AGLI Recortes de Prensa   Sábado 11  Septiembre  2021

Draghi y Ayuso sacan los colores al incompetente Sánchez
EDITORIAL. Libertad Digital 11 Septiembre 2021

El Gobierno italiano ha anunciado esta semana una reforma fiscal en la que va a incluir una bajada generalizada de impuestos, mientras Moncloa prepara justo lo contrario. Hasta el Ejecutivo del manirroto Mario Draghi ha asumido que no es posible fiar la recuperación económica sólo al efecto rebote, que va a llevar a Italia a crecer un 5,8% este año. Teniendo en cuenta que el país transalpino se desplomó un 8,8% en 2020, en Roma son conscientes de que no hay mucho que celebrar y de que toca seguir bregando.

El objetivo de Draghi es el crecimiento estructural, concepto que ignora por completo el cortoplacista Gobierno del socialista Pedro Sánchez y sus socios comunistas. Una reducción del IRPF a las rentas medias y medias altas (entre los 28.000 y los 55.000 euros de ingresos), una rebaja de las cotizaciones sociales o una simplificación del IVA son algunas de las medidas con las que el Ejecutivo italiano piensa dar un balón oxigeno a sus agotados contribuyentes. El plan italiano contempla también eliminar los microimpuestos, tributos que aportan al Estado "una recaudación anecdótica pero que convierten la gestión de las finanzas públicas en una de las más complicadas de Europa", según reconoce el propio Gabinete Draghi. Entre ellos se encuentran el impuesto sobre la recogida de setas, el impuesto a los espectáculos y una lista infinita de tributos con los que el Fisco trae de cabeza a los italianos.

En España, el equivalente de los microimpuestos italianos son los impuestos propios de las CCAA. Y la misma semana en que Roma daba esa buena noticia a sus contribuyentes Isabel Díaz Ayuso anunciaba la eliminación de todos los impuestos propios en Madrid, ante los alaridos de la izquierda. La cuestión de fondo no es tanto la cuantía real del ahorro para los madrileños como el compromiso con la erradicación de esas exacciones. Así, Ayuso se ha comprometido a, por ejemplo, no infligir un tributo específico a las grandes superficies, frente a lo que sucede en Cataluña –la región que más impuestos propios se ha sacado de la manga–; ni a asestar a los propietarios de viviendas un impuesto a las casas vacías como el que padecen los valencianos. En definitiva, Ayuso ha hecho una apuesta decidida por la seguridad jurídica, un bien valiosísimo en los tiempos que corren.

Las medidas de Draghi y Ayuso chocan frontalmente con las que defiende el Gobierno social-comunista de Sánchez y los colegas de Pablo Iglesias, estrella emergente en los medios del supremacismo catalán y el filoterrorismo vasco. Además de negarse por activa y por pasiva a rebajar impuestos durante la pandemia, Sánchez no ha dudado pergeñar un aquelarre tributario que podría superar los 80.000 millones de euros.

Eso sí, teniendo en cuenta el estrepitoso fracaso de los datos de recaudación de este año, todo apunta a que el Gobierno podría llegar a destrozar definitivamente la economía aun sin conseguir ingresar lo estimado. Porque a Sánchez y sus incompetentes ministros económicos todavía no le salen las cuentas de 2021. Para cuadrar el Presupuesto y acercarse mínimamente a sus previsiones, Hacienda tendría que recaudar en este segundo semestre un 45% más que en el primero, hito a todas luces imposible. La mendaz teoría de que a mayores impuestos mayor recaudación queda en evidencia una vez más. Las consecuencias de saquear a los ciudadanos siempre son las mismas: paralización de la economía y aumento del paro, lo que no hace más que dañar las arcas del Estado.

Si Sánchez quiere aumentar los ingresos, debería mirar a Italia o a Madrid, la región que más recauda de España. Pero no lo hará, porque sería reconocer su incompetencia colosal.

¿Dónde está la bolita, trilero Pedro Sánchez?
OKDIARIO 11 Septiembre 2021

El asunto es complejo, pero aún así lo trataremos de explicar gráficamente: imaginen el actual recibo de la luz. Una de las partidas que gravan la factura son las primas a las renovables, lo que repercute negativamente en lo que usted paga cada mes. Llega Pedro Sánchez y anuncia, por tierra, mar y aire, una rebaja de los impuestos, por la vía de la supresión de las primas renovables. Pone esa sonrisa cínica que caracteriza al personaje y se jacta públicamente de haber cumplido su compromiso de bajarnos el recibo de la luz.

