AGLI Recortes de Prensa   Lunes 13  Septiembre  2021

Lo importante y lo urgente
Rosa Díez. okdiario 13 Septiembre 2021

Hay razones de urgencia para echar a Sánchez y a toda su tropa del Gobierno de España. Pero no debemos permitir que lo urgente desvíe la atención sobre lo importante. Por eso les propongo hoy una reflexión de pedagogía democrática. De la misma manera que hay que distinguir entre táctica y estrategia –la táctica es el instrumento, la estrategia el objetivo- a la hora de organizar la resistencia contra este Gobierno social comunista que está sufriendo España conviene no perder de vista la distinción entre lo urgente y lo importante.

Como esta cuadrilla que gobierna España protagoniza cada día escándalos –desde la tarifa de la luz hasta la complicidad y el impulso del odio y la mentira- , como todo el rato hay que estar tomando posición frente a la última infamia perpetrada por la cuadrilla de Sánchez y su prensa concertada, corremos el riesgo de sepultar entre la hojarasca aquello que nos motiva a los demócratas para enfrentarnos a los enemigos reales y activos de la Constitución. Ocupados con lo urgente corremos el riesgo de olvidar lo importante.

Cesare Pavese dejó escrito que “en ocasiones la democracia es una cuestión de legítima defensa”. No es por lógica ideológica (la alternancia propia de cualquier sistema democrático) por lo que es normal que apelemos a un cambio de gobierno. Es urgente echar al Gobierno de Sánchez porque es una anomalía europea tener en España un Ejecutivo soportado en los apoyos de los enemigos mortales, literalmente, de la democracia. Es urgente echarles porque están arruinando a nuestro país, y no sólo ni principalmente desde la perspectiva económica, que también.

Es urgente expulsar a Sánchez y a los suyos del Gobierno– que no del país, como ellos quisieran hacer con la oposición democrática- porque cada día que pasa hay más personas que no pueden llegar dignamente a fin de mes, porque cada día que pasa hay más personas que requieren de Cáritas o de otro tipo de comedores sociales para comer caliente al menos una vez al día. Es urgente echar a Sánchez y a su tropa de indocumentados y sectarios porque hay centenares de miles de españoles que cada día han de elegir entre poner el ventilador –no ya el aire acondicionado…- o llevar un plato a la mesa, o comprar al niño zapatillas para el inicio del curso escolar.

Es urgente echar del Gobierno a estas personas sin escrúpulos que organizan campañas para emputecer el ambiente, para buscar la confrontación entre españoles, para dar una falsa idea de una España que dibujan como intolerante con los diferentes ya sea de origen, de credo o de orientación sexual. El urgente echar del Gobierno a unos tipos empeñados en degradar la imagen de España para poder así cuestionar el pacto de la Transición y avanzar hacia la liquidación de la democracia.

No me cansaré de decirlo –lo explico con detalle en mi último libro, La Demolición, La gran Traición de Sánchez a la democracia, que por cierto, firmo el día 18 en la Feria del Libro- pero todo esto comenzó con Zapatero, el primer presidente del PSOE que buscó la confrontación entre los españoles que habían protagonizado la Transición y construido la Democracia para debilitar lo que él llamaba primero “las derechas,” y después “la derecha extrema” y asegurar así una cómoda mayoría a un PSOE incluso en retroceso. Menos apoyo, menos diputados, más poder. Esa era la estrategia; la táctica, hacer todo lo posible por revivir el guerracivilismo y volver a enfrentar a los españoles.

Esa es la estrategia que ha seguido Sánchez Castejón con gran aprovechamiento y sin ningún tipo de límite. Y es que Zapatero le importaba lo que pensaran de él, eso de que tenía “talante”, que era un chico “dialogante” A éste se la refanfinfla lo que piensen de él lo demás; es lo que tiene la personalidad psicopática, que carece de empatía.

Bueno, pues establecidos algunos de los motivos que convierten en urgente echar del Gobierno a estos sectarios indocumentados- a los Sánchez, Marlaska, Belarra, Garzón, Montero (Irene y la otra) o al ínclito Ministro de Universidades que para igualar por abajo y que nadie pueda afear la conducta al presidente plagiador ha eliminado la sanción a los estudiantes que copien en los exámenes- permítanme una pincelada sobre lo importante.

Es por exigencia democrática por lo que es importante echar a Sánchez del Gobierno. España no se merece tener un Gobierno que se niega a investigar los 377 crímenes de ETA aún sin resolver. Y que nadie nos diga que esto no es nuevo, que antes que este hubo otros gobiernos y otros ministros del Interior que tampoco hicieron lo que debían para esclarecer estos crímenes. Porque es verdad que no es nuevo; pero sí es la primera vez que el Gobierno de España, a través de los partidos que lo componen y que lo soportan, votan en contra de una resolución en el Parlamento Europeo que ha decidido enviar a España una Comisión para investigar sobre las causas de que no se hayan esclarecido esos crímenes.

La negativa a esclarecer el 40% de los crímenes de ETA cometidos durante y contra la propia democracia (Franco hacía mucho que estaba enterrado en el Valle de los Caídos) convive en el tiempo con leyes llamadas de memoria histórica o democrática, leyes revanchistas promovidas por este Gobierno de sectarios y con las que la paleoizquierda española quiere provocar el enfrentamiento entre españoles. Y eso sí que es nuevo. También es nuevo que esa negativa del Gobierno coincida en el tiempo con la aproximación a cárceles vascas de decenas de presos terroristas que no han cumplido con un requisito fundamental: colaborar con la justicia.

Resulta pues urgente, por razones prepolíticas, no ideológicas, echar del Gobierno de España a esta gentuza, dicho sea con la acepción exacta del término que da la RAE: “Gente o tipo de gente que es considerada despreciable”. O sea, gente que no es digna de aprecio o estimación y que moralmente merece ser despreciado.

Los crímenes de ETA cometidos después del 2010 no prescriben; los anteriores lo hacen a los treinta años de su comisión. El goteo de impunidades es constante… mientras el Gobierno excarcela o acerca al País Vasco a terroristas que callan lo que saben.

La historia de ETA no acabará mientras haya centenares de crímenes sin juzgar a la vez que su brazo político es socio del Gobierno de España. La historia de ETA no acabará mientras los prescriptores de la banda y de sus crímenes sigan organizando homenajes y recibiendo como héroes a los terroristas excarcelados ante la pasividad –cuando no complicidad- del Gobierno de España.

Aunque no fuera más que por los 377 crímenes de ETA aún sin juzgar, por la exigencia moral y ética de que sus familiares puedan hacer el duelo y de que se haga justicia, hay que mantener viva la resistencia hasta que echemos del Gobierno a Pedro Sánchez, hasta que consigamos tener en España un gobierno decente, que tampoco es tanto pedir.

