AGLI Recortes de Prensa   Martes 31  Agosto  2021

Kabul y la derrota de la Cristiandad
Rafael L. Bardají. Libertad Digital 31 Agosto 2021

Hay quien dice, sobre todo en la izquierda, que la caída de Afganistán en manos de los talibanes no es sino un episodio más, como tantos otros antes, de una derrota de fuerzas extranjeras a manos de los locales. Antes que los Estados Unidos fue derrotada la URSS, y antes que ésta, el Imperio Británico. Por otro lado, y desde parte de la derecha, se argumenta que no conviene exagerar, que el impacto de las imágenes que estamos viendo no será ni profundo ni duradero, que los talibanes no son Al Qaeda y que América tiene cuerda para rato en tanto que potencia hegemónica a nivel mundial. Yo creo que ambas interpretaciones son erróneas: la caída de Kabul tiene la importancia estratégica de Lepanto y las implicaciones de Waterloo, por citar dos ejemplos. Ha habido un orden mundial pre-Afganistán y habrá otro tras la derrota americana y aliada, occidental, allí.

¿Cómo es posible que una retirada de un país que no aporta nada al mundo pueda ser un punto de inflexión en la Historia? Por alguna razón hemos perdido la capacidad de ver que algunos acontecimientos puntuales son auténticamente explosivos y hacen saltar por los aires el orden imperante. El asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria en Sarajevo o el 11-M, la tumba de España. Pero también somos incapaces de ver que los colapsos, la mayoría de las veces, son producto de procesos que duran muchos años. A mí me enseñaron en el colegio, por ejemplo, que los delirios de Calígula, quien amenazaba con nombrar cónsul y darle esposa a su caballo Incitatus, fueron un episodio más, una página en la larga historia de la caída del Imperio Romano.

Yo no sé si Occidente, la Cristiandad para los talibanes y los islamistas, va a caer rápidamente cual fruta madura o si su caída se producirá lentamente, en una sucesión de desagradables episodios. Pero de lo que no tengo dudas es de que nuestro orden o mundo, el imperante en los últimos siglos, ha salido derrotado de Kabul.

Junto a la penosa derrota militar de América y la OTAN, hay un conjunto de fuerzas que empujan al mundo occidental hacia el abismo. En primer lugar, el daño ideológico causado por el liberalismo, para el que el libre mercado es la piedra angular del progreso y de la libertad. Desde los años 80 y 90 se abraza la ideología de la globalización porque se creía que el mercado, además de bienes, producía libertad. Pero ya sabemos que no es así: China ha sido capaz de generar un capitalismo de Estado, autoritario. Y otros países, como los del Golfo, quieren ser ricos pero no occidentales. Esto es, si hay alternativas al modelo capitalista occidental.

En segundo lugar, está también el daño del ecologismo. Hasta ahora las naciones competían y se medían por su nivel de riqueza relativo. Y en gran parte del mundo sigue siendo así. China, sin ir más lejos, pone todas sus piezas para adelantar económica y tecnológicamente a los Estados Unidos en unos pocos años. Y, sin embargo, en el campo occidental se ha desarrollado una mentalidad preservacionista que defiende la desindustrialización, dejar de comer carne (y producirla), consumir lo menos posible y, ahora, no encender la luz. O sea, todo lo contrario al crecimiento, el progreso y la riqueza. Una concepción que nos llevará a ser más pobres y, además, no solventará los problemas derivados de la actividad económica del resto del mundo, pero que nos dejará más débiles y a merced de los más ricos.

En tercer lugar tenemos la muerte de la privacidad. Las nuevas tecnologías que nos prometían empoderar al individuo han servido, en realidad, para que el Estado y quien pueda pagar por el big data que se produce cada segundo controlen lo que se hace, lo que se piensa y lo que se desea. El totalitarismo ha encontrado por fin los instrumentos con que afianzarse. De ahí que sea tan difícil ahora hacer caer regímenes dictatoriales. Los medios de comunicación, otrora un poder de control de los Gobiernos, son ya tentáculos al servicio del poder. Lo hemos podido comprobar claramente durante la pandemia. Acabar con la separación de poderes y con la diferencia entre espacio público y privado es ir contra las raíces del capitalismo democrático.

Por último está el miramiento permanente que conlleva el movimiento woke, que no tiene nada que ver con la forma asiática de cocinar las verduras, sino con una ideología de rechazo global de lo que somos los occidentales, y que promueve la trivialización extrema y la confrontación de unos grupos contra otros. Los blancos serían los opresores de las minorías; los hombres, los de las mujeres; los heteros, los de los homosexuales, y así con todo. Sorprendentemente, su éxito sólo es explicable por la tentación victimizante de individuos que no quieren arriesgarse ni sacrificarse para ser algo, sino que aspiran a que alguien les compense por el daño de los demás. La rabia y el odio sustituyen al esfuerzo y al trabajo, lo opuesto a la mentalidad capitalista.

