AGLI Recortes de Prensa   Lunes 10  Mayo  2021

Lo llaman "plan de recuperación" porque decir "rescate" suena poco "resiliente"
Domingo Soriano. Libertad Digital 10 Mayo 2021

Será un fiasco, como lo fueron los de 2010-15 para Grecia o Italia. Pero que no nos engañen: lo miremos como lo miremos, esto es un rescate de manual.

"Rescate" es un término positivo. Un secuestrado, en el zulo en el que le retienen, quiere que aparezca la Policía. Un tipo que se ha caído al agua pide que le lancen el salvavidas. Un excursionista perdido en la montaña se pasa el día mirando al cielo, esperando ver el helicóptero de la Protección Civil.

En la UE, sin embargo, tras la crisis de deuda soberana de 2010-2015, es una palabra maldita. Suena a hombres de negro, a exigencias, a austeridad. Y parece que esto no gusta. Ni los tipos que controlan, ni que se exija algún compromiso a un país que recibe ayuda millonarias de sus socios, ni contener el déficit público. Así que no se puede decir "rescate".

Y como no se puede decir, en este 2021 no se dice. Se mueve como un rescate, maúlla como un rescate, salta como un rescate...pero que nadie use la definición maldita. "Resc..." ¡¡NO!! La UE ya no rescata, ahora impulsa "planes de recuperación y resiliencia", que queda como más bonito.

También les digo que no termino de comprender la mala prensa de los rescates entre los anti-austericidas y los keynesianos. Si alguien quiere más gasto público, descontrol con el déficit y pocas exigencias, los rescates de la UE deberían estar en el número 1 de su playlist de políticas públicas. No hay más que ver lo que ocurrió con Grecia entre 2010 y 2015: promesas de ajuste del déficit incumplidas, pocas reformas, engaños a mansalva... y dinero fluyendo de Bruselas hacia Atenas como si no hubiera un mañana.

O lo que ha pasado en España, que está rescatada de facto desde 2012 a través del Banco Central Europeo. Porque eso y no otra cosa es un rescate: financiar a un país que no tendría acceso al mercado (o lo tendría a un coste muy superior) si no estuviera respaldado por sus socios de la Eurozona. ¿Y qué hemos hecho a cambio? Deshacer la reforma de las pensiones y cumplir el objetivo de déficit un año en una década. Estos hombres de negro tendrán un mote impactante, pero meten muy poco miedo.

Tras conocer los primeros avances del plan de Sánchez, se intuye que lo que nos temíamos tiene muchas posibilidades de transformarse en una realidad. (1) Bruselas va a soltar la pasta sí o sí. Nos van a regar de dinero sin meterse demasiado en cómo lo gastamos. Y el Gobierno va a repartir dinero a mansalva a cualquier empresa amiga que ponga la palabra "renovable" en su logo y a cualquier ayuntamiento donde el PSOE necesite unos pocos votos para las próximas municipales. (2) Al primer ministro holandés (o alemán o austriaco) las reformas en España le importan de aquella manera. Lo que quiere, como mucho, es que cuadremos algo (poco) el déficit y, si puede ser, con recortes en las pensiones, que es algo que parece llamativo y fácil de vender a su electorado. Más allá de esto, cómo organicemos el Presupuesto le trae bastante al pairo. Y si el Gobierno destroza la economía española con impuestos y contra-reformas en el proceso, pues no moverán una ceja mientras eso no les suponga perder un voto en sus próximas elecciones regionales.

Además, lo del acento en las reformas (rescate de 2021) frente a la obsesión con el déficit (rescate de 2012) es más cosmético que real. A la hora de la verdad, lo único concreto que el Gobierno ha puesto hasta ahora sobre la mesa son decenas de subidas de impuestos y recortes para las pensiones del futuro. Pagaremos más por cotizaciones, menos beneficios fiscales en el IRPF, Impuesto de Sucesiones y Patrimonio, diésel, matriculación, peaje, electricidad, plástico, Tasa Tobin, Tasa Google, Sociedades... ¿80.000 millones? Por ahí andará el objetivo.

Por cierto, que esto es lo más "austericida" y anti-keynesiano que nos podamos imaginar. No es que yo sea muy fan del economista británico. Pero creo que lo último que Keynes recomendaría para salir de una crisis es una subida fiscal como la que nos espera. Lo de tirar el dinero enganchando placas solares a los focos de las pistas de pádel del Plan E sí lo aplaudiría, por muy absurdo que sea. Pero meterle un rejonazo fiscal a los contribuyentes en plena supuesta recuperación... eso no está en ningún manual de ortodoxia multiplicadora.

