AGLI Recortes de Prensa   Domingo 14  Noviembre  2021

Dos padeciendo a un canalla, diez recordando a un traidor
Jesús Cacho. vozpopuli.es 14 Noviembre 2021

El miércoles se cumplieron dos años de las elecciones generales del 10 de noviembre de 2019 que confirmaron en el poder a Pedro Sánchez, y el próximo sábado se cumplirán diez de las generales que el 20 de Noviembre de 2011 entronizaron a Mariano Rajoy como presidente del Gobierno con una mayoría absoluta que a muchos hizo concebir la esperanza de que la Fortuna había regalado a los españoles una oportunidad única, y tal vez última, de enmendar el rumbo de un país que había tocado fondo con la crisis financiera de 2008 y necesitaba con urgencia entrar en astilleros. Los casi 11 millones de ciudadanos que votaron al PP en aquella consulta lo hicieron conscientes de que la transición estaba agotada, y de que la democracia española necesitaba ser puesta sobre la mesa de operaciones a disposición de un buen cirujano resuelto a abrir en canal para acometer las reformas que la gravedad del enfermo estaba pidiendo a gritos, males agravados tras el paso por Moncloa de Rodríguez Zapatero, un perfecto miserable que andando el tiempo mostraría su real valía convirtiéndose en el chico de los recados del dictador venezolano Maduro.

Aquella fue la última oportunidad que tuvo el régimen del 78 de haber abordado una regeneración desde dentro, haber acometido el cambio de unos materiales que ya en los noventa venían desgastados por la erosión de los últimos años del felipismo y su abrasiva corrupción. Muchos fuimos conscientes de la importancia del momento: aquella mayoría tenía que servir para democratizar el sistema, darle una vuelta de tuerca a algunos artículos de la Constitución, arreglar el desaguisado territorial, reformar la ley electoral y algunas cosas más, entre ellas desmontar algunas de las leyes introducidas por el zapaterismo, tal que la de Memoria Histórica, o el intento de acabar con el espíritu de reconciliación que hizo posible la Carta Magna reabriendo las heridas ya cicatrizadas de la Guerra Civil… Está claro que la tarea sobrepasaba de largo las capacidades de un personaje como Rajoy, un manso de libro, gandul y cobardón. Un conservador de mesa camilla y brasero. España necesitaba un audaz Churchill y se encontró apenas con el indolente secretario del Casino de Pontevedra.

Algunas reformas en 2012, la más notable de las cuales fue una laboral bastante tibia, a medio camino de la integral que hubieran necesitado nuestras crónicas tasas de paro. Nada con gaseosa a partir de 2013, ni un papel cambiado de cara. Carente de cualquier ideología, el PP se había convertido en una aséptica gestoría de asuntos públicos, además de una agencia de colocación de amigos (todos los partidos lo son) de la que habían desaparecido los liberales (que terminarían yéndose a Ciudadanos) y los conservadores (que acabarían haciendo lo propio en VOX). De los asuntos de Génova y su red de oficinas se ocupaba Cospedal, mientras la gestión del aparato del Estado corría a cargo del ama de llaves de Mariano, Sáenz de Santamaría. El jefe tenía tarea bastante con el Marca y el Tour de Francia, bien repanchingado en el sillón de su mansedumbre mientras crecía incontrolada la ceniza de su cohíba, no importa que bajo el culo le estallara un golpe de Estado separatista o que los periódicos abrieran, "Luis, sé fuerte", día sí y día también con los escándalos de la Gürtel, esa mafia de pícaros con vistas a Pozuelo de Alarcón.

No hay mejor representación del hundimiento de un país en el abismo de la incompetencia y la incuria que la foto del escaño vacío de Mariano la tarde/noche del 31 de mayo de 2018, Congreso de los Diputados, ocupado por el bolso negro de Soraya, cuervo de mal agüero, moción de censura contra el Gobierno presentada por Pedro Sánchez. Mientras en el Parlamento se discutía el destino de una nación a punto de caer en manos de un descuidero de la política, el presidente del Gobierno al que seis años y medio antes habían votado 11 millones de españoles se emborrachaba en el reservado de un restaurante, del que salió tambaleándose, sito en Alcalá esquina Independencia. La noche de aquel día, dramático para la historia reciente de este país, quien esto suscribe se arriesgó a enviar un texto por wasap a un ramillete de notables, todos capitanes de empresa, urgiendo su inmediata movilización al objeto de exigir del PP la dimisión de Mariano para impedir el crimen de lesa patria que en la Carrera de San Jerónimo se estaba perpetrando. Tal dimisión hubiera dado pie a la convocatoria de unas generales de las que Soraya podría haber salido investida como primera mujer presidenta del Gobierno de España. Se trataba de evitar la tormenta que se cernía sobre este desventurado país si terminaba cayendo en manos de Sánchez y su banda.

Nunca supe si mi súplica logró movilizar a alguno de tan notorios destinatarios, aunque me temo que no. La tragedia se consumó al día siguiente, con la elección como presidente de un individuo al que el propio PSOE había expulsado de la secretaría general año y medio antes ante el temor de que terminara haciendo lo que finalmente hizo: echarse en brazos de comunistas, separatistas y bildutarras para ver cumplido su enfermizo afán de protagonismo. Mariano completó su hoja de servicios sirviendo el poder en bandeja a Sánchez, en lugar de buscar una salida honrosa que evitara a este país un vía crucis de las dimensiones que hoy conocemos. Cobardeando en tablas, en perpetua riña con la más elemental honestidad, el PP no solo no lo ha condenado al exilio, sino que lo reivindica y exhibe con desvergüenza en congresos y saraos varios. Todo un ejemplo a no seguir.

Tras las generales del 28 de abril de 2019, el PSOE pudo formar Gobierno con Ciudadanos, pero de boca de Sánchez jamás salió ni un simple amago de oferta de pacto. Albert Rivera cargó con la culpa de no habernos librado de esa desgracia, siendo así que el sujeto ya había elegido con quién quería irse de copas. De modo que nos obligó a volver a votar el 10 de noviembre del mismo año, en la confianza de que su gallarda figura y la mano experta del vendedor de peines que desde Moncloa le abanicaba la propaganda, le llevaran en volandas hasta los 140 escaños o más. Aquel fue uno de los peores días de su vida, porque el PSOE se dejó 721.000 votos y 3 escaños (en poco más de 5 meses) en la gatera, mientras Podemos perdía 515.000 votos y 7 escaños. Presa del pánico, aquella misma noche Pedro tiró de teléfono dispuesto, cual náufrago arrastrado por la corriente, a unir su suerte a la de Pablo iglesias, traicionando de forma clamorosa las categóricas promesas electorales de que jamás pactaría con la izquierda comunista. "No podría dormir tranquilo". El episodio marcó el rumbo de esta España que hoy navega cual balsa a la deriva. Psicópata narcisista, imbuido de un afán de poder enfermizo, Sánchez decidió dinamitar los equilibrios que habían regido la vida política española desde la muerte de Franco, basados en el triunfo de la centralidad y en el convencimiento de que la democracia parlamentaria, en manos de los "partidos del turno", no podía pactar con sus enemigos declarados. Roto ese dique de contención, las fuerzas periféricas se aprestan al asalto al régimen del 78 y a la consiguiente balcanización de España.

Han sido dos años, que parecen muchos más, en los que nuestro héroe ha podido desplegar su habilidad en el arte de mentir a todo el mundo todo el tiempo con el mayor desparpajo. Obligado a atender los talones que sus socios le presentan a cobro para seguir manteniéndole en Moncloa, los destrozos sufridos por la arquitectura institucional son difícilmente cuantificables, aunque su impacto es evidente en la salud de una democracia de la que ya apenas queda el nombre. El peor gobierno desde el punto de vista técnico y el más ideologizado, el más radical, el más sectario. Gobierno a la greña, a quien une la argamasa de su rechazo a la posibilidad de una alternativa de derecha, fantasma que combate mediante la agitación y el enfrentamiento entre bloques o el intento de colocar extramuros del sistema a la mitad del país. Trincheras, revanchismo y odio ideológico. Y, en lo legislativo, toda una batería de leyes al servicio de la izquierda radical, leyes orwellianas en Educación, Ley Trans, Memoria Democrática… Más una pandemia que el personaje no ha sabido gestionar, porque de eso no tenemos y la tarea rebasa con mucho nuestras capacidades, pero que ha servido para mostrar la pulsión autoritaria que le anima, con dos cierres del Parlamento que el Constitucional ha declarado lesivos para con los derechos y libertades de la ciudadanía. Un Gobierno que se ha saltado la Constitución y aquí no ha pasado nada.

