AGLI Recortes de Prensa   Sábado 23  Octubre  2021

Saltan todas las alarmas económicas y el Gobierno pirómano toca la lira
EDITORIAL. Libertad Digital 23 Octubre 2021

El expolio será todavía mayor en 2022, como comprobarán con desesperación especialmente las rentas medias y bajas. En qué manos estamos.

El sector de la alimentación y el de la distribución comienzan a ahogarse. La escalada insólita del precio de las materias primas, el transporte y la energía se ha convertido en una tormenta perfecta que está poniendo en grave riesgo al 20% del PIB, a empresas responsables de 4,5 millones de puestos de trabajo.

Ante el encarecimiento extraordinario de los costes de producción, a las empresas no les está quedando más remedio que subir los precios o plantearse hacerlo a la mayor brevedad posible. Por tanto, ya no son sólo las facturas de la luz y el gas las que amenazan las delicadísimas finanzas de los hogares españoles: y es que la inflación ha llegado a la cesta de la compra.

Mientras tanto, el Gobierno pirómano toca la lira. Los social-comunistas subestiman con terrible irresponsabilidad la subida del IPC, que se ha disparado hasta el 4% en septiembre, el mayor registro en 13 años. "La inflación no me preocupa a corto plazo" porque "no es exorbitante", dijo Nadia Calviño hace algunas semanas. Échense, pues, a temblar, porque cada vez que habla la incompetente titular de Economía sube el pan: recuerden cuando afirmó que la pandemia "tendría un impacto poco significativo" en la economía nacional...

El Gobierno no sólo está mostrando un profundo desprecio por la angustia de las empresas del mundo de la alimentación, sino que quiere asestarles un nuevo tributo, uno que grave los envases de plástico de un solo uso, con el que Sánchez y su banda pretenden recaudar 491 millones de euros en 2022. A esto hay que unir el rejonazo a los refrescos con la subida de su IVA de 10 al 21% con la burda excusa de salvaguardar la salud de los ciudadanos... a costa de su bolsillo (340 millones al año).

Mientras tanto, no muy lejos, en Italia, vuelven a sacar los colores al Gobierno social-comunista. Hasta el Ejecutivo del manirroto Mario Draghi ha entendido que saquear a la industria alimentaria y a sus clientes en plena escalada inflacionista es una aberración. Por eso han decidido aplazar hasta 2023 la entrada en vigor de su impuesto a los plásticos, así como la subida del IVA a los refrescos, que ni siquiera había puesto en marcha. Roma ha tomado esa decisión en el marco de una reforma fiscal para garantizar el crecimiento estructural de su economía, y que supondrá una bajada del IRPF, el IVA y Sociedades. Sánchez, en cambio, ha decidido seguir el camino opuesto. El de la exacción miserabilizadora.

La implantación de peajes en las autovías y el catastrazo son igualmente parte de una política económica infame que ha hecho de España el país europeo donde más ha crecido la presión fiscal durante la pandemia, hasta alcanzar el 37,4% del PIB. El expolio será todavía mayor en 2022, como comprobarán con desesperación especialmente las rentas medias y bajas.

En qué manos estamos.

Año III del César Sánchez, ‘El Dadivoso’
Graciano Palomo. okdiario 23 Octubre 2021

El 40 Congreso del PSOE le ha salido a Sánchez a pedir de boca. Todos entregados. Hasta tal punto que el “dios” del otrora socialismo hispano, Felipe González, tuvo que pedir, implorante, al nuevo César, que permitiera siquiera la crítica interna “desde la lealtad”, of course. Creíamos, desde la Constitución, que la democracia interna en los partidos era una condición sine qua non para ser legales y, precisamente, democráticos. Desde luego, parecerlo.

Tras el cónclave de los mil años en el poder, los más cercanos al presidente susurran al oído del César que se pueden hacer las cosas con el mismo oropel, más baratas y con algo más de seriedad que en la época Redondo, el caído en desgracia y a estas alturas risible.

Bien. Al asunto. Envuelto ya por completo en celofán de colores -aún desde el mismo instante de instalarse en donde no quiere salir- Pedro Sánchez no se permite abrir la boca si no es para repartir millones por doquier. A los parados, a los autónomos, a los pequeños, medianos empresarios, a los enfermos presa de enfermedades raras, a los inmigrantes de cualquier condición, a los estudiantes con suspensos, a los investigadores en precario, a los plataneros de La Palma, a los escritores fracasados…

Millones, más millones; subvenciones, dádivas graciosas del César de cartón. Así, día tras día, discurso tras discurso, tarde y noche. Moncloa se ha convertido en una mina de oro de la California española hasta el punto que sus colegas europeos se pregunten esto: “¿De dónde saca el muchacho para tanto que destaca?”.

¿De los Fondos Europeos? Pero si le ha dicho Joaquín Almunia, en pleno Congreso PSOE, que son calderilla para lo que se viene encima… No hay otra, del déficit y la deuda pública. No hay otra.

La realidad es tozuda. A la misma hora en la que los compromisarios socialistas ponían la corona de laurel en la frente de Pedro, el dadivoso, los trabajadores de Alcoa (Lugo) tomaban las calles de Galicia para advertir de su inmarcesible paso hacia el paro. Al mismo tiempo que el gran conducator prometía el oro y el moro, el precio de la energía cuestionaba hasta la mínima cifra blandida en su coronación. Incluso, oiga, el gran César se atrevía a prometer lo que ni siquiera Vladimir Putin está en condiciones de garantizar: que habrá suficiente suministro de gas ante el próximo y crudo invierno que llega a marchas forzadas.

