AGLI Recortes de Prensa   Jueves 20  Enero  2022

No nos resignamos
Rodrigo Alonso. https://gaceta.es 20 Enero 2022

Veo las campañas electorales -y el circo mediático creado por los partidos políticos- y solo se me viene a la cabeza pensar que estas salen de despachos creativos de agencias de publicidad, situadas en grandes edificios. Es imposible que estén tan desconectados de la realidad.

Castilla y León es una región con unos graves problemas estructurales causados por los sucesivos gobiernos del bipartidismo. PP y PSOE, tras décadas gobernando, continúan con la eterna promesa de solucionarlos a base de ayudas, bonos, parches y migajas.

Solo en los últimos 10 años han provocado que casi 200.000 habitantes hayan tenido que abandonar su tierra en busca de un futuro. Muchas de las provincias de Castilla y León han sido convertidas en un desierto demográfico, miles de trabajadores, en su mayoría jóvenes, se han visto obligados a emigrar de su lugar de origen por falta de servicios básicos, y oportunidades académicas y laborales. Es tremendamente injusto. Hijos que estudiarán, trabajarán y vivirán lejos de sus padres, nietos que no podrán estar cerca de sus abuelos, abuelos que no podrán ver crecer a sus nietos.

Cada injusticia padecida ha sido promovida y amparada por el modelo de las autonomías. Cada chantaje del separatismo al Gobierno es una oportunidad menos para los jóvenes castellanos y leoneses. Cada euro destinado al concierto económico vasco es el cierre de un centro de salud en la región. Cada imposición lingüística subvencionada es otro colegio vacío. El fracaso de las CCAA es precisamente este, que una parte de los españoles, precisamente los leales a España, hayan sido condenados a vivir lejos de sus familias, de sus amigos y de su tierra para poder subsistir.

Treinta años después, ya le han puesto nombre y símbolo al proceso por el cual los trabajadores de España vivirán peor para que otros países vivan mejor. La desindustrialización, la pérdida de soberanía energética y la condena del sector primario ya tiene nombre; Agenda 2030. A la ya mermada industria de la región, ahora se le da la puntilla con restricciones climáticas, impuestas por dicha agenda, que terminarán por condenar definitivamente a los trabajadores de Castilla y León.

A la deslocalización de empresas se suma el cierre de escuelas, de centros de salud y hospitales, la falta de inversión en ferrocarril, transporte y carreteras. Ante esta desoladora situación es descabellado pensar que los trabajadores puedan desarrollar un proyecto de vida en la región que los vio nacer pero, lamentablemente, si no revertimos esta situación, no los verá crecer.

Los trabajadores de Castilla y León no necesitan ni ayudas, ni bonos, ni parches, ni migajas. Castilla y León necesita industria, acabar con la competencia desleal que sufre el sector primario, infraestructuras, servicios públicos básicos y de calidad, un plan de natalidad y, en definitiva, necesita un proyecto común, alejado de localismos, que proporcione prosperidad y un futuro digno para los trabajadores de España.

Castilla y León, la que fue cuna de España y faro del mundo, tiene una riqueza histórica, material, espiritual y humana sin parangón, por ello estoy seguro de que, pese a la falta de voluntad política de estas últimas décadas, volverá a deslumbrar y colocarse en el lugar que le pertenece.

Tenemos derecho a un trabajo, a un sueldo digno, a formar una familia y a prosperar en nuestra tierra. No nos resignamos.

Todos funcionarios

José María Marco. larazon 20 Enero 2022

La autonomía es la virtud más preciada por las sociedades modernas. Responde a la convicción de que no debe haber ninguna autoridad superior al sujeto, ninguna instancia que le dicte su comportamiento y sus decisiones. En tiempos pretéritos, muy remotos ya, esa autonomía iba relacionada con la capacidad del «ente decidiente», digámoslo así, para guiarse por criterios racionales. No todo el mundo los alcanzaba, pero postular algo parecido equivaldría hoy en día a reconocer un privilegio: así que la autonomía es ya total y se funda en la libertad soberana del sujeto. El autogobierno ha dejado de ser un ideal, exigente y difícil, para convertirse en un a priori. Cualquier límite a nuestra autonomía, incluso teórico, resulta intolerable.

Una vez instalado este postulado autonómico en la realidad moral, cultural y política de nuestras sociedades, resulta extraordinariamente difícil de discutir. No por eso ha conseguido la unanimidad y muchos –cada vez más– se interrogan acerca de su realidad y, más aún, de la validez de sus efectos. Efectivamente, la sociedad del sujeto plenamente autónomo ofrece grandes ventajas, pero también trae aparejados algunos desafíos, en particular aquellos derivados de la pregunta acerca de la capacidad del ser humano para gestionar esa autonomía que se pretende total y le promete una completa felicidad.

