AGLI Recortes de Prensa   Martes 28 Septiembre  2021

Sánchez y el cuento de la lechera de la recuperación económica
OKDIARIO 28 Septiembre 2021

Si hay un indicador que sirve para retratar y anticipar el curso de nuestra economía es el de la demanda eléctrica de la industria y grandes consumidores de energía, porque es indiciario del nivel de producción. A más demanda del mercado, más producción y, en consecuencia, más consumo eléctrico. Pues bien, la industria y los grandes consumidores de energía han desplomado su demanda eléctrica desde finales del mes de marzo, lo que pone en serio peligro la recuperación económica tras la pandemia. El denominado Índice Red Eléctrica -cuyo objetivo es el de facilitar una información adelantada de la evolución del consumo eléctrico del conjunto de empresas que tienen un consumo eléctrico medio/alto y permite observar el desglose por sectores de actividad (actividades industriales y de servicios)- es deprimente. La caída de la demanda de electricidad de los grandes consumidores y motores de la economía aterriza en sólo cinco meses desde un nivel levemente por encima del dato corregido marcado en 2010 hasta estar casi un 10% por debajo. Dicho de otro modo: la industria no remonta.

El índice general corregido marcó en abril de este año un dato de 101,5 puntos con una variación mensual corregida del 26,4%. Y de ahí, hasta el cierre de agosto, el dato ha caído hasta los 91,1 puntos con una variación mensual corregida del 4,7%. Lo que viene a traducirse como un frenazo en seco de la recuperación económica lograda tras haber pasado las medidas más duras por el COVID.

El INE ya trituró la semana pasada las expectativas de reactivación económica del Gobierno al reducir del 2,8 al 1,1% el crecimiento económico del segundo trimestre, lo que significa que será imposible cumplir con el objetivo del 6,5% de crecimiento fijado por el Ejecutivo socialcomunista para 2021. Ahora, el indicador de la demanda eléctrica de la industria advierte que la situación se ha torcido. A Sánchez se le ha roto el cántaro. Es el cuento de la lechera en versión socialcomunista.

La impunidad temporal de Puigdemont, una vergüenza para España y Europa
El prófugo acabará sentado en un banquillo antes o después, pero su libertad actual denota fallas muy graves en Europa y retrata las complicidades del Gobierno con sus aliados.
Editorial ESdiario  28 Septiembre 2021

La liberación de Carles Puigdemont tras ser detenido en Italia, sin medidas cautelares pero con la obligación de personarse ante el juez el próximo 4 de octubre; ha desatado la enésima campaña del nacionalismo contra la Justicia española. Con la insólita complacencia del Gobierno de de Sánchez que, lejos de defenderla, ha apelado genéricamente al “diálogo” y ha movilizado a la Abogacía del Estado para penalizar la euroorden emitida por el Tribunal Supremo y el juez Llarena para detener al prófugo.

Las victorias políticas y judiciales de Puigdemont, y el bochornoso contrasentido de que un prófugo de un socio de la Unión Europea pueda ser a la vez eurodiputado no dejan de ser temporales y difícilmente le librarán, antes o después, de sentarse en el banquillo de los acusador por delitos contra la Constitución similares a los que impulsaron una condena a 13 de cárcel a Oriol Junqueras, luego indultado.

Y ello es así porque, más allá de injerencias políticas de Moncloa (interesada en el descrédito de la Justicia española para doblegarla y conquistar el Poder Judicial); de decisiones judiciales estrambóticas y de trucos jurídicos para esquivar a la Justicia; es casi imposible que al final del camino el Tribunal General de la Unión Europea consolide la impunidad de un fugado reclamado por la máxima instancia judicial de un socio de la Unión: en julio, como anticipo, le retiró la inmunidad total.

Llevará tiempo, sin duda, pero el horizonte penal de Puigdemont se antoja adverso. Otra cosa es el impacto político de su figura: la insólita visita de Pere Aragonés y la tibieza de Pedro Sánchez atestiguan la incomodidad que genera el protagonismo de un “tercer invitado” a los pactos que mantienen el PSOE y ERC en Madrid y Barcelona, con disimulos constantes pero la solidez derivada de sus necesidades recíprocas.

