AGLI Recortes de Prensa   Lunes 29  Noviembre  2021

Sánchez duplica el endeudamiento diario de los españoles en el último mes
José María Rotellar. Libertad Digital 29 Noviembre 2021

Tras cuarenta meses de gobierno, Sánchez incrementa la deuda hasta los 225 millones de euros al día, aunque en el último mes ha llegado a ser de 415 millones al día.

Cada mes, analizamos la evolución de la deuda, y cada mes observamos cómo el camino que sigue es el de permanente incremento. Hemos mencionado reiteradamente el problema del gasto, con el déficit estructural, construido sobre un gasto desmedido, que se ha ido consolidando en el tiempo, como principal problema. Sobre la base de unos ingresos coyunturales se ha ido asumiendo un incremento del gasto anual en todas las administraciones públicas, especialmente en el Gobierno de la nación, que nos lleva a una situación de insostenibilidad.

Como vengo diciendo, el endeudamiento se ve con naturalidad, como si fuese lo más normal del mundo. Una cosa es que se haya vuelto permanente el recurso al endeudamiento y otra muy distinta es que eso deba convertirse en una práctica normal.

Dicha asunción de supuesta normalidad se recoge, mes tras mes, en las estadísticas de endeudamiento de las AAPP que publica el Banco de España. Mes tras mes las recogemos aquí y, mes tras mes, comprobamos que dicho ingrediente negativo no para de crecer, con la aportación de inestabilidad a la economía que ello supone.

Este mes, el Banco de España ha publicado la actualización de la deuda de las Administraciones Públicas (AAPP) correspondiente al pasado mes de septiembre. La deuda vuelve a incrementarse, esta vez en 12.285 millones de euros, con una tendencia preocupante.

La deuda camina ya hacia los 1,5 billones de euros, que supone el 118,45% del PIB español sobre la estimación de crecimiento de PIB nominal del Gobierno a partir del dato de cierre de 2020, publicado por el INE. Aunque es obvio que en cuanto se inicie la recuperación el efecto del denominador derivado del crecimiento del PIB mitigará el cociente, como vemos al utilizar el dato de previsión del año (1,209 billones de euros), si empleamos la suma de PIB nominal de los últimos cuatro trimestres, la deuda se sitúa en el 123,03%.

Si tomamos la deuda de final de 2020 (1,345 billones) y le sumamos el crecimiento del PIB que prevé como déficit el cuadro macroeconómico del Gobierno, la previsión de deuda absoluta para el cierre de 2021 es de 1,447 billones de euros, equivalente a un 119,69% del PIB.

Lo decimos mes tras mes e insistíamos el mes pasado: parece haberse instalado en España la sensación de que el gasto no es un problema, sino que este se soluciona con impuestos y si la recaudación de estos no basta, se cubre con deuda. Los gestores políticos no se paran a pensar que la subida de impuestos genera distorsiones en la economía —y, además, cuando los suben lo hacen en los impuestos directos, que son los que más perjudican a la actividad económica y al empleo, cuando, aunque lo preferible es no tener que subir ningún impuesto, de tener que incrementar alguno, lo neutral desde el punto de vista económico sería bajar mucho los directos y las cotizaciones y elevar indirectos—. Sin embargo, vemos cómo las cotizaciones se incrementan, frenando el empleo. Tampoco quieren caer en la cuenta de que el endeudamiento tiene un límite, que estamos sobrepasando ya de manera muy importante, por mucho paraguas que tengamos de la eurozona. Nada los frena, pues solo quieren prometer, en todos los ámbitos, más y más medidas que no nos podemos permitir por la sencilla razón de que el gasto que suponen no lo podemos pagar. Es repetitivo sobre lo afirmado cada mes, pero es necesario hacerlo, porque el Gobierno parece no querer darse cuenta o piensa que todo lo resolverá la UE.

Todo ello nos lleva a que desde que gobierna Sánchez la deuda se ha incrementado en 274.964 millones de euros. Durante el primer año, aumentó en 38.688 millones, y al cabo de cuarenta meses de mandato el incremento es de más de 270.000 millones de euros.

Así, si durante el primer año creció la deuda por persona en 828,03 euros, en los tres años de mandato de Sánchez la deuda por persona ha aumentado en 5.795 euros, casi siete veces el incremento del primer año.

O visto de otra manera: en el primer año, la deuda se incrementaba a un ritmo de 105,99 millones de euros al día. Ahora, tras tres años de Gobierno de Sánchez, la deuda crece 225,75 millones de euros cada día.

Y ese aumento es creciente, pues en el último mes ha llegado a ser de 415 millones al día.

De esa manera, nos encontramos con un incremento exponencial del gasto, una caída de la recaudación y un descenso notable del PIB, en un entorno económico complicado, de elevada inflación, fuertes costes energéticos —que están propagando ese incremento de precios por toda la cadena de valor—, marco macroeconómico irreal y expectativas endebles.

Urge un ajuste importante que sitúe a nuestra economía en el nivel de gasto que se puede permitir. Es imprescindible acometer reformas que nos permitan aumentar el crecimiento potencial de nuestra economía y que este sea sostenible, no sostenido artificialmente. O se logra hacer eso o el drama será mucho peor cuando se vea que no se puede afrontar tanto gasto, porque entonces el recorte habrá de ser mucho más intenso. No nos cansaremos de repetirlo mes tras mes, aunque con ningún éxito, como los datos muestran un mes más, pues el Gobierno incrementa el gasto a largo plazo, consolida el déficit estructural y aumenta la deuda de manera irresponsable.

Andalucía o la decepción, esperemos que provisional, del centro derecha
Pedro de Tena. Libertad Digital 29 Noviembre 2021

Ya sé que la propaganda negra, esa especie de propaganda falsa y miserable destilada en los laboratorios del sectarismo, presenta lo ocurrido en el debate de presupuestos de Andalucía como una traición de Vox al "gobierno del cambio" andaluz o como una traición del PP a los compromisos previos que hicieron posible la investidura de Moreno Bonilla. Y sé lo miserable que es que ambos se acusen mutuamente por prensa, radio y redes de ser cómplices del socialcomunismo de Juan Espadas y el coro desafinado de los grillos comunistas.

Creo que la lectura que debe hacerse, que es la que se ajusta más a los hechos evidentes, es que PP y Vox –Ciudadanos se encuentra in artículo mortis tras el "marinazo" de Teolobo Hervías Egea y tras la diáspora ya inevitable, a izquierda y derecha, de los últimos de la fila naranja–, han dado una penosa muestra de irresponsabilidad política que hace del futuro de España una incógnita inquietante.

El lamentablemente desaparecido Antonio Escohotado escribió un largo artículo, parte de un más extenso ensayo sobre las drogas, que se titulaba La creación del problema. Los problemas existen a veces porque lo son esencial, real e inevitablemente y otras veces sobrevienen, porque se crean debido a una escasamente meditada conducta. En política pasa lo mismo. Determinados comportamientos pueden crear un problema que inicialmente no tenía por qué serlo.

Vean, por ejemplo, la afición a la creación de problemas de la dirección nacional del PP. ¿Qué puede esperarse de un dúo como Pablo y Teolobo al que la inseguridad y el erratismo estratégico le impulsan a nombrar de un dedazo portavoz parlamentaria a Cayetana Álvarez de Toledo para poco después fulminarla de otro dedazo inexplicado con escándalo y un libro clavados en la frente?

