AGLI Recortes de Prensa   Jueves 6  Mayo  2021

Ayuso, Sánchez y el castigo a Madrid por abrazar la libertad
EDITORIAL Libertad Digital 6 Mayo 2021

Hace bien Isabel Díaz Ayuso en no perder un minuto en la ejecución de su plan para acometer nuevas bajadas de impuestos, una mayor reducción de las trabas administrativas y el adelgazamiento del Gobierno madrileño, tal y como se ha comprometido este miércoles ante la audiencia de esRadio. Esa premura es necesaria no sólo porque únicamente cuenta con dos años antes de tener que llamar de nuevo a las urnas ni porque cuanto antes se haga lo conveniente, mejor, sino porque Pedro Sánchez no va a dejar de sabotear todo aquello que sirva para que Madrid pueda seguir siendo un faro de libertad y prosperidad, la gran alternativa a su régimen liberticida.

A este respecto, cabe recordar el infame plan de la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, para acabar con la autonomía fiscal de Madrid, o las palabras que el ministro de Fomento, José Luis Ábalos, pronunció al comentar los resultados del 4-M, con las que renovó el compromiso del Gobierno social-comunista de "impedir que el PP siga utilizando la Comunidad de Madrid como ariete contra otros territorios de España y contra el Gobierno de la nación", en clara y artera referencia al relativo alivio fiscal de que disfrutan los madrileños en comparación con los habitantes de otros regiones.

Si pretende seguir bajando los impuestos, Ayuso deberá acometer una reducción del gasto autonómico más ambiciosa que la que se deriva de la disminución de consejerías de 13 a 10. Pero esta política de austeridad no es un "ariete" dirigido contra otros territorios sino, por el contrario, un ejemplo para otros mandatarios autonómicos, que tienen la misma autonomía fiscal pero que, a diferencia de Ayuso, no la utilizan para apretarse el cinturón sino para apretárselo al contribuyente.

Así las cosas, Ayuso no sólo deberá ser rápida y ambiciosa a la hora de ejecutar sus promesas electorales, sino mostrarse absolutamente dispuesta a recurrir a los tribunales cada vez que considere que el Gobierno central invade sus competencias para tratar de frustrar su alternativa liberal, que tan mayoritariamente han refrendado los madrileños. Si someter la política al Estado de Derecho es "judicializar la política", Ayuso deberá llevar a gala ese recurrente sambenito que suelen poner quienes se piensan que pueden estar por encima de la Ley por el hecho de dedicarse a la política.

Lo que es seguro es que Sánchez se va a desvivir por seguir maltratando a Madrid, que de forma tan clamorosa ha dado y sigue dando la espalda al socialismo en aras de la libertad. Y Ayuso deberá defender su alternativa liberal no sólo en el ámbito del discurso político sino en el judicial, por el bien de Madrid y del de toda España.

Madrid, esa gran taberna de Ayuso y de España
Miguel Ángel Belloso. okdiario 6 Mayo 2021

Una de las frases que más me gustan de Winston Churchill, y mira que hay muchas y bastante más hondas, es esta: “Champagne, champagne, siempre champagne. En la victoria porque lo merezco, en la derrota porque lo necesito”. En mi casa habíamos comprado champagne sin prudencia para celebrar en uno u otro sentido el resultado de las elecciones de Madrid. Incluso habíamos comprado mis hijos y yo un billete de avión por si acaso, por si ganaban los malos. Siempre conviene ser precavido porque, como bien se ha encargado de señalar la prensa progre, lo que se jugaba en este trance fatal eran dos modelos de sociedad.

El primero es el que hemos tenido en España hasta la fecha, promovido por los socialistas y la izquierda en general, sin que el PP haya logrado sacudir de encima la pesada losa. Es un modelo que, con el pretexto de defender a las clases más desfavorecidas, las perjudica gravemente. Que a duras penas puede exhibir un crecimiento magro de la producción, que bate el récord de paro de todos los países desarrollados, que posee el estigma del desempleo juvenil más lacerante de nuestro entorno, que ha sido incapaz con sus sucesivas leyes sobre la educación de obtener resultados dignos de ser comparables a los de las naciones de nuestro entorno. Que es un modelo en resumen que apuesta por la presencia ominosa del Estado en la vida civil, por el aumento de la presión fiscal, por la prevalencia del sector público y por la desaparición de cualquier incentivo al mundo de la industria, del comercio, de la empresa y del desempeño individual. Y para más inri, que no ha sabido evitar que seamos uno de los lugares con más muertos por la pandemia, con un ritmo de vacunación más lento y con la mayor destrucción de tejido productivo nunca vista desde la guerra civil.

En el bando de los malos estaban, y están, los que quieren freír a impuestos a las clases trabajadoras -ahora con la última ocurrencia de castigar a los miles de matrimonios que hacen la declaración conjunta del impuesto de la renta-, los que dicen apostar por la sanidad pública, pero se han dedicado en cuerpo y alma a boicotear el hospital Isabel Zendal, los que aseguran que quieren impulsar la educación cuando lo que de verdad persiguen es el igualitarismo extremo en los resultados académicos -dañando a los más desvalidos-, y los que afirman su deseo de impulsar más viviendas entorpeciendo el juego de la iniciativa privada y proponiendo un control de los alquileres que no ha dado resultado en ningún lugar del mundo, y que incluso en Alemania ha sido declarado inconstitucional.

Ya que esta campaña, por expreso deseo de la izquierda de Pedro y de Pablo, se ha escorado hacia el dilema entre la democracia y el fascismo, habrá que aclarar de una vez por todas que no hay corriente ideológica que tenga una vinculación más estrecha con el fascismo que las enarboladas por la izquierda. Porque, como muy bien ha explicado mi amigo el economista José Luis Feito, el fascismo aspira a liquidar el capitalismo y la filosofía liberal que lo sustenta. Como el socialismo de Sánchez y el comunismo de Iglesias. Su esencia es supeditar el uso y el control de la propiedad privada al interés de la colectividad -según lo defina el gobierno de la nación-. Para estos dos personajes funestos de la historia de España, igual que para los nazis, la clave de sus políticas es la subordinación del individuo a la colectividad, y de las reglas del mercado al albedrío de unos líderes supuestamente imbuidos de la verdad revelada, algo que podría ser respetable si la evidencia empírica no hubiera demostrado con insistencia que carcome la prosperidad de las sociedades allí donde se implanta.

