación es lento, y que las ayudas de Europa siguen en el aire porque Moncloa envía un mensaje buenista a Bruselas y otro opaco y falso a los españoles. Las medias verdades de Sánchez lo han convertido en el auténtico catalizador de un votante de la derecha harto y reactivo.

Las elecciones fueron también frustrantes, si no la puntilla, para los dos partidos que hace solo unos años encarnaron la ‘nueva política’. Ciudadanos, desde el centro político, ha comprobado cómo la tensión ideológica y el liderazgo sin credibilidad de Inés Arrimadas están terminando de desactivarlo como alternativa política. La inmensa parte de su electorado ha retornado al PP y su guión de formación bisagra se desvanece. A su vez, Pablo Iglesias apenas ha aportado tres escaños a los siete que ya tenía Podemos. Su estrella política y mediática al fin se agotó anoche producto de sus muchos errores, sus incoherencias y su desmesura demagógica. Iglesias creó Podemos, e Iglesias lo ha dinamitado, de modo que el proceso de sustitución en la extrema izquierda a manos de Más Madrid es ya una realidad. Y Vox, aún al alza pese a la influencia de Ayuso en la derecha, ha vuelto a recabar otro éxito electoral con 13 escaños que indican que aún no ha tocado techo. Con Ciudadanos fulminado y Podemos en decadencia, Vox y Más Madrid ganan puntos ante unas hipotéticas elecciones generales. Y todo, con dos añadidos favorables para la derecha: primero, que mientras la variable de Ciudadanos desaparece, el refuerzo de Pablo Casado y Santiago Abascal es notorio; y segundo, que Sánchez no arrastra ni un solo voto de Podemos.

Si el PSOE cree que este descalabro es solo achacable a Ayuso, se equivocará. Se ha votado contra su gestión de la pandemia, contra el miedo a la recesión, contra el infantilismo con el que Sánchez trata a la opinión pública, y contra los mantras oficiales de la izquierda porque ya se ha perdido el complejo a replicar a su guerracivilismo. Sánchez debe preguntarse si no le han penalizado el abuso de gobernar por decreto, los seis meses de alarma por capricho, el acoso al poder judicial, su sectaria ley de educación, los trucos patéticos del CIS o la eutanasia. Madrid debe ser el primer paso para que Sánchez salga de La Moncloa lo antes posible.

Ganó el alegato por la libertad
«Ayuso no sólo ha ganado en las urnas, sino desvirtuado la dialéctica de la izquierda»
Editorial La Razón 5 Mayo 2021

Isabel Díaz Ayuso ha conseguido una victoria inapelable en las elecciones autonómicas madrileñas. No sólo ha doblado los escaños que obtuvo en 2019, sino que ha conseguido algo mucho más trascendente, como es la derrota del discurso maniqueo de la izquierda, con un alegato por la libertad.

Un concepto de la libertad, sin embargo, muy alejado de los grandes gestos, vacuos en demasiadas ocasiones, que los ciudadanos han sabido interpretar en sus exactos términos y que han identificado en la figura de la candidata popular, en su manera de entender la política, de gestionar los intereses públicos en medio de una de las mayores crisis sociales que recuerda la historia, como es la provocada por la pandemia del coronavirus.

Frente a esta realidad, también inapelable, la izquierda madrileña se ha dejado llevar por el discurso de la catástrofe, casi del apocalipsis, dibujando un retrato de Madrid, que la mayoría de sus vecinos percibían como ajeno a su experiencia de vida cotidiana.

Una percepción que trascendía los límites de la comunidad para convertirse en reclamo en otras partes de España, que han visto en la rebeldía de Ayuso frente a los dictados erráticos y cambiantes de un Gobierno central siempre a remolque de los acontecimientos, que era posible otra estrategia para combatir la infección que no pasara inevitablemente por la destrucción del tejido productivo y de los puestos de trabajo.

Hasta qué punto este cambio de paradigma político, que desvirtúa la dialéctica de la izquierda, puesto que pone el acento en el derecho de las personas a desenvolverse social y laboralmente desde su propia libertad, puede extrapolarse al conjunto de España es pronto para saberlo.

Todo lo más, la constatación de que se está produciendo el proceso de la reconstitución del centro derecha español, con el Partido Popular como eje.

Con un aviso a navegantes que no se debería desdeñar. En lo ocurrido en Madrid no sólo cuenta el factor Ayuso, de indiscutible tirón popular, sino los graves errores de la campaña del PSOE, con un candidato que se ha dejado arrastrar por la dialéctica frentista de la extrema izquierda, y que ha provocado, como demuestra la alta participación electoral, una reacción del voto más moderado, incluso, socialista, agrupado en torno al candidato que partía con mejores posibilidades de triunfo.

Giro a la derecha de largo recorrido
Moncloa y el PSOE se empeñaron en hacer del Gobierno, de la Comunidad y de la ciudad el objeto de una campaña de insultos
José Marco larazon 5 Mayo 2021

En las primeras elecciones en las que se juzgaba seriamente la catastrófica gestión de la pandemia por la coalición sancho-podemita, los resultados son inapelables. La derrota (dan ganas de escribirlo con mayúscula, como el «Desastre») es de orden histórico. Sólo se salvan, en un gesto de suprema ironía, los camaradas depurados por Pablo Iglesias, que además no han participado en el Gobierno central. La derrota de los progresistas lleva aparejada una gran victoria de la derecha.

En parte, esta victoria ha sido fruto de la inopia de Moncloa y del PSOE, al empeñarse en hacer del Gobierno, de la Comunidad y de la ciudad –es decir de los madrileños– el objeto de una campaña de insultos y desprecios. Los madrileños –todos– les estaban esperando desde antes de que Isabel Díaz Ayuso convocara las elecciones: ha sido el momento adecuado para expresarlo como los madrileños querían hacerlo.

De ahí la participación, letal para el progresismo. En Madrid, la polarización siempre ha beneficiado a la derecha, y la derecha, en este punto, se ha limitado a sentarse a ver cómo los social podemitas se empeñaban en una táctica autodestructiva.

Aun así, había que manejar con sensatez esta oleada. Y la derecha lo ha hecho con habilidad. Para empezar, no se han producido escaramuzas, menos aún grandes enfrentamientos, entre PP y Vox. Cada partido ha jugado en un terreno, y ha conseguido que en vez de restar, la derecha sume. Es toda una lección para lo que viene, que los dos habrán de tener en cuenta.

Por otro lado, Vox ha resistido a las consecuencias de su propio éxito. Y es que el éxito de Díaz Ayuso, que la presidenta se ha ganado en muy buena medida por su audaz y valiente actitud ante la pandemia y la crisis económica, también se debe, en buena medida, a haber sabido incorporar una parte importante de la propuesta de Vox.

Desde el llamamiento épico a la resistencia contra el comunismo, al tono de matices libertarios de las propuestas económicas, pasando sobre todo por el enfrentamiento directo con el sancho-podemismo, Díaz Ayuso ha comprendido que se necesita algo más que el tono tecnocrático para vencer al progresismo.

Y sobre todo, que es imprescindible elaborar un discurso propio, ajeno a los clichés y a las ocurrencias de la izquierda que han dominado la vida cultural española en los últimos cuarenta años. Entre Cristina Cifuentes y Díaz Ayuso, media Vox. Habiendo dejado atrás la sumisión al discurso de la izquierda, Díaz Ayuso se ha instalado en la confrontación y la movilización de los suyos con una actitud propia. Ha desaparecido el miedo a movilizar a la izquierda que durante décadas ha paralizado a la derecha. Y lo que se ha movilizado es un nuevo voto, joven, que utiliza las urnas para afirmarse y echar del poder a quienes los detestan.

Aun así, otro dato interesante es que Vox ha conseguido no dejarse absorber por una campaña tan arrolladora y una popularidad tan extraordinaria como la conseguida por Díaz Ayuso. El electorado de Vox ha permanecido fiel a sus preferencias de hace dos años y no se ha dejado seducir por un PP que, por su parte, ha cambiado mucho, mientras Vox permanecía donde estaba.

Esto impide, en buena medida, que los datos de Madrid se puedan trasladar fácilmente a otras autonomías o a unas elecciones nacionales. A menos –salvo Galicia, que funciona como una Comunidad Autónoma al margen de las demás, al estilo de Cataluña y el País Vasco– que en esas otras partes de España aparezcan opciones o candidatos similares a lo que Díaz Ayuso representa. Quizás esta sea la auténtica dimensión nacional de las elecciones en la derecha.

Para el futuro de la derecha, por tanto, se pueden augurar cambios importantes, y fructíferos, si se saben sacar las consecuencias de lo que ha ocurrido en Madrid. No es fácil de trasplantar la irritación de los madrileños ante un Gobierno que ha hecho lo indecible posible para humillarlos.

En cambio, no es demasiado arriesgado suponer que la elaboración de un discurso y una actitud propios puedan llegar a producir situaciones como aquella a la que estas elecciones han dado lugar en Madrid. Además, hundida la regeneración por la izquierda, todo el deseo de cambio –de libertad, de respeto, de autonomía, de dignidad– se concentra en la derecha, que tendrá que responder a esta demanda con criterio y sin miedo al choque dialéctico e ideológico. En este sentido, la resistencia de Vox en Madrid sugiere unos buenos resultados en el resto de España. Los del PP, animados por estas elecciones, no tienen por qué ser peores.

En el fondo, el éxito cosechado por el PP y Vox a través del nuevo PP señala un camino de colaboración en profundidad y de largo recorrido. Habrá que encontrar fórmulas originales que permitan rentabilizar esa colaboración sin, por ahora, perder la singularidad de cada formación.

Dignidad perdida. Oportunidad perdida
Nota del Editor 5 Mayo 2021

No hay que hacer un viaje en el tiempo para demostrar que el PP es parte importante y casi suficiente de la destrucción de España. Entre la traición de Rajoy y el impostor Núñez, hay explosivo suficiente para que el PP desaparezca. En la vieja Galicia, fue el PP, Fernandez Albor, el firmante de la conculcación de los derechos humanos y constitucionales de los español hablantes y Núñez sigue en ello. En Cataluña y en el resto de España se encargó centroman (Aznar) de hacer lo mismo impidiendo que el defensor del pueblo presentara recurso de inconstitucionalidad contra la  conculcación de los derechos humanos y constitucionales de los español hablantes.

Cuando la ciudananía reaccionó contra el zapaterismo, el PP de Rajoy tuvo la oportunidad de hacer alguna reparación, pero por inepcia o traición puso al dr cum fraude en el timón de la destruccíón de España que los comunistas tanto desean. Del PP de Casado ya hemos tenido tiempo de ver su inutilidad y rencor.

