AGLI Recortes de Prensa   Sábado 4  Septiembre  2021

Sánchez, al más puro estilo bolivariano
Jimmy Giménez-Arnau. okdiario 4 Septiembre 2021

El autobombo de Sánchez alcanzó el delirio: “Los españoles están mejor que hace un año”. El momento más peligroso en la vida de un zumbado es cuando cree que empieza a mejorar y carece de frenos inhibitorios. Ya no recuerda su dificultad para tomar decisiones ni su desinterés por los asuntos de Estado que requieren urgente solución. Que se dispare la deuda pública y el recibo de la luz, gas y gasolina, se la suda. Las insolaciones, mientras gozaba adquiriendo bronce en La Mareta, lo han vuelto majara y ahora gira, de forma concéntrica, sobre su egocentrismo. Descargar tensión le llevó a Canarias – pues mentir tanto, tensiona – y ha vuelto para seguir mintiendo y hacerse las fotos de pantomima que le dictan sus expertos en propaganda.

Este publicista de sí mismo evita la autocrítica, odia la transparencia y no admite su inutilidad. Reúne los síntomas mentales del maniaco. Se tira el pegote de ser el héroe que derrotó a la pandemia y desdeña opiniones de científicos solventes, como la viróloga Margarita del Val o el microbiólogo César Carballo, que ya anuncian la llegada de la sexta ola al inicio del otoño. Sánchez, el trilero ecuménico, es un compendio de contradicciones… Predica su autoridad y recluta a los socios más esquivos y peligrosos para sostenerla. Pretende aumentar su dignidad y la degrada a cada paso con indecencias inoportunas. Se halla profundamente instruido en las vaguedades del ocio y no tiene tiempo para descansar. Un maniaco depresivo ocupa el poder.

García-Andrade, sabio psiquiatra, escribió acerca de los que fingen: “Muchos simuladores son al menos personalidades anormales, o sea, que esta imitación consciente de una enfermedad mental con vistas a obtener una ganancia (alcanzar un cargo inmerecido, imponer una idea 100% injusta en la sociedad, perjudicar a un tercero de manera premeditada o eludir una sanción) no la hacen sólo los sanos. Fingen, simulan los psicópatas, los alcohólicos, los oligofrénicos y los neuróticos”. Como Sánchez no es dado a empinar el codo, hemos de incluirlo en cualquiera de los tres supuestos restantes, o en los tres, sin distinción. España debe avergonzarse de estar presidida por un social-comunista más dañino que un talibán.

Su última ofensa fue consentir a otro inepto como Bolaños, ministro de la Presidencia, dinamitar la división de poderes, largando al más puro estilo bolivariano: “Los jueces no pueden elegir a los jueces, ni nos van a dar lecciones de democracia”. Declaraciones que han sublevado a Arrimadas, Casado y Olona, por orden alfabético y por separado, que exigen la fulminante dimisión de dichos trastornados. No hay mejor medicina que convocar elecciones para librarse de los incapaces. Pregúntenselo a los jueces, que están que trinan, con razón.

Bolaños como ejemplo
https://gaceta.es/ 4 Septiembre 2021

En un fulgurante viaje a México, el presidente de la Fundación Disenso y lider de VOX, Santiago Abascal, presentó ayer en el Senado mexicano, junto a representantes del PAN y del PRI, los dos grandes partidos hoy en la oposición al izquierdista Morena, la Carta de Madrid. Este documento esencial, la primera gran iniciativa contra el avance del comunismo en la Iberosfera y que antecede y da sentido al próximo anuncio de la organización del Foro de Madrid que reunirá a las fuerzas de oposición al llamado ‘Socialismo del Siglo XXI’ en toda la Hispanidad, va mucho más lejos, y también mucho más cerca, que aunar voluntades para luchar contra los enemigos obvios como son las dictaduras castrochavistas antillanas.

Hay otros enemigos no tan obvios —pero igual de peligrosos para la vida, la libertad y el bienestar—, que las flagrantes dictaduras cubana, venezolana o nicaragüense. el kirchnerismo empobrecedor o el neosenderismo de la tríada peruana Cerrón-Bellido-Castillo.

