AGLI Recortes de Prensa   Lunes 6  Septiembre  2021

El empleo público se dispara: así engorda la nómina de trabajadores de la Administración
Las cifras de ocupación serían aún peores de no haberse producido un fuerte aumento en el número de asalariados contratados por el Estado.
Diego Sánchez de la Cruz. Libertad Digital 6 Septiembre 2021

La aparente recuperación laboral observada entre abril y julio ha llegado a su fin, topándose de bruces con la cruda realidad de una economía que opera muy por debajo de los niveles anteriores a la pandemia. En este sentido, el último boletín mensual del Servicio Público de Empleo (SEPE) ha sido el jarro de agua fría que ha terminado con la propaganda del Ejecutivo de Pedro Sánchez sobre una recuperación que, hoy por hoy, está lejos de materializarse.

En agosto de 2021, la Seguridad Social ha perdido una media de 118.004 cotizantes con respecto al mismo mes del pasado ejercicio 2020. A esta cifra hay que sumarle la friolera de 227.190 personas que siguen afectadas por un ERTE tras más de año y medio de pandemia, así como los 226.000 autónomos que están en cese de actividad.

Es importante tomar en consideración, además, el dato de afiliados a final de mes, puesto que en la campaña de verano hay mucho empleo que se extingue con el fin de las vacaciones. Así, aunque el pasado 31 de agosto se rescindieron 82.000 contratos con respecto al 31 de julio, este año la reducción ha sido de 350.000, casi cuatro veces más que en 2020.

Pero lo más llamativo de todo es comprobar cómo el gobierno está maquillando la situación real del empleo a base de engordar la plantilla de trabajadores de las Administraciones. Y es que, como recalcaba el economista Daniel Lacalle en sus redes sociales, esta rúbrica se ha incrementado en 180.000 empleados desde el verano de 2020, lo que supone un fortísimo aumento del 7%.

No es esta la primera señal de alarma sobre esta cuestión. Si repasamos la Encuesta de Población Activa del segundo trimestre de 2021 y la comparamos con el mismo periodo de 2020, encontramos que la plantilla de las Administraciones Públicas pasó de 3.225.900 a 3.439.600 efectivos, lo que implica la incorporación de 213.700 nuevos funcionarios y contratados.

La próxima EPA, que se publicará en octubre, recogerá también el aumento que avanzan los boletines mensuales del SEPE para los pasados meses de julio y agosto, salvo que en septiembre se produzca un cambio de tendencia que, hoy por hoy, se antoja poco probable, especialmente porque dicho mes del año suele coincidir con un aumento de las plantillas dedicadas a ciertos ámbitos como la sanidad.

A Sánchez no le preocupa la Justicia, le ocupa dominarla
esdiario 6 Septiembre 2021

El presidente del CGPJ debe denunciar el sistemático intento del Gobierno por invadir la independencia judicial, causa real del anómalo bloqueo del órgano.

Pedro Sánchez se tomó como un objetivo prioritario, nada más llegar a Moncloa en 2018, adaptar el Poder Judicial a sus intereses, como hizo en ese mismo instante con RTVE. Todas y cada una de sus decisiones e intentonas fueron en esa dirección, resumida en el nombramiento de su ministra de Justicia, Dolores Delgado, como Fiscal General.

Una designación escandalosa, que va a ser revisada incluso por el Tribunal Supremo, que preludió una auténtica escalada colonizadora de la Justicia: desde el abordaje del Poder Judicial para renovarlo con la mayoría de PSOE y Podemos, en contra pues de la Constitución; hasta la aprobación de una ley exprés para paralizarlo hasta que el PP se "rindiera".

Solo el rechazo de Europa, que tiene a España en la misma estantería que a Polonia en términos de independencia judicial, frenó probablemente los planes de Sánchez de convertir el Poder Judicial en una extensión de su Gobierno que dejara de darle disgustos y empezara a atender sus instrucciones.

Para Sánchez, todo lo que no sea tener a sus órdenes al Poder Judicial es inaceptable. Por eso hay que frenarle

Ése es el contexto, por mucho que Sánchez y sus incontables altavoces quieran limitar el debate al anómalo bloqueo del Consejo General del Poder Judicial y carguen en el PP la responsabilidad única de una situación que tiene remedio. Y es bien sencillo.

