AGLI Recortes de Prensa   Martes 5  Octubre  2021

Casado, el voto útil de la derecha
“De celebrarse hoy elecciones generales, Pablo Casado sería el nuevo presidente del Gobierno”
Luis María Anson. larazon 5 Octubre 2021

El mundo liberal conservador, el centro derecha español, está con el Partido Popular de Pablo Casado. El éxito de la reciente Convención y sobre todo la calidad del discurso con el que el líder popular cerró los actos, suponen una invitación a los electores para que trasladen sus votos a un PP que ha retornado a sus cauces. La ley D’Hondt juega un papel determinante en las elecciones. La división de la derecha española significa pagar una cuota adicional a la oposición socialista. A izquierda del PP, un sector de los liberales y no pocos socialdemócratas se verán exigidos por el voto útil. Y lo mismo se puede decir del espacio a la derecha del PP. La significación profunda de la Convención y del discurso de Pablo Casado reside en la mano generosamente tendida para facilitar de nuevo la concentración del voto de la derecha española en el Partido Popular. Acariciar los 176 escaños evitaría la fragilidad política. “Las coaliciones -aseguró Castelar en el Congreso- son siempre muy pujantes para derribar, pero son siempre impotentes para crear”.

Con la Convención, Pablo Casado lanzó un órdago sobre el tapete político español. Y lo ha ganado. Durante los últimos meses, el Gobierno sanchista, auxiliado por algún medio de comunicación aromado por Vox, se ha esforzado por minusvalorar a Casado, por propiciar la división interna del PP y por potenciar a una candidata que comprometiera la autoridad del líder. Y han fracasado. La Convención ha dejado clara la unidad del partido y la fuerza de su líder. El discurso de Pablo Casado alcanzó tal calibre político que, si hoy se celebrasen elecciones generales, el líder popular se convertiría en presidente del Gobierno de España. Quedan dos años para que las elecciones generales se celebren. Es mucho tiempo. Y Pablo Casado deberá mantener el pulso y no cometer errores para confirmar en su día lo que ha ganado en esta Convención con un discurso magistral en el que demostró que tiene a España entera en la cabeza y que es un gran orador tanto de masas como en el debate parlamentario. La plaza de toros abarrotada se encendió de aplausos y ovaciones.

Casado, ni derecha ni útil
Nota del Editor 5 Octubre 2021

Ahora que parece que el virus chino está bajando la mortandad, nos está llegando una infección enorme de popularcitis. No hay desmemoriado "periodista" (debe ser que pierde la memoria periódicamente) que no haya sido atacado fuertemente por esta infección y con la disminución de linfocitos sufrida al haberse sometido a la vacuna del virus chino, de n fases, como en matemáticas, con n tendiendo a infinito, no tiene defensas y proclama la vuelta al bipartidismo para que el partido de los comunistas y sus quates y el partido podrido alternen el manejo de la máquina de gastar y comprar votos para seguir quedándose con el pastel y a los españoles patadas en todas partes.

Qué le pasó al PP
Cristina Losada. Libertad Digital 5 Octubre 2021

Al PP le ha pasado factura que los separatistas le montaran delante de las narices, a cámara lenta, un golpe como el 1-O y se quedara literalmente pasmado.

Una de las afirmaciones que circulan como verdades que ya no es preciso demostrar acaba de regresar estos días a cuenta de la Convención Nacional del Partido Popular, ese evento itinerante que se ha cerrado, como antaño, en la ciudad de Valencia. Dice esa afirmación, mil veces repetida y ahora una más, que la suerte electoral del PP se torció por una causa principal y prácticamente única que se llama corrupción. La tesis, si así puede llamarse, eleva a causa real lo que fue solamente la causa alegada por Sánchez para montar la moción de censura con la que echó abajo al Gobierno de Rajoy. Una sentencia judicial sirvió de pretexto a los socialistas, sí, pero no es cosa de confundir la propaganda con la realidad. La causa de fondo del retroceso del PP está en otra parte.