Todo esto augura un final nada feliz para el sistema occidental, la Cristiandad, que hemos conocido. Y aunque se podrá decir que estas tendencias ya estaban antes de la caída de Kabul, la forma como se ha producido ésta las acelerará. Porque aún queda un último punto esencial de nuestra decadencia: la negación y el rechazo de nuestras propias raíces judeocristianas y el papel que desempeña en nuestras vidas la religión, se sea creyente, practicante o ateo. La larga y paciente victoria de los talibanes muestra no solo cómo la religión es la base de una gran estrategia, sino que da fuerza y esperanza. Justo lo que los occidentales hemos perdido del todo.

¡Sánchez, héroe de Kabul! Cómo un fracaso se convierte en triunfo
“Los pañales y los políticos han de cambiarse a menudo… y por los mismos motivos", George Bernard Shaw
Miguel Massanet. diariosigloxxi  31 Agosto 2021

Al parecer deberemos acostumbrarnos a nuevos usos políticos, a la explotación de cualquier evento por absurdo, penoso o criticable que fuere. España ya no es aquella nación que dominaba Europa, ni aquella cuyos tercios eran el terror de sus enemigos, no, no señores, ahora cualquier minucia, asomo de acierto o de éxito, aunque fuere en una retirada poco honrosa, con graves deficiencias e incompleta, sirve para que algunos políticos se vanaglorien de ello, saquen pecho y presuman de buen hacer y de habilidad en su gestión aunque, lo cierto haya sido, que lo realmente sucedido es que EE.UU, el resto de naciones occidentales y, entre ellas, España, hayan realizado una vergonzosa, poco meditada y frustrante retirada de Afganistán, después de haber estado luchando contra los talibanes durante más de 20 años, para intentar establecer un modelo de democracia a lo occidental cuando, quienes entienden de la materia y los analistas de los últimos acontecimientos ocurridos en aquella nación, hablan de un territorio tribal, de señores de la guerra, de sistemas basados en grupos étnicos y en caciques dominantes, con una economía básicamente enfocada al cultivo de adormideras o, lo que es lo mismo, en la exportación de la materia prima de las drogas de mayor toxicidad que se producen en el mundo.

Hete aquí que nuestro presidente, conocido por su afición a aparecer públicamente solamente en ocasiones en las que puede dar noticias buenas al pueblo español, donde pueda colgarse medallas por supuestos méritos en la gestión que lleva a cabo o en las que, su comparecencia le permite, sin que nadie lo contradiga, echar basura sobre la oposición, recriminarle viejas culpas o criticarle supuestas faltas de lealtad, cuando no se pliegan a su voluntad, no aceptan sus imposiciones o no le permiten que haga de las leyes y, principalmente, de nuestra Carta Magna, aquello que no tiene otro fin que acabar con ella, para implantar un estado totalitario que es, en definitiva, lo que tiene en mente desde que subió al poder; ha aparecido de nuevo presumiendo de cómo España, o sea su gobierno, ha realizado una feliz(a su criterio) recuperación de los españoles y colaboradores afganos en aquella nación, miembros y colaboradores de la delegación militar y civil en Afganistán.

Como les diríamos, algo así como si Von Paulus, el general alemán que rindió sus tropas en 1943 a los rusos, en Stalingrado, hubiera presumido de su derrota o que, Napoleón hubiera sacado pecho por la retirada de su Ejército derrotado en Waterloo, y esta insensatez la quisiéramos aplicar para justificar una retirada bochornosa, siguiendo la pauta del señor Biden, otro derrotado sin paliativos por unos talibanes que si tienen algo es fe en su causa y valor para no temer a la nación teóricamente más poderosa del mundo. Y es que, lo evidente, lo que se deduce de la charla telefónica que Pedro Sánchez mantuvo con el presidente americano, es que lo que hizo fue decir “si bwuana” a todo lo que le pidió que hiciese el mandatario americano que fue, sin duda, que le apoyase para salir lo mejor parado que pudiera del lodo en el que se había metido, al no calcular los efectos secundarios de su decisión, poco meditada, de retirar sus tropas de Afganistán. ¿Se evitó el atentado que ha costado la vida de 62 personas y heridas a un centenar más? No. ¿Se ha precipitado el cierre de la operación por miedo a que se produzcan nuevos atentados? Sí. ¿Tienen la ONU y losEE. UUel dominio del aeródromo y la seguridad para quienes lo ocupan? No.

Y, después de dejar sin concluir una evacuación de la que, ahora, quiere presumir y dar por finalizada con éxito, se olvida de que en aquel país en el que dominan las hordas talibanas, ha dejado a una parte importante de nuestros colaboradores a los que ahora, para evitar las críticas, dice que se van a sacar de aquel infierno por “otros medios” ¿cuáles?, ¿cuándo?, ¿cómo evitará las represalias de aquellos terroristas que van puerta por puerta buscándolos para asesinarlos?

