AGLI Recortes de Prensa   Martes 25  Enero  2022

El mayor riesgo para la ganadería es el virus del socialcomunismo
OKDIARIO 25 Enero 2022

Las polémicas declaraciones del ministro de Consumo, Alberto Garzón, sobre la mala calidad de la ganadería intensiva -la de las denominadas macrogranjas- ha cogido al PSOE de Sánchez con el pie cambiado. Y es que antes de que Garzón hablara, el socialismo ya había dejado clara su postura en relación con el modelo de ganadería intensiva, fundamental en España y que cumple con todos los estándares sanitarios. Y fue el PSOE el que en noviembre de 2020 llegó a calificar las actividades de las macrogranjas de «riesgo pandémico». El que fuera secretario de Organización del PSOE y hoy eurodiputado, César Luena, lo dejó meridianamente claro: «Las pandemias son cada vez más frecuentes y están impulsadas por las mismas transformaciones ambientales que la pérdida de biodiversidad y el cambio climático». Y no se quedó ahí, sino que añadió: «Existen hasta 1,7 millones de tipos de virus no descubiertos en mamíferos y aves, la mitad de los cuales podrían tener la capacidad de infectar a las personas». Todo para justificar su andanada contra la ganadería intensiva.

A Garzón podrá criticársele por poner en peligro al sector ganadero español con unas declaraciones irresponsables, pero, al menos, el ministro dijo lo que piensa. Lo del PSOE es peor: se desmarca de Garzón, pero piensa lo mismo que el titular de Consumo y lo ha expresado -he aquí las pruebas- con mucha mayor virulencia. No es de extrañar que el campo español haya puesto en el centro de sus críticas al socialcomunismo. Y es que PSOE y Podemos atacan lo mismo: a un sector que no puede más -un kilo de pienso para alimentar el ganado cuesta más de lo que reciben por un litro de leche- y que el pasado fin de semana se manifestó en las calles de Madrid en defensa de sus justas reivindicaciones. Lo que faltaba es que, encima, les acusaran de propagar las pandemias.

España necesita a sus agricultores, ganaderos y pescadores
No se puede hablar tanto de la "España vaciada" y luego ignorar al campo español y al sector primario en su conjunto, clave para la economía nacional y para la identidad de España.
Editorial ESdiario  25 Enero 2022

El sector primario nacional se ha manifestado en las últimas horas ayer en Madrid para protestar por las dificultades extremas de la agricultura, la ganadería y la pesca, claves en el PIB nacional pero afectadas por una combinación de problemas y decisiones que lo han colocado en una situación gravísima.

A la subida de impuestos; el sobreprecio de suministros básicos (luz, combustible o fertilizantes) y el encarecimiento de los costes laborales… se le añade una campaña de imagen en su contra (resumida en el ataque de Garzón a la ganadería) y una legislación europea y nacional que encarece el producto para el consumidor; lo abarata en origen para el productor y facilita la competencia desleal de países exportadores que no cumplen las mismas reglas y pueden vender más barato.

Hay un contrasentido formidable entre el mensaje político a favor de la España rural o despoblada y el abandono del único sector que mitiga el gran problema de la llamada España vaciada: la falta de empleo. Y sorprende la indiferencia de un Gobierno que, a la vez, intenta sacar partido electoral de esas zonas del país más apartadas.

Abandonados
Las soluciones parecen complicadas, pero no son imposibles: reducir la carga fiscal para mejorar el bajísimo precio de venta en origen pese al precio que paga el consumidor; aplicar las mismas normas sanitarias y económicas a las importaciones en España de productos extranjeros; reorganizar el sector para paliar la sobreproducción de algunos productos y la consecuente bajada de precios por exceso de oferta o reunir a las grandes centrales que compran la práctica totalidad de los productos para luego venderlos y estudiar con ellas fórmulas para que paguen más a los productores.

Este asunto debería ser prioritario para el Gobierno: el sector primario representa cerca del 4% del PIB y el 13% del empleo español. Pero además es crucial en la conformación de la propia identidad de España y en su imagen exterior. No tiene sentido el abandono que, pese a eso, sin duda padece.