Pero lo que no podía esperar el socialismo enardecido y soberbio de Sánchez ni tampoco el comunismo antisistema y violento de Pablo Iglesias es que surgiera en Madrid una líder como Isabel Díaz Ayuso, una señora humilde, discreta, sin patrimonio, pero con una determinación granítica en defensa de otro modelo de sociedad, de una comunidad abierta y libre que apuesta por el sector privado y por la gente que madruga y que aspira a llevarse a casa la mayor parte posible del fruto de su trabajo. Una señora sin complejos, dispuesta a dar siempre la cara y a aceptar cualquier órdago, por envilecido que esté.

Para combatir a este inesperado animal político, sus enemigos no han tenido peor idea que insultar reiteradamente a los madrileños. El primero fue Sánchez desde el principio de la pandemia, que Ayuso ha gestionado mucho mejor, logrando conciliar el cuidado de la salud con el pulso económico necesario para no dejar en la estacada a nadie. Usando el lenguaje manoseado e impropio del adversario -que ha incumplido con su palabra-, “para no dejar a nadie atrás”. Esto no se ha observado igual en sitio alguno de España, y casi me atrevería a decir que de Europa como en Madrid, y tiene mucho que ver con la habilitación en tiempo récord del recinto del Ifema y luego, desde la nada, con la construcción acelerada del hospital Zendal. Mi amiga socialista Sacramento todavía cree que esta chica, es decir, la reelegida presidenta de Madrid, es tonta porque en París el señor Macron tiene cerrada toda la ciudad desde hace más de un mes. ¡No querida! El tonto es Macron, y esto es lo que han decretado el martes los madrileños y todos los medios de comunicación europeos que llegan a la capital para ver cómo se ha producido el milagro que tanto inquieta el petimetre que tenemos instalado en La Moncloa.

Pero el insulto definitivo y letal para la izquierda ha sido su empeño en retratar Madrid como una gran taberna. ¿Cuándo ha dejado de serlo? ¿Pero es que estos señores tan presuntamente cultos todavía no han leído el libro magno de Díaz-Cañabate ‘Historia de una taberna’? A la puerta de la tasca de Antonio Sánchez acudían los chavales alborozados para ver salir al dueño vestido de luces los días de corrida. En aquella taberna, como en todas las de Madrid, llena de conversaciones desordenadas, versátiles, alocadas, alegres, tristes, cultas, ignorantes o patosas se siente hoy como ayer el pulso de la ciudad, la vida misma, las ganas de disfrutarla. Esto es algo que jamás entenderá Sosoman Gabilondo, que vino a decir hace unos días que la libertad es algo mucho más notorio que la libertad de tomar algo. Y tampoco el presidente del CIS, José Félix Tezanos, un vulgar lacayo sin escrúpulos que ha destrozado el prestigio de la institución que dirige obligando a sus subordinados a vulnerar su particular ‘juramento hipocrático’.

Según Tezanos, la victoria de Ayuso ha sido la de una sociedad tabernaria, de bares, restaurantes y otros establecimientos similares destinados, en mi opinión, a provocar la felicidad del género humano, donde apenas tiene cabida el resentimiento ni la pena. Es la misma desorientación que la de aquellos que afirman con pesar impostado que España es un país de camareros, humillando entre otras cosas al turismo, que es el sector más importante de la economía y la primera potencia del país, y que ahora quieren cambiar por el ecologismo, los coches eléctricos, la rehabilitación de viviendas y demás retahíla de ocurrencias sin grandeza ni fruto destacable. Al que niegan las ayudas que precisa con urgencia. No hay algo que me irrite más que este desprecio tan profundamente elitista hacia la gente productiva y corriente. Y así lo ha apreciado el noble pueblo de Madrid, que no soporta la chulería, porque es más chulo que nadie.

La victoria implacable de Ayuso, el buen resultado de Vox, son una afrenta a Sánchez y sobre todo un enorme desafío. Confrontados dos modelos de sociedad, dos modos de ver la vida y sobre todo de disfrutarla, ha ganado el bueno. Esta ha sido una derrota sin paliativos del ‘sanchismo’ y por eso mismo en mi casa bebimos champagne a discreción y llamamos a la agencia de viajes para que cancelara los billetes de avión. Todavía hay esperanza de que este país se desembarace de la peste bíblica que nos ha traído el inoportuno, mezquino y mendaz inquilino de la Moncloa.

Sanchismo y oportunismo
Agapito Maestre Libertad Digital 6 Mayo 2021

Sanchismo y oportunismo son las dos principales barreras para relanzar la democracia en España. Me explico. El domingo pasado, día 2 de mayo, escribí que el mal se desvanece lentamente; a veces ni siquiera notamos su desaparición. Pero, sin apenas originalidad, predecía que los madrileños saldrían a votar el 4 de mayo sin complejos contra la rabia del sanchismo. Fijaba mi mayor deseo en que fuese derrotada la performance de la violencia montada por Podemos y el PSOE. Creo que los resultados satisfacen mis augurios. Ha ganado la cordura. Alegrémonos. Madrid es el modelo para el resto de España. Hay un par problemas que resolver para hacer viable este modelo de Ayuso y Monasterio, es decir, de PP y VOX.

El primero se llama sanchismo. Me parece que hoy son mayoría los españoles, incluidos los votantes de Más Madrid, PSOE y Podemos, que consideran ridículo presentar a la sociedad española como violenta y perseguida por el "fascismo". Y, por el contrario, no es descabellado mantener que los españoles seguiremos siendo perseguidos, especialmente en nuestras libertades, por los socialistas, los comunistas y los separatistas. Basta observar el mal perder del Gobierno de España ante los resultados de Madrid para saber que esta gente persistirá en su política doctrinaria, es decir, siguen instalados en un concepto pobre de la realidad y, por ende, su doctrina está concebida con conceptos también pobres. No sólo desconocen los sucesos históricos, sino que se basan en una historia falseada y parcial. Nadie espere nada de Sánchez y su tropa. Son terriblemente reaccionarios. Su lenguaje es violento y sus acciones lo avalan. Seguirán hablando de sociedad fascista y, lo que es peor, reforzarán su pacto de hierro con los separatistas y Más Madrid, que son la otra cara de Podemos y el comunismo bolivariano, o sea totalitarismo sobre totalitarismo.