Lo menos que podía hacer nuestro presidente es callarse, disculparse, evitar comentarios laudatorios para él y su gobierno y darles todo el mérito de la operación de rescate a aquellos militares, diplomáticos y demás intervinientes directos en procurar sacar al máximo posible, en unas circunstancias adversas, de las personas que han estado colaborando con nosotros en aquella nación.

Después de haber sufrido el desdén del señor Biden, cuando se encontraba en la cúspide de su popularidad, cuando ni se dignó mirarle cuando intento hablar con él, sin embargo, ahora se jactan de que la administración de los EE. UU nos “considera como un socio fiable, predecible y solidario”. Con ello el nuevo ministro de Exteriores, señor Albares, se conforma, saca conclusiones hiperbólicas y ve a España nada menos que “en el centro político de Europa”.Cómo cambian las cosas cuando conviene pintarlas de color de rosa para que nadie sospeche que siguen estando tan negras como de costumbre, porque lo que sucede es que el señor Joe Biden, presidente cuestionado de los EE. UU, fruto de una maquinación de los partidos que utilizaron todas las armas, legales e ilegales de las que dispusieron, ya no tiene, ni mucho menos la aceptación, ni la valoración y mucho menos el prestigio del que gozaba cuando consiguió imponerse al presidente Trump. Ahora está en horas bajas, en plena decadencia ante la opinión pública americana, los republicanos que estuvieron dubitativos respecto a si era mejor Biden que Trump, ya no parecen opinar lo mismo y es evidente que la mayoría de ellos estarían dispuestos a apoyar al mismo Trump en unas futuras elecciones.

Periódicos catalanistas, como el del grupo Godó, La Vanguardia, están cada vez más abiertamente entregados a la causa separatista, siguiendo la tónica de apoyar contra viento y marea al señor Pedro Sánchez, conscientes de que si cayera del pedestal en el que la izquierda española lo ha colocado, la causa independentista iba a sufrir un duro golpe, especialmente después de que su valedor más importante, el señor Pablo Iglesias, abandonara la vicepresidencia del Gobierno español; y pusieron en la portada del rotativo catalán una foto en la que aparecen nuestros soldados que fueron enviados al rescate y ¡cómo no!, nuestro presidente, Pedro Sánchez, entre ellos como si una parte importante del mérito le fuese debida a él, que ha estado fuera del foco de la prensa hasta que todo ha concluido. Sí señores: “¡Misión cumplida!”.

Recuerden cuando, hace ya unos meses, el mismo Pedro Sánchez aparecía solo en la TV pública para hablarnos de que el virus Covid 19 estaba vencido y que la normalidad sanitaria estaba a la vuelta de la esquina. Hoy, todavía, estamos luchando para vacunar a nuestra ciudadanía que no ha alcanzado, como el indicó el mismo presidente, el 70% de inmunidad, esto que se ha dado en llamar “inmunidad de rebaño”, equiparándonos a las cabras y las ovejas (aunque, si bien se mira, en muchos aspectos nos asemejamos bastante a ellas). No faltan vacunas, hasta nos permitimos regalarlas; no faltan sanitarios para ponerlas, pero falta que la población diga sí y, si fuera necesario, se vacune estando de vacaciones, algo que parece que para algunos tiene preferencia a su propia integridad física y, lo que aún es peor, no respeta el derecho de sus conciudadanos a estar libres del contagio que su estúpida actitud pudiera provocarles.

Y la ONU, este organismo inepto, refugio de enchufados, criadero de progresistas y un verdadero pozo sin fondo por lo que respecta a los recursos necesarios para mantenerla en funciones pese a que, hace ya bastantes años que sus resoluciones, vetos y contra vetos, han convertido a este organismo en un verdaderomaremágnum de incoherencias, despilfarros y corruptelas, que si hubiera alguien con sentido común y autoridad, que propusiera su disolución por inservible para parar guerras o evitar conflictos, con toda seguridad que obtendría el apoyo mayoritario de las naciones civilizadas. Pues, esta misma ONU, ya nos ha anunciado que, en Afganistán, quedan la friolera de 500.000 refugiados afganos más, de aquí a finales del 2021. ¿Estos que tan proclives se muestran a abrir de par en par las fronteras para admitir a estas personas, estarán también dispuestos a explicar a los oriundos qué es lo que va a suponer para la convivencia, las ayudas sociales, el trabajo, las personas que no puedan trabajar por su edad o por ser niños, la sanidad del país? Es cierto que los que trabajen contribuirán a pagar las pensiones, pero sus familiares también supondrán un coste inmediato y, solamente sería una solución temporal para prorrogar el problema, ya que ellos también envejecerán y tendrán derecho a jubilarse, como el resto de españoles, y el problema estructural del sistema de pensiones será el mismo.

O así es como, señores, desde la óptica de un simple ciudadano de a pie, vemos como estamos dando o se pretende que sea así, una falsa imagen de normalidad, una normalidad artificial que ignora problemas de gravedad, como es el catalán y todas las servidumbres que, para el Estado, suponen el que tenga que estar subordinado en todo al apoyo del soberanismo catalán y vasco para resolver los problemas que puedan afectar del resto de la nación.