Para decirlo en corto, la causa está en el golpe separatista de octubre de 2017. El gol que le metieron al Gobierno Rajoy entonces fue de los que hacen historia. Hubo un amago en noviembre de 2014, con la consulta que hizo Artur Mas mediante triquiñuelas legales. No actuó esa primera vez Rajoy, y la inacción no le pasó factura de inmediato. Pero la segunda, que fue mucho más brutal y grave, la ausencia de toda acción, más allá del consabido recurso al TC, iba a dejar perfectamente maltrecha la credibilidad de aquel Gobierno. Para el electorado de un partido como el PP, la dejación de funciones frente al golpe separatista y la sensación de un Gobierno inerme ante el intento (anunciado) de romper la nación y el orden constitucional tenía la mayor relevancia. Y tenía consecuencias.

La prueba de que las tenía es que las tuvo. En realidad, ya hubo indicios previos. El partido Ciudadanos pudo hacerse un hueco a nivel nacional no sólo por sus críticas a las corruptelas del bipartidismo, sino ante todo por el desistimiento del PP frente al embate del separatismo catalán. Y con el declinar de Ciudadanos el relevo lo tomaría Vox, muy distinto a Cs en tantas cosas pero igualmente identificado con el rechazo frontal al separatismo. El campo de la derecha y el centroderecha se ha fragmentado en dos tiempos, en ambos casos con el mismo factor común. Ese factor no es la corrupción, como se dice y repite. La corrupción política se da por sentado que afecta a todos, y no es factor diferencial. Al PP le ha pasado factura que los separatistas le montaran delante de las narices, a cámara lenta, un golpe como el 1-O y se quedara literalmente pasmado.

La ‘pactada’ impunidad de Puigdemont
Pablo Sebastián. republica 5 Octubre 2021

Ya no hace falta que Pedro Sánchez reforme el delito de sedición o el de rebelión en el Código Penal para facilitar que sus amigos de ERC den otro golpe de Estado en Cataluña cuando más les convenga. Porque ya está claro y Puigdemont, así lo han demostrado, en Italia, Francia, Alemania y Bélgica, que dar un golpe de Estado en la UE, por ejemplo en Cataluña y contra la Constitución, la legalidad y la democracia, no tiene consecuencias.

Naturalmente, siempre que después de dar el golpe los autores se den a la fuga. Y porque si algún despistado o rezagado cae en manos de la Justicia y, en consecuencia, en la cárcel, que tampoco se preocupe porque en aras de ‘la concordia’ y en el menoscabo del imperio de la Ley Pedro Sánchez los indultará.

Lanzando el Gobierno de España a Europa el mensaje de que el golpe de Estado catalán no fue para tanto. Y que los golpistas se pueden presentar a las elecciones europeas mientras los tribunales de la UE y de países como Bélgica, Alemania e Italia se pelotean entre sí el caso de Puigdemont. O se lo pasan por el ‘arco del triunfo’ ante las narices del juez Llarena y en espera de que prescriban los delitos. Y, ‘pelillos a la mar’ de que se recupere lo que en La Moncloa y en esa mesa camilla y de diálogo llaman la ‘normalidad’.

Y ¿esta es la Unión Política Europea que quien implantar los líderes de la UE? Pues parece que sí y que por ahí van las cosas y por ello se entiende que el Reino Unido se haya marchado de Europa de la mano de los EEUU, antes de que en Escocía se repita el modelo ‘unilateral’ del golpe catalán en línea con el de Kosovo que tanto le gusta al Papa Francisco.

Y habrá quien diga: pero ¿acaso el ‘destierro’ del Rey Juan Carlos I en Abu Dhabi, pactado entre La Zarzuela y La Moncloa, no es otra versión del caso Puigdemont para adormecer a jueces y fiscales que se ocupan en sus ratos libres y sin prisas de la presunta fortuna opaca del Rey Emérito?

Y dijo el líder del PP y de la Oposición Pablo Casado en la plaza de toros de Valencia que él va a derogar todo lo que ha hecho Sánchez. ¿Todo? Ya se verá si es que llega al poder.

Porque ese ‘transformer’ o monstruo moderno, de articulaciones varias y poderosas armas, que en la política española se llama ‘Frankenstein’ y que constituye la base del poder de Pedro Sánchez, con sus alianzas contra natura democrática, con los comunistas y separatistas se irá transformando y adaptando a cada momento y situación para permanecer fiero y armado hasta los dientes en el poder.

