AGLI Recortes de Prensa   Sábado 1  Mayo  2021

La victoria de VOX: la reapertura de todos los debates que la izquierda creía superados
la constatación del fin de la barra libre
Javier Torres. https://gaceta.es/ 1 Mayo 2021

No hay una imagen como la de Santiago Abascal y Rocío Monasterio en el palco del estadio del Rayo Vallecano que ilustre mejor que estamos ante el fin del ordeno y mando de la izquierda. Antes VOX había ido a la plaza roja de Vallecas a hacer campaña y, sobre todo, a demostrar que no acepta la hegemonía progresista ni la patrimonialización de barrios. Por eso, tras las pedradas y justificaciones, se plantó en el estadio del Rayo, considerado territorio comanche por el grupo ultraizquierdista -de amplio historial delictivo- Bukaneros.

Nada de esto era imaginable hace apenas dos o tres años cuando la vida política española era un feliz erial en que la izquierda paseaba a placer sin que nadie rechistase. “Yo pongo el excel y tú la ideología”, en certera frase del autor del genial vídeo “Centro centrado”, era el pacto al que progresistas y conservadores habían llegado después de la Transición: te dejo gobernar si tú no tocas mi legado. Y así los socialistas avanzan en su agenda ideológica (aborto, ideología de género, memoria histórica, eutanasia, control de las aulas y medios de comunicación, redes clientelares en el mundo de la cultura…) mientras el PP se conforma asumiendo la gestión de los números. El trato, de facto, ha convertido al PP en el ministerio de Economía del PSOE los últimos 30 años.

En realidad la hegemonía progresista ha sido -y sigue siendo- indiscutible en casi todo occidente salvo algunas aldeas que resisten como Polonia y Hungría. El fin de la historia declarado por Fukuyama en 1992 tras la desintegración de la URSS saltó por los aires cuando el terrorismo islamista derribó las Torres Gemelas. El autor exponía que la historia, como lucha de ideologías, había terminado por la victoria total del bloque capitalista sobre el comunista. En España, hoy punta de lanza del globalismo y pionera en aprobar leyes de marcado carácter ideológico progresista, se podría decir algo parecido de una izquierda que ya se veía ganadora antes de jugar el partido. No es para menos cuando sus ideas, envueltas en el papel de la superioridad moral, se han impuesto en aulas, medios y BOE sin oposición que las cuestione. Al menos hasta ahora.

La irrupción de VOX ha sido, ante todo, un puñetazo al tablero político igual o mayor al que Podemos propinó al bipartidismo en 2014. Es complicado imaginar que sin la grieta abierta por Pablo Iglesias en el sistema las ideas de Abascal hubiesen penetrado de la misma forma. La llegada de Podemos tuvo algo positivo: ensanchaba el campo de batalla y permitía discutir cuestiones que PP y PSOE (por imposición de los segundos) consideraban superadas. Debate cerrado. Y no es que Iglesias trajese ideas nuevas, sino que pedía más de lo mismo en cantidades industriales: más descentralización (“La nación española es un concepto discutido y discutible”, dijo Zapatero) hasta el punto de ofrecer un referéndum para Cataluña; más Estado para tejer nuevas redes clientelares y chiringuitos ideológicos; más sometimiento de España a organismos supranacionales como la ONU o la UE hasta el punto de ceder más soberanía al dictado de la Agenda 2030; más compromiso con el cambio climático hasta el punto de acelerar la desindustrialización de España y el desmantelamiento del sector primario; más inmigración hasta el punto de pedir fronteras abiertas y presentar a un mantero a las elecciones. En definitiva, se trataba de llegar más lejos de lo que PSOE y PP lo habían hecho nunca.

Y en esas apareció VOX, que antes de propiciar la expulsión del PSOE del poder en Andalucía, se dio a conocer al gran público sentando a los golpistas catalanes del 1 de octubre de 2017 en el banquillo del Tribunal Supremo. La razón que explicaba la transformación de la teórica lealtad del autogobierno al odio a España -argumentaban entonces Abascal, Ortega y Espinosa- es el sistema autonómico. Por primera vez en 30 años alguien consideraba que la cesión de competencias territoriales -especialmente la de Educación e Interior- era el germen del secesionismo. Uno de los argumentos esgrimidos por VOX es que no se puede defender la igualdad entre todos los españoles sin oponerse al sistema autonómico que genera ciudadanos de primera y de segunda. Esto se tradujo el pasado septiembre en una ley para ilegalizar a los partidos separatistas, aunque el resto del Congreso votó en contra excepto PP y CS, que se abstuvieron.

Si antes de VOX ningún partido con tal representación (52 escaños) cuestionaba las CCAA -todos están de acuerdo, desde Podemos a PP pasando por PSOE y CS- tampoco se hacía con la ideología de género (implantada en Madrid por el PP con la ley de 2016), el feminismo, el aborto, la inmigración, la memoria histórica, el islam o el modelo educativo. Si alguna vez los populares se opusieron (véase recurso ante el TC por la ley del aborto) finalmente acabarían pasando por el aro.

Naturalmente oponerse a toda la agenda progre le ha costado a VOX la etiqueta de ultra, facha, fascista, machista, racista, xenófobo, homófobo, etc. Ni siquiera se le da la opción a debatir porque sus propuestas son consideradas delito de odio por quienes hasta ahora dictaban las reglas del juego y elegían árbitro. Jordi Évole, uno de los santones del periodismo progre, se expresó con meridiana claridad en Antena 3, refiriéndose a VOX: “Es un partido fascista que habla con total impunidad sin que haya nadie en la fiscalía que se querelle”. Otra de las claves que explican que VOX haya volado por los aires la arcadia feliz del consenso progre es que Abascal no dé un debate por cerrado. “En Vistalegre VOX habló de homofobia, machismo, contra el aborto… todas estas cosas parecían ya superadas”, reconocía Évole, acostumbrado a que el PP le conceda entrevistas después de machacarlo. VOX no habla con él.

Cuesta creerlo pero romper este cerco ideológico no ha sido tan difícil como se presumía. Bastaba con querer, pero para querer hay que intentarlo, y antes no sucedía: la izquierda ganaba casi todas las batallas por incomparecencia del rival. Un ejemplo ha sido el reciente debate-encerrona organizado por la cadena SER al que no acudió Díaz Ayuso, de modo que Rocío Monasterio se enfrentó sola a toda la izquierda (Podemos, Más Madrid y PSOE) y a CS. Y no sólo eso, sino a la escena que Pablo Iglesias traía ensayada de casa para abandonar el debate si la candidata de VOX no se arrodillaba y pedía perdón como si hubiera sido ella la autora del envío de un sobre con balas. Monasterio dijo lo siguiente:

-Nosotros condenamos todo tipo de violencia y nos hubiera gustado que el señor Iglesias condenara la violencia que sufrimos en Vallecas. Le animo a que vaya a una comisaría a denunciar estas amenazas. Yo lo que le he dicho es que los españoles ya no nos creemos nada de este Gobierno. Si usted es tan valiente, levántese y lárguese.

-Esto no es aceptable. Si no se retracta me voy-, contestó Iglesias.

-Pues lárguese, que es lo que queremos muchos españoles-, de nuevo Rocío.

Desde luego, el debate marcó un punto de inflexión en la campaña, ya que desde ese momento la izquierda y la poderosa maquinaria mediática a su servicio repetían el mensaje de que VOX es violencia y su discurso el detonante de las amenazas. Ante ese relato, ¿qué hacer? VOX no lo dudó un instante: ni un paso atrás ante quien alentó las pedradas en Vallecas y no sólo no condenó la pedrada que hirió a la diputada Rocío de Meer en Sestao, sino que además se mofó diciendo que la sangre era kétchup.

Claro que esta estrategia de confrontar a Pablo Iglesias disgustó y mucho al centrismo, que salió al quite para repartir culpas: Rocío Monasterio tendría que haberse puesto de perfil. Las tertulias dictaron sentencia: “Ya tiene Iglesias lo que quería, esto va a movilizar a la izquierda”. Toda una declaración de principios de quienes no entienden la política como una lucha por la verdad y el bien, sino un cálculo permanente por un puñado de votos. Una postura que, además de cobarde y relativista, engorda la superioridad moral de una izquierda blindada por la corrección política: yo te apedreo y no lo condeno pero tú te arrodillas y pides perdón ante una amenaza anónima enviada por carta.

