AGLI Recortes de Prensa   Domingo 31  Octubre  2021

La economía española, la crónica de un desastre anunciado
Daniel Rodríguez Asensio. Libertad Digital 31 Octubre 2021

Cuando el año pasado hablábamos de paro, endeudamiento público e inflación, éramos unos agoreros de derechas. Lo cierto es que un año después, desafortunadamente, el tiempo nos ha dado la razón.

Esta última semana de octubre ha sido la enésima aciaga para el Gobierno de España. Se las veían felices con unos datos de empleo que cada vez tienen menos credibilidad y, sin embargo, la cascada de malas noticias ha acabado por eclipsar cualquier mensaje positivo por parte del Ejecutivo.

La economía española está entrando en una situación muy delicada. Recuerdo cuando el año pasado hablábamos en Libre Mercado de tasas de paro equivalentes —teniendo en cuenta ERTE y autónomos en cese de actividad— que oscilaban en torno al 30%, de un endeudamiento público desbocado y de un fenómeno, el de la inflación, que tan solo existía en los libros de historia económica.

Ya saben, éramos unos agoreros de derechas que veíamos la realidad económica bajo un prisma sesgado y alejado de la realidad. Pero lo cierto es que un año después, desafortunadamente, el tiempo nos ha dado la razón.

Comencemos por lo más importante: la cascada de revisiones a la baja en las estimaciones de crecimiento.

España ha sufrido la mayor rebaja en las estimaciones de crecimiento del FMI de toda Europa y la segunda más elevada de las economías avanzadas que monitoriza este organismo.

Un organismo nacional como es el caso del Banco de España también ha advertido en sede parlamentaria una revisión importante de sus estimaciones de crecimiento para 2021.

La Airef, organismo independiente cuya principal función pasa por monitorizar el estado de la scuentas públicas nacionales, también ha rebajado en 9 décimas su previsión para 2021 y 5 décimas la de 2022. Según este organismo, la economía española crecerá un 5,5% y un 6,3%, respectivamente.

Funcas también ha reducido su estimación de crecimiento 1,2 puntos porcentuales hasta el +5,1% interanual en 2021.

Y, por último, BBVA Research también ha hecho públicas una reducción de las estimaciones para 2021 (-1,3 puntos porcentuales) y para 2022 (-1,5 puntos porcentuales).

O, dicho de otra manera, el único organismo que mantiene sus estimaciones de crecimiento económico para 2022 es el Gobierno de España, que en su cuadro macro para los presupuestos refleja una tasa de crecimiento del 7%. La única razón tras esta negativa a modificar la hoja de ruta económica para el año que viene es poder gastar aún más, a pesar de la hipoteca que ya llevamos a nuestras espaldas en forma de deuda pública (120% del PIB). Y esto, tras los últimos datos de Contabilidad Nacional, es un insulto a la inteligencia humana.

El PIB nacional ha crecido tan sólo un 2% en el tercer trimestre del año. Eso significa que para conseguir los objetivos gubernamentales tenemos que crecer a doble dígito en el último trimestre del año. Algo altamente improbable. Además, hay muchos elementos de duda:

El consumo de los hogares vuelve al terreno negativo (-0,5%)
La demanda nacional vuelve a niveles tan débiles como los de 2016 y 2019.
Y la productividad se desploma un 3,3% mientras los costes laborales suben un 3%.

Las verdades del INE que Sánchez no quiere escuchar
Juan T. Delgado. vozpopuli.es 31 Octubre 2021

La semana que comenzó mal ha acabado peor aún en las dependencias presidenciales del complejo de La Moncloa. Al incendio intencionado que provocó Yolanda Díaz en la coalición de Gobierno se ha sumado una retahíla de datos macroeconómicos, capaces de desmontar las percepciones más optimistas. Como la de Pedro Sánchez, quien, por una cuestión de fe o de interés electoral, sigue alentando la esperanza en la reedición de los ‘felices años 20’.

La confianza en una recuperación rápida, con forma de V, se desvanece a medida que baja la marea y la realidad deja ver los destrozos de la pandemia. Este jueves, cuando aún se sentía la onda expansiva del terremoto alentado por Díaz, el INE descorrió la cortina de la compleja realidad. Difundió una estadística de empleo (EPA) que deja un sabor agridulce y otra de precios (IPC) que ya ha activado luces rojas en instituciones como el Banco de España. Sólo 24 más tarde, el mismo organismo dio un disgusto más a la vicepresidenta económica, Nadia Calviño, al desvelar que el motor del PIB no rinde como se esperaba.

