AGLI Recortes de Prensa   Viernes 11  Junio  2021

El PSOE, abonado a la estupidez y la traición
EDITORIAL Libertad Digital 11 Junio 2021

Tras el ominoso estatuto de Cataluña que el Tribunal Constitucional suprimió en parte, fue José Luis Rodríguez Zapatero –su principal promotor– el que dijo, en una entrevista muy recordada, que en diez años España sería "más fuerte" y Cataluña estaría "más integrada".

El éxito de la profecía del infame fue perfectamente descriptible, y aquel desarrollo estatutario no reclamado por nadie desembocó en ataques más graves a España y en un desafío separatista que sigue amenazando la integridad nacional y está destrozando minuciosamente Cataluña.

¿Cuál es la respuesta del PSOE y del PSC a este panorama? Pues, como por desgracia era de prever, la peor: el perdón a los golpistas y, tal y como ha anunciado este jueves Salvador Illa, un nuevo referéndum, que en esta ocasión tendría que ratificar otro estatuto autonómico.

El asunto sería para partirse de la risa si no fuera tan serio y si no estuviese en manos de un Gobierno que ya ha demostrado que es capaz de cualquier cosa para mantenerse en el poder, incluyendo la venta en almoneda de aquello que jamás debería ser puesto en cuestión y que, desde luego, no está en disposición de entregar: la soberanía nacional.

Pero, más allá del fondo de la cuestión, llama poderosamente la atención el empecinamiento de los socialistas en insistir en lo que no sólo no sirvió para solucionar el problema en Cataluña, sino que la empeoró de una forma evidente. Por otro lado, pensar que lo que ofrece Illa es suficiente para satisfacer a los socios separatistas de Sánchez es de una estupidez estupefaciente: lo han dicho por activa y por pasiva e incluso lo dice Junqueras en la famosa carta que tanto regocijo ha causado a muchos: el separatismo sólo se dará satisfecho con la independencia, no con algún estadio intermedio que, además, Sánchez tampoco puede entregarles de forma legal.

Los socialistas, en suma, nos llevan a un nuevo callejón sin salida con su cóctel de irresponsabilidad, desprecio por la Nación y estupidez; y las consecuencias podrían ser irreversibles. Hay que frenar a este PSOE, a Sánchez y a sus socios bolivarianos y separatistas. Desbaratar sus planes y alejarlos del poder. Y el primer paso para ello es la manifestación de este domingo en Colón.

El indulto a los golpistas es otro golpe de Estado
OKDIARIO 11 Junio 2021

La información que hoy publica OKDIARIO revela con toda su crudeza el pacto ignominioso que el Gobierno socialcomunista y los golpistas catalanes sellaron hace tiempo: desde hace meses, la Policía tiene orden de controlar y sofocar a los CDR para ir preparando los indultos. En suma, el Ministerio del Interior, consciente de que las violentas guerrillas urbanas del separatismo no aceptarían el apaño entre Pedro Sánchez y Oriol Junqueras, ordenó desactivar o neutralizar a los Comités de Defensa de la República, los mismos que ahora se están movilizando en las redes sociales y llamando al «conflicto armado» para lograr por la violencia la independencia de Cataluña. La Policía también se ha incautado de documentos de los CDR que prueban la reactivación de un golpe separatista.

Lo que pretende Pedro Sánchez, no nos engañemos, no deja de ser un golpe institucional -sin consecuencias penales, claro está-, porque plegarse a las exigencias de quienes se levantaron contra la Constitución para asegurarse el poder representa un desafío en toda regla al orden constitucional y al ordenamiento jurídico. Un golpe a la democracia de una gravedad sin precedentes, porque el perdón del Gobierno a los golpistas no implica la renuncia del independentismo a seguir violentando la ley. Es más, -la respuesta de los CDR así lo demuestra- implica que el separatismo va a utilizar el indulto para rearmarse en su objetivo de subvertir la ley.

El relato de Sánchez para justificar los indultos está inflado de retórica hueca -humanidad, reconciliación-, pero lo cierto es que el brazo armado del separatismo no está para juegos florales y se muestra dispuesto a incendiar las calles de Cataluña, tras acusar a Oriol Junqueras y ERC de rendirse al Estado. En este clima, Sánchez pretende convencer a los españoles de que hay que ser magnánimos y otorgarles el perdón a quienes subvirtieron el orden constitucional. Con la amenaza del separatismo más violento de lograr la independencia por la fuerza, el presidente del Gobierno insiste en que hay que ser generosos y pasar página.

El problema para Sánchez es que los españoles tienen claro que el indulto es el precio que el jefe del Ejecutivo tiene que pagar, a costa de la dignidad de España y de los españoles, para seguir instalado en el poder. Es tan obsceno, tan chusco y tan ignominioso que lo único que va a conseguir es que millones de españoles visualicen con toda nitidez que estamos ante un truhan, un mercenario. Y que el independentismo radical vuelva a incendiar las calles. Por mucho que Marlaska lleve meses preparando el día después. Y es que, bien mirado, el indulto a los golpistas no deja ser otro golpe de Estado.

Discordia y poder
Abel Hernández. larazon 11 Junio 2021

Dice Tácito que es difícil juntar la concordia y el poder. Ahí tienen al presidente Sánchez. Está experimentando esto en su propia carne y en la de todos los españoles. Busca la concordia en Cataluña, eso dice, con el indulto a los políticos sediciosos y la gente sospecha que lo hace para mantenerse en el poder. Y lo que genera su discutido plan de concordia es más discordia. También entre las fuerzas catalanas secesionistas, que hasta sugieren el enfrentamiento armado. De nada valen sus llamamientos a la comprensión y a la generosidad. Casi nadie le cree. Pocos reconocen que con esta arriesgada decisión pretende sacar del bucle en que está metido el «caso catalán». O sea, rebajar entre el pueblo llano la fiebre independentista, que aumenta, mira por dónde, con las estrictas sentencias judiciales en defensa de la legalidad y del orden constitucional. Su afán pacificador se interpreta, en general, como una añagaza o una concesión a las fieras para prolongar su estancia en La Moncloa, poniéndose a España por montera.

Lo que produce más perplejidad es que Pedro Sánchez se encuentre en este trance histórico aparentemente más cómodo con Oriol Junqueras (ERC) que con Pablo Casado (PP). Lo razonable habría sido que el jefe del Gobierno y el de la Oposición se hubieran puesto de acuerdo antes de obligar al Rey a firmar el decreto de los indultos en contra de la mayor parte de la opinión pública. Un caso de esta trascendencia debería ser fruto del consenso, si no se quiere que genere más discordia civil, que es lo que está ocurriendo. Desde luego, no parece de recibo que el presidente Sánchez se lance a la aventura sin el aval de su propio partido y de los socialistas históricos que fraguaron la Constitución de la concordia. Parece una temeridad, se mire por donde se mire. De ahí el estallido de la protesta ciudadana, que sobrepasará ampliamente esa tautología idiota y malintencionada de la foto de Colón.

El Gobierno del presidente Sánchez se ha metido, no sólo con lo de Cataluña, en un callejón sin salida y es causa principal de la discordia. Llegados a este punto, a uno le viene a la cabeza lo que dijo Adolfo Suárez a sus colaboradores cercanos cuando les anunció su dimisión: «Debemos acostumbrarnos a que la renuncia voluntaria es una regla de honestidad política». Pero para eso hay que tener honestidad política.

