AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 26  Enero  2022

Los ‘fachi blinders’
Diego Vigil de Quiñones. okdiario  26 Enero 2022

Publica este martes OKDIARIO una entrevista al candidato de Vox en la comunidad autónoma de León y Castilla la Vieja. Precisamente García- Gallardo es uno de los protagonistas de las fotos tomadas el pasado viernes en León, las cuales han dado lugar a una nueva y estúpida polémica en redes: el caminar decidido en ruda vestimenta invernal de los protagonistas llevó a que el dúo humorístico Pantomima Full comparase a los líderes de Vox con los personajes de la serie Peaky Blinders.

A continuación, diversos usuarios replicaron la idea con variaciones (Fachi Blinders, Peaky Blinders de marca blanca), el candidato a la desaparición de Ciudadanos Francisco Igea quiso aprovecharla en serio, y la prensa comunista daba noticia del tema (confirmando así lo escasa que anda de contenidos propios). Como no podía ser de otro modo, el propio Vox sacaba partido del asunto en algún tuit gracioso en el que Macarena Olona aceptaba la comparación y el Senador González-Robatto le decía a Igea que vaya limpiando el despacho.

El asunto no pasaría de la mera anécdota si no fuera por lo que es capaz de significar. Y es que la polémica se produce a la vez que Vox alcanza el empate técnico con el PP según el último panel de Electomanía. Un resultado que se logra gracias la victoria en todas las circunscripciones de la costa sur peninsular desde Valencia a Huelva. ¡Todas! Se diría que la ciudadanía de esos lugares se siente amenazada por algo, y que confía más en los fachi blinders para repeler la “amenaza fantasma” que en los que se acomplejan de desplegar fuerzas militares o pactan con los del no a la guerra.

Por otro lado, la imagen de los líderes de Vox caminando cual banda luchadora dio lugar a comentarios inteligentes: la periodista Isabel Morillo decía que «cuando un partido tiene una estética reconocible y que incluso triunfa entre un sector de los jóvenes, tiene una marca muy potente. Moda Vox. Entre un sector de los jóvenes sevillanos, arrasa. Así que si fueran mis adversarios me reiría menos».

Y es que, en efecto, el problema es ese: tanto en el fondo como en la forma, el fenómeno Vox desborda tanto a la ultraizquierda hegemónica como a los boomers del centro exquisito y la derechita pompier (señalo a los boomers porque hay un evidente componente generacional). Y tan nerviosos están, y tan evidente es que los hechos les ponen en evidencia, que necesitan hacer el inútil con argumentos tan débiles como que los líderes de Vox parecen una banda de matones. Torpe manera de combatir algo en política, cuando el electorado pide argumentos.

Hace poco, un sesudo analista llamadoJavier Ortega Elduque (nada que ver con el secretario general de la cosa) decía que a Vox se lo están poniendo en bandeja los hechos y la actitud ante los mismos de los demás partidos. Señalaba en concreto la torpe respuesta a la pandemia, las restricciones iliberales de personajes como Feijóo y Mañueco, la incapacidad de PP y PSOE para frenar la pobreza y la desigualdad, o la creciente derrota ideológica de una izquierda más preocupada por el clima y el género que por la realidad de los desfavorecidos. Tal vez en esta realidad material de fondo esté la explicación de que el ataque a Vox se centre en su estética y no en argumentos. Como no espabilen, me parece que los fachi blinders les van a dar más de una sorpresa el nuevo ciclo electoral…

Con Trump esto no pasaba
EDITORIAL. LGI. https://gaceta.es 26 Enero 2022

La crisis provocada por los movimientos de tropas rusas y bielorrusas alrededor de Ucrania tiene alterado al presidente Joe Biden. Hasta el borde de la histeria, que es el único punto en el que se puede entender —jamás disculpar— que todo un presidente de los Estados Unidos pueda llegar a insultar a un periodista crítico («maldito hijo de puta») en la mismísima Casa Blanca.

Un nerviosismo al que se le suma la marcha menos que mediocre de la economía estadounidense, la inflación que no cesa, al fracaso de su plan de vacunación, la incapacidad federal de enfrentarse a la pandemia y la constatación de que se acercan a toda velocidad las elecciones de medio mandato que, ahora mismo, pronostican una corrección en el voto de los norteamericanos que retirarán la confianza en los demócratas y se la devolverán a los republicanos. En resumen: jamás se vio a un presidente estadounidense tan desnortado después de apenas un año de mandato. A su lado, hasta Jimmy Carter fue un strategos.

Es cierto que lo de Ucrania, socio de la Alianza Atlántica pero no aliado (es decir, sin defensa automática), no tiene un análisis fácil. Rusia tiene sus razones históricas (las menos) y las geoestratégicas (las más). La OTAN —en esta caso, los aliados más recientes de la Alianza en la Europa libre pero amenazada de Visegrado y las antiguas repúblicas soviéticas del Báltico—, tiene las suyas. Gran Bretaña, con un Boris Johnson que nos recuerda demasiado a un Bill Clinton acorralado por sus escándalos y dispuesto a lanzar tomahawks para alterar la percepción de la opinión pública de lo que es, y lo que no, una relación sexual, también tiene las suyas. Alemania, que por su decisión de ser ecoverde sostenible y antinuclear depende de las importaciones de energía rusa, también tiene razones que no pueden ser ignoradas.

Sean las razones, los intereses y las necesidades que sean, lo que todo el mundo tiene claro es que la Administración Biden, que es el jefe de la organización militar, tiene la obligación de incomodar a Vladimir Putin para que el presidente ruso medite al menos el coste y los beneficios de una invasión de Ucrania.

Sin embargo, Biden, que metió la pata hasta el corvejón la pasada semana al negar sanciones si Rusia realizaba una intervención mínima (?) de Ucrania, y que ayer demostró un nerviosismo lamentable, no parece un líder para tiempos complicados, mucho menos si recordamos su, ejem, liderazgo en el caos de la huida de las tropas de la Alianza en Afganistán. Con Donald Trump, sin duda, el mundo era un lugar más seguro. Esto no es debatible, sino observable.