Porque, además, no es la única opción. A una mano te llegan 70.000 millones de Bruselas, que gastas desde La Moncloa, decidiendo quién va a ganar y quién no, quién los merece, qué tecnologías tendrán éxito o qué infraestructuras España (no) necesita mejorar. Es la fatal arrogancia, una vez más. Arrogancia "resiliente", "inclusiva" y "sostenible"... pero con las mismas consecuencias.

Mientras, para compensar, con la otra mano le metes una subida fiscal a tus ciudadanos de 80.000 millones. Tampoco hay que ser un genio para ver que se podía haber hecho al revés: dar un alivio fiscal (incluso temporal, si se quiere) por el montante que aporte Bruselas, incluso aunque ese alivio hubiera consistido simplemente en no subir impuestos en estos años de déficit disparado. Y esperar a que el crecimiento fuera comiéndose poco a poco los números rojos. El gasto llegaría igual a la economía real. Pero llegaría a los proyectos que los ciudadanos consideren más útiles. Que el multiplicador es el mismo, pero la diferencia es que ya no lo controlan ellos.

Los sucesivos rescates de 2010-2015 fueron un fiasco en Grecia por lo contrario de lo que se dice. Ni se obligó al Gobierno heleno a cuadrar las cuentas a tiempo, ni se le presionó con las reformas necesarias. Y al final, cuando hubo que meter la tijera para contener el déficit, se hizo de la peor manera posible: subiendo impuestos a una economía que ya tenía unos problemas brutales de competitividad. Porque a los hombres de negro no les preocupaba la economía griega, sino los titulares en Bruselas.

El rescate de 2021 para España marcha por la misma dirección. Pocas reformas y las pocas de las que se habla, inconcretas y con pinta de que no saldrán adelante. Si acaso, se desandará el camino en la reforma laboral, de lo poco bueno que salió del único plan de cambio real que tuvo España, el que impuso por la vía de los hechos la la prima de riesgo entre el verano de 2011 y el de 2012.

Todo el ajuste llegará por el lado de los impuestos, sin un sólo recorte de verdad, de los que tocan la grasa que sobra, que es mucha. En el lado de las reformas, lo poco que se promete queda fiado a la palabra de un Gobierno muy poco fiable, con tensiones entre sus miembros, y que se irá haciendo todavía menos fiable según se acerquen las próximas elecciones.

Los rescates fueron un fiasco en 2012 en Atenas, en Madrid y en Roma. Y los de 2021 volverán a serlo. Aunque el esquema es el mismo, esto es un rescate de manual. Que no nos engañen: grandes transferencias de dinero de unos países a otros a cambio de promesas de reformas y ajustes. A ver si no, a cuento de qué, iba a estar este Gobierno, en este momento y con las encuestas en contra, con la cantinela de los impuestos. Que sí, que entonces había MoU y ahora hay Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. El mismo perro con distinto collar. ¿Que no se cumplirán las promesas? Tampoco se cumplieron entonces. Pero si a uno le llamamos "rescate", por qué no al otro. ¿No será porque éste le toca a un Gobierno de izquierdas? Otra de esas preguntas sin respuesta...

La izquierda caviar que sigue escupiendo a los madrileños
Miguel Ángel Belloso. okdiario 10 Mayo 2021

Estos días están siendo gloriosos. Hemos empezado el mes de mayo, que es el preludio del verano. Las golondrinas están viniendo con cuentagotas porque todavía hace fresco, pero la que me visita anualmente en la terraza de mi casa ya ha llegado y se guarece en el nido con sus crías. Mayo es el mes de las flores y de la Virgen. De pequeño celebrábamos cada mañana misa a las ocho, con la hostia correspondiente. ¡Qué tiempos! Por aquella época yo no había probado todavía los berberechos que denuestan los nuevos socialistas inquisidores y puritanos pero que, hervidos, me parecen soberbios, y que, enlatados, con un poco de limón o de vinagre barato, los sirven muy bien en la taberna Santa Bárbara de Madrid, en la plaza del mismo nombre que glosó en su momento Benito Pérez Galdós.

Estos días están siendo también gloriosos no tanto por el triunfo obsceno de la señora Ayuso sino por lo mal que lo lleva la jauría progresista. En estos días hermosos hay que leer cada frase de los editoriales del diario El País, cada sentencia de sus comentaristas, por no hablar de las que pronuncian la mayoría de los iletrados contertulios de las televisiones adictas al ‘régimen’. Son sencillamente deliciosos, infantiles, muchas veces tortuosos y están siempre equivocados. El consultor César Calderón suele afirmar que sólo hay dos cosas peores que perder unas elecciones: primero, hacer una lectura errónea de los resultados, después echar la culpa a los ciudadanos y decir que votan mal. Pero esto es lo que han hecho los socialistas de Sánchez y los comunistas de Iglesias o de Mónica García, que son lo mismo, aunque los desahuciados quieran ver en la médico-madre sindicalista y por tanto absentista un motivo de esperanza para la posteridad.

