AGLI Recortes de Prensa   Viernes 27  Agosto  2021

La máquina de imprimir dinero, versión 2021
Juan Gómez Bada elconfidencial 27 Agosto 2021

Han pasado 50 años desde la mayor quiebra de la historia. El 15 de agosto de 1971, Richard Nixon puso fin a la convertibilidad de los dólares en oro. Fue el mayor incumplimiento de un emisor de lo pactado con quienes compraban un determinado activo: dólares.

Desde entonces, los Estados que se endeudan en sus propias divisas no pueden quebrar. Siempre podrán emitir más dólares, euros, libras o yuanes para hacer frente a los pagos. Desde entonces, quienes invierten en divisas o en bonos denominados en ellas asumen un mayor riesgo de depreciación de las monedas frente a otros activos reales.

Medio siglo después, lejos de arrepentirnos de aquella decisión, seguimos innovando para incrementar la oferta monetaria. Los pilares que sostenían el primer sistema fiduciario están por los suelos y todavía no ha pasado nada grave. Repasemos las principales características del sistema 'fiat' actual:

1.º) Los bancos centrales ahora financian directamente los presupuestos públicos y se han convertido en los principales inversores de deuda pública. En otras palabras, hacen lo que dijeron que nunca harían.

2.º) La autoridad monetaria ya no controla únicamente los tipos a corto plazo. A través de sus operaciones de compra de bonos, ahora decide cuál es el tipo de interés a largo plazo al que se financian Estados y muchos emisores privados. Esto lo ha conseguido desplazando a los inversores privados. Ha pasado de ser prestamista último para convertirse en prestamista único.

3.º) Los bancos centrales ofrecen subvenciones directas al sector privado. Un ejemplo son las operaciones de financiación a plazo más largo con objetivo específico (TLTRO) que ofrece el BCE a los bancos. Les da financiación al -1% anual a tres años para que presten a empresas y consumidores. Es decir, les presta sin intereses a tres años y les regala un tres por ciento, que no tienen que devolver.

4.º) La refinanciación como único medio de pago. Tal es el volumen de deuda acumulada, que la inmensa mayoría de los Estados y de las grandes empresas no pueden pagar las deudas cuando vencen sus emisiones con sus ingresos ordinarios. Para hacer frente al pago de la deuda deben refinanciarla o vender activos a otros agentes económicos. Esto es especialmente relevante para los presupuestos públicos: no necesitan que se condone la deuda porque se puede renovar indefinidamente a tipo cero y no se minora la cantidad disponible para el gasto público.

5.º) Si la economía se ralentiza, se crea más dinero para impulsarla. Los mercados han aprendido cómo reaccionan los bancos centrales. Saben que ante todo tipo de dificultades se aplica el mismo remedio: más oferta monetaria.

En conclusión, el sistema fiduciario actual es muy diferente al de finales del siglo pasado. Hemos descubierto la fuente de la eterna riqueza, un modelo monetario que parece no tener límites. Todo esto se sostiene mientras sigamos confiando en el valor de las divisas 'fiat', esos papeles que imprimen los bancos centrales.

*Juan Gómez Bada es director de Inversiones de Avantage Capital y asesor de Avantage Fund.

‘Chapuzas Biden’ ya sabe quién manda ahora en Afganistán
OKDIARIO 27 Agosto 2021

Los resultados más que previsibles de la humillante rendición de Joe Biden ante los talibanes comienzan a vislumbrarse en forma del horror más absoluto. El Estado Islámico de la Provincia del Jorasán (ISIS-K) ha reivindicado el doble atentado suicida en Kabul que ha dejado al menos 13 militares de Estados Unidos y 60 afganos muertos, y más de un centenar de heridos. Doble también es la derrota de un Biden que asiste atónito al lamentable espectáculo de ver cómo los talibanes le han echado de Afganistán y el Estado Islámico, del aeropuerto de Kabul, provocando una masacre que deja en ridículo a todos aquellos que decían que el mundo dormiría mejor con Biden que con Trump.

El Estado Islámico de la Provincia del Jorasán se formó después de que una facción dentro de los talibanes se dividiera y prometiera lealtad a Abu Bakr al-Baghdadi, el líder del Estado Islámico en Irak y Siria, en octubre de 2014. Son todavía mucho más peligrosos que los talibanes y gracias a la huida de Biden ahora podrán convertir Afganistán en un campo de entrenamiento de terroristas. Ser estadounidense en aquel país será una sentencia de muerte y no tardaremos mucho en ver a un marine de rodillas con una bandera del ISIS detrás grabado en vídeo. Esa es sólo una parte de la infame herencia que deja Biden en Afganistán.

Conmocionado por la matanza, Biden tardó horas en romper su silencio y salir a dar explicaciones. El presidente de Estados Unidos, aún en estado de shock, afirmó : «A los que dañen a EEUU, os digo: no os vamos a perdonar, no lo vamos a olvidar, os vamos a cazar y os lo vamos a hacer pagar». Pocos creen que Biden cumpla con sus amenazas. El mismo Biden que dijo que «cuanto antes se vaya EEUU de Kabul, mejor» ahora finge fortaleza. Las mentiras de este chapucero ya no cuelan. Hace sólo cuatro días, un periodista le preguntó si el ISIS era una amenaza real para los soldados americanos y la respuesta de Biden fue darse la vuelta y marcharse. Un gesto que refleja la catadura moral de este líder flojo y pusilánime. Lo mismo ocurre con Kamala Harris, que cada vez que le preguntan por el peligro que corren los norteamericanos en Afganistán suelta una carcajada histérica. La actitud infantil de Harris sumada a los errores catastróficos de Biden llevan a preguntarse si hay vida inteligente en la Casa Blanca.

La matanza de Kabul es también un serio aviso para Pedro Sánchez tras el patético show humanitario de los afganos, en el que sin escrúpulos utilizó la base aérea de Torrejón de Ardoz como ‘photocall’ y a los refugiados como figurantes para mostrarse como un líder comprometido con la evacuación tras estar una semana desaparecido en Lanzarote. Hay que recordar que Sánchez llegó a decir el disparate de que los 20 años de misión de la OTAN habían sembrado “una semilla” para el futuro. La masacre de Kabul ha demostrado cuáles son los verdaderos frutos de esa siembra: el terror y la huida de millones de afganos. Europa se va a quedar pequeña para acoger a tanto refugiado. Ahora comienza otra guerra que Occidente ya ha perdido por incomparecencia.

¿Refugiados? No, gracias
Rafael Bardají. https://gaceta.es 27 Agosto 2021

Para la España de Boadil, esa España que siempre llora lo que no quiso defender, la España del centro buenita y la izquierda cínica, la derrota de Afganistán, decidida unilateralmente por el presidente americano Joe Biden, nos exige ahora el compromiso moral de traer a todos los afganos que quieran escapar del régimen de los talibanes y aceptarlos en nuestro suelo. Todo inspirado por esa máxima que se escucha en las películas bélicas de “no se deja atrás a nadie”. Que, dicho sea de paso, grita Pedro Sánchez dejándonos a todos bien detrás, como sabemos. Pero eso sí, afganos primero.