A continuación, traslada los costes de las renovables -esos que nos ha quitado del recibo- a un fondo de sostenibilidad energética que deberán abonar, entre otros, las compañías de hidrocarburos (como el gasóleo y la gasolinas) y los propios consumidores de gas natural. Conclusión: lo que nos ahorramos en la factura de la luz nos lo cobra en la tarifa de gas natural o en cada litro de combustible. Resultado: pagamos más. Es la clásica estrategia del trilero. El trile, también llamado mosqueta, ‘Pepito paga doble’ o ¿Dónde está la bolita? es un juego asociado a la estafa que se practica en las calles concurridas o los mercadillos que consiste en enseñar una bolita para después taparla con tres cubiletes que el estafador mueve a su antojo ayudado por un grupo de compinches. Sánchez nos enseñará la bolita del recibo de la luz y cambiará los cubiletes de manos para que la perdamos de vista. La luz bajará un poco y subirá la calefacción de gas y la gasolina. Ni Houdini.

No será una bajada de impuestos, sino un trueque fiscal. El fondo de sostenibilidad energética asumirá los costes de las antiguas primas a las energías renovables y los derivará, entre otros, a los consumidores directos de gas natural y los consumidores de productos petrolíferos. Todo un ejercicio de prestidigitación con el que el mago Sánchez hará desaparecer parte de los impuestos de la factura eléctrica para meterlos de tapadillo en otros cubiletes. Y si no, al tiempo.

Pedro Sánchez ha pensado en esta fórmula para sacudirse la presión por la subida del recibo de la luz y cumplir su promesa de bajar la factura. Las arcas del Estado no sufrirán merma alguna y los consumidores nos quedaremos con la cara que se les queda a los incautos cuando el trilero les birla la pasta. ¿Dónde está la bolita?

La guerra no ha terminado
Editorial ABC 11 Septiembre 2021

Dos décadas después de los atentados del 11-S, declaración de guerra al mundo libre diseñada para matar a unos miles y sobrecoger al resto, la sociedad occidental ha aprendido ha convivir con el miedo al terrorismo, hasta normalizarlo como un ingrediente más de una vida pública que en estas dos décadas se ha visto sacudida por crisis globales aún más graves, por dimensión y consecuencias: la financiera de 2008, que provocó la mayor recesión del último siglo, y la generada por la pandemia, aún irresuelta. Si algo cambió el mundo aquel 11-S, aún interpretado como el comienzo de una nueva era, fue en el sentido de preparar al conjunto de Occidente para renunciar a cualquier certeza y aceptar el sobresalto, en cualquiera de sus formas, todas terribles, como divisa del nuevo siglo. Dos décadas después, la caída de las Torres Gemelas no puede competir con el pánico universal que el año pasado generó el coronavirus, hasta paralizar el planeta y dejar un reguero de muerte que nunca podrá ser cifrado con exactitud.

Que Estados Unidos se sintiera herido por el zarpazo terrorista del 11-S, aún más lesivo que el ataque de Pearl Harbor, y respondiera de inmediato con una ofensiva militar en Oriente Próximo -contestada con aquel «No a la guerra» que recorrió el mundo desarrollado, respuesta insolidaria y sectaria a una amenaza compartida- entra dentro de la mecánica de las contiendas del siglo pasado. Analizado desde el momento presente, el error fue responder con fórmulas tradicionales, con una invasión terrestre apoyada con medios aéreos, a una guerra no convencional, como la que desde entonces libra el islamismo desde cualquier frente. La ejecución de Osama bin Laden, a través de una operación secreta -igualmente invasiva, en territorio de Pakistán- o los ataques quirúrgicos con que Estados Unidos ha abatido en los últimos meses a figuras de la talla criminal de Qasem Soleimani, caudillo de la Guardia Revolucionaria de Irán, trazan la hoja de ruta de una guerra que sigue activa, pero por otras vías. El fracaso del proceso democratizador de Afganistán da cuenta de la complejidad de someter a un islam que en la Primavera Árabe y a lo largo del norte de África y buena parte de Oriente Próximo ya mostró su integridad y su integrismo para resistir cualquier tensión civilizadora y regresar a la tiranía, a menudo con el concurso de Occidente, con amplia experiencia en buscar aliados entre las teocracias del Golfo y en apoyar regímenes autoritarios que ante la amenaza del terrorismo representan el mal menor, sin otra ética que la del beneficio común y el sosiego compartido. Entenderse con los talibanes mientras los drones apuntan a sus cabecillas quizá resulte más efectivo y rentable -así lo hizo entender Estados Unidos mucho antes de la llegada de Biden- que mantener durante décadas un protectorado insostenible sin ayuda externa, similar al del Sahel. La guerra contra el terror no se desarrolla hoy en Afganistán, sino en París, Londres o Madrid, y son los servicios de inteligencia y las Fuerzas de Seguridad quienes deben librarla sobre el terreno.

El reto al que se enfrenta el mundo libre consiste en asegurar su territorio mientras deja que los centros de producción del terror, de nuevo con patente talibán, recobren su actividad y exporten su violencia. No será fácil. Estados Unidos se repliega, quizá para siempre, y Europa ni siquiera tiene medios para cumplir los estándares que le exige la OTAN para autodefenderse. Quedan China y Rusia para aprovechar cualquier elemento que debilite a Occidente, y un terrorismo islámico al que estamos obligados a combatir de cerca tras renunciar a plantarle cara -nadie quiere guerras, solo victorias- en su propio terreno.

