AGLI Recortes de Prensa   Martes 18  Enero  2022

Opinión pública y violencia contra VOX
EDITORIAL. https://gaceta.es 18 Enero 2022

VOX, y ahí están todos los informes de los diferentes observatorios españoles, es, hoy, la víctima principal de la violencia política en España. Lo hemos visto en en el pasado reciente en los mítines de VOX en el País Vasco, lo hemos contemplado en Cataluña con especial virulencia y lo han padecido sus líderes en Madrid, por no hablar de los cientos de militantes del partido de Santiago Abascal que a diario, en todos los rincones de España, montan sus mesas informativas callejeras sin garantía alguna de que sus libertades van a ser respetadas.

Pero este hecho, cierto, demostrado y objetivo de que VOX es el agredido y jamás el agresor, no es solo culpa de esa masa informe y anónima conocida como «la extrema izquierda», que a lo más que llega es a brazo ejecutor.

La libertad política, aquí y en cualquier Estado de forma democrática, depende de la opinión pública, que es un terreno vedado a la mayoría y que se encuentra en manos de un pocos cientos, quizá miles, de periodistas, analistas, políticos y, como diría un cursi, influencers. En el caso de VOX, esta opinión pública generada por esos pocos ha mezclado en su pluralidad intereses, pasiones, rencores revividos y hasta necesidades en relación al crecimiento espectacular de VOX, que ha pasado en apenas siete años de tener un cajón y un megáfono, a rozar hoy el empate técnico con el Partido Popular.

VOX es una fuerza con vocación de gobierno nacida para desafiar un sistema de partidos y poderes que desde el comienzo de la última etapa constitucional española no sólo ha desplazado el centro a la izquierda, sino que ha permitido (cuando no alentado) la quiebra de la convivencia entre españoles. Una partidocracia que no ha corregido un modelo autonómico que debe ser rectificado con urgencia por cuanto no asegura ni la unidad de España ni la igualdad entre los españoles, ni mucho menos su prosperidad.

Desde el primer día en el que los de Abascal asomaron la cabeza y anunciaron que venían a reconstruir lo derribado, esa opinión pública mayoritaria miró a VOX y la etiquetó como «ultraderecha» y «fascista» —recuerden: intereses, pasiones, rencores y necesidades—, sin una sola evidencia, ni siquiera el menor indicio de que tal patraña fuera cierta. Se activó entonces una suerte de bula por la cual la democracia autorizaba y recompensaba el acoso a VOX de todas las formas: desde el cordón sanitario hasta la violencia contra los asistentes a sus mítines, pasando por el ninguneo parlamentario y la represión censora de los pocos periodistas que se niegan a comulgar cn el pensamiento único. Si recuerdan «el bulo del culo», tendrán una idea clara de a qué extremos puede llegar esa opinión pública para perjudicar a un partido.

En esta estrategia han participado todos y cada uno de los medios de comunicación que de manera abusiva etiquetan a VOX y a sus votantes como «extrema derecha». Medios, muchos de ellos públicos, que defienden los intereses, las pasiones, los rencores o las necesidades de las formaciones políticas para las que la presencia de VOX pone en peligro sus planes.

Con rarísimas excepciones individuales, estos partidos políticos son… todos los demás. Desde la izquierda y los nacionalistas en bloque, que son los primeros perjudicados por la existencia de VOX, hasta, por desgracia, el Partido Popular todavía líderado por Pablo Casado.

Un caso de estudio, sin duda, es el del agonizante partido Ciudadanos. Cercano ya el momento de la extinción, sus líderes y algunas de sus figuras más conocidas tratan con desesperación de reunir méritos democráticos suficientes para continuar en las mismas poltronas políticas por otros medios. Que C’s naciera para desmontar las prácticas totalitarias del nacionalismo y para superar la división entre rojos y azules, y que ahora use las mismas prácticas y ahonde en esa división, sería de frenopático si los zombis necesitaran visitar al psiquiatra. En cualquier caso, y hasta el último aliento ya cercano, los socioconfusos ciudadanitas siguen formando parte de esa opinión pública que señala el objetivo a los enemigos de la libertad política.

En la madrugada del pasado domingo, dos sedes de VOX en Castilla y León fueron atacadas y vandalizadas al comienzo de la precampaña electoral para las elecciones anticipadas en las que los votos que consigan los de Juan García-Gallardo van a tener —encuestas cantan— una importancia capital. Reacciones de condena a esta violencia contra VOX: cero.

