AGLI Recortes de Prensa   Jueves 7  Octubre  2021

Por qué quiere el Gobierno someter por completo al Poder Judicial
EDITORIAL. Libertad Digital 7 Octubre 2021

Ante tan clamorosas pretensiones totalitarias, lo único que cabe es recurrir y confiar en lo que queda de independencia de nuestro Poder judicial

Esta vez Vox no se ha quedado solo pidiendo la intervención del Tribunal Constitucional (TC) ante las escandalosas vulneraciones de la Carta Magna que perpetra el Gobierno de Pedro Sánchez y sus aliados chavistas. Y es que Pablo Casado ha anunciado este miércoles que el PP llevará ante el alto tribunal la aberrante Ley de Vivienda probada por socialistas y comunistas, un bodrio jurídico liberticida contra el que un día antes también anunciaba recurso la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.

Hacen bien los partidos constitucionalistas en recurrirla y no aplicarla en las comunidades que gobiernan, pues constituye una cuasi expropiación del derecho a alquilar y un ataque formidable contra la libertad contractual y el derecho de propiedad. No es de extrañar, en este sentido, que los promotores de viviendas hayan alertado del parón de la construcción y de los demás efectos perniciosos que va a generar la enésima fechoría social-comunista.

Cuando un Gobierno se muestra tan decidido a dinamitar las reglas constitucionales del juego, toca encomendarse al Poder Judicial. De ahí la obsesión social-comunista de someterlo por completo, evidenciada en su persistente negativa a que los miembros del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) dejen de estar designados en su totalidad por el Legislativo.

Esta pulsión totalitaria, lejos de atenuarse, no hace sino acrecentarse. Así, fuentes del Tribunal Supremo (TS) han denunciado a El Mundo que la "resistencia" del Gobierno está frenando la extradición del prófugo Carles Puigdemont, mientras el Tribunal Constitucional sale al paso de las intoxicaciones del Ejecutivo y avala públicamente la vigencia de la euroorden de detención del golpista dictada por el TS.

También este miércoles, socialistas y comunistas han visto cómo el Tribunal Constitucional tumbaba su esperpéntico recurso contra la prisión permanente revisable, aprobada por el anterior Gobierno del PP. Eso, veinticuatro horas después de que, gracias a un recurso de Vox, declarara la inconstitucionalidad del antidemocrático cierre del Parlamento durante el estado de alarma por vulnerar el derecho al control parlamentario. Si a todo esto se añade la reciente declaración de inconstitucionalidad del estado de alarma, igualmente recurrido por la formación de Abascal, cabe hacerse una muy precisa idea de hasta qué punto el control y la sumisión total del Poder Judicial es un objetivo crucial para Sánchez y su banda.

Resistir a esa pretensión debe ser una absoluta prioridad para quien quiera liderar la oposición y ofrecer una alternativa creíble a este Gobierno infame.

Cuidado, que Pedro Sánchez se le mete en casa
OKDIARIO 7 Octubre 2021

No hace falta ser un lince para concluir que la futura Ley de Vivienda del Gobierno socialcomunista está inspirada, en parte, en el régimen bolivariano de Chávez, pues es de sobra conocida la fascinación que los socios podemitas de Pedro Sánchez tienen por Venezuela -no en vano ha sido la mano que les dio de comer-. En 2011, en Venezuela se aprobó la ley para la regularización y control de los arrendamientos de vivienda, cuyo espíritu queda condensado en este párrafo: «La desocupación de viviendas es contraria al interés social e implica una contribución tributaria especial para las propietarias y los propietarios, que será establecida en esta ley y determinada por el organismo encargado de velar por su cumplimiento, como medida para promover el arrendamiento de viviendas desocupadas que no se ofrezcan en venta, atendiendo a las necesidades sociales en la materia». Eso es lo que decía la ley bolivariana, aunque en la práctica lo que ocurrió es que miles de casas propiedad de venezolanos exiliados fueron okupadas de manera irreversible.