Desde luego, hay que hacer justicia con el personal que ha trabajado codo con codo con las fuerzas allí desplegadas. Y hay que criticar tanto al ministerio de Defensa, como a Exteriores y Justicia por no haber tenido la previsión de haberles dado ya los papeles para que pudieran haber salido del país. No es una situación nueva, pues nuestras Fuerzas Armadas ya lo han vivido desde que se desplegaron en los Balcanes.

Pero otra cosa bien distinta es acoger sin más a decenas de miles de afganos que, lógicamente, prefieren vivir en Europa y en España a quedarse en su país. En estos días han cruzado las fronteras aledañas medio millón y esa cifra no haría sino aumentar a medida que los talibanes imponen a hierro y fuego su política represiva.

Por desgracia, los aliados de la OTAN no han sabido garantizarles un futuro mejor en su propio país, pero ese fracaso no implica que se les prometa ahora a cuanto afgano huya de Afganistán que tiene su futuro asegurado entre nosotros. Porque no es verdad. La experiencia de la última ola migratoria, tras la política de puertas abiertas impuesta por Merkel a finales de 2015, ha sido pura y llanamente un fracaso. Los inmigrantes musulmanes, incluidos los afganos, lejos de asimilarse, se han radicalizado aún más; la criminalidad se ha disparado, particularmente los delitos contra las mujeres; y su contribución a la economía sigue siendo negativa ya que dependen de generosas ayudas financieras de ayuntamientos, comunidades y ministerios.

Europa no puede ser, por mucho que lo desee, el continente que todo lo arregla. Porque lo que está haciendo en realidad es no arreglar el mundo y sí estropear nuestro continente. Primero, económicamente. Estamos hundidos en la mayor de las crisis pero queremos pagar miles de millones al año en mantener unos grupos sociales que prefieren vivir de la sopa boina de las ayudas sociales a encontrar un trabajo. Todas las minorías inmigrantes, salvo la china, tienen tasas de paro que superan a la de los españoles en decenas de puntos. Ese dinero que se va a manos de extranjeros que apenas aportan y sí consumen, podría ponerse al servicio de las necesidades de miles de españoles que también lo necesitan. ¿Recuerdas el cartel electoral de Vox en Madrid con la paguita al mena y la minipensión a la abuela? Pues eso.

En segundo lugar, en términos sociales: allí donde las minorías pasan del 2% de la población y viven agrupadas étnicamente, siempre se produce una fricción con el resto de vecinos. Las costumbres son demasiados distintas y los valores de convivencia pacífica no coinciden. No creo necesario tener que elaborar más cuando todas las televisiones sacan día sí y otro también algún problema asociado a inmigrantes.

Y, finalmente, hay otro asunto del que nadie quiere acordarse: ¿por qué los países musulmanes se niegan a aceptar a refugiados de los suyos? Lo que han hecho países como Egipto o Líbano con los refugiados palestinos, encerrándolos en campos durante décadas, no se tiene en cuenta; que países más ricos del Golfo no hayan aceptado a nadie en su suelo, tampoco. ¿Por qué será? Europa no puede ser más musulmana que los musulmanes. De hecho, Europa no puede ser más musulmana de lo que ya es hoy. Porque el precio sería haber perdido la cristiandad en Kabul, como chillan alborozados los talibanes, y perdido la cristiandad en nuestro propio suelo. Y todo, a base de abrir las fronteras y facilitarles las ayudas sociales que se nos niegan a los españoles.

Afganistán: Occidente se humilla y lo humillan
EDITORIAL. Libertad Digital 27 Agosto 2021

Los que llegaron a soñar con llevar la libertad a todos los rincones de la Tierra se están humillando ante una horda de criminales islamistas recién salidos de las cuevas.

Los atentados a las puertas del aeropuerto de Kabul dan pavorosa cuenta del bochornoso papel que Occidente está desempeñando en la crisis afgana. Un papel signado por los errores, la incompetencia y la cobardía.

Tras un despliegue de más de dos décadas, Estados Unidos y sus aliados están huyendo de Afganistán como pollos sin cabeza y humillándose ante los execrables talibanes. Una huida desordenada que para colmo han intentado vender como una magnífica operación militar en tiempo récord.

Pero, como ha quedado terriblemente de manifiesto este jueves, Occidente se ha limitado a montar una demencial e improvisada operación de evacuación en la que ha sido incapaz de mantener un mínimo de seguridad, ya no en Afganistán ni en Kabul, sino en el exiguo perímetro del aeropuerto de la capital del país.

La salvaje matanza de este jueves es un siniestro anticipo del futuro inmediato de Afganistán, sobrado de desesperación, miseria, intransigencia y terrorismo.

El principal responsable de lo que está sucediendo es Joe Biden. Su incapacidad para prever lo escandalosamente previsible y para liderar a su país en momentos críticos marcarán indeleblemente su mandato. Pero sus homólogos occidentales tampoco han dado precisamente ejemplo: siempre a remolque de las decisiones estadounidenses, Europa jamás se ha comprometido auténticamente con su propia seguridad ni con la defensa de un mundo libre y seguro para todos. Por un lado, ha delegado esa misión en Estados Unidos, que se ha acabado hastiando; por el otro, está subcontratando aspectos básicos de su seguridad, como el control de las fronteras, a países tan poco confiables como Marruecos o Turquía. Un receta perfecta para el desastre.

Pero no es un problema sólo de los políticos, ni mucho menos: sociedades que antaño comprendían los sacrificios que comporta el mantenimiento de la paz y la libertad se han vuelto alérgicas a cualquier batalla –no sólo bélicas– que comporte esfuerzo y compromiso. Aquellos que ofrecían sangre, sudor y lágrimas a la causa del mundo libre ahora sólo tienen lágrimas, mayormente de cocodrilo.

Estados Unidos y Europa cierran en Afganistán un capítulo de su historia. En unas semanas han pasado de gendarmes del planeta a un grupo descoordinado de países incapaces de defender unos cuantos kilómetros cuadrados alrededor de un aeropuerto. Los que llegaron a soñar con llevar la libertad a todos los rincones de la Tierra se están humillando ante una horda de criminales islamistas recién salidos de las cuevas. Cuánto oprobio, y qué caro vamos a pagarlo.

El presidente gagá, culpable del caos afgano
Daniel Rodríguez Herrera. Libertad Digital 27 Agosto 2021

Donald Trump amagó con hacer en Siria algo similar a lo de Biden ahora. Igual no se acuerdan porque es historia antigua, es decir, de hace un par de años. Tras derrotar al Estado Islámico, concluyó que los Estados Unidos no tenían ya intereses que defender allí y anunció que retiraría las tropas por completo, dejando a sus aliados kurdos solos frente a una previsible invasión turca y facilitando un posible retorno del ISIS. Sin embargo, tras escuchar a aliados como el senador Lindsey Graham y sus propios consejeros, cambió de idea y decidió dejar cerca de un millar de soldados como elemento de disuasión y allí siguen, tanto los americanos como los kurdos.

