AGLI Recortes de Prensa   Martes 27  Julio  2021

Basta ya, Casado: se trata de España
Pedro de Tena. Libertad Digital 27 Julio 2021

Como dijo el gran poeta granadino, Luis Rosales: "…jamás me he equivocado en nada, sino en las cosas que yo más quería". Pero con los años, al borde ya de los 70, uno va comprendiendo que sus errores siempre lo fueron por afecto. Cuando joven, necesitaba el afecto de los amigos y algunos de ellos me condujeron a la izquierda sin conocer siquiera los hechos más evidentes de la historia de España. Fui valiente pero tonto.

Empecé a dejar la izquierda por afecto a la veracidad de los hechos. El periodismo de investigación, muy especialmente, me condujo a la evidencia de que la gran verdad socialista era y es una gran mentira. La fe de sus millones de carboneros era manipulada por unos dirigentes con escasos escrúpulos morales, una crueldad interna pavorosa y una indiferencia ante el derecho de los adversarios que llegaba a la aniquilación física. De los comunistas, ni hablemos porque eran y son, en realidad, su modelo.

A los 45 años, por afecto a España decidí apoyar al PP de Javier Arenas y José María Aznar cuando muy pocos lo hicieron. Creí entonces, otra vez equivocadamente, que esa otra nación abierta, liberal, decente y centrada en el desarrollo de la Constitución democrática de la reconciliación, podría reconducir a esta desgraciada patria a su florecimiento compartido y tolerante. Vino 2004 y su terrible 11-M y comprendí hasta dónde podía llegar un PSOE en manos de fanáticos amorales y tomé nota de que el PP de Rajoy, con sus mentiras, corruptelas sorprendentes y miserias morales, era ya un partido discapacitado en manos de una élite sin pasión ni compasión.

Pablo Casado revivió, de alguna manera, aunque ya sin afecto, las ansias de regeneración que quedaban en el centro derecha nacional, ya fraccionado por el nadismo moral y político de Rajoy, en Ciudadanos, los restos del PP y Vox. La victoria de Casado, en unas primarias sucias como el lodo en el que los partidarios de Soraya Sáez de Santamaría, muchos de ellos ahora bajo el palio de Teodoro García Egea y su jefe, hicieron de todo para impedir su triunfo, me hizo esperar una señal de cordura.

Pareció haberla hasta que, en la moción de censura presentada por Vox contra Pedro Sánchez, Pablo Casado perpetró una fechoría inolvidable. Con la excusa de su indignación por lo de "derechita cobarde", atacó sin piedad ni respeto a un Santiago Abascal, ex del PP y su presunto amigo, eso creímos, que era una víctima del terrorismo, un ejemplo de entereza y un símbolo de la resistencia legítima frente a la confabulación de los asesinos, los rompepatrias y el socialcomunismo.

De hecho, unos amigos, ninguno de ellos relacionado con Vox, tuvimos que elaborar un Manifiesto en defensa del derecho de Vox a la existencia política para impedir su linchamiento en lo que nos va quedando de democracia. La izquierda, siempre más sagaz que las derechas, había comprendido que Vox era la palanca que podría elevar de nuevo al centro derecha al gobierno de España y la posibilidad de revertir el proyecto anti-España diseñado desde el gobierno Zapatero y perfeccionado por Pedro Sánchez. Por ello, Vox tenía que ser dinamitado.

Pablo Casado, que está donde está porque Vox sostiene al PP en Madrid, en Murcia y en Andalucía, entre otros gobiernos, y que sabe que jamás podrá gobernar España sin el concurso de Vox dada la ruina de Ciudadanos que él mismo atiza, acaba de cometer otra felonía que lo convierte en un estorbo incapaz de liderar un proyecto de la derecha española para detener la destrucción de la nación y del espíritu constitucional. Su consentimiento a la declaración de persona non grata de Santiago Abascal por una Asamblea de Ceuta a manos de la minoría de los socialistas y los viscosos y tenebrosos partidos proislámicos, es la gota que ha rebosado mi vaso.

El líder de Vox, el partido más votado de Ceuta en las pasadas elecciones generales, ha sido linchado políticamente con la complicidad de Pablo Casado y su equipo, sin el cual no puede explicarse que el degenerado grupo dirigente del PP de Ceuta, se abstuviese. Ni siquiera Inés Arrimada, como tampoco Cayetana Álvarez de Toledo, ni muchos otros que hablan en privado pero callan en público, pueden soportar la indecencia. Quítense el esparadrapo de la boca, coño, que es la hora.

Hasta aquí he llegado. Casado no puede seguir despeñando la alternativa del centro derecha español hacia ese barranco sin esperanza de una España desguazada y desmoralizada. Sólo espero que Vox, que tiene el derecho y el deber de responder a la afrenta, distinga lo que Pablo Casado no es capaz de distinguir: que una cosa es su casta cobarde, marrullera y ruin al mando del PP y otra cosa es España, que es de lo que se trata. Insultar a Vox y luego chantajearlo pidiendo su voto para que la izquierda no gobierne, es asqueroso y miserable.

Casado no debe ser presidente del gobierno. No tiene derecho. Con mi voto, no lo será y afecto no me queda.

Socialismo rancio en la ponencia marco del PSOE
José María Rotellar. okdiario 27 Julio 2021

El PSOE ha presentado su ponencia marco para su cuadragésimo congreso federal que se celebrará en otoño, con el que pretende recobrar el pulso que, a día de hoy, ha perdido, como -salvo la del CIS- muestran todas las encuestas.

Entre otras muchas cuestiones, destaca la temática económica, donde podemos observar que el PSOE ha decidido competir con Podemos para ver quién propone la medida más rancia, atrasada y perjudicial para el desarrollo de la economía, pues sólo así se entiende que los socialistas realicen las propuestas que ponen negro sobre blanco.

No renuncian a subir el salario mínimo al 60% del salario medio en 2023, lo cual constituye un auténtico disparate, pues sólo conseguirá levantar barreras a la contratación e incrementar la lacra de la economía sumergida, que defrauda y hurta derechos a los propios trabajadores, especialmente a los más débiles.

Insisten en imponer un mínimo de tipo medio efectivo en el Impuesto de Sociedades, de manera que las corporaciones huirán a otros lugares que les ofrezcan mejores condiciones para su desarrollo.

Asimismo, quieren que las grandes empresas paguen un impuesto en función del beneficio que obtengan de las ventajas del mercado único para financiar el presupuesto comunitario. Es decir, invitan a las empresas o a que se vuelvan proteccionistas o a que busquen fijar su sede en otro lugar ajeno a la UE. Ya no sólo quieren imponer una tributación cuasi confiscatoria en España, sino que quieren que también paguen otro tributo comunitario, adicional, una suerte de doble tributación.