¿Qué esperanza puede suscitar un clan, no ya un dúo –que sobrevive gracias al triunfo del estilo liberal, desenfadado, valeroso y sin complejos de Isabel Díaz Ayuso–, que pretende presentarla ahora como un peligro para no sé sabe qué principios, qué poderes ocultos, qué disciplinas o qué intereses baroniles?

¿Qué expectativas de cintura, diálogo y apertura puede esperarse de quien, como Pablo Casado, flageló personal e intencionadamente a un amigo, qué digo a un amigo: a un futuro socio cierto de gobierno con el que ya gobernaba en Andalucía y Madrid? ¿Por qué y para qué debía poner piedras en la rueda que llevaba a posibles gobiernos de centro derecha apretando además el cordón sanitario que la izquierda socialcomunista y separatista ata al cuello político de Vox? ¿Quién teme a Santiago Abascal y qué se teme de él?

Pero, ¿qué promesas puede hacernos Vox cuando se muestra tan incapaz de distinguir lo importante de lo accesorio, lo partidista de lo nacional, lo puramente ideológico de lo que es estrictamente político? La verdad política no está antes, en los partidos, sino después, en los hechos de los gobiernos que son los que pueden abrir o cerrar y trazar futuros deseables para la mayoría nacional que amalgaman.

Ese tufo especialmente dogmático y altanero de creerse en posesión de una supuesta verdad teológica patriótica no logra entender siquiera que no hay una "mayoría natural", como la fraguista, que incluya al presidente de un banco y a su conserje, Rajoy dixit, sino que puede haber, si se trabaja y se explica, una mayoría ciudadana que prefiera un camino libre de dictaduras, demócrata y occidental (Europa más América) a los carriles empobrecedores del siglo XIX que se resumen en el ordeno y mando de una casta de tiranos.

A menos que se suiciden, y de paso nos suiciden a todos los que no queremos que España se destruya como nación y se despeñe por estructuras socialcomunistas lejanas a nuestra idea de libertad constitucional, las profecías demoscópicas pregonan que puede ser posible corregir el descarrío del gobierno de Pedro Sánchez, arrancar las raíces de sus malas hierbas y poner los cimientos de una España unida y nacional capaz de hablarse y entenderse a sí misma.

Pero esa posibilidad pasa necesariamente porque PP y Vox o Vox y PP, (y pocos más) según la proporción que cada uno obtenga en las elecciones, tengan diseñada una ruta de acuerdos firmes, leales y flexibles que vayan ilusionando a cada vez más españoles hasta dejar vacía la España anti-Transición y totalitaria que hoy anida en buena parte del PSOE y en todo el guirigay comunista y separatista. Esa es la gran política española pendiente.

Pudo haber comenzado en Andalucía esta pasada semana y hubiera dado un impulso a la esperanza de muchos. Pero no. ¿Tan difícil era ceder generosamente con luz y taquígrafos para animar y seducir a la España desconcertada, decepcionada e indignada?

Ni Casado ni Abascal quisieron. Tampoco algunos más. Pues habrán de querer cuanto antes a menos que prefieran que la España agónica, destripada, convulsa y monstruosa de Sánchez eche raíces en la piel de toro. Y si no quieren, lo siento, pero váyanse, coño. Que otros hagan posible lo que es necesario, que es eso es la política, la gran política.

Lo que tiene que irse, desaparecer, es el pp.

Nota del Editor 29 Noviembre 2021

Confiar en el pp, tras tantos años de traiciones y desaires es de ilusos. Hay que apoyar a Vox sin fisuras, no hay que olvidar que la perfección es imposible, y Vosx ha demostrado que merece nuestro apoyo, si queremos que España no termine de sucumbir ante el dr cum fraude y sus comunistas .

El catalán como trinchera
Editorial ABC 29 Noviembre 2021

La estrategia de los nacionalistas catalanes vuelve a concentrarse de forma descarada en la política lingüística, a la vista de que la acción conjunta de sus formaciones resulta cada vía más difícil y el furor por la independencia unilateral parece contenido. En realidad, se trata de un regreso al núcleo duro del activismo separatista, porque el nacionalismo catalán, como todo nacionalismo, sitúa en el idioma los límites infranqueables de su ‘comunidad nacional’, a la par o por encima incluso de criterios etnicistas. La imposición del monolingüismo es la herramienta de los estrategas nacionalistas para cultivar nuevas generaciones de catalanes desafectos a la realidad histórica de Cataluña como parte de España y a su propia condición política de españoles. Además, tiene un efecto purgador, porque crea un ambiente disuasorio para funcionarios o profesionales que se planteen ir trabajar en Cataluña, sin contar los que en silencio se acaban yendo.

El control sobre el idioma y los contenidos del sistema educativo, les ofrece la capacidad de ahormar el pensamiento de niños y jóvenes en una tendencia identitaria. La reacción del Gobierno catalán a la sentencia del TSJC que mantiene la obligación de un impartir un 25 por ciento de la enseñanza en castellano, se mueve entre la desobediencia y la sedición, aprovechando la doble servidumbre que atenaza a Sánchez. Por un lado, la que le imponía sumar los votos de ERC para aprobar los Presupuestos. Por otro, la que han creado los gobiernos socialistas de la Comunidad Valenciana y de Baleares, convertidos en agentes del pancatalanismo nacionalista.

En este contexto entreguista del Gobierno, destaca la enmienda a la ley audiovisual, por la que ERC ha colado la imposición de una cuota de catalán, gallego y vascuence a plataformas audiovisuales. Quizá este pacto llegue a ser uno de los errores más significativos de Sánchez, porque ha pretendido someter a su política de pactos espurios una actividad económica transnacional, amparada en una directiva europea y blindada jurídicamente por la ley nacional del país donde la empresa tenga su sede. La litigiosidad jurídica que puede provocar esta enmienda no será mayor que el efecto negativo sobre la imagen de un gobierno que, siendo el de todo un país, abona las divisiones entre sus ciudadanos. La enmienda de ERC no persigue ningún propósito cultural, sino solo intervencionista, propio de esa visión totalitaria y esencialista en la que solo puede pertenecer al ‘pueblo’ aquel que asume la identidad nacionalista.

La pluralidad lingüística es un beneficio general cuando no trasciende a la definición política del ciudadano. Cuando lo hace, la diversidad de idiomas en un mismo Estado provoca una regresión a tiempos predemocráticos, los mismos que fueron superados por las ideas ilustradas que propiciaron la idea de nación como encarnación de la igualdad de todos los ciudadanos, integrados en un único sujeto político y comunicados por un mismo idioma. Estas políticas de inmersión forzosa en el catalán contradicen, precisamente, lo que el nacionalismo dice combatir: si el castellano se habla en los patios de los colegios, en las calles y en los comercios es únicamente porque los ciudadanos libremente eligen hacerlo, no por una mano negra centralista. Las listas de docentes universitarios castellanoparlantes, la invitación de Ada Colau a que las familias que quieran enseñanza en castellano se vayan a la privada y el matonismo social de asociaciones que se dicen defensoras del catalán son ejemplos de la degradación que causa el nacionalismo lingüístico en una sociedad que debería ser democrática y tolerante.

El sorprendente antifranquismo de la izquierda
Amando de Miguel. Libertad Digital 29 Noviembre 2021

Es claro que, a la izquierda española, en sus distintas versiones, se le acaban las ideas. La cosa es grave, porque, en una política sana, se necesitan vigorosos partidos a la izquierda y a la derecha.