Según lo que publican los medios useños, Biden no ha escuchado a nadie. Quería salir de Afganistán desde sus tiempos de vicepresidente y lo ha hecho lo más rápido posible, garantizando que para el vigésimo aniversario de los atentados del 11-S vuelvan al poder los mismos talibanes que acogieron y protegieron a Ben Laden mientras planeaba los atentados, dando de paso una imagen de derrota y decadencia que tendrá efectos aún más duraderos en el resto del mundo. El valor y la determinación de los pasajeros del vuelo 93 de United, en aquella primera derrota del islamismo el mismo 11-S, han abandonado a sus líderes políticos y militares, quienes de nuevo se ven incapaces de ganar una guerra.

Nos vendieron que con Biden volvería el verdadero Estados Unidos, regresarían la diplomacia y las alianzas entre países occidentales; los adultos volvían a estar a cargo del país. En cambio, tenemos un presidente que por no escuchar no escucha ni al Pentágono. Robert Gates, secretario de Defensa bajo las presidencias de Bush y Obama, escribió sobre él en sus memorias que había estado equivocado en casi todos los asuntos de política exterior y defensa durante las últimas cuatro décadas. Y eso era cuando aún tenía todas sus facultades mentales intactas. La degradación psíquica del presidente lleva siendo visible desde antes de su victoria electoral, por más que los mismos medios que ahora le critican su actuación en Afganistán se encargaran de disimularla. Su presidencia sólo puede ir a peor.

Digan lo que quieran de Trump, pero de vez en cuando escuchaba a sus consejeros militares. Además, su imprevisibilidad y una actitud de matón de colegio hacían que los enemigos de Occidente prefirieran no contrariarle demasiado. Además, odiaba tanto perder –no hay más que recordar su ridículo empeño en convencernos de que congregó a más gente que Obama en su investidura– que, por más que quisiera retirarse de Afganistán y no hiciera ascos a pactar con los talibanes, nunca habría permitido un caos como el que estamos viviendo.

Estados Unidos ha tenido que aumentar la presencia militar que permitía tener a raya a los talibanes sólo para garantizar la seguridad del aeropuerto. La vida de miles de extranjeros y de los muchos más que colaboraron con el Gobierno durante estos veinte años depende de la voluntad de los enemigos de Occidente, de la civilización. Al menos, Jimmy Carter tuvo la decencia de esperar tres años a hundir el prestigio de su país en Irán. Si a una Administración se la debe juzgar por cómo gestiona su primera crisis, la de Joe Biden apunta a dejar aquélla como un ejemplo de que todo puede empeorar.

Condenados al terror
Violencia ciega y persecución a todo el que no se someta a los delirios del régimen talibán y sus satélites criminales es lo que les espera a los afganos cuando salga el último soldado aliado
Editorial ABC 27 Agosto 2021

La vieja fábula de la rana y el escorpión que no podía renunciar a su naturaleza mortífera es la que mejor explica la dramática secuencia de atentados terroristas de ayer en Kabul que ha causado decenas de muertos, entre ellos al menos doce soldados norteamericanos. Los terroristas tratan siempre de camuflar su apariencia bajo determinadas reclamaciones, pero su único rumbo permanente es usar la violencia, causar daño, cuanto más dolor mejor. Y la espantosa realidad es que esta matanza, que no pocos analistas y expertos occidentales habían considerado como prácticamente inevitable debido a la concentración extraordinaria de personas en los alrededores de los accesos al aeropuerto de Kabul, es también la consecuencia directa del peor de los errores que ha cometido Estados Unidos en Afganistán: haber negociado con los terroristas a los que se cansó de combatir. Como en la fábula, no sirve de nada que la rana haya accedido a ayudar al escorpión a atravesar el río, porque este no puede evitar traspasarla con su aguijón, sin tener en cuenta que entonces ambos perecerán. Por ello, los pactos con aquellos que no entienden más que de violencia no solamente son inmorales, sino que suelen acabar en más violencia y terror.

Los que han cometido esta masacre injustificable puede que no se reconozcan bajo la bandera del ‘emirato’ de los talibanes, aunque de todos modos forman parte de esa misma órbita de fanáticos yihadistas en la que unos y otros intentan acabar con cualquier signo de libertad y civilización en nombre del islam. Si talibanes y militantes del mal llamado Estado Islámico no han llegado a congeniar nunca en Afganistán no será porque tengan una convergencia en lo esencial, que es asesinar a todos los que no se someten a sus delirios. De hecho, aunque los talibanes se han desmarcado de este crimen, lo han hecho señalando a los norteamericanos como supuestos responsables de esa zona del recinto, no para condenar a los que han imaginado y perpetrado esta masacre.

Esto -violencia ciega y persecución religiosa- es lo que les espera a los afganos una vez que los últimos soldados aliados hayan dejado el país y esta es la razón por la que tantos de ellos están intentando desesperadamente salir a toda costa. Para los occidentales queda la vergüenza histórica de esta retirada convertida en derrota humillante, a la que algunos gobiernos quieren añadir el obsceno desdoro de abandonar conscientemente a estas personas, cerrándoles indiscriminadamente las puertas de sus países. Una pequeña parte de ellos, al menos los que tienen vínculos directos con la acción civil o militar de los europeos y los norteamericanos, podrán tal vez ser evacuados ‘in extremis’ y trasladados a países donde al menos podrán sentirse a salvo de la persecución de los talibanes. Desgraciadamente, la inmensa mayoría de personas que un día confiaron en que Occidente sería capaz de ayudarles a construir un país decente no podrán ser salvados.

Es cierto que este atentado demuestra también que es más necesario que nunca que los servicios competentes presten toda la atención necesaria a las características del flujo de afganos que están llegando a Europa, porque también hay que tener en cuenta que entre tantos miles que merecen protección habrá también un número indeterminado de terroristas, con sus aguijones bien preparados para atacar a la mínima ocasión. En todo caso, nadie podrá extrañarse de ello y mucho menos aquellos que pensaron que la solución pasaba por negociar con los escorpiones.

Afganistán es una bomba contra la paz
Los atentados de Kabul son un prólogo cruel de la amenaza que se cierne
Editorial. La razon 27 Agosto 2021

En la cuenta atrás para la operación de rescate tras la victoria talibán, los terroristas quisieron manifestar al mundo lo que le aguarda. Las explosiones de Kabul en el perímetro del aeropuerto, que han costado decenas de muertos y heridos, varios niños entre ellos que esperaban una oportunidad para escapar del país, ha demostrado que puede haber acabado la guerra, pero que está muy lejos de haber llegado la paz. Es el comienzo de la pesadilla, de esa que se intuía en cuanto a las potencias decidieron poner tierra de por medio y admitir su rotundo fracaso en una misión de dos décadas que persiguió un Afganistán mejor, próspero, cívico y democrático, con un bienestar tolerable para sus ciudadanos, y que solo ha supuesto un retorno al pasado más miserable y tétrico, el de la violencia, el desgobierno, el yihadismo y la venganza.