El país está hoy más malito que nunca, muy dañado el sistema de libertades. Nadie sabe lo que ocurrirá en los dos años que quedan de legislatura y mucho menos la suerte que podría correr la España de ciudadanos libres e iguales si Su Sanchidad lograra gobernar cuatro años más a partir de 2023 con los mismos socios, condenado como está a caminar uncido al yugo al que él mismo eligió la noche de la moción de censura, mientras Mariano trasegaba güisqui y otros licores en un reservado. La vergonzosa renovación del Constitucional ocurrida esta semana es la prueba del nueve del grave deterioro de la calidad de nuestra democracia: cuatro jueces, cada uno de los cuales porta en la frente la escarapela del partido al que deben fidelidad. Por haber hay hasta uno patroneado por el Partido Comunista. Si no lo es, esto se parece mucho al final de nuestro Estado de Derecho. Terrible rúbrica a una doble efeméride: dos años sufriendo a un canalla, diez recordando a un traidor.

No hay Gobierno y no está claro si hay oposición, aunque muchos lo dudan. El PP ni ha perdido perdón por el fiasco histórico de aquella mayoría desperdiciada por Rajoy, ni se ha rearmado ideológicamente, ni parece estar ocupado en lo que ahora debería ser su casi única tarea: la concreción de un proyecto de país elaborado por los mejores en cada especialidad y la redacción de 10 reales decretos leyes listos para ser publicados al día siguiente de formar Gobierno. En su lugar, la cúpula de Génova se dedica a poner palos en la rueda de Isabel Díaz Ayuso. Hay quien sugiere que tras ese inexplicable empeño se esconde el deseo de Casado de llegar a algún tipo de pacto de Gobierno con el PSOE tras las próximas generales. Una solución de compromiso que comprarían muchos españoles como mal menor. Aprobados los PGE2022, Sánchez tiene el camino expedito para alcanzar sin mayores sobresaltos el final de la legislatura. La situación, con todo, es tan volátil, sus compromisos tan gravosos, su debilidad tan obvia, que cualquier acontecimiento insospechado podría hacerle derrapar y mandarlo a la cuneta.

La Economía, por ejemplo, que no acaba de arrancar, con España en el furgón de cola de la UE en lo que a recuperación se refiere. El nuestro es un país que vive con la respiración asistida del BCE. La reaparición con fuerza de la inflación, unida a la llegada de un nuevo Gobierno en Berlín en el que ya no está la madre Teresa de Calcuta Merkel, podrían obligar a Fráncfort a recortar en breve su programa de compra de deuda soberana y a subir tipos. Y no está hoy España en disposición de salir a los mercados y exponerse a que su prima de riesgo escale en dos días hasta los 200 o los 300 puntos básicos. Enfrentado a la necesidad de acometer ajustes, los mismos que llevaron a Zapatero al desastre, Sánchez podría verse en la tesitura de tener que disolver para jugárselo todo a la carta de unas generales que hoy, en unos meses, la próxima primavera, podría perder por menos margen que dentro de dos años, porque todo podría empeorar para él de forma irreversible. "El enfermo español sigue agonizando entre recortes de las previsiones de crecimiento, broncas entre ministros por las reformas necesarias para lograr el oxígeno europeo, componendas entre partidos para seguir colonizando las instituciones, y una subida de precios que para muchos convierte en artículo de lujo desde la gasolina para el coche hasta la calefacción", escribía aquí ayer Alberto Pérez Giménez. Instituciones devaluadas y clases medias depauperadas. Estamos pagando el fracaso de la oportunidad perdida con la mayoría absoluta de Rajoy. ¿Hay algún futuro por ahí?

¿Qué le pasa a la economía española? Las razones de una debacle histórica

Daniel Rodríguez Asensio. Libertad Digital 14 Noviembre 2021

Al Gobierno de España se le van a hacer muy largos los dos años que restan hasta las próximas elecciones generales. En verano leíamos en varios medios que el Presidente Sánchez contaba con la economía como gran baza electoral para desmontar uno de los principales argumentos de la oposición: que el PSOE no sabe gestionar el país.

El socialismo no ha funcionado en ningún lugar del mundo ni en ningún momento de la historia. España no es ninguna excepción, y lo hemos visto en estos dos años de legislatura.

En las últimas semanas, sin embargo, la situación económica nacional parece especialmente dolorosa. Merece la pena recordar el claim que se persiguió hasta la saciedad desde Moncloa durante el año pasado: primero la recuperación iba a ser en "V", después llegó la famosa "lámpara de Aladino", y finalmente se ha quedado… en algo muy parecido a una "L". O, dicho de otra manera, a un encefalograma plano.

Bruselas dinamita las previsiones del Gobierno y recorta hasta el 4,6% el crecimiento de España

En esta columna ya hemos detallado la cascada de revisiones a la baja que ha sufrido la economía española en las últimas semanas. Este mismo jueves, sin ir más lejos, la Comisión Europea ha hecho pública una de las mayores rebajas en las estimaciones macroeconómicas de la historia de la UE, a saber:

El PIB va a crecer un 4,6% en 2021. Esto supone 1,6 puntos porcentuales por debajo de la anterior estimación.

También deja a España como el país que más cayó en 2020 (-10,8%) y, sin embargo, en 2021 va a crecer por debajo de la media de la UE (5%).

Como consecuencia de ello, seremos la única economía que no recupere los niveles de riqueza previos al Covid19 en 2022.

Además, nuestra tasa de paro continuará por encima de los niveles pre-Covid (ya alarmantemente altos) en 2023.

Y seguiremos con un déficit desbocado, superior al 4%.

Los resultados

¿Recuerdan las "medallas de oro" de nuestro presidente Sánchez y los "resultados históricos" de la vicepresidenta Díaz? Pues aquí están los resultados: España, a la cola en crecimiento económico y a la cabeza en déficit público, tasa de paro y tasa de paro juvenil.

Hay quienes, desde su puesto de funcionario público o cuasi funcionario (esto es, con el sueldo asegurado pero sin haber pagado una nómina en su vida) se preguntan qué puede estar pasando en la economía española. Afirman que los datos de empleo y otras variables coyunturales no guardan relación con las cifras macroeconómicas. Se equivocan.

Y ese es el principal error: coger cifras adulteradas de forma automática, sin procesar lo que realmente está ocurriendo, y seguir usándolas como predictores con la misma tasa de correlación que antes de esta crisis.

Si algo necesita España es una dosis de realidad. Porque nuestra economía ha estado muy enferma (y aún lo sigue estando) y, sin embargo, nos hemos comportado como si esto hubiera sido un catarro pasajero.

España ha sufrido en 2020 una tasa de paro del 30%, si tenemos en cuenta las personas en ERTE y los autónomos en cese de actividad. Dar la espalda a esta realidad supone, por ejemplo, errar con las prioridades de los Presupuestos Generales del Estado de 2022 y de los fondos Next Generation EU.

Hay quienes dirán que ningún país europeo ha tratado a los ERTE como parados. Y es cierto. Pero no es menos cierto que los esquemas de flexibilización temporal del empleo como consecuencia del Covid19 en Alemania, por ejemplo, han supuesto una reducción de horas trabajadas, y no gente que se ha ido a su casa sin poder trabajar. Una pequeña diferencia que explica en buena parte la diferencia en la evolución del mercado de trabajo entre ambos países.

Si a esto le añadimos el enorme impulso del empleo público del último año, el resultado es un sector privado anémico y con serias dificultades para salir adelante. Justo lo que dicen las cifras macroeconómicas.