Según la progresía de la nación, el triunfo inapelable de Ayuso significa un respaldo al planteamiento económico ultraliberal -ojalá fuera así-, y a una actitud política polarizada y con fuertes tintes demagógicos. También dicen que, aunque la comunidad es la que más crece de España, el auge se reparte muy mal y que los supuestos efectos negativos del modelo que promueve se agudizarán más con las bajadas de impuestos prometidas y con el consiguiente deterioro de los servicios públicos y de la desigualdad. Este es un análisis que no resiste el menor asalto científico porque dado el intenso crecimiento del empleo en Madrid, que es el principal motor de creación de puestos de trabajo en España -gracias a la atracción de inversiones y a una fiscalidad razonable- la desigualdad se reduce de manera instantánea.
Como por fortuna la gente, y la realidad que vive, está muy alejada de los pronósticos de estos gurús de medio pelo, o de estos prescriptores de opinión reiteradamente fracasados, convendría recordar que la señora Ayuso ha crecido en votos por igual en las zonas de rentas altas, medias y bajas. Que ha obtenido el 50% de los sufragios en los barrios más pobres, con una renta per cápita de 15.000 euros. El adinerado Juan Carlos Monedero, ser ejemplarmente execrable, se preguntaba cómo la gente que cobra 900 pavos al mes puede votar a la derecha. Pues así ha sucedido, y no cabe duda de que por algo será.

En un alarde de concesión a una cierta racionalidad, los progresistas dicen que su derrota brutal puede que tenga que ver con “la fatiga de la pandemia”, pero no se bajan del burro -como dicen en mi pueblo- porque siguen criticando que Madrid sea una excepción continental en cuanto a políticas laxas. Pues estupendo. Por eso vienen todos los periódicos y las televisiones del mundo a contemplar el milagro de la capital de España. ¿No será por una vez en la historia que los demás están equivocados y que les estamos enseñando el camino?

El retorcimiento delirante de los argumentos de los perdedores para justificar su fracaso no ha tenido límites. En El País del jueves 4 de mayo se podía leer que “la larga trayectoria de gobiernos populares de la Comunidad ha permitido moldear a la gente de acuerdo con sus preferencias ideológicas, no sólo con una cultura determinada sino con una estructura social segregada”. Y seguía: “el éxito de Ayuso se explica por su peculiar liderazgo a caballo entre el entretenimiento y la política, lo que le ha valido una gran popularidad”. Y lo dicen los que han apoyado con pasión todas las leyes educativas del país, dictadas en su mayoría por la izquierda para asegurarse el adoctrinamiento, así como la penuria académica de nuestros hijos.

El tonto útil José María Lasalle, que ha ocupado cargos con el PP, primer marido de Maritxel Batet, la sectaria presidenta del Congreso, se ha sentido obligado a torear como en las Ventas incurriendo en el barroquismo y la prosopopeya: Ayuso “ha dibujado un marco de guerra cultural que ha trabajado la polarización y el terreno de las emociones de una derecha sociológica que vive atrapada por una multiplicidad de malestares económicos y sociales asociados por el miedo de las clases medias a perder su estatus económico y su influencia política después de 2008”.

Este comentario roza el ‘sumum’ intelectual, así que yo lo podría resumir de manera muy simple. No sólo las clases medias sino sobre todo las bajas -a tenor de los resultados- saben que como demuestra la evidencia empírica sólo la derecha es capaz de impulsar la economía y de crear empleo, saben que sólo ayudando a las empresas es posible que este país salga adelante; y adicionalmente, están hartas de las mentiras de Sánchez, de sus embustes continuados, de su falta de rendición de cuentas, de los pésimos resultados de la pandemia, en términos de fallecimientos y de pérdida de tejido productivo. Por eso las elecciones de Madrid son un aviso y una enorme advertencia a todo lo que representa este personaje nefasto y sus aliados enemigos de la unidad nacional y de la Constitución.

Pero déjenme que acabe con la última perla de El País, con su consejo indeleble para la derecha, porque en esto ha tenido siempre mucho arte y no se corta: “Ojalá que la estrategia nacional del PP no siga el rumbo madrileño y se mantenga en la senda de los más nobles referentes de la familia democristiana europea”. ¿O sea la izquierda reclamando que vuelvan los democristianos, aquellos con los que no querían pelear ni los leones en los coliseos de la vieja Roma? ¿Pero estos chicos están fumados? Eso temo.

