AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 25  Agosto  2021

La inmigración ilegal y el drama de los canarios
EDITORIAL. Libertad Digital 25 Agosto 2021

El recibo de la luz, la escalada inflacionista, la crisis de las repatriaciones de menores marroquíes de Ceuta y la retirada de Kabul no son todos los expedientes abiertos en canal ante la incompetencia y dejadez del Gobierno. Aún hay más, y muy concretamente la conversión de Canarias en una nueva Lampedusa, tal como denunció el presidente de Vox, Santiago Abascal, durante el debate de la moción de censura presentada por su partido en octubre de 2020.

Oculta bajo otros dramas subyace la situación de Canarias, desbordada por la llegada de pateras, abandonada por el Gobierno a pesar de que Sánchez ha sesteado durante casi tres semanas en Lanzarote, aunque, eso sí, bien a resguardo de la realidad circundante. La diputada de Coalición Canaria Ana Oramas ha descrito este martes en esRadio el crítico contexto del archipiélago, la llegada masiva de inmigrantes animados por una política gubernativa que consiste en no hacer nada y dejar que las Administraciones autonómicas y hasta las municipales se hagan cargo del problema generado por discursos irresponsables y demagógicos de dirigentes y propagandistas socialistas y de Podemos.

Según la diputada canaria, a los tres mil menores no acompañados que ya acogen las islas se podrían sumar entre cuarenta y sesenta mil inmigrantes más antes de que acabe el año, de persistir el flujo actual. La llegada de pateras ha aumentado en un 400%, sin que el Gobierno se digne a establecer un plan de contención, cierre acuerdos con los países de origen, aplique programas de retorno eficaces o acepte la ayuda de la Unión Europea para disuadir a quienes pretenden hacer de las Canarias un puente hacia el resto de Europa.

Ninguna de esas medidas está en el ánimo o en las previsiones del Ejecutivo. Oramas lo sabe perfectamente y lamenta el impacto que esta situación puede tener en la principal industria canaria, el turismo. El verano ya está perdido, pero aún sería posible salvar la temporada de invierno con los turistas ingleses y alemanes si el Gobierno se dignara hacer algo. El paro y la crisis ya son problemas suficientemente agudos en las islas como para añadir el de una inmigración ilegal absolutamente descontrolada.

Cuando Abascal reclamaba al Gobierno un plan de acción en Canarias, Oramas no fue precisamente sensible a las demandas de Vox, al que acusó de no ver el drama humano que hay detrás de la inmigración. Parece que la diputada de Coalición Canaria ha recapacitado al contemplar ese mismo drama desde todas sus perspectivas, incluida la de los ciudadanos canarios abandonados a su suerte y cuyos lamentos no encuentran ninguna respuesta por parte del Gobierno, a pesar de que también son socialistas quienes gobiernan su comunidad.

Visegrado como ejemplo
EDITORIAL. https://gaceta.es 25 Agosto 2021

Las élites globalistas que niegan el fracaso del multiculturalismo ya plantean repetir los errores de la crisis de refugiados de 2015 -que provocó que decenas de terroristas islamistas llegaran a Europa bajo la patraña del ‘Welcome Refugees’– tras la toma de Afganistán por parte de los talibán.

Países como Francia se jactan de la llegada de afganos -pese a la investigación a cinco de ellos por colaborar con los talibanes- y multinacionales, ONG y lobbies apelan al buenismo irresponsable que aboga por regalar -sin verificaciones ni controles exhaustivos- asilos y por seguir prostituyendo la condición de refugiado, pese al riesgo evidente y comprobado de infiltración terrorista.

Europa debe hoy dar certidumbre frente a tanta justificada zozobra y afirmar sin ambages que deben ser los países musulmanes limítrofes los que acojan a los refugiados que huyen del terror talibán, y cumplir -a la vez- las leyes de asilo y refugio de forma estricta e individualizada, y desde el más escrupuloso rigor.

Un buen primer paso sería seguir el ejemplo del Grupo de Visegrado -conformado por Hungría, Polonia, Eslovaquia y República Checa-, contundente en reafirmar su eficaz compromiso con unas fronteras fuertes y seguras para proteger su identidad nacional, la prosperidad de sus conciudadanos y la convivencia en sus barrios. O a Grecia, que no quiere -como hace seis años- volver a ser el puerto de entrada de los refugiados a Europa y legítimamente se ha blindado con un muro de hormigón en su frontera con Turquía de casi 40 kilómetros de longitud.

Sería imperdonable reincidir en el desastre.

Retirarse y rendirse
Óscar Elía. Libertad Digital 25 Agosto 2021

Retirarse y rendirse no es exactamente lo mismo, aunque ambos conceptos estén íntimamente relacionados. Una retirada no es más que un movimiento físico de tropas que, en sí, nada dice de las intenciones de las mismas. Por el contrario, un enemigo no está derrotado, nos dice Clausewitz, hasta que no reconoce que el enemigo le ha impuesto su voluntad. Uno puede retirarse y no estar derrotado, a condición de que no se reconozca como tal: no estará derrotado hasta que se rinda. Y hasta que no se rinda del todo, su enemigo no podrá cantar victoria.