La izquierda española actual se encuentra hora de conceptos; sus pensadores clásicos ya no sirven para entender el mundo actual. Nuestros gobernantes y gobernantas deberían haber estudiado un poco más. Así, que la salida de pata de banco es desarrollar una sistemática campaña de acoso al franquismo, eludiendo el detalle de que Franco murió hace cuarenta y tantos años. No importa, "a moro muerto, gran lanzada", se dice para expresar el aparente valor del guerrero acabado.

No es fácil explicar este contrasentido del artificioso antifranquismo de la izquierda española actual. Puede que responda a las trazas de autoritarismo, tan características del Gobierno socialista-comunista-separatista. Se hallan muy lejos de sus iniciales aspiraciones socialdemócratas, más verbales que otra cosa. En el fondo, muy subrepticiamente, los socialistas actuales quisieran lavar la culpa colectiva de que sus antecesores, en tiempos de Franco, no fueran los adalides de la oposición. Sin ir más lejos, como símbolo, Felipe González no pasó por la cárcel.

El antifranquismo hodierno y traspapelado se concreta en la "ley de memoria histórica" de Zapatero, luego, reconsiderada, para mayor inri, como "ley de memoria democrática". Parece una ilustración caricaturesca de la novela crítica de Orwell en 1984. Consiste en el denodado esfuerzo por borrar de la historia los 40 años de Franco y su régimen. Se arrumban estatuas y monumentos, se alteran los nombres de las calles, se intenta que los españoles se olviden de cuatro décadas de su historia reciente. En el fondo, se trata de reescribir la historia "como si" el franquismo no hubiera existido, incluidos, los últimos lustros de desarrollo económico. Es más, ese caprichoso empeño totalitario lleva a exaltar la II República con el oculto deseo de restaurarla, es de suponer, que sin sus sonoros fracasos.

Lo malo de este desvarío intelectual del prepóstero antifranquismo es que significa el exterminio de la Transición democrática. En cuyo caso, se fomenta (otra vez, ¡Dios mío!) la dialéctica de la guerra civil de 1936. Que no la ganó Franco, sino que la perdió la República, con los socialistas, comunistas y separatistas al frente. No puede ser más desgraciado un empeño de tal guisa.

Lo peor es que el nuevo antifranquismo se ve acompañado de una verdadera hecatombe económica, para la cual el Gobierno socialista-comunista-separatista carece de recetas. El último Gobierno de la Transición fenece en medio de un clima de protestas inéditas de distintos conjuntos profesionales, desde los policías a los trabajadores industriales y los agricultores. La justificación de tales desasosiegos es el inesperado aumento de las tasas anuales de inflación más la subida de los impuestos de toda índole. Se sigue suponiendo que el aumento de los precios va a ser del 2% anual, cuando la realidad triplica ese cálculo y la brecha se seguirá ampliando. Por tanto, no salen las cuentas de las previsiones oficiales. Tampoco cuadran las cifras declaras del desempleo. Aunque, retocadas, superan a las de la mayor parte de los países europeos. Es decir, hay una proporción desusada de empleados insatisfechos con las condiciones de su trabajo, especialmente, los jóvenes. Lo malo es que, también, se encuentran descontentos los empleadores, pues necesitarían personas más calificadas y con mayor espíritu de esfuerzo.

Puestos a rememorar los tiempos anteriores al franquismo y la guerra civil, no debe olvidarse el fracaso de la República. El cual se debió, en primera instancia, a que los gobernantes de entonces no se percataron de la crisis económica, que se les había venido encima. Claro, que, entonces, había poquísimos políticos y altos funcionarios con formación económica. En cambio, ahora, por primera vez en la historia, nuestro amado presidente del Gobierno es doctor en Economía. Es una esperanza.

Cuba sigue siendo una isla cárcel
Luis Leonel León. https://gaceta.es 29 Noviembre 2021

El panorama carcelario por razones políticas en Cuba se hace cada vez mas desolador, sobre todo después de las detenciones arbitrarias, secuestros y juicios castristas (entiéndase instrumentos para hacer públicos los castigos preestablecidos por razones políticas) con condenas de mas de 20 años de prisión contra los manifestantes pacíficos del 11 de julio de este año (11-J), cuando a lo largo y ancho de la Isla miles de civiles salieron a las calles a manifestarse, como nunca antes, empujados por las terribles condiciones de subsistencia, el hartazgo ante la vulgar represión comunista, el miedo a morir por coronavirus y otras enfermedades e inspirados por el eco de los gritos de protesta cuyo reflejo en las redes sociales demostró que era, más que una posibilidad, el único camino para derrocar la dictadura, a pesar de la férrea represión.

La brutal respuesta al descontento popular no es nueva. Esta maquinaria represiva ha sido engrasada por los represores cada vez que han necesitado de su poder para desestabilizar y escarmentar cualquier chispa anticomunista, con el único fin de mantener el control totalitario, sacando las garras según las condiciones en la Isla y su interpretación internacional, es decir: el aguante del pueblo y el nivel de aceptación y contubernio por parte de los llamados países democráticos y las organizaciones globales (hoy ya, sin dudas, globalistas).

No olvidemos los juicios revolucionarios publicitados por Fidel Castro, su hermano Raúl y Ernesto (Che) Guevara (que en Naciones Unidas llegó a ser aplaudido cuando aseguró que seguirían fusilando) desde el mismo 1959, y que no eran más que macabros sainetes para asesinar, en nombre de la Revolución, lo mismo a opositores, católicos que simplemente a escépticos de la doctrina comunista que urgía ser aplaudida o al menos aceptada por la mayor parte de la sociedad.

Así ha sido hasta hoy, pues justamente de ello se trata una Revolución Socialista: imponerse a través del terror en todas sus formas, ya sea la violencia física o el adoctrinamiento, que es otro modo de crueldad. Ahí está la historia del presidio político en la Isla de Pinos (que el castrismo nombró Isla de la Juventud), La Cabaña y otros laboratorios del terror comunista; los campos de concentración conocidos como Unidades de Apoyo a la Producción (UMAP) a donde fueron arrastrados miles de homosexuales; o las condenas a los 75 opositores pacíficos en la Primavera Negra de Cuba en 2003. La lista es tan larga como siniestra.

En los últimos cuatro meses las condenas de más de 20 años de privación de libertad se han disparado. Sobre todo contra los “líderes” de grupos disidentes, rostros que la policía política ha considerado más llamativos o peligrosos, y los casos que pudieran tener un impacto más ejemplarizante, como el de Roberto Pérez Fonseca, uno de los que, durante las masivas manifestaciones del11 de julio (11-J), despedazó una fotografía del fallecido dictador Fidel Castro en señal de protesta, y que terminó condenado a 10 años de cárcel, entre otros casos de similar tratamiento.

Otro ejemplo son los tres hermanos Emiyoslán, Yosney y Mackyanis Román, quienes protestaron en el barrio habanero de La Güinera, en el municipio Arroyo Naranjo, donde quizás ocurrieron los enfrentamientos más firmes entre manifestantes y agentes de la dictadura, en los que terminó asesinado el joven Diuvis Laurencio Tejeda, por disparos del subteniente Yoennis Pelegrín Hernández, premiado por la Fiscalía por matar en nombre de la Revolución Socialista.

Estos 3 hermanos, tan sólo por ejercer su derecho a la protesta, enfrentan sentencias de 15, 20 y 25 años de cárcel respectivamente. Yosney tenía 17 años cuando salió el 12 de julio a manifestarse contra el comunismo y cumplió los 18 en agosto, estando en prisión, acusado del supuesto delito de “sedición”.