Mi amigo Javier Jové ha escrito un tuit muy notable, y es este: “No basta con arrasar a las izquierdas. La nueva mayoría política y social debe ser empleada para cambiar radicalmente el paradigma ideológico y cultural dominante”, para derrotar al progresismo deletéreo. Por eso mismo me habría gustado que Vox hubiera tenido todavía mejores resultados, y más diputados en la Asamblea de Madrid. Primero por ver la cara de póker y los aspavientos que habrían desplegado el ‘sanchismo’ y los comunistas de Mas Madrid y de Podemos; pero sobre todo, porque habría consolidado todavía más la determinación por librar la batalla cultural con la indeclinable ambición de vencerla, algo que siempre debe empezar por tomarse unas cañas con unos berberechos en la cervecería Santa Bárbara de Madrid, capital del mundo epicúreo y hedonista.

El Partido Sanchista
EDITORIAL Libertad Digital 10 Mayo 2021

La debacle electoral del pasado cuatro de mayo en Madrid fue una bofetada en toda regla a la política de Sánchez, por más que en La Moncloa traten de disculpar el descalabro socialista convirtiéndolo en un hecho de carácter meramente local.

Sánchez se involucró en la campaña madrileña de una manera que reflejaba bien a las claras la importancia crucial de esas elecciones para el devenir inmediato de la política nacional. Más aún, con la desvergüenza política que lo caracteriza, Sánchez utilizó los recursos del Estado y no pocos actos institucionales dentro y fuera de España para tratar de influir en el electorado de Madrid de cara a esa importante cita con las urnas. Sus referencias obsesivas contra Isabel Díaz Ayuso, muy especialmente desde que la presidenta madrileña desactivara la operación monclovita de una moción de censura, trasladaron al electorado la nítida sensación de que las elecciones eran un plebiscito sobre el sanchismo.

Consumada la catástrofe electoral socialista, Sánchez huye de sus responsabilidades como ha hecho durante toda su vida política. No solo no admite errores en su gestión, sino que, en una burda estrategia que reproduce exactamente las purgas podemitas ejecutadas por su socio Iglesias, hace pagar a dos personajes menores del socialismo madrileño (Gabilondo y Franco) las culpas de un trompazo electoral que deberían asumido él y sus asesores en La Moncloa.

Como hemos contado en Libertad Digital, Sánchez blindó a sus colaboradores y cercenó de raíz cualquier crítica en la Ejecutiva de su partido a la gestión de la campaña madrileña. Sánchez huye hacia delante sin que en su partido haya nadie dispuesto a levantar la voz contra él, a pesar de ser el responsable de la derrota más humillante sufrida por el PSOE en su historia reciente. Personajes tan romos como Adriana Lastra y tan grotescos como el inefable Ábalos organizan cacerías contra dirigentes socialistas históricos como Leguina y Redondo, todo un aviso a navegantes de que el PSOE actual es una maquinaria dedicada exclusivamente a garantizar el futuro político de Sánchez y su banda.

El socialismo español ya es solo sanchismo, lo que no invita precisamente a la tranquilidad. Al carácter dañino de las ideas socialistas se suma ahora, en el caso de España, una forma degradada de hacer política a través del engaño y el autoritarismo, los dos rasgos que distinguen de manera indeleble al político más nocivo que ha dado la política española en su historia democrática.

Expedientes X
Pedro de Tena. Libertad Digital 10 Mayo 2021

Esta vez la X no significa ni objetos ni sujetos políticos no identificados o paranormales. La X en este caso se refiere a la ignorancia del número exacto de personas a las que habría que expedientar en este proceso kafkiano que ha iniciado Pedro Sánchez y su sanedrín de sicarios.

Tras el revolcón político sufrido en la Comunidad de Madrid a manos de una "chulapa"(así han llamado a Isabel Díaz Ayuso), la corte del Faraón de la Moncloa se ha puesto a buscar culpables porque alguno tiene que haber y ese no puede ser quien que ha tomado las decisiones, como Joaquín Leguina ha subrayado en carta abierta) sino los que las han ejecutado, seguido y tragado. Qué triste destino el del Franco socialista que, tras haber obedecido el 8-M de la prepandemia y el siguiente 8-M de la pandemia, ha sido humillado y ahora, tras la chapuza de Murcia, convertido en flagelante silencioso.

Lo de Ángel Gabilondo es otro ejemplo claro de adónde conduce la degradación intelectual y moral. Ya lo dijo el torero. ¿Cómo se llega a candidato socialista a la Comunidad de Madrid? Degenerando, porque hay que situarse al margen de toda reflexión independiente y coherente. Un profesor que podría haber llegado a ser un Besteiro si hubiera comprendido el problema de su partido tras la Guerra Civil ha terminado por ser un maltratador, que no defensor, del pueblo de Madrid y del resto de España. Da igual que haya sido por orden o no, porque decidió ser cómplice.