La administración norteamericana de Joe Biden ha adoptado decisiones en clave interna como si los decenas de miles de militares que cumplieron misiones en el país, y que ayer sumaron un nuevo sacrificio de caídos en acto de servicio, se hubieran limitado a imponer paz y libertad duraderas en el territorio afgano y no fuera de allí. Pero no es así. El terrorismo yihadista no entiende ni limita su odio a un ámbito geográfico, ni reduce sus enemigos a destruir por la cercanía de sus objetivos. Ni siquiera el credo es una barrera inflexible. Puede que Washington y otras capitales del mundo entiendan que la seguridad será una meta alcanzada después de que se haya cedido el poder a los talibán.

La experiencia evidencia que no será así y que la amenaza criminal es global, que se ha reforzado por una gestión calamitosa de la ocupación y una retirada aún más penosa y terrible. El futuro se asoma sombrío, porque los errores son tales y el enemigo tan despiadado que hasta será difícil granjearse alianzas y colaboraciones que robustezcan la causa de la libertad. Occidente ha mandado un mensaje de debilidad y deslealtad hacia aquellos que mediten si quiera plantar cara a estos regímenes intolerantes y crueles, y a los verdugos que proyectan. Nuestros militares, con su tributo de sangre, combatieron por la libertad y la seguridad de España en Afganistán. Ahora, puede que lo tengan que hacer mucho más cerca. Las de ayer son bombas contra la paz. Que se lo pregunten a las familias de las decenas de víctimas del atentado de mayo contra un colegio de niñas entre 11 y 15 años en un barrio habitado por la minoría chií hazara en Kabul.

España, entre Argelia y Marruecos
Emilio Campmany. Libertad Digital 27 Agosto 2021

Mientras lágrimas afganas velan la mirada de la ministra de Defensa, muy cerca de nuestras fronteras se ha desatado otra crisis que apenas ha interesado a nuestros medios, distraídos en el interés humano que despierta la huida de Kabul. Argelia ha roto relaciones diplomáticas con Marruecos. "Bueno ¿y qué?", pensarán muchos. El asunto afecta a nuestros intereses como nación, si es que eso significa todavía algo en esta España que quiere que todo el mundo sea bueno y que piensa que lo conseguirá a base de quererlo mucho.

Las razones que da el Gobierno argelino no son convincentes. Acusa al reino alauí de respaldar a separatistas cabileños e islamistas radicales que a su vez son sospechosos de haber provocado los incendios que asolaron recientemente el país. También le acusa de haber mejorado sus relaciones con Israel, anatema de todo país árabe, a cambio de haber Estados Unidos reconocido su anexión del Sáhara Occidental. La conexión de Rabat con el partido independentista de la región de la Cabilia y de los islamistas del Rachad no está clara, aunque recientemente el Gobierno marroquí expresó su simpatía por el movimiento autonomista cabileño. Luego está lo de siempre, el Sahara. Argelia apoya al Frente Polisario en su ambición de dominar este territorio que, entre otras cosas, daría a Argel una salida al Atlántico. A finales de 2019 el Polisario anunció el fin del alto el fuego acordado en 1991, pero esto no se ha traducido en acciones violentas significativas.

Cabe sin embargo la posibilidad de que Argelia tenga otras razones para escenificar una escalada en sus tensas relaciones con Marruecos. El 31 de octubre próximo finaliza el contrato en virtud del cual el gas que Argelia vende a España y a Europa ha de pasar por territorio marroquí a través del llamado GME. Hoy, tras la construcción de otro gasoducto, el Medgaz, que transporta el gas directamente desde Argelia a Almería y que por ahora tan sólo es un complemento del GME, la compañía argelina Sonatrach, que explota los hidrocarburos del país, ha declarado que Medgaz tendría capacidad suficiente para transportar todo el gas que hoy día compran España y Europa a Argelia.

En su día ya generó cierto escándalo que España se empeñara en que el gas argelino pasara por Marruecos, para encarecerlo en beneficio del monarca marroquí. Hoy podrían ser los argelinos los que quieran golpear al reino alauita privándole de este pingüe ingreso aprovechando que el contrato vence dentro de un par de meses. O quizá Mohamed VI sea capaz en este plazo de satisfacer las exigencias argelinas, estén éstas relacionadas con la Cabilia o con el Sáhara o con ambas, y continuar cobrando el peaje por el paso del gas por su país mediante una renovación del referido contrato.

El caso es que ésta es una cuestión en la que España debería tener una opinión y defender del mejor modo posible sus intereses, bien para mediar y apoyar a nuestro vecino a cambio de por ejemplo controlar la inmigración ilegal a España, bien liberándonos de la tasa marroquí al gas argelino para que Rabat pague así los muchos desdenes que nos lleva últimamente hechos. Esto último quizá sea lo que merezca, para que así la próxima vez Mohamed VI se lo piense un poco antes de actuar contra nosotros. A lo mejor hay un español al que, además de saber cuántos afganos vamos a traer, le interese conocer cómo va a defender el Gobierno nuestros intereses energéticos en el Magreb.

La complicidad de la izquierda occidental con el Islam: las razones de una antinatural alianza
ANTE LA REACCIÓN PROGRESISTA A LA TOMA DE AFGANISTÁN POR LOS TALIBÁN
Carlos Esteban. https://gaceta.es 27 Agosto 2021

Algo debe haber en el clima, en el aire o en el suelo de los remotos países musulmanes que vuelve censurable hasta excusar la intervención militar una cultura, la islámica, que se vuelve excelente e irreprochable una vez que el adepto pisa Occidente.

Este curioso doblepensar se ha agudizado en prensa, redes sociales y declaraciones políticas con motivo de la súbita implantación en el Afganistán ayer ocupado por los norteamericanos de una república islámica. La reacción de la izquierda y, en general, de la progresía ilustrada ha sido tan esquizofrénica como cabría esperar: lamentar a grandes voces el cruel destino de las afganas y pedir que se actúe contra su opresión por cualquier medio -como si las afganas, misteriosamente, no participaran de la cultura afgana general-, por una parte, y por otra, demandar entusiásticamente la entrada de cuantos refugiados afganos quieran aparecer por nuestras costas.

Pedro Sánchez, naturalmente, ha atendido sus plegarias, pese a lo que demoró la salida del país de tropas y ciudadanos españoles en Afganistán. La base de Torrejón ya ha atendido a más de 1.100 evacuados afganos, de los que 613 han solicitado asilo en España, según cifras de Interior. Los pioneros de lo que será, sin duda, una oleada afgana hacia nuestro país aplaudida y apoyada por la progresía española.

La islamofilia compulsiva de nuestros líderes de opinión es bastante desconcertante. Insisten machaconamente en que el machismo que “las está matando” (por echar mano de la hipérbole favorita del feminismo radical) es una cuestión de educación, y esa es la razón por la que, en la crisis económica más terrible que ha vivido el país en muchísimas décadas, el Ministerio de Igualdad sigue recibiendo partidas millonarias del presupuesto. Y, sin embargo, se niegan a admitir el corolario obvio: que los varones criados en una cultura que desprecia los derechos de las mujeres puedan suponer un problema en este sentido.

Y no solo en este sentido, naturalmente: cuando más alejada es la cultura de la que procede un inmigrante, en valores, visión del mundo, creencia y principios políticos, más disruptiva será necesariamente su presencia en grandes números. Y aquí empieza un de los misterios más fascinantes de nuestro tiempo: la alianza antinatural de la izquierda con el Islam.