Pero ¿acaso no dijo Sánchez que traería Puigdemont a España? Pues claro, dijo eso y otras cosas como que nunca concedería indultos a los golpistas catalanes y que no pactaría con Podemos ni con ERC. Y ahí está y sigue el presidente Sánchez tan campante y preparando su entrada triunfal en el 40 Congreso del PSOE donde se espera la presencia de Felipe González para que, en memoria de Rubalcaba, bendiga los ‘pactos Frankenstein’.

«Castellano»: Un libro muy interesante
Antonio García Fuentes. Periodista Digital 5 Octubre 2021

Sí, así lo considero; y es más, debieran leerlo todos cuantos “vivimos en el idioma español” (1) y para los estudiosos de la historia de España; así como ser libro obligatorio en todas las escuelas de habla española; .por cuanto de forma histórico-novelada; nos explica cómo se conforma en las tierras áridas de la península Ibérica, lo que luego será Castilla; que es “la madre de la nueva España (2) y que aparte de muchas otras cosas, dará al mundo, el ESPAÑOL, segunda lengua internacional, en la que hoy nos comunicamos más de seiscientos millones de terrícolas; que siguen en aumento; y que es estudiada en todas las universidades mundiales.

Entre esas otras “cosas que cito”; se encuentra, nada menos que la rebeldía del individuo, con la que se conforman los primeros pueblos rebeldes, que son capaces de luchar a muerte por “las libertades conseguidas” (si bien esa rebeldía viene de antes; o sea de Numancia y Sagunto); por lo que es aquí, y en toda Europa, donde se produce la primera rebelión del pueblo contra su rey (después mucho después, vendrán la inglesa y la francesa) si bien aquí, la pierden los rebeldes (“los Comuneros de Castilla”), a los que se les corta el cuello, como castigo, “al crimen de defender sus fueros o libertades”. Es aquí donde se promulgan leyes, para considerar a los pueblos colonizados, como hombres libres (y no como en otros “reinos” consideraban que el mejor indígena era el indígena muerto) y con iguales derechos a “los castellanos”; lo que no implica de los abusos cometidos por los siempre canallas que se saltan las leyes, como hoy mismo se las salta, “el que manda”, al haberse; “cagado y meado” en la Constitución vigente, al indultar (entre muchísimas cosas más) a simples rebeldes, confesos y condenados por los tribunales españoles, que siguen siendo rebeldes y en continua lucha contra el resto de España, basados en la falacia de que, “ellos no son España”, que siempre lo fueron y siguen siéndolo.

También que es “un castellano”, el que pone los pilares para el entendimiento internacional con leyes acorde para entenderse “los pueblos”; y que hoy mismo su nombre (Padre Vitoria (3) preside como titular de la sede, en ese país, “neutral” cuál es la Confederación Helvética, más conocida como Suiza, en Ginebra; en la sede de: “eso que hoy se dice (es mentira) lo de Naciones Unidas o “ONU”; y así se podrían añadir muchas cosas de “la verdadera Historia de España”, que lo es desde mucho antes del nacimiento de Cristo, y que dieron constancia de ella, fenicios, judíos y romanos; éstos últimos logran unir toda la península Ibérica en la que fue la Hispania romana (a la que dio emperadores y muchos “romanos” ilustres); y que debió seguir siéndolo como nación, pero las siempre e interminables “luchas intestinas”, la dividieron y la dejaron, tal y como hoy es; que “mejor no menearlo más por hoy”.

Por todo ello, lean el libro: “CASTELLANO”, de Lorenzo Silva: Ediciones Destino: Editorial Planeta (España); se trata de un muy interesante libro que seguro lo es para leerlo y releerlo más de una vez.

