AGLI Recortes de Prensa   Martes 24 Agosto  2021

El drama creciente que se esconde tras el incremento de la deuda pública
José María Rotellar. Libertad Digital 24 Agosto 2021

El Banco de España ha publicado la actualización de la deuda de las Administraciones Públicas (AAPP) correspondiente al pasado mes de junio. Se produce un ascenso de la deuda en valores absolutos de 23.478 millones entre mayo y junio. Es cierto que la cifra más fiable es la definitiva a fin de año, porque a lo largo del mismo puede haber emisiones de refinanciaciones que todavía no hayan vencido y que sí se amortizarán en los próximos meses -por eso, alguno de estos meses hubo alguna bajada- pero lo relevante es la tendencia, y ésta marca que la deuda sigue creciendo exponencialmente de manera preocupante.

La deuda supera ya con creces los 1,4 billones de euros, que supone el 117,90% del PIB español sobre la estimación de crecimiento de PIB nominal del Gobierno (un 7,8% en 2021) a partir del dato de cierre de 2020, publicado por el INE. Aunque es obvio que en cuanto se inicie la recuperación el efecto del denominador derivado del crecimiento del PIB mitigará el cociente, como vemos al utilizar el dato de previsión del año (1,209 billones de euros), si empleamos la suma de PIB nominal de los últimos cuatro trimestres (III y IV de 2020 y I y II de 2021), ese PIB nominal se sitúa en 1,164 billones de euros, que nos llevaría a una deuda ajustada al mismo período del 122,46%.

Si tomamos la deuda de final de 2020 (1,345 billones) y le sumamos el 8,4% del PIB que prevé como déficit el cuadro macroeconómico del Gobierno (equivalente a 101.563,59 millones de deuda más sobre el PIB nominal estimado por el Gobierno para 2021 en la actualización del programa de estabilidad de abril de este año), la previsión de deuda absoluta para el cierre de 2021 es de 1,447 billones de euros, equivalente a un 119,69% del PIB.

Lo decimos mes tras mes e insistíamos la semana pasada: parece haberse instalado en España la sensación de que el gasto no es un problema, sino que éste se soluciona con impuestos y si la recaudación de éstos no basta, se cubre con deuda. Los gestores políticos no se paran a pensar que la subida de impuestos genera distorsiones en la economía -y, además, cuando los suben lo hacen en los impuestos directos, que son los que más perjudican a la actividad económica y al empleo, cuando, aunque lo preferible es no tener que subir ningún impuesto, de tener que incrementar alguno, lo neutral desde el punto de vista económico sería bajar mucho los directos y las cotizaciones y elevar indirectos-. Tampoco quieren caer en la cuenta de que el endeudamiento tiene un límite, que estamos sobrepasando ya de manera muy importante, por mucho paraguas que tengamos de la eurozona. Nada los frena, pues sólo quieren prometer, en todos los ámbitos, más y más medidas que no nos podemos permitir por la sencilla razón de que el gasto que suponen no lo podemos pagar. Es repetitivo sobre lo afirmado cada mes, pero es necesario hacerlo, porque el Gobierno parece no querer darse cuenta o piensa que todo lo resolverá la UE.

Esa tendencia, que tiene su base en esa presión del gasto que es cada vez mayor en España, sitúa a la economía española en una posición compleja, pese a haberse aprobado el plan de recuperación para que los fondos reembolsables procedentes de Bruselas comiencen a llegar. Ahora bien si los fondos tardan en recibirse en toda su cuantía -y ya ha habido una merma en lo que será el primer desembolso, que supone, así, sólo el 13% del total, que está pendiente del cumplimiento de los compromisos en materia de reformas- y las iniciativas comienzan a ejecutarse con déficit y deuda, corremos el riesgo de que se aproveche para, después, no amortizar esa deuda provisional y ejecutar gastos adicionales.

Como ya hemos dicho en anteriores artículos, tanto la caída de la actividad como el incremento del gasto y, con él, del déficit y de la deuda, no puede atribuirse en exclusiva a la situación excepcional que se vive derivada del coronavirus. Es obvio que el impacto de la pandemia en la economía es muy notable, sobre todo porque el Gobierno decidió cerrar completamente la actividad económica por no haber tomado unas precauciones tempranas, como cerrar en enero las fronteras con China, y porque ahora ha abandonado por completo a la economía a su suerte, pues su política económica es inexistente, salvo la del gasto desmedido. Ahora bien, antes de la enfermedad, la economía ya se ralentizaba de manera cada vez más intensa y el gasto no dejaba de crecer de forma rápida.

Como hemos venido recordando mes tras mes, con las medidas de los reales decretos de los viernes se comprometió gasto estructural por cerca de 10.000 millones de euros, en lugar de adoptar medidas de austeridad que hubiesen permitido tener una mayor capacidad de maniobra ante un retroceso económico, fuese uno como el presente o de menor intensidad, como se preveía.

La pequeña reducción del cociente de deuda sobre el PIB que se había producido hasta entonces, saltó por los aires. Con una deuda cercana al 100% del PIB pero que había logrado ir descendiendo gracias al impulso del crecimiento económico -pues la deuda en valores absolutos seguía aumentando, al mantenerse las cuentas públicas en déficit cada año- el Gobierno tomó la arriesgada decisión de expandir el gasto de manera temeraria.

Ahora vemos las consecuencias de ello: una deuda creciente, que ha pasado del 97,6% con el que cerró 2018, al 95,5% del cierre de 2019 y que ahora se eleva al 119,69% de previsión de cierre de 2021, según los datos de deuda del Banco de España y la previsión de crecimiento del PIB nominal del ministerio de Economía plasmada en escenario macroeconómico.

Todo ello, nos lleva a que desde que gobierna Sánchez la deuda se ha incrementado en 268.283 millones de euros. Durante el primer año, aumentó en 38.688 millones, y al cabo de treinta y siete meses de mandato el incremento es de casi 270.000 millones de euros.

Así, si durante el primer año creció la deuda por persona en 828,03 euros, en los tres años de mandato de Sánchez la deuda por persona ha aumentado en 5.654 euros, casi siete veces el incremento del primer año.