El error histórico de Sánchez
Puigdemont altera ese tablero, fuerza a ERC a endurecer su posición y obliga al PSOE a retratarse de nuevo como un partido entregado al “independentismo moderado” de Junqueras y permisivo con el “independentismo radical” de Puigdemont. Diferencias estrictamente formales y de plazos que no afectan al objetivo común de ambos, tolerado y alimentado por un Gobierno que debiera ser el primero en combatirlo.

En ambos casos, Sánchez juega con fuego y, a cambio de dos años escasos de cierta estabilidad, alimenta un movimiento impredecible que abordará el próximo desafío al Estado con más legitimidad que nunca: la que le ha concedido el PSOE cuando le resucitó como aliado pese a que sus líderes estaban fugados o en el banquillo. Un error histórico cuya resaca será larga.

La resistencia de los españoles
Ignacio del Río. República 28 Septiembre 2021

La historia demuestra que los españoles han desarrollado una gran capacidad de resistencia en los tiempos mas oscuros en los que han sido gobernados por invasores o por reyes o dictadores que el pueblo ha padecido.

Hemos sufrido la dominación romana, la musulmana y la francesa que nos impuso a un hermano de Bonaparte, Pepe Botella, que quiso traer la Ilustración a España y salió saqueando obras de arte y joyas de Corona española, con las que financió una gran mansión en Estados Unidos durante su exilio.

Los reinados de Carlos II el hechizado o de Fernando VII y las tragedias de la primera parte del siglo XX con el desastre de Annual del que se han cumplido 100 años, la pérdida de las colonias, la fracasada II República, la guerra civil y los 40 años de franquismo son hitos que marcan la capacidad natural de resistencia. Lo que nos lleva hasta 1978, cuando la transición y la Constitución democráticas abren la etapa de los mejores años, en los que rige el progreso, las libertades y la convivencia como nunca antes.

Una etapa tan exitosa de nuestra historia que la simple mirada retrospectiva deja al descubierto la mendaz contumacia de iluminados secesionistas y de una izquierda irredenta y vacua en desmantelar el edificio constitucional que durante tantos años los ciudadanos anhelaban.

Ahora padecemos una nueva etapa que pone a prueba nuestra capacidad colectiva de resistencia. Resistencia que no resiliencia, derivado de la colonización lingüística anglosajona que el cursi del ex jefe de gabinete Iván Redondo le escribió a Pedro Sánchez para darle algo de pátina a sus fatuos discursos.

Mientras la resistencia es una acción, un efecto y una capacidad, como dice el diccionario de la RAE, por lo tanto, intelectual y/o física, la resiliencia es una capacidad de adaptación de un ser vivo ante una situación adversa, es decir, un simple acomodo o acoplamiento.

Si repasamos y sintetizamos los hitos del gobierno de Pedro Sánchez desde 2020 tenemos el siguiente cuadro.

La pandemia de Covid-19 se ha llevado por delante a mas de 125.000 ciudadanos según un estudio de la universidad de Washington que supera las cifras que da el INE, informe Mo-Mo de exceso de mortalidad basado en datos incompletos de los registros civiles, al estar únicamente informatizados el 92 por ciento. En definitiva, el tercer país de la Europa occidental en fallecidos por millón de habitantes tras Reino Unido e Italia.

Datos de muertos olvidados, ocultados y negados por la propaganda gubernamental.

En segundo lugar, el Tribunal Constitucional ha sentenciado que el Gobierno vulneró la legalidad en la declaración del estado de alarma, utilizando el Gobierno, al margen de los derechos fundamentales, un mecanismo constitucional de forma expansiva. Un estado de alarma en el que se parapetó para no acudir al Congreso y eludir el control de la oposición. Actitud en la que persisten, tras el estado de alarma, miembros de su gobierno.