Precisamente que VOX rechace estas asimétricas reglas del juego provoca el hostigamiento de la extrema izquierda en la calle. Gran parte de la izquierda y el separatismo no aceptan que, tras medio siglo de hegemonía, ahora venga alguien a cuestionarlo todo. Por eso la máxima leninista “contra los cuerpos la violencia y contra las almas la mentira” se ejerce contra la formación de Abascal sin piedad ni descanso.

Al menos una reflexión, sin embargo, sí debería mover el cambio de postura de Iglesias en los últimos días. El candidato de Podemos dijo el miércoles entrevistado por Ferreras (siempre al rescate) que “condenaba cualquier violencia”, lo que equivale a reconocer que su estrategia de polarizar, embarrar e ideologizar la campaña al máximo no le estaba dando resultado. O sea, que Monasterio hizo bien en cantarle las cuarenta en la SER.

El gesto de Iglesias es mucho más importante de lo que parece, pues no sólo es un cambio de opinión en mitad de una campaña -algo siempre arriesgado-, sino la constatación del fin de la barra libre y que a partir de ahora habrá alguien enfrente que no pasará una, que se acabó pedir perdón. Y si el consenso se escandaliza tildando de franquista a Abascal por decir que “es el peor Gobierno en 80 años”, el líder de VOX responde que “no es el peor en 80, sino en los últimos 800 años”. Y así con tantos temas como la ley contra la violencia de género que acaba con la presunción de inocencia del varón y el principio de igualdad ante la ley, la inmigración ilegal (y los menas) que sufren los españoles más humildes, la creación de chiringuitos ideológicos para mantener el poder de la izquierda, la oposición frontal a la Agenda 2030 que desmantela el sector primario y desindustrializa España, la connivencia con el separatismo, el adoctrinamiento en las aulas, la cesión de soberanía ante la UE…

En definitiva, VOX ha logrado en muy poco tiempo no dar un debate por cerrado y retratar a quienes, como Pablo Iglesias, se aprovechan de las ventajas de aplicarse una vara de medir distinta a la de sus rivales. Por eso, si el 4 de mayo acaba su carrera política, sería de justicia que no se apunten el tanto quienes no dieron la cara en el debate de la SER.

1 de mayo, Solidaridad
EDITORIAL. https://gaceta.es  1 Mayo 2021

El 1 de mayo de 2021 ya es un fecha histórica para España. Por primera vez en democracia, un sindicato nacional no creado, ni amparado, ni dirigido, ni subvencionado por la izquierda y por las elites globalistas españolas, se presenta en la Fiesta del Trabajo en las calles de Madrid con dos mensajes fundamentales: uno de confrontación y oposición al sindicalismo servicial y sumiso de las grandes centrales sindicales históricas y otro de unidad de los trabajadores y los pequeños empresarios contra burócratas y oligarcas. Ya iba siendo hora.

Los dos mensajes de Solidaridad, el sindicato afín a VOX y que evoca con su nombre el gran sindicato polaco que fue esencial en la lucha contra el comunismo, los comprende con enorme facilidad cualquiera que haya seguido la trayectoria de la oligarquía sindical histórica que padecemos en España: la UGT y CCOO. Hace ya mucho tiempo que estos sindicatos de clase dejaron de serlo y se convirtieron en clubs sindicales que dedican la mayor parte de sus esfuerzos —con el liderazgo de la UGT—, a la creación de una red clientelar basada, a partes iguales, en la subvención, en la corrupción, en la concentración sindical y en las mariscadas. Que una bandeja de cigalas sea el epítome de la lucha sindical en España hace necesaria la reacción, y hoy, desgobernados y en crisis, más que nunca.

Hoy, en la España paralizada en ERTE, o se está con los trabajadores, con los que trabajan y con los que quieren trabajar, con los pequeños empresarios que trabajan cien veces más que un liberado sindical enfermo de gota de tanto chupar cabezas de gambas, o se está contra ellos. O se está con el que no duerme a final de mes para pagar nóminas o con el que cuenta con la subvención a fondo perdido. O se está con la libertad para emprender, o contra ella. O se está a favor de poner fin de una vez al laberinto burocrático tantas veces reclamado, tantas veces prometido, o en su contra. O por la reindustralización, o por la deslocalización. O se está por la inversión en autosuficiencia energética o por la dependencia ordenada por la Europa de los burócratas. O por la rebaja de impuestos, o por el leviatán fiscal. O por el fin de las subvenciones a partidos, sindicatos y chiringuitos, o por el mantenimiento con nuestro dinero de las redes clientelares parasitarias. O se está con el inmigrante legal y ordenado que viene a arrimar el hombro o con la invasión migratoria descontrolada y subvencionada.

Todos los que estén a favor de los trabajadores, los de verdad, los que están en ERTE y no ven el final, los que jamás recibirán —ni ganas— un reloj de oro con cargo a los fondos de formación, los que están hartos de padecer las desigualdades promovidas por Bruselas entre regiones españolas… En resumen: todos los que exigen defensa y esperanza para España y para sus trabajadores, tienen una cita histórica el 1 de mayo, a las doce de la mañana, junto al sindicato Solidaridad en la Plaza del Conde de Casal de Madrid.

4-M: ¡Arrasa Ayuso! ¡Iglesias desaparece!
Jimmy Giménez-Arnau okdiario 1 Mayo 2021

Si las encuestas se nutriesen de opiniones lógicas y no de mentiras tendenciosas y obscenas, como los subrepticios CIS de última hora, carentes de toda credibilidad, que el manipulador Tezanos le regala a su amo, estos podrían ser los resultados electorales del 4-M:

Arrasa Ayuso y sale a hombros por la puerta grande pues la mayoría de los madrileños la creen. El manso Gabilondo es devuelto al corral tras tragar las vejaciones de Sánchez y se hunde. Monasterio, brava e irreductible, se mantiene en la querencia, conquista barrios pobres, saca al del moño hortera de los platós y se deja querer. García, de la ganadería Más Madrid, o más Podemos, traslada las consignas del niñato Errejón y suma votos con los incautos que engaña usando mantras propios de una dictadura bananera. Y qué decir de Bal, cuya suerte ya estaba echada antes de abrir las urnas.

Otro aspirante a la CAM, Pablo Iglesias, merece ser aislado en un párrafo aparte debido a la rabia que transmite. El ‘carroñero’ practica el cleptoparasitismo (parasitismo por robo) y sólo busca arruinar a la gente con el exclusivo fin de atesorar más millones. Ojalá que a este zafio le salgan las cuentas y pronto se largue a la que fue aquella maravillosa Venezuela, hoy convertida, desgraciadamente, en manos del dictador de Maduro, en una nación sin futuro.

Esperemos que las encuestas sensatas den en el clavo y Ayuso llene las urnas. Y que Iglesias desparezca de nuestro mapa político para siempre.

Daños colaterales
Nota del Editor 1 Mayo 2021

Las ovejas, las bandadas, los bancos de peces, los rebaños y algunos españoles parece que obedecen a las mismas leyes: se guían por el mivimiento de sus próximos.

En el caso de los rebaños, son los perros quienes azuzan por el exterior, otros peligros moldean a las bandadas y parece que a algunos españoles, el peligro, la destrucción de España, la merma de sus derechos y libertades no les importa y se dejan pastorear por los mismos durante años y años.

Que a estas alturas (bajuras) de la historia, apoyar al PP sea una opción, no deja de ser un desastre. Es el PP que quiere estar entre Ayuso y el tal Núñez, destructor de primera de los derechos constitucionales y humanos de los español hablantes en Galicia. El PP tiene que desaparecer. hay que votar a Vox sin fisuras, sin titubeos.

Quienes quieren seguir en el rebaño, no merecen el esfuerzo de los voluntarios y votantes de Vox, y su comportamiento resulta miserable.

Madrid y la defensa de la libertad
José María Rotellar okdiario 1 Mayo 2021

La izquierda quiere acabar con el modelo de éxito de Madrid, porque considera que es el elemento que le puede hacer descarrilar. El problema es que con datos no pueden convencer a nadie, así que todos los candidatos de la izquierda extreman las descalificaciones, especialmente Pablo Iglesias, que, nunca lo olvidemos, sería esencial para que la izquierda pudiese gobernar, de manera que si gobernase Gabilondo tendríamos todo el extremismo de la izquierda radical.