Aquí, en España, los Ayuntamientos podrán castigar a los propietarios de casas desocupadas con un incremento del 150% del IBI. Obsérvese que todas las medidas de corte intervencionista planteadas por el Ejecutivo socialcomunista responden a su incapacidad para fomentar la vivienda pública. O sea, que como son una nulidad para gestionar, traspasan el problema sobre los hombros de millones de particulares en un ataque a la propiedad privada propio del populismo de ultraizquierda.

Sánchez ha cedido ante Podemos y pasado por el aro de sus pretensiones, pero sólo logrará castigar a aquellas Comunidades y municipios gobernados por la izquierda. Serán los ciudadanos de esos territorios quienes comprueben en sus carnes y bolsillos cómo se las gasta el socialcomunismo. Tendrán ocasión de experimentar en primera persona las consecuencias de votar a quienes la propiedad privada de los otros les importa una higa, siempre que ellos -claro está- no prueben nunca su propia medicina.

Vuelta al comunismo
Sin los comunistas, no resulta verosímil que Sánchez vuelva a La Moncloa después de las próximas elecciones.
José María Marco. larazon 7 Octubre 2021

Pronto se verán los efectos de la nueva ley de vivienda, la primera que se promulgará en democracia según ha declarado el propio gobierno. Hay otras soluciones, pero han primado las buenas intenciones izquierdistas y la desconfianza ante los mecanismos de mercado y la propiedad privada. Tendrán como consecuencia una rigidez aún mayor y con ella más regulaciones, más costes por tanto, reducción de oferta e incremento de la economía sumergida, con mayores tensiones sociales y más desconfianza. No se persigue otra cosa, sin duda: los comunistas nunca han tenido otro objetivo que no sea el de destruir la sociedad de la que viven. Lo del bono joven, por su parte, parece más que nada una medida de última hora destinada a que lo que queda de un PSOE que se dijo socialdemócrata acepte una medida difícil de digerir. Además de ser tratados con un paternalismo repulsivo, los jóvenes sirven de moneda de cambio para las maniobras partidistas del gobierno presidido por Pedro Sánchez.

Más interesante es lo que el proyecto de ley ha revelado, tanto en la tramitación como en el fondo, acerca de la naturaleza de este gobierno. En su papel de árbitro supremo, sobre Sánchez ha recaído la responsabilidad, también histórica, de haber borrado la frontera entre el PSOE y UP. Se suele decir que en las coaliciones de gobierno el grande se come al chico. No siempre ocurre así, como se ha demostrado en Alemania, y en nuestro país, aunque el desplome de UP resulte llamativo, no lo es menos que el PSOE hace suyas más y más premisas y propuestas procedentes de su izquierda. No sabemos hasta dónde llegará esta deriva en la que el grande, más que comerse, se mimetiza con el chico.

También llama la atención la carrera triunfal de Yolanda Díaz, que acumula victoria tras victoria frente al PSOE y se afianza como figura emergente entre la antigua izquierda indignada. Acabado –mal– el liderazgo adolescente de Pablo Iglesias, surge un personaje que resulta nuevo precisamente en la medida en que se aleja del Podemos abrasado por su grupo dirigente original. Todavía no sabemos si es un aggiornamento de aquel movimiento, o si se trata de algo distinto…

Claro que en este último caso la novedad es muy relativa, porque con Yolanda Díaz vuelve Izquierda Unida, es decir el comunismo clásico. Después de muchos años, queda restaurada la división clásica de la izquierda entre comunismo y socialismo. Con la particularidad, eso sí, de que el socialismo ya no considera al comunismo un adversario, o un enemigo, como lo fue durante mucho tiempo, sino como un aliado, y de los estratégicos, porque sin los comunistas, no resulta verosímil que Sánchez vuelva a La Moncloa después de las próximas elecciones. Además, Sánchez y el nuevo socialismo requieren una cierta unidad de la izquierda situada a su propia izquierda, y la nueva líder comunista parece ir varias cabezas por delante de los demás, incluido el niño mimado y posmoderno del populismo podemita, como era Errejón.