De entre todos los enemigos no tan evidentes —y hay muchos—, el nuevo ministro de la Presidencia del Gobierno de España, Félix Bolaños, es el ejemplo perfecto de la necesidad de una acción conjunta de las fuerzas de oposición al socialismo liberticida. En la última crisis de Gobierno de Pedro Sánchez, la sustitución de Iván Redondo, hasta entonces el hombre fuerte, por Bolaños, fue saludada por los principales medios de comunicación como la llegada de un hombre ‘moderado, sensato y formado’, que venía a dar una vuelta de timón —a estribor— al Ejecutivo para huir de la presión de sus socios comunistas y sus aliados separatistas cuyos resultados, además de sufrirlos los españoles, se vieron reflejados en la estrepitosa derrota de la izquierda en las elecciones madrileñas de mayo.

Poco o nada ha tardado el ministro Bolaños en revelar su auténtica faz, que no es otra que la de un totalitario enemigo de la separación de poderes. Con mejor porte que un Maduro, con más elegancia que un Evo Morales, pero con la misma irrefrenable ambición del Socialismo del Siglo XXI de acabar con la imparcialidad y la independencia que la Constitución española reserva para los jueces y magistrados, sometidos sólo al imperio de la Ley (de la ley justa, añadimos).

Las recientes declaraciones del ministro Bolaños en las que negó la independencia judicial asegurando, para pasmo de cualquier estudiante de primero de Derecho, que «todos los poderes del Estado deben ser elegidos por los ciudadanos», faltando a la verdad y negando no sólo la Carta Magna sino todas las directivas europeas sobre el sistema de elección del órgano de gobierno de los jueces, sigue la misma estrategia de sometimiento del Poder Judicial que ha seguido, y sigue, todo el nefasto socialismo iberoamericano unido en torno a los objetivos marcados por el Foro de Sao Paulo y su sucursal social, el Grupo de Puebla.

Las criticas de las principales y muy mayoritarias asociaciones profesionales de jueces como la Francisco de Vitoria o la APM, no han conseguido que el ministro Bolaños rectifique. Será VOX, el partido de Santiago Abascal, que hoy ha presentado una petición de reprobación y destitución del ministro Bolaños, quien se encargue de defender la estricta separación de poderes y la independencia de los jueces (que si lo son es por mérito y excelencia, no como la mayoría de los ministros del Poder Ejecutivo), desde la tribuna del Congreso de los Diputados.

A esta reprobación del ministro Bolaños pedida por VOX deberán unirse todos aquellos partidos constitucionales y democráticos que, dejando luchas partidistas al margen, crean en la libertad y el Estado de Derecho como motores esenciales del progreso de las naciones.

Esta reprobación es un buen ejemplo que ilustra lo que es la Carta de Madrid: iniciativa y unidad para frenar el avance de Bolaños (alias ‘el Socialismo del Siglo XXI’) en la Iberosfera. Como dicen los senadores del PAN mexicano que la han firmado: un asunto de extrema necesidad.

Lo que el pueblo elige
Javier Somalo. Libertad Digital 4 Septiembre 2021

Siempre ha sido esencial la separación de poderes en una democracia. No es que uno sea más importante que otro, es que han de ser distintos.

La democracia, según algunos, es una carta blanca que de vez en cuando se deposita en las urnas. Según ese modelo, cuando un partido gobierna —ni siquiera estamos en ese caso— ese partido es la Ley y todos sus actos estarán rodeados de la legitimidad de haber sido votado —no es el caso, insisto—, por encima de la legalidad.

Ya no es que se pueda gobernar a golpe de decreto; se trata de que, moralmente, cualquier decisión tomada por un gobierno, por contraria a la democracia que resulte, emana directamente del pueblo y, como tal, es indiscutible.

Según Félix Bolaños, la democracia es tan directa que convierte el voto en una delegación absoluta de voluntad que, para colmo, ni siquiera responde a una mayoría absoluta sino a una macedonia de siglas y doctrinas liberticidas. Lo llama "base democrática" pero es simple comunismo.

