AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 5  Enero  2022

Causas de la inflación: una terrible política monetaria
José María Rotellar. Libertad Digital 5 Enero 2022

Llevábamos varios años sin una inflación elevada pese a haber contado con ejercicios de importante crecimiento económico y una política monetaria extremadamente laxa, heterodoxa incluso, podríamos decir, con el precio oficial del dinero en el 0% y los interbancarios, las facilidades marginales de depósito y los tipos de financiación de gran parte del endeudamiento soberano, en negativo.

Todo ello, respondía a una situación anómala, que se correspondía con una política monetaria terriblemente expansiva iniciada en uno de los momentos más graves de la anterior crisis. La gran mayoría de bancos centrales asumieron esa expansión monetaria. Recordemos, aquí, en la eurozona, la famosa frase de Draghi "whatever it takes", con la que aseguraba una inundación de liquidez temporal, pero con la advertencia de que por sí sola no podría hacer nada si los gobiernos no realizaban reformas estructurales profundas, cosa que no sucedió en una gran mayoría de países.

Pues bien, todavía hoy seguimos con dicha política monetaria expansiva. Hubo un conato de vuelta a la ortodoxia, pero la pandemia llegó y el mercado se inundó de más liquidez. Ahora, el BCE ha vuelto a aplazar las subidas de tipos en 2022, aunque la FED parece más decidida a empezar con la retirada de liquidez, al anunciar tres subidas de tipos en este ejercicio que acaba de comenzar, al tiempo que el Banco de Inglaterra ya ha subido tipos en veinticinco puntos básicos.

En este punto, hay que recordar que el objetivo único del BCE es mantener la estabilidad de precios y sólo subsidiariamente se encuentra el contribuir al crecimiento económico. Si la Fed, que sí que tiene entre sus objetivos velar por el crecimiento económico, y el Banco de Inglaterra, que tiene dicho objetivo de manera secundaria, han dado pasos más firmes en el retorno a una política monetaria menos laxa, resulta sorprendente que el BCE, que, insistimos, tiene como único objetivo controlar la inflación, no lo haga. No se trata de pasar de una laxitud extrema a una política monetaria tremendamente contractiva, porque la economía colapsaría, pero sí que sería deseable ver al BCE orientado hacia su objetivo de control de precios de manera más decidida.

Toda esa política monetaria extremadamente expansiva, ha generado una financiación que anestesia a la economía, haciéndola vivir muy por encima de sus posibilidades, con la banca, por un lado, con respiración asistida en cuanto a la abundante financiación y, por otro, con sus márgenes constreñidos por los nulos tipos, que le impiden contar con un buen margen de financiación -que, no lo olvidemos, es la base de su negocio., que unido a la sobrerregulación que se le impone ahora está acabando con dicho sector, al menos, tal y como lo hemos conocido.

La baja inflación se ha acabado, cosa que, antes o después, con esta política monetaria, tenía que terminar sucediendo, por mucho que el comercio electrónico haya disminuido costes. Esa liquidez casi ilimitada está financiando los distintos cuellos de botella que se están produciendo. Ahora que estamos teniendo un problema de abastecimiento, con la disminución de la oferta, que nos lleva a subida de precios, que el coste energético se dispara por la disparatada política energética en la que se ha metido el mundo, retirando fuentes de energía y no apostando por la nuclear sin un sistema alternativo, y con el aumento de costes de transporte, esa liquidez ilimitada está financiando dichos cuellos de botella, que hace que los precios no bajen, por no permitir que los mercados se vacíen y disminuya el precio en unos de ellos al subir en otros, pues el dinero es finito. Como se imprime dinero abundante que lo financia, no se produce dicho ajuste, sino que la demanda sigue presionando al alza y los precios crecen.

Ahora, se señala que mientras el indicador adelantado de la inflación se sitúa en el 6,7% interanual, los salarios apenas suben y que los trabajadores perderán, así, poder adquisitivo. Sería un grave error que se produjese un movimiento de intensas subidas salariales generalizadas, pues mantendrían artificialmente la demanda, subirían más los precios que las subidas salariales, perderían, por tanto, más poder adquisitivo que ahora los trabajadores, y entraríamos en una espiral precios-salarios que terminaría por llevarnos a una estanflación. En este sentido, es especialmente peligrosa la contrarreforma laboral del Gobierno, pues recupera la prevalencia de los convenios sectoriales frente a los de empresa en lo relativo a materia salarial, con lo que puede arruinar a muchas pymes.

La solución no es subir salarios, sino aplicar una política monetaria que permita volver a la ortodoxia y acabar con la financiación de esos cuellos de botella que están generando el crecimiento de los precios, empobreciendo a los ciudadanos y lastrando a la economía. Una cosa es que, de manera extraordinaria se haya intensificado la liquidez en el mercado -ya inundado en exceso desde 2012- y otra que no haya que ir pensando en retirarlo de manera completa en algún momento, obviamente, con prudencia, porque retirar tanta liquidez no es una cosa sencilla y hay que medir bien cómo hacerlo para no provocar un colapso económico -es el problema que tiene inundar el mercado de liquidez-, pero a la ortodoxia hay que volver en algún momento, porque si se siguen financiando los cuellos de botella, entonces no se producirá el ajuste de precios entre los distintos mercados y la inflación, al impulsarse artificialmente, permanecerá.

En definitiva, el BCE no puede olvidar su único objetivo, su mandato, que no es otro que la estabilidad de precios. La inflación, en los primeros momentos, se dijo que iba a ser pasajera; después, el BCE reconoció que será transitoria, pero que ese período temporal durará más. Ahora, corremos el riesgo de que dure mucho más tiempo todavía, expandiéndose por toda la actividad productiva. El BCE, desde la prudencia, debe no olvidar su mandato y luchar claramente contra la inflación, en lugar de alimentarla con una inundación de liquidez como la que vivimos desde hace diez años.

Consecuencias de la inflación: sumisión al Estado y un hachazo a las familias
Daniel Rodríguez Asensio. Libertad Digital 5 Enero 2022

La inflación es un fenómeno que muchos europeos han dado por superado. Poco nos ha importado que, desde la creación del primer banco central a finales del siglo XVII en Inglaterra, el crecimiento descontrolado de los precios y los ciclos económicos hayan estado íntimamente ligados a la impresión masiva de dinero fiduciario y sus consecuencias. Hechos que, por cierto, se han repetido en cualquier lugar del mundo en el que se han llevado a cabo políticas de hiperestímulo monetario.

En este momento, afortunadamente, el escenario base para 2022 es el de una inflación moderada y no una hiperinflación. Esto, sin embargo, no deja sin efectos a este fenómeno y mucho menos en un entorno económico de tanta inestabilidad y con tantos desequilibrios como el que vivimos.

La inflación es el impuesto de los pobres. Tiene un perdedor (usted y yo) y un claro ganador: el Estado. Y, entre medias, hay quien tiene margen para gestionarla e, incluso aprovecharse de ella. Es preciso ver los efectos de la inflación para entenderla bien.

Pérdida de poder adquisitivo
El hecho de que los precios suban supone una pérdida de poder adquisitivo directo en las familias y una pérdida de competitividad en las empresas. Si la barra de pan pasa de costar 1€ a 1,20€ (inflación del 20%) y al comprador no le han subido el sueldo, su pérdida de poder adquisitivo asciende al 20%.

Además, con el dinero que tiene usted ahorrado en su cuenta va perdiendo valor conforme los precios suben porque puede comprar menos bienes y servicios con él.

La inflación es el impuesto de los pobres, y en un entorno de represión financiera salvaje, aún más. ¿Por qué? Porque los depósitos bancarios son el instrumento más usado por las clases más desfavorecidas (probablemente porque apenas tienen acceso a otro) y, sin embargo, la inversión es un instrumento para protegerse de la inflación muy usado por las más pudientes.

Siguiendo con nuestro ejemplo. Si el IPC ha subido un 20% en el último año, para que nuestros ahorros no pierdan poder adquisitivo hemos tenido que generar rendimientos de, al menos, el 20%. El dinero puesto en una cuenta corriente ha generado 0€ (suponiendo que no cobren comisiones) o, dicho de otra manera, quien no ha podido invertir ahora es un 20% más pobre.

Vean la siguiente gráfica, que refleja los activos financieros de las familias españolas por percentiles de riqueza neta, y les será fácil comprender el hachazo que están sufriendo la mayor parte de las familias españolas.