Otro asunto al que le damos la espalda: España sobrevive gracias a un estímulo monetario y fiscal sin precedentes. El Gobierno de España ha registrado el segundo mayor déficit desde que entramos en la UE (11%), mientras que el BCE ha comprado el 100% de las emisiones netas de deuda pública. Desconocemos cuál es nuestra posición real en los mercados financieros internacionales, y tampoco tenemos una imagen verídica del sector empresarial porque sigue anestesiado con los créditos ICO.

Los informes que vamos conociendo del Banco de España no son positivos en ninguno de los aspectos. Y, aún así, las recetas continúan siendo las patadas hacia delante, las políticas de estímulo masivo y la ausencia de reformas estructurales en la dirección adecuada.

Justo lo que advierten las variables macroeconómicas: un modelo que está acabado y en el que el impulso público ya no supone ninguna ventaja. La política fiscal en un país en el que el gasto público supera el 50% del PIB y la política monetaria allá donde la deuda pública está en torno al 125% del PIB se sitúa claramente en los tramos decrecientes de los rendimientos y eso también lo reflejan las cifras macroeconómicas.

Y, por supuesto, los intangibles. Si algo hace el Gobierno de España es mantener bien alimentada a la maquinaria mediática para que no llame a las cosas por su nombre.

España, país rescatado
España ya es oficialmente un país rescatado. El pasado 29 de octubre nuestro gobierno firmó lo que en 2011/2012 se llamaba un "Memorando de entendimiento" (Memorandum of Understanding, o MoU, por sus siglas en inglés), que no es sino un documento por el cual la parte rescatada se compromete a llevar a cabo una serie de reformas para que sus acreedores (Europa) desembolsen el dinero que necesita.

No lo hemos sabido hasta el pasado 10 de noviembre. Pero la naturaleza del documento, y las medidas a las que se ha comprometido nuestro gobierno están en línea con las que tuvieron que asumir otros países rescatados (sostenibilidad de las pensiones, pago por uso de las autovías, etc.).

La realidad, por mucho que le pese a muchos miembros del Gobierno y a otros tantos analistas económicos afines, es que todas las variables que no han podido ser adulteradas muestran una recuperación prácticamente inexistente o, lo que es lo mismo, una salida de esta crisis con forma de encefalograma plano. Cojamos la matriculación de vehículos, la demanda eléctrica, las ventas minoristas… Son muchas las señales que apuntan hacia una economía real estrangulada por la combinación de una demanda muy débil, impuestos muy bajos y muy poca sensibilidad política hacia la actividad económica privada.

España ha vivido durante 2020 una verdadera competición por ver quién tomaba las medidas más restrictivas, y ahora vemos las consecuencias. Va a ser muy interesante observar la apertura de las variables macroeconómicas por comunidades autónomas y ver que, si no fuera por la Comunidad de Madrid, el desastre económico en España estaría siendo evaluado en todas las grandes organizaciones económicas del mundo.

España se dirige con rumbo firme hacia datos de PIB negativos en 2022. Con una inflación más elevada de lo previsto y con la crisis bancaria china ya extendiéndose por Europa y Estados Unidos, no debemos descartar un empeoramiento de la situación que de al traste con las estimaciones optimistas (una vez más) para el año que viene.

Y, mientras tanto, el Gobierno obviando las recomendaciones de la AIReF en materia de sostenibilidad presupuestaria, estabilidad de las finanzas públicas y transparencia en la comunicación de datos. Como si no hubiéramos aprendido nada de la crisis de 2008.

La España feliz de Pedro Sánchez
EDUARDO INDA. okdiario 14 Noviembre 2021

Claramente Un mundo feliz es una de las mejores novelas que he leído en mi vida. Aldous Huxley describe en esta utopía una sociedad dividida en castas en la que cada ser humano acepta ovinamente su rol. Un universo en el que hay paz, en el que la tecnología ha resuelto todos nuestros problemas cotidianos, libérrimo en materia sexual, en el que el hambre es un mal recuerdo del pasado y en el que todo pichipata es feliz. Sin embargo, esa humanidad de Huxley es en el fondo más distópica que utópica: para conseguir el mundo perfecto ha habido que sacrificar la diversidad cultural, las ideologías y, obviamente, la religión. Los ciudadanos-ovejas creen que habitan el paraíso porque tienen lavado el cerebro pero en el fondo padecen la peor de las dictaduras.

Cualquiera diría que el genio de Surrey estaba pensando en la España de Pedro Sánchez cuando alumbró su obra maestra en el umbral de esa peligrosa década que fueron los años 30 del siglo XX. El Plan 2050 del Gobierno recuerda peligrosamente a esa uniformidad social que describe Huxley: la España del trágala en la que será pecado viajar en avión, en la que los camioneros desaparecerán, en la que estará prohibida la energía nuclear, en la que la libertad religiosa será poco menos que una pantomima, en la que ser heterosexual estará regular visto tirando a mal y en la que a todos se nos igualará educativa e intelectualmente por abajo.

Vayamos al grano. Personalmente me deja estupefacto contemplar cómo España acepta sin rechistar la autocracia de Sánchez, su ingeniería social, sus salvajadas legales y sus disparates constitucionales. Jamás entenderé cómo la patria de El Cid, de Colón, de Pizarro, de Hernán Cortés, la que se levantó frente al invencible y todopoderoso Napoleón, dice sistemáticamente amén a las burradas de este pájaro y, sobre todo y por encima de todo, acepta la bajada de su nivel de vida como si tal cosa. Y, mientras tanto, los medios a sueldo del Gobierno, prácticamente todos, nos venden una España modélica y entrañable en la que el discrepante es obviamente un fascista de tres pares de narices, un tipo con las más diversas patologías psiquiátricas, un faker profesional.

He epigrafiado La España feliz de Pedro Sánchez en 10 actos, aunque bien lo podría haber hecho en 100 o en 1.000:

1.-La España de la riqueza energética. A Mariano Rajoy y a José Manuel Soria no les van a decir ni tampoco les van a contar el pollo que les montaron cuando el megavatio/hora de electricidad pasó de 50 euros a 54. Días y días de telediarios abriendo con el “subidón”, columnistas tirando a matar al Gobierno, fascista claro, del PP y el desahogado de Évole dedicando un programa entero a la cuestión en el que el presidente y el ministro de Industria quedaban como unos auténticos desalmados. Ahora el megavatio/hora no baja de los 200 euros, es decir el cuádruple que hace un año, y el mes pasado sobrepasó los 300, esto es, seis veces más. Y aquí nadie se echa a la calle y todos somos felices. Pablo Iglesias e Irena Montera, a los que se le llenaba la boca del palabro “pobreza energética” en tiempos marianos, callan cómplicemente porque tienen los mismos problemas para llegar a fin de mes que Amancio Ortega, su lomo está forrado hasta límites insospechados y la gente les importa un comino. Todo para el pueblo pero al pueblo que le den.

2.-La España de la energía infinita. Espero que la sangre no llegue jamás al río. Es más, sospecho que, como sucedió ese 31 de diciembre de 1999 en el que los ordenadores se iban a volver locos y los ascensores se iban a parar entre planta y planta, todo quedará en un mal presagio. Más que nada, porque un parón en el suministro helaría todos los hogares de España y provocaría apagones por doquier. Ningún Gobierno occidental se puede permitir semejante caos porque entonces sí que creo que las revueltas serían inevitables. Y si sobreviene el desastre, tranquilos, que Papá Sánchez nos echará unos de esos speech en los que nos trata como si fuéramos niños y todos tan contentos. El panorama no es precisamente halagüeño: el gasoducto Magreb-Europa, que trae el 25% del gas que consumimos, se chapó hace dos semanas. No hay buques metaneros porque la mayoría los ha contratado China a golpe de talonario. Ahora sólo queda fiarse de la excelente capacidad de reacción de nuestro canciller, José Manuel Albares, que se plantó en Argel, se entrevistó con el presidente Tebboune y formalizó un compromiso para aumentar el suministro por el único gasoducto que queda operativo, ese Medgaz que entra por las costas de Almería. Veremos. En el mientras tanto no estaría de más encomendarse a todo el santoral para que el gafe de Pedro Sánchez no la termine de liar definitivamente.

