AGLI Recortes de Prensa   Lunes 27  Diciembre  2021

Los resultados de la nefasta política económica de Calviño
José María Rotellar. Libertad Digital 27 Diciembre 2021

Calviño ha aplicado una política económica que se ha alejado de los parámetros establecidos en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la UE.

Todas las instituciones, nacionales e internacionales, que realizan predicción económica coinciden en que España será el país desarrollado que más tardará en recuperar los niveles previos a la pandemia. Eso no es fruto de la casualidad, sino a la equivocada política económica -en ocasiones, incluso sin rumbo fijo- del Gobierno del presidente Sánchez, cuya responsabilidad directa es de la vicepresidenta Calviño, que además preside la Comisión Delegada para Asuntos Económicos, con lo que las líneas principales de la política económica las marca ella, ya sea por acción o por omisión cuando no impide muchas cuestiones de las planteadas por Podemos.

Así, desde que fue investido Sánchez como presidente del Gobierno, tras la moción de censura de mayo de 2018, Nadia Calviño ha aplicado una política económica que se ha alejado de los parámetros establecidos en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la Unión Europea, relativo a las condiciones para mantener una convergencia económica que hiciese posible la convivencia armónica de los países que integran el euro en materia económica, elemento imprescindible al haber entregado todos ellos la política monetaria y mantener la política fiscal.

Esos criterios nunca fueron un capricho, sino la forma de asegurar que las medidas de política monetaria que tomase el Banco Central Europeo, que lo hace en función de lo que más conviene a la media de la eurozona, afectasen a todos los países por igual, y la única manera de garantizarlo era que todos los países se comportasen de manera muy similar.

Sin embargo, desde que Sánchez fue elegido, la política económica que Calviño impulsó en España sufrió un cambio completo: modificó los objetivos presupuestarios para 2018 y 2019 y elevó el gasto. Eso hizo, por ejemplo, que el objetivo de déficit para 2019 negociado por Rajoy con Bruselas, que era del 1,3%, pasase a ser del 2% al llegar Sánchez. No obstante, el incremento que la política económica de Calviño le imprimió al gasto fue tal, que la UE siempre consideró que el déficit sería todavía mayor, cerca del 2,2%. El propio Banco de España llegó a estimar un 2,5%.

Entre esos gastos, se incluyen todas las rigideces que fue introduciendo Sánchez, la mayoría en los consejos de ministros de los viernes, que él llamó sociales y la oposición tildó como electorales. Todas esas medidas incrementaban el gasto en 9.025 millones de euros

Adicionalmente, la subida artificial del salario mínimo un 22,3% en 2019, más el incremento de 2020, destruyó empleo (casi 205.000 afiliados a la Seguridad Social en enero de 2020), que sólo por estabilizadores automáticos incrementó el gasto (más prestaciones por desempleo) y disminuyó los ingresos (caída de recaudación por menor actividad), que agrandó el déficit. Las posteriores subidas del salario mínimo interprofesional, hasta los 965 euros actuales, ha frenado también el empleo.

Así, del 1,3% pactado con Rajoy y el 2% anunciado por Sánchez, España comunicó un déficit del 2,64%. Sin embargo, pocos días después Eurostat se lo corregía a 2,82%, en un hecho poco común, que debilitó aún más la credibilidad del Gobierno. Por su parte, Bruselas le pedía reformas estructurales y Sánchez les mostró una involución en las reformas existentes. Mal camino para ejecutar la ayuda europea, que cada día que pasa vemos que va a estar sometida, lógicamente, a un mayor control para que se emplee en reformas estructurales, y no en las ideas "buenistas" en las que parece querer aplicarlas el Ejecutivo.

La economía en la actualidad
Con todo ello, ¿con qué nos encontramos? Con que todos los organismos certifican que la evolución de España es peor que la del resto de países avanzados. Así, España, es el único país de las economías avanzadas que ve retrasar su recuperación a niveles prepandemia hasta bien entrado 2023.

Pese a ello, Nadia Calviño se empeña en mantener unas previsiones económicas irreales, que han quedado desfasadas, y que han enmendado la práctica totalidad de las instituciones que realizan previsiones económicas. Sólo en la mente de la vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de Economía, se mantiene la idea de que España va a crecer un 6,5% este año y un 7% en 2022, cuando el crecimiento económico ha ido perdiendo fuerza, con una rebaja muy importante del propio INE en sus datos de avance del primer y segundo trimestre, especialmente de este último. El Banco de España se ha unido a la Comisión Europea y a la OCDE, entre otras instituciones que han rebajado de manera muy importante las previsiones de la economía española. Y el último ha sido el FMI, que acaba de rebajar al 4,6% la previsión de crecimiento de España para 2021, casi dos puntos por debajo de lo esperado por el Gobierno.