Muchos ciudadanos han demostrado que tienen fallos de memoria y se han decantado por los cantos de sirena del PP, dejando a Vox en manos de los fieles creyentes con convicciones firmes sobre España, la libertad y la dignidad.

Un efecto madridosa
Enrique García-Máiquez. https://gaceta.es/ 5 Mayo 2021

El juego de palabras del título es malo, pero yo no vengo a adornarme, sino a describir lo que pasa de forma eficaz. La primera consecuencia que tiene es que, aunque no seamos de Madrid ni siquiera muchos de ustedes de España, nos afecta el resultado de estas elecciones. Natural: no eran unas elecciones regionales más. Confluían muchos factores que hacen que el desarrollo de los acontecimientos y el resultado vayan a ser un cambio de marea o un punto de inflexión con repercusiones crecientes. De las urnas al huracán político como el aleteo de una mariposa en Japón y el tornado en California, según dicen.

La estrategia de la factoría Iván Redondo ha fracasado. Quizá ya no lo recuerde nadie, después de los giros que han hecho dar a Gabilondo, su candidato maleable en Madrid, pero la idea era hacer la campaña por el centro, por la moderación y la seriedad. Apostándolo todo contra Pablo Iglesias. Gabilondo aseguró que no gobernaría con él ni de broma. Esa táctica fracasó estrepitosamente desde el inicio porque ni la aritmética electoral permite un PSOE por libre ni tampoco sus votantes compran que Sánchez pueda moderarse nunca ni vaya a liberarse jamás de la sombra de Iglesias. Está podemizado hasta los huesos. Han fundido sus destinos. Esa ha sido una victoria de Iglesias. El PSOE de Sánchez ya es su marca blanca.

Pero es la única victoria de Iglesias; y encima será pírrica. Se le ha consolidado la escisión de Íñigo Errejón, que le ha dejado muy atrás. No es extraño porque el personaje Pablo, tras su espantada de Vallecas hacia Galapagar, tras sus maneras de macho alfa y tras lo de sus empleados de seguridad contra un partido de la oposición, ya no engaña a nadie. Ha sacado más votos de los que merece, aunque los que le voten —a estas alturas— sí se lo merecen a él y son pocos, decrecientes y desilusionados.

El electorado de Ciudadanos hubiese merecido más de su partido y ha demostrado su rechazo a los vaivenes de la dirección votando a otros. Esa susceptibilidad democrática es lo mejor que tuvo Cs. Si ahora ha recalado mayoritariamente en el PP nunca lo hará a título de propiedad acrítica. No será una absorción, como sueña Teodoro García Egea.

Las cosas más importantes han pasado en la derecha. El PP ha comprobado que sin remilgos ni ambages ni centrismos termina conectando con una parte sustancial de votantes posibles. Es más rentable confrontar el mensaje y las maneras de la izquierda, incluso sus leyes ideológicas, aunque eso no sabemos si Ayuso lo ha aprendido aún. Pero en cualquier caso esta experiencia deja muy tocada también la estrategia del equipo de Casado, obligado a celebrar por todo lo alto lo que le contradice en el fondo. También les resultará difícil asumir el hecho de que el PP crece a la vez que crece Vox. La obsesión de la unidad del voto de centroderecha resultaba un empeño contraproducente. No es la unidad, sino la suma. Ayuso no ha perdido un minuto en atacar a Vox. No son los compartimentos estancos de los bloques, sino la posibilidad de apelar a la inteligencia y al interés del votante de cualquier signo.

Que Vox aguante y suba incluso un poco en las circunstancias actuales no será la noticia más importante desde el punto de vista cuantitativo, pero es muy cualitativa. Por varias razones. Habiéndose planteado las elecciones madrileñas como un cara o cruz entre el sociocomunismo y la libertad, era muy fácil que el voto se concentrase. A lo que hay que añadir el tirón popular de Isabel Díaz Ayuso y el contratirón, digamos, de Iglesias. Esta vez Vox no podía jugar las cartas ni del liderazgo carismático ni de la picardía contra el discurso político correcto de la izquierda ni de la defensa en solitario de la nación española. En estas elecciones, todo eso se lo ha disputado a Vox Ayuso en buena lid.

Como, a pesar de todo eso y del boicot de los medios y de la violencia directa y teledirigida, el voto a Vox ha aguantado, se ha comprobado un elemento clave: el peso neto del partido de Abascal. En las circunstancias electorales más adversas, Rocío Monasterio ha sabido transmitir un mensaje propio e indisoluble. Se ha basado en la defensa de la libertad, de la vida, de la seguridad y de la iniciativa privada, con un interés genuino por las clases trabajadoras y medias. La presencia creciente del sindicato Solidaridad es una prueba. Y hay que contar con la paradójica última garantía que Vox supone para la independencia de Isabel Díaz Ayuso. Aguantando así, en el peor escenario posible, ¿qué pasará cuándo las circunstancias sean más favorables a Vox o el liderazgo de sus competidores nacionales mucho menos atractivo?

Han votado sólo los madrileños y las sumas afectarán al futuro de los madrileños, pero estas tendencias que, como el aleteo de una mariposa, se han producido en Madrid, no van a quedarse en la capital de España. Todas ellas tienen una proyección nacional y también en el resto de la Iberosfera. Lo veremos.

Oportunidad para Casado
EDITORIAL https://gaceta.es  5 Mayo 2021

Por encima de cualquier otra consideración, la victoria arrolladora de Isabel Díaz Ayuso, que necesitará los votos fiables de los 13 diputados de Rocío Monasterio para gobernar, supone una oportunidad de oro para que Pablo Casado rectifique su penoso discurso de ruptura con VOX que escenificó en la moción de censura contra Pedro Sánchez.

Sin centrismos ni zarandajas, con una política activa de confrontación con la estrategia del miedo y el acoso de Pedro Sánchez a Madrid y cualquier disidente de su ambición narcisista, Isabel Díaz Ayuso le ha demostrado a Pablo Casado cuál es el camino para conseguir derrotar al socialcomunismo, no sólo en Madrid, sino en toda España. Y el camino es el entendimiento leal con el partido de Santiago Abascal para revertir todas las políticas identitarias de la izquierda, asegurar la libertad económica, la seguridad de los españoles, acabar con el despilfarro político y defender la cultura de la vida.

Conocemos las presiones a las que será sometido el presidente del Partido Popular por los mismos que le empujaron a desplazar el centro a la izquierda, pero es imperativo que Génova acepte que VOX no es una mera escisión fruto de los errores imperdonables del expresidente Rajoy, sino una opción legítima, democrática, con un discurso propio y un suelo electoral que no hace más que crecer incluso en los escenarios de acoso violento de la izquierda y de ninguneo y desprecio de los medios subvencionados.

Por lealtad a España, porque España y la Hispanidad son lo primero y lo único para VOX, Pablo Casado debe ignorar los cantos de sirena de la izquierda que siempre conducen al naufragio y a la muerte. Con un Gobierno que ha hecho de la mentira y la indignidad el centro de su acción política, no es el momento de sostener y no enmendar, sino de rectificar un error palmario que no entiende la mayoría de los militantes del PP y hablar con VOX buscando desde las posiciones que son propias de uno y otro partido, cauces para el entendimiento honrado por el bien de la nación.

Acepte la oportunidad y la mano siempre tendida de VOX para garantizar la gobernabilidad de Madrid y comenzar desde ahí la reconquista de España. Si no lo hace, si a falta de las desaparecidas y traicioneras veletas naranjas prefiere el entendimiento con un PSOE inepto, globalista y peligroso, la Historia colocará a Pablo Casado —sobre todo cuando no tenga una Isabel Díaz Ayuso a su lado— en su sitio.

Y a VOX, en el suyo.

Ayuso murcianiza Madrid
Pablo Molina. Libertad Digital 5 Mayo 2021

El principio del fin del socialpodemismo comenzó con la moción de censura orquestada por Sánchez y Arrimadas para desbancar al PP del Gobierno murciano, una decisión que llevó al partido naranja a censurarse a sí mismo en un movimiento incomprensible que finalmente acabó como merecía: fracasando en medio de un ridículo histórico. Arrimadas ordenó esa moción con argumentos absurdos, entre los cuales figuraba la exigencia de acabar con la corrupción... pactando con el líder del PSOE, el único miembro del Parlamento regional imputado por corrupción. La intentona fracasó y Ciudadanos certificó su muerte política, facilitando así la vuelta a la unidad del voto liberal-conservador. Gracias Inés, contigo empezó todo. No cierres al salir, que el moños también se va.

Las consecuencias del intento de entregar el poder a la izquierda en Murcia utilizando los votos de la derecha se han trasladado también a Madrid con la desaparición de Ciudadanos, una cuestión de profilaxis política que deja mucho más claro el futuro político de la comunidad más importante de España y, en consecuencia, de toda la Nación.

Ayuso ha murcianizado Madrid y ha convertido a su comunidad en el segundo lugar de España donde votar al PSOE es una excentricidad de pésimo gusto. Al igual que en Murcia, la izquierda ha culminado la frustración de un cuarto de siglo perdiendo elecciones con una derrota brutal que, sin duda, extenderá sus efectos en el tiempo. Sin Ciudadanos en el tablero, la política madrileña es cosa del PP y de VOX, dos partidos sin problemas para entenderse salvo que en Génova se empeñen en lo contrario, que en eso están.

La murcianización de Madrid significa que la única duda en las próximas elecciones es si el PP podrá gobernar en solitario o necesitará los votos de Vox, que es la única duda que planeaba anoche durante el recuento electoral. Díaz Ayuso lo ha conseguido y ha demostrado que su decisión de adelantar las elecciones era la única razonable.

El batacazo madrileño de la izquierda es la primera dosis de la esperada vacuna contra el sanchismo. La segunda, cuando los independentistas obliguen a Sánchez a adelantar las generales.

Lo que le debemos a Ayuso
Miquel Giménez. vozpopuli.es 5 Mayo 2021

Estas elecciones no afectaban tan solo a Madrid. Lo sabían Sánchez e Iglesias y lo sabíamos todos los españoles

Y Ayuso las ha ganado. No con propaganda salida del laboratorio de Moncloa o invenciones de Tezanos. Ni siquiera con las tertulias de los estómagos agradecidos. Ni con el vergonzoso espectáculo de la isobaras en TVE. Las ha ganado con la limpieza de quien ha intentado en todo momento servir de la mejor manera posible a sus compatriotas en unos momentos durísimos.