El islam, incluso el ‘moderado’ y no violento, representa una visión de la sociedad que está en el extremo opuesto de lo que la izquierda defiende con más énfasis. Todo aquello de lo que los izquierdistas puedan y suelan acusar a la derecha, el Islam lo cumple elevado a la máxima potencia. ¿Estado secular? Imposible: el islam no diferencia entre ambos, y muchos de sus mandatos exigen una autoridad política que los aplique. ¿Ideología de género? Absolutamente ‘haram’. ¿Feminismo? No me haga reír. Pacifismo, tolerancia, libertad de expresión… Elijan el campo que quieran.

Y, sin embargo, las evidencias de una alianza táctica entre la izquierda, y especialmente la más radical, y el Islam, y especialmente el islam más radical, están por todas partes. Ante cualquier comportamiento violento de grupos islamistas, es siempre la izquierda la que muestra la reacción más comprensiva, esforzándose por ‘explicar’, minimizar o incluso justificar el acto.

Vivimos un momento de extraños compañeros de cama, de fractura de las líneas ideológicas de la posguerra y alianzas inesperadas. Ante cada nueva crisis observamos cómo ya no hay una derecha que defienda en bloque una postura, atacada también en bloque por la izquierda. Pero ninguna de estas alianzas es, como señalamos, tan violentamente antinatural como la que une al islam con la izquierda.
¿Cómo es posible, de dónde nace este estrambótico ‘pacto de suicidio’?

Lo primero que hay que entender, el sucio secreto de la izquierda occidental, es que a lo largo de la posguerra fue perdiendo su base natural, su ejército proletario, los parias de la tierra de los que canta La Internacional. El obrero fabril, lejos de cumplir las profecías de Marx y depauperarse hasta la absoluta indigencia y multiplicarse en número, mejoró de forma constante sus perspectivas económicas y nivel de vida, pasando a engrosar la creciente clase media. La izquierda, aunque mantuvo la retórica obrerista, necesitaba urgentemente otra ‘clase oprimida’ que justificara su visión y su lucha, y encontró muchas: el propio planeta, con el ecologismo; las mujeres oprimidas por el Patriarcado; los homosexuales y demás compañeros de viaje; los pueblos indígenas oprimidos por la herencia colonial; los inmigrantes discriminados por nuestra sociedad xenófoba…

El Islam representa a estos dos últimos grupos. El islamismo exterior, en el extranjero, viene a ser una revuelta marxista de los desheredados con un pintoresco disfraz religioso; el interior, es la reacción contra la opresión xenófoba. Los musulmanes son, en fin, una potente internacional proletaria que aún no tiene la conciencia correcta, pero es solo cuestión de tiempo.

Basta con observar una lista parcial de intelectuales de izquierdas que mostraron una actitud ambigua, justificaron o incluso celebraron públicamente el atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York de 2001 para hacerse una idea de la amplitud del fenómeno: Jean Baudrilliard, Damien Hirst, Norman Mailer, Dario Fo, Nelson Mandela, Harold Pinter, Arundhati Roy, Jose Saramago, Susan Sontag, Karlheinz Stockhausen, Oliver Stone, Hunter S. Thompson, Ted Turner, Desmond Tutu, Peter Ustinov, Gore Vidal…

Sí, el islam parece representar todo lo que la izquierda aborrece, pero eso es solo producto de la ‘falsa conciencia’. El enemigo es el de siempre, Occidente, y muy especialmente su herencia cristiana. Explica perfectamente el periodista y autor británico Peter Hitchens:

“La hostilidad de la izquierda hacia el cristianismo es específica, porque el cristianismo es la religión de sus propios hogares y de su tierra. El Islam ha sido un credo distante y exótico que nunca se les ha enseñado como una fe viva y probablemente nunca se les ha propuesto en la práctica como opción de vida. Por tanto pueden simpatizar con él porque es el enemigo de su monocultura y como un factor anticolonialista y, por tanto, progresista. Algunos marxistas formaron alianzas con los musulmanes británicos pese a sus muy reaccionarias actitudes con respecto a las mujeres y los homosexuales. Otros prefieren vivir en un estado de doblepensar no resuelto”.

La izquierda está atrapada en una prisión conceptual marxista que la obliga a ver el mundo bajo un prisma simplista, el de opresor/oprimido, ciega para cualquier realidad que no quepa en ese esquema aunque le golpee en la cara. Como resume el periodista americano Dennis Mitzner, la izquierda pasa por alto la religiosidad islámica porque ve a los musulmanes como parte de su propia lucha contra la hegemonía occidental. «El islam no parece a la izquierda una amenaza en el mismo sentido que el cristianismo o el judaísmo. Miran a cristianos y judíos y ven riqueza; miran a los musulmanes y ven pobreza». Siendo hijos de Marx, «ver el mundo bajo el prisma de las condiciones económicas es perfectamente lógico».

En Occidente, el islam se deja querer. Vota a esa misma izquierda sin dios porque es votar concesiones, sin más. Pero la ironía es que la victoria total de cualquiera de los dos aliados es el exterminio absoluto del otro. Si la izquierda triunfa absolutamente, impondrá un régimen en el que no habrá lugar para la discriminación de los homosexuales, la discriminación de las mujeres o, ya que vamos a ello, la religión, mucho menos una que pretenda imponerse políticamente. Si, por el contrario, los islamistas se salen con la suya, la izquierda sufrirá el mismo destino que el resto de los infieles, multiplicado. Los cristianos tienen un lugar, subordinado y servil, en la cosmovisión islámica. Los ateos, en cambio, son reos de muerte. De la independencia de la mujeres o de la ‘visibilización’ de los homosexuales, mejor nos olvidamos.

Para los izquierdistas más perceptivos, los que advierten estas irreconciliables diferencias -igual que para los islamistas más astutos-, se trata de una carrera. La izquierda confía en ‘domar’ a los islamistas, que a corto plazo suponen, sin más, un contingente añadido de votos. Confían en que nunca lleguen a imponerse numéricamente o que, cuando lo hagan, ya hayan sido convenientemente secularizados por la influencia de la vida occidental. En su cosmovisión, la religión no es más que «superestructura». Su ignorancia sobre los siglos de historia musulmana suele ser total.

Para los islamistas, en cambio, la izquierda occidental son traidores útiles en Dar al Herb, la Tierra de la Guerra, de los que han encontrado muchos a lo largo de la historia. Fenómenos pasajeros que serán absorbidos y sometidos a su tiempo sin problemas. Y que, si se obstinan en sus ideas seculares y nefandas, ni siquiera obtendrán el magro consuelo de los dhimmis y su destino será la espada.

Hace 85 años
La memoria histórica que calla Sánchez: las ‘Seis Laicas’ de Posadas asesinadas por la «canalla marxista»
Segundo Sanz. okdiario 27 Agosto 2021

No pertenecían a ningún partido político ni tampoco habían militado en sus juventudes. Y no empuñaron bayonetas ni fusiles. Su única arma, la más poderosa, era la fe católica y por eso las mataron. Lo hicieron los republicanos un 27 de agosto de 1936, hace hoy 85 años, como reza en sus lápidas: vilmente asesinadas por la «canalla marxista». Se conocen como las ‘Seis Laicas’ de Posadas y serán beatificadas el próximo 16 octubre en Córdoba, tras la aprobación del Papa Francisco, junto a otros 121 mártires de la provincia de Córdoba.