“Esto no puede ser. Para nadie. Esto es lo más grande. como les van a pedir toda esa cantidad de años? Mis hijos se me van a volver locos. No puedo creer que esos perros les pidan esa salvajada de años”, expresó el padre, Emilio Roman, cuando se enteró de la sentencia de sus tres hijos el 23 de octubre, citado en un texto publicado en Diario las Américas por la periodista Darcy Borrero, colaboradora de Justicia 11J.

Un comunicado de este «grupo de trabajo sobre detenciones por motivos políticos en Cuba”, surgido a raíz del levantamiento popular del 110-J, advierte que «la sedición está siendo usada como delito político contra personas que exigen derechos elementales y que no tienen formación política. La desobediencia civil no es ni sediciosa ni se debe catalogar como vandalismo. Hacerlo es discriminatorio y elitista. El #11JCuba fue espontáneo».

La Isla ha sido sitiada con la penumbra de una larguísima lista de juicios y condenas arbitrarias, de más de 20 años, por razones políticas y con el propósito de castigar y escarmentar. De ahí que Justicia 11J esta semana haya catalogado a la Isla como el país con más presos políticos de la región. Algo que no es nuevo, pues allí, desde hace seis décadas, el oponerse al régimen es tipificado como delito y casi cualquier cosa puede ser considerada una razón de Estado.

Justicia 11J ha exigido al régimen, sin ninguna respuesta como era de esperar, «información detallada sobre la cantidad de personas que habían sido detenidas en el contexto de la manifestación. Estas detenciones no fueron solamente el día 11, sino que tuvieron lugar el 12 de julio en localidades como La Güinera, en La Habana”, dijo Camila Rodríguez, una de las voceras de este grupo, en entrevista con la periodista Yolanda Huerga de Radio Televisión Marti.

El grupo ha emitido 13 demandas, «bajo la supervisión de organizaciones internacionales como Amnistía Internacional, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y el Fondo de las Naciones Unidas para para la Infancia, UNICEF», manifestó Rodríguez, quien explicó han pensado colocar las demandas «una propuesta de ley de Amnistía, a partir de la cual darle curso a la solución de los conflictos generados a raíz de la protesta y para prever otros escenarios futuros de protesta como pudo haber sido el del pasado 15 de noviembre».

En la entrevista la portavoz argumentó que Justicia 11J «considera pertinente la aprobación de los decretos leyes que facilitarían el cumplimiento de ciertos derechos en Cuba, como el derecho a la manifestación pacífica» y que sea respaldaba por «cubanos que viven tanto dentro como fuera del país, como un ejercicio para visibilizar la demanda de justicia no solo por los manifestantes de julio sino también del resto de los presos políticos”. Ojalá fructifique. Mientras tanto, el castigo avanza a ritmo de revolución.

Y nada de esto es nuevo. Esa es la verdadera naturaleza del castrismo, que no en balde, para engañar y sostener su poder, a como dé lugar, ha entendido la importancia de mutar. Eso sí, sin renunciar jamás a su mayor arma: la violencia.

El régimen ha acelerado, con total impunidad, su vieja estrategia de juicios ejemplarizantes, que ahora, como si no fueran una marca de agua del castrismo, el mundo parece descubrir. La libertad de Cuba no solo depende la capacidad de resiliencia del pueblo sino también, inevitablemente, de la permisibilidad de la comunidad internacional, que para desgracia de los cubanos, con intermitentes excepciones, sigue estando en los márgenes que mantienen el triste estatus de la Isla cárcel.

Desmontando a Manuel Azaña, contra el mito republicano
La figura del que fuera presidente de la Segunda República siempre ha generado controversia. En su libro «Azaña, el mito sin máscaras», José María Marco dota de contexto a su legado
Jorge Vilches. larazon 29 Noviembre 2021

Manuel Azaña se ha convertido en un mito porque la Segunda República es hoy el relato de otro mito típicamente soreliano: una historia falsa del pasado con el objetivo de movilizar a los incautos del presente para deslegitimar lo existente. Esto se debe a que en la Universidad y en la política españolas se instaló una interpretación de la Historia contemporánea de nuestro país que justificaba exclusiones y superioridades morales. Era la exégesis de una invención repetida hasta la saciedad, como una oración, por alumnos y periodistas. Cuánto martirologio de grandes hombres, con un pueblo abnegado, unidos por la esperanza de sacar a este triste país del pozo en el que la monarquía, la Iglesia y el Ejército lo habían tirado para su propio beneficio. Todavía se oye esta historieta entre los doctorandos y, por supuesto, entre los periodistas menos instruidos.

Una falsa equiparación
La Segunda República no fue una democracia, ni podía equipararse a las monarquías democráticas de Suecia o Gran Bretaña, ni a las repúblicas francesa o norteamericana. El historiador Luis Arranz dice siempre para demostrarlo que se compare a Branting, el líder socialdemócrata de Suecia, jefe de Gobierno en tres ocasiones entre 1920 y 1925, con los líderes del PSOE de la misma época, desde Pablo Iglesias a Besteiro y Largo Caballero. ¿Qué se podía esperar de los socialistas españoles, revolucionarios de 1917, colaboradores de la dictadura en 1923 y conspiradores siempre? Muy poco. La pregunta es por qué los republicanos se unieron a este PSOE. Quizá porque tenían un objetivo común: llegar al poder para hacer la revolución.

La clave está en el concepto de republicanismo que tenía Azaña, y que José María Marco cuenta magistralmente en su nuevo libro sobre el personaje, subtitulado con acierto «El mito sin máscaras». Porque lo que ha caracterizado al retrato del personaje son los velos y el adorno, el tratarlo como el único antecedente decente de la democracia actual. Marco, quizá el historiador que más ha trabajado al republicano, describe a Azaña como un hombre que se odiaba a sí mismo, un antimoderno anclado en el 98 y en el regeneracionismo visionario y autoritario que traicionó al liberalismo. Esa faceta personal, y la mala interpretación de la Tercera República francesa, la mala digestión del republicanismo radical del país vecino, convirtieron a Azaña en un demagogo revolucionario. El mito del republicano demócrata y liberal se cae con esta obra a la vista de su acción política y de la relectura de sus escritos, desde las novelas a las «Memorias», unas páginas, dice seguro Marco, «dedicadas a retratar al autor como a él mismo le gustaría ser recordado» (página 273).

Todo procede del republicanismo que acuñó Azaña. Su mentalidad era propia de la época, y muy coincidente con el republicanismo histórico español, al que se echa de menos en el libro. Azaña convirtió una forma de Estado como es la República en una ideología; es decir, en una religión secular, un dogma con feligreses que debían tener el poder por derecho, y apóstatas a los que se tenía que apartar de las instituciones. Era una fe con sus mártires, símbolos y milagros a los que rendir un culto revolucionario y que traería un paraíso capaz de arreglar cualquier problema. La República era el altar en el cual se sacrificaba la misma libertad con la que legitimaba su proyecto.

Marco deja claro que Azaña concibió la República como una revolución, la creación de un régimen nuevo a cualquier coste, el «punto cero de la Historia» (página 182). Por eso se alió con los que tenían el objetivo de desmantelar España, como el PSOE, y despreció a los moderados, como Alcalá-Zamora o Lerroux, sus aliados naturales. Esta fue la razón de que, también como herencia de su paso por el Partido Reformista y el regeneracionismo, confundiera a los catalanes –el todo– con los nacionalistas –la parte–. Era una visión instrumental y revolucionaria, no democrática. Así llegó a soltar a Maura que ERC era el «mejor escudo» y los «mejores paladines» de la República.