Y aquí se suscita una última y fascinante incógnita, y es comprobar hasta qué punto los jóvenes están dispuestos a respaldar con su voto algo tan extraordinario como es el comunismo en el siglo XXI. Pablo Iglesias, sus colegas –y tal vez Errejón, antaño el preferido del PSOE– no lo consiguieron (y Madrid es el último ejemplo). Si lo logra Yolanda Díaz, habrá que reconocer su instinto… y una casi patética falta de información y de cultura política entre el electorado joven. Después de la indignación y la casi apocalíptica crisis de representación, los comunistas clásicos vuelven a seducir a una parte importante de los jóvenes españoles… Digno tema de reflexión para una de esas batallas culturales de las que tanto se habla.

La alegría de repartir pasta ajena
Itxu Díaz. https://gaceta.es 7 Octubre 2021

El socialismo es la envidia después de enrollarse con la burocracia. Y es un misterio. Jamás ha solucionado ninguno de los problemas que prometió resolver y, sin embargo, insiste en sus recetas con la tozudez de un tradicionalista, pero sin su atino, y a menudo sin sus lecturas. Lleva siglos prometiendo arreglarte la vida con tu propio dinero y finalmente, se lleva la pasta, y deja las cosas peor que estaban. Pero aun así, para los que deberían ser, aún son pocos los que piden la hoja de reclamaciones.

La buena noticia es que las nuevas generaciones del socialismo español no son socialistas. Decir que Pedro Sánchez es socialista es como decir que yo soy ginecólogo. Algo he oído hablar del asunto, pero con toda honradez, no te recomiendo que vengas a mi consulta. Lo único que podría hacer socialista a Sánchez es una cierta adicción a la envidia, pero ni eso, que a fin de cuentas es un tipo que todo lo que sabe de la clase trabajadora es que, si vas a verlos a la hora del bocadillo, podrían mancharte el traje. Observación perspicaz, quizá, pero no -cómo decirlo- genuinamente proletaria.

Sin socialismo, lo que queda es una izquierda identitaria aburridísima pidiendo a gritos soluciones a problemas que nadie tiene. Y la compra de votos. Y ahí es donde Sánchez acaba de ponerse a trabajar. Hace unos meses intentó comprar a los escritores y le salió mal, porque hizo el anuncio a una hora en la que la mayoría estábamos durmiendo o buscando desesperadamente las píldoras contra la resaca. Incluso para ir de compras, debes antes conocer el producto.

Ahora intenta comprar a los jóvenes y a los artistas con un bono cultural de 400 euros. Me muevo entre dos aguas. Admito que, si la mayoría de los jóvenes dedican los 400 pavos a comprar mis libros, podría hacer la vista gorda sobre mis principios. Si los dedican a ver películas de aquel chico que cantaba Groenladia en los 80 y luego lo estropeó todo, mis principios emergen con virulencia. Y algo me dice que se harán largas colas para ver el tradicional surtido de tetas intelectuales del cineasta manchego antes que en la entrada de las librerías. Y algo nunca se equivoca.

Al final, siempre terminan empleando las recetas de Zapatero. Para los que lo hayan olvidado, fue el presidente más bobo de la Historia de España, y dejó el país a la altura de sus inquietudes intelectuales. Lo único que hizo bien es el mal. Recurrir a sus bonos, a sus Plan E y otras ideas brillantes, es una forma bastante eficaz de volver a dejar España como un solar.

El problema del socialismo revisitado de Zapatero y Sánchez es que gastan con la alegría de un borracho, pero a la mañana siguiente el dolor de cabeza lo tenemos todos los demás. Por otra parte, aunque dominan el arte del despilfarro, jamás han generado un maldito euro para los españoles, sin haberles quitado seis antes.

Alguien me dirá que, si van a tirar el dinero, mejor es que lo arrojen al pozo cultural, y no que lo dediquen a financiar secesionismos, observatorios, o cambios de sexo, que son las tres maneras que tiene el socialismo moderno de reactivar la economía. Y es cierto. “Al menos”, me decía un músico hoy, “no se lo gastan en putas como en Andalucía”. Visto así, demos gracias a Dios también por las suculentas partidas destinadas a frenar el cambio climático, porque al menos ese dinero no irá destinado a financiar, no sé, el tráfico de hachís. Pero recuerdo con melancolía aquella época en que aún creíamos que el Gobierno estaba para resolver problemas, no para crearlos.