Curiosamente, y como si anticiparan esa crítica, algunos de aquellos que ponen el grito en el cielo cuando se abre paso algún interrogante, por tímido que sea, sobre el valor de esa nueva realidad autonómica, son los mismos que no dudan en obstaculizar ese mismo proyecto cuando no responde a sus criterios. Es la paradoja post-post moderna, aplicada en este caso a la capacidad de autogobierno: digna de aplauso, efectivamente, siempre que no se salga del marco establecido que, a su vez, es el que respalda esa misma autonomía.

Un ejemplo extraordinario de esta realidad política es el ataque que el gobierno social comunista de Sánchez, acérrimo partidario de la autonomía y la autodeterminación en todos los ámbitos de la vida, se dispone a lanzar contra aquellas personas cuyo régimen laboral es, precisamente, el de autónomos. So pretexto –perfectamente falaz– de equiparar condiciones y contribuciones con los empleados por cuenta ajena, el sanchismo prevé un nuevo cálculo de cotizaciones que desanimará a cualquiera de asumir los riesgos, las incertidumbres y los inconvenientes de la condición de autónomo, que es la de empresario de sí mismo. Un ser humano independiente por voluntad propia y que confía en sus fuerzas y su visión tanto como para anteponer su voluntad y su creatividad a las muchas desventajas que habrá de asumir, por ejemplo en cuanto a vacaciones o situaciones de enfermedad.

En otras palabras, se castiga a los autónomos por estar dispuestos a asumir las responsabilidades propias de su condición. Sólo resulta aceptable aquella «autonomía» desligada de cualquier responsabilidad. El ideal que aparece así es una sociedad dependiente, en la que unos seres (¿humanos?) presuntamente autónomos lo son porque se les garantiza que sus decisiones y sus actos no tendrán nunca consecuencia alguna. La felicidad se da por supuesta. Uno de los problemas, como siempre, está en quién va a pagar esta funcionarización general de la sociedad y el nivel de vida –del Falcon y las mariscadas para arriba, ni que decir tiene– de aquellos que la preconizan.

La seducción totalitaria
Agapito Maestre. Libertad Digital 20 Enero 2022

La tortura y el crimen son tan corrientes en la Cuba de 2022 como en la de 1959. Hemos sabido por la prensa que arrancan con pinzas las uñas a las niñas en las cárceles. Todos los métodos de tortura del comunismo soviético han sido puestos en práctica en Cuba. Imagino que otros muchos habrán sido inventados por estos criminales. La maldad del hombre no tiene límites. El régimen político cubano no ha dejado de torturar desde 1959. La atrocidad comunista del siglo XX permanece en el XXI. Todo el mundo lo sabe. Pero excepto unos pocos, todos callan. El horror de la tortura triunfa. Cuba sigue siendo un asidero ideológico de la izquierda. Por eso, la coalición socialista-comunista del Gobierno de España no dirá nada contra los torturadores cubanos. Jamás las mujeres de la izquierda española denunciarán las torturas de las mujeres cubanas. Jamás levantarán la voz contra el régimen político que les da legitimación.

El totalitarismo comunista es fuente clave de legitimación de la izquierda en el poder. No siempre fue así. Hubo alguna época en que la democracia española fue una referencia para acabar con el castrismo. Felipe González tuvo algunas iniciativas para exportar el modelo democrático español a Hispanoamérica y enfrentar los procesos revolucionarios. También el viejo PCE albergó esperanzas sobre la capacidad pedagógica de su evolución del estalinismo al eurocomunismo. Pero todo eso ya pasó. Murió. El proceso de involución de la izquierda española asusta. Está por todas partes y se palpa con las manos. La democracia para esta gente es sólo un método para imponer un régimen de partido único. Y a ser posible dirigido por un gran césar. Y si no se logra hallar el líder entre los líderes, buscan desesperadamente mitos que lo sustituyan. Porque la izquierda se despidió hace tiempo, especialmente desde la llegada de Zapatero al poder, de cualquier postulado crítico contra los populismos y totalitarismos neosoviéticos, es menester indagar en sus fuentes intelectuales para desenmascarar la atrocidad.

Entre los múltiples mecanismos de adoctrinamiento e ideologización utilizados por la izquierda, tiene una gran importancia el ocultamiento del pasado más oscuro de algunas de sus principales figuras del pasado. Ahí tienen el ejemplo de Pasionaria, Dolores Ibárruri, la dirigente comunista, sobre la que han aparecido nuevas investigaciones cuyo denominador común es la exaltación de su pasado revolucionario. Totalitario. Lejos de analizar sus errores y mostrar críticamente una figura que fue condescendiente con el estalinismo, están obsesionados por su figura mitológica. Esas publicaciones olvidan por completo las contradicciones, las rectificaciones y, en fin, la evolución política de este personaje que le hicieron abrazar la democracia.