Lo que dijo Bolaños, por más que se quiera acusar a Pablo Casado de manipulación en su reacción es lo siguiente:

"En un Estado de derecho, en una democracia con nuestra Constitución, ni los jueces pueden elegir a los jueces, ni los políticos pueden elegir a los políticos: a todos nos eligen los ciudadanos porque son poderes del Estado".

Para convertir la premisa en algo digerible, le dio tres o cuatro vueltas más, alumbrando una frase de la que pronto se arrepentirá:

"En un Estado de derecho, en una democracia como la nuestra, tan importante es el poder judicial como el poder ejecutivo como el legislativo, y todos derivan del voto libre de 47 millones [sic] de ciudadanos. No podemos hacer compartimentos estancos en los distintos poderes".

Siempre ha sido esencial —y como cualquier principio, irrenunciable—, la separación de poderes en una democracia. No es que uno sea más importante que otro, es que han de ser distintos. Y hoy, esa necesidad es más imperiosa si cabe porque en España sigue habiendo un golpe de Estado en curso, el de Cataluña, y la intención del Gobierno, del Poder Ejecutivo, es que culmine con el visto bueno de la Justicia, del Poder Judicial, mediando indultos, vistas gordas y cesiones irreversibles.

No, el Ejecutivo no puede comunicarse con el Judicial, han de ser compartimentos estancos, siempre a salvo de la inundación del vecino. Lo sabe bien Bolaños por más vueltas que le dé y por más que infle el censo electoral español, en el que al parecer ya votan hasta los bebés.

Por otra parte, la independencia judicial no significa que los jueces carezcan de adscripción política. Significa que no sigan directrices del Gobierno, ni de la oposición, ni siquiera de forma proporcional a lo que vota ese pueblo del que todo emana. Reclamé en estas páginas que los jueces han de ser los primeros en exigir, no la renovación de órganos, sino su independencia real, más allá del reducido asociacionismo que tiende a trasladar la pretendida proporcionalidad parlamentaria en la que se refugian los bolaños de todos los tiempos y partidos.

Sigo pensando que el gran paso lo deberían dar ellos, los jueces, también en condición de perjudicados. No puede ser que la mayoría piense en culminar su carrera o promocionar solo por buen comportamiento.

Los proyectos de la izquierda
Si la sinrazón sigue engordando, cabe la posibilidad de que alguna vez nos digan que tampoco es que sea estrictamente necesario molestar cada cuatro años al pueblo para llevarlo a las urnas porque, además, hay proyectos políticos que necesitan mucho más tiempo para madurar de lo que permiten las legislaturas, y si la derecha anda molestando no habrá manera. Y el PSOE pone sus miras en 2030 y hasta en 2050.

Es lo que sucedió durante la II República: que se pergeñó un proyecto privado de la izquierda española que no contaba con el resto de fuerzas, porque salió de donde salió, de unas elecciones municipales intencionadamente mal escrutadas que tenían que desalojar a la derecha sí o sí. El caso es que se parece horrores a lo que tenemos hoy por muchas razones: por la clara deriva comunista, por el número y condición frentista de los partidos que posibilitan el gobierno y por los argumentos de los que lo defienden desde fuera. No nos vayamos muy lejos: según El País, "el PP vuela los puentes para la renovación del poder judicial". O sea, es el culpable, como en 1936. La izquierda genera una situación y cuando la derecha reacciona… es peligrosamente reaccionaria, golpista. No es cosa del pasado, es ya un mal endémico.

El garzonismo es la Justicia del PSOE
Entre 1985 y 1993 el PSOE dejó bien claras sus intenciones respecto a la Justicia. Cargarse la ley que desarrollaba fielmente el espíritu constitucional de la separación de poderes fue el primer paso de quien intuye o sabe que estará muchos años en el Gobierno, como así fue. Para un proyecto largo había que tener casi todo a favor.

Al asesinato de Montesquieu le siguió la llegada del garzonismo, la desfachatez judicial al servicio de la política. Fue en 1993, en la finca toledana de Quintos de Mora, en Los Yébenes, donde José Bono convenció a Felipe González para que Baltasar Garzón fuera el número dos del PSOE. ¡Un juez como número dos!… quizá sea a eso a lo que se refiere Bolaños, que en las listas electorales se pueda meter cuota de hombres, de mujeres, de jueces, de militares o de comisarios.