Efectos en los mercados financieros
Pero la aparición de la inflación va más allá de generar efectos en la economía real. También los tiene, y muy relevantes, en los mercados financieros.

Concretamente, las expectativas de inflación son un elemento fundamental a la hora de medir la rentabilidad de los activos financieros. Si los mercados descuentan una inflación al alza durante los próximos años, las rentabilidades nominales de los productos financieros perderán valor y evolucionarán al alza.

De esta manera si, por ejemplo, los mercados prevén que la inflación a 2 años en Estados Unidos va a permanecer en el 4% (esto es un ejemplo ilustrativo, no un dato real) y el bono a 2 años está al 1,5%, la rentabilidad medida en términos reales de ese bono será del -2,5%.

O, dicho de otra manera, los inversores estarán perdiendo dinero con ese producto financiero y lo venderán a un comprador que exija un tipo de interés mayor para cubrirse de esas pérdidas. De esta manera, es muy probable que en los próximos meses veamos un encarecimiento de la deuda pública que tenga un impacto directo sobre la solvencia de muchos Estados.

Menos márgenes empresariales y pérdida de competitividad
En mercados competitivos como los que tenemos en prácticamente todos los segmentos de Europa y Estados Unidos, subir precios sin ninguna aportación de valor supone un suicidio que se lleva a unos cuantos clientes a la competencia.

Si la inflación ha tardado tanto en aparecer (algunos la llevamos advirtiendo desde finales de verano de 2020) ha sido porque las empresas han intentado evitar trasladar el incremento de costes que llevan sufriendo desde entonces a la venta del producto final. Y, en buena parte de los casos, no están trasladando la totalidad.

Veamos el ejemplo de España: Las empresas están sufriendo un incremento de los precios industriales del 33,1% interanual y de los precios de importación de un 24,4% interanual. Y, sin embargo, "sólo" se está trasladando un 6,7% al producto final (IPC).

Este descenso de márgenes supone una menor capacidad inversora, un impacto a la baja en la valoración bursátil para empresas que operen en bolsa, y menor capacidad para llevar a cabo planes de expansión y/o subir salarios en el futuro.

Pero las empresas tienen un impacto adicional derivado de la inflación. Como consecuencia del incremento en la rentabilidad exigida a los activos sin riesgo (los bonos de deuda pública), el tipo de interés exigido a la deuda empresarial aumentará (incluso manteniendo constante la prima de riesgo asociada) y, por consiguiente, su valoración bursátil se reducirá y tendrán que hacer más esfuerzos para acceder a los mecanismos de endeudamiento.

El Estado, el mayor beneficiado de la inflación
Ya hemos visto que la inflación perjudica especialmente a las familias más vulnerables. Los que tienen capacidad para operar en los mercados pueden protegerse con productos vinculados a la inflación, pero quienes tienen sus ahorros en cuenta corriente no.

Ahora bien, ¿quién es el mayor beneficiado de la inflación? El Estado. Con dos efectos complementarios: El primero es el incremento en la recaudación. Volvamos al ejemplo de España.

El Gobierno de España espera una recaudación récord para 2021. De hecho, hasta noviembre, y a pesar de tener unos datos de coyuntura económica y macroeconómicos pobres, la recaudación acumulada está creciendo al 14,9% con respecto al mismo período de 2020. ¿Cómo puede ser eso, si las nuevas figuras tributarias (tasa Google, tasa Tobin, etc.) no están funcionando?

Sencillo. Vean estos incrementos de recaudación:
IVA: +14,2%
Impuesto de hidrocarburos: +10,2%.
Impuesto sobre las primas de seguro: +32,7%.

Todos ellos consecuencia de la inflación.

Y el segundo efecto es la pérdida de valor de la deuda pública viva. Los 1,4 billones de euros que tiene el Estado español en forma de deuda pública irán perdiendo valor conforme pase el tiempo, con lo cual será más fácil pagarla con la mayor recaudación que acabamos de ver.

Es difícil pensar en algo más nocivo, empobrecedor y dinamitador de la paz social como la inflación. Los bancos centrales modernos, de hecho, se crearon para luchar contra ella. Y, sin embargo, han cometido los mismos errores que los que se crearon en los siglos XVII y XVIII. Entonces se crearon para financiar déficits creados como consecuencia de la guerra. Ahora, para financiar déficits creados como consecuencia de la irresponsabilidad política.

Pero el resultado será el mismo: Una inflación que nos empobrece a todos y unos ciclos económicos que suponen crisis cada vez más intensas y prolongadas.

De la Escuela de Salamanca a Friedman: el dinero es la causa de la inflación
Carlos Rodríguez Braun. Libertad Digital 5 Enero 2022

Los sabios de la Escuela de Salamanca se anticiparon cuatrocientos años a la idea de Milton Friedman: la inflación es un fenómeno monetario. Ahora que, según dicen muchos, "vuelve la inflación", quizá convenga repasar lo que ha sucedido con el dinero.

De entrada, despejemos el equívoco del retorno: la inflación, en efecto, parece que vuelve hoy, pero en realidad nunca se marchó. Fuimos víctimas en muchos países del espejismo conforme al cual si no sube el IPC eso significa que no hay inflación. Pero cualquiera que haya atendido al precio de los activos antes de la crisis de 2008, y nuevamente en tiempos recientes, sabe perfectamente que hubo inflación. De hecho, por eso estalló dicha crisis: porque finalmente se pinchó la burbuja de los activos, enérgicamente inflada por los bancos centrales en la década anterior. Por desgracia, en la década siguiente las políticas monetarias no solamente no se contuvieron, sino que apretaron el acelerador cada vez más, combinándolo con unas políticas fiscales también irresponsablemente expansivas. Nada invita a pensar que la historia no se va a repetir, y no tendremos en el futuro otra burbuja y una nueva crisis. Pero, claro está, con la gran diferencia de que esta nueva crisis registrará unos niveles récords de deuda pública, que superan ya en varios países el 100 por ciento del PIB.

De hecho, la subida del IPC enmascara la inflación de activos, y puede servir a los propios bancos centrales, legitimando su política en la medida en que el IPC se vaya moderando a lo largo de 2022, lo que no es descartable. Valdrían así los habituales chivos expiatorios de la inflación, como los salarios, la energía o las disrupciones en las cadenas de suministro. Y las autoridades, si la inflación según el IPC se sitúa otra vez en el 2% anual, o, lo que es quizá más probable, algo por encima, sacarán pecho, ignorando prudentemente que, para que los ciudadanos padeciéramos ese nivel de inflación a medio plazo, el IPC debería subir menos que el 2%, para compensarnos por el período de mayores precios que atravesamos en la actualidad. También pasarán por alto que, si la inflación es un impuesto, y lo es, sigue siéndolo, aunque el IPC pase del 5% anual al 2 o al 3%. La inflación sigue siendo inflación, aunque sea moderada o, como se dice ahora, transitoria.

Los bancos centrales llevan mucho tiempo inundando el mundo con liquidez y acometiendo innovaciones financieras, como la "expansión cuantitativa", mediante las cuales aumentan considerablemente su balance con títulos de la deuda soberana y otros activos públicos y privados, cuya calidad disminuye a medida que los tipos de interés son artificialmente reprimidos hasta prácticamente cero, o incluso entran en un todavía más absurdo terreno negativo. Todo por la ficción de que el problema que afrontamos es, como repetía tontamente Mariano Rajoy, que "fluya el crédito". Pero, como dice el refrán, una cosa es llevar el caballo al río y otra cosa es forzarlo a que beba.

Una demanda no distorsionada de crédito ha de depender de una economía privada dinámica y flexible, que ajuste ahorro e inversión conforme a criterios de competitividad y productividad. Desde Mises y Hayek, los economistas de la Escuela Austriaca llevan un siglo advirtiendo sobre el peligro de un escenario opuesto, en el que la expansión artificial del crédito descompone la estructura productiva y promueve inversiones más arriesgadas y erróneas, y por fin crisis, no a pesar de los pomposamente denominados "estímulos" monetarios y fiscales sino a causa de ellos.

En la línea de Milton Friedman, el economista monetarista británico Tim Congdon, que lleva tiempo anticipando una inflación más elevada, apoyándose en las estadísticas de los inflados balances de los bancos centrales, comentó hace poco esta afirmación de Paul Krugman: "¿Cuánto tiempo durará la subida de la inflación? La respuesta secreta, y no le diga usted nada a nadie, es que no lo sabemos". Según Congdon: "La contestación de Krugman no solo está equivocada, sino que es peligrosa, porque implica que las autoridades no son capaces de controlar la inflación".

