AGLI Recortes de Prensa   Jueves 9  Septiembre  2021

La oposición delega su deber
Agapito Maestre. Libertad Digital 9 Septiembre 2021

El sistema político español es, perdonen la obviedad, notoriamente mejorable. La prueba es el presidente del Gobierno. Todo el sistema político se reduce a Sánchez. Llegó al poder por su extremada determinación, osadía y creencia en sí mismo y se prepara para seguir en él arrasando todo lo que se le ponga por delante, incluido el poder judicial. Quizá la falla clave de todo el sistema es la incomunicación absoluta entre los diferentes poderes del Estado, o peor, nadie quiere compartir el poder. Todos los agentes políticos conciben el poder como algo absoluto. Quien tiene el Gobierno ostenta todos los poderes. Y, además, el poder es ejercido sin ninguna autolimitación. Nadie parece estar dispuesto a negociar, ceder y construir un poder político con el adversario.

Y, sin embargo, el pueblo no está tan harto de las promesas incumplidas de sus gobernantes como uno pudiera sospechar; al contrario, le va la marcha. Gusta y mucho de las mamarrachadas de Sánchez; si el personal de a pie, eso que llamamos "la sociedad", estuviera harta del Gobierno de España, no creo que saliesen tan bien parados los socialistas y los podemitas como dicen las encuestas; sí, ya sé, ya sé, bajan en los miles de estudios que ahora se hacen sobre las expectativas de voto, pero descienden muy poco, como diría un castizo, para lo mal que lo están haciendo. Nadie se engañe, pues, con el rollo de las encuestas electorales. Valen para lo que valen… Lo obvio es que millones de españoles han sido marginados por el Gobierno, pero el PSOE y sus socios de coalición siguen altos en las expectativas de voto. Están demasiado crecidos en el Gobierno, sobre todo si se tiene en cuenta que todas las grandes agencias de socialización política de Europa y España coinciden en un sencillo diagnóstico: el Gobierno de España no gobierna. Únicamente trabaja para consolidar un régimen político basado en la figura de Sánchez. Un hombre imposible de entender sin la mentira. Miente como habla. Vivimos, pues, en el desgobierno.

Hasta la oposición del PP parece feliz instalada en el abismo. Piden, sí, piden con la boca chica elecciones generales, pero no se nota que progresen en su demanda. La oposición no consigue que haya elecciones anticipadas. Aquí está la clave. Porque el presidente del PP, Pablo Casado, no deja pasar un día sin hacer promesas y más promesas, podemos creerlas, aunque ya sabemos cómo funciona esta gente cuando llega al Gobierno; pero la cuestión no es de promesas sino de acciones y discursos. ¿Qué hace realmente el PP para instar a que Sánchez convoque ya unas elecciones anticipadas? Poco y sin garra política. Está bien que el PP nos prometa derogar algunas de las llamadas "leyes sociales" que el Gobierno de Pedro Sánchez ha puesto en marcha, si llega a la Moncloa. ¡Sólo faltaba que Casado no se opusiera ahora y formalmente a leyes como la de educación, la de universidades, la de memoria democrática! El problema es qué hace aquí y ahora para cuestionar todo ese trabajo de ingeniería social y política del Gobierno de Sánchez para establecer un régimen político de corte autoritario.

¿Cuáles son las estrategias del PP para enfrentarse al revisionismo histórico, el revanchismo ideológico y el sectarismo político?, ¿dónde están sus discursos y acciones para conectar a la política a millones de ciudadanos que pasan del Gobierno y la oposición?, ¿cuáles son las fórmulas del PP para ilusionar y regenerar la vida política? Para ganar las elecciones, señor Casado, lo primero que tiene que hacer es provocarlas. Y eso es algo, por desgracia, que usted desconoce. Los españoles de a pie no están contentos con el Gobierno de España, casi no le prestan atención a Sánchez ni a sus ministros, pero tampoco tienen un buen concepto de la oposición, sencillamente, porque no consigue desalojar a esta gente del poder. Así las cosas, los ciudadanos comienzan a intuir el mayor problema del PP: su labor de oposición no sólo no la ejerce bien, sino que delega su obligación, su principal deber, que es expulsar del poder a un Gobierno sin apenas legitimidad democrática, en sus futuros votantes. ¡Cuidado, señores del PP, no se pasen de listos! El poder desgasta, pero la oposición puede desgastar más… Casado, por favor, trate de limitar sus promesas para cuando llegue a la Moncloa, y concéntrese en hacer Oposición. Ataje el peligro que ya se oye por toda España: aquí todos prometen, pero cuando alcanzan el poder se rilan.

Añagazas de subsidiariedad
Xavier Pericay. vozpopuli.es 9 Septiembre 2021

No recuerdo con precisión en qué época me topé por primera vez con la palabra, pero supongo que sería allá por los años ochenta, en Barcelona, cuando aún todos los diarios exudaban tinta. Y hasta juraría que el primer culpable de que la oyera o la leyera –yo trabajaba entonces en el mundo de los papeles periódicos– fue el alcalde Maragall, que había hecho de la subsidiariedad un verdadero estandarte en su lucha por una Barcelona grande no sometida a los designios de la Generalidad gobernada por Jordi Pujol. Y aunque finalmente Pujol le ganó la partida al disolver la vieja Corporación Metropolitana de Barcelona –la Corpo, como se la conocía en los lares municipales– mediante una ley de rango superior, no por ello Maragall cejó en su empeño. Y ni que decir tiene que le vinieron de perlas la incorporación de España a la Comunidad Económica Europea –lo que al poco sería la Unión Europea– y, por supuesto, la nominación de la ciudad de la que era alcalde como sede de los Juegos Olímpicos de 1992.

Kilos de competencias
De ahí que no fuéramos pocos los que en Barcelona recibimos entonces con simpatía y hasta con una pizca de fervor ese término nacido en el magma del lenguaje jurídico y al que el uso político y mediático iba dando curso. El principio según el cual el Estado no debe inmiscuirse en lo que es propio de la sociedad civil y, en particular, la gradualidad introducida en los distintos niveles administrativos del Estado en lo tocante a las competencias respectivas, hasta alcanzar en la década siguiente el flamante gobierno de la Unión –una gradualidad inversa, por así decirlo, establecida sobre la base de que cuanto más cerca se halle la Administración de los problemas del ciudadano, más eficiente resultará–, nos reforzaba en la creencia de que Barcelona, lejos de tener que plegarse al tribalismo reaccionario del Gobierno de la Generalidad, estaba en condiciones de plantarle cara y de convertirse en el referente de la modernidad y el progreso de Cataluña.

Pero lo que no entrevimos es que ese mismo principio de subsidiariedad les permitía ya a Pujol y a sus huestes –o a Arzallus, el inventor de esas nueces de las que nada parece saber Rufián, y las suyas– ir arañando poco a poco al Gobierno de España, gobernase quien gobernase y con plena e interesada aquiescencia por su parte, kilos y más kilos de competencias. Que esos kilos se transformaran en toneladas hasta dejar al Estado en los huesos era sólo cuestión de tiempo. Y en esas estamos ya, para nuestra desgracia.