Yo no sé si los barbudos afganos han leído a Clausewitz, pero sabemos bien que su retirada de gran parte del país durante veinte años no supuso su derrota, sencillamente porque ni la admitieron ni se rindieron. Donde sí sé que se ha leído al célebre estratega es en el National War College de EEUU y en otros centros de decisión occidentales... Sea como fuere, me gustaría abundar en tres errores de la estrategia occidental en Afganistán: uno relacionado con el pasado, otro con el presente y el restante con el futuro.

Respecto a lo primero, no es cierto que la derrota fuese inevitable. Durante meses, la Administración Biden ha jugado con un falso dilema: entre una salida absoluta y una ocupación masiva de Afganistán. Pero entre cero y cien mil soldados hay soluciones intermedias: la presencia de sólo 6.000 u 8.000 efectivos, de apoyo aéreo, de inteligencia y de apoyo logístico había impedido el avance talibán, limitado su capacidad para ocupar el territorio y mantenido al Ejército nacional en sus posiciones. Impedía, en definitiva, la victoria talibán. Fue la retirada lo que creó el problema. A diferencia de lo que se afirma, no es la victoria talibán lo que ha precipitado la retirada, sino que es la retirada lo que ha generado la victoria talibán.

Respecto a lo segundo, la situación en el momento presente es esperpéntica. En Kabul, Biden mantiene ni más ni menos que 4.500 hombres: media división. A los que hay que añadir varios cientos más de los demás países de la OTAN. Así que tenemos a miles de hombres de los mejores ejércitos del mundo encerrados en los límites estrechos del aeropuerto de la capital afgana, con la única misión de garantizar la seguridad de los aviones, poner orden en la evacuación y pescar en el exterior colaboradores en peligro. Al otro lado de la valla, rodeándolos y controlando el acceso al aeródromo, las orgullosas fuerzas talibán permiten o no el paso según su estrategia o humor del momento. Más allá de éstas hay un número indeterminado de norteamericanos y un número aún mayor de colaboradores locales de los occidentales, incapaces de llegar al aeropuerto y temerosos de ser cazados por la horda talibán. En cuanto al resto del país, nada se sabe, más allá de que los talibanes se han hecho con miles de vehículos, doscientas aeronaves y decenas de miles de armas, municiones y equipos de todo tipo.

El pacto sobre las condiciones de retirada ha sido catastrófico, e impone a los norteamericanos dos límites desastrosos. El primero es espacial: que los barbudos asesinen impunemente a un lado de la valla mientras al otro casi cinco mil soldados occidentales miran sin hacer nada es demencial: el corolario es que las unidades de operaciones especiales se escabullen medio a escondidas para colar aliados en el aeropuerto antes de que los maten. El segundo es temporal: el 31 de agosto está demasiado cerca y, por mucho que se multipliquen los esfuerzos, no da tiempo a evacuar; que, con los mejores soldados del mundo al otro lado de la valla, los talibanes amenacen con represalias si se amplía el plazo es de no creer. Y es aún más delirante que los depósitos de armas, vehículos y aeronaves dejados atrás por EEUU y sus aliados no se destruyan para no soliviantar a los talibanes.

En fin, los acuerdos con los talibanes suscritos en los últimos días, junto con el firmado por Trump en Doha, no sólo pueden ser incumplidos: deben serlo. Ya no es que estén costando vidas, y seguirán costándolas más adelante, sino que de hecho ya los están incumpliendo los talibanes, que dificultan el paso, imponen la violencia y obran de mala fe. Hay que salir del aeropuerto y hay que quedarse después del 31-A.

Vayamos a la tercera cuestión, la del futuro. Suele recordarse que ningún gran imperio ha ocupado nunca Afganistán, lo cual es absolutamente cierto. Pero sería más exacto decir que ningún actor ha logrado nunca unificarlo: tampoco los talibanes. Afganistán es una guerra civil perpetua, un caos mantenido en el tiempo, un desorden continuado. Pero hay desórdenes y desórdenes: aún desordenado, el Afganistán de los últimos veinte años ha sido el Afganistán más próspero y libre de la historia. Y puede evitarse que el del futuro próximo sea como el de la primera conquista talibán del poder.

¿Qué hacer? Primero: impedir a toda costa que el régimen talibán se asiente, manteniendo la presencia internacional como expresión de la voluntad de no rendir el país. Segundo: limitar su capacidad militar y policial, golpeando militarmente sus objetivos más sensibles. Tercero: alejarlo de aquellas zonas que no controla y abrir grietas donde lo hace precariamente, mediante el apoyo a los rebeldes tanto en los valles como en las ciudades donde el malestar y la oposición son mayores. Y cuarto: aislar el país y sancionar a quienes tengan la tentación de aprovecharse de la terrible situación.

La retirada no tiene que ser una derrota: basta con que los occidentales no se rindan.

Ser Churchill frente al Chamberlain de Biden
Agustín Benito Alba. https://rebelionenlagranja.com 25 Agosto 2021

Por SHMUEL KLATZKIN
Antes, durante y después del desastre autoinfligido del apaciguamiento, Winston Churchill criticó la política de Neville Chamberlain en el lenguaje más crudo. Le dijo al Primer Ministro: «Le dieron a elegir entre la guerra y el deshonor. Usted eligió el deshonor y tendrá la guerra».

