AGLI Recortes de Prensa   Viernes 22  Octubre  2021

Saltan todas las alarmas económicas y el Gobierno pirómano toca la lira
EDITORIAL. Libertad Digital 22 Octubre 2021

El sector de la alimentación y el de la distribución comienzan a ahogarse. La escalada insólita del precio de las materias primas, el transporte y la energía se ha convertido en una tormenta perfecta que está poniendo en grave riesgo al 20% del PIB, a empresas responsables de 4,5 millones de puestos de trabajo.

Ante el encarecimiento extraordinario de los costes de producción, a las empresas no les está quedando más remedio que subir los precios o plantearse hacerlo a la mayor brevedad posible. Por tanto, ya no son sólo las facturas de la luz y el gas las que amenazan las delicadísimas finanzas de los hogares españoles: y es que la inflación ha llegado a la cesta de la compra.

Mientras tanto, el Gobierno pirómano toca la lira. Los social-comunistas subestiman con terrible irresponsabilidad la subida del IPC, que se ha disparado hasta el 4% en septiembre, el mayor registro en 13 años. "La inflación no me preocupa a corto plazo" porque "no es exorbitante", dijo Nadia Calviño hace algunas semanas. Échense, pues, a temblar, porque cada vez que habla la incompetente titular de Economía sube el pan: recuerden cuando afirmó que la pandemia "tendría un impacto poco significativo" en la economía nacional...

El Gobierno no sólo está mostrando un profundo desprecio por la angustia de las empresas del mundo de la alimentación, sino que quiere asestarles un nuevo tributo, uno que grave los envases de plástico de un solo uso, con el que Sánchez y su banda pretenden recaudar 491 millones de euros en 2022. A esto hay que unir el rejonazo a los refrescos con la subida de su IVA de 10 al 21% con la burda excusa de salvaguardar la salud de los ciudadanos... a costa de su bolsillo (340 millones al año).

Mientras tanto, no muy lejos, en Italia, vuelven a sacar los colores al Gobierno social-comunista. Hasta el Ejecutivo del manirroto Mario Draghi ha entendido que saquear a la industria alimentaria y a sus clientes en plena escalada inflacionista es una aberración. Por eso han decidido aplazar hasta 2023 la entrada en vigor de su impuesto a los plásticos, así como la subida del IVA a los refrescos, que ni siquiera había puesto en marcha. Roma ha tomado esa decisión en el marco de una reforma fiscal para garantizar el crecimiento estructural de su economía, y que supondrá una bajada del IRPF, el IVA y Sociedades. Sánchez, en cambio, ha decidido seguir el camino opuesto. El de la exacción miserabilizadora.

La implantación de peajes en las autovías y el catastrazo son igualmente parte de una política económica infame que ha hecho de España el país europeo donde más ha crecido la presión fiscal durante la pandemia, hasta alcanzar el 37,4% del PIB. El expolio será todavía mayor en 2022, como comprobarán con desesperación especialmente las rentas medias y bajas.

En qué manos estamos.

Constitucional, un pésimo consenso
Fernando González Urbaneja. republica 22 Octubre 2021

El acuerdo PSOE-PP, de Pedro con Pablo por mediación de Félix y Teodoro permitirá renovar el Constitucional, muy fuera de plazo, consagrando las malas prácticas y los excesos del pasado. Más de lo mismo y a peor. Los dos partidos que componen la única mayoría posible para renovar el Constitucional, para desbloquear el candado institucional, han alcanzado un acuerdo de reparto que contraviene el espíritu de la ley y debilita la democracia española para acercarla a la de los estados averiados, de Polonia a Venezuela.

El Tribunal Constitucional está diseñado en nuestra Constitución, copia del modelo alemán, como órgano superior que vigila y garantiza la vigencia y cumplimiento de la Constitución, la legalidad y el estado de derecho. Para ello tiene que estar al margen de los poderes clásicos, desde luego que del ejecutivo, pero también del legislativo y el judicial. Ese es el espíritu y la letra de la ley. Y por eso los mandatos de los miembros del Tribunal son largos (nueva años) con la pretensión tácita de que sean fin de ciclo, culminación de una carrera como garantía de independencia y de competencia.

Por eso los designados deben ser personas con intachable reputación, con un prestigio profesional indubitado, con auctoritas y potestas. ¿Responden a ese perfil los cuatro elegidos por los dos partidos con capacidad para elegir? Desde luego que no, lo característica principal de los cuatro nominados es la vinculación al partido que los ha elegido, lo demás es adorno. Los cuatro llegan al alto tribunal tras un paso previo por el consejo del Poder Judicial donde acreditaron conciencia y agradecimiento a sus patrocinadores. Y los cuatro presentan en sus hojas de servicio una rotunda vinculación y acercamiento a ambos partidos y sus sensibilidades.

En una lista de cien candidatos con méritos acreditados para ocupar esas plazas de intérpretes de la Constitución no es probable que figuraran ninguno de los cuatro. No forman parte del paquete óptimo, ni siquiera del primer o segundo subóptimo. Ortega diría “no es esto… no es ésto”. Para decisiones de este porte no se hizo la Constitución, este modelo se parece más al de un régimen autocrático a la turca donde el ejecutivo (pero aun, los partidos) determinan quienes deben vigilar e impedir sus excesos.

Ilegalización de la Fundación Nacional Francisco Franco
Juan Chicharro. Presidente ejecutivo de la Fundación Franco. larazon 22 Octubre 2021

En apenas mes y medio se cumplirán 45 años de la creación de la Fundación Nacional Francisco Franco que tengo el honor, hoy, de presidir como presidente ejecutivo.

El día 10 de diciembre de 1976 el exministro Don Joaquín Gutiérrez Cano pronunció las siguientes palabras en el acto que tuvo lugar con tal motivo :

«Quienes formamos parte de la Comisión Organizadora de la FNFF no tenemos propósitos políticos de ningún tipo, la Fundación va a tener un carácter netamente cultural , humanístico y docente. Sus fines son difundir el conocimiento de la figura de Francisco Franco y sobre las realizaciones de los años de su mandato».

Han pasado 45 años y son muchas las vicisitudes acaecidas desde entonces. La mayoría de las personas que formalizaron su adhesión a la Fundación ya no están con nosotros, pero se mantiene incólume el espíritu de lo que significó aquello pese a que las circunstancias no son precisamente las mismas. Lo que en aquellos días era una tarea exenta de complicaciones hoy es una auténtica proeza. La animosidad creciente contra todo lo que significa la figura de Francisco Franco ocasiona que la tarea de la Fundación se vea entorpecida desde muchos frentes. El mero hecho de la presentación de un libro, la organización de una cena o, incluso, la de una misa en su recuerdo supone superar toda clase de obstáculos.

Y por si fuera poco todo lo expuesto, el Gobierno socialista comunista en el poder pretende ilegalizar la propia Fundación, tarea en la que cooperan numerosos medios, correa de transmisión del propio Gobierno. Para eso les pagan, claro. La Fundación Nacional Francisco Franco se atiene, en el ejercicio de su libertad, al argumento base de la Ley de Fundaciones: servir a fines de interés general. Difícilmente se puede mantener que una Fundación dedicada al conocimiento de un periodo trascendental de la historia de España sobre una persona que fue Jefe del Estado durante 40 años y que, además, lo hace desde una aportación documental propia, no tenga interés o utilidad pública.

Encaje de bolillos es lo que hace este Gobierno para buscar la ilegalización de la Fundación. La vía es el proyecto de Ley de Memoria Democrática actualmente en trámite parlamentario. El odio y la venganza es el motor que le empuja pero también evitar el conocimiento de cómo Franco propició la mayor transformación social y económica de toda nuestra historia y la comparación con la situación desastrosa en la que se encuentra España ahora. Y que no me hablen de la falta de libertades, tal y como las entendemos hoy, pues si así lo vociferan algunos es por su desconocimiento de que en la historia de los pueblos hay veces en que las circunstancias lo imponen y menos aún exponerlos en momentos dictatoriales como el actual, donde se han cercenado impunemente derechos fundamentales, tal como ha sentenciado recientemente el Tribunal Constitucional.

En buena ley jamás este proyecto podrá salir adelante. Las razones son muchas siquiera sea solo porque así a bote pronto incumple flagrantemente hasta cinco artículos de la CE ( el 14, el 16, el 20 y el 34) y se opone frontalmente al Tribunal Europeo de Derechos Humanos cuando este protege especialmente la expresión de opiniones de carácter político, aunque estas sean «minoritarias» e incluso «pongan en cuestión la democracia y los derechos humanos» siempre y cuando «no inciten la comisión de un delito o creen un riesgo claro de hostilidad o violencia». El derecho a no ser ofendido no existe como tal, en cambio la libertad de expresión sí.