Sus nombres son Josefa Bonilla Benavides (murió con 34 años); María Luisa Bonilla Benavides (con 39 años); Antonia Durán Palacios (con 26 años); Julia Durán Palacios (con 31 años); Antonia Palacios Bonilla (con 59 años); y María Brígida Toledano Osa (con 77 años), según el trabajo de investigación -con declaraciones de testigos y consulta de registros oficiales- realizada por la Diócesis de Córdoba.

Estas víctimas de la localidad cordobesa no pertenecían a ninguna orden religiosa. Eran mujeres que dedicaban su tiempo a la Iglesia como laicas, bien dando clases de catequesis, participando activamente en la vida cofrade o cuidando una ermita, en el caso de una de ellas. Esta entrega a la comunidad cristiana las llevó a la muerte, pero no al olvido, aunque el actual Gobierno de Pedro Sánchez, tan aficionado a la propaganda frentepopulista, silencie estos crímenes.

Tomado el cuartel de la Guardia Civil por los milicianos, con apoyo de anarquistas y las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), se desataron las persecuciones y las ejecuciones. «Las llevaron a todas juntas en la noche del 27 de agosto de 1936 a una finca próxima a la localidad. Las mataron después de sufrir los mismos tormentos y no pocas vejaciones. Los asesinos abusaron de las dos hermanas Durán Palacios ante su madre, ésta atada a un árbol (su cadáver tenía huellas de ataduras en los brazos y las muñecas). Luego dispararon sobre las seis mujeres, quedando algunas aún vivas y malheridas, y todas fueron arrojadas a un pozo lleno de agua». Así relata los hechos el libro Testigos de Cristo (2021) elaborado por Miguel Varona Villar, sacerdote y director del Secretariado diocesano para las Causas de los Santos, uno de los impulsores de este proceso de beatificación.

Conservación
Estas mujeres, prosigue la citada publicación, fueron sepultadas después en el Cementerio de Posadas en nichos separados «aunque seguidos y correlativos en la misma pared». Allí permanecieron sus restos hasta hace unos años, cuando en el marco de la Causa de Juan Elías Medina y CXXVII compañeros mártires (sacerdotes, seminaristas, religiosos y laicos) entre 1936 y 1939, un equipo integrado por forenses y antropólogos, bajo supervisión de la Diócesis de Córdoba, exhumó los restos de estas seis mártires. Unos trabajos en los que sorprendió el estado de conservación de los cuerpos momificados, a diferencia de otros casos en la provincia. Tras ello, fueron trasladados a una cripta en la Capilla de San Pablo de la Iglesia Catedral, en la capital cordobesa.

Allí se custodian hasta que tenga lugar la celebración de la Beatificación el 16 de octubre en dicha Iglesia Catedral, ceremonia en la que previsiblemente serán expuestos para su veneración. Esta canonización estará presidida por el prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos del Vaticano, cardenal Marcello Semeraro.

Regreso a la parroquia
Posteriormente, una vez ya beatificadas, la idea es que los restos de las ‘Seis Laicas’ regresen a Posadas -donde nacieron, ejercieron su labor y recibieron el martirio- pero no al cementerio, en el que todavía se guardan sus féretros de madera, sino que ocuparían un espacio destacado para rendirles culto en la parroquia de Santa María de las Flores, a la que estaban vinculadas. También son mártires de esta Causa -iniciada en 2010 y en cuya fase romana intervino un capuchino cordobés, fray Alfonso Ramírez Ramírez- dos sacerdotes del pueblo, el párroco Mariano Fernández-Tenllado Roldán y su coadjutor Leovigildo Ávalos González.

«Las señoritas Antonia y Julia Durán Palacios -las que antes se citan como extraídas del pozo- refieren que murieron con el rosario en la mano diciendo ¡Viva Cristo Rey!. No es esto extraño si tenemos en cuenta su ejemplaridad y su apostolado catequístico (…)», subraya también en el citado libro de la Diócesis a partir de un informe-cuestionario redactado el 7 de diciembre de 1938 por el nuevo párroco.

«En la memoria histórica de estos acontecimientos martiriales, los verdugos sólo nos interesan para perdonarlos. Así nos lo enseña nuestro Señor Jesucristo, y así lo han cumplido estos mártires», concluye monseñor Demetrio Fernández, obispo de Córdoba. Un perdón esencial para la beatificación.


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Impunidad nacionalista
Alejandro Tercero, Cronica Global 27 Agosto 2021

Aunque parezca inaudito, todavía quedan constitucionalistas bienintencionados convencidos de que se puede dialogar, razonar, negociar y pactar con los nacionalistas. Y eso que sobran los argumentos para descartar por completo esa posibilidad.

Por ejemplo, esta semana el Govern ha anunciado que volverá a desobedecer al TSJC y repartirá los exámenes de Selectividad de forma preferente en catalán, limitándose a ofrecer a quien lo pida explícitamente una versión en castellano o en aranés.

La justicia --gracias a la acción de la Asamblea por una Escuela Bilingüe (AEB)-- ya ordenó en junio pasado a la Generalitat que no mostrara predilección por ninguna de las lenguas oficiales y que mantuviese una estricta imparcialidad lingüística a la hora de distribuir las pruebas de Selectividad. Pero se pasó las advertencias por el forro, a pesar de que los indultos a los presos del procés --a los que algunos atribuían efectos cuasimilagrosos-- estaban a punto de firmarse.

En realidad, aquella tampoco fue la primera vez que el Govern se pitorreaba de los catalanes castellanohablantes en el proceso de selección universitario. Hace muchos años que el atropello contra los usuarios del español --recuerden, la lengua propia de Cataluña-- en ese ámbito es sistemática, premeditada y flagrante.

Estoy convencido de que muchos lectores se preguntarán cómo es posible que la Generalitat se atreva a seguir incumpliendo resoluciones judiciales como esta. Y la respuesta es simple: porque les sale gratis.

La impunidad de la que ha disfrutado el nacionalismo catalán durante cuatro décadas le ha permitido envalentonarse hasta niveles y situaciones incompatibles con una democracia occidental. Los dirigentes independentistas se han acostumbrado a conculcar los derechos de los constitucionalistas sin que nadie les parara los pies.

Sin embargo, en los últimos años algunas cosas han empezado a cambiar. La propia AEB ha sido testigo y causante de algunos de estos avances. La entidad presidida por la incombustible Ana Losada ha logrado innumerables sentencias que obligan a centros escolares de toda la comunidad a ofrecer una parte de la educación (de momento, el 25%) en español, sin que los directores se hayan atrevido a desobedecer. ¿Por qué? Por miedo a incurrir en un delito con graves consecuencias para su persona.

El constitucionalismo --en este caso hay que reconocer la labor de la Delegación del Gobierno en tiempos del PP y reprochar la dejadez en épocas socialistas-- también ha ganado batallas en un buen número de ayuntamientos en los que no se cumplía la ley de banderas. Lo que parecía imposible se resolvía con un par de sentencias que amenazaban con inhabilitar al alcalde de turno si no colgaba la enseña nacional en el interior y en la fachada. Mano de santo.