La República era, decía, el inicio de una nueva Era, lo que venía a ser una copia de la mitología republicana francesa sobre 1789. Azaña se creía el arquitecto, el desvelador de la verdadera España, sometida durante siglos, y cuya naturaleza iba a aflorar. Cánovas dijo que venía a continuar la Historia de España, y Azaña declaró que iba a rectificarla, lo que era propio de lo que Talmón llamó un «mesías político». La Historia no se rectifica, sino que sucede. Marco define estas palabras de Azaña como una «alucinación entre el lirismo y la épica».

Azaña puso su concepto de República por encima de los derechos individuales y de la libertad. Esto hizo que permitiera la quema de conventos en mayo de 1931, y lo usara, en palabras de Marco, como «pretexto para intensificar la política anticlerical» (página 126). La secularización se convirtió en anticlericalismo. Era el conocido principio totalitario de adecuar la sociedad a la ideología a través de la legislación que impone, corrige y prohíbe. No era cierto que España hubiera dejado de ser católica, sino que, como apunta Marco, Azaña defendió que debía dejar de serlo. Si la realidad no se ajustaba al molde ideológico, peor para la realidad.

Marco lo cuenta para el otro eje de la política azañista: la reforma del Ejército. Su concepto de la milicia estaba en 1931 tan anticuado como fundado en una ensoñación sobre la República francesa pasada por la Primera Guerra Mundial, la de una nación armada para su defensa. Azaña reorganizó el Ejército sin conocerlo ni haber hablado con nadie con el propósito de sustituir la lealtad al Rey por la obediencia a «la razón republicana» (página 144). Podría considerarse un intento de despolitizar la institución si su República no hubiera sido un régimen de partido y esa «razón» no se confundiera con una nueva forma de politizarla.

Solo los de izquierdas
Azaña no entendía la República como una democracia, sino como una revolución. Nadie cabía en ella, salvo los republicanos de izquierdas. Ya lo dijo Nicolás Salmerón en 1873: «la República, para los republicanos». Era un sectario y un demagogo, dice Marco. Por esto estuvo detrás de la Ley de Defensa de la República, que la convirtió en un régimen militante, sin libertad, y no aceptó el resultado de las urnas en 1933, negando la legalidad y la legitimidad del nuevo Gobierno. Marco cuenta cómo Azaña conoció los planes golpistas del PSOE y ERC en 1934, no los denunció, y se apartó, como en 1917, para esperar el resultado. Es más; llegó a decir que el golpe del 34 fue provocado por la derecha.

La descripción del Azaña posterior al 18 de julio de 1936 es magistral. Un hombre escondido y fracasado que ve cómo su sueño de una «República absoluta», parlamentaria, no es defendido ni siquiera por aquellos a quienes su Gobierno repartió armas. Vio impotente el crecimiento del comunismo soviético, el Terror en Madrid y en Barcelona, el ninguneo de las estructuras republicanas, y el control de la economía en manos de UGT y CNT.

El mito, como casi siempre, está reñido con la Historia, que es una disciplina ajustada a una documentación que se ordena para responder a buenas y valiosas preguntas. Resulta una trampa responder a esas cuestiones antes de usar los documentos. No es el caso del libro de Marco, que culmina una brillante trayectoria sobre el camino intelectual y político de varias generaciones de españoles que desde el 98 quisieron imponer el paraíso a costa de la libertad.

Una inexplicable reivindicación
En noviembre de 2020, la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, presidió un homenaje a Manuel Azaña en la sede de la soberanía nacional. Fue presentado como un demócrata, símbolo del consenso y de la mejor España. El acto recogió la reivindicación del político republicano que ya hicieron los socialistas Felipe González y Rodríguez Zapatero, y los populares Aznar y Rajoy. Los primeros ven en Azaña a un reformista que luchó contra los privilegios y por la igualdad social, poniendo «en su sitio» a la Iglesia, al Ejército y «al capital». Y los segundos, la derecha, porque Azaña criticó a los nacionalistas catalanes –ya iniciada la Guerra Civil– y se considera un defensor de la unidad nacional, aunque dijo en 1917 que si se llegaba a un punto de crecimiento del independentismo era mejor dejarlos ir. Es lógico que la izquierda considere a Azaña poco menos que un santo laico, símbolo de la España que pudo ser, pero no se entiende hoy en la derecha, cuando se sabe, como demuestra Marco, que fue un político que despreció la democracia, traicionó el liberalismo y se alió con los que querían romper el país y la convivencia.

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Una ley antisistema contra la policía
EDITORIAL. Libertad Digital 29 Noviembre 2021

El Gobierno socialcomunista ha puesto de acuerdo a todos los cuerpos policiales, que ayer manifestaron su oposición frontal a la nueva ley de Seguridad Ciudadana que preparan PSOE y Podemos con el apoyo de sus socios separatistas y proetarras. Decenas de miles de personas, en su mayoría agentes de las distintas policías (locales, autonómicas y nacional) y de la Guardia Civil salieron a la calle en Madrid para protestar contra una norma destinada a proteger a los violentos y a dificultar la labor de los agentes que tienen que velar por la seguridad de todos.

La radicalización del sanchismo y su obediencia debida a podemitas, separatistas y batasunos, gracias a los cuales mantiene el poder, ha desembocado en una reforma legal que parece redactada por grupos antisistema, no en vano los partidos que apoyan al Gobierno han hecho de la lucha callejera y el incendio de las calles su principal estrategia política.

La vergonzosa deriva antisistema del Gobierno se ha traducido en los últimos días en una catarata de reproches y acusaciones a los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, a los que se identifica absurdamente como elementos ultraderechistas empeñados en desgastar al Ejecutivo. Resulta inaudito que el propio Gobierno tache de fascistas a los policías encargados de velar por la seguridad ciudadana y el ejercicio pacífico de los derechos constitucionales, pero eso es lo que ha hecho el Ejecutivo socialcomunista y los socios en los que se apoya.

Sánchez, que presume de buscar siempre el diálogo constructivo, ha evitado en todo momento consultar con los mandos policiales y los sindicatos profesionales mayoritarios los aspectos más polémicos de una ley que solo satisface a los ultraizquierdistas y sus organizaciones pantalla. Nuestros policías tienen razón al protestar por una reforma que prohibirá el uso de equipos antidisturbios, permitirá todo tipo de manifestaciones sin necesidad de comunicación oficial o pondrá en relación de equidad el testimonio de los delincuentes callejeros y los atestados de los agentes del orden.

Pero no se trata solamente de que los agentes de la autoridad se verían desprotegidos en su labor cotidiana si esa reforma ve finalmente la luz en el parlamento. Son los derechos de todos los ciudadanos los que se verán socavados gratuitamente y la seguridad de nuestras calles, las dos principales obligaciones de cualquier Gobierno y razón de su legitimidad para ejercer el poder.