Por eso, no ha sorprendido lo más mínimo que este directorio jacobino del nuevo PSOE, el que emergió tras la operación de Susana Díaz por abortarlo, contaminado sin remedio por el totalitarismo comunista y separatista y enemigo íntimo de todo lo que suene a personas individuales libres, haya comenzado los expedientes X de expulsión del partido.

Recuerden:
"K vivía en un Estado de Derecho, en todas partes reinaba la paz, todas las leyes permanecían en vigor , ¿quién osaba entonces atropellarle en su habitación? Siempre intentaba tomarlo todo a la ligera, creer en lo peor sólo cuando lo peor ya había sucedido, no tomar ninguna previsión para el futuro, ni siquiera cuando existía una amenaza considerable. Aquí, sin embargo, no le parecía lo correcto." (El proceso, Franz Kafka)

Joaquín Leguina y Nicolás Redondo. Y no sólo ellos, porque Alfonso Guerra, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, el mismísimo Felipe González y otros cientos de notables, habrán puesto sus barbas a remojar. Pero lean bien a Kafka, tiempo han tenido para hacer otra cosa, para dar otro rumbo a un partido que se desnacionalizó absurdamente y que aún no ha hecho una reflexión digna de ese nombre sobre su historia y muy especialmente sobre la II República y la Guerra Civil.

Cuando Felipe González dijo aquello de que era más importante ser socialista que ser marxista en plena transición no tomó en serio sus propias palabras. Podría haber sido un camino fecundo para la edificación de una socialdemocracia lejana al leninismo, el de Largo Caballero, al oportunismo amoral de un Indalecio Prieto y a la deslealtad sistemática, cuando no criminal, de los separatismos.

Se podría haber iniciado un camino que, junto al centro derecha, reinterpretara la Constitución reduciendo el poder de los partidos, acordando una educación nacional, limitando la influencia estatal de los separatismos, apuntalando una verdadera independencia judicial y favoreciendo la veracidad, la limpieza y la dignidad intelectual y moral en la vida pública española, única manera de que los de "a pie" fueran a la vez defendidos por la democracia y decididos defensores de ella.

Ni los socialistas hicieron su examen de conciencia histórico, ni el centro derecha hizo lo propio ni creyó siquiera en sus propias creencias, tal y como unos y otros demostraron desde 1993 y siguientes. Ahora está llegando otro tiempo de purgas, signo de impotencia. De momento en el PSOE, con Leguina y Redondo de cartel, aunque en el PP ya se enseñan maneras (Isabel Bonig y otros).

"Cuando, como es la regla, un expediente recorre el camino correcto, llega a su departamento a más tardar en un día y se soluciona en ese mismo día, pero cuando yerra el camino, y debe buscar con celo en la excelencia de la organización el camino correcto, si no lo encuentra, entonces dura mucho tiempo." (El castillo, Franz Fafka).

La España del siglo XXI está muy encima de sus dirigentes. Eso conduce al colapso porque estamos ensimismados con nuestra dolencia política cuando deberíamos estar atentos a lo que le sucede a nuestra gente de a pie y lo que ocurre a nuestro alrededor. Marruecos, por poner el ejemplo más cercano.

Libertad sin ira
Rosa Díez okdiario 10 Mayo 2021

Dicen los viejos
Que no se nos dé rienda suelta
Que todos aquí llevamos
La violencia a flor de piel
Pero yo sólo he visto gente
Muy obediente, hasta en la cama Gente que tan sólo pide Vivir su vida, sin más mentiras y en paz
Jarcha, 1976

Leía esta mañana una entrevista a Fernando Savater en la que explicaba la diferencia entre pensar u obedecer, entre ser ciudadano o formar parte de un rebaño. Cada disertación de Fernando Savater es una clase de pedagogía democrática que debiera emitirse en prime time por su efecto benéfico para desasnar mentes.

Harían bien los dirigentes del PSOE en leer a Savater. Los detractores de Ayuso , que se empeñan en descalificar soezmente a la presidenta, parecen no haber entendido nada: “Como en el fondo son unos señoritos para ellos los bares son los lugares donde toman el aperitivo. Ni imaginan que puedan ser el lugar de trabajo de otras personas. Los chistes sobre lo tabernario revelan la miseria moral de unos señores que estudian la política y no entienden que los bares, y en general los pequeños negocios, son la base de las ciudades. Porque esto no iba de tomar copas, sino de servirlas». O sea…

Es notable el empeño de los socialistas y asimilados que aún hoy, tras la apabullante derrota de su estrategia rupturista y mendaz, se empeñan en denostar a la presidenta por todo lo bueno que ha hecho mientras siguen insultando a los madrileños por haberse atrevido a elegir. La estrategia del Goebbels de bolsillo que tiene Sánchez contratado en la Moncloa parece incapaz de asumir que no siempre una mentira repetida mil veces se termina convirtiendo en verdad. Los madrileños han sido conscientes del sectarismo del Gobierno de Sánchez y sus asociados cuando insultaban a Ayuso por abrir hospitales y por gestionar la pandemia buscando el equilibrio entre la defensa de la economía y la protección de la salud y al sentirse personalmente apelados (es a ellos a quienes Sánchez les negaba el derecho a elegir, es a ellos a quienes Sánchez quería prohibir ir a votar, es a ellos, no a Ayuso, a quienes Sánchez y su secta insultaban llamándoles fascistas y/o tabernarios…) han respondido en las urnas, demostrando ser ciudadanos de primera.

