AGLI Recortes de Prensa   Jueves 21  Octubre  2021

Presupuestos: apoteosis de gasto letal y regresiva
Miguel Ángel Belloso. okdiario 21 Octubre 2021

Un presupuesto, y sobre todo si es el del Estado, es algo muy serio. Es el principal instrumento de política económica y el que envía a los agentes sociales el mensaje sobre las pretensiones del Gobierno de turno, y así siembra las expectativas, positivas o negativas, y alienta los incentivos, favorables o perversos, para acomodarse a la situación. Desde este punto de vista, los presupuestos elaborados por Sánchez para 2021 son irresponsables y nefastos. Una premisa imprescindible para construirlos de manera ortodoxa debería ser la de incorporar unas previsiones de crecimiento económico ajustadas a los datos ofrecidos por los institutos oficiales independientes, así como por las casas de análisis y servicios de estudios que se dedican a este objetivo y a él deben su modo de vida y cuenta de resultados.

Pues bien, la realidad es que el cuadro macroeconómico que ha servido de base para elaborar estos presupuestos es ficticio, porque el PIB va a crecer menos de lo que presume el Gobierno, y en consecuencia los ingresos estarán por debajo de lo pronosticado, los gastos más arriba de lo previsto y el déficit correspondiente será mayor del que figura en los documentos oficiales. Se han hecho además con una estimación del precio del crudo, del que tanto dependemos, que ya ha sido ampliamente rebasada por la realidad. A esto normalmente se le llama voluntarismo, que es lo contrario a estar pegado a la realidad. O sencillamente el delirio.

Para hacer los Presupuestos, Sánchez cuenta con una aportación de fondos comunitarios de 27.000 millones provenientes de la Unión Europea, pero esta suma ingente de recursos está condicionada a una serie de reformas que deben ser aprobadas por Bruselas y que son incompatibles con las pretensiones de Podemos, el socio comunista del Consejo de ministros.

De hecho, y según vamos conociendo estos días aciagos para el destino de la nación, el Gobierno va a aprobar con la Comisión Europea una suerte de memorándum, que no va a hacerse público, con la relación de las transformaciones estructurales a los que se compromete a cambio de recibir estas dotaciones multimillonarias. ¿Por qué no se va a hacer público, por qué se va a ocultar esta información crucial?

Esto es algo insólito, como igual de claro que ninguno de los cambios legales con los que deberemos honrar a los redivivos hombres de negro, que ya están preparados para juzgar a España, serán del agrado de los socios comunistas, y que esto aboca a dificultades extraordinarias para la supervivencia y la estabilidad del actual Ejecutivo. Los fondos que llegarán de Bruselas son incompatibles con Podemos, o por decirlo de manera más jugosa, con la vicepresidenta Yolanda Díaz, esa que dice el emasculado Iván Redondo que será la nueva líder de España. ¿Cómo se puede ser tan necio?

Si tenemos la suerte de que el nuevo ministro de Economía del próximo Gobierno alemán sea el liberal Lindler no habrá paz para los malditos. Aunque la izquierda dirija el país capital Berlín, las condiciones para cumplir con las reglas del pacto de estabilidad regresarán a Dios gracias, desenmascarando a los líderes gorrones y oportunistas como Sánchez, y se recuperarán viejos ímpetus memorables, ahora aparcados, como que la deuda pública de los estados miembros no pueda superar a largo plazo del 60% del PIB.

Todos los mensajes que envía el presupuesto español hecho a prisa y corriendo por este pistolero ensalzado hasta el extremo en Valencia el pasado fin de semana, que no para en barras, son disuasivos y espurios. Son los contrarios a los que necesitaría un país para crecer sanamente y con provecho. Incluye un desembolso de 30.000 millones en gasto estructural que nada tiene que ver con las urgencias de la pandemia, solo con la voluntad de favorecer a los pensionistas, a los funcionarios y ahora a los jóvenes, que son los tres caladeros de votos con los que Sánchez ambiciona garantizar su continuidad.

Creo que la gente corriente entiende lo que es un gasto estructural, pero por si acaso es aquel que se enquista con vocación de permanencia, y que se reproduce indefectiblemente cada año, recortando el margen de maniobra fiscal, salvo que se decida dar un vuelco por completo a las leyes arrostrando las consecuencias electorales correspondientes, como le sucedió a Zapatero cuando fue obligado a desdecirse de todas sus ridículas promesas sociales para evitar que la UE interviniera la economía española en 2010.

Mientras el resto de los líderes europeos están bajando impuestos y eliminando trabas a la actividad empresarial, aquí se ha emprendido con descaro el camino inverso. El empleo público ha crecido de manera desorbitada hasta sumar una nómina de 150.000 millones, castigando al sector privado, al que no hay medida que aliente y favorezca. El número de regulaciones que se anuncian como acompañamiento a las cuentas públicas son oprobiosas y contrarias a la flexibilidad que necesitan las compañías para desarrollarse y crear puestos de trabajo, al tiempo sometidas a un aumento de las cuotas sociales y al resto de la imaginería tributaria propia de trileros que quieren cuadrar los números a martillazos.

Estas equivocaciones tendrán repercusiones gravísimas en el futuro, pues al presionar el déficit y mantener en niveles insostenibles la deuda pública obligarán a un ajuste brutal dentro de dos años, cuando la política monetaria del Banco Central Europeo se vaya endureciendo y las reglas de la Unión regresen a su cauce. Dado el precedente de Zapatero, cualquier gobernante previsor debería descontar o tener en cuenta este escenario inexorable y haber entendido que con una política monetaria tan expansiva como la que llevamos disfrutando desde hace demasiado tiempo incurrir en una política fiscal procíclica, que abunda en el dispendio incontrolado para satisfacer y cautivar a los votantes en lugar de empujar el ahorro y la inversión es un error de libro.

Pero la coalición que soporta este Gobierno es muy frágil y sobre todo muy cara. No ya es lo que pide Podemos sino los caprichos de los independentistas catalanes, la imposición de los nacionalistas vascos y las ocurrencias del resto de los socios que sostienen a este Ejecutivo montaraz. De manera que una coalición de tales circunstancias siempre se resuelve gastando más, que es lo que menos conviene si pensáramos a largo plazo. No pasa nada, en cualquier caso. A ninguno de los socios descabellados que apoyan la coalición disparatada que dirige los destinos del país les interesa lo más mínimo unas elecciones anticipadas o que Sánchez pudiera ser derrotado llegado el caso. Enredarán lo que puedan, pero sin romper la cuerda. Así que nadamos entre la pesadilla y la condena a un futuro sin la esperanza que merecería esta nación doliente que es España.

El socialdemócrata a palos atenta contra la Constitución
Carlos Dávila. okdiario 21 Octubre 2021

Y si le conviniera para su supervivencia sería del Partido Comunista del Niño Jesús o de Falange Auténtica, que seguro que están legalmente registrados. No se asombren: en el cómputo general de asociaciones raras, unos descarados alaveses que ya habían formado un grupo de rock se fueron un día al tal Registro y se convirtieron en propietarios de esta marca: “Lametón en el frenillo”. Carezco de más información, pero en este país ni cabe un tonto más, ni un desarrapado más. Tampoco, para el caso, unos cachondos más. Por ejemplo, este asombroso Pedro Sánchez Castejón que ahora, y por estricta necesidad, se ha afiliado a la socialdemocracia. En horas -lo comprobarán ustedes- saldrán en tromba sus hooligans, sus descerebrados e incultos voceros, a comparar la conversión de Sánchez con la que celebraron en su día y en Bad Godesberg, los socialistas germanos de la mano de un tal Wehnen, que fue uno de los pocos ciudadanos de la República Federal que se enfrentó en la guerra con los nazis, desde luego mucho más que el ídolo y pagano del PSOE, Willy Brandt.

Pero básicamente a lo que vamos. El jefe del único Partido Socialista que convive en Europa con leninistas, se presenta ahora con la etiqueta de socialdemócrata-de-toda-la-vida. Escuchando su insoportable soflama y al llegar a la confesión de su nueva fe, recordé un episodio perfectamente homologable que hace años protagonizó en televisión un personaje enloquecido que pasaba por ser el gran patrón de las portadas del corazón de entonces. Dijo Pocholo Martínez-Bordiú entre grandes aspavientos y lengua que, aparte de palabras, vomitaba espumarajos de droga doméstica: “Yo, como todo el mundo conoce, soy un ferviente seguidor de la castidad”. Más o menos. Aún se está riendo España entera.

Es decir, la misma reacción que han tenido todos los que el domingo siguieron el discurso verbenero de Sánchez. Un representante del antiguo PSOE, uno de los que aún no han sido abducidos por el reelegido secretario general, se ha expresado así ante el cronista: “Hay que tener la faz pétrea para que un tío que se ha vendido al comunismo chavista, venga ahora a presentarse como el nuevo Felipe González”. Tiene razón este antiguo socialista.

Y la verdad: no hay que atormentar muchos nuestros magines para saber el por qué de esta pirueta de última hora. Muy simple: pretende que el país borre todas las fechorías del más radical izquierdismo que el individuo ha perpetrado desde que está en el oficio político. Hace tres años compareció en el Parlamento al grito: “¡Nosotros somos la izquierda!”; en su conciliábulo de lanares delegados, ha intentado alfombrar de coherencia su embustera ideología. Pero, pese a los esfuerzos de los medios y de los mamporreros que han acogido la transformación de Sánchez como una apuesta por la libertad, el centro y la moderación, ya nadie, a nivel general, le cree una palabra. Es el mismo que atenta contra el derecho a la propiedad o la libertad de empresa. El mismo. ¿Qué pasa? Pues que él tampoco refrenda ni uno solo de los datos demoscópicos que le aporta graciosamente y con nuestro dinero el manipulador Tezanos. Sus cifras endógenas le confirman la realidad de un centroderecha que le puede comer la merienda en los próximos embates electorales. Por tanto, se dice a sí mismo: “¡Hale, viajemos al centro para robar votos al PP!”. Una estrategia puramente táctica que, en opinión de los sociólogos más reputados, no le va a llevar a otro sitio que no sea al zurriagazo electoral.