En el otro lado de la Alianza, está el irrelevante Pedro Sánchez al frente del Gobierno del país europeo que junto a otros «gigantes» como Bélgica y Luxemburgo menos presupuesto dedica a Defensa y cuya aportación económica directa a la OTAN es residual. Es cierto que el PSOE comparte el hstórico menosprecio de todos los gobiernos democráticos por la capacidad de nuestras Fuerzas Armadas, pero también es verdad que el hecho de que Sánchez se haya prestado para una ridícula sesión de fotos haciendo como que está muy preocupado por la crisis en Ucrania, es risible. Que el más que nervioso Biden lo haya excluido de la ronda de conversaciones con los aliados europeos de la Alianza, sobre todo cuando España será la sede de la cumbre de la OTAN en junio, ratifica las risas.

España es, hoy, una nación irrelevante no sólo en la crisis ucraniana, sino en el nuevo modelo estatégico de la OTAN. La aportación de Madrid a la fuerza de disuasión báltica de la Alianza es pequeña y el Gobierno todavía no ha explicado cuáles son nuestros intereses permanentes para que hayamos enviado carros de combate, cazas y hasta una fragata a una zona de enorme tensión. Pero aunque Sánchez sea irrelevante para Biden, no lo es (por desgracia) para los españoles y está obligado -él, no su ministro de Exteriores- a dar explicaciones y buscar la aprobación de una mayoría parlamentaria. Por supuesto, en el Congreso, como manda la ley, y no en alucinantes e increíbles sesiones fotográficas.

Todo esto, por supuesto, si es que Sánchez —que contra Trump vivía mejor— se acuerda de qué es la legalidad y dónde está la sede de la representación de la soberanía nacional. Que después de tanto tiempo de pandemia, tanta mentira e ilegalidad, lo dudamos.

EEUU ningunea al Sánchez aliado de comunistas que llaman "terrorista" a la OTAN
EDITORIAL. Libertad Digital 26 Enero 2022

El presidente de los EEUU, Joe Biden, ha excluido de su ronda de conversaciones en torno a la crisis de Ucrania al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ronda en la que sí han participado los gobernantes de Reino Unido, Francia, Alemania, Italia y Polonia, además de los máximos responsables de la Comisión y el Consejo de Europa, Ursula von der Leyen y Charles Michel.

España sigue siendo miembro de pleno derecho de la OTAN y uno de los países con mayor peso económico de la Unión Europea. También cabe citar la importancia de las bases militares que EEUU tiene en nuestro territorio y el rápido ofrecimiento de Sánchez a la OTAN con el envío de la fragrata Blas de Lezo, lo que hace aún más humillante el ninguneo de Biden al presidente del Gobierno, uno de los que babearon cuando el senil demócrata desalojó a Donald Trump de la Casa Blanca. Sobre todo cuando se recuerda el patético papelón que el socialista hizo en la cumbre de la OTAN del pasado junio ante un Biden que parecía no saber cómo quitárselo de en medio.

Todo parece indicar que a Sánchez –el iluminado que dijo que suprimiría el Ministrio de Defensa– le están haciendo pagar la ridícula aportación de su Gobierno a la defensa en general y a la OTAN muy en particular, así como la pérdida de prestigio internacional de España –sobre todo en EEUU– desde que a José María Aznar le sustituyera José Luis Rodríguez Zapatero, conocido por no levantarse al paso de la bandera norteamericana en un desfile oficial, por llamar a la deserción de los aliados de USA en Irak y por ser una suerte de embajador plenipotenciario de la narcotiranía chavista que devasta Venezuela. Pero, sobre todo, le están haciendo pagar la mortificante anomalía de que haya convertido a España en el único país de Occidente con comunistas empotrados en el Gobierno.

Por mucho que las elites políticas y mediaticas dirijan su hostilidad hacia Vox –formación plenamente comprometida con el orden constitucional y con la unidad y defensa de la Nación integrada en la Internacional Conservadora, a cuyos miembros recibirá Abascal en Madrid a finales de mes–, lo verdaderamente atípico e inaudito en un país democrático es, habrá que insistir, que en el Gobierno haya comunistas orgullosos de serlo.

Ya no se trata de recordar algo que no olvidan los estadounidenses, como la amenaza que ha constituido siempre el comunismo para las democracias, sino de preguntarse si alguien se imagina que otra democracia integrada en la OTAN tuviera en el Gobierno a alguien que hubiera tachado públicamente a la Alianza Atlántica de "organización de terrorismo legal", tal y como hizo en su día el ahora ministro Alberto Garzón, que ni siquiera se ha molestado en borrar el tuit infame. Con un Gobierno así, que ha tenido hasta ayer mismo como vicepresidente a un sujeto que estuvo a sueldo de la República Islámica de Irán, ¿cómo puede pretender Sánchez que EEUU le dé la menor cancha, por no hablar de concederle algo de liderazgo?

Lo más surrealista es que preguntar al Gobierno de Sánchez por el ninguneo a que le somete Biden es como preguntar por su joroba al jorobado de El jovencito Frankenstein: ¿joroba?, ¿qué joroba? Así, la portavoz Isabel Rodríguez no sólo no ha reconocido ninguneo alguno sino que ha tenido la ridícula desfachatez de afirmar que el Ejecutivo social-comunista trufado de chavistas se siente "partícipe y coautor de las decisiones del consenso de la Unión y de los aliados" y que "hacía tiempo que no se producía una relación tan extraordinaria" entre EE UU y España. Además, ha justificado la ausencia de Sánchez en la ronda de conversaciones de Biden esgrimiendo razones de "formato". Como si las videoconferencias no fueran, precisamente, un "formato" que facilita que las reuniones sean más nutridas.

Está visto que Pedro Sánchez no se cansa de hacer el ridículo con sus delirios de grandeza y que no puede aceptar la realidad tal como es; entre otras cosas, porque eso le llevaría a tener que dar explicaciones no sólo del ninguneo de Biden sino de por qué no ha comparecido en el Congreso por la crisis de Ucrania y ni siquiera ha llamado a los miembros de la oposición, empezando por el líder del PP, Pablo Casado, pese a que este último le ha prestado su apoyo desde el primer momento.