Quieren reducir la jornada laboral a cuatro días a la semana, cuando el gran problema de España se tiene que resolver trabajando más, no menos. Nuestra productividad, con lo baja que es, no permite, en ningún caso, trabajar un día menos y, desde luego, no se puede trabajar menos tiempo tras la intensa caída de riqueza que se ha producido.

El resto de cuestiones las envuelven con celofán para tratar de adornar su ponencia, que está formada por propuestas dañinas para la economía, como las señaladas antes, y por otras muchas vacías. Hablan mucho de recuperación, resiliencia -el término de moda-, digitalización y sostenibilidad, pero no hay ni rastro de una evaluación de la situación actual, de partida, para tratar de proponer medidas que aborden los problemas, tanto urgentes como estructurales, que tiene la economía española.

Sigue siendo, por tanto, un conjunto de proclamas propagandísticas, llenas de humo, sin contenido, sin sustancia, que sólo se fijan en el corto plazo y que no afrontan el reto del crecimiento potencial de la economía. Nada nuevo, desgraciadamente, en las propuestas socialistas, que recurren a recetas caducadas y fracasadas, que, cuando se han aplicado, han conducido siempre a una profunda crisis.

El PP se mete en el jardín de Ceuta y no sabe cómo sacar los pies
OKDIARIO  27 Julio 2021

OKDIARIO ya criticó editorialmente el error del PP al avalar con su abstención que la izquierda de la Asamblea de Ceuta lograra su propósito de declarar persona » non grata» al presidente de Vox, Santiago Abascal. La estrategia de estigmatización del socialcomunismo es esa: lo hicieron con Mariano Rajoy en Pontevedra y lo han hecho ahora con Santiago Abascal. De ahí que el PP haya mostrado un notable tancredismo político con una abstención que sólo beneficia a sus adversarios políticos. Desde el pasado viernes, en el PP ha habido opiniones contradictorias ante un asunto en el que lo que se echa en falta es la opinión de su presidente, Pablo Casado. Andrea Levy, José Luis Martínez-Almeida o el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas -quien ha asumido la decisión de abstenerse desligando de la misma a la dirección de su partido- se han expresado en términos en absolutos coincidentes, de modo que está claro que la polémica abstención ha abierto una brecha en un partido que se ha metido en un jardín innecesario cayendo en la trampa de la izquierda.

Si es verdad que el presidente de Ceuta tomó la decisión sin contar con la dirección del PP, la dirección del PP no puede hacer otra cosa que avalar la decisión de Vivas o desautorizar a Vivas, pero lo que no puede hacer en ningún caso es ponerse de canto. Porque si la abstención fue un error, no enmendarlo lo hace todavía mayor. Parece mentira que en un momento en que todas las energías del PP deberían estar centradas en desenmascarar el siniestro plan de estigmatización ideológica diseñado por el socialcomunismo, se le otorgue a la izquierda una baza como esta.

Y mira que era fácil: hubiera bastado que el PP de Ceuta se manifestara públicamente en contra de las declaraciones de Santiago Abascal en las que, según Vivas, les acusó de ser «quinta columnistas» de Marruecos y, al mismo tiempo, decirle a la izquierda que votaban no a la propuesta de declarar «persona non grata» a Abascal porque eso de estigmatizar a las personas por motivos ideológicos es propio de comunistas.

Para qué sirve Casado
EDITORIAL. https://gaceta.es 27 Julio 2021

Cuando Santiago Abascal desembarcó en Ceuta el pasado mes de mayo para ponerse al frente de la defensa de la españolidad de la ciudad autónoma, de la integridad territorial de España, de la defensa de las fronteras y de la seguridad de los ceutíes ante la invasión de inmigrantes ilegales ordenada por Marruecos, la Asamblea de Ceuta tendría que haber recompensado al líder de VOX con el título de hijo adoptivo de la ciudad. Y lo tendría que haber hecho con los votos del PP, el partido más votado en las elecciones autonómicas de 2018 y con los de VOX, la fuerza más votada año y medio después, en las elecciones generales.

Bien al contrario, ese mismo día, el Partido Popular, en unión de los partidos de la izquierda y los islamistas promarroquíes, firmó una carta de una hostilidad inconcebible en contra de la presencia de Santiago Abascal, a la que siguió una violencia verbal —que siempre es el primer paso— en contra de los representantes de VOX en Ceuta sólo comparable a la que se permite cualquier político provinciano separatista o socialcomunista. Desde entonces, hemos asistido a escenas vergonzosas y caciquiles del presidente popular de Ceuta, Juan Jesús Vivas, desnortado, faltón y nervioso contra VOX, que ha culminado en el aval por parte del PP de la declaración de Abascal como persona non grata.

Como diría un mexicano, esa declaración le hace a Abascal lo que el viento a Juárez. Es decir: nada. Abascal y VOX conocen el extraordinario afecto de la inmensa mayoría de los ceutíes por cualquiera que defienda la irrenunciable españolidad de la ciudad y el derecho de nuestros compatriotas a la seguridad de sus familias y comercios frente al drama de decenas de miles de personas que son usadas por Marruecos como factor añadido de inestabilidad aprovechando la grave crisis —sanitaria, económica, reputacional e institucional— que sufre España.

Por supuesto, en los partidos siempre puede haber una oveja negra e histérica —quien dice una, dice una veintena— que, como el presidente Vivas, sienta un miedo invencible ante una inminente pérdida de la poltrona al ver cómo de ser la fuerza más votada sin interrupción en Ceuta desde 2003 (llegó a tener 19 de 25 diputados), se convierte en la tercera fuerza y cayendo mientras VOX se aúpa a la primera posición. Pero a las ovejas, por más negras y nerviosas que estén, se las debe reconducir y guiar con firmeza con la fuerza de las convicciones y del sentido del Estado. Es decir, con la fuerza de la autoridad que debería tener el presidente del Partido Popular, Pablo Casado.

Debería tener, decimos. Pero no tiene. Es una evidencia. Cualquier presidente de un partido nacional con sentido común habría descolgado el teléfono y habría ordenado a Juan Jesús Vivas que evitara la ofensa a Santiago Abascal. Si Casado lo hizo y Vivas no obedeció, el liderazgo de Casado en el PP no sirve de nada. Si no realizó esa llamada, el liderazgo de Casado en el centro a la derecha no sirve de nada.