El inasumible incremento de gasto y la bomba de relojería de los intereses de la deuda
José María Rotellar. Libertad Digital 13 Septiembre 2021

La tendencia política en España —y en gran parte del mundo, por no decir que en todo— es la de incrementar el gasto público. Los responsables políticos no dejan de hacer ver siempre que hay que incrementar el gasto para dar servicios a los ciudadanos, cuando, realmente, con su actitud, están poniendo en riesgo el mantenimiento de dichos servicios esenciales al destinar gran parte del incremento del gasto a cuestiones no necesarias, sin hacer las reformas precisas para que el gasto importante pueda ser mantenido.

Eso podemos verlo si analizamos los datos. Si comparamos el peso del gasto público sobre el PIB actual con el de la última administración que lo redujo —la del presidente Aznar—, podemos comprobar que dicho peso ha aumentado desde el 38,40% del PIB del año 2003 (el último ejercicio completo de aquel mandato) hasta el 52,30% actual para 2020.

Eso, ni más ni menos, supone un incremento de casi el doble en valores absolutos, desde los 307.871 millones de 2003 hasta los 586.389 millones de 2020.

Pues bien, si analizamos la evolución de gasto esencial, como es Defensa, Educación, Sanidad y Pensiones, solo este último sube porcentualmente sobre el PIB de manera apreciable, haciéndolo Sanidad moderadamente, teniendo en cuenta que gran parte del incremento de ese gasto sanitario actual se deriva de la excepcionalidad de la pandemia.

Ahora bien, el conjunto de estos gastos (pensiones, defensa, educación y sanidad) ha subido en 129.118,1 millones de euros, mientras que el gasto total se ha incrementado en 278.518 millones de euros, es decir, hay 149.400 millones de euros que han incrementado el gasto público sin ir a esas partidas de gasto esencial.

De ellos, 25.889 millones se debe al incremento en prestaciones por desempleo, motivado por el fuerte impacto en el desempleo y en ERTE de la pandemia, pero, aun así, el resto de incremento de gasto suma 123.511 millones de euros, equivalente a once puntos de PIB. De ellos, el pago de intereses de la deuda suma casi tres puntos de PIB (31.547 millones), con un incremento de 11.915 millones desde 2003. Ése es el coste de nuestro desequilibrio presupuestario acumulado.

Y si dicho coste de la deuda no es mayor se debe a que el tipo medio actual es bajo gracias al precio del dinero, que presiona los tipos muy a la baja. El tipo medio total de la deuda en agosto de 2021 es del 1,666%, mientras que en 2003 era del 4,82%. Si retornasen los tipos a esos niveles más normales —cosa que sucederá en cuanto la política monetaria vuelva a la ortodoxia—, en lugar de 31.547 millones de euros de coste de la deuda, tendríamos ahora un coste de la misma de 91.270 millones de euros, lo que muestra lo insostenible del incremento de gasto.

Como se ha dicho, de este incremento de gasto, 25.889 millones se debe al gasto en prestaciones por desempleo, que muestran la mala evolución de la actividad económica; 11.915 millones se deben al coste de la deuda, que muestra lo peligroso que resulta vivir por encima de nuestras posibilidades, y 111.596 millones de euros se debe al incremento de otro gasto no esencial, que deja claro que el gasto público ha aumentado al menos en diez puntos más allá de lo esencial, a lo que habría que añadir el evitable punto de incremento de coste de la deuda si hubiésemos sido ortodoxos en las cuentas públicas y habernos mantenido, así, en el equilibrio presupuestario, y al menos 25.889 millones de incremento de prestaciones si hubiésemos sabido mantener la economía en los niveles de baja tasa de paro de 2003 (otros 2,3 puntos de PIB).

Todo ello muestra que, en primer lugar, es inasumible el incremento de gasto que se genera; en segundo lugar, que no se hacen las reformas necesarias para garantizar la viabilidad de lo esencial, como el sistema de pensiones; en tercer lugar, que los intereses de la deuda son una bomba de relojería que se pueden casi triplicar con este nivel de deuda en cuanto se regrese a una política monetaria ortodoxa (imaginemos el incremento si se sigue acumulando más deuda pública, como todo parece indicar según los desequilibrios presupuestarios previstos); en cuarto lugar, que hay cerca de diez puntos de PIB de incremento de gasto en la parte no esencial del mismo, y en quinto lugar, que o se vuelve a la senda de estabilidad y se realizan las reformas necesarias o corremos un grave riesgo de que la Unión Europea termine imponiéndonos ajustes mucho más severos, dado el perfil de insostenibilidad de gasto, déficit y deuda públicos.

El objetivo es la pobreza
Domingo Soriano. Libertad Digital 13 Septiembre 2021

Se han puesto de moda, al menos en mi timeline de Twitter, las imágenes de la decadencia de Barcelona. Esta semana, además, había trabajo extra, entre las capturas de pantalla con noticias sobre la no-ampliación de El Prat y la alegría de Yolanda Díaz por la paralización de la inversión; las fotos de las cutre-terrazas para bares de Colau o de mendigos durmiendo en las calles de la Ciudad Condal; o las peleas, mitad esperpénticas mitad patéticas, entre independentistas el 11-S. Los mensajes se dividen entre el "Disfruten lo votado" o los que comparan la tristeza de la capital catalana con la pujanza madrileña.

Es un error. No la evidencia del declive barcelonés, sino el pensar que esto producirá de forma inevitable un daño electoral a los que lo causaron. De hecho, la suerte política del nacionalismo en Cataluña en las últimas cuatro décadas es un ejemplo de manual de que una pésima gestión económica no tiene por qué llevar aparejado un castigo político.

Desde hace mucho sabemos que la extrema izquierda no sólo genera pobreza, sino que la necesita y la busca. La pobreza no es sólo la consecuencia de sus políticas, es el objetivo. Ejemplos los hay a patadas, de Detroit a Argentina, pasando por Grecia o Venezuela (por no citar casos en España que nos vienen a todos a la cabeza). En todos ellos, la devastación económica no sólo no produjo una reacción en las urnas, sino que en parte ayudó a consolidarse al partido del régimen. Es verdad que, en la Venezuela chavista, unas elecciones libres en los últimos años probablemente habrían expulsado a Maduro del poder. Pero es que en ese caso ya hablamos de lucha por la supervivencia. Mientras la ruina se mantuvo en un nivel relativamente manejable, el régimen siguió disfrutando de apoyo popular.

Y en parte es lógico. En primer lugar, por coherencia política. Si tu principal medida es el aumento del gasto, los impuestos y las ayudas públicas, que haya más personas merecedoras de tales ayudas no sólo no te perjudica, sino que te fortalece. El incremento del gasto social debería ser una prueba del fracaso de una gestión, no una demostración de su éxito. La lógica que nos debería guiar es la contraria a la que domina nuestro debate público: cuantas menos personas necesiten la asistencia del Estado, mejor. Pero hemos aceptado que el principal papel Estado moderno debería ser "cuidar" a sus ciudadanos y "asegurarles" ante los riesgos y las incertidumbres que encontrarán. Es una retórica perversa pero exitosa. Si la idea es que nos cuiden, si lo bueno es que nos arropen, un empeoramiento de nuestra salud no tiene por qué ser algo negativo, sino una oportunidad extra para que nuestros enfermeros nos muestren su bondad.