Para que España creciese este año un 6,5%, el crecimiento del PIB en el último trimestre tendría que ser de alrededor del 9%-10% interanual, con un intertrimestral del 11%-12%, salvo que toquen mucho hacia atrás la serie, pero eso no dejaría de ser una componenda estética que no haría mejorar el nivel del PIB real hacia lo estimado por el Gobierno. Puede que el PIB nominal mantenga cierto impulso, derivado del efecto de los precios, vía deflactor del PIB, pero nada más que eso.

Por tanto, lo sensato sería que Calviño hubiese modificado el cuadro macro -que hace, por desfasado, que no sirva de soporte a los presupuestos-, para que las estimaciones fuesen lo más realistas posibles.

Como sensato sería que Calviño mantuviese el mismo discurso en Bruselas que en España cuando se presenta, por ejemplo, el plan de recuperación, acerca de las medidas que se tomarán en el mismo, como la anulación de la tributación conjunta.

Y como también sería sensato que Calviño dijese lo mismo en Bruselas que en España acerca de algo tan importante como es la reforma laboral, cuya derogación tanto daño puede hacer a nuestra economía.

Eso sería lo sensato, lo que se esperaría de la imagen de Calviño que han ido fabricando, como garante de la ortodoxia económica, desde su bagaje como Técnico Comercial y Economista del Estado y alta funcionaria de la UE. Es, de hecho, lo que se esperaría de una persona como ella, que cuenta con una gran formación, y que, por tanto, sabe perfectamente qué está pasando en la economía española.

Sin embargo, Calviño ha optado por abandonar su perfil técnico y servir de coartada a las políticas económicas contraproducentes de Sánchez. No es cierto que ella impida las equivocadas medidas económicas: la derogación de la reforma laboral sigue estando en marcha, y puede que prospere; el salario mínimo se ha seguido subiendo, cuando limita la creación de empleo; la política energética no se ha modificado, cuando no apostar por la nuclear y carecer de una estrategia eficiente de transición encarece los costes, principalmente de la industria; se alinea con la limitación de las bajadas de impuestos, cuando lo que menos necesita ahora la economía es una política fiscal contractiva por el lado tributario; y mantiene, como he dicho antes, negativa a reconocer que la economía está creciendo -y crecerá- mucho más despacio de lo previsto en su cuadro macro. Y, como colofón, llega a proponer cosas en Bruselas que luego matiza en España.

¿Y qué ha originado esa política económica errónea? Lo siguiente:

El PIB cayó un 10,8% en el último año completo (2020), frente al 3,7% del último año completo anterior a la llegada de Calviño al Gobierno (2017).

El PIB per cápita, que mide la riqueza de una economía, es de 23.690 euros, que es 1.280 euros menor que el que había (24.970 euros) el último año completo anterior a la llegada de Calviño al Gobierno (2017).

La creación de empresas es 16,8 puntos menor que el ritmo al que se creaban en el momento de llegar Calviño al Gobierno.
La disolución de empresas es 15,5 puntos mayor que el ritmo al que se disolvían en el momento de llegar Calviño al Gobierno.

El Índice de Producción Industrial es 7,8 puntos menor al crecimiento que experimentaba en el momento de llegar Calviño al Gobierno.

El número de viajeros es 4.669.994 viajeros menos que el dato que había en el momento de llegar Calviño al Gobierno.

El número de pernoctaciones es 17.061.926 pernoctaciones menor al dato que había en el momento de llegar Calviño al Gobierno.

El número de turistas extranjeros es 2.954.881 viajeros menos que el dato que había en el momento de llegar Calviño al Gobierno.

La inversión extranjera recibida es 14.024,6 millones de euros inferior a la recibida en el momento de llegar Calviño al Gobierno.

El IPC no deja de subir, al situarse en el 5,5% interanual, y es 5,9 puntos superior al dato que había al llegar Calviño al Gobierno.

La inflación subyacente sube al 1,7% interanual y es 3,3 puntos superior al dato que había al llegar Calviño al Gobierno.

El precio del MWh máximo alcanzado -hasta estos momentos- es de 383,67 euros (y los futuros para enero cotizan por encima de los 400 euros), frente a los 83,55 euros del año en el que Calviño llegó al Gobierno.

El déficit público fue en el último año (2020) el 10,95% del PIB, frente al 3,04% del último año completo (2017) antes de llegar Calviño al Gobierno.

La deuda pública cerrará 2021, según el Banco de España, en el 120,4% del PIB, tras estar en el 120% en 2020, que son 20,8 puntos más que la deuda sobre el PIB que había en el momento de llegar Calviño al Gobierno.

La tasa de paro juvenil se encuentra en el 38,38% de la población activa, es decir, 5,24 puntos más que la que había al llegar Calviño al Gobierno.