Da lo mismo. Hasta el momento le ha ido bien. Sus tres años largos de poder han sido una constante en la promesa y el ofrecimiento, luego incumplido. El César Sánchez camina feliz y confiado sobre el panem et circenses de sus homólogos romanos cada vez que surge cualquier problema o demanda. Entró un día victorioso en Roma y hoy en su pedestal se mantiene. Mañana ya veremos…

Mientras tanto, en su residencia oficial, debe cambiar el cartelito de entrada. Debe figurar en lugar de Presidencia del Gobierno, este: “Oportunidades Sánchez”.

Cada vez más banana republic
Eduardo Inda. larazon 23 Octubre 2021

La calidad de una democracia es directamente proporcional a la profundidad de la división de poderes. A mayor separación entre Ejecutivo, Legislativo y Judicial más se aproxima a ese ideal de régimen de libertades caracterizado por un sistema de check and balances, controles y contrapesos que imposibilitan cualquier tentación autoritaria o absolutista.

España rozó durante la Transición ese círculo virtuoso que rige en ese Reino Unido y en esos EEUU a los que ya nos gustaría parecernos los días de fiesta. Fue llegar el PSOE al poder e irse al carajo ese sistema de nominación del CGPJ que prescribe la Constitución: 12 por magistrados y los ocho restantes por el Congreso y el Senado.

La ley orgánica del Poder Judicial malparida por el primer Gobierno de González en 1985, con la consabida frase de Alfonso Guerra, «Montesquieu ha muerto», mandó al carajo la independencia judicial.

Consecuencia: desde el Rey Juan Carlos hasta el último concejal de la España más profunda han hecho lo que se les ha pasado por el forro de las gónadas en estos 36 años. Seguimos instalados, Gallardón dixit, en ese «obsceno obstáculo» que supone «que los políticos elijan a los magistrados que luego los tienen que juzgar». El retrato se completa recordando que el Gobierno digita al número 1 de una Fiscalía que se rige por el principio de dependencia jerárquica.

Esta semana hemos tenido ración triple de este insultante dominio del Ejecutivo. El primero es para mear y no echar gota. PP y Vox recurrieron el impresentable nombramiento de Dolores Delgado que, además de no ser fiscal de Sala del Supremo, echó mano de portón giratorio para pasar del Ministerio de Justicia a la Fiscalía General sin solución de continuidad. La Sala de lo Contencioso del Supremo ni siquiera entró en el fondo de la cuestión, se limitó a zanjarlo todo de manera salomónica basándose en el trilero argumento de que tanto el partido de Casado como el de Abascal “carecen de legitimación” para apelar. Yo me pregunto: si las dos principales formaciones de la oposición no tienen legitimidad para cuestionar legalmente la elección de Delgado, ¿quién coño la ostenta? ¿El Pato Donald?

La semana trágica prosiguió con otro disparate nivel Dios: la chulería de la presidenta del Congreso, la filoindepe Batet, que se negó a botar de la Cámara Baja a El Rastas Alberto Rodríguez tras ser condenado e inhabilitado por la Sala de lo Penal del Supremo por patear a un policía. No sólo eso: forzó un informe de los letrados de las Cortes, sin firma alguna, rechazando la expulsión. Finalmente, ha tenido que recular tras la elegante pero no menos contundente advertencia de Marchena.

La última, tal vez la más grave, es un escándalo más propio de esa Rusia del envenenador Putin que de un país occidental miembro de pleno de derecho de la UE. El rechazo de Interior a conceder asilo a Hugo Carvajal, alias El Pollo, jefe del espionaje de Hugo Chávez, y la decisión de la Audiencia Nacional de extraditarle justo cuando estaba empezando a revelar al juez García-Castellón la financiación de Podemos por parte de Cuba y Venezuela, serían normales en Rusia pero deberían constituir anatema por estos pagos. Qué mala pinta tiene esta España constitucional que con tanta ilusión levantamos tras 40 años de dictadura. O los jueces dejan de ser cómplices activos o pasivos y se levantan contra esta panda de fascistoides o la democracia tiene los días contados. Ni más ni menos. ¿Qué queremos ser? ¿Rusia, Turquía e incluso Venezuela, o Reino Unido, EEUU, Alemania o Suecia? Banana republic o democracia, ésa es la cuestión.

Juristas de reconocido desprestigio
Guadalupe Sánchez. vozpopuli.es 23 Octubre 2021

España asiste a un proceso fascinante de degradación institucional ejecutado en nombre de la legitimación soberana. Quienes las ocupan han interiorizado la idea de que el voto es una suerte de carta en blanco totalmente desligada de las promesas electorales que les permite obrar en su propio interés sin mayores consecuencias

La mentira es una carta de presentación que pretende agotar al ciudadano medio y alejarlo de la política con el fin de que sólo acudan a las urnas los más fanatizados, los lobotomizados para los que no existe realidad que cuestione su ideología.