Dos décadas de una guerra inacabada
Con las Torres Gemelas de Nueva York cayó la confianza en un mundo más feliz
Editorial La Razón 11 Septiembre 2021

Se cumplen veinte años de los mayores ataques terroristas que el mundo había conocido y, esa tarde en Madrid, todos comprendimos que se había iniciado una guerra de nuevo cuño, imprecisa, pero mortífera y global. El mundo más feliz que nos prometíamos tras el final de la Unión Soviética y el despertar de unas nuevas tecnologías de la información destinadas a acercar culturas y romper fronteras se vino abajo al mismo tiempo que, ante nuestros propios ojos, en directo, caían las Torres Gemelas de Nueva York, envueltas en una humareda gris de pesadilla y arrastrando con ellas las vidas de casi tres mil personas.

Luego, enseguida, supimos del ataque al Pentágono y de la tragedia del cuarto avión en un campo de Pensilvania y, con pocas dudas, el mundo señaló al nuevo enemigo, al islamismo más fanático, incapaz de asumir lo que Occidente representaba, pero, sobre todo, lo que la pujanza de su ciencia y su tecnología iba a suponer para unas sociedades, las musulmanas, atrapadas entre las falsas promesas de liberación del socialismo panárabe y las certezas de una religión, bajo cuyos preceptos un día, lejano pero no olvidado, fueron grandes.

Si volvemos la vista atrás, hacia el optimista principio del segundo milenio, tendremos que admitir los traumas, las desconfianzas, las injustas percepciones que han dejado en el alma de Occidente lo largo años de esta guerra interminable. Pero, también, reconocer que, con todas las sombras que se quieran proyectar, la democracia y el respeto a los derechos del hombre han prevalecido en unas sociedades golpeadas por un enemigo inmisericorde que buscaba, con el terror indiscriminado, el desistimiento de unas poblaciones a las que consideraban débiles, esclavas de una vida consumista y fácil. A Nueva York le siguieron Bali, Madrid, Londres, París, Niza, Bombay, Bruselas, Barcelona... golpes que eran llamadas de reclutamiento del islamismo más brutal, invocado por Al Qaeda y, luego, cristalizado en el ISIS, el Estado Islámico, que llegó a soñar con un califato unificador, bajo la sharia y el terror.

Porque la guerra que comenzó el 11 de septiembre de 2001 fue devastadora para el mundo islámico. Reabrió las trincheras sectarias de chiitas y sunitas, y en medio de su pugna se marchitó cualquier esperanza de nuevas primaveras. Occidente intentó, con desigual y muy escaso éxito, extender su sistema político democrático y su modelo de sociedad plural frente a unos pueblos que se debatían entre pulsiones nacionalista, étnicas, religiosas e ideológicas tan diferentes como incompatibles entre sí. No es justo afirmar que sólo se buscó la desarticulación y la destrucción del enemigo y el aprovechamiento de sus recursos. En Irak y en Afganistán, más tarde en Libia, se perdieron vidas, se invirtió cantidades millonarias en la apuesta por unas sociedades, si acaso, compatibles con un mundo que avanzaba a pasos de gigante y que, a la postre, acabaría por echar a las tinieblas del subdesarrollo y el aislamiento a una parte de la humanidad.

Así, la retirada de Afganistán es la constatación del fracaso político, pese al triunfo militar. Cansancio de veinte años en los que han crecido unas nuevas generaciones que han aprendido a convivir con la amenaza y que, en cierto modo, la desprecian. Pero la guerra sigue ahí, inacabada, con nuevos lugares y nombres que escriben la misma tragedia: Nigeria, Malí, República Centroafricana, Siria, Yemen...

20 AÑOS DEL 11-S
Reinares y el 11-S: "La guerra contra el terror ha fracasado, el yihadismo está más extendido que nunca"
Alberto Sierra. vozpopuli.es 11 Septiembre 2021

Decía un famoso tango que veinte años no es nada. Después de ese periodo de tiempo, imborrables permanecen en la memoria de todos las imágenes de las Torres Gemelas en llamas tras el impacto del primero de los cuatro aviones secuestrados por Al Qaeda aquella mañana del 11 de septiembre de 2001. Un atentado en cadena que golpeó el corazón de Estados Unidos y cambió el mundo para siempre. Sin embargo, la lucha contra el yihadismo no ha sido tan exitosa como prometió George W. Bush, cuando aquel 11-S proclamó la "guerra contra el terror". Los talibán han regresado al poder en Afganistán, Al Qaeda sigue existiendo y el yihadismo global está más extendido que nunca, según advierte Fernando Reinares en una entrevista con Vozpópuli.