Churchill no siguió insistiendo en los fallos de Chamberlain, porque su énfasis estaba en una victoria sobre el nazismo, no en destruir a Chamberlain. De hecho, Chamberlain era el líder del Partido Conservador al que Churchill pertenecía en ese momento, y Churchill quería trabajar con Chamberlain, así como con los demás partidos, en un amplio frente nacional unido contra lo que Churchill reconocía que era una amenaza mortal para Gran Bretaña y «un atentado contra la civilización y la libertad del mundo entero».

Churchill vio que había un problema en la propia cultura de Gran Bretaña y sus aliados que los dejaba a todos incapaces de defenderse contra un enemigo ferozmente comprometido. Abordar esa arraigada enfermedad cultural fue su gran objetivo.

Tras la rendición de Múnich ante Hitler, Churchill expuso su argumento moral ante la Cámara de los Comunes con palabras memorables:

… Se han pronunciado palabras terribles contra las democracias occidentales: «Se os ha pesado en la balanza y se os ha encontrado en falta». Y no supongan que éste es el fin. Esto es sólo el comienzo del ajuste de cuentas. Esto es sólo el primer sorbo, el primer anticipo de la copa amarga que se nos ofrecerá año tras año, a menos que, mediante una suprema recuperación de la salud moral y el vigor marcial, nos levantemos de nuevo y tomemos nuestra posición por la libertad como en los viejos tiempos.

La grandeza de Churchill como estadista consistió en reconocer la centralidad de las cuestiones morales y en comunicar el imperativo moral con vigor, claridad y poder. Qué raro es eso en política. ¿A quién en el poder hoy se podría llamar estadista sin sonreír?

En el centro de cualquier política que merezca la pena está el compromiso moral. Les guste o no, los talibanes, al igual que Al Qaeda, son entendidos por sus seguidores como defensores de una ley moral inmutable. Esto les inspira a luchar por la victoria. Esto les permite jugar a largo plazo contra Occidente, que la experiencia les ha enseñado que pueden ganar a corto plazo, pero perder el interés a largo plazo.

Los talibanes no están ciegos ni ignoran lo que les hemos mostrado. Saben que, cuando se nos levanta la caspa, podemos ser peligrosos. Pero ven que nos distraemos después de un tiempo. Se contentan con librar una larga y dura guerra de desgaste de la que nada les distrae. Están seguros de que su compromiso con las inmutables leyes divinas acabará dándoles la victoria cuando las carencias morales de sus enemigos minen su voluntad y su compromiso.

Esta semana fue su victoria. Leyeron correctamente a Biden como hueco y el poder que dirigía como farsa. Farsa no porque haya falta de valentía o habilidad en nuestros militares, o un fallo en el material, sino por algo mucho más fundamental: la falta de voluntad para utilizar esas ventajas en la lucha. Las posturas feéricas de Biden no tuvieron ninguna magia. Los talibanes no son el electorado estadounidense, que desea desesperadamente que un hombre les diga lo que cree que quieren oír les libere de cualquier sentimiento incómodo. Los talibanes ven que el Presidente no lleva ropa. Saben que ya no hay voluntad de oponerse a ellos. Al igual que Hitler en Francia en mayo de 1940, atravesaron Afganistán en pocas semanas, con los estadounidenses destruyendo frenéticamente los ordenadores al igual que los franceses se apresuraron a quemar los documentos de su gobierno antes de que la Wehrmacht entrara a toda prisa en París.

Hemos sido capaces de la gran lucha. Cuando la Guerra Civil se planteó finalmente en términos de la gran lucha moral para acabar con la esclavitud, la Unión demostró estar dispuesta a permanecer en ella todo el tiempo que fuera necesario. La estrategia del Sur dependía de que el Norte no estuviera dispuesto a sufrir las interminables pérdidas de muertos y mutilados. Pero cuando se galvanizó con la Proclamación de Emancipación, las ideas del Discurso de Gettysburg y el Himno de Batalla de la República («Muramos para hacer a los hombres libres»), eso no sucedió. Una suprema dedicación moral trajo la victoria.

Pero después de la guerra, buscando volver a la comodidad, la Unión acabó perdiendo la voluntad de hacer cumplir las nuevas y audaces enmiendas constitucionales y los estatutos de derechos civiles contra una decidida guerrilla del KKK. El resultado fue el advenimiento de Jim Crow, la supresión racial patrocinada por el Estado. Hicieron falta muchas décadas para reunir la fortaleza moral necesaria para apartar esas vergonzosas estructuras legales de opresión y hacer realidad las promesas de Lincoln y del Congreso de garantizar la igualdad de derechos para todos después de la Guerra Civil

Churchill y Roosevelt mantuvieron el enfoque moral de la titánica lucha de la Segunda Guerra Mundial. El compromiso moral de los Aliados de salvar al mundo del totalitarismo resultó ser más fuerte que la dedicación de los kamikazes japoneses o la voluntad de Hitler de provocar el Götterdämmerung y ver a Alemania reducida a cenizas antes que rendirse.

Pero en la época de Vietnam, un campo de batalla mal elegido y una mentalidad relativista garantizaban que, aunque las armas estadounidenses estuvieran invictas, la guerra estaría perdida. Kissinger negoció la «paz con honor», pero el Congreso demócrata, tratando todo lo de Nixon como maldito, se negó a respaldar los términos del tratado de París y vetó cualquier otro compromiso, extendiendo la alfombra roja para que los secuaces de Ho Chi marcharan casi sin oposición hacia Saigón.