El campo clama contra Sánchez
José María Rotellar. okdiario 25 Enero 2022

Este pasado domingo, los agricultores y ganaderos se manifestaron en Madrid contra el acoso del Gobierno, especialmente de alguno de sus miembros, contra su actividad económica. Miles de personas acompañaron la marcha de tractores por Prado-Recoletos-Castellana para evidenciar su hartazgo por los ataques a los que se ven sometidos desde el Ejecutivo.

El campo ha dicho “basta” ante las ofensas recibidas por parte del ministro Garzón, con sus manifestaciones en la prensa extranjera en la que venía a decir que la carne exportada por España era de mala calidad por ser procedente de animales maltratados. Posteriormente, el todavía, sorprendentemente, ministro de Consumo, se ratificaba en sus declaraciones, aunque trataba de excusarse diciendo que hablaba de macrogranjas. En cualquier caso, es intolerable que un ministro español cargue contra una actividad económica nacional. Además, no es la primera vez, pues las declaraciones de Garzón contra la carne o el sector son abundantes.

El problema es que aunque el Gobierno ha tratado inicialmente de marcar distancia con Garzón, no termina de ser claro, al tiempo que el presidente Sánchez lo mantiene en su puesto como ministro, cuando no puede estar ni un segundo más en él.

El problema de la izquierda es que siempre busca demonizar sectores económicos: lo hizo hace veinte años con la construcción, obviando la importancia en el crecimiento económico y el empleo que tiene dicho sector de actividad. Posteriormente, el mismo Garzón calificó al sector turístico y la hostelería de sectores de bajo valor añadido. Ahora, le toca al campo, a la agricultura y la ganadería, el turno del menosprecio gubernamental, cometiendo un grave error, al atacar a un sector que aporta 32.550 millones de euros y 710.900 puestos de trabajo a nuestra economía.

No se puede atacar así a ningún sector económico nacional, y menos a uno esencial para la misma como es el agrícola y ganadero. En muchas partes de España, como en Castilla y León -a ver qué dice la izquierda ahora allí, en las elecciones regionales- es importantísimo. Contamos en España con una calidad agrícola y ganadera excepcional, moderna y competitiva, cuyos profesionales trabajan de sol a sol, mirando al cielo, preocupados por plagas y enfermedades, cuidando de sus cultivos y sus animales. No detienen nunca su actividad, haga frio o haga calor; llueva, nieve o truene, ni en una época normal ni en esta época pandémica. Se desloman, literalmente, por un margen justo, con amor a su trabajo, garantizando un mínimo de suministro, tanto para consumo nacional como para la exportación al exterior. ¿Y qué reciben a cambio? Palos en la rueda, desprecio y manifestaciones ausentes de verdad por parte de miembros del Gobierno.

Por todo eso, este pasado domingo miles de familias del campo alzaron su voz contra tanto maltrato; protestaron contra Garzón, que tanto daño les hace, pero, en definitiva, clamaron contra el presidente Sánchez, que es el que mantiene al líder de Izquierda Unida en su cartera ministerial y, de esa manera, con los hechos no desautoriza a Garzón, sino que lo ratifica en su puesto. Una vergüenza.

Esquizofrenia gubernamental con Ucrania y la OTAN
EDITORIAL. Libertad Digital 25 Enero 2022

El espectáculo que está dando la banda de Sánchez es el mejor indicador de hasta dónde puede llegar la hipocresía e insensatez de la izquierda española.

Los comunistas empotrados en el Gobierno de España admiran profundamente a la extinta URSS, de la que se reclaman herederos ideológicos, por lo que no cabe extrañarse de las patéticas diatribas de los ministros y dirigentes podemistas contra la OTAN y su gran puntal, los Estados Unidos de América.