Si hace cuarenta años, al comienzo de la democracia, Cimorra y Caravantes escribieron un libro magistral, El mito llamado Pasionaria, sencillamente, para desmitificarla y presentarla como una política con todos los claroscuros del mundo, ahora, en 2021, se escriben libros mazorrales, sin duda, llenos de datos y esfuerzos de investigación, pero con un único objetivo: mitificarla. Endiosarla como símbolo del comunismo totalitario. Cimorra y Caravantes eran comunistas y conocían directamente al personaje, pero antes que comunistas tenían amor a la verdad, creían en su nación y en la posibilidad de vivir civilizadamente con sus adversarios y con sus enemigos. Eran personas muy serias e intelectualmente muy bien formadas. Mostraban todos los aspectos del personaje, los buenos y los malos, y analizaban su alejamiento de las posiciones estalinistas para abrirse a las corrientes críticas de la disidencia. Ese libro, en fin, era un estudio de las nuevas vías democráticas para salir del callejón totalitario soviético e integrarse en la vía reformista. Democrática. Exactamente todo lo contrario por lo que aparecen apostar los nuevos biógrafos de Pasionaria. Por ahí vamos: de la democracia al totalitarismo.

Inhumano e infame Macron
EDITORIAL. https://gaceta.es  20 Enero 2022

El mundo es un lugar complejo y, en ocasiones, por la acción del ser humano, miserable. Sólo desde esa visión realista de la vida y de la condición humana, se puede llegar a entender que un político defienda el aborto, sobre todo cuando ese político hace tiempo que trituró su conciencia a base de no tener creencia alguna más que su ansia de poder.

Lo que jamás podremos entender es que alguien, y mucho menos un estadista, que es una condición reservada, en principio, para líderes de las naciones y a los que deberíamos suponer orientados hacia la preservación del bien (y no hay mayor bien que la vida), pueda llegar a reclamar que el aborto sea considerado un derecho. Terminar con una vida humana indefensa, inocente e inconsciente es un crimen. A veces, un crimen sin castigo. Pero jamás debe ser un derecho.

La exigencia del presidente francés, Emmanuel Macron, de que el aborto sea considerado no ya un derecho, sino un derecho humano —que es un categoría superior, reservada para aquellos derechos inmanentes al ser, es decir, al existir, y que son, o deberían ser, comunes a todos los seres humanos sin distinción alguna—, nos da la categoría del socioconfuso que preside Francia, que en parte lidera Europa, y que en una situación de gravísima crisis política, económica, sanitaria y fronteriza como la que sufre la Unión Europea, reserva su precioso tiempo para anunciar con gran afectación su inhumanidad.

Por desgracia, no está solo. Ante el avance de la revolución provida en todo Occidente, no son pocos los políticos de medio pelo y ninguna conciencia que han hecho suya la barbaridad de exigir que matar a un ser humano, al más inocente e indefenso de todos, sea considerado un derecho humano.

Algún día, esta seudomodernidad vacua tendrá que dar cuenta de su barbarie y de su inhumanidad. Ese día, que por desgracia imaginamos lejano a pesar del avance imparable del movimiento provida, el nombre de Macron y el de todos los que le acompañen en su inhumanidad serán infames.

Escrito queda.

El año en que media España descubrió las checas
La visión sesgada sobre nuestra Guerra Civil ha creado un efecto bumerán: cada vez se publican más contenidos sobre lo que oculta el relato progresista
Vidal Arranz. vozpopuli.es 20 Enero 2022

2021 fue el año en el que varias generaciones de españoles descubrieron las ‘checas’. Por sorprendente que pueda parecer, en esta época dedicada a expurgar todos los males del pasado, los terribles centros de represión de la zona republicana son unos grandes desconocidos para el gran público; no así para los historiadores, como es lógico. Los inquietos justicieros de la memoria histórica no han querido penetrar tras los muros de estas cárceles, improvisadas en conventos o palacios, y apenas existen relatos que cuenten sus horrores, de modo que nos encontramos ante un punto ciego del recuerdo. O si prefieren, un ejemplo de la otra memoria histórica, la que no interesa.

La única película española que retrató, con extraordinaria brillantez, el clima de terror que las checas impusieron en Madrid es Rojo y negro, estrenada por Carlos Arévalo en 1942. Sin embargo, apenas pudo verse en su momento más que durante tres semanas y estuvo desaparecida para el gran público hasta el año pasado, cuando la plataforma Flixolé la subió a su catálogo. Meses después la editora Divisa le dedicó una edición en video doméstico a la altura de su grandeza cinematográfica y con un libreto que explica su extraña peripecia; y es que se trata de una película hecha por afines al régimen pero que no fue bien recibida por la oficialidad.

Como indica Javier Muñoz, no estaba ni permitida, ni prohibida, sino todo lo contrario. Una protagonista, Luisa, (Concita Montenegro, la primera española que actuó en Hollywood) resuelta y poco ajustada al ideal femenino del franquismo, y un héroe trágico de izquierdas que reniega de la barbarie de los suyos y que escapa al maniqueísmo, suelen aducirse como causas posibles de esta desconcertante situación. Que es también muy reveladora del desinterés de Franco por la utilización política del pasado reciente, así como de su torpe manejo del mundo de la cultura. Torpe no porque no causara daños a la libertad, sino por la gran arbitrariedad de la censura, rayana en el absurdo y repleta de contradicciones. Y torpe porque el franquismo no entendió y minusvaloró el papel de la cultura en política.