Los helicópteros de Saigón estaban de vuelta en Kabul. El mismo pánico, el mismo ejército invicto, la misma guerra perdida, el mismo liderazgo sin dirección, la misma sensación de propósito perdido. Mientras nosotros hemos estado ocupados derribando monumentos y destrozando nuestra historia, los talibanes saben exactamente dónde están en una historia que se extiende a lo largo de los siglos. Mientras nos hemos dedicado a destrozarnos unos a otros, a acusarnos de los crímenes más graves y a tratar a nuestros conciudadanos como si fueran el enemigo número uno, hemos dado poder a los decapitadores, a los apedreadores, a los dinamitadores de la historia y a los lanzadores. de ácido en la cara de las mujeres. Dirigidos por quienes piensan que la fuerza moral es una orgía de autoflagelación, nos encontramos sin la voluntad de apoyar a las niñas que quieren ir a la escuela, a las mujeres que quisieran salir a la calle sin estar cubiertas de pies a cabeza, o a las personas de cualquier género que quieren expresar su propia comprensión de lo que Dios requiere de ellas. En efecto, hemos dado luz verde a los violentos que quieren imponer sus creencias a todos los que pueden y causar daño a los que no pueden vencer.

El lamentable desvío de Biden de cualquier responsabilidad por el desastre afgano, que llega poco después de la lamentable no disculpa pública de Andrew Cuomo, es un caso de estudio de debilidad moral. Y en un estilo cada vez más familiar, remató su lección objetiva citando el famoso letrero en el escritorio de la Oficina Oval de Harry Truman – The Buck Stops Here – como si poniendo crema batida en un pastel de vaca pudiera conseguir que lo llamáramos un helado. Ni siquiera sus lacayos en los medios de comunicación están metiendo la cuchara en este montón.

Si buscamos valor, tendremos que encontrarlo en nosotros mismos. Las palabras de Churchill después de Múnich siguen siendo válidas hoy en día. Si no encontramos el camino de vuelta al compromiso valiente con la civilización y la libertad, esto es sólo el comienzo de una cadena interminable de humillaciones y derrotas.

Nuestro compromiso se remonta a los Forjadores y a los Fundadores, a la Petición de Derecho y a la Carta Magna, al vidente y a los profetas de la Biblia. Tenemos los recursos morales y una historia que nos permite conocer nuestra historia, y nos muestra dónde podemos hacer nuestra propia e insustituible contribución a la civilización y la libertad. Nuestra responsabilidad democrática exige que la asumamos nosotros mismos, sin esperar a un líder.

Sólo cuando asumimos ese tipo de compromiso podemos esperar que surja un líder de la misma clase. Churchill lo sabía bien. Después de la Segunda Guerra Mundial, respondiendo a quienes le rendían homenaje, dijo que era el pueblo el que le había capacitado:

Su voluntad era decidida e implacable y, como se demostró, inconquistable. Me correspondió expresarla, y si encontré las palabras adecuadas debéis recordar que siempre me he ganado la vida con mi pluma y con mi lengua. Era una nación y una raza que habitaba en todo el mundo la que tenía el corazón del león. Tuve la suerte de ser llamado a dar el rugido. También espero haber sugerido a veces al león los lugares adecuados para usar sus garras.

Los Chamberlains y los Bidens y los Cuomos se han pavoneado de su momento en el escenario, empoderados por nuestros miedos y defectos e ilusiones. En este momento oscuro, nosotros mismos debemos subir al escenario y, con nuestro valor, volver a provocar el rugido del león.

*Este artículo ha sido originalmente publicado en inglés en el periódico The American Spectator

La maldición del opio de Afganistán
Es el mayor productor de amapola y el país del mundo con más drogadictos
David Solar. La razon 25 Agosto 2021

En otoño de 2001, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, anunciaba la operación Libertad Duradera, que debía terminar con el régimen fanático, opresor y terrorista de los talibanes, sustituyéndolos por un régimen más o menos democrático en Kabul, normalizar el país llevándolo al siglo XX, liberar a la mujer…. y terminar con las exportaciones de opio –base de la heroína- objetivos que podrían lograrse en menos de cinco años con unos 100.000 hombres. Han pasado 20 años y el espectáculo que podemos observar estos días de Kabul en manos de los talibanes nos ahorran calificativos para juzgar el inmenso fracaso estadounidense y de sus socios de la OTAN, que en estas dos décadas, aparte de poner dinero y muertos, parece que han pintado poco si nos atenemos a las palabras del presidente Biden al comunicar que ha dado por finalizada su intervención en Afganistán.

No incidiremos más sobre el inmenso fracaso de planificación, la tragedia de la pérdida de vidas, el inútil dispendio de 1,5 billones de dólares (más el PIB español anual), la frustrada liberación de la mujer afgana que pudo salir a la calle, asistir a la escuela, trabajar en un banco o en un periódico o intervenir en política y creyó que podría tener un futuro normal, o la estúpida equipación del ejército talibán que se ha quedado con los más de cien mil millones de dólares de armas y pertrechos proporcionados por Washington al ejército afgano. En palabras de un intelectual afgano, la intervención occidental “deja como herencia el país más corrupto del planeta, un país más vulnerable a los ataques suicidas y el mayor productor mundial de amapola”.