Con todo, dicho principio de subsidiariedad ha tenido una expresión mucho más perversa, si cabe –por su trascendencia social y económica y, en definitiva, para el futuro de España–, que la estrictamente política. Me refiero a la que ha resultado de su aplicación en el campo de la enseñanza, y, en especial, de la enseñanza pública. Cuando la izquierda española, también en aquellos años ochenta, puso en marcha su proyecto de implantación de un nuevo sistema educativo, en consonancia con los dicterios rupturistas de los movimientos de renovación pedagógica, contó con un firme aliado: el nacionalismo. No importó que en aquella época mandara en Cataluña y el País Vasco un nacionalismo de derechas; la ley que se estaba cocinando incluía como uno de sus principales pilares el principio de subsidiariedad y eso, para cualquier nacionalista, equivalía a disponer de las llaves del paraíso. Esa ley, la LOGSE, propugnaba en su “Preámbulo” una “concepción educativa más descentralizada y más estrechamente relacionada con su entorno más próximo”. Se estaba promoviendo, pues, sin disimulo alguno, el arrumbamiento de lo general en beneficio de lo particular, o, lo que es lo mismo, el ensalzamiento de lo privativo en detrimento de lo común. Para ello, la propia ley y “su desarrollo curricular” reservaban a las autonomías una capacidad de decisión sobre los contenidos cercana ya al 50% para las comunidades con una lengua cooficial –esto es, aquellas donde el nacionalismo sienta sus reales– y una “autonomía pedagógica de los centros”, que no era sino una estrategia para que los valedores de la reforma fueran arrinconando en los claustros y hasta en las mismas aulas, inspección mediante si era preciso, a los docentes –de secundaria, en su mayoría– que no estaban dispuestos a renunciar a la transmisión de unos saberes y a la propia libertad de cátedra a la que tenían pleno derecho.

Sobra añadir que la devastación ocasionada por las más de tres décadas transcurridas desde entonces, unida a la ristra de medidas introducidas por la propia izquierda y el nacionalismo a través de los sucedáneos legales de la LOGSE –o sea, la LOE y la LOMLOE, a los que hay que sumar las leyes educativas de algunas comunidades autónomas bilingües, tanto las aprobadas como las que se hallan aún en curso–, no han hecho sino intensificar y consolidar la doctrina emanada de aquel código primigenio, hasta el punto de convertir la educación –pública mayormente, pero también concertada– en un coto privado de ambas ideologías, con las consecuencias de todos conocidas, empezando por la práctica desaparición del español como lengua vehicular de la enseñanza en una parte significativa del territorio, y unos resultados académicos que siguen situándonos en la parte baja de las tablas de la UE y de la OCDE, muy lejos de lo que cabría esperar de un país con nuestros niveles de desarrollo. Así las cosas, todo indica que la subsidiariedad en España, en vez de fortalecer la democracia, ha servido en gran medida para fortalecer el nacionalismo y multiplicar sus efectos desmembradores, con la complicidad tenebrosa de la izquierda. Un malísimo negocio, en definitiva, que no parece que pueda tener, incluso con un futuro y deseable cambio de color gubernamental, una pronta solución

Tampoco los jueces son inocentes
Agustín Valladolid. vozpopuli.es 9 Septiembre 2021

Junio de 1996. Hace un mes que José María Aznar ha jurado como presidente del Gobierno. La renovación del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) está pendiente desde el 8 de noviembre de 1995, fecha en la que ha expirado su mandato. Son ya más de siete meses de bloqueo, de anomalía constitucional. Pascual Sala, magistrado progresista, preside el CGPJ y el Supremo. Semanas antes le ha comunicado al Gobierno en funciones, esto es a Felipe González, que tras la victoria del PP es inevitable un cambio de mayoría en el Cegepejota; que de la mayoría progresista se pase a una conservadora. No le gusta, pero sabe que es ley de vida y responde a la lógica de las cosas. Lo que no ve es la forma de forzar un acuerdo entre los dos grandes partidos y poner fin a una interinidad bochornosa por excesiva. Siete meses.

Aquel presidente del CGPJ tenía muy claro el orden de los valores. Era plenamente consciente de que por encima de los intereses políticos están las instituciones; y su crédito. Por eso, cuando seis de sus vocales le presentan la dimisión -cada cual por sus particulares razones-, Pascual Sala no lo duda. En el pleno del 26 de marzo acepta en bloque su renuncia y el Consejo queda así inhabilitado para tomar decisiones al no alcanzar el número de sus miembros el cuórum exigido por la ley. Sala podía haber rechazado la dimisión de esos vocales, pero tras constatar la parálisis y el creciente descrédito a los que la negligente postura de los dos grandes partidos empujaba al Consejo, decidió de facto disolverlo.

El órdago abundaba en riesgos, pero salió bien. Aznar y González no tuvieron más remedio que tomar buena nota. Quizá porque uno y otro, tan distintos, tenían parecida concepción de lo que debía ser un Estado de Derecho. O quizá porque Pascual Sala, con esa audaz maniobra, había situado el foco allí donde realmente asomaban las vergüenzas. Con aquella inesperada decisión, dejaba a PP y PSOE a la intemperie, sin coartada ante los ciudadanos, sin margen alguno para soslayar la que a partir de ese momento pasaba a ser su exclusiva responsabilidad.

Un CGPJ inoperante no era la mejor herencia que podían dejar los socialistas; tampoco una tarjeta de presentación asumible por los eufóricos dirigentes de los populares. Así que se pusieron manos a la obra. En dos meses, el Consejo había quedado renovado. Un Consejo presidido por Javier Delgado, con más acento conservador que el saliente, pero con nombres de mucho peso, y de contrapeso, pertenecientes al sector progresista, como Javier Moscoso, Manuela Carmena, Luis López Guerra o Ramón Sáez. Perfiles de reputación similar fueron los seleccionados por el PP, empezando por su presidente, lo que propició uno de los períodos más estables y profesionales de la institución.

Aquellos nombramientos los fraguaron dos tipos cuyas capacidades no son hoy fácilmente detectables. Gabriel Cisneros y Alfredo Pérez Rubalcaba tenían el encargo de confeccionar una lista digna de representar al tercer poder del Estado. Y lo cumplieron sin grandes complicaciones. Porque no es tan difícil ponerse de acuerdo cuando hay banquillo y talento de sobra, se tienen claras las prioridades y se colocan por delante los intereses del Estado. Porque lo inconcebible, lo inaudito es lo de ahora: la combinación de un presidente del Gobierno que quiere convertir a la Justicia en un poder subalterno del Ejecutivo y un líder de la oposición que parece subordinar la regeneración de las instituciones al objetivo de achicar el espacio electoral de Vox. Lo insólito de la actual situación, lo fatalmente inédito, es la deplorable certeza de que con estos líderes políticos la única perspectiva realista es la del imparable deterioro al que su incapacidad para el acuerdo somete a las instituciones.

Carlos Lesmes no es Pascual Sala
Alguien dijo en ocasión que no viene al caso que la reforma judicial era demasiado importante para dejarla en manos de los jueces. Yo diría más. Diría que la Justicia en su conjunto es demasiado importante para dejarla en manos de los jueces; como también podría decir que la política es demasiado importante para dejarla solo en manos de los políticos. Pero si hoy hay una evidencia aún mayor que las anteriores, es la de que la Justicia es demasiado importante para dejarla en las exclusivas manos de los políticos; de estos políticos.

Ha sido la ineptitud culposa de PSOE y PP la que en mayor medida ha contribuido a alimentar la falsa impresión de que la Justicia sería más eficaz, más sana y más democrática en su funcionamiento interno si excluyéramos al Parlamento del sistema de elección del CGPJ; si la dejáramos en manos de magistrados, jueces y fiscales. Como también ha contribuido sin duda a generalizar esa opinión la actitud conformista, penosamente acomodaticia y muy generosamente retribuida de unos vocales confortablemente instalados en una anomalía que ni han sabido ni probablemente querido combatir.