Ayuso no está dispuesta a dejar que la izquierda ocupe la isla de libertad en la que se ha convertido Madrid sin batallar. Al grito de comunismo o libertad, la presidenta madrileña está consiguiendo una importante movilización del voto de centroderecha, esencial para seguir gobernando. Que el lema de Ayuso es acertado se ve claramente ante el riesgo de que llegue a Madrid el socialismo extremo, el socialismo real, es decir, el comunismo, una vez que Iglesias tratará de lograrlo de todas las maneras posibles, de forma que si gobierna la izquierda se quebrará la política económica aplicada en la Comunidad de Madrid durante los últimos veinte años.

Ahí es donde el incentivo de votar al centroderecha, y de unificarlo (o lograr una muy buena sintonía entre las distintas formaciones de ese espectro), se intensifica, porque perder esa política económica no es gratis. La izquierda, especialmente la de Iglesias, representa todo lo contrario de la política económica -y no económica- aplicada en las últimas dos décadas en Madrid: Iglesias quiere subir los impuestos hasta niveles confiscatorios; quiere acabar con el sector de las VTC, porque todo lo que sea competencia le espanta; quiere acabar con la libertad horaria, porque no concibe la política sin entrometerse en la vida de los ciudadanos; quiere acabar con la libertad educativa, dentro del plan de adoctrinamiento que huye de la excelencia y la calidad; y quiere acabar con la libre elección de médico, hospital, centro sanitario o enfermero, porque queda fuera del control de la Administración la decisión de cada ciudadano.

La izquierda quiere confiscar hasta el último esfuerzo de los ciudadanos, quiere cerrar el Zendal, quiere imponer prohibiciones, acabar con los toros e imponer la ley Celaá. El programa de la izquierda, por tanto, no es otro que PROHIBIR. Todos sus postulados terminan en entrometerse lo máximo posible en la vida de los individuos y decirles qué tienen que comprar, qué les tiene que gustar o qué han de hacer. Les quieren imponer el pensamiento único para sus hijos, mientras que envueltos en “lo público”, destrozarán su calidad, pues disminuir esa calidad es lo que sería desmantelar, por ejemplo, el Zendal.

Madrid se juega mucho. Madrid ha avanzado mucho en estas dos décadas y media, donde ha pasado de ser la quinta región de España en PIB per cápita a ser la primera; donde se ha convertido también en la de mayor volumen de PIB, pese a tener menos extensión y población que Cataluña; donde es la región con menor tasa de paro de las regiones económicamente importantes; donde logra concentrar más de ocho de cada diez euros de inversión extranjera, lidera la creación de empresas y atrae talento aeroespacial o biotecnológico, por poner dos ejemplos.

Madrid se juega mucho porque estos resultados no son fruto de la casualidad, sino de una política basada en la libertad, que en materia económica se fundamenta en el respeto de la estabilidad presupuestaria, a partir del gasto limitado y eficiente; los impuestos bajos (cada madrileño se ahorra 1.150 euros en impuestos cada año); la eliminación de trabas; la seguridad jurídica y un ambiente propicio para trabajar, vivir y emprender.

La política que pueden impulsar Gabilondo, García e Iglesias es muy distinta: una política de subidas de impuestos, bajo el señuelo de la homogeneización, que no esconde otra cosa que el obligar a Madrid a dejar de tener los impuestos más bajos de España. Esa política de la izquierda puede ahuyentar inversiones, hacer caer la actividad y, con ello, el empleo. Dicha política irá acompañada de una política de subvenciones, como la que trata de aplicar en el Gobierno de la nación, pues la concepción de la política económica comunista se basa en el subsidio, no en el esfuerzo, el trabajo y la capacidad de superación para generar riqueza, empleo y prosperidad.

Por eso, Ayuso, con su lema “Libertad” se ha erigido en el baluarte de todo el centroderecha para defender la libertad madrileña y, por extensión, la del conjunto de españoles. La mayoría del centroderecha parece clara, pero no cabe un mínimo de confianza, pues está, como digo, mucho en juego.

No se trata ya de una cuestión ideológica, de izquierdas o de derechas, sino de nuestra libertad. Por eso, Leguina, Redondo Terreros y muchos otros socialistas de aquel PSOE socialdemócrata que hubo han apoyado a Ayuso, porque son conscientes de que por encima de las siglas, de los colores políticos y de las ideologías hay un bien común para todos los demócratas defensores de la Constitución y del sistema de monarquía parlamentaria que emana de la misma; para todos los defensores, en definitiva, de la gran reconciliación nacional que dejó atrás, afortunadamente, “los rencores de viejas deudas” y que sirvió de base para la gran prosperidad de la que ha gozado España desde entonces. Se trata, por tanto, de no perder eso, de no volver atrás, a lo peor de nuestro pasado, sino de avanzar hacia el futuro sólidamente, defendiendo nuestra Constitución, nuestra nación, el sistema de monarquía parlamentaria que tenemos y la libertad. En Madrid, el cuatro de mayo, se juega una parte importante de esta defensa, pues, efectivamente, lo que se dirime es si se mantiene la libertad o se aplica el comunismo. Es esencial que los resultados de ese día hagan triunfar a la libertad, porque, de lo contrario, la izquierda nos puede hacer caminar hacia un sendero oscuro, como resulto ser el de la tenebrosa II República.

La defensa del trabajador, el fin de las subvenciones, el rechazo de la demonización del empresario… diez claves de la entrevista a Rodrigo Alonso
https://gaceta.es 1 Mayo 2021

Con motivo del Día del Trabajador, el sindicato Solidaridad ha convocado un acto este sábado 1 de mayo contra el Gobierno socialcomunista y en protesta de la dramática y precaria situación que viven los trabajadores españoles como consecuencia de la pésima gestión de la crisis del coronavirus que ha realizado el Ejecutivo de Pedro Sánchez.

La Gaceta de lberosfera habla con del secretario general del sindicato, Rodrigo Alonso, quien destaca algunas de las claves que caracterizan a Solidaridad como un sindicato radicalmente distinto a los tradicionales:

1. Un líder sindical con experiencia como trabajador por cuenta propia y autónoma: “He sido currante, tuve una pequeña ’empresilla’. Era autónomo y sé lo que es levantarse antes cuando amanece y llegar a casa a altas horas de la noche. Ahí es cuando te das cuenta de las carencias que hay en el mercado del trabajo”.

2. El sindicalismo tradicional, una falsedad: “Decidí dar el paso al frente de Solidaridad porque vi que el sindicalismo de clase es una auténtica falsedad. Vive para nutrirse, ellos mismos y sus propias estructuras. Para nada defienden a los trabajadores. Es un hecho y una evidencia que abandonaron a los trabajadores hace mucho tiempo”.

3. CC.OO y UGT, sindicatos corruptos y al servicio de la izquierda: “Son sindicatos corruptos y al servicio de la izquierda. Lo dicen ellos mismos, de hecho sus proclamas son acordes a la política del Gobierno”.

4. Sindicalismo sí, pero no desde la perspectiva de la lucha de clases: “Queremos hacer sindicalismo de verdad, representar al trabajador y velar por sus intereses, pero no queremos hacerlo desde una perspectiva de la lucha de clases. No se trata de señalar al empresario y demonizarlo por el mero hecho de que lo sea. Tampoco se trata de decir que todos los trabajadores son buenos porque, evidentemente, hay algunos que no lo son. Eso también hay que señalarlo, de esa manera podremos llegar a los problemas de fondo y buscar las soluciones oportunas”.

5. Liberados sindicales sí, pero controlados y fiscalizados: “Nuestra propuesta es reducir los liberados sindicales y fiscalizar su labor. No conviene generalizarlos a todos, pero algunos liberados sindicales utilizan sus horas sindicales en beneficio propio. Eso no se lo vamos a permitir a los nuestros, vamos a fiscalizar toda y cada una de las actividades que hagan”.