Porque, además, no está nada claro que destrozar tu ciudad vaya a provocar tu descalabro electoral. Como explica Brian Caplan en El mito del votante racional, nadie decide nada con su voto de forma directa, una herramienta que, aunque decimos que usamos racionalmente, en realidad no sirve para mucho más que para nuestra autosatisfacción personal. Un poco como un libro de Paulo Coelho, que sabemos que no mejorará nuestra vida, pero nos hace sentirnos bien durante unos minutos. O por decirlo de otra manera, si cada uno de los votantes de Colau supiera que su papeleta es la única y que de su decisión dependerá lo que le pase a su ciudad, quizás otro gallo nos cantaría.

Digo "quizás" porque ni siquiera eso lo tengo claro. Lo que ha ocurrido a menudo en las ciudades, regiones o países empobrecidos durante décadas, metidos en el círculo vicioso del estancamiento, es que los principales perjudicados han votado con los pies. ¿Por qué Detroit sigue en manos de la misma maquinaria del Partido Demócrata que lleva hundiendo en la miseria desde hace medio siglo a la que fue una de las ciudades más prósperas de EEUU? Pues, sobre todo, porque aquellos a los que no les gustaba aquella deriva... se fueron. En el Madrid carmenista teníamos una legislatura de margen. En cuatro años no hay tiempo a hacer tanto daño y todavía no ha comenzado el proceso de huida. Luego, la propia dinámica que se genera sirve como profecía autocumplida: empobrezco mi ciudad y hago que vivir, trabajar o invertir allí sea cada vez más complicado; los que no quieren estar en un sitio así se van; los que se van son los que no me votan, por lo que mi reelección es más segura (y sí, de esta manera, que un alcalde destroce un barrio no sólo no le perjudica, sino que le refuerza).

Y no creo que los que se quedan y les votan sean unos caraduras o unos vagos. También habrá algo de eso, para qué nos vamos a engañar. Pero intuyo que no es la mayoría. Lo que votan no es la miseria, sino la seguridad de la miseria. Eso el socialismo lo hace de maravilla. Te da poco, en ocasiones (como en Venezuela o Cuba, los casos más extremos) apenas lo suficiente para vivir... pero ese poco se asegura de que sepas que se lo debes a ellos. Una vez que todo lo que tienes se lo debes a alguien, aunque ese "todo" sea casi nada, es muy difícil rechazarlo.

Enfrente, el capitalismo y la libertad son incertidumbre, competencia, movimiento... Los países dinámicos son también los que más cambian. Y eso no nos gusta. Sí lo del crecimiento económico y lo de las oportunidades, pero no lo otro, lo de tener que estar cada día pendientes de adaptarnos a una nueva realidad. A veces parece que lo que nos gustaría es entrar a los 25 años en una empresa y que nos aseguraran que seguiremos allí, cobrando un poquito más cada año, hasta que nos retiremos. Triste, pero seguro.

¿Un aeropuerto que no se amplía? ¿Una región cada vez más cerrada en sí misma, más cateta, miedosa y enfurruñada? ¿Una ciudad cada día menos apetecible para vivir?

¿O un país más endeudado, envejecido, dependiente de las ayudas europeas, con un mercado laboral disfuncional pero en el que los grupos de presión no admiten ningún cambio? Que desde Madrid nos gusta pensar en que esto les pasa a los catalanes porque ellos se lo han buscado, pero ni mucho menos la dinámica en el conjunto de España nos permite ser mucho más optimistas.

No pensemos ni por un instante que la evidencia de la corrosión económica anticipa, al menos, la proximidad de un cambio político. La realidad apunta en la dirección contraria, al repliegue y la obcecación. El objetivo es la miseria y están logrando sus metas, paso a paso.

Deriva inquietante para una democracia
Europa reprocha la politización judicial mientras Sánchez desprecia a Casado
Editorial La Razón 13 Septiembre 2021

La renovación del Consejo General del Poder Judicial ha sido siempre una oportunidad fallida para recomponer la verdadera naturaleza constitucional de ese órgano y en consecuencia para robustecer la ajada división de poderes de nuestra democracia. Los partidos mayoritarios se han encargado una y otra vez de que no fuera así y de que la politización en esa cúspide togada haya crecido hasta reproducir casi milimétricamente la aritmética parlamentaria. Ni socialistas ni populares están libres de ese reproche.

Ahora, de nuevo, se plantea una ocasión animada por Europa, que nos ha recordado con mayor intensidad que nunca que España incumple el estándar comunitario de independencia. La presencia de ministros comunistas y su proyecto político distante del liberal han debido espolear a que Bruselas no se quede al margen. Es este un debate que debiera ser permanente como método fiscalizador de enriquecer la democracia y no de jibarizarla. No es así en nuestro país más allá de meros golpes de pecho retóricos y magníficos eslóganes. Pero ha surgido ahora una deriva siquiera más preocupante que el hecho de que los vocales con el mandato caducado sigan en sus puestos, de lo que hay variados precedentes. Entraba dentro de los cálculos que el Ejecutivo de socialistas y comunistas descartara dejar el gobierno de los jueces en manos de estos. Su modelo no es el de la autonomía, sino el de la intromisión y la injerencia. Por eso, eligió como fiscal general a una exministra y diputada socialista.

La naturaleza de su proyecto no es la de un equilibrio entre iguales, sino una supeditación de todos los resortes del Estado al Ejecutivo. Nada nuevo en la extrema izquierda, algo más matizado en el PSOE. Para dinamitar todo acuerdo con el PP que no garantice el control de la mayoría parlamentaria en el CGPJ, Sánchez y los suyos han desplegado un discurso deslegitimador que sitúa al principal partido de la oposición y a su líder fuera de la legalidad y de la Constitución hasta llegar a tildarlos de delincuentes como la exvicepresidenta Carmen Calvo hizo ayer. Emplazar a la alternativa en democracia extramuros del sistema, rayana en lo criminal, aunque sea de momento retóricamente, responde a pulsiones que no casan con un régimen de libertades, y son una anomalía alarmante en cualquier democracia conocida y respetada. Sánchez veta a Casado y amenaza sin atender a Europa porque no se pliega a que adultere el CGPJ como ha hecho con la Fiscalía General. Una democracia es mucho más que lo que la izquierda dispone.

Partidos y partidas en las Cortes
Amando de Miguel. Libertad Digital 13 Septiembre 2021

La Constitución nos señala el deber del pluralismo político, en la representación popular de las Cortes, por medio de los imprescindibles partidos políticos. Como es natural, la Carta Magna no nos dice cómo ha de organizarse esa estructura, ni mucho menos, cómo puede evolucionar. Todo eso depende de la coyuntura política, basada en la expresión de la opinión pública y, en definitiva, en la libertad. Son los principios a los que me acojo para echar mi cuarto a espadas sobre el particular.