Es en este fango de engaño, crispación y eslóganes en el que han transformado la política donde retozan cómodos, porque les permite soslayar tanto su propia mediocridad como la de aquéllos a quienes colocan gracias al dedazo y al contubernio. Hasta tal punto llega el descaro que, sin pudor alguno, pretenden hacer pasar por caballos frisones a lo que no son más que mulas de arrastre. Y encima con recochineo.

Miren sino lo que está sucediendo con la renovación del Tribunal Constitucional o del Tribunal de Cuentas, donde presentan como caviar algo que no llega a la categoría de mejillón en conserva. Y es que algunos de los nombres del acuerdo provocan un enorme bochorno y una indescriptible vergüenza ajena.

Porque una cosa es que el nombramiento de los miembros que los integran responda a un acuerdo político, y otra muy distinta es que, en nombre del pacto, se pisoteen no sólo los requisitos de imparcialidad que exige la ley, sino también su mera apariencia. Al igual que sucedía con la esposa del César, la rectitud y la integridad de quienes son designados para formar parte de esos dos órganos no sólo ha de serlo, sino también parecerlo. Y por desgracia no acontece ni lo uno ni lo otro.

Para que ustedes entiendan mejor mi indignación, voy a repasar algunos de esos nombres que, en palabras textuales del propio García Egea, representan a perfiles técnicos, de reconocido prestigio y -atiendan- independientes, gracias a los cuales las instituciones saldrán reforzadas y los órganos judiciales despolitizados (siguiendo con el razonamiento de don Teodoro).

En lo que respecta al Tribunal Constitucional, debemos partir de la premisa de que sus miembros han de ser nombrados entre ciudadanos españoles que sean magistrados, fiscales, profesores de universidad, funcionarios públicos o abogados, todos ellos juristas de reconocida competencia con más de 15 años de ejercicio profesional o en activo en la respectiva función, los cuales deberán ejercer su función de acuerdo con los principios de imparcialidad y dignidad inherentes a la misma.

Pues la primera en la frente nos la dan con María Concepción Espejel, que tuvo que apartarse del enjuiciamiento de varias piezas de la trama Gürtel tras haber sido recusada por su afinidad con el Partido Popular. Una señora que no pudo formar parte del tribunal sentenciador de los casos de corrupción de un partido político por sus lazos ideológicos con él, va a resolver los recursos de inconstitucionalidad que se presenten por ese mismo partido o contra normas que él apruebe. Vergonzoso.

En el otro lado tenemos a Juan Ramón Sáez Valcárcel, reemplazo del deseado De Prada, pero igual de politizado. En su haber está la absolución de Trapero o la de los acusados de asediar el Parlamento de Cataluña en 2011, siendo esta última revocada por el Tribunal Supremo.

Y no me quiero dejar en el tintero a Inmaculada Montalbán, destacada “miembra” de juezas y jueces para la democracia y precursora de la introducción de la perspectiva de género en la interpretación de las normas y defensora de la formación de jueces y magistrados en estas lides, para lo que contarán con la ayuda inestimable de un libro sobre esta concreta temática del que ella es autora. En la monografía, describe la perspectiva de género así: “Es un instrumento de análisis que permite descubrir y comprender los mecanismos que en la práctica, a pesar del reconocimiento formal del derecho de igualdad, mantiene la subsistencia de la primacía cultural de los valores androcéntricos tanto con la sociedad como en el derecho. Simultáneamente, es una técnica que permitirá avanzar en la consecución de la igualdad material, sustantiva y real”. Pues en el Constitucional va a coincidir con otra jurista que considera que, tras la igualdad ante la ley, subyace algo a lo que llaman “un pacto sexual”, en cuya virtud nosotras ponemos nuestros cuerpos a cambio de derechos, o algo así. Seguro que se llevan fenomenal las dos, si es que aún no se conocen. Vienen malos tiempos para la presunción de inocencia de los varones, me barrunto.

Ni qué decir tiene que otra de las consecuencias de estos nombramiento es que van a valorar la constitucionalidad de las sentencias del Supremo señores cuyo perfil no alcanza para ocupar un puesto en el alto tribunal.

En cuanto al Tribunal de Cuentas -que no olvidemos que es quien se está encargando de meter la mano en el bolsillo de los independentistas para intentar corregir el daño en el erario que provocaron con el referéndum ilegal- el perfil de los nombramientos dista mucho de ser mejor.

Sale Mariscal de Gante, jueza azote del independentismo por su condición de exministra con Aznar, y entra el que, hasta ayer, era el jefe de Gabinete de la ministra de Defensa Margarita Robles, anteriormente magistrado de un juzgado de lo contencioso administrativo de Bilbao. Menuda despolitización de mercadillo, Teodoro.

Lo de Podemos colocando a su abogado es ya de aurora boreal. Este señor tiene una empresa inmobiliaria en la misma sede social que el diario de propaganda de Podemos, La Última Hora. Efectivamente, la mercantil DESARROLLO INMOBILIARIO SOGTULAKK SL tiene su domicilio en la calle Jorge Juan, 78, 3º 28001 - Madrid, compartiendo así espacio y confidencias con Dina Bousselham. No sé a ustedes, pero esto para mí es escandaloso, y que se justifique en nombre de la independencia es una broma de mal gusto.