Y procuremos siempre y más los que nacimos en España, recordar todo cuanto los españoles (de todas sus partes) hicieron por sí mismos y por el resto del mundo; es por lo que mientras se escriba la historia de este planeta; la península Ibérica en todas sus partes, ocupará un lugar privilegiado en ella; simplemente por los hechos que realizaron nuestros antepasados; que aunque, “de muchos colores”, pero indudablemente muchos de ellos, señeros en toda la historia conocida del planeta Tierra.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y
http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes

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Desobedecer a los tribunales es delito, Pedro Sánchez

Editorial OKDIARIO 5 Octubre 2021

El Tribunal Supremo instó en su día a la Generalitat de Cataluña «a adoptar cuantas medidas fueran precisas para adaptar su sistema de enseñanza a la nueva situación creada por la sentencia del Tribunal Constitucional que considera al castellano lengua vehicular de la enseñanza en Cataluña junto con el catalán». El pasado diciembre, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) fijó en un 25% la obligatoriedad de las clases en español en todas las escuelas catalanas. Pues bien, ni Tribunal Constitucional, ni Tribunal Supremo, ni Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. Al Gobierno de Pedro Sánchez las decisiones judiciales, por muy de alta instancia que sean, se la bufan.

Hasta ahora, lo hacía sibilinamente, pero ya no se esconde ni oculta su intención de desobedecer. En esta ocasión, el Ejecutivo ha admitido abiertamente en el Congreso de los Diputados que no respetará las sentencias que obligan a que al menos el 25% de las clases en las escuelas catalanas se impartan en español. Así consta en una respuesta por escrito al Parlamento, a la que ha tenido acceso OKDIARIO. Y lo más surrealista es que, encima, lo hace afeando los argumentos de los tribunales de justicia: «Imponen este porcentaje para garantizar los derechos de las familias, pero el canon constitucional del bilingüismo castellano y lengua cooficial en la enseñanza no responde a un porcentaje cuantitativo determinado que deba ser atribuido como mínimo a cada lengua». «La constitucionalidad del régimen lingüístico en los territorios con lengua cooficial dependerá de una valoración flexible que determine que ambas lenguas, el castellano y la lengua cooficial, tienen presencia, no sólo como materias sino también como lenguas para enseñar y que con ello el alumnado alcance el dominio pleno y equivalente en ambas lenguas».

O sea, que eso de garantizar un 25% de las clases en castellano, nada. El Gobierno ya utilizó ese mismo argumentario para responder, en agosto, a la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo, pero ahora lo reconoce abiertamente en el propio Congreso, el órgano constitucional que representa al pueblo español. Eso, lo que está haciendo Pedro Sánchez, es un delito de desobediencia, aquel que consiste en dejar de cumplir consciente o inconscientemente -en este caso conscientemente, lo que es aún más grave- órdenes emanadas de una autoridad judicial. A ese extremo hemos llegado.

Sánchez admite en el Congreso que no acatará las sentencias sobre las clases en español en Cataluña
Luz Sela. okdiario 5 Octubre 2021

El Gobierno de Pedro Sánchez, en su rendición ante el separatismo, vuelve a despreciar a los jueces. En esta ocasión, el Ejecutivo admite abiertamente en el Congreso de los Diputados que no respetará las sentencias, entre ellas del Tribunal Supremo, que obligan a que al menos el 25% de las clases en las escuelas de Cataluña se impartan en español. Así consta en una respuesta por escrito al Parlamento, a la que ha tenido acceso OKDIARIO.

En ella, el Gobierno, en una argumentación sorprendente, rebate a los jueces afirmando que «imponen este porcentaje para garantizar los derechos de las familias, pero el canon constitucional del bilingüismo castellano y lengua cooficial en la enseñanza no responde a un porcentaje cuantitativo determinado que deba ser atribuido como mínimo a cada lengua».

«La constitucionalidad del régimen lingüístico en los territorios con lengua cooficial dependerá de una valoración flexible que determine que ambas lenguas, el castellano y la lengua cooficial, tienen presencia, no sólo como materias sino también como lenguas para enseñar y que con ello el alumnado alcance el dominio pleno y equivalente en ambas lenguas», prosigue el Ejecutivo.

El Gobierno ya utilizó ese mismo argumentario para responder, en agosto, a la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo, como publicó El Mundo. Ahora lo reconoce abiertamente en el propio Congreso, el órgano constitucional que representa la soberanía del pueblo español.

Cesión al separatismo
Lo hace tras una pregunta por escrito de Ciudadanos, en la que este partido advertía de que «la inmersión lingüística en la educación catalana no es sólo contraria a la ley, sino que tiene unas consecuencias devastadoras para la igualdad de oportunidades de los alumnos castellanohablantes, que se ven obligados a sortear una barrera ideológica de carácter lingüístico que les perjudica a la hora de completar sus estudios con éxito y de acceder posteriormente a un empleo mejor remunerado y de mayor calidad».