No nos cabe duda de que los agresores podrán creer que han cumplido un servicio a la democracia porque así han sido instruidos por esa opinión pública mayoritaria. No saben lo equivocados que están. Ya lo dijimos y lo volvemos hoy a repetir: la celebración en paz y en libertad de los actos políticos de los partidos, y sobre todo en el marco de una campaña electoral, es esencial porque mide a la perfección la temperatura democrática de la sociedad en su conjunto.

A estas alturas de la partida parece inútil reclamar prudencia a esa opinión pública que cada día se aleja más de la realidad y de la opinión de una mayoría de españoles que no son sólo simpatizantes de VOX. Pero nuestra obligación, hasta el último punto que escribamos y porque conocemos lo que viene después, es la de reclamar cordura.

La violencia política contra VOX debe cesar. Los medios de comunicación y sus partidos deben detenerse y reflexionar. De inmediato. Dicho queda, aunque no sirva para nada.

El ‘inflacionazo’
OKDIARIO. 18 Enero 2022

Pedro Sánchez ha perpetrado una de esas trampas que caracterizan a los tahúres: el Gobierno socialcomunista no ha adaptado las bases impositivas, deducciones y demás cuantías fijas del IRPF al incremento desorbitado de la inflación. Y el resultado no es otro que una subida camuflada del Impuesto de la Renta que los economistas califican de subida del impuesto en frío y que se cifra en 4.104 millones de euros.

Es decir, este Gobierno tan progresista y tan defensor de los menos favorecidos les mete a los españoles -sin distinción- un hachazo impositivo de aúpa. Y es que todos los contribuyentes, sin excepción del nivel de sus rentas, pagarán más pese a haber perdido poder adquisitivo por la subida generalizada de los precios en 2021, según un estudio realizado por el catedrático José Félix Sanz. En la próxima declaración de la renta que se presentará a partir del próximo mes de mayo, los contribuyentes sufrirán una auténtica subida de impuestos encubierta .

De esa subida real de 4.104 millones de euros aplicable a todos los españoles, 1.687 millones se deben a la no indexación de las tarifas con el alza de los precios. El resto se debe a la no adaptación a la inflación de otros elementos de la estructura del impuesto que también se encuentran afectados por el IPC: mínimos exentos, reducciones, tops de deducción, etc.).

Sánchez ha hecho la trampa aprovechando que no es necesario tramitar nada en el Parlamento. De hecho, se produce justo por lo contrario, por no adaptar las distintas cuantías del impuesto a la inflación, de modo que le ha bastado no hacer nada para meterles un rejonazo a todos los españoles sin que lo sepan. Lo sabrán cuando tengan que hacer la Declaración de la Renta. Así se las gastan los del «escudo social», los que se conjuraron para «no dejar a nadie atrás». Y serán precisamente los que menos tienen quienes más sufrirán en sus carnes el ‘inflacionazo’

El engaño de la bondad de los impuestos
José María Rotellar. okdiario 18 Enero 2022

La izquierda y el intervencionismo en general han sido capaces de hacer calar la idea de que es bueno que haya un nivel elevado de impuestos con los que sufragar un todavía mayor gasto público. Hace muchos años que dieron esa batalla y lograron imponer su mantra progre en la política, los medios de comunicación y en gran parte de la sociedad, con honrosas excepciones en cada uno de esos ámbitos.

Así, fueron capaces de hacer creer a los ciudadanos que el pagar impuestos es cosa de ricos y de las empresas -para ellos, ricos también-, gracias a la ilusión fiscal que se crea con el sistema de retenciones que tenemos en el IRPF y con el camuflaje en el precio que tienen los impuestos indirectos -impuestos indirectos que, por otra parte, son los que menos distorsionan la actividad económica y por eso son los que gustan menos a la izquierda-, y con la demonización del sector empresarial, cuando es el que genera riqueza y prosperidad. Por tanto, cuando hablan de “justicia fiscal” o emplean términos similares, que lo que realmente significan es que van a sajar a impuestos a todos los contribuyentes, dan a entender que los impuestos los van a pagar otros, “los ricos”.

Enseguida, pasan a enlazar los impuestos a los supuestos “ricos” con la necesidad de imponerlos para pagar el necesario y exponencialmente creciente gasto con el que satisfacer todo tipo de necesidades al grueso de los ciudadanos, cosa que no es verdad, pero que logran hacer parecer que sí lo sea.