Sánchez pretende ignorar a Casado mientras no firme la renovación del CGPJ

Basta con que el Gobierno renuncie a su vocación invasiva y acepte la recomendación europea de permitir que los propios jueces elijan a 12 de los 20 vocales del Consejo, librando al órgano de toda injerencia política, sin por ello perder la necesaria tutela del Congreso y el Senado.

¿Por qué Sánchez se niega a apoyar el procedimiento propuesto por Bruselas y aplicado, con matices locales, por la práctica totalidad de las democracias europeas? La pregunta es sencilla de formular, y la respuesta fácil de intuir: simplemente no quiere que el Poder Judicial tenga la independencia que merecen los ciudadanos pero, tal vez, importuna los planes del Gobierno.

Latinoamérica pobre. Pobre Latinoamérica
María Zaldívar. https://gaceta.es/  6 Septiembre 2021

Un día el mundo aceptó que una importante porción del continente africano sería siempre un territorio desdichado. Es hora de hacer lo mismo con América Latina y asumir que grandes proporciones de su población adoran el sistema político que lo empobrece: el socialismo.

La América hispana es mortalmente socialista, se excita de emoción ante el concepto de igualdad, los dictadorzuelos y la dádiva. El principal sentimiento que anida en su corazón es la envidia: envidia a Estados Unidos porque es un país pujante que vive su abundancia y su libertad sin complejos, porque no digiere la comprobación empírica de que el capitalismo que practica es la vía a sus éxitos. Pero Estados Unidos no es el único motivo de envidia para Latinoamérica. Latinoamérica también envidia al rico local, en Argentina, al rico argentino; en Chile, al rico chileno y en Bolivia, al rico boliviano.

Porque Latinoamérica ha decidido instalarse y regodearse con su propio fracaso. El socialismo latinoamericano se da el lujo de despreciar la cultura y las normas que hacen girar al mundo y, como todo autoritario, pretende imponer las propias. De hecho lo logró en casi todos los países del subcontinente.

Según informes de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), el rebote estimado para la región no alcanzará a revertir los efectos de la profunda contracción de casi 7% anotada en 2020. Problemas estructurales, desigualdad, pobreza, miseria y marginalidad, hambre, escasa inversión y baja productividad son los indicadores recurrentes de esa parte del mundo que, como espejo, se complementan con estado grande como receta económica y populismo político ó centroderechas vergonzantes, lo que Santiago Abascal describe como “derechitas cobardes”.

América Latina tuvo la oportunidad de abandonar la postración pero se llenó de “derechitas cobardes” que hicieron un enorme daño al sistema político, suficientemente pisoteado por la izquierda. En algún momento hubo una coyuntura favorable a la libertad y la república en Chile, Brasil, Argentina, Perú, Colombia, Paraguay, Ecuador o Uruguay. Si bien los derroteros de cada uno de ellos no son idénticos y algunos están aún a tiempo de evitar el colapso populista, la mayoría se quedó en intenciones. El discurso sonaba inspirador; luego los hechos no hicieron sino profundizar las respectivas decadencias.

Las derechitas cobardes de América Latina hicieron el daño de sembrar y regar el descreimiento general; pulverizaron el voto de confianza que las sociedades les extendieron con el objetivo de llevar adelante los cambios imprescindibles para virar de ser tercer mundo agobiado por el peso del estatismo empobrecedor a ser sociedades libres en las que el esfuerzo personal tuviese un rol protagónico en el desarrollo del individuo. El resultado fue un paso atrás y la vuelta al populismo y al discurso de la izquierda contra los valores del capitalismo.

Hoy, América Latina exporta cerebros. De la Argentina se están yendo más profesionales que durante la crisis de 2001. El 80% de la población expresa intenciones de abandonar el país; no todos tienen los medios económicos para hacerlo; sin embargo, la diáspora que se inició tímidamente hace veinte años y que nunca se detuvo, hoy adquiere un nuevo impulso y viene a configurar un clima sombrío: una sociedad que se envejece, triste por el cisma familiar de despedir a los hijos, un presente de jóvenes “ni ni ni” (ni trabajan, ni estudian ni quieren hacerlo) fomentado desde el gobierno kirchnerista que los tiene de rehenes a través del otorgamiento de tarjetas alimentarias y dinero en efectivo que determinan un futuro de inexorable decadencia.