Podrá pensar Pablo Casado que en su estrategia mendicante de ir recogiendo los votos que cada día arroja el PSOE, como en su día hiciera el arriolismo del ex presidente Rajoy de infausto recuerdo, es un estrategia correcta. Podrá pensar que su táctica zarzalejiana de declarar persona non grata a Abascal desde la tribuna del Congreso en la moción de censura a Sánchez fue lo adecuado. Podrá pensar que renovará el colchón de La Moncloa porque tiene asegurado el voto cautivo de un VOX que sólo piensa en España como ha demostrado con una generosidad encomiable allá donde se le ha necesitado —e incluso donde no— como en Andalucía. Podrá pensar que ampliar la base ideológica del PP de cara a su congreso de octubre desatándose del todo como un partido homologable a la socialdemocracia es lo que esperan los españoles. Podrá pensar, en fin, que VOX tiene el mismo destino que Ciudadanos. Y se equivocará en todo. Y cuando constate sus equivocaciones, Casado le echará la culpa a que no han sabido comunicar bien sus ideas. Ya nos conocemos la cantinela.

La prueba de que se equivoca en todo está en las encuestas que no encarga Génova, e incluso en las que encarga, que demuestran que el PP ya no tiene el voto cautivo de una parte importantísima y transversal de los españoles. La prueba es Cataluña, donde la defensa sin melindres de España, el español, el imperio de la Ley y la Constitución, ha colocado a VOX como primer partido nacional. La prueba es Ayuso, que no ha necesitado ensanchar sus principios hacia la izquierda para entender que sólo gracias a la colaboración leal con VOX se puede hacer frente a la hegemonía mediática, cultural y política de la izquierda rampante.

Y la prueba, al fin, es la confirmación de que VOX ha roto sus relaciones con el Partido Popular hasta que no rectifique el error, inmenso error, de permitir que el acongojado presidente de Ceuta avale que la izquierda promarroquí se dé el gusto de ofender a Santiago Abascal, líder del partido más votado en Ceuta, nombrándole persona non grata en su tierra. Sí. En su tierra. Porque esa es la diferencia esencial entre VOX y cualquier otro partido como el PP que haya permitido las baronías autonómicas. Abascal y los suyos consideran que cada pedazo de España, desde Madrid a Los Corrales de Buelna, desde Ripoll a Hierro, desde Orense, sin la u, a Ceuta, es de todos los españoles. Y a los españoles que lo son, y con orgullo de bien nacido, jamás se les puede declarar persona non grata por muy nervioso que esté un barón ceutí o por muy irrelevante que sea su presidente. O por una combinación, como es el caso, de ambas circunstancias.

Hasta aquí podíamos llegar. Casado debe rectificar por el bien de España. No es difícil. Sólo hace falta demostrar sentido común, amor a España y liderazgo nacional. Las tres. No basta con una. Si es demasiado pedir, debe apartarse y dejar que otra, sí, otra, lo haga por él.

VOX-PP, una guerra absurda
«El PP nunca podía aceptar, por acción o por omisión, que Abascal fuera declarado persona non grata»
Francisco Marhuenda. La razon 27 Julio 2021

En ocasiones me cuesta mucho entender la utilidad de algunas estrategias diseñadas por los «genios» de los partidos. No conducen a nada, provocan un innecesario desgaste y, finalmente, todo queda igual o peor. Napoleón fue un militar extraordinario, pero se hundió en España, aunque nunca nos lo agradecieron, y en la desastrosa campaña de Rusia. En ocasiones, la última batalla decide el destino de una guerra, un reino o un imperio y de nada sirve haber ganado las anteriores. Los grandes estrategas militares son los que ganan. Nunca he compartido el lema de que lo importante es participar, porque parece escrito por los perdedores para justificarse. La vida política está llena de listos y aprovechados que cometen torpezas que generan conflictos inesperados. Ahora tenemos uno organizado entre el PP y VOX que no conduce a nada más allá de las bravuconadas habituales en las que todos parecen toros bravos resoplando como si fueran el Minotauro. No hay que descartar la influencia de los rigores de la canícula que me recuerdan la tramontana cuando estudiaba en Girona. Todo el mundo coincidía en que provocaba conductas desordenadas y depresiones, aunque creo que eso afectaba solo a los que estaban previamente algo idos.

Las relaciones entre el PP y VOX son más propias, dicho irónicamente, del diván de un psicólogo o psiquiatra. En lugar de entenderse y pactar los disensos, es decir, buscar el buen rollito, están ocupados en darse mamporros para mayor satisfacción de la izquierda política y mediática. En esta ocasión, ni siquiera me importa el tema, la razón está del lado de VOX, porque el PP nunca podía aceptar, por acción o por omisión, que Abascal fuera declarado persona non grata. Es un enorme despropósito, pero los populares ceutíes decidieron hacer el ridículo y se abstuvieron. Nunca se pueden asumir los cordones sanitarios, porque son la expresión de lo peor de la política. Al final, todos los municipios, diputaciones y autonomías españolas se dedicarán al «deporte» de declarar persona non grata al rival y cuando pierdan el gobierno se hará lo mismo en sentido contrario. Es todo tan absurdo y delirante que causa bochorno que el PP cometa este tipo de errores contra un partido, que también hace de las suyas, pero con el que está condenado a entenderse.

El Partido Podrido debe desaparecer
Nota del Editor 27 Julio 2021

Ni orden alfabético ni prioridad por la causa, siempre el malo es Vox. Eso de los mensajes subliminales lo tienen bien estudiado y lo aplican sin cesar.
Pero cada día está más claro que el Partido Podrido tiene que desaparecer.

Ha sido y es el causante de que el comunismo separatismo siga destruyendo España y machacando a los españoles.

La derecha vuelve a equivocarse
Las autonomías en las que Vox presta al PP sus escaños para poder gobernar son un dique de contención contra Sánchez. ¿Para qué estropear lo que funciona?
Editorial ABC 27 Julio 2021

El PP y Vox han vuelto a enconar sus relaciones hasta el punto de que el partido de Santiago Abascal amenazó este lunes con romper sus acuerdos de gobernabilidad en autonomías y ayuntamientos. Y además, lo hace cuando casi todos los sondeos apuntan a una mayoría absoluta de ambos partidos si hoy se celebrasen elecciones, lo cual tiene poca lógica. Esta vez, la recurrente conflictividad entre los dos partidos tiene su origen en Ceuta, donde el PP se abstuvo días atrás en una votación y propició con sus votos que Abascal fuese declarado ‘persona non grata’ por la Asamblea ceutí. En esa ciudad el agravamiento de las malas relaciones entre Vox y el PP es progresivo. Algunos de sus plenos han sido noticia por la virulencia de las acusaciones mutuas, y al presidente, Juan Jesús Vivas, le decepcionó la intervención personal de Abascal mientras Marruecos lanzaba su ofensiva contra España con una avalancha de menores en sus calles. Ceuta también resulta un polvorín para las relaciones entre los dos partidos de la derecha. De nada ha servido que el partido de Casado haya matizado en las últimas horas su voto, porque Abascal habría deseado una desautorización expresa de Vivas por parte de Casado, y eso no se ha producido. Vox reclama adhesiones inquebrantables, y en política, más allá de las trampas dialécticas que se tiendan unos partidos y otros, todo tiene sus matices. Por eso los dos se equivocan de enemigo. No han aprendido aún la lección de que con Pedro Sánchez en La Moncloa no sirve de nada anularse mutuamente y en realidad están provocando alargar su estancia en el poder.