Porque, al tiempo que se disfraza de modélica y pacifica oveja, se instala como el sujeto encargado de poner a nuestra Constitución en el tinte. Ya ha anunciado que este proceso pretende empezarlo cuanto antes, de las manos de su nuevo gurú Bolaños (Tony, por cierto, terminarás guillotinado como tu antecesor Iván Redondo), Y su intención no es hacer unas reformitas de nada para modernizar nuestra Norma Suprema; no, va a lo grande, a lo violento, por ejemplo contra la Monarquía. A la Corona la va a dejar en las raspas, lo más, en el papel de El Prisionero de Zenda, con bonitos uniformes y alguna que otra, sin exagerar, marcha militar, Las Corsarias le valen. Ya lo ha amenazado en su emisora amiga: no hay razón para seguir manteniendo la inviolabilidad del jefe del Estado; o sea, él puede mentir, falsificar sus títulos, desobedecer las sentencias del Constitucional o el Supremo, indultar a barreneros golpistas, laminar a propios y ajenos, llevar a este país a la quiebra próxima, utilizar los medios oficiales para asistir a la boda de su cuñado, darse el lujo, en plena crisis, de subirse el sueldo mientras congela el del Rey… todo, en fin, porque él tiene la seguridad infinita de que está aquí para llevar a España a un nuevo enfrentamiento y desazón nacional. ¡La revolución así lo exige! El Rey es sólo una carta más de su juego de rol. Nada más.

Este socialdemócrata a palos va a ensayar la jugada, de aquí a las elecciones, de cocer a España en una convulsión permanente. Llegará hasta donde le lleguen sus medios, no su conciencia política, que esa no la ha tenido nunca. Su conversión es sólo una patraña destinada a dos fines: restarle votos al centro del PP, y alejar a sus socios de Podemos de su ámbito político. La susodicha y falaz conversión encierra estos dos objetivos, y tras estos pocos más. Y, ¡atención al dato!, si su menester le lleva a entender que cuanto más lejos estén las urnas, más será su daño electoral, sin pestañear modificará también aquí su proyecto, de tal manera que, para ensayar la movilización de su electorado, no tendrá la menor pega en que coincidan las elecciones de Andalucía, octubre, como mucho, de 2023, con las propias generales. Estamos todos avisados. Este socialdemócrata a palos es un corsario.

Una oportunidad perdida
El Supremo ha avalado que la exministra más ferviente defensora del PSOE en mítines y actos públicos se mantenga como fiscal general pese a su más que dudosa imparcialidad
Editorial ABC 21 Octubre 2021

La decisión del Tribunal Supremo de no entrar a valorar los recursos planteados en su día por el PP y Vox contra la designación de Dolores Delgado como fiscal general del Estado, alegando que esos partidos no están legitimados para cuestionar el nombramiento, merece el respeto y acatamiento propios de toda resolución judicial. Se comparta o no el fondo de la cuestión, y es notorio que no todos los magistrados lo comparten, lo cierto es que queda avalada la legalidad de la designación de Delgado. De este modo, el Gobierno se sacude de encima un problema que pendía sobre Pedro Sánchez desde el mismo instante en que decidió que su ministra de Justicia pasase a ser fiscal general sin solución de continuidad. Y todo, sin que el Supremo haya tenido que desgastarse, ni romperse, para decidir si realmente Delgado cuenta con el marchamo de imparcialidad exigible a su cargo. Es evidente que no es así, pero ya nunca lo sabremos por boca del Supremo. Le ha bastado con argumentar que el PP y Vox no podían recurrir esa decisión personal de Sánchez, el mismo que dijo en una entrevista: «¿De quién depende el fiscal general? Pues ya está». Ese «pues ya está» es lo que ha avalado el Supremo sin siquiera mojarse.

Cabe preguntarse por qué dos partidos, en su responsabilidad de fiscalización del Gobierno, no están legitimados para impugnar un nombramiento así. Si hubiese sido una asociación de fiscales o algún colectivo jurídico, la legitimidad habría estado clara. Que un partido no lo esté debe forzarnos a reflexionar por qué queda tan restringido su ámbito de actuación jurídica frente a una arbitrariedad del Gobierno, que además afecta seriamente a la autonomía de quien tiene la obligación de defender el interés público. Nunca es buena la politización de la justicia ni la utilización abusiva de los Tribunales por parte de los partidos para hacer oposición. Pero la decisión de Sánchez con Delgado fue tan burda y carente de apariencia de imparcialidad que resulta incomprensible hurtar a un partido el derecho a defender en los tribunales su propio criterio del interés público.

Desde una perspectiva formal, nadie puede discutir que Delgado cumple todos los requisitos. Es jurista y lleva más de quince años de ejercicio. Pero desde una perspectiva de fondo, nunca había habido un fiscal general que unas semanas antes de serlo protagonizase mítines pidiendo el voto para Sánchez a voz en grito, declarándose una ferviente socialista, y atacando a la derecha. Un fiscal así no tiene muchos visos de demostrar imparcialidad ni autonomía. De hecho, Delgado siempre fue la ministra más ‘hooligan’ de Sánchez, y eso es -tenía que haber sido- incompatible con una carrera jerárquica en la que ella, pese a estar contaminada, tiene la última palabra sobre cualquier decisión de la Fiscalía. Por eso, aunque jurídicamente el fallo es respetable, políticamente la situación de Delgado es insostenible.

Argumentos tanto para reafirmar a Delgado como para anular su nombramiento había de sobra. Sin embargo, queda ya asentada una doctrina según la cual ningún presidente tendrá que esforzarse demasiado en maquillar la cacicada de situar a un subordinado obediente al frente del Ministerio Público. Jurídicamente, el Supremo avala esta patente de corso. Después, el poder judicial ya no podrá quejarse demasiado de que cualquier gobierno controle a distancia a una parte esencial de nuestra justicia. Además, es imposible no sospechar que una salida abrupta de Delgado habría obstaculizado de nuevo que PSOE y PP renueven el TC o el CGPJ. Con Delgado en su cargo, todo queda en paz. Los jueces han tenido la oportunidad de atajar el servilismo y la han desaprovechado.

Una fiscalidad abusiva, como sistema recaudatorio contra la propiedad privada
Resulta penoso que se estén dando, por parte de los gobernantes, señales inequívocas de pretender convertirse en un sanedrín autoritario
Miguel Massanet. diariosigloxxi 21 Octubre 2021

“A lo que más temo es al poder con impunidad. Le temo al abuso del poder y al poder de abusar”,
-Isabel Allende-

Sin duda, hemos entrado en lo que se podría calificar como el momento clave de la legislatura socialista, encabezada por el aspirante a dictador, señor Pedro Sánchez. Ya no hay dudas sobre el hecho de que se ha anclado en el poder y no tiene la menor intención de abandonarlo. Su proyecto de ir engrasando su maquinaria de propaganda, de intensificar todos aquellos mediosa su alcance, que son muchos, para blindar cada una de las instituciones que pueden serle útiles en el momento en que deba enfrentarse a unas nuevas elecciones, si es que antes no ha podido cambiar la Constitución o puentearla si fuera preciso, para saltarse la democracia y valerse de sus apoyos comunistas para dar un golpe de Estado incruento para, poder implantar su dictadura de izquierdas, colocando en los puestos clave a personal adicto que sabe que en el momento adecuado van a servirle de apoyo, si fuere necesario.

Sus objetivos van encarrilados a implantar, en el Estado español, un sistema recaudatorio que le permita poner en práctica aquellos proyectos, macro proyectos, cuyos costes económicos se pueden considerar inalcanzables, irrealizables y faraónicos, fuera de las posibilidades de una España que todavía sigue restañándose las heridas del Covid 19 y de sus terribles consecuencias económicas, que han dado al traste con cientos y miles de empresas, industrias y comercios, especialmente en el caso de autónomos y Pymes, que todavía siguen coleando en sectores tan esenciales como son el turismo, los fabricantes de automóviles, los pequeños comercios y el resto de los autónomos y, como consecuencia de otros factores de los que forman parte los costes de fabricación, recolección y venta de las mercancías, como el precio de la energía, la elevación de la fiscalidad y las trabas administrativas, que constituyen un freno para su supervivencia, competitividad, expansión y contratación de nuevo personal.

Pero, cuando hablamos de fiscalidad tenemos que tener en cuenta que, en España, como en otras muchas naciones, tenemos dos clases básicas de impuestos, aparte de tasas y contribuciones especiales. Fundamentalmente tenemos los impuestos directos, como son: sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF); Impuesto sobre Sociedades (IS); Impuesto sobre la Renta de No Residentes; Impuesto sobre el Patrimonio; Impuesto sobre Donaciones y Sucesiones y, por otra parte: el impuesto indirecto por excelencia, el Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA) y, menos importante, el Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos jurídicos documentados.

Parecen bastantes y todos ellos motivo de importantes gravámenes que recaen sobreaquellos sujetos pasivos a los que corresponden. Pero no olvidemos que, el sistema autonómico, permite que los gobiernos locales implanten, a su vez, sus propios impuestos o recargos sobre las bases de algunos de los directos enumerados, lo que supone un encarecimiento añadido al importe básico estatal y, por si fuera poco, existen las tasas e impuestos autonómicos y municipales que, por lo que afectan al patrimonio de quienes deben satisfacerlos, constituyen una parte no despreciable a desembolsar. Los municipales más corrientes son los siguientes: IAE: Impuesto de actividades económicas; IBI: Impuesto sobre bienes inmuebles; IVTM: Impuesto sobre vehículos de tracción mecánica (impuesto de circulación);IIVTNU: Impuesto sobre el incremento del valor de los terrenos urbanos (plusvalía); ICIO: Impuestos sobre construcciones, instalaciones y obrasy, elImpuesto sobre gastos suntuarios (cotos de caza y pesca).

Pero los más cándidos podrían pensar que pagando los impuestos, tasas y contribuciones mencionados ya, el ciudadano, quedaría libre de cualquier otro dispendio de tipo fiscal. !¡Grave error ¡, porque las fauces de la Hacienda pública son insaciables y si a ello añadimos el hecho de que está en las manos de socialistas y comunistas, ya se puede esperar cualquier barrabasada, ignominia o desvergüenza. En efecto, porque si uno pensara que, con tal cantidad de gravámenes por parte del Estado y Comunidades, ya habría contribuido con creces a sus obligaciones como miembro de la sociedad, estaría equivocado, en babia y pecaría de inocente o pardillo. Porque, según el criterio de quienes defienden la carga fiscal desorbitada, hay que seguir exprimiendo el bolsillo del ciudadano cuando hay que arreglar carreteras, cuando ustedes ponen gasolina en el depósito de su coche, cuando paga su recibo del gas o de la luz, cuando (ya se viene anunciando que va a suceder) vayan ustedes circulando por una autovía (quitaron el peaje de las autopistas, que sólo pagaban sus usuarios, convirtiéndolas en un caos circulatorio debido a la imprevisión e incapacidad de aquellos que tenían la misión de regular el transito una vez suprimidas las cabinas de peaje), una nueva manera de “incentivar” la compra de automóviles.