Por lo que respecta al PSOE, hace el ridículo con sus acrobacias argumentales para tratar de conciliar su participación en las operaciones militares para la defensa de la soberanía de Ucrania con la infame campaña del "No a la Guerra" que capitaneó contra Aznar para deslegitimar al Gobierno de la Nación durante la Segunda Guerra del Golfo. Un conflicto, por lo demás, en el que España no tuvo participación militar, a diferencia de lo que sucedió en la Primera, estando el PSOE en el poder.

La hipocresía de los socialistas corre pareja a la de sus socios y retrata a ambos como elementos de nula fiabilidad. Es inaudito que un Gobierno europeo pretenda abanderar la defensa militar del continente y, al mismo tiempo, liderar ideológicamente a los movimientos antioccidentales que aún siguen añorando los tiempos en que la URSS sometía a buena parte de la Humanidad. Pero esa es la realidad del Gobierno social-comunista, que deja por los suelos la imagen de España en la escena internacional.

Putin, la OTAN y Pedro el Feroz
Rafael Bardají. https://gaceta.es  25 Enero 2022

Hubo una vez un tiempo en el que los socialistas españoles, incluido su actual líder y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, creían que para que España pudieras enviar tropas al extranjero eran necesario dos requisitos, que se hiciera bajo mandato y resolución expresa de las Naciones Unidas y que contara con la aprobación previa del Congreso de los diputados. Nada de esto sucede con el recién ordenado despliegue de buques, aviones y hombres, puestos a disposición de la OTAN por un Pedro Sánchez que quiere competir en ferocidad con Vladimir Putin.

¿Pero, dejando aparte el ego de nuestro presidente, por qué va España al socorro de Ucrania frente a una invasión rusa de la que mucho se habla, pero aún no se ha producido? Hay quien dice que por solidaridad obligada con la OTAN. Pero recordemos, la OTAN nace como una alianza defensiva que se compromete a reaccionar frente a un ataque a uno de sus miembros, según su famoso artículo 5, siempre y cuando esa agresión se produzca contra el territorio de uno de sus miembros o contra una de sus naves en un espacio claramente definido por su artículo 6. Justo el artículo que delimita el ámbito der actuación de la OTAN. Los españoles sabemos bien, por ejemplo, que Ceuta y Melilla no están dentro del área de cobertura de la Alianza.

Pues bien, la actuación de la OTAN en esta crisis de Ucrania no responde ni a la razón de ser de la Alianza, puesto que Ucrania no es miembro de pleno derecho ni asociado de cualquier tipo a la organización y, por lo tanto, cualquier zona de su territorio nacional tampoco es parte de lo que cubre el artículo 6. Lo que antiguamente se llamaba “fuera de área”. Es verdad que una vez desaparecida la URSS allá por 1991, la Alianza intenta sin mucho éxito darse una nueva misión existencial y se sacó de la manga aquello de las misiones de apoyo a la paz durante la crisis de los Balcanes y que acabó con los bombardeos sobre Serbia porque la ONU autorizó una intervención para evitar un supuesto genocidio. Sin embargo, años después, con motivo de la guerra contra Saddam Hussein, la OTAN se rompió en dos y se abstuvo de intervenir puesto que alguno de sus miembros, con Francia a la cabeza, exigían una resolución más por parte de la ONU. ¿Ha debatido la ONU la crisis de Ucrania actual y ha emitido resolución alguna que justifique una intervención directa de la OTAN? La respuesta es no y no esperen que se produzca habida cuenta del derecho de veto que tiene Rusia como potencia permanente en el Consejo de seguridad.

¿Y qué decir de la autorización parlamentaria previa que exige justo una Ley Orgánica de la Defensa que hizo José Bono con la única intención de poder controlar que ningún gobierno del PP llevaría a España a una guerra sin contar con la mayoría de diputados? Cierto que esa misma ley prevé que por razones de urgencia el Gobierno podrá solicitar con carácter de urgencia esa aprobación, pero esa petición no se ha hecho, ni hay ninguna urgencia. Peor todavía, ningún grupo de la oposición lo ha exigido aún. De hecho, Pablo Casado ha tardado dos nanosegundos en echarse a los brazos de Sánchez, sin cuestionar ni el por qué ni el cómo se va a defender a Ucrania, tan necesitado anda de que se le reconozca su discutido valor como hombre de Estado.