No deja de ser asimismo preocupante que quienes propician este proyecto de ley sean los mismos que amparan, negocian y colaboran con ETA y sus representantes y humillan constantemente a sus víctimas. ¿Dónde está la credibilidad de este Gobierno?

En cualquier caso, digamos claro que la FNFF, como fundación de carácter humanístico, cultural y docente, en el uso de su libertad de expresión e ideológica y de sus derechos constitucionales presentes, seguirá recordando la memoria y figura de Francisco Franco, no solo durante los años de su mandato sino también con anterioridad a la Guerra Civil, destacando su inmejorable trayectoria militar, y las obras y actividades llevadas a cabo como Jefe del Estado sin incitar en ningún caso a la violencia ni a la humillación de las víctimas del otro bando.

Nos hablan igualmente de apología del franquismo como algo casi delictivo, sin tener en cuenta que la apología como el discurso de palabra o escrito, en defensa o alabanza de alguien o algo (según definición de la Real Academia Española) en ningún caso puede ser objeto de sanción penal siempre que no esté acompañada de alguna circunstancia de menosprecio o humillación de víctimas, algo que está fuera de las actividades de esta Fundación. La apología es simplemente una forma de expresar una opinión. Nada más. Es por todo ello, que se hace impensable sancionar la libre expresión de ideas cuando éstas únicamente tienen por fin la defensa o alabanza de alguien o algo sin causar daños o menosprecios a las víctimas. Quede claro que castigar la apología del franquismo cuando no esté causando daño a terceros sería aplicar un precepto contrario a la Constitución.

La pregunta es: ¿ se cumple la Constitución española? Esa es la cuestión.

Nación inteligible… pero sin 'intelligentsia'
Daniel R. Rodero. La Ilustración Liberal 22 Octubre 2021

Nº 84-85

Quizá el título de esta divagación pueda resultar desoladoramente engañoso. No tanto por su primer hemistiquio, con deliberados ecos de Julián Marías, cuanto por el segundo. Al apuntar que en la actual hora de España la nación carece de intelligentsia no pretende decirse que carezca de intelligentsistas. De hecho, cada partido, cada región, cada fratría cuenta con los suyos. Pero que la clase discurriente esté compartimentada en filiaciones políticas, geográficas o de cualquier otra índole lastra la consecución de un consenso fecundo, que no consiste en igualar las ramas (como exige todo partido en el Gobierno) sino en hermanar las raíces (como evita toda oposición excéntrica).

Un fenómeno extraño, que resume por qué tantos cerebros se han abismado en la naftalinosa controversia sobre el ser de España, es que, si preguntáramos por un nombre de nuestra historia que agradara a las izquierdas y a las derechas, a los del centro y a los de la periferia, a los de Frascuelo y a los de Lagartijo, uno de los que más alto puntuaría sería don Quijote, algo triste –más triste aún que su triste figura– si recordamos que se trata de un personaje de ficción. Parece insano que la intelectualidad española no haya encontrado un personaje histórico con el que el grueso de la nación pueda identificarse positivamente. Para unos, el Cid quedaría rechazado por ser un mito a mayor gloria castellana (aunque su castellanismo no fuese contra Cataluña, sino contra el proyecto político que encarnaba el goticismo asturleonés); los Reyes Católicos, por intolerantes; los Austrias mayores, por imperialistas. Que así se piense no hace sino recordarnos la tesis de Gustavo Bueno de que España, antes que nación-Estado, fue sobre todo Imperio, idea imperial.

Por norma, cada régimen político encumbra a sus propios intelectuales, a los referentes más o menos difusos con cuyo pensamiento congenia y que contribuyen a articular su idea de país. En tanto que régimen favorecedor del pluralismo, es lógico que en las democracias conviva una pluralidad de figuras egregias según el interés de cada grupo. Sin embargo, siempre hay algunas que por su importancia y proyección trascienden de su propia tribu. Un error frecuente en los partidos de derecha es no comprender que la hegemonía comienza en la elaboración del santoral laico, en la elección y descarte de esa nómina de retratados ilustres que, lejos de adquirir pátina vieja en un caserón oficial, arraigan implícita o explícitamente en lo que se ha dado en llamar el subconsciente colectivo.

Distingamos, no obstante, dos niveles. En el primero situaríamos a los pensadores, vivos o muertos, que influyen en la oligarquía praeter-estatal y en la aristocracia técnica del Estado; en el segundo, a los artistas lato sensu que el cuerpo social siente como entrañables, como nombres de los que se siente orgulloso, porque los considera no sólo compatriotas sino hermanos de patria. Si uno de los más terribles errores del idealismo germanizante es la creencia ciega en el Volksgeist (escrito siempre con mayúscula mayestática), no es menos cierto que la identidad de los individuos también se forja a partir de lo que sienten como íntimo, como consustancial a su naturaleza y como familiar y seguro.

Sin entrar en si la necesidad de arraigo es un sentimiento ilógico o una manifestación del instinto de supervivencia, lo sustantivo es que todo ser humano necesita una comunidad de símbolos compartidos en la que pueda reconocerse y refugiarse. Una característica del mundo moderno es que, mientras amplía el concepto de sociedad, reduce el de comunidad. En gran medida, la actual fiebre identitaria se debe a la sensación de desamparo y al cuestionamiento de todos esos vínculos que el pensamiento tradicional consideró naturales.

Decíamos, en cualquier caso, que en el primer nivel se integra la oligarquía praeter-estatal y la aristocracia técnica del Estado, comprendiendo en esta última a los altos cargos de la Administración y, en especial, a aquéllos sobre los que recae la orientación general de las grandes decisiones, como el Consejo de Estado, el centro de estudios del Banco de España o los redactores legislativos; también la Universidad, aunque de manera más dispersa y partidista. En la práctica, esta tecnoestructura del Estado tiende a ser conservadora (por lo que los partidos de izquierdas acostumbran a delegar sus funciones en catedráticos afines, mientras los de derechas ven en ellos un dique de contención frente a los desmanes de la ideología contraria). Desde el tardofranquismo hasta hoy, el pope de los enarcas a la española ha sido Ortega y Gasset, en torno a cuyo pensamiento político convergieron los artífices de la Segunda Restauración.

En efecto, el pensamiento orteguiano fue el manual de instrucciones sobre el que se articuló la Transición, tanto en sus prolegómenos en vida de Franco como durante el proceso constituyente. Los XXI ensayos de Derecho Constitucional comparado, que Miguel Herrero de Miñón ha publicado a fines de 2020 (y en los que, entre abstracción y análisis, deja retazos de su biografía intelectual y política), ilustran hasta qué punto aquel esnob al que las marquesas llamaban Pepe inspiró la España del 78, una España autonómica, integrada en los organismos internacionales y resignada, en el mejor de los casos, a conllevarse con Cataluña, a la espera de que los particularismos locales se disolvieran en el magma informe de la europeización.

Al margen de la crítica que a cada uno le merezca la asistemática filosofía de Ortega, no puede negársele el mérito de conciliar en torno a él a los intelectuales orgánicos de las tendencias más dispares. Bien es cierto que Ortega no fue elegido por convicción, sino para salir al paso de las circunstancias y, quizás, a falta de cualquier otro. Pero si, como bien señala Dalmacio Negro, "desde el punto de vista intelectual, la Transición española fue una chapuza", hay que reconocer que ha sido una chapuza razonablemente útil (más canovista de lo que Ortega estaría dispuesto a aceptar por aquello del "ir tirando").

Para la tecnoestructura del Estado, más que un pensador de referencia, Ortega ha sido un pensamiento-ambiente. La distinción no es gratuita. Mientras que los pensadores de referencia pueden combatirse, rechazarse o sustituirse, el pensamiento-ambiente lo permea todo y, lejos de imponer un paradigma, colorea las lentes con las que evaluamos el resto. Si, como afirmaba nuestro hombre, las ideas se tienen y en las creencias se está, hoy Ortega pervive como creencia antes que como idea (y ya se sabe que las creencias sólo permanecen cuando se manifiestan; en caso contrario, se fosilizan y devienen en adorno y procesiones de Semana Santa).

Ocurre, en cambio, que el banco de pruebas de la realidad se vuelve inapelable contra cualquier teoría tan pronto se evidencia el reblandecimiento de sus hipótesis. Y ahora mismo el rumbo propuesto por Ortega se encuentra sometido a reconsideración. La conllevancia entre la Cataluña institucional y el resto de España no parece posible durante el próximo lustro y el carnet de miembro de la Unión Europea, en vez de garantizarnos ese pasaje en preferente que de él se esperaba, apenas da derecho a un chaleco salvavidas y a un asiento más o menos privilegiado desde el que asistir e historiar un decaimiento común. Por otra parte, como el profesor Xacobe Bastida Freixedo destacó hace décadas en su artículo "Ortega y el Estado"[1], el pensamiento político de Ortega fue difuso y oscilante y lo mismo sirve para un proyecto socialdemócrata que para una reforma liberal.