Debo de ser una de las pocas personas de este país que no ha visto la serie: “El Juego del Calamar”. A pesar de ello, me voy a permitir la licencia de utilizar su nombre para intentar trasladar al lector, a través de una metáfora, la idea clave que me inspira el acuerdo entre PSOE y PP para renovar los órganos constitucionales: la política bipartidista como un cefalópodo que atrapa en sus enormes tentáculos a las instituciones. Y todo ello ante la mirada impertérrita del ciudadano, que al igual que en la ficción de Netflix, asiste desde sus casas al espectáculo dantesco del deterioro institucional sin ser consciente de que el apetito del calamar no se saciará una vez sus apéndices lo hayan colonizado todo: nuestras libertades individuales son su próximo bocado. La neutralidad de las administraciones públicas es tan sólo el aperitivo.

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El zafio Sánchez y demás gentuza
Jimmy Giménez-Arnau. okdiario 23 Octubre 2021

El principal defecto del sanchismo es presentar a su líder como una divinidad que reúne las cualidades idealizadas del hombre, cuando el gachó, en el mejor de los casos, es un cateto endiosado y ramplón. La debilidad del sanchismo reside en su fracaso para contestar las preguntas que le hacen los políticos conservadores, que respetan la Constitución. ¿Por qué el zafio Sánchez pacta con esos provincianos piratas, bilduetarras y catanazis, que sólo pretenden saquear España? ¿Por qué su coalición con comunistas de dibujos animados, pues hoy son nuevos ricos de risa, miente tanto, o más que su promotor? ¿Por qué nos gobiernan un maniquí sin luces más sus ministras de mercadillo, gentuza experta en empobrecer países, como Cuba y Venezuela?

A la gente llana que sólo quiere trabajar y vivir en paz, le ha tocado en las urnas un muñeco diabólico que les tritura a impuestos y, en el sorteo de las vulgaridades, un lote de hipertensas bolcheviques que lo único que saben hacer es complicarles la existencia y retrasar la recuperación de la economía, de la que depende la gente llana para ser feliz. Pero los inútiles son los que mandan, están de moda. Así nos va grosera, ineficaz e inevitablemente. La gente en el poder pasa de las necesidades reales del pueblo, promete ayudas a los damnificados por el volcán de La Palma y la sola ayuda que les llega es la del cínico Sánchez engullendo un plátano en la isla para satisfacer su ansia propagandística, que esconde en su inconsciente, a la espera de ser aclamado.

¿Otegi siente algo por las víctimas del terrorismo, arrepentimiento por los asesinatos que cometió ETA, o rechazo por los asesinos? Los sentimientos del vil etarra son comparables a los de Sánchez, pues ambos son seres amorales y fríos, aparte de socios. ¿Cómo puede el líder del sanchismo pregonar su pulcritud democrática cuando ha contratado a un colega que hiede, para seguir en el poder? A esta pregunta, también contesta Sánchez con un: “No sabe, no contesta”.

La transparencia cotiza al alza. Es un decir. Y si mi deseo se cumple, el zafio Sánchez y demás gentuza andan en vías de extinción.

Sánchez, ETA y Franco

Javier Somalo. Libertad Digital 23 Octubre 2021

En la SER andaban discutiendo esta semana sobre si son mejores los últimos diez años sin ETA que los diez anteriores con ETA. Y la derivada, como siempre ya observada previamente en El País, era si habrá alguien que considere mejores los últimos cuarenta años que los anteriores. O sea, si los hay que con Franco vivían mejor, como se empeñan en asentar algunos para llenar el vacío de la extinta lucha de clases.

Gran duda, pues, y enorme preocupación entre los sabios de Gran Vía, 32 que con marcado acento catalán piensan en la España que nos conviene a todos aunque los demás no lo sepamos ni lo apreciemos. Ay, el terrorismo y el franquismo… qué bucle tan esotérico y cuánta nómina tertuliana arrastra. Al parecer todos dicen haber estado donde nadie los vio, en la oposición al dictador que murió en la cama y luego enfrentadísimos a la banda terrorista aunque siempre pensaron que había que "dialogar" con ellos porque había un "conflicto" en el edén vasco.

En esos cuarenta últimos años y alguno más de los cuarenta anteriores estaba ETA, desde luego. Con Franco y sin Franco. Y el problema es que mató mucho más en democracia que en dictadura, cómputo que se escapa intencionada y perversamente a los alquimistas del laboratorio de Prisa, subcontrata del PSOE. Pero en todo caso estamos ante un hecho curioso: Otegi puede ser perdonado con bien poco pero los fascistas de Vox… es que no se arrepienten nunca pese a que nunca se han declarado franquistas y pese a que el que lo ha hecho ha terminado fuera del partido.

Cuanto más se acabe ETA, más hay que condenar el franquismo cada día; para el terrorismo nos vale con que Arnaldo Otegi balbucee una tenue, ambigua y hasta contradictoria insinuación que, horas después, completó con el pacto "presupuestos por presos". Ya no hay que coexistir con los terroristas, hay que "convivir" con ellos, dice Delcy Midas Zapatero. Se limpian un poco la sangre restregando apresuradamente las manos por la pernera del pantalón, y a la mesa a comer con la viuda, con el huérfano, con el personaje ese de película que no tiene otra cosa que hacer que mirar la lluvia tras el cristal, apurando luto y nostalgia, como si ya no tuviera ni derecho a una vida nueva, aunque sea distinta y mucho peor que la de los diez años anteriores, cuando aún estaba esa persona irrepetible a su lado. Convivir… con el vivo que la mató. ¡Qué poca vergüenza!