6. Una subida del SMI que no aumente la carga fiscal de los pequeños empresarios: “Iglesias, los sindicatos y la izquierda en general propone aumentar el salario mínimo, pero no habla de la forma en que hay que hacerlo. Ante una subida del SMI, el que más gana, el que más recauda, es el Estado. Para nosotros no tiene ningún sentido aumentar el salario si eso no se traduce en un aumento neto del sueldo de los trabajadores y si esto va a provocar que los costes empresariales sean cada vez mayores y obliguen a una empresa a cerrar”.

7. Terminar con los subvenciones del Gobierno a los sindicatos: “El Gobierno riega a los sindicatos con subvenciones públicas, esas que niegan a los autónomos o a una pyme. Lo que persiguen con esto es esa llamada paz social para que los sindicatos no salgan a la calle. Solidaridad plantea que no se den subvenciones a los sindicatos ni a la patronal, que se financien con las cuotas de sus afiliados”.

8. Impulsar una legislación para la patronal: “En Andalucía hemos visto la corrupción sindical. Los millones de subvenciones que deberían haber ido destinadas al desempleo y a la formación de los parados han terminado en los bolsillos de los dirigentes. Queremos auditar las cuentas y ponerlas a disposición del Tribunal de Cuentas. Igual que ya se hizo una ley de financiación de partidos, queremos que se impulse también desde el Congreso de los Diputados una legislación de la patronal”.

9. Salir a protestar, independientemente de la ideología política: “Las familias están viviendo una situación dramática y están indignadas al ver cómo los sindicatos no se preocupan por ellas. Saben que están al servicio del Gobierno de turno. La gente está harta de que los sindicatos se rían de ellos, salgamos a la calle y digámoslo alto y claro, independientemente de la ideología de cada uno. Estamos hablando del sustento y del pan de nuestras familias”.

10. Un mensaje claro para los sindicatos corruptos: “Vamos a decirle a los sindicatos que se quiten de en medio, que bastante daño han hecho ya a los trabajadores y que lo único que hacen es estorbar”.

Iglesias, el sainete del candidato ridículo
José Alejandro Vara. vozpopuli.es 1 Mayo 2021
El líder de Podemos es la negación de cuanto representa Madrid. Las urnas le arrebatarán su poder y relevancia, sumido en el ridículo y el desprecio

Pretendía asaltar los cielos y se va a quedar en un comparsa de utillería, en un mero figurante en la Asamblea de Madrid a la sombra de un pasmarote y de una urraca. El 4-M no sólo consagrará la consolidación de un gobierno de libertades sino que será el último acto de uno de los episodios más inquietantes y pútridos de nuestra reciente historia. Pablo Iglesias no sólo perderá este martes sus plumas de gran pavo real de la izquierda sino que verá esfumarse su relevancia, su influencia y buena parte de su poder. Quedará relegado al papel de un actorcillo de reparto sin más protagonismo que el que le concedan en tertulias y platós.

Iglesias ejecutó una pirueta suicida. Dejó su despacho de vicepresidente y saltó a la cabecera de cartel electoral para evitar el cataclismo de Podemos. La convocatoria de Isabel Díaz Ayuso le pilló con el pie cambiado, ganduleando en el Gobierno, con problemas en los tribunales y con un partido oxidado. Tuvo que espabilarse, en una reacción improvisada, ante la negativa de algunos de sus fieles a jugarse el pescuezo en la apuesta. Ni su compañera Irene Montero ni su leal Rafa Mayoral, como aquí contó el periodista Luca Costantini, tuvieron a bien sacrificarse en el envite y optaron por sacudirse el riesgo del trastrazo. Ese fue el primer revés. El segundo, cuando su antaño compañero de fatigas Íñigo Errejón le dedicó un estruendoso corte de mangas en venganza por anteriores desprecios. No habría, pues, plataforma común de la extrema izquierda. Iglesias tendría que asumir el riesgo, encabezar su propia lista y jugárselo todo a una sola carta. La suya.

La bandera del miedo
Todo le ha salido mal. En las generales de abril del 2019 ya probó la ácida medicina de una estrategia gritona y equivocada. Apostó por el señuelo de las 'cloacas', cuando tenía el móvil de Dina oculto en el bolsillo, y salió vivo por los pelos. Luego, en la convocatoria de noviembre de ese año, Iván Redondo le salvó el pescuezo y hasta le regaló una vicepresidencia y cuatro sillones en el Consejo de Ministros. En el conglomerado peronista, las trompetas tocan ahora a funerala. Iglesias ha se ha aferrado a la bandera del miedo y el fantasma del fascismo y se va a hundir en el mismo pozo miserable que Ángel Gabilondo, improvisado compañero de dislates y enormidades.

La izquierda, es especial el sector morado, ha consumado una campaña entre el disparate y el ridículo. Han protagonizado momentos delirantes y episodios tronchantes. Uno muy especial fue la comparecencia de Reyes Maroto ante las puertas del Congreso esgrimiendo la fotografía de una navaja, que resultó ser el disparatado aviso postal de un perturbado reincidente. Maroto, toda una dama de Valladolid, ministra de varias competencias que quizás ni ella misma recuerda, representó la escena con tan escasa convicción que hasta sus propios compañeros le dedicaron un minuto de silencio y lástima. Otro momento grotesco se vivió cuando manaron las desesperadas y amargas lágrimas de Yolanda Díaz, ahora vicepresidenta, al conocer el sainete de las misivas amenazantes mientras estaba en directo en una emisora. Fue un momento trágico, desesperado, de desgarrados aspavientos, entre la Espert y la Xirgu. Teatrillo de ocasión.

Al rosario del esperpento se sumó la última deposición de la portavoza María Jesús Montero. Sin rastro de rubor alguno, repitió desde el altillo de la Moncloa, con su desconsiderada verborrea, todos los eslóganes pergeñados estos días en la factoría de ficción de Iván Redondo. Desde la amenaza del fascismo, el 'cordón sanitario" contra Vox, el odio que viene, la ultraderecha que va, el monstruo franquista, la Corona perdularia y así, uno tras otro, atropellada y mitinera, servil y descarada. Fue la apoteosis de la subordinada, tanto por la sumisión al mando como por el abuso agotador del encadenamiento de frases que caracteriza a la torturada oratoria de la ministra.

Pablo Iglesias se ha consagrado, sin duda, en la cima del ridículo con su empeño en vertebrar el eje de su despavorida campaña en torno a las cartas con balas y las amenazas con navajas. Tan desesperado ha sido el empeño que incluso intentó embadurnar a la Corona en su deslabazada estrategia. El líder de la revolución caraqueña ha perdido sus garras, ha echado barriga, se ha atusado el moño y parece gastar más tiempo en colocarse los aretes que en adecentar el discurso. Sobreactuado, excesivo, hiperbólico en las denuncias, desmedido en las acusaciones, las peroratas de Iglesias, que antaño envalentonaban a unos y amedrentaban a otros, se han convertido en quincallería de baratija, en palabrería de saldo. Madrid no cree en sus lágrimas, en su rollo victimista, en su llantina agorera y oportunista. "No tengo derecho a quejarme o lloriquear", había dicho hace un par de años con relación a sucesos sobre amenazas como los de ahora.

Desde su entrada como socio en el Gobierno, el caudillo morado ha ejercido como resorte y excusa de Pedro Sánchez para avanzar en su agenda ideológica. Un radical empeño que se ha plasmado en la embestida a las instituciones, el asalto a la Justicia, el cerco a la Corona, el ninguneo a la oposición, la mordaza de los medios independientes, el desprecio al Parlamento o la ocupación de los organismos públicos como RTVE, CIS, BOE...

La maldad, el mal, la perfidia, Roures
Sánchez no enviará aún a Iglesias al trastero de los cachivaches inútiles. Aunque poco, Podemos puede servirle. Sus objetivos ahora son las vacunas y los fondos de Bruselas. Iglesias, descolocado, poco pinta en este escenario. Madrid se dispone a darle la gran patada, a devolverle los insultos, las burlas y los agravios que le ha dedicado todos estos años. Iglesias es la negación de cuanto significa, defiende y representa la Comunidad. Se creía Kirk Douglas en Espartaco y resultó Peter Sellers en El Guateque. "Nació del mal para hacer el mal", le acaba de describir Ayuso, con certera precisión. La duda es saber dónde irá ahora a hacer el mal. Está claro, ya lo ha anunciado, que no será a un escaño tedioso y gris del grupo más insignificante de oposición. Parece que más bien encaminará sus pasos hacia un biotopo amigable y afín, donde Roures, trotskista, millonario y tóxico, quizás sin pensar en que "la maldad chupa la mayor parte de su propia ponzoña y se envena con ella", cual advertía Séneca. Así sea.