Esos poetas en favor de una gran coalición
Miguel Ángel Belloso. okdiario 29 Noviembre 2021

A veces almuerzo con algunos amigos ilustrados, economistas, todos patriotas y con sentido común, y cuando acabamos tengo la impresión de haber comido con unos poetas. Con unos señores estupendos que están fuera de la realidad y manejan escenarios utópicos. Según ellos, España atraviesa una emergencia nacional y no puedo estar más de acuerdo. Aunque tenemos una de las tasas de vacunación más altas del mundo, la economía no arranca ni a tiros. Somos el país de la Unión más retrasado en términos de crecimiento y de recuperación del nivel de actividad anterior a la pandemia. El paro continúa siendo alarmante, el déficit y la deuda pública han alcanzado ya rangos prohibitivos, que solo destacan menos por la suspensión de las reglas fiscales europeas con motivo de la pandemia.

En su opinión, lo que está sucediendo tiene que ver directamente con un Gobierno que depende de socios que cuestionan el régimen constitucional y que, al mismo tiempo, postulan una estrategia económica incompatible con la sanidad de las cuentas públicas, el fomento de los negocios y la creación de empleo. Es el caso de Podemos, de los independentistas catalanes y ya no digamos de Bildu. El caso es que Sánchez está atrapado en las garras de estos socios indeseables con los que jamás se podrá llegar a buen puerto alguno. Y que, por tanto, la única manera de salir de esta encerrona para dar oxígeno al país y abandonar la situación de marasmo creciente en la que nos encontramos sería la de una gran coalición entre el PSOE y el PP, o viceversa.

Pero todo esto sería muy plausible si no tuviéramos en cuenta que el Gobierno es el que es por deseo expreso de Sánchez, que en su momento rechazó la posibilidad de alcanzar un acuerdo con Ciudadanos, y porque, a pesar de las teorías dominantes sobre el personaje, el presidente no solo persigue mantenerse en el poder a toda costa -algo cierto, pero no muy diferente de los que lo han precedido-, sino porque éste en particular, igual que sucedió con Zapatero, tiene una ambición mayor. Ésta es la de utilizar el poder para cambiar la sociedad de cabo a rabo, y, por resumirlo de una manera prístina, para ganar la guerra civil que por fortuna perdió en su momento la izquierda.

Claro que Sánchez es un embustero compulsivo, capaz de decir una cosa y la contraria sin descomponer el rictus, claro que es un pésimo gestor, pero sería un error concluir que no tiene principios, aunque sean los más nocivos imaginables. Como Zapatero, Sánchez representa lo peor de la historia del socialismo, el de la infausta segunda República, y en estos momentos cruciales, encarna el socialismo desleal con la Constitución y la Monarquía parlamentaria. Sus pactos con los independentistas catalanes y los etarras vascos son algo más que circunstanciales. Tienen que ver con que no tiene reparo alguno con la destrucción en marcha de la nación que tanto le disgusta. En el fondo Sánchez comparte esta tarea de demolición para instaurar un nuevo régimen presidido por una falaz justicia social, así como un futuro político plagado de incertidumbres.

Como digo, la ambición capital de Sánchez no solo es la ocupación del poder a cualquier precio, que también, sino la ocupación del poder para fabricar una nueva sociedad y ganar décadas después la desgraciada contienda civil a que condujo una izquierda radical sin escrúpulos. Esta es la clave que explica la apuesta por un cambio revolucionario en la educación, que ni siquiera sus socios exigen con premura, o la inundación de gasto público y de subida de los impuestos que llevan camino de llevar a la economía al borde del colapso, junto a la derogación de la reforma laboral, que será un freno de mano para la creación de empleo.

Mis amigos creen noblemente que no hay otra manera de salir del atolladero que una gran coalición, y cuando trato de convencerles de que esto es literalmente imposible, me dicen que cosas más raras se han visto: “también Sánchez dijo que no podría dormir tranquilo con Pablo Iglesias y luego se acostó con él”. Yo creo que no es lo mismo. Las ideas que maneja el señor Casado sobre la vida civil y económica están en las antípodas del socialismo del momento. El primero sigue sosteniendo con razón que hay que rebajar los impuestos y reducir el gasto público improductivo, liberalizar la economía, flexibilizar el mercado laboral y racionalizar las pensiones.

Las prioridades de Sánchez son las contrarias, y esto es lo que explica, como reconocen mis amigos, que la situación económica sea mala sin viso alguno de que pueda mejorar salvo que se practique una cirugía potente. No podrá ser con una gran coalición que es literalmente imposible. Ninguna de las medidas que habría que poner en práctica para enderezar el país podrían llevarse a cabo con el PSOE de Sánchez en el seno del Gobierno. La recuperación de la energía nuclear, por poner un ejemplo. La racionalización del sistema de pensiones. La gestión neutral y eficiente de los fondos europeos.

En lo que fallan estos amigos de los que hablo, siempre correctos, biempensantes y socialdemócratas es en despreciar las posibilidades del eventual Gobierno entre el PP y Vox que las encuestas ven muy posible. Y piensan así porque, en su equivocada percepción, equiparan a Podemos con el partido de Abascal, cuando no existe clase alguna de similitud. Podemos es un partido antisistema, enemigo de la separación de poderes y de la democracia, es un partido de ultraizquierda radical. Vox es un partido esencialmente conservador. Sus ideas económicas son parejas a las del PP: cree en la libre empresa, en el mercado, predica el fomento fiscal de los negocios, postula impuestos bajos y un gasto reducido, un estado pequeño, una sociedad civil fuerte y una comunidad de gente voluntariamente solidaria, sin el yugo de la coacción del Gobierno de turno.

Aunque estos amigos aceptan estas similitudes, desconfían abiertamente de la determinación de Vox para desmontar el ‘progreso de las identidades’ y de libertades personales que a su juicio ha puesto en marcha Sánchez y que es del gusto de la opinión pública. Pero esto es sencillamente falso, es una trampa. Lo que ha hecho el PSOE contemporáneo es instaurar la dictadura de las identidades y coartar la libertad de expresión si esta se usa para cuestionar lo políticamente correcto. No. Vox es un partido serio, al contrario que Podemos. Su presencia en un eventual gobierno del PP, sumando una mayoría absoluta, no tendría inconveniente alguno en el plano político, ni mucho menos en el económico, y sería determinante para sacudirnos de encima la tiranía del buenismo, y todo su reguero de traiciones a la naturaleza humana. Una gran coalición, por el contrario -como incluso albergan muchos notables del PP que hacen ascos a Vox, o personajes tan atrabiliarios como el sindicalista Cándido Mendez- es lo más parecido a la ensoñación de un club de poetas aficionados.

La trinchera de la inmersión, última bala de un ‘procés’ en crisis
El independentismo se refugia en la defensa de la promoción del catalán, que considera atacado por el Estado
El Govern tiene previsto otro giro de rosca en las escuelas con más presión: crea los ‘impulsores lingüísticos’
Miquel Vera. Daniel Tercero. ABC 29 Noviembre 2021

La defensa de la inmersión lingüística escolar obligatoria en catalán se ha convertido en un elemento aglutinador de emergencia para un independentismo en fase depresiva desde la excarcelación de los presos del 1-O. Sin sus líderes en prisión, el movimiento necesitaba una nueva bandera lo suficientemente llamativa para mantener la tensión, y la lengua ha sido el tema elegido. Por ello, desde hace ya semanas, tanto el Govern catalán como los partidos y las entidades secesionistas han emprendido una cruzada que busca generar un sentimiento de alerta por una supuesta «emergencia lingüística» que las propias estadísticas de la Generalitat no avalan.