El caso es que Garzón colgó la toga, puso a parir a Aznar y a todo lo que oliera a derecha y cuando se enfadó con el PSOE porque no le hicieron ministro —Margarita Robles mediante— se volvió a enfundar la toga y sacó los GAL. Y siguió despotricando contra la derecha en la que ya metió al propio González. Pero ahí estaba, en la Audiencia Nacional instruyendo a destajo contra sus enemigos personales y sus propios complejos mientras se le escapaban los narcotraficantes.

De finca en finca, llegó de Quintos de Mora al coto de Cabeza Prieta, en Torres (Jaén), donde compartió cacería con el ministro Mariano Fernández Bermejo —antes fiscal, claro—, con Dolores Delgado, —fiscal del mismo juzgado de su querido Balta, luego ministra y de nuevo fiscal y hasta Fiscal General del Estado ya veremos hasta cuándo—, con el comisario general JAG y con quien fuera necesario para que las escopetas, adornadas con puñetas en la culata, dispararan hacia Génova 13 en la mayor y más vergonzosa montería política conocida hasta el momento. El ex número dos del PSOE, ex juez de la Audiencia Nacional, batió los récords de prevaricación, convirtiéndose en el pichichi togado del delito.

Pues Baltasar Garzón es la esencia de lo que el PSOE entiende por Justicia y por separación de poderes: ir y venir en busca del "éxito garantizado". La derecha, por descontado, no está invitada. Todo, eso sí, con mucha "base democrática" y eso que al PSOE ya no le votan como cuando Garzón estaba en plena forma.

Respecto a eso de que "los políticos no eligen a los políticos", que se lo digan a Pepu Hernández o a los socialistas que tuvieron que quedarse en su casa para no votarle. O a Iván Redondo. O a José Luis Ábalos. O, para qué ir más allá, al propio Félix Bolaños. Todos ellos elegidos y reubicados por mandamiento directo del pueblo, claro. A ver si va a resultar que el ciudadano hace las listas electorales o avala íntegramente las que presentan los partidos.

El PP debe perseverar en su rectificación y no mirar atrás, cuando iba y venía. Eso incluye a Rajoy con el lamentable gatillazo de Gallardón, que anunció la despolitización para luego ampliar el zoco a otros partidos, pero también a Teodoro García Egea, que todavía es Casado, y que se contentaba con colocaciones judiciales favorables. La separación de poderes no tiene medias tintas, o existe o no. Pablo Casado ha emplazado al Gobierno a este próximo lunes para pactar la renovación del CGPJ si es bajo la premisa ineludible de que los jueces elijan a los jueces. Esperemos que el plazo y las intenciones sean tan contundentes como parecen.

Pero mucho cuidado con el carácter negociador tanto de Bolaños como de Teodoro, que luego pueden vender como gran éxito el entendimiento de los políticos en contra de los ciudadanos y al calor de las bases democráticas, las voluntades de los pueblos y otras soberanías de esas que andan carcomiendo toda América.

Bloqueo institucional
Elisa de la Nuez. cronicaglobal 4 Septiembre 2021

Comienza el nuevo curso político con las asignaturas pendientes habituales, entre ellas, de forma muy destacada, la renovación de los órganos constitucionales y en general y del Consejo General del Poder Judicial en particular. El CGPJ, máximo órgano de gobierno de los jueces, lleva más de 1.000 días en funciones, presidido por Carlos Lesmes, uno de los “políticos togados” (es decir, los jueces y magistrados que suelen ir y volver de la política a la Justicia y viceversa) probablemente más dañinos para la separación de poderes y la democracia liberal de este país, y eso que hay competencia tanto entre los jueces que han jugado tanto a ser peones del PSOE como del PP.

