AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 12  Enero  2022

Un Gobierno desquiciado
Nunca la coalición entre el PSOE y Podemos había estado tan deteriorada. Enfrentarse al sector cárnico les ha hecho entrar en pánico por los pésimos sondeos en Castilla y León
Editorial ABC 12 Enero 2022

Muy mal deben irle al PSOE los sondeos internos para verse forzado, de la manera inédita en que lo hizo ayer, a chamuscar a un ministro como Luis Planas, titular de Agricultura, para contrarrestar el daño que están haciendo Alberto Garzón y Unidas Podemos al sector cárnico en plena precampaña de las elecciones en Castilla y León. La crisis interna en el Gobierno no es una más a la que los dos partidos de la coalición nos tienen acostumbrados desde el primer día. No es esta otra pugna típica de este Gobierno de contrapesos maltrechos y celos mutuos, y ya ni siquiera tratan de ocultar sus diferencias, como hacían en el pasado cuando Pablo Iglesias era vicepresidente. La única explicación plausible es que ambos partidos han entrado en pánico electoral porque a falta de apenas dos semanas para que comience la campaña no tiene lógica que la eterna batalla latente de egos y desautorizaciones haya saltado por los aires de modo tan explícito.

Planas ofreció ayer casi una decena de declaraciones a distintos medios de comunicación arremetiendo contra Alberto Garzón. Fue apabullante, sobreactuado incluso. Jamás había ocurrido antes con ningún ministro, del mismo modo que nunca había ocurrido hasta ahora que los dirigentes de Podemos, incluido Iglesias, saliesen en tromba directamente contra Pedro Sánchez. Se habían producido escaramuzas entre Yolanda Díaz y José Luis Escrivá o Nadia Calviño; entre Ione Belarra y Margarita Robles; entre Irene Montero y Carmen Calvo…, pero nunca el objetivo directo fue el presidente del Gobierno. La tensión, arrastrada por unos pésimos sondeos para los dos partidos, ha llegado incluso al punto de que el propio Iglesias haya embestido contra Sánchez acusándole de difundir «bulos» sobre Garzón.

Sin embargo, sería ingenuo sostener que la coalición está en peligro. Es verdad que muchos ministros no se soportan entre sí y que la convivencia en el seno del Consejo de Ministros es manifiestamente mejorable. Cuando Planas fue preguntado ayer sobre si Garzón debía dimitir, respondió de modo elocuente con un simple «sin comentarios». Podemos está causando un daño irreparable al prestigio de España y a la reputación de muchos sectores empresariales por puro adoctrinamiento ideológico. Pero es Sánchez quien lo consiente porque, por encima de campañas coyunturales, al PSOE lo único que le interesa es agotar la legislatura forzando lo que sea. Y a Podemos, exactamente lo mismo: le resulta más motivador aferrarse a los ministerios que cualquier hábito de consumo o que el bienestar de los ciudadanos. Por eso la coalición goza de una pésima salud de hierro. Hoy, el PSOE sin Podemos, como Podemos sin el PSOE, solo pueden ser sinónimo de convocatoria de elecciones generales, y eso no está en sus agendas.

Garzón mintió porque ni España exporta carne en mal estado, ni la acusación de maltrato animal en nuestras industrias cárnicas puede sostenerse alegremente ante la prensa. Si Garzón tiene una mínima prueba, debe acudir a la Fiscalía porque es evidente que a Planas, precisamente el ministro encargado de la alimentación, no parece tener nada que decirle. El auténtico trabajo en equipo de este gabinete consiste en pisarse unos a otros poniendo en riesgo la credibilidad de nuestro país. De Garzón y la inanidad de su Ministerio ya se ha dicho suficiente. También de sus tóxicos prejuicios, por ejemplo, hacia las macrogranjas, que lógicamente tienen sus pros y sus contras. Pero no hay nada más absurdo que arremeter contra una parte sustancial del electorado a un mes de que se abran las urnas, y eso revela un progresivo desquiciamiento del PSOE y de Podemos.