Ni una declaración crítica, ni una sola protesta de los miembros de la Comisión Permanente del Consejo (más de 120.000 euros brutos anuales) en tres años de interinidad. Como si la anual, solemnemente enfática e inútil protesta de Carlos Lesmes sirviera para cubrir el expediente, para saldar sin mayores esfuerzos la obligación de defender la dignidad de la institución. Ni una sola dimisión que ayudara a despertar conciencias; ningún llanero solitario que desde posiciones progresistas denunciara la silente complicidad de Lesmes y sus leales con el proceso de derribo del actual modelo de elección.

El sistema actual puede ser tan bueno o tan malo, tan democrático o antidemocrático como los demás. Bastaría con introducir un mecanismo de renovación automática para el caso de que en el plazo reglado no hubiera acuerdo en el Parlamento -como el propuesto días atrás por Jesús Quijano y Octavio Granado, o más sencillo aún, que lo hay-, para que esta fórmula mixta, que favorece la colaboración institucional, se convirtiera en el mejor de los posibles. Pero no será así, porque Sánchez no es González, Casado no es Aznar y Lesmes no es Salas. Y porque la degradación de la política ha convertido la Justicia, como la Educación, la Sanidad, las pensiones y el resto de las cosas de comer, en estúpidos campos de batalla.

La postdata: Casado alimenta el culebrón Ayuso-Almeida
Lo negarán, pero hay pelea. El alcalde de Madrid no se resigna. En las elecciones de mayo de 2019 Almeida sacó mejor resultado que Ayuso en Madrid. Por poco, pero mejor. Se las prometía muy felices. Con lo que no contaba es con el 4-M. Desde ese día al primer edil de la capital se le nota más el tic nervioso que normalmente controla sin mayores problemas. Sabe que lo tiene difícil, pero está dispuesto a dar la batalla para evitar que la presidenta de la Comunidad sea también la del partido en Madrid. Aunque la apariencia sea otra, Almeida es más ambicioso que Ayuso. Sabe que no tiene muchas opciones, pero también que con un Pablo Casado al que se le está poniendo cara de museo de cera, y que esta semana, para asombro del respetable, ha alimentado el conflicto, todo puede ser.

Quien siembra el odio en España son Sánchez, su Gobierno y sus aliados
Sean falsos o ciertos los ataques homófobos, solo son responsabilidad de quienes los cometen. Pero el odio ideológico en España si tiene nombre y promotores, con Sánchez a la cabeza.
Editorial Sdiario 9 Septiembre 2021

La crónica política diaria acaba de vivir otro esperpento con el inquietante numerito montado por el Gobierno y sus corifeos a cuento de una agresión homófoba en Madrid que, finalmente, se desveló falsa al derrumbarse la víctima y confesar que el ataque de ocho encapuchados que había denunciado era un invento.

La reacción del Gobierno, de sus socios y de sus apoyos mediáticos fue, al trascender los supuestos hechos, tan precipitada como injusta y peligrosa: en lugar de situar el triste episodio en el contexto correcto, que es el de la persecución legal en un contexto de repudio unánime; todos se lanzaron a esparcir la especie de que España sufre una epidemia de odio y que ésta, además, es responsabilidad de los partidos del centroderecha, con VOX a la cabeza.

El Gobierno culpó a Vox y el PP de la falsa agresión homófoba y no se retracta

Aunque la agresión hubiera existido en los términos descritos por la falsa víctima, la gestión política de PSOE y Podemos hubiera sido igual de intolerable: nadie en España defiende de manera pública e institucional la homofobia ni el machismo ni la xenofobia; como tampoco nadie es partidario de una regresión democrática que nos devuelva a un sistema similar al franquismo.

Y sin embargo, este Gobierno y su infantería mediática se comporta a diario como si esos problemas fueran masivos y, además, tuvieran un impulso y una tutela de partidos perfectamente democráticos cuyas ideas, propuestas y decisiones son legítimas y, también, discutibles. Como todas en un Estado de Derecho que se enriquece con visiones distintas siempre y cuando respeten los límites legales vigentes.

Si se puede defender la ruptura de la unidad de España en sus propias instituciones, ¿cómo no se va a poder debatir la ilegalización de los partidos que la ponen en práctica? ¿O las leyes de género, educativas y de todo tipo que este Gobierno o cualquiera impulse? La línea roja nunca está en qué posición se defiende, sino en si se respetan los procedimientos para imponerlo o, en su caso, aceptar que no es posible.

El triste episodio, que daña un problema de violencia o marginación existente para el colectivo LGTBI pero nunca impulsado desde formaciones políticas, sí permite identificar quién y cómo extiende un odio más sutil pero también más peligroso que cualquier otro.

El odio sale desde el Gobierno
Porque a diferencia del machismo, la homofobia o el racismo, que sin duda existen en determinados grupúsculos o ciudadanos a título personal; la persecución ideológica a todo aquel que no vota a la izquierda española es real, está institucionalizada y nace del bulo reiterado.

Que alguien agreda o señale a un gay, a una mujer o a un inmigrante solo por serlo es repugnante y debe encontrar la respuesta unánime de la sociedad española, tolerante por definición. Pero que todo un Gobierno, con sus recursos institucionales, señale y criminalice a sus rivales, y con ello a millones de españoles, es peligroso, inaceptable y definitorio de una política regresiva sustentada en la ingeniería social y el choque sectario.

¿Han mamado Biden y Sánchez leche pectoral?
Miguel Ángel Belloso. okdiario. 9 Septiembre 2021

Suelo comprar en Mercadona una crema dentífrica en cuyo tubo pone en letras muy grandes ‘Dientes Blancos’. Es decir, que se supone que sirve para aclarar los dientes en mi caso perjudicados por el tabaco. Pero tal y como está el mundo, me pregunto muy seriamente si podré seguir comprándola en el futuro; si Mercadona la seguirá ofertando por los tiempos de los tiempos. Mi confianza en Juan Roig, el presidente de Mercadona, es absoluta. Me parece un personaje colosal y su empresa, que es la mayor distribuidora comercial del país, y una de las más notables de Europa también. Pero la maquinaria destructiva del progresismo rampante es tan poderosa que dudo. Entre otras cosas, ahora está muy empeñada en combatir la ‘blanquidad’, o dicho de otra manera, en persuadir a la humanidad de que todo lo bueno del planeta es negro.

Acabo de leer un artículo en El Manifiesto, que es un periódico digital política y socialmente incorrecto, que me ha turbado por completo. Está firmado por Alain de Benoist. Este señor es un filósofo y ensayista francés muy polémico, de ideas discutibles, pero dedicado básicamente a combatir el progresismo militante. En dicho artículo, que se titula Los locos se han hecho con el poder, relata algunos ejemplos de cómo el delirio se está instalando en cada vez más espacios de la vida pública, en la universidad, entre las empresas y entre los medios de comunicación contaminando el lenguaje ordinario y el mundo que estamos acostumbrados a habitar.

Les puedo poner algunos ejemplos de lo que hablo y que cita Benoist. “En junio de 2020, la compañía L’Oreal anunció que retiraba de todos sus productos la palabra blanco y blanqueador”, es decir que jamás podría vender a partir de entonces una crema dental similar a la que yo compro en Mercadona. La firma Lockheed Martin ha creado cursillos para que sus ejecutivos deconstruyan su cultura de hombres blancos y Coca Cola exhorta a sus trabajadores a que sean menos blancos. La Howard University ha suprimido su departamento de estudios clásicos y la de Princeton ha renunciado a que sean obligatorios. Al parecer, hay que acabar con los prejuicios según los cuales los griegos y los romanos eran blancos. ¡Pero el caso es que lo eran!