Ciñámonos a este último aspecto, hoy menos abordado ante el asombroso espectáculo que estamos presenciando en directo, pero no menos relevante. Afganistán, con 38 millones de habitantes, es uno de los países más pobres de la tierra: su renta per cápita no superar los 600 dólares; la población campesina asciende a unos 30 millones de personas, pero los cultivos tradicionales (cereales, frutas, verduras, algodón) que ocupan a un 70% de ellos, sólo generan el 40% del PIB. Produce, sin embargo, una planta codiciada: la adormidera o amapola real, de la que se extraen los opiáceos (diversos medicamentos analgésicos y, sobre todo, varias drogas “recreativas” como el opio y, sobre todo, la heroína): unos tres/cuatro millones de afganos están vinculados a la producción y comercialización de la amapola de los que apenas una cuarta parte son campesinos; el resto se dedica a la manipulación, transporte y comercio del producto, que supone, según las áreas cultivadas, la producción y el mercado hasta el 30% del PIB (dato muy controvertido porque los narcos no publican sus resultados).

Si la comparación del valor económico de la producción agraria corriente respecto a la amapola es llamativa, otra referencia aún lo es más: el rendimiento del opiáceo por hectárea es de uno 10.700 $., el del trigo, 11 veces menos (Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, ONUDD), por tanto no debe extrañar que este país agrícola deba importar el 18% del trigo que consume y que la subalimentación afecte a gran parte de los afganos.

Los campesinos siguen teniendo el opio como mejor recurso y el Gobierno poco puede hacer para impedirlo. Se ha intentado todo: utilizar la fuerza significa enajenarse la simpatía del campesinado y arrojarle en brazos de los talibanes, cuya propaganda política es sencilla: “estos ocupantes extranjeros e infieles tratan de mataros de hambre”; comprar las cosechas y destruirlas condujo a un círculo vicioso: el Gobierno adquiría amapola de acuerdo con las producciones anteriormente declaradas y los campesinos incrementaban las áreas de cultivo y la producción, de modo que los excedentes no vendidos al Gobierno se canalizan hacia el mercado clandestino de la droga. Otra manera desesperada de terminar con el perverso mercado fue la contratación, con dinero de la CIA, de fuerzas paramilitares que destruían las cosechas clandestinas de opio. Ese método fue aún más contraproducente: la destrucción aterró a los campesinos, que defendieron sus campos con las armas o se acogieron a la protección de los talibanes que lograban un doble provecho: ganar amigos y además, lucrarse económicamente del narcotráfico, del que se calcula que obtenían hasta el 60 de sus recursos. Según El New York Times, en 1916, un líder del movimiento, el Mulá Akhtar Mansour, figuraba “entre los primeros dirigentes talibanes en vincularse con el narcotráfico… y más tarde se convirtió en el principal recaudador del narcotráfico de los talibán, consiguiendo enormes beneficios”. John Sopko, director de SIGAR (agencia estadounidense para la reconstrucción de Afganistán) comentaba: “La oportunidad de beneficiarse del comercio del opio ha provocado alianzas entre miembros corruptos del Gobierno, traficantes de drogas e insurgentes”. No en vano Afganistán figura a la cabeza de los países más corruptos de la Tierra.

Afganistán es el principal productor de opio del mundo (84%) con unas 9.000/10.000 toneladas, el doble que hace seis años. Con esa cantidad se pueden sintetizar unas 1.200 toneladas de heroína y aún sobrarían 4.000 toneladas de opio que se fuman o transforman en morfina y otros fármacos, como la metadona, la naloxona el fentanilo y otros. El precio de estas drogas, tanto su comercio legal (farmacéutico), como el tráfico ilegal supera los cien mil millones de dólares de los que se quedan en Afganistán menos del 4% (dato tan controvertido como incomprobable)

La producción afgana de adormidera entró en retroceso cuando los talibanes alcanzaron el poder en 1996, pues penalizaron severamente su producción y consumo, pero como la miseria –siempre habitual y, sobre todo entonces, tras dos décadas de guerra y destrucción- causaba un tremendo malestar abrieron ligeramente la mano pensando que, después de todo, aquel veneno cuyo mercado llegó a estimarse antes del cambio de siglo en quince millones de consumidores a escala mundial (1,5 millones en la Comunidad Europea, 3 millones en Estados Unidos), constituía un castigo para los infieles enemigos del Islam a la vez que aportaba las indispensables divisas para sostener la lucha islamista. La producción llegó al mínimo en 2001 con tan sólo 185 toneladas a causa de las restricciones y la guerra. Desde entonces, pese a las presiones estadounidenses y sus aliados y a los más de ocho mil millones de dólares empleados en su represión, el crecimiento ha sido exponencial: los cultivos ocupaban al comenzar el siglo XXI unas 100.000 ha., en 2007 la superficie cultivada ascendía a 193.000 ha. , en 2014, a 224.000 ha., en 2017, a 318.000 ha. La producción, ha evolucionado en consonancia: de 3.400 Tn. en 2002 a 7.400 Tn. en 2007 y a cerca de 10.000 en la última época. No hace falta ser un lince para concluir con John Sopko: “Estas cifras, por decirlo sin rodeos, constituyen un rotundo fracaso”.

