AGLI Recortes de Prensa   Martes 20  Abril  2021

Impuestos bajos vs confiscación: Ayuso frente a Sánchez
José María Rotellar. okdiario 20 Abril 2021

El Gobierno de la nación tiene una obsesión, que no es otra que la Comunidad de Madrid. Ya sea en materia sanitaria, económica o tributaria, el acoso que el Gobierno de Sánchez aplica a Madrid no parece tener límite en todo tiempo, pero de manera acrecentada ahora, en precampaña electoral.

Después de muchas ocasiones en las que el Ejecutivo ha acusado a Madrid de “dumping fiscal, la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ha creado un grupo de expertos para elaborar las bases de una reforma tributaria y del Sistema de Financiación Autonómica (SFA). Sus postulados serán tenidos en cuenta para ello, pero, es más, algunos serán anticipados ya para la elaboración del proyecto de Presupuestos Generales del Estado para el año 2022.

Con ese grupo de expertos, muy sesgado hacia ideas procedentes de la izquierda política y económica, y con un Gobierno obsesionado con Madrid, al no tolerar que la región madrileña le muestre, un día sí y otro también, que las cosas se pueden hacer de otra manera, que con menores impuestos se genera más actividad económica, se crean más puestos de trabajo y se pueden prestar mejores servicios, porque, gracias a esa mayor prosperidad, la recaudación no cae, sino que mejora.

Ésa es la realidad y no la que emplea habitualmente la izquierda al decir que Madrid hace “dumping fiscal” y que está sobrefinanciada. Nada de eso: ni Madrid está sobrefinanciada por el SFA, sino infrafinanciada, como demuestran claramente los datos, ni hace “dumping fiscal”.

Otra cosa distinta es que gracias a que la Comunidad de Madrid es la región con los impuestos más bajos de España tras las rebajas fiscales de 2005, 2006, 2008 y, especialmente, de 2014, que supuso la mayor bajada de impuestos de una comunidad autónoma en toda la historia del Estado de las Autonomías, hasta dejar a Madrid con 5 puntos de rebaja en el IRPF, el 99% de bonificación en el Impuesto de Sucesiones y Donaciones para los familiares más cercanos, la única región que mantiene bonificado al 100% el injusto Impuesto de Patrimonio, el Impuesto de Transmisiones Patrimoniales más bajo de España, con una rebaja del 16% y cuatro puntos menos que en muchas regiones, o el AJD más bajo de España, con una rebaja del 25% en el impuesto, consiga crecer más, que se genere en ella más empleo y que se recaude más.

Madrid no tiene exceso de financiación porque, como demuestran los datos, los ingresos que recibe del SFA se sitúan alrededor de tres puntos sobre el PIB por debajo de la financiación que recibe la media de las comunidades autónomas; es decir, a Madrid le cuesta cumplir con los objetivos de estabilidad tres puntos más de ajuste de gasto, puesto que el saldo presupuestario en porcentaje sobre el PIB se compone de ingresos menos gastos, medidos sobre el PIB. Si los ingresos son tres puntos sobre el PIB inferiores a la media, los gastos habrán de ajustarse tres puntos más sobre el PIB para cumplir con el mismo objetivo –por no hablar de cuando hubo déficit asimétrico y a Madrid se le exigió un objetivo más duro para dárselo más laxo a otras regiones, entre ellas, Andalucía -gobernada entonces por los socialistas-, Cataluña y Valencia-.

Por otra parte, Madrid no hace ningún tipo de “dumping fiscal”, sino que bajó los impuestos en el margen de sus competencias, como podía hacer cualquier otra región de régimen común, exactamente igual.

Es cuestión de prioridades: hay gobernantes, como Sánchez e Iglesias -y Gabilondo, aunque ahora lo niegue, pues impulsó una iniciativa que pretendía subir los impuestos en Madrid-, que prefieren no apretarse el cinturón y gastar más y, paralelamente, subir los impuestos o no bajarlos; y otras, como hace Madrid desde 2003 y como propone Isabel Díaz Ayuso, que prefiere eliminar los gastos menos necesarios manteniendo los esenciales al máximo nivel, y bajar los impuestos para que sus ciudadanos tengan en su bolsillo más dinero para decidir qué hacen con él: consumir, ahorrar o invertir, en definitiva, para poder generar actividad económica y empleo: gracias a esas bajadas de impuestos, los madrileños pueden tener en su bolsillo 1.100 euros más al año que los que tendrían sin dicha rebaja fiscal.

Otra cosa sería que Madrid tuviese un régimen que sólo le permitiese a ella bajar impuestos y el resto no pudiese competir con ella, pero si, por ejemplo, el presidente valenciano quiere quejarse de eso, debe dirigir su crítica hacia las regiones forales, que tienen muchas más competencias para poder actuar sobre los impuestos, no a Madrid, puesto que él puede bajarlos tanto como los baja Madrid. La competencia fiscal, aunque no les guste ni al presidente valenciano, ni a Sánchez, Iglesias, Montero o Gabilondo es sana, porque permite liberar dinero para que los ciudadanos decidan qué hacer con él, con su dinero, y permite evaluar mejor la relación entre servicios e impuestos que aplica cada Gobierno.

Por otra parte, la realidad muestra que a menores impuestos se da mayor recaudación, que permite, por tanto, mantener mejor el nivel de los servicios ofrecidos y conseguir que éstos sean de mayor calidad. Por ejemplo, Madrid tiene 5 puntos menos en su tramo de IRPF que Cataluña y que Andalucía cuando gobernaba el PSOE; sin embargo, o, mejor dicho, gracias a esos menores impuestos, Madrid recauda 800 millones de euros más que Cataluña y recauda el doble de lo que recaudaba Andalucía cuando allí gobernaban los socialistas, el doble. Y eso que Madrid tiene un millón de habitantes menos que Cataluña y millón y medio menos que Andalucía. Al mismo tiempo, esa rebaja de impuestos propició más actividad y convirtió a Madrid en motor económico de España, incrementó la recaudación, que permitió que la región madrileña cuente con la mejor Sanidad de España, con un sistema bilingüe en inglés en Educación y los mejores resultados de evaluación académica y con la mejor red de Servicios Sociales y de Transporte.