El director del Programa sobre Radicalización Violenta y Terrorismo Global en el Real Instituto Elcano no duda en afirmar que "la guerra contra el terror ha sido un fracaso". "El mundo es un lugar muy poco seguro", afirma el experto en yihadismo y catedrático de Ciencia Política y Estudios de Seguridad en la Universidad Rey Juan Carlos, que ha publicado recientemente el libro 11-M. La venganza de Al Qaeda (Galaxia Gutenberg, 2021). En esta entrevista advierte también de la que puede ser la mayor amenaza hoy en día para Occidente, con Al Qaeda y el Estado Islámico como protagonistas.

Pregunta (P). Dos décadas después del 11-S, en un contexto marcado por la caótica retirada de Estados Unidos de Afganistán, ¿qué balance hace de la "guerra contra el terror" iniciada por George W. Bush en 2001? ¿Es hoy el mundo un lugar más seguro frente al terrorismo yihadista?
Respuesta (R). En conjunto, la guerra contra el terror, con el énfasis militar que imprimió Estados Unidos, ha sido un fracaso, porque Al Qaeda sigue existiendo, acaba de contribuir al retorno de los talibanes al poder en Afganistán y el yihadismo global se encuentra hoy más extendido que nunca. Dicho esto, la realidad de la violencia yihadista, tanto de Al Qaeda como de su rival Estado Islámico, se vive de modo muy distinto según la región del mundo en que nos situemos.

Para la población de Siria, de Yemen, de Nigeria, de Somalia, de Libia o de Malí, donde los ataques y atentados terroristas son habituales cuando no cotidianos, el mundo es un lugar muy poco seguro. En los países occidentales, que hemos padecido en mucha menor medida el terrorismo yihadista que los propios países del mundo islámico, se trata de una amenaza imposible de erradicar a corto y medio plazo, que se continuará manifestando episódicamente y con la que tenemos que aprender a vivir sin erosionar los principios en que están sustentadas nuestras sociedades abiertas.

P. Joe Biden defiende que se han cumplido los dos principales objetivos: encontrar a Osama bin Laden y eliminar la amenaza terrorista que suponía Al Qaeda. Lo primero se cumplió en mayo de 2011, ¿podemos decir lo mismo de los demás objetivos de la "guerra contra el terror"?
R. Osama bin Laden fue reemplazado por Ayman al Zawahiri y a este lo sustituirá otro. Así ha ido sustituyendo Al Qaeda, hasta el momento sin dificultades insalvables, a los numerosos integrantes de su mando central que han sido abatidos. La propia Al Qaeda se ha transformado, dejando de ser una organización unitaria basada en Afganistán, como lo era antes del 11-S, para convertirse en una estructura global descentralizada con seis importantes ramas territoriales.

Cuando el presidente Biden habla de que se ha degradado o disminuido a Al Qaeda está comparando la Al Qaeda que existía en Afganistán en 2001 con el mando central de la actual estructura global que continúa situado en el noroeste de Pakistán y zonas limítrofes de Afganistán. Pero eso es un equívoco que confunde a la opinión pública, porque las ramas de Al Qaeda operan hoy en el norte, este y oeste de África, al igual que en Oriente Medio y la Península Arábiga o en el sur de Asia. Otra cosa, muy diferente, es que Estados Unidos haya desarrollado a lo largo de los últimos veinte años medios para contrarrestar la amenaza del terrorismo yihadista que han tenido resultados satisfactorios en lo que se refiere a la prevención de atentados dentro del propio territorio estadounidense.

P. Tras la retirada de las tropas occidentales en Afganistán y el regreso de los talibán al poder, ¿puede volver a convertirse ese país en un santuario para el yihadismo y para Al Qaeda?
R. Los talibanes afganos han llegado al poder en Afganistán con la colaboración de Al Qaeda y de otras organizaciones yihadistas estrechamente relacionadas con ella, como la denominada Red Haqqani. Esto es algo muy importante a tener en mente. En mi opinión, de uno u otro modo el entorno fronterizo entre Afganistán y Pakistán va a ser un espacio más permisivo para Al Qaeda y otras organizaciones yihadistas, en cuyos cálculos a la hora de llevar a cabo actividades en el exterior sólo pesarán algunas preferencias geopolíticas de los talibanes, las líneas de actuación que tengan decididas y los propios recursos de que dispongan.

P. ¿Puede Occidente confiar en que los talibán no alimentarán o darán apoyo al Daesh? ¿Confía en que se enfrentará al Estado Islámico?
R. A corto plazo al menos, la organización Estado Islámico va a continuar mostrando su hostilidad hacia los talibanes y cualesquiera sean sus aliados. Van a combatir a los militantes de Estado Islámico dentro de Afganistán para que no añadan problemas de inestabilidad y legitimación al régimen que desean volver a instaurar en el país y con la ventaja de saber que en su mayoría son antiguos miembros de la insurgencia talibán o de entidades yihadistas próximas. El problema que Estado Islámico supone aún para las sociedades occidentales en general y los países europeos en particular poco o nada se verá afectado por ello, pues deriva de una movilización yihadista sin precedentes a la que hemos asistido entre 2012 y 2019 sobre todo entre jóvenes musulmanes nacidos o crecidos en Europa Occidental.