El fallo estructural del sistema de partidos, en la España actual, es que no todos son tales, si aplicamos un juicio estricto y desapasionado, que se deriva del sentido común Por definición democrática, un partido político debe intentar la representación de todos los españoles, naturalmente, dentro de su particular ideología. Pues bien, hay algunos, muy decisivos para la gobernación del país, que no aspiran a cumplir tal condición. Antes bien, en su misma denominación, se proponen representar a, solo, una parte territorial de la nación española, una región o, incluso, una provincia. Puede que una fragmentación, así, tenga un pase en otras democracias; pero, en la atribulada España, hay que ser algo más rigurosos. No se trata de una anécdota, de algo superficial, sino que va en la misma esencia de la competición política. La prueba es que, en los últimos lustros de democracia, esos partidos regionalistas han sido la clave para lograr las mayorías necesarias, que han de gobernar. Es una contradicción tal que, más bien, habría que denominarlos "partidas", y no es un uso derivado de ese coñazo del "lenguaje inclusivo". Me acojo al sentido histórico de una asociación con una finalidad no muy legítima. En efecto, esa etiqueta habría que dársela al propósito de secesión política o, al menos, a disfrutar de ciertos privilegios, sin comulgar con los símbolos de la nación española.

Con todo, seamos realistas, por lo mismo que hay que negociar con el Gobierno de los talibán afganos. Sean partidos o partidas, se sientan en los escaños de las Cortes. Ahora bien, eso no quiere decir que la estructura de los partidos y partidas sea, siempre, la misma. Ahí, reside el interés de lo que llamamos evolución política.

En la práctica política, se reconoce que el Gobierno debe oscilar del PSOE, como expresión de la izquierda, al PP, como heredero de la derecha. Es decir, nos encontramos ante una especie de bipartidismo de facto, como en tantas otras democracias. Pero, se trata de una realidad viva, cambiante. El PSOE, para gobernar, necesita asociarse con la izquierda más radical (Unidas Podemos), vagamente comunista, aunque, en el sentido latinoamericano, y con algunas de las "partidas" territoriales, resueltamente, secesionistas. Todos ellos forman un bloque, sedicentemente, "progresista", el equivalente del Frente Popular de la República. El PP tampoco podría gobernar en solitario; necesita a un nuevo partido: Vox.

Las cosas evolucionan del siguiente modo. El PP mantiene una posición un tanto ambigua. Cuando llega al poder, no puede menos de aceptar las reformas que han hecho los "progresistas". Nada hace suponer que, aposentado en el Gobierno, vaya a recular de esa tendencia. Así pues, no es que no pueda gobernar en solitario, sino que necesita el apoyo de Vox, al que no puede ver ni en pintura, como hijo rebelde que es. Cabe una salida, que el PP sea dirigido por Ayuso, que sí ha sabido congeniar con Vox, aunque sea a regañadientes. Si esa sustitución no se consigue, el PP retrocederá en número de votos y, lógicamente, ascenderá Vox, como la derecha más nítida. Así pues, o el PP cambia, radicalmente, o Vox ocupará su lugar y gobernará.

En la izquierda (o el progresismo), la situación es, también, bastante inestable. El PSOE no podrá aceptar, hasta el final, las presiones de sus conmilitones. Es decir, no podrá caminar hacia el comunismo latinoamericano (pues estamos en Europa), ni será capaz de aceptar el secesionismo de vascos y catalanes. Por tanto, dejará de gobernar.

Este es el panorama que nos espera. No va a gustar a todo el mundo. Queda por decir que el ascenso de Vox ha sido tan espectacular que se expone a un serio peligro. En sus filas, se van a introducir falsos militantes y dirigentes locales; su intención es la de dinamitarlo por dentro. Supondría un beneficio tanto para el PP como para el PSOE. Al tiempo.

Desmemoria del comunismo
Editorial ABC 13 Septiembre 2021

Si la ‘memoria democrática’ de la izquierda no fuera tan olvidadiza, la vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, quizás habría sido más prudente a la hora de escribir el prólogo a una reedición del ‘Manifiesto comunista’, obra con la que Karl Marx alumbró una ideología genocida. Además de empalagoso, el texto de Díaz es una exaltación trasnochada de un ensayo que, ante todo, fracasó en su principal objetivo, que era soliviantar a los proletariados industriales contra las democracias liberales europeas. El prólogo de Díaz es una anécdota, sin más relevancia que su literatura pedante, pero destaca como sintomático de la desvergüenza con la que la extrema izquierda exhibe sus filias comunistas. En el debate de la memoria democrática e histórica sobre la Guerra Civil y los crímenes del franquismo, plasmado en un proyecto de ley que ignora de forma premeditada y flagrante los crímenes del estalinismo y sus franquicias, la izquierda va a darse cuenta de que no va a tener un monólogo dogmático, recibido en silencio. El proyecto de ley del Gobierno pretende aparentar una cierta neutralidad sobre las víctimas de la Guerra Civil, pero es solo eso, una apariencia, porque el discurso que lo sustenta perdona al comunismo sus masacres durante la contienda. Y cuanto más eleve el tono revanchista, más alta será la réplica que recuerde, por ejemplo, la persecución religiosa masiva o matanzas como la de Paracuellos. Que Díaz lave la cara a Marx diciendo que en su obra «late una defensa vital y apasionada de la democracia y la libertad» es, además de un alarde de ignorancia, un insulto a los demócratas y defensores de la libertad asesinados -a decenas de millones- por los seguidores de Marx.

Ya sorprende que el Gobierno de una democracia europea tenga a una comunista de vicepresidenta y ministra, pero que además se dedique a la reivindicación de algo tan añejo y superado como Marx es algo que entra de lleno en el ridículo. Así se entiende el papel del Ejecutivo de Sánchez en el concierto europeo y occidental: nulo. Europa no olvida lo que fue el nazismo ni lo que fue el comunismo: dos ideologías totalitarias y genocidas. En septiembre de 2019, el Parlamento Europeo condenó por igual los «asesinatos en masa, genocidios y deportaciones» cometidos por los regímenes nazi y estalinista, aliados estratégicos durante los dos primeros años de la II Guerra Mundial, que fueron decisivos para que Hitler arrasara Europa, con Stalin de vigilante en su retaguardia. No en vano, el 23 de agosto, fecha del acuerdo entre ambas dictaduras, fue declarado por la Eurocámara como el día de las víctimas del nazismo y del comunismo. La arrogancia de la izquierda extrema española que suspira por el comunismo y exhibe aún a Stalin se explica porque los dirigentes comunistas que subyugaron Europa oriental, como una cruel sucesión de tiranías de vencido y vencedor, no han tenido su juicio de Nüremberg. Y se explica también porque la izquierda democrática, la socialista, tan perseguida también por el comunismo, ya no tiene recursos morales para condenar sin paliativos, por ejemplo, los suspiros cursis de la vicepresidenta Díaz por la obra en la que se escudaron algunos de los peores genocidas de la Historia, como Stalin, Mao o Pol Pot.

La memoria democrática o histórica, o la memoria, a secas, es indomable y reactiva y hace insultante la facundia de unos comunistas que deberían pedir perdón por los crímenes cometidos en su nombre. Y si no piden perdón, al menos que no hagan de juglares de una ideología que ha escrito su historia con la sangre de cien millones de hombres y mujeres.