El segundo problema para volver a democratizar el país está en la dirección del PP. Si dejo aparte el cinismo, decir lo contrario de lo que se piensa, es el oportunismo, dar más importancia a la realidad del momento que al ideal, el peor de los vicios que deberían vencer Casado y su directiva. Fue oportunista Casado cuando se tiró a la yugular de Abascal en el Congreso de los Diputados, en la moción de censura de Vox contra el Gobierno, y persistió en su oportunismo cuando no permitió elecciones en Murcia. Fue oportunista Casado al aceptar a regañadientes las elecciones de Madrid y ha sido oportunista atribuyéndose los resultados de Isabel Díaz Ayuso. Comience el señor Casado, si quiere ser creíble, por pedir perdón a Santiago Abascal por su violenta reacción, casi propia de un fanático, y persista en reconstruir los puentes con un partido que tiene más representación que el PP en Cataluña y da estabilidad al mesogobierno de Andalucía.

El nuevo escenario de la política española en 7 puntos
Redacción. https://rebelionenlagranja.com/ 6 Mayo 2021

Los resultados de la Comunidad de Madrid, que son inapelables, suponen no solo un cambio del escenario político en la región sino también una patada al tablero de la política española. Son muchas las cosas que desde anoche van a ser diferentes. Aparecen tensiones que estaban soterradas y rivalidades que antes no existían. Surgen liderazgos. Se abren crisis internas. Los espacios políticos se vuelven a definir. Estos son algunos de los nuevos factores de la nueva fase política que comenzó anoche.

1.- Crisis en el PSOE de Madrid. El sorpasso en numero de votos de Mas Madrid al PSOE va a tener consecuencias internas en el partido socialista que, además de resolver disensiones internas, se verá forzado a cambiar de estrategia frente al partido que le disputa su electorado. Sánchez y el aparato mediático afín comenzarán a tratar a los de Errejón de otra manera. Tras el inmenso error de campaña de haber hecho seguidismo de Iglesias y de Mónica García, a Pedro Sánchez no le queda más remedio que distanciarse visiblemente de esa izquierda. Solo si lo hace, podrá recuperar su espacio electoral. La Federación Socialista Madrileña, de tradición cainita, ingobernable, llena de banderías y de vendettas, muy bragada en luchas intestinas, está afilando ya los cuchillos en busca de responsabilidades. Moncloa impuso el candidato, impuso la estrategia, impuso los mensajes. Impuso la derrota. Sánchez y Redondo son los responsables de la hecatombe del PSOE en Madrid, y la Federación Socialista Madrileña, que ha sido la gran sacrificada, está planificando la revuelta.

2.- Crisis del PSOE en Andalucía. Pedro Sánchez ha estado avanzando en los últimos meses en la «toma de Andalucía» mediante el desplazamiento de Susana Díaz y su sustitución por Juan Espadas, el actual alcalde de Sevilla. El doble fiasco de la moción de censura en Murcia y de las derrota electoral en Madrid, debilita enormemente la posición de Sánchez, que ya es visto como un pirómano al que se le ha terminado la Baraka. Susana Díaz tiene hoy muchos más leales que ayer. Su renovada fortaleza paraliza la jugada de Pedro Sánchez, que está para poca mudanza.

3.- Crisis de Ivan Redondo. La campaña de Madrid ha sido dirigida desde Moncloa, con desprecio absoluto hacia Ferraz. Como tantas veces en política, las estructuras de gobierno han sustituido a las de partido y al final han provocado su derrota. Hoy, en Ferraz, todos miran hacia Iván Redondo, que además no es militante del PSOE y trabajó para el PP. Veremos si la confianza ciega de Pedro Sanchez en él se mantiene. En todo caso, Sánchez tiene un problema en Ferraz por haber sustituido al aparato del partido por su jefe de gabinete. Sánchez, superviviente, le sacrificará antes o después, y Redondo lo sabe.

4.- Nueva correlación de fuerzas en el PP. El PP llegó a estas elecciones madrileñas al borde del colapso. Tas los catastróficos resultados del País Vasco y de Cataluña, estaba a punto de perder Murcia -salvado in extremis- y Madrid. La iniciativa de Ayuso de convocar elecciones anticipadas cogió a todos por sorpresa y, pese a las reticencias de algunos importantes barones nacionales y genoveses, la presidente madrileña impuso su criterio. Hoy, con este éxito sin precedentes en su haber, se inicia un liderazgo interno de Ayuso que antes era inexistente. No va a disputar, en ningún caso, el sitio a Pablo Casado. Se lo va a disputar a los barones. Lo que diga la renovada lideresa tendrá, al menos, el mismo peso que lo que opine Nuñez Feijoó o Moreno Bonilla, y mucho más que un Mañueco en franco retroceso. También Martínez-Almeida sube enteros dentro del PP.

5.- Desaparición de Podemos, crisis personal y judicial de Iglesias. La derrota sin paliativos del bolivariano, que además abandona la política como el personaje más odiado por la derecha, el centro y la izquierda, no solo va a ser una salida de la política. El personaje político que el propio Pablo Iglesias ha hecho de sí mismo, le va a perseguir fuera de la política. Es difícil que pueda huir, como pretende, de sí mismo. Su debilidad he hará mucho más vulnerable. Sin la protección mediática y política de Pedro Sánchez, su futuro puede ser tan trágico como el efecto que él mismo provocó en la política española. Sin las ayudas fiscales, judiciales, policiales etc, el futuro de Pablo Iglesias no es nada halagüeño. El ex líder de Podemos se enfrenta ahora a una cadena de procesos judiciales sin aforamiento alguno. Hay, además, intereses que confluyen en su contra. Veremos, por si fuera poco, cómo se materializan todas las venganzas contra él. A eso se añade su incierto futuro personal. Iglesias recogerá las tempestades de todos los vientos que previamente sembró.

6.- Guerra del PSOE y Mas Madrid por el mismo electorado. El sorpasso al PSOE por parte de Más Madrid, con una candidata desconocida, es el pistoletazo de salida de una guerra sin cuartel entre las dos organizaciones políticas, que se disputan inevitablemente el mismo electorado. Veremos hasta qué punto la potencia mediática del PSOE y de Pedro Sánchez convierte a los de Errejón en una burbuja político, o no. Hay muchos intereses económicos en juego. Si el PSOE no gana esa batalla, iniciará la senda de su propia desaparición. Los socialistas se juegan mucho más que la pérdida del poder.