Ante un contexto de incertidumbre, la continuidad histórica de España exige reencontrarse en un pensamiento y unas figuras que los intelectuales orgánicos de uno y otro color puedan asumir como reivindicables, como comunes y provechosas. Y es justo su ausencia lo que nos obliga a exigir la aparición de una intelligentsia verdaderamente nacional, o lo que es lo mismo, de una intelligentsia no partidista, no autonómica, no fragmentaria, cuyo influjo no sólo guíe la labor concreta de tal o cual Gobierno o la del Estado en su conjunto, sino que sirva para orientar la participación de las oligarquías en los asuntos públicos, eso que el discurso anti-establishment gusta de tildar como "las élites".

Aunque las conformen sus ciudadanos –los vivos y también los muertos–, las naciones se configuran en los indefectibles cenáculos de las fuerzas vivas, en dispersos corrillos de opiniones privilegiadas. Y son estos grupos los que, anticipándose a los cambios más urgentes, engrasan los pernios de las puertas para que al abrirlas no chirríen. Durante la segunda mitad del franquismo no escasearon los espacios de encuentro y reflexión en torno a la incógnita del futuro. A este empeño de estar preparados e ir dejando directrices para cuando "el hecho biológico" activara las "previsiones sucesorias" responde el surgimiento de editoriales como Taurus o Ruedo Ibérico, semanarios como Triunfo o Cambio16 y publicaciones como Cuadernos para el Diálogo, la segunda época de la Revista de Occidente o, con un contenido mucho más literario, la revista Índice. Si el planteamiento genérico de la Transición es más estadounidense que autóctono; si su andamiaje jurídico se debe al magín de Fernández Miranda y si entre éste y el rey designaron a Adolfo Suárez capataz de obra, las ideas sobre el contenido del nuevo régimen se desarrollaron principalmente en las publicaciones y conciliábulos de una oligarquía intelectual a cuyo rebufo –sin apenas saberlo– quedó supeditada la marcha del país.

En cualquier sociedad, por muy democrática que aspire a ser, la existencia de una oligarquía –que en realidad son varias y no siempre concurrentes– resulta inevitable. Así lo ha señalado la sociología de raíz weberiana, con la célebre aportación de Robert Michels a la cabeza. En consecuencia, el fortalecimiento institucional y la continuidad histórica de España depende en gran media de que, sobre los temas fundamentales, estas oligarquías funcionen como una sola, en tanto que defensoras de unos objetivos comunes a muy larga distancia de los particulares. Las ideas que sobre la España postfranquista articularon Carlos Ollero, Jiménez de Parga, Raúl Morodo, Joaquín Garrigues Walker, Elías Díaz, Francisco Fernández Ordóñez, Luis Díez Picazo, García Pelayo, Gregorio Peces-Barba, los hermanos Lamo de Espinosa, José María Rendueles o Enrique Fuentes Quintana condicionaron nuestra política exterior, económica e institucional durante el último cuarto del siglo XX.

No obstante, rasgo definitorio de las élites es considerarse el Über-Ich de su época, la contrafuerza que reprime al Es de las masas en el Ich de las instituciones. Ninguna aristocracia reconoce, en cambio, las pulsiones de un Es particular con frecuencia más degradado que el de ese vulgo al que quiere y desprecia como se quiere y desprecia al mozo de mulas o al limpiabotas (se les quiere mucho, pero nunca se permitirá a una hija casarse con ellos). Si algo caracteriza a la oligarquía española, y sobre todo a la económica, es su endogamia, el vivir de espaldas a la calle y estar más pendiente de compadrear en monterías o comprar equipos de fútbol que en hacer país, próximos al modo en que los aristócratas de los años veinte se entretenían tirando al pichón mientras afuera soplaban huracanados vientos de cambio y los ateneístas matritenses declaraban la inexistencia del Ser Supremo por siete votos de diferencia (según la cáustica parodia que de la época hizo ese clasista orondo y simpaticote, además de extraordinario prosista, que fue Agustín de Foxá).

Frente a la ingeniería social de las agendas y los desafíos, de esas agendas y desafíos que más recuerdan a la ensoñación infantil de sentirse astronauta envolviéndose en papel de aluminio que a proyectos ambiciosos, la clase discurriente ni está ni se la espera. Cada bandería tiene la suya, los profesionales del salto eluden tender puentes y, como nos enseñara Carl Schmitt, la política se basa en distinguir entre amigos y enemigos mediante la escenificación del juego/fuego de la discordia.

Nada de cuanto va dicho significa que la España de hoy sea un páramo intelectual. Al contrario, pocas veces en la historia del país habrá habido tanta gente pensando y pensando con honradez. Pero, ay, se piensa para un fragmento o esquirla de la población y su tratamiento mediático no permite diferenciarlos de cuantos arbitristas teorizan en universidades y televisiones a la manera en que lo hicieron los del siglo XVII. Hoy, el Ateneo no pasa de ser el verdadero museo romántico de Madrid, con un salón de conferencias que se alquila por un precio proporcionado a su suntuosidad; en las universidades se ha funcionarizado el conocimiento; y el movimiento estudiantil, concebido para hormonar ideológicamente a la juventud, sirve asimismo para que los cachorros de los partidos se entretengan y se entrenen en los cabildeos y conspiraciones de la politiquería.

¿Existen espacios donde los de Belmonte y Joselito puedan reencontrarse al modo en que los mismos Joselito y Belmonte se encontraban afectuosos y amigables cuando viajaban juntos en tren? Existen, y puesto que existen, bueno será consignar aquí sus nombres. Cuando los historiadores del futuro sistematicen la vida intelectual de la vigente hora de España, habrán de referirse a las fundaciones Rafael del Pino, Juan March o Mutua Madrileña, ya que por sus coloquios y publicaciones están pasando las grandes figuras del pensamiento y el arte occidental.

El panorama, pues, dista de ser desangelado y, para cerciorarnos de ello, conviene que pongamos las cosas en perspectiva. Si, según se dice en los Evangelios, nadie es profeta en su patria, menos aún se es profeta en el propio tiempo. Que a la mayoría de las figuras intelectuales no se las reconozca hasta después de enterradas es suceso común aquí y en cualquier parte. Entre otros motivos, porque el verdadero librepensador ha de enfrentarse con la realidad de su época, tensándola, interpelándola, sometiéndola a análisis riguroso. Y un corte en la cadera inferido con arma blanca siempre producirá una herida con independencia de si se trata de una operación de apendicitis o de un navajeo tabernícola.

En cambio, hay hechos que por su importancia simbólica merecen especial comentario. Cuando falleció Miguel Delibes, ningún miembro de la Familia Real acudió a su entierro (tampoco a la capilla ardiente). Por contraste, cuando semanas después murió Juan Antonio Samaranch, Juan Carlos I presidió un funeral cuasi de Estado (y no es preciso diferenciar aquí las antagónicas trayectorias humanas de uno y otro). Otro ejemplo. Qué duda cabe de que el ya mencionado Julián Marías es uno de esos cerebros cuya obra todo español con conciencia de su país debería frecuentar. Senador por designación regia en las Cortes Constituyentes (si lo fueron ex ante o a posteriori es bizantinismo que dejamos a los constitucionalistas), algunas de sus enmiendas a la Carta Magna fueron tronantemente rechazadas por los senadores electos; en especial, por los de la bancada de izquierdas. También por aquellos años la dirección de El País comenzó a ningunear su firma hasta forzarlo a cambiar de periódico.

Aunque de él se haya dicho, con maldad estúpida y humor chocarrero, que puso oscuro todo lo que en Ortega estaba claro, su libro España inteligible, publicado en 1985, todavía sirve para desarrollar una idea, tan intelectual como práctica, de una nación necesitada de trayectoria (y la trayectoria más esencial de cualquier país es que sus gentes vivan, coman y encuentren un clima propicio para desarrollarse libres, sin necesidad de que retumben hora tras hora los últimos gritos ideológicos importados de alguna universidad americana). Otras obras suyas, como La educación sentimental, permiten predecir el desgarro que producirá este feminismo que se pretende hegemónico si continúa rechazando dos elementos esenciales: el gobierno y sofisticación –también lingüística– de los afectos. Y si en su biografía destaca que se mantuvo fiel a Julián Besteiro y que padeció los rigores de las cárceles del primer franquismo, ¿por qué, entonces, apenas se le reivindica, aun cuando sea por haber engendrado a una de las mejores plumas del país? Lo sustantivo, en cualquier caso, es que nombres en torno a los que idear una España abierta y posible no faltan.