Los 100 millones de muertos del comunismo que prologa la vicepresidenta Díaz
Cabeza visible de Unidas Podemos en el Gobierno, participa en la reedición del «Manifiesto comunista», que califica de «mágico»
Andrés Bartolomé. larazon 13 Septiembre 2021

La vicepresidenta segunda del Gobierno, Yolanda Díaz, ha redactado el prólogo para la reedición del «Manifiesto comunista», el libro de Marx y Engels referente de una ideología política que ha causado millones de muertos en todo el mundo. En el año en que el Partido Comunista de España (PCE) cumple un siglo, Díaz reflexiona sobre «el poder transformador» de un texto «fraternal, apasionado en su defensa de la democracia y la libertad», según ella misma, militante del PCE, publicó en su perfil de Twitter.

Tras leer el prólogo, la que fuera portavoz del PP en el Congreso y diputada por Barcelona Cayetana Álvarez de Toledo solicitó a la dirección del PP en el Congreso que registre una pregunta al Gobierno pidiendo cuentas por un texto que calificaba con sorna de «mágico», por el tono empleado. «¿Cómo justifica la vicepresidenta segunda del Gobierno su apología de una consigna política que ha causado cien millones de muertos?», reza el interrogante que Álvarez de Toledo y su compañera de filas Pilar Marcos pretenden que el PP presente en la Cámara.

El texto de la también ministra de Trabajo, que ha asumido el liderazgo de Unidas Podemos en el Gobierno, describe el «Manifiesto comunista» como «uno de esos libros mágicos e inagotables, nacidos para perdurar, que consiguen retratar la realidad y, al mismo tiempo, transfigurarla».

De entrada, apunta el politólogo Jorge Vilches, «hay que recordar que Marx y Engels escribieron que querían sustituir el matrimonio burgués, al que consideraban una comunidad de mujeres casadas», por «una colectivización oficial, franca y abierta de la mujer». Una idea que debería hacer saltar todas las alarmas en la cabeza visible de un partido que hace bandera del feminismo.

Pero no menos llamativa resulta la loa a unos enunciados que llevados a la práctica en naciones de todo el mundo han sido causantes directos de la muerte de millones de personas. Y no es como pudiera pensarse la Unión Soviética, experiencia pionera y referente del comunismo, con más de 20 millones de víctimas, la que encabeza un ranking que rebasa con creces China, con 65 millones de almas que rindieron cuentas ante la enseña de la hoz y el martillo.

Es importante además tener presente la votación de septiembre de 2019 en la Unión Europea sobre una resolución que dejó patente que el comunismo fue tan devastador o más que el nazismo. El resultado de aquel recuento fue aplastante: 535 votos a favor, 66 en contra y 52 abstenciones.

Sobre Rusia en particular, Vilches pone el acento en el pacto con la Alemania nazi y el genocidio polaco. «En el bosque de Katyn», recuerda, «los comunistas mataron a unas 20.000 personas de la clase dirigente polaca para facilitar a los cuadros soviéticos el gobierno de aquella población». Decían que «iban a “liberar” a polacos, ucranianos y bielorrusos, pero estatalizaron todas las propiedades, y tras matar, encarcelaron y deportaron a entre 350.000 y un millón y medio de personas».

No menos salvaje es el relato de cómo diezmó Stalin a la población soviética. «A la Gran Purga de 1937 y 1938, en la que el estalinismo liquidó físicamente a todo contrincante, con 2.500.000 de arrestos y 700.000 ejecutados, le siguió el genocidio del pueblo ucraniano, unos 4 millones». Stalin trató de ocultar el genocidio por hambre, el «Holodomor», de Ucrania, «pero ya no es posible hacerlo más», apunta Vilches. «Le Monde» informó el pasado 25 de agosto de que cerca del aeropuerto de Odesa «se han descubierto fosas con restos de unos 5.000 a 8.000 ucranianos».

Pese al empeño de Rusia, no hay que desdeñar la trascendencia de los comunismos asiáticos, menos conocidos, aunque allí se hayan llevado a término los episodios más cruentos. La obra de Stéphane Courtois «El libro negro del comunismo. Crímenes, terror y represión» es testimonio elocuente de los atrocidades rojas, con cifras de vértigo en la relación de víctimas. Se trata de un estudio basado en los descubrimientos más recientes, gracias al acceso a los archivos de los antiguos países comunistas.

Después de China, en el podio general le siguen Camboya (2,4 millones de muertos); Corea (2 millones); Afganistán (1,5 millones); Yugolasvia (1,12 millones); Vietnam (1 millón); Alemania (815.000); Mozambique (729.000); Etiopía (725.000); Rumanía (435.000); Checoslovaquia (263.000); Venezuela (más de 252.000); Polonia (más de 235.000) y Hungría (210.000). A España se le contabilizan 100.000 muertos por la represión en la zona republicana durante la Guerra Civil.

El peligro no es que sea ignorante, sino que quiera blanquear una ideología criminal»

Jorge Vilches, politólogo
De nuevo Vilches es elocuente sobre la cumbre del azote rojo: la Revolución Cultural de Mao Zedong en China. Los detenidos fueron «decapitados, golpeados hasta la muerte, enterrados vivos, lapidados, ahogados, hervidos, masacrados en grupo o detonados con dinamita» en un periodo en el que «menudearon las pequeñas venganzas personales». Hasta tal punto llegó la barbarie que «se cometió canibalismo en Wuxuan, en la provincia de Guangxi, donde se extraían las vísceras y los genitales de las víctimas y se cocinaban» como alimento para los «fieles comunistas». Impusieron el modelo de vida y la moda comunista, porque «tener flores, animales domésticos o llevar el pelo largo era considerado burgués y, por tanto, un crimen castigable». Las mujeres no podían usar «coletas, ni tacones o ropa ajustada. Todo lo extranjero fue eliminado». Las cifras son escalofriantes: 18 millones de personas recluidas en campos de «reeducación», cuatro millones encarcelados, y entre 400.000 y un millón de muertos.

Por todo ello, la conclusión de este politólogo sobre Yolanda Díaz y su fervor comunista a estas alturas es determinante. «El peligro no es que sea ignorante, sino que quiera blanquear una ideología criminal. Los comunistas siempre piensan que en el pasado se hicieron mal las cosas pero que ellos lo harán bien en el futuro. Lo increíble es que el comunismo tenga predicamento después de que haya fracasado en todo el mundo».

El lenguaje y los intelectuales
Juan Pablo Fusi, que hace referencia a cómo está penetrando en el mundo anglosajón el llamado lenguaje inclusivo, reconoce que «me preocupan ciertos movimientos políticos sociales. Estos populismos, sean de izquierda o de derecha, tienen una violencia emocional y verbal muy fuerte. Ejercen una presión enorme en el conjunto de la sociedad y tratan de impedir la coexistencia libre y también las libertades tradicionales de expresión de manifestación y opinión. Lo estamos viendo en su irrupción en la vida pública».