Nadie debe declarar a un dirigente político ‘persona non grata’ por criterios ideológicos. Es excluyente y el PP debería saberlo bien por ser el partido que más cordones sanitarios ha sufrido. El PP no debió abstenerse, porque es un grave error táctico y porque es una indignidad democrática declarar ‘persona non grata’ a un dirigente político. Pero Vox no debe incurrir en provocaciones sobreactuadas, sobre todo en un momento que se puede entender como una respuesta a una bajada en las encuestas. Con Ciudadanos derruido, el PP y Vox tienen la obligación de ser complementarios ante el electorado de la derecha porque solo sumando y compatibilizando la labor de oposición será posible que ganen las elecciones. Enfrascarse en pugnas estériles, con una fuerte carga emocional o simbólica que amplifica lo que, sobre todo, son desentendimientos personales, no tiene sentido. En eso, la derecha debería aprender de la izquierda, que siempre simula estar a garrotazos pero al final le une su desprecio al contrario. El odio ideológico es algo que la izquierda ha perfeccionado mucho en su favor, mientras la derecha es solo una consumada especialista en caer en estas trampas. Y con los errores tácticos de unos, y la intransigencia y el victimismo de otros, no ganarán a Sánchez.

Vox y el PP no pueden permanecer en una eterna competición de ‘españolidad’. No tienen que exagerar sus diferencias. Son partidos distintos, se comportan como tales, y se percibe. Y si a alguien beneficia tanta amenaza de ruptura es al ‘sanchismo’. Cuanto antes lo tengan claro Casado y Abascal con generosidad, mejor para sus votantes. La contribución de Vox a la hora de desenmascarar en los tribunales muchos de los abusos del Gobierno es determinante. Y las autonomías en las que Vox presta al PP sus escaños para poder gobernar son un dique de contención contra Sánchez. Estas son las políticas que importan, luego ¿para qué estropear lo que funciona?.

La inexistente derechez de Partido Podrido
Nota del Editor 27 Julio 2021

Afirmar que el PP es la derecha, no tiene base racional alguna. El PP ha demostrado que los principios éticos que se suponen a la derecha, por oposición al comunismo y separatismo no los tiene y lo que ha demostrado y demuestra cada día es que tiene que desaparecer. No hay que ir hasta Ceuta, en Galicia tenemos muchos peores.

Fiebre del empleo público en las CCAA: 403.000 puestos desde el último ajuste
Los gobiernos autonómicos acaparan el 82% de todos los empleos creados por las administraciones tras los recortes que provocó la anterior crisis
Juan T. Delgado. Vozpopuli 27 Julio 2021

La oferta de plazas para la Administración Central del Estado que aprobará este martes el Gobierno, pese a marcar un récord, es apenas un guiño en comparación con los cientos de miles de empleos que han creado los Ejecutivos autonómicos desde que dieron por finalizado el último 'tijeretazo'. Las crisis y los ajustes duran poco para el empleo público en las comunidades autónomas: la estadística oficial demuestra que los entes regionales han protagonizado una auténtica 'fiebre empleadora' en los últimos años.

La incorporación de otras 30.000 personas que ratificará hoy el Consejo de Ministros servirá para engordar, un poco más, la plantilla de trabajadores a sueldo del Estado. No obstante, los sindicatos se han apresurado a recordar que la nueva oferta sólo servirá para reponer bajas y afrontar el proceso de envejecimiento.

Los gobiernos autonómicos, por el contrario, llevan casi ocho años ampliando de forma intensa sus plantillas. Según la última Encuesta de Población Activa, el sector público llevó a cabo un ajuste de personal tras la anterior crisis del ladrillo. En el tercer trimestre de 2011, las administraciones alcanzaron un máximo de contratación, con 3,3 millones de personas. La doble recesión obligó a meter la tijera: dos años más tarde, había 397.200 empleados públicos menos (2,90 millones).

Desde entonces, el empleo ha crecido con ímpetu. Al cierre del primer trimestre de este año, se habían recuperado 488.000 puestos de trabajo en las administraciones. Y la mayor parte de las nuevas nóminas corren a cargo de las comunidades autónomas. En concreto, 403.700. O lo que es igual: el 82,7% del total.

El Gobierno lanza una oferta de empleo público
El crecimiento de las plantillas de las CCAA ha sido meteórico. Nada que ver con la evolución que ha experimentado el empleo en las administraciones central o local; y, por supuesto, en el sector privado.

Los datos hablan por sí solos. Según la EPA, las autonomías daban trabajo a 1.851.900 personas en el pico de la anterior crisis. Posteriormente, ejecutaron un recorte de 266.400 puestos, para marcar un punto valle de 1.585.500 contratados a finales de 2013. A partir de ese momento, los Ejecutivos autonómicos abrieron una carrera desatada por la contratación, hasta alcanzar el récord de casi dos millones de empleados vigente en la actualidad.

Por el contrario, la administración central -sin incluir la plantilla de la Seguridad Social- ha recuperado menos de la mitad de los empleos destruidos tras la anterior crisis. La doble recesión acabó con una reducción de 99.700 puestos, de los cuales se han recuperado 44.100.
Empleo público vs privado

El comportamiento es similar, pero mucho más pronunciado aún, en el sector privado. La información del Instituto Nacional de Estadística apunta a un máximo de 17,7 millones de ocupados en el tercer trimestre de 2007. Que se alcanzara ese techo en tal fecha demuestra que las autonomías siguieron contratando a buen ritmo durante la crisis. Las empresas privadas emprendieron -a la fuerza- los recortes antes y de forma mucho más agresiva.

En el primer trimestre de 2014 se habían fulminado 3,7 millones de empleos. Desde entonces, sólo se han recuperado 1,77 millones. Es decir, los empresarios tendrían que crear otros dos millones de puestos para recuperar los niveles previos a la crisis del ladrillo. Una asignatura harto complicada para el sector privado, pero no para el público, que ya lo ha conseguido gracias a las autonomías.

La semilla de la discordia
Fulgencio Coll Bucher. https://rebelionenlagranja.com 27 Julio 2021

La aventura personalista de Pedro Sánchez ha traído una serie de problemas para España aún no bien calibrados, pero no se nos escapa que ponen en peligro al Estado. En una época de cambio mundial profundo, nuestro país lo afronta desde una incompetencia y desprestigio internacional crecientes. Sus vulnerabilidades son aprovechadas de la peor manera por vecinos de “toda la vida”, a la vez que su adanismo político nos conduce al ridículo y al ostracismo.