Dicho esto, está claro a estas alturas de la película que el sistema hace aguas. Por el sistema nos referimos a la forma de designación de los Vocales de procedencia judicial por el Parlamento Generales que ha llevado a un reparto partidista de cuotas en el Consejo en función de los escaños en el Parlamento (tantos para ti, tantos para mí) completado por un sistema de vetos cruzados (a ese juez no me lo pongas) y que ha dado momentos de gloria, como el nombramiento para vocal del CGPJ del ex juez Pascual Estevill a instancias de CiU, conocido por extorsionar al empresariado catalán por el expeditivo procedimiento de enviarlos a prisión y que fue condenado por prevaricación continuada y detención ilegal a seis años de suspensión en cualquier actividad judicial.

La degradación del órgano de gobierno de los jueces, colonizado por los partidos con la inestimable colaboración de las asociaciones judiciales afines (sobre todo la progresista Jueces y Juezas para la democracia y la conservadora Asociación Profesional de la Magistratura) cuyos miembros se han beneficiado directamente del sistema) nos ha traído hasta aquí. Tanto el PSOE como el PP cuando han estado en la oposición han llevado en sus programas electorales la reforma de este sistema de nombramientos para despolitizarlo, pero cuando han llegado al poder, oh sorpresa, han hecho exactamente lo contrario, con mención especial al PP que, con la mayoría absoluta que tenía en el año 2013, incumplió flagrantemente su promesa.

Sentado lo anterior, para la renovación del CGPJ con las reglas actuales es esencial que los dos grandes partidos se pongan de acuerdo. Y aquí empieza el baile, porque como ahora la mayoría “progresista” es del PSOE quiere hacerlo con las reglas vigentes, que le favorecen, mientras que el PP es un converso que pretende despolitizar el sistema aunque dados sus antecedentes no parece que haya sido porque se haya caído del caballo y haya tenido la visión de cómo funciona la separación de poderes en una democracia liberal sino porque le conviene. Lo interesante, no obstante, es que en los 36 años que llevamos con este nefasto sistema de nombramientos partidistas las cosas han ido evolucionando en el ámbito de la Unión Europea, de manera que ahora tanto el GRECO (Grupo de Estados Europeos contra la corrupción) como la Unión Europea en su mecanismo de “rule of law” como el propio Tribuna de Justicia de la Unión Europea consideran, con razón, que un sistema en que todos los vocales del órgano de gobierno de los Jueces son nombrados por el Parlamento es un sistema en el que peligra la separación de poderes, dado que el CGPJ realiza los más importantes nombramientos judiciales (incluidos los magistrados del Tribunal Supremo llamados a juzgar, en su caso, a los políticos aforados) y además tiene la facultad de abrirles expediente disciplinario. El todavía Presidente del CGPJ habló, con total sinceridad, de que para gobernar a los jueces tenía el palo y la zanahoria. Sin embargo, los estándares europeos son claros: las autoridades políticas no deben de influir en los procesos de nombramiento (o separación) de los jueces.

Por tanto, en este momento resulta que los argumentos del PP para reformar el sistema de nombramiento devolviendo a los Jueces y Magistrados la facultad de nombrar a los 12 vocales de procedencia judicial son los que esgrime la Unión Europea, el TJUE y el GRECO, aunque los invoque por razones espúreas y su propósito de la enmienda sea muy poco creíble; basta comprobar para hacerse pocas ilusiones que otro político togado famoso, Enrique López, es el Consejero de Justicia de la Comunidad de Madrid. El argumento es puramente táctico, y por tanto, de volverse las tornas, es probable que el entusiasmo del PP por la separación de poderes decaiga, para qué nos vamos a engañar.

Frente a esta postura, el Gobierno, su partido, sus socios, la Asociación Jueces y Juezas para la democracia, y algunos periodistas y juristas afines esgrimen que lo que hay que hacer es renovar ahora con el sistema actual (que ya muy pocos se atreven a defender abiertamente a estas alturas de la película) y, a continuación, cambiarlo. Claro que lo previsible es que, si cambian las mayorías parlamentarias, cambien las posturas respectivas de los partidos. Y así “ad calendas graecas”.