Con la pandemia ha crecido este sentimiento. Y es un sentimiento bastante profundo, quizá porque nace de la desesperación de muchas personas a las que han arruinado. Una voz que le dice al Gobierno “no me des nada. Solo te pido una cosa: déjanos en paz”.

A propósito. Estaré firmando bonos culturales la semana que viene en Fnac Callao.

‘El informe aprobado en la Eurocámara que señala a China como una amenaza supone un cambio histórico’
https://gaceta.es  7 Octubre 2021

El eurodiputado de VOX Hermann Tertsch ha manifestado que el informe aprobado en el Parlamento Europeo sobre las relaciones de la Unión Europea con China supone un «cambio histórico» al establecer que supone «una amenaza para el mundo libre».

«Hemos estado 40 años engañándonos sobre China, pensando que el régimen se iba a ir abriendo y ha sido todo lo contrario (…). Nos ha llevado a una situación en la cual su política exterior es una amenaza seria para Occidente y su política interior contradice todos los principios de la Unión Europea y es de una brutalidad inaudita», señala en un comentario editorial para La Gaceta de la Iberosfera.

El Parlamento Europeo exigió este jueves la UE reitere su exigencia a China sobre el respeto a los Derechos Humanos, en especial en Xinjiang y Hong Kong.

En un informe aprobado con 570 votos a favor, la Eurocámara aprobó su estrategia hacia China basada en el respeto a los Derechos Humanos. «Debemos no ser inocentes cuando lidiamos con China, a la vez que es un importante socio comercial es un rival sistémico que representa una amenaza a nuestro modo de vida», señaló la liberal belga Hilde Vautmans, ponente del informe.

Así, subrayó que los beneficios económicos no deben hacer que la UE mire a otro lado con respecto a la agenda del Partido Comunista Chino, incluida su política exterior cada vez más agresiva y la represión en algunas regiones. «Debemos defender nuestros valores e intereses con una autonomía estratégica en áreas como el comercio, la seguridad y defensa o el área digital», defendió.

Carlos Dávila Espinoza y la leyenda negra
Carlos Dávila. okdiario  7 Octubre 2021

Carlos Dávila Espinoza -nada que ver, que se sepa, con el cronista- fue un político chileno que, curiosamente, nació y murió en Estados Unidos. Antes de ser abogado empezó su vida laboral como corrector de pruebas del principal periódico de su país: El Mercurio, luego, para su desdicha según él mismo dejó escrito, se metió en política. Primero en el Partido Radical y luego en el Partido Socialista. Aquí prosperó tanto que en 1927 ya era nombrado embajador en USA. Chile era entonces un gran caos y en 1932, junto con otros socios, llegó al poder para fundar un propósito fallido: la República Socialista. El intento duró apenas cuatro meses, los que tardaron en propinarle un golpe militar, antecedente quizá de Pinochet y sus genocidas. Y se fue por donde vino: a Norteamérica. Allí terminó sus días.

Pero antes, dejó escrito un libro encomiable. Su título: Nosotros los de las Américas, editado en 1950. “Una expresión -decía su publicidad de entonces- de fé en las Américas, pero de poca esperanza pues ellas parecen haber llegado por fin al acuerdo de borrar al Nuevo Mundo del mapa y de la Historia”. Desde luego, analizando lo que va desde ese ayer, cuando él redactó su libro-protesta, hasta hoy, quizá «sus» Américas, las que él dio por perdidas, se han transmutado verdaderamente en otra cosa, en una mayoritaria desgracia de facinerosos marxistas que dirigen dictadores sanguinarios Por de pronto, en una acumulación de republiquetas que ahora mismo, con sus dirigentes en cabeza de la manifestación, no sólo están abjurando de toda la huella colonial española, sino que, directamente, la están malversando, liquidando más bien. Por eso, el libro mencionado me parece bien traído a este momento en que sujetos como el cántabro presidente de México, López Obrador, nos exigen que pidamos perdón por los muy discutibles desvaríos que perpetraron sus antepasados, no lo nuestros. A este respecto una anécdota significativa: en la República, un reputado socialista se dirigió a un liberal de lujo como Salvador de Madariaga para increparle de esta guisa: “Tenemos que reconocer que nuestra conquista de América fue todo menos ejemplar, nuestra civilización llenó de enfermedades aquellos territorios y los españoles cometieron los más horribles crímenes en masa”. Madariaga, muy sereno, sólo replicó así a aquel mendrugo: “Pues, hágaselo mirar, señoría; serían sus antepasados, porque los míos se quedaron aquí”.