El sindicato Solidaridad recuerda que PP, PSOE y los separatistas han dejado a España sin soberanía energética
DENUNCIA QUE LOS ESPAÑOLES ESTÁN A MERCED DEL GLOBALISMO
LGI. https://gaceta.es  26 Enero 2022

El sindicato Solidaridad ha denunciado que tanto PP como PSOE han demolido la soberanía energética de España, condenando a los españoles a la desindustrialización y dejándoles a merced del globalismo y de la competencia desleal de países extracomunitarios que no cumplen con los requisitos sanitarios.

«En nombre de la religión climática han destruido todo», sostiene el vídeo publicado por el sindicato Solidaridad, al tiempo que recoge unas palabras de su secretario general, Rodrigo Alonso, en la movilización organizada por Solidaridad el pasado mes de septiembre por la subida del precio de la luz.

Rodrigo Alonso recordó que «un puñado de políticos» un día decidieron condenar a España a la dependencia energética. «PP, PSOE, Podemos y partidos separatistas (vascos y catalanes) (…) han ido vendiendo nuestra soberanía a precio de saldo».

Así, señaló que los partidos globalistas se postraron de rodillas ante la religión climática, cerraron las centrales nucleares, las minas de carbón y las térmicas… «y la consecuencia ahora la pagamos nosotros, hay que comprar gas de Argelia, y electricidad de las nucleares de Francia y de las térmicas de Marruecos», añadió.

«Nos han llevado (PP y PSOE) a un país desindustrializado, sin soberanía energética y sin capacidad para defender a nuestros trabajadores y a nuestras empresas de la competencia desleal y de la deslocalización. El Gobierno y los oligarcas de Bruselas son los culpables. Y nosotros decimos que, frente a su globalismo, elegimos patria», concluyó.

Agenda 2030, cierre de centrales… los ataques del PP al campo y a la industria en Castilla y León
SUS POLÍTICAS GLOBALISTAS HAN CONTRIBUIDO AL ABANDONO DE AMBOS SECTORES
LGI. https://gaceta.es  26 Enero 2022

Pese a que el Partido Popular no ha escatimado en sus ataques contra el ministro de Consumo, Alberto Garzón, tras sus declaraciones al diario ‘The Guardian’ en las que arremetía directamente contra el campo español asegurando que la carne que se produce en España es «de mala calidad», la realidad es que el PP contribuye de forma directa en el ataque al campo y a la industria que está liderando la izquierda.

Los populares participan de la acometida al campo español con la asunción de la Agenda 2030, que representa una grave amenaza para agricultores y ganaderos. En Castilla y León, una comunidad en la que el sector agropecuario es un potente tractor de la economía que da empleo a 38.400 personas, con 3.060 empresas que facturan cerca de 10.000 millones de euros –lo que supone un 5 por ciento del PIB regional– el presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, ha impulsado un plan de Acción pionero en España para la implantación de la agenda globalista.

En su presentación del plan afirmó que el futuro de Castilla y León era «sostenible, verde, igualitario, moderno…». «Somos pioneros en situar la Agenda en la política real (…), la Agenda 2030 sí existe en esta región», añadió, sobre una estrategia que incluye la demonización de agricultores y ganaderos, y que favorece la competencia desleal extracomunitaria, el principal enemigo del sector primario español.

La Agenda 2030 también es incompatible con la solución a uno de los problemas más graves que sufre Castilla y León: la reindustrialización. En la comunidad, la facturación de la industria cayó un 1,4 por ciento en el mes de octubre de 2021 con el cuarto peor dato del país. Impulsar la industria y generar puestos de trabajo de alto valor añadido es incompatible con la agenda globalista que respalda el PP y que señala a emprendedores y a fábricas por incrementar los niveles de contaminación.

Además de la adopción de políticas y de planes ideológicos que van en contra de un futuro impulso a la industria castellanoleonesa, hasta ahora el PP tampoco ha contribuido al mantenimiento de las fábricas de la región.

Así, en el año 2017, el ministro popular de Energía, Álvaro Nadal, anunció el cierre de la central nuclear de Santa María de Garoña, en Burgos. El desmantelamiento de la planta, propuesto en un primer momento por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, se hizo oficial con Mariano Rajoy, pese a que la planta había recibido el informe favorable del Consejo de Seguridad Nuclear para funcionar hasta 2031. En contra de la persecución que los gobiernos del PSOE y del PP han perpetrado contra las nucleares durante las últimas décadas, este año la Comisión Europea ha reconocido la energía nuclear como verde al menos hasta 2045.

Durante los años en los que la comunidad ha estado bajo la administración del PP, no solo se ha cerrado la central de Garoña, en julio de 2020 también se decretó el cierre de las tres centrales térmicas que existían en la región. Pese a que Mañueco ha señalado a «las políticas de Sánchez» que «precipitaron el cierre de minas y térmicas», su formación no consiguió mantener operativas las plantas al no aplicar las mejoras medioambientales exigidas por Europa para poder continuar con su actividad. La demolición de estas centrales también supuso la destrucción de cientos de empleos y del ingreso de millones de euros en las arcas municipales.

Y no solo eso. Pese a que los populares han respondido con críticas al ataque de Garzón a las macrogranjas y Mañueco ha pedido incluso la dimisión del ministro, el PP se ha movilizado contra estas instalaciones ganaderas en, al menos, 37 municipios. La mayoría se encuentran en Castilla y León.

Además de esto, también han aprobado normas municipales que regulan aspectos que afectan directamente a la construcción de nuevas instalaciones. Por ejemplo, a través de la regulación del vertido de residuos de origen ganadero, la suspensión de licencias para su edificación o la modificación del Plan de Ordenanza Municipal para impedir la contaminación del suelo y los acuíferos.

Mientras el PP de Mañueco continúa así poniendo trabas al campo español, el presidente de la Junta se dedica a visitar distintas granjas de la comunidad en «defensa» de los ganaderos de la región ante las elecciones autonómicas que se celebran el próximo 13 de febrero en Castilla y León.

El PSC no quería la inmersión
José García Domínguez. Libertad Digital 26 Enero 2022

El llamado síndrome del falso recuerdo es un término médico que remite a una patología caracterizada por el hecho de que el paciente guarda en la memoria, y como si hubiesen sido reales, supuestos acontecimientos fechados en el pasado que, en realidad, nunca existieron. Trátase, por lo demás, de una afección psíquica muy extendida entre los actuales dirigentes del PSC, la gran mayoría de los cuales, y por comprensibles razones de edad, todavía no se habían incorporado a la militancia allá a principios de los años ochenta.