Y, por último, el desequilibrio generalizado del cuadro macroeconómico, que se ha vuelto completamente irreal, sobre el que se levantan unos presupuestos que se desequilibrarán por estos cálculos desfasados, en los que la vicepresidenta se enroca, al no querer cambiarlos, pese a que todas las instituciones digan claramente que las previsiones reales están muy por debajo. El último en hacerlo ha sido el Banco de España, que señala un desequilibrio más, que debería preocupar a Calviño: el PIB español crecerá en 2021 dos puntos menos de lo estimado por el Gobierno y en 2022 medio punto menos de lo que afirma el Ejecutivo.

En definitiva, la situación es muy preocupante, cada vez más. No sólo el Gobierno quiere aplicar políticas de gasto desmedido e impuestos altos, sino que, con su gestión de la crisis, nos ha llevado a la aplicación de políticas medievales que han arruinado nuestra estructura económica, haciendo mucho más difícil y lenta la recuperación de nuestra economía. Es una política económica equivocada, cuyo responsable final es Sánchez, pero cuya directora es la vicepresidenta Calviño, que va camino de interpretar plenamente el papel de Solbes, cuando afirma que la economía crece robustamente y mantiene, de manera poco ortodoxa, el cuadro macro desfasado, al igual que el otrora vicepresidente económico le decía a Pizarro que exageraba al hablar de crisis. Después, se llegó a sobrepasar los seis millones de parados. De continuar así, Calviño irá en esa misma dirección.

Los fantasmas del BCE
Miguel Ángel Belloso. okdiario 27 Diciembre 2021

El Banco Central Europeo es una institución independiente. ¿O lo era? Hace años que lleva vulnerando uno de los principios esenciales bajo los que fue constituido, que es la prohibición de monetizar la deuda pública, comprando bonos de los estados miembros para respaldar el gasto de los gobiernos. Esto empezó durante la Gran Recesión y ha seguido encadenándose durante la pandemia. Ambas coyunturas excepcionales podrían justificar el aparcamiento de sus principios, pues se ha logrado evitar una depresión y sostener mal que bien unas economías azotadas por fenómenos insólitos e imprevistos como el Covid 19. Pero la intervención masiva en los mercados durante tanto tiempo tiene costes que no conviene despreciar. La línea estricta de separación entre la política monetaria y la fiscal se ha diluido hasta el extremo de hacerse inconfundibles con la consecuencia nociva de acostumbrar a los gobiernos a que el gasto público se puede financiar imprimiendo billetes, es decir, a coste cero. Hace tiempo que los tipos de interés se han desvinculado del libre juego del mercado impidiendo una asignación eficiente de los recursos y multiplicando la aparición de empresas zombies y de negocios turbios que sobreviven artificialmente compitiendo con los sanos y solventes. Es imprescindible que vuelvan a su cauce natural, que no es cero, porque el dinero, como todo en la vida, exige su debida remuneración.

Una extensión tan duradera en el tiempo de la actuación irregular del BCE roza la inmoralidad. Lo que pudieron parecer en su momento buenas ideas, y seguramente lo fueron para prevenir una debacle, dejan de serlo cuando se perpetúan multiplicando sus efectos perversos. El más grave de todos es haber inducido la completa irresponsabilidad de los gobiernos, que han perdido cualquier noción de los costes que acarrean sus políticas. De igual manera, les ha inhibido de adoptar las reformas estructurales y de tomar las decisiones correctas para impulsar sus economías. Dicho de otra manera, el BCE ha sido hasta ahora un freno para que, por ejemplo, el presidente Sánchez hiciera sus deberes o, lo que es peor, un aliento para que haya cometido hasta ahora todas sus fechorías en compañía de sus aliados desalmados.

Ahora el BCE ha anunciado un cambio de estrategia, y desde marzo del año próximo reducirá el volumen de sus compras de deuda pública, que pasará de los 100.000 millones al mes a 20.000 millones a final del ejercicio. No está mal. Aunque queda mucho tiempo para ello, seria una bendición que este recorte de la asistencia monetaria devolviera el sentido común a los ejecutivos y particularmente al de Sánchez, que va a comprobar cómo aumenta el coste de financiación del gasto público y que, al haber sido de los más favorecidos por el BCE, ahora sufrirá más las consecuencias de este cambio de planes.

Pero esta alteración del rumbo temerario en que estaba inmerso el BCE apenas llega a la mitad del camino que tendría que recorrer para restaurar su reputación y hacer honor a sus principios fundacionales. El más grave que tiene es el de que la inflación de la zona euro se sitúe medio plazo en el 2% o por debajo. La única medida conocida en la historia para contener la inflación es subir los tipos de interés, pero la señora Lagarde se resiste a adoptar esta decisión a pesar de que los precios en Europa están muy por encima del objetivo oficial, merodeando la inflación el 3,5 por ciento.