O visto de otra manera: en el primer año, la deuda se incrementaba a un ritmo de 105,99 millones de euros al día. Ahora, tras tres años de Gobierno de Sánchez, la deuda crece 238,26 millones de euros cada día, que se ve disparado en el mes de junio, pues en esos treinta días la deuda aumentó en 757,35 millones de euros al día.

De esa manera, nos encontramos con un incremento exponencial del gasto, una caída de la recaudación y un descenso notable del PIB. Todo ello, hará que la deuda española se sitúe este año entre el 115% y el 120% del PIB, dependiendo de cuál sea la intensidad final del movimiento de PIB y del déficit en 2021.

Urge un ajuste importante que sitúe a nuestra economía en el nivel de gasto que se puede permitir. Nada es gratis y todo se financia con los impuestos que pagan los contribuyentes, pero esos recursos son finitos y los ciudadanos están ya extenuados, en medio de una grave crisis económica, que reduce aún más su poder adquisitivo. Es imprescindible acometer reformas que nos permitan aumentar el crecimiento potencial de nuestra economía y que éste sea sostenible, no sostenido artificialmente. O se logra hacer eso o el drama será mucho peor cuando se vea que no se puede afrontar tanto gasto, porque entonces el recorte habrá de ser mucho más intenso. No nos cansaremos de repetirlo mes tras mes, aunque con ningún éxito, como los datos muestran un mes más.

El Gobierno incentiva peligrosamente el gasto autonómico
José María Rotellar. okdiario 24 Agosto 2021

El Gobierno de la nación debería reformar el Sistema de Financiación Autonómica (SFA), para lo cual debe evaluar la situación real del coste de los servicios que prestan las comunidades autónomas por las competencias transferidas, analizar cómo están de financiadas unas regiones y otras, abandonar el statu quo -salvo que el coste real de los servicios sea mayor- que se ha convertido casi en ley, que hace que el punto de partida de la financiación de cada región en un nuevo sistema sea lo que recibía en el anterior, de manera que ninguna pierde recursos, y aportar de forma permanente desde la Administración General del estado, si es que la evolución de la necesidad de las prestaciones así lo muestra, recursos adicionales al sistema, pero de forma que queden bien establecidos los parámetros de financiación, sean claros, transparentes, se eliminen fondos enrevesados y trampas para perjudicar a algunas regiones.

En lugar de eso, está llevando a cabo una política muy peligrosa, que no es otra que la de dar rienda suelta al gasto autonómico por una múltiple vía: fondos de recursos no reembolsables, como los que hubo en 2020 y como los que también hay en 2021, con criterios cambiantes a mitad de ejercicio, como este año con la distribución del equivalente del 1,1% del PIB, que ahora se va a repartir por el criterio de población ajustada en lugar de por el peso en el PIB, generando un objetivo de déficit asimétrico; objetivos de estabilidad suspendidos, pero con un índice de referencia sobre el que tampoco es que se realice un gran control, con los mecanismos adicionales de financiación preparados por si hubiese que emitir deuda de alguna región, como el Fondo de Liquidez Autonómica (FLA) o el Fondo de Facilidad Financiera (FFF); la inflada previsión de ingresos en las entregas a cuenta de 2020, 2021 y 2022, sobre todo, en los dos primeros años, donde no se ha ajustado la evolución de la recaudación prevista en dichas entregas, aplazando el ajuste de las comunidades autónomas; y, lo último, y ligado a lo anterior, la condonación de los 3.900 millones de euros de las liquidaciones negativas de 2020, anunciada el pasado mes de julio, de manera que se envía una señal equivocada a las regiones y a los agentes económicos, porque no se intenta ir recuperando la senda de la disciplina presupuestaria para cuando regresen los objetivos de estabilidad, sino que se genera un incentivo al incremento de gasto.

¿Qué sucede con todo ello? Que las comunidades autónomas no realizan ningún ajuste y que una gran parte de ellas va a utilizar esos ingresos para financiar créditos presupuestarios de gasto que se convertirá en estructural en un 90% de los casos cuando menos. Una cosa es que se respondiese con un gasto adicional para combatir la situación derivada de la pandemia, y otra muy distinta es que se consolide ese nivel de gasto que no se pueden permitir las administraciones públicas.

El año 2022 es el último ejercicio completo previo a las elecciones regionales de mayo de 2023. ¿Creemos, de verdad, que se van a hacer grandes ajustes en los presupuestos para entonces? En 2022, seguro que no, pues el Gobierno acaba de perdonar los 3.900 millones de las liquidaciones negativas de 2020, antes comentado. ¿Y para 2023? Se hace difícil pensar en un ajuste en los presupuestos regionales para dicho año, pues los presupuestos de ese ejercicio habrá que aprobarlos antes de que termine 2022. Siendo las elecciones en mayo de 2023, no creo que las comunidades autónomas -salvo alguna posible excepción- vayan a ajustar su presupuesto -es decir, reducir el gasto superfluo en el que se haya incurrido en los años previos con el festín incentivador del gasto promovido por el Gobierno de la nación-, ya que, siguiendo la Teoría de la Elección Pública, el político busca maximizar votos y, al jugar con la ilusión fiscal, considerará que le resulta muy rentable anunciar nuevas actuaciones de gasto.

Por eso, es triple la irresponsabilidad del Gobierno: por un lado, porque él mismo, como Administración General del Estado, no controla ni disminuye su gasto; por otro lado, porque, con esta actitud, incentiva el gasto de las comunidades autónomas, que después será de difícil disminución por todo lo anteriormente descrito; por último, como garante del saldo presupuestario global del Reino de España ante nuestros socios de la UE, porque de esta manera es el camino más rápido hacia el incumplimiento en cuanto retorne la aplicación de los objetivos de estabilidad y, en cualquier caso, es ahondar en la senda de la deuda estratosférica, situada en unos niveles sobre el PIB noventa puntos superior -del 35% al 125% del PIB- respecto a su cifra de hace sólo 14 años. No se puede seguir así, y el Gobierno debería ser el primero en disminuir su gasto, hacer que las comunidades autónomas disminuyan el suyo y trabajar, así, para reducir la deuda y retornar a la senda de estabilidad, pero, peligrosamente, hace todo lo contrario.