Pero alerta asimismo sobre una cuestión que es capital para cualquier historiador: «No es únicamente que los intelectuales estén incorporando estos lenguajes inclusivos o las perspectivas políticas correctas que se están imponiendo, sino que las editoriales las asumen porque quieren vender y llegar a la sociedad. Las editoriales son empresas privadas, tienen intereses mayores que los individuos. Ellos marcan qué colección de Historia van a hacer, qué temas quieren tratar, y la realidad es que tienen todo el derecho a rechazar lo que les propongas si no les interesa. No es solo la situación individual de los especialistas –añade–, sino que estas empresas tienen razones y responden a la sociedad y pueden llegar a adoptar dichos eufemismos, temas y lenguajes limitadores de la libertad de expresión. Pero esto, cuidado, no solo afecta a la Historia, también a la Prensa».

Santiago Posteguillo: «Lo corrección política afecta a todo»
Posteguillo, uno de los autores más demandados de la Feria del Libro de Madrid, con miles de seguidores por sus trilogías sobre Escipión y Trajano, escribe desde una doble coyuntura: ser fiel a los hechos y, a la vez, mantener el pulso de la ficción. «Lo políticamente correcto está afectando a la narración de todo», comenta sin titubear. «Cuando te metes en disciplinas académicas que se fundamentan en el dato, hay que tener en cuenta que el dato puede ser interpretable o analizable, pero no es correcto o incorrecto. Es el dato», añade. Para él está claro que «no podemos explicar lo que pasó desde la presión de lo políticamente correcto. Esto, llevado al extremo, es dictatorial». El novelista, autor de «Yo, Julia» o «La legión perdida», comenta que «el humor es políticamente incorrecto, pero nos viene bien reírnos. Si no quebrantamos lo políticamente correcto con el humor nos estamos encadenando a una forma inequívoca de ver la vida». Santiago Posteguillo, no obstante, puntualiza: «Esto no quiere decir que se hable, escriba y se comunique hiriendo a grupos o conjuntos de personas. Hay que respetar, medir las palabras, ver en qué contexto te expresas y no herir a nadie de manera innecesaria. Pero un escritor, y un historiador mucho menos, no puede atarse a lo políticamente correcto». Y acude a un ejemplo sencillo: «¿Los epidemiólogos qué deben decirnos, lo que es políticamente correcto o lo que es mejor para superar la pandemia? Todos dirán que lo mejor para dejar atrás la Covid, ¿no? Pues esto es extrapolable a lo demás».

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La cara de la peor España posible
Jesús Cacho. vozpopuli.es 13 Septiembre 2021

"Cena de despedida a Bill Murray ayer [jueves 9] en la residencia del embajador británico. Unos 80 asistentes. Nunca he visto tanto pesimismo sobre el futuro de España compartido por tanta gente aventajada. Ocasión feliz que me dejó acongojado. Vamos muy, muy mal. Ojalá nos equivoquemos". Es el texto de un tuit publicado el viernes por César Molinas, matemático y economista, además de columnista de este diario. Y es el estado de ánimo que en la ciudadanía ha terminado instalando una semana —primera del curso, primera en la frente— terrible, capaz de proyectar los más negros presagios sobre el futuro del país. Este mismo viernes supimos que la Policía Nacional (PN) había detenido la noche anterior al exgeneral venezolano Hugo 'el Pollo' Carvajal, ex jefe de los servicios secretos de Hugo Chaves, que permanecía escondido en Madrid desde hace más de dos años y a quien la justicia de EEUU reclama por tráfico de drogas. La DEA americana, perfectamente al corriente de su escondite madrileño, había comunicado a Madrid la dirección exacta nada menos que el 17 de junio. Curioso, ¿por qué no se le detuvo entonces? ("si cae 'el Pollo' Carvajal cae Unidas Podemos con todo el equipo"). Y curiosa también la fecha elegida, apenas horas después de que el miserable Grande Marlaska manchara el prestigio de la PN acusándola de no haberle informado de la farsa que se escondía tras el llamado "bulo del culo", ya saben, la supuesta agresión homófoba ocurrida en Malasaña sobre la que este Gobierno canalla ha pretendido montar su última hoguera para quemar infieles a los dogmas izquierdistas.

¿Qué está pasando? ¿En qué manos está el pandero? ¿Quién gobierna de verdad en España? ¿Qué es lo que está ocurriendo en las aguas profundas adonde no llega la luz pública? España parece más que nunca esa balsa de piedra a la deriva y a punto de perderse en la niebla de un incierto futuro, una España donde la prudencia más elemental invita a protegerse y callar en espera de tiempos mejores. Miedo, sí, pero no miedo a esos supuestos delitos de odio esgrimidos por el Gobierno y sus palmeros para asustar discrepantes, sino miedo a un Gobierno que parece haberse quitado definitivamente la careta, dispuesto, perdida cualquier compostura, a partir definitivamente a la ciudadanía en dos bloques irreconciliables y condenados de nuevo, 85 años después, al enfrentamiento fratricida. Una nave sin rumbo en cuyo puente de mando se ha instalado una mafia, Sánchez y su banda que dijo Albert Rivera, dispuesta a repartirse los restos del naufragio por botín.

Conviene mentar otro episodio ocurrido esta semana entre el jefe del clan y su aliado más señero. Me refiero a la suspensión de la supuesta inversión de 1.700 millones para el proyecto de ampliación del Aeropuerto de Barcelona-El Prat. Supuesta porque, como en el caso de Malasaña, este es otro bulo salido de una conversación entre la titular de Transportes, Raquel Sánchez, exalcaldesa de Gavà (PSC) y enemiga declarada de esa obra, y el vicepresidente de la Generalidad. La idea ha saltado por los aires porque Puigdemont, capo de Junts, no quiere ni oír hablar del asunto, decidido como está a boicotear cualquier iniciativa que pueda salir de ERC, y porque, en el Gobierno de coalición, la tropilla menguante que comanda la comunista Yolanda Díaz es también enemiga de esa ampliación, como enemiga es, en general, de cualquier proyecto que suponga progreso y creación de riqueza. Es lo que tiene colocar a un bonobo a los mandos de un F-18, y lo que tiene la necesidad de este Gobierno de seguir engañando a todo el mundo todo el tiempo, lanzando la especie de una inversión que ni se había discutido en consejo de ministros, ni estaba presupuestada, ni había iniciado los trámites medioambientales, y ni siquiera se había comunicado al presidente catalán, Pere Aragonés.