7.- Vox aguanta y se hace estable e imprescindible. Los resultados de Vox en Madrid son considerablemente buenos. Avanza en votos y escaños, y resiste la avalancha de Isabel Díaz Ayuso. Vox ha demostrado tener un suelo electoral de enorme fortaleza y fidelidad. Además, se convierte en socio imprescindible para que el PP conserve el gobierno, y ha contribuido notablemente a expulsar a Iglesias de la política española. Su resultado demuestra que el discurso de «que viene la ultra derecha» y de la «alerta antifascista» es ridículo y no funciona. Madrid ha terminado de normalizar a Vox en el espectro político nacional. La proyección del binomio PP-Vox, con reparto de electorados, estrategias y de discursos, puede sin duda llevar al centro y a la derecha española al Gobierno del nación.

De la 'anomalía' madrileña y la triple catástrofe del sanchismo
Agustín Valladolid. vozpopuli.es 6 Mayo 2021

Si asumimos que la sabiduría en política, en el caso de que hayamos disfrutado alguna vez de tal cosa en España, fue hace tiempo diezmada por una infantería con carné que nunca vio más allá de la punta del mosquetón, hará bien el lector en interpretar el final de este artículo como una quimera fruto de las obsesiones de un nostálgico irreductible. Un nostálgico del pacto, de acuerdos anchos como mejor forma de aligerar el sufrimiento de los que más sufren, de la transversalidad como aconsejable receta para cauterizar las heridas más profundas. Pero vayamos por partes.

De las múltiples conclusiones que pueden extraerse del 4-M, hay una que sobresale por la contundente lección que traslada a los contendientes, sobre todo a los perdedores: en tiempos de crisis, la realidad siempre se impone al relato, a la retórica inflamada, a los eslóganes vacuos. El empeño en fabricar amenazas improbables (la democracia en peligro, alerta antifascista) para combatir problemas angustiosos (quiebra, paro, depresión), se ha demostrado como una estrategia fallida, inservible, incluso embustera. Así lo han percibido mayoritariamente los madrileños, señalando a los principales culpables de la farsa: el PSOE y Unidas Podemos; por ese orden. Ciudadanos no ha engañado a nadie; estaba muerto antes de empezar.

La catástrofe de los socialistas alcanza dimensiones históricas. Una catástrofe cuyos tres hitos más recientes señala aquí con exactitud Gabriel Sanz y sobre los que nadie ha pedido explicaciones (no a Ángel Gabilondo, sino a Pedro Sánchez y sus estrategas de cabecera). A saber: el fracaso de la operación Illa, la autodestructiva moción de censura en Murcia y la increíblemente torpe estrategia diseñada para salvar los muebles en Madrid. Una continuada catástrofe que culmina con un fracaso aún más sonoro la acelerada decadencia de un partido que hace tan solo dos años había ganado las elecciones autonómicas. Desde que Sánchez, traicionando sus promesas, pactara la formación del Gobierno con Pablo Iglesias, el PSOE no ha hecho otra cosa que alejarse de los hechos, despreciar la centralidad y sucumbir al relato minoritario y disgregador de Unidas Podemos.

Sombríos resultados
De forma paralela, Sánchez se ha entregado a la tarea de descapitalizar el PSOE a conciencia, a vaciar de contenido el principio de la democracia interna, a dejar sin el menor sentido el papel de las agrupaciones (y en el caso de Madrid, pero no solo, de la Ejecutiva regional) para diseñar un partido vertical, opresivo, hermético, cerrado a las influencias de una sociedad compleja que atraviesa serios problemas, y para la que los socialistas han dejado de ser una alternativa fiable. El verdadero drama del PSOE, que estas elecciones han puesto de manifiesto con toda crudeza, no es el sombrío resultado, sino el oscuro futuro que les aguarda a la vista del diminuto respaldo logrado por la candidatura socialista por parte de los más jóvenes.

Ya están pensando en cómo corregir el tiro, en qué han de hacer para convencernos de que lo suyo con Iglesias fue obligado y coyuntural. Pero de momento, lo único constatable es que Sánchez e Iván Redondo han convertido al PSOE en una máquina oxidada que solo entusiasma, y no demasiado, a los propios asalariados; en un instrumento de poder que se ha dejado comer la merienda por un partido imberbe pero fresco, Más Madrid, y en el que el contraste de ideas o el respeto al trabajo desde la base hace mucho que dejaron de ser elementos diferenciadores de un partido progresista. Los jóvenes le han dado la espalda al PSOE porque el PSOE ya no les ofrece certezas; ni tampoco, siquiera como mal menor, ilusiones.

Isabel Díaz Ayuso ha arrasado porque ha acertado en la estrategia, pero también porque casi todos los demás han errado en la suya. Sin ir más lejos, a la complicidad táctica habida durante la campaña entre Pablo Iglesias e Iván Redondo debe la presidenta de la Comunidad de Madrid una parte importante de su triunfo. El daño que ocasionó a la candidatura de Ángel Gabilondo la rectificación estratégica dictada desde Moncloa ha sido inconmensurable. La insistencia de PSOE y Podemos en que la región que más aporta a las cuentas nacionales es la más insolidaria; el empeño en subrayar que Madrid es la anomalía, de acuerdo con el manual de desintegración nacional de Iglesias, cuando la realidad es que la anomalía de España se llama Cataluña, ha sido otra de las variables que en mayor medida han operado en favor de la candidata del PP (el retraso injustificado en la vacunación de policías y guardias civiles allí destinados ha sido el último episodio que refleja el tamaño de esta intolerable excepcionalidad).

Y más a más: la frivolidad con la que la izquierda ha manejado la cuestión fiscal en un momento en el que la angustia es el sentimiento predominante en muchos hogares, y la torpeza del Gobierno anunciando en mitad de la campaña el fin de las deducciones a las declaraciones de la renta conjuntas, han sido factores que han hecho que muchos ciudadanos hayan visto en la propuesta de Díaz Ayuso un fortín donde ponerse a salvo, un valor-refugio para sus ahorros y la mejor manera de proteger el bolsillo.

El PP ha arrasado porque PSOE y Ciudadanos se han autodestruido. Los de Arrimadas culminaron el proceso en Murcia; Sánchez, despreciando en Madrid a los suyos. Pero Díaz Ayuso debe leer bien el resultado: ha llegado donde está porque ha sabido aprovechar el hueco que otros abandonaron en los entornos del centro. Tiene dos años por delante para confirmar esa posición, que será la que le permita volver a ganar en 2023. Vox es un actor más, pero sólo un actor más, y no debe ser el principal.