Por supuesto que podrían hacerlo, pero ello nos invita a considerar a otro premio Nobel: James Buchanan, que pidió a los economistas que abandonaran la inocencia de pensar que los gobernantes se guían exclusivamente por el interés general, y no por el suyo propio. Desde esta perspectiva, habría que evaluar el dilema de los bancos centrales: o suben los tipos y frenan la expansión monetaria, arriesgándose a que la opinión pública los considere responsables de la recesión ulterior; o mantienen la expansión, facilitando aún más la burbuja del crédito, arriesgándose a ser acusados de la senda inflacionaria y agotando por ello su legitimidad política, incluso aunque puedan mirar hacia otro lado cuando estalle la burbuja, que es lo que suelen hacer.

Otras autoridades políticas, por su parte, también preparan el arsenal justificativo, que volverá a demonizar a empresarios y banqueros privados, la especulación y, faltaría más, el pérfido capitalismo neoliberal.

Entre tanto, los ciudadanos pagarán más impuestos, incluido el impuesto inflacionario, en un horizonte de crecimiento, en el mejor de los casos, debilitado, precisamente por las medidas que adoptan los gobernantes supuestamente en pro del bien común.

Acertaban la Escuela de Salamanca, y Friedman, al señalar al dinero como la causa última de la inflación. La notable y siempre creciente invasión del poder político sobre la economía y las finanzas no ha mejorado las cosas, por decirlo suavemente.

Alardear de las cifras del paro es una vergüenza, Pedro Sánchez
OKDIARIO 5 Enero 2022

El Gobierno socialcomunista ha sacado pecho por la reducción de 76.782 parados en diciembre y por la disminución de 782.232 desempleados en el conjunto de 2021. Pero el Ejecutivo omite un pequeño detalle: que hay 727.210 desempleados reales no incluidos en las cifras, una cantidad que sitúa el número de parados cerca de los 4 millones. España tiene una tasa de desempleo que dobla a la de la zona euro y cuatriplica de largo a la de Alemania, pero Pedro Sánchez ha decidido alardear de una mejora que lo que en realidad demuestra es que en empleo somos los últimos de la UE. Y eso que prácticamente todo el trabajo que se crea es público.

En las cifras oficiales se oculta un brutal contingente de desempleados reales que no aparecen en las estadísticas exhibidas por el Gobierno. Se omiten 215.007 parados recogidos en otro apartado estadístico denominado eufemísticamente «otros no ocupados»; no incluye a 281.353 buscadores de empleo «con disposición limitada»; saca de la estadística a 122.672 «trabajadores en ERTE» y pasa por alto los 108.178 «autónomos en cese de actividad». Si los sumamos todos, el resultado es de 727.210 desempleados reales no incluidos en el anuncio triunfalista del presidente del Gobierno. Que sumados a los 3.105.905 declarados por el Ejecutivo socialcomunista dan un total de 3.833. 115. ¿Dónde está la recuperación del empleo? Y es que la UE ni siquiera acepta como dato homologado el exhibido por el Gobierno, el del paro registrado, sino que es la EPA (Encuesta de Población Activa) la que se homologa en Europa.

No están las cosas para sacar pecho y los fuegos artificiales lanzados por el Gobierno para celebrar que en 2021 estamos mejor que en 2020 -marcado brutalmente por la pandemia- son una grosera y fatua explosión de triunfalismo. La realidad no está para tirar cohetes y la fiesta que se ha montado Pedro Sánchez con las cifras demuestra hasta qué punto lo único que funciona en el Ejecutivo es la propaganda.

Funcionar
Nota del Editor 5 Enero 2022

La relación coste rendimiento de una permanente campaña publicitaria con el despilfarro, robo y destrucción de España por el dr cum fraude y sus quates es brutalmente mala, enorme coste, poco rendimiento (solo consigue comprar los votos de los despistados y de los voceros en nómina, algo más caros).

Funcionar, lo que se dice funcionar, no funciona, que se mueve, si, a empujones con nuestro dinero de valor decreciente y con trozos de lo que va quedando de España

Felicitaciones de Navidad… con mensaje
Ignacio Centenera. okdiario 5 Enero 2022

Hace ya algún tiempo que recibimos el año con el teléfono en la mano. Bueno, quizás lo soltamos unos segundos para tomar las uvas, pero rápidamente lo recuperamos para seguir enviando y recibiendo mensajes de felicitación, porque efectivamente en eso es en lo que ocupamos las últimas horas del año. Y ahora, además, son muy frecuentes las felicitaciones enlatadas o precocinadas, llenas de irónicas críticas y de dobles sentidos, que se envían de una a otra persona o grupo en una frenética circulación; según se reciben se van reenviando sin pensar en el interés, normalmente escaso, que van a tener para el destinatario. Pero estos mensajes dicen mucho del ánimo de quien los envía, y puede ser un simpático y nada pretencioso análisis de opinión curiosear en esas comunicaciones, que por ser voluntarias y espontáneas resultan menos dirigidas, menos manipuladas, más libres.

En la situación que nos ha puesto la variante Ómicron es normal que una buena parte de los mensajes tenga que ver con la pandemia. Y aun asumiendo que muchos de ellos están cargados de humor, sí refieren velada o explícitamente que los españoles nos hemos visto obligados a armar nuestra propia defensa contra el Covid. Porque más allá de las vacunas, se ha evidenciado que las 17 administraciones involucradas no han encontrado una respuesta coordinada y efectiva; por eso, sin capacidad de aprendizaje, se ven sorprendidos por una y otra ola como los veleros mal gobernados por el ímpetu de las galernas.

La ridiculización de los políticos, y de manera especial del Gobierno y de su presidente, es la temática de otro numeroso grupo de mensajes. Aunque en realidad lo que subyace en los mismos es una resignada auto-burla de los españoles, que seguramente nos hemos encontrado, para gestionar este delicado momento histórico, a la más incapaz, inexperta y desleal cuadrilla. Al grupo de sospechosos habituales, como Sánchez, Díaz, Garzón o Montero -cualquiera de ellas-, se ha unido estos días Nadia Calviño. Y es que cuando se tiene el dudoso honor de liderar, entre los países de nuestro entorno, tanto la caída de la economía como la lentitud en la recuperación, no se puede ir sacando pecho, salvo que seas un malintencionado caradura. Que lo haga Pedro Sánchez ya a nadie sorprende, pero sí que lo haga la vicepresidenta a la que se le presuponía otro perfil valórico y psicológico.

Y más si, en este escenario, Calviño consiente en aplicar la única receta que parecen conocer: subir los impuestos. No es de extrañar que los que se muestran más indignados sean los trabajadores y sectores con ingresos relativamente bajos, que están hartos de incrementar su contribución a la bolsa común cuando la inflación reduce su capacidad de compra, y a la vez que ven como el Gobierno no deja de dedicar millones y más millones a los convolutos de los ministerios absurdos, a salvar empresitas afines o al mantenimiento de una incosteable política energética. Sánchez no paraba de decir que en esta crisis no iban a dejar a nadie atrás, ¡pero la verdad es que atrás nos vamos a quedar todos!

También son muy comunes los vídeos en los que se combinan los buenos deseos personales con la exaltación de las tradiciones nacionales y el orgulloso recuerdo de las gestas de nuestra patria, sirviendo también para recordar que esos valores y la misma patria tienen enemigos declarados a los que este Gobierno les ha dado más visibilidad y mucho poder.

Y, por último, comentar las felicitaciones de los negacionistas de la Navidad. ¡Qué gran esfuerzo realizan para que no se les cuele subliminalmente en sus mensajes alguna referencia religiosa! Es patético como el propio Museo del Prado intenta, de forma bien ridícula, ocultar la temática y el sentido cristiano en las imágenes de muchos de los cuadros que incluye en su vídeo de felicitación. Como también lo son los adanes neo-políticos de las instituciones europeas que quieren olvidar que Europa hunde sus raíces en la cultura cristiana. A su pesar, con luces y sombras, son los valores cristianos los que han conducido a Europa y al mundo occidental hasta su actual nivel de desarrollo humano. Hay que recordarles que el comunismo, el populismo, el multiculturalismo y el resto de becerros de oro que ellos adoran no ha llevado a nadie a ningún sitio. Bueno, a nadie no, aquí en España conocemos a varios ministros (y exministros) a los que les han cambiado de barrio y llevado a la peluquería o al sastre.