Mientras Iglesias visionaba series en su cómoda mansión con todos los gastos pagados o Sánchez se iba de vacaciones dejando a su patria en la más profunda de las orfandades, Ayuso se inventó en tiempo récord un hospital en IFEMA, creó otro en el Zendal, habilitó el Palacio de Hielo para dar acomodo a los fallecidos, procuró que los críos con beca escolar de comedor pudieran seguir comiendo, pactó con hoteleros para que la gente con el virus pudiese guardar la cuarentena, en suma, dirigió su comunidad como la izquierda no supo hacer con toda España. Y se ganó el respeto estando a pie de calle, visitando centros sanitarios, hablando con médicos, con enfermos, con comerciantes, con empresarios arruinados. Les dio esperanza donde solo encontraban el silencio altivo del social comunismo, que solo supo parapetarse tras una barricada de consignas demagógicas e insultos.

Llegó el momento en que Ayuso se vio obligada a convocar elecciones anticipadas previendo la traición de Arrimadas y lo hizo planteando el dilema de libertad o comunismo. No se arrugó cuando la tildaron de fascista, de nazi, de tonta, de todo menos de guapa. Hizo un magnífico debate en el que hundió a la candidata del dedito, al de la coleta que, a raíz del varapalo que recibió, optó por hacer una espantá y no acudir a otros debates, al soso del PSOE que no sabía si iba o venía. Y dejó claro a todo quien quisiera verlo que la cosa iba realmente de eso, de la libertad que nos brinda la constitución, la ley, el orden, la corona, España, en suma, frente al modelo chavista podemita o al seguidismo criminal de un socialismo que hace tiempo que perdió la brújula.

Independentismo madrileño
A Ayuso se le ha llegado incluso a acusar de promover un independentismo madrileño, que ya es decir. La campaña, una vez visto que no se le podía discutir a la presidenta ni su gestión ni su capacidad de conectar con la calle, se trocó de la noche a la mañana en un festival de balas, de bilis, de bulos. Se usaron métodos violentos contra Vox, uy, qué malos, como si fueran los de Abascal los que llevasen a los mítines de Podemos a su personal de seguridad a tirarles piedras y agredir a los asistentes. Nunca en la historia de nuestra democracia se mintió tanto ni tan conscientemente. Pero la verdad es jodidamente tozuda. Ni las tetas de unas locas ni las miradas aviesas de Iglesias hicieron mella en la gente, que sabe la que se le ha caído encima y busca en sus dirigentes honradez.

La gente ha votado como nunca, y habrá que mirar con lupa lo que han dicho los electores en los barrios más populares, porque los resultados abrumadores de Ayuso no se obtienen solo con los votos del barrio de Salamanca o de La Moraleja. Ni siquiera con los de Galapagar. Se logra cuando suscitas una complicidad transversal, una conexión con todos los estamentos complejos que conforman las sociedades modernas, totalmente alejadas de aquella vieja división marxista de explotadores y explotados. Y mejor así, porque si buscásemos a los primeros encontraríamos a no pocos comunistas caviar que disponen de servicio contratado en negro o de personal a su servicio a cargo del estado.

España le debe a Ayuso mucho, porque su triunfo es el de la España sensata, la que se levanta pronto para trabajar, la que quiere justicia, libertad y sensatez. No es la España del 36 ni siquiera la del 65, es la España del 2021 y, si me apuran, la de dentro de cien años. Una España moderna, con la historia asumida y digerida, sin regurgitaciones interesadas. Y, sobre todo, una España en la que todos tengamos derecho a ejercer nuestra libertad sin que ningún Gran Hermano venga a recriminarnos y condenarnos por ello.

Por todo eso, presidenta, muchas gracias de un catalán que ya quisiera para su tierra una persona de su inteligencia y tesón. Pero todo llegará. Esto solo ha hecho que comenzar. Permanezcan atentos a sus pantallas. Ah, y Arrimadas, Iglesias, Sánchez y demás, dimisión.

Ayuso dinamita la III república
José Alejandro Vara. vozpopuli.es 5 Mayo 2021

Sánchez, tocado. Iglesias, hundido. Madrid se moviliza y castiga fieramente a los caudillos de la izquierda. El 4-M anuncia un cimbronazo en el tablero político español
Ayuso pinta de azul el 'cinturón rojo' de Madrid: gana en 176 de sus 179 municipios

Tres de los seis contendientes en la batalla de Madrid han salido despedidos por la borda. Gabilondo, Iglesias y Bal emergen del 4-M políticamente difuntos. Hay un cuarto damnificado que no lucía dorsal pero que, posiblemente, es el principal perdedor de la carrera. Pedro Sánchez ha resultado malherido en este envite que pensaba un juego de niños. Sólo había que "quitarle la piruleta a esa bobita", le decían sus asesores. Ha sufrido un bofetón sin precedentes de consecuencias predecibles. Madrid le ha demostrado que no es indestructible, que su imbatibilidad es un fugaz espejismo y que su propósito de celebrar el centenario de la II república en la Moncloa, camino de la III, quizás no pase jamás las fronteras del sueño. Desde su tronillo de napoleoncito arrogante lanzó un desafío improbable a Ayuso sin percibir que el reto lo recogían los madrileños, esa gente 'tabernaria' al decir de Tezanos. Tantos desprecios, agravios e insultos le ha dedicado Sánchez a la Comunidad que el desquite de las urnas ha resultado de estrépito. Ayuso ha conseguido más escaños que toda la troupe de las izquierdas junta.

Le encargaron a Gabilondo una quimérica misión. Mantener enhiesto el estandarte de la izquierda en un territorio que le es adverso desde hace cinco lustros. Tres veces le cambiaron el lema al aspirante, dos la estrategia, otras dos la chaqueta para, inevitablemente, estamparse contra el muro del desastre. Gabilondo ha sido un cuestionable candidato, Sánchez un lamentable estratega y la factoría de ficción de la Presidencia ha resultado un artefacto averiado. Embarraron la cancha, agitaron fantasmas ideológicos, izaron las banderas del frentismo, reforzaron los muros del guerracivilismo, alentaron la vía del choque rabioso y el encontronazo visceral con la apacible grey de la derecha hasta desbordar las lindes del paroxismo. Lo intentaron todo, hasta la agresión física al contrario. Los matones de Podemos, esa patota peronista y cobardona, arrojaba ladrillos sobre las cabezas rivales, familias con niños, ancianos inadvertidos, mientras Marlaska los ocultaba bajo su manto.

El timo de las emociones
Iván Redondo se lleva el trofeo del gran náufrago de la contienda. Ha fracasado en todo. Se columpió primero con la moción murciana, se fio de cómplices advenedizos y de estrategas torpes y aquello devino un estropicio del que se avivó Ayuso, esa espabilada muchachita de Chamberí, que le dio la vuelta a la jugada y convocó unas elecciones que pocos creían y demasiados temían.

El superasesor de Presidencia ha sido incapaz de entender Madrid. Su famosa estrategia de las emociones ha resultado un chiste sin maldita gracia. “Miedo, rechazo y esperanza”, por este orden, son los parámetros que mueven a los electores, según su libretilla de gurú invencible. Todo le ha salido al revés. El miedo lo ha causado Iglesias, su colega, amigo y socio, con sus truculencias iracundas del 36, sus aspavientos con las balas postales, sus gorilas bukaneros, sus amenazas, sus insultos, su actitud retadora, faltona y siempre hostil. Tras recibir el patadón de la noche, el líder morado anunció el abandono de la política. O viceversa. Cerró la puerta al salir. El rechazo lo producía su propio candidato, el pobre Gabilondo, un personaje traspapelado, tan fuera de lugar como Biden en una fiesta del pijama.

La esperanza, sabido es por todos los madrileños, es elemento privativo del PP. De Aguirre, concretamente y ahí están sus absolutas como prueba. El acierto de Ayuso ha sido ampliar la zona de juego hasta el territorio de la libertad, concepto odiado, perseguido y pisoteado por esta izquierda troglodita que maneja los asuntos públicos. Ha sido ese el gran despiste de Iván el tamborilero donostiarra, el no percibir que, igual que en el mayo francés 'debajo de los adoquines está la playa', en el mayo madrileño 'debajo de las terrazas está la libertad'.

"España me debe una", advirtió Ayuso al anunciarse la fuga de Iglesias del Ejecutivo. Ahora, después del testarazo, le debe dos. Quizás hasta tres. Pablo Iglesias encarna todo aquello que el madrileño desprecia . De entrada, es comunista, algo que esta región, conservadora y liberal, demócrata y plural, abomina con fruición. Es un consumado holgazán, tal y como explican sus propios excompañeros de Gabinete, lo que encaja mal en esta zona emprendedora, sacrificada y laboriosa. Y un machista despreciable, nunca lo ocultó. Basta con atender a sus movidas personales, tan públicas, y a sus persistentes declaraciones y exabruptos con perspectiva de género, por supuesto. "Nunca un marxista había llegado tan alto en un Gobierno de la Alianza Atlántica", se jactaba días atrás en un rotativo italiano donde anunciaba ya su próxima pirueta. De la vicepresidencia del Gabinete a la máquina intoxicadora de Roures, troskista y millonario, amigo de los golpistas catalanes y gran beneficiario durante años de la estúpida política mediática de la derecha.

Frankenstein siempre estará ahí
La batalla de Madrid, algo más que una escaramuza, plantea algunas incertidumbres de serio calado. El futuro de la izquierda, por ejemplo. Hay una fuerza ecolo, urbana, europea y aseada, que más encarna Errejón que García 'la pistolera', con ganas de crecer, engullirse a Podemos y plantarse frente a un PSOE avejentado, humillado y hasta maltratado por su propio secretario general. Sánchez odia al PSOE (auténtico) como el PSOE lo odia a él. Es un equilibrio de desconfianzas y de intereses que no puede prolongarse en el tiempo. El respaldo de la pandilla basura (copyright Rico) de Frankenstein siempre estará ahí. Al menos hasta las próximas urnas. ¿Y entonces? Sánchez, el aventurero impostor, ha mordido el polvo y ha comprobado que sabe a rayos. Desde su altanería despótica no imaginaba semejante tropezón. Daba por hecho que sojuzgaría a la candidata, que arrasaría Madrid. Sólo intuyó el cataclismo en el tramo final de la campaña. Se borró del escenario, abandonó al zangolotino sosomán, tan acariciado por el centrismo nacional, y se protegió ante la lluvia cascotes.

Madrid ha abofeteado a Gabilondo, al PSOE, a Sánchez y a su Gobierno. Es el principio del fin de una una forma de gobierno, la de las trampas y la indecencia, los embustes y la chapuza, la apoteósica ineptitud. Nunca, jamás, un Ejecutivo español ha amontonado en su seno semejante cantidad de indeseables, incapaces, iletrados, gandules y, desde luego, feroces enemigos del Estado de derecho y del edificio de la Constitución. El revés que ha sufrido Sánchez en las urnas va mucho más allá que el tropezón de Gabilondo. El fortísimo cimbronazo del 4-M conocerá réplicas a escala nacional y, posiblemente, actuará como elemento decisivo en un cambio drástico en el tablero político español. Hay una izquierda, y no sólo Mas Madrid, a la que Sánchez ya le estorba.