De ahí que tantos de ellos aseguren ahora que la llamada inmersión lingüística, esa técnica de acoso parapolicial y persecución sistemática de la lengua materna de los niños que solo se practica en un único lugar del mundo –Cataluña, por más señas–, fue no sólo el fruto de un enorme consenso social, sino que su propio partido, el PSC, la asumió como propia desde el mismo instante de su puesta en práctica. El único problema de los falsos recuerdos es ese, que son falsos. Y resulta que, contra lo que creen recordar todos esos neoinmersores vocacionales del PSC, su partido no tuvo nada que ver, absolutamente nada que ver, con el nacimiento del proyecto pujolista de hurtar la lengua materna a la mitad de los escolares de la demarcación.

Bien harían, pues, y empezando por Salvador Illa, si dejaran de lanzar fango sobre la memoria de Marta Mata, la pedagoga socialista que nunca, y nunca quiere decir nunca, defendió esa aberración. Si no saben más porque nadie se lo ha enseñado, vayan a la Wikipedia los chicos y las chicas de las nuevas generaciones del PSC. Allí descubrirán, sin duda con perplejidad retrospectiva, que en la primera ley de normalización lingüística, la de 1983, texto apoyado por toda la izquierda catalana, la inmersión no aparecía por ningún lado. Lo que entonces se aprobó, bien al contrario, fue un sistema de aprendizaje bilingüe en el que, huelga decirlo, la ley catalana garantizaba que se recibiera la primera enseñanza en la lengua materna del alumno. Y si no quieren ir a la Wikipedia, que mi amigo Iceta les subvencione un psiquiatra con cargo a los fondos europeos. Les hará mucho bien.



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PAÍS VASCO
Así es la campaña constante contra Covite y Ordóñez por denunciar homenajes a etarras
Los ataques contra la hermana de Gregorio Ordóñez se han recrudecido en los últimos días pero son permanentes. "Algo estaremos haciendo bien", afirman desde la asociación
Alberto Lardiés. vozpopuli.es 26 Enero 2022

Están acostumbrados pero no resignados. Desde el Colectivo de Víctimas del Terrorismo (Covite) que preside Consuelo Ordóñez denunciaban este martes los ataques que están sufriendo en los últimos días en las redes sociales por parte de simpatizantes de la izquierda abertzale. Insultos y acusaciones de todo tipo para esta asociación que no para de denunciar cada uno de los homenajes a etarras que tienen lugar en el País Vasco y Navarra.

Fuentes de Covite explican a Vozpópuli que "en realidad se trata de una campaña constante de la izquierda abertzale contra nosotros, solo que a veces las críticas son más fuertes y a veces menos". Asimismo, explica que en los últimos días los ataques se han recrudecido a raíz de dos hechos: el final del caso de Alsasua, después de que Estrasburgo desestimase el recurso de los condenados, y la denuncia de la Fiscalía que pide un año y nueve meses de cárcel para el individuo que increpó a Ordóñez en un bar de Pamplona.

Covite recogía este martes en su cuenta de Twitter varios ataques a la hermana de Gregorio Ordóñez, asesinado hace 27 años por la banda terrorista. "La izquierda abertzale sigue calumniando a la presidenta por haber sufrido una agresión en Pamplona". "Así funciona el matonismo abertzale: te agreden y encima te hacen culpable de la agresión, difundiendo mentiras y calumnias".

Covite: "Les incomodamos: es buena señal"
En todo caso, desde el colectivo exponen a este periódico que "si nos atacan tanto y tienen tanta obsesión con nosotros, es que algo estaremos haciendo bien". "Les incomodamos y eso es buena señal".

El citado caso sucedido en Pamplona en noviembre es uno de los episodios más violentos. Justo entonces, después de que se conocieran los hechos, numerosos tuiteros, la mayoría de ellos anónimos, publicaron decenas de mensajes con graves acusaciones a Covite y su presidenta, tal y como tiene documentado la asociación.

La hemeroteca demuestra que en efecto no es la primera vez ni mucho menos en que los simpatizantes de Sortu, matriz de Bildu, atacan a este colectivo en las calles o en las redes. Así, por ejemplo, en agosto de 2018 apareció una pancarta en un escenario municipal de Lasarte (Guipúzcoa), donde se acusaba a la asociación de ser "el negocio de las víctimas".

Los citados ataques de los últimos días coinciden con la reciente noticia sobre cómo se definía a Covite en la edición de Wikipedia en euskera. Tal y como desveló Crónica Vasca, en un artículo de dicha enciclopedia virtual se encuadraba a este colectivo entre los grupos de "extrema derecha en Euskal Herria". Algo que ya ha sido corregido.

Desde Covite insisten en que van a seguir con su tarea pese a los ataques. "Seguiremos denunciando todas y cada una de las muestras de apoyo a terroristas". "No nos van a callar". El pasado fin de semana, con motivo del aniversario por el asesinato de su hermano, Consuelo Ordóñez denunciaba "las puertas giratorias de ETA" después de confirmarse que, como en su día adelantó este diario, el exjefe de la banda terrorista David Pla se incorporaba a la dirección de Sortu.

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¡Niños, a pelearse!
Ignacio Centenera. okdiario 26 Enero 2022

Aunque de acuerdo con la LOREG (Ley Orgánica del Régimen Electoral General) la legislatura efectiva todavía puede mantenerse casi dos años, y siendo lo más probable que Pedro Sánchez no quiera limitar ni un día su estadía en Moncloa, la coalición de Gobierno tiene que empezar a romperse bastante antes de que se convoquen las elecciones generales. Tanto a los electores del PSOE como a los de Unidas Podemos, hay que presentarles los respectivos programas anticipadamente diferenciados, resultando muy arriesgado, hasta para estos partidos que son muy hábiles en manejar comunicativamente la incoherencia, el presentarse a las elecciones con mensajes y aspiraciones a los que han estado renunciando hasta el día de antes.