El problema aparece cuando esas ideas se han extendido tanto, han llegado tan profundo, que se han instalado en la mente de muchos ciudadanos, que si les prometen una actuación pública que implica gasto, piensan que ellos se van a beneficiar directamente de él, mientras que en el caso de que lleguen a darse cuenta de que eso se paga con impuestos -que es difícil por la ilusión fiscal que se han encargado de crear los amantes de la confiscación tributaria- piensan que lo paga otro.

Es la hipocresía política de los impuestos altos y el gasto desmedido, que se aplican con la promesa de hacer un mundo mejor, cuando lo que hacen es deteriorarlo, ya que confiscan coercitivamente y derrochan un dinero que nos endeuda hasta las cejas, por varias generaciones, pues es tal el gasto que no es casi nunca suficiente con lo confiscado en el ejercicio ordinario, sino que una parte, cada vez más -no porque los impuestos sean menores, sino porque el gasto cada vez es mayor- lo cargan a las generaciones venideras, hasta un punto que puede hacer insostenible una economía.

Ahora, con la “España 2050” que nos dibuja el presidente Sánchez, y con la cogestión en las empresas que quiere impulsar la vicepresidenta Díaz, el intervencionismo y la confiscación se recrudecen: dicen que España habrá de aumentar la presión fiscal cerca de ocho puntos; proponen reeducarnos en nuestras prácticas alimenticias o pretenden engatusarnos con un envoltorio medioambiental que sólo vuelve más intervencionismo. Si ya en 1986 llegaron a proclamar como lema en el programa especial de Año Nuevo, un “¡Viva el IVA!, ahora quieren convencernos de que seremos más modernos y europeos si pagamos más impuestos, cuando lo único que seremos es más pobres.

Dentro de esa hipocresía, por ejemplo, se llega a prohibir fumar en múltiples lugares y, ahora, con el coronavirus, hasta en la calle, pero la Administración no renuncia a los ingresos tributarios que se derivan del impuesto sobre las labores del tabaco, sino que está encantada de meter la mano en el bolsillo de los fumadores. Para ello, también encontrará una justificación en gran parte hipócrita: dirá que con ese gravamen tratan de disuadir que fumen las personas, para que no enfermen, pero si de eso se tratase, y dado que la tendencia burocrática es la de prohibir, entonces que lo prohíban totalmente, de manera que renuncien a esa fuente de ingresos. No lo hacen, ¿verdad? Ahí está la hipocresía.

Del mismo modo, el Gobierno decretó el cierre productivo, arruinando a muchas empresas y familias, al imponer severas y cambiantes restricciones con los que los han apuntillado, y se negaron a conceder condonaciones de impuestos, bajo el pretexto de que necesitaban fondos para realizar actuaciones de gasto público para los necesitados. ¿Y no son necesitados todos los ciudadanos, todas las empresas a los que han llevado a la ruina? Y es que ahora utilizan el coronavirus para justificar futuros incrementos de impuestos y de gasto, de manera que al que disienta de ello le dirán que no tiene corazón, que sitúa la economía por encima de la salud, cuando, todo lo contrario, sin economía no hay sanidad y, por tanto, no hay salud.

En definitiva, es muy triste ver que el intervencionismo logra campar a sus anchas por la vida de los ciudadanos en España -y en gran parte del mundo-, haciéndoles ver, además, que hay que darle las gracias por preocuparse tanto de ellos, con esos servicios públicos de mala gestión y, por tanto, sobredimensionado gasto y escasos resultados, pero que el intervencionismo reviste como actuaciones sociales -aunque la mayoría no lo son- e impuestos confiscatorios que el intervencionismo camufla diciendo que los pagan “los ricos”.

Es imprescindible oponerse a esto, explicar a los ciudadanos que es necesario ofrecer una serie de servicios básicos desde el sector público, pero de manera eficiente y austera, y que la mejor manera de que todos los ciudadanos prosperen no es con una cartera de servicios muy amplia, muchos de los cuales no utilizan, sino con un gasto limitado y unos impuestos bajos que dinamicen la sociedad y permitan que se cree empleo, que es la mejor política social que existe, que, más allá de ser un eslogan, es la realidad, como muestra la experiencia cada vez que alguien se ha atrevido a aplicarla. Mientras tanto, el intervencionismo sigue subiendo los tributos a los ciudadanos. Los impuestos no son bondadosos: hay que cubrir unas necesidades esenciales, desde luego, pero de eso a la confiscación que sufrimos -que quieren, ahora, aumentarla en el caso de los autónomos, con la subida de las cotizaciones sociales propuesta por el Gobierno-, hay un trecho. Confiemos en que, como mucho, queden sólo dos años de esta elevada confiscación, pero dos años es un período muy largo que puede arruinar, a base de impuestos, a muchos ciudadanos, empresas y, en definitiva, a toda la economía.