Tras conocer las tres estadísticas, economistas tan sólidos como Rafael Doménech ya afirman sin tapujos que "aumenta considerablemente la probabilidad de que el crecimiento en 2021 quede por debajo del 5%". La cifra que aporta el jefe de análisis económico de BBVA Research genera pánico en el Ministerio de Economía, cuya previsión para este año asciende al 6,5%. Nada menos que un punto y medio más, todo un abismo en términos macroeconómicos.

A falta de un Gobierno sincero, la realidad va preparando a los españoles para un otoño muy gris y un invierno crudo. Los vectores que están frenando la recuperación no dependen del Ejecutivo. Y los que sí están en sus manos, como las reformas de calado, no avanzan por los encontronazos de la coalición. "El Gobierno está impulsando reformas con un sesgo ideológico muy importante. El monstruo que están configurando va a dar muchos problemas en Bruselas", advierte el presidente de un importante ‘lobby’ empresarial.

Los datos recién publicados por el INE dan nuevos argumentos a los servicios de estudios para rebajar en los próximos días sus previsiones de crecimiento. Estas son las principales variables que examinan los economistas para determinar cuánto más se aleja el PIB real de los deseos de Sánchez.

Los hogares aún no se atreven a gastar
En contra de lo que el Ejecutivo pensaba, las familias están gastando mucho menos de lo previsto. El primero en atisbar esta tendencia fue el propio INE, que recortó el 23 de septiembre el crecimiento del segundo trimestre, tras constatar un frenazo de las ventas empresariales.

Hasta ahora, el optimismo de Calviño respecto al PIB -y el de María Jesús Montero sobre los ingresos fiscales- se ha basado en dos premisas. Una: que la derrota progresiva frente al coronavirus impulse con fuerza la demanda interna, generando empleo y reanimando la actividad empresarial. Y dos: que los fondos europeos sirvan de combustible para acelerar todo el proceso.

Según la estadística de Contabilidad Nacional, el consumo de los hogares ni siquiera avanzó en verano. Al contrario, decreció un 0,5% respecto al trimestre anterior. La comparación interanual también arroja un aumento demasiado pobre (1,1%), teniendo en cuenta que en el verano de 2020 aún había severas restricciones para el ocio y el turismo.

Otro dato publicado este viernes aporta luz al inesperado dato del INE. Según el Índice de Confianza del Consumidor (ICC), elaborado por el CIS, las expectativas de los españoles han caído con fuerza en octubre (3,9 puntos). Desciende 4,9 puntos la confianza en torno a la evolución de la economía; y 3,7 puntos la percepción del mercado de trabajo.

La cesta de la compra, amenazada
El ascenso fatigoso del PIB coincide con la amenaza creciente de la inflación. De nuevo según el INE, los precios crecieron un 5,5% en octubre, empujados por la subida imparable de los productos energéticos. Se trataría de un incremento mensual más, encuadrado en la crisis energética, de no ser por el rumbo que refleja la inflación subyacente. Este indicador, que no tiene en cuenta los vaivenes de los precios de la energía, ha pasado del 0,0% de abril al 1,4% este mes. Esta escalada indica que la subida de la luz y el gas comienza a salpicar a otros productos de la cesta de la compra.

El Banco de España ya está alerta. El gobernador, Pablo Hernández de Cos, dio un aviso este lunes en el Congreso de los Diputados: "Resulta particularmente importante evitar el uso generalizado de cláusulas de indexación automáticas en las partidas de gasto que pudieran alimentar adicionalmente el actual proceso inflacionista". Lo que teme la institución es que una subida provocada por un problema puntual (la oferta de energía) acaba generalizándose y provocando un efecto 'bola de nieve'.

España es el país donde más repuntan los precios. Según Eurostat, la inflación crece más del doble que en Portugal (1,8) y muy por encima de otras economías del entorno, como Francia (3,2%) o Italia (3,1%). Las tasas más elevadas son las de Irlanda (5,1%) y Alemania (5,1%). El diferencial español con la media de la Eurozona asciende ya a 1,4 puntos.