«Es decir, el Gobierno de la Generalitat de Cataluña está, de manera intencionada, perjudicando el futuro de los alumnos castellanohablantes en esta comunidad autónoma por una cuestión ideológica derivada del nacionalismo más excluyente», avisaban los de Inés Arrimadas.

El pasado diciembre, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) obligó también a un 25% de las clases en español en todas las escuelas de Cataluña. El Gobierno de Pedro Sánchez, en cambio, no ha hecho absolutamente nada para que se respeten las órdenes judiciales. Más aún, las rebate plegándose a los intereses del separatismo, alegando asimismo que «el Estado carece, por mandato constitucional, de toda posibilidad de control administrativo-sancionador para salvaguardar sus competencias».

«El modelo constitucional apuesta por el equilibrio entre el principio de autonomía de los territorios y el de unidad de la nación y no admite jerarquía entre la Administración estatal y la autonómica», continúa.

El Ejecutivo se remite a la conocida ley Celaá, que eliminó el español como lengua vehicular en la enseñanza como cesión de Sánchez a ERC.

«Cualquier régimen de cooficialidad lingüística debe garantizar que todo el alumnado deberá alcanzar el dominio pleno y equivalente en la lengua castellana y, en su caso, en la lengua cooficial correspondiente», defiende el Gobierno. En este contexto, delega en los propios centros educativos «la adopción de las medidas necesarias para compensar las carencias que pudieran existir en cualquiera de las lenguas».

Europa se enmienda a sí misma
Puigdemont seguirá libre de momento. La justicia italiana, como la belga o la alemana, decide por ahora no entregarlo a España pese a no tener inmunidad y estar vigente la euroorden
Editorial ABC 5 Octubre 2021

La decisión adoptada el lunes por el tribunal de apelación de Sassari (Cerdeña) para dejar en suspenso la entrega a España de Carles Puigdemont tiene mucho de caótica y conduce a una conclusión inquietante: la Unión Europea no solo padece insuficiencias como unión en lo económico, lo político o lo social, sino que también empieza a ser incongruente en lo jurídico. De otro modo no puede entenderse que crease hace años un instrumento como la euroorden para facilitar la entrega de delincuentes entre los países miembros y no eternizar los procesos, y que ahora sea la misma UE quien ponga sistemáticamente en tela de juicio su propia herramienta. Lo que ocurre con el expresidente de la Generalitat solo se entiende desde el oportunismo político.

Italia es el tercer país que da largas a España en sus reclamaciones contra el político prófugo. Antes lo hicieron Bélgica y Alemania, que han permitido a Puigdemont crear una tela de araña jurídica deliberadamente confusa que amenaza con ser irresoluble. Y además, muy contradictoria frente al que se supone que es el objetivo real de la euroorden. Crear dudas en torno a una supuesta legitimidad de Puigdemont para dar un golpe de Estado es tanto como que la UE reniegue de la propia filosofía con la que nació. Si la UE consiente que no sea juzgado un delincuente que se da a la fuga con nocturnidad y alevosía para evitar responder ante su país, también consiente que no se le pueda inhabilitar. Y si no puede ser inhabilitado precisamente porque permanece huido -de ahí la perversión del proceso-, resulta inconcebible que se le permita ser elegido eurodiputado. Y si además, una vez electo y ya inmune, el Parlamento del que forma parte le retira su inmunidad por amplísima mayoría, y eso también se pone en cuestión ante el Tribunal de Justicia de la UE, entonces solo cabe concluir que nuestra unión jurídica tiene demasiadas grietas, que la euroorden es una chapuza llena de agujeros, y que delinquir sale gratis si consigues huir de tus delitos oculto en un maletero. Ese es el mensaje que está enviando la UE a sus ciudadanos frente a todo aventurero que fomente la secesión de una parte de un Estado miembro.