La historia reciente demuestra que prácticamente ningún país de la región ha podido sacarse el lazo de la izquierda porque no hay líderes que lo impulsen; cada tanto, alguna voz se alza para describir la necesidad de un cambio de rumbo en materia económica. Pero la postración latinoamericana es moral, más allá de la debacle de su PBI. Latinoamérica sangra por sus valores cada vez que se entrega mansamente al adoctrinamiento de sus niños, la difamación de sus fuerzas armadas y la prostitución de sus políticos y jueces. Hay permiso para todo mientras se reemplazan los valores centrales de vida, libertad y propiedad.

El desembarco de los peores en lugares de decisión marca el ritmo de la caída. Ellos, sin pasado para defender, sin orgullo por la tradición de la que no son parte, sin principios morales ni sistema de valores garante de sus conductas están deshaciendo nuestras sociedades.

Con la desintegración impulsada desde adentro, hoy se ve con ilusión el esfuerzo de un sector de la clase dirigente española por ayudarnos. La perniciosa influencia de lo peor de América Latina hizo pie del otro lado del Atlántico pero, a diferencia de quienes permitimos la colonización chavista, España reaccionó. Además de pedir a Dios que esa gesta anticomunista tenga éxito, tendremos que invertir hasta el último aliento para liberarnos. La libertad está en juego y, con ella, nuestra forma de vida y los valores que nuestros mayores abrazaron.

Los borregos del rebaño electoral
Carlos Mármol. cronicaglobal 6 Septiembre 2021

“Todas las naciones del mundo se burlan de las demás”, escribió Schopenhauer. “Y todas sin excepción” –añadía el gran filósofo del pesimismo– “tienen razón”. En nuestro caso, desde luego, acertó. De un tiempo a esta parte en España votamos como los borregos de los rebaños: cuando los políticos deciden que es el momento de hacer sonar la campana. A su conveniencia, por supuesto. La legislatura de la pandemia –léase en sentido literal y figurado– llegará a finales de este mes a su ecuador. Dos años exactos hace desde que, fallida la investidura de Sánchez I, El Insomne, tras los comicios de abril de 2019, el Rey disolviera la Cortes y nos convocara a las urnas un lejano noviembre, mes de los santos difuntos.

Parece que haya transcurrido una eternidad. Y así ha sido para quienes en el último año y medio han enfermado, muerto o se han arruinado como consecuencia de la pandemia asesina. El mundo se salió de su eje. Desde entonces andamos por las calles enmascarados, temerosos ante cualquier contacto con los demás. Inseguros. Como yertos por dentro. En estos dos años hemos visto también al primer gobierno de coalición de la democracia –formado por el sanchismo y el populismo morado– impotente ante el gran naufragio, a Pablo Iglesias desaparecer (un tiempo) del cuadro circense, subidas del precio de la energía que nunca hubiéramos imaginado y la profecía, probablemente terminal, del cambio climático.

El colapso de la atención primaria se ha convertido en una costumbre. Nuestro sistema sanitario está devastado. La red de asistencia social, exhausta. Ganarse la vida es mucho más difícil. Todo ha ido a peor. En el ámbito político presenciamos la defenestración (escasamente piadosa) del antiguo núcleo duro de la Moncloa, empezando por el spin-doctor. El PSOE, tal y como lo conocíamos, ha desaparecido. El PP inspira lástima. El liberalismo de Cs se ha deshecho en el café, igual que un azucarillo caducado. Podemos queda en manos de la demagogia y los independentistas logran los indultos y volver a ser escuchados por el poder, como si hubieran tenido razón.

El nuevo curso político se presenta como un viaje a la semilla. La larga sucesión de hechos y espantos que hemos visto pasar delante de nuestros ojos en estos 24 meses empezó en realidad con el ciclo electoral que en diciembre de 2018 derribó por primera vez el poder socialista en Andalucía –bastión de la vieja guardia del PSOE– y situó a la ultraderecha de Vox dentro de las instituciones. Tras las elecciones súbitas de Madrid, que certificaron el hundimiento de Podemos y la fragilidad del faro monclovita, el bipartidismo que representan el sanchismo y el casadismo necesitan urgentemente consolidarse ante sus organizaciones. El primero, para continuar en el poder; el segundo, para sobrevivir a la marea Ayuso.