Pero es que, en su afán de atacar la propiedad privada, el ahorro, la prudencia de evitar el despilfarro, el derecho a crearse un fondo de pensiones (ya se ve en el horizonte la debacle de las pensiones) lo que van haciendo estos señores que nos gobiernan, es ir rebajando los incentivos que antes desgravaban estas prácticas de ahorro privado suprimiendo, como ya se ha anunciado, la desgravación para planes de pensiones de 2.000 euros a 1500 euros. Cuando en ayuntamientos, como el de Barcelona, regido por una ex activista contraria a los desahucios, la señora Colau, se toman la libertad de gravar los pisos vacíos con un impuesto especial sin que, como marca la Constitución, se haya realizado un expediente de declaración de utilidad pública y abonada la correspondiente indemnización a la propiedad, por privarla de un derecho, inherente a la misma,consistente en poder disponer del piso en cuanto elegir el mantenerlo desocupado, alquilarlo libremente y, por el precio fijado por la oferta y demanda, venderlo o gravarlo, un derecho que pudiera quedar seriamente perjudicado, en el caso de verse obligado por el municipio a alquilar el inmueble en cuestión.

No paran en barras cuando lo que vienen intentando es atacar a la comunidad de Madrid, por aplicar los impuestos municipales más bajos y no cargar, a los herederos del fallecido, el impuesto de sucesiones, otro de los absurdos inventados por comunistas y socialistas, para gravar un bien que ya fue gravado al ser adquirido por su propietario y que, como castigo a su ahorro, cuando pasa a sus hijos o a su esposa, se les obliga de nuevo a engrosar las arcas del Estado, simplemente, por afán recaudatorio. Y un ejemplo más de intervencionismo en contra de quienes disponen de un vehículo privado a los que, en Barcelona, parece que, pese a pagar impuesto de matriculación, de circulación, de aparcamiento (no hay calle en la que sea posible aparcar sin pagar estacionamiento o acudir a un garaje privado o público), la gasolina a precios estratosféricos gracias a los recargos estatales, etc., resulta que cada vez es más imposible circular, debido a que la señora alcaldesa ha decidido poner carril bicis en las principales calles de la ciudad, estrechando los carriles para vehículos, de modo que se forman auténticos cuellos de botella en los momentos en los que la circulación se hace más intensa.

No es que esta circunstancia adversa a la circulación rodada de coches, camiones o motos, sea casual o fruto de un error de apreciación técnica, sino que, en la mente contestataria de la señora Colau, existe el prejuicio de que hay que atacar cualquier signo que pueda dar la sensación de riqueza, uno de los absurdos más lamentables, debido a que la circulación de coches en horas punta es, masivamente, debida a personas trabajadoras que salen del lugar en el que prestan sus servicios para ir a comer, a otro trabajo o a sus respectivos domicilios.

Esta es la Barcelona de hoy, una sombra de aquella de los JJ. OO de 1992, pletórica de luces, restaurantes, hoteles y centros de diversión que la situaban entre una de las mejores ciudades del mundo. Hoy resulta penoso circular por ella, debido al caos circulatorio; a las improvisaciones del Ayuntamiento, creando zonas en las esquinas para ampliar las terrazas de los bares, sin tener en cuenta los problemas circulatorios que ello entraña para los vehículos que transitan por aquellas calles; al abandono en el que se encuentran muchas de sus vías y a la suciedad y abandono que se aprecia por todas partes, en una ciudad cuya ambición es aumentar la presencia de turistas que gasten generosamente su dinero durante su estancia en ella.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, resulta penoso, extremadamente desagradable, peligrosamente contrario al espíritu democrático de un país y, amenazante para la convivencia de sus ciudadanos, que se estén dando, por parte de los gobernantes, señales inequívocas de pretender convertirse en un sanedrín autoritario, que prescinda en sus decisiones de la oposición y se dedique a imponer, con el apoyo de sus socios independentistas y comunistas, una serie de leyes anticonstitucionales, contrarias al sistema de gobierno apoyado en la Carta Magna y, como es práctica sabida de los dictadores de hispano-américa, utilicen el poder para empobrecer al país sin que, como ocurre es sus propias naciones, la pobreza deje de ser su principal carencia.

La frase que escogemos hoy se la debemos a don Esteban Echeverría y es la siguiente: “Miserables aquellos que vacilan cuando la tiranía se ceba en las entrañas de la patria”.

Tiki-taka del magistrado Guevara y Marlaska para que el ‘El Pollo’ no píe

OKDIARIO 21 Octubre 2021

Decíamos en nuestro editorial de ayer que el Gobierno de Pedro Sánchez tenía unas ganas locas de meter a El Pollo Carvajal en un avión y mandarlo a Estados Unidos para quitarse el marrón de encima. Y es que el que fuera mano derecha de Hugo Chávez está cantando de lo lindo ante el juez García-Castellón, poniendo encima de la mesa la financiación ilegal de Podemos y acusando gravemente a José Luis Rodríguez Zapatero de trapichear con el régimen bolivariano. A favor de los deseos del socialcomunismo ha jugado la Sección Tercera de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, que ha acordado hacer efectiva la entrega del militar venezolano después de que el Ministerio de Interior denegara a El Pollo el asilo en vía administrativa. Las prisas de la Sala III, con el magistrado Alfonso Guevara a la cabeza, han quedado en evidencia. El tiki-taka entre Marlaska y Guevara es de los que hacen época: toda para evitar que El Pollo siga cantando.

Carvajal está reclamado en Estados Unidos para ser juzgado por delitos que en España equivalen a pertenencia a organización criminal o pertenencia o colaboración con organización terrorista y tráfico de drogas en su modalidad agravada, pero no es menos cierto que sus revelaciones en torno a la financiación ilegal de Podemos son de tal gravedad que lo urgente para esclarecer la verdad no es extraditarlo, sino mantenerlo en España. Para el Gobierno, claro está, lo urgente no son los intereses nacionales, sino seguir aferrado al poder, razón para que Carvajal sea puesto a disposición de las autoridades de Estados Unidos.

En el plazo de 24 horas, la Oficina de Asilo y Refugio del Ministerio del Interior rechazó el recurso de reposición Carvajal contra la desestimación de su solicitud de asilo y la sala III Tercera de la Audiencia ha autorizado su extradición a toda prisa. Ahora, Carvajal recurrirá en la vía contencioso-administrativa en la Audiencia Nacional, pero su suerte parece echada. El Gobierno, con la ayuda del magistrado Guevara, se lo ha quitado del medio.


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La victoria del nacionalismo
Sánchez reedita lo que hizo el PSOE hace diez años
José María Marco. larazon 21 Octubre 2021

Recuerdo a la perfección la clase que di la mañana de hace diez años, en 2010, recién anunciado el final de la ETA. Había en clase una estudiante vasca y al preguntarle sobre el asunto, la simple expresión de la cara dejó claro el escepticismo y la amargura con la que había acogido la noticia. Aquello, efectivamente, no fue la derrota de ETA. Fue la victoria del nacionalismo. ETA estaba acosada, pero la negociación de Rubalcaba y Rodríguez Zapatero con la banda terrorista consiguió transformar lo que debía haber sido un acontecimiento histórico de afirmación democrática y nacional, en la consolidación de un pacto entre el nacionalismo y el socialismo en contra del Partido Popular. Un pacto, en el fondo, destinado a acabar con la idea misma de nación española, una idea seriamente menoscabada después de lo ocurrido entre el 11 y el 14 de marzo de 2004. Aquel día, hace diez años, se pusieron las bases de lo que ha venido después y que vivimos ahora.

Uno de los elementos de la imposible celebración de aquellos hechos lamentables se concentra en lo sentimental. Así es como se habla de «duelo», de «olvido», de «perdón» e incluso de «reconciliación», todo ello por los mismos que están haciendo todo lo posible para acabar con el trabajo de reconciliación llevado a cabo por la sociedad española y que culminó con la Transición y la Monarquía parlamentaria. Ni que decir tiene que nadie ha olvidado nada de la historia de la ETA, salvo aquellos que no la conocieron y a los que se les ha contado una mentira y que, categorías como «perdón» y «reconciliación» no se aplican aquí porque el final de ETA tendrá que llevar aparejado necesariamente una nueva actitud política acerca no sólo de los crímenes etarras, sino del nacionalismo que los motivó y que los utilizó.

No hay cuestiones sentimentales ni personales en todo esto. Hay una cuestión política, que Pedro Sánchez volvió a dejar bien claro ayer al afirmar que «el PSOE nunca ha utilizado el terrorismo cuando ETA mataba». Es imposible saber si Pedro Sánchez se limita a decir lo que le conviene en cada momento o cree realmente en lo que está diciendo. En el fondo, es indiferente, sobre todo porque esa afirmación revela una estrategia de largo recorrido y, precisamente, aquello que está en juego: la utilización de la negociación con ETA para acorralar al PP en una posición imposible. Sánchez reedita lo que hizo el PSOE hace diez años

La situación, como es natural, no es la misma. Ahora ya está consolidado el pacto nacionalista – socialista en contra de la derecha, incluido el centro derecha. El nacionalismo ha quedado legitimado como fuerza hegemónica aplastante en el País Vasco y como pieza indispensable de la gobernación de España. Y aunque no haya asesinatos, se sigue ejerciendo una violencia simbólica, y más que simbólica, contra los no nacionalistas, o más bien contra quienes no aceptan esa hegemonía. Recordar los hechos de hace diez años es recordar todos estos elementos –además de los crímenes pendientes de resolver– que configuran la realidad a la que dio a luz aquella negociación. Volveremos a comprobarlo el día en que la derecha gane las elecciones.

Condonar a Otegi, no condenar a ETA
EDITORIAL Libertad Digital 21 Octubre 2021

Si bochornosa fue la blanqueadora bienvenida que el PSOE dispensó hace unos días a unas declaraciones de Arnaldo Otegi en las que el terrorista recurrió a manidos eufemismos para no condenar los crímenes de ETA, no menos lamentables son las manifestaciones de no pocos políticos que se refieren al décimo aniversario del cese de la "actividad armada" de la banda como si de una "derrota" de la misma "a cambio de nada" se tratara.