Un sucedido que permite extraer algunas conclusiones. Por ejemplo, que si Pedro Sánchez creía poder transitar cómodamente hasta el final de la legislatura aparcando las reivindicaciones nacionalistas, a quienes pensaba entretener con la mesa de diálogo, hilo a la cometa, y nuevas cesiones en dinero y poder, migajas que los "nats" desprecian, estaba muy equivocado. La brutal pelea entre Junts y ERC por hacerse con la dirección del soberanismo, el odio visceral que se profesan, solo comparable al odio a todo lo español, unido a las divisiones en el seno del Gobierno, con un Podemos que parece no resignarse al papel de comparsa para ser absorbido por el PSOE llegado el caso, auguran días muy difíciles para alguien acostumbrado a vivir en el alambre como el bello Pedro. Todo apunta a que al gran impostor no lo derribará Bruselas, ni la economía, ni posiblemente la oposición, sino el eterno problema catalán al que en el Madrid cobarde siguen pretendiendo calmar con una aspirina. Sánchez y su callejón sin salida: si olvida las exigencias de ERC para centrarse en mejorar su posición electoral en las anchas Castillas, saldrá del Gobierno escopetado con una patada "separata" en el culo. Y si cede en Cataluña lo que estos le reclaman, saldrá humillado, estilo 4 de mayo, antes siquiera de convocar elecciones. Sánchez o el asalta capillas incapaz de escapar del yugo al que él mismo se unció el 31 de mayo de 2018.

Mientras tanto, el sujeto sigue sembrando ese odio del que acusa a quienes precisamente sufren el suyo. Apatía total a la hora de abordar reformas que posibiliten un crecimiento sostenido capaz de crear riqueza y empleo. Si un proyecto como el del Prat es positivo para la economía española, tan necesitada de ellos, el Gobierno de la nación no debería plegarse a los caprichos de un poder regional. Todo su interés, por contra, puesto en dividir a la ciudadanía en dos bandos enfrentados. La "brutal agresión" sufrida por el joven gay es el perfecto ejemplo de la sordidez moral de un personaje empeñado en conducir a los españoles entre las talanqueras de la ideología de las emociones que predica la izquierda comunista. Al final, la denuncia resultó ser una patraña alimentada por el Gobierno y sus Escolarcines mediáticos para señalar a VOX, un partido constitucional a quien el Gobierno social comunista lleva meses tratando de ilegalizar, motivo por el cual le adjudican todo tipo de montajes "fachas", tal que las balas llegadas al despacho de Marlaska o la "navajita platea", entre otros lances de similar porte. Naturalmente que no se trata solo de ilegalizar a VOX, sino de arrinconar a toda la derecha, PP incluido, colocando a la mitad de los españoles extramuros del nuevo régimen que Sánchez y su banda pretenden implantar.

Este es uno de los países más seguros del mundo, que nunca se ha distinguido por la violencia en ninguna de sus formas. Quienes peinamos canas siempre hemos tenido la palabra "odio" recluida en las estrictas fronteras de la gresca familiar o laboral y en las páginas de la creación literaria. Ahora esa palabra lo inunda todo, lo infecta todo, lo ensucia todo. Este es también uno de los países que más rápidamente han reconocido los derechos y se han adaptado a las nuevas realidades del universo LGTBI, como nuestra progresía se ha encargado de pregonar por doquier. ¿Cómo es posible que, de repente, se haya convertido en ese "reino del odio" que el Gobierno de Sánchez y sus profetas quieren hacernos creer? Porque es mentira. Y porque, perdidas las ajadas banderas de la lucha de clases que antaño enarboló el socialismo, tras ese supuesto odio se esconde el postrer intento por volver el país del revés, acabar con el régimen del 78, vale decir poner punto final al periodo más largo de paz y prosperidad (nueve Constituciones en 119 años de historia) que ha tenido España. Acabar con la democracia liberal, poniendo fin a nuestras libertades.

Y bien, ¿qué hace el PP ante situación tan grave? Pues enfrascarse en peleas de gallos entre dirigentes por un quítate tú para ponerme yo. Fue el propio presidente del partido, Pablo Casado, en uno de esos absurdos "desayunos informativos" que siguen proliferando en los hoteles madrileños de lujo, quien esta semana sacó a colación la candidatura del alcalde Martínez-Almeida a la presidencia del PP madrileño, puesto al que aspira con toda legitimidad la actual presidenta de la Comunidad, Díaz Ayuso. Para Casado, ambos son "dos militantes de mucho peso", razón de más para que él no se "decante por ninguno" de cara a un congreso regional para el que faltan aún muchos meses. De locos. De nuevo se hace verdad el dicho de que los dioses ciegan a quienes quieren perder, porque de cegatos es abrir guerras internas guiadas por el afán de poder o los celos (el miedo de Génova a la dimensión política adquirida por Ayuso en los últimos tiempos), en un momento en que el partido apunta al Gobierno de España y en las peores circunstancias conocidas por el país desde la muerte de Franco.

En contra de lo que cabría esperar, fue el propio alcalde y portavoz, que está demostrando ser menos inteligente de lo que muchos le suponían, quien de inmediato recogió el testigo oficializando su candidatura a la presidencia del PP regional. Niños peleándose por un juguete en la toldilla de popa, mientras la nave se hunde por la proa. Sería un acto de injustificada arrogancia recordarle a Casado en qué debería estar ocupando su tiempo en momentos tan dramáticos como los actuales, pero sí parece pertinente advertirle del riesgo que corre al patrocinar esta absurda guerra por el poder regional, con evidente dimensión nacional, y que no es otro que los madrileños respalden a Ayuso en las urnas cuando de la Comunidad de Madrid se trate, y opten por VOX en las generales. Desgracia sobre desgracia. Miseria sobre miseria. Ausencia de verdaderos liderazgos. Falta de grandeza. Gana Sánchez, enfrascado en el asalto definitivo a un poder judicial, último dique de contención, que un día podría sentarlo en el banquillo. Y fatal pesimismo entre los 80 comensales, la flor y nata del pensamiento económico español, que el jueves despedían en una cena al consejero económico de la embajada británica en los jardines de la misma. Profundo desánimo. Ni una reforma estratégica importante se ha hecho desde 2012, reformas que exigen el aval previo de una mayoría parlamentaria hoy imposible de imaginar. ¿Lo peor? Esa sensación de creer que habíamos dejado atrás muchas de las cosas malas que han lastrado a este país durante siglos, y que ahora retornan con fuerza. Vuelve la cara de la peor España posible.

¿Cómo afecta la corrección política a la Historia?
La retirada de esculturas, la revisión biográfica de figuras del pasado, el surgimiento de nuevas sensibilidades, las demandas de las nuevas minorías y las reclamaciones del lenguaje inclusivo suponen un reto para los historiadores actuales
Javier Ors. larazon 13 Septiembre 2021

Existe una máxima entre los historiadores que todos respetan y conocen: hay que examinar las fuentes, estudiar los sucesos, reparar en los acontecimientos políticos, económicos y sociales, pero no juzgar el pasado. Es una de sus premisas. Pero ellos también son conscientes de que son sujetos sociales y que cualquier acción, moda o planteamiento que aflore afecta a sus trabajos. ¿Cómo está influyendo la corrección política, las recientes sensibilidades, los nuevos eufemismos y las exigencias de las minorías a la manera de contar los acontecimientos del pasado en esta época de revisionismo?