Desde la moción de censura del 31 de mayo de 2018 por la que se entronizó a Sánchez de Presidente del Gobierno, la España constitucional sufre una crisis sin precedentes. Es posible que una reflexión sobre los principales acontecimientos ayude a valorar el deterioro de las instituciones del Estado.

Tras la moción de censura, el “personaje” acató públicamente el mandato constitucional y prometió cumplirlo y hacerlo cumplir. La primera duda que aparece es que si para conseguir los votos de los independentistas y de Unidas Podemos, tuvo que renunciar a priori a cumplir el requisito de lealtad con la Constitución.

Tras las elecciones generales del 10 noviembre de 2019, Sánchez logra mantener la mayoría que posibilitó la censura, quedando a merced de los independentistas y teniendo que diseñar un remedo de Gobierno en dos partes, una socialista y otra de Unidas Podemos, dejando este de ser un órgano colegiado. Suponer que las consecuencias penales de la sentencia del 15 de octubre de 2019 estuvieron presentes en el acuerdo de investidura con el compromiso del indulto, cae dentro de la lógica más elemental.

La falta de calidad del Gobierno es palmaria, producto de cuotas de partidos y de “género”, cuyo programa nunca se publicó, deja al descubierto a diario la carencia de gobernanza del Estado. La parte de Unidas Podemos dentro de su anarquía estructural, ejerce un chantaje permanente a la otra parte de lo que debería considerarse un Gobierno. La falta de proyecto gubernamental ha sido ocupada por una sólida campaña de desinformación y de mentiras.

La pandemia puso, y sigue poniendo, de manifiesto la inadecuación del Estado de las Autonomías para enfrentar situaciones de emergencia, ya que no está concebido para gestionar una situación de emergencia en todo el territorio nacional y su gestión bordea lo cómico si no estuviese presente una gran tragedia. Tras comprobar su fracaso en la gestión de la pandemia, el Gobierno opta por la transferencia de competencias a las comunidades autónomas, para evitar un claro desgaste político. Además, se busca no alterar la “concordia” con Cataluña y de esta manera se “independiza la gestión” y lo que haga falta, tomando el camino de la traición.

La forma de gobernar es despótica: se equivoca el Constitucional, se indulta por interés partidista, “la concordia”, se desfigura la Historia por ley, “la discordia”, se ponen en práctica acuerdos sobre asuntos importantes, como el “acercamiento” a prisiones cercanas, o en el País Vasco, sin anuncio previo. Si no se renueva el Poder Judicial, se cambia la norma y aquí no pasa nada. Hay que cambiar la Constitución para que se ajuste al deseo del presidente de un gobierno autonómico. El coste económico de asesores, ministerios, viajes frustrados, concesiones económicas a los sediciosos, mala gestión de la pandemia, falta de seguridad jurídica y un largo etc., han llevado la deuda a récords históricos, es decir pobreza y han hipotecado el futuro de generaciones.

En esas circunstancias España se debate entre una artificiosidad de su pasado, la imposición de realidades nacionales fake y los efectos de publicitar cínicas teorías sociales que afectan a la identidad de las personas. Gasta sus energías entre la “concordia”, con gran respeto y comprensión con los separatistas o los que cumplen penas por terrorismo, y la “discordia”, contra el fundamento de la reconciliación nacional base de nuestra Constitución y base de nuestra convivencia.

Pensar en Historia es hacerlo desde la profundidad y amplitud de la experiencia humana para conocer lo que realmente sucedió. La Historia hace que el mundo, o un lugar y un pueblo, sea lo que es, o lo que son. Por el contrario, cambiar la historia para adaptarla a una ideología o a una política revanchista, es simplemente una imposición totalitaria.

Un país que se dedica a estas extravagancias y perversiones huyendo de la realidad, laborando lo inútil y obviando lo necesario, tiene una grave enfermedad y las consecuencias de este aciago gobierno serán trágicas. Cuanto antes se vaya, mejor saldremos de esta pesadilla.

El presidente Sánchez empuja a España hacia un estado totalitario
Miguel Massanet. SX 27 Julio 2021

“La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios, sino sobre las faltas de los demócratas”, Albert Camús.

La nueva ley de Seguridad Nacional, con la que se pretende sustituir la del estado de alarma que tantas facilidades ya proporcionó al actual ejecutivo para mangonear la política nacional con la excusa de la pandemia del Covid 19, con el argumento de que hace falta una ley específica, ad hoc, que le facilite aún más al señor presidente del Gobierno el que se pueda saltar los controles previstos para que, sus decisiones, pudieran ser censuradas, revisadas, controladas y, en su caso, rechazadas por los distintos filtros establecidos por nuestra legislación, parece que ya se ha convertido en una amenaza cierta.

Recordemos las numerosas leyes que se nos han colado mediante la utilización, manifiestamente abusiva, del método del decreto-ley para cuestiones o temas que en nada han estado condicionados o justificados por la necesidad de atacar la pandemia o con todos los otros aspectos que pudieran estar relacionados con la misma. Nace, este proyecto de ley, desde el primer momento en el que se nos ha hablado de ella, con todos los condicionamientos favorables a que se la considere como una cacicada de aquellas a las que nos tienen acostumbrados estos señores de las izquierdas.

Si el PSOE ya se levantó furioso en contra de una ley, a la que se calificó de abusiva, en contra de los derechos ciudadanos y con pretensiones intervencionistas y que fue bautizada, por sus detractores, como “ley mordaza”, cuando lo único que se pretendía era evitar el deterioro del orden público, tan seriamente dañado por las actuaciones de los grupos separatistas catalanes y de los sectores comunistas radicales, empeñados en crear una situación de inseguridad ciudadana que les permitiera sacar beneficios políticos; no sabemos lo que hubieran hecho, dicho o las acciones legales que hubieran emprendido si, en lugar de ser ellos quienes presentaran semejante chapuza jurídica, hubieran sido los de VOX o del mismo PP los que hubieran pretendido aprobarla.

Se parte de la premisa de que, el señor Presidente del Gobierno, queda facultado para tomar decisiones en los casos en los que él estime que puedan constituir una situación grave para el país o concurran unas circunstancias excepcionales que, a su criterio, requieran actuaciones rápidas, contundentes e indiscutibles, de modo que quede en sus manos, sin control alguno, el poder hacer, deshacer, intervenir bienes y servicios, movilizar a personas mayores para los trabajos o cometidos que libremente les puedan asignar sin que, aparentemente, existan límites o excusas de las que se puedan valer aquellos ancianos o enfermos que no estén en condiciones de cumplir con el mandato que se les ha asignado.