En fin, no me reconozco fobia distinta a la que habitualmente manifiesto con nuestros políticos, y deseo, a todos los que en uno u otro momento leen los artículos en OKDIARIO, que terminen de disfrutar de una feliz Navidad y de un próspero y sano 2022.

Excelentísimo señor don Pablo Iglesias
Liberal Enfurruñada. okdiario 5 Enero 2022

El Real Decreto 1051/2002, de 11 de octubre, por el que se aprueba el Reglamento de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III establece en su artículo primero que esta condecoración “tiene por objeto recompensar a los ciudadanos que con sus esfuerzos, iniciativas y trabajos hayan prestado servicios eminentes y extraordinarios a la Nación”. El 28 de diciembre, coincidiendo con el Día de los Santos Inocentes, Pedro Sánchez decidió conceder la Gran Cruz de la Orden de Carlos III a 23 exministros del Gobierno de España, entre los que destacan el exvicepresidente segundo, Pablo Iglesias y el extitular de Cultura y Deporte, Màxim Huerta. En el BOE de ese día aparecen dichas concesiones firmadas una a una por el Rey Felipe VI, que dice expresamente que lo hace “queriendo dar una muestra de Mi Real aprecio”. Cariño que no es correspondido por quien tanto presume de ser antimonárquico.

Máximo Huerta Hernández, más conocido como Màxim ‘El Breve’, fue nombrado ministro por Pedro Sánchez el día 7 de junio de 2018 y presentó su dimisión apenas una semana después, el 14 de junio, cuando se descubrió que había sido condenado por Hacienda a pagar más de 300.000 euros en concepto de cuota defraudada, intereses y multas, por usar una sociedad “fantasma” a través de la cual facturaba sus honorarios profesionales fraudulentamente y en la que se había deducido gastos que no se correspondían, entre los que estaban los de su casa de la playa. En los escasos 7 días que Màxim fue ministro acompañó al Rey a despedir a la Selección Española de Fútbol antes de su viaje a Rusia para participar en el Mundial de Fútbol, paseó por los stands de la Feria del Libro de Madrid, asistió en París a la final del Roland Garros apoyando a Rafa Nadal y asistió a un estreno en el Teatro María Guerrero. Esos son los “esfuerzos, iniciativas y trabajos” que, según Pedro Sánchez, suponen “servicios eminentes y extraordinarios a la Nación” merecedores de la más alta distinción honorífica entre las órdenes civiles españolas.

El Excelentísimo señor don Pablo Iglesias, tratamiento que le corresponde de por vida según el artículo 13 del mencionado reglamento, comparte con Màxim Huerta unos servicios a la Nación y a la Corona de un calado muy similar y no mucho menos breves, ya que sólo ejerció su cargo durante 14 meses, desde enero de 2020 hasta marzo de 2021, fecha en la que dimitió para estrellarse en las elecciones a la Asamblea de Madrid, dejando en su legado poco más que la Ley de Eutanasia y la muerte por Covid de más de 30.000 ancianos en las residencias que él debería haber coordinado como ministro de Derechos Sociales.

Hace apenas cuatro años, en noviembre de 2017, el pedófilo Evo Morales concedió a Pablo Iglesias la Medalla Marcelo Quiroga Santa Cruz, condecoración que la Cámara de Diputados boliviana concede a “ciudadanos bolivianos y extranjeros que se hayan destacado por su vocación de servicios a la democracia y a la construcción y consolidación del nuevo Estado Plurinacional de Bolivia”. Iglesias fue a recogerla, se la colgó del cuello, pronunció un discurso agradecido por el honor recibido y le regaló a Evo Morales la camiseta del Real Madrid y un balón dedicado por Gareth Bale. Por el contrario, el excelentísimo señor don Pablo Iglesias no ha tenido hasta la fecha ni una sola palabra de agradecimiento ni a Pedro Sánchez ni a Felipe VI por la Gran Cruz con la que lo han honrado, él sabrá por qué. Yo sólo le aviso de que el artículo 14 del reglamento que regula esta condecoración dice expresamente que en el mismo momento en el que su persona sea “condenada por un hecho delictivo, en virtud de sentencia firme, podrá ser privada del título de la misma y de los privilegios y honores inherentes a su condición”. Igual el excelentísimo le dura menos que el ministerio, la paternidad o el casoplón.

Hablemos de la nación
Agapito Maestre. Libertad Digital 5 Enero 2022

Salgan y expliquen los historiadores, antropólogos y politólogos a los que no somos especialistas que se puede ser español sin ser nacionalista.

A miles de españoles no les gusta el gentilicio de España. Normalmente suele ser gente resentida con la historia, el presente y hasta el futuro de España. También abundan los fanatizados entre los que desprecian su nacionalidad. Pobres. Es para tenerles lástima. Huyen de lo real para esconderse detrás de cualquier ismo… Se esconden al abrigo de gentilicios locales y regionales, o peor, de un cosmopolitismo de cartón piedra. Allá esta gente con sus manías. Lo siento por ellos. Yo soy solo español. He nacido aquí y asumo con cierta dignidad mi destino. Me siento a gusto con el gentilicio de mi país: España. He escrito miles de páginas en favor de la nación española y otras tantas contra el nacionalismo, corrupción de la nacionalidad. Además, trato de pensar mi nacionalidad. Y siempre que lo hago, siento la punzada del miedo. Lo venzo escribiendo. Trato de imitar a los toreros: busco el valor por el camino más corto: por el miedo. No lo puedo remediar, me gusta hablar como español contra el nacionalismo.

Pero no es de mis sentimientos personales de los que deseo escribirles una cuantas líneas, sino de la importancia que tiene la cuestión para dejarla simplemente en manos de los especialistas y sabios sobre la nación y sus conceptos más próximos. Porque ellos, debido a su misma especialización, han llegado a ciertas conclusiones más o menos objetivas, o, al menos, susceptibles de ser objetivables, sobre el significado de la nación, la nacionalidad, el nacionalismo, la desnacionalización y otras nociones similares, sería deseable que confrontasen sus visiones cuasi-científicas con las mantenidas por los ciudadanos de a pie, profanos en ciencia, y forzosamente subjetivas, arbitrarias y hasta mitológicas.

Salgan, pues, los especialistas a la calle y contrasten su conclusiones sobre la nación con la de la mayoría de los ciudadanos españoles. Salgan a confrontar su fórmula con la mía, con la expresada por un yo autobiográfico —yo español con documento nacional de identidad número x— cuya única aspiración es diluirse con otros yo de significado personal hasta conformar con ellos eso que se llama sentido común. Salgan y expliquen los sabios historiadores, antropólogos, politólogos, etcétera, a los que no somos especialistas que se puede ser español sin ser nacionalista, más aún, que ese amor al gentilicio de España no está reñido con una forma suave de patriotismo. Hoy es más necesario que nunca este contraste, porque la balcanización de España ha afectado de modo dramático al ámbito de la lengua y la literatura.

Los Magos, el Islam y la sociedad del espectáculo
Pedro de Tena. Libertad Digital 5 Enero 2022

Una vez el periodista Manuel Prados me pidió un relato sobre los Magos de Oriente (de llamarles Reyes, Unamuno se hubiera alzado de su primera tumba republicana) para no recuerdo qué revista. El relato lo he perdido pero estoy seguro de que se trataba de una batalla campal en las calles de España entre los Magos, Papá Noel, Santa Klaus y no adivino quién más (no estaba en la reyerta el Viejito Pascuero) por la conquista del mercado de las almas infantiles.

En esa guerra civil occidental morían todos acribillados a caramelazos, hundidos en chocolates movedizos o asfixiados entre montañas de luces y plásticos. La cosa fue tan sangrienta que ni los niños se atrevieron a llorar. Sólo quedó un silencio cuajado en la estrella de plata que se caía del cielo aplastando al portal de Belén.

¿Cómo podía imaginarse entonces –estoy seguro de que fue un enero de 1983 u 84– que el silencio de las calles europeas podía ser roto por la llamada de los almuédanos invocadores del rezo musulmán? Otro amigo, el escritor y profesor Paco Núñez Roldán me ha informado de la decisión del Ayuntamiento alemán de Colonia de permitir la libre llamada a la oración de los muecines desde los altavoces instalados en los minaretes de las mezquitas. No es la primera ciudad alemana que lo hace. Der Spiegel contaba ocho ya hace bien poco.