La hora de Casado
En Moncloa disimularán el batacazo mediante una agenda rebosante de millones de vacunas y fondos europeos. Intentarán acelerar el desarrollo de su agenda ideológica (la república tendrá que esperar) y hasta radicalizar sus desmesurados proyectos. Todos los focos, sin embargo, se orientan ya hacia la próxima cita electoral. Primero, Andalucía, donde el PP reforzará su liderazgo y, a continuación, las generales, a las que el PP sueña ya con acudir con todo el espectro ideológico de la derecha agrupado en sus filas o alrededores. Ayuso ha cumplido. Con indiscutible solvencia, sola frente al mundo (incluido el propio) ha cumplido holgadamente su misión. Será llegada la hora de Casado, que tendrá un determinante desafío: acabar de una vez por todas con el sanchismo, esa plaga vitriólica y atroz que a punto ha estado, y está, de llevarse a este país por delante. Soplan vientos de cambio, ahora cabe esperar que no lo malogren.

¡Nazis, todos nazis!
Liberal Enfurruñada okdiario 5 Mayo 2021

Hace ya 40 años que los partidos de extrema derecha no suman juntos más de 50.000 votos en toda España. Infinitamente lejos quedan los apenas 379.000 votos que recogió Blas Piñar en 1979, al frente de una coalición electoral que unía a Fuerza Nueva con Falange Española de las JONS y otras cuatro pequeñas marcas más, que le sirvieron para lograr el único escaño que un diputado de extrema derecha ha conseguido en la historia de la democracia española. Cuatro décadas en las que la extrema izquierda siempre ha sentado en el Congreso hasta a los cachorros y herederos de ETA. Diputados que lucen orgullosos la hoz y el martillo, símbolos que, según el Parlamento Europeo, deberían dejar de usarse, puesto que, al igual que la esvástica nazi, representan ideologías que “cometieron asesinatos en masa, genocidios y deportaciones y fueron los causantes de una pérdida de vidas humanas y de libertad en el siglo XX a una escala hasta entonces nunca vista en la historia de la humanidad”.

Pero mientras el nazismo fue juzgado y condenado en los juicios de Núremberg, los terribles crímenes del comunismo han continuado hasta hoy impunes moral y jurídicamente. Por eso el Parlamento Europeo instó en 2019 a los Estados miembros a “que hagan una evaluación clara de los crímenes perpetrados por los regímenes comunistas y nazi”, condenó toda propagación de ambas ideologías, pidió a los Estados que sensibilicen a las nuevas generaciones respecto a estos crímenes incluyéndolos “en los libros de texto de todas las escuelas de la Unión” y que se favorezca una “cultura común de memoria histórica” que los condene a ambos, tanto al nazismo como al comunismo. Los europeos deberíamos sentirnos tan insultados cuando nos llaman nazis como cuando nos dicen comunistas. Pero lamentablemente estamos muy lejos de que la extrema izquierda renuncie a su historia genocida y criminal.

En 2009, cinco años antes de la fundación de Podemos, mientras Pablo Iglesias asesoraba a Hugo Chaves, Evo Morales y el resto de sátrapas de América Latina a través de la Fundación CEPS, el candidato de Unidas Podemos a la Comunidad de Madrid escribía en su blog personal que «el Holocausto fue un mero problema burocrático», y decía esto ya que Iglesias estaba «preocupado por las implicaciones que tiene presentar el Holocausto como una monstruosidad enfrentada a la inteligencia y a los valores morales de la modernidad». La principal asociación española de judíos en la lucha contra el antisemitismo, ACOM, ha manifestado en numerosas ocasiones su alarma ante el manifiesto antisemitismo de las candidaturas de la extrema izquierda española, representada por Podemos y Más Madrid. Destacan sus nunca negadas relaciones con el régimen teocrático iraní y manifiestan su preocupación por sus “posturas abiertamente hostiles contra los judíos”, su apoyo a “actividades de odio y su financiación de grupos antisemitas”.

La palabra holocausto proviene del griego ‘olos’, que significa “todo” y ‘kaustos, que significa “quemado”. El Holocausto fue la persecución y aniquilación sistemática, auspiciada por el Estado nazi alemán, de los judíos europeos entre 1933 y 1945. Los judíos fueron sus principales víctimas, se calcula que más de seis millones de ellos fueron asesinados, pero también polacos, eslavos, gitanos, prisioneros de guerra soviéticos, homosexuales y personas con discapacidades físicas y mentales fueron perseguidas por los nazis. Por su parte los soviéticos, liderados por Iósif Stalin, llevaron a cabo el Holodomor, también conocido como genocidio ucraniano, matando de hambre a entre tres y doce millones de personas, para exterminar la nacionalidad ucraniana y transformar Ucrania “en una fortaleza bolchevique”, según palabras del propio Stalin.

Un nazi es un seguidor de Hitler, principal causante del Holocausto. Un comunista es un seguidor de Stalin, responsable del Holodomor. Del mismo modo que se banalizan los crímenes contra la humanidad de Stalin, luciendo con orgullo los símbolos comunistas, se banaliza el Holocausto llamándonos nazis a los amigos de los judíos. La extrema izquierda española, que presume de su pasado criminal y genocida, intenta igualarnos con ellos insultándonos como nazis. Los liberales estamos enfrente de todos los totalitarismos, tanto de los comunistas como de los neonazis. Por enfrentarnos a sus ideas de extrema izquierda, a los liberales empezaron llamándonos fachas, pero como eso nos hacía reír, empezaron a llamarnos fascistas, con lo que además demostraban su ignorancia de que el fascismo fue socialismo. Así que ahora nos llaman nazis. ¡Nazis, todos nazis! Banalizan tanto el Holocausto como el Holodomor porque son repugnantemente antisemitas.

Identidad y cultura madrileñas
José María Marco. https://fundaciondisenso.org 5 Mayo 2021
https://www.gaceta.es/

Con la creación del Estado de las Autonomías, parecía que Madrid iba a entrar en una etapa de decadencia sin remedio. Al descentralizarse el poder y transferirse competencias de toda índole, la ciudad de la que se decía que vivía sólo del Estado central, sin cultura propia y que parasitaba las energías de la nación, estaba destinada a pasar al segundo rango. Su papel se reduciría a capital política: sin representación orgánica ni vital, sin raíces y -también, porque ese era el objetivo del Estado de las Autonomías para los nacionalistas- sin capacidad para articular una respuesta a los nacionalismos vasco y catalán. Capital puramente político-administrativa, por tanto, y menguante.

Lo ocurrido ha sido exactamente lo contrario. Aparte de sus efectos positivos, el Estado de las Autonomías trajo como consecuencia un cierto ensimismamiento de las nuevas Comunidades Autónomas, fruto de su recién estrenada búsqueda identitaria. Perdieron, sobre todo en las de marcado acento nacionalista, su irradiación exterior. El fenómeno ha sido más lento de lo que algunos habíamos previsto, por la fuerza de una larga tradición, y por los apoyos que Barcelona (y no Madrid) recibió del gobierno central durante décadas: apoyo que los gobiernos nacionalistas aprovecharon para nacionalizar Cataluña, algo que no se quiso ver en el resto de España, en particular en Madrid.

Por eso mismo, Madrid, lejos de reducirse a su dimensión puramente política, ha ido cobrando una importancia creciente, que las cifras corroboran: PIB, población, demografía, turismo, inversión, atracción de talento… La tendencia, que arrancó temprano, se ha consolidado en los últimos meses con la animadversión demostrada por el Gobierno central social-podemita ante las innovadoras estrategias de prevención y tratamiento del covid-19, y también de apertura y sostenibilidad económica puestas en marcha por el Gobierno de la Comunidad con el apoyo de VOX. Madrid -la ciudad y la región, que en este aspecto resultan ya indistinguibles, recuperan su naturaleza: capital de España y ciudad global.

Al tachar a Madrid de “ciudad política”, lo que casi siempre se ha querido decir es que era una ciudad artificial, ajena a la realidad española -parasitaria, ya lo sabemos-. El tópico -universal, por otro lado, y aplicada a casi todas las capitales importantes- responde a la animosidad antiliberal, nacionalista a veces, otras simplemente conservadora, de fuerte matiz regeneracionista. Pero Madrid no era sólo eso. Cuando Felipe II decide instalar en Madrid la capital de España y hacer de ella una de las capitales de la Monarquía española, lo hace porque, sin representar ningún reino en particular, los representa a todos. Esa es la vocación primera de Madrid, y de su contraparte, que tan bien contribuye a explicarlo, como es el Real Monasterio de El Escorial.

Lo que recupera Madrid con la democracia, y en parte gracias a la evolución del Estado de las Autonomías (lo habría recuperado de todos modos, muy probablemente), es su auténtica dimensión de capital de España, de ciudad española -española (casi) íntegramente. Una ciudad en la que lo español se manifiesta con tal de forma natural, más allá de cualquiera de las muchas formas en la que lo español se ha manifestado en todo el territorio -con la misma relevancia, dicho sea para aclarar cualquier malentendido, la misma riqueza y el mismo esplendor que en Madrid. Madrid no niega el pluralismo español. Lo sostiene, lo apoya y multiplica sus efectos sin necesidad de interferir en ellos ni falsificarlos.

Esta evolución que devuelve a Madrid su rango explica, en parte, por qué Madrid es hoy en día una de las pocas capitales occidentales en las que gobierna la derecha. Y es que representa una realidad española que los Gobiernos centrales han ignorado y en muchas ocasiones han hecho todo lo posible por desmantelar. Dada la naturaleza hispanófoba de la izquierda española, Madrid tiende a refugiarse en la derecha, por mucho que la derecha clásica, salvo contadas y honrosas excepciones, no haya manifestado gran entusiasmo hacia lo español. Al menos no milita en la hispanofobia.

Por eso va a ser crucial, en los próximos años, el diseño cultural que se realice y se promocione desde Madrid.