De nuevo la sombra de unas elecciones –esta vez adelantadas con respecto al calendario– se extiende por los virreinatos autonómicos. En Valencia se trabaja ya con la hipótesis de que el presidente regional, Ximo Puig, decida abortar la legislatura regional un año antes de lo previsto. En otoño de 2022. En Andalucía, que es donde el reloj político del último carrusel electoral marcó la hora en punto, cada vez existen menos dudas. A pesar de la versión oficial de dos de las tres derechas –PP y Cs–, que desmienten todos los días dos veces que la legislatura autonómica esté amortizada, todo indica que Moreno Bonilla, presionado por Génova en esta dirección, adelantará las elecciones al primer semestre del próximo año.

Las encuestas, sin ser optimistas, le sitúan en una buena posición de salida para revalidar el Quirinale, aunque todo hace indicar que con mayor dependencia de Vox si se consuma el hundimiento de Cs. El presidente del Gobierno inauguró este sábado en Andalucía la campaña electoral oficiosa, en la que Moreno Bonilla lleva varios meses trabajando desde los atrios institucionales. El Congreso Federal del PSOE será este octubre en Valencia. A continuación llegará el conclave de los socialistas andaluces tras el entierro del peronismo rociero.

El coronavirus, entretanto, se reinventa –para seguir matando–, las vacunas van perdiendo fuerza –seguimos sin noticias de la tercera dosis–, la recuperación económica se antoja mucho más virtual que cierta y nuestros políticos, lo mismo da su bando y condición, pretenden que vayamos a las urnas antes de hora para que le garanticemos su tranquilidad personal. Extraña forma de buscar el interés general. Igual se topan con una sorpresa. “Es el destino quien baraja las cartas, pero somos nosotros quienes jugamos”, escribió Schopenhauer.

La ultraderecha
Nota del Editor 6 Septiembre 2021

Eso de la ultraderecha suena bien, como un desinfectante, la luz ultravioleta que te quema la piel si te descuidas; en la ultraizquierda quedan los infrarrojos que te dan calor, pero si te descuidas te abrasan. Y como España se ha descuidado, está abrasada. Así que si queda alguien por ahí que todavía no apoya a Vox, que haga el favor de pedir cita en el frenopático y una vela a la virgen de los imposibles

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Licencia para matar
Miquel Giménez. vozpopuli.es 6 Septiembre 2021
La crispación ya va sin careta: se puede matar al oponente político

Dijo Calvo Sotelo en su último discurso en las cortes republicanas, antes de ser asesinado por los mismos que ahora pintan aquel régimen poco menos que de paradisíaco, lo siguiente: “España padece el fetichismo de la turbamulta, que no es el pueblo, sino la contrafigura caricaturesca del pueblo. Son muchos los que con énfasis salen por ahí gritando ¡somos los más! Grito de tribu, pienso yo, porque el de la civilización sólo daría derecho al énfasis cuando se pudiera gritar ¡somos los mejores! Y los mejores, casi siempre, son los menos”.

Esa turbamulta en la actualidad son las manadas de menas que atacan a las buenas gentes para violar, asesinar, robar y, sobre todo, para demostrar que ellos son los que mandan; son esos grupos que lanzan piedras contra políticos de otros partidos; son las bandas de jóvenes pasados de vueltas que arremeten contra la policía. Son, en definitiva, los que se creen con derecho a hacer lo que les dé la gana porque tienen licencia para delinquir, amparados por unas autoridades torpes y cobardes, cuando no colaboradoras. Los responsables ideológicos de esto, a saber, comunistas y separatistas, han machacado años desde escuelas y medios con lemas tales como la policía es fascista, el estado es opresor, España es una orgía de nazis. Así las cosas, hemos llegado al imperio del crimen que pretendían esos profesionales del odio. Fetichismo de turbamulta apoyado desde el poder.

Pero una masa de criminales no deja de serlo por el hecho de ser masa. Como el nazismo no deja de ser la atrocidad que es porque millones de alemanes lo votaran o estuvieran afiliados al NSDAP. Lo moralmente válido lo será siempre aunque solo quede una persona en el mundo que lo defienda. Y este es el momento de hacerlo, porque asistimos a una escalada que está a punto de subir el peldaño que va de la amenaza a la práctica. Los aprendices de García Atadell o de los hermanos Badía engrasan sus armas. Ejemplo: Rufián consiente que una persona que requiere a todas luces atención profesional diga en su canal de Youtube que a los de Vox hay que matarlos, ante la sonrisita de conejo del heredero de ERC que, cuando Companys, mantuvo checas, paseos y fusilamientos Otro: Iglesias se “estrena” como periodista en un artículo ilustrado por una pistola que lleva grabadas las siglas del PP y Vox.