Estampida de inversores: nadie se cree las cuentas ‘fake’ de Sánchez
Editorial. OKDIARIO 12 Enero 2022

El Gobierno socialcomunista ha tratado desesperadamente de vender un crecimiento económico que no se correspondía con la realidad y que estaba lejos, lejísimo, de las previsiones de todos los organismos nacionales e internacionales. El Ejecutivo venía defendiendo que las estimaciones de un crecimiento del 6,5% para 2021 se cumplirían, pese a que nadie, dentro y fuera de España, avalaba la previsión de Pedro Sánchez. Al final, la ministra de Economía, Nadia Calviño, ha tenido que reconocer la verdad y rendirse a la evidencia: el Departamento que dirige Calviño considera que el PIB mantiene un ritmo de crecimiento del 4,9%, en línea con las estimaciones de numerosas instituciones nacionales e internacionales, que insistían en que las previsiones para la economía del Gobierno socialista no eran realistas y estaban desfasadas. En definitiva, que eran puro humo.

La diferencia de casi dos puntos porcentuales con respecto a la previsión oficial del Gobierno -que situaba el crecimiento del PIB en el 6,5% en 2021- nos coloca en el pelotón de cola de la UE. Y eso que España fue la nación que sufrió un mayor desplome de su economía a causa de la pandemia, razón para haber rebotado con mayor fuerza. Pues no. Con el último trimestre del año marcado por los estragos de Ómicron es sencillamente imposible que la economía española haya crecido lo que presumía el Gobierno de Pedro Sánchez.

En estas circunstancias, los inversores internacionales desconfían de España (mejor dicho, de su Gobierno) y, según los últimos datos publicados por el Tesoro, han reducido su peso en la deuda española hasta el 43,5% del total, porcentaje no registrado desde 2014. En febrero de 2020, antes de la pandemia, los inversores internacionales tenían en sus manos algo más del 50% de la deuda española. En la misma situación se encuentran los bancos españoles, que han bajado su peso en el conjunto de los tenedores de deuda nacional hasta mínimos. Parece evidente que no se han tragado las previsiones fake de Sánchez. Y es que entre la propaganda y la realidad hay un trecho tan largo que confiar en la palabra de este Gobierno es un ejercicio de alto riesgo.

No más dosis de refuerzo del miedo
EDITORIAL. https://gaceta.es 12 Enero 2022

La confianza que a estas alturas de la expansión del virus chino por el mundo pueden tener las personas normales en la Organización Mundial de la Salud es mínima. Por motivos obvios y, por desgracia, jamás investigados. Pero hagamos un último intento de confiar en algo de lo que diga la OMS y consideremos que la cifra de contagiados con la variante ómicron prevista para los las próximas ocho semanas en toda Europa sea de verdad la de la mitad de la población.

Si esto fuera verdad —e insistimos en que debemos ser cautos a la hora de creer nada de lo que diga una organización como la OMS que ha demostrado en el pasado una extraordinaria incompetencia, además de una inclinación permanente por la mentira y una sumisión inaceptable ante China—, estaríamos a las puertas del colapso de los sistemas de atención primaria en Europa y, de nuevo, con las bajas laborales masivas, ante un nuevo golpe a la maltrecha economía de la mayoría de los países de la OCDE de la que España es cola de ratón.

Y lo será, esto sí que nadie lo dude, no por culpa de una variante del virus como ómicron que provoca en la inmensa mayoría de los infectados, vacunados o no, unos efectos parecidos a los de una gripe suave. La culpa de ese colapso será el fruto de la política insensata de tantos gobiernos—con la participación necesaria e interesada de sus televisiones— de provocar miedo en la población para justificar su inutilidad, sus mentiras y sus restricciones políticas. Un miedo que ha infectado. también sin duda, a muchas más personas que las que han enfermado de covid-19.