3.-La España de la riqueza alimenticia. Mariano Rajoy, el hombre que nos salvó del default, nos legó un país en el que el precio de la cesta de la compra no subía mucho más allá de la inflación. Ahora el coste de los productos básicos crece por encima del 15%, tres veces el IPC y siete lo que como mucho engordarán los sueldos a fin de año, y aquí no se subleva ni su padre. Me temo que ese 15% seguramente ha sido jibarizado por los estadísticos gubernamentales. No hablo de oídas sino por boca de uno de los grandes restauradores de Madrid: “Eduardo, que se dejen de leches, a mí el producto me cuesta un 28% más que hace un año”.

4.-La España de la miniinflación. Que la España de Pedro Sánchez no es el universo happy que nos pintan sus infinitos hagiógrafos lo certifica mejor que ningún otro parámetro la inflación, situada en estos momentos en el 5,4%. Los pelotas mediáticos apuntan que el encarecimiento de los precios es el drama coyuntural de 2021 “pero a nivel mundial”. No sé si es coyuntural —mi impresión es que sí— pero tengo meridianamente claro que en esto, como desgraciadamente en casi todos los órdenes de la vida, también hay clases: somos el número 1 de los grandes países de la zona euro. Empatamos con Bélgica (5,4%), ganamos a Alemania (4,5%), goleamos a Francia (3,2%) e Italia (3,1%) y le pegamos una tunda de aquí no te menees a Portugal (1,8%). La media de la zona euro está situada en el 4,1%. Con cuentas así cualquier cuento que nos endose Moncloa se deshace con la misma velocidad que un azucarillo en una taza de café hirviendo.

5.-La España de los sueldazos y el pedazo de PIB. Crucemos los dedos para que ese mataeconomías que es la inflación constituya una mera pesadilla pasajera. De lo contrario, lo que nos espera es una pesadilla que puede destrozar nuestras economías. Teniendo en cuenta que ninguna empresa se puede permitir subir los salarios un 5,4% para acompasarlos a la carestía de la vida, el fin de la película es obvio: seremos más pobres. Por no hablar de ese PIB que el año pasado cayó un 10,8%, más que nadie en la zona de euro, y que ahora se recupera sustancialmente peor que prácticamente todos los grandes. Habrá que aguardar a 2023 ó 2024 para recuperar los niveles de riqueza previos al maldito virus chino. Los que cantamos y contamos este drama somos unos agoreros, seres hiperbólicos, porque esta España de Superman Sánchez es el auténtico Jardín del Edén.

6.-La España del petróleo gratis. Cualquiera que conduzca se cisca mentalmente en nuestro presidente del Gobierno cada vez que le toca pasar por la gasolinera. Llenar el depósito cuesta un 50% más que hace un año. Eso sí: somos dichosos como nunca antes en ningún periodo de nuestra historia. Papá Sánchez lo tiene muy fácil para incrementar aún más si cabe nuestro bienestar: que meta un tijeretazo a los tributos de los carburantes, que representan el 52% de la factura.

7.-La España de las pensiones dignas. Me provoca arcadas la terminología embustera de este Gobierno bulero. “La recuperación justa”, “la riqueza energética” y, obviamente, “las pensiones dignas”. Las de los españoles de mi generación y las que nos siguen caerán una media de 105 euros mensuales si se calcula sobre 35 años y no los 25 que se empleaban como baremo hasta ahora. Ése es el nuevo atraco que prepara el Gobierno a los españoles del baby boom. ¡Cómo mola el sanchismo! Conclusión: a suscribir planes privados o a ahorrar compulsivamente porque encima no vamos a vivir 80 u 85 años sino más, mucho más, ya que la esperanza de vida se alargará por encima de los 90. ¡Ah! y los jubilados actuales también las pasarán canutas como quiera que se consolide ese 5,4% de inflación porque el Ejecutivo no subirá las pensiones más que un 2,2%. La vida es bella en la España de Pedro Sánchez.

8.-La España de las autovías gratis. Felipe González lanzó en el ecuador de los 80 un plan de autovías que transformó las antiguas nacionales de Franco en una red similar a la que disfrutaban desde la década de los 60 alemanes, franceses e incluso italianos. Nunca hubo que pagar. Sólo había que astillar por las autopistas que construía la iniciativa privada. Nuestra ventura va a ser interminable cuando pronto, muy pronto, tengamos que apoquinar por circular por esas autovías que sufragamos con nuestros impuestos. Una doble imposición de manual que en pura legalidad debería tumbar cualquier tribunal digno de tal nombre. ¡Pero qué bien nos trata ese padre de todos los españoles que es Pedro Sánchez! Lo que les faltaba a nuestros camioneros que, al coste de los carburantes, habrán de sumar este otro sablazo. La ruina está asegurada.

9.-La España de los impuestos bajos. Siempre he dicho que nuestro dinero está mejor en nuestro bolsillo que en el de Cristóbal Montoro o María Jesús Montero. Los tributos bajos son sinónimo de crecimiento público y los altos de déficit, crisis y gasto público desbocado. Papá Sánchez no sólo nos ha estirado el IRPF. También ha disparado el que grava las primas de seguros, el de las bebidas azucaradas pese a que nuestra salud le importa un pito, el de los plásticos no reutilizables, el que abonamos cada vez que compramos acciones de una compañía, el de los automóviles diesel y no sé cuántos más. Y ahora va a engordar el de Sociedades. ¡Qué bonito es vivir en la España de Papá Sánchez!

10.-La España de los agricultores, los ganaderos y los autónomos. Del yugo recaudador de Papá Sánchez no se libra ni dios. A los dos primeros sectores les ha obsequiado con recargos tributarios y en las cotizaciones, por no hablar de unas exigencias medioambientales que anulan su competitividad frente a países productores en las que no existen. Las cuotas de esos ciudadanos de segunda que son los autónomos también se han incrementado por encima de la inflación.

La opinión publicada financiada por Pedro Sánchez con cargo a nuestros impuestos seguirá intentando idealizar la España que nos ha tocado vivir. Pero algunos pocos, los de siempre en realidad, continuaremos ahí, al pie del cañón, desmontando la propaganda y desvelando única y exclusivamente la verdad. El presidente va a hacer buena en sentido malo la ya mítica frase de Alfonso Guerra: “A España no la va a reconocer ni la madre que la parió”. Que sean pésimos gobernantes, pase, ya habrá tiempo de cambiarlos; lo que no resulta de recibo es que se rían de nosotros vendiéndonos un mundo feliz que sólo debe existir en sus calenturientas y psicopáticas mentes. No le arriendo yo la ganancia a Pablo Casado. El próximo presidente del Gobierno heredará una España infeliz moral, democrática, territorial y, como vemos, económicamente. Y lo primero que tendrá que hacer cuando sea presidente es confesarnos que no somos tan felices.

El estado de la nación sin estado
Enrique López. larazon 14 Noviembre 2021

El desprecio de la izquierda que gobierna España hacia las reglas es la amenaza que más afecta a nuestro sistema de convivencia y libertad. Es una izquierda intervencionista en lo económico, que lleva su antiliberalismo, con tanta facilidad como frivolidad, al ámbito de los derechos y la libertad individual. Una izquierda que ha transformado el tradicional civismo laico en auténticas y sectarias profesiones de fe, el famoso catecismo progre, ante asuntos como el clima o el género, llevados al extremo del sectarismo y la intolerancia más aberrantes. Para redondear el producto, esa izquierda se alía, de manera interesada pero también natural, con el mundo identitario del nacionalismo más radical.

El resultado de todo ello es un proyecto de división de la sociedad, que pone en peligro conceptos básicos de nuestras democracias liberales, plasmados perfectamente en la Constitución Española, como la ciudadanía, la igualdad ante la ley o la libertad, y que sustituye el espíritu de conciliación y reforma que fue el eje del periodo de la transición por el de la ruptura.