Según de Benoist, y le creo, ahora las películas y series policíacas tienen que dar los papeles principales a las minorías sexuales y raciales mientras que los malos son invariablemente hombres blancos racistas y misóginos. Dado que Blancanieves es demasiado blanca, los estudios Disney ruedan una nueva versión en la que será encarnada por una mestiza y en la que el príncipe azul le evitará el traumatismo de ser despertada por un beso no consentido. Igualmente, se recomienda a los realizadores que creen superhéroes gordos y minusválidos. ¿Hacia dónde camina este mundo mal dirigido por Biden y las histéricas feministas que lo acompañan, en lo que se refiere a Occidente? ¿Qué se puede esperar de España, al mando de un psicópata acompañado de unos comunistas empeñados en devastar los principios que han inspirado a las sociedades abiertas y prósperas?

En los hospitales universitarios de Brighton y de Sussex, en Reino Unido, el término ‘leche materna’ ha sido sustituido por el de ‘leche pectoral’, o alimentación por el torso. A una profesora de la Universidad de Exeter la acusaron de discriminación por haber dicho que “sólo las mujeres tienen sus reglas”. La ingenua se había olvidado de las transgéneros. Aquí en España, Sánchez ya ha impulsado una ley trans contra la evidencia de las leyes implacables de la naturaleza, reconociendo falsos derechos de nuevo cuño proclamados por la izquierda como si fueran ‘Deux ex maquina’. Mi amigo periodista Chemi González, que es un socialista de toda la vida pero de la ganadería de Tierno Galván y de Felipe González -aunque comete la imprudencia de votar a Sánchez-, me envía el siguiente whatsapp con foto incluida: En él aparece “Reuben, un hombre transgénero y su novio no binario, es decir, que no se identifica ni como un hombre ni como una mujer, mostrando orgulloso con su pareja a su hijo Jamie, gracias a la donación de esperma de una mujer transexual”.

El señor De Benoist dice: “bajo la influencia de lo políticamente correcto, del neofeminismo alucinado y de un ‘neo racialismo’ obnubilado, lo político se ha convertido en un caso psiquiátrico”. El objetivo, que se ha acrecentado después de la aborrecible muerte de George Floyd en Estados Unidos, “es acusar a los blancos en nombre de la superioridad negra, y a la heterodependencia asociada a la idea de que la distinción entre lo masculino y lo femenino no pintan nada”.

En el mundo occidental, según De Benoist, “apoyados por grupos de presión carentes de toda legitimidad democrática -aunque bien regados de dinero público, añado- los actores de la vigilancia ‘woke’ -cínicamente preocupados por las injusticias y las discriminaciones en la sociedad porque lo que están es crematísticamente interesados en impulsar toda clase de bulos- se han convertido en los nuevos guardianes de la Gran Revolución Cultural -emulando a la de China, esencia del mal-. Y se dedican a negar lo real, lo tangible, porque básicamente detestan el mundo tal como es y sobre todo a los hombres tal como son. Quieren transformar la sociedad en un amasijo de susceptibilidades, proclaman la primacía de lo presuntamente justo sobre el bien y practican la negación del ser en nombre del deber ser.

¿Hay algún motivo para la esperanza? Sí. Por ejemplo, en Texas. Aunque parezca increíble, dado el nivel de degradación cultural desde antes y mucho más después de que llegara Biden, hay signos de esperanza en los Estados Unidos de América. Allí, los republicanos han acabado de aprobar una de las legislaciones antiabortistas más rigurosas, que naturalmente ha despertado la ira de todos los desquiciados que aspiran a gobernar el mundo. No es una ley perfecta, pero allí en Texas han decidido defender la vida, que es un derecho genuino y por tanto superior a las veleidades del sexo femenino cuando cree que puede hacer un uso caprichoso de su cuerpo, aunque albergue un ser propio que no le pertenece y al que está obligado a cuidar y respetar. Allí se empezará a prohibir el aborto desde la sexta semana de gestación. Los histéricos que están en contra del derecho a la vida están como locos preparando movilizaciones. No servirán para nada. Texas es el segundo estado más poblado de América, y es seguro que después de su decisión vendrán más normas parecidas en aquellos territorios gobernados por los republicanos, por los herederos de Trump, ya saben, los únicos capaces de disputar la guerra cultural emprendida hace décadas por la izquierda, que de momento va ganando.

¿Es Pablo Iglesias un pistolero?
Carlos Dávila . okdiario 9 Septiembre 2021

¿O cómo se puede llamar a un tipo que coloca las siglas grabadas de dos partidos en una pistola? El individuo nunca da puntada sin hilo; ahora, a quienes arremeten contra él por amenazar indirectamente (o directamente, mejor dicho) a la odiada derecha, les contesta, por él mismo o por la tribu de sicarios que aún le ríen las gracias, que no, que quienes son unos pistoleros son Casado y Abascal, los que, llegados al poder, se van a comportar como unos consumados fascioterroristas. Lo ha tenido todo pensado, incluso la elección del medio que le ha publicitado su escoria, y en el que milita algún imbécil, compañero de viaje nunca mejor dicho, que le otorga a este periódico que lleva nombre de matarratas, un aura de neutralidad. Tontos del habla los hay a millones en este país; son los que por la mañana sueltan sus pensamientos en publicaciones conservadoras, y por la tarde se convierten en cómplices de sujetos tan indeseables como el referido, un activista de obediencia claramente leninista.

Volvamos al caso. Nunca desde 1978 a la fecha un escribano había perpetrado una agresión como la de Iglesias en un medio de información. Claro está que la insidia tiene sus antecedentes, pero hay que buscarles en aquella II República nefasta en la cual los socialistas, más que los comunistas, se dedicaron a amedrentar, con advertencias soeces y letales, a cualquier político que no fuera de su infecta cuerda. ¿O es que no queremos recordar, ya que estamos en la patochada de la “memoria”, quiénes fueron los asesinos de Calvo Sotelo? ¿Por qué se oculta, siempre que se puede, que los matarifes eran miembros de la guardia de corps del ahora bendecido Indalecio Prieto? ¿Cuántas amenazas tuvo que soportar Melquiades Álvarez, fundador del Partido Reformista, hasta ser ametrallado por milicianos de la peor calaña? o ¿cómo se libró por los pelos el líder de la CEDA, José María Gil Robles, de ser “paseado” después de recibir en las propias Cortes de la Nación, avisos reiterados de que iban a por él.

Estos son los antecedentes en que se puede basar, y se ha basado, la infame intimidación de Iglesias. La izquierda, la sanchista y la comunista, no va a escatimar medios para que el Partido Popular, junto con Vox, el partido adosado, gane las elecciones. Iglesias desde una de las atalayas que se le han ofrecido para seguir vomitando odio y avisos de “sabemos a qué colegio van tus hijos” (no es broma: un parlamentario aragonés ha recibido esta advertencia), ha perpetrado un artículo que, se puede decir también así, es el embrión de lo que se nos viene encima. No es ésta una alarma infundada, ¿o es que tampoco han leído o escuchado los ditirambos y los aplausos encendidos que le ha dedicado su tropa? Lean éste, solo es un ejemplo: “Pablo, tienes toda la razón: a por ellos”.