Vuelvo a Dávila Espinoza y a su referencia a la leyenda negra. De entrada califica a España como “la cenicienta” de todos los estados que han pasado por el Nuevo Continente: desde los ingleses, que nunca se mezclaron con nadie, hasta los holandeses que tomaron como falsilla el libelo de Fray Bartolomé de las Casas Brevísima historia de la destrucción de las Indias, para emprender una campaña multisecular contra España que ahora mismo se está agudizando. Es decir, que esa obra del cura español fue y está siendo todavía la “munición de los flamencos contra España”. Fíjense en este detalle: el benefactor amigo que me ha remitido el libro de Dávila, está casado con una paisana de Róterdam, y denuncia que la obra del chileno que antes se podía hallar en las librerías de viejo, ha sido sorprendentemente arrumbada, hasta el punto de que ya no se encuentra por parte alguna del país. También se chotea directamente nuestro autor americano de este dogma que estos días ha reaparecido con más asiduidad que nunca: Escribe: “¿Quién se cree realmente que todos los indios eran unos caballeros y los españoles unos bellacos crueles?”.

Añade a continuación: “Bajo el embrujo de la “Leyendas Negra” se condenaron sin más ni más todas las instituciones coloniales hispanoamericanas. Si se hubieran analizado, habrían revelado un cuadro muy distinto. Basta leer las nuevas leyes de 1542, la Recopilación de Indias de 1680, u ojear los inmensos volúmenes de Cédulas Reales para comprender que el “estado de derecho” por el cual España gobernaba a América era por lo menos igual a los procedimientos jurídicos existentes en cualquier otra parte de ese tiempo”. Y continúa con un un recuerdo muy pertinente para la actualidad: “Los conquistadores -bien lo sabemos hoy- no fueron ni más ni menos que hombres de su época. Ni fueron peores que las atrocidades de las guerras civiles entre los conquistadores mismos, ni tampoco fueron nada peor de lo que ocurría en las colonias holandesas, francesas e inglesas en América”. Si algun curioso quiere encontrar un complemento de esta afirmación del socialista Dávila Espinosa escrita en 1950, no tiene más remedio que acudir al memorable libro de la profesora María Emilia Roca Barea: “Imperiofobia y leyenda Negra”. Roca afirma, como aportación inicial a la entraña de la tal leyenda, que los peores suministradores de todas las dudas y hasta las atrocidades de las que los demás se han valido para despellejarnos, somos nosotros, españoles. Refiere al respecto la opinión del pensador francés Pierre Chaunu: “La leyenda negra es el reflejo de un reflejo, una imagen doblemente deformada, la imagen exterior de España, tal y como España la ve”. Para que vayamos aprendiendo.

A más a más, la obra “Nosotros los de las Américas”, denuncia que “El hecho sorprendente y a menudo olvidado es que el derecho español hacía hincapié en la defensa de los indios y de la masa del pueblo contra la opresión de los funcionarios del Gobierno y las plutocracias criollas”. Y finalmente: “La oscura leyenda colonial… quiere hacer olvidar que durante 300 años todo el énfasis del Nuevo Mundo, no descansó en los pueblos de habla inglesa sino en los de habla española y portuguesa, al Sur de Rio Grande y al Oeste del Misisipi (sic)”. Hace unos dias, el estulto leninista Pablo Iglesias que, por cierto ya ha abandonado el chaletón de Galapagar y en consecuencia a su señora de hecho, se refería sin el menor pudor a ese repetido y cerril genocidio que autores como el chileno socialista Dávila Espinoza desmienten radicalmente. Lo que se lleva ahora son juicios de valor como el de este simulador de cultura que cuenta además, con el patrocinio del Gobierno de Sánchez, que no ha hecho una sola matización al acoso y derribo que sufrimos los españoles por parte del comunista feroz e iletrado López Obrador. Testimonios como el que he citado deberían valer para lo contrario, pero, como escribió Chaunu y recopila Roca Barea, los españoles somos los peores enemigos de nuestra Historia y por tanto de nosotros mismos.