P. Terminada la intervención en Afganistán, ¿cuál es ahora mismo para usted la mayor amenaza yihadista para Occidente?
R. La que resulta de conectar los mandos de operaciones externas de entidades como Al Qaeda o Estado Islámico con miembros de una u otra dotados de experiencia en zonas de conflicto y a su vez con partidarios del yihadismo global radicados dentro de los países occidentales.

Un izquierdismo trasnochado, reaccionario y nervioso
Zoé Valdés. Libertad Digital 11 Septiembre 2021

Están nerviosos, saben que el chollo se les está acabando y han visto que una nueva generación de jóvenes pensadores, sobre todo en Argentina y en Francia, está surgiendo con una fuerza indescriptible. Son jóvenes pensadores sin complejos, nada los ata a la izquierda, ni un hermano viceministro de la KKultura, con doble K en Cuba, ni una antigua deuda con Gabriel García Márquez. Son libres, porque sólo se tienen a sí mismos y a su pensamiento; ellos y su audacia, ellos y su libertad, que será la libertad de todos en el futuro.

Me tocó analizar un artículo de Rafael Rojas en uno de mis lives. Rafael Rojas es un profesor cubano con residencia en México y en Miami que ha publicado varios libros y cuyo hermano es el viceministro de Cultura del régimen castrista. Rojas escribe en El País, dónde sino… Pero también para La Razón de México. Allí ha publicado un artículo infame, cuyos objetivos primordiales son destrozar la credibilidad y la imagen de la nueva derecha española y reventar la imagen de Rocío Monasterio.

Hace rato que el castrismo y sus tapiñados esbirros tienen como objetivo a la derecha española y al rey de España, objetivo que comparten con el Gobierno de Pedro Sánchez; y, en el seno de la nueva derecha, el castrismo principalmente necesita desmoronar la imagen de Rocío Monasterio, española de origen cubano que no ha olvidado el país de su padre. No lo han conseguido ni lo conseguirán, pero la batalla se presenta ardua, porque esta gentuza tiene el apoyo del Gobierno español y de una cierta derecha a la que se le ha llamado "cobardica" no por gusto.

En el artículo de Rafael Rojas podemos leer lo siguiente:

La carta, firmada por Rocío Monasterio, dirigente de Vox en Madrid, por líderes de la extrema derecha latinoamericana como el chileno José Antonio Kast y el argentino Pablo Torello, y por unos pocos opositores y exiliados cubanos y venezolanos, argumenta que hay un "avance del comunismo" en Iberoamérica, que pone en riesgo el desarrollo, las libertades y el Estado de derecho. Dicho avance estaría oficiado por el "régimen cubano" e "iniciativas como el Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla".

Vaya, vamos…

¿Por qué subraya y resalta el nombre de Rocío Monasterio, como si eso cambiara en algo el contenido de la Carta de Madrid? ¿Por qué menciona que la carta está firmada por unos "pocos exiliados cubanos y venezolanos"? Por cierto, me honro en haber sido la primera escritora cubana en haber plasmado su firma. Pero, a ver, creo Rojas que debe volver a repasarse las firmas, para que note y compruebe que se ha ido engrosando esa lista, que ya nos somos tan pocos y que los pocos que fuimos tenemos un peso con nuestras trayectorias tanto en la lucha anticomunista como en la lucha antifascista. Peso que por demás él no posee, dejemos esto claro. ¿Qué ha hecho Rojas contra el fascismo como no sea divagar y tontear un poco en pose de no sé qué…? ¿Por qué le preocupa tanto y le pone tan nerviosillo que la Fundación Disenso publique una Carta de Madrid que enfrente al Foro de Sao Paulo y al Grupo de Puebla? ¿No será que Rafael Rojas padece el mismo síndrome que agita a Leonardo Padura, cuyos reconocimientos siempre pasan por la izquierda? ¿Es la razón por la que debe él votar a un comunista como AMLO y Padura apoyar y hasta visitar en la cárcel al corrupto de Lula Da Silva en Brasil, después de que la exguerrillera terrorista devenida presidente Dilma Rousseff elogiara sus infumables libros autorizados por el régimen?

Intelectuales de izquierdas, ¿cuándo terminarán de ser esos perros a la espera de una caricia o un mendrugo de su amo comunista?