Y llegado este momento otra pregunta más: ¿está percibiendo la gente el miedo que quieren instaurar en España Pablo Iglesias y sus sicarios? Pues les traigo la respuesta de un empresario que la pasada semana se negó a engrosar la claque de sus colegas que se gastaron las manos de tanto aplaudir el mentiroso Sánchez. Me ha dicho: “Lo que está sucediendo me recuerda a la denuncia contra los nazis de Becket, aquella de “vinieron a por lo judios…”. Y me añadía: “Cuando algunos en esos ambientes empresariales denunciamos cosas como éstas, la respuesta es. “¡Bah! no es para tanto”. Convendría no olvidar esta reflexión, sólo sustituyendo a Beckett por el pastor luterano Martin Niemöller, auténtico redactor de aquellos versos escalofriantes que terminaban así: “…Luego vinieron por mí, y no quedó nadie para hablar por mí”.

Lo dicho: esto no va a quedar así. No es únicamente el exordio más repugnante de un tipo al que encima le seguimos pasando un sueldo. Iglesias se ha hecho portavoz del rencor que este Gobierno fatal ha colocado en una parte de la población española. Siempre suele suceder que los fans de sujetos como el antedicho son, en realidad, mucho peores que el original, desde luego más peligrosos. Y es que tienen que hacer méritos y aquí, en nuestro país, la testosterona es un arma de destrucción masiva más mortífera aún que la pistola Luger de los nazis que ahora ha sacado de su armario el antiguo vicepresidente del Gobierno.

La luz que nos alumbra no es la única que está subiendo el temor en España, los fogonazos made por ejemplo en Iglesias, esos sí que nos pueden deslumbrar hasta achicharrarnos sin piedad. Estos están en lo que están, y el montonero que los azuza, Iglesias, lo único que ha hecho es enseñar el camino a los todavía tibios, los que siempre necesitan de una excitación brutal para cumplir con los trabajos que manda el jefe. ¡Ah! y un apunte más: me cuelgo literal y disciplinadamente de la RAE para recoger el adverbio, “mercenariamente”, que recoge el Diccionario para señalar a los que actúan con pistolas. Mercenario de la izquierda más radical, esa es la profesión que mejor le cuadra a Pablo Iglesias Turrión.

El Tribunal Constitucional también declarará ilegal el segundo estado de alarma de Sánchez
Libertad Digital 9 Septiembre 2021

El Tribunal Constitucional también declarará ilegal el segundo estado de alarma decretado por Pedro Sánchez, que fue de seis meses, según informa ABC. El diario de Vocento cuenta que el Alto Tribunal acogerá dos de los tres principales argumentos expuestos por Vox en su recurso para denunciar la discrecionalidad de unas medidas que, según se desprendía ya de la primera sentencia, fueron arbitrarias.

El magistrado ponente de esta sentencia, Antonio Narváez, ha ultimado ya su resolución, que supondrá una nueva desautorización jurídica para el Ejecutivo por su gestión de la pandemia –en julio, el TC sentenció que la primera imposición del estado de alarma era inconstitucional porque sus medidas restrictivas de libertades esenciales debieron ser amparadas por el estado de excepción, y no por el de alarma–.

En esta resolución, se declarará contrario a la legalidad haber decretado un periodo ininterrumpido de excepcionalidad en España durante seis meses sin un "real y efectivo" control parlamentario al Gobierno. Por otro lado, la llamada "cogobernanza" también sufrirá tachas notables de inconstitucionalidad por haberse atribuido indebidamente a las comunidades autónomas diversas medidas restrictivas de libertades fundamentales que no les correspondía adoptar.

El cierre del Congreso
El segundo estado de alarma fue aprobado el 3 de noviembre de 2020 y se prolongó hasta el 9 de mayo de 2021. En ese periodo, el Parlamento permaneció prácticamente cerrado, y las previsiones legales para que el Gobierno se sometiese por ejemplo a las sesiones de control, se incumplieron sin justificación jurídica suficiente. Solo hubo actividad parlamentaria como y cuando quiso Pedro Sánchez.

En esta ponencia, el TC dictaminará ahora que para cumplir con la exigencia de fiscalización de la acción del Gobierno durante un periodo excepcional, como lo es un estado de alarma tan largo, no fueron suficientes las comparecencias ocasionales que hizo Sánchez en el Congreso, o aquellas otras que delegó en el entonces ministro de Sanidad, Salvador Illa, y posteriormente en Carolina Darias.

El argumento de Vox descartado
Según ABC, el Alto Tribunal desechará uno de los argumentos expuestos por Vox en su segundo recurso contra el estado de alarma. De la misma forma que, con la alarma de marzo, el Tribunal consideró que las restricciones no fueron una mera limitación de libertades, sino una "suspensión" ilegal que solo habría estado jurídicamente justificada bajo un estado de excepción, ahora el TC asume que el segundo estado de alarma no fue tan drástico como el primero. De hecho, instaurada lo que Sánchez llamó la "nueva normalidad", ya no se produjo una prohibición o una suspensión absoluta de movimientos, como sí ocurrió anteriormente, sino un catálogo de restricciones más suavizadas, que sí estarían justificadas conforme a la legalidad. En esto, el TC no da la razón a Vox.

Otro revés en el horizonte
El TC tiene ya en sus manos una ponencia que ‘tumba’ el segundo estado de alarma. Despojar al Congreso de su función para controlar al Ejecutivo e inventar la ‘cogobernanza’ fue ilegal
Editorial ABC 9 Septiembre 2021

El segundo estado de alarma acordado por el Gobierno de Pedro Sánchez será declarado inconstitucional si prospera el borrador de sentencia que los magistrados del Tribunal Constitucional tienen en sus manos para resolver el recurso presentado por Vox. Los motivos de la posible declaración de inconstitucionalidad desmontan absolutamente la arquitectura jurídica de la situación excepcional a la que fue sometido el país. Si el actual ministro de Presidencia, Félix Bolaños, fue su arquitecto, debe ir preparándose para recibir un veredicto político implacable. El parecer mayoritario de los magistrados es que el decreto del segundo estado de alarma apunta a ser inconstitucional por la ‘cogobernanza’ que Pedro Sánchez se inventó con las comunidades autónomas. Hay que recordar el despropósito provocado por un diseño legal en el que el Gobierno delegaba en las autonomías la respuesta a una crisis sanitaria que era nacional, no local. De esa manera, Sánchez se sacudía de encima la responsabilidad del día a día, y sobre todo las malas noticias, mientras él se dedicaba a la propaganda de la vacunación. Eso sí, cuando los gobiernos autonómicos pedían concreción jurídica en las medidas que podían adoptar, Sánchez y sus ministros se ponían de perfil y se remitían al decreto del estado de alarma.

Además, la ponencia del TC ve inconstitucional el cerrojazo impuesto por el Gobierno al Congreso de los Diputados, despojado de sus funciones de control y fiscalización sobre el estado de alarma. Este segundo decreto de alarma fijó de antemano un plazo de seis meses, privando al Parlamento del control sobre las sucesivas prórrogas, como sucedió con el primer decreto. Sencillamente, Sánchez no quería trabajar de presidente del Gobierno y eludió sonrojarse ante la opinión pública cada vez que la oposición le pidiera cuentas por su gestión y él tuviera que pelear por cada voto para poder prorrogar la excepcionalidad.