Puigdemont se está beneficiando de un círculo vicioso promovido por la justicia europea, que nos pretende hacer creer que lo que se dirime no es la entrega de un sedicioso que se vanagloria de serlo, sino si cada Estado tiene la suficiente potestad para juzgar a sus propios ciudadanos, lo cual es el colmo. Y mientras, se alimenta la sospecha de que nuestro Tribunal Supremo no es independiente ni imparcial, sino un órgano represivo y antidemocrático que se ha obsesionado en juzgar a Puigdemont sin derechos ni garantías. En realidad, todo forma parte de un proceso general de desquiciamiento con el que Europa se presenta una enmienda a la totalidad contra sí misma.

De momento, el proceso queda paralizado, que no archivado. Cerdeña quedará a la espera de dos decisiones de la justicia europea, una sobre el alcance de la inmunidad parlamentaria retirada a Puigdemont, y otra sobre la cuestión prejudicial planteada por el Supremo español por los burdos manejos con los que Bélgica interpreta la euroorden. Y cuando ambas se resuelvan, la corte de Sassari decidirá. Mientras tanto, el expresidente de la Generalitat podrá vivir en Bruselas, lo que supone concederle un nuevo pasaporte de fuga. Al menos queda el consuelo de ver retratada a la Abogacía del Estado, convertida en la Abogacía del Gobierno: la euroorden sí estaba vigente y no dijo la verdad. Pero a Pedro Sánchez se le ven demasiado las ganas de que Puigdemont no le hunda la legislatura.

Puigdemont acabará en el banquillo, pero Europa ya ha hecho el ridículo
Los tecnicismos jurídicos no pueden servir a nadie para tener impunidad pasajera tras protagonizar un golpe de Estado. Puigdemont acabará pagándolo, pero Europa tiene problemas.
Editorial ESdiario  5 Octubre 2021

El expresidente de la Generalidad de Cataluña, Carles Puigdemont, no será extraditado de urgencia a España, después de que la Justicia italiana decidiera posponer su decisión hasta que no se conociera el estatus exacto del eurodiputado y se resolvieran distintas cuestiones jurídicas previas.

Todos los pronósticos y la actitud de Puigdemont (se presentó con dos exconselleros fugados también y convocó de antemano a la prensa por la tarde) ya sugerían esa decisión, en la línea jurídica o administrativa adoptada por cinco países europeos: Bélgica, Alemania, Escocia, Francia y Suiza pusieron trabas parecidas, e igual de incompresibles, por distintas razones.

Aunque Puigdemont presente esos beneficios como un respaldo a su actitud y a su causa, no hay que confundirse: las garantías jurídicas y las lagunas del ordenamiento europeo pueden favorecerle si sus abogados saben manejarlas, pero su problema de fondo persiste y la Justicia española, antes o después, logrará sentarlo en el banquillo salvo que acepte pasar el resto de su vida fuera de España.

Es un bochorno que Europa proteja más al protagonista de un golpe de Estado que al Estado agredido por él

Mientras, no obstante, queda en la sociedad una incómoda sensación de impunidad agravada por la complicidad del Gobierno, que ha movilizado a la Abogacía del Estado en auxilio del prófugo en lugar de en respaldo al juez Llarena y al Tribunal Supremo, dignos defensores del Estado de Derecho y de la democracia españoles, amenazada por un dirigente peligroso protegido por Sánchez, como al conjunto del separatismo.

Otra reforma pendiente
Que Europa proteja más al protagonista de un golpe de Estado que al Estado agredido es un sentido lamentable, por efímera y estrictamente técnica que sea esa protección. Y que le permitiera entrar en su Parlamento meses después de escapar de España es, sencillamente, impresentable.

A todas las reformas políticas, institucionales y económicas que urge implantar en Bruselas, un gigante timorato y burocratizado, hay que sumarle una jurídica que, con casos como éste, se antoja ya urgente.

Casado y el votante de Vox
Jorge Vilches. vozpopuli.es 5 Octubre 2021

Es en el centro donde la parte suculenta, los ex votantes de Ciudadanos que aún no han decidido su voto, puede dar la mayoría al PP

El juego de la izquierda es laminar el liderazgo de Pablo Casado dentro del Partido Popular y, al tiempo, alejar del PP al votante de centro. Para lo primero airearon más allá de la realidad la cuestión de la presidencia de los populares madrileños. Hablaron de la ambición nacional de Ayuso y de su supuesto deseo de sustituir a Pablo Casado.