Sánchez, gambito de dama en Dubái
OKDIARIO 18 Enero 2022

El gambito de dama es una apertura en el juego de ajedrez orientada a controlar el centro del tablero. De ajedrez, Pedro Sánchez no sabe nada, pero es capaz de inventarse una de esas mentiras que provocan bochorno y vergüenza. Para sostener que el ajedrez es un invento español, el Gobierno socialcomunista contrató por 58.000 euros a una empresa de Gibraltar, encargada de convencer a los visitantes del pabellón español en la Expo de Dubái de que el milenario juego es un invento patrio. En lugar de sacar pecho por la Conquista de América o poner en valor otras gestas históricas españolas, el Ejecutivo de lo que presume en Dubái es del origen español del ajedrez. Hace falta ser idiota, porque no hay un sólo indicio que lleve a pensar que España es la cuna del ajedrez -nació en la antigua Persia en el siglo III antes de Cristo- y, sin embargo, no hay duda alguna del papel que nuestra nación jugó en relevantes acontecimientos que cambiaron el curso de la historia. Sánchez se ha marcado un gambito de dama en Dubái de lo más estúpido y para ello, en el colmo del surrealismo, ha contratato los servicios de una empresa gibraltareña, encargada de diseñar toda la estrategia fake.

«El ajedrez, legado para el mundo», reza en el titular de la sala dedicada a este juego dentro del pabellón español, que ha sido concebido por el Ejecutivo de PSOE-Podemos como exaltación a a todos los mantras de la izquierda: igualitarismo, ecologismo y todos los ismos socialcomunistas.

La sala del ajedrez ocupa un lugar preferente en el pabellón de España, ya no sólo por su amplitud, pues alberga incluso un tablero gigante, sino también por su ubicación, al ser la primera gran estancia temática con la que se encuentra el visitante. Y uno se pregunta: ¿Qué necesidad había de presumir de haber inventado un juego que no inventamos cuando España tiene hitos a lo largo de su dilatada historia de los que podíamos presumir sin mentir?

No hay más palabras: jaque mate.

Liberalismo a la madrileña

José María Marco. larazon 18 Enero 2022

Las dos grandes crisis de los últimos veinte años, la del 2008 y la del Covid-19, han traído aparejada una crítica de los postulados el liberalismo. Son muchos, y en particular bastantes jóvenes, los que ven en el liberalismo un modelo que impide la capacidad de cooperación y va corroído por un egoísmo cínico que fomenta los peores instintos del ser humano y anula la posibilidad misma del bien común como base que comparte la sociedad a la que pertenecemos. La crítica al liberalismo ha sido intensificada por el renacer del socialismo comunista. Comprender las dos crisis y sus consecuencias como un desmentido a lo que significó la caída del Muro de Berlín, como si quienes formulan estas críticas nos pudieran convencer de que creen en una mundo feliz, la sociedad sin clases y al final marxista de la historia.

Está claro que el liberalismo, tal como lo configuró el optimismo –comprensible, por otra parte– de los años 90 y el arranque del siglo XXI merece una revisión crítica. Casi nunca, sin embargo, por los motivos que aducen los neocomunistas y sus aliados estratégicos, como los socialistas españoles. Más bien, el propio liberalismo ha contribuido a debilitar los consensos morales y políticos sobre los que se fundaron una vez los derechos humanos, que son el fundamento de cualquier sociedad liberal.

Y sin embargo, esta misma constatación difícilmente van a hallar una respuesta verosímil fuera del orden (o del relativo desorden) liberal. En primer lugar, porque sólo el liberalismo sustenta la creación de riqueza, de prosperidad, de sostenibilidad y de civilización, entendida ésta como la posible mejora de la condición moral del ser humano. Al final, por muchas correcciones que se quieran introducir, no hay más receta que la muy liberal que consiste en fomentar la creatividad humana. Por otro lado, los incentivos que introduce el excesivo intervencionismo –no digamos ya el socialismo o el comunismo– no conducen a mejorar la vida de los seres humanos o de la sociedad: al contario, llevan a su empeoramiento y a una mayor corrupción. A la animalización.