Y la teatralización de ese proceso de ruptura, que también afecta a los apoyos secesionistas, ya ha empezado. Seguramente que al presidente le hubiera gustado estirar un poco más la entente cordiale con sus socios, pero, como ha podido comprobar hasta ahora, el mantenimiento de la misma por medio de sus frecuentes y deshonrosas concesiones no deja de sangrarle posible apoyo electoral. Además, sabe que en los próximos meses las cartas le van a venir mal dadas con las elecciones en Castilla y León y en Andalucía, y se ve obligado a contraprogramar para robar un poco de share mostrando su inédito perfil de estadista, es decir, más moderado, más liberal y más españolista. Lo de Madrid y Díaz Ayuso ya le costó que se dieran la vuelta las encuestas (las de verdad, claro), y, aunque después Casado y Teodoro lo desperdiciaron, Sánchez no puede permitirse otro bajón igual; porque quizás el PP no vuelva a pegarse un tiro en el pie viendo la cojera demoscópica que le ha dejado el que se pegó el año pasado.

Es evidente que la escenificación de muchas de las peleas serán una burda impostura. Los socialistas alegarán que sus socios (especialmente las sanguijuelas periféricas) quieren un mercado de trabajo maximalistamente intervenido que capa el crecimiento económico, pero fue el PSOE quien firmó con Bildu un pacto para derogar íntegramente la reforma laboral de Rajoy; dirán que no acompañan su política atlantista con USA y Marruecos como socios preferentes, pero fue Ábalos el que pasó la noche con Delcy en Barajas y González Laya, quien trajo a escondidas a Brahim Ghali; se escandalizarán porque exigen la amnistía para Puigdemont y una hoja de ruta con referéndum al final, cuando fue el propio Sánchez, que aprovecha como nadie el privilegio de mentir que Platón reconoció a los rectores del Estado, quien obligó a Felipe VI a penar por su discurso del 3 de octubre sancionando los indultos de los golpistas.

Porque a pesar de todas esas evidencias aún nos quedan por ver grandes aspavientos y exagerados ataques de indignada virtud. Y lo peor es que, machaqueo mediático mediante, compraremos su virginal castidad y nos olvidaremos que fue Sánchez quien, con las urnas todavía calientes, abandonó a la Constitución y a la socialdemocracia en el lecho conyugal y fue a abrazarse, sin el recato que ahora fingirá, con unas lumis populistas y secesionistas a las que puso no un piso, sino cinco y con ministerios debajo. ¡Pues claro que fuman con boquilla y beben pipermint, y te piden que dejes el parné en la mesilla! ¿O es que creías que te lo iban a hacer por amor?

Así que la brecha que se ha abierto entre los dos gobiernos va a continuar ensanchándose. Sin prisa, porque a ninguno de ellos les interesa acortar mucho los tiempos. En la Moncloa, con presupuestos-chicle ya aprobados, tienen que continuar vendiendo como un logro propio la exigua recuperación económica y la llegada de los fondos europeos, y recompondrán palmito con cualquier asunto de actualidad llegando, si es necesario, a presentarse en Ucrania para vacunar a Putin con magma del volcán Cumbre Vieja. Y también Yolanda Díaz necesita más tiempo de foco de vicepresidenta; sabe que sin la escalera gubernamental se va a quedar colgada de la brocha, y que desde ahí no se aterriza en el avispero de Podemos tan bien como con el Falcon.

Sánchez, abrasado por su Joker
José Alejandro Vara. vozpopuli.es 26 Enero 2022

Pedro Sánchez tiene problemas en todos los frentes. Con sus socios de Gabinete, con las encuestas, con la economía, con Biden, con Marruecos...Ahora reaparece Iglesias el agitador

La izquierda se ha caído del cartel las autonómicas de Castilla y León. Estrepitosamente. Como esos matadores cobardones, han decidido quedarse en el hotel para no enfrentarse al endiablado morlaco. Poco se le va a ver el pelo a Pedro Sánchez y a Yolanda Díaz en la campaña del 13-F. La vicepresidenta comunista incluso se ha borrado del mitin final. "Problemas de agenda". La derrota está cantada, el cornalón, asegurado. Para PSOE y UP. Que trastreen los subalternos y que se lleven ellos el revolcón. "Estoy vencido, como si supiera la verdad", puede recitar el presidente del Gobierno en línea Pessoa.

La factoría de ficción de la Moncloa, que dirigen Óscar López y los Migueles de Prisa (Barroso, Contreras y viceversa), preparan ya el escenario after-batacazo. Otean el calendario que viene, con unas andaluzas que también amenazan desastre y, sobre todo, un 2023 erizado de urnas, quizás adversas. Se trata de recomponer la maltrecha figura del presidente a cualquier precio, de espantar el mal fario que parece haber aterrizado en su entorno tras la defenestración de Iván Redondo. 'Operación empatía' han bautizado burlonamente los coleguillas del antiguo gran gurú la ardua labor de refacción que toca ahora acometer.

El primer intento resultó un fracaso sonoro. Fue un lifting en profundidad, con una purga implacable de los nombres más groseros y antipáticos del Gabinete (Ábalos, Carmen Calvo, el propio Iván...) y la recluta de un cuarteto de ministras jóvenes y sonrientes, las meninas de la nada, tan expertas en la cosa pública como Adriana Lastra en aggiornar su outfit. Se ensayaron performances inauditas. Sánchez acudió a una residencia de mayores, saludó en la calle a una señora perniquebrada y le firmó en la escayola, acarició cabecitas de escolares, visitó un centro de refugiados, consoló a alcaldes desesperados por los incendios...sólo le faltó acompañar a algún doliente a Lourdes. Ni por esas. Ni el guion resultaba convincente ni el protagonista, creíble. Es como encargarle a Boris Karloff el papel de San Francisco de Asís.

Tras el colosal naufragio, la cuadrilla de salvamento de Presidencia ha puesto en marcha la segunda oleada de este marketing para un milagro, con el mismo eje central, es decir, "Sánchez, mira que eres simpático", con otros argumentos de mayor calado político. Se desempolva y saca brillo al flanco socialdemócrata del PSOE, ya tan olvidado que parecía espejismo, y se disfraza al presidente con el templado terno de la moderación.