En párrafos anteriores señalábamos la existencia de un segundo nivel de influencia. En sentido propio, más que de intelectual debería hablarse de influencia cultural, dado que es en el conjunto de la población donde se ejerce. Y aquí, muy por encima de las ideas, priman los símbolos, las sensaciones y los sentimientos: lo entrañable, en suma. Mas es en este segundo nivel donde el denominado santoral laico adquiere su importancia, un santoral que en vez de en el Martirologio Romano suele recogerse en el callejero de las grandes ciudades.

En la España democrática, y dentro de la literatura, este santoral ha tenido tres figuras protagónicas: Federico García Lorca, Antonio Machado y Miguel Hernández, quienes partiendo de su enorme calidad poética han servido para identificar a los partidos de derechas con los responsables del drama personal en el que cada uno encontró la muerte. No ha hecho tanto tiempo desde que el crítico literario Miguel García-Posada celebrase en un artículo que el PP de un José María Aznar todavía en la oposición homenajeara a la Generación del 27 y citase versos de Lorca, siendo, como amagaba decir que eran, los herederos ideológicos de sus verdugos. De tres grandes poetas, la brega política ha hecho tres símbolos arrojables contra la mitad del electorado.

Pero si entre las virtudes literarias de Lorca destacan la exuberancia de la expresión, la musicalidad de los versos, la sugerente fuerza de la palabra o la capacidad para idear imágenes insólitas, entre sus defectos sobresale la de ser una poesía muy pobre en ideas. Su visión del mundo es pasional y vitalista, aunque carente de conceptos elaborados. Su verdadera militancia se resumía en el goce de la vida y en la persecución de la belleza, dos elementos más que suficientes para erigir una obra literaria, pero no para sofisticar el subconsciente de ningún pueblo. A diferencia de Walt Whitman, de quien ha llegado a decirse que condensa la peripecia vital del anónimo ciudadano de la democracia, la brillantez lorquiana ni enseña ni permite inspirarse en él sin degenerar en folclorismo. No es éste el caso de Antonio Machado, cuyos poemas y apuntes sirven para forjarse un ideal de España traducible en acción ("la España de la maza y de la idea" cuyos actos "brotan de manantial sereno"). El caso de Miguel Hernández es parejo al de Lorca y su poesía, excelsamente primaria, vibrante y trágica, tampoco permite elevarlo a verdadero intelectual (lo que no quita que sus artículos sobre la Guerra Civil constituyan ejemplos magníficos de cómo puede escribirse prosa volandera sin perder temblor lírico).

Sin pretender hacer un repaso, ni pormenorizado ni simple, de la cultura creada en lo que llevamos de régimen, sí conviene criticar la pobreza de cosmovisión que acusan la mayor parte de esas figuras que, al amparo de Harold Bloom, acostumbramos a llamar canónicas. La Movida Madrileña fue un grito que se quedó en transgresión esperpéntica tan corta de miras como el país que se proponía satirizar; el cine de Almodóvar, una vez agotado el pozo del ingenio con que nutrió sus primeras películas, no aporta nada ni al intelecto ni al corazón; y si la denominada poesía o literatura de la experiencia ha contribuido a vestir con vaqueros y camiseta a la musa otrora engolada, hoy sus interminables y manieristas epígonos presumen de presentarla con zapatillas de felpa, pijamas tabacosos e instalada en el hastío de una resaca permanente que intenta mitigar con Netflix y tarrinas de helado. ¿Dónde queda, pues, el compromiso con la belleza, con el pensamiento original y con la sofisticación? ¿Cuántas musas vestidas con discretos aunque elegantes vestidos de noche han quedado relegadas por la desatención de los críticos? ¿A cuántos autores se les ha reprochado vestir con pulcros trajes de tres piezas mientras se saludaba con entusiasmo enfermizo la aparición de haraposos aliños indumentarios? El principal riesgo de proclamar que "la arruga es bella" estriba en que nunca faltan quienes prefieren entender que "la verruga es bella", lo que, como en el juego del teléfono escacharrado, termina degenerando en versiones cada vez más estrafalarias.

La derecha comenzó a perder la batalla cultural en el momento en que renunció a que se incluyese en el santoral laico a figuras de tendencias variadas e indiscutible mérito –aunque no todas comparables– como Gregorio Marañón, los mencionados Delibes y Julián Marías, Menéndez Pidal, María Goyri, Antonio Maura, Blas Cabrera, Salvador de Madariaga, Concha Espina, Pilar Miró, José Jiménez Lozano, Ana María Matute, Gonzalo Torrente Ballester, Lucía Sánchez Saornil (olvidada cenetista para quien la lucha por la igualdad de los sexos, de la que fue pionera, no debía mezclarse con la lucha de clases), Margarita Salas o Eugenio d’Ors. Y si nos queremos remontar a las postrimerías del siglo XIX, ahí tenemos a Santiago Ramón y Cajal (que, sobre ser histólogo, escribía con prosa limpia, sabrosa y estimulante), Adela Ginés, Concepción Arenal, Juan Valera, Pardo Bazán, Sorolla o Pérez Galdós (que en los mismos días del Desastre manifestaba en una carta su orgullo por haber contribuido a expandir la conciencia nacional gracias a sus Episodios), y, montados en tándem, Clarín y Menéndez y Pelayo (juntos y, a ser posible, fraternalmente revueltos, reconociéndose y tratándose el uno al otro con las mismas buenas maneras con que lo hicieron en vida).

Así, cuando estos y tantos otros nombres desperdigados aquí y allá comiencen a interpretarse desde un concepto de tradición común, el ciudadano español, votante de cualquier partido, entenderá que la derecha y la izquierda, el centro y la periferia, los ateos y los clericales, han aportado similar número de bustos egregios a su historia reciente más viva y jugosa. Pero para ello las familias de la derecha no pueden resignarse a que sus odiadores más enconados les digan qué figuras valen dentro de su genealogía y qué nombres de tovarichs revolucionarios merecen canonización sin otro mérito que su radicalidad psicótica.

Cuando hace década y media el presidente José Luis Rodríguez Zapatero afirmó que el concepto de nación es discutido y discutible no dijo ninguna mentira; se limitó a constatar un presupuesto teórico. Ahora bien, puesto que hay quien se empeña en discutir, aportemos hechos, ideas y nombres. No puede ser que cada proyecto para España que sobrepase el simple ir tirando esté condenado a nacer muerto.

Acaso el principal motivo sea el descrédito que recae sobre la idea de España como eje vertebrador, como un significante atractivo dentro de esa hegemonía cultural de la que hablaba Gramsci. Porque cuando se vence en las elecciones pero se carece de hegemonía lo que se tiene es la administración del Estado, mas no el poder. Y sin poder no hay programa político hacedero. (Tampoco se debe perder de vista que alimentar una idea demasiado intelectual de España, desatenta a que el ciudadano medio prospere en todos los órdenes y vea prosperar a sus hijos, es acelerar el desencanto y la sensación de intemperie).

Pero, como Thorstein Veblen puso de manifiesto hace más de un siglo, la prosperidad personal depende en grado sumo de que las instituciones y la cultura del país la favorezcan, entendiendo por cultura las ideas y creencias que definen a una persona por influjo del ambiente y que condicionan su manera de estar en la vida (cultura del ahorro, del trabajo, del tiempo, etcétera). Y ello sin perjuicio de que las instituciones –formales o informales– sean fenómenos de tanta cultura y mucho más útiles que cualquier cantante de temporada o que la última ridiculez de Arco a la que debamos motejar de obra artística para que los esnobistas, las Jimena Blázquez y los Wilfredo Prieto de turno no nos tomen por pueblerinos y se dignen a tomar el té con nosotros levantando bien recto el dedo meñique.

Si queremos que esta cultura íntima, arraigada, entrañable, se traduzca en una amplia conciencia de nación libre y próspera, urge que entre las élites y la intelligentsia se alcance un nuevo consenso sobre lo esencial (mas sólo sobre lo esencial, ya que la fiebre consensualista yugula las libertades). Parafraseando a Clemenceau, la nación es un asunto demasiado importante para dejarlo en manos de la clase política, un asunto sobre el que las oligarquías, la clase discurriente y la industria mediática tienen mucho que discernir. Más aún en esta década de spotismo ilustrado en que los discursos se redactan hilvanando significantes vacíos y aplicando la escritura automática que los primeros surrealistas propugnaban ebrios de absenta y opiáceos.