Cualquier observador imparcial concluirá que el BCE está de nuevo incumpliendo su mandato, algo que se explica por dos razones. La primera es que Lagarde tiene más de política que de banquera. En segundo lugar, y a causa de esta condición, que tiene pánico a que una subida de los tipos ocasione un terremoto en los mercados, una preocupación totalmente fuera de lugar. A esta señora le da pavor dar marcha atrás, pero con esta actitud no deja de seguir suministrando heroína a un drogadicto, es decir al Gobierno de turno. El abuso de la política monetaria en Europa para enmascarar políticas fiscales disparatadas debe acabar y cuanto más se tarde en subir los tipos de interés será peor. Más tiempo perdido para que los políticos hagan lo que tienen que hacer.

Los intelectuales de izquierda y los medios progresistas están felices con que el BCE esté dominado por una ‘paloma’, como se califica en la jerga popular a los temperamentos débiles, acomodaticios y reticentes, o políticamente correctos. Aducen que subir los tipos de interés en Europa en este momento habría “montado un pollo” innecesario, y que los experimentos se hacen con gaseosa. Pero esta gente que razona de este modo no es en verdad honesta. Solo piensa, en el caso de España, que así el BCE apuntalará durante un tiempo más el proyecto sanchista, que es lo que les vuelve locos.

Es verdad que en Estados Unidos, donde la Reserva Federal ya ha anunciado tres subidas de tipos de interés a lo largo del próximo año, la inflación es más elevada que en Europa y que el paro es mucho más bajo. Pero la insistencia del BCE por ir siempre desacoplado, siempre por detrás, siempre tarde parece poco justificada, sigue empeñando su reputación y continúa minando su independencia.

Hay sin embargo algún motivo para la esperanza. A pesar del giro a la izquierda en Alemania, el nuevo canciller Scholz es un político responsable y poco proclive a los desvaríos monetarios en un país donde hablar de inflación es como mentar a la bicha; su ministro de Finanzas, el liberal Christian Lindler, es un halcón, y lo mismo se puede decir del presidente del Bundesbank que han elegido al alimón, Joachim Nagel, que ha trabajado diecisiete años en la casa. Como a mi me han gustado siempre mucho más los halcones que las palomas, espero que desplieguen su determinación para devolver al BCE de manera clara y contundente su reputación.

El neocomunismo populista y el sacrificio de inocentes
Pedro de Tena. Libertad Digital 27 Diciembre 2021

Todos los 28 de diciembre de cada año desde hace dos mil largos se celebra el Día de los Inocentes, víctimas de una de las matanzas de Herodes.

Unas cuantas cifras nos darán una idea de la envergadura de las matanzas. Herodes sólo mató a unos pocos niños, unas centenas como máximo, según el relato de la Iglesia. Antes los faraones mataron a muchos más recién nacidos judíos y uno de ellos, Moisés, intermedió en la matanza de miles de primogénitos egipcios por orden de Yahvé. Eso lo asumimos por tradición cultural. Pero desde mucho antes y hasta nuestros días, las matanzas de inocentes se han sucedido. En El libro negro de la humanidad de Mathew White, cuyo título original se refiere a las "cosas horribles" perpetradas por seres humanos, se aportan algunas cantidades

Destaca el autor 100 multicidios con millones de personas asesinadas. Entre los cinco primeros, se encuentran los crímenes ordenados y causados por el comunismo chino y el soviético (sumados serían el segundo exterminio más letal de la historia). En el cuarto puesto están las hambrunas de la India Británica hasta el siglo XX y sumando el comercio de esclavos, islamista y cristiano, en Oriente Medio y el Atlántico, se obtendría un quinto lugar, tras el primer puesto indiscutido para la Segunda Guerra Mundial y el tercero para las aniquilaciones de Gengis Kan. Nada menos que más de 200 millones de muertos, la mayoría de ellos inocentes, entre los cinco primeros multicidios.

¿Importa algo ser inocente para evitar ser asesinado o destruido por las nuevas tiranías? Nada. Recordemos a ETA y sus crímenes. Por ello, me parece oportuno destacar cómo la inocencia es tratada de forma estremecedora por el nuevo neocomunismo populista al que contribuyeron Ernesto Naclau y su compañera Chantal Mouffé, cuyos libros han sido manuales de instrucción para todo el movimiento que representó en día Podemos, tras apropiarse, al estilo veterocomunista, de la protesta de los "indignados" del 15-M que nutrió las calles de España contras las "castas" políticas.

Pepe García Domínguez resumió sus tesis con claridad: "De hecho, en el lenguaje de Laclau, el populismo no es más que la sustitución de la vieja categoría central de Marx, la lucha de clases, por una heteróclita miríada de confrontaciones dispares e inconexas a priori, desde las relacionadas con el género, la orientación sexual o la ecología a las derivadas de identidades grupales varias, que enfrentarían a los de abajo, el pueblo, contra los de arriba, la casta".