Es decir, a menores impuestos, mayor recaudación. Ésa es la realidad. La izquierda se escuda en esa creencia intervencionista que sostiene que cuando se suben los impuestos, aumenta la recaudación, cuando la práctica muestra que, al menos en el medio y largo plazo, sucede lo contrario: a menores impuestos, mayor recaudación, y a mayores impuestos, cae la recaudación.

Por otra parte, Madrid, que es la región más solidaria en su aportación al Fondo de Garantía de los Servicios Públicos Fundamentales del SFA, si subiese los impuestos y fuese verdad –que no lo es- la doctrina socialista y se incrementase –que no se incrementaría- la recaudación, toda esa mayor recaudación no le serviría a Madrid para financiarse mejor, sino que al convertirse en una región artificialmente más rica sobre la media, aportaría la práctica totalidad de su incremento de recaudación al Fondo de Garantía. Es decir, los madrileños sufrirían la subida de impuestos, pero, en el remoto caso de que esto produjese incremento de recaudación, no verían ni un solo ingreso más, porque no revertiría dicho supuesto incremento de recaudación en Madrid.

En lugar de quejarse, la izquierda puede ajustar el gasto como hace el centro-derecha en Madrid, y bajar los impuestos, como hacen los liberal-conservadores en Madrid. Son dos políticas económicas: la liberal-conservadora de Ayuso y el centro-derecha, con menos impuestos, y la de Sánchez, Iglesias, Montero y Gabilondo, con una propuesta confiscatoria. La receta de la prosperidad es fácil: impuestos bajos, gasto limitado y esencial, reformas profundas y libertad para dejar que los ciudadanos, como los hosteleros, puedan ganarse la vida libremente, sin restricciones que los hundan; medidas que generan actividad económica, empleo, incrementan la recaudación y, por tanto, mejoran la calidad de vida de los ciudadanos, desde una mayor libertad de decisión sobre qué hacer con el dinero que consiguen con su trabajo, riesgo, esfuerzo e ilusión. Ésa es la clave: la libertad.

Paisaje antes de la batalla
Fernando Sánchez Dragó. https://gaceta.es/ 20 Abril 2021

En 1970 se estrenó una película del realizador polaco Andrzej Wajda que se llamaba casi igual: Paisaje después de la batalla. Doce años después el escritor español, y sin embargo catalán, Juan Goytisolo publicó una novela a la que puso casi el mismo título. Casi, digo, porque el paisaje en singular del polaco se volvió paisajes, en plural, en el libro del español. Las batallas a las que uno y otro aludían eran diferentes. Cruenta, la de Wajda, y costumbrista o caracteriológica, por así decir, la de Goytisolo, pues su intención era la de retratar y satirizar “la espantosa comicidad del género humano”. Así, literalmente, la definió su autor en el programa de televisión que yo dirigía y presentaba por aquellas fechas, y en el que lo entrevisté.

Confieso que hoy, al empezar a escribir esta columna, a punto he estado de caer en la tentación, muy literaria, de seguir los pasos de Goytisolo y de dedicar el texto a poner en solfa la irresistible comicidad de le señore ministre de le cartere de Discriminación Sexual, que anteayer, en no sé qué acto de fanfarria mediática, habló a toda mecha de “niños, niñes, niñas, hijos, hijes e hijas” ‒¿a qué categoría pertenecerán los suyos en medio de semejante batiburrillo?‒ consagrando así, en medio del ridículo general no exento de estupor, un estribillo grotesco que pasará a la historia de la estupidez y, en efecto, de la comicidad humana, humano o humane. ¡Lástima que Goytisolo, premio Cervantes, ya difunto, se lo haya perdido! Seguro que, a pesar de su heterodoxa sexualidad, galanamente aceptada y declarada, le habría sacado punta.

Pero no. Me pongo firme, frunzo un poco el entrecejo y opto por la épica, más acorde con los tiempos, renuncio a la sátira (y no digamos a la lírica) y me acodo a la barandilla de mi balcón, que está en el centro de Madrid, para atisbar el paisaje anterior ‒el posterior ya se verá‒ a la descomunal batalla que ya ha empezado. No en balde se habla por todas partes de campaña, un término de resonancias bélicas.

Mis tres gatos, a todo esto, se acaban de instalar en el sofá, a medio metro de distancia, y me miran con elegante displicencia, ajenos al fragor del combate, que esta vez, olvidando los ladrillos de Vallecas, será meramente electoral. Quizá debería imitarlos, pues ese entrechocar de aceros también me llega de lejos, pero la profesión, que no la vocación (son cosas en este caso muy distintas), me incita a aporrear las teclas. Lo que va a empezar, lo que ya ha empezado, lo que hasta el 4 de mayo no se traducirá en derrota de los unos y en victoria de los otros, es la tercera gran batalla de la historia librada en la capital de un país eternamente enfrentado a sí mismo, que yo no elegí, pero que de grado o por fuerza es el mío. Las otras dos batallas fueron la del Dos de Mayo de 1808, que abrió la espita de la guerra de Independencia, y la del 18 de julio de 1936, que prendió la mecha y atizó la hoguera de la guerra civil. ¡Pobre ciudad mía, la que ahora se extiende a los pies de mi balcón, convertida una y otra vez en escenario del cuadro de Goya en el que dos españoles se muelen a palos! Esa pintura negra, negrísima, del Divino Sordo más que pintura es una fotografía.

¿Qué es lo que veo? ¿Qué es lo que oigo? Pues oigo y veo a tres demagogos que quieren saquear el bolsillo de los madrileños y poner grilletes en los tobillos de su libertad de movimiento, y a tres personas de bien, o por tal las tengo, que, si se unen, podrán frenarlas en seco y juntar sus voces en el viejo y excesivamente manoseado grito del «¡No pasarán!».