De entrada, Funcas ya prevé que la subida elevará el gasto en pensiones en cerca de 10.000 millones de aquí a 2023. Pero la subida del IPC presionará al alza otras partidas, sobre todo, los costes salarios, tanto públicos (funcionarios) como privados (trabajadores sujetos a convenios).

Las exportaciones aguantan... por ahora
Si la evolución del consumo de los hogares sorprende para mal, sucede lo contrario con las exportaciones. Según la Contabilidad Nacional del INE, crecieron un 6,4% en el tercer trimestre, muy por encima de los servicios (3,2%), la industria (2,0%), la construcción (1,8%) y la agricultura (–5,5%). También subieron con fuerza los precios de exportación de productos industriales (un 12,7% interanual).

La fortaleza de las exportaciones llama la atención de algunos analistas, habida cuenta de que los graves problemas de abastecimiento están añadiendo trabas nunca vistas al comercio mundial. Que las ventas al exterior no han flaqueado en el tercer trimestre se debe, entre otros factores, a la mayor velocidad de recuperación de nuestros 'clientes'. Por ejemplo, la economía de Estados Unidos crece a un ritmo del 4,9%, idéntico al de China. También avanzan más que Portugal (4,2%), Italia (3,8%) o Francia (3,3%).

El problema es que el sector exportador se expone a dos amenazas a corto y medio plazo. Si prosigue la escalada de los precios energéticos, la factura puede tornarse insoportable para algunas empresas, condenadas a elevar precios y perder competitividad a la hora de vender al extranjero. Lo mismo sucede con el desabastecimiento de materiales. El aumento de la demanda en Navidad puede contribuir a obstruir las ya de por sí atascadas rutas marítimas, empeorando la falta de suministro.

Tras el otoño gris, el invierno crudo
El Gobierno confía -y en ello coinciden otros socios de la UE- en que las tensiones comenzarán a remitir en primavera, a medida que se corrijan los desequilibrios en el mercado energético. Para ello, debería solventarse paralelamente la crisis de suministros. Hasta entonces, al Ejecutivo -y a los españoles- no les queda otra que capear el temporal.

Los mercados de futuros anticipan que los precios energéticos seguirán por las nubes. A la luz (cara) se sumará en invierno el aumento de la demanda de gas (igualmente caro). Y subirán más aún los carburantes si la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, logra sacar adelante el Fondo de Sostenibilidad. Este mecanismo carga sobre un grupo de empresas energéticas (sobre todo, las petroleras) el coste de las primas a las energías renovables (7.000 millones). Los dueños de gasolineras (Repsol, Cepsa o BP) han advertido desde que nació el fondo que trasladarán el sobrecoste a las estaciones de servicio.

Mientras las variables macroeconómicas avanzan en uno u otro sentido, el Gobierno está obligado a sacar adelante tres reformas exigidas por Bruselas. En otoño tendrá que dejar enfiladas la laboral y la de las pensiones. Y en invierno, debe arrancar la fiscal. Un triple reto para una coalición que afronta, con tensiones internas, un futuro demasiado incierto.

Contra la inhumana ingeniería social del Gobierno
Editorial. https://www.eldebate.com.  31 Octubre 2021

La torpeza que el Gobierno exhibe para gestionar los problemas reales de la sociedad en su conjunto se transforma, de manera impúdica, en una destreza sorprendente para intentar moldearla con arreglo a un canon ideológico adaptado a sus intereses políticos.

Nunca se ha visto en España un Gobierno que, en tan poco tiempo, haya cosechado tantos y tan sonoros fracasos, unos inducidos por sus decisiones y otros por la falta de ellas: desde la crisis económica hasta el drama sanitario han tenido en Moncloa un acelerador, en lugar de un freno, por mucha propaganda que despliegue luego para tapar sus estropicios y muchas complicidades interesadas que se compre para ayudarle a crear esa inmensa ficción.

La abrumadora mortalidad del coronavirus, superior de largo a la media mundial; y la profundidad del hundimiento económico, sin parangón en Europa con los datos oficiales de PIB, paro, deuda y déficit en la mano; resumen la trayectoria de un Gobierno lastrado además por los insoportables peajes de sus socios y aliados.