No hablo de anécdotas. Mientras en las vascongadas se recibe como héroes a los asesinos etarras, en Cataluña políticos democráticos como el diputado de Vox Toni López ha de soportar ver en la puerta de su casa un monigote colgado de una horca con el lema “puto Vox”. Hemos visto la plaza Urquinaona de Barcelona llena de piedras, containers incendiados y a un policía herido para siempre. Hemos visto a responsables de la seguridad de Podemos estar en los ataques salvajes a los mítines de Vox. Lo vemos con rabia, pero no podemos resignarnos a la impotencia. Porque el día en que decidamos estar demasiado cansados para protestar, habrán ganado. Y no pueden ganar porque, caso de hacerlo, luego vendría otro tipo de batalla, la de las armas. Lo hemos visto, por desgracia, en la historia de nuestro país.

No siendo de Vox, porque no me acomoda ningún partido que me aceptase, parafraseando a Groucho Marx, debo decir que el acoso y derribo que se tolera hacia esa formación política, la tercera en la cámara. es asqueroso. Que el sanchismo aplauda a sus correligionarios comunistas o lazis es comprensible. Que el PP no se ponga vigorosamente al lado del partido de Abascal para salvaguardar nuestra democracia, resulta incomprensible. Concretando, que no lo haga Casado, porque me consta que Ayuso o Almeida sí lo hacen.

Tenga cuidado el líder de la oposición. Hay silencios que los desalmados que pintan horcas o amenazan con el asesinato interpretan como una licencia espantosa, una licencia para matar. Y esto, Pablo, ya no va de derechas o izquierdas. Va de demócratas que creen, que creemos, que nadie tiene derecho a asesinar a quien no opine como él.

Desventuras de un joven militar en el País Vasco
Javier Caraballo. elconfidencial 6 Septiembre 2021

El recuerdo de aquello tan impactante que me contaste me lo trajo de golpe una noticia del periódico: los actos de apoyo a ETA en el País Vasco se han multiplicado en los últimos meses y festejan el regreso de la cárcel de un etarra como el de un libertador que llega al pueblo oprimido por el que se sacrificó, como el hijo predilecto que regresa al hogar. Entonces recordé aquello que me contaste, la mañana en la que tu sargento os dijo que os ibais de maniobra hacia un monte cercano, ahí en el País Vasco, y, al paso por un pueblo, los vecinos salieron a la calle a insultaros, a escupiros, a provocaros… Puedo imaginarme aún la cara de perplejidad que pusiste en ese momento, los ojos abiertos y los pómulos encogidos, como la expresión que se nos queda a todos por un sobresalto cuando caminamos por la calle.

Seguro que, en algún momento, incluso de forma inconsciente, pensaste lo mismo que tantos militares, policías y guardias civiles antes que tú: ¿por qué nos odian? Un joven militar manchego, con tus veintitantos años, al que siempre le han gustado las fuerzas de seguridad del Estado y que se decide por el Ejército. Lo hace con orgullo, sí, y también con determinación porque, además, para qué vamos a engañarnos, tampoco es que esté de sobra el currelo para la gente de tu edad en España. Claro que lo entiendo y ese es, de hecho, el mayor desaliento, el mayor dolor, que siempre me ha provocado el terrorismo vasco, que se cebaba con pobres gentes de toda España que solo querían ganarse el pan. Andaluces, castellanos o gallegos, como Pardines, aquel chaval guardia civil al que ETAasesinó treinta años antes de que tú nacieras. Fue el primer muerto y en el más de medio siglo que ha pasado desde entonces lo único que permanece es el odio inexplicable que te escupió en la cara el otro día, cuando pasabas por un pueblo en formación, con tu Compañía, camino de unas maniobras.

La noticia de la que te hablaba antes, la multiplicación de los actos de homenaje a ETA, se contenía en una entrevista que le hizo mi compañero José Antonio Zarzalejos a Marta Buesa, la hija de uno de los asesinados por esa escoria criminal. A su padre lo mataron en el año 2000, cuando ella era veinteañera como tú, y ahora cuando se detiene un momento, primero mira hacia atrás, luego a su alrededor, y comprueba finalmente esto mismo que decimos, que "el odio que nutrió a ETA sigue vivo en una parte de la sociedad vasca".