Libertad
Juan Manuel López Zafra. vozpopuli.es 1 Mayo 2021

Cada restricción temporal a nuestra iniciativa no es más que un ladrillo adicional en el muro de la vergüenza
Ayuso condena las amenazas a Reyes Maroto: "No tienen sentido en un país en libertad"

"Las 'emergencias' siempre han sido el pretexto con el que se han erosionado las salvaguardias de la libertad individual", Friedrich A. von Hayek

En una reciente entrevista radiofónica, el locutor le negaba a la actual presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, que la libertad estuviese en juego el próximo martes 4 de mayo. No se amilanó la candidata y refutó la afirmación. Recordemos que el eslogan de campaña, “Comunismo o libertad”, plantea la disyuntiva sin otros colores que el blanco y el negro, y eso, además de molestar a muchos, puede parecer bastante delicado.

La libertad está sometida a unas normas. Eso no puede discutirlo nadie que viva en sociedad, desde el momento en que nadie puede hacer lo que le dé la gana. Pero es que nadie discute eso, porque, además de ser erróneo, acatar la ley en democracia es una premisa indispensable de defensa de la libertad. Y claro que nuestra sociedad, como prácticamente todas, podría tener un nivel más elevado de libertad. Pero eso no quita que, partiendo del nivel actual que, legítimamente, algunos pensamos insuficiente, una mayor restricción pueda suponer su práctica desaparición.

Muchos piensan que quienes así nos mostramos somos seres insolidarios, egoístas que sólo buscamos nuestro enriquecimiento, que perseguimos el progreso de unos en detrimento de los demás, que sólo hay ricos porque existen los pobres. Si algo ha demostrado el capitalismo es, precisamente, que el progreso es común o no es. Ahí están las cifras de pobreza extrema del Banco Mundial, por debajo ya del 10% desde valores cercanos al 45% hace sólo 30 años. Y, si algo ha demostrado el socialismo es que cuanto más se interviene una sociedad, cuanto más se impide progresar a quien tiene una buena idea, cuanto más se restringe la competencia, más desánimo cunde, más retrocede una sociedad, más igualdad en la pobreza.

Los ejemplos internacionales son palmarios. El país con más reservas verificadas de petróleo importa ahora mismo parte del crudo que necesita; las rentas del petróleo de Venezuela han pasado de suponer el 30% del PIB al 11% en 2014, y no porque el Gobierno haya orientado su política industrial hacia otros sectores, desgraciadamente inexistentes a efectos de exportación. Y mientras su renta per cápita, en paridad de poder adquisitivo, crecía un 70% entre 1990 y 2011 (fecha en la que el Banco Mundial dejó de actualizar los datos de la República Bolivariana), en el mismo período España la multiplicaba por tres, e Irlanda por cuatro. Sí, claro que Venezuela es la referencia; quienes han llorado la muerte de Chávez, alabado su dictadura y ayudado a construirla dirigen hoy Podemos y Más Madrid.

Sin llegar a los límites de la censura de la creación y de la palabra, clásicas de toda dictadura, existen otras vías para limitar la libertad, mucho más sutiles, que acaban permeando la sociedad y permaneciendo en ella, perennes. Todos asumimos que, para desplazarnos fuera de la UE, el pasaporte es imprescindible, pero no siempre fue así; en los años veinte apenas existían, y la gente viajaba con plena libertad de un país a otro en busca de trabajo. El incremento de las medidas de control en los aeropuertos, siempre por nuestra seguridad, nos lleva a ir cediendo cada día algo más de intimidad cuando aceptamos que abran nuestro equipaje delante de todos los pasajeros. Admitimos controles aleatorios de drogas o de sustancias explosivas, porque las autoridades velan por nosotros. Aceptamos también la mascarilla en espacios abiertos, pese a estar solos en medio del campo, sólo porque las autoridades así lo han dictado. Y muchos nos señalan cuando planteamos que cada restricción temporal no es más un ladrillo adicional en el muro de la vergüenza. En Singapur, la aplicación TraceTogether (equivalente a nuestro Radar Covid) se planteó inicialmente como voluntaria, pero se ha hecho imprescindible para acceder a cualquier local desde el día que exigieron escanear un QR para entrar. Esto ha permitido al Gobierno tener petabytes de datos de sus ciudadanos, que utiliza en cualquier investigación; por supuesto, para garantizar la paz y la seguridad, por nuestro bien, en definitiva, como no puede ser de otro modo. La libertad está en no controlar al Poder Judicial, en no utilizar los medios de todos en una guerra contra el disidente; que la directora general de la Guardia Civil dé un mitin del partido del Gobierno, o utilizar el BOE como plataforma de lucha partidista, son sólo dos ejemplos de que, cuando el fin justifica los medios, es la libertad lo que está en juego.

Pero la libertad está también en las pequeñas cosas. La libertad está en el acceso a la tecnología y a sus infinitas posibilidades, que te permiten saltarte la pertinente licencia administrativa para montar una televisión en Twitch o una radio en Clubhouse, y hasta vivir de ello. En la posibilidad de acudir a cualquier centro hospitalario público de nuestra elección; en escolarizar a nuestros hijos donde queramos y con la formación que deseemos, sin esperar la orden administrativa que dicte dónde hacerlo. La libertad está en la posibilidad de encontrar un trabajo, independientemente de tu sexo o tu edad o tu lengua. Si España tuviese la tasa de paro de Madrid, habría 600.000 españoles más trabajando, 600.000 españoles más que no estarían cobrando un subsidio, y no tendríamos que escuchar a ningún político vendernos crecepelo laboral. La libertad está en permitir que cada cual se desarrolle según sus intereses y capacidades, en no cerrar los bares cuando se ha comprobado su ineficacia; y ahí están las cifras de Madrid y del País Vasco, ahí está la pujanza de Madrid y la ruina de Cantabria o de Aragón.

Claro que el martes nos jugamos la libertad. Es cierto, quizá no tengamos toda la que quisiéramos, pero seguro que puede empeorar. Porque la libertad no es lo que te dan. Es lo que no te quitan.

Detenidos dos escoltas de Iglesias por atacar a policías en el mitin de Vox en Vallecas
OKDIARIO  1 Mayo 2021

Dos escoltas del área de Seguridad de Podemos y Pablo Iglesias fueron detenidos el pasado 15 de abril bajo la presunta acusación de agredir a efectivos de la Unidad de Intervención Policial (UIP) en los altercados producidos por la ultraizquierda en el mitin de Vox que se celebró en la llamada plaza roja de Vallecas. Los detenidos son Alberto R.R. nacido en 1977, y Daniel J.J. nacido en 1989. Ambos figuran en la Seguridad Social como dados del alta como trabajadores de la Podemos y forman parte de la escolta personal de Pablo Iglesias, según informa El Confidencial.

El mismo diario sostiene que los dos escoltas de Iglesias fueron arrestados junto otras 11 personas tras ver y analizar las imágenes del mitin de Vox en Vallecas, por su presunto su vínculo con los ataques. De hecho, los dos detenidos tuvieron un papel especialmente destacado a tenor de las imágenes que la Policía analizó, donde se les ve enfrentándose cara a cara con los agentes con puñetazos y patadas.

Uno de los detenidos, informa El Confidencial, es Daniel J. J., miembro del grupo radical de ultraizquierda Bukaneros. A ese individuo la Policía atribuye un papel relevante en los graves incidentes. En las imágenes que obran en su poder, este sujeto aparece con una camiseta negra de manga corta y pantalones oscuros, y se le ve golpear en varias ocasiones a agentes antidisturbios. Las diligencias indagatorias lo sitúan en el equipo de escoltas de Pablo Iglesias, y los investigadores señalan que es hermano de Iñaki ‘el Pirrakas’ o ‘Monchito’, líder del grupo ultra del Rayo Vallecano, Bukaneros, y con un largo historial delictivo.