En Colonia está precisamente la tumba de los Reyes Magos que fueron robados a Milán tras haberse recuperado en Saba por Santa Elena, la madre del emperador Constantino. Todo en nombre de una tolerancia —Recep Tayyip Erdogan, que es el que paga muchas de las mezquitas germanas, sea loado—, que nunca ha sido ni es ni será, si se lee bien el Corán, recíproca, como es preceptivo y esencial que sea. Es decir, se juega a ser tolerante con los intolerantes, algo sobre lo que Benedicto XVI ya advirtió con su defensa de nuestras raíces occidentales y cristianas en su visita al famoso relicario de la catedral.

Un día como el 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes de hace 90 años, nacía en París Guy Ernest Debord, uno de los filósofos educados en el marxismo (hegeliano, dicen algunos) y luego desgajados del tronco clásico del materialismo histórico y la lucha de clases por su insuficiencia ya demostrada en las revueltas de mayo del 68 en Francia. Además de otros libros y de su contribución a la Internacional Situacionista, movimiento que trataba de "crear" situaciones en las que pudiera fermentar la subversión, más que revolución, estética y política, Debord seguramente es y será más conocido por su detección del espectáculo en sí como modo de manifestación, de agitación y de domesticación, incluso de las intimidades de las personas que formamos las modernas masas. Su libro La sociedad del espectáculo fue publicado en 1967 y sigue, en mi opinión, plenamente vigente en la política europea y española actuales.

Cuando uno se detiene a pensar –algo difícil en una sociedad sumida en el espectáculo como forma de relación—, en los programas de TV dedicados a la autopsia televisada del corazón sentimental de sus famosos, de sus conflictos íntimos, incluso de sus caricias y devaneos más reservados, comprende que todo lo que no se presenta como espectáculo, no vende, esto es, no importa, esto es, no existe. Su libro, escrito como una relación numérica de aforismos, comienza exponiendo:

1.-Toda la vida de las sociedades en las que dominan las condiciones modernas de producción se presenta como una inmensa acumulación de espectáculos. Todo lo que era vivido directamente se aparta en una representación.

O sea, a la vida real ha sucedido una representación, un espectáculo que puede trucarse, simularse, escenificarse y prostituirse. Como anticipa Feuerbach en la cita que precede a este primer aldabonazo, la verdad deja de ser algo sagrado y real y lo único real y sagrado que queda es la ilusión que produce el espectáculo. De ahí viene, creo, la conversión casi total de la política en espectáculo. En muchos partidos españoles, hay una asignatura no reglada que consiste en predisponer e instruir a sus candidatos para asumir y ser parte del espectáculo. ¿Qué fue el movimiento del 15 M y de los indignados más que la puesta en escena de un espectáculo para mover a la acción a los descontentos de modo que, al final, su dirección recayera en los comunistas "sembrados" en su seno y con derechos de autor de la obra?

Ya no se trata de aprovechar las condiciones "objetivas" de la explotación de la clase obrera ni de tener en cuenta las circunstancias de las contradicciones del "sistema". Se trata, al viejo estilo voluntarista del nihilismo y del leninismo en Rusia, de fabricar la revolución, de imponerla, de extenderla. Pero, en este caso, la revolución debe relacionarse con la obra de arte. ¿Qué otra cosa ha sido Podemos sino el libreto final de un espectáculo deliberadamente diseñado para conmover el ánimo de la sociedad democrática dominada, cómo no, por las élites y las castas abyectas, enemigas, metafísicamente culpables?

El arte de este modo salta del cuadro, del cine, del teatro, de la escultura o de la literatura a las calles y las instituciones y empapa en una insumisión continua y voluntaria a una gente inconexa zarandeada por las imágenes emotivas y levemente racionales que tratan de arrancarlo del sillón de la sala de estar. No importa ya qué es lo real, qué es lo verdadero. Lo sustancialmente relevante es la victoria sobre el escenario político-público mediante el activismo de consigna, gesto y ademán. Recuérdense los numeritos maternales de "la Bescansa", el vodevil amoral de los señores de Galapagar, los gallos del clown Rufián y el carácter cada vez más melodramático de las manifestaciones, de las celebraciones de los orgullos, de los escraches y demás artilugios escénico-políticos. También pueden recordarse los homenajes a los asesinos y a los golpistas y no pocas extravagancias de los del "centro" (inolvidable asalto de Casado contra Abascal en el Congreso) y la derecha.

No me digan que no es un sucedáneo de una sociedad del espectáculo el que, junto a las campanas cronométricas y navideñas de las iglesias cristianas europeas cuyos espacios siempre estuvieron vedados a todo tirano, a toda imposición y a todo acto de violencia, suenen en las mismas ciudades las exclamaciones sistemáticas de los muecines llamando al Islam, que significa sumisión, y cuya finalidad declarada es la imposición de su fe a todo el mundo infiel. Se dirá que así mismo lo hizo la cristiana y fue cierto, pero ya no lo es. Si de verdad se quiere dar el ejemplo universal de la tolerancia, dése también en Estambul, en Marraquech, en El Cairo, en Arabia Saudí o en Afganistán. Pero no se convierta el noble fin de la convivencia en el triste espectáculo de ir obteniendo poder de presencia y de coexistencia hasta que sea posible la demolición final de la cultura europea, como confesó el propio líder turco islamista que se aprovecha de ella y sus valores para aniquilarla.

Y ya que estamos, digamos que acaba de estrenarse la película No mires arriba en la plataforma Netflix, en la que precisamente se desata una acerada descripción de la farsa de la sociedad del espectáculo que nos inunda. Lamentablemente, pasa de largo ante quienes son los adalides ideológicos y filosóficos de su difusión y de la insensibilización que están causando en un Occidente que se dirige, o eso parece, a la autodestrucción. Pero con todo es un espectáculo del espectáculo.

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El soberanismo catalán y sus políticos precisarían curas de humildad
Cuando el cerrilismo nacionalista impide ver, con claridad, lo que precisaría Cataluña, es cuando esta autonomía demuestra las carencias que tiene
Miguel Massanet. diariosigloxxi 5 Enero 2022

Resulta sorprendente, aleccionador y, desde todos los puntos de vista, sumamente preocupante el que esta parte de España, dotada de atributos naturales de gran belleza y de lugares idílicos, haya entrado, debido a la cerrazón de sus políticos, en una espiral de autocomplacencia, menosprecio de la nación española, sentimientos de rechazo y resentimientos con respeto al resto de la ciudadanía patria y hostilidad manifiesta a todo lo que pudiera considerarse, desde una mentalidad cerrada y egoísta, como intromisiones del Estado en cuestiones que a ellos se les vienen antojando como propias, en las que no toleran que se los puedan controlar.

Cuando han fracasado en los sucesivos intentos, especialmente multiplicados durante los últimos años, de conseguir convertirse en una nación independiente; si bien han logrado avanzar mucho más de lo que se hubiera podido esperar a costa del gobierno central de la nación española, debido a la necesidad que los socialistas, hoy en el poder, han tenido de conseguir mantenerse en él, gracias a los votos de los comunistas e independentistas vascos y catalanes, por cuyo apoyo han tenido que pagar el chantaje al que han sido sometidos; en lugar de centrarse en mejorar la economía, las estructuras, el comercio y las industrias de esta región, que fue señera, durante años, en todos estos aspectos y considerada el motor económico de España; han dedicado todos sus esfuerzos, los recursos de los que han venido disponiendo, toda su política, su actividad fuera de España y sus intervenciones a través de sus representantes en el Congreso y el Senado de la nación, a la labor de reclamar, exigir, lamentarse y despotricar contra el Estado español, al que han venido considerando como un enemigo del pueblo catalán; a cuyo efecto no solamente han dedicado una parte muy importante de la financiación que han venido recibiendo, sino que han pretendido, contra toda lógica, crear un gobierno paralelo al de la autonomía, para preparar a Cataluña para lo que sería, según ellos pretenden, una nueva nación sita al este de la española.

Lo curioso y llamativo de todo este proceso es que, pese a insistir en que no quieren nada de España, no aceptan sus leyes ni respetan su Constitución, siguen pidiendo con insistencia que se les vaya dotando de más ayudas económicas, que se creen más estructuras financiadas por el Estado y que se les dote, a ellos y sus organizaciones, de mayores facultades, más transferencias, más independencia y poder decisivo para actuar y decidir libremente, sin que los poderes del Estado puedan interferir en un terreno que ellos vienen considerando como suyo propio.