Un fracaso monumental: el área dedicada a la amapola real, en detrimento de los productos agrícolas alimenticios o industriales, se ha multiplicado por más de tres, la producción de opiáceos, por cerca de cinco, que llegan a los cuatro puntos cardinales de la Tierra por medio de las redes de traficantes que los canalizan mayoritariamente a través de Irán, Turquía (llegando a Europa a través de los Balcanes), Rusia y Pakistán.

El coste para el país es terrible: la droga se les ha pegado a la piel a los afganos. Afganistán cuenta con el mayor porcentaje mundial de drogadictos: según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), cuatro millones de afganos son drogadictos (11% de la población); en esa cifra se cuentan 900.000 mujeres y, más terrible, unos 100.000 niños ya nacidos adictos. Según la ONUDD, la heroína causa más de tres mil muertes al año: más víctimas civiles que la guerra.

"Esa mierda"
José García Domínguez. Libertad Digital 25 Agosto 2021

Hay en Barcelona miles de foráneos de alto nivel económico que no han venido a afiliarse al Sindicato de Manteros. Son demasiados y poseen dignidad.

La noticia de la que no se habla estos días en la prensa catalana hace referencia al problema que dos reconocidos artistas británicos, Sean Scully y Liliane Tomasko, tuvieron con "esa mierda". Pues, y por culpa de esa mierda, han decidido abandonar Barcelona, donde residían desde hacía años. Y es que, al menos para Sean y Liliane, los hijos resultan ser más importantes que los imperativos gramaticales y fonéticos vinculados a la construcción nacional de Cataluña. Sean y Liliane no han sido los primeros en poner tierra por medio entre la educación de su prole y esa mierda, pero sí encarnan a los pioneros que, provistos de renombre internacional, han decidido hacerlo público. Les van a seguir muchos más, seguro. Solo es cuestión de tiempo. Porque esa mierda pudo imponerse en su día, y sin resistencia significativa digna de tal nombre, merced a otro de esos apaños tácitos típicos de una sociedad tan siciliana como la del País Petit.

El asunto funcionaría tal que así: esa aberración pedagógica, la inmersión, sólo se aplicaría de facto a los hijos de los charnegos pobres del cinturón de Barcelona. El resto, la clase media autóctona y los ricos con independencia de su origen, dispondrían, si bien bajo cuerda, de fórmulas mucho más laxas, bilingües en la práctica, tanto en los colegios concertados como en los privados exclusivos de la élite. Nadie pensó entonces en los extranjeros porque los extranjeros eran muy pocos. Una exigua minoría que, a su vez, se escindía entre la descendencia de los negros que venían a recoger fresas en las plantaciones del Maresme, que iban a tener que pasar por el tubo de la inmersión como cualquier Rufián de Santako, y los niños de los directivos teutones de Seat, Bayer, Henkel o Basf, todos ellos llamados a ser compañeros fraternos de las hijas de Montilla en el Colegio Alemán. Otros tiempos. Ahora mismo hay en Barcelona miles y miles de padres como Sean y Liliane, foráneos de alto nivel profesional, cultural y económico que no han venido a la Ciudad de los Prodigios para afiliarse al Sindicato de Manteros. Son demasiados y poseen, ¡ay!, dignidad. Esa mierda tiene los días contados.

Sin poder volar a Londres por tener el test COVID en gallego
Un coruñés se queda sin subir a un avión a Londres por no presentar la prueba en castellano
Enrique Carballo. A Coruña. La opinion 25 Agosto 2021

Sin poder volar por presentar un test de antígenos en gallego: esta es la historia del coruñés Iván Mato, un coruñés residente en Reino Unido que regresó a su ciudad, con su mujer y su hijo pequeño, para pasar las vacaciones. Para volver al archipiélago, la legislación británica le pedía un test de antígenos que realizó en una farmacia y que luego debió subir con antelación a la página web de Vueling, la compañía en la que había contratado el viaje, junto con el certificado de vacunación. La empresa afirma que un trabajador revisa si los documentos están en orden, y, según ha enseñado a este diario, Mato recibió un documento que le decía estaban “correctamente validados”. Pero a la hora de embarcar en el aeropuerto de Santiago, se encontró con que no podía subir porque la legislación británica solo admite pruebas en castellano, inglés o francés, y la suya estaba en gallego. Quedó en tierra, junto con su mujer, su hijo, y una pareja en la misma situación. Y sin devolución del importe.

“No tengo mucho que decir a la parte de la normativa” admite Mato “la leí, pero no me fijé en la letra pequeña” que limitaba los idiomas. Sus quejas se dirigen hacia dos objetivos. Uno es Vueling, por señalarles que la documentación presentada era correcta cuando no lo era; por ello, ha presentado una reclamación para que le devuelvan el dinero. En segundo lugar, y con carácter más general, señala que las farmacias están ofreciendo test en gallego por defecto y sin informar de que no vale para vuelos internacionales.

No es en exclusiva, pues cuando acudió a otro local coruñés, ya escarmentado, “las farmacéuticas encontraron el botón que permite emitirlo en castellano”. Pero, señala “el sistema del Sergas lo produce por defecto en gallego” sin advertir de que el idioma invalida su uso en vuelos internacionales. En realidad, señala Mato, es “sencillo” conseguir la documentación correcta si se saben los requisitos, pero antes de llegar al propio aeropuerto “no hay un sistema que te avise” de los errores que a uno lo pueden dejar en tierra en el último momento.