No quedan etarras pero sí muchos torturadores del franquismo, muchísimos… seguro que podemos hacer una lista enorme que todos tenemos en la cabeza. Andan sueltos por la calle asustando a los niños. Pero los etarras ya se han retirado, son como cualquiera de nosotros, respiran, tienen perro y viven lejos, en caseríos cubiertos por la niebla.

Así que acerquemos a los etarras vivos a sus hogares y saquemos a Franco muerto del Valle porque en eso consiste la democracia: en la concordia. En que la izquierda dicta los valores que se deben preservar y los males que hay perseguir o perdonar. En que la izquierda marca por Ley los hitos de la Memoria y cómo se ha de recordar lo remoto y olvidado para olvidar cuanto antes lo inmediato. La derecha sólo está llamada a admitir el esquema, acudir al reclinatorio y suplicar la absolución. Y demasiadas veces, lo hace.

Que Rajoy le dijera a Zapatero "haz lo que tengas que hacer y me vas contando" es poco sorprendente porque al popular, hacer, lo que es hacer, nunca le ha llamado mucho la atención. Pero que media España saliera a la calle a protestar contra la rendición ante ETA y que en esas multitudinarias concentraciones estuviera el propio Rajoy sujetando una pancarta es otra vergüenza más de las muchas que jalonan la ignominia contra las víctimas y contra todos los españoles.

Es hora de acordarse de aquel 10 de enero de 2012, cuando se produjo una reunión que nada tenía que ver con cuestiones protocolarias del cambio de gobierno: se vieron en secreto y durante varias horas —un encuentro "largo, cordial, muy profundo, muy serio y muy institucional"— el presidente del Gobierno saliente, José Luis Rodríguez Zapatero y el ya ministro del Interior del gabinete Rajoy, Jorge Fernández Díaz. Será que Zapatero le tenía que resumir al nuevo ministro todo lo que hizo con ETA a sabiendas de Rajoy para mantener las promesas. Estando en el poder o fuera de él, es el PSOE el que siempre marca la agenda.

Diez años nos marcan ahora oficialmente de lo que llaman el "fin de ETA". Y hoy discutir la legitimidad de la II República cuando decidió que sería un régimen propio diseñado sólo para el Frente Popular te puede acarrear un disgusto al amparo de la Ley de Memoria Democrática. Pero gritar "Gora ETA" y montar homenajes públicos a los que mataron a un millar de personas es, como mucho, de un gusto discutible.

Si la derecha dice "ETA", la izquierda gobernante responde "Franco". Y montan eventos para preguntar a los chavales si se acuerdan de Miguel Ángel Blanco sabiendo que les suena más Carrero. Y dicen que en las escuelas se va a hablar del terrorismo pero quizá Otegi llegue a ministro.

Si ya no matan, valen las ideas
Jon Viar no interesa. Es hijo de un etarra arrepentido hace muchos años. Lamenta que se condene sólo el fin de las capuchas y los tiros, pero que el ideal identitario, supremacista, racista y criminal quede intacto. "Creo que no sólo hay que condenar los crímenes, sino también aquello por lo que mataron, que era un delirio de pureza, identitario, un delirio racista de gente que cree que tiene derecho a decidir si levanta una frontera étnica". Y se queja Viar de que "en lugar de hablar de las víctimas, de los resistentes y de muchas personas que también estuvieron en los movimientos cívicos y que denunciaron esta situación, estemos hablando permanentemente de lo que dice Arnaldo Otegi".

Muy cierto: aquí lo que importa es convertir a Otegi en un personaje clave del pretendido fin de ETA, como mandaba Zapatero. Y en eso está la mayor parte de la prensa —no toda, pero casi— que monta tertulias en torno a las palabras de un etarra que nunca ha sido más que eso.

El resumen más sencillo, y probablemente el más cercano a la realidad, es que el presidente del Gobierno necesita el apoyo de un tipo que estuvo en la cárcel por ser un terrorista. Nadie puede decir que eso no es cierto. Y cuando los de Prisa o cualquier otra fábrica de amables infundios se dedican a celebrar el décimo aniversario blanqueando a terroristas, llega el terrorista de referencia y hace lo de siempre: poner un precio. Presos a la calle, independencia de las naciones todas, de los Països Catalans a Euskal Herria pasando por la Galiza Ceive, y que todo sea porque aquí murió gente y porque, en cualquier momento, podría repetirse. El que tuvo la pistola en la mano sabe que es así como se le recuerda.

Los tertulianos de nómina monclovita seguirán promulgando que los últimos diez años han sido mejores que los diez anteriores porque ya no hay ETA ni cosa que se le parezca. Pero nos advertirán del enorme riesgo que supone la cercanía del franquismo, según parece eterno e irreductible.

Por más que lo intente Prisa, no consigo ver qué pinta en esto Franco… salvo que consista en disuadirnos de una sencilla conclusión: Otegi es ETA, el Gobierno necesita a Otegi, Sánchez necesita a ETA. Y esta vez no parece haber insomnio.