Es un clásico de la política de comunicación: tomar un hecho verdadero -el deseo de Ayuso de presidir el PP de Madrid- y añadir mentiras creíbles para crear un relato dañino. Ese cuento obligaba a desmentir el presunto choque entre Casado y Ayuso, lo que alimentaba el bulo dando cuerpo al problema. En Valencia, sin embargo, tras meses de noticias, quedó claro que la presidenta madrileña es tan casadista como el que más.

Una vez que Pablo Casado cobró la potestas y la auctoritas en la Convención Nacional con un discurso liberal-conservador, la izquierda va a la yugular centrista. La estrategia es muy básica: el PP se aleja del centro y se abalanza sobre el votante de Vox con unos planteamientos similares a los de la “extrema derecha”. Es parte del juego para movilizar a la izquierda por el miedo y evitar que el millón y medio largo de votantes “huérfanos” que dejó Albert Rivera recale en el PP.

La izquierda dice que ser “ultra” es prometer la derogación de las leyes del Gobierno socialcomunista, y que contaron con el apoyo de los quieren romper el orden constitucional. En esas normas no hubo consenso político con la oposición ni con nadie. Recuérdese, por ejemplo, la Ley Celaá de educación, sacada por decreto en pleno estado de alarma, sin debate ni consultas. O en la ley de eutanasia, con la que se pretende hacer listas de médicos que se niegan para castigar con el señalamiento, en lugar de listas de médicos favorables.

En la opinión izquierdista ser “ultra” también es proponer una ley de integración de los inmigrantes. En consecuencia, la Unión Europea debe ser de “extrema derecha”, porque los artículos 79 y 80 del Tratado de Funcionamiento de la UE y el Nuevo Pacto sobre Migración y Asilo, de febrero de 2021, indican que son deseables leyes de integración en cada Estado miembro y que es humanitario luchar contra el tráfico de personas que supone la inmigración ilegal. No solo eso: Noruega, Suecia y Dinamarca deben ser países “ultras” porque desde 2015 tienen nuevas leyes de integración. Quizá es porque distinguen integración de “antiinmigración”, no como hace aquí la izquierda.

En esa idea de tirar al PP de Casado a la esquina derecha, dice la izquierda que no está bien afirmar que las leyes de “memoria histórica” han abierto más heridas de las que han cerrado. Que no es admisible solicitar una rendición de cuentas del presupuesto dedicado a las fosas comunes, ni aumentar la “memoria” a otras épocas. Porque esa izquierda sostiene que Franco está muy vivo pero que ETA ha muerto, por lo que hay que prohibir todo lo que huele a franquismo y permitir los homenajes a los etarras.

El votante de Vox sabe lo que quiere: echar a Sánchez y sostener su “batalla cultural”. La fidelidad de voto a ese partido es muy alta, más que al PSOE. Por tanto, si Casado buscara a ese electorado sería un mal negocio. No solo no conseguiría atraer nada que no esté dispuesto ya a volver al PP, sino que perdería por la izquierda. Es ahí, en el centro, donde la parte suculenta, los ex votantes de Ciudadanos que aún no han decidido su voto, puede dar la mayoría al PP.

Lo demás son gaitas y lo saben en Génova. La trayectoria llevada hasta ahora es la correcta: líder, partido y proyecto en la misma línea, con el adversario puesto entre ceja y ceja, como toca a todo partido de gobierno que quiera serlo. Hoy, la ampliación electoral está en el centro y ese viaje no es cancelable.

Por eso, la estrategia de comunicación de la izquierda contra el PP muestra que el PSOE de Sánchez no ha cambiado ni mejorado a pesar del despido de Iván Redondo. Son tantas las contradicciones y las mentiras del sanchismo que no extraña el resultado de la incisiva entrevista que le hizo Évole. Superficial y avergonzado, con más nervios que entereza, como si no hubiera aprendido nada de su paso por el Gabinete de Sánchez, Redondo fue la viva imagen de lo que es el proyecto de Sánchez. Demostró que en ese Gobierno no hay más que instinto de supervivencia, a cualquier precio, incluida la dignidad y la coherencia. Dejó patente que la única estrategia es animar el miedo y el odio al competidor, tanto como ceder a los que pueden aportar votos en el Congreso y cerrar el acuerdo para una mayoría hegemónica de socialistas y nacionalistas. Este es un país de muñecos rotos.

