AGLI Recortes de Prensa   Lunes 23 Agosto  2021

récord de deuda
Sánchez eleva la deuda 248 millones cada mes: 40 millones más que Rajoy en la anterior crisis
Carlos Ribagorda . okdiario  23 Agosto 2021

Otra medalla de oro para Pedro Sánchez, presidente del Gobierno: récord histórico de la deuda pública. Desde que gobierna, hace tres años, de junio de 2018 a junio de 2021, la deuda española ha subido en 268.000 millones de euros, marcando ya los 1,425 billones de euros, el 122% del PIB. Esto significa que, pese a las críticas que vertió contra el ex presidente Mariano Rajoy durante la anterior crisis, en 2012, Sánchez eleva la deuda a mayor ritmo de lo que lo hizo Rajoy en sus siete años al frente de Ejecutivo.

De acuerdo con los datos publicados por el Banco de España, Sánchez ha elevado la deuda en tres años en 268.000 millones de euros, es decir, en 248 millones de euros cada mes que ha gobernado. En cambio, Rajoy subió la deuda en 420.000 millones de euros, lo que quiere decir que cada mes de los casi siete años que estuvo en el Ejecutivo subió la deuda en 208 millones, 40 millones al mes menos que Sánchez.

Ambos gobiernos han tenido que afrontar una importante crisis económica. Rajoy subió al poder en 2012 con una crisis mundial y un déficit público heredado de José Luis Rodríguez Zapatero cercano al 10%. Reducir la deuda con un déficit del 10% y con una caída importante del PIB -y de los ingresos fiscales- le obligó a reducir gastos, lo que fue muy criticado por Sánchez en la oposición.

Ahora, quien ha tenido que afrontar una crisis mayúscula ha sido el propio Sánchez, con la diferencia de que el presidente socialista se encontró con un déficit por debajo ya del 3% y con un PIB en positivo, creciendo los ingresos tributarios. Aún así, Sánchez ha seguido elevando el gasto, el déficit y la deuda hasta límites récord -olvidando sus críticas a Rajoy-.

Deuda desbocada
Pese a la grave crisis que vive España -y Europa- por la pandemia y la paralización de la economía, Sánchez ha seguido adelante con sus planes de incremento del gasto público, lo que dificulta el control del déficit y la deuda. Las pensiones se pagan de nuevo en función del IPC, y el techo de gasto marcado por el Ejecutivo en los sucesivos Presupuestos Generales es cada vez mayor.

La consecuencia es que España tiene ya un problema grave de deuda, sólo mitigado por el rescate europeo que ya ha empezado a pagar Bruselas a los diferentes países miembro. España ya ha recibido los primeros 9.000 millones de euros, y el Tesoro ha anunciado hace unas semanas que reduce los niveles de emisión de deuda en 2021 en un 20%.

Pero el escenario económico se está empezando a dar la vuelta. La Reserva Federal norteamericana ha anunciado que se plantea seriamente empezar a reducir los estímulos ya este año, lo que confirma que los tipos de interés podrían empezar a subir ya de manera definitiva a finales de 2022 o en 2023. Esto mete presión al Banco Central Europeo (BCE), que también ha señalado que en septiembre tomará alguna decisión sobre su política de compras de deuda.

El BCE es el gran valedor de la deuda española. Ha comprado la mayor parte de los bonos y obligaciones que ha emitido España durante la crisis, y una retirada de su programa de compras elevaría los tipos de interés que tiene que pagar España a los inversores, aumentando el gasto.

Ostras en Valencia mientras Biden destroza Occidente
Miguel Ángel Belloso. okdiario 23 Agosto 2021

He estado unos días de vacaciones en Valencia, la ciudad que puso en el mapa la malograda Rita Barberá y que ahora está destrozando el socialismo con su toque de queda permanente que mata la hostelería, ya dañada por Ximo Puig y su insistencia en los confinamientos.

Voy con la familia al Ostras Pedrín, que es un bar diminuto en la calle Bonaire que nos encanta. Como su nombre indica tomamos unas ostras, y aunque somos patriotas, preferimos las francesas, porque cuando tomas las gallegas tienes siempre la impresión de tragar una flema.

Hablamos de política y de las cosas que escribo al respecto. Mi hijo mayor, aunque apenas me lee, dice que soy muy radical y que debería moderarme. Augusto, mi compadre, también piensa que debería apretar el freno, y eso que es marqués y que siempre ha vivido en el barrio de Salamanca de Madrid. Benito Arruñada, que es un intelectual al que respeto mucho, opina que cuando contengo los adjetivos resulto más eficaz. De este me fio. De la familia y de los amigos no.