Memoria histórica incómoda
Pero no menos azarosa fue la peripecia de El terror rojo, las memorias de Wenceslao Fernández Flórez (El bosque animado) durante la Guerra Civil. Publicadas en portugués en 1938 y luego traducidas a otros idiomas, hubo que esperar a 2021 para que, por primera vez, se editaran en español, si bien su autor utilizó sus vivencias en su novela Una isla en el Mar Rojo (1939). Es muy reveladora la coincidencia de emociones de la película y el libro, no existiendo entre ellos más relación que la realidad retratada.

“En Madrid había tres motivos de terror que los que vivimos allí en los primeros meses (de la Guerra Civil) no podemos olvidar nunca. Estos motivos eran: el automóvil que paraba enfrente de casa, el ascensor que subía y el timbre de la puerta”, explica Fernández Flórez en El terror rojo. Cada uno de esos sonidos era percibido como una amenaza, pues los registros domiciliarios eran constantes y hacía falta poco para que terminaran en detención, primero, y en posible ejecución, después. También en Rojo y negro puede percibirse el carácter aterrador de esos sonidos que definen, mejor que nada, el clima totalitario instalado en la sociedad. Una amenaza sonora que llega desde el fuera de campo, pero que, en cualquier momento puede entrar en él (en el falso refugio de la propia vivienda) y convertirse en un peligro tangible y real.

No por casualidad, los mayores logros cinematográficos de la película de Carlos Arévalo proceden justamente de ahí. Del modo como transmite ese clima de agonía e incertidumbre extrema que sobrevuela en medio de las situaciones de calma aparente, y también en el modo como el horror real, cuando irrumpe, queda fuera de campo, al otro lado de la pantalla cinematográfica, y se cuenta fundamentalmente a través de los ojos de los actores.

Es lo que ocurre en la escena de la violación de Luisa en la que vemos como la cámara (con punto de vista subjetivo) se acerca amenazante a la joven falangista y sabemos que hay un hombre lascivo detrás por sus ojos de terror. Lo que se confirma en el breve instante en que su cuerpo la cubre y la imagen desaparece. Pero aún más emotivo es el uso del fuera de campo en la escena penúltima de la película, cuando Miguel (Ismael Merlo), un joven miliciano enamorado desde niño de Luisa, acude temeroso a la pradera en busca de un cadáver que teme encontrar. Los cuerpos muertos nos los escamotea la cámara, pero los reconstruimos a través de sus ojos desencajados. Un único plano final nos confirma nuestros peores temores con un Miguel desolado en el centro de un paisaje de cadáveres.

Las crónicas de Campoamor
Las ejecuciones extrajudiciales no fueron un invento de la Guerra Civil. Clara Campoamor documenta en La revolución española vista por una republicana la clamorosa realidad de los ‘paseados’ durante el gobierno del Frente Popular, en los meses previos al estallido de la guerra. Muchos días, ella misma se acercaba a las praderas de extrarradio para ver cuántos habían caído esa noche. Asesinatos impunes, pues, como ella misma relata también, el Gobierno no se atrevía a perseguir a sujetos que estaban ligados a organizaciones afines.

Campoamor cuenta cómo llevar sombrero y corbata podía ser entonces motivo suficiente para ser capturado y ejecutado. O salir de misa, o llevar un crucifijo, o ser un religioso consagrado. El clima de intimidación social que imponían los milicianos armados en los meses finales de la II República se cuenta también en Retrato de familia, la película de Antonio Giménez Rico basada en Mi idolatrado hijo Sisí, de Miguel Delibes. No es el centro de la historia, pero sí el escenario del drama.

Pero el terror se generalizó en Madrid en el inicio de la Guerra Civil a partir de la sospecha de que una parte de la ciudad apoyaba a los sublevados, lo que sirvió de legitimación para una implacable operación de depuración que también se cuenta en el libro de Agustín de Foxá titulado Madrid de Corte a Checa (1938), una referencia en el retrato de este periodo histórico. Una depuración en la que, como reflejan tanto el libro de Fernández Flórez como la película Rojo y negro, bastaba haber votado a las derechas, o ser de la ‘Adoración Nocturna’ (por motivos de organización interna había lista de los que se turnaban para rezar, fácilmente utilizables) para que la vida pendiera de un hilo.

Eso por no hablar de personalidades como la del novelista W.F. Flórez, que por haber escrito artículos críticos con el Gobierno en ABC fue objeto de una encarnizada persecución que le obligó a abandonar su vivienda primero, buscar refugio en otras dos después, y finalmente encontrar cobijo en varias embajadas. Y no eran los suyos temores infundados: “Entonces ya conocía el asesinato de muchos compañeros también colaboradores del ABC de Madrid: Víctor Pradera, Honorio Maura, Álvaro Alcalá Galiano, Federico Santander, Manolo Bueno y el excelente Santamaría, subdirector de aquel diario (…) La tierra parecía achicarse debajo de mis pies”.