PP y PSOE frente a la negociación con ETA: sólo Otegui dice la verdad
mientras marlaska sigue acercando a etarras
Javier Torres. https://gaceta.es/ 23 Octubre 2021

Cuando Zapatero consagró a Otegui como hombre de paz, el PP sacaba a millones de españoles a las calles a denunciar la negociación entre el Gobierno y ETA. Durante la legislatura 2004-2008 Rajoy hizo de esta causa un ariete contra el Gobierno, colocándose detrás de la pancarta que las víctimas del terrorismo sujetaron incluso cuando Génova las dio por amortizadas. La indignación popular era generalizada mientras los populares estaban al tanto de las negociaciones de Jesús Eguiguren con los restos de Batasuna. Rajoy, a mitad de camino entre la cobardía y la pereza, dio vía libre a Zapatero para negociar con los terroristas: «Habla y haz lo que tengas que hacer». Como en tantos otros asuntos el PP acababa asumiendo aquello que criticaba, y esto es fundamental, porque sin esta sumisión genovesa ninguno de los atajos socialistas al margen del parlamento y las instituciones acabaría convirtiéndose en política de Estado.

No se puede decir que Rajoy no tuviera alternativas, porque enfrente estaba el PSOE que acababa de firmar con ERC e ICV-EUiA un cordón sanitario contra los populares en el pacto del Tinell. Además, Carod Rovira, líder de Esquerra, se había reunido con ETA en Perpiñán acordando que podría atentar en cualquier lugar de España excepto Cataluña. Con este indigno acuerdo el líder del PP habría tenido muy fácil hacer una oposición frontal y total contra un presidente entregado a todos los enemigos de España. En realidad -aunque entonces se ridiculizaba a quien lo decía- Zapatero estaba diseñando los primeros bocetos del frente popular que una década después se materializaría con Pedro Sánchez.

Naturalmente para que el plan triunfase era necesario neutralizar a las víctimas del terrorismo. El Estado, desde luego, tenía experiencia en la materia: en 1997 había eliminado sin mayores traumas el movimiento popular contra ETA y Batasuna surgido tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Durante aquellos días de julio de 1997 el separatismo vasco -dividido entre los que se escondían en las herriko tabernas y los que pedían calma en ETB- pudo haber desaparecido, pero quien fue aniquilada fue su contestación callejera, que jamás usó la Goma-2. De haberla utilizado, quién sabe si entonces se la hubiera llamado para negociar.

Hoy el relato oficial es que ETA ha sido derrotada. En esto, otra vez, PSOE y PP están de acuerdo. Los primeros se cuelgan la medalla reivindicando a Zapatero, Rubalcaba y Eguiguren. Los segundos, al menos, señalan a la policía y la Justicia. En cualquier caso, lo que ambos llaman derrota incluye la excarcelación de De Juana Chaos (PSOE) y la de Bolinaga (PP), la normalización y pactos con Bildu en las instituciones y la votación en contra de ilegalizar a las formaciones separatistas.

Si Rajoy apenas tuvo problemas para explicar el giro de 180 grados en su política antiterrorista al llegar a la Moncloa fue porque antes Zapatero le preparó el terreno. Así se entiende la aceptación perruna de la derogación de la Doctrina Parot dictada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Tribunal, hay que recordar, dependiente del Consejo de Europa, institución que no ha votado nadie y que aplasta la soberanía de las naciones como si no hubiera alternativa. Rajoy dijo entonces que no tenía más camino que el acatamiento.

Como parte de la elástica negociación con ETA en la actual legislatura también se han producido movimientos. Marlaska ha acercado a un centenar de etarras con delitos de sangre a prisiones cercanas al País Vasco, precio que el Gobierno ha pagado a cambio de la decisiva abstención de Bildu en la investidura de Pedro Sánchez y el posterior apoyo a los Presupuestos Generales del Estado (PGE). Este año tampoco parece que vaya a haber problemas, pues Otegui ya ha demostrado que es el único que dice la verdad (Zapatero aseguró el jueves que no hubo que ceder nada ante ETA para que dejara de matar). Su hoja de ruta no da lugar a equívocos: apoyará los PGE a cambio de la excarcelación de 177 etarras que cumplen condena en prisión. Para ello necesita que Sánchez siga en el Gobierno e impulse un cambio en el Código Penal que les abra las puertas de las cárceles. Tal arrebato de sinceridad obligó a Moncloa a desmentir que esté negociando esta liberación masiva de etarras, claro. En esta película de mentirosos la única verdad es que Sánchez y Otegui están condenados a entenderse. Y de fondo se vislumbra la federalización de España que, de llevar la firma de Felipe VI, sería el fin de la monarquía.

Desmemoriados funcionales
Cristina Casabón. vozpopuli.es 23 Octubre 2021

Por suerte aún quedan algunos guardianes de la civilización y practicantes de la resistencia a la desmemoria colectiva. Se niegan a tirar el pensamiento histórico al cubo de la papelera de la historia y reivindican la memoria en un momento en el que la sociedad está constituida por “desmemoriados funcionales” (José Carlos Llop). La desmemoria funcional permitiría que se pudiera negociar tranquilamente la libertad de los presos etarras a cambio de un puñado de votos. Es una desmemoria que interesa al poder y que interesa a Bildu para llevar ambos el agua a su molino.