La deriva del artículo de Rojas es un retrato de lo mal que va la izquierda, de lo alterada que se siente frente a un verdadero pensamiento libre basado en la verdad y no en la mentira, en la ciencia como sistema también lírico, y no en la negación de lo científico y la anulación de la poesía. Todos los nombres que cita Rojas para él como ilusorias ideas de la derecha de nuevos comunistas que manejan los hilos del poder, la derecha que según él ve comunismo en todas partes, son absolutamente comunistas, sin más. Pedro Sánchez tuvo a un vicepresidente comunista, Pablo Iglesias de Podemos, y tiene a varias ministras de Podemos, o sea comunistas. El nuevo presidente del Perú, Pedro Castillo, ese adefesio comunista, no sólo tiene ministros comunistas, sino que además son terroristas. Algunos han tenido que irse como vinieron, renunciar, precisamente por su pasado claramente criminal.

En cuanto a esa frase juguetona de Rojas, que pretende ser lapidaria, dicha así como al desgaire, sin ningún talento para epatar al burgués, "la derecha que ve comunismo o totalitarismo en todas las izquierdas…", se la pudiera aplicar él mismo. Porque se equivoca, como casi siempre, es la izquierda, que ve fascistas en todos aquellos que no piensen como ella, en todos los que ya no nos tragamos más sus órdenes, en los que nos negamos a obedecer a cambio de un puesto en una universidad o un espacio en un periódico, en todos los que pensamos de forma diferente y lo decimos claro y alto.

Es la izquierda la que se ha quedado rezagada en el pensamiento en comparación con la gran cantidad de filósofos y pensadores que ha parido la derecha en los últimos tiempos, con una libertad de análisis que apabulla a esos que han mantenido un nivel de disquisición basado únicamente en el marxismo del vago de Marx, que vivió toda su vida de las mujeres y de su amigo; que los hijos le importaban lo mismo que las teorías que ni él mismo se las creía. De hecho, algunos de sus hijos murieron de hambre y de frío debido a la incapacidad de este energúmeno para asumir el sostén de su familia mediante el trabajo; gestor para colmo de más de 100 millones de víctimas en la historia de la humanidad.

En lo que mí respecta, firmo todas las cartas que vayan contra el comunismo y contra el fascismo, lo he hecho siempre y lo seguiré haciendo. Que un tipo como Rafael Rojas nos llame ultrafachas es algo que me tiene sin cuidado. Yo sé lo que soy, soy antifascista y anticomunista. Él no pudiera afirmar lo mismo en cuanto a lo segundo, que, si observamos la historia de cerca, lo primero nació de ese socialismo disfrazado de nacionalismo, o a la inversa.


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La demencia del depredador
Jimmy Giménez-Arnau. okdiario 11 Septiembre 2021

Pablo Iglesias, tras convertirse en nuevo rico burgués, dejó la política, se cortó la coleta y juró no volver a los ruedos. El perfil del estafador común y el del falso revolucionario son semejantes. Pueden fracasar en sus asuntos, pero ambos llenan sus alforjas de oro. A este hipócrita le basta cambiar el timbre de voz para intentar engañarnos. Pasa de aquel tono melifluo, con el que vendía su sucia mercancía cuando estaba en auge, a un tono más agresivo pues cree que, siendo violento, podrá estafarnos como en sus días de abuso, en que daba gato por liebre. La fiera se esfumó del Gobierno con el rabo entre las patas y reaparece mostrando unos colmillos mellados que no asustan ni enamoran a nadie. El fariseo ha perdido su poca credibilidad.

J. A. Montalvo lo diseca: “Confieso que solté una carcajada cuando el artículo de debut de Iglesias en Ctxt, que avanzaba penosamente con indigencia estilística e intelectual y vileza cínica, desembocó en un “hagan sus cábalas” y no me extrañaría que haya gastado ya algún que otro “¡no es de recibo!” o “un órdago a la grande”. La tercera nueva casa de Iglesias es la independentista Rac1, que es como si después del 23-F un ex vicepresidente del Gobierno fichase por El Alcázar. La infame pistola nazi que le han puesto como ilustración, con las siglas PP-Vox y PRENSA.A.78, con el rabito diagonal de la R difuminada para que parezca otra P (parece un chiste de Echenique), indica a las claras dónde está la violencia: en esa ilustración está la violencia”. Genial retrato.

Bastó un cuatrimestre, desde su dimisión, para que la “hiena” mutara en hámster. Rapado el bicho, no da el pego. Su apuesta de “todo o nada” quedó en nada y no encajó el fracaso político, alegando que era una víctima del odio mediático. Él nunca tiene la culpa, la culpa, siempre es de los demás… Las tribus anticapitalistas de Podemos, contrarias a la coalición gubernamental, le consideran culpable y lo ponen a parir. El único mando que le queda al inútil es el control sobre las guardianas del fuego sagrado del comunismo, kamikazes disfrazadas de ministras a las que maneja a su antojo y cuya misión exclusiva consiste en dinamitar el Ejecutivo. Y lo van consiguiendo, pues cada vez que abren la tapa, a Sánchez le da un parraque que le obliga a prolongar sus vacaciones. No las quiere ver ni en pintura.