¿Magnanimidad? Libertad
Emilio Campmany. Libertad Digital 11 Junio 2021

Iván Redondo lleva tiempo sin terminar de encontrar la palabra adecuada para que su jefe explique los indultos. Empezó con revancha y venganza como algo a evitar. Pero la propuesta descarriló después de que le recordaran a Sánchez que cumplir las sentencias no es cosa ni de venganza ni de revancha sino de justicia. Luego, el todopoderoso secretario le susurró concordia. También esta propuesta petardeó cuando los independentistas le dijeron que no querían concordar nada que no fuera la manera en que alcanzarán la independencia. Ahora el gurú de repoblada cabeza ha recurrido a Churchill y le ha soplado magnanimidad. No está mal. Pero hay que recordar la cita entera: "En la guerra, resolución; en la derrota, desafío; en la victoria, magnanimidad; y en la paz, buena voluntad". De modo que la magnanimidad hay que reservarla para el momento de la victoria. Momento que no ha llegado. El constitucionalismo que representa Sánchez, aunque no está derrotado, está muy lejos de haber vencido en Cataluña. De modo que, si la referencia ha de ser Churchill, la palabra que debería recomendar Redondo es resolución.

El problema es que Sánchez no hace nada con resolución. Salvo quizá meterse con Isabel Díaz Ayuso. Pero incluso entonces se arruga cuando la presidenta de Madrid se levanta y le contesta con el coraje que al de la Moncloa le falta. En consecuencia, se impone buscar referencias en otro estadista, a ser posible de similar envergadura a la de Churchill. El nombre salta a nuestro encuentro como un conejo en el camino: Rufián. Dice el Adenauer catalán que no cree en la voluntad de Sánchez, sino en su "necesidad". Ésa es la palabra, querido Iván. La necesidad que tiene Sánchez de conceder los indultos para poder seguir siendo jefe de Gobierno en esta maltratada España donde los presidentes perdonan a quienes la quieren destruir para que puedan seguir intentándolo.

Es verdad que las encuestas en Cataluña proclaman la existencia de muchos partidarios de los indultos. Pero, para que esos datos fueran fiables, haría falta que Cataluña, sus medios de comunicación, la educación y su sociedad toda no estuviera controlada por el independentismo, que condena al ostracismo y a la marginación social a quien no piensa como ellos. A ver quién es el guapo que, preguntado allí por un encuestador que conoce tu teléfono y que quizá se dirija a ti en catalán, contesta lo que de verdad piensa si cree que el independentismo está malbaratando la riqueza de Cataluña y amenazando con enfrentar a unos catalanes con otros. Lo que necesita Cataluña no es magnanimidad sino libertad. Si hubiera allí libre información, libertad de expresión y verdadera libertad empresarial, el independentismo sería una mala gripe crónica y no el cáncer terminal que es hoy. Un cáncer, por cierto, que Sánchez pretende curar cambiándole las sábanas al enfermo y poniéndole una tele en la habitación. Magnanimidad. ¡Será necio!

China debe pagar
Rafael Bardají. https://gaceta.es 11 Junio 2021

En las películas de asesinatos y policías, siempre, siempre, hay una pregunta que orienta la investigación: ¿a quién favorece el crimen? Es de sentido común y aplicable a la mayoría de los casos. Excepto al Covid-19 y Wuhan. A todos quienes defendieron que el coronavirus era poco probable que hubiera pasado del pangolín al humano y que podía proceder de investigaciones en el laboratorio de alta seguridad biológico de Wuhan, se les tachó de conspiranoicos y desequilibrados. El mundo entero se negó a dar con el origen de la pandemia, cuestión que es clave para entender tanto su propagación como la prevención de otra futura. Es más, Australia, que apadrinó desde primeros momentos la necesidad de investigar de forma exhaustiva e independiente el origen del coronavirus, fue represaliada comercialmente por China quien puso en cuarentena las importaciones de 12 de categorías de productos desde Australia. Mientras que las autoridades comunistas de China no eran capaces de mostrar la transmisión animal-humano, castigaban comercialmente a quienes mostraban dudas sobre su versión oficial. Ahí es nada para un país que decía estar dispuesto a favorecer que se conociera la verdad.

Muchos servicios de Inteligencia, empezando por la CIA americana, altamente politizados, le hicieron el juego a China si con ello hacían avanzar sus intereses particulares. No se puede explicar de otro modo que, bajo Trump, la Inteligencia americana rechazara de plano la tesis de que la pandemia salió del laboratorio de Wuhan en vez del mercado húmedo y que ahora, bajo Biden, un político del establishment, afirmen que no se puede descartar ninguna hipótesis y que la del escape gana fuerza. Más que comunidad de inteligencia parecen una comunidad de pillos.

Ahora que miles de correos electrónicos del doctor Fauci, el Fernando Simón americano, han sido filtrados a la prensa “amiga” del Washington Post (no se sabe muy por qué ni para qué), hemos podido leer que Fauci nunca quiso contemplar la hipótesis de un origen no natural del coronavirus porque -es lo que se deduce lógicamente de la lectura- tenía intereses profesionales que proteger. Toda una red de ayuda a científicos e investigadores que recibían dinero de Fauci y que acababa, en parte, en programas del laboratorio de virología de Wuhan.

Habrá quien siga diciendo que la fuga accidental desde el laboratorio al exterior sigue sin ser probada. Y es cierto, aunque sabemos de casos anteriores en los que animales de experimentación de ese laboratorio habían acabado en el mercado de Wuham, revendidos por alguien del personal a fin de sacarse un sobresueldo. Si fue así o fue un accidente -una fuga- no lo sabemos porque China ha borrado todas las huellas y no ha dejado investigarlo. La Comisión de la OMS fue una farsa.

En cualquier caso, la pregunta no es ya de dónde salió. Ni siquiera cómo salió. La pregunta que el mundo debería hacerse es si las autoridades chinas, sabedoras de los daños que causaba la Covid-19, eligieron exportarla al mundo mientras le ponía coto internamente. Sabemos que el 23 de enero, China impuso un confinamiento total en su alcance (y brutal en sus métodos) pero que no restringió ningún vuelo internacional a pesar del riesgo potencial (y real, como ahora conocemos) de que ciudadanos chinos contagiados transmitieran el coronavirus a medio mundo.

¿Por qué confinaron su suelo, pero permitieron los viajes internacionales? Por un razonamiento muy simple: Si como en anteriores pandemias sólo China se veía afectada, la extensión e intensidad de ésta dejaría a China fuera de juego para competir comercial y militarmente con Estados Unidos y otras potencias mundiales. El Siglo XXI no sería, como Pekín sueña, el siglo chino, sino que continuaría siendo el siglo americano. La única forma de que eso no ocurriera era dejar escapar el virus al mundo.

El expresidente Trump ha dicho hace unos días que China tendría que compensar a Estados Unidos con 10 billones de dólares (lo que ascendería fácilmente a 10 trillones para todo el mundo). Y tiene razón. Es altamente probable que el virus no tuviera un origen natural, aunque eso ya es irrelevante (salvo para prepararse para lo que pueda venir en el futuro), pero es seguro que las autoridades comunistas chinas exportaron deliberadamente el coronavirus SARS-2 al resto del mundo para dañar a sus competidores y que todo el mundo sufriera el impacto negativo de la pandemia, no sólo China. Es, simplemente, de juzgado de guardia, si eso que se llamó hace años Occidente tuviera lo que hay que tener. Y por eso China debe pagar. Algún día también descubriremos que el auge de la izquierda y el totalitarismo en el mundo tiene más que ver con Pekín que con Soros. Aunque los globalistas sean los tontos útiles del Partido Comunista Chino en esta ocasión.