Tampoco se han oído discrepancias militares. Pero no por obediencia debida al poder político, no. Sino porque las misiones en el exterior se han convertido con el paso de los años en un buen negocio. A nivel institucional era una forma de medirse con el resto de ejércitos. O eso se nos ha dicho. Lo que no se nos ha contado es que su financiación que escapa al presupuesto normal mediante la famosa partida extraordinaria 228 se ha utilizado no sólo para pagar la factura de los despliegues en el exterior sino también para compensar carencias que los presupuestos anuales no cubrían. Por muy necesitadas que estuvieran nuestras fuerzas armadas, ninguna intervención ni tribunal de cuentas podría permitirlo. Por no hablar de la contabilidad, por ejemplo, de las horas de vuelos de las misiones como horas de entrenamiento a fin de llegar a los estándares OTAN en un claro caso de corrupción estadística. A nivel personal, los despliegues en el exterior también resultan altamente lucrativos, ya que los sueldos acaban multiplicados por tres. De ahí que a veces las unidades que se eligen para salir no siempre están seleccionadas por los principios de máxima idoneidad operacional, sino por criterios de rotación compensatoria. Recuerdo las quejas de un general cuando en el último momento se decidió no enviar a la exYugoslavia a la Brilat sino a la infantería de Marina, por el daño económico que se les hacía a muchos de sus subordinados que ya habían hecho compras anticipadamente pensando en el beneficio extra que les supondría pasar cuatro meses desplegados en el extranjero. Y sin embargo, nuestros militares debieran ser los más interesados en contar con el máximo respaldo legal para sus actuaciones. Conviene recordar que hay toda una escuela sustentada por los socialistas de todo el mundo a favor de la jurisdicción internacional, lo que podría llevar a nuestros fieles soldados a enfrentarse a un tribunal que decidiese acusarles de crímenes de guerra.

Yo no sé si finalmente Putin invadirá Ucrania o no. Si lo hace será porque cree que el coste de su decisión serás inferior que las ganancias que consiga y si no lo hace será, precisamente, por lo opuesto, porque le resulta excesivamente caro. Pero tampoco tengo claro que la OTAN deba convertirse en la garante militar de Kiev frente a Rusia. Y mucho menos que el destino de Ucrania impacte en los intereses nacionales españoles, condición sine qua non para toda actividad militar en el extranjero.

Si de verdad Pedro Sánchez, después der intentar sacar rédito personal del coronavirus y del volcán de La Palma, también quiere sacarlo de esta crisis (y eso es lo que parece a tenor de sus fotos hablando por dos teléfonos a la vez y garabateando no se sabe qué ya con la mano derecha ya con la izquierda), que se suba al Falcon una nueva vez más y vaya a ver a Putin, a ver qué caso le hace. Pero mejor eso que jugar con la vida de nuestros militares y los intereses de todos los españoles.

Sánchez: ¡Rusia es culpable!
Pablo Planas. Libertad Digital 25 Enero 2022

Pedro Sánchez está desconocido. El presidente del Gobierno ha sufrido una transformación mediante la que se ha convertido en el primer soldado de Joe Biden. Tremendo ardor guerrero el del pasajero del Falcon, dispuesto a mandar cuatro aviones, dos barcos y cientos de soldados a Ucrania para combatir al enemigo de Occidente al grito de "¡Rusia es culpable!". Quién nos lo iba a decir, el aserto de Marx sobre la repetición de la Historia corroborado por un Sánchez disfrazado de meritorio de los Estados Unidos.

La predisposición de Sánchez a involucrar a España en un conflicto bélico no estaba en el guion del Gobierno de coalición. Y mucho menos contra Rusia. Hablamos del presidente que debutó con la acogida de los 629 inmigrantes del Aquarius, del que ha enarbolado la bandera del "diálogo" en Cataluña, del que ha indultado a los golpistas. De modo que nada hacía presagiar el giro militar de Sánchez, quien en su juventud debió de formar parte de los manifestantes que se manifestaban contra Aznar y el Gobierno del PP al grito de "No a la guerra".