En un reciente libro (noviembre de 2018) del también argentino Damián Selci titulado Teoría de la militancia. Organización y poder popular, se discute acerca de la inocencia del "pueblo", un ente fingidamente real, una sustancia política que es inocente porque al ser de verdad actúa como tal frente al origen de todos los males, la oligarquía, ellos, los malos, los parásitos. Todo se remonta a Rousseau: el pueblo rememora el "estado de naturaleza" donde nada faltaba y donde todo era inocencia. Esto es, en este maniqueísmo de tres al cuarto el pueblo es sustancialmente inocente. ¿O tampoco?

Pues en efecto, tampoco. En realidad, el pueblo del populismo comunista no es inocente porque sus demandas son a veces deplorables, como reprimir la delincuencia juvenil o comprar dólares para salvarse de la miseria. "Creyendo en la fascinante Inocencia del Pueblo, muchos analistas y políticos se inocentizaron a su vez y cayeron en la trampa de santificar demandas por el sólo hecho de "provenir del Pueblo", omitiendo el hecho crucial de que lo que el Pueblo quiere (en ocasiones) puede ser lo peor, lo que quiere la Oligarquía..." Y por eso gana la derecha liberal.

¿Qué es lo que queda? Queda lo único puro, la casta intelectual-populista que comprende e interpreta el libro sagrado de la Historia y que usa el populismo como arma de combate para su hegemonía total. No hay inocentes y todos pueden ser culpables y, por ello, ojo, eliminables. Ni Stalin ni Mao necesitaron tanta palabrería prochavista y kircheriana para sus multicidios. Pero resulta espeluznante cómo se dicta ahora el sacrificio en las nuevas sectas comunistas que se abalanzan sobre Iberoamérica. La fiesta de los Santos Inocentes va a seguir siendo necesaria durante mucho tiempo porque la lista de las víctimas no se ha cerrado todavía.

Contra el nacionalismo, el constitucionalismo no basta
José María Marco. https://fundaciondisenso.org/ 27 Diciembre 2021

Es como si el constitucionalismo, en el momento de oponerse al nacionalismo, se sintiera obligado a apartar el término de nación -no digamos ya de la palabra “patria”-, de los que parece desconfiar como si no pertenecieran al universo ilustrado en el que quiere situarse.

En nuestro país, el constitucionalismo es el movimiento político que reivindica el cumplimiento de la Constitución en aquellas Comunidades Autónomas en los que esta, la ley fundamental sobre la que se sustenta la Monarquía parlamentaria, no se respeta. Es un movimiento respetable, sin la mejor duda, y destinado al éxito, al menos en principio, al apelar a cualquier ideología o inclinación partidista, siempre que respete el orden constitucional.

Sin embargo, no ha tenido el éxito que su propia generosidad le auguraba. No lo ha tenido como movimiento transversal, incapaz como ha sido de elaborar una alternativa a los movimientos anticonstitucionales en Cataluña y en el País Vasco. Y tampoco lo ha tenido como inspirador de movimientos específicamente políticos, como en su momento Ciudadanos, que vino a encarnar, en Cataluña, la defensa y la promoción del orden constitucional. El constitucionalismo no ha sido capaz de evitar la hegemonía del nacionalismo anticonstitucional en Cataluña ni en el País Vasco.

En un primer momento, se puede atribuir este fracaso a un desequilibrio de principio entre las dos fuerzas en juego. Los movimientos nacionalistas anticonstitucionales ponen en juego, efectivamente, mitos, emociones, pasiones recalentadas hasta el fanatismo, mientras que el constitucionalismo, que reivindica como propia una tradición ilustrada y cosmopolita, apela a la racionalidad, la duda y el diálogo, menos proclives a cualquier movilización emocional y que sólo alcanza a unas elites cultivadas y forzosamente apartadas del sentir general. El constitucionalismo estaría por lo tanto destinado a fracasar ante el empuje apasionado del nacionalismo, frente al que no ofrece una posición de resistencia atractiva, mucho menos una plataforma para la contraofensiva.

Esta forma de analizar los problemas del constitucionalismo en las regiones hegemonizadas por el nacionalismo anticonstitucional no responde del todo a la realidad, pero apunta a la raíz del problema, que no se encuentra en esa dicotomía entre pasiones desatadas y razón abstracta y exigente consigo misma en la que a veces gustan de consolarse los constitucionalistas cosmopolitas para enjugar sus repetidos sinsabores. El problema, en el fondo, se encuentra en que el constitucionalismo, desde el primer momento, es decir desde que acepta el término para definirse, se sitúa en un terreno distinto de aquel en el que se sitúa el nacionalismo, que es el terreno de la nación. Es como si el constitucionalismo, en el momento de oponerse al nacionalismo, se sintiera obligado a apartar el término de nación -no digamos ya de la palabra “patria”-, de los que parece desconfiar como si no pertenecieran al universo ilustrado en el que quiere situarse. El constitucionalismo entrega el concepto de nación -y de patria, así como el de patriotismo- al nacionalismo, como si le pertenecieran a este naturalmente.