Ante esa batalla, en la que todos ‒los demagogos y quienes no lo son, y sus respectivos palmeros y seguidores‒ nos jugamos mucho, no cabe pasar de largo, por más que a ello me induzcan la acedia, el hartazgo, el escepticismo e incluso la misantropía propias de mi edad. No voy a encaramarme a una tarima ni a esgrimir un megáfono, como quizá lo hubiese hecho en remotos tiempos, pero sí voy a hacer, por escrito, todo lo posible para convencer a la gente no sólo de la necesidad de acudir a las urnas, así lluevan chuzos y menudee la pandemia, sino para convencerles de que, in dubbium, condicionen su voto en función del único desenlace hoy por hoy posible y deseable: Isabel Ayuso puede y debe revalidar su título de presidente (no presidenta) de la Comunidad de Madrid, pero, en la práctica, ya que no en la teoría, para eso va a necesitar el apoyo de Rocío Monasterio, seguro, y también, si Vox quedara por debajo de los diez diputados, el de Bal. Estoy convencido, pese a lo que dolosamente auguren determinadas encuestas cocinadas por los fulleros de costumbre, que el partido de Abascal obtendrá un resultado similar, mutatis mutandis, a los que recientemente obtuvo en Cataluña. Pero, por si acaso, amigos, ya que a las urnas, en no pocas ocasiones, las carga el diablo, yo no tengo empacho alguno en anunciar, como ya lo he hecho en otras ocasiones, que votaré a Rocío Monasterio para reforzar, antes de la batalla, la candidatura de Isabel Ayuso.

Nunca he entendido por qué, en una democracia que lo sea de verdad y en la que no se apliquen represalias a los perdedores, el voto tiene que ser secreto. El mío no lo es y nunca lo ha sido. Expuesto queda. Yo no soy un politólogo que se cura en salud y esconde sus naipes en la bocamanga, sino, simplemente, un madrileño que el 4 de mayo votará lo que la cabeza y el corazón le indiquen. No tengo más ideología que la del sentido común ni más norte que el de mi instinto de conservación. Hagan juego, señores, y señoras, y señoros. Por mi parte, rien ne va plus.

Sánchez solo acierta cuando copia a Ayuso
EDITORIAL Libertad Digital 20 Abril 2021

El Gobierno social-comunista ha dado sobradas muestras de su terrible incompetencia en la gestión de la crisis del coronavirus, que ha llevado a España a ser el país europeo más golpeado por la pandemia en términos sanitarios y económicos.

Con la eclosión de la segunda oleada de contagios, Pedro Sánchez y su socio de referencia, Pablo Iglesias, dejaron en manos de las autonomías la gestión de una catástrofe que había superado por completo a su Ejecutivo de ineptos. Dejadas a su suerte y sin el soporte de una adecuada coordinación institucional, las CCAA han tenido que luchar en condiciones muy adversas contra el covid-19 y, en no pocas ocasiones, contra el propio Gobierno de Sánchez e Iglesias.

Una de las que mejor han gestionado la crisis ha sido, sin duda, la Comunidad de Madrid. Los madrileños han sufrido con menos rigor que en otras regiones el desplome de la actividad económica debido a la política seguida por Isabel Díaz Ayuso, radicalmente distinta de la de Sánchez. En cuanto al ámbito saniario, el Ejecutivo madrileño se ha apuntado grandes logros a pesar de sufrir el constante juego sucio del Gabinete social-comunista.

Los datos de Madrid son harto elocuentes, y Sánchez no tiene más remedio que admitirlos, aunque sea por la vía de los hechos. Y es que su Gobierno indigno primero arremete contra las medidas adoptadas por la demonizada presidenta madrileña y acto seguido las copia para implantarlas a escala nacional, dados sus buenos resultados.

Ocurrió en su día con el uso de las mascarillas o con la petición de implantar controles en los aeropuertos, y siguió después con las negociaciones para la adquisición de la vacuna rusa, medidas todas ellas rechazadas por el Ejecutivo sanchista y más tarde puestas en marcha con carácter de urgencia. La última propuesta de Ayuso es involucrar a la iniciativa privada en la administración de las vacunas a través de la participación de las mutuas y las empresas sanitarias, lo cual permitiría dar un gran paso adelante hacia la inmunización de la población.

Movidos por su fanatismo ideológico, los social-comunistas rechazaron primero la colaboración de las empresas privadas... para sólo 48 horas después asumir la propuesta de Ayuso en su totalidad.

Decía Fraga que los socialistas solo aciertan cuando rectifican. Sánchez va más allá y solo es capaz de tomar las medidas adecuadas cuando adopta las que previamente ha tomado Ayuso; eso sí, no sin antes denigrarlas recurriendo al juego más sucio. Sobre incompetente, mezquino, las dos principales señas de identidad de un Gobierno central infame.

Los timos de la izquierda en campaña
Jorge Vilches. Vozpopuli 20 Abril 2021

Leo los programas políticos de las izquierdas madrileñas y coinciden al menos en dos cosas: ofertas de servicios públicos “gratis” y combatir la desigualdad material. Lo dicen PSOE, Más Madrid y Podemos. El “trisanchismo” es así: una mentira envuelta en una falsedad presentada con un embuste.

No hay nada gratis. Esto se debería enseñar en las escuelas. Y bien que lo sabemos ahora que nos toca pagar a Hacienda sin posibilidad de enmienda. Es en estas fechas cuando más se nota la naturaleza coactiva del Estado, su carácter implacable y arbitrario, capaz de establecer condiciones de desgravación o tramos sin base racional, y ajenas a cualquier reclamación. La indefensión es total. No hay contrato social que valga cuando solo una de las partes, el Estado, es quien pone las condiciones.

De esa recaudación es de donde salen los servicios. Cuando Podemos o Más Madrid hablan de psicólogos y odontólogos gratis, sin consultar, por supuesto, con sus colegios oficiales y ni sus asociaciones, es que van a meter más la mano en nuestros bolsillos. A esto se suman las trabas que quieren poner a la sanidad privada. En definitiva, están diciendo que quieren arrebatarnos la capacidad de elegir el tratamiento de nuestra salud. ¿Qué se han creído estos para eliminar mi capacidad de elegir mi sanidad o gestionar mi dinero?