La reiterada falta de respeto a la legalidad ordinaria del Gobierno tiene tres actuaciones hoy en manos de los tribunales. La recepción a la escala en Barajas inexplicada de la ministra venezolana Delcy Rodríguez, atendida en la zona de autoridades por el ministro Ábalos; la entrada clandestina del líder polisario en el que está encausada la ministra González Laya,a quien se considera la X del caso Galhi; y los casos Marlaska con las devoluciones en caliente en 2020, las destituciones en Interior durante la pandemia y desautorizado en agosto de este año por la Fiscalía y el auto del juzgado de Ceuta al incumplir el procedimiento en la devolución de menores marroquíes.

Si a todo este repertorio se une los acuerdos de Sánchez con el gobierno secesionista de Cataluña que favorece el único programa de ERC, amnistía, derecho de autodeterminación e independencia, realmente estamos en unos tiempos en que tendremos que acreditar la capacidad de resistencia colectiva.

En cualquier otro país en el que se apliquen los principios y valores de la democracia occidental, con estos antecedentes, el jefe de Gobierno habría dimitido y además de exigirle las responsabilidades en que hubiera incurrido, habrían sido convocadas elecciones.

Mariano Rajoy en La Toja le ha dicho a Pablo Casado que tendrá que ocuparse del problema de las pensiones y que el Partido Popular tendrá que volver para arreglar “esto”. Sin duda ha pecado de optimismo existencial y no ha querido abrumar a Pablo Casado con el inventario de tareas de reconstrucción del Estado y de España: legalidad democrática institucional, libertades, economía, modernización y recuperación de la posición en las decisiones europeas y foros internacionales.

Las pensiones no son mas que un tema prioritario en el índice del epígrafe economía del siglo XXI.

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La extrema izquierda que viene
Diego Vigil de Quiñones. okdiario 28 Septiembre 2021

En mi artículo de la semana pasada, explicaba que la manifestación neonazi de Madrid rompía el relato de la izquierda, demostrando que la extrema derecha existe pero fuera de Vox y del PP. A diferencia de lo dicho sobre las derechas, en la izquierda la posición extrema también existe, pero no está en las periferias del sistema electoral, sino bien dentro del mismo. Cierto es que ha habido épocas en que algunos grupos como el PCPE, Izquierda Castellana o Izquierda anticapitalista estaban fuera de los partidos representados. Pero, con escasas excepciones, el ascenso de Podemos recogió buena parte del espectro extraparlamentario.

Lo hemos podido ver este fin de semana en la tradicional fiesta del PCE. Una marca, el PCE, que estaba enterrada desde el final de la transición. Sobrevivió luego como fuerza motriz de Izquierda Unida. Al emerger Podemos, parecía que la absorción a su vez de IU en Unidas Podemos haría olvidar la marca más que nunca. Sin embargo, se diría que el PCE está en su mejor momento de los últimos cuarenta años: tiene una vicepresidenta y Ministra de Trabajo, y su líder (Enrique Santiago) ostenta el alto cargo que diseña la agenda de futuro (la Secretaria de Estado para la agenda 2030).

En dicha fiesta del PCE, hemos visto a Pablo Iglesias decir que el PSOE no tiene más remedio que contar con Podemos y Bildu (siempre Bildu! Al fin y al cabo, la forma más pura de socialismo en nuestra España actual). Hemos visto también a Yolanda Díaz decir que quiere construir un nuevo movimiento amplio con los de Ada Colau, los de Errejón y Compromís. Y hemos visto al secretario general del PCE reivindicar todas las revoluciones comunistas del siglo XX sin petición de perdón por las víctimas causadas. Iglesias dijo que la derecha “tiene a la ultraderecha dentro” (algo falso, como expusimos la semana pasada). Acusa a los demás de lo que él si padece: UP tiene al PCE dentro. Al PCE y a otra serie de grupos minoritarios extremistas, que no son sino el equivalente en la izquierda de las Falanges y su derivados. El propio Podemos procede de la extrema izquierda extra parlamentaria (Izquierda Anticapitalista). UP es, en la izquierda, como si en la derecha una facción fascista hubiera logrado emerger con una marca nueva, y luego se hubiera coaligado con la vieja Falange y demás familia. ¿Se imaginan a un Ministro reivindicando todos los golpes de estado fascistas del siglo XX?