Ahora bien, si reflexionamos sobre el significado de la Constitución, en términos históricos y concretos, comprenderemos pronto que esta se encuentra siempre en la confluencia de dos corrientes. La una es abstracta y general, y va referida a la definición misma del liberalismo como movimiento sustentador de los regímenes que hacen suya la defensa de los derechos humanos. (Que la vigencia de esta afirmación esté hoy puesta en duda es un asunto distinto del que estamos tratando ahora.) La otra es histórica y concreta, y no puede ser separada de las condiciones en las que se debatió, se pactó y se promulgó. Esta segunda corriente está siempre presente, incluso en las constituciones más abstractas, como la de Estados Unidos. Por eso una Constitución no es nunca un texto general, aplicable en todas partes. Al revés, es una formulación concreta, que intenta compaginar la historia con lo humano, y que crea una entidad nueva -la nación constitucional- que no tiene sentido, ni existencia real, sin esa otra historia o nación previa que culmina y rectifica.

La Constitución española es inequívoca en este aspecto. En su Artículo 1 establece que “España se constituyecomo Estado social, democrático y derecho”, con España, la nación, como sujeto constituyente. Y en el Artículo 2 confirma que “la Constitución se fundamenta en la, indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”. A pesar de no ser lo que se denomina una “democracia militante” (como la alemana, que en la patria del “patriotismo constitucional” establece, en su Artículo 21.2, que “los partidos que por sus fines o por el comportamiento de sus adherentes tiendan a desvirtuar o eliminar el régimen fundamental de libertad y democracia, o a poner en peligro la existencia de la República Federal de Alemania, son inconstitucionales”), la Constitución es inseparable de la nación que la sostiene. Aunque sea con la mejor intención, el uso del término constitucionalismo, sin referencia a la nación española, es ajeno a la naturaleza misma del texto constitucional.

En el fondo, y a pesar de todos los esfuerzos realizados en estos años de enfrentamientos dramáticos, el constitucionalismo continúa y perpetúa una de las tendencias más destructivas de estos cuarenta años de democracia. Ha consistido en el empeño en construir una democracia sin nación, por parte de unas elites acobardadas -mejor dicho, en pánico- ante la sola idea nacional, por no hablar, como ya hemos dicho, ya de la palabra “patria”. El intento, que ha tenido éxito, también ha tenido otros resultados. Desde la rendición ante ETA en 2011 y la victoria del nacionalismo en el País Vasco, y desde el golpe de Estado nacionalista de 2017 en Cataluña, las dos Comunidades viven en formas de democracia iliberal, ajenas al respeto de los derechos humanos, una realidad que a partir de ahí se está extendiendo por el conjunto de las instituciones y la vida política española. Y, como algunos vieron que iba a ocurrir desde un principio, asistimos a un proceso muy avanzado ya de desmantelamiento de aquello que es común a los españoles: la historia, la lengua, la movilidad, los intereses, la cultura… La nación y la materia de lo nacional, en la que no es posible escindir lo histórico de lo político.

Ha llegado el momento, por tanto, de incorporar el constitucionalismo a una nueva actitud y un nuevo argumento de defensa y adelantamiento de la nación española. Eso no quiere decir -conviene subrayar- dejar de lado la defensa de la Constitución. Al contrario, se trata de comprender esta y defenderla en su justo significado: el de la base jurídica de una realidad nacional española, pluralista y plurilingüe, que es la única defensa contra el nacionalismo y la única capaz de oponerse a él.

Constitucionalismo, si se quiere, pero constitucionalismo español, y sabiendo que lo que los nacionalistas quieren destruir no es la Constitución, que hace mucho tiempo que no acatan ni cumplen en los territorios que dominan, sino España.

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...Mentiras y cintas de vídeo
Rosa Díez. okdiario.  27 Diciembre 2021

El empleo y la pandemia (el paro y la enfermedad, por decirlo de forma más correcta) son las mayores preocupaciones de los españoles. Pues bien, la acción del Gobierno ante ambas cuestiones ha vuelto a poner de manifiesto que estamos gobernados por una cuadrilla de incompetentes y mentirosos que carecen del más mínimo escrúpulo aún a riesgo de poner en peligro la vida y el futuro de los españoles.