No es casual que Ayuso haya sido la candidata elegida por centenares de miles de madrileños que nunca antes habían votado una papeleta con las siglas del PP. No es casual que Ayuso haya sido la candidata más votada entre los jóvenes, entre los españoles residentes en el extranjero, en los barrios predominantemente obreros… No es casual que el apoyo a Ayuso haya crecido en todas las franjas de edad, desde el 10% entre mayores de 65 años al 25% entre veinticinco y cuarenta y cuatro.

No es casualidad que Ayuso haya tenido un fortísimo apoyo entre los trabajadores de sectores de la economía que han podido mantener su empleo gracias a que su Gabinete se empeñó en tomar decisiones basadas en criterios científicos en vez de asumir como verdad revelada las posiciones propagandísticas y contradictorias emitidas por los Illa y los Simón.

Aunque no fuera más que por cálculo electoral, los dirigentes del triunvirato socialcomunista debieran disimular su soberbia y dejar de insultar a los madrileños. Porque los madrileños ya han demostrado en las urnas que no se amilanan ante los insultos… y que tienen memoria. Y recuerdan que fue Ayuso quien tomó la iniciativa de cerrar los colegios y las residencias de ancianos cuando Simón, el vocero de Sánchez, seguía diciendo que en España no iba a pasar nada; y el Gobierno de Sánchez tuvo que seguir su estela.

Y recuerdan que fue Ayuso quien decidió montar un hospital de campaña en Ifema frente a la hostilidad de Sánchez/Illa/Simón, y sin que ninguno de los responsables sanitarios del Gobierno se dignara visitarlo durante el tiempo que permaneció abierto y salvando vidas.

Y recuerdan los aviones cargados de material sanitario que trajo a Madrid el Gobierno de la comunidad mientras el Gobierno de España lo racaneaba o suministraba material defectuoso.

Y recuerdan que fue la Comunidad de Madrid la que suministró mascarillas gratuitas a sus ciudadanos ante las críticas y las mofas del Gobierno de la nación.

Y recuerdan que Ayuso ha tenido que insistir en que pusieran controles de entrada en Barajas, en que autorizaran a las farmacias hacer test, en que hubiera una cartilla Covid que permitiera la movilidad de las personas vacunadas… Los madrileños recuerdan que Sánchez ha ido todo el tiempo a rastras de las iniciativas tomadas por Ayuso y que ha preferido perder oportunidades de salvar vidas y haciendas antes de darle la razón a tiempo a quien la tenía.

Y recuerdan que Ayuso se anticipó a la segunda y sucesivas olas de la Covid y decidió construir un hospital. Y recuerdan que esa decisión fue combatida, criticada e incluso boicoteada bajo la dirección del triunvirato socialcomunista.

Los madrileños no olvidarán las manifestaciones de la vicepresidenta primera del Gobierno comparando a los votantes de Ayuso con los nazis culpables de crímenes de lesa humanidad; no olvidarán el insulto para ellos y la humillación para las víctimas del Holocausto que suponen sus indignas palabras: “A veces el fascismo aparece con la bandera de la libertad. La libertad de quienes pensaron que la limpieza que había que hacer en Europa, llevaba a asesinar en campos de concentración”.

Los madrileños no olvidarán las palabras del ministro de Transportes, el tal Ábalos, cuando después de celebrarse las elecciones “explicaba” el sentir democrático de los madrileños llamándoles vagos definiendo a Madrid como una sociedad “acostumbrada al bullicio y al ocio”.

Si algo ha dejado claro este particular Mayo español con acento madrileño es que los ciudadanos han entendido perfectamente lo que estaba en juego y han decidido comprometerse personalmente sin delegar en los partidos la solución de sus problemas. Creo que los ciudadanos han leído la oportunidad política que les brindaba estas elecciones muchísimo mejor que los dirigentes de los distintos partidos políticos, incluidos los dirigentes del PP, que puede que extraigan correctamente las consecuencias de dar las batalla por las ideas, pero eso aún está por ver.