Aviso al Gobierno: fin del verano
Editorial ABC  24 Agosto 2021

Al mes de agosto le queda una semana y esto significa que las familias españolas van a volver a su realidad cotidiana. Se acabará entonces el placebo de las fotografías del presidente Sánchez con niños afganos en la base aérea de Torrejón de Ardoz o rodeado de tierra quemada en Ávila. Terminará la tregua del verano y empezará de nuevo -o seguirá- el día a día de los españoles con sus facturas de la luz disparadas, lo mismo que las del gas y las de la gasolina. Fuera de las energías, suben bienes esenciales de consumo como el aceite, las frutas, los huevos y tan habituales como las bebidas azucaradas, todos por encima del IPC y algunos incluso por las nubes. La inflación sigue su vuelo y el fin de la temporada turística se reflejará en la tasa de desempleo y de cotizantes a la Seguridad Social. No es catastrofismo sino descripción de la realidad sobre la que patina el Gobierno, resignado a su propia incapacidad para frenar el deterioro de las economías de las familias y de los autónomos. Más allá de algún chiste prescindible, como el de la ministra Teresa Ribera sobre Putin y el suministro de gas a Europa, del Ejecutivo no se ha oído en estas últimas semanas una declaración política seria o una iniciativa audaz para frenar la escalada de precios. El único debate -si así se le puede llamar- que se ha suscitado en el seno del Ejecutivo ha sido promovido por Unidas Podemos con su previsible e inútil propuesta de crear una empresa eléctrica pública. No parece que el ascenso de la ministra de Economía, Nadia Calviño, a la vicepresidencia primera haya tenido efecto positivo en el discurso y la acción del gabinete. Al revés, su ausencia acentúa la imagen de fracaso en la dirección de la economía nacional y que todo se apuesta, con confianza ciega, a la taumaturgia de los fondos europeos, recibidos con tanta ansiedad que parecen el salvavidas de un rescate de España por Bruselas en toda regla.

Fuera de las polémicas ideológicas y del intervencionismo partidista y ético del Gobierno en las instituciones públicas y en la sociedad, no hay rastro de una acción política eficaz en los grandes problemas del país. Sánchez vive al día y no ofrece un proyecto para el resto de legislatura en el que se puedan reconocer iniciativas y medidas para hacer frente a la crisis. España navega sin rumbo como país, a expensas de las decisiones que el presidente toma para ganar días a su mandato. El enfrentamiento entre los partidos de la coalición -PSOE y Unidas Podemos- sobre cuestiones esenciales de la política económica puede verse como un baile de disfraces para aparentar unas diferencias que vienen bien a ambos, pero también puede ser visto como la irresponsabilidad de un Gobierno sin criterio para tomar decisiones efectivas en beneficio de las economías domésticas, tan frágiles ahora que se agudizan los efectos de la pandemia.

Los socialistas deberían acordarse de mayo de 2010, cuando Bruselas y los mercados internacionales forzaron a Zapatero a desmantelar su política de gasto, deuda y déficit como umbrales de una recuperación que privó al PSOE de La Moncloa y a España le exigió sacrificios cuyos efectos aún se sienten. Llegar tarde a las crisis económicas en España cuesta mucho más que en otros países y si al Gobierno tanto le preocupan los más desfavorecidos, debe tener en cuenta que la escalada de precios se ceba con ellos precisamente y que cada año hay menos clase media para soportar sacrificios en las nóminas para subir la recaudación de impuestos.

Contradicción. El Gobierno nos dice que avanzamos, mientras retrocedemos
“A veces tus promesas se convierten en tus problemas”, Amit Kalantri
Miguel Massanet. diariosigloxxi 24 Agosto 2021

Somos un país de contradicciones. Pedimos que nos traigan inmigrantes de Afganistán, en tanto no sabemos dónde meter a los que nos llegan por Canarias o por Ceuta. Nos empeñamos en aparecer como los buenos samaritanos de Europa, acogiendo a cualquiera que se nos cuele de fuera, mientras en España no conseguimos que el desempleo baje de cifras que, por supuesto, son superiores a las del resto de naciones europeas. Cataluña abre los brazos a los menores (menas) que introdujeron en Ceuta los soldados marroquíes y no es capaz de darles trabajo a los que tiene en sus casas de acogida y que, cuando llegan a la mayoría de edad, son expulsados para que se ganen la vida como puedan. Hipocresía, más hipocresía y vergonzoso engaño al pueblo español por parte de nuestros gobernantes y de quienes, mientras exigen subvenciones, más dinero, infraestructuras millonarias y más traspasos de competencias, entre ellos el de la Justicia, cuando siguen reclamando, en la mesa mixta Estado-separatistas, con exigencias que el gobierno español vaya cediendo, paso a paso, hacia la independencia de esta parte del territorio español, con la complicidad y desvergüenza propias de un Gobierno que no le importa trabajar a hurtadillas para favorecer a los catalanistas mientras con ello, con su torpeza y desprecio por la Constitución española, van convirtiendo España en una más de las sucursales del comunismo bolivariano que preside Cuba y el señor Maduro de Venezuela.

Mientras la vicepresidenta, señora Calviño, sigue empeñada en adoctrinarnos con una sonrisa beatífica, como la de aquellas maestras entrañables de nuestra niñez, que, con paciencia y buenos modales, nos aleccionaban para que fuéramos buenos niños y aceptáramos sin rechistar sus consejos, por muy absurdos e inconvenientes que nos parecieran. Si, esta misma señora, hace unos pocos meses ya vaticinó que estábamos en el buen camino cuando la epidemia del virus se encargó de tirar abajo sus pronósticos y ahora, cuando el recibo de la luz irrumpe, como una nueva amenaza que añadir a la del Covid 19, entrando a saco en nuestras economías domésticas y poniendo en un brete la competitividad de nuestras industrias; ella, sonriente, cariñosa y condescendiente nos dice que todo va bien y que vamos por el buen camino para recuperar el terreno perdido.