Por ahora, lo hemos visto en la sede de la Conferencia Episcopal saludando cristianamente al presidente de los obispos, al Yolada's style con el Santo Padre. Se ha puesto a las órdenes de la OTAN con pasmosa velocidad y ha enviado a la fragata Blas de Lezo junto a un par de cazas y a la ministra Robles en traje de operaciones, para salvar a Ucrania de las zarpas del oso Putin. Ha adecentado, con la anuencia de la CEOE y Bruselas, la reforma laboral del PP que los separatistas detestan y el propio Casado no traga, caprichos tiene el no saber. Ha sepultado las mesas de la vergüenza con los separatistas catalanes, ha ordenado a Marlaska que no asome la gaita hasta que se temple el ruido de la liberación de presos etarras, ha viajado a Palma como trescientas veces (lástima que siempre se deja el talonario en casa) y, para rematar la escalada de sortilegios y bondades, hasta ha impulsado y apadrinado la vacuna española contra la pandemia.

Como el doctor Jeckill con el espantoso mister Hyde, Pedro el empático se empeña en doblegar a su propia naturaleza. O al menos, en camuflarla. El operativo para suavizar el perfil del presidente sigue candorosamente su marcha entre cierto excepticismo monclovita. Es arduo empeño transformar a un político narcisista, soberbio, prepotente, frío, discutido con la ética, enemigo de la verdad, de entrañas totalitarias y escaso de principios, en un personaje afable y risueño, amable y apreciado, cariñoso y popular.

En este angustioso cul de sac (culo de saco, que diría Trevijano, el republicano,) se encontraban los ochocientos asesores del presidente cuando de repente reapareció Pablo Iglesias, la pieza que faltaba en el cotolengo nacional, olvidado en el rincón oscuro de las irrelevantes tertulias, voluntarioso monaguillo de Roures y miembro ya del club de las celebridades olvidadas. Su partido se hunde y ha saltado al rescate.

Ha retornado a escena con el ropaje de siempre, el de un Joker reconroso y agresivo, vocinglero y faltón, envuelto en una prosa rijosa y trasnochada, dirigida a un público menguante tras la escandalera del chalet de Galapagar. Iglesias es el elemento que necesitaba la Moncloa para consolidar la imagen de Sánchez erigido en un Batman salvador, el superhéroe irrepetible que no sólo evitó la muerte de medio millón de personas durante la pandemia (así lo dijo) sino que se ha convertido en el ejemplo y guía de la socialdemocracia europea (su homólogo alemán, Scholz no parece muy convencido). Con este Sánchez, sí, rumia su equipo de propaganda con la mente puesta en las generales de 2023/24. Iglesias es el Joker incendiario, radical, zafio, anclado en eslóganes pretéritos como el 'no a la guerra', y padre prior de una secta que se quedó ya sin fieles.

Las manos se frotaban los sabios asesores presidenciales con la novedad, quizás previamente pactada. "Algunas personas quieren ver el mundo arder", clamaba Joker en El caballero oscuro. "La paz se construye sobre el sufrimiento de pueblos enteros", recitaba Iglesias en su etapa primigenia, violenta y feroz. La política es un juego de simetrías. Todo cuadraba. Osaron incluso emitir la escena del teléfono, una recreación improvisada y boba del Playback de Radio Futura. "Alguien dicta en la sombra y tú sólo mueves los labios". No llores por nosotros, Ucrania, que allá va el Buster Keaton de Tetuán a plantarle cara a Putin. Descacharrante cine mudo.

Hasta que de pronto, plas, la realidad tuvo la descortesía de hacerse presente. Joe Biden telefoneó a los líderes de media Europa (Polonia incluida) y se olvidó en su ronda del primer ministro español. Sánchez se quedó colgado al teléfono, como una caricatura de su propia caricatura. No pareció caer en la cuenta de que el juego del Joker puede colar como algo natural en la desnortada y algo tontuela opinión pública nacional, pero se olvidó de que en Washington no se fían ni de Podemos ni de los gobiernos con ministros comunistas dentro. Algo a lo que todavía Sánchez no ha puesto remedio. Si empiezan a llover bombas sobre Kiev ya se verá qué ocurre. O con la OTAN o con los morados. Por el momento, se ha quedado colgado de la brocha y con su Joker berreando. Próxima parad, CyL. Preparen las brasas

MEMORIA DEMOCRáTICA
Iñaki Arteta: retratos de la anestesia moral vasca (I)
El documental 'Bajo el silencio'y el libro de memorias 'Historia de un vasco: cartas contra el olvido' certifican la extendida insensibilidad contra el terrorismo
Óscar Monsalvo. vozpopuli.es 26 Enero 2022

En el principio está la risa, y la risa está con Otegi.
Las primeras palabras que escuchamos en la película son las de África Baeta y Julian Iantzi, dos de los presentadores más reconocibles de la televisión pública vasca. Hombre, Arnaldo, kaixo. Kaixo, Otegi jauna. Sonrisas, compadreo, conversación animada.

- Arnaldo, ¿por qué a los vascos nos tira tanto ir al monte?
- Porque ha sido buena parte de nuestro refugio durante muchas épocas que hemos pasado en este país, y hemos encontrado siempre la libertad en el monte.

Era buen momento para preguntarle cómo encontró la libertad Luis Abaitua, y sobre todo cómo Arnaldo, kaixo, encontró la convicción para mantenerlo secuestrado durante diez días. Pero se trataba de una entrevista amistosa, ya se sabe; un especial para las autonómicas de 2016, ‘La otra cara de l@s polític@s’. África Baeta ha indagado en los sentimientos del líder de EH Bildu Arnaldo Otegi, para conseguir su retrato más humano. Disfruta con el vídeo y sus vivencias'. Así es como se presenta la entrevista, que aún se puede ver en la web de EITB, y es un buen complemento al documental. Pocos minutos después, Baeta le lanza lo más parecido a una pregunta incómoda.

- ¿Y si te hubiese salido un hijo… (pausa de tres segundos) antiabertzale? ¿Qué hubieses hecho?
- Pues tratar de convencerle de que estaba equivocado.

- “Tú erre que erre”.
Y más risas.