Noticias del Ministerio de Borrado
Cristina Losada. Libertad Digital 11 Junio 2021

Los nombres de los científicos españoles que distinguían las diez categorías de los Premios Nacionales de Investigación van a ser borrados por los comisarios políticos del Ministerio de Ciencia e Innovación. Santiago Ramón y Cajal, uno de los dos únicos premios Nobel de Medicina que ha tenido España, ya no dará nombre al Premio de Biología. Gregorio Marañón deja de dárselo al de Medicina. El nombre de Ramón Menéndez Pidal queda eliminado del Premio de Humanidades. El de Julio Rey Pastor desaparece del Premio de Matemáticas y Tecnologías de la Información. Y así con todos los demás, hasta diez, incluido, naturalmente, el ingeniero Juan de la Cierva, que de celebrado inventor del autogiro ha pasado a ser, por obra y gracia de la orwelliana Secretaría de la Verdad (oficialmente de Memoria Democrática), uno de los artífices del golpe del 36.

Hasta hace poco, cualquier español medianamente culto sabía que esas diez figuras estaban entre las más distinguidas de la ciencia, la medicina y las humanidades en España. Hay, por supuesto, más, o, mejor dicho, hubo, pero esa decena resulta indiscutible. Lo único que se puede discutir es si habrá, otra vez, personalidades de la talla de aquéllas, y si todavía habrá entonces españoles cultos que las conozcan. Porque de lo que hay poca duda es de que estas amputaciones, que tan sañudamente realiza el dogmatismo ideológico, dan la medida del avance de la incultura y la ignorancia, al tiempo que contribuyen a extenderlas. Al Ministerio de Ciencia e Innovación que dirige Pedro Duque debería darle vergüenza este borrado de estilo estalinista, pero por no dar, no ha dado ni explicaciones.

Ha dejado caer el ministerio, no obstante, que algo han tenido que ver en el asunto tanto el hecho de que no hubiera nombres de mujer en los galardones como las recomendaciones de la Secretaría de la Verdad, sita en el ministerio de Carmen Calvo. Y cómo no. Si De la Cierva ha entrado en la lista negra hecho un golpista de tomo y lomo, quién les dice a los comisarios políticos del astronauta Duque que no entrarán también en ese registro de secuaces del general Franco, figuras como Marañón, Menéndez Pidal y otros que vivieron la guerra civil y la posguerra. Para mayor seguridad, todos fuera. Y, por el lado de la vigilancia feminista, lo mismo. Más vale que no haya nombres a que falten nombres de mujer y los premios caigan en imperdonable pecado machista.

Las purgas de la Memoria Histórica, ya se veía venir, no se iban a quedar en las anécdotas chuscas de los callejeros municipales. Menos aún cuando coinciden con las que promueve un omnipresente feminismo catequizador dispuesto a la revisión y el borrado de la historia y la cultura. La conjunción de estas dos pulsiones suprime algo más que unos nombres. Ya que la historia no ha sido como debería ser, o la eliminan o la cambian por otra inventada. Winston Smith sigue haciendo horas extras. De anécdota en anécdota, van a darnos una España sin historia o, por ser más precisos, un Estado sin dimensión en el tiempo, perfectamente ahistórico y políticamente correcto.

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¡Miren a la cara a los catalanes!
Antonio Robles. Libertad Digital 11 Junio 2021

¿Qué debe de creer Carmen Calvo que son los catalanes? "¡Miren a la cara a los catalanes!"

"¡Miren a la cara a los catalanes!", le espetó la vicepresidenta a la oposición por atreverse a cuestionar los indultos. Ofende a los catalanes que nombra pero no ve. Ni siquiera cuando simula nombrarlos: "¡Miren a la cara a los catalanes, a los independentistas y a los no independentistas!".

¿Cuándo nos ha mirado a la cara ella?, ¿cuándo nos ha tenido en cuenta? Es a ella a quien debe dirigir el reproche, porque son ella y su Gobierno los que nunca, jamás, nos han tenido en cuenta. Hemos sido ignorados por ser ciudadanos leales a la Constitución, a las reglas del Estado de Derecho, porque hemos respetado la lengua, la cultura y la libertad del resto de los catalanes, que nunca respetaron las nuestras. Porque nunca les hemos creado problemas. ¿Nos están diciendo que hemos de incumplir la ley, quemar contenedores, agredir o incluso matar como hizo ETA para que nos tengan en cuenta? ¿Esa es la pedagogía adecuada para aleccionar a cuantos aspiren a ser atendidos? Porque es eso, sólo eso lo que están logrando con los delincuentes habituales: convencerles de que si insisten en la rebelión contra la legalidad serán escuchados, incluso perdonados de sus delitos. En cualquier momento. Mientras tanto, el resto, a callar, aguantar y joderse. Pedagogía aberrante: si eres un buen ciudadano en Cataluña, nadie reparará en ti. Saquen consecuencias.

Lo que está haciendo Sánchez con los indultos es revertir la victoria del Estado de Derecho sobre el secesionismo. Victoria lograda por el coraje cívico de los catalanes ignorados por la vicepresidenta en las manifestaciones del 8 y 29 de octubre de 2017, por la lealtad de las fuerzas del orden, por el discurso del Rey del 3 de octubre de ese mismo año y, sobre todo, por la sentencia del Tribunal Supremo que, más allá de su calidad, cortó de raíz la "ensoñación" de una generación de adolescentes que habían creído que los actos no tenían consecuencias. Se fueron empresas, se hundió la economía, los más valientes huyeron y la seguridad en sí mismos desapareció.

En estas estábamos cuando llegó Pedro el magnánimo y les dio aire, el salvoconducto para que los liantes de la ensoñación pudieran seguir vendiendo el procés a sus seguidores desencantados. Y levantarles el ánimo: habéis visto, si persistimos, tarde o temprano, esta puta España se rendirá y lograremos ser libres. Mientras tanto, seguirán arrancando más soberanía (tiemblen con el nuevo estatuto en ciernes) y viviendo de los presupuestos públicos. Como han hecho siempre. Ni siquiera en el proceso hacia Ítaca pasarán penurias ni sufrirán escaseces. Tampoco cárcel. Porque hay que ser magnánimos.

Sánchez ha modulado el lenguaje, pero no el insulto. Ahora antepone a su magnanimidad la bajeza o la ruindad de quienes se oponen al indulto, como ayer anteponía el diálogo y la concordia a la revancha y la venganza de los que defendían el cumplimiento de la ley. Es patética su desesperación por arrancar con el lenguaje un gesto de arrepentimiento de los secesionistas encarcelados para lograr su propio indulto.

Hay algo en el comportamiento de Pedro Sánchez definitivamente destructivo: ha asumido el lenguaje nacionalista, ha legitimado sus fines al aceptar sus medios y ha naturalizado la ilegalidad y la bronca. A sabiendas de su obscenidad moral, el clérigo Junqueras camufla con una carta de conveniencia su apoyo a la Moncloa. Nunca tendrá un cómplice más adecuado en el Gobierno de España para sus fechorías. Cada uno a lo suyo.