Pero, cuando vemos en lo que se ha convertido esta Cataluña y su capital Barcelona, después de los años en los que vienen enfrascados en este empeño separatista y analizamos cuáles han sido los resultados que, para los ciudadanos catalanes, soberanistas y no soberanistas, se han derivado en cuanto a su situación laboral, a sus libertades individuales, a la educación que pueden reclamar para sus hijos o al mantenimiento del nivel de vida del que disfrutaban antes de que se entrara en esta fase soberanista y la potencia de su industria, la prosperidad de sus empresas etc., tendremos que reconocer que los avances han sido nulos, sus consecuencias negativas, el número de sociedades que han trasladado sus sedes fuera de Cataluña se cuentan por millares y, lo que más les duele, han dejado de ser la autonomía más productiva y potente del Estado, para ser superada por Madrid, que ha tomado la bandera del progreso y se ha hecho con la capitalidad industrial de la nación española.

Pero no se dan por enterados y, tozudos, se empeñan en seguir golpeando contra el aguijón sin que, al parecer, les duelan las punzadas que tienen que recibir en cada ocasión en la que se ven obligados a someterse al mandato constitucional. Pero, señores, deberemos reconocer que no podemos estar satisfechos, aquellos que seguimos queriendo ser españoles y ciudadanos de Cataluña, de cómo el actual gobierno socio-comunista está enfocando la política respecto a esta región, de su completo sometimientos a cada una de las reclamaciones que se le hacen desde la Generalitat, tanto en cuanto a recibir más apoyos económicos, como a someterse a otras peticiones de orden político a través de las cuales han venido consiguiendo los indultos de los condenados por la rebelión del 1 de octubre del 2017 o de cómo van acercando la mayoría de los condenados de la ETA a la provincia vasca, sin tener en cuenta lo que estas cesiones significan para los familiares de las víctimas de la banda armada que, ahora, a través de Bildu, parece que se está intentando blanquearla con homenajes, fiestas y felicitaciones a los etarras que están saliendo de las cárceles.

Por cierto ¿qué es lo que ha pasado para que continúen celebrándose homenajes a los etarras que regresan a sus casas, por haber cumplido su condena, cuando la banda había declarado que renunciaban a ello?

El empeño en tener un protagonismo mayor en la política española, ha llevado a estos personajes a comparase con Escocia o con el Canadá; ésta última que, a través de un tratado aceptado por la reina Victoria,se transformó en una federación con autogobierno independiente en 1867 y que sigue formando parte de la Common Wealth y, por tanto, ligado a la monarquía inglesa ( nada que ver con una Cataluña que no ha pasado de ser un condado del reino de Aragón); y por lo que hace referencia a Escocia no debemos olvidar que, esta parte de la Gran Bretaña, tuvo su monarquía propia, la de los Estuardos, que estuvo gobernando Escocia desde 1371 hasta 1603, algo que no ha sucedido en Cataluña en ningún momento de su historia. Sin embargo, en España, tenemos que tragarnos que los catalanes pretendan tener independencia energética “si quiere ser dueña de su futuro”, como dice un articulista en el panfleto catalán La Vanguardia. No acaban de entender, estos iluminados, que ninguna nación segregada de alguna de las que pertenecen a la UE, tendrá la posibilidad de ser dueña de su destino en cuanto a lo que serían sus relaciones económicas con el resto de naciones; lo que la situaría en clara desventaja para sus exportaciones e importaciones.

Pero los políticos separatistas, que lo saben, se guardan de decirles este “pequeño detalle” a sus seguidores, algo que, si se hubiera aclarado, seguramente hubiera enfriado los ánimos de muchos catalanes simpatizantes, especialmente comerciantes autónomos, que siguen creyendo que una Cataluña independiente formaría, inmediatamente, parte de la CE. Ahora, ante el desánimo generalizado que existe entre aquellos que ya daban por segura la “liberación” de su tierra de España, no les queda otro remedio que recurrir al catalán para justificar su batalla en contra de la lengua española, el castellano. Ni uno ni otro idioma tienen la culpa de que unos cretinos se empeñen en que existe una guerra entre ambos idiomas. Ni el catalán está amenazado, ni el castellano puede erradicarse de Cataluña en la que, al menos, la mitad de sus habitantes continúan hablando en el idioma del Estado. Los mismo que siguen siendo contrarios al intento separatista de quienes se consideran los representantes de todos los catalanes.

O así es como, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos la impresión de que, si Cataluña, hablamos de la que defienden los soberanistas, no rectifica, se centra en su recuperación económica, se deja de luchas ficticias entre lenguas y se pone a trabajar en serio para recuperar sus buenas relaciones con el resto de la nación española; puede ocurrir que, este empeño en satanizar al resto de España, acabe siendo el verdadero dogal capaz de convertir a Cataluña en la Cenicienta de la nación española.

Un pensamiento que se nos traslada desde el pasado nuestro tiempo. Se lo debemos al cardenal Richelieu y dice así: “En cuestiones de estado, quien tiene la fuerza frecuentemente tiene la razón, y aquel que es débil difícilmente puede evitar estar equivocado, a juicio de la mayor parte de la gente”.

La ceguera de la división lingüística
Jesús Rul. vozpopuli.es 5 Enero 2022

No es la lengua, es la persona

La construcción de identidades personales y sociales por motivos de lengua además de ser errónea no sirve a los intereses generales de los españoles. Todo lo contrario, avanzar por esta vía lleva a crear divisiones artificiales y conflictos que distraen de lo fundamental: la unidad y el desarrollo competitivo en un mundo cambiante. El declive actual de España es notorio en la estructura de poder de la UE y en la influencia internacional. Vamos bajando, ocupados en divisiones internas que sirven a intereses de élites políticas y económicas.

La lengua por si sola no es motivo objetivo de diferenciación sociopolítica, como acreditan la mayoría de las naciones donde conviven ciudadanos con lenguas habituales distintas, compartiendo una lengua oficial común, especialmente protegida por su valor funcional, sociopolítico y cultural: Francia, Italia, Alemania, Rusia, EE. UU, Japón…La unicidad étnico-lingüística es inconsistente como factor determinante de la identidad cultural. En las sociedades abiertas es característico el multifacetismo y fluidez de las identidades lingüísticas. En espacios donde conviven diversas lenguas, como indica S. Burgen (2000) en Las lenguas de Cataluña, los ciudadanos tienen un enfoque fluido del lenguaje no ligado a la identidad; eligen distintos idiomas para expresar ideas y estados de ánimo diferentes. Actualmente las lenguas se comprenden como recursos de comunicación y aprendizaje, adaptadas al contexto vital, laboral y emocional de las personas, pero están lejos de definir un perfil identitario esencial excepto por la utilización ideológica de los nacionalismos.

Primero empezaron los nacionalistas antiespañoles, vascos, catalanes… a construir sus “naciones” erigiendo diferencias exclusivas y excluyentes generadoras de divisiones sociales: “Lengua catalana/vasca” contra “lengua española”; “nación catalana/vasca” contra “nación española”; “voto a partidos nacionalistas” contra “partidos españolistas” …Impusieron el catalán y el vascuence como lenguas identitarias beligerantes contra todo lo español. Utilizaron las instituciones autonómicas como plataformas de secesión; los medios de comunicación, como voceros de demolición de España, de sus instituciones, historia y símbolos; la escuela como semillero nacionalista con adoctrinamiento y proselitismo. Y en esta ceguera del conocimiento seguimos.

Los españoles observaron, década tras década desde la Transición hasta el presente, que los líderes nacionalistas vascos y catalanes iban consolidando sus imposiciones con menoscabo del orden constitucional, entre la indiferencia de muchos, la preocupación de otros, y la lucha por la unidad de la Nación de pocos. La brecha de la división se fue ampliando. Los gobiernos nacionales del PSOE y PP siempre cedían ante la ambición de poder sin límite de los nacionalistas: más competencias estatales y mucho más dinero que al resto de españoles, usados siempre en contra de los intereses generales de España. En todo este tiempo tuvimos que soportar la guerra sangrienta de ETA, aprovechada por los nacionalistas vascos para ampliar su poder (recordemos a Arzalluz: unos sacuden el árbol y otros recogen las nueces). En todo, este tiempo tuvimos que suportar la corrupción institucional de los nacionalistas catalanes, desde el caso Banca Catalana (Pujol), cerrado en falso con prevaricación del Estado, hasta los casos de corrupción económica y política, muchos de ellos condenados y otros en proceso. Los supremacistas catalanes, seguros de si mismos ante la inanidad del Estado, armaron entre 2009 y 2017 un proceso insurreccional, levemente frustrado, que todavía continua, masajeado por el gobierno Sánchez. Y los nacionalistas vascos, atentos a la jugada del despiece de España para sacar tajada soberanista.