Trato de responder diciendo que no hay motivo para la moderación y el centrismo cuando tienes un presidente del Gobierno con una mayoría parlamentaria precaria soportada por unos talibanes que quiere construir un país inclusivo, feminista, ecologista, y falsamente cohesionado. Y que aparece con traje y alpargatas en televisión.

El caso es que estamos tomando unas ostras francesas acompañadas de champagne mientras el mundo se hunde irremisiblemente después de la toma de Kabul, que tendrá unas consecuencias catastróficas para la Humanidad. Es el fin de un ciclo, de una época, el término del orden liberal tal y como lo hemos conocido hasta la fecha.

La retirada apresurada de las tropas americanas de Afganistán, el dominio casi instantáneo del país por los talibanes, deja claro que Estados Unidos ha dejado de ser un socio fiable para la comunidad internacional, y que en adelante ya no será el gendarme de la libertad que todos hemos conocido hasta la fecha. El fiasco de Biden es terrorífico para la OTAN, es letal para la India, para Taiwán, para Australia, y es una inyección de adrenalina para todos los enemigos de Occidente como Rusia y sobre todo China.

Biden, ese presidente que fue acogido como un liberador, ha demostrado ser el líder senil que algunos presumíamos, incapaz de estar a la altura de las circunstancias. Ha dejado muy claro que Estados Unidos no está dispuesto a mover un dedo por nadie. Y que ya no tolera más soldados muertos por causas que antes le parecían colmadas de grandeza pero que repentinamente se han convertido en menores.

Toda la intervención de Biden en Afganistán ha provocado espanto entre los aliados, aunque no lo digan. Se le tenía, como ha sido tradicional entre los demócratas, por un internacionalista, a diferencia de Trump. Ha resultado lo contrario.

Yo he sido ‘trumpista’ siempre. Una vez, hablando con el consejero delegado de una empresa importante, me dijo: “Si pierde las elecciones generales estamos aviados”. Jamás reconocería en público estas palabras. Pero me las dijo. Se refería a la guerra mundial que se libra en estos momentos, que más allá de Afganistán, tiene lugar en todo el planeta, y que se ha exportado desde Estados Unidos. Se llama guerra cultural, y tiene que ver con los principios y los valores hasta hace un tiempo dominantes. Con el avance imparable del progresismo, de lo políticamente correcto, de la protección descarnada a las minorías raciales o de género, y finalmente con la determinación de socavar los tres pilares sobre los que se construyó el mundo clásico y el más próspero: la filosofía griega, el derecho Romano y la religión católica.

Actualmente en Francia tres millones de musulmanes visitan con frecuencia la mezquita mientras sólo dos millones de católicos van a la Iglesia los domingos. Los índices de natalidad occidentales son dramáticamente bajos mientras los musulmanes tienen normalmente familias numerosas. Los vientres funcionan y la fe mueve montañas. Pero ni los americanos ni los europeos tienen hijos con el añadido de que han perdido cualquier clase de determinación para defender los valores y las causas que los hicieron grandes y que han construido la sociedad más próspera jamás conocida.

La guerra cultural está definitivamente perdida con Biden -sólo la podía combatir Trump- y la militar, probablemente también. Los talibanes instaurarán el régimen genocida en el que creen y exportarán el terrorismo, aquel que comprobamos en las Torres Gemelas o en Madrid, Barcelona y otras capitales europeas. A diferencia de los occidentales, ellos no tienen reloj, ellos disponen de tiempo, que es el que han empleado en Afganistán para derrotar a Estados Unidos por desistimiento. Todo la reputación, el prestigio y la autoridad que tenían los americanos ha saltado por los aires desde que han salido de Kabul como gallinas. Como los españoles de Irak con Zapatero. Han hecho un soberano ridículo, pero esta consideración es una frivolidad. Es algo mucho peor, que tendrá consecuencias nocivas para nuestros hijos y nietos.