Vivimos en un Estado profundamente injusto. Se condena a quien respeta la Constitución y se ensalza al carnívoro que sembró el odio.
Los totalitarios del socialcomunismo son los buenos; los malos son aquellos que defienden a España y al Rey. La fiera hace piña con sus colegas proetarras y golpistas, fomentando la hispanofobia impunemente. Creen ser los amos y salvadores de la “matria”. Pero el rapado todavía no se ha repuesto del sonoro bofetón que Ayuso le dio en las urnas. Lo cual justifica su locura de depredador.

Diada de Cataluña
Las 11 mentiras del separatismo sobre la Diada que alimentan la farsa histórica del 11 de septiembre
Pelayo Barro. okdiario 11 Septiembre 2021

El independentismo catalán celebra este 11 de septiembre, como todos los años, la fiesta de la Diada. Se conmemora la caída de Barcelona en poder de las tropas borbónicas en 1714. El separatismo encumbra la figura del ‘héroe nacional’ catalán Rafael Casanova y defiende que aquel día comenzó la ‘ocupación’ española de Cataluña, que hasta ese momento se había mantenido como un ‘estado independiente’. La primera democracia del mundo, sostienen. Pero el relato del nacionalismo se desmorona frente al de la historia: ni Cataluña era un estado ni fue una guerra por su independencia.

El imaginario separatista ha dado para mucho en la última década, la más agitada en cuanto al desafío independentista. Y las ideas y leyendas históricas que se han defendido en estos años son a cada cual más disparatada. Los historiadores catalanes ‘de carnet’ han defendido, por ejemplo, que el primer homínido del planeta, con una antigüedad de 450.000 años, fue hallado en una cueva del Rosellón francés. El primer protocatalán. También sostuvieron que los catalanes descubrieron América gracias a su ilustre ciudadano Cristòfol Colom, a quien la malvada Castilla rebautizó como Cristobal Colón para arrebatarle el mérito a la siempre odiada Cataluña. El Quijote se escribió en catalán originariamente -por el valenciano Miquel de Cervantes-, el Cid era en realidad catalán, o hasta Leonardo Da Vinci, cuyo escudo de armas era un claro guiño a Cataluña.

Todas esas demencias surgieron de la inspiración subvencionada a cargo del erario común, durante años, a entidades culturales de, cuanto menos, dudosa fiabilidad. Por ejemplo, el Instituto de Nueva Historia, una suerte de Academia de referencia para el catalanismo que reescribe el paso de los siglos al son que toca la Generalitat, y que alcanza su cenit cuando se habla del 11 de septiembre de 1714. El día que hoy se conoce -y festeja- como la Diada. La caída de Barcelona en manos de las tropas borbónicas de Felipe V y el fin de la ‘república’ catalana. El inicio, de otra manera, de la ‘ocupación’ española, relato que impulsó a partir del siglo XX el movimiento político Renaixença. En palabras del historiador Jorge Vilches, la Diada es «un claro ejemplo de manipulación histórica».

Estas son las 11 farsas históricas que repite cada Diada el separatismo para reescribir el pasado de Cataluña:

1. Un héroe nacional que era españolista
El separatismo ha encumbrado la figura histórica de Rafael Casanova como un luchador que estuvo al frente de la defensa de Barcelona. Un héroe nacional al que en todas las Diadas se homenajea con ofrendas florales como defensor de la ‘república’ catalana, pero que en realidad era un patriota español.

La historia recuerda que Casanova arengó a las tropas que defendían Barcelona a hacerlo, textualmente, para «salvar la libertad del Principado y de toda España, evitar la esclavitud que espera a los catalanes y al resto de los españoles bajo el dominio francés, derramar la sangre gloriosamente por el rey, por su honor, por la Patria y por la libertad de toda España». Así quedó escrito en el documento del bando de los Tres Comunes de Barcelona. Fue herido levemente en el asedio a Barcelona y consiguió escapar del cerco haciéndose el muerto.

2. Barcelona resistió, Cataluña no
La Diada no representa en sí misma la resistencia de toda Cataluña contra las tropas borbónicas, sino la de la ciudad de Barcelona. Mucho antes de ese 11 de septiembre ya habían rendido pleitesía y fidelidad a Felipe V otras ciudades catalanas como Tarragona, Camprodón, Ripoll, Solsona, Mataró o Vic. Ahora, los alcaldes y ediles independentistas de estas ciudades celebran una resistencia que no se dio realmente. Ciudades como Gerona o Lérida se enfrentaron al ejército aliado de Gran Bretaña y Austria. Lo mismo sucedió con Reus. Otras importantes ciudades catalanas se posicionaron a favor de los borbones como Cervera, Berga, Centelles, Ripoll o Manlleu.