Como si las masivas excarcelaciones de etarras llevadas a cabo tras la derogación de la Doctrina Parot –exigida por la banda en las negociaciones con el Ejecutivo de Zapatero– no hubiesen sido nada. O la persistente omisión del deber de detener o extraditar a terroristas perfectamente localizados como Josu Ternera o Iñaki de Juana Chaos. O la escandalosa falta de iniciativas para resolver los más de 370 crímenes de ETA que siguen sin esclarecerse judicialmente. O dejar en papel mojado la supuestamente vigente Ley de Partidos, gracias a lo cual la banda terrorista pudo celebrar hace precisamente diez años, en un comunicado, los resultados electorales de Bildu con un elocuente "Euskal Herria ha ganado la batalla de la ilegalización".

Por esa prevaricadora derogación de facto de la Ley de Partidos, el brazo político de ETA no sólo tiene una decisiva presencia institucional en el País Vasco, Navarra y las Cortes Generales, sino que es compañero de viaje del propio Gobierno de la Nación.

Y es que, aun siendo repugnante, lo más grave no es que Bildu en general y Otegi en particular sigan recurriendo a circunloquios para no condenar los crímenes de ETA, y sin prestar la menor colaboración para esclarecerlos o para detener a los autores prófugos. Lo peor es la deriva del PSOE, que, bien por un proyecto compartido de demolición de la Nación, bien por puro y nihilista afán de mantenerse como sea en el poder, bien por una combinación de ambas cosas, acepta tener como compañeros de viaje y aliados a quienes no condenan, como brazo político de ETA que siguen siendo, ni uno solo de sus asesinatos, incluidos los de no pocos socialistas.

Así las cosas, no es de extrañar que Otegi diga claramente no sólo que ayudará a este Gobierno a acabar la legislatura, sino que desea que gane las próximas elecciones y que termine de excarcelar a los terroristas que siguen en prisión.

Naturalmente, sólo alguien con las escasas luces que ha demostrado tener en esto Pablo Casado puede pretender que Sánchez vaya a confesar públicamente su disposición a promover cambios legislativos en beneficio de los presos etarras a cambio del apoyo de Bildu a los Presupuestos. Aun así, el hecho indiscutible es que el PSOE no ha roto las negociaciones con Bildu tras las declaraciones de Otegi sobre el intercambio de votos por presos. Ya podrá, pues, Sánchez negar con "un no rotundo" el infame chalaneo, que el único no rotundo y verificable es el que contesta a la pregunta de si el PSOE va a romper con quienes, diez años después, siguen sin condenar la violencia de la organización terrorista nacionalista y socialista ETA.

Bildu desnuda a Sánchez
La rectificación que fingió ayer el Gobierno solo tiene su explicación en que Otegi ha sido sorprendido desvelando el trasfondo de su pacto con el PSOE: votos por presos. Esa es la verdad, y lo demás, la enésima impostura sanchista
Editorial ABC 21 Octubre 2021

Desde los tiempos en que Jesús Eguiguren empezó a negociar con Arnaldo Otegi mientras el PSOE y el PP tenían firmado el pacto antiterrorista, los socialistas siempre han querido salvar la figura del dirigente batasuno, cuya trayectoria como terrorista activo de ETA está bien documentada por la Audiencia Nacional. Otegi era el «hombre de paz», según Rodríguez Zapatero, y su formación, EH Bildu, es hoy suficientemente digna para ser el socio parlamentario del PSOE. Entre una cosa y otra se han sucedido incontables gestos de complicidad, cercanía y entendimiento entre los socialistas y Otegi. El Gobierno de Navarra es un ejemplo palpable. Tiempo le faltó el lunes a la izquierda para jalear, como punto de inflexión en la relación de los abertzales con el PSOE, el lamento impostado de Otegi por el dolor causado a las víctimas. «Aquello no debió producirse», dijo sin pedir perdón por nada. Pero ‘aquello’ fue una cadena de asesinatos, secuestros, extorsiones, miedo y exilios forzosos en la que él mismo, sí, Otegi, fue protagonista.

Por eso, el crédito que el PSOE da a Arnaldo Otegi debe ser suficiente para creerle cuando afirmó el lunes ante militantes de Bildu que está dispuesto a votar los Presupuestos Generales «si con eso salen 200 presos de ETA». Otegi no miente, y Sánchez y Marlaska, sí. Conocían todo lo que iba a ocurrir estos días. Por eso no es creíble el arranque de arrepentimiento que fingió ayer el Gobierno al conocer esas palabras de Otegi, que, ya es evidente, solo responden a una estrategia cerrada en secreto con Moncloa para que en seis años no haya un solo etarra en la cárcel. Con lo que no contaba Sánchez es con que Otegi delatara toda la estrategia ante sus fieles y fuese grabado, como desveló ayer ‘El Correo’. Los ataques de dignidad de Sánchez caen, pues, por su propio peso, y ahora es él quien también tendría que pedir perdón a los españoles. Primero, por blanquear a ETA y bendecir a Otegi; segundo, por pactar ‘votos por presos’, dejando a las víctimas del terrorismo abandonadas; y tercero, porque una vez más Moncloa ha vuelto a mentir, manipulando la verdad con un relato infumable que la izquierda consume de modo inexplicablemente indigno. Su rectificación de ayer diciendo que no le importa si Bildu apoya los Presupuestos es puro oportunismo. Maquillaje barato para encubrir la realidad de que sí existe un pacto concertado con Bildu, del que además Otegi presume para debilitar al PNV. Anteayer el PSOE aplaudió a Otegi. Ayer en cambio el PSOE se hizo el ofendido, y solo una vez que supo que se filtrarían las palabras de Otegi. Ni siquiera faltó el recurrente cinismo de algún barón socialista que el domingo aplaudía a Sánchez a rabiar en la clausura del congreso ‘socialdemócrata’, pero que ayer se rasgaba las vestiduras con Bildu. Solo desde una ingenuidad pasmosa alguien puede ver creíble ese giro. Si tan molesto está el PSOE, puede empezar por romper su acuerdo de gobierno con Bildu en Navarra. Pero no lo hará.

Si Zapatero, al oficiar de gran custodio de la amistad entre socialistas y proetarras, se conmueve con el mísero lamento de Otegi, también habrá que creer ahora al batasuno cuando desvela el precio de su pacto con Sánchez. En otro caso, si Otegi miente, Sánchez solo tiene una opción: repudiar a Bildu y disculparse por trapichear un puñado de votos a cambio de un indulto encubierto y grosero a decenas de etarras. Todo responde a la hoja de ruta de Zapatero cuando negoció con terroristas. Porque lo que está sucediendo entre el PSOE y Bildu lleva años escrito y se resume en el empeño socialista por consolidar una estrategia de pactos de todas las izquierdas, incluida la proetarra, para evitar cualquier victoria del centro-derecha. En ese escenario tampoco el PNV debería de sentirse seguro, porque es el aviso de que, antes o después, los socialistas harán en el País Vasco lo que Pasqual Maragall hizo en Cataluña con ERC para desbancar a CiU.

Esto no va de normalizar la política, ni de pasar página, ni de generosidad democrática con un partido peligrosamente legalizado. Sánchez puede ahorrarse toda esa palabrería con la que estos días nos han manipulado Zapatero, Patxi López, Idoia Mendía y todos cuantos se han apropiado del triunfo de la democracia sobre ETA. Sus palabras no han sido conmovedoras. Todo era la coartada para una despreciable estrategia trucada por Sánchez y delatada por Otegi. Por eso esto no va de política. Va de falta de escrúpulos y principios, y eso es lo que no les permitirá escapar de la condena moral que están dictando los españoles.

Presupuestos a cambio de etarras
Francisco Marhuenda. larazon 21 Octubre 2021

Los políticos siempre necesitan hablar. La prudencia no está dentro de sus virtudes. Por ello, era lógico que un bravucón de taberna como Otegi diera a conocer el precio del apoyo de los herederos de ETA a los Presupuestos. No sé por qué alguien se escandaliza ante la coherencia de un defensor del terrorismo que quiere la libertad de su gente. Al fin y al cabo se siente ganador, ya que el PSOE se dedica, con notable imprudencia e irresponsabilidad, a su blanqueamiento. La banda sembró España de cadáveres y heridos durante los años que pegaba tiros en la nuca y ponía bombas. Es bueno recordar que mató a toda la gente que pudo y hubiera querido que el número fuera mayor. Otra cuestión es que la eficacia de los cuerpos de seguridad del Estado consiguiera impedir muchos atentados. La vida humana no tenía ningún valor para Otegi y sus seguidores. No les importaba que fueran menores de edad o incluso bebés, porque lo único importante era seguir en esa espiral de sangre y destrucción. El Gobierno socialista comunista está ahora molesto, porque el coordinador general de Bildu informó sobre el precio de sus votos.

Sánchez dejó muy claro que nunca aceptará que salgan de la cárcel los asesinos de la banda a cambio de ese apoyo. Es muy triste que se tenga que debatir este tema en el Congreso, porque no se puede hacer borrón y cuenta nueva. Los terroristas dejaron de matar porque estaban derrotados y nunca hubo ningún atisbo de arrepentimiento. Fue simplemente la consecuencia de la victoria de la democracia. Por ello, coincido con el escepticismo de los dirigentes del PNV tras las palabras de falso arrepentimiento de un indeseable como el líder bilduetarra. El problema para el Gobierno es que no podrá contar con sus votos, aunque no peligran los Presupuestos. El cambio de discurso de La Moncloa, que esperaba apropiarse del aniversario del fin de la violencia etarra, pone de manifiesto que Sánchez tiene una recua de socios muy poco recomendables. Es su talón de Aquiles, porque son una inquietante amalgama de independentistas, comunistas, antisistema y bilduetarras, a los que hay que añadir los habituales aprovechados que buscan hacer caja con sus exigencias. Es una realidad que favorece al PP en su pugna por llegar a La Moncloa.

Mejor pactar con el diablo
Cristina Losada. Libertad Digital 21 Octubre 2021

Poco ha durado la alegría en la casa socialista. Apenas siete horas después de una declaración de Otegi que el PSOE celebró con champán retórico, y Podemos con champán del bueno, el mismo Otegi, ya a sus anchas, se despachó. Y deshizo en unos minutos el cuento del perdón sin perdón y el dolor sin dolor que iba a servir de salvoconducto a los socialistas para pactar con EH Bildu con mayor normalidad de la que venía pactando. El precio de aprobar los Presupuestos lo puso Otegi, hablando para los suyos, con árida brutalidad, dejando a Sánchez en el triste papel del tonto útil que queda al descubierto y tiene que negar que vaya a aceptar –o haya aceptado– el precio de dejar en libertad a la parte esencial de ETA que queda.