Un país en el que la lucha en contra de la pandemia se ha convertido en un caos, un seguido de incongruencias, un melting de competencias no definidas y un “aparta de mi este cáliz” para cualquier autoridad a la que se le pida que tome a su cargo la lucha y las medidas para enfrentarse a la pandemia. Una nación en la que se les encomienda a los jueces que decidan sobre lo que conviene hacer en el caso de luchar con eficacia sobre el contagio masivo del virus y se pone al frente de la información al pueblo a un señor que no duda en engañarnos respecto al uso de mascarillas, en cuando a la peligrosidad para el pueblo español de la epidemia que, según él, era escasa ( las cien mil muertes que llevamos registradas nos pueden servir de referente para juzgar sus predicciones) y al que no le importa hoy decir una cosa y desdecirse al día siguiente. Y a este tipo se le felicita y se le mantiene en su puesto de portavoz.

Un país en el que primero se habla de la competencia de cada comunidad para la lucha en contra del coronavirus, después, por conveniencias políticas del señor Sánchez, se decide que se decretará un estado de Alarma ( que el TC ha declarado inconstitucional) para unificar la acción y ponerla en manos del Gobierno pero, acto seguido, este mismo gobierno que buscaba una unidad de acción, decide delegar en cada comunidad para que hicieran lo que, evidentemente, el estado de alarma quería evitar y es que “cada maestrillo aplicara su librillo”, con el desconcierto y el caos consiguiente a una decisión tan absurda. Pero, entre tanto se dilucida sobre si la medida del gobierno fue acertada o no, el señor Sánchez y su equipo han seguido promulgando leyes que nada tenían que ver con el estado de alarma decretado y que han afectado a una serie de temas de índole política de marcado carácter izquierdista, que han sido tramitadas por el procedimiento de urgencia, mediante decretos-ley, cuando lo corriente, lo normal y lo que se debiera de haber hecho hubiera sido que se tramitaran como proyectos de ley mediante su debate en el Parlamento de la nación, donde la oposición hubiera podido hacer valer sus argumentos y, el pueblo español, hubiera tenido la oportunidad de juzgar por si mismo si aquellas leyes eran procedentes o no.

Un país en el que el endeudamiento, una de las medidas que determinan el grado de saneamiento de la política económica de una nación, está traspasando los límites de lo que se pudiera considerar como prudente, incluso en el caso extraordinario de que, como ha permitido la UE, se diera permiso para poder endeudarse más a causa del impacto económico causado por elCovid 19,cómo se puede entender que, aparte de anunciarnos que, a partir del próximo invierno, se van a aumentar los impuestos para poder atender al aumento del gasto público al que se comprometió nuestro ejecutivo, cuando anunció un salario base para todos los españoles, un aumento del salario mínimo que ahora, la ministra de Trabajo, señora Díaz, ya está reclamando que se vuelva a aumentar amén de una serie de subvenciones a todos aquellos colectivos que el PSOE quiere promocionar entre los cuales, como es evidente, está el de los independentistas catalanes que, a través de su mesa de diálogo, ya están reclamando para que lo que reciban sea superior a lo que se les asigne al resto de comunidades de la nación española en virtud de no se sabe muy bien que tipo de presuntas deudas de España con ellos.

Pero, como no se puede ocultar, estos despilfarros, cuando no van acompañados de una situación económica desahogada de la nación, cuando la producción industrial no corresponde al esfuerzo fiscal que se les pide a las empresas o cuando las plantilla no se pueden adecuar a las necesidades de personal de cada momento, según sean susprecisiones de empleo; entonces, señores, lo que sucede es que los impuestos no bastan y las aportaciones de las emisiones de deuda pública se hacen cada vez más perentorias, una situación que, aunque en la actualidad los intereses son muy reducidos, debidos a loa intervención del FMI, puede suceder que, como ya se ha anunciado, la política de esta organización financiera varíe y se reduzca la compra de la deuda pública de las naciones, con lo cual se puede poner en serios aprietos a aquellos gobiernos que vienen confiando en que nunca se les acabará la posibilidad de endeudarse y que, en consecuencia, fíen en que las posibilidades de endeudamiento, por muy alto que sea el déficit nacional, seguirán alimentando el dragón de las siete bocas representado, en esta caso, por el erario público.

Es posible que el engreimiento, la egolatría, la tiranía que el señor Sánchez viene ejerciendo sobre sus ministros y colaboradores, le impida, le retrase, le distorsione el enterarse de la realidad económica, social, financiera, laboral, industrial, energética y temperamental, permítaseme la palabra, delos españoles, estresados, soliviantados, disgustados y desconcertados por los vaivenes de un ejecutivo que no para de contradecirse y que, ha prometido, en tan poco tiempo, tantas cosas que ya hay muchos ciudadanos que están reclamando que cumpla sus promesas ya que, en caso contrario, puede llegar la decepción, el pedir cuentas y el reclamar que las políticas que anunció, cuando se promocionaba para ser elegido presidente del gobierno, se hagan efectivas sin que le valga como excusa que han sucedido cosas que le han impedido cumplir con sus promesas, como la de tener completamente a salvo y vacunados, a un 70% de los españoles en fechas que ya han pasado y, los últimos datos nos dicen que, a pesar de la diligencia con la que se viene vacunando, apenas hemos llegado al 60%.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, el que se nos diga que la Deuda Pública ha alcanzado ya el 122,1% del PIB, llegando al máximo histórico de 1,42 billones de euros, con la particularidad que desde el mes de junio del 2020 se ha incrementado en la impresionante cifra de 134.607 millones de euros, un repunte del 10,4%; no nos liga con el optimismo con el que, el gobierno, intenta calmar los ánimos del pueblo español y las cifras de quiebras, cierres y desempleo, aunque hayan mejorado algo por el tema de la estacionalidad, habrá que esperar al final del verano para poder ver lo que va a ocurrir cuando el turismo, menor en cuanto al número de extranjeros que nos han visitado si bien, el de españoles, haya aumentado respecto al turismo interno. Sin embargo, desde los medios turísticos ya se ha anunciado que en el mejor de los casos la cifra no pasará del 50% de lo esperado. Y una frase memorable de Baltasar de Gracián: “Es tan difícil decir la verdad como ocultarla”.