[1] Cfr. Freixedo, X. B. (1998). Ortega y el Estado. Anuario de filosofía del derecho, (15), 141-164.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

La hora de Vox
Rafael Bardají. https://gaceta.es/ 22 Octubre 2021

Hay un dato importante en todas las encuestas que intentan arrojar algo de luz sobre nuestro panorama político: Vox está aquí para quedarse. Según las peores estimaciones, podría perder algún que otro escaño; según las más favorables, seguiría creciendo en votos y presencia parlamentaria. Lo que no dicen las encuestas es que el partido de Santiago Abascal lo está logrando a pesar del cordón sanitario que le han impuesto el resto de los partidos y, aún peor, en contra del pacto de silencio de todos los medios que sólo mencionan a la formación nacionalista española cuando contrae matrimonio uno de sus líderes.

Ahora bien, pasar del 16-17% de votos al 20% no es tarea fácil. De hecho, tal vez sea la más compleja pues supone crecer en sectores disputados por otros partidos y atraer a votantes que nunca antes habían comulgado con las propuestas de Vox. No obstante, hay dos elementos que permiten ser optimistas. Por un lado, los desmanes del actual Gobierno, entregado de pies, manos y alma (si la tuviera) a la izquierda más radical, antidemocrática, totalitaria y cínica que hemos conocido. La avidez tributaria de Sánchez/UP que lleva a auténticas actuaciones de trileros (como es la “tarificación del uso de las autovías), su ansia por mantenerse en el poder (ahí queda el tema de las excarcelación de miembros de ETA que exige Otegui “el dolorido” a cambio del apoyo de Bildu a los presupuestos), su despreocupación por el conjunto de España (basta ver el trato desigual y favorecedor a los separatistas catalanes), entre otras muchas cosas, como el asalto a la educación o la constante presión para romper la separación de poderes, pinta un panorama lamentable en lo económico, revolucionario en lo social y suicida para España y sus instituciones democráticas. Engatusar a los españoles no les va a resultar sencillo.

El segundo factor que favorece a Vox es la permanente deriva del PP. Y ya no se trata de que un día quiera emular a Vox, aunque suene falso, y al otro traicione a buena parte de su electorado denigrando a Santiago Abascal y corriendo a pactar con Sánchez. Hay algo más: su líder no cala y empieza a caer antipático a pesar de su sonrisa forzada. Los problemas de Génova se acumulan y por eso el PP es incapaz de hacer oposición y presentar a los españoles una clara alternativa al socialcomunismo que nos gobierna. Tras un arranque que ilusionó cuando se hizo con las riendas de su partido, Casado ha caído en la miseria ideológica de la derecha institucional española: defender la gestión como mejor moneda política. Desgraciadamente para él, ni esa gestión es convincente históricamente, ni sus luchas de celos con Isabel Díaz Ayuso le otorgan mucha credibilidad a sus palabras. En lugar de apoyar a la dirigente autonómica de su partido que mejor lo ha hecho de entre los suyos, la castiga e intenta ponerle freno. Marx y Freud se equivocaban: no era ni la lucha de clases ni eros los motores de la Historia, sino los celos de todo tipo, sobre todo los relativos al poder.

Con todo, para aprovechar la situación, en mi humilde opinión, Vox debe superar dos retos: el primero, salir de su actual zona de confort. Esto es, ir más allá de ser el provocador de la izquierda y ser conscientes de que tanto el juego parlamentario como el terreno judicial han tocado techo. La movilización social exige caminar hacia una gran tienda, a la combinación de grupos y sectores dispares y descontentos tanto con el Gobierno como con el PP. Karl Rove me dijo una vez que los europeos tendemos a ver a nuestros votantes como los espectadores de un teatro. Nos dirigimos a nuestros fieles. Mientras que él veía a la sociedad compuesta de grupos que actuaban como imanes. La clave estaba en ir colocando los polos opuestos de cada uno para formar una gran cadena que uniera en un extremo, a unas monjitas de California, como un grupo de cómicos de Nueva York, en el otro. Algún sabio habrá que sepa cómo articularlo en España, imagino.

La otra asignatura de Vox, clave para su éxito, es dejar de ser percibido como la muleta del PP y pasar a ser considerado una alternativa de gobierno real. Y para eso el partido de Abascal debe parar de ser la voz crítica que ha sido y es para también ser la voz de la generación de propuestas que puedan ser llevadas adelante desde el gobierno. El temor a ser criticado tiene que ser suplido con la profesionalidad de quienes quieren llegar a gobernar y dar a conocer que el equipo humano del cambio sabe lo que tiene que hacer. Un programa basado únicamente en soflamas y en sentimientos no es suficiente.

Vox se enfrenta a un salto cualitativo, convencer de que es la alternativa real. No en un futuro indeterminado. Sino ahora. Y ahora es ya. Sólo tiene que desarrollar la estrategia adecuada.

Totalitarismo sanchista
OKDIARIO 22 Octubre 2021

Los documentos elaborados a raíz del Congreso Federal del PSOE en Valencia no dejan de deparar sorpresas. En su ofensiva contra lo que él denomina «ultraderecha» -Vox, para entendernos-, el socialismo pretende expulsar a los de Santiago Abascal de los medios y las redes. Y si no, juzguen ustedes: «La democracia -dicen- es un modelo de convivencia en constante proceso, inacabado, que se enfrenta en cada momento histórico con nuevos retos que deben mantenernos en permanente alerta y en continuo avance. En un contexto marcado por la crispación, el auge de la ultraderecha o el aumento de los discursos totalitarios, y teniendo en cuenta el riesgo real que pueden suponer para la convivencia social, se hace imprescindible una reflexión conjunta desde los distintos espacios. La escuela, las instituciones, las redes o los medios de comunicación son algunos de ellos. La calidad de nuestra democracia dependerá, en parte, de las reformas que llevemos a cabo los demócratas». Verde y con asas. Lo que pretende el PSOE es borrar cualquier sombra de Vox, un plan de aniquilación que no concreta pero que está ahí.

Su argumento es que «la polarización que pretenden los partidos extremistas disuelve la democracia». Y sigue: «Los problemas reales de la gente, la defensa de su dignidad, sus derechos, la superación de la desigualdad o de las crisis, ni siquiera se plantean con rigor y profundidad, sino que se suplantan por un espectáculo político de enfrentamiento que invade tertulias, programas y redes sociales». Que esto lo diga un partido que ha vendido la dignidad de España y los españoles a cambio de un puñado de votos de golpistas y proetarras resulta una ignominia, un terrible sarcasmo. Bajo la apariencia de una falsa moderación, el PSOE quiere aplastar la voz de quienes no le bailan el agua. Porque, que nadie se engañe, esos que ellos llaman «ultraderecha» son todos aquellos que no comulgan con sus ideas. Puro totalitarismo sectario.

DOCUMENTO DEL CONGRESO FEDERAL DEL PSOE
Sánchez diseña un plan para expulsar a la «ultraderecha» de los medios, tertulias y redes
Carlos Cuesta. okdiario 22 Octubre 2021

Pedro Sánchez sigue con su ataque contra lo que él denomina la “ultraderecha”. El PSOE apunta obviamente a Vox. Y ahora pretende expulsar su presencia de los medios y las redes. El plan aparece plasmado en los documentos de los socialistas elaborados a raíz del Congreso Federal recién celebrado por el PSOE en Valencia.

Allí se señala de forma expresa que “la democracia es un modelo de convivencia en constante proceso, inacabado, que se enfrenta en cada momento histórico con nuevos retos que deben mantenernos en permanente alerta y en continuo avance”. Se añade que “en un contexto marcado por la crispación, el auge de la ultraderecha o el aumento de los discursos totalitarios, y teniendo en cuenta el riesgo real que pueden suponer para la convivencia social, se hace imprescindible una reflexión conjunta desde los distintos espacios. La escuela, las instituciones, las redes o los medios de comunicación son algunos de ellos. La calidad de nuestra democracia dependerá, en parte, de las reformas que llevemos a cabo los demócratas”. La frase esconde todo un plan de acción contra Vox.

Un plan que se explica en el documento: “La polarización que pretenden los partidos extremistas disuelve la democracia. En efecto, el fenómeno de la polarización comienza con la identificación cada vez más intensa con el grupo de pertenencia, con quienes piensan como yo, y continúa con la demonización del contrario, que pasa de ser considerado legítimo adversario político a erigirse en enemigo público que sólo busca hacer daño a “los nuestros”. En este maniqueísmo se pierde el respeto por el otro, la posibilidad de comunicación se elimina y el diálogo se hace imposible. La política pierde de este modo su esencial capacidad de resolver los problemas colectivos sobre el concepto de bien común, que se disuelve en los intereses de cada grupo primero y de los individuos después. Los problemas reales de la gente, la defensa de su dignidad, sus derechos, la superación de la desigualdad o de las crisis, ni siquiera se plantean con rigor y profundidad, sino que se suplantan por un espectáculo político de enfrentamiento que invade tertulias, programas y redes sociales”.