Dicha reivindicación del pasado totalitario es la tradición a la que (parece) se adhiere la nueva extrema izquierda que viene, de la mano de Yolanda Díaz. Opción que, por ser abiertamente comunista, estaría destinada en condiciones normales a ocupar la posición marginal de IU: si algo aportaba de nuevo Podemos era la transversalidad, y esa parece aparcada tras esta opción. Eso es lo que el PSOE querría: lograr (como ha logrado anteayer su referente alemán el SPD con Die Linke, como logró Felipe en el 82) comerse a Unides Podemos. Sin embargo, la realidad es que la extrema izquierda que el PSOE no para de alimentar lo está devorando: Bildu lidera la oposición vasca (hueco natural del PSE), el BNG ha desplazado al PSdG, y Más Madrid ganó al PSM en Mayo. Si el PSOE sigue siendo la primera fuerza en la izquierda es únicamente gracias a su posición en Cataluña y la España vacía, lugares donde casualmente representa un papel más moderado. Si el PSOE no logra frenar el fenómeno, el extremismo liderará la izquierda en pocos años. El centenario del PCE ha mostrado la verdadera cara de la extrema izquierda que viene.

El caso Puigdemont apesta. El Gobierno cómplice niega su extradición
Miguel Massanet. diariosigloxxi  28 Septiembre 2021

Europa y quienes forman parte de esta pretendida unión que, en teoría, debería haber sido una nueva potencia política, económica, industrial, jurídica ymilitar, formada por un conjunto de naciones unidas bajo una misma constitución supranacional y sometidas a una autoridad superior, en todos aquellos aspectos en los que la soberanía nacional debería ceder ante el interés común del conjunto de naciones, al modo de una superpotencia confederada, capaz de hacer frente, de tú a tú, a las grandes potencias económicas y militares con las que se encontraría en competencia. Esto, seguramente, es lo que debería haber sido si, quienes han sido los encargados de llevar a cabo el desarrollo de la idea, no se hubieran perdido en una maraña de intereses partidistas, nacionalistas, lobistas, monopolistas, egoístas y, por encima de todo, sometidos a una corruptela que ha convertido en algo imposible de controlar, aquella primera idea de una Europa común bajo un mando común.

Y, en este orden de cosas, cabe que nos preguntemos si es entendible que un señor reclamado por la Justicia de su país, prófugo, refugiado en una de las naciones pertenecientes a la UE, que ha participado en su país de un intento de secesión de una parte del mismo; que se ha declarado en rebeldía contra el orden establecido, intentando atentar contra la unidad del mismo, y contra el que existe una orden europea que reclama su extradición, formulada por el TS del país al que pertenece.

Este es precisamente el caso del señor Puigdemont, un personaje estrafalario, que huyo cuando debía responder de sus responsabilidades ante los tribunales españoles y que, desde entonces, en lugar de haberlo puesto a disposición de la justicia española, una serie de naciones en las que se ha refugiado, incomprensiblemente, burlando el espíritu de las euro órdenes y a causa de las distintas opiniones de los tribunales a las que fueron sometidas, sigue deambulando libremente como si en Europa, España, una nación democrática, no tuviera derecho a que las sentencias de su más alto tribunal, el Tribunal Supremo, sean respetadas por encima de las de tribunales locales de segundo orden que, incomprensiblemente, se atreven a poner obstáculos al cumplimiento de la euro orden de extradición, en la que se reclama que sea devuelto a España para ser sometido a juicio.