Hay un punto muy particular que se deduce del “casi” aparecido antes. No habrá que olvidar esa parte de la cultura madrileña, pequeña pero no irrelevante, que lo es plenamente: una disposición, una mentalidad, un estilo del que se han mofado, bajo el nombre de madrileñismo, tantos espíritus libres, sin patrias ni fronteras, cosmopolitas inmaculados. Ese madrileñismo les podía dar muchas lecciones, porque significa, justamente, la supervivencia de un espíritu de libertad, muy fino, muy delicado, liberal por naturaleza, que se expresa, reticente y en tono de autoirrisión, frente al aplastante poder que se le vino encima. Por eso, por haber surgido en las márgenes de un Estado contra el que no podía luchar, resulta tan elegante, tan popular y aristocrático a un tiempo. Lo encontramos en manifestaciones estéticas costumbristas, sin pretensión alguna, pero también como trasfondo de algunas de las más altas producciones de la cultura española, en pintura, en música, en teatro o en literatura. No por nada Madrid, de Lope de Vega a Baroja, es una de las ciudades más literarias del mundo.

Este fondo madrileño ha ido cobrando más y más presencia, hasta que, paradójicamente, se ha afianzado con el covid-19. Los sufrimientos padecidos por la población, la solidaridad y la generosidad espontáneas demostradas por los madrileños, la virulencia de los ataques de un gobierno específicamente dedicado a sembrar el odio hacia Madrid… todo eso ha reforzado un sentimiento de identidad nuevo. Ahora ya no se es madrileño, y madrileña, con ironía y con displicencia. Se es madrileño, y madrileña, por derecho, porque nos lo hemos ganado, porque la ciudad y la región, además de ser una referencia en el mundo occidental, han plantado cara a la enfermedad y al gobierno social podemita. Con éxito.

Si se cumplen los pronósticos electorales, es en este segundo punto donde los responsables del gobierno de la Comunidad de Madrid habrán de centrarse: en una alternativa cultural seria y consistente, meditada y que tenga en cuenta lo ocurrido en nuestro país en estos últimos años. Hoy en día, los museos, galerías, teatros, centros de exposición, la televisión pública, el cine son gigantescas máquinas de producción de ideología. Ideología socialista, hispanófoba en muchos casos, ahora “woke” y siempre antiliberal y anti conservadora, además de anticatólica y, evidentemente, antimonárquica. Esta nueva política cultural, no tiene por qué crear frentes alternativos para las llamadas guerras culturales, aunque sí se podría empezar a contrarrestar la propaganda ideológica que venimos aguantando desde hace décadas. De lo que se trata, sobre todo, es de centrarse en lo que el Gobierno de la Comunidad, y luego el Ayuntamiento- deben considerar su misión: la promoción de la cultura española de la que Madrid es uno de los frutos más acabados, y el escaparate primordial. Zarzuela, danza, ópera, música, arte, patrimonio, libros, investigaciones académicas… La derecha no puede seguir instalada en la frivolidad de considerar la cultura como algo decorativo y superfluo. Como si patrimonio de la izquierda, cuyo proyecto para España, y por tanto para Madrid, conocemos de sobra: llevarnos a la quiebra y cerrarlos.

Sistema Patria: la sofisticación del chavismo para controlar a la población
Nehomar Hernández. https://gaceta.es 2

El 12 de noviembre de 2017 Nicolás Maduro hizo público el lanzamiento de un sistema online llamado “Patria”. Una plataforma destinada, según la narrativa oficial de aquel entonces, a ser “el mayor mecanismo de protección para las víctimas de la guerra económica”. Ese mismo día el tirano venezolano conminó a toda la población a inscribirse en esta red que, a final de cuentas, se ha configurado como una inmensa base de datos en línea para espiar y controlar a vastos sectores de la sociedad venezolana, con el objeto de afianzar al chavismo en el poder.

El pretexto para el lanzamiento de esta oprobiosa modalidad de manipulación política coincide con el relato inventado por el chavismo para justificar la debacle económica de un país con las reservas de petróleo más grandes del mundo y que hoy está en bancarrota.

La versión roja de los hechos adjudica la responsabilidad de la hecatombe a una artimaña de potencias mundiales -encabezadas por los Estados Unidos- consistente en dinamitar desde el exterior las finanzas del Estado venezolano, para así provocar una crisis que deponga a Maduro del poder. A eso el chavismo le ha bautizado como “guerra económica” contra Venezuela, y desde entonces se ha convertido en el chivo expiatorio utilizado por la tiranía para escurrir el bulto frente a un país que está sumergido desde 2014 en una recesión económica y que desde 2017 es azotado por la hiperinflación.

En el fondo siempre se ha tratado de un mecanismo para hacer más dependiente a la población de las dádivas del Estado. La ecuación es sencilla: mientras más depauperada esté la sociedad venezolana, más dependiente será del big brother chavista, y por consiguiente será más fácil reinar sobre ella, ofreciéndole mendrugos. La escuela cubana ha enseñado mucho en 60 años al respecto, y el chavismo parece haber aprendido la lección al dedillo.

Este sistema online en realidad es hermano de un proceso igual de infausto, creado por Maduro a finales de 2016. Se trata del llamado “carnet de la Patria”. Una suerte de segundo documento de identificación nacional, paralelo a la cédula de identidad, inventado por el régimen para proporcionar beneficios a quien lo portase. De acuerdo con información del principal medio televisivo chavista, Venezolana de Televisión, para finales de 2020 había unos 20 millones de portadores de este documento.

En teoría la solicitud de este carnet remite a un hecho voluntario, por parte de quien quiera obtenerlo. Sin embargo, en los casi 5 años de vigencia que ya alcanza dicho mecanismo, no han faltado las denuncias de discriminación contra quienes no lo poseen (especialmente aquellos que laboran en la administración pública), tal y como en su momento lo señaló la Alta Comisionada de Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet.

Con el sistema online “Patria” la cosa es tanto peor: aunque en principio también parecía tratarse de un sistema de afiliación voluntaria y complementaria a quienes decidiesen solicitar el mencionado carnet, progresivamente Maduro desplazó hacia esta plataforma web el pago del sistema de pensiones del país. De allí que la mayoría de los jubilados y pensionados venezolanos terminaron adscritos a este retorcido mecanismo para seguirle los pasos a los ciudadanos.

El asunto es sencillo: en Venezuela el pago por concepto de pensión de jubilación en abril fue de 1.400.000 Bs (menos de 0,5€). A quienes están afiliados al sistema en línea “Patria” se les concedió un “bono” de 2.900.000 Bs (cerca de 1€). Los usuarios de este mecanismo generalmente son bombardeados con propaganda política a través de los servicios de mensajería instantánea celular (SMS) y a través del propio site en internet, en el que se les indica que son “beneficiarios” de bonos.

Según los números oficiales, divulgados por la propia VTV en abril de 2019, Venezuela tenía para aquel entonces casi 5 millones de personas pensionadas.

Un asunto capital para captar “suscriptores” a este sistema fue la decisión de Maduro el año pasado de aumentar el costo del combustible para los automóviles, emparejándolo con el precio de venta al público que tiene, en promedio, en los mercados internacionales. Así un litro de gasolina en Venezuela pasó a costar cerca de €0,4, mientras que quienes estuviesen inscritos en “Patria” podían obtener el mismo combustible por cerca de €0,001 el litro.

Un pequeño detalle: aquellos que accediesen a la gasolina “subsidiada” por el Estado chavista solo pueden disponer de 120 litros al mes, teniendo además que hacer largas filas de por lo menos 3 horas frente a las estaciones de servicio cada vez que quieran rellenar sus tanques.

El disparate revolucionario ha alcanzado cotas más elevadas: entre el conjunto de “bonos” que otorga el mecanismo “Patria”, recientemente se ha dado a conocer el hecho de que se otorgaría un ingreso económico adicional a las personas que se sumen a la divulgación de las líneas de propaganda oficial del régimen, fundamentalmente a través de Twitter. El trabajo, en todo caso, consiste en posicionar etiquetas y replicar fake news de modo goebbeliano, a fin de dejar bien parado al chavismo en las redes sociales. Lo triste del caso es que los llamados “Tuiteros por la Patria” solo acceden a una bonificación que alcanza, a lo sumo, los 2€ mensuales.

Si bien la miseria es todo el trasfondo de esta pervertida operación que entremezcla tecnologías de la información, adoctrinamiento y control social, la pandemia no podía quedar por fuera de este macabro juego: hace algunos días se hizo público que en el estado Miranda (al centro norte del país) se comenzaría una jornada de vacunación contra el covid-19. Para sorpresa de pocos el sistema de selección de las personas que serían beneficiadas con la vacuna rusa Sputnik V, serían aquellas que estuviesen inscritas en el sistema Patria.

La conclusión es sencilla: el chavismo ha configurado un mecanismo de control social que, aprovechando las ruinas de un país que otrora tuvo algunos niveles de prosperidad importantes, cada vez adquiere un mayor grado de sofisticación. No importa si se trata de los alimentos, de las pensiones, del acceso al combustible o de la posibilidad de vacunarse; el diabólico sistema Patria pretende terminar de doblegar a una población cada vez más impedida de valerse por sí misma.

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Un triunfo personal de Ayuso del que Casado no puede apropiarse
EDITORIAL. Libertad Digital 5 Mayo 2021

Madrid ha hablado. Un clamor de libertad. Ojalá en breve lo haga, en el mismo sentido, el resto de España.

Lo primero que hay que decir es que el resultado de estas elecciones es excelente para la Comunidad de Madrid, que reafirma su modelo de libertad y crecimiento, basado en el respeto a la propiedad privada y a los demás derechos de unos ciudadanos considerados como tales y no como súbditos.

Pero es también una buena noticia para toda España, no porque esta victoria sea definitiva para el cambio político que tanto necesita la Nación, pero si Madrid hubiese caído en manos de la izquierda liberticida, frenar al Gobierno social-comunista sería prácticamente imposible. No se ha ganado la guerra al totalitarismo frentepopulista, pero sí se ha ganada una batalla fundamental para su derrota definitiva.

Un gran resultado que tiene un rostro y un nombre: los de Isabel Díaz Ayuso. En muy pocas ocasiones un político español ha logrado un triunfo tan personal e indiscutible como el que ha encumbrado definitivamente a la presidenta de Madrid. Despreciada e insultada por la izquierda, perseguida hasta la ilegalidad por Pedro Sánchez y su Gobierno, atacada incesantemente por los medios de intoxicación y abandonada en los peores momentos por sus descalificables compañeros de partido, Ayuso ha encarnado la fuerza del coraje y las convicciones, y demostrado que valores como la libertad y la iniciativa son capaces de movilizar y entusiasmar al votante de centro-derecha. Ahí está el índice de participación, récord absoluto en unas autonómicas que, además, se celebraban sin municipales y en día laborable. Y lo ha hecho, conviene recordar, con una política opuesta a la de Pablo Casado y la dirección nacional del PP, que incluso en la celebración del resultado puso la nota discordante con un discurso anodino y fuera de lugar que los propios congregados en la sede popular interrumpieron con gritos de ¡Ayuso, Ayuso!, la única protagonista de la noche y la única a la que los allí presentes querían escuchar. La victoria es suya, y solo suya.