Hablamos, claro está, de la esencia del sanchismo en estado puro, un proyecto que en lo político ha utilizado el real decreto ley en 108 ocasiones, ha declarado dos estados de alarma inconstitucionales y ha buscado, por todo tipo de vías, el control del poder judicial. El Gobierno Mordaza de Pedro Sánchez, curiosamente empeñado en derogar las leyes que más aplica, que, en lo económico, como correlato de su cesarismo liberticida, está impulsando un presupuesto que busca subir los impuestos a los españoles en 4.000 millones de euros más, después de que el que está en vigor lo hiciera en 9.000, en un contexto de paro, con cuatro millones de españoles sin empleo, y de inflación, que duplica a la de países de nuestro entorno, con más y más amenazas fiscales, un día la subida de cotizaciones, otro los peajes en las autopistas, además del recibo de la luz y del gas, un 200 % más caros, en gran parte por culpa de los costes no energéticos.

Estamos asistiendo a un ataque frontal en toda regla contra la propiedad privada y la libertad individual, que se sustancia en debates llenos de exageraciones y mentiras, como el relativo a los impuestos bajos que se aplican en la Comunidad de Madrid, en el que resulta revelador ver a ERC y el PNV, bajo el paraguas socialista, siempre tan celosos de sus autogobiernos, exigiendo uniformidad fiscal española y diciendo abiertamente «no me toquen mis competencias, pero prohíban ustedes que Madrid ejerza las suyas», supliendo cualquier atisbo de coherencia y tolerancia por la aplicación directa de la ley del embudo, que parece ser la única que saben cumplir.

Ciertamente se puede comprender que haya un debate, e incluso que sea duro, sobre si es mejor subir impuestos o bajarlos, y es incluso razonable que cada administración, en función de criterios ideológicos o prácticos, haga lo uno o lo otro. Sin embargo, aquí no está sucediendo eso, porque lo que plantean los nacionalistas vascos, los independentistas catalanes y los socialistas valencianos no es lo que pueden o no pueden hacer ellos, sino lo que debe hacer Madrid, intentando impedir que siga siendo el ejemplo de prosperidad que de hecho es. Atacar a la libertad que ampara la Ley sí que es competencia desleal, un paradigma de auténtico dumping y verdadera mordaza. Como colofón derogan partes importantes de la ley de seguridad ciudadana cuyo objetivo es garantizar la libertad y el disfrute de derechos, con el fin de que sus socios de gobierno puedan seguir agrediendo a policías, eso sí, de forma impune.

El gran timo del 78
Jorge San Miguel Lobeto. vozpopuli.es 14 Noviembre 2021

Cuando se inició la era Sánchez, en la primavera de 2018, escribí donde me dejaron que aquello solo podía ser una reedición -magnificada por el auge del infotainment y la comunicación política, es decir, más chusca- del zapaterismo. Como decimos en Madrid, “de donde no hay no se puede sacar”; y, a falta de reformas -ahí Rajoy tiene su cuota de responsabilidad, claro-, de un modelo de crecimiento alternativo a la burbuja y/o la recepción de fondos europeos, y de algo tan elemental hace 10 años como una mayoría de gobierno pasable, la cosa no podía derivar más que en lo que ha derivado: el apogeo de la cháchara, hecho posible por una polarización que cierra el paso al elector entre los bloques de derecha e izquierda. Decirlo me costó el cabreo de no pocos amigos y, sobre todo, conocidos; algunos de los cuales me han ido dando la razón. Pero esto es obviamente lo de menos: en política es perfectamente posible, trivial incluso, tener razón y coger la puerta. Lo importante es que la coalición informal que desde 2010 o 2011 pedía reformas, o aclarar un tanto al menos el rumbo del país, bien que fueran cuatro gatos escribiendo blogs o en los márgenes de uno u otro partido político, bien que fuera a la postre con la boca pequeña, ya no existe; y no tiene visos de reeditarse.

Acabamos de ver, esta misma semana, tres ejemplos de la irrelevancia de ese reformismo, hoy electoralmente penalizado; y, a la vez, de la situación terminal en ideas y praxis de los dos partidos fundamentales en el sistema de los últimos cuarenta años. Por un lado, sigue la confusión en torno a las pensiones: su cálculo, su actualización, cómo se van a financiar y qué nos exige en realidad la Unión Europea. Siendo como es, el problema número uno de los españoles. Resulta obsceno ver -como han visto estos ojitos hace solo un año- a las supuestas mejores cabezas de la partitocracia del 78 pontificando con el pecho hinchado sobre los plásticos en los océanos mientras en España sigue la subasta suicida de las pensiones, que reventará el Estado -el de bienestar también, claro- mucho antes que las pajitas de los refrescos en el Yangtsé. De momento ya sabemos que nadie se apea del burro de la indexación, cuando por primera vez en tres décadas hablamos de inflación en tono amenazador, y que las ideas más novedosas pasan por cargar el muerto a los impuestos sobre el trabajo en un país con un paro estructural por encima del 15%.

El chiste no acaba ahí. Por lo que se refiere a la calidad institucional, acabamos de asistir a la renovación de instancias judiciales más vergonzosa de la reciente historia democrática; que ya es decir. La izquierda ha conseguido durante la última semana, con su bien engrasada maquinaria mediático-cultural, que nos fijemos ante todo en el impresentable candidato Arnaldo; pero la responsabilidad de una propuesta vergonzosa, política en el peor sentido, corrupta in pectore, está mancomunada entre PP, PSOE y Podemos. Lo más descorazonador es intuir que, en las circunstancias actuales, arremeter contra este chalaneo probablemente no solo no dé un voto, sino que lo reste por hablar de cosas que no tocan.

El estrambote ha sido la más que anunciada aparición, en una encuesta dudosa, de la fantasmagórica plataforma de la España interior. Hace ahora dos años recreé una suerte de ruta del Cid derrotado desde Burgos a la costa valenciana, y en cada parada se podía intuir el signo de los tiempos, que hoy ya tiene nombres. También lo dejé escrito. Ahora debatimos alegremente si se trata de una falsa bandera socialista o, por el contrario, del enésimo falseamiento rural-conservador del sistema electoral. Argumentos hay para las dos versiones, sobre todo la primera: la tendencia de quien hoy entra en política es abrazar la farola del “sentido común de la época”, que es el que es -y si no, que se lo pregunten a Revilla, al PNV, o a ese Teruel Existe que, se supone, existe. Pero se trata al cabo de una discusión trivial, pues lo sustancial del asunto es la definitiva conversión de nuestra Cámara Baja en un órgano ratificador y en una subasta. Un caro juguete que hace investiduras y presupuestos cada tantos años -tampoco hay que pasarse- pivotando sobre minorías con un inusitado poder de negociación y sin más interés que el particular.

Hay más ejemplos del agotamiento de este “régimen del 78”, de la monarquía al sustrato sociológico, pero sería ocioso detenerse. Por sí solo, el gran timo de las pensiones asegura, salvo una corrección salvaje del rumbo -la versión optimista dice que Bruselas, ente salvífico, la propiciará- su desfondamiento. La decreciente calidad institucional da otra pista de dónde estaríamos fuera de la Unión, por mucho que las élites continentales se esfuercen en hacernos pasar vergüenza con su seguidismo de las modas ideológicas. La eclosión -¡que florezcan cien flores!- del sistema de partidos señala simplemente una efusión de criaturas oportunistas que crecen, y hacen bien, de un cuerpo muerto.

PSOE-Podemos
El Gobierno tiene 399 asesores que no pasan del bachiller y a los que paga más de 18 millones al año
El Ejecutivo se sube el sueldo un 2% mientras ahoga a las familias con la luz y los impuestos
Pedro Sánchez vuelve a modificar el presupuesto en agosto para elevar el gasto en asesores
Montero ficha como asesores del ministerio a la condenada Isa Serra y a dos imputados por malversación
Segundo Sanz. okdiario 14 Noviembre 2021

El Gobierno de Pedro Sánchez, que ya es el que acumula más asesores a dedo de la democracia, gastará más de 18 millones de euros en pagar el sueldo de casi 400 de ellos que no pasan del bachiller, según se desprende del proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2022, un texto que se halla ahora mismo en tramitación parlamentaria.

En concreto, de los 1.252 asesores que figuran en tales cuentas, 399 de ellos no tienen estudios superiores, esto es, el 31% de todo este personal eventual repartido por los 18 ministerios del Ejecutivo de PSOE-Podemos, el primero de coalición. Así, de ellos, 210 son «subgrupo C1 y titulados de bachiller o similar», 121 son «subgrupo C2 y graduado escolar o similar» y 68 de la categoría «Agrupaciones profesionales y certificado de escolaridad».