Ayuso está en la mejor disposición de demostrar que su enorme éxito no ha sido un accidente provocado por el descarrilamiento de los demás. Tiene a su alcance la oportunidad de ocupar por mucho tiempo el espacio ganador de centro; de convertirse en el principal referente -y hasta vigilante- de la estrategia que fijó Pablo Casado cuando formalizó su divorcio con Vox; de hacer de Madrid un ejemplo de resistencia y superación inteligente de la crisis activando mecanismos de corresponsabilidad política; de convertir a Madrid en un ejemplo de cómo restañar heridas rompiendo la dinámica demoledora de la polarización.

Isabel Díaz Ayuso, IDA, ha demostrado audacia suficiente en situaciones de máxima dificultad. Ahora tiene la oportunidad de aplicar esa rara virtud para que madrileños y no madrileños recuperen una porción de fe en la política. Planteando al resto de partidos un pacto de reconstrucción, a dos años vista, con cuatro ejes fundamentales: recuperar la economía, incentivar la contratación apoyándose en el tejido empresarial, reforzar el sistema sanitario y concretar un plan integral destinado a ofrecer certidumbres a los más jóvenes. Si nos atenemos a lo que dijo en la Asamblea de Madrid en abril de 2020 un Gabilondo que aún está a tiempo de reivindicarse como alguien con criterio propio y recuperar el crédito perdido (“Estamos dispuestos a participar en un proceso de reconstrucción de un acuerdo político y social”), el catedrático de Metafísica podría acabar siendo su mejor aliado. ¿Política ficción? Puede que sí. Veremos.

La postdata: Edmundo
Edmundo Bal ha perdido. Se echó a las espaldas un partido moribundo que no ha superado su paso por la UVI. Edmundo es un tipo limpio, un político distinto, recto, libre, sin compromisos que condicionen su vocación de servidor público. Edmundo Bal ha perdido, pero ha ganado. Para muchos, Edmundo ha sido uno de los descubrimientos del 4-M. Quizá acaricie la idea de volver a su plaza de abogado del Estado. Sería una pena. No sobra gente como él. No creo que Ciudadanos tenga ya más recorrido, pero hay personas en ese partido a las que la política debe retener, de las que sería un lujo prescindir. Hacen falta. Hace falta una nueva iniciativa que ocupe el lugar de aquel Cs regenerador y progresista. Para aminorar la influencia de los nacionalismos y de los extremos; para que el nuevo bipartidismo que parece avecinarse no vuelva a caer en los errores del pasado.

Patada de Sánchez a Ayuso en el trasero de los madrileños
OKDIARIO  6 Mayo 2021

Pedro Sánchez ya ha dejado clara cuál será su respuesta al abrumador triunfo de Isabel Díaz Ayuso en las elecciones autonómicas madrileñas. ¿Autocrítica? ¿Cambio de política? ¿Reflexión sobre los motivos del varapalo? Nada de eso. Moncloa acelerará la subida de impuestos dictada desde el Gobierno para zanjar la posibilidad de que la líder ‘popular’ y presidenta de Madrid aplique nuevas rebajas de impuestos. O sea, evitar a toda costa que el modelo Ayuso siga demostrando su eficacia y arrebatando votos a la izquierda. Dicho más claramente: Sánchez se vengará de su derrota pegando una patada a Ayuso en el trasero de los madrileños.

El plan, en todo caso, ya estaba en marcha, pese a que Ángel Gabilondo -menudo papelón el suyo- prometiera que si presidía la Comunidad no subiría impuestos. Fue la propia ministra de Hacienda, María Jesús Montero, la que dejó en evidencia al candidato socialista al anunciar lo que se les venía encima a los madrileños. Ahora, derrotado con estrépito, Pedro Sánchez ha decidido pasar al ataque: no sólo se ha confirmado el plan de los socialistas de elevar los impuestos en Madrid, sino que pretenden hacerlo con urgencia para evitar la visualización del efecto del modelo Ayuso. A la vuelta del verano, el proyecto estará redactado: subida del Impuesto de Sociedades, Patrimonio y Sucesiones, un hachazo fiscal para golpear a Ayuso en el bolsillo de los madrileños.

La presidenta de la Comunidad de Madrid tiene el propósito de comenzar su nueva legislatura, el próximo 8 de junio, con el anuncio de una rebaja de impuestos, bajando medio punto el tipo aplicable del IRPF en el tramo autonómico. La réplica vengativa de Sánchez no se hará esperar y a la vuelta del verano tendrá listo su castigo a los madrileños por la osadía de votar mayoritariamente a Ayuso. Todo un atraco fiscal para intentar dejar sin margen de maniobra a la presidenta de la Comunidad en sus promesas de bajar los impuestos.

Importa España
Carmen Álvarez Vela. https://gaceta.es 6 Mayo 2021

Isabel Díaz Ayuso ha ganado las elecciones en Madrid, que no el Partido Popular. La única dirigente regional que ha tenido los redaños suficientes para plantarle cara a Sánchez en la defensa de la salud, la economía y la libertad; la que ha sido capaz de lidiar con su propio partido -que no se lo ha puesto nada fácil, aunque ahora se apropie de su victoria- sin darle tres cuartos al pregonero. Lo ha hecho todo con un socio de Gobierno -Ciudadanos- que, tal y como se ha demostrado, no trabajaba a favor de obra. Desde aquí, mi reconocimiento y mi agradecimiento más sincero.

No todos los resultados de ayer son extrapolables a la política nacional, aunque hay ciertas cosas que nos pueden dar pistas.

Por la izquierda, Madrid ha sido contundente en su respuesta y, en este sentido, es fundamental reseñar que ha castigado de forma especial a los partidos que están en el Gobierno: PSOE y Podemos. Deben tomar nota.

La magnífica noticia de que Iglesias deja la política y, por tanto, que Podemos puede comenzar su posible descomposición -Yolanda Díaz mediante- hace que hayan merecido la pena las elecciones. Hasta aquí ha llegado su lucha contra el fascismo: hasta una casita en Galapagar y un contrato -cuantioso- con Roures. En eso consistía su particular asalto a los cielos. Penoso personaje que se va con más pena que gloria. Deja un rastro de odio, mentira, resentimiento y fango por donde va; y causas judiciales. Adiós, Iglesias.