El extraordinario triunfo de Ayuso ha ido acompañado de un descalabro tremendo por parte del PSOE: los socialistas pasan de primera a tercera fuerza en Madrid, algo que no había ocurrido nunca y que, pese a la lamentable campaña que los gurús monclovitas le han hecho hacer a Gabilondo, sólo se explica por el rechazo que Pedro Sánchez provoca entre los madrileños. No es de extrañar: los ciudadanos de la CAM han sido testigos de todas las maniobras sucias que el presidente del Gobierno ha pergeñado contra Ayuso, a despecho incluso de sus propias vidas.

El otro gran derrotado de esta noche electoral ha sido, por supuesto, Pablo Iglesias: tras la campaña más sucia que ha visto la política nacional desde los peores tiempos de Batasuna, el fracasado agitador ha presentado su dimisión. No es para menos, ya que ha cosechado un resultado desastroso que pone fin a una aventura megalómana y totalmente descabellada: dejar la vicepresidencia del Gobierno para lograr un mísero 7,2% del voto y ser el último partido es una humillación difícilmente digerible y, de hecho, está claro que Iglesias ni siquiera tenía la intención de tratar de digerirla.

La única mala noticia de la noche ha sido que el desastre de las otras candidaturas de izquierda ha permitido a Más Madrid cosechar un buen resultado y convertirse en la alternativa ultra. En estas circunstancias es importante tener muy claro que las diferencias entres el partido de Errejón y el de Iglesias son sobre todo cosméticas: Mónica García y los suyos son igual de liberticidas e inmorales, y su pasado está igualmente manchado por la cercanía a los regímenes más nauseabundos.

Por otro lado, hay que destacar el buen resultado cosechado por Vox en circunstancias terriblemente difíciles: que, ante el vendaval que ha supuesto la candidatura de Ayuso, el acoso institucional y el linchamiento mediático, los de Rocío Monasterio no sólo hayan logrado mantenerse sino conseguido ganar un escaño es la constatación de que el partido que preside Santiago Abascal ha venido para quedarse y desempeñar un papel determinante en la política española.

Evidentemente, no se puede decir lo mismo del suicida Ciudadanos, que ha logrado el adverso milagro de pasar de 26 diputados a cero en sólo dos años. Bal no podía hacer otra cosa que el ridículo: ¿por qué apuró ese cáliz? E Inés Arrimadas, ¿cuándo piensa dimitir por su calamitosa manera de dirigir un partido al que está destruyendo con escalofriante minuciosidad?

Madrid ha hablado. Un clamor de libertad. Ojalá en breve lo haga, en el mismo sentido, el resto de España.

Ayuso gana a todos
Emilio Campmany Libertad Digital 5 Mayo 2021

La victoria de Ayuso lo es en toda la línea. No se trata sólo de la derrota de Sánchez, que ha querido irse del ring para evitar besar la lona por KO. No sólo es el haber echado de la política al comunista guerracivilista que es Pablo Iglesias. Ni la derrota de la otra comunista, que ha sabido explotar su profesión médica para atraer votos de quienes han considerado obligado agradecer a los sanitarios su esfuerzo sobre la pandemia. Ni es solamente haber hundido al PSOE en un resultado que lo deja en tercera fuerza en Madrid. Hay más vencidos este martes.

Lo han sido todos aquellos, que son muchos, que la tacharon de loca, de irresponsable, de no hacer caso a las autoridades sanitarias, de ser una aliada de fascistas, cuando no de ser ella misma una fascista. Son naturalmente todos los partidos de izquierda. Pero está además toda esa prensa, esas televisiones, esas radios, muchas de ellas nada cercanas a la izquierda, que la criticaron, se rieron de ella y de su forma de gestionar. También han sido derrotados los presidentes del PP de otras comunidades autónomas, que prefirieron seguir el camino fácil de hacer lo que dictaba Moncloa, las televisiones y casi todos los medios. No está de más recordar las críticas, a veces veladas y a veces no tanto, de Feijóo o de Mañueco, aunque éste ultimo, lo que le honra, supo reconocer que se había equivocado. Tampoco está mal rememorar ese ponerse de perfil de Juan Manuel Moreno Bonilla. Ni desde luego sobra acordarse de que Casado no quiso defender a Ayuso cuando fue más atacada.

Muchos dirán que el secreto es su valentía, el asesoramiento de Miguel Ángel Rodríguez, la torpeza del PSOE, la violencia verbal y a veces no tan verbal de Pablo Iglesias. Todo eso es verdad. Pero sobre todo el secreto es que Isabel Díaz Ayuso encontró en una alcantarilla, llena de barro, abandonada por todos, incluidos los de su partido, la bandera de la libertad. La rescató, la limpió, la besó y la enarboló, y marchó abrazada a ella mientras le decían desde todos lados que nadie la seguiría. Pero ella marchó sola, y al poco detrás de ella se fueron cada vez más madrileños, algunos de ellos otrora votantes de partidos de izquierda. A ver si los del PP ven y aprenden cómo se salva a España de Sánchez, Iglesias y sus aliados independentistas, golpistas y filoetarras.

No te vas, te han echado, Pablo Iglesias
OKDIARIO 5 Mayo 2021

El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, el visionario que decía que el 70% de los madrileños era de izquierda -qué olfato político el suyo- ha anunciado su retirada de la política, tras la aplastante victoria de Ayuso, porque no quiere ser un «tapón». Es una magnífica noticia para la democracia española que un personaje con un perfil tan totalitario decida irse, si bien habría que decirle que su adiós viene forzado por el rechazo mayoritario que provoca en la opinión pública española. No te vas, te han echado, Pablo Iglesias.

La retirada de Iglesias es consecuencia de las sucesivas bofetadas que los electores le han venido propinando elección tras elección. Madrid ha sido su tumba política, pero el líder podemita ya venía noqueado. Hasta al anunciar su retirada le ha faltado categoría. Su despedida es la propia de un totalitario sin escrúpulos que, en lugar de hacer autocrítica, carga contra el electorado. Su paso por la política española no se ha traducido -como presume- en nada bueno para la democracia española. Todo lo contrario: si la libertad se ha visto amenazada ha sido precisamente porque su concepto de la democracia es incompatible con un Estado de Derecho con separación de poderes. Su retroalimentación de intereses con golpistas y proetarras entregó el poder político a los enemigos de España, en connivencia con un presidente del Gobierno que, con tal de mantenerse en el poder, permitió sin inmutarse que la democracia se fuera degradando a pasos agigantados. Que se vaya Iglesias es la mejor noticia, pero conviene no olvidar que su partido sigue en el Gobierno de España. Iglesias se va, pero el problema es que Pedro Sánchez sigue en La Moncloa gracias el apoyo del populismo de ultraizquierda. Madrid le ha dado a Iglesias la puntilla política porque, al fin y al cabo, nadie como él encarna los valores contrarios a la libertad. Madrid no paga totalitarios. Que se vaya. Y cuanto más lejos, mejor.

Resultados elecciones Madrid: Ayuso: cambio de ciclo
La candidata del PP pasa de 30 a 65 escaños y será investida en primera vuelta. Iglesias dimite. Más Madrid lidera la izquierda: gana en votos al PSOE y saca 14 escaños a UP Iglesias
Carmen Morodo. larazon 5 Mayo 2021

Isabel Díaz Ayuso arrasó ayer en las elecciones autonómicas de Madrid bajo la bandera del «antisanchismo». Las urnas avalaron mayoritariamente su alternativa en la gestión de la pandemia, en contraposición al Gobierno de la Nación y hasta a las decisiones de las demás comunidades autónomas. Iglesias victimizó su fracaso para anunciar su dimisión.

Las elecciones examinaban la gestión sanitaria y también la política económica, por más que desde la izquierda se insistiera en convertir la campaña en un debate ideológico en términos de fascismo o democracia. De hecho, la impresión demoscópica es que en buena medida el voto estaba ya decidido antes de que se anunciara incluso la convocatoria de elecciones. Ganó Ayuso, que más que duplica sus escaños de hace dos años hasta llegar a los 65, y no dependerá de Vox para ser investida ya que el bloque de la izquierda no suma más escaños que los que ella tiene en solitario. La mayoría está en los 69.

La candidata popular impuso ayer su apuesta por mantener abierta la restauración y por buscar un equilibrio entre economía y salud. Pero dentro del bloque de la derecha, Vox aguanta el tirón, con un escaño más, un aviso a nivel nacional para el PP ya que esta resistencia se produce incluso en un terreno en el que el liderazgo popular no ha tenido complejos en sus relaciones con ellos ni tampoco a la hora de ocupar con su discurso parte de su espacio electoral.

Vox no tiene un programa como tal, pero sí un voto protesta en nichos muy singulares y que le siguen dando rédito: inmigración, seguridad, menas o ideología de género. Vox insinuó en campaña que no pediría entrar en el Gobierno de Ayuso, y los resultados le obligan a abrir un debate sobre cómo dar utilidad a sus votos en el nuevo Gobierno en solitario del PP ante la imagen que confirma la utilidad de la reunificación del voto del centro-derecha. Dentro de la derecha, Cs confirma su derrumbe absoluto, con consecuencias a nivel nacional. De 27 escaños se quedan sin representación, y la sangría de cargos de Cs al PP continuará en los próximos meses.

Anoche perdieron Pedro Sánchez y su jefe de Gabinete, Iván Redondo, a quien en el PSOE llevan tiempo queriéndole ajustar cuentas. Este batacazo, de una campaña diseñada en Moncloa, contará como una oportunidad más para intentar hacer mella en la confianza y poder absoluto que el presidente del Gobierno ha concedido a su gurú.

Superar el 40 por ciento del voto era la cifra soñada en la dirección popular, y llegaron al 44 por ciento, porque a nivel nacional supone colocar al PP entre el 25 y el 30 por ciento de los votos, es decir, entre 5 y 10 puntos más de los que consiguieron los populares en las elecciones generales de noviembre de 2019.

Ayuso impulsa a Casado hacia La Moncloa al consagrar un escenario en el que sólo quedan dos fuerzas en la derecha por la liquidación de Ciudadanos. Su reto es conjurar el riesgo de que pueda ganar las próximas elecciones generales, pero gobierne Sánchez porque sume más con la izquierda y con independentistas y nacionalistas.