Algo parecido ocurrió con los referéndums secesionistas ilegales. Es cierto que los responsables de ambos desafíos han tenido que rendir cuentas ante la justicia --o están en ello--, pero también lo es que la aparente gratuidad inicial de la consulta separatista del 9N de 2014 animó a los líderes nacionalistas a repetir la ofensiva en 2017. Afortunadamente, la impecable actuación de la Policía Nacional y la Guardia Civil por mandato judicial el 1-O evitó un nuevo episodio de bochornosa impunidad frente al Estado de derecho como el de tres años antes.

Sea como fuere, lo cierto es que la historia reciente nos demuestra que la única forma de tratar al nacionalismo es asegurándose de que sus actuaciones ilegales no queden impunes. Y cuanto antes lo asumamos todos, mejor será la convivencia entre catalanes.

El peligro latente de quienes, subterfugiamente, nos invaden pacíficamente
Quienes han tenido un comportamiento humillante y expresivo de una subordinación inadmisible a los intereses marroquíes ha sido el Gobierno español y su presidente
Miguel Massanet. diariosigloxxi 27 Agosto 2021

No solamente es en Ceuta la ciudad española donde se le ha permitido acceder a diputada de la Asamblea a una señora, Fátima Hamed, residente y de origen marroquí a la que, todavía no se sabe por los motivos reales, se le ha dado un protagonismo absurdo e inexplicable, en esta ocasión permitido por el señor Vivas, presidente del PP en la ciudad autónoma, cuando el grupo que preside se abstuvo en una votación en la que la señora concejala pedía que se declarase personas non gratad a los que “fomentaban el odio contra el pueblo marroquí” refiriéndose al líder del grupo VOX, Santiago Abascal, acusándolo de racista por su comportamiento con los ciudadanos marroquíes en relación con la invasión de Ceuta por miles de inmigrantes azuzados y espoleados por el sultán Mohamet VI en represalia por el hecho de que España había acogido a un miembro destacado del Frente Polisario para que fuese tratado en un hospital español de una dolencia que padecía.

Si el comportamiento de Vivas ya nos pareció fuera de lugar, dándoles alas a los miles de marroquíes que residen en la ciudad africana, cuando la realidad es que quienes han tenido un comportamiento humillante, fuera de lugar y expresivo de una subordinación inadmisible a los intereses marroquíes ha sido el Gobierno español y su presidente, que no han sabido mantener una postura firme y contundente frente al gobierno de Marruecos ya que, en su momento, fue el señor Pedro Sánchez quien se ganó a pulso el que el sultán le tomara ojeriza, cuando no fue él el primero que recibiera al español en visita oficial al reino alahuí, tal como era costumbre inveterada, después de ser elegido presidente del gobierno español.

Pero el ejemplo ha cundido y ya existen otros cargos públicos, en ciudades españolas, también de origen marroquí, una de las etnias más numerosas que han entrado en nuestra nación; que han sabido tomar posiciones dentro de la administración española cuando, previamente, ya se habían esmerado en agruparse en grupos organizados, bajo la dirección de imanes o líderes religiosos instalados en mezquitas en las que, además, celebran sus reuniones y oficios religiosos.

Y, en consecuencia, no es extraño que otro de los partidos separatistas de Cataluña, ERC, también haya aceptado entre sus miembros y los haya promocionado para cargos administrativos como el de diputados en el Parlament catalán a musulmanes procedentes de los miles de inmigrantes que, con el consentimiento, aprobación e interés, especialmente de la izquierda española, bajo la excusa de una solidaridad que, en ocasiones, no es más que un interés político, una hipocresía partidista, demanden que se acojan a cuantos inmigrantes vengan de estos países infra civilizados y de religiones islamistas que forman un todo indivisible con su forma totalitaria de gobernar las naciones sobre las que pueden imponer su yugo; sabedores de que estas personas, en su gran mayoría, proceden de origen humilde, que huyen de las dictaduras africanas para venir a España pensando en que con nosotros van a gozar de una serie de beneficios, que nos hemos ganado los españoles a costa de una guerra civil, de años de pasar peripecias, escaseces y falta de las cosas más elementales para sobrevivir y de las que ellos, sin haber sido capaces de levantarse contra los opresores que los han sojuzgado, van a poder disfrutar desde el momento en el que consigan meterse en España. Y aprovechándose de su desesperación, de sus problemas para adaptarse, de sus instintos religiosos y de la miseria en la que viven, son terreno abonado para captarlos como afliados suyos.

Y, hete aquí que, como dice el refrán español: “de fuera vinieron quienes de casa nos echarán”, estos recién llegados, no sólo insisten en conservar sus prácticas de vida, sus costumbres, en ocasiones, muy distintas de las nuestras; sino también intentan que el resto de españoles las admitamos, las permitamos o las toleremos, aún en el caso de que vayan en contra de nuestras leyes y costumbres.

En España tenemos un ejemplo claro de la discriminación con la que el Gobierno y las izquierdas se comporta con la iglesia Católica, los límites y cargas con las que intenta poner freno a las prácticas religiosas de siempre y, por otro lado, contemplamos asombrados como se intenta facilitar el estudio del Corán en determinadas escuelas públicas, un libro religioso en el que es fácil encontrar principios totalitarios que pueden estar en contra de lo dispuesto en nuestra Constitución y ya no hablemos de cuanto hace referencia a los derechos de las mujeres, cuyo mayor ejemplo lo podemos contemplar en el nuevo Afganistán el que las mujeres se van a ver privadas de todos los derechos que habían conseguido durante la presencia, en el país, de los soldados occidentales. Nada de reírse por la calle, nada de conducir, nada de vestir con ropas occidentales, nada de ser presentadoras o locutoras de radio, nada de enseñar el rostro, de estudiar o impartir enseñanza.

Y choca mucho el mutis de este feminismo tan agresivo, recalcitrante, pedigüeño e omnipresente que tenemos en España, que parece que no encuentra la forma de reaccionar ante unos hechos contra los cuales son incapaces de enfrentarse debido a que, si bien lo analizan, las enfrenta a la situación en la que se encontraban las mujeres en Europa hace más de trescientos años y, claro, ellas ya parten de unas bases tan por encima de aquellas situaciones, que hacen que se enfrenten a un estado de cosas que ellas ya han venido considerando superado, inimaginable y que ya no fue necesario reivindicar porque ya estaba al alcance de cualquier mujer y, sin embargo, para sí quisieran poder disfrutarlo ahora,en su país, las mujeres afganas.

Volviendo al tema que nos ocupa, esta diputada de ERC, la señora Najat Driouech, de origen marroquí, no sólo pretende enseñarnos a los españoles lo que en su país resultaría como una blasfemia, sino que hasta rechaza nuestro sistema democrático, algo que sería como una bendición celestial si en Marruecos, en lugar de tener a una monarquía absolutista, dueña del 90% de la riqueza del país y dónde cualquier intento de socavar la autoridad del monarca es castigado de forma contundente; pues bien, esta señora se queja amargamente con las siguientes palabras: “Cabe preguntarse qué hemos hecho mal para tener 11 diputados de extrema derecha” ¡Nada en absoluto ni, tampoco, podían hacer nada, porque estos señores han conseguido los votos de un número suficiente de españoles para tener derecho, el mismo que usted, a sentarse en los escaños del Parlament catalá!