Cuando se pierde una guerra, como la que hemos perdido nosotros, lo normal es que se abra un periodo de crisis y de reflexión, pero no parece que esto esté sucediendo ni en América ni en Europa. Desde luego, Rusia o China no van a desaprovechar la oportunidad que les han brindado en bandeja. Llevamos camino, como mínimo en Europa, de convertirnos en un parque temático. Y así lo demostramos mi familia y yo mismo aquí en Valencia tomando delicias en el Ostras Pedrín, ajenos a cualquier noticia perturbadora. ¿Cómo no se puede ser radical en estas circunstancias? A mí me parece que se debe, a pesar de lo que piensen mis hijos. ¿Y a usted?

Uno a uno
Enrique García-Máiquez. https://gaceta.es 23 Agosto 2021

Como se nos está explicando muy bien, el desmoronamiento de la misión americana y europea en Afganistán ha sido estrepitoso. Tiene consecuencias humanitarias, estratégicas y económicas difíciles de exagerar, además del hundimiento del prestigio de Occidente, que, según muchos analistas, supondrá a medio plazo más repercusiones y peores.

En la hora más oscura, sin embargo, brillan los ejemplos de lo que puede y debe ser nuestra salvación. Se ha comentado mucho, y todavía es poco, el gesto del embajador Gabriel Ferrán Carrión. Llevaba varias semanas cesado ya por Pedro Sánchez, pero, aun así y a pesar del peligro evidente y del caos reinante, decidió no subirse al A-400M del Ejército del Aire en el primer vuelo de vuelta a España. Se quedó al frente de la evacuación de los cientos de afganos que, de una manera u otra, han trabajado con los españoles y que corren, por eso, un serio peligro de muerte. Dejarlos abandonados hubiese sido una villanía de la peor calaña. Puede que burocráticamente lo fuese sólo a medias y en funciones, pero el embajador lo era plenamente de España en un sentido moral, pues guardaba la dignidad de la nación que representa. De un modo análogo a como en Hungría Ángel Sanz Briz y tantos otros de nuestro servicio diplomático de entonces durante la II Guerra Mundial salvaron a miles de judíos de la persecución nazi, y el honor de España.

Ferrán Carrión ha escogido ser el último en abandonar el barco, negándose a hacerse un capitán Concordia, despreciando la justificación de que no estaba ya oficialmente al mando. Ha sobrepasado algo que es tan meritorio como el cumplimiento del deber. Ha obedecido a la voz de su conciencia. Es un matiz esencial. El jefe de Estado Mayor de la Defensa, Teodoro E. López Calderón, en una entrevista con el diario ABC el 21 de agosto concluía hablando de que los españoles somos solidarios «por la educación que recibimos en nuestras casas». Es una manera (en voz menor) de remitirse (con mucha intención) a imperativos superiores (a las órdenes oficiales), y que entran en el universo de la ética (y de la tradición).

Por supuesto, no lo han hecho solos ni el embajador ni el JEMAD; y, con el primero, se han quedado 17 agentes españoles del Grupo Especial de Operaciones (GEO) y de la Unidad de Intervención Policial (UIP), y a las órdenes del segundo han participado en las labores de rescate 110 militares, que merecen también nuestro reconocimiento.

El mejor a todos ellos no son estas palabras ni ningunas, sino la emulación. Estaría bien que cada uno identificase dónde estriba su cumplimiento del deber y más allá. Será su contribución personal a sostener la línea contra el desmoronamiento. Lo normal es que su labor no sea pública y notoria, como no lo son los nombres de los 17 policías ni de los 110 soldados y como tampoco lo era el nombre de Gabriel Ferrán Carrión hasta ahora. Ya Rafael Vázquez-Zamora nos advirtió de que «tan difícil es descubrir entre nosotros al verdadero héroe como es fácil estimar sobrehumano a cualquier estúpido», y eso que lo escribió en 1937, antes de esta sobredosis del postureo mediático. Por suerte, ahora lo hemos visto claro.

Aprovechemos esta repentina e inesperada claridad para cumplir con nuestra misión, aunque no relumbre. Jorge Luis Borges escribió un poema titulado «Los justos» donde habla de las personas íntegras («un hombre que cultiva un jardín […] El ceramista que premedita un color y una forma. Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada […] etc.], «esas personas —concluía— están salvando el mundo».

La hora es oscura no sólo en Asia Central y tenemos que examinar nuestras conciencias por si nos estamos quedando o no hasta el final en nuestros puestos (en la familia, trabajo, vocación, entorno, etc.). Las circunstancias requieren un celo especial de cada uno. El embajador nos representaba a todos también por lo que representa de exigencia y aldabonazo.
******************* Sección "bilingüe" ***********************


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