En el bloque de la izquierda pierden Sánchez y Redondo, pero también el ex vicepresidente del Gobierno Pablo Iglesias frente a Íñigo Errejón, su ex hermano político. Su derrota es también contra la mujer a la que intentó echar a un lado para colocarse él al inicio de la campaña, la candidata de Más Madrid, Mónica García, que apuntala sus posibilidades para erigirse en referente de la izquierda desde un discurso ajeno al de Iglesias en las formas en el fondo. Es la única candidata de ese bloque sobre la que se puede apostar seguro que se mantendrá en la Asamblea de Madrid. El candidato socialista, Ángel Gabilondo, no repetirá. Tampoco Pablo Iglesias, sobre el que está por ver incluso si conserva su escaño en la Asamblea regional después de haber abandonado el Gobierno de la Nación y haber señalado a su sucesora al frente de Podemos. En el reparto de fuerzas en la izquierda, Más Madrid coge el liderazgo, supera en más de mil votos al PSOE y empatan en 24 escaños. Podemos se queda en 10 y menos de la mitad de votos que Más Madrid. El PSOE fue el partido que ganó hace dos años con 37 escaños.

Mónica García no intentó copiar a Iglesias en campaña, y ésta ha sido su principal fortaleza. No habló de fascismo, y sí de sanidad, educación, vivienda y otras cuestiones sociales por las que sobrevoló Iglesias. A diferencia, por cierto, de lo que ha hecho Moncloa, empeñada en obligar al candidato socialista a dejarse arrastrar al lodazal del líder morado.

Los socialistas salen del 4-M obligados a revisar el estado de salud de su organización regional, pero también lo acertado de la política de hacer seguidismo de Unidas Podemos en el afán de quedarse, de esta forma, con los votos de Iglesias. En Madrid esta política no les ha dado resultado y deja abierto el debate a nivel nacional.

Para superar esta crisis Sánchez echara mano de la Moncloa para lanzar varios fuegos artificiales, pero o maneja bien los tiempos o la fuerza del desgaste puede dejarle sin margen de maniobra por más que en Moncloa celebren que tienen por delante meses en los que el viento sólo soplará a su favor por la vacunación y la entrada de fondos europeos. Además de una economía que mantendrán anestesiada hasta final de año.

Sánchez tiene margen para ganar tiempo, pero sale de una severa derrota obligado a tomar decisiones que por razones oportunistas ha sometido al interés de las urnas. Es más improbable después de este varapalo que Sánchez rectifique su decisión de pasar página del estado de alarma para desentenderse por completo de las decisiones impopulares. Serán las comunidades autónomas las que breguen con la Justicia para mantener en vigor medidas que afectan a derechos fundamentales, como el toque de queda, ya que se quedarán sin protección legal por la decisión de Sánchez de no atender su petición de que siga vigente por unas semanas más un estado de alarma «light».

Cataluña es otro problema aparcado, que volverá a colocarse en primera línea en los próximos días. O hay gobierno independentista, con ERC sometido a la presión de la derecha secesionista, JxCat, y de la CUP, la izquierda antisistema, o nuevas elecciones. Es más probable la primera opción, pero de confirmarse cabe esperar poco margen para que ERC busque el pragmatismo y el entendimiento con el PSOE en Madrid. La discusión entre JxCat y ERC no está en la gestión, sino en la hoja de ruta para seguir avanzando con el procés. También se espera el informe del TS contrario a los indultos de los líderes secesionistas, y aunque el Gobierno ha avanzado su voluntad de valorar indultos parciales, el contexto político es demasiado inestable como para que arriesgue con gestos que no garanticen la vuelta al redil de ERC y que le añadan más desgaste electoral.

El Pueblo contra Sánchez
Pablo Sebastián. republica 5 Mayo 2021

Espectacular vuelco político en Madrid con importantes consecuencias en la política nacional, por el fracaso estrepitoso de Pedro Sánchez a manos de Isabel Ayuso, que consolida a Pablo Casado como alternativa nacional. Y que ha provocado el abandono definitivo de Pablo Iglesias de la política, así como el final de Cs y de su líder Inés Arrimadas que está obligada a dimitir.

Hemos asistido a un esperado y necesario veredicto del Pueblo de Madrid, e indirectamente del Pueblo de España, contra Pedro Sánchez y su régimen ‘sanchista’ de poder. Un régimen autoritario, plagado de mentiras y de una desastrosa gestión del Gobierno de España frente a la pandemia y la crisis económica. Y todo ello con el ataque a las instituciones y a la prensa y con alianzas de Sánchez con partidos separatistas y no democráticos como lo son Podemos, Bildu y ERC.

Y este desastre nacional Sánchez lo pretendió ocultar, ya en campaña, con un discurso falso y triunfalista el pasado 14 de abril en el Congreso de los Diputados. Discurso que Pablo Casado destrozó con quirúrgica precisión y que ahora acaba de ser rechazado y duramente castigado por el Pueblo de Madrid.

En unas hoy decisivas elecciones autonómicas en las que Isabel Ayuso, con su personal valentía y empatía ciudadana, ha destrozado al PSOE madrileño al lograr el PP 65 escaños contra los 24 del PSOE.

PSOE madrileño de Sánchez que, además, se ha visto superado en votos por Más Madrid aunque ambos empataron a 24 escaños, y elecciones tras las que Pablo Iglesias, que dejó el Gobierno y dinamitó la campaña con su discurso impostado del fascismo, ha tenido que dimitir, después de haber salido del Gobierno y del gran triunfo de Errejón y Más Madrid sobre UP.

Como pronto debe hacerlo Inés Arrimadas una vez que Cs no entró en la Asamblea de Madrid y se hundirá en toda España. Lo que se ha unido al reciente fracaso de Cs en Cataluña y anuncia la desaparición de Cs de la escena política nacional, y la unidad del centro derecha bajo el mando de Pablo Casado.

Y lo que deja a Sánchez en manos de Podemos, Bildu y ERC si se empeña en agotar la legislatura y como el principal autor y responsable de este gran fracaso político. Porque fueron Sánchez , y su equipo de estrategia de La Moncloa, los que provocaron el adelanto electoral madrileño al encender la mecha de la moción de censura de PSOE y Cs en Murcia que fracasó.

Ofreciendo con ello al PP la oportunidad de las elecciones de Madrid en plena crisis sanitaria y económica. Un error determinante el de Murcia al que Sánchez unió él no haber sustituido a su débil candidato Gabilondo, a quien primero le obligaron -desde Moncloa- a decir que no pactaría con Iglesias para buscar los votos de Cs y finalmente le hicieron cambiar su discurso y subirse al carromato bronquista de Iglesias, pidiendo incluso un ‘cordón sanitario’ contra Vox, partido que con 13 escaños aguantó el subidón del PP.

Lo que fue su definitivo error y acabó hundiendo al PSOE en Madrid donde más de 200.000 votantes del partido socialista se han pasado al PP además de 500.000 de Cs, respecto a las elecciones autonómicas de 2019.

En estas circunstancias ¿Qué va a hacer Sánchez tras huir de la derrota y la noche electoral? Seguramente acudir a ‘su manual de resistencia’. Pero por más que lo niegue sabe que la crisis sanitaria -con más de 150.000 muertos- y la económica no se arreglarán (como se lo ha dicho Felipe González) con vacunas y fondos europeos.

Porque la herida de España es muy profunda, es política e institucional, está bajo vigilancia de la UE y tiene en el corto plazo un nuevo desafío catalán. El Pueblo de Madrid ha hablado con una extraordinaria participación del 80 % y ha derrotado a Sánchez en defensa de la Democracia, la Libertad -como dice Ayuso- y también de la verdad.

El discurso contra el fascismo
Manuel Toscano. vozpopuli.es 5 Mayo 2021

Con todo lo que hemos escuchado en estas semanas de campaña nadie diría que se trataba de unas elecciones regionales a la Asamblea de Madrid. Atendiendo a los mensajes y lemas electorales, parecía enteramente que el destino de nuestra democracia estaba en jaque. Díaz Ayuso inició la puja con aquello de "comunismo o libertad", pero los partidos de la izquierda madrileña han redoblado con creces las apuestas, sin reparar en gastos retóricos. "Nos jugamos la democracia y la libertad", decía el manifiesto de los ‘26 años infernales’, firmado por un grupo de escritores e intelectuales que pedían el voto para la izquierda. No menos llamativo fue el giro que dio la campaña socialista, cuyo mitin central, en el que participaba el presidente del Gobierno, estuvo presidido por un gran cartel que rezaba: "No es sólo Madrid. Es la democracia".

¿Cuál es la grave amenaza que pende sobre nuestra democracia? Nada menos que el fascismo, si hacemos caso a las voces de alarma de líderes políticos y voceros mediáticos. Por increíble que parezca, los partidos de la izquierda madrileña han resucitado como guion de campaña aquel "Madrid será la tumba del fascismo", en un flashback de los años treinta. Pero este Madrid poco tiene que ver con el de 1936. Hay otros problemas serios, pues aún no hemos salido de una pandemia que se ha cobrado un altísimo coste humano, con decenas de miles de muertos, y cuya gestión sanitaria ha sido complicada. Además ha provocado la mayor caída del PIB desde la Guerra Civil, por lo que muchas empresas y familias se enfrentan a grandes dificultades para salir adelante; ahí están las cifras de desempleo para demostrarlo. Como discutible es la gestión política de la crisis, que ha traído fuertes limitaciones a los derechos y libertades de los ciudadanos, bajo la cobertura de un estado de alarma que se ha prolongado meses y meses sin control parlamentario. Pero no, lo realmente alarmante al parecer es el fascismo que se cierne sobre la sociedad española.

La vida política tiene mucho de teatro y más en estos tiempos, avisados como estamos por Iván Redondo ("son las emociones, estúpido"). La competición electoral se toma como licencia para toda clase de excesos verbales, confiando seguramente en que el público ya rebajará la gravedad de las cosas que se dicen. Aun así, las cotas de dramatismo y sobreactuación en la campaña madrileña han superado lo que habíamos visto. Amenazas anónimas a políticos por desgracia ha habido siempre, pero se comunicaban a la policía sin darles publicidad, como aconsejaba Rubalcaba; ahora se dan en prime time junto con los gestos de consternación. Viendo la escenificación de ‘la batalla por Madrid’ hay que acordarse de Tocqueville. Pues el francés nos contó, antes que Marx, que la historia se repite como farsa, cuando pintó a aquellos líderes de 1848 que se comportaban como si estuvieran representando una función, jugando a ser los personajes de una revolución que había ocurrido sesenta años antes.