Respecto al PSOE, se puede pensar que el pobre Gabilondo ha pagado los platos rotos de Sánchez, pero recuerden que es capaz de mentir tanto como su jefe. No es el catedrático bondadoso que nos habían vendido. Demasiado evidente, demasiado soso, muy poco serio y nada formal. Su sanchismo marrullero nos da una pista de lo que puede ser un resultado electoral del PSOE a nivel nacional. Era un pésimo candidato, pero el desgaste de Sánchez es inmenso. El abucheo espontáneo -no organizado a la manera podemita– que sufrió en la puerta del colegio electoral se puede considerar anecdótico, lo que no es anecdótico es que un presidente del Gobierno aproveche unas elecciones regionales para darse un chute de autobombo -atril incluido- en la puerta del colegio donde va a votar. Todo en Sánchez es grotesco y pura pantomima.

La sorpresa de Mónica García no fue tanta. El partido de Errejón aparece inmaculado con semejante compañía. No ha tocado poder y se ha permitido disparar -la médica y madre de tres hijos es muy de pistolitas- con pólvora de rey. Más Madrid ha sido el refugio de la izquierda asqueada del PSOE y Podemos. Errejón parece menos malo, incluso inocuo, buen niño. Qué equivocados están los que piensen así. Aprovecho estas líneas para avisar de que Iglesias y El Niño de la Beca son lo mismo, pero Iñigo tiene un aspecto más agradable. Es difícil saber si lograrán implantarse a nivel nacional, ya que el lugar de Podemos lo van cogiendo los nacionalistas -Vascongadas, Galicia, Cataluña-, pero es un partido que en Madrid puede tener futuro.

En cuanto a Vox, Casado está haciendo una lectura errónea. Si con la candidata más potente que ha tenido el Partido Popular en España en muchos años, el partido de Abascal ha consolidado su resultado y lo ha aumentado en un escaño, significa que tiene una base social fuerte a pesar de haber prestado mucho voto a Ayuso en estos comicios, que no al PP. Si Casado no se dio cuenta mientras hablaba desde el balcón de Génova, tiene un grave problema de ceguera política. Y un poco de sordera también.

Me quedo con dos frases de Santiago Abascal en dos momentos completamente distintos. Una pronunciada el día de las elecciones catalanas, con unos extraordinarios e inesperados resultados para Vox con once diputados, “esto no es bueno para España”, dijo ante la victoria del nacionalismo y obviando su buen resultado. La otra la pronunció anoche, con trece diputados y sabiendo que podían haber sido muchos más: “es un excelente resultado para España”.

Importa España. Para ello trabajamos.

Nos tomaban por tontos
Pedro de Hoyos PD 6 Mayo 2021

Es esta la primera vez que me alegro contundentemente de una victoria del PP. Alegrarse de la victoria de un partido, apoyarle o no, votarle o no, no añade ni quita ningún mérito a nadie, no se es mejor o peor persona por ello. Pero en esta ocasión voy a tomarme un buen vaso de vino de Ribera de Duero a la salud de Isabel Díaz Ayuso, que no del PP

De la victoria del PP de Madrid me alegra que haya servido para echar de la política el adanismo de Pablo Iglesias, su superioridad moral, las flagrantes contradicciones entre su discurso y su vida, su victimismo, su macarrería, perdónenme la palabra. La clase obrera a la que quería representar no tiene por qué ser tan barriobajera, tan chabacana, tan ordinaria y vulgar.

Me alegra también que haya derrotado al populacherismo, digo bien, de un gobierno que se salta la ética a su antojo, creyendo que nunca se le iba a pasar factura por su actuación, un gobierno que cree que firmar el BOE le da derecho de pernada, que nos trataba a todos como personal despreciable, estorbador, molesto, al que había que sortear como fuera para que no diese el coñazo, como si todos fuésemos ignorantes a los que había que servir pero no tratar como seres iguales. Episodios como el nombramiento de la Fiscal General del Estado, lo de Ábalos con Delcy en Barajas, lo de Tezanos y el CIS, demuestran la falta de conciencia crítica de un partido entregado atado de pies y manos a su secretario general. Y su desvergüenza.

Cuando nos hablan de “españoles y españolas”, de “ciudadanos y ciudadanas”, de “amigos y amigas” se dirigen a las gentes más ideologizadas, (sí, y también a las más incultas, a veces) esas que tragan con todas las barbaridades con tal de que provengan de los suyos, esas personas que no saben, o prefieren no saber, que las manipulaciones del lenguaje tienen como destino las manipulaciones de la mente y, al final, del voto.

La derrota absoluta de esa izquierda que nos habla de la inminente irrupción del fascismo, que nos amenaza con el infierno fascista (fascista fue el PP hace años; luego lo fue Ciudadanos, a quien se negó el acceso a una manifestación, y ahora lo es Vox, esa abominable ultraderecha antifeminista) es la derrota, -debería serlo- de una torpe forma de hacer política a calderazos, de intentar pintar como Goya, Velázquez o Picasso con brocha gorda.

No digo que España sea un país culto y preparado para la alta política, un país que sea crítico con los mensajes trasmitidos del poder a la sociedad, un país que sepa distinguir entre Fernando Savater y Jorge Javier Vázquez, entre Belén Esteban y Emilia Pardo Bazán, no. Pero el empeño de dirigirse siempre a la masa más bruta, más acrítica y más asilvestrada trae a la larga consecuencias nefastas. A veces, solo a veces, la gente se siente maltratada moralmente.

De haber atacado a Madrid, de haber menospreciado, insultado y agraviado a los madrileños podremos hablar otro día. De momento déjenme confiar en que el PSOE cambie urgentemente de líderes y de modos, recupere la senda que nunca debió abandonar y no se convierta en el partido socialista italiano, francés o griego, dejando paso a los comunistas de Más Madrid que no se atreven a llamarse Más España porque eso es fascista, antifeminista, contravegano, antianimalista, franquista y anti LGTBIHKJÑW.

(Y mientras nos hablaban de “madrileños y madrileñas, de “hijos, hijas e hijes”, los más pobres, los desheredados, los obreros, los más indefensos quedaban con sueldos precarios o en paro los más desafortunados. Abandonados a pesar de frases tan publicitarias como aquella de “Nadie quedará atrás”. Ya.)