Esa es la gentuza que os salió al paso el otro día, es verdad, pero también es cierto que no son los únicos. De la misma forma que el terror generó durante años y años una espiral de silencios y de complicidades en el País Vasco, la chulería petulante y desafiante de esos tipos provoca el mismo efecto en la sociedad. ¿Quién quiere enfrentarse a ellos? "Mejor mirar para otro lado, eso es lo prudente", dirán arrastrados por una inercia social de supervivencia. La misma inercia que en los años del terror.

Así que el odio, unido al miedo, del que se nutrió ETA sigue presente en la sociedad vasca, claro. Antes nos lo recordaba permanentemente cada hachazo sangriento de un atentado, pero ahora, después de haber derrotado a la banda asesina, corremos el riesgo de que los mismos comportamientos infames y canallas gocen de impunidad. O peor aún, que exista la tentación de considerarlos como una cesión bondadosa para la normalización social del País Vasco. Ya veremos qué pasa, o mejor, ya nos podemos temer qué ocurrirá dentro de unos días, el 18 de abril, cuando reciban en Mondragón a uno de los perturbados más sangrientos de ETA, Henri Parot, condenado por 39 asesinatos. Repitamos el mismo argumento que llevamos tanto tiempo utilizando: nadie concibe que un pueblo nombre hijo adoptivo a un asesino en serie o que le organice una fiesta de bienvenida a un violador, por qué tiene que ser distinto con los muertos de ETA.

Hubo un detalle de lo que me contaste al que también le he dado muchas vueltas, el estoicismo con el que soportasteis el escarnio y la provocación de aquellos vecinos que os insultaban, os provocaban de mil formas, mientras grababan todo lo que estaba ocurriendo, todo lo que estaban haciendo, con sus móviles. Es verdad, como os habían advertido vuestros mandos, que lo que están buscando es que alguno de vosotros se vuelva hacia ellos, que conteste al insulto o, peor aún, que suelte un manotazo, porque entonces convertirán en virales sus vídeos como ‘pruebas’ del salvajismo del Ejército.

Sí, estoy convencido de que eso es lo que pretenden y que, de forma inmediata, las imágenes llegarían al Congreso de los Diputados y que hasta algún miembro del Gobierno pediría disculpas… El escándalo político sería inversamente proporcional a la ignorancia ante acosos como al que os sometieron, y que serán constantes, sí. Pero también hay otro aspecto en ese detalle de los provocadores grabándose a sí mismos: el regodeo del gamberro, el desafío del vándalo. Ese descaro también nos habla mucho de un ambiente social que se debe corregir, que no hay que tolerar, por dos cosas, fundamentalmente. Primero, porque cuando se festeja y se jalea a los asesinos mientras se silencia a los muertos, como un recuerdo incómodo del pasado, es que la normalización social que se pretende tiene pilares podridos. El país de la 'Memoria Histórica' no puede ser el de la 'Desmemoria Contemporánea', aunque haya quien lo pretenda.

Hay un motivo más, como te decía: es inevitable pensar que todos esos actuarían mañana de la misma forma que lo hicieron sus padres, sus hermanos o sus vecinos; todos aquellos que arroparon, apoyaron y animaron a ETA para que siguiera matando a jóvenes españoles de un tiro en la nuca, por la espalda y de rodillas. ¿Qué no son mayoría? Nunca lo han sido, evidentemente, y lo sabe mejor que nadie la inmensa mayoría del pueblo vasco, que nada tiene que ver con esa basura criminal.

Pero ya ves que, aunque la realidad social vasca sea así y aunque hayan pasado ya más de diez años desde el último atentado, a vosotros os tienen prohibido tender la ropa militar en los tendederos comunes de las azoteas, o en el ojo de patio, y mucho menos salir de paisano a la calle o ir a cualquier bar con algún distintivo del Ejército español. La extrañeza que te causaron esas órdenes cuando llegaste al cuartel del País Vasco se habrá disipado de golpe al paso por el pueblo aquel, camino de las maniobras. Así que te recomiendo, como hice entonces, prudencia y determinación. Primero, porque estás en tu país, que es España, y así lo sienten los vascos también; segundo, porque trabajas para el Ejército español, del que podemos sentirnos orgullosos, mucho más después de lo que le hemos visto hacer en la pandemia; y, por último, porque debes ignorar a esos miserables con un desdén quijotesco propio de tu esencia de joven militar manchego.

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