Una excelente exposición de todo esto es «Liberalismo a la madrileña», el gran libro de Diego Sánchez de la Cruz recientemente publicado. Además de un fiel recordatorio de lo que fue el liberalismo –madrileño– y de su contribución al progreso de España antes y después de la Transición, constituye una demostración exhaustiva de las virtudes, en todos los sentidos, del liberalismo. Y un repaso práctico de cómo el liberalismo, aplicado desde el Estado con respeto y con audacia, y sin dogmas, contribuye a mejorar la vida de los ciudadanos y –justamente– refuerza su condición de tales. Madrid, como bien sugiere Diego Sánchez de la Cruz, ha renovado y recreado su identidad, y con ella la conciencia de pertenecer a una comunidad con responsabilidades compartidas, que es la base de cualquier definición de bien público. Lo ha hecho siempre bajo gobiernos liberales. De ahí el extraordinario experimento madrileño, que Sánchez de la Cruz denomina «liberalismo popular», y que aúna reivindicación de una identidad y de una marca, como nunca había ocurrido hasta ahora, con la invitación a la libertad y a prescindir de moralinas progresistas y falsos consensos. Un modelo para otras muchas ciudades y sociedades atascadas en la nostalgia y el duelo sin fin del socialismo perdido.

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El referéndum de Podemos, la consulta del PSOE
Pablo Planas. Libertad Digital 18 Enero 2022

Eel golpe de Estado no ha fracasado. Todo lo contrario.

La mejor manera que ha encontrado la Moncloa de desmentir que en Cataluña vaya a celebrarse un referéndum, tal como piden los socios podemitas, es decir que lo que se llevará a cabo es una consulta. Semejante genialidad es de Isabel Rodríguez, la ministra de Política Territorial y también portavoz del Gobierno. Si ya resultaba inquietante que Irene Montero o Joan Subirats, el nuevo titular de Universidades, plantearan abiertamente la cuestión del referéndum, mucho más lo es que la señora Rodríguez hable de una consulta sobre un hipotético acuerdo en la mesa de diálogo que el Gobierno mantiene con el Govern de Aragonès.

La ministra sabe lo que quieren los separatistas porque asistió muy obediente a la charla de Aragonès, la barbita solemne, la semana pasada en el Club Siglo XXI. Y Aragonès, al que también llaman el nen barbut, sólo sabe decir "referéndum y amnistía" y negar la existencia de la Nación utilizando el término Estado cada vez que debería decir "España". Es como un autómata, como si le hubieran programado para repetir insistentemente eso de "referéndum y amnistía", que se ha convertido en el mantra del separatismo. Y cuando se les pregunta qué harán si no hay "referéndum y amnistía", entran en bucle con la misma gaita y añaden aquello de "ho tornarem a fer" (lo volveremos a hacer) del colega Cuixart.

Así que hablar de consulta es un paso en la dirección de lo que reclama el separatismo, un reconocimiento y un premio a los golpistas de mayor calado aún que el indulto tras una breve estancia en unas cárceles catalanas cuyos funcionarios no tenían más remedio que hacerles la vida agradable a tan ilustres presos, jefes políticos de los directores de las trenas. El solo hecho de plantear sin tapujos que en Cataluña "se votará sobre el acuerdo al que llega la mesa de diálogo", que es lo que dice la ministra y sostiene el presidente Sánchez, significa que el golpe de Estado no ha fracasado. Todo lo contrario.

A los socialistas les interesa que se diga que el procés ha muerto, que la situación en Cataluña nada tiene que ver con la de hace un par de años, que las bases separatistas se han disuelto, pero nada más lejos de la realidad. Es cierto que la capacidad de convocatoria del separatismo está muy mermada, pero eso no significa en absoluto que los planteamientos de los partidos separatistas que gobiernan hayan cambiado. En el hipotético caso de que no se celebre una consulta, volverán a reventar Cataluña. Pero ahora mismo Podemos habla de referéndum y el PSOE de consulta, lo que es todo un triunfo para ERC, Junts per Catalunya (JxCat) y la CUP, formaciones que entretienen la espera limpiándose el arco del triunfo con las sentencias y aplicando a degüello sus políticas educativas.