La farsa se llevó al Congreso de los Diputados, donde Unidas Podemos presentó una proposición no de ley en defensa de los valores democráticos y en contra del fascismo. Jaume Asens marcó el tono del debate, oscilando como suele entre la grandilocuencia huera y el lance mitinero; eso sí, nos explicó con gran prosopopeya que ‘el fascismo no empezó en los crematorios’. Pero el mejor momento de la sesión fue cuando la diputada Aizpurua de Bildu presentó a la izquierda abertzale como ejemplo de compromiso en la lucha contra el fascismo. ¡Ejemplar! Bien sabemos cómo se las gastan con aquellos a quienes señalan como fascistas. Y es proverbial la generosidad con la que reparten la etiqueta; que se lo digan si no a los concejales populares y socialistas que han llevado escolta tantos años.

Boicot al mitin de Vallecas
Por contraste, fue oportuna la intervención del portavoz del PNV, quien recordó que la mayor parte de los actos violentos y ataques contra sedes de partidos no provienen de la extrema derecha. No son ultraderechistas quienes piden la libertad para Hásel, o reclaman la libertad de los ‘presos políticos’ catalanes, ni los que gritan ‘carceleros’ a los socialistas vascos (más de veinte ataques sólo en el ultimo año); tampoco, por cierto, los que trataron de impedir por la fuerza el mitin de Vallecas, dejando más de una veintena de heridos. Por lo mismo, Esteban propuso reformular la moción para condenar cualquier acción violenta, fuera cual fuera su signo ideológico o sus objetivos. Se rechazó por razones obvias: eso no servía al propósito de quienes apoyaron la proposición no de ley, que era dar pábulo a la amenaza fascista.

Si algo puso de relieve la sesión parlamentaria es que el problema no es el fascismo, sino el uso artero de la etiqueta para fines políticos espurios. Mucho hemos oído estos días sobre la banalización del término: el uso indiscriminado ha degradado ‘fascista’ a palabrota que se arroja contra lo que no nos gusta. Aquí lo apuntamos recordando a Orwell. Los grandes estudiosos del fascismo llevan años denunciando el abuso del concepto. Eso lo sabemos. Lo que importa realmente es ver cómo operan los engranajes retóricos del discurso contra el fascismo, pues tienen una historia detrás.

Para ello lo primero es entender que funciona, no ya como estratagema de polarización, sino como la receta perfecta para el maniqueísmo en política, pues convierte ésta en la lucha del bien contra el mal sin más distingos. Asociado históricamente con las tiranías de Mussolini y Hitler, o con el Holocausto, en manos de los antifascistas contemporáneos se convierte en una categoría demonológica, como señaló Del Noce, que viene a representar la encarnación absoluta del mal en política. Reúne todo el mal y de esa forma todo lo malo, cualquier forma de opresión e injusticia, se convierte en fascista, guarde o no semejanza con el fascismo histórico.

Vista así, la retórica antifascista tiene claras ventajas. Por una parte, la etiqueta ‘fascista’ se vuelve el medio más eficaz para estigmatizar al adversario político, convirtiéndolo en enemigo al que no cabe tolerar de ningún modo. Erigido en representante del mal, a quien se tacha como fascista queda excluido del juego democrático y no es posible tener tratos con él; más aún, la intolerancia en su contra no sólo está justificada, sino que es exigible como señal de virtud. Ni siquiera la violencia puede ser excluida allí donde se vea necesaria, como predican los antifascistas actuales: si se trata de evitar a toda costa el triunfo del mal, cualquier medio está permitido. Por lo mismo rechazan que las garantías de los derechos, como la libertad de expresión, se extiendan a los supuestos fascistas, cuyas opiniones deberían acallarse o silenciarse. Son las instrucciones de manuales antifascistas como el de Bray, que ahora vemos puestas en práctica.

Además, no caben medias tintas ni se admiten grises: o se está con los fascistas o con los antifascistas. Toda causa justa, del antirracismo al feminismo, caería en el campo de estos últimos, que monopolizarían los "valores democráticos". La rigidez de la disyuntiva, no obstante, es perfectamente compatible con la discrecionalidad para trazar la raya según la conveniencia política. Es la gran ventaja de que la etiqueta se haya desembarazado de cualquier conexión con el fascismo histórico y sus herederos. De paso se borra el recuerdo de quienes lo combatieron históricamente sin ser de izquierdas. No es cosa nueva, por cierto, si recordamos que la retórica antifascista fue una herramienta fundamental de propaganda de la Komintern, que los estalinistas usaron con gran flexibilidad, llamando fascistas a liberales, conservadores y sobre todo a sus rivales socialdemócratas, a los que tildaban de "socialfascistas".

Por eso convendría no olvidar que el discurso del antifascismo sin fascismo es característico de la izquierda más sectaria y radical. Bajo esa cobertura, puede presentarse como paladín de la democracia, ocultando su carácter profundamente antiliberal; se blinda así frente a cualquier crítica, como hacían los viejos estalinistas, pues cualquier objetor o disidente queda expuesto a ser tachado de ‘cómplice con el fascismo’. Eso lo explica bien Sloterdijk, para quien la apropiación de la retórica antifascista por la extrema izquierda representa la maniobra más exitosa de las últimas décadas en lo que se refiere al uso estratégico del lenguaje político. No es por casualidad que nadie haya contribuido tanto como Podemos a difundir esa retórica nociva entre nosotros. Iglesias es un consumado experto en su manejo y no ha tenido nunca problemas para llamar ‘fascista’ a quien haga falta, ya sea Trump, UPyD o Ciudadanos. Lo que no se entiende es qué ganaban Gabilondo y los socialistas sumándose a esa estrategia. ¿O sí?

Adiós Cataluña, hola Madrid
Juan Francisco Arza. vozpopuli.es 5 Mayo 2021

La Comunidad madrileña ha convertido en un símbolo, en un ideal, en un modelo que contraponer a la Cataluña de los pujoles, los rufianes y las colaus

Que Cataluña se halla en decadencia es algo que pocas personas se atreven a negar hoy en día. No se trata sólo de la pérdida de pulso económico (crecimiento menor que otras regiones, descenso de la inversión extranjera, éxodo de empresas), sino del bloqueo y saqueo de las instituciones, de la pobre vida cultural y del clima enrarecido que se ha instalado en la sociedad.

La sociedad catalana no tiene fuerzas para su propia regeneración. No se adivina una salida. Todos los proyectos han fracasado. Ha fracasado el independentismo, carente de suficiente respaldo social, sin legitimidad ni apoyo internacional, con inasumibles costes económicos. Ha fracasado el constitucionalismo, incapaz de articular una mayoría alternativa, defraudado por sus propios líderes y por los gobiernos centrales. Han fracasado los intentos de resucitar a CiU y a un supuesto catalanismo moderado. Ha fracasado, en fin, la operación Illa, que no era más que el intento de recrear el Tripartit con ERC en el papel de “independentismo pragmático”.

La clase política y la clerecía que ha conducido a Cataluña a la penosa situación actual sigue donde estaba. Se ha blindado contra cualquier cambio. Son miles de personas colocadas en las administraciones, empresas y organismos públicos, la Universidad y la escuela, medios de comunicación, sindicatos, colegios profesionales, etc. Aunque a veces se disfrazan de rupturistas, no pondrán nunca en riesgo sus intereses. La casta independentista no quiere costes y sacrificios: se ha acostumbrado a vivir bien a costa de los demás catalanes, ocultando su corrupción e incompetencia detrás de la bandera, culpando a España de todos los males.

¿Por qué una parte de los catalanes sigue sosteniendo a esa casta con sus votos? ¿No se dan cuenta de la tomadura de pelo, del inmenso fraude? ¡Por supuesto que sí! El electorado que sostiene a esa clase extractiva lo sabe, o por lo menos lo intuye. Sabe que no cumplirán sus promesas, que se aprovechan de ellos, que son unos hijos de puta… Pero ¡son sus hijos de puta! Es el triunfo de la política futbolera, de la emocionalidad primaria, de las fidelidades perrunas. Los medios de comunicación públicos y concertados se encargan de suministrar carnaza a la afición, imitando a la peor prensa deportiva: somos los mejores, la culpa es siempre del árbitro y de las malas artes del rival.

Pero el nacionalismo no es el único problema de Cataluña. Lo es también el arrinconamiento de las ideas liberales. Nadie defiende la libre empresa, el Estado mínimo, los bajos impuestos. La hegemonía del ideario estatista e intervencionista es total. Ni siquiera las organizaciones patronales y las escuelas de negocios defienden las ideas liberales: ¡sus portavoces e intelectuales de referencia son socialdemócratas!

Sectores más privilegiados
Algunos creen que el golpe de la crisis despertará a los catalanes. Se equivocan. La crisis está siendo aprovechada por la casta extractiva, tanto separatista como de izquierda, para ampliar sus dominios, expulsar y arrinconar a la iniciativa privada, generar una sociedad cada más intervenida y dependiente. Los apoyos electorales de esa casta se concentran, precisamente, en los sectores más privilegiados de la sociedad y los que menos sufren la crisis: barrios y comarcas ricas, hogares de rentas altas, funcionarios de alto nivel, etc.

Cataluña sigue siendo, por supuesto, una región rica. Disfrutamos de una envidiable situación geográfica, tenemos un enorme patrimonio cultural y natural, contamos con una larga tradición industrial y una capacidad instalada notable. Todavía son muchos los que con mucho mérito, sobreponiéndose a los obstáculos y al pesimismo reinante, intentan emprender y sacar sus negocios adelante. Pero es inevitable la melancolía por lo que podríamos haber sido, y el miedo a que tanta insensatez acabe hundiéndolo todo.

Borreguismo irresponsable
Un número cada vez mayor de catalanes estamos desconectando de Cataluña. Estamos cansados de esta república bananera del Mediterráneo, su patrioterismo histriónico, su omnipresente simbología, sus grandes latrocinios, sus enemigos de paja, sus diadas de fanatismo y violencia. Estamos decepcionados con muchos de nuestros compatriotas, su borreguismo, su irresponsabilidad y su contumacia en el error, su orgullo mal entendido y esa pulsión suicida que se manifiesta a cada rato.

El catalanismo se había esforzado durante décadas por generar una imagen de Cataluña como una región moderna, abierta, europea, por contraposición a un Madrid burocrático, conservador, cerrado. Esa imagen había tenido éxito no sólo en Cataluña sino en todo el mundo. Pero en los últimos años Cataluña ha asociado su imagen de forma pertinaz a la tensión, al conflicto y a la violencia. Hemos ocupado portadas y generado malas noticias hasta producir hartazgo y aborrecimiento. Mientras tanto, Madrid ha sabido asociar su imagen al valor de la libertad. Se ha convertido en un símbolo, en un ideal, en un modelo que contraponer a la Cataluña de los pujoles, los rufianes y las colaus. ¿Quién nos lo iba a decir a nosotros, orgullosos catalanes, que acabaríamos deseando mudarnos a la capital?

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