Terremoto fuerza cien con epicentro en Kabul
Fernando Sánchez Dragó. https://gaceta.es/ 24 Agosto 2021

«En el Oriente se encendió esta guerra / cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra»… Así definió Borges el ajedrez en uno de sus sonetos. Esos dos endecasílabos valen también para encabezar la crónica de lo que ya ha sucedido y va a seguir sucediendo en Afganistán.

¿Querían globalización los maricomplejines y mariconcetes de Washington, Silicon Valley, el Pentágono, la OTAN, Naciones Unidas, Bruselas y la Moncloa? Entre otros, claro (y otras… Faltaría más. Lenguaje inclusivo). ¡Pues toma globalización!

Ha bastado, como diría el sabio taoísta, el aleteo de un puñado de kalashnikovi en la accidentada orografía de un país sin más peso que el del valor de sus guerreros y el vigor de sus cojones para que el mundo se venga abajo ‒o arriba, según se mire‒ en todos los rincones del planeta. Cuando un talibán estornuda en el paso del Khyber, el presidente de la nación más poderosa (¡ja, ja!) del planeta pilla una pulmonía.

El jaque mate de la guerrilla talibán, pues guerrilla es, socava lo que Ken Follet llamaría los pilares de la tierra.

Jaque, por cierto, es expresión de origen persa filtrada a través del árabe. Viene de sha (rey, jefe, zar o jeque). Y guerrilla es uno de los hispanismos, junto a degüello, que se ha infiltrado en la práctica totalidad de las otras lenguas. ¿Casualidades o causualidades?

El mundo patas arriba. Graznan los gansos y las ocas del Capitolio. El Imperio está en manos de un Odoacro aquejado de senilidad y, probablemente, de imbecilidad congénita. Con Trump estas cosas no pasaban. China y Rusia se frotan las manos y preparan el cuerno de la abundancia para recoger los frutos de una victoria en la que ninguna de esas dos naciones ha tenido que disparar un solo tiro. Los talibanes, a decir verdad, tampoco han disparado muchos. Quizá lo hagan a partir de ahora, pero no en el campo de batalla, sino en las cunetas, en la nuca o frente a los paredones. O no, porque todo su monte es ahora de orégano. El régimen títere del Presidente fugitivo se ha desmoronado ante ellos como un terroncillo de azúcar y se ha esfumado como una bocanada de opio. Ése que alimenta, en aras del estúpido prohibicionismo impuesto urbi et orbi por la CIA, uno de los dos mayores supermercados de narcotráfico existentes en el mundo. De él procede la financiación del terrorismo yihadista y el de la barra libre de metralletas. Occidente cosecha lo que ha sembrado.

Que el rey iba desnudo lo sabíamos todos, pero faltaba el niño inocente, marisabidillo y metepatas que se atreviera a gritarlo. Sabíamos que la necedad de todos los afluentes que riegan el sistema cardiovascular de la corrección política y del neopuritanismo liberticida imperantes en el micromundo occidental tenía bradicardia, flojera de remos, atrofia muscular y pies de barro. Ni era león, ni era tan fiero como los portavoces de la progresía nos lo pintaban. Igualitarismo, nazifeminismo, ecologismo ultra, la bruja Greta, pacifismo, resiliencia, sostenibilidad, reciclamiento, teletrabajo, sí se puede, me too, orgullo gay, transexualidad, aborto, laicismo, derechos humanos, democracia… Todo eso ‒no maten al mensajero… Yo me limito a levantar acta, como Marco Polo‒ suena a mandanga en el oído de las gentes que viven, sobreviven o malviven, allá ellos, entre el Cuerno de Oro y la frontera india. Las ideologías no son material exportable. La mentalidad de un pueblo no se modifica a toque de corneta. Métanselo de una vez en la sesera, si es que la tienen, quienes envían soldaditos recortables a los territorios que juzgan irredentos en misiones colonialistas engañosamente humanitarias. Es imposible derribar en quince días un régimen armado hasta la cepa de la dentadura si los insurgentes no cuentan con el apoyo de la población. Los afganos, mayormente, puestos a elegir, prefieren el vibrante canto del almuecín de los talibanes a los lánguidos acordes de las guitarras eléctricas de los rostros pálidos. No pocas mujeres afganas se sienten protegidas por esa jaula ambulante que es el burka frente a la lascivia que la minifalda provoca en sus paisanos. Costará admitirlo, pero es así, por extraño que nos parezca. Nosotros, los occidentales, no tenemos ninguna responsabilidad en todo eso. Yo, desde luego, no la tengo, ni mis paisanos tampoco, y por ello reivindico el sacrosanto derecho a la indiferencia frente al arrogante y antipático derecho a la injerencia.

Olvidémonos de Afganistán. No somos misioneros ni tenemos por qué salvar el alma de quienes no son como nosotros ni nunca lo serán. Malraux decía en el siglo XX que el siglo XXI sería religioso o no sería nada. La teocracia, expulsada por la puerta de la Revolución Francesa, se cuela de nuevo por la ventana.

Vuelvo al ajedrez de Borges… «Como el otro, este juego es infinito». ¡Y tanto! Se llama naturaleza humana: la de los monos sin pelo. La historia, en contra de lo que creía el bobo de Fukuyama, no se detiene nunca. Lo estamos viendo. Begin the beguine? No, por favor. Allá se las compongan. Yo me lavo las manos. Pónganse a salvo. Llegan las réplicas del terremoto.