El baño (o la ducha) de realismo ha propiciado un efecto de fondo: los socios del Gobierno están en contra de la estrategia gubernamental, mientras que la oposición apoya el envío de tropas a la frontera ucraniana para frenar a Putin. No es extraordinario en España, donde el partido que retiró a las tropas de Irak es el mismo que las mandó a Afganistán o las pretende enviar ahora al este de Europa, sin que ello le suponga la más mínima contradicción.

Nada que objetar. A sus órdenes, capitán. Sólo un par de cosas. ¿Se asegurará de que en Cataluña se cumpla la sentencia sobre el 25% de español en la enseñanza? ¿Actuará con la misma firmeza en caso de que sus amigos de la Generalidad se nieguen a aplicar el fallo? Es que no cuadra demasiado que pretenda mandar soldados a las fronteras rusas para salvaguardar la libertad y el Derecho internacional y deje que en Cataluña el separatismo (jaleado por Putin, por cierto) impida que partidos constitucionales monten actos en localidades como Vich o que un consejero llamado Gonzàlez-Cambray llame a los profesores a desobedecer a los tribunales.

Vista la disposición de ánimo de Sánchez, debería saber que si lo de Rusia se arregla con la fragata Blas de Lezo y los cazas Eurofighter, lo de Cataluña es mucho más sencillo. Solo requiere unos pocos inspectores de enseñanza y algunos guardias civiles.

Ucrania, capital: Ceuta
Santiago Navajas. Libertad Digital 25 Enero 2022

Cabe objetar qué se nos ha perdido a los españoles en Ucrania para enviar tropas e iniciar un posible enfrentamiento con Rusia. Para empezar, podemos defender que se nos han perdido Ceuta y Melilla. Un poco más allá, las Canarias. En un mundo globalizado en el que la geoestrategia llega al Metaverso, las fronteras españolas no empiezan en los Pirineos, el Mediterráneo y el Atlántico y llegan al Mar Negro, el Mar Amarillo y los Urales.

Si en Ucrania están preocupados, en Taiwán ni les cuento (y en Ceuta y en Melilla podrían poner sus barbas a remojar). Los primeros que digan que Putin y Xi Jinping son hombres de paz, esos son los traidores. La UE está bien, pero es necesario crear una política geoestratégica independiente de los anglosajones (EEUU junto con Reino Unido, Australia y demás mirarán por sus intereses y nos abandonarán ante los rusos y chinos), respaldada por un ejército europeo. O eso o la intrascendencia. Y la dependencia y el sometimiento.

La Comisión Europa ha publicado La brújula estratégica de la Unión Europea, donde plantea que la UE "aprenda a usar el lenguaje del poder". Usar el lenguaje del poder es fácil. Lo difícil es aprender a usar el poder: la fuerza y la violencia para defender tanto los intereses como las necesidades y los valores.

En una época de competencia estratégica y de complejas amenazas a la seguridad, los conflictos y las fuentes de inestabilidad se multiplican en nuestra vecindad y fuera de ella. Nos enfrentamos a crecientes amenazas híbridas, ciberataques y manipulación extranjera de la información. Los océanos, el espacio exterior y la esfera digital son cada vez más importantes para nuestra prosperidad y bienestar, pero las normas que rigen su acceso son cada vez más controvertidas.

La cuestión de fondo: ¿están dispuestos los europeos a defender sus valores mediante el uso de la fuerza? A la UE habría que darle el Premio Nobel de la Paz. Pero como nos enseñaron Carl Schmitt, Winston Churchill y John Ford, la Paz no se defiende pacíficamente. Durante la Segunda República existía un Ministerio de la Guerra, ahora Ministerio de Defensa. En realidad, cuando se dice "No a la guerra" se está defendiendo "No a la defensa y a la seguridad". Que Europa no tenga capacidad de respuesta militar es tan absurdo como peligroso. Por eso es que Pablo Iglesias defiende:

​​Ni pro Rusia, ni pro Estados Unidos, hay que ser pro Paz. ¿Qué tiene que ganar Europa en una guerra? ¿Por qué soldados españoles tienen que morir en Bulgaria?