Al inicio de la tercera década del siglo XXI, España está otra vez en la encrucijada como tantas veces en los dos últimos siglos con graves efectos para la convivencia, el desarrollo y la paz social. La Constitución ha sido desnaturalizada por la imposición progresiva de la voluntad de poder y su capacidad de erosión de los rasgos de unidad del orden constituido. Los factores de fractura consolidados y en proceso de degradación son de índole sociopolítico, económico, cultural y lingüístico. Aquí, nos centramos en estos últimos.

En la España actual, el proceso de división cantonal se afianza con el relato del plurinacionalismo, impulsado por el Gobierno social comunista que precisa de los votos de los separatistas para continuar en el poder. El relato plurinacionalista es contradictorio con una Nación de larga trayectoria histórica como es España. La unidad de la Nación, consolidada en la Edad Moderna después de la larga lucha de la Reconquista durante la Edad Media, es una constante de todo el constitucionalismo español desde el siglo XIX. Pero, aun así, el cantonalismo se prodiga por intereses políticos, lo estamos viendo con la gestión pública de la pandemia, en la regresión medieval de las conferencias de presidentes autonómicos a bombo y trapo de banderas, en la vacuidad de sus contenidos, en las cesiones de privilegio a los nacionalistas.

Este estado de cosas, anima a vivales por doquier a inventar cantones, identidades y lenguas para tener también privilegios: hay granadinos que quieren ir a la suya, también leoneses. Algunos asturianos quieren tener lengua propia oficial, también aragoneses… Por su parte los nacionalistas catalanes están a la conquista identitaria y lingüística de Valencia y Baleares para construir los Países Catalanes, y los nacionalistas vascos siguen su penetración en Navarra, empezando por la colonización de la zona vascófona, y avanzando para construir la Euskal Herria soberana.

Todo esto no está en la Constitución, tampoco responde a la Historia de España ni crea valor objetivo. Es un error grave, preludio de frustraciones y conflictos que lastran las mejores energías.

Todas las naciones albergan en su interior diferencias en su población. El problema sucede cuando élites de poder logran construir movimientos sociales, basados en diferencias culturales esgrimidas como esenciales, en contra del poder integrador del orden plural democrático, espacio cívico de derechos y obligaciones, de seguridad y libertad.

Las naciones perduran y progresan cuando se mantienen fuertes los factores objetivos de unión sin los cuales no hay vida social, como son la lengua común, las instituciones sociopolíticas y culturales de la Nación soberana, los relatos históricos, las tradiciones, los usos y las costumbres. Todo ello está presente en la vida individual y en las interacciones sociales. Es lo que significa sentirse español, francés, japonés…Su transmisión cultural a través de la familia y la educación dota al individuo de los contenidos objetivos de la cultura sobre los que cada persona construye su subjetividad cultural. La interacción entre persona y sociedad genera un peculiar sentido de pertenencia e identidad personal, de memoria compartida, de valores y sentimientos comunes. Es en contra de estos factores de unión donde operan los nacionalismos antiespañoles con tesón de termitas para horadar y destruir la malla compleja de significados y valores de los españoles con el fin de crear identidades enfrentadas.

Los nacionalistas catalanes y vascos han emprendido una guerra en contra de la lengua común de los españoles, eliminada de los espacios que controlan e imponen la que consideran exclusiva. Desde principios del siglo XX han creado el catalán y el vascuence como lenguas estándar: el catalán, a partir del habla de Barcelona por Pompeu Fabra en los años 30 del siglo XX; el vascuence, creado por la Academia vasca en los años 60 del siglo XX, popurrí de hablas de los valles vascongados. En ambos casos, apostaron por blindar unas lenguas uniformadas, excluyendo arcaísmos y variedades dialectales, para enfrentarse a la lengua común española.

Veamos sucintamente la evolución histórico-lingüística de España. Desde la Edad Media las gentes hispanas hablaban distintos dialectos románicos derivados del latín, pero todos se entendían, excepto los vascos. A lo largo del Camino de Santiago se instalaron gentes de otros lugares de Europa. La repoblación de ciudades conquistadas a Al-Andalus por los ejércitos reales de León, Castilla y Aragón se hizo con gentes de distintas procedencias que se comunicaban con un dialecto simplificado, más sencillo que el navarroaragonés, el castellano o el leonés, se fue expandiendo desde la meseta norte como lengua vehicular en convivencia con las otras lenguas, adoptada también por los judíos desde Extremadura hasta Tarragona. Esa lengua es el español de la que surge el castellano y no al revés (A. López,2006, El rumor de los desarraigados). Es la lengua de los Glosas Emilianenses (s. XI) y del Cantar del Mío Cid o de los textos de Berceo (s. XIII). El rey de Castilla, Alfonso X, impulsó su fijación léxica y le dio el nombre de su reino: castellano. Como expone Mª T. Echenique (2019), en “El legado de la diversidad hispánica: devenir de una forja común”, desde el principio “se iban introduciendo en la lengua occitanismos, catalanismos, lusismos, voces asturleonesas o aragonesas, porque el castellano se enriqueció a partir del contacto con las otras lenguas, al tiempo que dejaba en ellas su propia huella”.

Desde la Edad Moderna se consolidó como lengua común o franca con la unión de los reinos medievales. La lengua española devino lengua de intercambio entre hablantes de lenguas diferentes porque todos eran y son capaces de hablarla y entenderla. En el siglo XV, la lengua española formaba parte de la cultura catalana. Hacia 1550 la producción en castellano de las imprentas barcelonesas alcanzaba 2/3 partes de la oferta. Esta tendencia es recogida en las Memorias de Félix Torres Amat, 1836, citado por Vila-Sanjuán (2018), en Otra Cataluña. Seis siglos de cultura catalana en castellano registra 670 autores que escriben en castellano, unos 400 en latín, casi 30 en catalán y unos 200 con formas diversas de bilingüismo y trilingüismo.

El perfil sociolingüístico de España, por historia y condición jurídica es una nación plurilingüe con una lengua románica común, el español o castellano, transmitida entre generaciones a través del tiempo y, fundamentalmente, las lenguas románicas gallego, catalán-valenciano y aranés, y la lengua vasca. Además, tenemos una gran variedad de términos, acentos y modismos dialectales desde Asturias a Canarias, propios del lenguaje popular mantenidos en los usos vernáculos. Algunas élites locales y regionales, émulos de los nacionalistas vascos y catalanes, pretenden unificar estos lenguajes populares en lenguas académicas, como la fabla asturiana, con que crear otro mito identitario. Postulan: L’asturianu, llingua oficial yá!

El cantonalismo político, lingüístico y cultural que se va imponiendo en España es regresivo; es ceguera autodestructiva; es volver al fraccionamiento medieval en contradicción con nuestra historia desde la Edad Moderna. La lengua española fue el vinculo cultural y civilizatorio del Imperio español y de la primera globalización protagonizada por España entre los siglos XV y XVIII. Lengua hablada por más de 500 millones de personas en todo el mundo. En la costa occidental del Pacífico, mar hegemónico del siglo XXI, se habla español desde California hasta la Patagonia.

La lengua común es un tesoro de unión y desarrollo, pues las naciones soberanas sin lengua común, como Suiza, Bélgica o India, tienen que adoptar lenguas de otros países como vehículo común de la población.

En la Francia medieval había gran variedad de lenguas de dos grandes grupos lingüísticos: la langue d’oc (provenzal al sur e Francia) y la langue d’oil (norte de Francia). La Revolución francesa, a finales del s. XVIII, eligió la del norte y la llamó francés como lengua de la Nación moderna: “una nación, una lengua y un Estado”. La unificación de Italia, en el siglo XIX, adoptó la lengua toscana que devino lengua italiana como idioma común de la Nación.

La lengua común española se transmite entre generaciones a través de las familias y en la comunicación social como lengua popular. Corresponde al Estado su enseñanza sistemática, a través del sistema educativo como lengua estándar y culta para que todos los ciudadanos la dominen en las tres dimensiones lingüísticas: comunicativa, gramatical y discursiva.