Por «personal eventual» se entiende «el que, en virtud de nombramiento y con carácter no permanente, sólo realiza funciones expresamente calificadas como de confianza o asesoramiento especial, siendo retribuido con cargo a los créditos presupuestarios consignados para este fin», señala el Registro Central de Personal, dependiente del Ministerio de Política Territorial. No se incluyen bajo esta categorización aquellos efectivos que ocupan puestos de esta naturaleza pero tienen la condición de funcionario de carrera de la Administración del Estado, por lo que, en realidad, la cifra de asesores al servicio del Gobierno de Pedro Sánchez es todavía mayor.

Más de 45.000 euros
Los Presupuestos Generales del Estado para 2022 asignan 12 asesores al equipo más cercano a la ministra de Igualdad, Irene Montero. A través del Portal de Transparencia, el departamento que dirige la número dos de Podemos reveló el año pasado que los 12 asesores en contacto más estrecho con Montero percibían de media sueldos que oscilaban entre los 45.638,36 y los 51.946 euros. Pues bien, las cuentas de 2021 registran 3 asesores de este área pertenecientes al «subgrupo C1 y titulados de bachiller o similar» y las de 2022, pendientes de aprobación, contemplan uno de esta categoría y dos del «subgrupo C2 y graduado escolar o similar», es decir, de nuevo tres sin estudios superiores.

Precisamente, el Ministerio de Igualdad ha sido objeto de fuertes críticas por parte de la oposición en los últimos días a raíz de que se conociera que la condenada Isa Serra -que atacó e insultó gravemente a una mujer policía- y los ex concejales imputados por malversación Celia Mayer y Carlos Sánchez Mato han sido colocados en el departamento de Montero.

Por su parte, la titular de Igualdad ha defendido estos nombramientos esgrimiendo que ella siempre estará al lado «de quienes defiendan la democracia aunque sean perseguidos mediática, política o judicialmente». Al mismo tiempo, ha acusado a la oposición de ejercer «violencia política» por cuestionar tales designaciones. También forma parte de su séquito la alto cargo-niñera Teresa Arévalo, jefa de Gabinete adjunta de la ministra.


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La subasta de Sánchez: 11 ministerios por los 11 escaños de "España Vaciada"
Federico Jiménez Losantos. Libertad Digital 14 Noviembre 2021

Hace un par de semanas, un diario digital de mucho bombo y escasa influencia publicó una noticia en forma de encuesta o una encuesta vestida de noticia que, por considerarse oficiosidad sanchista, pasó inadvertida. En ella se confirmaba el suicidio asistido de Casado por Teodoro en el ara de Ayuso, y aparecía formando grupo parlamentario una agrupación todavía inexistente, España Vaciada, formada por una docena de soriavivas o teruelexistes, que lograría un escaño por provincia vaciada, hasta once.

Ese grupo parlamentario aseguraría la continuidad de Sánchez, al modo de ese socialista valenciano y contratista político que representa el vaciado turolense pero cuya verdadera función es la de apoyar al Gobierno social-comunista, con la ETA y el golpismo catalán, históricos amigos de Teruel. Son caciques de extrema izquierda o extrema derecha a los que la Ley Electoral y la penuria de Sánchez brindan suculento negocio personal.

La idea de Ximo Puig de expoliar Madrid
Los enemigos históricos del director de ese medio despreciaron la información que encerraba la encuesta por escasa fiabilidad y por suponerla un clásico globo-sonda del Gobierno, que estaría jugando con la posibilidad de fletar ese salvavidas parlamentario ante un horizonte de empate técnico sostenido por dos años entre PP y Vox y el PSOE y sus socios comunistas. No es ninguna tontería: mientras el imperio desnortado de Teodoro lleva a Casado a la ruina y deja a la derecha sin alternativa, el PSOE está pensando en cómo hacer frente a la alternativa de derecha si el PP espabila y resucita.

Hay un movimiento paralelo al de la botadura de "España vaciada": el que un día apadrinó Ximo Puig, ha acabado asumiendo Pedro Sánchez y que consistiría en sacar los ministerios de Madrid y repartirlos fuera de la capital, que es donde siempre estuvieron y para la que están diseñados. La sórdida mamarrachada del presidente valenciano, -que ha aceptado sin una mueca de desagrado que el Senado avale el concepto de "Països Catalans"- tenía como único objeto atacar a la Comunidad de Madrid, monotema de los discapacitados intelectuales que nutren la actual nomenclatura sociata. Además del "dumping" fiscal -invento del Ciudadanos socialdemócrata que defendía ardorosamente Aguado, y que abandonó al proclamarse liberal-, que los ximos pueden imitar cuando quieran renunciando a sus impuestos, lo que el discurso del socialismo periférico, indistinguible del nacionalista, manifiesta es la envidia a Madrid, España, adobada con el rencor a Ayuso.

¿Cuánto y cuántos podrían pujar?
Ese virus del rencor, cursó, como la enfermedad moral que es, y, un día, desembocó en un titular de prensa y otro globo-sonda gubernamental: Sánchez, para compensar el escandaloso favoritismo en favor de sus socios separatistas vascos y catalanes, evidente en los últimos Presupuestos, se abría a una puja o subasta entre las autonomías o ciudades -no se aclaraba- que quisieran tener ministerios, situados en Madrid desde que en la capital de España radican el Jefe del Estado, el Gobierno, el Congreso y el Senado.

Planteada así, en bruto, la idea es digna de la República de los tonnntos cuyo censo actualiza puntualmente en La Mañana Santiago González. En primer lugar, se debería habilitar el marco legal de la subasta, diciendo los que pueden participar y los que no. Siendo cuestión de dinero, porque de otra forma recaeríamos en el favoritismo político, y para evitar el abuso de las comunidades ricas sobre las pobres -Madrid ganaría en la puja a todos-, habría que establecer un límite de gasto, el equivalente a la masa salarial en los clubes de fútbol de primera, que limita su capacidad de endeudamiento.

Pero esa masa, para favorecer la dispersión de servicios del Estado por zonas poco habitadas, debería ser dividida por la población, marcando el esfuerzo por habitante de la capital, provincia, diputación o autonomía. Y luego habría que subdividir ese esfuerzo por las áreas de extensión, ya que La Rioja no tiene la misma necesidad de repoblarse que Teruel o Soria. Ahí tropezaríamos con el nudo gordiano del algoritmo, porque todo acaba en algoritmo en estos tiempos menguados: ¿quién decidiría, y con qué criterio, la relación entre gasto, número de personas y áreas de extensión?

En buena lógica, lo decidiría el Gobierno, pero recaeríamos en el favoritismo; si no, el Congreso, pero recaeríamos en la dictadura de las provincias más pobladas y representadas; y en el Senado sería lo mismo con pinganillo. Si lo que busca es hacer como que se dispersan ministerios, ahí moriría el invento, porque el proyecto desembocaría en una comisión que tardaría hasta el día del Juicio Final en concretar un baremo de subasta.

La confluencia de egoísmos
El rencor a los mejores, azuzado por todos los partidos políticos, se perdería así en lamentaciones localistas y sórdidas trifulcas aldeanas, que es la forma habitual de enterrarse para resucitar cíclicamente. Pero ese círculo es incompatible con la lineal urgencia de otro egoísmo: el de los partidos con capacidad de formar Gobernar. En la actualidad, Sánchez… o Sánchez.

Y como, a diferencia de Génova, donde no cabe un alcornoque más, en la Moncloa hay atisbos de vida inteligente, es inevitable que se produzca el encuentro entre el egoísmo caciquil y la necesidad gubernamental, entre el demagógico "España nos vacía" y el pago centralista de esa demagogia. En realidad, estaríamos ante la miniaturización de la "deuda histórica" que vienen esgrimiendo las comunidades autónomas, más o menos separatistas.