Delatores de descansillo
Esa constante persecución, de la que era difícil escapar, pues los porteros de las viviendas se convirtieron, de facto, en agentes delatores de cualquier movimiento sospechoso, convertía la existencia cotidiana en una realidad incierta y claustrofóbica. “La casa era entonces para nosotros una prisión. La calle, el lugar por donde iba y venía la Muerte con rostro de miliciano”. Y aún añadirá el autor de El bosque animado: “La solidaridad humana era, en aquellos tiempos de angustia, una gran mentira. Había muy pocos hombres buenos -y yo tuve la suerte de conocer algunos- aunque apenas los suficientes para que, por contraste, se midiese la maldad canalla de los otros. Entre la ferocidad de los asesinos y el egoísmo natural de los que querían salvarse, el espectáculo espiritual y moral era abominable”.

El de la represión de checas y milicianos no es el único punto ciego de la memoria de aquellos tiempos atroces. La persecución religiosa desatada durante la República y al comienzo de la Guerra Civil jamás había sido objeto de una película hasta que en 2013 Pablo Moreno rodó Un dios prohibido en la que narra la ejecución de 51 miembros de la comunidad claretiana de Barbastro, en Huesca. Aunque Moreno es director católico y especializado en narraciones que reivindican a grandes figuras de la Iglesia, no hay rencor ni ajuste de cuentas en su película. Sólo el recuerdo de un episodio lamentable -fueron asesinados casi 7.000 religiosos, entre sacerdotes, frailes y monjas durante esos años- y el afán de poner rostro y emociones a una tragedia apenas contada.

No debemos olvidar que el que durante mucho tiempo fue el único libro monográfico dedicado al holocausto religioso durante la República, La ira sagrada, de Manuel Delgado, tendía a justificar los crímenes. La ‘ira sagrada’ era la del pueblo, harto de los abusos de los poderosos y de la complicidad de los clérigos. Que la matanza fuera indiscriminada y afectara también a muchos que habían estado siempre del lado de los pobres, debía considerarse un mero daño colateral. Como curiosidad añadida, para amantes de las conspiraciones, si el amable lector busca hoy en Google ‘religiosos asesinados durante la Guerra Civil’ le aparecerán en primer lugar noticias acerca de los que asesinó Franco -que los hubo, pero muchos menos- y sólo bastante después la parte mayor de la tragedia.

Pulsiones totalitarias
Dos años antes, en 2011, Roland Joffé reflejó también la persecución religiosa de la guerra civil en Encontrarás dragones, la biografía sobre José María Escrivá de Balaguer que rodó en España por encargo. Una película notable, que ofreció una de las primeras aproximaciones no maniqueas al gran drama de la Guerra Civil. Más recientemente, en 2016, Guernica, de Koldo Sierra, cuenta también las dos caras de la trágica historia: por descontado, la represión franquista -de esa nos ha hablado el cine español de forma muy abundante desde la Transición- pero también las purgas internas en el bando republicano y la decepción al constatar que las aspiraciones democráticas de algunos partidarios de la República se escurren como arena ante la brutal realidad de las crecientes pulsiones totalitarias.

Ken Loach fue el primero en retratar, en 1995, los ajustes de cuentas internos en el bando republicano. Inspirado por el George Orwell de Homenaje a Cataluña, rodó Tierra y libertad, donde el director británico contó la intensa represión sufrida por los anarquistas, a manos de los comunistas, en zona catalana. Años después, en 2012, Philip Kauffman contaría también de forma tangencial sucesos similares en Hemingway and Gellhorn. Su película trata de la relación entre el novelista y la que luego se convertiría en célebre reportera internacional, pero dedica una parte importante de su metraje a la Guerra Civil, donde ambos coincidieron y asentaron su relación.

Kauffman presenta a Hemingway como un ‘turista’ en el drama español, en el que, en realidad, no se enteró de nada, y lo contrapone a la experiencia del también escritor John Dos Passos. A través de los ojos del autor de Manhattan Transfer vemos un episodio concreto de la represión interna desatada por los comunistas contra los líderes anarquistas más populares. La repentina desaparición de uno de ellos, al que Dos Passos admiraba (y quizás algo más) le llevó a sospechar de un siniestro dirigente soviético que merodeaba por la zona. Hemingway no quiso saber nada, y él, decepcionado, decidió regresar a Estados Unidos.

Para quienes quieran conocer las dos caras de la historia sigue siendo absolutamente recomendable e imprescindible el libro de Chaves Nogales A sangre y fuego. Y para profundizar más en el caos y la violencia que se instalaron en la República, y que llevaron a renegar de ella a los intelectuales que la habían impulsado (Ortega, Marañón, Campoamor, Besteiro, Unamuno, Alcalá Zamora, Sánchez Albornoz o Madariaga) conviene leer La gran venganza, de Jesús Laínz, publicado también el año pasado. Es la otra memoria histórica, que resurge con fuerza, justamente ahora, en parte como reacción al empeño político de imponer una visión unilateral, parcial y ‘correcta’ de la historia, pero también como rechazo a la pretensión de enterrarla por parte del Gobierno (Ley de Memoria Democrática). Es una parte de nuestra historia, hoy profundamente ignorada, que se niega a ser acallada.