Los políticos de turno que decidieron mentirnos y dividirnos, que decidieron quitarnos la palabra y negarnos el derecho a decidir que lleva implícita la condición de ciudadano debieran aprender la lección. Porque hoy como hace cuarenta y cinco años los españoles hemos demostrado que si se nos trata como a adultos, nos comportamos como adultos. Hoy como entonces, frente a quienes quieren dividirnos y confrontarnos, los madrileños han demostrado que lo único que quieren es “vivir su vida, sin más mentiras y en paz”. Por cierto, como desean el resto de los españoles. Al tiempo.


¿Por qué la victoria de Ayuso es tan importante fuera de España?
Jorge Mestre. okdiario 10 Mayo 2021

Hubo un tiempo en que el comunismo, bautizado por los chavistas como socialismo del siglo XXI, agrupado en torno al Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla en Hispanoamérica creyeron que las victorias de partidos de extrema izquierda como Syriza en Grecia o Podemos en España eran las puertas de entrada de sus ínfulas marxistas al viejo continente y, sobre todo, en el sur de Europa.

Hubo un tiempo en que el partido de Alexis Tsipras, el Pablo Iglesias griego, fue el más votado en las elecciones europeas de su país en 2014, para conquistar el poder legislativo en 2015. Pero todo terminó en 2019. Allí llegó Kyriakos Mitsotakis, el actual líder de Nueva y Democracia y desde 2019 primer ministro griego. La fórmula empleada por Mitsotakis fue muy similar a la seguida por Isabel Díaz Ayuso para lograr una mayoría aplastante en Madrid: movilizar a los tuyos y atraer a los votantes de su derecha y de su izquierda. ¿Cómo? Mandando a la izquierda a su extremo y asumiendo cuestiones básicas del votante más a la derecha.

Si Mitsotakis tuvo el gran mérito de enterrar políticamente a Tsipras, lo mismo ha hecho ahora la presidenta madrileña con Pablo Iglesias. Si Tsipras estuvo al frente de su Gobierno cuatro años, Pablo Iglesias ha ejercido de chambelán del ‘sanchismo’ durante menos de año y medio. Podemos seguirá a partir de ahora el mismo camino que Ciudadanos y sino, al tiempo. No cuenta con representación en algunas regiones y en las recién celebradas elecciones madrileñas no ha sido capaz de sumar los escaños suficientes para convertirse en la principal fuerza de la oposición. De ahí a la irrelevancia media un corto trecho.

Por eso la ‘progresía’ internacional ha acogido con la cara desencajada la victoria de Isabel Díaz Ayuso, como también lo hizo con el gran logro de Guillermo Lasso en las elecciones de Ecuador de hace un mes. Uno de los objetivos del Grupo de Puebla para 2021 era extender el socialismo del siglo XXI por todos los países vecinos. No lo han conseguido en Ecuador, pero lo van a intentar en Nicaragua, en Chile y en Perú. Chile y Colombia son dos países que han sido azotados o siguen siendo castigados -como ocurre en suelo colombiano- por turbas de radicales de extrema izquierda que quieren desestabilizar los respectivos Gobiernos, sean el de Sebastián Piñera o el de Iván Duque.

La derrota en la Comunidad de Madrid y la salida de la política de Pablo Iglesias supone un gran revés para los objetivos de este grupo hispanoamericano de extremistas que tratan de imponer sus ideas apolilladas allí donde meten sus narices. Zapatero ya dijo a principios de año que EEUU y la UE eran las dos grandes regiones donde había que emplearse a fondo para ganar el corazón y mente de europeos y estadounidenses, así como modificar las políticas de sanciones hacia la narcodicatura venezolana. Si en un principio contó con el apoyo simbólico de Josep Borrell, encargado de la diplomacia europea, enseguida Alemania y Francia detuvieron la deriva de Borrell.

Queda por ver lo que ocurrirá en lo que queda de año en varios de los países hermanos con citas electorales en el calendario. Pero la lectura de la victoria de Lasso en abril y ahora de Ayuso en España es que, si la extrema izquierda había encontrado acomodo con las consecuencias de la crisis económica de 2008, la nefasta gestión que la misma ideología ha llevado a cabo con la pandemia, ha propiciado nuevamente un momento dulce para las fuerzas de la derecha en Europa, como en 1990 tras la caída del muro.