La enorme ventaja de crear una agrupación electoral de localismos es que convierte en necesidad parlamentaria la tendencia a olvidar la subasta. Ya no sería el egoísmo de los caciques provincianos, sino la necesidad de asegurar la estabilidad y la gobernabilidad. Y además, sería el pueblo, no los políticos, los electores, no los elegidos, los que forzarían una solución que satisficiera la voluntad grande de dispersar ministerios, de concreción difícil, y el afán chico de llevar sabrosa carne política al electorado local. Imaginemos que llevan el Ministerio de Industria a Teruel. Ya nunca nos libraríamos del demagogo de Cutanda. Supongamos que Soria alberga el Ministerio de Defensa, que en buena lógica correspondería a Zaragoza. El Numancia volvería a Primera División y sería el terror de La Romareda. Y nunca dejaría uno de sus dos escaños de caer en manos localistas. O ambos.

Maniobras militares en Zamora
Y así sucesivamente. En los últimos tiempos se quejan en el Ejército de que Margarita Robles lo dedica a repoblar Zamora. Como la ministra de Defensa es uno de los pocos casos de vida inteligente dentro del Gobierno, no me extrañaría que estuviera comprobando sobre el terreno, segura de la disciplina, si es posible la dispersión en términos de sueldos y alquileres. Son candidatas a la operación todas las autonomías uniprovinciales; las más extensas pero despobladas; las que albergan agravios históricos, como Cartagena en Murcia; las que, como León, aspiran a la independencia y la han ensayado; y, en fin, las que tengan un caudillo local que, con la ayuda de los medios de comunicación socialistas, puedan conseguir un escaño.

Se dirá que es imposible establecer un liderazgo para ese batiburrillo de singularidades, entre asamblearias e intratables. Pero se olvida de que estos partidillos nacidos para la rebatiña de escaños están dirigidos, esto es, liderados por Sánchez, su partido y su Gobierno, una Trinidad Non Sancta que, sin embargo, tiene en la capacidad económica y el poderío mediático herramientas infalibles para que el díscolo profesional no se suba a la parra. El modelo, ya testado satisfactoriamente, es el de Teruel Alpiste y su lorito. Nunca ha conseguido nada, pero nunca se ha quejado. Si pudiera llevar a Teruel un Ministerio, aunque fuera el de Igualdad, crearía dinastía propia.

Naturalmente, la subasta se convertiría en teatrillo de negociaciones, con resultado pactado de antemano. Menganito ofrecería su voto a Sánchez a cambio de un Ministerio que en campaña electoral prometió reivindicar. Y Sánchez, generoso, accedería a esa petición histórica, ancestral, legítima, aunque legalmente hubiera que concretarla a martillazos. Poco le importará al que ha unido su destino al de la ETA y el golpismo catalán salpimentarlo en los alcores de Soria o los roquedos de Teruel, los arribes del Duero o las albuferas y lagunas de los cuatro puntos cardinales. Para Maduro, cinco.

La España pobre, la pobre España
Esta semana, PP y PSOE rechazaron la última propuesta de cambiar la Ley Electoral, gracias a la cual, el 1% de los votos logra tantos escaños como un partido nacional con el 10%. Pasaríamos así de los beneficiados separatistas regionales a los beneficiados provinciales, pero no hay que engañarse: el beneficiado es el bloque de Poder que, con Sánchez al frente, prepara la liquidación del Estado y todos sus ministerios, que se parecerían a las estaciones de tren abandonadas en la España pobre. La pobre España.

Así se rompe España
Rosa Díez. okdiario 14 Noviembre 2021

La batalla que se ha librado estos días para desacreditar a uno de los magistrados que había sido pasteleado para renovar el Tribunal Constitucional entre el Partido Popular, el Partido Socialista de Pedro Sánchez –“No pactaré nunca nada con Bildu, ¿cuántas veces quiere que se lo repita?”, los comunistas de Enrique de Santiago -“Si se dieran las mismas condiciones iría al Palacio de la Zarzuela y haría lo mismo que Lenin le hizo al Zar…”- y los bolivarianos de Belarra –“El Supremo presiona a la Presidencia del Congreso para retirárselo (la condición de diputado a Rodríguez) aunque ambos saben que no es lo que dice la sentencia. Prevaricación”- no iba contra ese candidato, ni siquiera contra el partido que le ha designado. El objetivo fundamental de todo el montaje esperpéntico no es otro que desacreditar a la institución de la que iba a formar parte, el Tribunal Constitucional.

El gran cambio que ha introducido Sánchez en el mercadeo de todas las instituciones, particularmente los órganos de la justicia, es que ahora no se trata solo ni principalmente de controlarlos y parasitarlos con mayorías partidarias alternativas para que siga funcionando el “hoy por ti, mañana por mí”. La estrategia de Sánchez tiene como objetivo liquidar las instituciones que surgieron de la Transición y se plasmaron en la Constitución del 78. La táctica es el descrédito; la estrategia, la demolición. Porque Sánchez sabe que mientras haya un juez independiente, un abogado que cumpla con su obligación, un tribunal que juzgue con criterios profesionales… no podrá demoler el sistema de libertades que instaura nuestra Constitución. Él sabe que para que triunfe su estrategia y pueda gobernar como un caudillo tiene que acabar con las instituciones en las que se sustenta la democracia.

Para eso necesitan desacreditar las instituciones, particularmente los órganos de la Justicia que son los que les están juzgando en el presente (sentencias del TC sobre los actos del Gobierno que burlan la Constitución y anulan derechos fundamentales de los ciudadanos) y los que tienen la potestad de sentarlos en el banquillo para ser juzgados, quizá por la vía penal. Por eso la campaña de descrédito hacia los órganos de la justicia y contra los jueces independientes (recuerda la campaña contra el Juez Llarena) comenzó desde el mismo día en el que Sánchez llegó a la Moncloa. Él, que llegó a la Moncloa gracias al fraude de un juez amigo, necesita liquidar la separación de poderes, lo único que frena que su ambición caudillista y despótica tenga un éxito total.

Controlar el TC y el resto de órganos que ahora mismo ha pactado con el PP en una operación cuya lógica democrática no alcanzo a comprender- es para Sánchez mucho más que una cuestión de cuotas de poder partidista. Si la estrategia de Sánchez tiene éxito –para lo que necesita que el Partido Popular le siga ayudando-, ese Tribunal Constitucional que se ha pronunciado por tres veces consecutivas sentenciando que el Gobierno ha actuado burlando la Constitución y violando derechos fundamentales de los ciudadanos ya no volverá a hacerlo. Si en el dictamen del TC sobre el segundo estado de alarma el Alto Tribunal afirma que en ese periodo “quedó cancelado el régimen de control al Gobierno que le corresponde ejercer al Congreso”, cuando Sánchez logre el control total lo que quedará cancelado será el control del TC sobre las leyes o los actos del Gobierno. Y si, por casualidad, algún dictamen se escapa a su control, el descrédito de la institución está servido. Y cuando Sánchez tenga mayoría más que absoluta (dentro de nada al Gobierno le corresponde el nombramiento de dos magistrados y al nuevo CGPJ otros dos) el Gobierno presidido por este gran impostor no tendrá ningún órgano que controle la legalidad y constitucionalidad de su actos. O sea, España será como Venezuela o cualquier otra dictadura cuyo funcionamiento quiera uno repasar.

Todo lo que estamos viviendo en España forma parte del golpe de mano que Sánchez ha organizado contra la separación de poderes que para él supone un lastre, una incomoda herencia de la Constitución del 78. Él, como buen narcisista, solo adopta decisiones que favorezcan sus intereses; por eso puso en marcha esa estrategia de demolición desde el minuto uno de su llegada al poder; porque sabe que para imponer un proceso constituyente sin que los españoles lo hayamos decidido en las urnas necesita amordazar todos los poderes del Estado, necesita parasitar todas las instituciones, necesita acabar con el más mínimo atisbo de separación de poderes. Por eso ha elegido como socios y cómplices a los comunistas, bolivarianos, pro etarras y golpistas, todos ellos enemigos jurados y mortales de la democracia.