Ante la incidencia de esta benigna variante ómicron y su expansión masiva, los gobiernos que han acobardado a la población apenas tienen tiempo para cambiar de estrategia y comenzar a tratar al covid actual por sus efectos reales, por los que nos dicen los médicos y no los que nos venden los partidos del Gobierno, sus falsos comités de expertos y sus periodistas.

El momento de recuperar la normalidad es hoy, y eso si es que todavía estamos a tiempo de que nos sacudamos todo el miedo que nos han inoculado en innumerables dosis de refuerzo. Lo peor es que conociendo como ya conocemos a la mayoría de los gobiernos europeos —Francia, Alemania y España como el eje del pánico—, no sabemos si sus gobernantes serán capaces de reconocer que ellos, atemorizando a sus gobernados y tratando a los críticos como bebelejías, han causado tanto daño como el virus.

Gobierno fracturado contra el bien común
Dos ejecutivos en uno, células autónomas con liderazgos propios, ya son y lo serán más un serio problema para el país
Editorial La Razón 12 Enero 2022

Pedro Sánchez hizo de su necesidad virtud cuando se encontró con uno de los peores resultados electorales de la historia del PSOE en noviembre de 2019. En 24 horas apostó por un gobierno de circunstancias y conveniencia con aquellos con los que poco antes cualquier colaboración le arrebataba el sueño. Dos años después, el enésimo encontronazo con su socio Unidas Podemos amenaza con quebrar la resistencia de la alianza. El desgaste de los materiales políticos, pero sobre todo de los factores humanos, ha elevado la crisis entre los socios, que ha podido sobrepasar el límite del no retorno.

Hay una fricción manifiesta que ya es imposible de edulcorar, con incontrolados voceros que no mantienen las formas ni siquiera con el presidente del Gobierno, el exvicepresidente Pablo Iglesias entre ellos. El valor absoluto que socialistas y comunistas otorgan a preservar el poder como sea y a costa de lo que sea es aún la argamasa poderosa que salva el colapso, pero el interés general de la nación se desenvuelve en claves y derivadas nítidamente distantes a las ínfulas institucionales de los concernidos. El programa ideologizado y radical de la coalición ya ha supuesto una involución perniciosa para la vida nacional y la prosperidad de los españoles, pero las carencias e incompetencias exhibidas en la gobernanza han multiplicado el alcance de los daños colaterales de una gestión parva. El ataque abrupto del ministro de Consumo al sector cárnico español en un medio extranjero, respondido por el titular de Agricultura, Luis Planas, que oficializó la posición de la bancada socialista del Ejecutivo, en confrontación con la de Unidas Podemos, que cerró filas con el dirigente comunista y blindó su continuidad hasta el final de la legislatura, ha derivado en una exhibición obscena de hasta qué punto la coalición no tiene pudor ni rubor en ensuciarse las manos ni lavar los trapos sucios fuera de casa común como si la opinión de los ciudadanos importara poco o nada.

Hay desafíos extraordinarios de presente y de futuro para el país. Millones de españoles sufren los estragos de una pandemia cruel y las secuelas de una crisis económica lacerante. Las incertidumbres nos rodean con la pavorosa impresión de que estamos dirigidos por un equipo que ha probado de forma contumaz no estar a la altura. Comunistas y socialistas han logrado por méritos, o deméritos, mejor dicho, que la primera experiencia de un gabinete de coalición en el gobierno del Reino se haya convertido en un referente para olvidar y no repetir. A los españoles nos ha correspondido en este instante de nuestra peripecia una amarga experiencia de la que debemos aprender sobre el efecto de contar con políticos comprometidos con su supervivencia y el medrar. Dos gobiernos en uno, células autónomas con liderazgos propios, ya son y lo serán más un serio problema para el país. Parafraseando a Pedro Sánchez, nos dirige un Ejecutivo que cuenta con muchas voces y poca palabra.