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Demasiado gasto y previsiones irreales
Pedro Pablo Valero. vozpopuli.es 7 Octubre 2021

No es de recibo que, en este próximo 2022, se supone que ya acabado lo peor de la emergencia sanitaria, sigamos sin poner orden en las cuentas públicas
El Gobierno aprueba los presupuestos de 2022 y dispara el gasto público a nivel récord

Había pocas dudas sobre el sesgo ideológico que iba a impregnar los PGE de 2022 teniendo en cuenta la necesidad de contar con el apoyo parlamentario de UP, ERC, Bildu etc...Sin embargo, existía la esperanza de que, estando una reconocida profesional como Nadia Calviño dirigiendo el área económica, y tras el varapalo del crecimiento del PIB del pasado trimestre, se acercaran un poco más a la racionalidad.

Hay que recordar que el hace nada el INE publicó que la economía española creció un 2,8% en el segundo trimestre y finalmente esa cifra fue rebajada hasta el 1,1%. Esto ha provocado una reacción en cadena de todos los analistas suavizando la expectativa de crecimiento para 2021, aunque se supone que el tercer trimestre recogerá parte de ese ajuste y será mejor de lo esperado. El consenso ahora dice que en 2021 creceremos bastante menos de lo que preveía el Gobierno, e incluso de lo que se apunta a día de hoy.

Previsiones no muy exactas
El Ejecutivo asegura que creceremos este año el 6,5% contra un 5,5%-5,8% de rango del consenso de los analistas. Estamos en octubre y las previsiones parecen no muy exactas. Eso ya de por sí despierta recelos respecto a lo que predicen para 2022 que es, básicamente, que se crecerá un 7% con un déficit público del 5% (creen que 2021 cerrará en un 8,4%), la tasa de paro bajará hasta el 14,1% (descuentan este año se acabará en un 15,2%) y la deuda pública supondrá el 115,1% en 2022 contra un 119,5% que creen será el nivel de cierre de 2021.

Llegarán los fondos, pero no serán gratis
Que estas previsiones no sean muy realistas es, desgraciadamente, algo muy común, y ha ocurrido también con otros gobiernos. Pero en este caso se antoja aún más grave el hecho de que estén tan alejadas de la realidad con unos PGE reyes del gasto público. Eso implica que como el gasto va a crecer en forma indubitable y señalada, si se crece menos y se recauda menos, peligrará tanto la creación de empleo y, lo que es más grave e inquietante, el diseño total de nuestras cuentas públicas. Como ya hemos tenido demasiadas prórrogas a causa de la pandemia, es necesario tener en cuenta que este optimismo gubernamental con esa previsión de un crecimiento del 7% viene de la mano de una confianza ciega y casi desesperada en la acción benéfica y beatífica de los fondos europeos. Que estoy seguro llegarán, pero que también debemos tener claro que no serán gratis.

Nada menos que 248.000 millones de euros es la cifra récord que los PGE de 2022 incluyen en políticas sociales. Un 46% más de fondos a políticas de vivienda, un 83% más para iniciativas para jóvenes (parte de las cuales consiste en entregar unos bonos de 400 euros para gastar en “cultura” que seguramente acabe gastado en ocio) y 2.199 millones –la cifra más alta de la historia- en becas. Dependencia crecerá un 23,3%, Sanidad un 11% y Educación un 2,3% (aunque el grueso de esos gastos está transferido a las CC.AA.). Además, hay una "apuesta sin precedentes" por la I+D+i y la digitalización, con partidas de casi 13.300 millones.