La vergüenza de ser occidental
Pedro de Tena. Libertad Digital 24 Agosto 2021

Durante muchos siglos, Europa, la cuna de la civilización occidental, la que más prosperidad, seguridad, justicia y libertad ha proporcionado a los seres humanos en su conjunto, pese a todos sus crímenes y pecados, fue un modelo, una aspiración, un faro. Era posible un mundo en el que el equilibrio entre ciencia, técnica y moral consumara el proceso en el que la libertad de cada persona y de todos triunfara sobre la necesidad de la naturaleza y en el que la crueldad de origen diera paso a la compasión, la tolerancia y el respeto. Era el primer paso de un camino que tendría que conducirnos al conocimiento del universo, a eludir las catástrofes previsibles y a extender la buena nueva de la humanidad libre por el cosmos.

No sé bien lo que ha pasado esta semana pero lo primero que se me ha venido a la cabeza es el poema de Chesterton sobre Lepanto y Juan de Austria. Ese inmenso canto del gran católico inglés que mejor comprendió lo que ocurrió en aquella batalla no tan lejana en la que España, esa nación que algunos se empeñan en despedazar, fijó los límites de la expansión del Islam con notables ausencias, como las de Inglaterra y Francia. Ya daba una idea de la inconsciencia general de la civilización a que pertenecemos.

Traducido por Luis Alberto de Cuenca y Julio Martínez Mesanza, Chesterton exclamaba:

La fría reina de Inglaterra se mira en el espejo;
la sombra de los Valois bosteza en Misa.

Y certificaba:

…surgen entonces en tropel los miles de cautivos que se afanaban bajo el mar,
blancos de dicha, y ciegos de sol, y aturdidos de libertad.
Vivat Hispania!
Domino Gloria!
¡Don Juan de Austria ha liberado a su pueblo!
Cervantes, en su galera, vuelve su espada a su vaina
(Don Juan de Austria regresa con una guirnalda).
Y ve sobre una tierra fatigada una senda perdida en España,
por la que en vano cabalga eternamente un insensato caballero flaco,
y ríe, pero no como los sultanes, y torna el acero a su funda…

Nada que ver tales sentimientos de honor y sentido de la Historia con los que ha suscitado en mí el descompuesto abandono de Afganistán, un país situado entre Irán, restos de la URSS hoy en manos de Rusia, China y Pakistán, en el que 40 millones de personas a las que se prometió un futuro y unos valores de convivencia han quedado a merced de los "martillos de Alá", misiles reales e ideológicos en manos de un poder teocrático, totalitario y feroz. Hemos perdido en este otro Lepanto.

Lo que me embarga es la vergüenza, no por la derrota, sino por la incapacidad de combatir por lo que uno cree, lo que uno quiere, lo que uno sabe mejor, lo que uno defiende para sí. Occidente son varios pollos sin cabeza, desde Biden a Macron, pasando por Merkel y un patético Pedro Sánchez en alpargatas. Pero, sobre todo, una derecha y una izquierda, religiones inclusas, incapaces de reconocerse como herederos de la mayor, y seguramente la mejor, aventura intelectual, económica y ética de todos los tiempos.

Todo ese capital histórico y civilizatorio se ha dilapidado en un instante diluido en el llanto de unos afganos a los que se asesinará sin piedad por haber creído que ese Occidente hipócrita y estúpido les defendería. Occidente ha perdido la fe en lo que es y puede ser y la ciencia y la técnica pueden servir mucho mejor y más eficazmente a los tiranos del Islam o el comunismo que a la libertad. La preferencia por la economía, la mezquindad moral y la técnica antes que por los valores heredados del derecho y la individualidad nos ha destrozado hasta el punto de que ya no sabemos quiénes somos.

Todos acusan a los talibanes. En cierto modo, les envidio. Tienen fe. Creen saber lo que son y lo que quieren ser y combaten por ello. Yo siento vergüenza de ser occidental, de haber terminado siendo alguien que ve la tragedia que crece en Kabul y sigue tomándose una cerveza. No podemos seguir así.

Lecciones de Afganistán
José María Marco. La razon 24 Agosto 2021

Pasado el primer choque de la catastrófica salida norteamericana de Afganistán convendría que empezáramos a sacar algunas lecciones de lo ocurrido. La primera, bastante obvia pero no menos olvidada, es la referida a los choques de civilizaciones y las generalizaciones sobre el Islam. No valen para entender lo ocurrido, ni lo que va a venir. No es improbable que se inicie ahora un enfrentamiento interno, por no hablar de guerra civil, entre diversos grupos, muchos de ellos musulmanes, y guiados cada uno por objetivos que no siempre son de índole religiosa.

Tampoco resulta muy útil seguir pensando en los talibán, como antes en el ISIS y Al Qaeda, como grupos «medievales». Primero porque la Edad Media tiene poco que ver con lo que se proponen y además, porque en contra de lo que parecemos empeñados en creer no están en absoluto atrasados. En su momento, el ensayista inglés John Gray argumentó que al Qaeda era un fruto cabal de la modernidad. Luego lo demostró el ISIS y parece claro que lo harán otra vez los nuevos talibán, que controlan flujos financieros y comerciales, armamento, redes sociales y capacidad de propaganda. No nos enfrentamos al «medievo», si es que eso quiere decir algo, sino a fenómenos modernos y más de una vez ultramodernos.

La toma de Afganistán ha sido tan rápida que ha dejado la sensación de que no hay nada que hacer más allá de intentar sacar de Afganistán a quienes más amenazados están por el nuevo régimen. No es así. Si el terrorismo ha evolucionado con el tiempo, también lo han hecho las formas de respuesta. Los medios tecnológicos y la aviación permiten un control de movimientos impensable hace relativamente poco tiempo. Hay posibilidad de formar alianzas internacionales para aislar y debilitar a los talibán. Se les puede limitar la financiación que van a conseguir, sobre todo, del tráfico de opio. También habrá que encontrar formas de no dejar en la estacada a los diferentes grupos que se oponen a ellos y que podrían a la larga, aunque ahora parezca imposible, sentar las bases de una futura nación afgana.