Abascal: ‘VOX es la única alternativa, ante la connivencia del PP, frente a un Gobierno títere de agendas globalistas’
https://gaceta.es/ 31 Agosto 2021

El líder de VOX, Santiago Abascal, ha iniciado este lunes el curso político alzando a su partido como «la única oposición» al Gobierno de Pedro Sánchez. «Somos la alternativa, que es lo que necesita el Gobierno, no un relevo, que es lo que ofrece el PP, con cambio de caras pero con el mantenimiento de las políticas progres», ha asegurado.

El presidente del partido ha marcado la postura de la formación para los próximos meses en una rueda de prensa en la sede nacional en Madrid y ha confirmado el distanciamiento que mantiene con el PP desde la ruptura de relaciones en la moción de censura de octubre del pasado año.

A su juicio, las políticas de PP y PSOE son equiparables en asuntos como la inmigración, la política hidráulica o las medidas restrictivas para hacer frente al coronavirus. Y ha hecho hincapié en la crisis de Afganistán y en la complacencia que todos los partidos, excepto VOX, han demostrado con el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, el «principal responsable del desastre».

Para Abascal, el acogimiento de los refugiados afganos debe recaer en los «países musulmanes limítrofes y ricos» ya que «Europa no debe ser el destino» porque ello conduciría al país «al suicidio en términos culturales, de seguridad y económicos». «Ya lo vimos en 2015 con la llegada de terroristas que sembraron el terror en Europa», ha añadido.

En este punto, ha señalado al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y a «sus caciques económicos», a los que ha culpado de seguir el dictado de una agenda globalista con la que quiere proporcionar a los afganos «todo lo que no puede dar a sus propios ciudadanos».

El líder de VOX ha explicado que, independientemente de la llegada de refugiados procedentes de Afganistán, el goteo de llegadas de inmigrantes ilegales a las costas españolas ha sido incesante durante todo el año y ha señalado que no solo el PSOE es culpable de la «invasión migratoria», sino también el Partido Popular.

«Vienen porque el PP y el PSOE les llaman, porque les regalan aquello que falta a los españoles. El caso del Gobierno andaluz es el ejemplo perfecto», ha dicho en alusión a las pagas que la Ley de Infancia del PP de Andalucía garantiza a los menas hasta los 25 años. «Desde VOX hemos roto todo contacto con el Gobierno andaluz y les hemos exigido el cumplimiento del acuerdo de investidura o la convocatoria de elecciones. O si no, que aclare si busca al PSOE como socio, que quizá es lo que quiera teniendo en cuenta la cada vez mayor coincidencia en sus políticas», ha sugerido Abascal.

Además, ha insistido en que el PP y el PSOE se han convertido en «indistinguibles» y ha recordado el caso del alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, con Madrid Central: «El ayuntamiento de Madrid ha mentido a los electores con Madrid Central, condenando a las personas con menos recursos», ha dicho a la vez que ha insistido en la necesidad de volver a la normalidad y en que VOX es la «única alternativa» a la convivencia y connivencia del PP con el PSOE «frente a un Gobierno títere de agendas globalistas».

«En octubre presentaremos la ‘Agenda España‘ que responderá únicamente a los intereses de los españoles y que ofrecerá un camino distinto al de ruina y la división que ofrece el PSOE y al camino fatalista que ofrece el PP», ha concluido.

La catástrofe en Afganistán y la muerte de la Agenda 2030
tras medio siglo de pasividad y de trampa relativista
Hermann Tertsch. https://gaceta.es/ 31 Agosto 2021

Es hora cero en Occidente tras la catástrofe de Afganistán. El peligro es inmenso. Pero se abre la ocasión del golpe de timón si tan brutal evidencia del carácter suicida de la subcultura de envidia y fracaso de la izquierda impulsa una reacción que ya se viene forjando. Es momento propicio para movilizar a las naciones occidentales contra sus enemigos interiores como exteriores. Son muchas las batallas a librar tras medio siglo de pasividad, de trampa relativista y de cesión del terreno siempre sin lucha a los enemigos de Occidente y la civilización.

El primer efecto de la catástrofe afgana ha de ser la muerte de la Agenda 2030. Sus adalides globalistas son causantes de la traición y devastación, unos con intención y otros por su ideología tóxica que hace creer su propia ficción. La Agenda 2030 es un plan de ingeniería social de control y domesticación de la humanidad, sobre todo de sus sociedades menos dóciles por desarrolladas.

La Unión Europea es alumno aventajado de la ONU con su Pacto Verde, monstruoso proyecto de regulación y control desde un pretexto climático. En la ONU como en la UE tienen prisa con sus programas de disciplina colectiva totalitaria porque temen los movimientos que surgen en América como en Europa de resistencia a esos planes. Con pandemia, represión y desinformación han aumentado la resistencia y el temor. Con el avance en Europa de cooperación y unidad de las fuerzas nacionales fuera del consenso socialdemócrata globalista de socialistas, liberal-bolcheviques y populares, la relación de fuerzas en el Europarlamento en 2024 puede acabar con los planes más totalitarios de la UE.