«Durante décadas hemos ignorado la emergencia climática. Y ahora, ya sufrimos sus efectos... ¿Hasta cuándo ignoraremos la emergencia lingüística? Quizás todavía no lo percibes, pero los datos muestran que, si no reaccionamos ahora, la lengua catalana podría desaparecer».

Esa es la esencia del argumentario que viene desplegando desde hace meses Plataforma per la Llengua, una entidad privada con ayudas públicas que ejerce de ‘lobby’ para exigir políticas más agresivas que establezcan el catalán como única lengua oficial.

Al carro se han subido paulatinamente los partidos independentistas -e incluso el PSC colabora con la entidad que aboga por el monolingüismo- y sus medios afines, que cada vez hablan más del catalán y menos del «derecho a la autodeterminación» o la «represión del Estado», los grandes ‘hits’ de los últimos años de ‘procés’. En este contexto, la decisión del Tribunal Supremo, que el martes pasado confirmó una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) que obligará a todos los colegios públicos y concentrados de Cataluña a hacer un 25 por ciento de las clases en castellano como mínimo -medida que el tribunal aplica al catalán, también-, ha servido de chispa para encender la hoguera de la indignación soberanista ante lo que consideran una «estocada» al catalán y a la inmersión lingüística que se aplica progresivamente desde 1983.
La patria es la lengua

Desde el presidente autonómico, Pere Aragonès, hasta el líder de Junts, Carles Puigdemont, pasando por los sindicatos principales, CC.OO. y UGT, todos los partidos y entidades soberanistas y un largo etcétera de prohom- bres del ‘procés’ han volcado en los últimos días amargos reproches contra una decisión que podría servir, no obstante, para inyectar algo de energía a un proceso político en plena diáspora por la desmovilización, la falta de objetivos claros y las guerras fratricidas entre partidos y facciones.

«Nuestra patria es nuestra lengua». Así de contundente se mostró Puigdemont equiparando lengua e independencia poco después de conocerse la providencia del Supremo. «España lleva siglos intentando liquidar el catalán, la lengua propia de Cataluña. Nunca ha abandonado esa obsesión. Solo tenemos una única posibilidad de salvar la lengua: materializar la independencia que proclamamos. Está claro que el pactismo mágico no sirve de nada», agregó el ‘expresident’, que aprovechó la ocasión para cargar contra la estrategia del diálogo que abandera ERC. Aragonès, por su parte, lleva semanas intentando construir a su alrededor un hipotético consenso a favor de la inmersión, un nuevo elemento aglutinador más etéreo que la exigencia de un nuevo referéndum que, a día de hoy, se antoja irrealizable por la negativa del Gobierno y la división del soberanismo. «El catalán en la escuela no se toca», destacó el presidente autonómico haciendo uso, de nuevo, de la retórica de la desobediencia que tanto ha calado entre los partidos soberanistas.

Más allá de las estrategias de última hora, desde el Ejecutivo catalán reconocen que la defensa de la inmersión escolar y la promoción del catalán a nivel general son dos de sus grandes objetivos para esta legislatura. Por ello, todos los departamentos autonómicos desarrollarán en los próximos meses planes específicos para sondear, analizar y propulsar el uso de esta lengua en sus respectivos ámbitos. El primer objetivo: las escuelas e institutos, que en los próximos meses verán florecer los «grupos impulsores», unos nuevos núcleos centrados en controlar el uso del catalán en los centros educativos, tanto dentro como fuera de las aulas. Luego será el turno de la sanidad, la administración o la Justicia, ámbitos tradicionalmente más hostiles para una lengua que, pese a las señales de alarma que emite el Govern con clara intencionalidad política, no ha experimentado grandes variaciones de uso en los últimos años.

Elorza
Alfonso Ussía. https://gaceta.es 29 Noviembre 2021

Elorza es un apellido vasco que data del siglo XIII. Es, por lo tanto, un apellido común. Procede de Oñate y Legazpia, Guipúzcoa interior. Tan extendido en las tres provincias vascongadas como Machimbarrena. Don Pedro Muñoz-Seca, mi señor abuelo asesinado en Paracuellos, era un andaluz del Puerto de Santa María enamorado de San Sebastián. Y en una de sus comedias versificó su definición.

San Sebastián, población,
Bella y culta como Atenas.

Escuchad su descripción.
Un castillo, un torreón,

Tres o cuatro calles buenas,
Dos mil casas de pensión
Y diez mil Machimbarrenas.

Conozco a muchas ramas de Elorza. Afortunadamente no la de Odón. Por lo normal -habrá de todo-, los Elorza con los que he tratado, desde empresarios a pescadores del muelle de San Sebastián, eran gente de buen carácter y nobleza vasca. Pero en todas partes cuecen habas y en los árboles genealógicos hay ramas que se humillan, sufren y caen al suelo. Ignoro si Odón Elorza tiene hermanos o primos. Lo que no ignoro es que, de tenerlos, se van a dar un morrazo desde la rama de su árbol familiar. Fue un mal alcalde de San Sebastián, es ahora un mal parlamentario y esa suma de mal con otro mal se traduce en su condición de mala persona. Puede resultar casual, pero después de llamar públicamente “franquista” al inolvidable Gregorio Ordóñez, la ETA le voló la cabeza de un disparo a quemarropa cuando tomaba el aperitivo en “La Cepa” de la Parte Vieja de San Sebastián. Con Goyo se hallaba María San Gil, que vio al terrorista disparar contra la nuca de Gregorio Ordóñez, y fue la única que se atrevió a salir a la calle a perseguir al criminal y preguntar a los paseantes si lo habían visto. Ninguno le dio una pista. El silencio, la “omertá”. La cobardía social que tanto ayudó a la expansión de la banda terrorista que hoy co-gobierna España.

Ana Iríbar, la mujer de Gregorio Ordóñez, sabía que podía ocurrir. Lo mismo que su hermana Consuelo, gran luchadora contra el poder de los canallas. Elorza acudió a dar el pésame a la viuda de Gregorio Ordóñez, y le plantó un beso en el carrillo izquierdo a una guapísima esfinge que representaba la mayor desolación y el dolor más profundo. Se trata de un documento gráfico que realza la buena educación de Ana, su asco al recibir el beso de Judas y el ilimitado cinismo de tristeza interpretada del calvo besucón. La ETA que hoy gobierna con Sánchez y Podemos los nubarrones de España, asesinó a Gregorio Ordóñez porque su penetración social en San Sebastián era imparable. Habría sido alcalde en las siguientes elecciones. No puedo creer que Elorza no supiera el significado de su señalamiento. Ahora, para defender los pactos de su Sánchez y su Díaz con la ETA que no asesina porque ya ha triunfado, ha llamado “franquistas” a todos los diputados de la Oposición. Macarena Olona le ha puesto en su sitio, que es un sitio indeseable. Su único argumento. “Franquistas”. La ultraizquierda española ha resucitado al General que les vapuleó en la Guerra Civil, y de la ruina de un país devastado, lo elevó hasta la novena economía del mundo. Claro que cometió errores y atropellos. Pero muchos menos de los que hubieran cometido los comunistas y socialistas de haber ganado la Guerra. He visto con mis propios ojos, en innumerables ocasiones, a Franco a bordo del “Azor” fondeado al socaire de la isla de Santa Clara en la bahía de San Sebastián. Ningún etarra, ningún separatista, se atrevió a dispararle. Y no se escondía. Por lo demás, lo del franquismo empieza a sonar a broma, cuarenta y seis años después de su fallecimiento.