Al otro sujeto, que viste polo a rayas azules de manga corta en las imágenes policiales, los agentes lo encuadran en el departamento de Seguridad-Logística de Podemos, una de cuyas funciones es prestar vigilancia en el exterior del casoplón de Pablo Iglesias e Irene Montero en Galapagar.

La izquierda radical, incluido Podemos, se organizó para reventar el acto de Vox tiene en Vallecas. Los mensajes de movimientos antisistema se propagaron por las redes sociales pidiendo a sus huestes que boicoteen este acto de precampaña de la formación de Santiago Abascal y Rocío Monasterio, cabeza de lista.

Tras los altercados, los mismos dirigentes podemitas justificaron las agresiones a Vox. El primero de ellos fue Pablo Iglesias, candidato de Podemos a las elecciones de Madrid del 4-M y ex vicepresidente segundo del Gobierno.

«Insultan a los vecinos, les amenazan, les arrojan objetos. En las redes están todos los vídeos para el que lo quiera ver. Y cuando ven que no les funciona y que no iban a conseguir lo que buscaban, Abascal desde la tribuna dice que a por ellos, y rodeado de varios de sus matones, rompe a empujones el cordón policial provocando una carga que deja además a varios periodistas golpeados», aseguró el líder de la formación morada en un vídeo colgado al día siguiente en su perfil de Twitter.

Desde el Gobierno de Pedro Sánchez también se justificó los ataques a Vox. Fue el caso de Irene Montero, ministra de Igualdad, y Ione Belarra, ministra de Derechos Sociales. «Los vecinos de Vallecas defienden su barrio del racismo, del machismo, de la lgtbifobia, del odio al pobre», señaló Montero en las redes sociales.


******************* Sección "bilingüe" ***********************

La ‘Escoria’ ante las elecciones
Carlos Dávila okdiario 1 Mayo 2021

De verdad: se está haciendo un drama trascendental de lo que sólo es un uso y costumbre en la izquierda. ¿O es que ya nadie recuerda el dóberman de Rubalcaba en las elecciones generales de 1993? ¿Es que nadie recuerda aquella apelación al “hombre del bigotillo (Aznar) sucesor directo de Franco”? ¿Es que nadie recuerda a un locutor de la cadena socialista afirmando que cuatro determinados periodistas éramos (perdón por la autocita) herederos de los asesinos de García Lorca? ¿Es que nadie recuerda cómo se ofendía a los electores de centroderecha señalándoles como cómplices directos de la última dictadura? ¿Es que nadie recuerda a la diputada (ahora) Aizpurúa denunciando en su periódico proetarra, como objetos de venganza y represalia, es decir objetivos de la banda asesina, a todos los que se oponían a sus letales fechorías? ¿Continúo? ¿Es que nadie recuerda la propaganda del PSOE amenazando con que un triunfo del centroderecha era una “declaración de guerra” (sic) a la democracia?

Pues bien: ahora que tanto añoramos a ese PSOE histórico de González y Guerra, no está de más rememorar aquellos comportamientos tan gratos a este partido. Los de entonces a que nos referimos o, por ejemplo, y con más distancia, a la verborrea infame del fundador Pablo Iglesias justificando en el Parlamento de la nación atentados contra sus oponentes. Claro está que, en comparación con el horror que nos ha traído a España, primero el ágrafo Zapatero, y después el inmoral Sánchez, aquel perro furioso del añorado (ahora) Rubalcaba, no era más que un chihuahua para pasear en El Retiro. Es decir: que está en la más reciente y antigua tradición del PSOE (no digamos ya del Partido Comunista) llenar de escoria, de basura maloliente, el ejercicio de la política en nuestro país. Balas y navajas producen mucha conmoción, naturalmente, pero mucha menor del pasmo, del miedo, del horror que causó en su momento el asesinato de José Calvo Sotelo a manos de los escoltas del bendecido (ahora también) Indalecio Prieto.

La izquierda en España, y también en otros países porque en esto tampoco somos muy diferentes, acostumbra a provocar incendios y acusar a sus rivales de haber prendido la cerilla. No de actuar de bomberos, porque eso ya no se lo cree nadie, sino de causar la tragedia en provecho propio. El caso de la ministra Maroto ha sido paradigmático. Su sobreactuación, propia de una actriz aficionada, es uno de los ridículos más grandes que se hayan visto en la política española de siempre: “¡Hijos, estad tranquilos que mamá está bien!”, clamó ante los leones de las Cortes, que debieron pensar. “Pero, ¿qué le ha ocurrido a esta mujer?”. Luego, ya se sabe, resultó que la navaja ensangrentada como si fuera la del indio Jerónimo estaba pintada con tinta china colorada y que el remitente era un pobre enfermo que, a su decir, es nada menos que “agente secreto”. Vamos: Ibáñez no hubiera dibujado nunca un episodio tan chusco de Mortadelo y Filemón. En este momento, los periódicos del régimen socialeninista que nos asola, rebuscan desesperadamente en la genealogía del infortunado esquizofrénico de El Escorial, por ver si algún primo cuarto del cuñado divorciado de un político de la derecha tiene relación con el remitente. Lo dicho: una coña marinera propia de desequilibrados.

La escoria política, son la ‘Escoria’, así con mayúscula, la que forma la coyunda antidemocrática de la ultraizquierda, PSOE sanchista incluido, está desde los tiempos del malhadado Zapatero, en la construcción de un Estado que nada tiene que ver con el diseñado en nuestra Constitución de 1978. Es un régimen en el que la libertad es un inconveniente, y en el que la disparidad política se persigue y se detiene. Pero, ¡qué chasco!, no ha contado con que el pueblo que habita esta vieja nación, de pronto se rebela contra los chulos del barrio, les hace frente y, de vez en vez, les gana en las urnas. ¿Cómo reacciona entonces la Escoria? Pues en la tesitura de “recordar recuerdos”; recuerden (disculpo tanta reiteración) lo sucedido allá en la II República cuando la derecha de la CEDA ganó en las urnas, la izquierda impidió que accediera al Gobierno, y no contenta con ello, unos meses después, armó a las hordas y organizó todo un golpe de Estado contra la misma República. ¿Ejemplar, verdad Sánchez? Puestos en preguntarnos: ¿qué hará la conjunción marxista leninista del propio presidente, del irredento Iglesias, de la apuntadora (con gesto de pistoletazo) García, y de la cohorte que les rodea si este martes venidero la liberal y esforzada Ayuso, les derrota limpiamente en las urnas? Como dicen los clásicos del argot más actual: ahí lo dejo. Y lo dejo con una enorme preocupación.

De algo podemos estar seguros. Desde la Moncloa, y al mando del gurucillo-mercenario-sin escrúpulos Iván Redondo, se perpetrará una campaña para alertar a sus bases de que ha llegado el fascismo y que, en consecuencia, hay que resucitar el viejo grito de La Pasionaria: “No pasarán”. Estos no van a aceptar un fracaso estrepitoso en las urnas; no están hechos para eso. Lo suyo es asaltar los cielos, cosa que ya anunció sin ambages el soldado leninista Iglesias. Por tanto, quedamos advertidos: el 4 de mayo será sólo una fiesta eventual para la democracia, que durará lo que tarde en coger resuello Sánchez y responder con la bajura de sus mentiras clamorosas y de sus amenazas insoportables. Restan tres días de campaña: ¿quién no les dice a ustedes que al borde de nuestras votaciones, no aparezcan unos supuestos responsables de la balacera? Si aparecen, algo que tenía que haberse descubierto ya, se convertirán en el último e inaguantable argumento de campaña de los fabricantes de la ‘Escoria’ nacional. O sea, ellos.

Derechas e izquierdas después de Ayuso
Javier Somalo. Libertad Digital 1 Mayo 2021

Tanto hablar de "fascismo" ha contribuido a que conozcamos mejor al comunismo, blanqueado siempre por la prensa

Suceda lo que suceda el martes 4 de mayo de 2021, seguro que habrá un apunte que hacer en la historia política de España. Isabel Díaz Ayuso no era una personalidad destacada dentro del PP ni despuntó en foros ideológicos de postín y tampoco expresó un especial interés personal por el ejercicio del poder. Sin embargo, hoy es quizá la persona con más influencia y proyección en el partido que preside Pablo Casado.