Para Alfredo Alvar, profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), autor de «El Duque de Lerma. Corrupción y desmoralización en la España del siglo XVII», y biógrafo de Miguel de Cervantes y de Isabel La Católica, no existen dudas: «Todo lo que está sucediendo me preocupa y despierta una enorme inquietud porque esto no es ninguna frivolidad. Estamos asistiendo a un cambio ideológico. Occidente da la impresión de que ha claudicado ante determinados asuntos que son de una enorme gravedad. Ahora le ha tocado a Canadá, que ha retirado los cómics de Astérix y Obélix. No son modas. La Historia hoy es muy incómoda para muchos porque cuenta lo que ocurrió. Pero, de seguir así, vamos a terminar contando otra historia y la real va a caer en el olvido».

Juan Pablo Fusi, catedrático de Historia, autor de «La patria Lejana. El nacionalismo en el siglo XX», «España. La evolución de la identidad nacional» o «Ideas y poder: 30 biografías del siglo XX», muestra su incomodidad y pone el acento sobre un punto igual de relevante o sustancial: «Me inquieta la deriva que está creando este clima. Existe una fuerte presión sobre los historiadores y eso puede lesionar o condicionar su libertad de expresión. Hay una especie de presión social o de exigencia pública, por ejemplo, para incorporar temas que a uno, a lo mejor, no le interesan en absoluto y que tampoco tienen por qué aparecer en sus estudios. Sin embargo, por distintos motivos, se están promoviendo. Igual sucede al forzar ciertos lenguajes y maneras de expresión a la hora de escribir».

Fusi, que, de momento, reconoce que no se siente vulnerado en su manera de narrar la Historia, sí es crítico al repasar sucesos actuales, como el derribo de esculturas o la censura ejercida sobre tebeos como los de «Tintín», por parte de varios grupos. «Esto de la iconoclastia ya existió. Se destruyeron esculturas de santos y hay que recordar que los talibanes derribaron las estatuas de Bamiyán. Si nos ha parecido que lo que hicieron ellos era un horror y una agresión a la cultura, no solo porque representaran a Buda, sino porque, además, eran obras de arte, es también rechazable en el caso de las estatuas en Occidente. Ha sucedido con una figura como Hume, porque su familia había sido esclavista. Sin embargo, su “Historia de Inglaterra” es una de las mejores obras que se han escrito nunca sobre ese país y posee uno de los pensamientos liberales más interesantes que existen».

Esteban Mira Caballos, autor de una exhaustiva biografía sobre Hernán Cortés que intenta alejar al personaje de leyendas rosas y negras, está familiarizado con estos temas. «El problema no está entre los historiadores. Tampoco entre las personas formadas. Lo que sucede es que los historiadores hemos perdido la calle y apenas salimos de la universidad. No trascendemos». Él mismo reconoce el ambiente de crispación que se está generando. «Todo está más exacerbado. A este paso vamos a leer que Cortés fue derrotado. Se está intentando reescribir la Historia. Algunos especialistas se sienten mal por el avance de las posturas indigenistas. No hay problema en levantar una escultura a una mujer olmeca. Me parece estupendo, pero eso no conlleva retirar la estatua de Colón, por cierto, salpicada de escupitajos porque centra la ira de muchos». Mira Caballos introduce un matiz inquietante: «Hay cierta sensación de empeoramiento en la relación entre los españoles y los mexicanos por dicho asunto, y eso preocupa al mexicano corriente y con estudios».

Nuevos puntos de vista
Javier Gómez, historiador y editor de Desperta Ferro, resalta que en el transcurso de las últimas décadas la historia, antes incluso de estos movimientos, había incorporado múltiples puntos de vista. La conquista americana del Oeste, al principio, solo se contaba desde la perspectiva de los colonos y los ejércitos de caballería, y se demonizaba al indio. Después se pasó a exaltar a las poblaciones nativas y se denostó a los famosos soldados azules, como reflejan películas como «Bailando con lobos». Pero ahora se tiende a incluir fuentes diversas para alcanzar un mayor consenso. Dos buenos ejemplos de esto son «La tierra llora», de Peter Cozzens, que habla de las guerras indias con cuidadosa ecuanimidad incorporando testimonios de indios y de blancos, o «El retorno del rey», de William Dalrymple, que describe el fracaso británico en Afganistán pero incluyendo fuentes afganas.

El también Alberto Pérez Rubio, de la Universidad Autónoma de Madrid e igualmente editor en Desperta Ferro, comenta que «los derechos del hombre y la democracia son sucesos recientes. Antes de que nacieran hay muchos siglos. No podemos mirar el pasado con nuestros ojos y concepciones. Hay que tener en cuenta que antes hubo sociedades diferentes, algunas estamentales o esclavistas. No se puede hacer tabula rasa de lo que ha existido por mucho que nos desagrade. Eso nos llevaría a censurar a Aristóteles, porque tenía una imagen de la mujer como un ser inferior al hombre, o denostar la democracia ateniense porque solo era accesible a los ciudadanos varones». Para él no hay duda: «La política de cancelación puede ser muy peligrosa». Y recuerda que una buena idea sería resignificar los monumentos públicos incluyendo aclaraciones: «No siempre hay que retirar una escultura, como ha sucedido con el general Robert E. Lee en Estados Unidos. Se pueden colocar paneles explicativos que cuenten no solo quién era, sino también que informe sobre por qué se decidió erigir o dedicarle una escultura. Soy partidario de contextualizar a estos personajes. El problema es que al ser un espacio público depende de los partidos sentados en el poder y las ideas que sostengan. Lo principal, para evitar esto, es formar una sociedad con espíritu crítico».

Alfredo Alvar recuerda una frase del humanista Juan Luis Vives, cuya familia fue perseguida por la Inquisición, y que él repite: «Vivimos tiempos difíciles en que es tan peligroso hablar como callar». Una sentencia que le sirve de preámbulo a una reflexión: «Por supuesto que lo que está ocurriendo afecta a los historiadores, a sus libros y a la investigación. Por dos motivos. Uno, por aquellos que se están creyendo todo esto y, otro, porque muchos profesionales desarrollan sus estudios con financiación pública y el organismo político que lo apoya a lo mejor suscribe ideas que vulneran su labor. ¿Cómo puede un historiador en estas condiciones hacer un trabajo óptimo, honesto y, a la vez, sustraerse a su realidad? Es muy fácil de saber. Y, si no, que pregunten a muchos historiadores en Barcelona».

Esteban Mira no esconde que «esta revisión es preocupante. No solo sucede en México. La Historia se está reescribiendo en todo el continente americano. Es una que se queda solo con el titular. Las masas son manipulables y, ahora, reforzadas por López Obrador y los indigenistas, van a lograr que no quede en México ni los restos de Cortés. De hecho, ya he propuesto la necesidad de que su cuerpo sea custodiado por la Guardia Nacional para evitar tristes sucesos. Y si ellos no lo quieren, habrá que reclamar su repatriación. En Extremadura se le estima, aunque me temo que ellos no lo quieren, pero tampoco darlos». El historiador es pesimista y asegura: «No va a quedar un referente a un solo conquistador en todo el continente».
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