Mato señala que el suyo no es un caso aislado. Además de la pareja que debía embarcar en el vuelo con su familia, “en los grupos de gente que vive en Londres este es el tema de conversación”. El coruñés expatriado señala que la legislación británica no va a cambiar para admitir el gallego, pero sí que considera que Vueling debería anunciar “claramente”, en el apartado de su página web que explica la documentación que hay que aportar para viajar, las restricciones en cuanto a los idiomas en los que se pueden presentar las pruebas de antígenos.

En cuanto a las farmacias, considera que sería positiva una circular del Colegio de Farmacéuticos en la que se avisase a sus asociados de que están ocurriendo este tipo de problemas, para que ellos, a su vez, pudiesen estar atentos a la hora de informar a clientes que se hacen las pruebas para subirse a vuelos internacionales.

Por defecto, por ausencia, por conculcación de los derechos humanos y constitucionales
Nota del Editor 25 Agosto 2021

Esto es lo que pasa en la Galicia en manos o piés del tal Núñez, del Partido Podrido.

Todo en lengua regional, administración local, regional, sanidad, educación, etc, y si en algún punto si en algún punto ofrecen la versión en español, nada mas rascar un poquito, desaparece la lengua española.

Si todo el dinero despilfarrado en las lenguas regionales se hubiera aplicado o se aplicara a aumentar la eficiencia, seríamos los mas avanzados del mundo. Pero no, hay que despilfarrar, fastidiar, conculcar y dividir a los españoles.

Pío Moa: El frente popular quiso la guerra y la provocó al destruir la legalidad republicana
Josep María Francàs. https://rebelionenlagranja.com 25 Agosto 2021

Conversación tranquila de @jmfrancas con Pío Moa, que se presenta como el mejor historiador español actual.

JMF: ¿Estamos repitiendo la historia?
PM: El frente popular de 1936 quiso la guerra y la provocó al destruir la legalidad republicana. El actual frente popular desde Zapatero está destruyendo la democracia acordada en el referéndum de 1976, con leyes totalitarias como las de memoria histórica y de género, impulso a los separatismos, etc. Los frentes populares son alianzas de separatistas y totalitarios. La destrucción de la ley es gravísima porque la ley es lo que permite convivir a opciones e intereses diversos.

JMF: ¿Obedece este comportamiento a una intención o es pura ignorancia?
PM: Actúan según sus presupuestos ideológicos, como he analizado en “Por qué el Frente Popular perdió la guerra”. La izquierda en España, sobre todo el PSOE, siempre fue totalitaria, y los separatismos combinan un racismo irrisorio y mal disimulado con un odio visceral a la idea de España.

JMF: Pero el 1936 había una violencia que ahora no se da, ¿no?
PM: Utilizar el poder contra la ley es violencia y tiranía. Imponer leyes liberticidas contra el estado de derecho, base de la democracia, es precisamente lo que hicieron los nazis. Esta gente ha aprendido de ellos.

JMF: ¿Qué fue la Segunda República?
PM: Fue una democracia parcial y caótica, que la alianza totalitaria-separatista convirtió en un régimen criminal tras destruir su legalidad en unas elecciones fraudulentas seguidas de una orgía de asesinatos e incendios.

JMF: ¿Cuáles son los momentos clave de la II República?
PM: La república fue traída por la derecha y por una especie de autogolpe monárquico, pero tomó enseguida un tono izquierdista tras la “quema de conventos, bibliotecas y centros de enseñanza”. El segundo momento clave fueron las elecciones de 1933, ganadas ampliamente por el centro derecha. El tercero la insurrección socialista-separatista de octubre del 34, que dejó la república malherida demostrando que con tales partidos la democracia eta inviable, y el cuarto u definitivo las elecciones fraudulentas del 36, que supusieron la destrucción definitiva de la república y su paso a un nuevo régimen que no llegó a consolidarse al ser derrotado por Franco.

JMF: No hace mucho, Pedro Sánchez dijo que quería “reivindicar esa España republicana, una España que defendió derechos y libertades”, ¿lo entiendes?
PM: Lo que tuvo de democrática la república fue asesinado precisamente por el PSOE y los separatistas, que no por casualidad vuelven a asesinar la democracia salida del referendum del 76. Es asombrosa su perversión del lenguaje, típicamente totalitaria, llamando derechos y libertades a la destrucción del estado de derecho.

JMF: ¿Ha traído algo bueno la República a España?
PM: Pudo haber traído una democracia aceptable y no convulsa, pero el totalitarismo del PSOE y la tiranía racista de los separatistas lo impidieron. Quiero insistir en lo del racismo, que entonces era declarado pero que han tenido que disimular tras la derrota nazi. Pero si abandonan la pretensión racista resultan españoles como los demás, con peculiaridades regionales que se dan en todos los países. Casi nunca se tiene en cuenta este factor, que he analizado en el libro mencionado y en otros, y que realmente es el decisivo.