Las Cortes Generales han eludido su responsabilidad, durante más de 40 años, sin regular los derechos y obligaciones lingüísticas y culturales de los españoles. La gestión del español ha sido dejada irresponsablemente al arbitrio de los separatistas que lo han marginado, vulnerando bienes jurídicos constitucionales con menoscabo de derechos personales, porque “todos tienen el deber de conocer el español y el derecho a usarlo” (art. 3.1. CE).

El Estado es responsable de ordenar el Modelo Lingüístico de España (MLE) con el español como lengua preferente en toda la Nación en los usos de todas las instituciones autonómicas y locales, en la educación, comunicación, economía y comercio.

Nueva sentencia a favor de un 25% de español en el sistema educativo catalán
El TSJC anula el octavo proyecto lingüístico de un centro público por excluir del programa la enseñanza en español.
Pablo Planas (Barcelona). Libertad Digital 5 Enero 2022

Ya son ocho los planes lingüísticos anulados por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) en poco más de doce meses. El último, el correspondiente al Instituto Ramón Barbat de la población tarraconense de Vila-seca. El plan de estudios de este centro contemplaba la enseñanza en catalán, en inglés y hasta en alemán, pero no en español. Como en los casos precedentes, la denuncia de una familia vehiculada a través de la Asamblea por una Escuela Bilingüe (AEB), entidad dirigida por Ana Losada, ha dado al traste con la marginación del castellano en el referido instituto.

Como en anteriores fallos, la Sala de lo Contencioso-Administrativo del TSJC avala el derecho del alumno "junto con sus condiscípulos, en el colegio y curso en el que sigue sus estudios, a una enseñanza que incluya el castellano como lengua vehicular, en proporción razonable, que en defecto de su concreción por la administración demandada se fija en un 25% de las horas lectivas, para lo que deberá efectuarse la adecuación del proyecto lingüístico".

La resolución judicial destaca que en el proyecto lingüístico elaborado por el instituto "el catalán es la lengua de uso habitual, y aunque se contempla la lengua inglesa y alemana, no existe previsión de utilización del castellano". El texto resalta que la autonomía de los centros reconocida por la ley catalana de educación no impide que la Generalidad adecúe el proyecto educativo "para que refleje el uso vehicular de ambas lenguas oficiales en los términos establecidos en la sentencia".

La decisión ha trascendido el mismo día en el que la Generalidad ha anunciado una ofensiva contra quienes reclamen el 25% de las clases en español. Según explicó la portavoz del Govern, Patrícia Plaja, el ejecutivo autonómico ha aprobado un acuerdo sobre la "defensa del catalán" por el que se "protegerá con todos los medios a las personas que ejercen en los centros educativos, al personal docente ante cualquier ataque ilegítimo que puedan sufrir". También dijo que "se continuarán exigiendo responsabilidades por la vía que corresponda, sea la política, la penal o la administrativa, a todas aquellas personas o entidades que ataquen a colectivos o a personas individuales por el simple hecho de defender y promover el uso del catalán o por el ejercicio de sus funciones".

Comunicado de Por una escuela de todos
En relación a estas amenazas, la plataforma Por una escuela de todos, integrada por entidades a favor del bilingüismo, ha emitido una nota en la que denuncia la politización de los claustros y los consejos escolares: "Según el comunicado de prensa del Gobierno de la Generalidad de Cataluña, en su sesión de 4 de enero de 2021 ha aprobado un acuerdo destinado a la defensa del catalán, de la escuela catalana, de toda la comunidad educativa y de la cohesión social de Cataluña. Según la nota informativa, plagada de palabrería y de apelaciones épicas, el Gobierno catalán traslada la responsabilidad del incumplimiento de las normas y de las resoluciones judiciales a los empleados públicos a los que el Gobierno pretende garantizarles su seguridad jurídica con la apelación al principio de indemnidad. Al mismo tiempo, aprovecha el comunicado para advertir de que exigirá responsabilidades de todo tipo (políticas, penales....) a las personas o entidades que ellos consideren que atacan a otras personas o colectivos por la defensa y el uso del catalán".

La plataforma Por una escuela de todos considera además que "es desolador que el Gobierno catalán trate de amparar a los desobedientes y vierta amenazas de represalias sobre los que denuncien las irregularidades. Dicho lo anterior, no nos arredramos y por ello consideramos conveniente advertir sobre las graves disfunciones democráticas que se aprecian en el funcionamiento del propio Gobierno de la Generalidad y en el caso que ahora nos ocupa, de los órganos colegiados de algunos centros educativos catalanes".

Por una escuela de todos denuncia también que "en las últimas semanas, varios claustros y consejos escolares de centros educativos de Cataluña han adoptado mociones críticas con la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña de 16 de diciembre de 2020 que establece la necesidad de que todos los alumnos catalanes reciban un mínimo de un 25% de la enseñanza en castellano. En algunas de esas mociones se acuerda de manera expresa desobedecer la mencionada sentencia y mantener los proyectos lingüísticos de centro que excluyen el español como lengua de aprendizaje. El debate y aprobación de estos manifiestos en los claustros y consejos escolares no solamente es ilegal, sino que supone la quiebra de principios democráticos básicos y supone la instrumentalización de la administración pública, una inadmisible presión sobre los profesionales de la enseñanza y la utilización política de los menores".

La ineficacia judicial
Nota del Editor 5 Enero 2022 5 Enero 2022

La injusticia española está empeñada en que sigamos trabajando como hormigas: los nazionalistas arrasan el hotmiguero (conculcación de los derechos humanos y constitucionales de los español hablantes) y pretenden que volvamos a reconstruirlo granito a granito (una demanda por aquí, una sentencia por allí). Que cada persona saque sus conclusiones (la cola de peticion de nacionalidad en el maravilloso país (imaginario) donde reina la democracia, ya no admite entradas).

Amenaza velada del gobierno catalán a quienes pidan clases en español
La Generalidad ofrece a los profesores asistencia jurídica para incumplir las sentencias sobre el 25% de español.
Pablo Planas (Barcelona). Libertad Digital 5 Enero 2022

La portavoz del Govern catalán, Patrícia Plaja, ha anunciado este martes que el ejecutivo autonómico ha aprobado un acuerdo sobre la "defensa del catalán" por el que se "protegerá con todos los medios a las personas que ejercen en los centros educativos, al personal docente ante cualquier ataque ilegítimo que puedan sufrir". "Se debe saber -insistió Plaja- que la administración de la Generalidad pondrá los servicios de asesoramiento, de representación y de defensa jurídica siempre a su servicio, como ya se está haciendo".

A continuación, apuntó que "se continuarán exigiendo responsabilidades por la vía que corresponda, sea la política, la penal o la administrativa, a todas aquellas personas o entidades que ataquen a colectivos o a personas individuales por el simple hecho de defender y promover el uso del catalán o por el ejercicio de sus funciones". Es decir, que la administración autonómica no sólo no defenderá los derechos de las familias que pidan clases en español para sus hijos sino que pleiteará contra quienes exijan el cumplimiento de las sentencias lingüísticas que indican que al menos el 25% del horario lectivo en los centros públicos de enseñanza debe ser en español.

El gobierno regional de Cataluña parte de la premisa de que la denominada "escuela catalana" es un "modelo de éxito" que garantiza el conocimiento oral y escrito tanto del catalán como del español y alega el supuesto consenso político y social al respecto. Es más, la portavoz del Govern asegura que tal consenso es "clamoroso en la calle, en la sociedad catalana, que crece y se hace grande en sentido literal y figurado bajo el paraguas de este modelo de escuela catalana del que tan orgullosos estamos".

Supuestos ataques judiciales
Plaja también señaló que tal modelo ha sido "clave" para la cohesión social y ha denunciado que "diversas actuaciones políticas y judiciales han puesto en cuestión nuestro modelo". "Hay quien intenta destruirlo, pero no lo conseguirán", abundó. Según esta portavoz, el sistema de inmersión lingüística "tiene el aval de los expertos y también de Europa, pero debido a estos ataques la lengua catalana está lejos de estar plenamente normalizada". Así, citó que sólo el 7% de las sentencias se emiten en catalán o que hay instituciones del Estado a las que los ciudadanos de Cataluña, según dijo, no pueden dirigirse en catalán. De ahí, insistió, la necesidad de "seguir impulsando y promoviendo actuaciones para garantizar tanto su protección como el uso social del catalán".


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