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Un Gobierno chulísimo

Agustín García. okdiario 20 Enero 2022

Se lamenta la Ministra Yolanda de que el Gobierno hace “cosas chulísimas” pero que nos las saben comunicar y claro, según ella, por eso la gente no se entera. No consiguen convencernos de sus políticas molonas ni manipulando con la ayuda del CIS, RTVE, Fortes y tantos periodistas subvencionados a su servicio, ni tampoco mintiendo (de eso ya se ocupa el propio presidente, que no hay nadie mejor para ello).

Así que, como con la mentira y la manipulación no lo consiguen, ahora la Moncloa ha iniciado otra estrategia de cancelación en línea con su política de transparencia: vetar a los medios que no comunican como les gusta. Es lo que tiene dedicarse al periodismo y no a la propaganda sectaria.

Me temo que así seguiremos sin enterarnos de tantas cosas chulísimas que han hecho desde que Sánchez consiguió conciliar el sueño con Podemos. Pero no se preocupen que yo se las cuento. Como de bien nacidos es ser agradecidos, empezaron devolviendo favores a quienes les permiten gobernar. Así, indultaron a delincuentes y ahora miran para otro lado cuando los niños quieren estudiar en español y acercan etarras a las cárceles del País Vasco para que, tras un curso de jardinería, puedan irse a recibir homenajes. Todo chulísimo, Yolanda.

Tras satisfacer a los socios hay que contentar también a familiares y amigos. Por eso, otra chulada ha sido batir el récord de asesores y cargos públicos a dedo. Y para chulo el propio presi, no sólo por sus andares, sino porque, tras colocarse su hermano, mujer y amigos, el Gobierno le ha dado 700.000 a la empresa de su padre. Y tan ancho.

Pero la alegría tiene que llegar a más. Para ello regalan títulos a los que suspenden, nombran funcionarios sin opositar, protegen a okupas y piquetes, impiden investigar a pederastas en Baleares, ayudan con las maletas a Delcy y con subvenciones millonarias a compañías aéreas venezolanas arruinadas.

Y, para los amantes de los remakes y la ficción, nuestros ministerios transportan muertos en helicóptero, reinventan la historia y el diccionario con nuevas palabras, palabros y palabres, convocan huelgas de juguetes y comités de crisis tras agresiones inventadas, ponen a la Guardia Civil a perseguir la desafección al Gobierno, convierten a los animales en “seres sintientes” y nos animan a darnos por c***. ¿Es posible hacer cosas más chulas?

Y, además de guay, nuestro Gobierno es bueno, vacunan hasta a los que no les votamos. Lo que no sé, es cómo no les votamos más…

El castellano como excepción
Rafael del Moral. vozpopuli.es 20 Enero 2022

Ninguna lengua de España, excepto el castellano, cuenta con hablantes monolingües. No somos una excepción. En Europa son más de cuarenta las lenguas que no viven solas, pues deben sus hablantes conocer otra que se añade al legado de la herencia, tipo bretón y francés. Las lenguas del mundo sin hablantes monolingües son mayoría, digamos que casi todas. Las lenguas que sirven por sí solas para cubrir cualquier situación comunicativa son muy pocas. A la cabeza, el inglés, seguida de unas cuantas, el español, francés, alemán, italiano, portugués y ruso. Y tal vez alguna más, pero no muchas más.

La historia nos enseña que las lenguas mueren, que es algo tan natural como nacer. Lo hacen porque desaparece su último hablante o porque la lengua, que está en continuo cambio, se rompe, se fragmenta, se transforma en dos o más distintas en las que ya no se entienden o entienden mal sus hablantes. Por división murió el latín. Dos de sus dialectos, el español y el francés, figuran entre las lenguas más importantes y demandadas del mundo, si es que se le puede llamar importante a una lengua, pues todas lo son. Completan el cuarteto de grandes lenguas neolatinas, el italiano y el portugués. Por la muerte de sus últimos locutores se extinguió el dálmata en 1898 en las costas de Dalmacia, actual Croacia, y también el manés en 1974 en la isla de Man, en el mar de Irlanda.

Lo que garantiza la estabilidad y longevidad de las lenguas es la abundancia de hablantes monolingües y la consistencia en la transmisión familiar.

El inglés es particularmente rico en hablantes monolingües. Quienes la heredan no necesitan conocer otra lengua. Ni siquiera un poco. Francés o italiano exigen complementarse con algo de inglés, no mucho, para cubrir las injerencias anglo-norteamericanas. Otras como el húngaro, checo o polaco se sirven mucho más de la lengua anglosajona, no tienen más remedio que conocerla para dar cobertura a sus ambiciones culturales. Y otras como el danés, sueco, noruego o islandés necesitan ampliamente el inglés para el desarrollo cultural integral de sus hablantes. Para el galés o el irlandés es imprescindible. Que una lengua necesite de otra es algo natural y habitual para ampliar el horizonte cognitivo de sus hablantes. Galés e irlandés son lenguas condicionadas, lenguas sin hablantes monolingües.