Felipe González podía ser anti OTAN pero prefería Nueva York a Moscú. Pablo Iglesias es pro Putin y cualquier cosa para desestabilizar a las democracias occidentales.

El siglo XXI va a ser imperial, con Estados Unidos, China y Rusia repartiéndose el mundo. Extremo Oriente va a ser para China. Asia Central y Europa Oriental para Rusia. La Commonwealth para EEUU. El resto se lo repartirán entre los tres imperios. ¿Incluida Europa Occidental? Si no reaccionamos, y con un poco de suerte, caeremos bajo el imperio USA. Paradójicamente, la UE es nominalmente un gigante económico y militar comparado con Rusia. El PIB de la UE se eleva a 13.590.491 millones de euros, el 22% de la economía mundial (el de Rusia es de 1.293.052 millones, similar al de España, que es de 1.121.948 millones). Y sus Fuerzas Armadas tienen un presupuesto de 297.000 millones de euros (las de Rusia, de 55.128 millones; las de España, de 15.730 millones).

Sin embargo, la voluntad de poder de Putin es incomparable con la de los dirigentes europeos, tecnócratas hedonistas al borde siempre de un ataque de retórica populista pseudohumanista.

¿Qué futuro tiene Europa cuando el presidente de uno de sus Gobiernos defiende la supresión del Ministerio de Defensa y dedicar su presupuesto a la ayuda al desarrollo? Eso es lo que dijo Pedro Sánchez siendo el líder de la oposición. En realidad, habría que reducir la ayuda al desarrollo para crear un Ejército europeo que temblasen Putin, China, Irán y el Misterio. Pero tengamos también en cuenta los intereses de España. Intervenir en Ucrania pasa por exigir que los demás países europeos también se impliquen en un posible conflicto con Marruecos por nuestra soberanía, en una situación en la que no sería extraño que EEUU no quisiera involucrarse por los vínculos que está estableciendo el rey Mohamed VI. Y, ya puestos, en otro con respecto al Reino Unido y Gibraltar.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Los hijos de Putin que mantienen a Sánchez
OKDIARIO 25 Enero 2022

Al final, las cosas terminan cayendo por su propio peso: Pedro Sánchez se ha encontrado con la firme oposición de sus socios de Gobierno al despliegue militar en Ucrania y nada menos que Podemos -partido con el que comparte Ejecutivo- ha hecho gala de su animadversión atlántica y, de facto, se ha posicionado del lado de los intereses rusos. Lo mismo cabe decir de los golpistas catalanes de ERC o los proetarras de Bildu. Es decir, quienes mantienen a Sánchez en La Moncloa son los más firmes detractores de la implicación de España en el conflicto entre Ucrania y Rusia. El progresismo era eso: a la hora de la verdad, quienes no se sienten concernidos con España y su posición en el mundo -los enemigos de España, para entendernos- son los mismos que mantienen con sus votos a Pedro Sánchez. Los hijos de Putin se reparten entre las formaciones de izquierda que mantienen al presidente del Gobierno.

Esta es la realidad. Al final, la lealtad institucional se demuestra en situaciones como esta: PP y Vox apoyan el despliegue militar, mientras golpistas, populistas y formaciones de ultraizquierda cargan contra el papel del Ejército español y la política de Defensa nacional. Conclusión: la oposición en este caso la ejercen, precisamente, quienes tienen a Sánchez cogido por la entrepierna y le prestan sus votos a cambio de un altísimo precio que pagamos todos los españoles.