Y como Sánchez atesora un cinismo propio de una personalidad maquiavélica, narcisista y psicopática, se atreve a acusar a los demás de aquello que él practica. ¿No va y dice en el Congreso de los Diputados que el discurso de la oposición “socava la confianza de los ciudadanos en nuestro sistema democrático”? Que un tipo que preside un gobierno aliado con un partido declarado por el Parlamento Europeo responsable de crímenes de lesa humanidad, que mantiene su complicidad con un régimen como el de Maduro, investigado por crímenes de lesa humanidad por la Corte Penal Internacional, que preside un gobierno que está siendo investigado por la Parlamento Europeo por negarse a de esclarecer los 379 crímenes de ETA aun sin juzgar, se atreva a acusar a la oposición de devaluar la confianza en las instituciones da la muestra de la catadura moral del personaje.

El éxito de la estrategia de Sánchez descansa en tres patas. Una de ellas ya la hemos señalado: control y desprestigio de las instituciones y los órganos de la Justicia. Otra tiene que ver con el empobrecimiento de España. Lo del gobierno en esta materia no es solo incompetencia y sectarismo, que también. Sánchez conoce las consecuencias de su política económica, de la inseguridad jurídica a la que están sometidas las empresas víctimas de discursos y decisiones cambiantes y contradictorias; él sabe que la dependencia energética de España, el precio ascendente en la factura de la luz y su repercusión en los precios resulta insostenible para las empresas y las familias. Pero no le importa que España se empobrezca; sabe que tiene un margen de actuación mientras controle todos los canales de información y los ciudadanos sean alimentados por la propaganda gubernamental sobre “lo bien que va España”. Para cuando esto esté a punto de estallar ya habrá millones de españoles empobrecidos hasta el extremo y unos cuantos millones más subsidiados y cautivos del ‘papá Estado’. Él sabe- no en vano ha elegido como socios a expertos en la materia- que un país empobrecido es el mejor caldo de cultivo para que triunfe el totalitarismo.

La tercera pata es la ruptura de la cohesión y la igualdad entre españoles. De eso va el plan de Sánchez para que las CCAA compitan por los organismos que el Gobierno quiere sacar de Madrid, con sus derivadas provinciales de partidos locales que entrarán en juego para las próximas elecciones. No se trata solo de que odie a los madrileños porque se atreven a no votarle, que también; su objetivo va más allá: se trata de extender por toda España la lógica parasitaria y rupturista del nacionalismo para que la subasta sustituya a la política y triunfe el egoísmo sobre la defensa de lo común.

Una nación empobrecida, subsidiada y rota, con instituciones desprestigiadas por la acción concertada del propio Gobierno, es pasto seguro para que triunfe el totalitarismo. Y así, sin necesidad de referéndums de independencia en la que solo puedan votar una parte de los españoles (que también vendrán), es como se irá rompiendo España. Porque si se quiebra la igualdad de derechos entre todos los ciudadanos, si prevalecen los “derechos” de la tribu en vez de la ciudadanía, se romperá España. Y en eso está .

No queda mucho tiempo para reaccionar. Que nadie diga que no lo hemos advertido.

El radicalismo de una izquierda cainita
Francisco Marhuenda. larazon 14 Noviembre 2021

La plataforma de unidad que está organizando Yolanda Díaz tiene como activo más valioso la indisimulada simpatía que genera en los medios de comunicación. Por supuesto, la propia figura de la vicepresidenta permite que logre esa notable proyección, porque ha diseñado una estrategia muy efectiva en la que Unidas Podemos, les guste o no a Belarra y Montero, es su rehén. A estas alturas ya no pueden hacer nada sin su compañera de gabinete. No es la marioneta que Pablo Iglesias esperaba manejar, ya que no podía colocar a sus más estrechas colaboradoras como cartel electoral. Por ello, optó por su vieja amiga. La aupó a la vicepresidencia por medio del dedazo, utilizando la fórmula característica de los regímenes y partidos comunistas. El espacio a la izquierda del PSOE es muy convulso y cainita. Lo ha sido desde la Transición y nada indica que vaya a cambiar, a pesar de las ilusiones que siempre despierta entre los intelectuales y periodistas de izquierdas ansiosos de apuntarse a una revolución que acabe con el sistema constitucional.

El comunismo siempre ha tenido sus compañeros de viaje, que acaban fagocitados y son los tontos útiles, con la excepción de los que se integran como sucede cuando alcanza el poder. Lo sucedido en la Unión Soviética y en los países del Este, pero también en otras dictaduras como Cuba o China, muestra la colaboración de intelectuales, juristas, periodistas, artistas… dispuestos a vivir una existencia gratificante al servicio del poder. Los principios se quedan aparcados en la papelera y se convierten en abyectos hagiógrafos de los regímenes autoritarios. Por supuesto, no solo en el comunismo porque también se produce en las dictaduras militares, populistas o fascistas. Es algo propio de la condición de las personas que están dispuestas a anteponer sus intereses a los colectivos. Uno de los aspectos más fascinantes del comunismo es su capacidad de supervivencia siendo una de las ideologías más genocidas y repugnantes de la Historia. A ello no es ajeno, precisamente, la inestimable colaboración de esos compañeros de viaje. Es verdad que hay comunistas bien intencionados e incluso otros fueron capaces de abandonar, por pura estrategia de supervivencia en el marco de la Guerra Fría, la simpatía a la URSS y criticar a Stalin para integrarse en la actividad parlamentaria de las democracias.

Díaz quiere ahora diseñar un frente amplio que signifique una puesta a punto del proyecto que puso en marcha Iglesias con indudable acierto aprovechando el movimiento del 15-M y la situación económica, política e institucional que sufrió España a partir de 2008. Podemos pasó en pocos años de éxito al fracaso relativo, ya que consiguió el sueño de la izquierda radical de sentarse en el consejo de ministros. Ha sido la normalización del comunismo y el populismo de izquierdas. Es bueno recordar que el secretario general del PCE es actualmente secretario de Estado y hay numerosos cargos y asesores que son comunistas y antisistema. Una vez más, la simpatía de los periodistas es una baza muy importante que contrasta con la permanente estigmatización de Vox, que no pone en cuestión el sistema y no quiere acabar con la Corona o la Constitución.

La estrategia de la vicepresidenta es marginar aquellas figuras y grupos que le resultan incómodos para su plataforma. Es indudable que son un lastre para mostrar la cara más amable y contemporizadora del comunismo y otras ideas de la izquierda radical. Con la desaparición política de Iglesias, su legado resulta un reactivo para muchos españoles que se han visto seducidos por Más Madrid, ya que incluso Errejón, como líder de Más País, solo aporta si se somete a Díaz. Es lógico que le resulten mucho más útiles Mónica Oltra o Mónica García, así como Ada Colau y otras figuras territoriales con las que articular esa especie de confederación que agrupe a ideologías dispares e incluso confrontadas en el objetivo mayor de recuperar el terreno perdido al PSOE. Lo que está claro es que Unidas Podemos y sus lideresas están amortizadas, pero no dejarán el camino expedito porque se juegan su propia supervivencia política y la de centenares de asesores y cargos públicos.

La consolidación de la plataforma pasa por mantener la presión dentro del Gobierno para que la vicepresidenta pueda consolidarse como la figura que puede aglutinar a la izquierda del PSOE. A Sánchez no le incomoda salvo que le quite demasiados votos y tenga que reeditar la coalición. No parece que la tendencia electoral le permita conseguir una mayoría suficiente para formar un gobierno en solitario, aunque la esperanza es lo último que se pierde. Es bueno recordar que faltan más de dos años para las elecciones y su firme voluntad es agotar la legislatura. Por otra parte, las próximas citas electorales no se presentan favorables para Belarra y Montero que pueden encadenar un desastre tras otro. Eso haría que tuvieran que lanzarse a los brazos de Díaz, a la que detestan. Las relaciones son gélidas, pero no pueden hacer nada salvo contemplar con preocupación la consolidación del proyecto personal de su rival.

La ausencia de las principales caras visibles de Podemos o el malestar que existe en sectores de Compromís y Más País muestran la auténtica tensión que existe en ese espacio electoral. Es interesante, también, como están jugando la baza de un descarado feminismo con la ausencia de hombres, aunque la acabarán compensando. No creo que consigan igualar el mejor resultado de Iglesias, pero Sánchez tiene un problema y, en cualquier caso, el final de legislatura será muy complicado y convulso.
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