García-Gallardo y la inquisición roja
Diego Vigil de Quiñones. okdiario 12 Enero 2022

Desde que el pasado sábado por la mañana se hizo público el candidato de Vox a las Cortes de Castilla y León, no ha parado el revuelo mediático contra su persona. Por la red corren colecciones de pantallazos de sus tuits más controvertidos (varios de ellos de hace más de diez años, cuando era estudiante) buscando el escándalo y alcanzando (cómo no) el ansiado trending topic en algunos momentos de los últimos días. Mientras OKDIARIO se limitó a dar la noticia del nombramiento del candidato, otros periódicos que van de puristas se lanzaron a la controversia de los tuits. Incluso la “homilía” dominical de algún predicador pedía que el PP anunciara que no pactará nunca con Vox, pues al predicador no le gustan los tuits del nuevo candidato y considera que la mejor manera de asentar nuestra democracia es el cinturón sanitario. Hasta aquí los hechos.

El tema tiene muchos matices que comentar. En cuanto a las posibles ofensas en sus tuits pasados, quitarlos y negarse homófobo ni machista debieran ser suficientes para que se tuviera con el candidato, como mínimo, la misma indulgencia que se tuvo con Rita Maestre cuando se quiso desmarcar de sus andanzas juveniles asaltando la capilla de su Universidad, o la ex ministra de Justicia cuando llamó “maricón” al ministro del Interior.

Pero más allá de sus excesos borrados está la cuestión de si el candidato tiene o no derecho a expresarse libremente. Pues, siendo cierto que en su haber hay críticas contundentes, la mayoría de ellas son opiniones perfectamente sostenibles. Hacer afirmaciones irónicas sobre el debate de género, cuestionar el modo en que hacen carrera los políticos (la generación Casado del PP no resiste comparación con el curriculum de García- Gallardo) o decir que sin el golpe militar del 18 de julio del 36 España sería “una república soviética” (verdad que comparte cualquier comunista, y por eso están en contra), podrá gustar más o menos, pero son posiciones que no justifican la censura. Y menos en un país acostumbrado a que líderes de la extrema izquierda justifiquen “empalar”, usar la violencia o emplear la guillotina (ver imagen).

Guerra de tuits
Y es que la polémica salta precisamente por la anormalidad democrática de que en España la derecha se considere menos legítima que la izquierda. Una anormalidad que ha dado lugar a que una parte del electorado diga basta ya, y por eso existe Vox. Aislarlo podría ser discutible en la cultura política post-franquista de los setenta y ochenta, pero hoy no tiene sentido. Y hacerlo, lejos de reforzar nuestra democracia, la debilitará. Y lejos de debilitar a Vox, lo reforzará. Pues una parte de la población está harta de vivir en un país donde solo pueden decir barbaridades socialistas y comunistas. Si a esa parte le pones un candidato joven y atrevido, sus posibilidades de éxito son directamente proporcionales al hartazgo de cuarenta años de complejo post franquista.

Las elecciones de Castilla y León van a ser muy interesantes. Si las de Madrid fueron las de las tabernas, estas serán las de la carne y las de la libertad de expresión de la mitad derecha de la sociedad. La irrupción (como se dice ahora) de don Juan puede hacer de estas las elecciones más divertidas en la historia de la comunidad autónoma. No dejemos que la inquisición roja nos clausure la fiesta de la pluralidad y la democracia.

******************* Sección "bilingüe" ***********************
La llama del conflicto catalán

Vicente Vallés. larazon 12 Enero 2022

Siempre se puede encontrar un buen motivo para aplazar aquel problema que no se sabe cómo resolver. Y los creadores de la famosa mesa de diálogo –o de negociación, para ser más precisos– sobre Cataluña no saben cómo resolver el problema provocado por el nacionalismo catalán. Probablemente, porque es irresoluble.