Agruparos todos en la lucha final, que yo, Pablo Iglesias, me piro al chaletón de Galapagar
OKDIARIO  6 Mayo 2021

«Arriba, parias de la Tierra/ en pie, famélica legión/ Atruene la razón en marcha/ es el fin de la opresión… Agrupémonos todos/en la lucha final/ el género humano/ es la Internacional». La retirada de la política de Pablo Iglesias, el hombre que prometió vivir como la mayoría de la gente, permite hacer un balance de su aportación a la regeneración democrática. El balance no da para mucho: ninguna aportación, más bien todo lo contrario. Desde que llegó Iglesias a la arena política la democracia española ha vivido amenazada. Su perfil totalitario se convirtió en todo un ataque a la libertad y a la convivencia entre los españoles. Desde el punto de vista político, poco más que decir de un personaje incompatible con un régimen de libertades.

Desde un punto de vista económico, su aportación al progreso de los españoles es también nula, por mucho que se le llene la boca de haber alcanzado hitos como el de la subida del salario mínimo. Pero, ¿cuál ha sido el progreso económico de Iglesias tras su paso por la política? Para empezar, el dirigente podemita cobrará una indemnización de 5.316 euros al mes, como adelantó OKDIARIO, por haber sido vicepresidente segundo del Gobierno. Una ‘pensión’ que multiplica por 5,6 el salario medio de los españoles. Eso sí que es progresar.

Por los demás, no parece que Iglesias viva como la mayoría de la gente. Cómodamente instalado en su chalet de Galapagar, él y su pareja, Irene Montero, con sueldo de ministra, no parece que estén en disposición de ponerse en el pellejo de la gente que las pasa canutas para llegar a fin de mes. Y si lo hacen, lo disimulan muy bien, porque su nivel vida les ha convertido en unos privilegiados, en la misma «casta» que denunciaron cuando entraron en política. Es por eso que a la letra de la Internacional convendría hacerle una pequeña modificación: «Agruparos todos en la lucha final, que yo, Pablo Iglesias, me piro al chaletón de Galapagar…»

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El principio del fin de un descuidero
Jesús Cacho. vozpopuli.es 6 Mayo 2021

Decía el domingo Isabel Díaz Ayuso en su cierre de campaña que “el problema de Madrid es Pedro Sánchez” y no, Isabel, no, Pedro Sánchez no es el problema de Madrid, Pedro Sánchez es el problema de España, eso sí, es la metástasis de un cáncer que empezó a incubarse con la llegada a Moncloa de un bobo con vistas al campo apellidado Rodríguez Zapatero gracias a unos atentados, 11 de marzo de 2004, que cambiaron el rumbo de España, y que ha alcanzado su fase terminal con la llegada al poder de un descuidero (“persona que roba aprovechando descuidos”) de la política, un majadero impostado hasta el ademán, necio hasta para posar, falso hasta para fingir, apellidado Sánchez Castejón. Un fatuo fascinado por la arboladura de un físico que corona una cabeza vacía de contenido. Un cero a la izquierda intelectualmente hablando. Una ambición de poder sin límites y sin ideología conocida. Un peligro como presidente del Gobierno para todo país que aprecie sus libertades. Lo de Pablo Iglesias es una nota a pie de página, apenas una anécdota. El perdedor de lo ocurrido este martes en Madrid se llama Pedro Sánchez. Él es el gran derrotado. Ya nada será igual para el manilargo y para los millones de españoles que le vienen sufriendo desde la artera moción de censura del 30 de mayo de 2018.

Nunca agradeceremos lo bastante al listísimo Iván la decisión de embarcar a su señorito en la aventura de Murcia, qué hermosa eres, aunque no está claro si la cosa salió del magín cuadrado del asesor Redondo o fue producto de una coyunda a medias entre Arrimadas, Inés, Inesita, Inés, y el sujeto en cuestión, deseoso de acabar de un manotazo con la carcomida arquitectura de poder regional de un PP en horas tan tristes como bajas. El vuelo de una mariposa en Pocatello, Idaho, y el tsunami que arrasa las costas del golfo de Bengala, India. El terremoto que, como las fichas del dominó, sacude inesperadamente la política española desde el cabo de Palos hasta la Estaca de Bares, haciendo añicos la legislatura y colocando al señorín contra las cuerdas. Sin sospechar lo que se le venía encima, el tipo galleó ufano recogiendo el guante que desde la Puerta del Sol lanzó la dama duende y aun pretendió hacer del 4 de mayo un plebiscito, dispuesto a acabar de una vez con la única persona, hombre o mujer, que se había atrevido a hacerle frente y desafiar su poder.

Alguno de los cientos de asesores que Redondo estabula en Moncloa con el dinero del contribuyente le advirtió, iniciada la campaña, que la cosa del 4 de mayo empezaba a pintar mal, le señaló con el dedo la dimensión de la tormenta que se erguía amenazante sobre la sierra de Madrid dispuesta a arrasar con todo hasta más allá de la vega de Aranjuez, y entonces el pisaverde se escondió, decidió refugiarse tras los muros de Moncloa, silente y cobarde, que el valor ni siquiera se le supone a este pintón soldadito de plomo. Pero ya nadie puede negarle el mérito que le corresponde, todo, en el fenomenal revolcón con el que la presidenta de la Comunidad de Madrid le obsequió anteayer. El rayo de luz que ha partido en pedazos el negro horizonte que a los demócratas españoles esperaba al menos hasta finales de 2022. La tormenta liberal que desde el kilómetro cero amenaza con inundar la geografía española. Porque esto no se queda aquí, esto se hincha, por mucho que los lamelibranquios de la prensa adicta se empeñen en afirmar lo contrario: no hay más forma decente de leer el éxito de Díaz Ayuso que en clave nacional.

Más allá de los méritos de una candidata que en los últimos tiempos ha “crecido” mucho, añadiendo olfato político a su incuestionable arrojo; más allá del grosero intento de convertir Madrid en un fortín enemigo del Gobierno central y más allá de pretender identificarla como un reducto fascista, insulto sobre insulto, lo ocurrido el martes no puede sino identificarse como la rebelión de una mayoría de votantes dispuestos a poner pies en pared contra un Gobierno en minoría a quien sostienen los enemigos de la nación de ciudadanos libres e iguales, neocomunistas bolivarianos, separatistas de izquierda radical y filoetarras de EH Bildu, sin olvidar esa noble gente de la derecha nacionalista vasca siempre dispuesta a tirar la piedra y poner la mano para cobrarla a buen precio. Confieso que me encuadro en el pelotón de los que no han votado “a favor de” Ayuso, sino “en contra de” Sánchez. Porque desalojar del poder a este aventurero sin escrúpulos, este sátrapa dispuesto a hacer añicos la España constitucional, además de a quebrar a los españoles con la ruina económica, se ha convertido en la obligación moral de todo demócrata que se precie.