Vendrán sin duda los eslóganes de que «el estado de alarma salvó vidas», probablemente uno de los argumentos más infames utilizados en la vida pública española, porque al mismo tiempo nadie en el Gobierno se ha responsabilizado de que España presente uno de los índices más altos de mortalidad por el virus a pesar de haber sufrido las mayores restricciones de derechos y libertades en toda Europa. No sabemos cuántas vidas salvaron los decretos de alarma -salvo las cifras que reconoce el Gobierno-, pero sí sabemos que las cifras oficiales de muertos se quedan cortas, porque Sánchez nunca ha querido aplicar los criterios de la Organización Mundial de la Salud para cuantificar las víctimas de la pandemia. El balance de la gestión política, sanitaria y jurídica de la pandemia no puede resultar más negativo para el Gobierno. El sistema constitucional de derechos fundamentales y libertades públicas ha sido maltratado por la coalición de socialistas y podemitas bajo la coartada de la enfermedad. Nadie -o casi nadie- discute que eran necesarias medidas extraordinarias para contrarrestar la fuerza brutal de la pandemia en la primavera de 2020. Bastaba con haber utilizado el estado de excepción y no el de alarma. En el segundo estado de alarma, la inconstitucionalidad apunta a ser grosera y notoria.

Queda así retratado un Gobierno cuyo tránsito por la pandemia está dejando un reguero de ilegalidades, abusos de poder, prácticas antidemocráticas y pulsiones autoritarias. La aversión hacia las instituciones creadas para el control democrático del Ejecutivo -el Poder Judicial, el Tribunal Constitucional, el Parlamento- no ha sido episódica, sino una constante de este modo de gobernar. Pero el que siembra vientos, recoge tempestades.

Hablemos de armas
Ricardo Ruiz de la Serna. https://gaceta.es

¿Qué arma representaría el horror del comunismo?
Quizás podríamos pensar en el revólver Nagant M1895, que la Cheka y el NKVD emplearon como arma reglamentaria. Heredado del ejército imperial ruso, el Nagant podría simbolizar las distintas formas del terror bolchevique. La detención en medio de la noche por hombres que lo llevaban en la cartuchera. El tiro por la espalda a quien intentase escapar. El disparo en la nuca de la ejecución administrativa y en secreto. En la prisión de Patarei, en Tallin, se conserva el habitáculo donde se perpetraban esos asesinatos. Quizás fueron estos revólveres los que emplearon los carniceros de las matanzas de Katyn en abril y mayo de 1940: veintidós mil oficiales polacos muertos a manos del NKVD de Lavrenti Beria (1899-1953). Es cierto que los asesinos emplearon, también, armamento alemán. Un triste recuerdo armado de que los comunistas y los nazis invadieron y se repartieron Polonia. A Beria, por cierto, después de la muerte de Stalin, lo terminaron juzgando por la vía rápida sin abogado defensor ni derecho a recurso. Le pegaron un tiro en la nuca en 1953. Lo mismo fue con un Nagant o con una pistola Tokarev TT-33. La Makarov PM no llevaba mucho tiempo en uso.

También podría pensarse en el fusil Mosin-Nagant, que entró en servicio en el ejército de los zares y que los soviéticos y sus aliados emplearon hasta después de la II Guerra Mundial. Tal vez el pelotón de fusilamiento que mató a Isaak Bábel (1894-1940) disparó con el modelo 1891/30. Acusado de ser enemigo del partido y del régimen soviético, a Bábel lo juzgaron en secreto en una de las dependencias privadas de Beria y lo mataron acto seguido. Lo mismo le había sucedió, por cierto, en 1938, a Bujarin y a sus compañeros purgados por Stalin, a quienes tirotearon en el campo de fusilamiento de Communarka. Quién sabe si los ejecutores empuñaban los Mosin-Nagant aprobados por la comisión creada para modernizar el arma en 1924.

Desde luego, está también el piolet. Admitamos que su uso no estuvo muy extendido, pero con uno mató Ramón Mercader (1913-1978) a Trotski (1879-1940) y eso lo dota de un poder de representación atroz pero innegable. El adversario de Stalin, que no le fue a la zaga mientras tuvo poder, debía morir y los agentes del NKVD no cejaron hasta acabar con su vida. Ramón Mercader, que falleció de cáncer de huesos en La Habana, le clavó el pico en la nuca al bolchevique de la primera hora. El creador del Ejército Rojo tardó doce horas en morir en medio de una agonía espantosa.

No podemos olvidar, desde luego, el célebre AK-47, el fusil de asalto que sirvió para armar a las guerrillas comunistas durante toda la Guerra Fría. Sin embargo, seguramente sea equívoco representar el horror del comunismo con armas que puede manejar un solo hombre. Esto dejaría de lado los métodos más efectivos de exterminio empleados por los regímenes comunistas: el campo de concentración y trabajo, el hambre, la prisión, la purga política, el terror generalizado. Aleksandr Solzhenitsyn (1918-2008) describió en “Archipiélago Gulag” (1973-1978) el espanto del universo concentracionario soviético.

En España, podríamos trazar el mapa nacional de las checas que por toda la zona republicana sirvieron para detener, torturar y matar. Habría que visitar cementerios como el de los Mártires de Paracuellos o el de Aravaca para recordar -traer de nuevo al corazón- la persecución religiosa en España durante la II República y la Guerra Civil. Parece de mal gusto sacar el álbum de fotos que muestran las iglesias en llamas, las tumbas profanadas y los cadáveres en las cunetas. Resulta atrevido, en la España de hoy, preguntar por los paseos y las “sacas”. Hay quien pretende hacer memoria de aquel tiempo atroz y aquella guerra fratricida imponiendo un olvido colectivo.

No es fácil, pues, encontrar un arma que simbolice la minuciosidad homicida con la que el comunismo tritura a los seres humanos. Quizás podríamos recurrir a las patrullas que cerraron los caminos y arrebataron el grano a los campesinos ucranianos durante el Holodomor (1932-1934). Podrían mencionarse los trenes que llevaron a Siberia y al Lejano Oriente de Rusia a decenas de miles de estonios, letones y lituanos deportados en las operaciones Priboi (1949) y Osen (1951). Me temo que no bastaría representarse el Gran Terror estudiando la desaparición de nombres del listín telefónico moscovita como hace Karl Schlögel en “Terror y utopía. Moscú en 1937” (Acantilado, 2014).

He aquí la radical maldad de los totalitarismos. Es imposible describir por completo la destrucción que acarrean. No hay pistola, ni fusil, ni herramienta ni alambrada que puedan encerrar en sí el horror insondable del comunismo.

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Vox y el 'discurso del odio' de la izquierda goebbelsiana
EDITORIAL. Libertad Digital 9 Septiembre 2021

El joven gay que denunció haber sufrido el pasado domingo en el barrio madrileño de Malasaña una brutal agresión homófoba no fue, en realidad, asaltado en su portal por ocho encapuchados, tal y como declaró inicialmente ante la Policía, sino que las heridas que presentaba (un "maricón" escrito a golpe de navaja en el trasero y un labio partido) se las hizo, según ha confesado, una persona con la que mantenía una relación.

En cualquier caso, y con absoluta independencia de si las heridas fueran o no consentidas y se las infligiera un individuo heterosexual u homosexual, resulta repulsivo el discurso del odio de una gran parte de la izquierda, tanto política como mediática, contra un partido como Vox, al que se relaciona goebbelsianamente con este tipo de salvajadas. Ese discurso del odio, que tiene la indecente desfachatez de relacionar el programa y el discurso de la formación que lidera Santiago Abascal con determinados delitos en los que víctima y verdugo no comparten raza, sexo, religión, nacionalidad o tendencia sexual, es especialmente infame por cuanto Vox, partido de impecable trayectoria democrática, se caracteriza por exigir la mayor severidad en el castigo de aquellos delitos en los que se atenta contra la integridad física de las personas, con absoluta independencia de la raza, sexo, religión, nacionalidad o tendencia sexual de las víctimas.