Anestesia social vasca
Palabras sobre un fondo negro.
2.500 actos terroristas, 858 asesinatos, 2.600 heridos, 10.000 extorsionados y decenas de miles de expulsados en los 60 años de existencia de la banda terrorista ETA.

Euskadi y Navarra 2020, 9 años después del final de la actividad terrorista.

Es éste el propósito de la película de Iñaki Arteta. Llevar la cámara al auténtico corazón de ETA. Mostrar a la gente, no a los pistoleros. Enseñar los aplausos, no las bombas. Dar al silencio el papel que realmente tuvo. Porque eso es lo que acompañó a los gritos, los llantos y las detonaciones: risas, aplausos y silencios.

Imágenes de un certamen de bertsolaris en Navarra, 2013. “Te han dado la señal, ya no hay vuelta atrás”. El bertsolari Xabier Silveira pasa a imaginar cómo sería. La adrenalina se dispara, aparecen las dudas. Pero “Dudar no me va a hacer ningún favor”. El público escucha en silencio, pensativo, hasta que el verso alcanza su sentido. “Ha llegado el momento y tengo que pegarle un tiro en la cabeza”. El público sonríe y aplaude.

El joven periodista Felipe Larach es el hilo conductor en este paseo por los silencios y las risas. Viaja a Irún y recoge testimonios cortos de los vecinos.

- ¿Usted sabe que Irún es el pueblo en el que ETA mató a más gente?
- No.

El vecino tampoco recuerda que en la calle en la que están una persona fue asesinada hace años.

- ¿Aquí por ejemplo viven personas que han pertenecido a ETA?
- Sí viven, sí.

- ¿Y cómo se vive con ellos?
- Pues viviendo. Tampoco hay que hacer un drama de todo.

El siguiente testimonio es aún más interesante. Una pareja mayor, probablemente en torno a los 80 años.

- ¿Ustedes sabían que Irún es el pueblo donde ETA mató a más personas?
- Uno de ellos allí enfrente.

Probablemente el espectador recibe esta respuesta con algo de esperanza. No han pasado ni diez minutos de documental y ya empezaba a faltar el aire. Pero el hombre aún no ha terminado de explicarse.

- ¿Recuerda ese atentado?
- Era amigo mío. Era un amigo… y bueno… falleció.

- ¿Le pareció injusto?
- …no.

- ¿Ahora cómo se vive sin ETA, aquí en el pueblo?
- Bueno, se vive bien. Cuando estaba ETA también.

- ¿También se vivía bien?
- Sí, porque ETA no se metía prácticamente con nadie.

A continuación le da el dato a una mujer de unos 50 años.
- Creo que fueron como 26 los muertos.
- No sé, o sea no me parece mal porque si hizo atentados es porque los otros hicieron algo.

- ¿Y el carnicero que mataron aquí también?
- Yo qué sé qué carnicero.

- Aquí mataron a un carnicero, en esta misma calle.
- Ni me acuerdo.

Es como ver una obra de teatro. Todo parece impostado, artificial, imposible, todos parecen personajes de ficción interpretando un papel demasiado exagerado, inverosímil. Resulta difícil asumir que todo eso existió -que existe-, a pesar de que no aparece nada distinto a lo que hemos conocido toda la vida. Afortunadamente, después de ese último testimonio hablan tres vecinos normales. No heroicos ni necesariamente lúcidos, sino normales. Y cuentan cómo lo vivían ellos. Había miedo, preocupación, pena, tristeza, amenazados, gente que se tenía que ir; y había otros que lo celebraban con champán.

"Solo sufren los de un lado"
Lo siguiente es una entrevista a Fermín Muguruza en la radio.
“¿Tú crees que tienen que salir libres los presos de ETA?” “Sí, sí, absolutamente. No es una cuestión solamente de que lleguen a las casas sino que salgan libres”. “¿O sea que aquellos que tengan delitos de sangre no tienen que cumplir sus penas?” “Tienen que salir todos”. “¿Por?” “Todo esto ya ha ocurrido, sí, pero resulta que nosotros seguimos poniendo los presos. Es que en este momento sólo están sufriendo los de un lado”.

El párroco de Lemona entra en escena apenas superado el minuto diez, en una película que pasa de los 150 minutos; de tanto decirlo y leerlo parece ya un personaje de ficción. Felipe Larach le pregunta cómo se vivía el conflicto en pueblos como Lemona, en la calle. “En la calle no lo sé, pero sí sé cómo se vivía por ejemplo en los funerales. Se notaba que si el muerto o la muerta, el difunto o la difunta, fuera de un partido o de otro, aquel partido respondía pues con la afluencia de gente”.

Muerto, muerta; difunto, difunta. Al cura no le da para escoger el sustantivo correcto, que es ‘asesinado’, pero al menos desdobla. Es un cura con perspectiva de género.

“Aquí quien más quien menos, el vascoparlante diríamos, el que habla euskera, se ha sentido coartado, y eso marca. Y se llegó también a lo que después vendría a llamarse terrorismo, que en principio no era terrorismo sino respuesta a una represión que se estaba viviendo, que es muy distinto, ¿no?” “Y aquella situación se aplaudía. Y la aplaudía toda la gente. Toda la gente autóctona, diríamos, ¿no?”

Lo más llamativo del cura no es que elija consciente y decididamente el mal, que decida que su bando es el de los asesinos. Lo llamativo en un párroco, en un cristiano, es que comienza equiparando los dos bandos. El periodista le pregunta si conoce el atentado que hubo cerca de la iglesia, en el 81. “Si te pones en un bando, por llamarlo de alguna forma… ‘Merecido lo tenía’, tenías que oír; aunque al mismo tiempo se decía ‘Jo, nadie merece una muerte así, que se le mate así’. Entonces, no sabes a qué atenerte”.

Si se hubiera parado ahí me habría costado mucho más seguir viéndolo. Un cura que no sabe a qué atenerse cuando se trata de asesinatos, de la vida arrebatada. De alguna manera irracional podría comprender que un cura justificara los asesinatos y a los asesinos, que considerase que esa “lucha” era la lucha buena. Pero un cura que se mantiene en el medio, un cura blando, informe, cobarde, habría sido demasiado. Lo opuesto a la imagen del pastor que arrastro desde la juventud. Lo opuesto al padre Barry de La ley del silencio, al reverendo Sykes de Matar a un ruiseñor.