En la "Declaración del 18 de octubre" leída por Arnaldo Otegi y Arkaitz Rodríguez se aludía a una "solución integral”, ese es el nombre de la compraventa. No permitieron preguntas, solo hubo aplausos. Los líderes de EH Bildu y de Sortu fueron aplaudidos tanto por el PSOE como por Podemos. Como bien advertía Jorge San Miguel, es “una coreografía que ya no sorprende a nadie”, pues el socialismo de España es una especie autóctona con su propio neolenguaje y su propia cultura del aplauso (aplausos, y logos con corazones y rosas).

Asesinatos, secuestros, extorsiones, miedo metido en el cuerpo y exilio. Y aún hay quienes justifican el terrorismo, lo embellecen con discursos patrióticos y moralistas y quienes participan activamente en la coreografía del perdón y el arrepentimiento. De este partido socialista ya no queda esperar ningún código moral, pues la ideología ha sustituido a los valores morales. La rectificación de Sánchez (ya no se canjearán presos por cinco votos) se debe solamente al cabreo de la ciudadanía y hasta de sus propios socios. El respeto a las víctimas ha dejado de imponerse.

Cada vez queda más claro que olvidar o excomulgar nuestro pasado reciente no significa abrirnos a la dimensión de un futuro utópico progresista. En realidad implica someternos sin resistencia hacia un apetito insaciable, voraz, de desarticulación de lo común, y ceder ante el chantaje de los nacionalismos. No podemos decir, como escribió Kundera, que nuestra democracia han sido “secuestrada”, pero sí que se ha vuelto un tanto anómala, pesada como una losa. El socialismo de la desmemoria selectiva es como una gran fábrica de relatos. Y aplausos, rosas y corazones.

Historia trágica y sórdida
Decía el actor y cineasta Jon Viar que no solo hay que condenar los crímenes (el terrorismo) sino también las ideas, “un delirio de pureza identitario, un delirio racista, de gente que cree que tiene derecho a decidir si levanta una frontera étnica”. El hecho de no condenar estas ideas anacrónicas basadas en criterios étnico-lingüísticos revela el nivel de anomalía democrática. Los resquicios del pasado aún subsisten, pero nadie se acuerda ya de las viejas formas, y cada vez se habla menos de las víctimas. Toda la historia de la banda terrorista se nos aparece trágica y sórdida: trágica porque hizo un daño irreparable, sórdida porque aún subsiste y resiste bajo un envoltorio de actor político.

La estructura distorsionada de valores junto con la desmemoria selectiva son características de nuestro socialismo autóctono. Sacrificar los valores democráticos por una ideología o monopolio del poder implica sacrificar todo un código moral, aniquilar el juicio personal a cambio de la imposición oficial de un relato de partido, y esto es lo que ahora acontece. La memoria o el perdón pertenecen a cada uno de nosotros, forman parte de nuestra identidad y no deben sernos arrebatados por ningún partido.

Entrevista Iñaki Arteta
Iñaki Arteta: “No hay nada que merezca tanta sangre y sufrimiento”
Publica “Historia de un vasco”, donde, a través de una ficción con forma de cartas, el autor desgrana qué fue ETA y el ambiente asfixiante del nacionalismo
Ángeles López. Madrid. larazon 23 Octubre 2021

El guionista, productor y director de “Bajo el silencio” publica ahora “Historia de un vasco”, donde recuerda la sociedad en la que vivió. Es la larga carta del joven que fue al joven actual que quiere saber, a través de la suma de experiencias particulares, el devenir de aquel tiempo de sangre y lágrimas. Un pretexto con el que hace un profundo ejercicio de memoria para trasladarnos hasta el entorno nacionalista en el que se crió.

¿Por qué se ha cerrado en falso el terrorismo?
Es que es un tema que da para cientos de libros o películas porque quedan muchos flecos que no convencen ni a las víctimas ni al resto de la sociedad.

¿Y cómo entronca su documental «Bajo el silencio» con este libro?
Ambos los he firmado yo y, en segundo término, tienen un fondo común: lo que ha pasado durante el periodo en que sufrimos el terrorismo etarra. En cualquier caso, el libro es mucho más autobiográfico porque, en realidad, tiene que ver con mi propio pasado.

¿Cómo entiende un joven de hoy a ETA? ¿Pueden tener la tentación de considerarlos abanderados de un conflicto político y no como asesinos?
Los jóvenes pueden verla con mucha confusión. Quienes tienen menos de 25 años poseen una información escasa y se centra en los últimos tiempos durante los que todo iba abocado a un final y, en la actualidad, ven cómo la política española normaliza a un grupo político vinculado al terrorismo. Todo ello les debe producir bastante confusión.
Miembros de ETA ofrecen una rueda de prensa, a 15 de octubre de 1998, en España. FOTO: Europa Press Europa Press

Uno se pregunta «qué podía valer tanta sangre». ¿La independencia la merece?

Nada merece tanta sangre, ni tanto sufrimiento. El fanatismo cree que sí: que todo merece la pena por una ideología, por un ideal impositivo. Ellos piensan altruistamente que es lo mejor para los demás. El fanático no tiene problema en eliminar a los contrarios o a los que no entienden que ellos tienen la solución para «su bien».