La catástrofe de Afganistán ha demostrado que solo las fuerzas nacionales occidentales contrarias al relativismo globalista tienen el realismo y los atributos para reconocer y satisfacer las necesidades de defensa de unas sociedades cada vez más amenazadas. Ahora hace falta que las sociedades que llevan 50 años escuchando que es mejor ceder ante la injusticia que sufrir una incomodidad entiendan que no hay nada más incómodo que la esclavitud. Y que la libertad solo se defiende desde la nación, con muchas otras naciones. El primer reto en la lucha por acabar con la totalitaria Agenda 2030 es impedir la inmigración masiva afgana. El ‘no’ a la expansión musulmana en Europa -con Las Navas, Lepanto y Viena en mente- debe ser detonante que alce a las naciones en defensa de la civilización occidental.

Poco nos pasa
Rosa Díez. okdiario 31 Agosto 2021

Cuando piensas en manos de quién está el mundo, quién toma las decisiones sobre todas las cuestiones que determinan nuestra vida y la de nuestros hijos y cómo de mansamente vamos “tragando” todo lo que nos sirven no puedo por menos de pensar que poco nos pasa…

Atrás quedaron aquellos tiempos en los que los gobernantes utilizaban el mes de agosto para lanzar sus globos sonda -lo que se llamaban serpientes de verano- con el objetivo de tomar la temperatura al personal antes de implementar o posponer determinadas medidas a la vuelta del verano.

Este agosto las serpientes de verano han sido las «buenas noticias», tan falsas que caducaban antes de que finalizara el elogioso publireportaje de la televisión concertada de turno.

Una serpiente de verano fue la noticia de que los talibanes no iban a tomar el poder hasta que no hubiera un acuerdo con el gobierno de Kabul.

Una serpiente de verano fue la noticia de que, una vez huido del país el Presidente del Gobierno de Afganistán, la transición de poderes iba a funcionar de forma ordenada y los talibanes iban a respetar a todas las personas que durante los últimos años habían colaborado con el gobierno legítimo del país y con las fuerzas de la coalición.

Una serpiente de verano resultó ser la declaración de Biden de que la evacuación se haría de forma ordenada y durante el tiempo que fuera necesario.

Una serpiente de verano fue la declaración de Marlaska de que el aeropuerto de Kabul era un lugar seguro.

El Presidente del Gobierno de España ha sido el único mandatario de los países de la coalición que se ha negado a dar explicaciones ante el Parlamento. Ha sido el único que no suspendió sus vacaciones, ni siquiera temporalmente, para comparecer y dar explicaciones sobre la crisis de Afganistán.

El Presidente del Gobierno de España ha sido el único mandatario de los países de la coalición que no se ha sometido a preguntas de los medios de comunicación sobre la crisis de Afganistán.

Pero el Presidente del Gobierno de España es el mandatario de Occidente que más fotos tiene con los evacuados de Afganistán, con los niños, con los soldados y policías españoles que llegaron junto con el personal de la Embajada en el último avión. Él, que no ha permitido preguntas en sus últimas declaraciones públicas (frente a una residencia de ancianos en Extremadura, en un incendio en Ávila…), ha dado entrada a periodistas y gráficos para que inmortalicen sus paseos triunfales en la base de Torrejón.

En lo estrictamente doméstico también tenemos producción propia. Una serpiente de verano fue también la noticia de que se había resuelto el problema de los centenares de menores marroquíes que entraron en España de forma irregular enviados por el Rey de Marruecos. A pesar de que el monarca alauita se cobró la cabeza de la ministra de Exteriores del Reino de España, a pesar de que Marlaska -el Ministro blanqueador de expedientes de terroristas- dio la buena noticia del acuerdo para la devolución a su país y con sus familias de los menores marroquíes que el alauita utilizó como carne de cañón contra España… los menores siguen aquí.

El Presidente también se ha hecho una foto con el Presidente de la Ciudad de Ceuta y parece que le ha prometido que resolverá el asunto de los menores, sin que hasta el momento tengamos noticia de cómo piensa hacerlo, salvo que su forma de “arreglarlo” tenga que ver con el anuncio de que hablará con Marruecos “de Ceuta, de Melilla y del Sáhara sin ningún tipo de tabú ni limitación previa”. Si negocia la soberanía nacional de esas ciudades igual no hay que “devolver” a nadie a Marruecos, lo mismo lo que queda por hacer es expatriar españoles a otros lugares de España…

De este engañabobos colectivo no se ha salvado ni la pandemia de la Covid19, pues por mucho que las cifras de nuevos infectados y de muertos no hayan sido tan alarmantes como el año pasado la buena noticia que nos dieron nuestros gobernantes –con su cuenta atrás y todo, cantada por el jefe supremo- de que en cuanto alcanzáramos el umbral del 70% de vacunados todo volvería a la normalidad no ha dejado de ser una serpiente de verano para que nos fuéramos tranquilos de vacaciones; y a la vuelta, pues ya nos inventaremos otra cosa….