JMF: El acuerdo de ahora entre socialistas, Podemos y separatistas, ¿busca acabar con el régimen del 78 y la monarquía?
PM: No es que lo busque. Es que lo viene haciendo desde Zapatero. Cuando dicen que la monarquía viene del franquismo dicen la verdad. La monarquía, la unidad de España y la democracia. El referéndum del 76 decidió por abrumadora mayoría la democratización DESDE el franquismo y contra la ruptura que pretendía enlazar con los “derechos y libertades” del frente popular. Ahora quieren volver a imponernos esos “derechos y libertades”. Hay que impedirlo.

JMF: Y, ¿cómo se impide esto?
PM: Si han llegado tan lejos se debe a un PP que en lugar de ser oposición se ha portado más bien como auxiliar. Ahora Vox ha anunciado su decisión de oponerse judicial, parlamentariamente y en la calle. Es la única vía si queremos impedir la venezolanización o la violencia abierta.

JMF: Para acabar, ¿qué otros periodos de la historia de España nos podrían alertar sobre un mal futuro?
PM: Creo que la república y la guerra civil nos ofrecen lecciones suficientes, pero no acaban de asimilarse. Permita que vuelva a recomendar “Por qué el Frente Popular perdió la guerra”, porque un pueblo que olvida o falsea su pasado se condena a repetirlo, como dijo Santayana.

JMF: En esas estamos entonces, gracias Pío, un abrazo y hasta pronto.
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Detener como sea el homenaje a Henri Parot
Liberal Enfurruñada. okdiario 25 Agosto 2021

El próximo 18 de septiembre van a homenajear a un monstruo en Mondragón, para ensalzarle por los 82 asesinatos que ha cometido y para humillar a las miles de víctimas que ha dejado atrás. No lo van a impedir ni Pedro Sánchez ni Marlaska, que hace unos meses decidieron, en contra del dictamen de la Junta de Tratamiento de su prisión, el acercamiento a la cárcel de León de un asesino condenado a 4.800 años de prisión que jamás ha colaborado con la justicia, ni se ha arrepentido, ni ha pedido perdón sino que, muy al contrario, presume orgulloso de su sanguinario expediente; ni mucho menos lo van a detener el lendakari Íñigo Urkullu, ni su consejero de Seguridad, Josu Erkoreka, pertenecientes al mismo PNV que lleva décadas recogiendo las nueces que caen con las bombas de Parot. La red ciudadana pro etarra Sare y el colectivo filo etarra Elkartasun Eguna han programado el día 18 de septiembre, en Mondragón, una “marcha solidaria” de 31 kilómetros, en la que se denunciará «los 31 años que el terrorista lleva en prisión». 82 asesinatos, 4.800 años de condena, 31 años en prisión y homenajeado como un héroe por los suyos: para llorar.

Cuando las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado ya habían conseguido derrotar a ETA en 2005, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero decidió concederles todo lo que pedían: la legalización de sus brazos políticos, la excarcelación de sus presos, y el relato de un final sin vencedores ni vencidos. Entre Zapatero y Sánchez se encargaron de cumplirlas todas, legalizando y ahora negociando con Bildu, convirtiendo al condenado Otegi en ese “hombre de paz”, acercando a todos sus presos al País Vasco, transfiriéndoles la gestión de las prisiones y modificando la legislación para que la justicia se quede sin medios con los que impedir tan bochornosos homenajes como el que se va a producir el próximo 18 de septiembre en Mondragón.

El artículo 578 del Código Penal, que condena el enaltecimiento o la justificación del terrorismo, así como el menosprecio y humillación de sus víctimas, es aplicado por los jueces desde hace 5 años con un nuevo criterio derivado de la reforma de la ley penal de 2015, basándose en la jurisprudencia del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional, que beben a su vez de una directiva de la Unión Europea que establece que, para que haya delito, el acto debe generar un riesgo de que puedan cometerse actos terroristas. Una condición que los jueces no ven posible desde que supuestamente desapareció ETA. Además, para la apreciación de humillación a las víctimas, los jueces, amparados en la libertad de expresión, exigen la intención específica del autor del delito. Por este motivo los homenajes a etarras se producen con una total impunidad, tal y como ETA quería y Zapatero y Sánchez les concedieron.

Pese a que la Ley de Reconocimiento y Protección Integral de las Víctimas del Terrorismo obliga al Estado a asumir la defensa de la dignidad de las víctimas, impidiendo este tipo de actos y aunque el Parlamento Europeo aprobó a finales de 2020 un informe sobre la situación de los derechos fundamentales en la Unión Europea en el que se exige a las autoridades españolas que se tomen todas las medidas necesarias para evitar que las víctimas del terrorismo sean humilladas por actos como los homenajes a etarras, y a pesar de las denuncias de Vox, de la Fundación Villacisneros y de los sindicatos policiales Jucil y Jupol; el Gobierno se ha limitado a pedir un informe a la fiscalía, que es lo mismo que consultarse a sí mismo, para no hacer nada. Pero del mismo modo que los demócratas nos echamos a la calle con las manos pintadas de blanco en 1997, cuando el salvaje sacrificio de Miguel Ángel Blanco, es hora de que recordemos los cinco pequeños ataúdes blancos, de las cinco niñas asesinadas por el monstruoso Henri Parot en su atentado contra la casa cuartel de Zaragoza. En su memoria, por su dignidad y porque es de justicia, tendremos que salir a pararlos de nuevo, en Mondragón y donde haga falta.


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