La afirmación procede del partido que ha pactado con proetarras, golpistas y comunistas. Y que ha acusado de delitos usando denuncias falsas a los miembros de Vox.

El plan de Sánchez aclara que “el PSOE huye de esta simplificación maniquea que nos enfrenta e impide que avancemos en la resolución de los auténticos problemas que tiene la ciudadanía. Queremos seguir perfeccionando el funcionamiento de las estructuras del Estado de Derecho y de los gobiernos y parlamentos democráticos. Es por ello imprescindible fortalecer las instituciones y emprender un cambio de actitud en los actores políticos”.

Porque, según su versión, tras ir contra la “ultraderecha”, es decir, según su lenguaje, contra Vox, “mejorará la relación de confianza entre la ciudadanía y los políticos, partidos y Gobiernos, y permitirá que éstos puedan cumplir con las funciones que les corresponden atendiendo al interés general, de especial importancia para el momento en el que nos encontramos”.

Rajoy estaba al tanto de las negociaciones con ETA según las actas del PP
María Ariza. https://rebelionenlagranja.com 22 Octubre 2021

“Haz lo que tengas que hacer y me vas diciendo”, eso fue lo que le dijo Rajoy a Zapatero en 2006 sobre las negociaciones con ETA. Y así lo recoge el diario El Mundo, que ha tenido acceso a las actas del PP sobre la banda terrorista. ¿Recuerdan cuando Pablo Casado, hace exactamente un año, acusó a Abascal de pisotear a las víctimas de ETA, afirmando que el PP había pagado un tributo de sangre?

Pues les vamos a contar el tributo que pagaba el PP de hace una década: Mariano Rajoy y los altos representantes del partido mantuvieron un canal de comunicación secreto con Zapatero durante las negociaciones con ETA, a través del cual, Zapatero iba comunicando al PP los pasos que iba dando, el estado de la situación y cuáles eran sus propósitos.

Y ¿Cuáles fueron algunos de esos propósitos revelados? Pues por ejemplo, el plan ZP para que, con el tiempo, los presos fuesen acercándose al País Vasco y saliendo de las cárceles.

Todas esas negociaciones que según el expresidente socialista empezaron en 2004, fueron pactadas también con el PP, al que se pidió una oposición “medida” y un “discurso pactado”. Lo que el público, el Parlamento y la sociedad vivió durante ese tiempo no era más que un teatro convenido por ambos bandos del entonces panorama político bipartidista.

«Habla y haz lo que tengas que hacer y me vas diciendo»
El 16 de julio de 2006, Zapatero anunció a Rajoy que hablaría con Batasuna. “Habla y haz lo que tengas que hacer” fue la respuesta del dirigente popular, que además compartía esa información con el portavoz parlamentario del PP en el Congreso, Eduardo Zaplana, el diputado y ex secretario de seguridad, Ignacio Astarloa o Ángel Acebes, secretario general del PP.

Pero la cosa no quedaba entre socialistas y populares: otros al tanto de todo fueron el Rey, y una persona bastante clave en las negociaciones: el obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte.

Primero, paz, y luego política
Ese mismo mes de julio de 2006 se cerraron reuniones inmediatas con ETA y batasuna, y, ojo a esto, un compromiso con el líder de la izquierda abertzale, Arnaldo Otegui, de hacer cumplir la Ley de Partidos. Con el beneplácito popular, en la reunión con Batasuna se impusieron dos condiciones para legalizarla: “la condena de la violencia y la aceptación de la Ley de Partidos”. La estrategia era la de primero paz, y luego política.

¿Y qué hay de la reunión con ETA? Para esta, había cuatro puntos sobre la mesa: armas, presos, reinserción y calendario. Pasó el verano, y, según las actas, el PSOE contó al PP que no habría excarcelaciones, sino salidas a lo largo de los años y con muchísima discreción.

¿Y cuál fue la pieza clave del bando abertzale en todo este proceso? Otegui. Ese que quince años después se sienta con Pedro Sánchez. Ese que está en política gracias a que Rajoy apoyó secretamente la estrategia Zapatero…

Y ahora, se atribuyen un tributo de sangre, que en realidad, llevó a ETA a las instituciones. Así se ha expresado Santiago Abascal en redes sociales:

Santiago Abascal
@Santi_ABASCAL
Algunos denunciamos hace muchos años que Rajoy y el PP se habían sumado a la traición.
Hoy por fin conocemos las actas que desvelan el acuerdo entre ETA, Zapatero y Rajoy.
La banda terrorista tiene sitio en las instituciones por la traición consensuada del bipartidismo

La indignidad infinita de Sánchez en su penoso sometimiento a Bildu
España ni puede pagar el precio que Sánchez ya está abonándole a Bildu para garantizarse su apoyo. El blanqueamiento de Bildu es incompatible con el respeto al Estado de Derecho.
Editorial ESdiario 22 Octubre 2021

En apenas 48 horas desde que Otegi simulara mucho dolor por las víctimas del terrorismo, toda su hipocresía y toda la bochornosa complicidad del Gobierno en esta campaña de blanqueamiento de Bildu han quedado en evidencia con estrépito.

De un lado, el líder de esta Batasuna 2.0 maquillada en una coalición de distintos partidos liderada por Sortu; reveló a viva voz sus verdaderas intenciones: quiere aprobar los Presupuestos de Pedro Sánchez para sacar a “200 presos de ETA de la cárcel”.

Sus palabras fueron todavía más lejos: apoya a Sánchez, y le apoyará otros cuatro años si tiene opciones de seguir en Moncloa tras las próximas Elecciones, porque necesita seis años para cumplir su objetivo: liberar a los terroristas y avanzar en su proyecto independentista.

El vídeo de Otegi que reaparece para recordar quién es en realidad

Si alguien tenía alguna duda, esa intervención de Otegi se la habrá quitado del todo: piensa lo mismo que siempre, pero cambia de disfraz para facilitarse el intercambio más abyecto con Sánchez. Ni siente dolor por las víctimas, ni arrepentimiento por los asesinatos, ni rechazo por los asesinos.

Su único plan es que no cumplan sus condenas y que, a cambio de sostener a Sánchez, conviertan a Bildu en un actor preferente de la política española y quizá le den el poder en el País Vasco: la incomodidad del PNV es el mejor indicio de que la posibilidad de que Otegi llegue a ser lendakari, respaldado por el PSOE y Podemos, es más cierta que nunca.
Sánchez es rehén de un pecado original, al aceptar llegar a la Presidencia o aprobar los Presupuestos o acceder a Navarra con Bildu

Por si todo esto fuera poco, la trampa abertzale quedó aún más en evidencia al confirmarse su negativa a condenar el terrorismo en el Parlamento Vasco, rechazando sumarse a una iniciativa en ese sentido presentada por el PP en Euskadi, respaldada por el resto de grupos.

Finalmente, la inminente visita en noviembre de una delegación del Parlamento Europeo para pedir explicaciones a España por los cerca de 400 crímenes de ETA sin resolver, retrata al Gobierno de Sánchez: mientras intenta blanquear un pasado atroz para prolongar su indecoroso pacto con Bildu, es Bruselas quien tiene que ocuparse de la dignidad mancillada de las víctimas.

Todo ello se corresponde con un pecado original de Sánchez, que al aceptar llegar a la Presidencia o aprobar los Presupuestos o acceder al Gobierno de Navarra con el respaldo de Bildu hipotecó su futuro. Porque las obscenas concesiones que le reclaman ya las ido pagando desde 2018.

La indignidad de Sánchez
Desde entonces ha transferido las competencias penitenciarias al País Vasco; ha acercado a sus cárceles a la práctica totalidad de los terroristas; ha aplazado una ley específica para prohibir los homenajes a etarras; ha excluido a las víctimas del terrorismo de la Ley de Memoria Democrática e, incluso, ha rechazado la concesión de la Orden del Mérito Policial a los agentes destinados al País Vasco en los “años de plomo”.

Es decir, el pago de la factura ya es una evidencia abrumadora, pero el arrepentimiento de Bildu es por contra falso. Y es el presidente del Gobierno quien, para garantizarse una mínima estabilidad, permite la burla de sus socios, los rehabilita y les llena de regalos para que cumplan con su parte. Otegi lo ha confesado. Y de paso ha dejado retratado a Sánchez.