Ingeniería social
Aluden al concepto de Justicia sin saber de qué hablan. No es John Rawls ni Michael Sandel. Es comunismo ramplón porque no admiten una postura contraria, una pluralidad de opciones, ni una libertad de elección. Demonizan a quien quiere gestionar su propia vida. Son fanáticos excluyentes, totalitarios de alta gama, que, además, no saben economía. Si en su plan de ingeniería social hubiera un programa económico detallado de crecimiento real, científico y demostrable, habría debate. Pero no es así. Solo hay ruido y demagogia.

Esa utopía totalitaria la hemos leído con distintas fórmulas a lo largo de la historia desde 1848. ¿Algún éxito desde entonces?

La Justicia de la que habla la izquierda lleva el adjetivo “social”, que significa la equiparación material de las personas a través de la acción coactiva e irreversible de un Gobierno visionario, que nos llevará a la felicidad y a la sociedad perfecta. Esto supone combatir el mérito y la capacidad, e igualar a la baja para que nadie destaque más que el gobernante. Esa utopía totalitaria la hemos leído con distintas fórmulas a lo largo de la historia desde 1848. ¿Algún éxito desde entonces? No. La socialdemocracia solo ha funcionado cuando ha admitido la pluralidad de opciones, la convivencia del libre mercado y del Estado, o la libertad del ciudadano; es decir, cuando no ha sido socialista.

La justificación de su totalitarismo es moral, como estamos viendo en la campaña madrileña. Quieren legislar para arrancar prácticas y pensamientos que les disgustan, e imponer una corrección política con una moral oficial. Aprovecho para solidarizarme con el logopeda de Irene Montero, que soltó el otro día lo de “niños, niñas y niñes” desde una azotea, rodeada de gente de atrezo.

Emoción pura
Sigo. La moralidad como motor de la legislación es el establecimiento de un Estado moral, que es lo opuesto al Estado racional; es decir, lo opuesto a la razón que da sentido a ese Dios mortal e instrumental que es el Estado. La izquierda no es razón, es emoción pura y moralidad estricta, puritanismo de letra escarlata. Por esto fracasan siempre y llevan a la sociedad que gobiernan a la pobreza.

La apelación a combatir la desigualdad a través de políticas sociales; es decir, de extraer recursos de todos para repartir es un timo. Es una manera de desviar la atención. El problema es la pobreza, no la desigualdad. Y el motor de las grandes economías de la historia ha sido la libertad, no la reglamentación por causa morales y el Estado creciente. La creencia de que la desigualdad se acaba con más injerencia gubernamental crea a la postre más pobreza, porque demoniza el libre mercado, el mérito y el esfuerzo. De ahí que ofrezcan servicios públicos “gratis”. ¿Para qué trabajar si la izquierda en el poder nos va a dar todo sin movernos del sillón ni pensar?

Lluvia de millones
La desigualdad no se combate con un Estado más extractivo, que acogote a las personas y a las empresas, y que se ponga a repartir sin cabeza agotando el agua de la fuente. Lo veremos con los fondos europeos: el sanchismo repartirá para hacer política, no para hacer economía. Intentará crear una red clientelar que le asegure votos, no inversiones que generen empleo y riqueza. Prometerá lluvia de millones en la campaña electoral madrileña, pero no según las necesidades de la región, sino atendiendo a las urgencias del sanchista Gabilondo.

Todo esto está en el trasfondo de las elecciones del 4-M en Madrid. Están en juego dos modelos de vida. Uno, basado en la utopía totalitaria que empobrece, y otro en la evidencia del progreso conjunto. Uno fundado en el populismo comunista, el nacionalpopulismo independentista y en el proyecto caudillista de Sánchez; y otro que conserve la libertad dentro del orden constitucional y la mirada hacia la Unión Europea, no hacia el Caribe.

Cuba, más pobreza, menos libertad
El forzoso relevo de Raúl Castro al frente del comunismo cubano no supondrá más aperturismo, más derechos y más libertad. Invocar aún el leninismo ya retrata su futuro
Editorial ABC 20 Abril 2021

Desde ayer, el castrismo empieza a ser historia en Cuba, pero solo en lo relativo a la presencia del apellido Castro al frente del Partido Comunista, en su comité central y en su buró político. En lo demás, la elección de Miguel Díaz-Canel como primer secretario del partido solo garantiza más continuidad en la gestión de la miseria, más oscurantismo político y cerrazón, y más ralentización en la resolución del drama humano que viven los cubanos desde hace más de medio siglo. De hecho, los documentos aprobados durante la celebración del VIII Congreso del Partido Comunista en la isla demuestran que seguirá siendo «único, martiano, fidelista, marxista y leninista». Esta tarjeta de presentación lo dice todo sobre la caduca estructura política con la que la dictadura pretende iniciar una nueva etapa, que en realidad nada tiene de innovadora porque los modos y maneras serán los arcaicos que siempre impuso Fidel Castro: habrá el mismo control de represión soviética contra los disidentes, y cualquier atisbo de aperturismo hacia un régimen de libertades, o como mínimo hacia una incipiente democracia, va a seguir siendo una quimera. Mientras no se produzca una rectificación drástica en el rumbo político en un régimen podrido desde su misma raíz, el mantenimiento del sistema vigente de sanciones internacionales será inevitable.

De momento, la apariencia de aperturismo vivida desde la muerte de Fidel Castro, y durante el mandato de su hermano Raúl, ha sido imperceptible en tres ámbitos. La democratización interna es solo palabrería, y la purga de opositores es una constante. ABC ha relatado estos días cómo decenas de activistas políticos contrarios al régimen, artistas críticos y periodistas señalados han permanecido sitiados en sus domicilios por los órganos represivos de la seguridad del Estado cubano. Se ha interrumpido el acceso a internet, se han militarizado barrios de la capital, y se ha linchado mediáticamente a los intelectuales opuestos a la pantomima preparada por el Partido Comunista para el relevo del enfermo Raúl Castro. En segundo lugar, la vulneración de los derechos humanos y las restricciones flagrantes de libertad siguen siendo sistemáticas. El informe que Raúl Castro ha elevado al congreso sucesorio menciona la «voluntad de desarrollar un diálogo respetuoso y edificar un nuevo tipo de relaciones con los Estados Unidos (…) sin que Cuba renuncie a los principios de la revolución y el socialismo». Planteado en esos términos, no parece sencillo que el neocastrismo sin los Castro vaya a convencer a Joe Biden de lo que sí convenció a Barack Obama en su momento, sin ningún resultado favorable a los derechos humanos. Y en tercer lugar, no ha habido ninguna mejora en la modernización de un país que continúa sumido en la pobreza de las libretas de racionamiento, y en el que solo en los últimos cuatro meses los cubanos han perdido prácticamente la mitad de su poder adquisitivo. El resultado sigue siendo el mismo: colas del hambre, represión, alianza de corte bolivariano frente al progreso real, y sobre todo, carencia de derechos, libertades y garantías.