Cuando empezó la legislatura, en enero de 2020, Esquerra Republicana se sumó a la operación Frankenstein con la promesa, por parte de Pedro Sánchez, de reflotar esa famosa mesa y darle contenido. Cuando los independentistas hablan de contenido, se refieren al derecho de autodeterminación –que es inconstitucional y, como consecuencia, imposible de conceder– y la amnistía –igualmente inconstitucional, e imposible de conceder–. Y cuando Sánchez habla de contenidos, se refiere a propuestas sobre nuevas transferencias e inversiones del Estado en Cataluña. Estamos, por tanto, ante un diálogo de sordos, en el que lo habitual es que una parte pregunte a la otra que dónde va, y la otra parte responda que trae manzanas.

Estaba previsto que esa mesa se volviera a reunir en alguna de las primeras semanas de 2022. En estos días, los protagonistas de la cosa han dicho que la expansión de la sexta ola de la pandemia es un motivo para un posible aplazamiento, y las elecciones en Castilla y León tampoco ayudan. Más que motivos, se trata de excusas, porque, se reúnan o lo aplacen, la realidad vuelve a imponerse: los independentistas solo quieren hablar de independencia y amnistía, y no aceptan que la próxima cita termine sin algún avance en esas reivindicaciones. Y el Gobierno central puede hablar –por hablar, que no quede–, pero no puede hace concesiones sobre esos asuntos. Se supone.

La duda es cuánto margen tendrá este chicle para ser estirado. Hasta ahora, ha dado mucho de sí, y quienes llevan años provocando mareos a la perdiz aspiran a seguir haciéndolo durante más tiempo porque, no habiendo solución al problema de fondo, al menos pretenden mantenerse en sus cargos. De manera que el fuego del conflicto seguirá encendido, con la llama más o menos intensa según les convenga en cada momento. Pero encendida.

En Santa Coloma no querían la inmersión (1)
José García Domínguez. Libertad Digital 12 Enero 2022

Cataluña siempre ha sido la fábrica de España. Lo fue antes de nuestra entrada en el entonces Mercado Común, cuando allí se fabricaban todo tipo de máquinas aptas para la producción o el consumo. Y lo sigue siendo ahora, cuando el grueso de sus factorías más rentables se dedica a la producción de cuentos para su posterior distribución y venta al por mayor. La principal manufactura que ahí se produce y comercializa, pues, es eso que los periodistas más pedantes llaman "relato". Y entre esos cientos de relatos –la mayoría de genuina ciencia ficción–, las leyendas urbanas y suburbanas constituyen una de las especialidades más consolidadas en el mercado.

Así, en Cataluña cada día se fabrica un cuento, chino la mayor parte de las veces. Pero los hay que sobrepasan incluso la capacidad estomacal y digestiva del auditorio más acostumbrado a las trolas siderales. Verbigracia, ese supremo embuste cósmico que ahora mismo repiten, y como loritos, todos los opinadores y escribidores en la cadena de medios de comunicación del Moviment, la mano de obra intelectual estelada del proceso interminable. Hablamos de la ingeniosa trola oficial que atribuye el origen histórico de la inmersión lingüística no al sistemático y muy meditado proyecto de ingeniería social que diseñaron al alimón Jordi Pujol y cierto cura fanático y trabucaire del PSAN, el célebre camarada Arenas (aquel fundamentalista iluminado se apellidaba igual que el jefe del Grapo), sino a la "lucha reivindicativa" de los habitantes de Santa Coloma de Gramanet, ciudad dormitorio el cinturón de Barcelona habitada entonces, al igual que hoy, por una población casi unánimemente castellanohablante.

La inmersión, pues, habría sido una imposición de los ciudadanos catalanes de origen andaluz y lengua castellana que, hartos de tener que arrostrar el estigma ominoso de su despreciable idioma materno también dentro de los muros de los colegios, habrían dado un puñetazo en la mesa para obligar a la Generalitat germinal a que prohibiera de una vez por todas el uso del español en las aulas. Y Pujol, atrapado entre la espada y la pared, no tuvo más remedio que aceptar aquel chantaje lingüístico. No piense el lector que hoy escribo en broma. Exactamente esa es la versión oficial del asunto que circula hoy por la plaza. (Mañana más).


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