Que Pedro Sánchez es un mentiroso patológico (“que denota enfermedad o que la implica”, según la RAE) es algo que sabe todo español mínimamente informado. Por eso nadie le cree cuando anuncia cualquier tipo de medida y dice apoyarse en grupos de expertos. Eso es lo que ha ocurrido con su última decisión combatir la pandemia imponiendo la obligatoriedad de la mascarilla en espacios abiertos. El primer Aló Presidente anunciando “nuevas medidas” lo realizó desde Barcelona, para justificar así el uso del Falcon para asistir al Congreso del PSC en el que invistieron como jefe supremo a Illa, el ministro de los 100.000 muertos; el segundo Aló tuvo como escenario el Senado, precediendo una estrambótica reunión con los Presidentes Autonómicos, y el tercero en una reunión del Consejo de Ministros en el que se aprobó el Decreto.

El mentiroso patológico ha utilizando todos sus medios de propaganda (medios públicos y concertados, prescriptores de opinión asalariados, centenares de ‘asesores’ que inundan las redes con nombres supuestos…) para anunciar que su medida estrella (póngase la mascarilla para pasear por su pueblo aunque no haya nadie en lontananza y quítesela cuando entre a un restaurante abarrotado, que con eso combatiremos y erradicaremos el virus) estaba apoyada en informes de expertos Pero tras la comparecencia de Darias, la ministra sustituta de el de los 100.000 muertos, hemos descubierto que en realidad no hay tales expertos y que tomaron la decisión en base a una encuesta del Instituto Carlos III. Una encuesta, no una consulta a expertos, sobre lo que mil ciudadanos pensaban sobre el uso de la mascarilla.

Ya sabemos que la patología de la mentira no es la única que adorna al inquilino de la Moncloa. En psicología existe un concepto llamado ‘la triada oscura’ -la psicopatía, el narcisismo y el maquiavelismo- rasgos de la personalidad que definen a la perfección el comportamiento de Sánchez, ese Presidente que es en si mismo un impostor. Por eso sus mentiras aportan una carga adicional que convierten al tipo en un elemento extremadamente peligro para la seguridad nacional. Él sabe que las consecuencias de sus mentiras acarrearán graves perjuicios a la población; pero como no siente ningún tipo de empatía ni remordimiento (psicopatía), sigue adelante. Él adopta una estrategia basada en la mentira porque su único fin es beneficiar a sus propios intereses (maquiavelismo), para lo que no duda en descargar la responsabilidad sobre las espaldas de otras instituciones o de los propios ciudadanos. Y como se cree merecedor de un estatus superior y fantasea con un poder ilimitado (narcisismo), siempre encuentra en la mentira un instrumento muy útil para eludir todo tipo de responsabilidad.

Así que para dar respuesta a una de las mayores preocupaciones de los españoles, en plena ola de crecimiento de infectados por la variante Ómicron, la única decisión de Sánchez ha sido no decidir nada mientras los medios de propaganda del Gobierno retransmitían -en video y en directo- sus mentiras convertidas en “una medida estrella” avalada por “expertos”.

El segundo regalo de Navidad que nos ha hecho el Gobierno de papá Sánchez nos ha llegado envuelto en papel de mamá comunista. Y entre celofanes y lazos –prensa pública, concertada, prescriptores comprados, asesores pagados y travestidos en las redes…- hemos recibido la buena nueva, la “noticia” de que se alcanzaba un “acuerdo histórico” sobre la reforma del mercado laboral.

Para desentrañar esta segunda mentira ni siquiera hace falta leerse detenidamente el texto del acuerdo alcanzado entre el Gobierno, la patronal (con importantes rechazos entre las organizaciones que la componen, nada menos que la patronal madrileña, la catalana y la del sector del automóvil, a las que se acaban de sumar el PNV) y los sindicatos. El que la ministra comunista llama “histórico acuerdo” modifica parcialmente una Ley de Reforma de las Relaciones Laborales que se aprobó durante la mayoría absoluta de Rajoy y que llegaba precedida por un acuerdo entre los sindicatos y la patronal, contenido que la entonces Ministra Fátima Báñez incorporó y desarrolló en el texto legal. O sea, por más que los incompetentes miembros de este Gobierno crean que la historia de España empieza cuando ellos se hicieron con el poder, es mentira que haya nada de histórico en este menguado acuerdo.

Y por eso de que las mentiras tienen las patas muy cortas, la propia vice comunista ha explicado en entrevista amigable en prensa concertada –de ahí que se relajara- que “la reforma laboral se deroga políticamente, porque técnicamente no se puede”. O sea, que no deroga la reforma laboral por lo que también es mentira que con este “acuerdo” se cumpla lo pactado entre Sánchez e Iglesias para formalizar la coalición de Gobierno. Por mucho que la vicepresidenta comunista haya venido repitiendo desde aquella puesta en escena de hace apenas dos meses en el Congreso de Comisiones Obreras: “Vamos a derogar la reforma laboral a pesar de todas las resistencias, que son muchas” , lo cierto es que este pacto entre las partes se limita a modificar algunos aspectos de la ley en vigor, adaptándola a la situación actual, precisamente a la luz de la buena experiencia de alguno de los instrumentos que en su momento si que fueron una innovación, como es el caso de los ERTES. No hay más que recordar a la Vicepresidenta comunista intentando entender/explicar lo que es un ERTE la primera vez que su departamento aplicó ese instrumento de la ley de Rajoy/Báñez .