Quienes mantienen a Sánchez orbitan ideológicamente alrededor de Moscú. Lógico si tenemos en cuenta que el Consejo de Ministros de España es el único en el que tienen asiento miembros del Partido Comunista. Sánchez ha hecho lo único que podía hacer -cumplir con el papel que le corresponde a España-, pero habría sido interesante comprobar la respuesta del PSOE en el caso de que hubiera sido el PP quien ordenara el despliegue militar en Ucrania. Muy, pero que muy interesante

Una decisión judicial errónea
Javier Gómez de Liaño. Libertad Digital 25 Enero 2022

De la decisión –supongo que será un auto– de la Sección Quinta de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo (TS) que, por mayoria de tres votos frente a dos, ha acordado no admitir a trámite la totalidad de los recursos presentados contra los indultos concedidos por el Gobierno a los condenados del procés se ha dicho que es una mala noticia judicial, cosa que comparto, al igual que, obviamente, hacen los dos magistrados discrepantes.

A la espera de conocer el texto de la resolución, ¿por qué la noticia es mala? Primero, porque el hecho de que el TS quede ante los ojos de la gente como una institución en la que unos jueces se atreven a mandar a paseo a quienes acuden a ellos en súplica de justicia es algo que a cualquiera llena de preocupación. En segundo lugar y ya metidos en harina, porque el asunto en cuestión tendría que haberse visto, según contempla el artículo 197 de la Ley Orgánica del Poder Judicial, por todos los magistrados que componen la Sala, al entender el presidente o la mayoría de aquellos, que se trataba de un "supuesto necesario para la administración de justicia" y susceptible de contribuir a crear un cuerpo de doctrina jurisprudencial uniforme.

Cuesta trabajo suponer que el TS vaya por ahí dictando autos y sentencias injustos, pero el auto me parece erróneo y no tanto porque venga a otorgar carta de naturaleza a los indultos concedidos, que también, aunque esté sea el fondo del asunto en el que no se ha entrado, sino por el hecho de que, en sí mismo, tiene el tufo de no ser un resolución judicial en términos racionales y jurídicos, lo que afirmo e insisto, sin perjuicio, claro ésta, de lo que sus excelencias expongan en el texto aún pendiente de conocer y de notificar a las partes.

En relación al núcleo de la decisión, es decir, el problema de la legitimación activa de los recurrentes y que el tribunal, con el concurso de la abogacía del Estado, parece que niega porque entiende que los partidos políticos y las asociaciones recurrentes carecen "interés directo", a mi juicio la influencia que el artículo 24.1. de la Constitución ejerce sobre la "legitimación" justifica una interpretación amplia del presupuesto procesal, de tal modo que el concepto de "interés directo" se sustituye por el de "interés legítimo". Un interés que, en el caso de los partidos políticos, se justifica por el vínculo que existe entre ellos y la Justicia, como instrumentos de la soberanía popular. Téngase presente que para que exista un interés que legitime el ejercicio de una acción basta con que el eventual éxito de la iniciativa judicial emprendida signifique para quien recurre un beneficio material o jurídico o, en sentido opuesto, que viene a ser lo mismo, que la situación creada por el acto impugnado produzca un perjuicio aunque sea por vía indirecta o refleja.

En fin. Ante la sorpresa causada por la decisión que comento y ojalá que, como otros muchos, el equivocado sea yo, se me ocurre que cuando la función de juzgar se ejerce desde tribunas extrañas al Derecho, esa tarea es tan estéril como gratuita. Una resolución judicial dictada para agradar a quienes mandan, podrá gustar, es posible, a los administradores de la justicia por decreto o a los mandarines del Derecho, pero éste no es, en verdad, el camino que habrían de seguir quienes, desechando la fácil senda de puñeteras tentaciones, están obligados a ser ejemplo del cotidiano quehacer judicial. La Justicia es una idea en sí misma, algo que no puede supeditarse ni a la conveniencia, ni a nada..

De Gregorio Ordóñez a David Pla

Cayetano González. Libertad Digital 25 Enero 2022

Mientras que familiares y amigos del dirigente del PP vasco Gregorio Ordóñez, asesinado por ETA en San Sebastián el 23 de enero de 1995, le rendían el pasado sábado un homenaje y rezaban un responso por su alma en el cementerio de Polloe, los herederos políticos de ETA (Sortu) elegían para formar parte de su dirección a quien fuera el último jefe de la organización terrorista, David Pla. Este individuo fue el responsable del aparato político de la banda y uno de los tres encapuchados que el 20 de octubre de 2011 leyó el comunicado en el que ETA anunciaba que dejaba de asesinar.