Llaman descentralización a lo que es deslocalización
Juan Francisco Martín Seco. republica 22 Octubre 2021

Nos vamos acostumbrando a los trucos y fullerías de Sánchez. Últimamente, como si de un prestidigitador se tratase, ha sacado un conejo de la chistera. Lo ha denominado descentralización. La primera argucia consiste en el nombre, no sé si por ignorancia o por estratagema hablan de descentralización cuando en realidad quieren decir deslocalización. Descentralizar es acercar las decisiones y la gestión de los servicios públicos a los administrados mediante su atribución a entidades más próximas a ellos.

En España, la Administración pública está compuesta, simplificando, de tres niveles, que además son estratos políticos diferentes: Administración central, Comunidades Autónomas y Corporaciones locales. Descentralizar es transferir competencias de un órgano superior a otro inferior, por ejemplo, de las Autonomías a los Ayuntamientos o de la Administración Central a las Comunidades Autónomas o a las Corporaciones locales. España es uno de los países más descentralizados de Europa. En la Transición comenzó con el Estado de las Autonomías un proceso de centrifugación de competencias que parece no tener fin.

Competencias del Estado (Administración Central), por ejemplo, la sanidad o la educación, se han transferido a las Autonomías, en la creencia de que de esta manera se acercaban a los ciudadanos las decisiones y la gestión de los servicios públicos o de los actos administrativos. Se puede estar a favor o en contra de la descentralización. Yo estoy más bien en contra, al menos con la intensidad y el modo en el que se ha llevado a cabo en España (ello puede ser materia de otro artículo), pero lo cierto es que resulta perfectamente legítimo mantener en este tema posturas diversas.

Cosa distinta es lo que predica ahora Sánchez. No es descentralización. La descentralización, es decir, las transferencias de competencias, la viene realizando hace tiempo a la chita callando hacia Cataluña y el País Vasco. Lo que pregona en este momento es la deslocalización, o sea, cambiar el emplazamiento territorial de una entidad o institución, pero sin que haya transferencia de competencias de ningún tipo. Trasladar la sede del Ministerio de Sanidad o la del Ministerio de Educación a Albacete o a Teruel, por ejemplo, no significa que la Administración esté más cerca de los administrados; en todo caso, de los habitantes de Albacete o Teruel, porque presiento que la gran mayoría del resto de los españoles la sentirán más lejos o, en el mejor de los casos, el desplazamiento les será indiferente.

Habrá quien diga que no tienen por qué ser ministerios (ya que su traslado parece a las claras bastante absurdo), sino organismos o agencias. Pero para el caso es lo mismo. Escojamos el organismo Puertos del Estado, que es el elegido para que se instale en Valencia, por quien ha lanzado, por encargo de Sánchez, la primera piedra, Ximo Puig. Es claro que no se trata de transferir la gestión de cada puerto a la correspondiente Comunidad Autónoma. Los puertos, al igual que los aeropuertos, tienen incidencia no solo en la región donde están situados, sino en toda España, de ahí que hoy por hoy la gestión de todos los puertos permanezca centralizada en la Administración Central, y concretamente en el organismo autónomo Puertos del Estado.

Es este organismo el que se pretende deslocalizar, es decir, trasladar su domicilio de Madrid a Valencia. No parece que por este procedimiento se acerque la Administración a los usuarios. Dudo que se sienta así en Algeciras, que tiene por cierto el mayor puerto de España, o en otras muchas ciudades con puertos como Gijón o Huelva. A la mayoría de ellos les resulta más fácil conectar con Madrid que con Valencia, y no digamos si se trata de otros organismos con competencias para todo el país a los que se pretende trasladar a Soria, Albacete o Jaén.

Lo que ha hecho que desde hace siglos la villa de Madrid haya sido capital de España (art. 5 de la Constitución) es su situación geográfica, equidistante de casi todos los territorios, allí donde se cruzan los caminos -que canta Sabina-, lo que ha originado que sus habitantes sean en buena medida oriundos de todas las partes de España, y carentes por tanto de toda veleidad nacionalista. Trasladar algún organismo fuera de Madrid, como se hizo en tiempos de Zapatero y Montilla, seguramente no sería práctico, y es posible que terminase al igual que en el caso anterior mal, pero tendría efectos reducidos desde el punto de vista global; ahora bien, si lo que se pretende es una deslocalización generalizada de la Administración central, las consecuencias serían caóticas, dañarían gravemente la operatividad de las instituciones y dificultarían de forma considerable las gestiones de los ciudadanos.

Plantear la solución de la España vaciada a base de desperdigar organismos oficiales o es una ingenuidad poco creíble o un ardid para ocultar las verdaderas razones. Ciertamente el problema existe, en España y en otros muchos países, y no es sencillo de resolver en este mundo globalizado y donde el capital puede moverse libremente. De cualquier modo, el principal papel del Estado tiene que venir de proveer a todas las poblaciones de los servicios necesarios, función que difícilmente realizarán las empresas privadas si no les resulta rentable. Es posible que si en el pasado Telefónica no hubiese sido estatal aún hoy muchos pueblos estarían esperando la línea fija de teléfono. Los problemas que actualmente tienen muchos lugares alejados con los servicios bancarios no se daban cuando existía la Caja Postal de Ahorros, pues en cada uno de ellos, por pequeños que fuesen, se encontraba un cartero que actuaba también como delegado de dicha caja.

Situar en algunas de estas ciudades un organismo público no parece demasiado viable ni puede ser la solución. Pero en todo caso ¿no sería más lógico que la deslocalización, de haberla, se produjese en los organismos de ámbito autonómico? Y no sería también más justo que el estado en lugar de conceder desgravaciones fiscales a las sociedades para que vuelvan a Cataluña, las diesen para que algunas empresas se sitúen en lugares de la llamada España vaciada.

Pero no caigamos en la trampa. Todo este canto de la descentralización, de la dispersión territorial de los organismos del Estado, no es más que un pretexto, una carta que Sánchez se saca de la manga y que en el fondo no piensa llevar a cabo más allá de algún traslado esporádico, reclamado por sus socios vascos y catalanes, o como premio a Ximo Puig por haber pasado de crítico a ser uno de los baluartes más fuertes del sanchismo. Pero más allá de eso no hay nada real, sino una cortina de humo con la que intentar tapar al resto de territorios, comenzando por sus propias federaciones, las cesiones que este Gobierno está haciendo a los independentistas, premiándoles en detrimento de los otros españoles.

El miedo de Sánchez, y supongo que compartido por muchos de los barones del PSOE, es que la reacción de Madrid en los pasados comicios se contagie al resto de las Autonomías (excepto a Cataluña y al País Vasco), y que sus habitantes no puedan por menos que ver con gran suspicacia los contubernios que el Gobierno mantiene con los soberanistas, incluso con los golpistas, y los beneficios y privilegios que estos obtienen en detrimento del resto de España y como pago a mantener a Sánchez en el poder.

Es verdad que las características de Madrid son distintas de las del resto de territorios. En general, nunca las cosas son iguales, de modo que, ciertamente, lo que ocurrió en Madrid no es exportable cien por cien a otras Comunidades; pero en todas ellas es lógico que en mayor o menor medida surja el escándalo y la repugnancia a que España esté gobernada por los que se sitúan en contra del Estado y están dispuestos a romperlo en la primera ocasión que se presente.

La táctica de Sánchez consiste en sacar del ángulo de los focos a Cataluña y al País Vasco y colocar en su lugar a Madrid, e intentar de esta manera que los habitantes de otras Comunidades perciban a la capital de España como enemiga y crean que es esta la que les esquilma. Sin embargo, le va a resultar difícil mantener esta impostura siendo esta Comunidad la que más contribuye y con mucho a la solidaridad, a gran distancia de Cataluña cuya renta per cápita está cercana a la de Madrid, y no digamos del País Vasco y Navarra que, a pesar de ser las dos regiones con mayor renta per cápita de España, lejos de ser contribuyentes, son perceptores netos.

Los barones del PSOE se han dividido en dos grupos. El primero compuesto entre otros por Valencia, Baleares y Navarra, que están totalmente al lado de Sánchez y han optado por seguir la línea de Cataluña y Euskadi, por eso resulta tan cínico el comentario de Ximo Puig acerca de que en Madrid se está construyendo un procés silencioso, cuando él sí que está introduciendo a Valencia por la vereda del nacionalismo.