Pero tampoco se ha visto nunca a un Ejecutivo que, en lugar de concentrarse en enmendar ese desastre, aproveche las circunstancias para imponer un proyecto de ingeniería social sin precedentes por su dimensión, su trascendencia y su sectarismo.

Si la Ley de Educación es la herramienta de construcción en las aulas, sustentada en la eliminación del mérito y la promoción gratuita a cambio de una enseñanza doctrinal y de la sustitución de la familia como epicentro del crecimiento personal; la batería de leyes inhumanas que la acompañan aspiran a hacer lo mismo en el conjunto de la sociedad.

La inminente ampliación de la Ley del Aborto, anunciada por Irene Montero para diciembre, es un desafío a la propia esencia del ser humano que casi criminaliza la maternidad e invita a desecharla, como si fuera condición indispensable para ser una «auténtica» mujer.

Que en el anteproyecto se incluya además la invasión de la ideología de género en los colegios, con la visión torticera habitual del Ministerio de Igualdad, ha de encender todas las alarmas y suscitar una oposición frontal, sin ambages y cargada de razones.

Las mismas que han de oponerse al resto de leyes que pretenden homologar la enfermiza transformación del ser humano en un objeto moldeable al antojo ideológico de ese delirio: desde la llamada «ley trans», que convierte el sexo biológico en una imposición y alienta el cambio de género con una simple visita al registro civil; hasta la llamada ley del «solo sí es sí», que criminaliza las relaciones preventivamente e invade la intimidad más básica desde comisariados políticos; todo conforma una hoja de ruta perniciosa e inhumana.

Coronada por la aprobación de la eutanasia, una atroz herramienta que consagra el inexistente «derecho a morir» sirviéndose del necesario derecho a unos cuidados paliativos imprescindibles cuando la vida termina y el sufrimiento es insoportable: solo una sociedad inhumana ofrece la muerte como respuesta a la enfermedad, el dolor, la depresión o cualquiera de los padecimientos mundanos.

Si a todo ello se le añade la Ley de Memoria Democrática, la conclusión es evidente: se aspira a construir un pasado a la carta para edificar, sobre él, una sociedad a imagen y semejanza de un poder con ínfulas de perpetuidad.

Es tan inmenso el desafío, que no se entendería nada bien la laxitud en la respuesta parlamentaria, jurídica y social. Empezando, desde luego, por la de la oposición actual, muy falta de tensión en la réplica, como si se avergonzara casi de plantar cara al desvarío vigente.

Si ya fue un formidable error no desmontar punto por punto los precedentes implantados en tiempos de Zapatero; sería irreparable que ahora renunciara a sus obligaciones más elementales frente a tanto despropósito y no hiciera, de este asunto, una prioridad de su actuación política y un anticipo de lo que hará cuando llegue al Gobierno para acabar con tantos abusos.

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El gran prevaricador
EDUARDO INDA. okdiario 31 Octubre 2021

Que España vive una suerte de democracia vigilada quedó claro esta semana no sólo con el fallo en sí del Constitucional sobre el segundo estado de alarma sino también con el relato que hizo el diario sanchista El País de este nuevo golpe jurisdiccional al Gobierno socialcomunista. El tan tendencioso como embustero rotativo, que encima se permite el lujo de dar lecciones deontológicas a los demás, olvidó meter en portada una noticia que en cualquier país serio provocaría la dimisión del presidente, entre otras razones, porque es la segunda vez que el intérprete de la ley más importante declara ilegal la medida. Debe ser que los demás somos periodistas de quinta y esta información carece de importancia, jajajaja.

Una noticia de este calibre en Estados Unidos sería portada a toda página en The New York Times, The Washington Post y hasta en cualquier medio de la Deep America, que es como por aquellos pagos llaman a la América Profunda. Y conllevaría la dimisión o el impeachment del presidente. A la hora de la verdad en el periodismo estadounidense no hay colores que valgan. Hay que ser muy sinvergüenza para esconder semejante notición, del cual destacaron en páginas interiores -naturalmente- que tuvo cuatro votos particulares y que es consecuencia de un recurso de Vox, formación a la que tienen anatematizada pese a ser cien, mil o diez mil veces más democrática que esos socios del Gobierno que responden al nombre de Bildu, Podemos o ERC.