En muchos aspectos, la cubana sigue siendo una dictadura criminal sin capacidad de ofrecer una proyección de futuro sólida para sus ciudadanos. El inmovilismo en el Partido Comunista así lo atestigua, y aunque la disposición de Estados Unidos y de Europa a promover políticas democratizadoras sea siempre una ventana de oportunidad, lo cierto es que hasta que el poscastrismo tome conciencia de que lo relevante es emprender el camino de la libertad, poco podrá ayudársele.

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Los presos, a la calle
Cayetano González. Libertad Digital 20 Abril 2021

¡Qué solas se han quedado las víctimas! Y todavía habrá políticos necios que seguirán repitiendo el mantra de que ETA ha sido derrotada por el Estado de Derecho.

En su política de pasar página de lo que ha supuesto la actividad criminal de ETA, una vez que la banda terrorista ha dejado de matar, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha dado en los últimos días un paso muy importante y significativo: el traspaso de las prisiones ubicadas en la Comunidad Autónoma Vasca al Gobierno vasco, donde manda el PNV y el PSE ejerce de muletilla del nacionalismo.

Sánchez entrega al PNV las llaves de las cárceles vascas, por lo que no es muy arriesgado aventurar que en un plazo relativamente corto las víctimas del terrorismo en particular y la sociedad española en general sufrirán una nueva afrenta y podrán asistir al goteo incesante de excarcelaciones –en régimen de semilibertad o en libertad total– de todos aquellos terroristas de ETA responsables directos de o colaboradores necesarios en los 857 asesinatos de personas inocentes a lo largo de 50 años.

Como Sánchez y su maquinaria de propaganda instalada en la Moncloa saben que esta es una cuestión sobre la que la sociedad española tiene todavía una alta sensibilidad, no firmarán con el Gobierno vasco este acuerdo hasta el 10 de mayo, es decir, una vez celebradas las elecciones autonómicas en Madrid. ¿Temor a un castigo electoral? ¿Vergüenza?

Es igual. Tanto el PP como Vox deberían recordar continuamente durante la campaña electoral que Madrid ha sido, después del País Vasco, la comunidad autónoma donde ETA más ha asesinado: concretamente a 123 personas, con atentados tan sangrientos como el cometido el 14 de julio de 1986 contra un convoy de la Guardia Civil en la Plaza de la República Dominicana (12 muertos) o el perpetrado contra un vehículo del Ejército el 21 de junio de 1993 en la Glorieta de López de Hoyos (7 muertos). Cuando vayan a votar el próximo 4 de mayo, los madrileños no deberían perder de vista este hecho: el presidente del Gobierno y secretario general del PSOE es el máximo responsable de estas políticas complacientes con los presos de ETA y con los herederos políticos de la banda terrorista. A estos les trata como si fueran un partido más, llega a acuerdos con ellos en el Congreso o busca su apoyo para gobernar en Navarra.

El PNV, que durante muchos años –cuando ETA mataba un día sí y otro también– nunca reclamó ante los diversos Gobiernos centrales esta competencia de gestionar las prisiones vascas, porque no la quería en ese clima de violencia criminal, ahora la recibe con los brazos abiertos, y no cabe duda de que será un instrumento que utilizará en su lucha partidista con Bildu. Un instrumento que, bien aplicado, le hará aparecer ante su parroquia e incluso ante la izquierda abertzale como el padre de la parábola que acoge con gozo la vuelta a casa de su hijo descarriado y le llena de agasajos.

Cuando quedan todavía más de 300 crímenes de ETA por resolver; cuando de una forma periódica se producen los homenajes a los etarras que vuelven a sus localidades de origen; después de haber estado acercando semanalmente desde hace meses a presos de ETA a cárceles vascas o ubicadas cerca del País Vasco, el presidente del Gobierno da un paso más: que sea el PNV el que consume la jugada. “Presoak kalera, amnistia osoa” (“Presos a la calle, amnistía total”) ha sido una consigna constantemente repetida en las manifestaciones del mundo abertzale. La amnistía ya se llevó a cabo en 1977, y todos los presos de ETA salieron a la calle. Cuarenta y cuatro años después, y con centenares de asesinatos a sus espaldas, los terroristas están a punto de conseguirlo de nuevo, esta vez sin necesidad de ninguna ley de amnistía.

¡Qué solas se han quedado las víctimas! Y todavía habrá políticos necios que seguirán repitiendo el mantra de que ETA ha sido derrotada por el Estado de Derecho.

La represión en Cataluña: una semana sin dormir
Pablo Planas Libertad Digital 20 Abril 2021

Torra y Cardús, Cardús y Torra. Dos ejemplos entre cientos de esa clase de personal procesista que no tiene vergüenza alguna.

El proceso separatista es una estafa de la que se han aprovechado políticos, profesores, periodistas y empresarios del régimen nacionalista catalán. Hay quien dice que el fenómeno es historia, que acabó cuando Puigdemont huyó a Bélgica y los partidos independentistas aceptaron concurrir a las elecciones convocada por Rajoy en virtud de un nefasto, negligente y prevaricador entendimiento del artículo 155 de la Constitución. Otra tesis es que el llamado procés está en una fase de hibernación, a la espera de que se den las circunstancias para resucitar la agitación callejera y la presión política.

Sea como fuere, uno de los teóricos más conspicuos del independentismo, el sociólogo Salvador Cardús, repasaba este domingo en el digital del exdirector de La Vanguardia José Antich (otro personaje clave del proceso) algunas de las causas por las que el movimiento independentista está de capa caída. "Hay un marco de represión fortísimo", decía Cardús. Y no sólo para los golpistas presos, que él no llama "presos políticos" como hace el independentismo en sus medios, financiados con dinero público, sino "prisioneros".