PD. Por si la vicepresidenta no se ha enterado, más de veinte asociaciones catalanas, bajo el nombre de Mesa Cívica Constitucionalista, han publicado un manifiesto contra los indultos: Desde la lealtad hacia la convivencia. Y han llamado a la manifestación convocada por Unión 78 que se celebrará en Madrid el sábado a las 12 en la Plaza Colón. Nada bueno se logra en esta vida sin esfuerzo.

Sánchez vuelve al ‘Tinell’

Después de bombardear al ciudadano con consignas a favor de los indultos para rebajar el escándalo, ahora el PSOE ya hasta admite una consulta. Es la malversación de España
Editorial ABC 11 Junio 2021

El discurso del Gobierno avanza por días al punto de partida que fijó Pasqual Maragall con el bipartito formado con ERC en 2003. Ese punto de partida es reinstalar al socialismo en Cataluña como una fuerza soberanista de izquierdas. Puede que no independentista, pero sí soberanista, y la prueba está en la sumisión del Gobierno a cada planteamiento rupturista que hace ERC pese a que, el pasado octubre, la Guardia Civil descubrió el plan oculto de ese partido para encaminarse hacia otra declaración de independencia cuando los presos independentistas quedasen en libertad. La hoja de ruta del documento, intervenido a un relevante dirigente de ERC en el marco de una investigación judicial, demuestra que la tercera fase de ese plan se basa en lograr la excarcelación de los presos -cosa que Sánchez ya ha aceptado, vía indultos- y la convocatoria de un referéndum de independencia -algo que ayer avanzó Salvador Illa-. Todo empieza a cuadrar miméticamente. Más allá de que resulte inexplicable que el Gobierno no estuviese al tanto de ese plan, lo cierto es que tras conocerse públicamente el documento secreto de ERC, nadie, ningún ministro, se planteó rectificar la política de cesiones de La Moncloa. ERC es un partido experto en trampas y embustes, y Sánchez le debe la legislatura. Poca conclusión más se puede extraer.

Para llegar a este escenario de un renovado socialismo abiertamente soberanista y sumiso, que fue el caldo de cultivo del Estatuto de 2006 y el detonante del problema secesionista actual, el Ejecutivo está desplegando una coral de argumentos inverosímiles. La ministra Belarra apuesta por que Carles Puigdemont vuelva a España sin cargos, como si no le estuviera esperando una orden de detención dictada por el juez Pablo Llarena. El ministro José Luis Escrivá se mete donde nadie le llama para decir que cuesta explicar en Europa las condenas por el 1-O. Le costará a él, pero el Parlamento Europeo sí las entendió muy bien. A su vez, el ministro Juan Carlos Campo defiende los indultos por «utilidad pública», lo que suena a la antidemocrática ‘razón de Estado’. Y el remate lo puso ayer Illa recuperando el término «referéndum». Lo hizo, eso sí, melifluamente, disfrazado de «consulta para la convivencia» o un sucedáneo similar, que apunta a ser un referéndum por un nuevo Estatuto. El guión de la ‘mesa de diálogo’ ya está escrito.

El argumento que utilizó Illa no puede ser más peligroso: da a entender que los catalanes tienen un Estatuto que no es el que votaron, y que la Constitución y el Estatuto catalán -solo el catalán, claro- deben estar en pie de igualdad. Es la vieja cantinela de la ‘nación de naciones’ que justifica el derecho a la autodeterminación hacia una suerte de Estado que no sería ya federal, sino confederal. Y el reconocimiento de ese derecho será el desenlace natural de esta política de manipulación que está haciendo el Gobierno. Por eso, lo que está insinuando Illa es otro ‘Tinell’ inconstitucional. Sin embargo, no basta con utilizar palabras equívocas para sortear los sistemas defensivos del Estado constitucional. Que Illa y Sánchez hablen claro sobre lo que se proponen, porque este juego de palabras ya es de segunda mano, y porque el independentismo ya no quiere otro estatuto, sino la constitución de un Estado independiente. En febrero de 2019, Pedro Sánchez se sentó en otra ‘mesa de diálogo’ con Joaquim Torra, envueltos en el mismo lenguaje buenista y ponzoñoso que se está empleando estos días. Hoy, como entonces, ninguna de las partes está diciendo la verdad sobre lo que se proponen. Todo esto es una prueba más de que el interés nacional está siendo malversado por Sánchez.

Todos a Colón
María San Gil anima a manifestarse en Colón: «Los indultos son síntoma de la debilidad de Sánchez»
Raquel Tejero. okdiario 11 Junio 2021

María San Gil ha desarrollado su labor política en el País Vasco, donde fue presidenta del PP. Ahora forma parte de la plataforma Unión 78, la asociación que convoca la manifestación de este domingo en Colón, y es vicepresidenta de la Fundación Cisneros.

PREGUNTA.- ¿Qué esperáis de la manifestación del domingo?
RESPUESTA.- Esperamos que haya una afluencia masiva de españoles que lo que quieren es reivindicar la libertad y la justicia. Esperamos que las calles de Madrid y la plaza de Colón se llenen de españoles. Los indultos son una injusticia y queremos denunciarlo.

P.-¿Estamos en el peor momento del nacionalismo desde que ETA dejó de matar?
R.- La historia del nacionalismo es como la historia interminable. Hay que recordar, por ejemplo, el Plan Ibarretxe. Fue un intento de separar el País Vasco del resto de España. Me acuerdo de que en ese momento en Cataluña gobernaba Artur Mas y siempre nos decían que los nacionalistas catalanes eran más moderados y cívicos y no buscaban la independencia. Ahora, han cambiado las tornas y el nacionalismo radical es el catalán, mientras que de Urkullu se dice que es un hombre sosegado que lucha por el progreso económico y no por la independencia. Esto no es verdad. El nacionalismo siempre es el mismo. Incluso el balear y el valenciano.

Este primer paso de los indultos que Sánchez va a dar es síntoma de la debilidad que tiene. Está absolutamente sometido al voto de sus socios de Gobierno y les tiene que compensar con algo. Es un paso más hacia la autodeterminación.

Cuando decimos que el objetivo del nacionalismo es romper España nos dicen que somos alarmistas. Pero el apoyo de Sánchez es el de aquellos partidos que no creen en la Constitución ni en la democracia como tal. Esto nos lleva a la situación actual.

P.- ¿Cómo afectarán los indultos a los españoles?
R.- Han pasado tres años desde la moción de censura que llevó a Sánchez a La Moncloa y desde entonces vemos cosas cada vez más impacientes. No quiero que los españoles nos acostumbremos y nos parezcan casi normales las leyes que el Gobierno está poniendo encima de la mesa. Están pasando cosas muy graves y no podemos encogernos de hombros como si nada. La concentración del domingo es la oportunidad que tenemos los españoles para levantar la voz contra todo esto.

P.-¿Qué opinas sobre el mensaje de Oriol Junqueras y la opción de la llamada vía escocesa? ¿Te lo crees?
R.-No. Hace tiempo que no me creo a los nacionalistas. Me sorprende que haya gente de una ingenuidad que raye lo increíble. Creen que cuando los nacionalistas se ponen la piel de cordero dejan de ser lobos y es mentira. La carta de Junqueras es lo que necesitaba Sánchez esta semana porque necesitaba un gesto. Hay que dejar de ser ingenuos.