Estas son las macabras coincidencias que se siguen dando en la sociedad vasca. Gregorio Ordoñez, Goyo le llamábamos sus amigos, en la tumba desde hace veintisiete años y el último jefe de ETA, en libertad y en la dirección del partido que da peso y consistencia a la coalición EH-Bildu.

Lo primero que hay que subrayar, y no cansarse de hacerlo, es que con estos –los David Pla y compañía– es con los que han pactado Pedro Sánchez y el PSOE. Han pactado en Navarra, en el Congreso de los Diputados, y, lo que es más grave, desde el Gobierno de la Nación se trata a Bildu, es decir a Sortu, es decir a David Pla, como un partido más, con el que se puede no sólo hablar sino negociar y pactar. En un ejercicio político absolutamente inmoral, Sánchez y el PSOE blanquean un día sí y otro también a quienes se han negado a condenar sin tapujos, sin ambages, la violencia de ETA, a reconocer que aquello no fue la consecuencia de un "conflicto político" que sólo estaba en la mente de los criminales, sino la persecución y asesinato de quienes no pensaban como ellos.

Con sus decisiones políticas, Sánchez y el PSOE blanquean el pasado criminal de una banda terrorista que entre sus víctimas cuenta con varios dirigentes o militantes socialistas: Fernando Buesa, Ernest Lluch, Fernando Múgica, Enrique Casas, Joseba Pagazaurtundua, Juan María Jáuregui, Froilán Elespe, Juan Priede, Germán González López, Vicente Gajate e Isaías Carrasco. ¡Qué vergüenza! ¿Cómo es posible que los militantes y dirigentes socialistas actuales, o al menos una parte de ellos, no se rebelen contra quienes cometen tal indignidad con todas las víctimas de ETA, incluidas las que pertenecían al PSOE?

David Pla, después de haber estado varios años en la dirección de ETA, puede vivir en libertad, estar con su familia, tomar txiquitos con sus amigos y participar en política formando parte de la dirección de un partido como Sortu. Puede hacer todo lo que compañeros de filas de Pla integrantes del Comando Donosti le impidieron seguir haciendo en un lejano 23 de enero de 1995 a Gregorio Ordoñez, al descerrajarle varios tiros en la cabeza cuando estaba comiendo en el bar La Cepa, en la parte vieja de San Sebastián, en compañía de algunos colaboradores suyos en el Ayuntamiento de la capital donostiarra, entre otros María San Gil.

Lo terrible es que, en la actualidad, según han puesto de manifiesto varios estudios e informes, muchos españoles –sobre todo los jóvenes– no saben quiénes fueron Gregorio Ordoñez y Miguel Ángel Blanco, ni quién es José Antonio Ortega Lara, por citar sólo a tres víctimas de ETA que por diferentes motivos tuvieron una mayor repercusión mediática. Este año, por cierto, se cumplirán veinticinco años del asesinato del joven concejal del PP de Ermua y de la liberación, en una brillante operación de la Guardia Civil, del funcionario de prisiones.

La sociedad no puede tolerar que las nuevas generaciones de españoles no conozcan esta parte trágica de nuestra historia reciente. Gregorio Ordoñez, Miguel Ángel Blanco y el resto de las 857 víctimas de ETA fueron asesinadas por ser españoles, independientemente del uniforme que vistieran, de su profesión o de su filiación política. Y con su muerte contribuyeron a defender la libertad y la democracia: en el País Vasco y en el resto de España.

Las víctimas del terrorismo tienen que estar en el frontispicio de nuestra historia. Y nuestro Estado de Derecho debería tener los instrumentos necesarios para impedir que individuos como David Pla o quienes han pertenecido a una banda terrorista puedan participar sin más en la actividad política.
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