Sin embargo, quien parece ser el más interesado a que Europa no extradite al prófugo Puigdemont, contrariamente a todo que la lógica podría dar a entender, resulta ser el propio Gobierno español, dirigido por el presidente Pedro Sánchez, que resulta estar interesado en tener a los nacionalistas catalanes contentos y esperanzados, sentados a una mesa de diálogo con representante de lo más significativo y radical del soberanismo catalán para mercadear, intrigar, animar y prometer cosas que no están en sus manos poder conceder. En ello se está poniendo en cuestión el reparto de ayudas económicas, de las recibidas de Europa, de las que una parte importante, superior a la que se merecerían por su actitud separatista, se le va a otorgar a Cataluña en perjuicio del resto de autonomías que se van a verse postergadas en este reparto fraudulento.

La explicación del comportamiento erróneo del Gobierno español, en apoyo de Puigdemont y en contra de que sea extraditado (pidió la suspensión de la euroorden a pesar que sólo el juez Llarena puede hacerlo y no lo hizo, en ningún momento), es muy sencilla: el señor Sánchez lo único que pretende es salvar los `PGE para el año próximo, algo que no tiene posibilidades de conseguir sin el apoyo de los escaños catalanes. Como era de esperar, los nacionalistas no han tardado un minuto en hacer uso de su parafernalia revolucionaria en forma de miles de personas que se manifestaron protestando a favor de Puigdemont y en contra de la famosa mesa de diálogo.

Miles de personas, no cien mil ni un millón, como fueron en otras ocasiones. Sólo un 19% de la juventud catalana es separatista, un porcentaje que demuestra que, el catalanismo radical, sigue en caída libre. Pero somos millones los españoles que hemos lamentado que Italia liberase, una vez más, al prófugo y presunto delincuente, por simples cuestiones de retraso de la Asamblea europea en quitarle la impunidad a Puigdemont, algo que, en la actualidad, si el tema de las relaciones con Rusia prosperase en los tribunales, seguramente no se tardaría mucho en proceder a negarle la impunidad de la que goza, en cuyo caso la extradición ya sería difícil de serle negada al TS español.No es aceptable que el Gobierno español haga dejación de su deber de apoyar a los tribunales de justicia españoles y permita que se ponga en tela de juicio la validez de las sentencias, autos y resoluciones de nuestros tribunales de justicia relacionados con juicios que afectan a cuestiones internas de nuestro país, máxime, cuando el tema está relacionado con el incumplimiento de temas constitucionales que afectan a la unidad e integridad del país y se erija en uno de los focos constantes de la política nacional española.

Basta ya de permitir que, la comunidad catalana, se constituya en árbitro constante de la política española; de que el resto del Estado deba estar, constantemente, al albur de las ocurrencias de la Generalitat, ¡y de sus intentos de crear un ambiente adverso en el resto de Europa, en cada ocasión en las que intenta chantajear al Estado! Es inaceptable que nuestros gobernantes defiendan lo indefendible y vayan accediendo a cualquier petición de estos separatistas que, por otra parte, no ahorran insultos, desautorizaciones, amenazas e intimidaciones a nuestras organizaciones, cuerpos de seguridad, ejército y a todo cuando represente a España, sin que las concesiones que cada día van recibiendo de nuestro Ejecutivo parezca que tenga el menor impacto para detener semejantes actitudes.

Y, con este triste panorama, nuestro Gobierno, los que ocupan la Moncloa, siguen aferrándose al diálogo y a lo que, para ellos supone una distensión de las relaciones con Cataluña. Sus asesores, los que cobran por avalar al Gobierno en sus errores, dicen que “están muy tranquilos” tras haber tenido contactos con el señor Aragonés. Sin embargo, no parece que el presidente de la Generalitat comparta esta tranquilidad cuando admite que “lo vivido no ayuda, en nada al proceso de resolución del conflicto”. Y una prueba de lo que sucede en esta autonomía catalana y de la falta de entendimiento que caracteriza a todos los políticos que forman parte del soberanismo es el hecho de la hipocresía de un señor Junqueras que, aparentemente “envía todo su apoyo al presidente” cuando es evidente que es el que más se ha regocijado de que lo detuvieran por lo que le beneficia a él y su partido el que “junts per cat.”se encuentren en problemas.