Toda la ley está llena de lagunas, imprecisiones, vaguedades e inconcreciones respeto a los procedimientos, los plazos, los términos, las circunstancias y los casos determinados que puedan justificar actuaciones tan protegidas constitucionalmente como los derechos a la propiedad, a la libertades individuales y, por encima de todo, el hecho absurdo de que se le atribuyan a una sola persona, el señor Presidente, unas facultades omnímodas para cuando se den unas circunstancias que, en la mayoría de casos, requerirían unos informes previos de aquellas partes que fueran especialmente expertas en el tema, que pudieran evitar que las decisiones del presidente se hicieran sin el debido respeto a los peligros, circunstancias, efectos secundarios y repercusiones económicas, sociales y políticas que, como ya ha sucedido con el Estado de Alarma, una vez tomadas y realizadas pudieran repercutir de forma grave en lo que serían los intereses del pueblo español, de su economía de su proyección en el resto de la comunidad europea.

Independientemente de lo que pudieran opinar, sobre tal intento totalitario, los tribunales de Justicia o el resto de partidos políticos e instituciones públicas con posibilidades de recurrir el proyecto de ley; es evidente que estamos entrando, a pasos agigantados, hacia un control total de los resortes del poder. Como si quienes están promoviendo estos cambios tan bruscos y tan faltos de una reflexión profunda a cerca de sus consecuencias futuras, se estuvieran dando cuenta de que, si no avanzan rápido, si no fuerzan la marcha y toman el poder cuanto antes lo que puede suceder es que, el pueblo, empiece a darse cuenta de que todo aquello que les prometieron, aquellas mejoras que todavía se han cumplido sobre el aumento de nivel vida e igualdad, en las que tanto insistieron los demagogos ni han llegado ni mucho menos existe la posibilidad de que lleguen porque hay cosas que son imposibles si no se basan en proyectos perfectamente valorados y menos cuando quienes gobiernan no están capacitados ni están preparados para la labor que se les ha asignado y, de lo único que son capaces, es de emplear la demagogia para ir alargando los plazos, una martingala que, evidentemente, tiene unos términos o metas más allá de los cuales, aquellos a los que se les engañó, empiezan a pedir responsabilidades y acaban por levantarse en contra de quienes les tomaron el pelo vendiéndoles unas esperanzas que nunca estuvieron en condiciones de darles.

Y una observación más respeto a lo que, de aprobarse la ley de la que nos ocupamos, sería como la confirmación de que la Constitución ha sido puenteada, que los derechos del pueblo español no se han tenido en cuenta y de que, de lo que se trata en realidad, es de poner en marcha un proyecto de las izquierdas consistente en desmantelar toda la democracia, las ventajas que se han conseguido gracias a ella, para dar entrada, con la supresión de la monarquía y la redacción de una nueva Constitución, en la que los socialistas ya vienen adelantando que lo que quieren es impulsar una “cogobernanza federal” que, como se puede entender fácilmente, lo que propone es cambiar la actual Carta Magna para construir otra a gusto de socialistas y comunistas que, a la vez, suponga darles lo que piden a los separatistas vascos, catalanes y los que puedan surgir en el resto de autonomías del Estado español.

Y ante estas perspectivas no tenemos más remedio que preguntarnos lo que piensan al respeto determinadas personas de las que nos resulta extraño que se hayan encerrando en el mutismo cuando lo que se nos viene encima hasta el más tonto del lugar, ya se está dando cuenta.

Empecemos por la persona de SM el Rey. Es evidente que sus facultades están muy limitadas, que sus posibilidades de intervenir son nulas, pero tampoco se puede evitar que, como un español más, pueda emitir un juicio sobre el estado de España. No olvidemos que es el jefe supremo del Ejército español y el defensor e la nación española. Pero, en la casa real hay quien se dice que manda más que el propio soberano. Ya se le advirtió en su tiempo que los matrimonios morganáticos no eran lo más convenientes para una monarquía. Leticia ha intervenido demasiado en la vida del monarca, ha sido la que ha conseguido dividir a la familia real, una parte de la cual ha perdido esta prerrogativa; sus amistades no son precisamente de derechas y parece que tiene algunos resabios del socialismo.

En fin, que parece que Felipe VI empieza a tener cierto parecido en su conducta con la de su bisabuelo, Alfonso XIII, que se fue de España antes de que se supieran los resultados definitivos de las elecciones de abril de 1931. Un error que, posteriormente, los españoles pagaron muy caro.

El señor Casado, sigue más preocupado por el hecho de las perspectivas electorales y de enfrentarse a cara de perro con VOX, que con intentar agrupar fuerzas, denunciar situaciones de hecho que no tienen perdón de Dios, como las que están teniendo lugar en Cataluña donde, cada vez más, la temeridad de los políticos separatistas es mayor, las presiones contra sus dirigentes se hacen más fuertes e intimidatorias, mientras aquellos que debieran haber continuado en la cárcel y no participar en actos políticos han sido indultados y se mueven por los ambientes parlamentarios y reductos independentistas con la misma facilidad y libertad que cualquiera que no hubiese sido condenado por una falta tan grave, contra España y sus ciudadanos.

VOX y su presidente, el señor Abascal, con ser el más vilipendiado, el considerado como de “extrema derecha” y con el que el PP hace ascos cuando se trata de asociarse, parece ser el único que habla con sensatez, que tiene las ideas claras respeto a lo que muchos queremos que sea España y el que sabe, con prístina certeza, el destino al que nos llevan las izquierdas y el sanchismo si no hay quien los detenga.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, y ateniéndonos a uno de los puntos a los que se refiere la nueva Ley o proyecto de ley de Seguridad Ciudadana, cuando se hace alusión a algo que nos parece increíble y que nos da la verdadera dimensión de cuales son las intenciones totalitarias de estos señores que actualmente ostentan el poder en España. Se trata de que, según dispone esta ley, “los documentos” manejados durante el estado de crisis “quedan excluidos del derecho de acceso a la información pública”.

Es obvio que el Gobierno, que ha estado chalaneando durante toda la crisis con la compra de mascarillas, las devoluciones y todo el merchandising del que los amiguetes del partido han sacado pingües beneficios y, no es difícil pensar, que alguien del entorno gubernamental, también haya tenido su recompensa. Del Ejército ni hablar, ni se le espera ni se le reconoce a no ser como una ONG más.

Es decir que Vd. al que le podrán embargar, privar temporalmente del uso de sus bienes o incluso exigirle que colabore, y no sabemos si además tendrá que participar económicamente, no tendrá derecho a saber cómo se gasta el dinero de sus impuestos ni sabrá si alguien, con cara dura los utiliza para enriquecerse personalmente. ¡Un prodigio de transparencia de la gestión pública!