La paradoja de deconstruir logros actuales para mejorar el futuro
La hipocresía de las izquierdas acomodadas, abominando de los ricos, pero sin renunciar al disfrute de su situación económica
Miguel MassaneT. diariosigloxxi 18 Enero 2022

Aquel refrán que dice: “Ande yo caliente y ríase la gente” sigue estando de actualidad y forma parte de la idiosincrasia de estos nuevos políticos de conveniencia, que siendo prácticamente unas nulidades o, mejor dicho, personas nada relevantes ni que se distingan por sus especiales aptitudes, utilizando el ascensor de la política y usando de trampolín los partidos políticos, logran alcanzar puestos de relevancia dentro del mundillo que vive del trapicheo político.

No hablamos de personalidades relevantes, de personas ilustradas o de quienes han adquirido, en la actividad privada, suficientes méritos como para formar parte de los dirigentes de una nación, que, en muchas ocasiones, renuncian a emolumentos superiores, perspectivas de mejorar su estatus en el desempeño de su profesión o una vida familiar mejor, para ofrecer sus conocimientos y servicios a la patria, incluso, con importante perjuicio para su propio patrimonio. Pero, la gran mayoría, aquella que nos hace pensar que no serían necesarias tantas personas en el Congreso y en el Senado cuando vemos la, para mí denigrante, figura del jefe de filas que, con la mano levantada y con exposición de uno o varios dedos, indica a susseñorías,colegas de partido, que voten en un sentido u otro, privándoles de lo que sería la expresión de su propia opinión y verdadera forma de pensar que representaría lo que, de verdad, haría que las decisiones de ambas cámaras fueran la efectiva manifestación de la voluntad del pueblo.

La teoría de los radicales que integran los que, hoy en día, representan a una mayoría de los que están instalados en el poder, con sus actos, sus discursos, sus peregrinas ideas, su falta de sensatez y su desconocimiento absoluto de lo que precisa una nación, como es España, para superar el cúmulo de problemas con los que se debe enfrentar, han aprendido rápidamente la forma de ganarse la vida a costa del erario público, con el mínimo esfuerzo, cómodamente instalados en las poltronas parlamentarias o del Gobierno, arremetiendo contra todos aquellos que, de una manera u otra, vienen contribuyendo con su trabajo, sus conocimientos, sus empresas comerciales o industriales, a la mejora y engrandecimiento del país y de sus ciudadanos.

Los nihilistas de vocación, estos progresistas que, curiosamente, lo que pretenden es que volvamos a las cavernas haciendo tabula rasa de todos los adelantos que nos ha traído la modernidad, pretendiendo que renunciemos a un modus vivendidel que nos venimos beneficiando gracias a el trabajo de muchas generaciones que han conseguido que, la humanidad, con sus carencias, sus fallos y sus errores, haya logrado que dispongamos de unos medios, inventos, mejoras médicas, ciudades modernas, medios de comunicación y una lista interminable de adelantos, de los que nos valemos para mejorar la existencia y las condiciones de vida de la humanidad.

Cuando uno escucha al actual presidente de esta nación decir frases como “Siempre un gobierno socialista logra fondos europeos y la oposición trata de bloquearlos”, no podemos menos de pensar que este señor, mentiroso de profesión y embaucador de masas por naturaleza, sigue pensando que está gobernando a una manada de corderos, incapaces de pensar por si mismos y que se tragan todo los que nos dicen desde un gobierno formado íntegramente por adictos a su persona y verdaderos radicales de izquierdas, incapaces de consentir que otros españoles difieran de sus proyectos totalitarios. Mientras el país ha culminado el año 2021 con una tasa de inflación del 6’5%.

Lo que parece que no recuerda el señor Pedro Sánchez es que, en la legislatura que precedió a la del señor Rajoy, su presidente, el señor Rodríguez Zapatero, no sólo fue incapaz de conseguir ayuda europea para una España a punto de quebrar, sino que se vio obligado a dimitir ante su incapacidad y la de su gobierno de superar la grave crisis que su indolencia y su ineficacia para gobernar había permitido que se instalara en la nación española.

Esta izquierda que sigue pensando que España está en la Guerra Civil y que aquí estamos discutiendo situaciones sociales, políticas, económicas, financieras y laborales relativas a una época felizmente superada en todos los órdenes y no precisamente por su labor de limar asperezas, buscar la reconciliación, avanzar en los progresos científicos, favorecer una educación mejor, algo que no se logra permitiendo a los alumnos que pasen de curso con asignaturas suspendidas ( ley Celáa) ¿qué va a ser de nuestros futuros licenciados? ¿quién, en Europa, se va a fiar de unas universidades que, en lugar de buscar la perfección, el esfuerzo investigador, el trabajo bien hecho y el prestigio de nuestro sistema de enseñanza, se van a dedicar a expedir licenciaturas de sujetos que se sabe que van a ser incapaces de ejercer con profesionalidad y dignidad sus supuestas especialidades.