3. Cataluña no buscaba su independencia
A comienzos del siglo XVIII, Cataluña no luchó por su independencia. Como muchas otras regiones de España se vio arrastrada a una guerra civil que se desató en la península tras la muerte del rey Carlos II en 1700, el último habsburgo fallecido sin descendencia. Esa muerte inició una guerra fratricida en la que el bando borbónico apoyaba a Felipe de Anjou y el bando austriacista al archiduque Carlos, segundo hijo del emperador Leopoldo. Cataluña se alineó con los perdedores, llegando a firmar incluso un pacto secreto en Génova con emisarios de la reina Ana de Inglaterra para que la ciudad condal se convirtiera en una base naval británica en el Mediterráneo.

4. No hubo sublevación contra Madrid
El separatismo relata la Diada como la culminación -en forma de derrota- de su desafío a Madrid. Pero lo cierto es que cuando en 1712 la Diputación de Barcelona planteó su reto al Rey de España, la Guerra de Sucesión ya había concluido. Incluso ya se habían redactado los tratados de paz mucho antes del asedio de Barcelona.

5. Fiesta creada hace un siglo
Una fecha supuestamente tan señalada como la que hoy celebra el separatismo es, en realidad, un invento moderno. La celebración tiene poco más de cien años de antigüedad, y fue agitada en los primeros años del siglo XX como una forma de sacudir emocionalmente a los catalanes en un momento político determinado, en pleno auge del catalanismo. En los dos siglos anteriores, la derrota de Barcelona nunca fue celebrada ni marcada en el calendario.

6. Sucesión, no secesión
El cambio de una sola letra manipula el concepto, el origen y las consecuencias de aquella guerra entre borbones y habsburgos con Barcelona como escenario. Lo que fue una clara guerra de sucesión, el separatismo lo ha convertido en una guerra de secesión.

7. No se laminó el catalán
El separatismo, en su ideario místico, asume que aquel 11 de septiembre de 1714 quedaron sepultados los símbolos identitarios de la nación catalana. Principalmente el catalán. En los Decretos de Nueva Planta firmados en 1716, Felipe V abolía las leyes propias desarrolladas en el Reino de Valencia, en el de Aragón y en el Principado de Cataluña. En esos decretos se instauró el castellano como lengua imperante en toda España, que hasta el momento había sido el latín. No el catalán, como repite sin fundamento el independentismo.

8. Un paso adelante, no atrás
El separatismo también sostiene que aquel fue el punto de inflexión para el derrumbe sociopolítico de Cataluña, descrita como una suerte de primer estado moderno y democrático del mundo. Nada más lejos de la realidad: las nuevas leyes que se introdujeron en Cataluña, procedentes de una ola reformista en Europa, desmantelaron las últimas estructuras de corte feudal que existían en Cataluña y ayudaron al despegue económico, demográfico e industrial que culminaría en el siglo XIX. Cataluña es hoy lo que es, en buena parte, por el impulso que recibió en ese siglo XVIII, cuando la Corona impuso un proteccionismo al comercio frente a las colonias de América.

9. Felipe malo, Carlos bueno
En la historia de la Diada, la inventada, se ha descrito a los bandos sobre los ejes del bien y del mal. Así, a Felipe V se le asocia a una dictadura invasora, malvada y antidemocrática, mientras que el contendiente Carlos de Austria es poco menos que un libertador. La realidad es que ambos bandos lucharon por una concepción política diferente en una guerra en la que no hubo «buenos» ni «malos». Conceptos simplistas para explicar una historia compleja.

10. Necesitaban una fecha
Para sustentar su idea de nación, los estados tienen una fecha señalada en su calendario para indicar su propio nacimiento. Una fecha que se celebra por todo lo alto, como el 4 de julio en Estados Unidos, el 14 de julio en Francia o el 14 de mayo en Israel. Días fundacionales. El separatismo eligió ese 11 de septiembre para tener una referencia nacional, pero la historia catalana, la auténtica, insiste en señalar el 23 de abril, San Jorge, como Día de Cataluña. Fecha transversal y apolítica que viene celebrándose desde el siglo XV.

11. Tres siglos de opresión
Pero lo que realmente subyace de todo el relato histórico manipulado en torno a la Diada es la idea, alimentada y difundida sin descanso por el independentismo, de que ese día 11 de septiembre se empiezan a contar los años en los que Cataluña vive bajo la opresión y ocupación española. Un régimen de esclavitud política que ha lastrado a la región durante 300 años ininterrumpidos, sostienen. La realidad es que, pese al descalabro económico que ha supuesto para Cataluña el desafío separatista en las últimas décadas, Cataluña fue una tierra mimada por gobernantes y regímenes durante esos tres siglos. Privilegios fiscales a las clases burguesas -las que impulsaron aquella rebelión contra Felipe V para no perderlos-, protección a una floreciente industria textil, o vertebración de Cataluña con el resto de España gracias a una red de comunicaciones que no llegó al resto del país hasta las últimas décadas del siglo XX. Una opresión que ya hubiesen querido hoy en día para sí mismas comunidades como, por ejemplo, Extremadura.
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