P.-Viviste la época más dura del nacionalismo vasco. ¿Cómo sienta ver que Sánchez tiene esos socios de Gobierno?
R.- Hay que seguir denunciándolo. En la Fundación Villacisneros estamos volcados en intentar que se resuelvan los asesinatos sin resolver. A nosotros nos importan los homenajes que se hacen a los etarras cuando vuelven a sus casas y que se haya aparcado el dolor de las víctimas. Marlaska ha sido una decepción, por ejemplo. Está mucho más pendiente de los verdugos que de las víctimas. Es ofensivo y duele muchísimo, pero no nos vamos a callar. No podemos pasar página

Sánchez ya no engaña a nadie: los indultos no acaban con el procés, lo refuerzan
La concesión de medidas de gracia no apuntala la "reconciliación", sino que consolida, blanquea y potencia el desafío constitucional de unos desalmados.
ESdiario Editorial

El presidente se ha ido a Argentina, coincidiendo con la sesión de control al Gobierno a la que no acudió, para dar por aprobados definitivamente los indultos, pedir “magnanimidad” a los españoles y reconocer la convocatoria de una “Mesa del Diálogo” en la que no se vetará la presencia de Oriol Junqueras, pendiente de confirmación.

Sánchez consideró además un “gran avance” la carta de Junqueras en la que parece posponer la “vía unilateral”, aunque no renuncia a ella: solo congela esa estrategia para explorar un acuerdo que permita un referéndum de independencia. Mientras, denigra la Constitución refiriéndose a la “Generatitat republicana” y calificando a España de estado represor: no renuncia a nada pues; anuncia una tregua condicionada al cumplimiento de sus exigencias.

A la vez, el ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, desveló en el Congreso el argumento jurídico que esgrimirá el Gobierno para explicar ante el Tribunal Supremo la medida de gracia para presos que no la han pedido personalmente y no se arrepienten de los delitos: la “conveniencia pública”.
Sánchez va a indultar al separatismo para que, lejos de renunciar a su delirio, lo refuerce y quede legitimado

Los indultos se van a conceder en un contexto de confusión: el Gobierno no ha aclarado sobre qué va a “dialogar” ni cuáles son sus líneas rojas. Y el independentismo, lejos de mostrar una actitud de arrepentimiento, ha redoblado sus mensajes y gestiones internacionales.

Desde recursos en el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo hasta un lamentable debate en el Parlamento Europeo, el día 21, para que España cese en la “represión” y deje sin consecuencias legales el comportamiento de todo político o ciudadano denunciado en el “procés”.

Robles se niega a respaldar los indultos y agranda la brecha con Sánchez

Además, los dos principales promotores de la independencia, la Asamblea Nacional Catalana y Omnium Cultural, no han variado ni un ápice su discurso: la primera es partidaria de la “vía unilateral” inmediata. La segunda también, salvo que se conceda referéndum y amnistía.

No hay ninguna razón, pues, para pensar que el mensaje de “concordia” de Sánchez sea compartido por el separatismo. Al contrario, parece haber descubierto una sorprendente nueva vía consistente en obtener la legitimidad de quien más debiera oponerse a su hoja de ruta, obteniendo del Gobierno un plácet explícito que, de no concretarse en avances insoportables para España, le permitirá volver a las andadas más reforzados que nunca.

Cataluña en otra encrucijada
Otra vez la ambición del poder, a cualquier precio, le lleva a ceder al chantaje
Emilio De Diego. larazon 11 Junio 2021

Hace unos días hablaba Francesc de Carreras, en la Real Academia de Doctores de España, sobre la necesidad de conocer el origen y devenir del nacionalismo catalán para comprender la actual situación en Cataluña. Una invitación de reminiscencias «orteguianas» invocando el método de análisis de los problemas históricos como fundamento para el diagnóstico y cualquier solución posible de los mismos. El propio don José en «La redención de las provincias» (artículos en El Sol, nov. 1927-julio1928) trataba de interpretar la historia de España en función del «problema catalán». La lectura de un proceso de más de un siglo, con el objetivo de llegar a su comprensión, exige una síntesis recogiendo los elementos más significativos. El primero nos remite al autonomismo administrativo, concretado institucionalmente en la Mancomunidad de 1914, con la tentación permanente de trascender al ámbito del soberanismo. Tendencia repetida cuando la debilidad de los gobiernos españoles, o las circunstancias internacionales, pudieran favorecer la ruptura de España, entre otras ocasiones, en la crisis de 1917; en la inmediata postguerra mundial. Primo de Rivera acabó con este periodo autonomista. La II República trajo el primer Estatuto de Cataluña (29-IX-1932), contra el cual se produjo el golpe de Estado de Lluis Companys, en octubre de 1934. Franco suprimió este Estatuto el 5-X-1938. Durante el franquismo no hubo problemas autonómicos y soberanistas, visibles al menos, pero el Caudillo concedió un trato privilegiado a la economía catalana y Pedro Gual Villalbí, ministro sin cartera, despachaba en el Pardo y en vía Layetana.

La llegada de la democracia alumbró el segundo Estatuto de Cataluña (25-X-1979), dentro del marco de la Constitución del 78 y del Estado de las Autonomías. Mientras se afianzaba el discurso único, falso y reduccionista que identificaba Cataluña con el catalanismo extremista, y su causa particular con el todo, ante la incapacidad, cuando no complicidad, de los gobiernos de España. Un conjunto de componentes arqueológicos y pseudoprogresistas, revestidos de prácticas totalitarias, malviven en el nacionalismo catalán excluyente, que enfrentado a la mayoría de los catalanes y al resto de los españoles, mantiene hoy la vieja historia de Cataluña como pueblo en conflicto constante, consigo mismo y con lo demás. Ellos son el problema, la causa y el motor de una «guerra infinita». Propugna aberraciones supremacistas, de inspiración «robertiana», aunque la imagen de sujetos como Torra las hagan difícilmente creíbles, y no renuncian a la misión imperialista, preconizada por Prat de la Riba, sobre los pueblos ibéricos, desde Lisboa hasta el Ródano.

La situación se complicaría a partir de 2003. El intento de alcanzar el poder llevó a Rodríguez Zapatero al Pacto del Tinell y a una serie de promesas imprudentes, a las fuerzas nacionalistas que, como se demostraría más tarde, no podía cumplir. El 12 de noviembre de ese año, en un discurso en el Palau San Jordi, aseguró que apoyaría la reforma del Estatuto que aprobara el Parlamento de Cataluña. Ni siquiera los nacionalistas más conspicuos esperaban tal concesión. Recordaba la más tímida «catalanofilia» de Azaña, quien en su discurso de 27-III-1930, en el restaurante «Patria» de Barcelona, apuntó, por un puñado de votos, a la posibilidad de la «separación» pacífica de Cataluña. En octubre de 2005, Zapatero intentó rebajar el nivel de su compromiso. Mientras extendía la ocurrencia, de que la Nación era un concepto discutido y discutible, dentro de la eufónica expresión «España nación de naciones», sin delimitar los aspectos etnoculturales y políticos. Abría así la puerta al soberanismo.