Y aquí la frase del día, hoy debida a Cayo Julio César: “Nada es más fácil que censurar a los muertos”

Cuba: el escaqueo inaceptable
Cristina Losada. Libertad Digital 27 Julio 2021

En dos entrevistas, una aquí y otra en Estados Unidos, ha expuesto Pedro Sánchez la posición del Gobierno sobre las protestas populares en Cuba y la represión con la que ha respondido, como de costumbre, la dictadura. En realidad, sobre la represión Sánchez no ha dicho nada. Quizá lo haga cuando ya no quede nadie por detener, nadie por juzgar de forma sumaria y nadie por enviar a prisión. Entonces, tal vez, se pronuncie. Por ahora, lo que tenemos por duplicado es la idea de que son muchos los factores por los que se protesta en Cuba, que es como decir: no vayan a pensar que sólo se protesta porque no hay libertad. Y, como segunda y audaz idea, la de que sería bueno que el Gobierno cubano permitiera las manifestaciones e hiciera reformas.

Hay una tercera idea fuerza: la del "camino" que deben encontrar los cubanos, "sin injerencias", para "poder disfrutar de los derechos y libertades". Los cubanos que quieren tener derechos y libertades se encuentran ahora mismo de camino a la cárcel, como tantas veces, pero el Gobierno de España no ha pedido su puesta en libertad inmediata, seguramente porque sería una injerencia descortés en los asuntos internos de una no democracia. De ahí que España no figure entre la veintena de países que acaban de firmar un comunicado pidiendo su puesta en libertad y proclamando que "la comunidad internacional no vacilará en su apoyo al pueblo cubano y a todos aquellos que defienden las libertades básicas que todas las personas merecen". No firma España, porque apoyar a los que piden libertades básicas le parecerá al Gobierno de una audacia tremenda y hacerlo al lado de Estados Unidos, una injerencia espantosa. Ni la admiración por Biden que siente –o sentía– nuestro Gobierno puede más que su deseo de evitarle molestias a la dictadura cubana.

No es España la única ausente de esa declaración, ni la única que practica la no injerencia. Los grandes países de la UE han eludido la iniciativa. La Comisión Europea sólo se ha pronunciado en los más suaves términos sobre las protestas, a través de su alto representante para los Asuntos Exteriores, Josep Borrell. En una comisión de la Eurocámara, Borrell tuvo además el detalle de culpar a Donald Trump de la situación que se vive en Cuba. Ya es una constante lo de culpar a cualquiera y a cualquier factor, menos al régimen cubano y a su política. Es probable que nunca como ahora haya tenido la dictadura castrista tantos aliados, entre las democracias europeas, para culpar a los Estados Unidos de las miserables condiciones de vida que sufre la mayoría de la población.

Ayudar desde fuera a que una dictadura deje paso a una democracia no es tarea sencilla. Se puede discutir sobre cómo hay que tratar a las dictaduras, y si la opción de la sanción y la condena es la más útil, cuando esa vía puede aumentar el padecimiento de la población. Pero si hay una opción inaceptable es la de mirar para otro lado cuando se reprimen protestas y avalar la propia propaganda dictatorial. Esa opción inaceptable es la que han elegido ahora una democracia como España y un club de democracias, como la UE, ante la dictadura cubana. Todo bajo el supuesto de que no conviene echar leña al fuego, y que hay que influir mediante la diplomacia. El resultado de la influencia de la UE en el régimen cubano está, dramáticamente, a la vista.

Colau, una calamidad sin límites
Pablo Planas. Libertad Digital 27 Julio 2021

El proceso separatista ha tapado la decadencia de Barcelona, una galopante carrera hacia la irrelevancia no ya en Europa sino en España. A finales del siglo pasado, la capital de Cataluña adoptó ínfulas de co-capital del Reino, pero fue un espejismo derivado del canto de sirena olímpico. Los alcaldes socialistas que siguieron a Maragall vegetaron mecidos en la inercia de los Juegos del 92, que fueron un éxito a pesar de Pujol, sus hijos y algunos de sus amigos, tres de ellos indultados por Sánchez: Rull, Turull y Forn.

Pero la ruina de Barcelona no es obra del separatismo, que rechaza tener un discurso sobre Barcelona porque le parece una especie de Sodoma y Gomorra llena de charnegos. No, la culpa es de un siniestro engendro llamado Observatorio Desc (por derechos económicos, sociales y culturales), donde en un momento infausto coincidieron personajes como Jordi Borja, modelo de comunista millonario y exteniente de alcalde de Maragall por la cuota del PSUC, Jaume Asens, Gerardo Pisarello, Ada Colau o Gonzalo Boye, el abogado de Puigdemont y Sito Miñanco condenado por el secuestro de Emiliano Revilla y procesado en la actualidad por un presunto delito de blanqueo de dinero procedente del narcotráfico.

La conjunción de semejantes individuos en el espacio y el tiempo degeneró en la elección de Ada Colau como alcaldesa en 2015, tras cuatro años de mandato del nacionalista Xavier Trias, uno de esos productos genuinos de la enfermiza pero supremacista burguesía catalana, un alcalde que fue el hazmerreír de los okupas, manteros y trileros que llevaron en volandas a Colau hasta el Ayuntamiento a las primeras de cambio, con campañas del tipo "Rodrigo Lanza [el pijoflauta chileno que dejó tetrapléjico a un guardia urbano y mató tiempo después a un hombre por llevar unos tirantes con la bandera de España] es una víctima de la mafia policial de Barcelona".

Tras un paso por el Ayuntamiento cuya sustancia consistió en retirar el busto del Rey del salón de plenos, Pisarello y Asens dieron el salto a la política nacional como escuderos de Pablo Iglesias. Ada, no. Ada y sus amigas más zotes se quedaron en Barcelona para seguir al servicio de sus conciudadanos inaugurando plazas por la República, quitándoles las calles a los héroes del 98 por franquistas (sí, como suena y como hicieron con el almirante Cervera, sustituido en el callejero por Pepe Rubianes), expulsando a empresas como la Nissan y promoviendo el modelo circulatorio de Pekín hasta los ochenta, todos en bicicleta, menos ellas, que disponen de una flota de monovolúmenes con los cristales tintados para preservar su intimidad de celebrities de Barcelona tipo Kardashian.

En los seis años que lleva al frente de la ciudad, Colau ha conseguido convertir Barcelona en un inmenso cagadero de perros, capital mundial de los narcopisos, paraíso de patinetes y bicicletas por las aceras, infierno del coche privado, meca de los carteristas, Las Vegas del botellón, del sexo al aire libre, del turismo de borrachera, de los okupas y del comercio, pero siempre que sea ilegal. Y a mayor abundamiento, ha puesto todo su empeño en romper lo poco que funcionaba bien con disparatadas restricciones al tráfico, una señalización en el pavimento que es una especie de homenaje a la decoración torturadora de las checas de la ciudad, unas terrazas para los bares en las zonas de aparcamiento que da grima verlas y la creación de unas supermanzanas cuya principal virtud es que han arruinado el comercio.