El destino de las lenguas sin hablantes monolingües y estancadas en la transmisión familiar es la desaparición. En los últimos quinientos años el número de lenguas del mundo se ha reducido a la mitad. Su muerte se inicia cuando sus hablantes necesitan hablar dos lenguas. Poco a poco abandonan una de ellas porque la otra se presta mejor a todo tipo de comunicación. La evolución es tan natural como irreversible. Pero la vida de las lenguas es veinte o treinta veces mas larga que la de la gente. Si la evolución sigue sus costumbres, ni el aranés, ni el aragonés, ni el asturiano tienen posibilidades de sobrevivir a largo plazo, si bien podrían mantenerse muchos años. La cooficialidad del asturiano podría revitalizar provisionalmente su uso de manera un tanto artificial porque a la larga volverán las aguas a sus cauces.

Doce palabras en euskera
Los esfuerzos por modificar la trayectoria natural del catalán han fracasado. Los idiomas se aprenden si se necesitan, y ningún catalán necesita hablar catalán para hablar con una comunidad lingüística que ha hecho del castellano, desde hace mucho, la principal herramienta de comunicación. La creación artificial de situaciones que lo exijan solo ha conseguido fragmentar a la población y marginar a los monolingües, con un absoluto desprecio a un principio universal: las lenguas se aprenden con automatismos en la niñez o cuando son necesarias. Si no hacen falta, no se aprenden, y si se imponen o prohíben, el rechazo se incrementa.

En cuanto a la implantación social del euskera en Euskadi podríamos decir que su presencia se reafirma, sí, pero sobre todo para una docena de palabras, tipo egun on, ertzaintza o lendakari. Se difunde en la enseñanza, sí, pero más inyectado que estimulado. Se usa más en casa, tal vez, pero los jóvenes están hartos de las consignas. El proceso de revitalización se atasca porque las lenguas ni se imponen ni se prohíben. Nunca la humanidad perdió tanto tiempo en aprender lo innecesario.

El curso natural de las lenguas es como el de los grandes ríos que descubren y diseñan con fuerza y eficacia sus cauces. A falta de estadísticas viables, la transmisión familiar decrece en todas las lenguas de España excepto el español, única que goza de buena salud y carece de achaques. Las posibilidades de fragmentación ni se contemplan, las de expansión, amparadas en la generalización de sus usos, en la solidez de sus estructuras, en la tradición literaria, en la amplitud de publicaciones y en el afecto que hacia ella muestran quienes la demandan, son extraordinarias. Morirá muy posiblemente fragmentado en dialectos, si es que dentro de unos veinte siglos siguen las lenguas siendo fieles a sus costumbres.

Fuera caretas en el idilio entre el PSOE y Bildu
Editorial ABC 20 Enero 2022

La pleitesía con la que el líder de los socialistas vascos acudió ceremoniosamente ayer a la sede de Bildu para seguir cultivando y normalizando las relaciones con Arnaldo Otegi, no fue sino un eslabón más en la cadena de cesiones que el PSOE está dispuesto a hacer. El socialismo tiene la vista puesta en un futuro Gobierno vasco junto a Podemos y de Bildu. Y tan es así, que el PSE ya actúa sin careta, a cara descubierta, y con orgullo de legitimidad. La información que hoy revela ABC es solo el precio final a pagar por el intercambio, de modo que en la próxima legislatura, si Pedro Sánchez sigue en el poder, se acometerán las reformas legales necesarias para excarcelar a todos, absolutamente todos, los etarras que siguen en prisión, tengan delitos de sangre o no.

Y como último recurso, con indultos si hiciese falta. No son acercamientos puntuales entre partidos. Es una mesa de negociación con un terrorista para anular de facto el pasado criminal de ETA, y hacerlo pasar por una alianza política más.

El Parlamento catalán, peor que un lupanar
Pablo Planas. Libertad Digital 20 Enero 2022

El nacionalismo catalán siempre se ha distinguido por generalizar sobre los andaluces. Pujol escribió que el andaluz era "un hombre poco hecho, un hombre que vive en un estado de ignorancia y de miseria cultural, mental y espiritual". Y añadía: "De entrada, constituye la muestra de menor valor social y espiritual de España". Josep Duran Lleida, que durante años representó los intereses del catalanismo en Madrid, llegó a decir que "en Andalucía se cobra un PER [subsidio agrario] para pasar la mañana en el bar del pueblo". Son dos ejemplos de una especie muy extendida entre los catalanes nacionalistas, la de que si en España no son tan industriosos como en Cataluña, en Andalucía son especialmente vagos y se pasan el día tocándose el níspero.