El jefe del gobierno español hacia almoneda de la unidad de España por intereses partidistas, ignorando que la raíz de la convivencia, en pueblos como los nuestros, es la unidad de soberanía. El resultado de las pulsiones zapateristas sería el Estatuto aprobado por el Parlamento catalán y ratificado por el Congreso en Madrid en marzo de 2006. La quiebra de la Constitución parecía importarle poco cuando otorgaba a Cataluña la consideración de nación y con ella la soberanía. El Tribunal Constitucional, por sentencia de 9-VII-2010, declaró inconstitucionales 14 artículos de aquel texto y puso límites a otros 23. Gran parte del PSC y las fuerzas independentistas se sintieron engañadas. Su afirmación de que Cataluña estaría mucho más integrada en España en el plazo de diez años fue otra más de las proyecciones a futuro habituales en un sector de la izquierda, cuya falsedad ha quedado en evidencia.

Lejos de tales teorías, la frustración generada llevó a un nuevo golpe de Estado y a la proclamación de una fantasmagórica República de Cataluña, cuyos instigadores huyeron o fueron detenidos, juzgados y condenados por el Tribunal Supremo como reos de un delito de sedición. Estos sujetos son los que el presidente Sánchez pretende indultar dando un paso más hacia la destrucción de la España constitucional, arrasando sus instituciones, sometiendo al Poder Judicial. Otra vez la ambición del poder, a cualquier precio, le lleva a ceder al chantaje y, tras la táctica acomodaticia de ERC, claudica para «acabar con el problema catalán». Será difícil llegar a un error mayor. Esta es la nueva encrucijada en la que se encuentra Cataluña, con un independentismo débil y enfrentado entre sí, al que el entreguismo sanchista viene a fortalecer, mientras desatiende los derechos de los demás catalanes y de todos los españoles.

La primera, en la frente
Alejandro Tercero. cronicaglobal 11 Junio 2021

Las esperanzas que la carta de Junqueras --en la que, aparentemente, renunciaba a la unilateralidad-- generó en una parte del constitucionalismo han tenido un recorrido muy corto. Apenas unas horas después de la misiva, el Govern de Aragonès dejó claras sus intenciones e incumplió las medidas cautelares ordenadas por el TSJC para la selectividad.

El lunes, el preso Junqueras apelaba a la reconciliación. Y el martes, el Gobierno autonómico presidido por su partido se pasaba por el forro la obligación de ofrecer los exámenes de las pruebas de acceso a la universidad sin mostrar preferencia por ninguna de las tres lenguas oficiales. Al final, como siempre, el examen se repartió en catalán y los que lo querían en español se vieron obligados a levantar la mano y pedirlo expresamente.

De nuevo, la realidad golpeó sin contemplaciones y con contundencia a quienes creían que ERC se abría a una etapa de concordia. Lo único que tenía que hacer el Govern era ofrecer los exámenes en los tres idiomas (castellano, catalán y aranés) y preguntar individualmente a cada alumno cuál prefería. No parece muy complicado. Pero la Consejería de Educación --en manos de JxCat pero con la aquiescencia de ERC-- consideró que era inaceptable y actuó “como hasta ahora” había hecho.

Nadie duda de que la carta de Junqueras es una victoria del constitucionalismo. Que es el resultado del efecto pedagógico de la cárcel. Que el nacionalismo catalán cosechó un fracaso histórico gracias al ejemplar proceder de la Policía Nacional y de la Guardia Civil el 1-O y a la posterior reacción del jefe del Estado y de los jueces y fiscales. Sin embargo, la derrota del procés no justifica la concesión de los indultos.

La asunción de que la vía unilateral es inviable es consecuencia de la fortaleza del Estado y no es suficiente para ser magnánimos con los líderes del intento de golpe al Estado, como pide el presidente Sánchez. De nada sirve tender la mano con medidas de gracia si la contrapartida se limita a que los líderes indepes se comprometan --de momento y hasta conseguir “una mayoría incontestable”, según el propio Junqueras-- a no volver a declarar la independencia.

A la mayoría de los ciudadanos españoles eso no les vale. Tiene guasa que, pese a haber sido derrotados en su desafío al orden constitucional, a los dirigentes independentistas se les permita seguir cometiendo impunemente los atropellos que llevan décadas perpetrando.

No es posible ningún tipo de diálogo con el nacionalismo catalán si antes --repito, antes-- no da muestras claras y efectivas de ese supuesto propósito de enmienda que los terceristas le atribuyen. Y eso pasa por derogar la inmersión --algo nada especial, por otra parte, habida cuenta de que los tribunales hace años que insisten en que es ilegal--, aplicar la neutralidad ideológica en todos los ámbitos de la Generalitat --desde TV3 a las escuelas, pasando por el reparto de las subvenciones-- y cumplir la ley de banderas, entre otros muchos aspectos.

Es sorprendente que el Gobierno haya callado ante un nuevo atropello como el de los exámenes de selectividad. Y es inquietante que partidarios de los indultos argumenten que el bilingüismo es un tema menor. Que no es el momento. ¿Cuándo es el momento? ¿Los temas menores seguirán sin poderse afrontar como ha ocurrido en los últimos 40 años? ¿Debemos pedir perdón por utilizar nuestra lengua, agachar la cabeza y no molestar exigiendo nuestros derechos para no entorpecer el camino hacia la concordia y la distensión?

Para los terceristas, nunca es el momento de exigir nada al nacionalismo. Ni siquiera a cambio de los indultos. Pero los indultos gratis no servirán para nada. Lo hemos comprobado con los exámenes de selectividad. Y tendremos abundantes ejemplos todas las semanas.

El error de los indultos es difícilmente superable. Bueno, sí. Todavía se puede perpetrar un desatino mayor: plantear un nuevo Estatut que nadie pide con la esperanza de contentar al monstruo insaciable del nacionalismo. ¿Recuerdan lo que pasó la última vez que un presidente del Gobierno tuvo una ocurrencia similar?

Sánchez ya baraja un referéndum en Cataluña: es un atraco a España
El Gobierno ha comprado todo el relato del separatismo e incluso acepta ya la convocatoria de una consulta que alimenta más una escalada a la que no se le adivina fin.
ESdiario Editorial 11 Junio 2021

El Gobierno ha desvelado una parte de las nuevas concesiones que está dispuesto a darle al separatismo tras los indultos: un “nuevo marco de convivencia” votado en exclusiva por los catalanes.

Lo ha anunciado el líder del PSC en Cataluña, Salvador Illa, negando que la votación sea para avalar el “derecho de autodeterminación” (inexistente en la Constitución y en todo el marco jurídico internacional) pero dejándolo lo suficientemente abierto como para seducir al separatismo, que en tres años ha pasado de sufrir un 155 a ser atendido en todas sus pretensiones.

Illa desvela la hoja de ruta marcada por Sánchez: un nuevo referéndum

La idea del Gobierno parece ser elevar el autogobierno catalán más allá incluso del vasco, lo que políticamente ayudaría a consolidar al independentismo y económicamente sería incompatible con la financiación solidaria del resto de España.

La brusca reacción del independentismo a la “generosidad” de Moncloa y el mantenimiento de su discurso rupturista desde la Asamblea Nacional Catalana, Omnium y Junts demuestra que el Gobierno, lejos de estar asentando la “reconciliación”, ha puesto en marcha la cuenta atrás.