Más allá de esta reflexión corporativista, pero que refleja la salud de nuestra democracia toda vez que la opinión publicada es la que conforma la opinión pública, hay que ir al fondo de la cuestión: tal y como acertadamente apuntó la valiente Isabel Díaz Ayuso, estamos ante “el Gobierno más totalitario desde la dictadura”. Con todo, lo más preocupante es que los españoles tragamos con todo pese a que éste no es el Ejecutivo de Felipe González, que se anotó 202 diputados en 1982, tampoco el de los 186 de Rajoy en 2011 o el de Aznar en ese 2000 en el que logró 183.

Los dos fallos del Constitucional demuestran ni más ni menos que el patético presidente del Gobierno que ayer fue de nuevo a la caza del selfie con Biden secuestró despóticamente nuestras libertades tanto en el primer estado de alarma como en el segundo. En el de 2020 por no recurrir a la figura legal preceptiva, el estado de excepción, que hubiera obligado a someter previamente la decisión al criterio de la sede de la soberanía popular, el Parlamento. El de 2021 porque se restringió el control del Legislativo al Ejecutivo durante ¡¡¡medio año!!! amén de la golfería que igualmente supuso endosar la gestión del estado de alarma a las comunidades autónomas. Ilegalidad sobre ilegalidad, es decir, ilegalidad al cuadrado.

Por no hablar de la arbitrariedad cum laude que supuso el hecho de que el sátrapa de Moncloa dictaminase de manera indudablemente prevaricadora que el estado de alarma no fuera ampliado cada 15 días como prescriben tanto la Carta Magna como la Ley Orgánica de 1981. Ni prórrogas ni gaitas. Se implementó durante seis meses y sólo se podía interrumpir a los cuatro si lo pedía el presidente autonómico para su ámbito territorial.

Éste no es el segundo sino el tercer zasca jurídico en el tiempo de un Tribunal Constitucional que retrata al presidente del Gobierno como un prevaricador de tomo y lomo. Existe otro aparentemente menor, dictado el pasado 5 de octubre y que pasó desapercibido gracias al pensamiento único, por haber chapado a cal y canto el Parlamento durante las dos primeras semanas del estado de alarma. Lo que hace Putin, perdón Sánchez, es calcadito de lo que llevan a cabo el presidente ruso, Erdogan y en sus primeros tiempos Chávez: reducir la sede de la soberanía popular a la condición de convidado de piedra. De esta golpistoide manera empezó a periclitar la democracia venezolana que ahora mismo es una narcodictadura.

Lo he dicho unos cuantos domingos pero lo repetiré hasta la saciedad, y si es necesario hasta el aburrimiento, que sin división de poderes no hay democracia que valga. Los compartimentos estancos que dibujó Montesquieu son consustanciales a la democracia, a ese sistema de checks and balances (controles y contrapesos) que impera en esos regímenes cuasiperfectos que son los anglosajones y escandinavos. El barón francés argumentaba que “todo hombre que tiene poder se inclina por abusar del mismo… hasta que encuentra límites”. “Para que no se pueda abusar hace falta que por la posición de las cosas, el poder detenga al poder”, apostillaba a mediados del siglo XVIII. Cualquiera diría que cuando salió de su boca esta reflexión estaba pensando en Pedro Sánchez. Desde luego, le viene como anillo al dedo.

El presidente menos votado de la democracia aprovechó el descomunal estallido de la pandemia provocado entre otras cosas por el 8-M para convertir nuestro país en una suerte de democracia vigilada en la que él desempeñaba el rol de un autócrata como el Diablo manda. Nuestra vida va a tal velocidad que hemos olvidado, o casi, que además de restringir ilegalmente nuestra libertad de movimientos este prevaricador tuvo a la Guardia Civil persiguiendo y luchando contra los críticos en las redes sociales. Que se clausuró el Portal de Transparencia para preguntas relativas a la pandemia. Que se compró material sanitario sin control alguno a amiguetes de amiguetes chinos cuyas empresas eran chiringuitos residenciados en códigos postales de la superpotencia asiática. Que se gastaron 4 millones públicos en adquirir hisopos a una entidad mercantil radicada en Suiza cuyo core business es la “moda infantil”.