Sin vergüenza, la izquierda política y mediática proyecta y acusa a Vox de cebar el "discurso del odio", esto es, de hacer... exactamente lo que hace ella con Vox y sus votantes o simpatizantes. En este sentido, Iván Espinosa de los Monteros ha advertido de que su partido se querellará contra quien lo relacione con delitos xenófobos, machistas u homófobos. En Vox han dicho, pues, basta ya.

Ya está bien de que un comunista orgulloso de profesar esa ideología criminal y criminógena como Pablo Iglesias, ex vicepresidente del Gobierno de Pedro Sánchez que acaba de fichar por el diario proetarra Gara, el separatista Ara y la cadena SER, dé lecciones de compromiso cívico y acuse a Vox de falta de credenciales democráticas y constitucionales, cuando es Podemos quien carece de ellas. Ahora bien, por abominable que resulte, no es de extrañar que quien en su día elogió a ETA por haber sido la primera en darse cuenta de que la Transición era una "engañifa lampedusiana" fiche por el que fue diario de cabecera de la organización terrorista vasca, tan de extrema izquierda como él. Más incoherente resulta que quien en su día juzgó incompatible la democracia con la existencia de medios de comunicación privados cobre ahora pingües retribuciones de medios de comunicación privados. Pero, en fin, todo el mundo sabe que este indeseable presume de "cabalgar todo tipo de contradicciones".

Ya está bien de mentiras, intoxicaciones y calumnias. Aquí no hay más discurso de odio –típico de comunistas, nazis y fascistas– que el que predica con escandalosa impunidad la izquierda contra todo aquel que no se le somete; especialmente contra Vox.

El retrato de Dorian Gray: por qué Sánchez se destruirá a sí mismo
El presidente del Gobierno ha hecho de la mentira, a juicio del autor, una forma de ser y sobrevivir en política. Pero con fecha de caducidad: algún día todas le pasarán factura.
Fernando de Rosa.  esdiario 9 Septiembre 2021

La novela de Oscar Wilde, “El retrato de Dorian Gray”, es considerada una de las últimas obras clásicas de la novela de terror gótica. En dicha obra, un aristócrata hedonista se conserva joven y guapo, mientras un retrato escondido refleja su horrible alma.

Siempre Pedro Sánchez me ha recordado el siniestro personaje de la novela, tan bien representado en el cine por el actor, Ben Barnes, en la versión del director Oliver Parker. Este personaje es un símbolo de la falta de escrúpulos a la hora de satisfacer cada uno de sus placeres, sin importarle si son moralmente aceptados o no.

Sánchez está representando en este inicio de curso el personaje de “hombre de Estado” y para ello, ha tenido que matar políticamente a sus más próximos colaboradores. Los últimos en caer han sido sus más fieles escuderos en los grupos parlamentarios. No hay que olvidar cómo ha caído en desgracia Adriana Lastra tras haber obedecido las órdenes de su amado líder hasta el máximo de los ridículos.

Ahora Sánchez-Gray necesita darle un nuevo giro al guion, quedando sus antiguas frases y propuestas escondidos en el cuadro que guarda en lo más oculto de la Moncloa. Igual que en la novela, nuestro presidente no ha dudado en vender su alma a cambio de no envejecer, políticamente hablando, pero su imagen reflejada en el cuadro de la sociedad no deja de ir sumando las arrugas de sus incumplimientos y mentiras.

Hoy en día, las redes sociales no permiten que ningún político se sustraiga a sus mentiras, por eso por mucho que Sánchez intente esconder su verdadera imagen en un oculto cuadro, los ciudadanos podemos comprobar día a día como las mentiras del presidente se van reflejando en su cara como cicatrices.

No podemos olvidar que Sánchez es el presidente que pactó con los proetarras para gobernar a cambio de ventajas para los presos asesinos y no aprobar la ley que prohíba los homenajes a los terroristas. Tampoco vamos a olvidar que ha indultado a los golpistas y va a regar con millones a los independentistas realizando pactos ocultos que pondrán en peligro, sin duda, la unidad nacional.

Aunque pretendan desviar la atención de los ciudadanos, no vamos a olvidar que quiere ocupar el Poder Judicial para someter a los jueces independientes a su control, como ha ocurrido con la Fiscalía y el nombramiento prevaricador de Dolores Delgado como Fiscal General del Estado.

Nos miente diciendo que no pueden bajarse los impuestos porque favorece a los ricos, pero otros gobiernos de izquierda europeos, como nuestros vecinos Portugal e Italia, los están bajando

Por otra parte, quiere dar una imagen de luchador contra la pandemia asumiendo el mérito de la vacunación, pero no vamos a olvidar que retrasó la toma de medidas porque había que celebrar la manifestación del 8-M.

Igualmente pretende señalar a su gobierno como el más social de la historia, pero no se ha dignado a acudir a las colas del hambre formadas por miles de familias que no pueden pagar la luz, butano, combustible y muchos productos. El aumento del precio de productos básicos y la subida de la inflación hacen que la cesta de la compra sea una verdadera cuesta este mes de septiembre.
Las mentiras del presidente

Nos miente diciendo que no pueden bajarse los impuestos porque favorece a los ricos, pero otros gobiernos de izquierda europeos, como nuestros vecinos Portugal e Italia, los están bajando para conseguir aumentar el poder adquisitivo de las familias y ayudar a las empresas a la hora de crear empleos.

Las mentiras dejan señales, como en el cuadro de la novela, dejan rastros como cicatrices, por eso por mucho que Sánchez-Gray quiera lucir esta temporada una nueva imagen defenestrando a todos aquellos colaboradores que ha usado para llegar a su meta, las encuestas reflejan su verdadero rostro: una imagen antigua de mentiroso compulsivo. Pero como ocurre en la película su última secuencia será cuando intente destruir su retrato, pero al hacerlo se destruirá a sí mismo.

Cataluña ingobernable. España entre el totalitarismo y Montesquieu
Se fuerza la reanudación de la absurda “mesa de diálogo” con representantes del gobierno español, a la que, imprudentemente, el señor Pedro Sánchez insinuó que quería asistir
Miguel Massanet. diariosigloxxi 9 Septiembre 2021

Mientras en Cataluña proliferan los botellones incontrolados, se relajan los controles del gobierno Central sobre la acción exterior del Gobern catalán, haciendo la vista gorda ante la entrevista de la señora Victoria Alsina, en París, con representantes de la Organización para la Cooperación y Desarrollo del gobierno francés, para tratar de temas como la Diada e intentar evitar que, desde las naciones europeas, se considere como “un asunto interno de España” el de las pretensiones separatistas catalanas y que “el problema catalán no se ha resuelto”; todo ello en la línea de no molestar a los independentistas catalanes, pese a que la señora Alsina negó lo que, al parecer es evidente, y es el intento de Puigdemont de valerse de Rusia como colaboradora para apoyar el separatismo en Cataluña.

Al propio tiempo que se fuerza la reanudación de la absurda “mesa de diálogo” con representantes del gobierno español, a la que, imprudentemente, en uno más de sus intentos de mantenerse en el poder, el señor Pedro Sánchez insinuó que quería asistir y ahora se halla metido en el cepo en el que voluntariamente se ha metido de modo que, si quiere hacer marcha atrás, se verá criticado duramente por los mismos a los que ha pretendido agradar.