Supongo que aquellos que quisieron creer -y hacernos creer- que todo cambiaría cuando Iglesias y Redondo, los dos chivos expiatorios para salvar la imagen del soldado Sánchez, dejaran el Gobierno. Ya no están Iglesias ni Redondo, pero el populismo sigue sustituyendo a la política y la propaganda a la información. No podía ser de otra manera mientras Sánchez siga siendo el Presidente.

Fotos en vez de explicaciones y asunción de responsabilidad; fotos en vez de control parlamentario; declaraciones vacías en vez de debates en foro democrático; propaganda en vez de información… No me consuela que estos síntomas de degradación política no sean exclusivos de España. No me consuela que la imagen emocional sustituya a la actuación responsable; no me consuela que las dos imágenes más virales de estos dos últimos días sean un abrazo kilométrico “por los peces Muertos y para salvar el Mar Menor” y 13 cervezas en una mesa vacía en recuerdo a los marines asesinados en Kabul. No me consuela nada que sea mundial el nivel de frivolización al que hemos llegado. La verdad es que, estando las cosas como están y estando el mundo en las manos en las que está… poco nos pasa.

Del collar de la paloma al cinturón-bomba
Iván Vélez. https://gaceta.es 31 Agosto 2021

¡Creyentes! ¡No toméis como amigos a los judíos y a los cristianos! Son amigos unos de otros. Quien de vosotros tiene amistad con ellos, se hace uno de ellos.
(Corán, V 51).

El regreso de los talibanes al poder en Afganistán, coincidente con los fastos laudatorios de Blas Infante protagonizados por un Partido Popular que pugna por superar al PSOE en la exaltación del estatutariamente proclamado padre de la patria andaluza, ha vuelto a ofrecer la posibilidad del establecimiento de manidos paralelismos. Al cabo, en la España actual se sigue cultivando una imagen romántica del islam que ya dejó su impronta entre finales del siglo XIX y el primer tercio del XX, cuando se descubrió y fabricó el mudejarismo, a despecho de la etimología del vocablo mudéjar, cuyo significado es «domeñado». En aquel contexto creció la exótica figura del notario de Casares, cuyas ensoñaciones andalusíes has servido para dotar de señas de identidad a la comunidad autónoma andaluza, ávida, del mismo modo que sus pares constitucionales, de argumentos históricas, sean estos reales o confeccionados al efecto, que le permitan distinguirse de una historia nacional.

Las fantasías de don Blas chocan, no obstante, con la realidad de un al-Andalus que se transformó con los siglos, que padeció la fitna y que practicó la discriminación de los recién coranizados. Algunas de las figuras andalusíes más distinguidas, Ibn Hazam o Abenhasán de Córdoba en su forma romanceada, entre ellos, descendían de gentes que habían tratado de borrar su antigua fe, adoptando nombres de indudable ortodoxia. De hecho, Ibn Hazam significa «hijo de conducta firme». Caso paralelo fue el de Averroes, autor de El libro de la yihad y miembro de un linaje que adoptó el nombre de Ibn Rusd -«hijo del camino recto»-. En un mundo marcado por unas nada flexibles estructuras religiosas, los citados pertenecieron a familias conversas, razón por la cual, del mismo modo que ocurrió con los que transitaron al mundo cristiano desde el judaísmo, trataron de evitar sospechas protegiéndose bajo nombres de explícito significado, que nada tienen que ver con el alambicado Ahmad -«el que pone en acto lo que estaba en potencia»- escogido por don Blas para convertirse voluntariamente en muladí. Pese a esos dudosos orígenes, Abenhasán sigue siendo fuente de inspiración para individuos como el yihadista palestino Abu Qatada, ideólogo de Isis-k, antaño «Lord de Londonistán», que dice nutrirse de las doctrinas del autor de El collar de la paloma.

Exotismos al margen, el al-Andalus idealizado, el que manejan aquellos que gustan de llamar «mesetarios» a los nacidos al norte de Despeñaperros, poco tiene que ver con el real. Al-Andalus formaba parte de la partición mahometana del mundo, la que divide este entre la morada del islam -dar al-islam- y la morada de la guerra -dar al-harb-, y su pertenencia a la primera de esas moradas determinó la llegada de oleadas depuratorias, rigoristas, que trataron de corregir las relajaciones andalusíes. La llegada de los almorávides y, posteriormente, de los almohades, sirvió para que se dictara la conversión obligatoria de todos los no musulmanes de al-Andalus. Entre los afectados por esta disposición se cuenta Maimónides. Es con estos últimos con quienes se suele comparar a los talibanes, sin que por ello decaiga el cultivo de un paradisiaco al-Andalus que suele ajustarse a los límites de la Andalucía actual, abstrayendo detalles como el triunfo de la escuela malikí, que impuso a los dimníes o protegidos, el pago de elevados impuestos, al tiempo que les prohibió la posesión de monturas nobles y estableció la obligación de vestir de manera distinta, así como el veto en el desempeño de ciertos oficios, condiciones, en todo caso, más favorables a las que se tenían para quienes vivían extramuros de esa parte del mundo, los harbíes, carne de aceifas en su momento y de atentados en la actualidad.