Pero no, el cura de Lemona no se queda ahí. “Entonces, no sabes a qué atenerte. Por una parte te alegras de que, bueno, su merecido se lleva. Y por otra parte estás diciendo, ‘Claro, pero no está bien’”. “Cuando hay muertes y tal dices, hombre, a tanto no deberíamos llegar, pero dónde está el límite, ¿no?”.

Distinguir el bien del mal
Dónde está el límite, se pregunta un sacerdote cristiano. Cuando precisamente la cuestión fundamental del cristianismo es la de los límites. La cuestión del cristianismo es que fundamenta la moral, seamos creyentes o no. El cristianismo establece una separación nítida entre el bien y el mal, nos reconoce la capacidad para distinguirlos y para elegir uno u otro. El bien y el mal no son palabras vacías, porque el hombre no es la medida de todas las cosas. El bien y el mal, el significado del bien y del mal, se le impone al ser humano. El cristianismo lo fundamenta, aunque esa fundamentación requiere una fe que no todo el mundo tiene, pero no es el primer intento de fundamentar la moral, de llevarla más allá de los vaivenes humanos. Platón ya lo intenta antes de Cristo, frente al relativismo de los sofistas.

“¿Dónde está el límite?”, se pregunta el párroco. Pues en el interior de cada ser humano, en la ley natural, en la ley de oro, en los mandamientos. Lo sé yo, lo reconozco yo, que no tengo fe, cómo demonios puede preguntárselo un sacerdote cristiano. El límite está en el respeto a la vida humana. No es el único límite, pero sí es el primero y también el último. El primero que se debe respetar, y el último que nos libra de la caída absoluta, ese que una vez se ha traspasado, se ha traspasado para siempre.

Le pregunta Larach sobre la marginación a las víctimas, a los familiares, cuando había un atentado en el pueblo.

“Si tú no has tenido relación con el vecino de enfrente, de pronto le ha pasado algo, te encuentras con que, ¿y quién soy yo para decirle ‘Lo siento’? O sea, son otras circunstancias”.

- ¿Uno no podría decir si lo que hizo ETA estuvo bien o estuvo mal?
- Todos dicen que estuvo mal, pero una cosa es que estuviera mal, y otra cosa es que pudieras admitir que no hubo otra forma de hacer.

Del cura pasamos a Iñaki Gonzalo, que al parecer aprovechó su estancia en prisión para estudiar filosofía, antropología e incluso teología. Se ve a sí mismo como una persona intelectualmente preparada, claro. Y da pie a una de las primeras preguntas: ¿Cómo una persona que usa la palabra acaba en una banda que usa la fuerza? “A ver, yo creo que una cosa no quita la otra, otros revolucionarios que han sido en la historia han sido gente muy preparada intelectualmente y han optado por un camino que es el más difícil en términos personales. Yo estaba convencido de que yo quería la independencia de mi país y el socialismo, entonces en aquella época estaba convencido de que había que dar un paso más para conseguirlo, y ese paso era militar en una organización armada”.

Gonzalo es uno de esos etarras que no han cometido personalmente ningún asesinato, dice que no quiere hablar de sus “acciones”, que ninguna fue importante ni tuvo consecuencias para terceros. Le pregunta quién era el enemigo, y responde: “los que nos impedían a nosotros poder decidir nuestro futuro”. La siguiente pregunta, con su respuesta, es muy interesante:
- ¿Por qué casi la mitad de las víctimas de ETA fueron gente vasca?
- Pues… surgió así.

Más adelante aparece la condena al etarra. Pertenencia a banda terrorista, tenencia de explosivos, también colocación de artefactos explosivos. El periodista le pregunta algo, después de que el entrevistado diga fuera de plano que fueron condenas por hacer política.

Y la respuesta, que revela un hecho importante y a menudo ignorado: el etarra no es un monstruo nihilista ni mata en el vacío. Mata por la utopía, por la liberación, por la justicia.

- Te condenan por poner unas bombas, eso no es política.
- Sí, pero por política. O sea, no por lucrarse, ¿sabes? La gente para hacer lo que hace tiene muchas razones, pero desde luego la de un militante de ETA o un militante político no es el lucrarse o el tener un estatus mejor, sino porque quiere conseguir unos objetivos, unos ideales.

Después de la condena
Larach se refiere en un momento al entrevistado como una persona que ha cumplido su condena, totalmente integrada en la sociedad. “Totalmente. Siempre lo he estado. Nunca me he sentido al margen de la sociedad, nunca, al revés. Cuando estaba en la cárcel es cuando más apoyado me he sentido. O sea, desde fuera dicen, siempre va estar estigmatizado; pues no. Entramos porque nunca hemos estado desarraigados de nuestra sociedad, nunca en la vida. (...) Desde que he salido no he recibido ni un solo reproche. Ni uno. Ni uno. Ni por la gente que no piensa como yo”.

Le pregunta por el arrepentimiento.
“Es una pregunta que me han hecho varias veces y nunca la contesto. Si tú te arrepientes de tu vida, entonces tu vida a qué te lleva. O sea, si yo me arrepiento de la mitad de mi vida, qué consigo con decir ‘Me arrepiento de la mitad de mi vida’. (...) De qué me vale decir me arrepiento, pum. De qué, de qué me arrepiento, ¿de mi vida? ¿De mi pasado? ¿Pa' qué? O sea, yo me arrepiento de las cosas que he podido hacer mal, pero yo en aquel momento pensaba que era lo correcto lo que hacía, expuse mi vida por un ideal en el que yo creía”.

Sigue así durante varios segundos, y llega a una frase importante: “Yo no me creo peor que tú”. Y niega con la cabeza durante varios segundos, mirando al entrevistador. “O sea, tú no eres nadie, ni nadie que venga de donde sea, para juzgarme a mí, y para moralmente considerarse superior a mí”. “Yo no me arrepiento de mi vida, de militancia ni de mi pasado. No, porque entonces estaría amargado toda la vida”.

Mañana se publica la segunda parte de este artículo sobre el trabajo de Iñaki Arteta para recuperar la memoria de las víctimas de ETA

 


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