Todo esto es puro márquetin ya que la partida principal seguirá siendo pensiones. ¡Todavía recuerdo cuando alguno que hoy aplaude a este Gobierno criticaba cuando Cristóbal Montoro incluía las pensiones en gasto social! La cifra de gasto en pensiones será un 4,8% más que en 2021 y supondrá un desembolso de dinero público de 171.165 millones de euros, todo con la previsión de un incremento de la pensión contributiva del 2,2% y de las mínimas del 3% que, a su vez, hará subir el importe del IMV o Ingreso Mínimo Vital. En resumen, que la única partida de gasto social que bajará será la destinada al desempleo al haber menos parados cobrando.

¿Y los ingresos? Pues aparte de la algarabía con lo del tipo mínimo del 15% para el impuesto de Sociedades, que apenas supondrá unos 400 millones de euros extra, todo se fía a que aumente la recaudación por la mayor actividad económica. Para 2022 esperan que los ingresos fiscales crecerán un 8,1%.

En resumen, mucho gasto, gasto además que no es en infraestructuras o en inversiones duraderas sino en pagar a la gente para que consuma, y esperar que ese consumo genere crecimiento y mayores ingresos tributarios. Como ya de por sí son irreales las previsiones para este año, puesto que siguen insistiendo en un crecimiento del PIB del 6,5%, creo que resulta evidente que no es la exactitud lo que buscan sino el poder encontrar suficientes votos para poderlo sacar adelante. Y las cuentas públicas lo pasarán muy mal porque ya estamos en máximos de deuda pública respecto al PIB, tenemos un desajuste entre ingresos y gastos espectacular, y no es de recibo que, en 2022, se supone que ya acabado lo peor de la emergencia sanitaria, sigamos sin poner orden en las cuentas. Todo eso además sin saber si el coste de la energía o los tipos de interés pueden empeorar aún más las cosas, expectativas que a día de hoy parecen más probables que el que crezcamos un 6,5% este año.

Sánchez, vente para la UAB
Teresa Giménez Barbat. okdiario 7 Octubre 2021

Y verás cómo los fascistas que se llaman a sí mismos antifascistas destrozan los tenderetes de quienes se atreven a decir que son españoles. Lo lleváis permitiendo año tras año porque sois unos cobardes y sólo queréis vuestro sillón. Y hablo de todos los gobiernos que ha tenido España, socialistas o populares, aunque nunca se habían alcanzado cotas de ignominia y cobardía como con vosotros, aceptando como socios “normales” a la extrema izquierda y a los independentistas después de que promovieran un golpe político. Por vuestra culpa somos el hazmerreír de Europa, con ahora mismo un juez como Llarena tratado como el pito del sereno. No sé si tú y los tuyos dormís bien por la noche, porque los nuevos privilegios y ventajas que disfrutáis parecen haber aplacado vuestras dudas y resquemores de antaño. Pero seguís dando de comer a la fiera, y las consecuencias de todo eso deberían caer sobre vuestras cabezas.

Me indigna. Me indigna y me enfurece lo que permitís en la universidad. La carpa de S’ha acabat! ha sido destrozada y los jóvenes que la habían puesto, insultados y humillados a pesar de los esfuerzos de la vigilancia privada de la UAB. Porque los ‘Mossos’ no han hecho acto de presencia.

La universidad vive horas muy bajas en cuanto a libertad política, intelectual y de expresión. Que gente como los de S’ha acabat! tengan que defender contra viento y marea la neutralidad ideológica universitaria y denunciar los casos de politización en las aulas es una de sus más ominosas señales. No son las universidades catalanas una anomalía. Por desgracia es bastante general. Es la revolución de los niñatos, alumnos que no van a aprender, sino a amedrentar. Mimados que quieren imponer su voluntad como llevan haciendo en su casa desde criaturas.

La universidad es un parvulario peligroso, con mucha testosterona y poca reflexión. Esos jóvenes de S’ha acabat son particularmente valientes. No es fácil para la gente de su edad salirse del guion de la mayoría. Estarían mucho más tranquilos si no se hicieran notar. Si siguieran la corriente, incluso conseguirían más ventajas para su carrera y su futuro. No debería ser así. No es justo que no les defiendan ni este rectorado y ni esa parte del profesorado que prospera groseramente en el medio. La otra, la que se rebela contra el statu quo nacionalista, la que aún conserva el amor al pensamiento y a la libertad de expresión es escarnecido.
Incluso en medios subvencionados por todos como Cataluña Radio.