Esto puede parecer una broma de mal gusto, ahora que ha quedado demostrado que no se pueden exportar ciertas cosas ni crear otras de la nada. Sin embargo, el fracaso de la coalición y de Estados Unidos en este punto no significa que los valores que rigen una humanidad civilizada hayan dejado de ser idénticos en todas partes. La humildad que debemos aprender –y la deberíamos aprender muy especialmente de los militares que han estado destacados allí– es precisamente la de volver a creer en nosotros mismos. Hay problemas que no tienen solución, por ejemplo el nacionalismo: una vez que ha prendido en una población, no se erradicará hasta que haya conseguido su objetivo, que es destruir la sociedad en la que se ha implantado. Eso no significa que haya que bajar los brazos. Al revés. Hay que reforzar la confianza en la tolerancia y el respeto, y dejar de seguir promocionando sistemáticamente, en particular desde las instancias oficiales, valores contrarios a la democracia liberal.

Barcelona y la pinza nacional-comunista
EDITORIAL. Libertad Digital 24 Agosto 2021

Todavía queda quien sostiene la especie de que Barcelona es una ciudad cosmopolita ajena al devenir nacionalista del resto de Cataluña, una suerte de zona libre de independentismo en medio de la espesura separatista, una ciudad propicia a la cultura, el ocio y los negocios. Están muy equivocados, y hechos como la partida de la familia de Sean Scully lo demuestran.

Scully es un pintor estadounidense de origen irlandés y de reconocida fama internacional, artista que trabajaba a caballo entre Nueva York y Barcelona pero que estaba afincado en la ciudad mediterránea. Emparejado con la también artista suiza Liliane Tomasko, habían escolarizado a su hijo en una escuela de Barcelona y creían que la ciudad respondía a sus intereses tanto culturales como vitales. Craso error.

La mudanza de los Scully-Tomasko ha sido noticia en el Financial Times. "Fue una decisión impulsada por el crecimiento del nacionalismo en la ciudad que amaban", apunta el diario británico. "En Barcelona, ibas a las reuniones y hablaban completamente en catalán, como diciendo: "Que te jodan'", ha declarado Scully. Tomasko añade que en el colegio le dijeron que su hijo pequeño debía hablar en catalán también en el recreo. "Al final, no pudimos soportar Barcelona por esa mierda": es el contundente resumen del pintor.

No son los únicos que se han tenido que ir de Barcelona. Ni los últimos. El deterioro cultural va parejo al declive económico. La capital catalana es ya una mera extensión de la Cataluña separatista, un lugar sometido a la tensión de dos fuerzas con una impresionante capacidad destructiva: el nacionalismo y la extrema izquierda. Ambas corrientes se complementan y coinciden en un objetivo, acabar con los signos distintivos de esa Barcelona cada vez más lejana en la memoria que era la capital de la edición de libros en español y atraía a toda clase de artistas, intelectuales y profesionales tanto del resto de España como del resto del mundo.

No queda nada de eso, nada de esa vitalidad. Décadas de Gobiernos nacionalistas en la Generalidad sumados a alcaldías de personajes como el separatista Xavier Trias y la comunista Ada Colau han sido letales para la ciudad, insoportables, desalentadores y desde luego disuasorios para quienes no sean nacionalistas o de extrema izquierda, ya fuera para instalarse o para permanecer en Barcelona.

La reacción de nacionalistas y comunistas a la salida de intelectuales, profesores, artistas o empresarios es la misma, la alegría por haber expulsado a un enemigo y el desdén ante la pérdida de talento. Ocurre lo mismo con la salida de las empresas. El éxodo es continuo, un gota a gota diario que está descapitalizando Cataluña ante los excesos identitarios y lingüísticos del nacionalismo y la deriva del colauismo, sustanciada en tres ejes: inseguridad, suciedad e incivismo.

'Hoy Responde'
Fulgencio Coll (Vox): «Pedro Sánchez es un problema para la seguridad nacional»
Vicente Gil. okdiario 24 Agosto 2021

«Pedro Sánchez es un problema para la seguridad nacional. Lo dije en 2019 antes de las elecciones y se ha visto claramente. Cuanto antes se vayan el señor Sánchez -con puerta giratoria o sin ella- y los comunistas, mejor para el futuro en España. Hace falta un gobierno de concentración con gente capaz y un auténtico líder». Fulgencio Coll es general retirado del Ejército y fue Jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra (JEME) con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Actualmente es portavoz de Vox en el Ayuntamiento de Palma de Mallorca. Fulgencio Coll habla en Hoy Responde sobre Afganistán y los nuevos ejes de poder mundial desde esta doble faceta suya: su amplia experiencia militar nacional e internacional y su actual vertiente política en el partido de Santiago Abascal.

Fulgencio Coll considera un «error estratégico» la retirada de Joe Biden «sin imponer condiciones a los talibanes, permitiendo que tomaran Kabul antes de asegurar a los nuestros y marcando fechas como el 31 de agosto». El ex JEME del nuevo poder mundial de Rusia y China, con sus aliados regionales en América: los narcoestados de Venezuela y Cuba, entre otros. Coll cree que la «derrota» en Afganistán muestra, de fondo, que «en Estados Unidos, Europa y España estamos entrando en una guerra cultural doméstica contra nuestras propias raíces y valores, que, en España, rompe nuestra cohesión como nación y como país» y apunta, también, a enemigos internos.

«¿Nuestros aliados occidentales entienden que Podemos (con lazos con Irán, Venezuela o Cuba) forme parte del Gobierno de España?», le preguntamos. «No lo dicen públicamente, pero nos consta que les preocupa mucho la deriva del Gobierno de Sánchez», responde. Y remata: «No le quepa la menor duda. La preocupación es tremenda».

«¿Se reafirma en que Pedro Sánchez es un problema para la seguridad nacional como dijo en las últimas elecciones generales?», le preguntamos también: «Ya dije que Pedro Sánchez va por el peor camino y la peor compañía y lo que dije en 2019 lo estamos viendo». Y lo lleva al terreno doméstico: «No se puede gobernar con quienes mantienen posiciones contrarias a España y que no respetan la Constitución».