Arrimarse a los herederos de la organización terrorista, de un modo o de otro, se acaba pagando. Más cuando está al frente alguien como Otegi. Y se le deja que hable. Leyó el comunicado del sin perdón mecánicamente, como si leyera la guía telefónica, dejando demasiado en evidencia que no siente ni puede sentir el supuesto sentimiento por las víctimas de ETA. No es que el sentimiento real o fingido tenga propiedades taumatúrgicas. Es que así es imposible vender el cuento sentimental que insisten en ofrecer los socialistas para salvar, en realidad, su propia cara. Lo impide la cara de Otegi.

Aún estará por ahí una foto de familia que se hicieron decenas de presos de ETA cuando fueron excarcelados al anularse la Doctrina Parot. Fue en 2014 y en Durango, si mal no recuerdo. Es el retrato psicológico de ETA. No hay caras, sino máscaras. El terrorismo deshumaniza a sus víctimas para poder matarlas tranquilamente, pero a quienes deshumaniza realmente es a los asesinos.

Hay quien ha regresado del submundo de los deshumanizados, pero no es el caso ni de aquellos retratados ni el de Otegi. Mientras EH Bildu siga estando bajo la sombra de ETA, representada por Arnaldo, los socialistas no podrán hacer presentables sus pactos. Ya no es sólo la sustancia; es la imagen. La imagen brutal, despiadada y grosera tumba cualquier intento de edulcorarlos. Sánchez querría normalizarlos, como ha normalizado sus lazos con los separatistas catalanes, pero los separatistas catalanes suelen haber estudiado en sitios caros y en cuestión de pura imagen dan el pego.

Cada vez que se quiere pactar con indeseables, se dice que para conseguir tal o cual objetivo, siempre bueno, hay que pactar hasta con el diablo. Mejor con el diablo que con la banalidad del mal. Parece que Sánchez no ha aprendido de la experiencia de su predecesor en estas lides, quien tampoco aprendió nada, por cierto. Los pactos se los revientan los sucesores de los que reventaron la T4.

Los españoles que miramos fijamente a la cabra
Pedro de Tena. Libertad Digital 21 Octubre 2021

Alfonso Guerra ha dicho que "algunas personas lo mismo abuchean a un presidente del Gobierno que aplauden a una cabra". Si se fijan, equipara a todo un presidente del gobierno con una cabra en eso tan español de los amores y los odios.

Cuando se cumplen más de 80 años de edad y aún no se ha perdido perdón por nada, ni por decir que Adolfo Suárez se subiría al caballo de Pavía si hubiera entrado en las Cortes ni por haber inventado el racismo ético y estético del dóberman contra el PP, léase ahora Vox, ni por nada relacionado con la corrupción, la andaluza o la de su hermano Juan, pedir algún signo de madurez civil y nacional a un personaje como Alfonso Guerra es cansino. Hemos tenido esperanza, pero la hemos perdido.

Su última boutade ha sido decir que "algunas personas lo mismo abuchean a un presidente del Gobierno que aplauden a una cabra", añadiendo: "Cada uno elige quién le representa mejor". Se refería de este modo a la sonora bronca evacuada contra Pedro Sánchez por algunos asistentes al desfile del pasado Día de la Hispanidad.

En su segunda parte, ya se ve, equiparaba tales protestas con los aplausos que recibía una cabra, no una cabra cualquiera, claro, sino la cabra de la Legión. La forma de expresarlo permite deducir que Guerra identificaba a los gritones y silbadores contra la figura del socialista Sánchez con los aclamadores del singular caprario. Y finalmente, sacaba el látigo deduciendo que hay quienes eligen como representante a un socialista como Pedro Sánchez y otros a una cabra, como los legionarios y sus simpatizantes.

Vaya por delante, independientemente de la opinión que nos merezca el siempre esperpéntico Guerra, que su idea de que la Legión tiene algo que ver esencialmente con una cabra es errónea. Ciertamente se ha impuesto la presencia de un ejemplar caprino en los desfiles militares o procesiones religiosas cuando en ellos participan los soldados de la Legión. Pero eso ni ha sido siempre así ni tiene por qué ser así.

Mejor que nosotros lo sabe el general Dávila que, en una de las entradas de su blog, se refiere a que, por poner un ejemplo, el propio Francisco Franco nunca consideró a la cabra ni a ovino alguno, carnero o borrego, animales representativos de su Bandera legionaria. Cuenta su último médico, el melillense Vicente Pozuelo, en su libro Los últimos 476 días de Franco en la página 41, y así lo indica Dávila, que:

"Un día me atreví a preguntarle:
-Excelencia, ¿por qué en los desfiles lleva la Legión un borrego corno mascota? No lo encuentro lógico.

Respondió inmediatamente:
-Inadmisible: en mi Bandera llevábamos un jabalí."

Sí, sí, pero a las Fiestas de la Hispanidad en Zaragoza a las que asistíó, por ejemplo, ya desfilaba una cabra ante Franco y su séquito.

Además del jabalí, la propia Legión informa de que, a lo largo de su historia, ha habido muchas mascotas. "En los primeros tiempos, monos, habituales en la zona de Ceuta, la gacela del Sahara, loros e incluso un oso; siendo los más habituales los carneros y cabras. Sin embargo, ha sido la cabra la que finalmente se ha llevado la fama." A ellas habría que añadir gallinas (algo dudoso y mucho más que se nombrara a la primera cabo interina) e incluso perros, ya presentes, por cierto, en los Tercios de Flandes.

Los carneros y los borregos (machos de las ovejas) fueron mascotas legionarias muy frecuentes y hay muchos testimonios de ello desde 1922. Continúa el general Dávila:

"Carnero era el nombre más adecuado, el de borrego el más generalizado, aunque el tiempo ha popularizado a la cabra. Me quedo con el nombre de carnero, pero acepto encantado el de la cabra. Ambos son arietes, máquinas militares que se caracterizan por su potencia de choque. Cabra o carnero son sinónimos de acometividad, ligereza, movilidad, austeridad y dureza. En definitiva, animales que ofrecen mucho y piden poco. Perfectas mascotas para la Legión."

Pero ojo con las cabras y, muy especialmente, con las cabras de la Legión porque, entre otras cosas como acabamos de ver, pueden ser machos (lo del género está en decadencia), esto es, cabrones, llamarse Pepe y ser ascendidos a cabos de la compañía. Por ejemplo, ha sido un separatista, el ex consejero de la Generalidad catalana, Santi Vilas, el que escribió que el director de un digital independentista llegó a decirle:

"—¡Eso sería un error, conseller! Si de nuevo hay elecciones, no descartes un revés electoral y la constitución de un tripartito en Cataluña. Además, vuestro partido, en la oposición y sin cargos a repartir, caerá en el caos y en la lucha cainita. Sacad a Mas de en medio y abriros paso los jóvenes. A corto plazo, si es necesario, poned de presidente a la «cabra de la Legión», eso es lo menos importante. La cuestión es ganar tiempo y no perder la Generalitat."

Visto está que la famosa cabra legionaria puede valer hasta para presidente de la Generalidad de Cataluña. Esto no se sabía. Finamente, no lo fue la cabra, sino que lo fue el muy famoso en su día Quim Torra, tal vez algo peor. Sobre lo de Shakira, de la que se burlaban en el colegio por cantar "como una cabra" pasemos sin hacer ruido.

Por eso, entre otras cosas, no está bien burlarse de las cabras que tienen una larga historia en la mitología y el orden económico y social de las civilizaciones. Lo de la cabra Amaltea y su cornucopia de la abundancia es una consecuencia de su relación con Zeus, que fue alimentado por su leche, no por leche materna ni leche de vaca ni leche de loba. Su leyenda sigue en el cielo con el nombre de Capellas (pequeñas cabras) grupo de estrellas, gigantes, enanas y amarillas o rojas.

También está Capricornio, para recordarnos que esto del respeto a la cabra es incluso astronómico-lógico. Hay más mitologías, de Escandinavia a la India y más cabras, pero ya está claro que la burla de una cabra puede ser fatal y quien sabe si vuelve locos como la tal a quien se atreve.

Que no debe alguien medianamente prudente mofarse de las cabras nos lo mostró, crudamente, como Sartre nos mostró la destemplanza de su náusea de carne y músculos amorfos, el dramaturgo Edward Albee, que se hizo famoso con su pregunta sobre el miedo a Virginia Wolf. Verán. Es que uno de sus personajes se enamora de Sylvia. El problema empieza cuando se desvela que Sylvia es una cabra. Si, una cabra.

Entre nosotros, José María Marco ha recordado que Manuel Azaña consideraba a Unamuno una cabra loca. Recuérdese que incluso la iglesia tiene Cabra, como el dómine, que describió fisonómica y detalladamente Quevedo. Agregan los hermanos Álvarez Quintero que hay ciudadanos Cabra, que son víctimas resignadas de la Administración, miopes y de gastada indumentaria. O sea, muchos de nosotros.

Vamos, que hay cabras por todas partes y que siempre son respetables porque aportaron mucho a los seres humanos de todos los continentes, como alimento, como vestido, como objeto de trueque o comercio, como fuente de ingresos, como apellido o como nombre o como ingrediente de la pintura y la poesía. Tomen nota:

"Rayendo están dos cabras de un nudoso
y duro ramo seco en la mimbrera,
pues ya les fue en la verde primavera
dulce, suave, tierno y muy sabroso."

Esto lo escribió el primer poeta castellano nacido en México, Francisco de Terrazas, descendiente del conquistador que fue mayordomo de Hernán Cortés y alcalde de México. Ahora que estamos, como desde hace siglos y para mal, de moda entre los gobernantes mexicanos, bueno está recordar que también cometimos la fechoría de animar una literatura desde la propagación de una lengua.

Incluso como monstruo. En los Avisos de Jerónimo de Barrionuevo puede leerse

"Dícese que en Cerdania, en lo fragoso de las montañas, han cogido un monstruo con pies de cabra, brazos de hombre y rostro humano, con algunas cabezas y caras, y que, aunque tiene en ellas diversos ojos y bocas sólo come por una."
Menos mal.

Sirva todo lo anterior como introducción a nuestro tema que es el mirar fijamente a una cabra para librarnos de algún enemigo o de algún mal. Puede parecer una broma, pero no lo es. Incluso hay una película de 2009 sobre el tema protagonizada por George Clooney, Jeff Bridges y Ewan McGregor entre otros.
Hay muchos libros sobre cabras

Desde La canción de la cabra de Frank Yerby a El misterio de las cabras y las ovejas de Joanna Canon. Y no olvidemos ¡Estás como una cabra! publicado por Edelvives. Mas títulos podrán encontrarse en el Bompiani. Pero el que aquí nos interesa es el que produjo la inspiración para la mencionada película. Se trata de Los hombres que miraban fijamente a las cabras, título que se respetó, y que publicó Jon Ronson en 2004.