Odón Elorza se ha convertido en una alfombra de Sánchez y Podemos. Siempre lo fue. Pero se ha confirmado ahora, cuando se pisó a sí mismo.

S’ha Acabat!
Rosa Díez. okdiario 29 Noviembre 2021

El cuatro de octubre de 2018 se presentaba en Barcelona S’ha Acabat!, una organización cívica formada por jóvenes catalanes que se presentaba ante la opinión publica haciendo un llamamiento a la unión de la ciudadanía en defensa de los valores y principios democráticos.

Quiero copiar en este artículo el texto completo del Manifiesto Fundacional que escribieron los jóvenes demócratas catalanes, porque nada mejor que leer sus propias palabras para reflejar su compromiso.

«La calidad democrática en Cataluña se ha deteriorado en los últimos años y, de manera especial, a partir de los sucesos acontecidos en el Parlament durante los días 6 y 7 de septiembre.

»Los años de proceso secesionista han sido un desastre social y económico para Cataluña y, en el momento actual, los procesos judiciales abiertos contra los principales líderes del ‘procés’ por su participación en el golpe institucional están siendo utilizados por el nacionalismo, que se pretende hegemónico, para hacer una interpretación victimista de los hechos, tratando de hacer pasar sus propias convicciones por las de toda nuestra comunidad. Para ello, el nacionalismo ha devenido de manera explícita en agresivo y se sirve de medios que vulneran las más elementales reglas democráticas.

»Los incontables ataques que han sufrido en los últimos tiempos las organizaciones constitucionalistas por parte de los autodenominados CDR y otros grupos amparados por la acción u omisión del Gobierno de la Generalitat y algunas administraciones locales suponen una vulneración de los derechos fundamentales de libertad de expresión y participación política. Es inaceptable que los ciudadanos constitucionalistas tengan que asumir riesgos por participar en la vida política.

»Los ciudadanos constitucionalistas de Cataluña estamos hartos de que la manipulada e hipócrita etiqueta de fascistas sea el paraguas bajo el que cobijar estas formas de fascismo: los nacionalistas tienen todo el derecho a refutar nuestras posiciones con argumentos, pero jamás mediante el acoso, insultos o amenazas.

»También merece nuestra reprobación la invasión del espacio público con simbología secesionista o progolpista. Supone una apropiación ilegítima de bienes que —es triste tener que recordarlo— son de todos. Respetamos, como no podría ser de otra manera, el derecho de quien lo considere oportuno a expresar las opiniones que quiera, pero las instituciones carecen del derecho a la libertad de expresión porque no pueden tomar partido; se deben a todos los ciudadanos. Y, por ello, lamentamos que sean los ciudadanos los que tengan que suplir la inoperancia de los poderes públicos en su obligación de garantizar que los espacios de todos sean, sencillamente, de todos.

»Especialmente grave es la pretensión de hacer del nacionalismo la doctrina única de los catalanes. A eso se le llama totalitarismo. Para combatir esa pretensión es imprescindible la máxima unidad de las entidades constitucionalistas y la consecución de un marco pacífico que permita su libre derecho de reunión y expresión en el espacio público. El cerco hostil al constitucionalismo pretende que se perciba a los que defendemos el sistema democrático de 1978 como ajenos a la voluntad del pueblo catalán. Así pues, es necesario lograr que la defensa de los valores constitucionales y los derechos democráticos se lleve a cabo con naturalidad y determinación, y sin ceder ni un milímetro frente al acoso y la intolerancia.

»En este contexto es imprescindible que los jóvenes alcancemos un mayor grado de implicación. Desde S’ha Acabat! asumimos nuestra responsabilidad porque creemos firmemente que la defensa del marco constitucional, que incluye también su reforma si es necesaria, contribuirá a dar solución a los problemas de los catalanes, especialmente de los más jóvenes. Y lo hacemos, no tanto porque nuestro bienestar económico dependa de las oportunidades laborales, para cuya existencia es fundamental un entorno con seguridad jurídica y estabilidad política, sino porque el debate identitario, nacionalista, conlleva una despreocupación por las políticas que realmente afectan a nuestras vidas y a nuestro futuro.

»Ahora bien, este no es sólo un compromiso de los jóvenes; nos corresponde a todos luchar contra la imposición del nacionalismo excluyente que quiere situar a la mayoría de los catalanes fuera del marco constitucional y democrático. Para ello, es preciso reforzar la unidad de acción y hacerlo de forma incansable y con determinación. En este sentido, “S’ha acabat!” ha nacido para:

Defender como principios de la ciudadanía el pluralismo político y social, los derechos democráticos y la Constitución española.
Promover un activismo cívico que normalice el discurso constitucionalista en Cataluña, denuncie con determinación las perversiones democráticas expuestas y trabaje para la unidad de acción entre las diferentes asociaciones que defienden los valores constitucionales.

Amparar y arropar a todas aquellas personas que sufren acoso por el único motivo de discrepar con el nacionalismo, así como a las que trabajan por una sociedad sin tabúes ni ideologías obligatorias.

Servir como punto de encuentro y debate para todos aquellos que están hartos del nacionalismo, sin que ello implique necesariamente compartir una misma afinidad política o partidista.

»Por todo ello, y ante la necesidad de frenar esta espiral de deterioro democrático, exclamamos, con determinación: S’ha Acabat!».

La pasada semana hemos visto – poco, la verdad, pues los medios del régimen sanchista han pasado de puntillas sobre el tema- los últimos ataques sufridos por estos chavales que dan la cara desde Cataluña en defensa de las libertades de todos los españoles. La batalla que se está librando desde ese rincón de España nos afecta a todos los ciudadanos, cualquiera que sea nuestra edad o nuestro lugar de residencia. La defensa del pluralismo político, del derecho a utilizar sin miedo ni restricciones el espacio público, de la libertad de expresión, el amparo a las personas que sufren persecución o acoso por utilizar la lengua común o por no ser nacionalista… no es cosa “catalana”, es asignatura obligatoria de todos los demócratas.

Cabe recordar que la lucha de estos chavales se asemeja mucho a la que llevaron a cabo generaciones de vascos que resistieron ante las amenazas de ETA y las exclusiones del nacionalismo obligatorio. Aquella lucha no se libró para defender a “los vascos” sino para defender la democracia, los derechos de ciudadanía de todos los españoles. Por eso quiero desde estas líneas agradecer su compromiso a los jóvenes de S´ha Acabat! y también hacer un llamamiento a todos los españoles para que, siguiendo su ejemplo, nos armemos de valor en defensa de una Nación que, como decía el artículo 2 de la Constitución de las Cortes de Cádiz, “es libre e independiente, y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona”.

La batalla que se está librando en España no va de modelo territorial de país; va de democracia o tiranía, de califatos o “Estado social y democrático de Derecho”, tal y como se establece en el artículo 1 de la Constitución de 1978. Hoy, a pocas fechas de que celebremos el cuadragésimo tercer aniversario de la Constitución, debemos recordar que sin Nación no hay Constitución; y que la unidad de la Nación es el instrumento imprescindible para garantizar la igualdad de los cuarenta y ocho millones de españoles que somos sus propietarios. Lo saben bien los enemigos de la España democrática y por eso se conjuran con Sánchez y su gobierno para destruir los lazos de ciudadanía que nos vinculan a todos los españoles.

Basta ya de silencios y de complejos. ¡Viva España! ¡Viva la Constitución! Y ¡Viva S´ha Acabat!


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