En fin, ¿No les resulta un tanto sospechoso tanto interés por controlar el gobierno del Poder Judicial por parte de los partidos políticos? A mí, desde luego, me lo parece. El único sistema comparable al nuestro en Europa es el de Polonia. Por cierto, para reformar la LOPJ en el sentido que propone Europa se necesitan menos votos que para renovar el CGPJ. Y se puede tardar bastante poco; recordemos que la ley se reformó en unos meses para evitar que el actual CGPJ en funciones siga haciendo nombramientos de la cúpula judicial. Y si tan problemático resulta volver al nombramiento por Jueces y Magistrados de los 12 vocales judiciales hay otras soluciones para cortar el cordón umbilical entre política y justicia, como por ejemplo, un sistema de sorteo. Y por favor, que no nos tomen por tontos.

Santiago Abascal presenta el Foro Madrid en el Senado de México para combatir el comunismo
Presenta el Foro Madrid para contraponerlo al Foro de Puebla y el Foro de Sao Paulo integrados por dirigentes de izquierdas del continente.
Maite Loureiro. Libertad Digital 4 Septiembre 2021

Vox continúa con su gira por Iberoamérica para estrechar vínculos con la oposición de países como Nicaragua, Perú, Venezuela, Colombia o México, para combatir el comunismo que, poco a poco, extiende sus redes por estos países acabando con las libertades de los ciudadanos. Santiago Abascal, presidente de Vox y de la Fundación Disenso, ha presentado el Foro de Madrid en el Senado de México en contraposición al Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla, integrado por dirigentes como Nicolás Maduro y Michelle Bachelet.

Abascal ha anunciado que "el Foro Madrid contará con una estructura permanente y un plan de acción anual para hacer frente al avance del comunismo en las naciones de la Iberoesfera", en las que Vox incluye a las que forman parte de Iberoamérica.

Durante su visita, el líder de Vox se ha reunido con el senador Julen Rementería, coordinador del Partido de Acción Nacional (PAN), anfitrión del evento y que se ha adherido a la Carta de Madrid de lucha contra el comunismo, junto a otros 13 senadores del PAN y dos diputados del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Tal y como avanzó Libertad Digital, la Carta de Madrid suma ya más de 8.000 firmas en más de 20 países, a los que se están sumando ahora líderes políticos y sociales de México, después de lograr adhesiones en Colombia, Venezuela o Bolivia.

Las giras por Perú, Ecuador y Colombia
La Fundación Disenso mantuvo el pasado mes de agosto un encuentro con el expresidente de Colombia, Álvaro Uribe, que brindó al director, Jorge Martín Frías, y al eurodiputado de Vox, Hermann Tertsch, una gran acogida y les transmitió su preocupación por la situación política de Colombia y de España ante el avance del comunismo.

Según explicó Tertsch a Libertad Digital, el objetivo de estas giras es "estrechar alianzas con los demócratas que están combatiendo al narcocomunismo que gobierna en países como Perú, Bolivia o Ecuador".

En junio, otra delegación encabezada por el vicepresidente económico de Vox, Víctor González, y el propio Tertsch, visitó Perú y Ecuador, en un intento por "construir puentes con países con los que tenemos muchas cosas en común", según explican desde el partido. En un principio estaba también prevista la presencia de Abascal, que tuvo que cancelar el viaje para visitar Ceuta en plena invasión migratoria desde Marruecos.

El deshonor y la guerra
Fernando Díaz Villanueva. vozpopuli.es 4 Septiembre 2021

El último soldado estadounidense abandonó Kabul este lunes, un día antes de la fecha límite del 31 de agosto autoimpuesta por Joe Biden. La fotografía, tomada con una cámara de visión nocturna, del general Donahue en uniforme de campaña subiendo por la rampa de un C-17, pone fin a una intervención que ha durado veinte años y que sólo a EEUU le ha costado 2.500 vidas y más de cuatro billones de dólares. Cierto es que los vuelos de evacuación, que operaron forma frenética a lo largo de las dos últimas semanas, consiguieron sacar de allí a muchos, tantos como 150.000 en la mayor evacuación aérea de civiles de la historia, pero el 30 de agosto de 2021 pasará a los anales como un día vergonzoso en la historia de Estados Unidos por más que quieran ahora muchos convertir la evacuación en un éxito.