Puede parecer una barbaridad o una estupidez, pero en ese libro se dice que los responsables de inteligencia de los Estados y Naciones a veces enloquecen, o desbarran, o están como una cabra. Se cuenta la historia de algunos de ellos, y se afirma que es real, que quisieron, mediante control mental, atravesar una pared o desgraciar a espías enemigos. No se consiguió lo de la pared pero otros sí que lograron por mera concentración cerebral parar el corazón de una cabra. Al menos, una vez.

Por si no quieren leerse todo el libro, esta es la sinopsis que facilitó la editorial:
"Tras la derrota de Vietnam, el ejército de los Estados Unidos exploró todo tipo de posibilidades para impedir nuevos fracasos militares… y el control mental fue una de ellas. Ésta es la historia real de un destacamento militar del ejército estadounidense especializado en fuerzas paranormales, cuyos integrantes pretendían aprender a asesinar al enemigo con la mirada, dominar la técnica de atravesar paredes, conseguir poderes similares a los de los caballeros Jedi de La guerra de las galaxias, y desarrollar otras de espionaje psíquico…"

El libro cuenta que, a finales del verano de 1983, el general Stubblebine vuela a Fort Bragg, en Carolina del Norte, centro neurálgico de las Fuerzas Especiales. Iba a exponer un plan de sanación psíquica de los componentes de unidades que habían quedado aisladas y desprotegidas. "Si utilizas la mente para sanar, es probable que tú y tu equipo podáis salir vivos e ilesos, sin tener que dejar a nadie atrás", decía.

Pero nadie pareció echarle cuenta. Y entonces, para clarificar su tesis, exclamó: "¡Animales!", añadiendo: "Hacer que el corazón de un animal deje de latir -prosigue-. Hacer que le reviente el corazón. Esta es la idea en la que estoy trabajando. Ustedes tienen acceso a animales, ¿verdad?" Le dijeron que no y su viaje terminó en desastre sepultado como secreto militar.

Lo que los jefes de las Fuerzas Especiales no quisieron decirle es que su plan estaba siendo tenido en cuenta, que era excelente y que mientras exponía su plan para "reventar clandestinamente corazones de animales y ellos le replicaron que no tenían acceso a animales, le estaban ocultando que había cien cabras en un cobertizo a unos pocos metros de allí."

¿Y cómo es que no oían sus balidos? Pues porque sólo unos pocos privilegiados dentro de las Fuerzas Especiales sabían de la existencia de estas cien cabras y porque, y esto es lo mollar, "las habían desbalado; permanecían ahí, de pie, abriendo y cerrando la boca, sin que de ella saliera un solo balido." El libro de Jon Ronson trata de la historia de esas cien cabras.

No sólo trata de ellas sino de una "media docena de soldados que se pasaban el día sentados dentro de un edificio de madera muy bien custodiado y declarado ruinoso en Fort Meade, Maryland, intentando usar sus poderes psíquicos. Oficialmente, la unidad no existía.

Estas personas con habilidades paranormales participaban en lo que en el argot militar se conoce como una "operación negra"". Por ejemplo, mirar fijamente a las cabras para pararles el corazón. Y añade Ronson: "Todo esto, el mirar fijamente a las cabras y muchas otras cosas tuvieron su origen en la mente de un teniente coronel que se llama Jim Channon." Y así sigue y sigue el libro.

Corolario. Si Alfonso Guerra hubiera querido hacer daño de veras a la cabra de la Legión, qué importa el género si la demagogia es buena, tendría que haberse sentado en las primeras filas de autoridades del desfile del Día de la Hispanidad y haber permanecido un buen rato mirando fijamente a esa cabra. Lo de decir la banalidad de que hay quien prefiere aplaudir a una cabra y quien prefiere abuchear a un presidente, no dice mucho, salvo que, si se fijan, equipara a todo un presidente del gobierno con una cabra en eso tan español de los amores y los odios.

Muchos de nosotros, demócratas que no matamos porque los demócratas no matan, miramos fijamente a la cabra, o lo que sea, de la Legión cuando desfila porque es un símbolo. Pérez Reverte dio las razones hace años: "Algunos la detestan, pero allá cada cual. Es más ignorancia que otra cosa, supongo. 10.000 muertos y 35.000 heridos en un siglo de historia son cifras a respetar. A usted puede gustarle mucho la Legión Española o gustarle poco, pero lo que no podrá negar es su hoja de servicios. Desde su fundación en 1920, los españoles y extranjeros que sirvieron en sus filas escribieron páginas de heroísmo, abnegación y servicio a España, o a la idea de España que se les impuso según las distintas épocas."

Pero también muchos de nosotros, españoles de buena voluntad, podemos mirar fijamente a Alfonso Guerra, no con el fin de hacerle daño físico ni moral naturalmente, pero sí con todas las ganas del mundo de que personajes como él - que habiendo tenido en 1982 la posibilidad de consolidar una sociedad democrática y libre casi ab initio, decidió hacer todo lo posible en compañía de otro por desbaratar la Constitución, liquidar a Montesquieu, tejer su tela de araña de partido sectario e inventar el racismo ético-político (el que no es socialista es perverso) dejando a España de un modo que no la reconociera ni la madre que la parió -, cesen de hilar simplezas de una vez.

Y eso nos bastaría, aunque no podríamos conseguir hacerlo desaparecer de la vida pública española. De lograr tal hazaña ya se ha encargado su compañero Pedro Sánchez, que, al parecer, lo ha estado mirando fijamente desde hace tiempo. Y ha tenido éxito total. Una vez eliminado del tablero le da igual que lo abuchee o que lo aplauda. A ver qué ganamos nosotros si lo miramos tan fijamente como se merece.

La flagrante hipocresía del presidente del CGPJ
Antonio Martínez Marín. vozpopuli.es 21 Octubre 2021

Una lectura pausada y reflexiva del discurso de apertura del año judicial 2021-2022 del presidente del Tribunal Supremo –TS- y del Consejo General del Poder Judicial –CGPJ- , cuyo relevo está de máxima actualidad en los medios, ofrece algunas claves sobre el momento que vivimos en panorama judicial español, circunstancia que me anima, como ciudadano y jurista, a elaborar estas líneas en las que subrayo lo hipócrita de su actuación y comportamiento. Estas son las razones.

1. La independencia del Poder Judicial, como garantía de nuestra democracia era el título elegido para la disertación de este año por el propio y doble presidente del TS y del CGPJ y, en coherencia, en esta breve e inconexa disertación de 4.402 palabras, la expresión de “independencia judicial” se repite en 32 ocasiones. Dos datos incontrovertibles, uno objetivo y otro subjetivo, demuestran la falacia de esta calificación referida al CGPJ. Este órgano ha estado siempre en manos de los partidos políticos del PSOE y del PP. La STC 108/1986, de 29 de junio de 1986, admite la pérdida de rango constitucional del artículo 122.3 de la Constitución a favor de la nueva fórmula establecida en Ley Orgánica 6/1985 del Poder Judicial: los Vocales del CGPJ serán elegidos por las Cortes a propuesta por mitad del Congreso de los Diputados y del Senado: ocho de ellos entre abogados y otros juristas de reconocida competencia, y los doce restantes entre jueces y magistrados. Así pues, la diferencia radica solo en la procedencia profesional de los candidatos, pero todos ellos son elegidos por las dos Cámaras. El acontecimiento político de esta mutación constitucional no fue otro que la “omnipotencia” parlamentaria del PSOE con 202 diputados y la descomposición de Unión de Centro Democrático de Adolfo Suárez, el otro gran partido político autor de la Constitución. De este modo, el PSOE imposibilita el control judicial de su actividad política y parlamentaria, de una parte, y, de otra, domina el CGPJ con los Vocales elegidos por las dos Cámaras socialistas.

A partir de este momento, la elección de los vocales del CGPJ dependerá de los dos partidos políticos nominados, aunque en algunas ocasiones se incluyen algunos candidatos propuestos, con el beneplácito de estos, por los partidos nacionalistas catalanes y vascos. Como consecuencia de esta nueva regulación legal, la dependencia política de los miembros del CGPJ ha sido manifiesta hasta tal punto que el sexto presidente del TS y del CGPJ es propuesto, de manera conjunta y pública, por el presidente del Gobierno Rodríguez Zapatero y por el líder del Partido Popular Mariano Rajoy, y votado posteriormente por unanimidad de todos los vocales. La politización partidista ha sido el santo y seña institucionalizado de este órgano de gobierno de los juzgados y tribunales, y de la elección de los cargos de los magistrados del Tribunal Supremo y de los miembros principales de los demás órganos judiciales más importantes. Junto a esta vulneración objetiva de la independencia del CGPJ, es preciso adjuntar la subjetiva: el presidente del TS y del CGPJ es un magistrado adicto al PP; pues durante años ha desempeñado cargos en el Gobierno de Aznar –entre ellos el de Director general- y, además, fue propuesto como candidato a la presidencia del CGPJ por el Gobierno de Rajoy y votado por la mayoría de vocales, que en ese momento tenía y continúa conservando el PP en dicho órgano.

2. La crítica de los indultos del procés es una manifestación partidista improcedente. "Se ha llegado a contraponer, para explicar la indulgencia, la concordia frente al resentimiento, como si la acción de la Justicia al aplicar la ley a la que todos nos debemos fuese un obstáculo para la convivencia u obedeciera a razones distintas de las previstas en las normas", afirma de modo inesperado en su discurso el presidente Lesmes. Una doble razón impide esta crítica al Gobierno: la primera es que la resolución por el Tribunal Supremo de los recursos contra los indultos está pendiente de sentencia y su pronunciamiento debe hacerse solo en el trámite judicial por ser la cabeza de dicho órgano jurisdiccional; pero hay una segunda razón de coherencia para abstenerse de este pronunciamiento personal. En efecto, la STS de la Sala de lo Contencioso 13/2013, de 20 de noviembre, anula el Real Decreto 1668/2012, de 7 de diciembre, que indulta a un kamikaze, condenado a trece años de prisión por haber causado la muerte del conductor y la herida de gravedad de su acompañante por conducir en sentido contrario, a cambio de una multa de 4.380 euros a satisfacer en cuotas diarias de seis euros y con la condición de que no vuelva a cometer delito doloso en un plazo de cinco años. En esta Resolución judicial, el magistrado Carlos Lesmes, acompañado por otros nueve compañeros, interpone un voto particular contra la estimación del recurso y subsiguiente anulación de dicho indulto, concedido por el Gobierno de Rajoy, en base al argumento siguiente: este Decreto es un acto político del Gobierno y, por tanto, la concesión o denegación es un atribución “libérrima” del poder público titular de la misma, dado que la motivación ya no es exigible desde la Ley 1/1988 que la suprime. Y respecto al principio constitucional de la arbitrariedad del artículo 9.3 de la Constitución, en base al cual se anula el indulto por 25 miembros de la Sala, considera que este es una decisión política o graciable del Gobierno no sujeta a la revisión judicial. ¡Esta es la independencia judicial del magistrado Lesmes ante el indulto de su presidente de Gobierno y de partido!