"Nuestros prisioneros se pudrirán en la prisión hasta el último día", era el titular de la entrevista. Con lo de "hasta el último día" no se refería a que cumplirán íntegramente sus penas, sino hasta el día en el que hayan cumplido el tiempo preceptivo de cárcel para poder salir en régimen de semilibertad. En cuanto a los "prisioneros", Cardús da a entender que España no es ni siquiera un Estado regular con presos en sus cárceles sino algo más parecido a un Estado Islámico que tiene "prisioneros". El hecho de que tales "prisioneros", Junqueras, Forcadell, los Jordis, Romeva, Rull, Turull, Bassa y Forn, estén en cárceles catalanas gestionadas por la Generalidad vendría a ser como si el antedicho Estado Islámico tuviera rehenes franceses en las cárceles francesas administradas por la República Francesa. Siguiendo con el disparate, los funcionarios de la Generalidad estarían haciendo de vigilantes por cuenta ajena, al igual que la consejera de Justicia, de quien dependen las prisiones, la muy republicana Ester Capella.

Dice también el señor Cardús que el ambiente represivo es terrible, tan terrible que en reuniones privadas la gente apaga el móvil por temor a ser escuchada, que hay funcionarios que se sienten vigilados. Brutal. La cosa recuerda a aquella denuncia de un diputado de Puigdemont que decía que un espía del CNI le seguía en patinete.

Asegura además Cardús que los profesores universitarios que se muestran partidarios de la independencia "pueden tener problemas a la hora de participar en un concurso para ser escogido profesor o para que te publiquen un artículo en una revista científica". Impresionante testimonio de un docente de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), el mismo Cardús. ¿Y cómo se explican entonces los manifiestos de rectores, decanos, claustros y sindicatos de alumnos a favor de los golpistas? ¿O las agresiones de encapuchados a estudiantes no separatistas? ¿O el intento de linchamiento en la misma UAB a Cayetana Álvarez de Toledo?

Sin embargo, lo más desopilante de la entrevista viene cuando Cardús explica que ha "sentido muy directamente" la "represión", tanto que ha llegado a pasar "una semana sin dormir por culpa de estas situaciones". No especifica, sin embargo, qué clase de situaciones. Le parece que no puede dar detalles. ¿Cabe más desahogo, más cara y más cuento? Pues sí. Este mismo domingo y en otro digital separatista entrevistaban a Quim Torra, otro tremendo represaliado, condenado a año y medio de inhabilitación y que en la actualidad cobra más de ocho mil euros netos en calidad de expresidente de la Generalidad. Tremebundas condiciones las de Torra, un infierno. A su lado, lo del ruso Navalni, el opositor a Putin, es una auténtica chorrada. Pues bien, dice el bueno de Torra que no ve más remedio para la situación catalana que "defender la república en la calle". Con dos de esos. La población catalana independentista aguarda expectante el momento en el que Torra se ponga a desfilar con una estelada por el Paseo de Gracia dispuesto a todo, incluso a renunciar a su pensión, por la república. Esa será la señal y tras Torra el pueblo se echará en masa a la calle por la independencia.

Torra y Cardús, Cardús y Torra. Dos ejemplos entre cientos de esa clase de personal procesista que no tiene vergüenza alguna. Lo que sí tienen es la jeta de hormigón armado y la cartera, plena. Viven en su mundo, en una realidad paralela. Y se quejan de la represión cuando un camarero les habla en español.

La Sexta: acoso a los votantes de VOX y blanqueamiento de la violencia de la extrema izquierda
Monasterio rechazó este domingo acudir a una entrevista en la cadena
Agustín Benito. https://gaceta.es  20 Abril 2021

La candidata de VOX a la presidencia de la Comunidad de Madrid, Rocío Monasterio, rechazó este domingo acudir a la entrevista anunciada por La Sexta, una decisión que despertó la ira de Ana Pastor, periodista y directiva de una cadena que nació bajo el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, fue rescatada por el Partido Popular y se ha convertido en instrumento de la propaganda izquierdista, y de la persecución a las ideas de VOX y a los casi cuatro millones de votantes que en las pasadas elecciones generales decidieron elegir a un partido perfectamente democrático y legal.

La banalización de la violencia contra la tercera fuerza política de España y la manipulación de declaraciones de sus dirigentes, mientras se blanquea la violencia separatista y al terrorismo etarra, ha sido y es una constante en la cadena, alejada de los principios de honestidad y rigor informativos.
La equidistancia entre agresores (extrema izquierda) y agredidos (VOX)

Así, ha trivializado la violencia contra VOX en Cataluña, en el País Vasco y en Vallecas por el simple hecho de disentir frente al consenso progre. Ante la agresión en Sestao (Vizcaya) con una piedra a la diputada nacional Rocío de Meer mantuvo en un lugar destacado un artículo del activista ultraizquierdista Antonio Maestre en el que aseguraba que VOX solo acudía a hacer campaña “para crear crispación y enfrentamiento”.

Y no se quedó atrás ante la violencia de la extrema izquierda en Vallecas en el acto de presentación de la candidatura a la Comunidad de Madrid el 7 de abril, que motivó la presentación la semana pasada por parte de VOX de una querella ante el Tribunal Supremo contra el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, por delitos de prevaricación, omisión del deber de perseguir delitos y delito electoral tras consentir que se desarrollaran convocatorias ilegales para impedir el acto. En este sentido, tituló “Cargas policiales, lanzamiento de objetos y tensión en Vallecas por el mitin de Vox”, mostrando una equidistancia entre los agresores y los agredidos propia de la prensa batasuna.

Manipulación de declaraciones para perjudicar a Abascal
Las manipulaciones para tratar de perjudicar a los dirigentes de VOX son sistemáticas. Así, el presentador de ‘Al Rojo Vivo’, Antonio García Ferreras, llegó a incorporar una grabación cortada de Santiago Abascal para cambiar el sentido de una declaración en la que hablaba de “cartillas de racionamiento” citando a Pedro Sánchez.