La concordia solo es un truco verbal de Sánchez para camuflar que está pagando todos los peajes que le imponen para mantenerle

Que es bien sencilla de describir: si no cumple con lo que el nacionalismo espera, estaremos probablemente más cerca de la “vía unilateral” que nunca. Incluyendo el 1-O: entonces al menos los tres poderes del Estado de Derecho se opusieron. Hoy no parece tan claro.

La interceptación judicial de la “nueva hoja de ruta” de ERC demuestra que el independentismo no se para: los papeles intervenidos por la Guardia Civil demuestran que su intención es aprovecharse de la debilidad del Gobierno y de la “Mesa de Diálogo” para imponer sus objetivos.

En ese contexto, con tantas evidencias de que la "concordia" es solo un truco verbal de Sánchez para justificar el pago de sus peajes personales para subsistir, y no para solventar conflicto alguno; han de encenderse todas las alarmas y resistirse con todas las herramientas institucionales, jurídicas y sociales al alcance.

La incomparecencia de España
Juan Pablo Colmenarejo. vozpopuli.es 11 Junio 2021

Las comparaciones ofrecen oportunidades. No hay que aborrecerlas. El prejuicio ocupa demasiado lugar. Por eso resultan convenientes, pedagógicas y aleccionadoras. Hace tres semanas, el Consejo Constitucional francés tumbó un artículo de la ley para la protección y la promoción de las lenguas regionales: la enseñanza en bretón, catalán o vasco. La legislación anulada de inmediato -solo un mes después de su aprobación parlamentaria- permitía la inmersión lingüística en dichas lenguas. El Constitucional francés cortó de un tajo: “La lengua de la República es el francés”. El asunto se ha despachado con la contundencia propia de la Francia jacobina, centralizada y republicana sin matices, dejando la posibilidad de estudiar en otro idioma o lengua autóctona a quien se lo quiera pagar en una escuela privada.

Por si a alguien le queda alguna duda, los magistrados recuerdan que para comunicarse con la administración sólo se usa el francés dejando para el ámbito social y familiar el empleo de la lengua autóctona que ni mucho menos es oficial. Cuando el actual presidente de Francia visitó Córcega cerró la puerta a cualquier posibilidad de que el corso se asemejará al idioma oficial del Estado. Francia es un país y a veces el nuestro, en comparación, un simulacro.

El proceso independentista catalán, apoyado en la lengua como herramienta clave y determinante para la segregación de la población, se deja ver, como el agua clara, en la decisión de los magistrados del Tribunal Constitucional francés. Guste o no, el proceso de descentralización español sirve de ejemplo para lo bueno, pero también para lo malo. Y para esto último inclina esa balanza la ausencia de lealtad institucional y el incumplimiento sistemático de la ley. Lo ocurrido en el examen de acceso a la Universidad (EBAU) en Cataluña demuestra que la inacción del Estado permite, a quienes han ocupado todo el espacio, remachar año a año el clavo de la supresión del idioma común en favor de otro que no lo es en toda España. No solo se desoyó la orden del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, sino que se marcó con “un punto o un no”, junto al nombre y apellidos del alumno en la lista, a los que solicitaron hacer el examen en castellano, o si todavía se permite el sinónimo, en español. No se les preguntó en que idioma querían los enunciados sino si aceptaban o no el examen en catalán.

Así, quedaron señalados en una lista, como en Baleares donde, a la chita callando, un gobierno presidido por el PSOE, o mejor dicho los socialistas-nacionalistas y también viceversa, va camino de superar a la matriz peninsular independentista con una ley de inmersión lingüística que obliga a un mínimo de un 50% en catalán, pero sin límite, hasta el 100% según convenga. Como aperitivo, en la prueba de la EBAU, se utilizaron hojas de color amarillo para el examen en castellano. Que no quepa duda quien es un “españolazo”, como el protagonista de las novelas Terra Alta e Independencia de Javier Cercas. ¿Qué tiene el amarillo que tanto se usa cuando se trata de distinguir o segregar según los casos? Que se note, para bien o para mal, la diferencia. El sentimiento aplasta a la razón. La historia no se repite, claro que no, pero de vez en cuando se pone a rimar sin parar.

La semana que termina deja episodios nacionales memorables para nuestro Estado fragmentado. Hay 17 sistemas de corrección de los exámenes de acceso a la Universidad. Por lo tanto, dependiendo del nivel de exigencia de cada autonomía se obtiene la nota, aunque a la hora de elegir Universidad da lo mismo el lugar de origen, al ser España distrito único, lo cual es muy francés, pero con el inconveniente de que la prueba no la hace el Ministerio de Educación sino los 17 gobiernos autonómicos generando una flagrante desigualdad de oportunidades. Para remate, la ley Celaá permite examinarse de la EBAU sin haber aprobado todas las asignaturas del Bachillerato. Todavía este curso ocho autonomías se han resistido. El próximo año, en esto también seremos como en Francia, todos iguales, pero a la altura del suspenso.

Educación y Sanidad por 17 y cada vez con más barreras interiores. Hay que obtener una tarjeta de desplazado dentro de España -suena a damnificado de guerra- para solicitar este verano la vacunación, si todavía no se ha recibido la segunda dosis, en el lugar de vacaciones. Por supuesto que hay comunidades como País Vasco y Navarra que han puesto ya sus fueros por delante y ya han dicho que los desplazados sean inoculados en su pueblo, como dice el nacionalismo vasco, del Ebro para abajo. Menos mal que el Ejército pincha a los futbolistas de la selección española de fútbol. Con la cantidad de desplazados que acumula, mejor no imaginarse la diáspora para ponerse a la cola de las agujas en su respectivas consejerías regionales. Les darían cita de 17 maneras diferentes. Ni que decir tiene que España perdería el partido contra Suecia del próximo lunes por incomparecencia

Educación
Errata 'a la catalana' en el examen de español de la Selectividad de Baleares: "Lengua Castellana i Literatura"
OLGA R. SANMARTÍN. EDUARDO COLOM. El Mundo 11 Junio 2021

Los alumnos que quieren responder en castellano tienen que levantar el brazo y reciben unas hojas de distinto color a la prueba en catalán, que se reparte siempre

La Selectividad cada vez genera más polémica en Baleares. Si el año pasado una de las pruebas llamaba al castellano "la lengua del imperio", en esta ocasión se ha deslizado una errata en el título del examen de español. En vez de decir Lengua Castellana y Literatura, han escrito "Lengua Castellana i Literatura", utilizando de forma incorrecta la conjunción copulativa y usando la fórmula catalana, mezclando ambas lenguas.

El resto del enunciado, con las instrucciones acerca del uso de la mascarilla o de las etiquetas identificativas de la prueba, está redactado en perfecto castellano. La falta de ortografía ha circulado entre el alumnado y rápidamente las redes sociales se han llenado de comentarios irónicos. "La inmersión lingüística en Baleares no genera ningún problema, todos hablan y escriben perfectamente en español", ha censurado José Ramón Bauzá, ex presidente balear y eurodiputado de Ciudadanos.

Otros comentarios públicos de políticos en las Islas cuestionan abiertamente la falta de autoridad para suspender al alumnado por errores en la prueba de castellano cuando el propio examen comete un fallo de este calibre.

La Universidad de las Islas Baleares ha manifestado que se trató de un "error", un "fallo humano" que afectó "a la carátula de los exámenes" pero no al resto de las páginas de la prueba, que se realizó en Palma en la tarde del miércoles.