3. ¿Quién debe elegir a los Vocales del CGPJ? Lesmes se pregunta todavía hoy: "La cuestión que tradicionalmente ha resultado más controvertida en el ámbito de nuestro Consejo es la del sistema de elección de los vocales, ante la ambigua redacción constitucional". Sorprendentemente no da respuesta alguna a esta cuestión y simplemente responsabiliza de las diversas regulaciones dadas al CGPJ a la “ambigua redacción constitucional”. De nuevo omite que fue el PSOE quien desconstitucionalizó o privó del rango constitucional el artículo 122.3 de la Carta Magna a fin de no poder ser controlado por un CGPJ independiente, como sucedería con la elección de los doce Vocales por los jueces y magistrados por y entre ellos mismos. Más aún, no se pronuncia por la defensa de esta elección judicial que siempre ha defendido el Partido Popular, aunque cuando ha tenido la ocasión de poder reformar dicha regulación y ajustarla a la Constitución no lo ha hecho, prefiriendo su apoderamiento partidista del CGPJ. Felizmente, el artículo 122.3 de la Constitución aún sigue estando escrito: El Consejo General del Poder Judicial estará integrado por el Presidente del Tribunal Supremo, que lo presidirá, y por veinte miembros nombrados por el Rey por un periodo de cinco años. De estos, doce entre Jueces y Magistrados de todas las categorías judiciales, en los términos que establezca la ley orgánica; cuatro a propuesta del Congreso de los Diputados, y cuatro a propuesta del Senado, elegidos en ambos casos por mayoría de tres quintos de sus miembros, entre abogados y otros juristas, todos ellos de reconocida competencia y con más de quince años de ejercicio en su profesión. ¿Dónde está la ambigüedad de los doce vocales elegidos por los jueces y magistrados de entre ellos mismos?

Los constituyentes acertaron con esta regulación de la representatividad judicial para la independencia del CGPJ. Así lo ponía ya de manifiesto el Informe GRECO de 15 de enero de 2014 –órgano del Consejo de Europa para luchar contra la corrupción en sus respectivos Estados-: este órgano recomienda, como criterio general, para todos los Estados del Consejo de Europa que al menos la mitad del número de sus vocales sea elegida por los jueces y magistrados de entre ellos mismos, en la que cada juez sea elector y elegible. La Constitución ya se había adelantado a esta propuesta en 1978. Así pues, si este artículo se hubiese puesto en práctica, el bipartidismo político del CGPJ y los aplazamientos habidos de su renovación no se hubiesen producido.

4. ¿Qué soluciones propone el Presidente a la lentitud de este proceso? "Los Tribunales españoles ingresaron el año pasado un total de 5.526.754 asuntos, y aunque gracias al esfuerzo de nuestros jueces y magistrados, el volumen de asuntos resueltos fue muy elevado, alcanzando los 5.244.742, no se ha logrado reducir, sino que ha vuelto aumentar, en un 11,3%, el número total de asuntos de trámite al final del año, que se situó en más de tres millones". De este modo, se acepta la situación deficitaria, otro año más, de la Administración judicial a la demanda de justicia por los ciudadanos. El discurso no ofrece solución alguna al derecho constitucional de que Todas las personas tienen derecho a obtener la tutela efectiva de los jueces y tribunales en el ejercicio de sus derechos e intereses legítimos, sin que en ningún caso pueda producirse indefensión. ¿Cómo puede aceptarse esta tutela judicial tardía institucionalizada? La única solución implícita es que los jueces y magistrados trabajen más. No obstante, es obligado formular otro nuevo interrogante: ¿Cómo puede exigírsele al juzgador la dación de una sentencia de calidad cuando se encuentra desbordado por el número de pleitos en espera? De un modo u otro, este problema afecta negativamente a la calidad técnica de las resoluciones judiciales. Ante esta situación atascada que dificulta dicha calidad y, sobre todo, causa graves perjuicios a los recurrentes, resulta obvio que se necesitan más jueces y magistrados. En efecto, la Comisión Europea para la Eficiencia de la Justicia/European Commission for Efficiency of Justice, ya en su Informe de 14 de marzo de 2014, ofrecía estas cifras comparativas del número de jueces por cada 100.000 habitantes en los países de la Unión Europea: los jueces y magistrados a tiempo completo eran en España 5.171, ofreciendo la proporción de 11.1 efectivos frente a los 18.1 de media de todos los Estados de la Unión Europea. La cifra necesaria demandada por esta práctica comparativa es la de aumentar el número de jueces y magistrados al número de 10.000/11.000. No existe enigma alguno a la lentitud de la justicia española: se trata de duplicar el número de los 5.320 efectivos existentes en enero de 2021. Lamentablemente, el discurso del Presidente omite toda referencia solutiva a este grave y crónico problema de la justicia en España.

5. La percepción de la sociedad española sobre la independencia del poder judicial no es la que afirma el presidente Lesmes. Las tresdeclaraciones escritas en el discurso sobre esta cuestión deben ser citadas: 1ª. "El 99% de los jueces encuestados declararon sentirse totalmente independientes". 2ª. "El 94% de los ciudadanos encuestados consideró que, en conjunto, nuestros jueces y juezas son hoy plenamente independientes". Y 3ª. "El judicial es por primera vez, en la serie histórica de estas encuestas, el mejor valorado de los tres poderes del Estado". Estos porcentajes escritos en la encuesta de Metroscopia, de mayo de 2021, deben ser explicados, completados y, en su caso, contrariados. En relación con la 1ª cifra, lo sorprendente es que puedan existir jueces que no se consideren independientes, pues todo juez o magistrado ya sea independiente o corrupto, no se va a denunciar como dependiente. La 2ª cantidad debe ser discrepada; pues la cifra ofrecida del 94% de los encuestados que tienen una percepción ciudadana de la independencia judicial no se corresponde en absoluto con los datos ofrecidos en el cuadro 2.2. de la encuesta: ante la pregunta de si "los jueces, en nuestro país, actúan con total independencia", las cifras consignadas son estas dos: "De acuerdo, 44; En desacuerdo, 54". De este modo, la opinión favorable a la independencia judicial no solo es baja, sino incluso minoritaria sobre el parecer de la dependencia. La 3ª afirmación sobre la mejor valoración de los ciudadanos del poder judicial sobre los otros dos poderes debe ser ampliada a fin de que el lector tenga una idea completa de la valoración ciudadana sobre los tres poderes de nuestro Estado: en efecto, a la pregunta "¿Siría usted que, en conjunto, los tribunales de Justicia españoles funcionan, en la actualidad mejor, igual o peor que el Gobierno?", las respectivas respuestas son estas: mejor, 35%; igual, 38%; y peor, 20%. Y respecto a la misma pregunta comparativa de los Tribunales con las Cortes (el Parlamento), las correspondientes respuestas son las siguientes: mejor, 26%; igual, 44%, y peor, 18%. La omisión de las cifras en esta afirmación general de la mejor valoración del Judicial sobre el Ejecutivo y el Legislativo induce a error; pues los porcentajes de “funcionamiento igual” al Gobierno y al Parlamento son los superiores, respectivamente los del 38% y del 44%.
Omisión de datos importantes

Lamentablemente, el presidente Lesmes omite algunos otros datos de especial relevancia ofrecidos en dicha encuesta, como por ejemplo, ante la pregunta formulada a los entrevistados: "La justicia no cuenta con los recursos que necesita para poder actuar de forma más rápida y eficaz", las respuestas son contundentes: el 79% está de acuerdo y solo el 20% se muestra en desacuerdo. A las referencias sesgadas y, en su caso, equívocas de esta encuesta encargada a Metroscopia por el propio CGPJ, se adjuntan estos otros datos sobre la independencia judicial en España. Ha sido la Comisión Europea quien en su Informe sobre el Estado de Derecho en 2021, capítulo sobre la situación del Estado de Derecho en España, de 20 de julio de 2021, ha destacado como "El nivel percibido de independencia judicial en España es bajo entre el público general y las empresas. En total, el 38% de la población general y el 39% de las empresas perciben el nivel de independencia de los órganos jurisdiccionales y los jueces como “bastante bueno o muy bueno en 2021”. En puridad, tanto los porcentajes de la encuesta analizada de Metroscopia -silenciados por el presidente del TS y del CGPJ en su disertación- y estos de la Comisión Europea son equiparables, de modo general, en la baja calificación percibida de los españoles sobre la independencia de la justicia en España.

6. Más de lo mismo. "Urge, por tanto, y por el bien de todos, que nuestra institución desaparezca del escenario de la lucha partidista y que las fuerzas políticas concernidas, con patriotismo constitucional y generosidad, alcancen en las próximas semanas un acuerdo necesario para la renovación". Estos deseos de apartar al CGPJ de la contienda partidista no pasa de ser un brindis al sol en boca del máximo representante del Partido Popular en la Judicatura española. La lucha partidista ya ha comenzado con la Ley Orgánica 4/2021, de 29 de marzo, por el que se modifica la Ley Orgánica 6/1985, de 1 de julio, para el establecimiento del régimen jurídico aplicable al Consejo General del Poder Judicial en funciones. En efecto, mediante esta reforma se limita al CGPJ de las "facultades de proponer el nombramiento del presidente del Tribunal Supremo, de los presidentes de las Audiencias, de los Tribunales Superiores de Justicia y la Audiencia Nacional, de los presidentes de Sala y los Magistrados del Tribunal Supremo o de los Magistrados del Tribunal Constitucional, deben quedar excluidas del ámbito competencial del Consejo cuando este se encuentra en funciones. Estas lógicas limitaciones, derivadas del carácter excepcional de la no renovación en plazo, también deben establecerse en relación con el nombramiento de los directores de la Escuela Judicial y del Centro de Documentación Judicial, así como del Vicepresidente del Tribunal Supremo, el Promotor de la Acción Disciplinaria, el Director del Gabinete Técnico del Consejo General del Poder Judicial y el Jefe de la Inspección de Tribunales". Esta reforma no pasa de ser otra más de la Ley Orgánica 6/1985, de 1 de julio, del Poder Judicial en su regulación del CGPJ.