Barcelona huele mal en sentido literal, apesta a deposiciones humanas y cánidas, a orines de gato, a aguas fétidas a punto de desbordar las alcantarillas, a sudor y a falta de ventilación. Y es una ciudad insegura, peligrosa, violenta, en la que se dan palizas de muerte a los incautos que llevan relojes caros con tal de arrebatárselos, una ciudad en la que ya no se ven policías ni en coche ni mucho menos a pie, una urbe fallida, quebrada, fracasada, una catástrofe sin paliativos dirigida por una mujer cuya última ocurrencia es la de dar luz verde a un centro municipal de "nuevas masculinidades" para frenar las agresiones al colectivo LGTBI. Ni siquiera pasa por la cabeza de esa señora que si hubiera más policía, o algo de policía, tales agresiones tal vez no se producirían. En fin, una calamidad sin límites.

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Pedro cumple, los demás gritan
Cayetano González. Libertad Digital 27 Julio 2021

Si con esta oposición y con 120 diputados Sánchez hace lo que le viene en gana con tal de mantenerse en el poder, mejor no pensar lo que haría si tuviera mayoría absoluta.

Durante el patético y ridículo viaje que hizo a Estados Unidos la pasada semana, y en el que no hubo ningún contacto político con la Casa Blanca, el presidente del Gobierno no quiso dejar pasar la oportunidad, durante una entrevista con la agencia Reuters, de soltar una de sus perlas marketinianas –no se sabe si herencia del defenestrado Iván Redondo–, por ver si colaba: "Me defino a mí mismo como un político que cumple. Me gustan los hechos. Me gusta hacer. Y, desafortunadamente, la oposición sólo grita", dijo, y se quedó tan ancho, el actual inquilino de la Moncloa.

Claro, sus interlocutores de Reuters quizás no estaban en condiciones de repreguntar e interesarse por esos cumplimientos de Sánchez. Por ejemplo, cuando dijo antes de las últimas elecciones generales que le quitaría el sueño, al igual que a muchos españoles, un Gobierno en el que estuvieran Pablo Iglesias y Podemos. O su promesa de que nunca pactaría con los herederos políticos de ETA, y ahí están ahora los de Bildu entre sus interlocutores preferentes en el Congreso de los Diputados, o los pactos en Navarra para mantener a la socialista Chivite al frente del Gobierno foral.

En cuanto a una oposición que sólo sabe gritar, es una simpleza tal que no merece mayor comentario. No es precisamente el grito o la estridencia lo que caracteriza la labor del principal grupo de oposición, el PP, y de su líder, Pablo Casado, que suele tener intervenciones parlamentarias sólidas y contundentes, dejando al lado su nefasta intervención contra Vox y Abascal en la moción de censura contra Sánchez.

En cuanto a Vox, al presidente de Gobierno lo que le molesta es que haya un grupo en el Congreso –conviene recordar que es el tercer partido político de España– que no tiene ningún complejo a la hora de denunciar alto y claro todos los atropellos que este Gobierno social-comunista está llevando a cabo, intentando controlar y mediatizar al resto de instituciones del Estado. ¿Que los de Abascal lo hacen a veces con una cierta estridencia? Pues que mire Sánchez en su bancada y se fije especialmente en las cosas que dice, y cómo las dice, esa lumbrera del parlamentarismo español que es Adriana Lastra.

Si con esta oposición y con 120 diputados Sánchez hace lo que le viene en gana con tal de mantenerse en el poder, mejor no pensar lo que haría si tuviera mayoría absoluta. Pero las malas expectativas electorales es precisamente lo que ha puesto nervioso al presidente del Gobierno. Sabe que, aunque quedan más de dos años para las elecciones generales, el desgaste que está sufriendo, fundamentalmente por sus pactos con los independentistas catalanes, con los nacionalistas vascos del PNV y con los herederos políticos de ETA, es enorme.

Sabe también Sánchez que, en lo que se refiere a su socio catalán de referencia, ERC, las cosas no van a ser en el futuro nada fáciles, y que las exigencias de "amnistía y autodeterminación", reiteradas un día sí y otro también por el presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, no van a esfumarse, entre otros motivos porque Puigdemont, desde Waterloo, aprovechará para presionar y desgastar a su principal competidor electoral, que no es otro que el partido de Oriol Junqueras.

Y en cuanto al PNV, que ha permanecido agazapado en los últimos tiempos, atento a cómo se iba decantando el pulso al Estado planteado por los independentistas catalanes, ya ha empezado a enseñar la patita para que Sánchez sepa y sea consciente de que también está ahí y de que sus seis diputados son imprescindibles para el presidente del Gobierno.

Ese es el escenario que Sánchez tiene enfrente, y con el que seguirá cavando poco a poco su propia tumba y la del PSOE, donde no hay nadie con la capacidad y el coraje suficientes para detener una deriva suicida para los socialistas y, sobre todo, para España.

Que las urnas los pongan mirando a La Meca
OKDIARIO 27 Julio 2021

El barullo de partidos de izquierda que gobierna -por decir algo- en Baleares pretende suprimir la enseñanza de la religión católica en los centros públicos. El Parlament balear está tramitando una proposición no de ley presentada por Unidas Podemos en la que se insta al Gobierno de la nación a romper los acuerdos con la Santa Sede para eliminar la enseñanza de la religión en los colegios públicos y, al mismo tiempo, el Ejecutivo socialcomunista regional pretende impulsar un plan para ofrecer una asignatura de religión musulmana.

El totalitarismo ideológico de esta gente es así: prohibir la religión católica, la que profesa la inmensa mayoría de los españoles, y apostar por la religión musulmana en las aulas públicas, una demostración palmaria del sectarismo de una izquierda que exhibe una aversión patológica a la Iglesia Católica. Entre el Vaticano y La Meca, La Meca. Más allá del sectarismo que destila la iniciativa, el trasfondo de este surrealista plan de exclusión está en la perversión del concepto de pluralismo y de la interpretación torticera que el socialcomunismo hace del artículo 16 de la Constitución, que declara la libertad religiosa e incluye, por razones obvias, un trato especial con la Iglesia católica. La izquierda no sólo pretende silenciar la realidad social e institucional de la Iglesia en España, sino que en su afán por estigmatizarla es capaz de mostrar mayor sensibilidad y cercanía con la religión musulmana, tratando de colocarla -como pretende ahora el Gobierno socialcomunista balear- por encima de la religión católica.

El Govern ya firmó el año pasado un acuerdo con la Comisión Islámica de España en Baleares para impartir la asignatura de religión islámica en al menos 10 centros educativos, aunque la pandemia retrasó el proyecto. Esta gente tiene un sentido de la libertad y de la democracia que es una amenaza para la convivencia. Quiera Dios que las urnas los pongan mirando a La Meca.


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