Según se ha justificado la universidad pública balear, este año se ha introducido como novedad en las pruebas una carátula, un folio para tapar el examen y evitar que los primeros alumnos que entren puedan ver antes que los últimos las preguntas y así no tener ventaja. Fue en esta carátula donde estaba el grave error ortográfico, cometido para más inri en la prueba de lengua castellana.

La comisión organizadora de la Selectividad en Baleares se ha limitado a "lamentar" este hecho, diciendo que no afectó al desarrollo de la prueba ya que el resto del examen estaba bien redactado y ha anunciado que "tomará medidas para evitar que vuelva a pasar".

Mientras tanto, en Galicia,se ha escrito el nombre de la asignatura del examen de castellano en gallego. "Lingua Castelá e Literatura II", señala el título. Fuentes de la Comisión Interuniversitaria explican que, como otros años, los encabezamientos son comunes a todas las evaluaciones y en todas el título va en gallego -por ejemplo, Inglés no es English, sino Primeira Lingua Estranxeira II-. En este caso, no se trata de una errata al mezclar ambas lenguas, como en Baleares, sino una decisión de poner el nombre en la lengua propia, aunque tanto las instrucciones como las preguntas están redactadas en español.

La prueba de acceso a la Universidad se ha convertido en un símbolo más del tira y afloja lingüístico que se mantiene en las regiones con lengua cooficial. En Baleares, cuyo Consell de Govern acaba de aprobar su primera Ley de Educación regional, que elimina el carácter vehicular del castellano y permite que todas las asignaturas puedan ser en catalán, la guerra contra el español está presente desde el mismo comienzo de la Selectividad, donde los exámenes se reparten siempre en catalán salvo que el alumno levante el brazo y los pida expresamente en castellano, momento en el que se le entregan unas hojas de color amarillo, en vez de blanco, que dejan en evidencia al estudiante.

La Asociación Hablamos Español ha solicitado al Tribunal Superior de Justicia de las Islas Baleares medidas cautelarísimas contra las normas que regulan estas prácticas, que considera "discriminatorias y contrarias a la legalidad vigente". En su recurso, que acaban de ampliar con nuevas denuncias, se relata cómo en Ibiza faltaban exámenes en castellano y los que había tenían un color distinto.

En Cataluña, donde se llevan a cabo prácticas similares, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña ha ordenado de forma cautelar que se suspendan las instrucciones del Consejo Interuniversitario para que el examen se ofrezca también en castellano, pero los tribunales no sólo han desobedecido el auto sino que la Generalitat lo ha recurrido y el Síndic de Greuges ha pedido amparo al Consejo de Europa.

Hay controversia también en la Comunidad Valenciana, donde profesores se han quejado por un texto del periodista Vicente Vallés en La Razón que reivindicaba que la defensa de la Transición española no significa ser "equidistante" e iba acompañado de la siguiente pregunta: "¿En qué consiste para usted ser patriota?".

La Generalidad elabora listas con los alumnos que piden examinarse de la Selectividad en español
Asamblea por una Escuela Bilingüe denuncia a la consejería de Universidades ante el TSJC por el incumplimiento de las medidas cautelarísimas.
Pablo Planas (Barcelona). Libertad Digital 11 Junio 2021

Según denuncia la entidad Asamblea por una Escuela Bilingüe (AEB), la Generalidad no sólo ha desatendido las instrucciones del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) para que repartiera los exámenes de las Pruebas de Acceso a la Universidad (PAU) en los tres idiomas oficiales de la región, español, catalán y aranés, sino que además ha vuelto a elaborar listas con los estudiantes que solicitan hacer el examen en español.

En una nota de prensa la AEB asegura que "nos han indicado que se han elaborado listados en los que consta, junto al nombre del alumno, el idioma en el que han elegido realizar el examen". Según la entidad, "de acuerdo con las informaciones que nos han ido llegando de alumnos que realizan la PAU y vocales de sus tribunales hemos podido constatar que en vez de poner a disposición de los estudiantes los exámenes en los tres idiomas oficiales para que, tal como establece el auto de 7 de junio, cada uno individualmente elija con total libertad aquel que prefiera se ha optado por formular preguntas que dotan de preferencia a la elección del idioma catalán sobre otros".

Las preguntas que realizan los profesores son las siguientes: "Et va bé rebre l’enunciat en català dels exàmens que no són de llengua?" (Te va bien recibir el enunciado en catalán de los exámenes que no son de lengua) y "A qui li va bé rebre l’enunciat en català?. Aixequeu la mà" (¿A quién le va bien recibir el enunciado en catalán? Levantad la mano). La AEB considera que "estas fórmulas, además de mantener la preferencia por una de las lenguas oficiales frente a otras suponen que el alumno ha de significarse en su elección, cuando el Auto del TSJC indicaba que la elección debería ser hecha de manera individual por el alumno".

"La Selectividad no se toca"
En la denuncia presentada en el TSJC, la AEB subraya que "las irregularidades que se acaban de señalar confirman la voluntad de desacato al Tribunal que ya había puesto de manifiesto la consejera de Investigación y Universidades en su comparecencia del mismo día 7, en la que no solamente criticó con dureza la decisión, sino que, además, puso de manifiesto su voluntad de realizar la PAU de la misma forma que los años anteriores.

Gemma Geis (JxCat), la titular de la consejería se opuso frontalmente a las medidas cautelarísimas dictadas por el TSJC, declaró que la lengua vehicular en la enseñanza era en exclusiva el catalán, que "eso no es interpretable ni negociable" y que "la Selectividad no se toca".

Baleares marca en color amarillo a los alumnos que eligen español en la selectividad
Les facilita el examen en ese color a diferencia del blanco del modelo en catalán.
Libertad Digital 11 Junio 2021

El Gobierno balear señala dos veces a los alumnos que piden hacer el examen de selectividad en español, según denuncia ABC. Primero, tienen que levantar la mano y pedir una copia en la lengua oficial del Estado, ya que se entrega por defecto en catalán, y después, cuando se les da la copia en color amarillo para diferenciarlos del catalán, que es blanco.

El mecanismo para garantizar los derechos de los alumnos en la Prueba de Bachillerato de Acceso a la Universidad (PBAU), la antigua selectividad, se implantó en 2017 a instancias de Ciudadanos Baleares, dirigido entonces por Xavier Pericay.

Sin embargo, la discriminación por razón de lengua sigue de facto, ya que los alumnos que quieren hacer la prueba en catalán no tienen que significarse. "Es una forma de señalar, más si cabe al que elige castellano", denuncian varios alumnos a ABC, que creen que esta diferenciación les "estigmatiza".

La Universidad de las Islas Baleares (UIB) alega que el examen de castellano amarillo "facilita" la tarea a los profesores voluntarios que supervisan las pruebas. Al parecer, si el folio fuera blanco, como el catalán, les impediría distinguir si el examen está escrito en catalán o en español.

A esta polémica se suma la llamativa errata que contenía el encabezamiento del examen de español, denunciado en redes sociales, entre otros, por el eurodiputado José Ramón Bauzá: "Lengua i Literatura Castellana"

El Gobierno de la socialista Francina Armengol se resiste a obedecer a los tribunales y garantizar los derechos de los alumnos castellanohablantes de las Islas y la universidad aplica el mismo procedimiento que en Cataluña, donde la Generalidad elabora listas con los alumnos que piden examinarse de la Selectividad en español.

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