El presidente Lesmes no ofrece siquiera una idea sobre el contenido de una posible reforma y simplemente se lamenta en su disertación de la privación de los nombramientos que hasta el momento continuaba haciéndolos el CGPJ, a pesar de estar en funciones. Sin embargo, es necesario destacar que una grave desnaturalización constitucional del CGPJ se ha producido precisamente en esta materia de los nombramientos discrecionales de los nominados puestos más relevantes de la Judicatura española. Sin embargo, el CGPJ es el órgano de gobierno de los juzgados y tribunales, no la comisión de colocación de los magistrados adictos para dichos cargos, como así ha venido siendo. El pensamiento presidencial no es otro que el de continuar la perversión partidista a la que él debe su carrera institucional y su alta retribución. Este discurso continuista de la perversión constitucional del CGPJ se asienta, además, en la ausencia de toda referencia concreta a la Constitución para reformar esta perversión.

7. Miles de jueces y magistrados en España son independientes. Hay que acabar este escrito resaltando que la gran mayoría de los miembros de la Judicatura española son jueces auténticos, esto es independientes. En efecto, de los 5.320 miembros de la Carrera judicial en 2021, 2.344 no pertenecen siquiera a ninguna de las cuatro asociaciones, mientras que 2.976 se encuentran integrados en estas, posibilitadas legalmente. Salvo los magistrados que hayan aceptado los cargos relevantes de la Magistratura ya nominados, aceptando para su nombramiento su identificación partidista política, del resto no es posible dudar de su independencia. En definitiva, la independencia es consustancial a la condición de juez y, por tanto, esta no es negociable y así lo han entendido un gran número de ellos que no han renunciado a su excelsa función de tener la palabra última. Otros, sin embargo, han optado por identificarse con un partidismo político como único medio para desarrollar una carrera plena en su vida profesional. Y, por fin, muchos otros magistrados han preferido los altos cargos políticos que les han ofrecido una alta categoría social, una posición institucional elevada y una retribución superior, así como la consideración legal de sus años políticos como desempeñados en la propia Magistratura. Ciertamente, a cambio de todo esto han renunciado a tener la palabra última y sustituirla por la palabra corcho, la propia de los políticos. Y todavía se produce una consecuencia más grave aún: volverán a la Magistratura a impartir justicia con la desfachatez de la independencia. Lamentablemente, estas perversiones políticas se producen en el sistema español, integrado en el modelo de Justicia continental de Europa occidental; no obstante, la Justicia anglosajona, extendida por múltiples países de todo el mundo, tiene bien claro esta incompatibilidad radical: política o judicatura; pues en este sistema, los jueces tienen prohibida toda actividad política, incluida la de asistir a manifestaciones o mítines políticos.

ETA, diez años después: una lectura no tan benévola
Agustín Valladolid. vozpopuli.es 21 Octubre 2021

El fin del ‘santuario’ francés y la detención de la cúpula en Bidart son los hechos que marcan el declive de una ETA que a partir de ese momento siguió matando hasta construir un relato que no fuera el de la simple rendición

Empecemos por lo más evidente y aparentemente olvidado: el proceso de disolución de ETA se inició cuando quiso Francia y las fuerzas de seguridad españolas pudieron hacer su trabajo sin que los Pirineos fueran una barrera infranqueable. Durante muchos años Francia dio asilo a centenares de miembros de ETA que por la mañana asesinaban en territorio español y por la tarde tomaban chiquitos en Bayona, Biarritz o San Juan de Luz. Documentos de los servicios de inteligencia españoles, hoy todavía clasificados, reflejan la impotencia que sentían los agentes de la Guardia Civil, Policía y CESID (hoy CNI) tras comprobar cómo sus colegas galos miraban para otro lado a pesar de tener localizados a un buen número de terroristas.

Fue una charla sin testigos entre Felipe González y François Mitterrand, a finales de 1983, la que provocó el primer cambio significativo en la actitud, hasta entonces irritantemente pasiva, de las autoridades francesas. De aquella conversación, y otras telefónicas, el propio González redactó una nota confidencial que en parte se conoció años después. “Es claro -escribió el expresidente español- que [Mitterrand] ha cambiado su actitud en cuanto al tema del terrorismo, por lo que puede abrirse una vía de cooperación mucho más eficaz, que incluye desde la negativa de la carta de residencia hasta la expulsión de Francia de los dirigentes etarras. Pretende que no haya publicidad y me reitera que todo me lo dice como amigo, para que conozca su actitud".

Aunque ni Mitterrand ni González lo confirmaron jamás, se llegó a filtrar que lo que más sorprendió al primer mandatario francés en aquel tête a tête que tuvo lugar en El Elíseo, fue la cifra de muertos que hasta ese momento había provocado ETA, mayoritariamente guardias civiles, policías y militares. Asombrado, Mitterrand llegó a confesarle a González: “Si eso hubiera sucedido en Francia, yo no habría podido controlar a la Gendarmería”. En su nota-resumen González escribió: "[Mitterrand] parece reconocer que el Gobierno francés no se ha tomado nunca en serio el estudio del dossier y que en este momento está dispuesto a hacerlo, potenciando al máximo el entendimiento bilateral". El presidente de la República Francesa desconocía que en 1983 ETA había asesinado a más de 500 personas, lo que da una idea muy aproximada de la atención que, a nuestros problemas, prestaban nuestros vecinos del norte. ¡Vive la France!

Aquella charla hizo que por fin cambiaran algunas cosas y se rectificara la nefasta política antiespañola de un Giscard D’Estaing que trató a los etarras como libertadores de un pueblo oprimido y se opuso hasta donde pudo a la entrada de nuestro país en la entonces denominada Comunidad Económica Europea (CEE). Hubo que seguir remando, y mucho, pero a finales de aquella década los policías y guardias civiles ya trabajaban al otro lado de la frontera coordinadamente con sus colegas franceses, y el 29 de marzo de 1992, con la detención de la cúpula etarra en Bidart, se daba el golpe casi definitivo a la banda terrorista. Probablemente fue en esos días cuando ETA, sus ideólogos y dirigentes, supieron que ya no había nada que hacer, que podían seguir matando, como así hicieron, pero que ya habían perdido. A partir de ese momento, pensaron, los muertos ya solo iban a servir para ganar tiempo hasta construir un relato que no fuera el de la simple rendición. Así de simple; así de espeluznante. Y a eso fue a lo que se aplicaron durante los diez años siguientes.

La ‘catalanización’ de la política vasca
Han pasado 10 años desde que ETA anunciara “el cese definitivo de la actividad armada”. Esa es la buena nueva. La mala, que ETA no ha desaparecido. O no del todo. ETA seguirá existiendo mientras haya quienes rindan homenaje a los asesinos; mientras sigan siendo mayoría los que en lugar de oponerse a este tipo de humillación a las víctimas elijan prudentemente el silencio. ETA puso fin a su actividad terrorista porque ya no tenía otra salida, y lo hizo cuando consideró que el momento era el más propicio. ETA paró hace diez años y aquella fue una maravillosa noticia, la que llevábamos tanto tiempo queriendo dar. Y sin embargo, hoy, después de escuchar el otro día a Otegi, la sensación que tenemos algunos es la de que siendo cierto que perdieron, siendo verdad que la joven democracia española demostró una asombrosa fortaleza, también lo es que ahora están ganando, que han conseguido imponer a la sociedad, como mejor opción, la terapia del olvido, y de que en su estrategia de blanqueamiento de la monstruosidad de la que fueron responsables cuentan con la comprensión de muchos.

Me estoy refiriendo a la sorprendente aceptación acrítica, por parte de algunos políticos, líderes de opinión y medios, de la estrategia diseñada por la llamada izquierda abertzale, que sin mediar arrepentimiento camufla en una supuesta “aceptación de las reglas de juego” la verdadera razón del proceso de blanqueo: el asalto al poder, la “catalanización” de la política vasca, proceso iniciado hace tiempo, y que la solemne declaración de Otegi, casi un plagio del comunicado de ETA de 2018 (ver postdata), pretende oficializar. Me estoy refiriendo, también, a que ni el descarado corta y pega de Otegi, que revela hasta qué punto éste sigue actuando como correa de transmisión de la banda, haya movilizado a los demócratas para evitar que sea el tándem Sortu-Bildu el gran beneficiario de la efeméride.

Termino. Ha estado bien Rodríguez Zapatero recordando a los que llevaron a buen puerto la definitiva negociación con la banda. El personaje demuestra sin embargo escasa grandeza al olvidar que esa negociación no habría tenido éxito sin el sacrificio y el enorme trabajo de desgaste de los que le precedieron; sin el coraje de un Adolfo Suárez que plantó cara a Francia, que cuando en este país nos estábamos jugando la consolidación de la democracia se comportó de un modo detestable; sin el riesgo político asumido por Felipe González y José María Aznar, que autorizaron negociaciones con ETA de las que el Estado salió fortalecido tras ponerse en evidencia el fundamentalismo de la banda. En definitiva, Zapatero, en un ejercicio de apropiación ideológica indebida, se equivoca gravemente al olvidarse de la aportación del pasado, al tiempo que no tiene el menor rubor en ponderar en Otegi valores más que discutibles.

Y ese es el gran pero que hay que poner a tanta celebración: que, al igual que Zapatero, el discurso de una buena parte de la clase política y de la intelectualidad que se dice de izquierdas concede más valor democrático al movimiento táctico de Otegi que a la petición de esclarecimiento de los 377 crímenes de ETA sin autor conocido; o critica el inmovilismo de las víctimas mientras calla ante la mayoritaria pasividad de una sociedad, la vasca, que sigue sin compensar la deuda contraída con su prolongado silencio. No hay mucho que celebrar.

La postdata: Otegi plagia a ETA
21 de abril de 2018. Del comunicado hecho público por ETA dos semanas antes de anunciar su disolución: “ETA reconoce la responsabilidad directa que ha adquirido en ese dolor, y desea manifestar que nada de todo aquello debió producirse jamás o que no debió prolongarse tanto en el tiempo”.

18 de octubre de 2021. Arnaldo Otegi, Palacio de Aiete: ”Sentimos su dolor y desde ese sentimiento sincero afirmamos que el mismo nunca debió haberse producido, a nadie puede satisfacer que todo aquello sucediera, ni que se hubiera prolongado tanto en el tiempo”.
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