Contrariamente a lo que opinan algunos periodistas, el hecho de que Puigdemont pudiera salir indemne de los resultados de una extradición, con una condena ad hoc y un indulto como el de sus compañeros, no creo que contribuyera a mejorar la situación de Cataluña y la pelea entre ERC y Puigdemont y sus seguidores no hará más que dejar en el aire una lucha sorda para seguir a la caza del poder, en la formación que saliera perdedora de la confrontación en las urnas.

Todo lo que sigan siendo paños calientes, intentos de sacar acuerdos mediante diálogos de sordos, buscar ganar tiempo a base de más aportaciones económicas o conseguir más apoyos para gobernar ante los resultados de unos próximos comicios; no hará más que fortalecer al independentismo, exacerbar a los más extremistas, impacientar a los que aspiran al poder y crear una situación de stand by entre el resto de los españoles, con el peligro de que, como viene sucediendo con muchos de los temas de actualidad, llegue un momento en el que, cansados de tanta disputa, pudieran empezar a pensar que lo mejor sería darles a los catalanes lo que piden. Una situación que no se puede permitir que se llegara a dar y que corresponde a los españoles velar para que nunca se pudiera producir.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, no parece que estemos en condiciones para sacar adelante una petición de nuestro TS, perfectamente justificada por la euroordende Marchena para que, la intervención evidentemente maliciosa del gobierno socialista, pidiendo que se paralizaran las órdenes emitidas cree, por lo menos por el momento,la confusión necesaria para que el señor Puigdemont pueda continuar su cruzada de injurias y descalificaciones contra la justicia y el gobierno español a quien, al parecer, le debe la gracia de continuar en libertad para poderlo injuriar.

Sánchez vende la dignidad de la Policía por un puñado de votos proetarras
OKDIARIO 28 Septiembre 2021

Nada más justo que reconocer el trabajo de la Policía Nacional en el País Vasco y Navarra, puesto que su labor diaria en esos territorios está marcada por el clima de odio extremo de los grupos etarras que los tienen en su diana. El PP pretendía reconocer ese trabajo incorporando a los agentes que llevaran tres años en esas comunidades a la Orden del Mérito Policial, una medalla que no lleva aparejada un plus económico. O sea, no tiene coste para el Estado. Pues bien, el PSOE ha votado «no», un rechazo sin matices ni argumentos que demuestra el grado de indignidad que ha alcanzado un partido que es capaz de negar dicho reconocimiento a los policías simplemente porque está preso del chantaje de los herederos políticos de ETA. Para no enojar a los proetarras de Bildu, en plena negociación de los Presupuestos Generales del Estado, los socialistas se han negado en banda.

No cabe mayor ignominia, ni mayor indecencia. Negarles ese reconocimiento es ponerse del lado, de forma indecorosa, de los verdugos, de quienes durante décadas convirtieron a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado desplegados en el País Vasco y Navarra en objetivo preferente de su siniestra estrategia criminal. El PSOE, un partido que pagó en sus propias carnes la defensa de la democracia, se niega ahora a poner en valor el trabajo de quienes cada día se enfrentan al odio proetarra. Ni el arrojo y dignidad inquebrantable de tantos policías que entregaron su vida en defensa de la libertad durante los años de plomo han servido para que el socialismo honre su memoria distinguiendo hoy a quienes siguen sufriendo la hostilidad proetarra.

Por un puñado de votos, Sánchez ha vuelto vender la dignidad del Estado. Todo es tan miserable que ese «no» del PSOE provoca náuseas. Ni la sangre derramada de casi mil víctimas inocentes, entre ellas las de muchos policías y guardias civiles, sirve para que el presidente del Gobierno exhiba un mínimo de pudor y de vergüenza

El tacticismo del PNV
Cayetano González. Libertad Digital 28 Septiembre 2021

el PNV lleva unos años optando por un cierto pragmatismo, no sólo en sus discursos sino en los hechos.