No quiero decir con esto que Ayuso deba ser algo más que presidenta de la Comunidad de Madrid. O sí. Pero lo que está fuera de toda duda es que la forma de hacer política ha cambiado desde que ella llegó a la Comunidad de Madrid y decidió resistir a izquierdas, derechas y al asedio de la prensa sin caer en los vicios y errores que suelen dar al traste con cualquier proyecto ilusionante.

Así como hay socialistas en todos los partidos —cada vez más, por cierto—, es posible que empiece a brotar algún liberal donde antes era completamente imposible. Dejar hacer, sin violentar a nadie y abriendo las oportunidades a todo el mundo, es algo que tiene mucho más que ver con la naturaleza humana que el intervencionismo salvaje que profesan Sánchez e Iglesias. Que piensen por ti termina pagándose muy caro, no sólo en impuestos.

Es posible que las simpatías que Ayuso ha despertado en muchos sectores sean coyunturales, pasajeras, porque un votante de izquierdas no puede ser que se haga de derechas de la noche a la mañana. O quizá es que los periodistas politizamos mucho más allá de lo que un ciudadano necesita y para votar a Ayuso el martes no haga falta ser de derechas. Si en los momentos complicados de verdad, como los de la pandemia, alguien consigue que no te arruines del todo, corriendo un riesgo similar de contagio en proporción al de otras comunidades en las que seguro que te vas a arruinar, pues es algo a tener en cuenta en unas elecciones. Había un incendio y alguien señaló con decisión una posible salida. No se puede estar de acuerdo en todo.

Lo que está claro es que el liberalismo desplegado por la Comunidad de Madrid en un momento crítico ha beneficiado a muchas más personas que a los votantes del PP. Porque resulta que el liberalismo, a diferencia del comunismo, permite gobernar solucionando problemas reales y concretos. Que llegue un exvicepresidente vago, señorito e incompetente y, arrastrando al resto de candidatos, llame a todo esto fascismo, pues no cuela.

Porque la derecha en España no es peligrosa, ni junta ni separada, pero la extrema izquierda sí lo es y lo ha sido siempre. Por eso las dictaduras que quedan por el mundo o son de izquierdas o son teocráticas, si es que eso no termina siendo lo mismo como en la popularísima República de Irán, morada audiovisual de Podemos. Luego están los totalitarismos del petróleo — "capitalistas" los llaman algunas organizaciones—, que incomprensiblemente pueden organizar mundiales de fútbol sin soltar el látigo.

Para un liberal ninguna dictadura es buena porque es la máxima expresión del intervencionismo, del privilegio, del personalismo absolutista —hay muchas formas de ser Fernando VII— pero para un socialista sólo son malas las de "derechas" o, dejémoslo en las no-marxistas, quedando siempre y en cualquier caso fuera de peligro el régimen cubano, el venezolano, el ecuatoriano y hasta el chino o el norcoreano. La izquierda socialcomunista siempre ha sido capaz de justificar sus dictaduras como necesarias, trasladando claramente la sensación de que la democracia para ellos es, en realidad, un periodo transitorio.

Pero esta vez no hay posible trampa o paradoja ante la tesitura de elegir entre la gallina o el huevo. Si hablamos del mundo moderno, el primero fue Lenin, al que copió después Hitler. Y si alguien hubo inmediatamente antes de Lenin fue el Terror francés y quizá por eso los socialistas franceses del 17 no quisieron ver, pese a las angustiosas llamadas de auxilio, al Lenin que ya se exhibía monstruoso en Rusia.

El origen del totalitarismo es de izquierdas, lo que no significa que toda la izquierda sea totalitaria. Pero no hay una figura inspiradora de dictaduras de derechas. Un Marx, un Lenin, un Mao. Hitler tenía bien poco de lo que pudiéramos entender hoy por ideología de derechas: era nacionalsocialista y su política, intervencionista, estaba volcada en la nacionalización de la propia vida, además de en el exterminio de judíos. Es sabido, invasión de Polonia incluida, que Hitler y Stalin se profesaron admiración mutua y no dudaron en destacar sus coincidencias filosóficas. Se resumen con sencillez: ambos consideraban a unas razas sobre otras, ambos eran profundamente antisemitas, ambos ansiaban dominar el mundo, ambos industrializaron la muerte.

Pero el mundo ha perdonado al comunismo porque Stalin se sentó con Churchill y Roosevelt, y luego con Attlee y Truman, en Teherán, en Yalta o en Postdam para maquinar y celebrar la caída del nazismo, que era nacionalsocialismo. A Stalin se le permitió esconder la crueldad con la que arrasó Europa y luego se le pasó la cuenta a título póstumo, en un proceso protagonizado por Kruschev que dejaba intacto a Lenin, el gran Hacedor del Mal, la semilla que sigue germinando más de cien años después. El nazismo está dramáticamente documentado como la mayor aberración que un ser humano puede cometer contra sus semejantes. El comunismo, simplemente, está menos y peor documentado por una inexplicable fuerza mayor que siempre lo salva de su comparecencia ante la Verdad.

Si llegados a este punto alguien pone como modelo inspirador de dictaduras de derechas a Franco, pues habrá que empezar una y otra vez, como no nos cansaremos de hacer en estas páginas, y comprender primero cómo se llegó a la II República, qué pasó después en aquellos años y cómo desembocó en una guerra. Lo bueno es que cada vez aflora más documentación que ayuda a conocer mejor este pasado tan reciente que paradójicamente algunos han decidido sepultar bajo la losa de una Ley de Memoria que sólo persigue penalmente una apología.

Y no, Antonio de Oliveira Salazar, Jorge Rafael Videla, Augusto Pinochet… tampoco se parecen en nada, ni sus trayectorias hasta el poder guardan similitud ideológica alguna como para alcanzar la unidad doctrinaria que sí tienen las dictaduras de izquierdas. Las que persisten, las que no admiten transiciones.

Un inexistente fascismo oculta el peligro real del comunismo
La izquierda política actual en España —la sociológica, sobre todo la votante del PSOE, va muchos pasos más atrás, afortunadamente— está firmemente unida a todos los elementos que facilitan el totalitarismo: el redivivo Frente Popular que el PSOE ha formado con Podemos, Bildu y ERC y que retrotrae al pleistoceno revolucionario y criminal al partido que Felipe González tanto quería modernizar. Comunismo, independentismo y marxismos aplicados al terrorismo nacionalista, tanto vasco como catalán, nos aprueban hoy los presupuestos. ¿De verdad que eso es menos peligroso que el PP y Vox o que aquello que llamaron "la derecha de Colón"?

Los socios que hacen posible que Pedro Sánchez esté en La Moncloa han cometido violaciones a los derechos humanos como para que Amnistía Internacional montara un quiosco permanente en la sede de Ferraz. ETA y Terra Lliure —De les armes a les urnes, admiten ellos— han matado antes de destilarse como partidos políticos. De hecho, lo hacían también mientras lo eran.

Así que tanto hablar de "fascismo" ha contribuido a que conozcamos mejor al comunismo, blanqueado siempre por la prensa. Han llamado tanto la atención los que anuncian la llegada del fascismo que no ha habido más remedio que fijarse en ellos. Por eso las elecciones de Madrid son tan importantes, porque hacen encajar todas las piezas que estaban sueltas, perdidas o dadas la vuelta. Después de Ayuso vemos izquierdas y derechas con mucha más claridad.

El histrión que salió de Vallecas camino del chalé millonario, vuelve a coger el megáfono, a llorar con el falso aspaviento del heredero lejano, a dejarse acariciar por las manos amigas de una prensa que le tutea y le pregunta qué habremos hecho mal para que nazca Vox. Fascismo por todas partes, hordas de camisas pardas, azules y negras… pero el caso es que Pablo Iglesias ya se está buscando el futuro alejado de su fracaso en la política, como todos los millonarios de su casta. Sólo queda alguna duda sobre qué ha sido lo que le ha empujado a la candidatura, pero creo que se puede sobrevivir perfectamente sin resolverla.