«España está en una fase de descomposición y hay que corregir esto». Coll plantea la recuperación de algunas competencias cedidas a las comunidades autónomas y habla de Cataluña: «No puede haber una comunidad donde se castiga hablar el idioma oficial del estado y no se puede negociar con una comunidad que continuamente pide dinero e insulta al resto de España».

Gobierno de concentración
Coll habla de Podemos y dice que «no hay enemigo más grande para la clase trabajadora que este «neocomunismo»: «La izquierda comunista ha cambiado el discurso del proletariado por el discurso del género y el cambio climático para sensibilizarnos, pero si rascas un poco vemos que tiene un líder viviendo en un chalet de multimillonario. Son pura contradicción entre lo que dicen y lo que hacen. Predican una cosa y hacen la contraria. Son falsarios. Lo vemos en Venezuela o en Nicaragua. El problema es que todo lo que tocan lo arruinan».

Para Coll «el problema no es el neocomunismo de Podemos sino que el presidente Sánchez está en la misma línea». «Los socialistas de bien se preguntan dónde está el PSOE, pero el PSOE que hemos conocido ya no existe. El único objetivo de Sánchez es mantenerse en el poder».

El ex JEME pide «un Gobierno de concentración»: «España necesita un cambio de gobierno cuanto antes con gente competente y un auténtico líder que crea en la Constitución y que crea en todos los españoles sin hacer españoles de primera, segunda y tercera categoría. Esto es una aberración». «Cuanto antes se vaya el señor Sánchez con puerta giratoria o sin ella y los comunistas, mejor tendremos el futuro en España», concluye.

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El calamar gigante del separatismo
Pablo Planas. Libertad Digital 24 Agosto 2021

Una encuesta del Ayuntamiento de Barcelona realizada el año pasado y presentada este (sin que se explicaran las causas de tal dilación) asegura que el separatismo pierde apoyo entre la población de la capital catalana de entre 15 y 34 años. También dice que el uso del idioma catalán entre los comprendidos en dichas edades ha caído del 35,6 al 28,4% en los últimos cinco años. Parece obvio que la inmersión lingüística en la enseñanza y todo el aparato impositivo de la Generalidad y sus comisarios lingüísticos son contraproducentes. Y también que el sistema mediático en catalán no consigue llamar la atención de los jóvenes.

Pero hay que tener mucho cuidado con esas encuestas porque las carga el separatismo y le son útiles para dos cosas: por un lado, para agudizar el victimismo y decir que el catalán está perseguido y, por otra parte, para destinar aún más dinero a campañas de sensibilización cuyo objetivo es promocionar el catalán por la vía de prohibir y erradicar el español. El hecho de que todas las Administraciones de Cataluña, desde la Generalidad hasta el ayuntamiento más pequeño, impongan el catalán en sus tratos con los ciudadanos, o que para optar a puestos públicos sea imprescindible demostrar una competencia en el manejo de esa lengua, no impide que los separatistas afirmen que el catalán es un idioma marginado y marginal. ¿Y quién lo persigue? Franco, Ayuso, la Mano Negra o el capitalismo. Tanto les da.

Los nacionalistas catalanes siempre tienen razón. Es el encanto del separatismo. Ahora mismo están escandalizados porque supuestamente un número indeterminado de "turistas madrileños" se quejó en la localidad castellonense de Moncófar de que el espectáculo Riures en valencià ("Reírse en valenciano") se llevara a cabo en valenciano y no en español. El asunto ha salido hasta en TV3 a pesar de que no hay ni imágenes ni sonido del supuesto incidente. En la civilización del teléfono móvil nadie grabó el presunto escándalo. Un caso de "odio lingüístico", han dicho en Catalunya Ràdio, la emisora de radio de la Generalidad. "Acto xenófobo", según la tele del régimen separatista.

Ni que decir tiene que casos como el de la familia Scully-Tomasko, dos artistas de reconocido prestigio internacional, no salen en TV3. Se han marchado de Barcelona y han declarado al Financial Times que es porque estaban hartos del nacionalismo. "En Barcelona, ibas a las reuniones y hablaban completamente en catalán, como diciendo: 'Que te jodan'", ha declarado Scully al referido medio. Su pareja añade que en el colegio le dijeron que su hijo pequeño debía hablar en catalán también en el patio. Dadas las circunstancias, han cogido el portante y se han mudado a Francia. "No pudimos con esa mierda", fue el resumen del pintor.

Tampoco se han hecho eco los medios independentistas de la polvareda causada por el mago Lari, un habitual de TV3 que tiene hasta tal punto interiorizado el libro de estilo de la casa que en un programa en el que ejercía de canguro llegó a decir lo siguiente: "Soy el calamar gigante, vengo a comerme a la princesa" y acto seguido aclaraba dirigiéndose a la cámara: "Parlo en castellà perquè així semblo més dolent" ("Hablo en español porque así parezco más malo"). Ni mucho menos se han referido al "puta Espanya" del perturbado Jair Domínguez, un individuo a sueldo de TV3 cuya principal habilidad es el odio a España y a los españoles.

Sea como fuere, insultan, desprecian y marginan a los no nacionalistas mientras ensalzan las virtudes del diálogo. Debaten entre ellos sobre la conveniencia de la mesa de negociación con el Gobierno. La última aportación es de Carmen Forcadell, que dice tener curiosidad por ver "qué nos ofrecen". O sea, que el Gobierno les tiene que ofrecer algo porque ellos lo valen. Dice además que la situación no ha cambiado desde octubre de 2017. Y lo dice ella, que fue indultada hace dos meses.

Aragonès, por su parte, pregona las bondades del separatismo mientras presume de que hay un conflicto entre Cataluña y una cosa llamada "Estado". Ni siquiera reconocen la existencia de España, mientras consideran que todos los ciudadanos de Cataluña son independentistas. Y sí, hay muchos, pero no todos ni tampoco la mayoría. Les da igual. No saben lo que es respetar a quienes no piensan como ellos. Prefieren que se vayan. Ya saben, soy el calamar gigante y la familia Scully se marcha de Barcelona porque no puede con esa mierda.
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