Tan cruda realidad no es obstáculo para que desde determinadas posiciones autodefinidas como progresistas e incluso feministas, se llegue a afirmar que el burka es una de las caras de la misma moneda que lleva en su reverso el bikini; o que al calor de algunas cátedras, y con la colaboración de exitosos periódicos globalmañaneros, se fuerce la realidad para presentar un islam tan amable como incomprendido. Un islam como el que describió hace dos décadas Luz Gómez en un artículo de buñuelesco título -«El discreto encanto de la islamofobia»- por el que la autora de «Ibn Hazm leído por los salafistas. Autoridad y teología andalusíes en el siglo XXI», hizo desfilar a todos los tópicos izquierdistas -calificación de la Reconquista como mito, execración del «neoespañolismo»- antes de arrogarse una autoridad interpretativa mahomética que, convenientemente filtrada al común, sirve para obviar uno de los más mandatos que con más claridad se hace a los hombres coranizados, una exhortación que sirve tanto a los talibanes afganos como a los yihadistas globalizadores, sean estos «lobos solitarios» o miembros del Estado Islámico: «Matad a los politeístas donde quiera que los encontréis».

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Los talibán y la izquierda española
Jorge Vilches. Vozpopuli 31 Agosto 2021

No saben dónde está Herat y Badghis. Tampoco cuántas tribus ni confesiones religiosas existen en Afganistán, ni cuáles son sus conexiones con los países limítrofes. Menos aún la historia del país. No podrían nombrar ni a uno de los jefes locales. No saben qué población tiene, la renta per cápita, ni los porcentajes por sexo, analfabetismo o mortalidad infantil. Desconocen todo, pero aun así son capaces de equiparar a los talibán con los franquistas, o sacar el ejemplo para darnos una lección sobre el “patriarcado”.

También está el progresismo que calla, a lo Kamala Harris, o que se mira el reloj en mitad del funeral de los trece soldados asesinados en Kabul, como Biden. Es la izquierda que no dice nada, que nunca lo dijo porque son musulmanes, y aquí, en el “infierno” del cristianismo que tanto desprecian, les sirven para alardear de multiculturalismo. Es esa izquierda que en las vociferantes manifestaciones del 8-M se olvida de los derechos de las mujeres que viven en el Islam, y se centra en el color rosa o en las tallas de la ropa.

Hablo de esa izquierda, como la ministra de Trabajo, que se atraganta con la palabra “militares” y prefiere felicitar a los “trabajadores públicos” que han estado en Afganistán. Es ese mismo desprecio que hacen a las Fuerzas del Orden, como Marlaska permitiendo la humillación anual en la localidad navarra de Alsasua, pero a las que luego tienen para su servicio personal de seguridad. A la mansión de Galapagar me remito, que dejó sin guardias civiles suficientes a los pueblos limítrofes.

Los izquierdistas están ahí siempre preparados para corregirnos, mirarnos por encima del hombro desde su fatal ignorancia y hacer negocio. Es el caso de Ian Gibson, escritor izquierdista que se permite decir a España todo lo que hace mal y debería hacer, como proclamar la República o sacar a Queipo de Llano de su tumba bajo el altar de la Virgen de la Esperanza Macarena. Gibson aprovechó la ocasión, qué boda sin la tía Juana, para decir que el militar de la Guerra Civil era como un talibán.

Es esa izquierda que compara a la derecha con los fundamentalistas terroristas al tiempo que sueña con barrenar la Cruz del Valle de los Caídos y arrancar todo vestigio del franquismo. Esos mismos que critican la falta de libertad, pluralismo y derechos civiles en el Afganistán talibán, pero aquí aplauden a los que gritan “fora feixistes dels nostres barris” o “els carrers seran sempre nostres” a todo aquel que no sea independentista.

O esos que se llevan las manos a la cabeza porque los talibán van a controlar la educación en su país para determinar la visión que de su historia tengan las nuevas generaciones, y aquí publican un manifiesto para que el Gobierno revise los libros de texto y evite “el bloqueo de la Ley de Memoria Histórica en las aulas”. No quieren que haya “resistencia” de las editoriales, ni en ciertas comunidades autónomas, como Madrid, Andalucía, Galicia, Murcia, o Castilla y León.