Desde hace 45 años, el PNV celebra el último domingo de setiembre el Alderdi Eguna (Día del Partido), ocasión que suelen aprovechar sus líderes para insuflar ánimos a la militancia echando mano de las esencias ideológicas más puras del partido que fundó Sabino Arana. De esa manera, conceptos como soberanía, independencia, nación, autodeterminación, Europa han solido ser las banderas más utilizadas por los líderes del PNV –lehendakaris o presidentes del partido– en su reunión anual.

Sin embargo, el PNV lleva unos años optando por un cierto pragmatismo, no sólo en sus discursos sino en los hechos. Ha permanecido bastante al margen del pulso al Estado planteado por los independentistas catalanes desde 2017. Es verdad que el lehendakari Urkullu ejerció en su momento –con escaso éxito– el papel de mediador entre Puigdemont y Rajoy, en un intento de evitar tanto la declaración unilateral de independencia por parte del primero como la aplicación del artículo 155 de la Constitución por parte del segundo. Pero en líneas generales el PNV ha querido marcar distancias con el camino emprendido por los de Oriol Junqueras y Carles Puigdemont.

Otro factor que puede explicar el pragmatismo actual del PNV es que este partido salió en su momento bastante escaldado del llamado Plan Ibarretxe, que fue tumbado en el Congreso de los Diputados y además le supuso un retroceso electoral en las elecciones autonómicas que el entonces lehendakari convocó al día siguiente de que su plan fracasase en la Cámara Baja.

Desde que Íñigo Urkullu llegó a Ajuria Enea y Andoni Ortuzar a la presidencia del Euskadi Buru Batzar, este tándem ha optado por la gestión del día a día en las instituciones vascas y por hacer valer sus escaños en Madrid. En esto último son unos auténticos maestros, ya que, por ejemplo, en el plazo de una semana pasaron de apoyar los Presupuestos del Gobierno de Rajoy a ser decisivos con su voto en la moción de censura presentada por Sánchez y convertirse en un apoyo imprescindible para todas las iniciativas parlamentarias presentadas por el Gobierno social-comunista formado por PSOE y Podemos. Eso sí, el PNV nunca da nada gratis, y sabe sacar buena tajada –lo ha hecho con todos los Gobiernos– cada vez que es requerida su cooperación.

Lo anterior no significa que el PNV haya renunciado a sus esencias. Sigue siendo un partido nacionalista y por lo tanto independentista. No ha renunciado a ello y no lo hará nunca, porque entonces dejaría de tener su razón de ser. Entre las dos almas que siempre han coexistido en ese partido –la independentista y la autonomista–, en la actualidad, quizás por razones puramente estratégicas, prima la segunda. Pero no cabe duda de que, por ejemplo, si el pulso al Estado por parte de los independentistas catalanes acaban ganándolo estos, el PNV no se quedará atrás en sus reivindicaciones soberanistas.

La mayor preocupación del PNV ahora es su rival electoral directo: la izquierda abertzale agrupada en torno a Bildu, que actualmente es la segunda fuerza en la Comunidad Autónoma Vasca. Y todas las políticas que está llevando a cabo desde las instituciones van encaminadas a demostrar a los ciudadanos que a ellos les preocupan más los problemas reales de la gente que las cuestiones identitarias. Que ellos no están por tensar la cuerda soberanista, aunque si fuera necesario tampoco harían ascos a asomar un poco la patita independentista para que no se les diga que han renunciado a sus principios.

Por eso la exigencia al Estado hecha por Urkullu el pasado domingo de una relación bilateral o de un reconocimiento del hecho nacional vasco forma parte de ese tacticismo en el que el PNV se mueve como pez en el agua: hoy somos independentistas, pero mañana somos capaces de pactar en Madrid con Sánchez y sacarle las entretelas. Y si llega Pablo Casado a la Presidencia del Gobierno, ya vendrá a pedirnos nuestro apoyo, pensarán en Sabin Etxea. Los precedentes con los anteriores presidentes del Gobierno, en mayor medida con los del PSOE –González, Zapatero y Sánchez–, juegan a su favor.