Tampoco recordamos que una compañía especializada en vigorizantes sexuales, geles íntimos y óvulos vaginales se llevó otros 17 kilos en un concurso trampeado para la adquisición de test anticovid. Que se dieron otros 240 millones del contribuyente a una entidad mercantil china fundada hace menos de dos años por un hongkonés que salió de la universidad en 2015. Que se coló de rondón, vía decretazo, al delincuente Iglesias y al sobrevalorado Iván Redondo en la Comisión Delegada encargada del control del CNI. Cómo sería de cantoso el asunto que el Pleno del Tribunal Constitucional también declaró nula e inconstitucional esta resolución. Que, aprovechando la confusión y el miedo causado por la pandemia, Sánchez intentó perpetrar un golpe de Estado blando reformando la Ley Orgánica del Poder Judicial para que el CGPJ sea elegido por mayoría absoluta y no por una reforzada de tres quintos como hasta ahora, algo similar a lo que hizo Hugo Chávez en 2004 para liquidar la independencia judicial en Venezuela. Y un tan largo como autoritario a la par que corrupto etcétera.

El socialcomunista es el Gobierno que más decretos ley ha dictado en menos tiempo. Esta figura legal, la preferida por un tal Francisco Franco, permite poner en práctica una norma en casos de “urgente y extraordinaria necesidad”. Mariano Rajoy echó mano de ella en 75 ocasiones en sus primeros cuatro años de mandato, los de la mayoría absoluta. Pedro Sánchez ha recurrido a ella en 100 ocasiones en tres años y medio. Más que odiosa, que seguramente también, la comparación resulta escandalosa.

Pedro Sánchez no es, naturalmente, ni creo que lo sea nunca, ese “gran dictador” que parodió Charles Chaplin en su primera película sonora en 1940. Eso son palabras mayores. Pero desde luego su comportamiento se asemeja cada día más al de ese despotismo ilustrado del “todo para el pueblo pero sin el pueblo” que imperaba entre los monarcas absolutos aperturistas del siglo XVIII que intentaban contener a esos maravillosos enciclopedistas que apostaban por todo lo contrario, por el pueblo como sujeto de la soberanía. Como quiera que el Congreso y el Senado son la encarnación de la soberanía popular y a nuestro todavía presidente le incomodan la Cámara Alta y la Baja en su afán de gobernar sin cortapisas, cabe colegir sin temor a caer en la hipérbole que lo que le sobra es la soberanía popular. Ése es el debate que tenemos encima de la mesa los ciudadanos españoles. Hay que dar la batalla, en el Parlamento, en los tribunales, en los medios y en la calle, y ganarla. La España que quiere Sánchez es la de la oscuridad. La lucha que tenemos por delante no es otra que volver a encender las luces de esa España constitucional que nos regalamos hace 43 años. Ni se puede ni se debe aflojar.

El tal Francisco Franco tenía razón.
Nota del Editor 31 Octubre 2021

Que manía tienen algunos de aplicar la gota china contra lo que hizo Paco el bajito: nos libró durante todos sus años victoriosos de los comunistas, aunque los jóvenes, que éramos bastante ?tontos? a veces escuchábamos la radio pirenaica (venía de mucho más lejos).

Lo preferido por Francisco Franco era la honradez y la austeridad, todo lo contrario de lo que desde su desaparición ejecutan la mayoría de los profesionales de la política.

Y para gota china, un apunte: en el Museo del Traje, hay un letrero:

"GUERRA A  LA DEMOCRACIA
  El golpe de Estado de 1936, apoyado por los regímenes dictatoriales de Hitler y Mussolini, pone fin al proyecto democrático frente a la pasividad de las potencias occidentales. En un momento de polarización de la vida política, el temor ante el auge del comunismo, el anarquismo y el independentismo  nacionalista, así como el rechazo hacia el laicismo y otros valores impulsados por la República, desatan un conflicto que  se salda con un coste incalculable. A la pérdida de vidas humanas se une la destrucción del tejido socioeconómico e industrial y la desolación cultural provocada por el asesinato, el exilio, el encarcelamiento o la condena al ostracismo de una gran parte de las élites intelectuales. También se truncan la reforma educativa y el proceso de emancipación femenina, parte del cual había consistido en refutar los mandatos de la moda y los estereotipos de género asociados a la imagen." 


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