Las palabras de Duran datan de octubre de 2011. Hacía un año que Artur Mas presidía la Generalidad y aplicaba con mano de hierro duros recortes en sanidad, enseñanza y prestaciones sociales. Y hacía tres años desde que el Parlamento autonómico catalán había aprobado a sabiendas de todos los partidos unas condiciones laborales para los funcionarios de la cámara que incluían el cobro íntegro del sueldo entre los 60 y los 65 años no ya sin tener que trabajar, sino sin tener que ir a trabajar. Además, los funcionarios cobraban una anualidad entera como prima de jubilación y cada trienio se les subía el sueldo un cinco por ciento.

En aquellos momentos, año 2008, presidía ese Parlamento Ernest Benach, de ERC, un tipo que se había apuntado a la política con veinte años. Tuvo un mandato largo, dos legislaturas, entre diciembre de 2003 y diciembre de 2010. Es recordado principalmente por haber tuneado por dentro su coche oficial, según explicó la periodista María Jesús Cañizares. Corría octubre del referido 2008 cuando trascendió que Benach se había gastado veinte mil euros del erario en dotar a su A-8 Limusina con un escritorio de madera a medida, un reposapiés, TV de última generación, conexión para mp3 y bluetooth. El tipo adujo que hizo todos esos cambios porque debía viajar con una pierna estirada por un problema de rodilla.

La siguiente presidenta del Parlament, Núria de Gispert, del partido de Duran, mantuvo los delirantes privilegios de los funcionarios de la cámara, al igual que su sucesora, la republicana Carme Forcadell, y que el sucesor de esta, Roger Torrent, también de ERC.

La actual presidenta, Laura Borràs, del partido del prófugo Puigdemont, se jactó durante cinco minutos hace dos días de haber puesto coto a las regalías funcionariales el pasado mes de diciembre porque había acordado reducir de cinco a tres los años que los funcionarios pueden cobrar el sueldo íntegro sin ir a trabajar. De los otros dos años, durante el primero tienen una reducción de jornada de un tercio y cobran el 90% de la nómina y en el segundo solo trabajan la mitad de la jornada y cobran lo mismo. Durante ese breve lapso, Borràs echó paletadas de basura contra ERC sin reparar en que la lectura de la opinión pública es que se mantenían los privilegios de esos funcionarios.

La penúltima hora del escándalo es que los partidos que aprobaron el mes pasado mantener esas condiciones, JxCat, ERC, la muy anticapitalista y antisistema CUP y el PSC, ahora reculan y dicen que tratarán de eliminar todos los privilegios de los funcionarios. Habrá que verlo, entre otras razones porque esas condiciones están fijadas por convenio y no llega una Borràs en plan chulo y hace lo que le dé la gana. No, eso no funciona así.

Por cierto, la señora Borràs pretendía aparentar una honradez, una integridad y un celo en la gestión de los dineros públicos que contrasta sobremanera con la causa que tiene abierta en el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) por prevaricación, fraude a la Administración, malversación de fondos públicos y falsedad documental. Es investigada por supuestos pagos a un amigo por la vía de trocear contratos para no tener que pasar por concurso público cuando dirigía la Institución de las Letras Catalanas.

Así es que dirigentes de ERC que se jactan de que el partido nunca se ha visto salpicado en un caso de corrupción (lo de los asesinatos durante la Segunda República y la Guerra Civil no es corrupción, evidentemente) facilitaron que funcionarios que cumplían sesenta años cobraran los cinco años restantes hasta la jubilación sin acudir a su puesto de trabajo. Pero eso no es lo peor que hizo, por ejemplo, Carme Forcadell.

También estuvieron en el ajo primero CiU y ahora Junts, con la señora Borràs en el papel de escandalizada, aquí se juega y tal. Ella, precisamente ella, que pensó que con recortar un poquito los privilegios ya bastaba. Y luego van diciendo que los andaluces son unos vagos, que cobran la peonadas por la cara, que no pegan un palo al agua y que solo trabajan ellos, los catalanes nacionalistas y de ocho apellidos. Gentes sin experiencia en la empresa privada, gentes que han vivido toda la vida del cuento público, gentes que se han asegurado pensiones extraordinarias, como las de los expresidentes de la Generalidad.

Es la política catalana. Esa gente que exige dinero en nombre de Mas para pagar las fianzas por haber gastado dinero público en referéndums ilegales y en viajes por el extranjero para decir que España es una dictadura. Y mientras, el represaliado dándose la vida padre en yates de lujo. O ese Puigdemont con la mujer colocada por la Diputación de Barcelona, en manos del PSC, al frente de un programa para las televisiones locales que no ve nadie y por el que se lleva más de seis mil euros al mes. Terrible represión, sí.

Tal vez los funcionarios que cobran entre cuatro mil y diez mil euros al mes por no ir a trabajar se los merezcan por haber tenido que soportar durante un mínimo de quince años de su vida laboral a semejante ganado político, que además ha convertido el Parlament en un establecimiento menos recomendable que el peor de los lupanares.


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