Los madrileños se han hartado de las mentiras de un personaje dispuesto a engañar a todos, a todas horas, todos los días del año, resuelto a utilizar las instituciones en su personal provecho, a acabar con la división de poderes, a disculpar la violencia de sus socios con un silencio cómplice, a indultar a los golpistas que protagonizaron en Cataluña el intento de romper la unidad de España… A terminar, en suma, con el marco normativo que nos ha proporcionado el más amplio periodo de paz y prosperidad de nuestra historia. Lo del martes fue el rechazo democrático de una nación que se niega a claudicar ante un filibustero y decide empezar a defender su modelo de vida, su bienestar, su empleo y tantas cosas más. El 4 de mayo de 2021 travestido de 2 de mayo de 1808. El mismo instinto de supervivencia. La España que se resiste a morir. La misma negativa a dejarse arrastrar por el fango moral de esos insultos que la gente de bien tiene que soportar todos los días en el Parlamento desde la bancada de los rufianes y desde los medios de comunicación públicos que pagamos todos. La nación de ciudadanos libres e iguales dispuesta a salvar a la España constitucional de su demolición.

Todo se le ha complicado súbitamente. Ahíto de una tan injustificada como soberbia arrogancia, su permanente ejercicio de equilibrio en el alambre de los 120 escaños amenaza con dar con sus huesos en tierra. Demasiada gente engañada demasiado tiempo. ¿Elecciones generales a corto/medio plazo? Imposible, antes de que la lluvia de varios trimestres de generoso rebote económico contribuya a lavar el barro de ignominia acumulado con el quitamanchas de una vuelta al consumo y la creación de empleo. ¿Girar cuál mago hacia ese centro que ha despreciado desde mayo del 18? Igualmente difícil para el jefe de una banda de la que dependen los apoyos parlamentarios que necesita para seguir vivo, obligado como está a seguir pagando las letras que comunistas e independentistas le presentan a cobro cada dos por tres, forzado a tolerar los diarios desplantes de quien decidió romper todos los consensos para auparse al poder con la ayuda de lo peor de cada casa. Con la obstinación de los sedientos de poder, Sánchez se ha construido una caja de pino de la que le resultará complicado salir si no es camino de su tumba política.

Tras la inaplazable tarea democrática de desalojar del poder al bergante, vendrá la aún más ardua de hacer posible un país que, forjado en el espíritu de reconciliación que presidió la transición, sea capaz de enterrar definitivamente los bloques, regenerar las instituciones, abordar las reformas de fondo hoy inaplazables y preparar a las nuevas generaciones para un futuro en paz y prosperidad presidido por la bandera de la libertad. Un futuro de rabiosa competencia global. Y no se vislumbran mimbres capaces de enhebrar semejante cesto ni a derecha ni a izquierda. De momento, celebremos los resultados del 4 de mayo. Ya nada será igual para el descuidero de la política que ocupa Moncloa. Como dijo Winston Churchill tras la victoria de El Alamein contra los blindados del mariscal Rommel, “esto no es el final, ni siquiera el principio del final, pero si el final del principio”. Un nuevo tiempo ha empezado.

Iglesias y la democracia sabia
Editorial ABC 6 Mayo 2021

Pablo Iglesias ha sido políticamente tóxico hasta en su despedida. Le resultó imposible aceptar que su nulo tirón electoral se debió, en primera instancia, al rechazo político que había generado su persona no solo en la derecha, sino en la propia izquierda, bastante harta de sus gestos autoritarios, machistas y teatrales. Y en segunda instancia, al portazo que los madrileños dieron a la izquierda en su conjunto, más allá de siglas y candidatos. Iglesias vistió su adiós victimista con descalificaciones a la derecha ‘trumpista’, demostrando que no había aprendido nada de las dos semanas de campaña electoral y del veredicto de las urnas. Es lo que hay, por ejemplo, en Vallecas, mucha ‘derecha trumpista’, aunque lo cierto es que la despedida de Iglesias se pareció mucho a la de Donald Trump. Iglesias se ha ido de la política tan ignorante como empezó su andadura madrileña e insultando mucho, como siempre, para liberar la rabia de pasar de La Moncloa a la nada en poco más de un mes. De aquel Iglesias que descendió de los cielos de la vicepresidencia para salvar a una izquierda madrileña que pensó que clamaba por su presencia, solo queda el legado de un partido en declive, de una larga nómina de traiciones internas y de un período oscuro en la izquierda española.

Con Iglesias se va un político y una política, una forma de entender la cosa pública basada en la crispación, el enfrentamiento civil y el maniqueísmo de la lucha de clases, es decir, las peores excrecencias de la ideología comunista que representaba el exvicepresidente del Gobierno. Desde su llegada al espacio público con el movimiento 15-M, Iglesias aumentó la radicalización de un PSOE ya situado en el extremismo por Rodríguez Zapatero, privó a buena parte de la izquierda de cualquier cultura de respeto por la Constitución y normalizó la afinidad política con el mundo proetarra y los grupos violentos de la extrema izquierda. Tanto quejarse en su despedida de que Madrid ha normalizado el fascismo, cuando él tiene el demérito de haber justificado el matonismo de izquierda, la violencia de ETA y el golpismo del nacionalismo catalán.

Tanta paz encuentre Iglesias como deja en una democracia muy agradecida por su marcha; una democracia que es incapaz de archivar un solo logro de gestión para el bien común imputable a él, simplemente porque no lo hay. Sí será importante saber en algún momento a qué se dedicó desde la vicepresidencia del Gobierno, en la que controló la ‘política social’ del Ejecutivo. Pedro Sánchez podría dar una respuesta a esta incógnita, porque él, tan agazapado tras el revés electoral en Madrid, es el responsable de que Iglesias accediera al centro del poder político del país. Y gracias a esta posición pudo atacar impunemente a la Corona, a los jueces, a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y a toda institución democrática y representativa que se precie de serlo. Iglesias, el político más destructivo que hemos conocido en décadas, se va, pero Sánchez se queda con un gobierno de coalición con una profunda vía de agua y muchas explicaciones que dar. Sánchez tendrá que cambiar drásticamente su estrategia porque romper los consensos de Estado, malgestionar la pandemia y llevarnos a la ruina ya le pesa demasiado. Eso sí, sin Iglesias, sale ganando la democracia.
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