En momentos en los que Europa, dando muestras de sentido común, ante una evidente crisis energética, ha decidido reactivar y mantener las nucleares por constituir una fuente barata, segura y económica, mientras las energías alternativas, muy caras y en ocasiones poco seguras, por depender de circunstancia meteorológicas, impiden que se alcancen los niveles de energía que la modernidad y la necesidad de producir bienes, en ocasiones imprescindibles, para los ciudadanos, requiere que se tomen en cuenta todas las alternativas posibles.

Resulta que, las izquierdas que nos gobiernan, sin tener argumentos que avalen su postura negativa, siguen en sus trece de hacer desaparecer las pocas centrales nucleares de las que disponemos, para que tengamos que depender de unas energías alternativas que todavía están muy lejos de poder sustituir a las que producen, mediante la energía atómica, una parte esencial de la que consumimos en España. Una nación dependiente de las aportaciones de Francia, en forma de la compray sus excedentes de energía nuclear y del gas natural que venimos recibiendo de Argel, por cierto, a través de un gasoducto que atraviesa una parte de Marruecos, un país que tiene unas difíciles relaciones con Argelia, derivadas de sus distintas apreciaciones sobre el conflicto con el frente Polisario del antiguo Sahara español. En realidad, el gas que recibimos de Argelia nos llega a través del extremadamente oneroso transporte por vía marítima, lo que viene encareciendo de una manera desmesurada el precio de esta energía imprescindible para el pueblo y la industria española.

Mientras tanto, en su intento de huir hacia delante, de ganar tiempo, de empecinarse en el error y de prescindir de la oposición, una política que viene practicando Sánchez desde que subió al poder; ha vuelto a intentar vender socialismo en Andalucía, cuando ha puesto a los andaluces, ante la posibilidad de que haya elecciones anticipadas en aquella parte de España, frente a la disyuntiva de “avanzar o retroceder”, según que su elección fuera a favor del socialismo o del centro derecha.

No acabamos de ver que el camino que sigue esta España de hoy, bajo el mandato del socialismo en su concubinato con el comunismo retrógrado de Juntas Podemos, vaya en el sentido de avanzar en nada, sino más bien vamos en lo que, fácilmente, se puede catalogar como “de mal en peor” tanto en lo que se refiere al bienestar de los españoles y a su seguridad jurídica como a todo lo que respecta a sus libertades, empezando por su derecho a la propiedad que reconoce nuestra Constitución y que cada día, en muchas de las autonomías españolas, empezando por la catalana, esta más sometido a las arbitrariedades de personajillos de medio pelo como es, en el caso de Barcelona, la señora Colau, que actúa por su cuenta sin atender a las leyes que nos protegen a todos los españoles, muy especialmente en cuanto a su empeño en limitar los derechos de propiedad, sobre inmuebles, de los catalanes.

Y es que, veremos que lo que constituye una de las características de los gobiernos de izquierdas, es su forma de actuar improvisada, falta de un estudio completo y de la previsión de sus consecuencias es, sin duda alguna, la falta de una preparación adecuada de sus ministros y demás personas de gobierno. Esto fue lo que le pasó s don Manuel Azaña, durante la II República, cuando prohibió la enseñanza a las órdenes religiosas, una decisión que produjo el gran colapso en el sistema educativo, ya que no había medios ni profesores laicos suficientes para poder atender, en aquellos momentos, las necesidades educativas del pueblo español, debido a que, una parte importante de la enseñanza la llevaba a cabo la Iglesia católica, a través de sus colegios y universidades.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, especialmente los que vivimos en Cataluña, tenemos que seguir viendo el lamentable espectáculo que nos brindan las autoridades políticas de la Generalitat, cuando siguen emperrados en no cumplir las resoluciones del TSJC en lo referente a enseñar, en un 25% en idioma castellano, en los colegios y universidades. Pero lo peor no es que en Vic se prohíba la instalación de una carpa que intenta promocionar que los alumnos puedan recibir su 25% de la enseñanza en castellano; sino que lo que ocurre es que la misma Generalitat ha prometido la defensa, a costa de los dineros de dicha entidad (que son los nuestros), de aquellos profesores que no cumplan con lo que exige la mencionada resolución. Nadie, en el Gobierno ni en ninguna de las instituciones estatales, parece que tenga nada que objetar a que situaciones como la descrita tengan lugar y siga sin que pases absolutamente nada que pretenda remediarlo.