Y al otro lado también se ve todo más claro. Hay una derecha oficial herida que contiene el aliento en Madrid, y que se pone acertijos sobre quién ha de tener el liderazgo aunque no fuera capaz de ejercerlo. Una derecha de moqueta que anda buscando el término medio "entre Ayuso y Feijóo", punto que Emilio Campmany ha tratado de encontrar llevándose en el intento un berrinche de aquí te espero. Hay otra derecha que busca legítimamente terrenos perdidos por cesión a la izquierda. Una derecha que salpica en algunos charcos porque es complicado hacer política mirando a ver si caen piedras, pero que, en todo caso, todavía no ha sido obstáculo para gobernar con sentido común. Lo que pasa es que suman para desalojar a la izquierda y eso resulta de lo más fascista.

Pero más allá de esas derechas o como quieran llamarse los partidos que antes eran el PP, lo que ha surgido es un anticomunismo enormemente necesario, documentado y desacomplejado en el que lo mismo está Ayuso que Olona, Cayetana, Rosa Díez, Toni Cantó o Redondo Terreros y Joaquín Leguina.

Esto es lo que realmente ha cambiado, incluso antes de votar, gracias a la forma de actuar de Isabel Díaz Ayuso en Madrid. Esperemos que sea para siempre.

Gracias, compatriota madrileño
Eduardo Goligorsky. Libertad Digital 1 Mayo 2021

Gracias, compatriota madrileño, por contribuir con tu activismo y tu voto a la reconquista de la democracia y la libertad para los ciudadanos de toda España.

Compatriota madrileño, un manifiesto firmado por la élite de la progresía caviar –la misma que arqueó la ceja para solidarizarse con la traición a la socialdemocracia y a la unidad de España del alcahuete madurista José Luis Rodríguez Zapatero– te insulta acusándote de haber apoyado durante 26 años en tu comunidad un infierno de derecha (textual) que no te cansaste de apuntalar con tu voto siempre que hubo elecciones. Ahora, los lenguaraces de la izquierda reaccionaria (el añorado Horacio Vázquez-Rial dixit) te proponen que reniegues del manso infierno aburguesado y lo cambies por un disciplinado paraíso proletario cuyos modelos gangrenados por la indigencia son Venezuela, Cuba, Nicaragua y otras satrapías que no garantizan la alternancia en las urnas sino su propia perpetuación blindada mediante el paredón, las cárceles y los instrumentos de tortura.

Resistencia tenaz
Llamemos a las cosas por su nombre: lo que la intelligentsia pija aborrece y define como un infierno ha sido, es y continuará siendo, si tú lo defiendes el 4 de mayo, un faro de libertad que nos ilumina desde Madrid. Y quienes contemplamos esta defensa desde el resto de España nos sentimos identificados con tu resistencia tenaz, que agradecemos, porque tus enemigos son los nuestros. Sobre todo si vivimos en Cataluña, donde la oligarquía cainita ha instalado un auténtico infierno de ultraderecha racista, degradado por la endogamia parasitaria de matriz feudal, un fenómeno retrógrado que nos hace envidiar la sociedad abierta, moderna y culta que disfrutáis en Madrid.

A medida que avanzaba la campaña electoral se fueron acumulando razones para despejar las dudas de muchos indecisos. Ángel Gabilondo terminó de abrirles los ojos cuando selló ante las cámaras de Telemadrid el pacto con su "querido" Pablo Iglesias, tan leninista como siempre. Pacto que ratificó ante el micrófono de la cadena Ser y en los mítines posteriores, con gran regocijo del diario El País. Brotaba así otra rama del tronco sanchicomunista. Una vara híbrida fecundada en el laboratorio de la Moncloa para sostener in extremis al candidato que las encuestas daban por desahuciado.

Guardiana de las libertades
Sin sacar conclusiones aventuradas, hay que reconocer que las cuatro balas y las amenazas de muerte enviadas al ministro Grande-Marlaska, a la directora general de la Guardia Civil –María Gámez– y al candidato Pablo Iglesias, que crisparon aún más la campaña, surtieron el mismo efecto que tuvo en 1933 el incendio del Reichstag alemán, provocado por un enajenado mental holandés. Este hecho sirvió de pretexto a Hitler para incriminar falsamente a socialistas y comunistas y proscribirlos y encarcelarlos, en tanto que aquí todas las acusaciones apuntaron a la extrema derecha.

Acotemos que los tribunales alemanes, a pesar de estar infiltrados por los nazis, declararon inocentes a los reos comunistas y los dejaron en libertad, y que aquí Vox también ha recurrido a la Justicia pidiendo que se practique una investigación fiable de la autoría de las amenazas. En el caso de la navaja enviada a la ministra Reyes Maroto, se ha comprobado que aquí también hay enajenados mentales. ¿Y provocadores? Que cada santo aguante su vela.

Pablo Iglesias aprovechó el incidente para montar un choque mediático con la candidata de Vox, Rocío Monasterio, y sentó las bases para alumbrar desembozadamente el frente sanchicomunista, despotricando contra Vox pero disparando por elevación contra la guardiana de las libertades madrileñas y españolas: Isabel Díaz Ayuso.

Basta de indecisos
Se acabó el margen de tiempo para los indecisos. El frente sanchicomunista tiene la desfachatez de atribuirse el monopolio de la democracia para cazar incautos, cuando en su seno pululan los nostálgicos del estalinismo, los camaradas del chavismo, los inquisidores étnicos, los discriminadores lingüísticos, los albaceas de los asesinos etarras, los republicanos revanchistas, los nihilistas antisociales, los malversadores profesionales, los prófugos recalcitrantes y los vándalos compulsivos. Su perversidad llega hasta el extremo de que la Generalitat de Cataluña escatima vacunas a los policías nacionales y guardias civiles que velan por nuestra salud y seguridad, mientras los neandertales de Madrid sabotean las instalaciones de los nuevos hospitales. A estos sembradores de odio fratricida (odio que también derrochan en sus disputas intestinas por una tajada de presupuesto, como sucede en Cataluña) el felón Sánchez los engloba impúdicamente dentro de la categoría trapacera "todos los demócratas" cuando pide el voto para su marioneta Gabilondo (LV, 26/4).

Para reforzar el fraude, el Gobierno convirtió el BOE en un panfleto difamatorio contra el PP, y la directora general de la Guardia Civil desdeñó la neutralidad de su cargo y el 24 de abril sirvió de telonera a Gabilondo en un mitin del PSOE en Puente de Vallecas. Parece mentira que algunos puristas se atrevan a impugnar una alianza con Vox si es necesaria para cerrar el camino a esta plaga de transgresores de las leyes y de las normas de convivencia de España, Europa y el mundo civilizado. Un patrimonio de valores que debemos salvar a cualquier precio para sobrevivir individual y colectivamente.

Marcha triunfal
En el cortafuego contra estos bárbaros se alinean los patriotas leales a la Constitución y a la Monarquía parlamentaria. No es extraño que a ellos se sumen sin remilgos los progresistas de pura cepa, como Joaquín Leguina y Fernando Savater, situados en las antípodas de los progres compañeros de viaje de la mafia comunista y sus compinches hispanófobos.

Visto lo cual, es justo que te demos las gracias, compatriota madrileño, por contribuir con tu activismo y tu voto a la reconquista de la democracia y la libertad para los ciudadanos de toda España. Con Isabel Díaz Ayuso encabezando la anhelada marcha triunfal.

PS: ¿Por qué no me mudo a Madrid si tanto la admiro? Respondo. 1) Cuando me radiqué en Barcelona, en 1976, esta ciudad era la capital de las libertades que hoy es Madrid. 2) Al llegar di la espalda al gueto montonero argentino, que ya se subordinaba al separatismo local, y me vinculé a españoles, sobre todo catalanes nativos o por adopción, con los que compartía el ideario liberal que entonces encarnaban Adolfo Suárez y Josep Tarradellas. 3) Cuando Jordi Pujol inició en 1980 el proceso independentista, mi rechazo innato a las falacias irracionales me impulsó a colaborar con las iniciativas a favor de la igualdad y la tolerancia, como lo sigo haciendo desde Libertad Digital. 4) A partir de una cierta edad, y una vez forjados los lazos sentimentales y económicos con el nuevo entorno, es difícil o imposible emprender la segunda emigración. 5) Por todos estos motivos agradezco, desde Cataluña, la ayuda que nos prestan los compatriotas madrileños y del resto de España para la recuperación de nuestras libertades


Recortes de Prensa   Página Inicial