No hay derogación de la Ley en vigor, aunque esa haya sido la palabra fetiche del PSOE, de los podemitas, de los comunistas y de todas las excrecencias de la izquierda, más los bildu-etarras o golpistas que apoyan al gobierno presidido por el gran impostor. Y no hay derogación no porque “técnicamente no se puede” (una ley sustituye a otra cuando aborda cuestiones ya reguladas, eso es derogar, el BOE está repleto de Disposiciones Finales que dicen “esta ley deroga…”-, sino porque no hay acuerdo (ni votos) para implantar en España el modelo comunista, modelo que Sánchez les prometió para que le hicieran presidente. No hay derogación porque las pretensiones de comunistas y sanchistas no pasaría el filtro de Bruselas. Y si Bruselas no lo aprueba, no llegará a España ni un Euro de los que Sánchez espera recibir para seguir con las regalías y la propaganda.

Como señalaba el genial Puebla en una de sus últimas viñetas, la derogación emocional que el yolanchismo ha hecho sobre la reforma laboral es calcada a la proclamación de la república catalana que protagonizó Puigdemont: “Yo también derogué políticamente la pertenencia al Estado español, porque técnicamente no se puede”. Todo se pega menos la hermosura…, dicen.

Pero nuestra desgracia es que mientras ellos siguen enredados- y pretendiendo enredarnos- con sus mentiras, millones de españoles han de elegir entre comer decentemente tres veces al día, sustituir las playeras que el niño ha dejado pequeñas… o encender la calefacción. Y es que la mentira estrella de Sánchez (“al final de año el recibo de la luz será igual que en el año 2018”) se ha vuelto a revelar en toda su crudeza mientras el psicópata, inmutable ante el sufrimiento que causa, se ha atrevido a ratificar su mentira en el Senado: “descontando la inflación”, ha dicho el tipo… Y se ha quedado tan ancho. Y los sindicatos, que salen a la calle en contra de que los niños puedan estudiar en su lengua materna, ni pío…

Estos tipos –los que gobiernan, los que les acompañan, los que callan, los que cobran por extender sus mentiras o por tapar su indecencia- no tienen ni vergüenza ni piedad. Esta gente da mucho miedo.

El miedo en Cataluña ha cambiado de bando
José García Domínguez. Libertad Digital 27 Diciembre 2021

Pere Aragonès, o sea Junqueras, acaba de anunciar su propósito urgente de cometer en el Parlament otra ley educativa con el fin expreso de seguir incumpliendo las sentencias de los tribunales, empezando por las del Constitucional y el Supremo, a cuenta de la prohibición del uso docente del español en sus colegios. Si bien lo relevante en esta ocasión reside en la insistencia que muestra para tratar de sumar al PSC a la mayoría irredentista de la que ya dispone en el hemiciclo. Una insistencia, la de la Esquerra, que tiene que ver con su lúcida comprensión de lo que en verdad se juegan con esa mísera concesión del 25% del horario lectivo al idioma del enemigo.

Porque Junqueras, que tiene más cabeza de la que aparenta, ha comprendido que la gran batalla que se va a librar en la demarcación a partir de ahora, que se está librando ya, no es la de la independencia sino la de la hegemonía política, social y cultural del catalanismo. Y esa batalla, siendo mucho menos vistosa y espectacular que la otra, resulta que es mucho más importante. Y lo es por la muy simple razón de que el independentismo nunca ha sido dominante en Cataluña, pero el catalanismo, en cambio, sí lo ha sido durante los últimos cuarenta años. Una hegemonía indiscutida, la suya, que por primera vez se comienza a ver amenazada dentro de un terreno que siempre consideraron conquistado.

El consenso catalanista, un acuerdo transversal de mínimos compartidos que incluía como eje vertebrador el uso exclusivo y excluyente del idioma vernáculo en todos los ámbitos de la vida pública e institucional, asentaba su fuerza en el asentimiento del PSC a sus enunciados programáticos. Una complicidad activa del PSC con el programa lingüístico del independentismo que, del modo todo lo tímido y timorato que se quiera, ha comenzado a resquebrajarse. Y no por la voluntad personal de su élite rectora, con Iceta a la cabeza, sino por el frío pragmatismo de saber que el grueso de su actual electorado procede de Ciudadanos. Saben muy bien que la mayoría de sus votos son prestados. Y que los que se los prestaron lo hicieron hablando en español. Como diría el otro, el miedo en Cataluña ha cambiado de bando.
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