La frase que hoy contemplamos proviene de un proverbio debido a la filosofía china: “Aprender un idioma es tener una ventana más desde la que ver el mundo”.

Independentismo en Cataluña
Así señala la Generalitat a los alumnos de las ‘aulas apartheid’: «Se muestra agresivo, no se esfuerza»

Luz Sela. okdiario 18 Enero 2022

Los alumnos de las denominadas por la Generalitat «aulas de acogida» -destinadas a que los niños no cataloparlantes aprendan catalán- son evaluados según su actitud hacia la lengua autonómica. La Generalitat ordena a los profesores de estas aulas apartheid que les hagan llegar información pormenorizada de cada alumno, desde sus competencias en comprensión oral o lectora y expresión escrita, al grado de «integración escolar».

Para disponer de esos datos, el propio alumno debe completar una encuesta facilitada por la Generalitat, en la que debe otorgar una puntuación -entre «mucho», «bastante», «poco» o «nada»- a dos afirmaciones: «Estoy aprendiendo» y «me esfuerzo por hacer las cosas mejor». Asimismo al alumno se le pregunta por quienes son sus amigos en el aula de acogida y con quienes les gusta trabajar, instándoles a identificarlos.

La finalidad esencial de las aulas apartheid es segregar a aquellos que no hablan catalán. De esta forma, la Generalitat podrá conocer si los alumnos, ya previamente identificados por su pobre manejo de la lengua catalana, se esfuerzan por aprenderla.

Los profesores, por su parte, deben informar sobre si el pequeño «se muestra agresivo» o «bien adaptado», así como su «actitud» de trabajo, si «se esfuerza por hacer bien las tareas» o si se relaciona con otros compañeros. En este punto la Generalitat quiere también conocer si el alumno se relaciona sólo «con compañeros de la propia cultura» o del aula de acogida.

Como ha revelado OKDIARIO, a estas aulas no sólo acuden niños procedentes de países extranjeros. En sus pupitres también hay pequeños procedentes de otras comunidades autónomas de España que no saben catalán.

Las aulas son una forma de «inmersión lingüística» que aparta a los niños del resto de compañeros, según han denunciado las plataformas Asamblea por una Escuela Bilingüe en Cataluña, Sociedad Civil Catalana y S’ha Acabat, en un reportaje de Cake Minuesa.

Estos pequeños -a quienes se les pone la etiqueta de nouvinguts, «recién llegados» -son instruidos a partir de un documento elaborado por la Generalitat, en el que se lee, entre otros, que «Cataluña es un país con una gran personalidad que se diferencia claramente de sus vecinos de dentro y fuera de la Península Ibérica».

«El catalán es un rasgo fundamental de la identidad catalana y ha sido clave para la cohesión social. Por eso es tan importante que todas las personas recién llegadas aprendan catalán y se puedan comunicar en esta lengua», se advierte en el texto, como reveló OKDIARIO.

La Generalitat justifica que la recogida de información sobre sus alumnos nouvinguts «es importante para obtener una visión global de las características del alumnado y porque permite realizar estudios más amplios sobre los procesos de adaptación escolar y el aprendizaje de la lengua catalana».

Según el Govern separatista, «conocer el grado de integración escolar del alumno permite optimizar el plan de trabajo», tanto en el aula como en «los procesos de seguimiento personal y familiar».

Así, la Generalitat quiere evaluar si el alumno tiene «miedos» que pueden «interferir en su aprendizaje», sus «hábitos de trabajo» o «esfuerzo» y «los puntos fuertes y débiles en las relaciones con otros compañeros», identificando el posible rechazo a otros alumnos o hacia los profesores para «asegurar un proceso de socialización exitoso».

Son los centros educativos los que determinan el número de horas que los alumnos no cataloparlantes deben permanecer en estas «aulas de acogida», que pueden extenderse durante varios años.

De este modo, los niños, en función del tiempo que llevan residiendo en Cataluña y del control del idioma que tengan, tras someterse a una prueba de nivel, pueden pasar en estas aulas especiales para no catalanoparlantes desde una hora semanal hasta más de quince, según lo que cada centro educativo considere oportuno. Asimismo, los centros eligen a qué clases ordinarias renuncian estos alumnos mientras se les instruye en catalán.


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