Por otra parte vemos que, para mantener el espíritu reivindicativo del 11 de Septiembre, mediante el cual, en años pasados, han puesto el énfasis en presionar al gobierno de la nación con manifestaciones multitudinarias y acciones de protesta, acompañadas de quemas de banderas nacionales y fotografías de los reyes, junto a eslóganes reivindicativos en contra de lo que califican “opresión sobre Cataluña” que no es, ni más ni menos, que el que se les exija que cumplan con las leyes del Estado, algo que ya hace años que vienen incumpliendo.

Observamos, con la resignación a la que nos hemos acostumbrado ante los continuos ataques al sentido común y a la lógica con los que nos obsequian las autoridades catalanas que, precisamente en vísperas de la Diada del 11 de septiembre, como si esta festividad tuviera el poder de conceder la inmunidad en contra del Covid 19, deciden suprimir todas las limitaciones que existían en la autonomía para evitar la propagación de esta cepa Delta, tan contagiosa, de la epidemia que tantos dolores de cabeza está proporcionado a la sanidad autonómica.

No se ha accedido a las demandas de las empresas del ocio catalanas, que se quejan de que se les impida ejercer sus actividades; no han tenido en cuenta los consejos de los expertos, que consideran que las acumulaciones de multitudes de jóvenes y mayores en las calles, para beber, emborracharse y consumir drogas, resultan ser mucho más peligrosas que el hecho de que se celebren fiestasen los diversos locales de ocio donde, al menos, es más fácil controlarlos.

Pero no olvidemos que lo que se busca, desde la óptica independentista, es potenciar el que acudan muchos catalanes a la concentración político-reivindicativa del catalanismo soberanista, en los actos que tengan lugar a lo largo de la Diada y esto justifica que, para estos sujetos, se evite considerar el peligro evidente de un mayor contagio del virus y una nueva recaída, como ha venido sucediendo cada vez que se han producido dichos desmanes.

Y por si no tuviéramos suficiente con las patochadas de la Generalitat, como la que ha tenido lugar con la falta de previsión de los efectos que podría tener la apertura de las autopistas catalanas, ahora sin peajes, sin prever que el aumento de circulación sería un problema y que no se puede improvisar cuando se trata de ofrecer una medida tan apetitosa y atractiva como es la de que los miles de los conductores que las evitaban por su coste económico, ahora pudieran disfrutar de ellas gratis. Improvisación sobre improvisación y la evidencia de que, cuando por fines simplemente políticos, de captación de votos y, con falta absoluta de tomar en consideración sus aspectos negativos, lo que acaba por ocurrir es que los efectos económicos, de mantenimiento por el mayor deterioro de las vías circulatorias debido al mayor uso, al tonelaje de los camiones más pesados y al hecho de el firme ya muestre lugares de mayor desgaste debido a la falta delos debidos cuidados por parte de las concesionarias; todo ello, irremediablemente va a tener que traducirse en más impuestos, tasas, recargos o, lo que ya se ha venido anunciando desde diversos ministerios, que la circulación por carreteras vaya suponiendo un peaje para todos los coches que las utilicen y, es muy posible, que incluso a los ciudadanos que nunca lo hagan.

Y es que, señores, estas decisiones populacheras, estas concesiones a quienes solicitan mejoras, pero sin tener en cuenta que cada mejora tiene un conste económico que, en muchas ocasiones, no está en manos de la Administración asumir acaban, fatalmente, siendo la causa de que los servicios sean insuficientes, peores, más costosos y, ocasionalmente, gravemente perjudiciales para los mismo que lo pidieron.

Y, una vez más, tenemos la prueba, en este caso dentro del propio Gobierno de la nación, de cómo los intereses espurios de unos políticos que no dudan en manipular interesadamente a la opinión pública, mediante verdades a medias, interpretaciones interesadas carentes de respaldo jurídico, versiones manipuladas de los hechos y de las circunstancias por las que no se ha podido llegar a un acuerdo, durante tres años, para la renovación de los miembros del CGPJ entre el partido del gobierno, el PSOE, y el principal partido de la oposición, el PP.

Es cierto que existen unos plazos para que los miembros del CGPJ sean relevados de sus puestos por otros que tengan el derecho de ocupar las vacantes vacías. Pero de lo que no se dice nada y, de hecho, es lo que ha venido ocurriendo durante estos tres años de incapacidad para ponerse de acuerdo al respecto es que, lo que se precisa, es que los partidos mayoritarios del gobierno y de la oposición lleguen a un consenso relativo a las personas que debieran ser las más idóneas, independientes, capacitadas y, evidentemente, no estar condicionadas por su dependencia del Gobierno nidel partido opositor.

El Gobierno, experto en manejar las malas artes, culpa al PP de no querer llegar a dicho consenso, pero se calla que, en esta ocasión, las personas que intenta colocar endicho organismo, son especialmente partidarios del señor presidente del gobierno y que éste no quiere promulgar una nueva ley que haga que los jueces o magistrados que deban sustituir a los que actualmente vienen ocupando dichos sillones, debieran de ser elegidos, directamente, por los propios jueces y magistrados y no por los distintos poderes políticos que pudieran provocar que, la independencia del Poder Judicial, se pusiera poner en duda como ya ha sucedido con la abogacía del Estado, dependiente directamente del Gobierno y con la Fiscal General del Estado que fue directamente elegida por el ejecutivo, habiendo sido ministra de Justicia del actual gobierno lo que, sin duda alguna, se presta a las susceptibilidades oportunas y a que sus decisiones sean puestas en duda, por existir el peligro de que no sean lo objetivas que deberían ser.

El desconocimiento de la legalidad o el intento de vender a la audiencia una verdad que no lo es, ha permitido que exista la creencia de que el PP ha sido el culpable de que no se produjera el cambio; sin tener en cuenta que, en realidad, a quién no le interesa que sean los propios jueces y magistrados los encargados de la elección de los miembros del CGPJ, es precisamente a los que forman el actual gobierno, con el señor Pedro Sánchez a la cabeza, ya que, entonces no tendrían la posibilidad que ahora se les ofrece de copar los tres poderes del Estado: el ejecutivo, el legislativo y el judicial; cuando es evidente que ya disponen del control de los dos primeros y, el único que se les viene resistiendo es el judicial, que es el que impide que puedan llevar a cabo una reforma solapada de la Constitución cuando el Gobierno no tiene los medios legales, para conseguir cambiarla a su gusto, lo que supondría convertir a España en una nación tercermundista, como las que conocemos en Hispano-América.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos la inquietante percepción de que al señor Presidente de nuestro gobierno le trae sin cuidado que la Justicia, en España, salga reforzada, que sea ocupada por magistrados y jueces honestos y capaces o que nuestro sistema judicial salga reforzado, disponga de medios adecuados para ejercer la justicia con celeridad y eficacia, no como sucede ahora que, cada pleito, supone un verdadero ejercicio de paciencia, sufrimiento, estrés y desesperación para aquellos que pasan por este trago y que se ven obligados a pasar años en espera de que se les reconozcan sus derechos o bien, en el caso de juicios penales, que se decida sobre su culpabilidad o inocencia, en cuyo caso nadie les puede compensar del tiempo que han estado sub-júdice.

Y nadie culpe al señor Casado por pedirle a Sánchez que se comprometa por escrito a cambiar la ley y a hacer que los nombramientos en la judicatura les correspondan a los jueces y no a los políticos porque, desgraciadamente, conocemos a un señor que tenía malos sueños sólo de pensar en tener en su gobierno a los comunistas y fue tal su desfachatez, su incoherencia y el engaño que les hizo a sus votantes que, nada más salir vencedor en los comicios, se echó en brazos de aquel con el que había tenido sueños truculentos. La verdad, para el señor Sánchez, es un pecado capital.


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