El 31 de agosto fue la fecha límite -un tanto arbitraria, por cierto-, que fijó Joe Biden hace dos meses con la idea de celebrar el vigésimo aniversario de los atentados del 11 de septiembre jactándose en público de que había acabado con interminable la guerra de Afganistán. Se negó en redondo a prorrogar el plazo a pesar de las súplicas de los aliados de la OTAN y sabiendo que no habría tiempo material para evacuar a todo el que tenía que ser evacuado de aquel infierno. Pero en la Casa Blanca seguían a lo suyo insistiendo en que en bastaba para poder sacar del país a todo el que quisiera irse. Las multitudes agolpadas en la verja del aeropuerto de Kabul contaban otra historia bien distinta, pero el gabinete Biden se cerró en banda y decidió durante dos semanas vivir en una realidad paralela que poco o nada tenía que ver con la nuestra.

Un plazo tan ajustado significaba que la evacuación iba a fracasar sí o sí porque dejaría a muchos atrás. Fue todo precipitado y a la carrera, algo impropio de la primera potencia mundial. Las tropas estadounidenses sólo controlaban realmente el aeropuerto, tal y como pudo comprobarse el jueves 26 cuando un suicida hizo estallar una bomba muy potente en uno de los accesos matando a 183 personas, entre los que se encontraban trece militares estadounidenses (12 infantes de marina y un médico de la Armada) y dos ciudadanos británicos. Estados Unidos no tenía que lamentar una sola baja en Afganistán desde hace año y medio. El atentado del aeropuerto en plena evacuación fue, de hecho, la mayor pérdida de personal militar estadounidense en el país desde el derribo de un helicóptero Chinook hace diez años durante la ofensiva antitalibán de 2011.

La masacre del aeropuerto de Kabul agrava la humillación de la fallida retirada afgana y envalentona aún más a los yihadistas. Entretanto, Biden saca pecho y pide tranquilidad a los estadounidenses al tiempo les promete que Afganistán no volverá a convertirse en un santuario para terroristas islámicos, pero la realidad es que ya lo es. Los centenares de yihadistas liberados de las cárceles tras la victoria de los talibanes han vuelto a hacer lo único que sabían hacer. La amenaza de tomar medidas inmediatas podría llegar a funcionar contra el Gobierno talibán, pero no disuadirá al Estado Islámico, cuya ideología central es matar y morir por el islam o, al menos, por la extraviada interpretación del islam que tienen sus integrantes. A partir de ahora, Biden puede amenazar con represalias, pero no será tan fácil desde las bases de Qatar y con China extendiendo su manto protector sobre el nuevo régimen.

Pero, dejando las víctimas mortales a un lado, el resultado fue que se quedaron en tierra decenas de miles de afganos e incluso algunos occidentales que no llegaron a tiempo a la evacuación. Ahora tratan de buscar la vía de escape a través de los pasos fronterizos terrestres porque los milicianos talibanes recorren las ciudades con listas en la mano buscando a quienes colaboraron de una u otra manera con los occidentales. Muchos serán torturados y asesinados, sus familias probablemente compartan la misma suerte.

La colaboración de los talibanes
Pero en Washington nada de esto les afecta. Biden confía en la misericordia de los talibanes para sacar a los que queden en vuelos comerciales desde un aeropuerto que esta semana quedó formalmente cerrado y sin control de tráfico aéreo. El secretario de Estado, Antony Blinken, cree que los talibanes tienen motivos para cooperar y así ganarse la simpatía internacional y el acceso a la ayuda exterior. De haberla, su cooperación será previo pago. Convertirán a muchos de los rehenes en una mercancía por la que EEUU pagará gustoso como si se tratase de ganado.

La lista de errores estratégicos y militares que llevaron a este desastre son muchos, y provienen de todas las administraciones de los últimos veinte años, pero el ignominioso desenlace se debe en exclusiva al actual presidente. Insistió en una salida rápida y completa, a pesar de que la mayor parte de sus asesores le aconsejaban mantener una pequeña fuerza sobre el terreno. No cejó hasta abandonar la base aérea de Bagram y sacar a los contratistas privados, que eran imprescindibles para mantener en vuelo a la fuerza aérea afgana. Tras la inesperada toma del Gobierno por parte de los talibanes el 11 de agosto, se negó a modificar el plan y crear espacios seguros más allá del aeropuerto de Kabul con idea de facilitar y hacer más fluida la evacuación. Eso habría requerido más efectivos, algo a lo que no estaba dispuesto el presidente. Quería evitar bajas y ha tenido que repatriar trece cadáveres. Aquello de Churchill del deshonor y la guerra parece dirigido a Joe Biden y no a Neville Chamberlain.