El segundo grupo, el mayoritario, es el de aquellos que no se atreven a rebelarse, pero no pueden por menos que contemplar con miedo las próximas elecciones autonómicas, en la creencia de que los electores de sus Comunidades pueden verse tentados a dar una patada a Sánchez en sus posaderas, al igual que se la dieron a Gabilondo.

www.martinseco.es

El fin de ETA
EDITORIAL. https://gaceta.es/ 22 Octubre 2021

ETA no es solo una banda de pistoleros. Desde su nacimiento, han sido muchos los que han apoyado, bendecido, dirigido, financiado o aprovechado sus crímenes terroristas. Los atentados de ETA, su uso del terror al servicio del nacionalismo y del sozialismo, además de llevar un dolor irreparable a miles de familias, han corrompido instituciones, partidos y estructuras de poder en el País Vasco, así como a una parte notable de la sociedad que todavía hoy, diez años después de que los pistoleros dejaran de matar, es incapaz de responsabilizarse del mal causado de pensamiento, palabra, obra u omisión.

No hablamos sólo de esa parte de la sociedad que responde al nombre de izquierda abertzale (patriótica, en euskera) y que es la extensión política y social de la banda, sino a casi todos los demás, empezando por la iglesia vasca, la que se jactaba de no tener obligación de querer a todos sus hijos por igual (monseñor Setién) y que está retratada en la figura de don Serapio, el cura del pueblo imaginario de la novela Patria, sin duda el personaje más siniestro de toda la obra de Fernando Aramburu.

Para remediar, pero de verdad, el mal causado, no basta la condena de los asesinatos y el reconocimiento del dolor, incluido el éxodo de decenas de miles de españoles obligados a salir de su terruño vasco. Ni que fuera difícil condenar eso. Para aliviar el dolor, lo esencial es el reconocimiento de que la ideología que dio lugar al nacimiento de una banda terrorista, el nacionalismo racista y excluyente surgido del desvarío de un perturbado como Sabino Arana, sólo o combinado con el marxismo, y que impregna a una parte sustancial de la sociedad vasca, es incompatible con la democracia.

Por eso resulta tan perturbador leer las noticias que señalan cómo las grandes formaciones del bipartidismo español, unos por acción, en el caso de los socialistas, o por omisión y por un indigno ‘laissez faire’ en el caso de los populares, no usaron el Estado de Derecho para atacar la causa de la existencia de ETA, sino sólo sus efectos más visibles. Y todavía se felicitan por ello.

Sólo cuando rompamos con ese falso principio de que todas las ideas pueden ser defendidas en democracia, ETA será vencida. Porque ETA, y volvemos al comienzo de este editorial, no es sólo una banda de pistoleros. La banda ya está doblegada. Falta el resto.

Rosa Díez: "A ETA le falta un Núremberg donde sean juzgados no sólo sus crímenes sino su ideología"
En la semana que el "régimen sanchista" celebra 10 años de paz, Rosa Díez recuerda que la única voz que se escucha es la de ETA.
esRadio 22 Octubre 2021

Rosa Díez ha comentado en #OrganizandoLaResistencia de Es la Mañana de Federico cómo la semana pasada "acabó con un congreso en el que el PSOE decidió sustituir los debates sobre cuestiones políticas por varias sesiones de coros y danzas" para empezar la siguiente en la que "el régimen sanchista ha celebrado los 10 años de paz al igual que el franquismo celebraba los 25 años de paz".

Una semana infame que tendrá su colofón en un "aquelarre en San Sebastián donde los socios de Sánchez, PNV, Podemos, "los golpistas catalanes y el portavoz de ETA, Otegi, se manifestarán en favor de los presos etarras. Rosa Díez ha apuntado que el aniversario que están celebrando debería ser el de la derrota de ETA gracias a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y en el que se escuchase la voz de las víctimas. En su lugar, "la voz que se ha escuchado es la del portavoz de ETA, Otegi, y la obscena voz de Zapatero".

Además ha comentado cómo la prensa vasca se ha entregado felizmente a la causa "publicando a doce páginas una entrevista doble con Zapatero y Eguiguren donde no dan voz a ninguna víctima ni movimiento cívico". Rosa Díez ha querido leer una de las respuestas de Rodríguez Zapatero al ser preguntado por "si la memoria iba a ganar al relato". El expresidente responde a la cuestión con un "dejemos a la sociedad vasca que administre con inteligencia qué dosis de memoria y olvido son necesarios porque quizás hay cosas en la historia que hay que olvidar".

Ante esa declaración Rosa Díez no ha podido más que llamarle "sinvergüenza" ya que ha recordado que lo dice "el que se inventó la ley de Memoria Histórica para volvernos a enfrentar a los españoles". Es decir, "de la Guerra Civil hay que acordarse para volvernos a matar pero de ETA no". Para colmo, "no hay que acordarse tampoco de las víctimas porque no hay que honrarlas sino que hay que lavar la historia de los terroristas".

Los terroristas, ha subrayado Díez en esRadio, "dan miedo, pero quienes los amparan, defienden, protegen y blanquean dan un asco infinito". De esta forma, ha asegurado que "la lucha de la democracia contra ETA y el terror no acabará hasta que en España haya un Núremberg, donde no sólo se juzgaron a los asesinos sino que se juzgó y condenó la ideología nazi porque sin esa ideología no se hubieran producido esos crímenes".

Por tanto, "a ETA le falta un Núremberg", donde sea juzgada "su ideología de nacionalismo totalitario etnicista en nombre de la que instituyeron la primera víctima hasta los 857 españoles asesinados, 714 ya en democracia". La derrota de ETA es "la condena de toda su historia y su ideología" y "hasta que no se juzguen todos sus crímenes, condene toda su historia de terror, y con ello a todos los que la defienden, no podremos decir que hemos vencido a ETA". Además ha advertido que "no descansaremos hasta que ETA tenga su Núremberg" porque "hay que insistir en que debe haber vencedores y vencidos, no cabe empate entre el crimen y la democracia, entre la víctima y el verdugo".

Rosa Díez ha remarcado que "tenemos que tener memoria para hacer Justicia" y ha lanzado un mensaje claro, "no olvidaremos y nunca jamás perdonaremos a los traidores".

La Plataforma per la Llengua y dos sindicatos abren una web para chivatos contra el uso del español en la Universidad
Los comisarios lingüísticos voluntarios dicen que es una campaña para "promover y agilizar las quejas lingüísticas de los estudiantes".
Pablo Planas (Barcelona). Libertad Digital 22 Octubre 2021

Los estudiantes que quieran denunciar a sus profesores universitarios por utilizar el español en las aulas disponen a partir de ahora de una web en la que señalar a dichos docentes. La página es una iniciativa de la Plataforma per la Llengua –los comisarios lingüísticos voluntarios que se dedican a denunciar comercios por usar el español y a espiar en qué idioma hablan los niños en el patio, entre otras actividades– y los sindicatos de estudiantes separatistas Federació Nacional d’Estudiants de Catalunya (Fnec) y Sindicat d’Estudiants dels Països Catalans (Sepc).

La iniciativa surge tras el plan elaborado por la Generalidad para señalar a los profesores que utilicen el español. El pasado mes de septiembre la consejería de Investigación y Universidades, en manos de Gemma Geis, de Junts per Catalunya (JxCat), llegó a un acuerdo con los rectores, en su mayoría separatistas, para elaborar listados de profesores que den las clases en español. El objetivo es que los profesores se pasen al español a petición de los alumnos en aquellas clases concertadas de entrada en catalán.

Según los estudiantes separatistas, cada vez que un alumno o grupo de alumnos, generalmente procedentes de otras regiones, alega que no entiende el catalán, los profesores se pasan inmediatamente al español, lo que aseguran que vulnera sus derechos lingüísticos. Para impedir estas adaptaciones al auditorio y para aumentar el número de clases en catalán en la Universidad, la Generalidad ha dado orden de realizar estos listados.

En cumplimiento de las directrices de la Generalidad, algunas universidades señalaron que ya había buzones de denuncia a disposición de los estudiantes. Ahora contarán además con la herramienta digital de Plataforma per la Llengua, que además de para denunciar a los profesores servirá para realizar una radiografía sobre el uso del catalán en los centros universitarios, que según la citada plataforma y los sindicatos separatistas está en franco retroceso.

Según cuenta Plataforma per la Llengua, la iniciativa cuenta con la colaboración de los centros universitarios y "con un trámite de menos de cinco minutos, los estudiantes deberán facilitar su nombre, un correo de contacto, la información de los estudios y el nombre de la facultad y la universidad donde estudian. Además, deberán seleccionar qué tipo de vulneración han sufrido y podrán explicar su caso concreto. El servicio redirigirá a los estudiantes a una dirección concreta de su universidad para asegurar que siguen el procedimiento establecido por cada institución".

La entidad afirma además que se hará cargo de los datos "para hacer un seguimiento de la evolución de las vulneraciones".
Recortes de Prensa   Página Inicial