“Para nosotros significa que España va a ir camino de la Venezuela de Chávez, de la pobreza, de la desigualdad y de las cartillas de racionamiento”, dijo Abascal para después añadir “he dicho literalmente cartillas de racionamiento, pero da la casualidad de que estas palabras anteriores (…) son palabras propiedad de Pedro Sánchez”. El líder de VOX hizo así referencia a una entrevista que concedió Pedro Sánchez a Antena 3 en septiembre de 2014 en la que descartaba pactar con Podemos.

Ante el boicot de la extrema izquierda a un acto del partido en Murcia en noviembre de 2018, la presentadora del informativo, Helena Resano, afirmó que el líder de VOX “llegó a amenazar con salir a enfrentarse a ellos”. En la pieza se incluyeron unas declaraciones de Abascal en la que afirmaba “anda, que si decidimos dejar de hablar y salimos todos ahora…”. La Sexta ocultó su declaración posterior: “Más allá de la broma, os animo a que lo toméis así, también a los medios de comunicación, que no salga alguno diciendo que hemos animado a salir a todos”.

El acoso a los votantes de VOX en un feudo comunista
VOX posibilitó la salida del socialismo de la Junta de Andalucía tras décadas de corrupción gracias a su histórico resultado en las elecciones de diciembre de 2018. Más allá del disgusto ferreriano en pleno escrutinio, La Sexta envío días después a un equipo al feudo comunista de Marinaleda (Sevilla) para buscar cámara en mano en sus casas a los 44 votantes de la formación. La reportera incluso preguntó a varios vecinos cómo podía localizar a los electores.

El blanqueo de la violencia separatista y del terrorismo etarra
También se ha mostrado como blanqueadora de la violencia separatista en Cataluña equiparándola a las cargas policiales. Para muestra, el siguiente fragmento del programa Salvados en octubre de 2019:

Y del terrorismo etarra que acabó con la vida de casi 900 españoles, dejó miles de heridos y forzó a cientos de miles a dejar su tierra vasca. Así, en los últimos años ha reiterado las entrevistas propagandísticas al exmiembro de ETA y líder de Bildu Arnaldo Otegui, todo un ultraje a la memoria, a la dignidad y a la justicia debida a las víctimas, y llegó a publicar en diciembre de 2020 el reportaje “Las claves de por qué ETA era vista como una libertadora del pueblo vasco”.

Cuévanos atiborrados de miserias humanas, consecuencia del relativismo ético social
No intentes razonar con fanáticos, de antemano te descalifican
Miguel Massanet. diariosigloxxi 20 Abril 2021

España en cabeza de la tolerancia con el aborto, la homosexualidad, el anticatolicismo, la degradación del concepto de familia, del feminismo radical y del intercambio de roles sexuales, la humillación y relegamiento del varón junto al liberticidio y el intento de retorno a épocas en las que las libertades de los ciudadanos estaban sometidas a la dictadura del Estado republicano totalitario del Frente Popular. Es, evidentemente, la “nueva” España, la del “progreso”, la que las nuevas generaciones pretenden que se prescinda de la moral y la ética y la que abjura de la familia, de la religión, de la distinción entre sexos y de la sexualidad a la carta puesta a disposición de criaturas que apenas tienen edad para entender cuales son sus propias inclinaciones y a las que se dota de la facultad de cambiar de sexo sin tener en cuenta que, en muchas ocasiones, aquella persona que recurrió a la transexualidad puede llegar a lamentar el haberse precipitado en tomar aquella decisión, cuando ya sea demasiado tarde para enmendar el error.

Nos han predicado, y a muchos los han convencido, que un país sin cortapisas morales, en el que se entiende que las libertades individuales no pueden ser controladas más que por el propio individuo en cuanto a temas como la interacción indiscriminada entre los distintos géneros, la homosexualidad, la bisexualidad, la transexualidad o cualquier otra mezcla, práctica, perversión, sadismo o humillación relacionada con las pasiones más bajas de una persona, deben ser admitidas como normales, toleradas sin posibilidad de crítica alguna, aceptada y equiparada lo que la naturaleza, la inspiradora del Derecho Natural, quiso que fueran las relaciones entre géneros tanto entre bestias como entre humanos, en la suposición de que los humanos, precisamente por serlo y tener un nivel superior de sabiduría y entendimiento, serían capaces de distinguir entre lo que son prácticas propias de la convivencia y reproducción de la especie o las que suponen vicios, desviaciones, extralimitaciones o depravaciones, frutos de mentes corruptas, de filosofías banales y enfermizas, doctrinas que se basan en la degradación de las costumbres que, en muchas ocasiones se utilizan para mejor dominar a los pueblos.

Pero cuando son los gobernantes de un país los que fomentan, impulsan, defienden o legislan incitando, favoreciendo, primando comportamientos evidentemente antinaturales, obscenos o basados en teorías claramente apoyadas en doctrinas contaminadas o inducidas por quienes tienen el propósito de corromper la sociedad y transformarla con la vil intención de, mediante engaños, presuntos beneficios, promesas imposibles de cumplir o propuestas de imaginarias sobre sociedades igualitarias -cuando nada de lo que la experiencia de los veintiún siglos de historia de la humanidad nos puede llevar a la idea de que, en realidad, no existen personas iguales, ni en aspecto físico, ni en capacidad intelectual, ni en sentimientos, ni mucho menos en inteligencia o en cualquier otra cualidad que nos permitiera llegar a la conclusión de que, sin incurrir en graves injusticias, se podría establecer una igualdad sin distinciones que lo único que conseguiría sería anular el ansia de aprender, el estímulo del trabajo, la posibilidad de innovaciones, el progreso de la humanidad y la mejora de las condiciones de vida para crear una humanidad, como ha sucedido, a pesar de todos su inconvenientes y tropezones, con el progreso que a través de los siglos ha experimentado0 la raza humana si la comparamos con aquellos hombres de Cromañón o Neandertal – lo único que podemos pensar es que este “progresismo” que se nos quiere vender como la panacea para lograr un humanidad más justa, más igualitaria, más adelantada o con menos desigual en cuanto a la calidad de vida de los ciudadanos, es aquel que pretende que siempre se puede vivir de ilusiones, se puede creer en un mundo perfecto, sin ambiciones, ni vicios, ni maldad,; una sociedad viviendo en Jauja pero que, en realidad, nada tiene ni tendría que ver con lo que la experiencia de siglos siempre ha demostrado ser diferente.