Esta misma semana, una de tantas oportunistas, una presentadora de la que no voy a dar ni el nombre, les deseaba un «buen día de mierda» a todos los profesores universitarios que enseñan en castellano. ¿Su pecado? Que cuando cambian de lengua porque alguien no entiende se pasen del catalán al castellano. «Porque del castellano al catalán no pasa nunca», dijo la talibán. Al parecer han de valorarse más las cuestiones sentimentales sobre la lengua que el hacerse comprender por todos los alumnos.

Me gustaría saber si alguno de esos profesores que se niegan a cambiar de lengua al español -aunque algún alumno se quede in albis- habrá bajado a mostrar su oposición a los ataques contra los miembros de este colectivo. Ojalá haya algún docente nacionalista que aún sepa distinguir entre sus ideas respecto al uso de la lengua en el aula y el derecho de los estudiantes a denunciar esa última campaña del Govern que pretende elaborar listas de los profesores que dan sus clases en español. Pero no soy muy optimista.

Se debió haber acabado
https://gaceta.es/ 7 Octubre 2021

La universidad debería ser hoy, en democracia, mucho más de lo que fue en dictadura, pero es todo lo contrario. Es decir: mucho menos. La universidad debería ser un lugar donde el debate libre de ideas, la controversia y la discusión académica, forjaran el paso de la adolescencia hacia la madurez. Un taller de ciudadanos críticos y formados, siempre respetuosos con el derecho a la libertad de pensamiento y a la libertad de expresión, que comprendiendo que las verdades absolutas son raras de encontrar, forjaran su pensamiento e incluso su liderazgo como reemplazo inminente en el mando de una sociedad plural.

La inmensa mayoría de las universidades de Occidente son nada de todo lo anterior, como ayer se demostró —una vez más— en el campus de Bellaterra de la Universidad Autónoma de Barcelona, cuando el separatismo de corte izquierdista destrozó, con la vergonzosa complicidad pasiva del rector Lafuente y con la ineficacia tradicional de la policía catalana al servicio del nacionalismo, una carpa de la organización universitaria «S’ha Acabat!» que pugna por la libertad de pensamiento en los campus. Una libertad que el nacionalsocialismo catalán, como el comunismo del resto de España, aborrece.

Desde que el primer decano de una facultad consintió que una minoría de alumnos impusiera con violencia e intimidación la censura del pensamiento; desde que el primer rector de la primera universidad se acochinó ante un escrache y no ordenó la expulsión inmediata a los liberticidas de las ideas, de cualquier idea… desde ese día, la universidad apenas es una fábrica mediocre y endogámica de títulos por la que pasan miles de jóvenes sin que la universidad pase por ellos.

La inmensa mayoría de los centros universitarios, sobre todo los públicos, pero no pocos privados en todo Occidente, está infectada por la idea de que una parte del alumnado tiene el poder legítimo de decidir qué ideas pueden traspasar los muros de las facultades. Esta aberración a los principios esenciales del debate libre, incluso apasionado, que es la esencia del ser universitario y que es piedra angular de la libertad de cátedra, debió haberse acabado desde el mismísimo primer día en el que un iluminado autoproclamado antifa decidió interrumpir a un conferenciante o a un profesor y exigirle que se callara.

Para eso sólo hubiera hecho falta que a la matrícula acompañara una declaración firmada en la que el alumno se comprometiera, so pena de expulsión inmediata, a comportarse como un estudiante universitario y respetara la libertad de cátedra, de pensamiento y de expresión. Sin rehuir el debate.

No era tan difícil. Y sigue siendo fácil. Sólo se necesita que haya un rector, al menos uno, que merezca ese nombre y que entienda que ubi libertas, ibi patria. Por supuesto, el rector de la UAB, Javier Lafuente Sancho, jamás lo entenderá, y no porque no sepa latín, que tampoco. Quod natura non dat…


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