Réquiem por Barcelona
Pablo Planas. Libertad Digital 28 Septiembre 2021

Barcelona se hunde en la miseria. El deterioro es cada vez más rápido y peligroso. No hay ley, no hay orden, no hay autoridad y sin todo eso tampoco hay libertad. Los actos incívicos, delictivos y vandálicos están a la orden del día. La noche del pasado viernes, durante las fiestas de La Merced, hubo más de una veintena de apuñalados en la concentración masiva de la Plaza de España. Cuarenta mil adolescentes y jóvenes se dieron cita en el enclave sin adoptar ninguna de las medidas de seguridad ante el coronavirus, mientras Ada Colau y Pere Aragonès imponen severas restricciones al ocio nocturno porque lo dicen unos médicos que se han convertido en los responsables del orden público y la moral en Cataluña.

La consecuencia directa de que las discotecas y bares nocturnos no puedan abrir con una cierta normalidad por el capricho de unos políticos inútiles e irresponsables es que toda Barcelona se ha convertido en una macrodiscoteca, con los mingitorios en los portales de las viviendas y en la que un día el desmadre es en la playa, al siguiente en una plaza y al otro en un parque, un descampado o un patio de manzana.

A la incompetente Colau la ciudad se la ido de las manos y Pere Aragonès mira para Cerdeña. Ellos son la destilación perfeccionada de inútiles como Xavier Trias y de delincuentes como Jordi Pujol, lo que unido al elemento izquierda nacionalista tiene efectos letales.

Barcelona se descompone, se desmorona, se hunde en la inmundicia, plagada de basura, narcopisos, carteristas, tironeros, violadores, navajeros y unos políticos de risa, los primeros en ciscarse en el principio de autoridad hasta que alguien les explica que ellos son la autoridad, responsables por tanto de los saqueos a los comercios, de los coches quemados, de los daños en el mobiliario urbano, de los acuchillados en reyertas a machetazo limpio.

En tiempos del alcalde Trias, el Ayuntamiento premió un documental titulado Ciutat morta que era un alegato en contra de la Guardia Urbana y a favor de individuos de la calaña de Rodrigo Lanza, condenado por dejar tetrapléjico al agente Juan José Salas, que intervenía en el desalojo de una fiesta okupa el 4 de febrero de 2006, y por el asesinato de Víctor Laínez en Zaragoza en diciembre de 2017.

En aquellos tiempos de Ciutat morta, gentes como Colau, Jaume Asens y Gerardo Pisarello se preparaban para el asalto al poder municipal defendiendo a Lanza y acusando sin pruebas a la Guardia Urbana de connivencia con el narcotráfico y el proxenetismo. La tarea de desprestigio fue un éxito rotundo y Ada Colau acabaría de alcaldesa. Una de sus primeras providencias fue eliminar la sección antidisturbios de la Guardia Urbana. Quería que los agentes municipales se limitaran a poner multas de tráfico y se olvidaran de la seguridad ciudadana, propósito que consiguió a la vez que reducía la plantilla.

Los efectos de esas políticas son obvios. Al tiempo, el nacionalismo se embarcó en un proceso entre cuyas principales víctimas se encuentran los principios de legalidad, autoridad y seguridad. Una combinación explosiva. La alcaldesa okupa y separatistas como Laura Borràs, que mientras ardía una comisaría de los Mossos en Vich se fue a visitar y apoyar al delincuente Pablo Hasel a la prisión de Lérida. Lo decía el superado concejal de la Guardia Urbana de Barcelona, Albert Batlle, quien también ponía como ejemplo al expresidente de la Generalidad, Quim Torra, cortando carreteras. Sí, el mismo que les pedía a los violentos de los Comités de Defensa de la República que apretaran.

La parte positiva para el periodismo es que no siempre se tiene la posibilidad de contemplar en directo y a cámara rápida la fase final del galopante deterioro de una sociedad en la que auténticos chorizos y delincuentes han estado al frente de las principales instituciones.
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