Es esa izquierda que afirma, con razón, que Afganistán va a ser un narco-Estado, pero no dice nada de Venezuela y del “Cártel de los Soles” -los “soles” son las estrellas que distinguen a los altos mandos militares venezolanos-. Calla acerca de que el 90% de la producción de cocaína colombiana se distribuye desde el paraíso chavista. Es una droga que llega a Estados Unidos y a Europa gracias a la organización paraestatal del narco venezolano, ese paraíso donde se come “tres veces al día” y la gente hace cola en los supermercados porque “le gusta charlar”.

No falta el tercermundismo, claro, y su variante terrorista. Porque esa izquierda, tanto la locuaz como la silente, ha culpado del terrorismo al libre mercado, a la globalización, al cambio climático provocado por el capitalismo, a Israel y a Estados Unidos. Esa que en España es comprensiva con ETA y despreciativa con sus víctimas, que no caben en ninguna ley de memoria histórica ni democrática. Ahora, claro, la izquierda no sabe cómo explicar el fenómeno del terrorismo cobijado en Afganistán porque no cabe la equidistancia ni aquel “negocien, ustedes que pueden”.

Encontró esa izquierda pronto a los culpables del fracaso entre la derecha, como siempre, pero enseguida cerraron la boca. Las culpas eran de Bush jr. y de Aznar, aunque callaron porque vieron que la responsabilidad pasó, entre otros, a Obama y Zapatero, quien aprobó en el Congreso el envío de más tropas a Afganistán. Luego señalaron a Trump, que negoció la retirada con los talibán, hasta que la chapucera retirada de Biden ha sido un escándalo en todo el mundo. Todos eran “fachas” hasta que se les recordó los últimos tiempos, y tuvieron que recular.

Es muy fácil ser de izquierdas. Solo hace falta mostrar mucha indignación y repetir las recetas ecofeministas igualitarias y estatistas. A partir de ahí se puede soltar todo tipo de barbaridades, dar lecciones, alardear de superioridad moral, y castigar a los que no piensan o se comportan igual. Y cuando adoptan por vergüenza el silencio, como han hecho asociaciones feministas, algunas oenegés, o actores muy comprometidos y demás, no se espera nada. Ni un tuit.

El 'Ospa Eguna' contra la Guardia Civil
Pablo Planas. Libertad Digital 31 Agosto 2021

En España, ese país que la ministra Irene Montero compara con Afganistán, se ha celebrado por décima edición consecutiva el Ospa Eguna, una manifestación contra la Guardia Civil en la localidad navarra de Alsasua. Ni el Ministerio del Interior ni ningún juez o fiscal competente han actuado de oficio contra esa cosa, cuyo fundamento consiste en destilar odio hacia los agentes del Instituto Armado y sus familias.

No es previsible que algo así, un correcalles contra la policía de los talibán, pudiera ser consentido en Kabul, pero es que, salvo que diga lo contrario la antedicha Montero, ni la Guardia Civil es la policía de los talibán ni Alsasua, Kabul. Tampoco el Gobierno de Sánchez se parece al Talibán, claro. Puestos a forzar las comparaciones, tal vez Alsasua haya sido tan peligrosa para un guardia civil como Kabul. De hecho lo fue hace cinco años, cuando una cuadrilla de jóvenes del pueblo trató de linchar a un agente y a su pareja sentimental, que salieron vivos de milagro.

Medios de comunicación de la zona acusan a lo que llaman "derecha mediática" de amplificar el Ospa Eguna para meterse con el Gobierno del PSOE y con el alcalde, de la formación Geroa Bai (Futuro Sí), coalición formada por el PNV y diversas facciones del vasquismo navarro. Según estos medios, el Ospa es una cosa minoritaria que no habría tenido la más mínima importancia si no fuera por culpa de la instrumentalización de la "derecha mediática". Es, por demás, el mismo argumento que utilizan cuando defienden la celebración de homenajes a los asesinos etarras excarcelados.

A quienes extienden esa teoría no les cabe la posibilidad de que lo que pretendan sus críticos sea directamente la prohibición de tales manifestaciones de odio, unos actos que no están amparados en la libertad de expresión porque se basan en la exaltación de la violencia, el asesinato y el coche bomba como herramientas políticas. Y sí, deberían estar prohibidos, al menos en sociedades sanas, tolerantes y abiertas. Eso serviría también, entre otras muchas cosas, para que la "derecha mediática" no pudiera meterse con el Gobierno ni con los alcaldes por permitir semejantes tropelías, unos actos con los que la base social que sustentó el terrorismo recuerda a sus conciudadanos que siguen ahí, que no fueron derrotados y que la prueba es que ellos pasean sus banderas y pancartas por las calles mientras que las familias de los guardias viven atemorizadas.

No se trata de demonizar Alsasua ni de instrumentalizar una mamarrachada. Se trata de decencia, de higiene democrática, de solidaridad con los agentes de la Guardia Civil y sus familias, de pura humanidad y de agradecimiento por sus sacrificios frente al terrorismo, por lo que han hecho cuerpos como el suyo en Afganistán, Irak o el Líbano y por estar ahí cada día, frente a los violentos y frente a los imbéciles que dan cuerda a los terroristas y al resto de delincuentes.
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