¿Qué sucede para que una ideología se vuelva sangrienta?
Eso está en el género humano. Esa siembra de fantasías utópicas que están mezcladas con el supremacismo, las falsedades históricas, el victimismo... Dicho cóctel, a fuerza de repetirse, genera una especie de afrenta que termina como todos los agravios que tienen que ver con el nacionalismo: en terror.

Y lo más doloroso: todos hijos de la misma madre...

La violencia fraternal. No hay peor que el odio que se pueda tener a un hermano o a un vecino. Porque cuando los quieres convencer y no puedes, tienes que quitarlos de en medio. Son tus peores opositores.

Los fanáticos no tienen ningún problema en eliminar a los que se oponen a ellos. Consideran que todo merece la pena por una ideología, por un ideal que es impositivo

¿Cuántos no actuaron por sentir miedo o pánico?
Mucho, sin duda. Dentro del abanico de actitudes que existía, hubo gente que tuvo el miedo cerca y salió corriendo, actuó, calló y jamás dio el paso de hablar en público o denunciarlo.

¿Cómo es educarse en un mundo nacionalista?
Uno no elige dónde nace ni cómo le van a educar. Cada uno tiene un ambiente cultural desde que nace hasta que se forma. En mi caso fue natural: mis padres no eran fanáticos, ni mis tíos o abuelos. Era un nacionalismo cultural que pensaba que Euskadi había sido maltratada por la Guerra Civil y luego por Franco. Que había unos derechos a los que aspiraban pero que nunca se concretaron. Fue más sentimental que ideológico. Por lo tanto, era «sano» porque no había comentarios de odio. Se basaba en chistes, coletillas, etcétera... Por definirlo, era un nacionalismo cultural que no fomentaba el odio, pero para otros sí fue herramienta de odio.
El portavoz de Sortu, Pernando Barrena y la diputada foral de Cultura, Ikerne Badiola participando en el acto inaugural de la fiesta de las ikastolas guipuzcoanas

¿Ese adoctrinamiento resulta extrapolable al caso catalán?
Claro. Es idéntico. Es la misma esencia que está en todo. Reclamar una patria que nunca ha existido, una afrenta que nunca se dio. Creer que te odian por ser de un sitio concreto origina los problemas que ya hemos visto. Con suerte, en Cataluña no se ha formalizado el terrorismo aunque Terra Lliure despuntó. Pienso que lo pararon los propios nacionalistas.

¿Cómo influyeron las Ikastolas en ese adoctrinamiento?
Es una pieza más dentro del aparato de ingeniería social. Querer manipular a la sociedad para que aprendiera cómo funcionar en ese territorio. Fue una gran baza, pero no la fundamental... Intentaban meterse en nuestras cabezas para que adoptásemos sus postulados o, como mucho, que no molestáramos.

¿Y el clero?
Tuvo su «momento de gloria», es innegable... pero ya no cuenta con la presencia que tenía en mi juventud, que era tremenda.

Cartas contra el olvido
Por José María Marco
Iñaki Arteta (Bilbao, 1959) es bien conocido por sus grandes documentales sobre la trágica historia del País Vasco, entre los que se cuentan obras maestras como «Trece entre mil», realizado en 2005, donde se recogen los testimonios de trece familias que fueron víctimas de la violencia cometida por la banda terrorista ETA. En algún momento iba a acabar enfocando el objetivo sobre sí mismo, pero en vez de hacerlo con la cámara ha elegido en esta ocasión escribir un libro. El resultado es «Historia de un vasco», que publica ahora la editorial Espasa, compuesto de dieciocho cartas, que constituye cada una de ellas un breve, pero enjundioso, ensayo dirigidas a un joven español innominado.

Hay algo más que una ficción en el dispositivo, porque el joven al que se dirige Arteta es uno de esos españoles a los que la historia de la ETA y los crímenes del nacionalismo en el País Vasco empiezan a sonar como algo propio de un pasado remoto, que únicamente les afecta en la medida en que forman parte (si es que lo hacen, y si es que el profesor llega hasta ahí en clase) del temario de alguna asignatura escolar. Es para llegar a ese público por lo que Iñaki Arteta, en vez de relatar una historia y argumentar un ensayo, ha decidido ponerse en escena él mismo. Estas «cartas contra el olvido» son por tanto unas memorias escritas en un estilo coloquial y sencillo sobre la juventud del propio autor que firma este libro. Juventud transcurrida en un País Vasco que ya en tiempos de la dictadura estaba saturado de nacionalismo.

Esa es la atmósfera que estas misivas reflejan, cada vez más agobiante con el paso de los años. La tristeza y la sordidez del ambiente retratado plantea una interrogante que refleja la situación actual. Si hoy la sociedad vasca y parte de la española se van hundiendo voluntariamente en el olvido de lo ocurrido, esas páginas nos llevan a interrogarnos acerca de cómo el crimen erigido en principio de actuación política, con toda la carga de fanatismo y de brutalidad que es intrínseca al nacionalismo, fue vivido como algo normal por los habitantes de aquella España… La respuesta es imposible, pero no el testimonio. Es lo que hace Iñaki Arteta con la honradez y la claridad que le suelen caracterizar.

 Lo mejor
El exacto retrato que traza el autor de un País Vasco corrompido por el nacionalismo

Lo peor
A lo largo de la lectura se nota que Iñaki Arteta es más un cineasta que un escritor
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