Los abucheos a Marlaska
Cayetano González. Libertad Digital 5 Octubre 2021

Ha perdido la 'auctoritas' que un ministro del Interior debe tener ante sus subordinados y ante la ciudadanía.

Los abucheos y gritos de "¡dimisión!" proferidos este domingo en Córdoba contra el ministro de Interior, Fernando Grande Marlaska, durante un homenaje a la Guardia Civil son un síntoma claro de que a este Gobierno de coalición PSOE-Podemos ya muy pocas cosas le van a salir gratis. Una parte de la sociedad está muy harta de las políticas de Sánchez y, ante la lejanía de unas elecciones generales, que es donde los ciudadanos pasan factura, de momento muestran su descontento con pitos y abucheos.

Otra cosa es el caso particular de Marlaska. Tradicionalmente, desde la Transición, los ministros de Interior han tenido, en mayor o menor medida, un importante apoyo popular. La mayor parte de los que han ocupado esa cartera salían bastante bien valorados en las encuestas. Es verdad que, en los años duros del terrorismo de ETA, los ciudadanos valoraban y apoyaban mucho a quien dentro del Ejecutivo tenía la máxima responsabilidad en la lucha antiterrorista.

Interior ha sido siempre uno de los ministerios clave. Un ministerio de Estado, se podría decir, porque las materias de las que se ocupa requieren un consenso y unas políticas que estén por encima de los intereses del partido que apoya al Ejecutivo. Con sus más y sus menos, tanto UCD como luego el PP y el PSOE han tenido presente esa singularidad.

Por eso la persona que ostenta la cartera de Interior debe estar por encima de los intereses partidistas de quien la ha nombrado y además ganarse el respeto y la consideración de los servidores del Estado que están a sus órdenes: los miembros de la Guardia Civil y del Cuerpo Nacional de Policía.

Marlaska, que llegó al ministerio con un reconocido prestigio tras su paso por la Audiencia Nacional, lo ha ido dilapidando poco a poco, con actuaciones y declaraciones polémicas que han creado malestar no sólo en una parte de la opinión pública, sino en el seno de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.

Episodios como la destitución del coronel Pérez de los Cobos por negarse a informar a sus superiores sobre la investigación que por orden judicial estaba llevando a cabo la Guardia Civil sobre las circunstancias que llevaron a las autoridades sanitarias a no poner pegas a la manifestación feminista del 8-M de 2020 en Madrid; las explicaciones que dio en el Congreso sobre el caso; el numerito que montó a raíz de las supuestas amenazas de muerte contra él, la directora general de la Guardia Civil y Pablo Iglesias durante la campaña de las elecciones autonómicas madrileñas del pasado mayo, que luego quedaron en nada, son algunas de las cosas que han hecho a Marlaska perder la auctoritas que un ministro del Interior debe tener ante sus subordinados y ante la ciudadanía.

Una ciudadanía que sabe también que Marlaska ha sido quien ha pilotado la operación bautizada por el portavoz del PNV en el Parlamento vasco, Joseba Eguibar, como "cinco a la semana", en referencia a los acercamientos de los presos de ETA a cárceles ubicadas o cercanas al País Vasco, que todos los viernes, durante el último año, Interior ha ido llevando a cabo. Sabido es que estos acercamientos son una vieja reivindicación de Bildu, los herederos políticos de la banda terrorista, con los que el Gobierno de Sánchez tiene tan buen trato y con los que pacta en el Congreso o en Navarra.

A muchos observadores de la actualidad les llamó la atención que Marlaska no estuviera entre los ministros destituidos por Sánchez en julio. Sus razones tendrá el presidente; pero, en cualquier caso, Fernando Grande Marlaska no pasará a la Historia como un buen ministro del Interior. En el elenco de personas que han ocupado ese cargo en Gobiernos del PSOE, los Barrionuevo, Corcuera, Asunción, Alonso o Rubalcaba están muy por delante de este juez metido a político. Al menos, a diferencia de Garzón, sí ha llegado a ministro. Algo es algo.

 


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