Lo que debiera de haberse preguntado, señora, es cómo en su país usted no podría decir algo semejante de su rey, sin que le costara pasarse una temporada en la cárcel o algo peor. Pero ha tenido el privilegio de, en lugar de cobrar una miseria como funcionaria u ordeñando cabras, ahora disfruta usted de un sueldo del que no gozan muchos españoles, que no han tenido la suerte de encontrar un enchufe como el suyo.

No es extraño que, visto lo visto, para esta parlamentaria catalana, según sus propias manifestaciones, “El mejor plan de justicia social es el independentista”. Naturalmente a esta mujer le ocurre que no ha tenido tiempo de estudiar, de enterarse, de recibir unas cuantas lecciones de la historia de España y de la de Cataluña porque, la pobre inocente, no se ha enterado de que el independentismo catalán es primordialmente de tipo burgués, nada de comunista, aunque es posible que esté confundida al ver que comunistas bolivarianos, como Podemos, ahora, por conveniencia partidista, parezca que apoyan la causa separatista que, para su conocimiento, abarca a ERC, a la antigua Convergencia ( los pujolistas de la derecha catalana) y los del señor Puigdemont, el exiliado catalán que vive como un rey en Waterloo mientras los catalanes, con sus impuestos, le pagan su principesca estancia en tierras belgas, “Junts per Cataluña” al que su líder denomina como “el partido del pueblo” sin que ello signifique ninguna connotación con los comunistas de la CUP, que son otros que también van por su cuenta en la lucha por el poder.

Y hoy voy a citar a un periodista con el que no suelo coincidir en cuanto a sus análisis sobre Cataluña. Sin embargo, la frase que hoy se destaca de su artículo en La Vanguardia “Tapas de palabras bravas”, deja una idea interesante sobre el hecho de que se le dan importancia a pequeñas cuestiones, a pleitos de familia, a nimiedades de escasa entidad, a regionalismos intrascendente y a enfrentamientos de tipo local y, como dice el señor Antoni Puigvert, “Un temblor mundial enfatiza la pequeñez geopolítica de nuestros pleitos.”. Cita el periodista una frase de Julio César en su guerra de las Galias (qué oxidado tenemos aquel latín del florilegio latino de nuestro bachiller): “En general, los hombres creen en lo que desearían que pasara.”

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, no puede dejar de pensar en lo fácil que resulta para quienes tienen en sus manos el poder, el control de los medios de comunicación, el BOE y los servicios nacionales de inteligencia, crear un clima propicio a los intereses particulares de aquellos partidos políticos que ostentan la gobernación del país, obviando hacer mención de aquellos temas que, aún siendo esenciales, puedan perjudicar la imagen del gobernante y, por el contrario, dando notoriedad, enfatizando, resaltando y elevando al conocimiento de la opinión pública aquellas cuestiones que puedan mejorar la imagen o resaltar los aparentes logros de quienes utilizan este sistema de “engaña bobos” como medio para lograr establecer un cinturón sanitario en torno de la actividad de la oposición.

La «mierda» del nacionalismo catalán
Sergio Fidalgo. okdiario 27 Agosto 2021

El separatismo ha convertido Cataluña en una tierra arisca, poco amable y desagradable, ha creado un clima hostil para los que no comulgan con el monolingüismo en catalán y la hegemonía cultural y social nacionalista. El ambiente social catalán es una “mierda”. Y esto no lo digo yo, ilustre “facha” y “fascista” –ya se sabe que los catalanes no independentistas somos entes despreciables para el independentismo y sus aliados ‘progresistas’–, sino un pintor de fama mundial, Sean Scully.

Scully, artista irlandés con pasaporte norteamericano que tiene obra expuesta en los principales museos estadounidenses, tenía uno de sus domicilios en Barcelona, en el que pasaba largas temporadas con su esposa, la fotógrafa Lilianne Tomasko, y su hijo Oisin. Y como puede, porque es alguien con recursos y no tiene por qué aguantar las barbaridades de los separatistas, ha cambiado Barcelona por la Costa Azul francesa y se ha despachado a gusto contra el nacionalismo catalán en una entrevista en el Financial Times.

Porque hay gente como Pere Aragonès que sólo son entrevistados por la prensa internacional si han pasado previamente por caja, y otros como Scully, que tienen talento y que despiertan el interés de los grandes medios. Y allí ha relatado que han dejado Barcelona hartos de los nacionalistas. Tanto él como su mujer hablan con fluidez en español, lo que les garantizaría una cómoda coexistencia con los habitantes locales en cualquier lugar de España que no esté infectado por el virus nacionalista.

Y Barcelona, tomada por el separatismo ’light’ de Ada Colau, que coexiste con el secesionismo asilvestrado de ERC, Junts y la CUP, se ha convertido en esa “mierda” que denuncia Scully. Una ciudad que presume de cosmopolita, pero que cuando el pintor y su esposa iban a reuniones sociales sus anfitriones “hablaban siempre en catalán, como diciendo ‘te jodes’». También denunciaba que a su hijo, un chaval de doce años escolarizado en Barcelona, le decían que debería hablar catalán, en lugar de español, durante el recreo.

Millones de catalanes hemos de soportar esta “mierda”. Que desprecien nuestros derechos lingüísticos y que señalen y adoctrinen a nuestros hijos. Gracias a Pedro Sánchez y a sus predecesores en La Moncloa, que permitieron que el separatismo se apoderara de Cataluña, lo que han vivido Sean Scully, Lilianne Tomasko y Oisin, es la realidad cotidiana de más de la mitad de la población de esta comunidad autónoma. Lo que ha hecho este pintor y su familia es huir de la peste nacionalista y buscar acomodo en tierras más amables. Tienen los medios y no lo han dudado.

Y es lo que cada año hacen muchos catalanes, abandonar su tierra para vivir sin tener que aguantar las políticas de exclusión y odio del separatismo. Cataluña ya hace décadas que no es tierra de acogida. No quieren venir ni médicos, jueces, ejecutivos o profesores del resto de España. No quieren amargarse la vida ni amargársela a sus hijos. Para detener este deterioro constante de la convivencia en Cataluña es imprescindible desalojar al separatismo del poder. Pero estamos viviendo la situación contraria, desde el Gobierno de España se sigue reforzando a unos líderes instalados en un golpe de Estado permanente.

Sean Scully ahora es feliz, ha evitado que su familia deba vivir en primera persona el “lo volveremos a hacer” de Oriol Junqueras y Carles Puigdemont. Millones de catalanes, abandonados por nuestro Gobierno, tendremos que sufrir cómo se va gestando un nuevo golpe de Estado mientras vemos como el separatismo se fortalece gracias a la “mesa de diálogo” y la “agenda del reencuentro” de un PSOE entregado a los que odian a España.
 


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