No hay negacionismo ni una visión pesimista en estas palabras sino, simplemente, la constatación de que las mismas féminas que hoy tenemos en los puestos de ministras, todas ellas feministas acérrimas, han sido incapaces de demostrar, con sus deficientes actuaciones, que tienen cualidades que las distingan de los hombres a los que han sustituido en sus cargos ministeriales. Los mismos vicios, las mismas malas decisiones, las mismas rivalidades entre ellas, la misma incapacidad y la misma soberbia, sectarismo, idénticas mentiras que las que se les atribuían a aquellos, a los que vienen años criticando, para venderse a ellas mismas como las suplentes perfectas de los varones, con la capacidad de mejorar, sustancialmente, sus actividades. En su afán de revancha, en su desmedida auto estima, en su ególatra superioridad y en su descomedida vanidad, estas señoras que tan buen concepto tienen de las mujeres, no saben reconocer que durante siglos han sido los más intrigantes miembros (o “miembras”, según decía la ministra de Igualdad socialista) de la sociedad, las que han manejado con malas artes y recursos sexuales a hombres que se dejaron contaminar por sus artes maléficas. En realidad, sin negar su postergación en cuanto a acceder a los estudios y su encasillamiento en las labores propias del hogar (debemos situarnos en la mentalidad de aquellos tiempos, tan distinta a la imperante en estos momentos) las mujeres siempre y durante los siglos han tenido un papel predominante, decisivo, fundamental y, por supuesto, insustituible en lo que ha sido la familia tradicional y en la Historia, con mayúsculas, de todas las naciones civilizadas de occidente.

Y, hete aquí, como ejemplo de esta clase de mujeres que vienen reclamando su protagonismo en todos los sectores de la actividad ciudadana, la señora Rahola, una de estas que se ha dedicado a insultar, denigrar, menospreciar, mentir y renegar de y sobre España, con una intensidad y tesón que, con toda seguridad, hubiera conseguido mejores resultados y frutos si, estas mismas energías que ha dedicado a la causa catalanista, las hubiera empleado con otros objetivos en los que se hubiera podido lucir mejor, por ejemplo, a escribir cuentos infantiles. Y es que esta señora, ciega en lo que respeta a las barrabasadas de sus compañías separatistas, pero muy atenta a la crítica de todo lo que ella piensa, en su mente retorcida, que el resto de España y, ya no digamos, desde Madrid, se está “manipulando” con el solo objetivo de sacarle dinero a Cataluña y a oponerse a sus maquinaciones para impedir que Cataluña puede alcanzar sus “legítimos objetivos de abandonar España para no ser “expoliada” por los españoles.” Para esta periodista todo aquel español que no esté de acuerdo con el soberanismo catalán, con la idea de que Cataluña (la que más dinero está recibiendo del gobierno del señor Pedro Sánchez, muy por encima del que reciben comunidades como Madrid o cualquier otra de las 17 de España), es un “fascista” sin pararse a reflexionar que es muy posible que las personas a las que con tanta facilidad desprecia puedan tener unas ideas mejor argumentadas que las que ella, como fanática, pueda defender.

Dudo que sea capaz de definir a un fascista y que sea tan inteligente que pueda decirnos la diferencia que encuentra entre un fascista y un comunista. Pero los comunistas, con el señor Pablo Iglesias a la cabeza, les están apoyando en sus intenciones separatistas y, en consecuencia, por muy comunista que sea el señor de la coleta, ella va a cerrar el pico para que no se moleste. Esta señora se ha enfadado mucho, y así lo ha dicho en su columna de La Vanguardia, por el hecho de que un tal señor Cercas haya representado la imagen del dictador alemán Hitler empuñando una estelada (la bandera independentista catalana copiada de la de Cuba). Y es que, para ella, los condenados por los hechos del 1º Octubre de 1917, aquel simulacro de intento de independizar Cataluña, son las verdaderas “víctimas” del Estado español o, para que nos entendamos, estos señores no fueron juzgados por un tribunal del Estado español, perfectamente constituido, con todas las garantías legales propias del caso, con defensa jurídica de primer orden y a la vista de todos aquellos que quisieran seguir las peripecias del proceso, sino que se cometió un grave error al juzgar a unos inocentes, que llevaba años anunciando que iban a intentar hacer lo que hicieron en aquella fecha. Fueron legítimamente condenados a prisión y ahora, no son las víctimas de ninguna venganza, sino los reos de haber cometido un delito de secesión y otro de malversación de caudales públicos. Ningún país de la UE protestó ni puso en tela de juicio el derecho del gobierno y los tribunales españoles a enjuiciar y condenar el intento del catalanismo separatista.

Pero hay muchas mujeres, como la mujer de Iglesias, la Montero, u otras ministras tales como la señora Calvo, la señora Celaá (autora de la nueva ley de educación) o la exministra, transformada en fiscal general del Estado, la señora Dolores Delgado a las que no les importa actuar a las órdenes del Gobierno y, en consecuencia, sin que el hecho de ser mujeres les impida amoldarse a semejantes irregularidades. O, así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, estamos viendo como este movimiento feminista, poco a poco, se transforma, de una justa reivindicación de los derechos de la mujer a un intento solapado, del feminismo más extremo y recalcitrante, de ir logrando privilegios ( la Ley de defensa de las mujeres ya presupone un privilegio al considerar que la declaración de una mujer en cuanto a delitos de tipo sexual se considera por encima del derecho a la presunción de inocencia del supuesto delincuente, en el caso de que sea un hombre) y de intentar relegar al sexo opuesto a un segundo lugar lo que, evidentemente, nuestra Constitución del 78 no permite. Y una frase de Ortega y Gasset: “El pasado no nos dirá lo que debemos hacer, pero sí lo que deberíamos evitar.”
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