Lo más chocante de todo es que, según informaba el Washington Post hace unos días, en medio del colapso del Gobierno afgano, los talibanes ofrecieron a Estados Unidos que mantuviese el control del centro de Kabul hasta que concluyese la evacuación, pero eso no convenció a Biden. Les respondió que todo lo que necesitaba era el aeropuerto, cuyo perímetro exterior estaría custodiado por milicianos talibanes. El resultado es bien conocido por todos. Ahora, contemplando los restos del naufragio, en la Casa Blanca resoplan pidiendo paciencia y tiempo para evaluar la operación y depurar responsabilidades por todo lo que salió mal. Esa evaluación debería comenzar de inmediato. Una desgracia de esta magnitud exige rendir cuentas cuanto antes y esa rendición debería empezar desde arriba.

Hay muchas cuestiones por despejar. Biden no se planteó en momento alguno qué necesitaba el Gobierno afgano para mantenerse. Se les armó y entrenó, pero a la vista está que con eso no era suficiente. Podríamos pensar que el presidente hizo lo que le indicaron los servicios de inteligencia y sus asesores. ¿Qué le dijeron?, ¿cómo se planificó todo el repliegue?, ¿se tuvo en cuenta el rápido avance de los talibanes y las continuas defecciones del ejército afgano?, ¿había una vía de salida clara en el caso de que las cosas se torciesen como terminaron haciéndolo? Por resumirlo mucho, ¿alguien en Washington previó una situación tan apurada como la de los últimos quince días o les pilló de sorpresa y empezaron a improvisar sobre la marcha? De ser así hay una pregunta más, ¿les prestó atención Joe Biden?

Una gestión ruinosa
Por último, no debemos dejar aparte a la vicepresidenta Kamala Harris y a todo el gabinete, especialmente al secretario de Estado, Antony Blinken, y al secretario de Defensa, el general Lloyd Austin, que sirvió en Afganistán poco después de la invasión, que se reunió con Ashraf Ghani a finales de junio en el Pentágono y que conoce perfectamente el país. Ninguno de los tres persuadió al presidente de retrasar la retirada para poder hacerla de un modo más metódico. No sabemos lo que han hablado entre ellos, pero todo indica que nadie le ha dado malas noticias, no le han hecho preguntas difíciles ni se han mostrado demasiado habilidosos en la ejecución de la parte que les tocaba. Diplomáticamente la gestión ha sido ruinosa, desde el punto de vista militar desordenada y hasta cierto punto caótica.

La retirada de Estados Unidos tiene, además, implicaciones estratégicas del máximo nivel. La salida constituye un realineamiento importante por parte de Estados Unidos. China y Rusia mantienen el ojo puesto en Afganistán, pero no sólo en Afganistán. Ellos y muchos otros valoran la estampida afgana no solo por sus consecuencias directas para la amenaza terrorista, sino también por lo que dice sobre los objetivos, la capacidad y la determinación de Estados Unidos en todo el mundo. En el corto plazo, respondiendo a las oportunidades que ofrece esa región, China buscará incrementar su ya considerable influencia en Pakistán. Rusia hará lo propio en las exrepúblicas soviéticas de Asia Central. Y ambos ampliarán sus horizontes en Oriente Medio, seguramente junto con Irán. Hay poca evidencia de que la Casa Blanca esté lista para responder a cualquiera de estas amenazas.

Por desgracia, para quienes creen que la retirada de Afganistán fue una decisión única y aislada con consecuencias muy limitadas, el mundo es un lugar mucho más complicado. Ha pasado sólo una semana y los resultados ya son muy negativos. De ahora en adelante podrían empeorar.


******************* Sección "bilingüe" ***********************


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