Twitter: @jorgemestre

Lecciones desde Francia
La decisión de Macron de vetar el lenguaje ‘inclusivo’ en la escuela -el absurdo ‘todos’, ‘todas’ y hasta ‘todes’- evita obstáculos en el aprendizaje y pone freno a imposición del ideario progre
Editorial ABC 10 Mayo 2021

El Gobierno francés ha decidido prohibir el uso del denominado lenguaje inclusivo en los colegios, porque entiende que dificulta el aprendizaje de lectura y escritura de los menores. La reiteración del femenino y el masculino se ha valorado como un obstáculo innecesario para la comprensión de los textos. Y sin comprensión lectora no hay educación digna de tal nombre. Algo tan obvio no debería causar polémica. Se trata de una decisión políticamente aséptica, porque busca el beneficio educativo de los jóvenes franceses, pero socialmente audaz, porque constituye un contrapunto significativo a la tiránica corrección política que se está imponiendo en el uso de las palabras y, por tanto, de los conceptos. La rectificación de hábitos o tendencias discriminatorias con la mujer está asumida en la agenda política de las sociedades occidentales y es, ante todo, una cuestión de justicia y dignidad. Sin embargo, este no es el debate al que invita el lenguaje inclusivo, sino el de la imposición de un discurso de sesgo ideológico que actúa de avanzadilla de un modelo social intervenido. El BOE parece en ocasiones el guion de una parodia sobre el lenguaje inclusivo cuya generalización no parece tener efecto alguno, porque los mismos que lo promueven no dejan de alertar sobre el incremento del machismo. Pero lejos de revisar la utilidad de esta tortura del lenguaje, algunos prescriptores del lenguaje inclusivo le dan una vuelta de tuerca con el uso del ‘todes’, ‘vosotres’ y ocurrencias similares.

Las políticas de género corren el riesgo de quedarse fosilizadas en estas cuestiones formales, que ven ‘heteropatriarcado’ en las reglas básicas del hablar y del escribir correctamente. El ciudadano medio empieza a cansarse de esta teatralización de la vida social, asediada con restricciones cada vez más estrechas a la libertad de cátedra, de creación o de pensamiento. Su riesgo es su radicalización como única forma de supervivencia, porque forma parte de un planteamiento intervencionista del ideario progre tan en boga en la izquierda occidental. El lenguaje inclusivo es un capítulo más del programa que impone el revisionismo retrospectivo de la literatura, el arte, el cine o el teatro, porque no se trata de avanzar en la igualdad de la mujer, sino de retroceder para cambiar el pasado. Tras la aparente inocuidad de referirse a ‘todos y todas’ -y ‘todes’- se esconde una voluntad de amoldar la sociedad a un patrón que amalgama los tópicos de la izquierda contra los valores que considera conservadores, desde la mera constatación de la diferencia de sexos, hasta el cristianismo, pasando por la enseñanza de la filosofía griega, demasiado blanca para algunos campus universitarios de EE.UU.

La decisión tomada por Emmanuel Macron invita a pensar que es necesario parar la aceptación acrítica del lenguaje inclusivo, del revisionismo cultural, de la invención retrospectiva de la historia. Hasta en la forma de participar en el segundo centenario de la muerte de Napoleón, el presidente francés ha dado una lección de ecuanimidad en el fragor de un debate de extremos sobre el emperador galo. Más que una discusión de ideas empieza a ser una batalla por libertades que se consideraban a salvo de cualquier acoso reaccionario y que están sufriendo la presión de la falsa corrección política, que empieza jugando con los femeninos y los masculinos y acaba implantando purgas a los disidentes.


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El aire de la calle
Luis Herrero. Libertad Digital 10 Mayo 2021

La única verdad que ha dicho el Gobierno después de las elecciones del 4 de mayo es que no se esperaba un resultado tan malo. No es la primera vez que sucede. Los gobernantes tienden a creer que sus observatorios son infalibles. Un cuerno. También ellos viven en una burbuja. Eso de que el poder maneja información privilegiada inaccesible al ciudadano del común es otro de los mantras que recitan los sumos sacerdotes de la clase política para divinizar su oficio. Si en Moncloa no se enteran de por dónde sopla el aire de la calle es porque Tezanos es un sociólogo más malo que la quina —que siga al frente del CIS clama al cielo— y porque sus habitantes viven en un microclima de siseñorismo y obnubilación autocomplaciente propio de los territorios feudales donde los vasallos solo dicen lo que sus señores quieren oir.

El País ha envido a Manuel Jabois, uno de sus periodistas más brillantes, a doblar las esquinas de los barrios del cinturón rojo de Madrid en busca del porqué de la victoria de Ayuso. El resultado de su investigación periodística no arroja muchas sorpresas, pero ratifica algunas de las claves que explican la situación política que nos está tocando vivir. El PP ganó las elecciones porque su candidata autonómica supo encarar la pandemia con más tino que Pedro Sánchez. No lo digo yo. Lo dicen los ciudadanos que hablan en el reportaje de Jabois. "Ha creado empleo, ha dejado a la gente vivir, ha hecho hospitales y ha defendido a los madrileños —explica un votante tránsfuga del PSOE—. Claro que he cambiado. Y además, los otros son muy malos". "Nos ha dado trabajo", dice otro. "Nos ha dejado vivir. Hay que vivir y dejar vivir. Los otros parecían que le tenían manía a Madrid", añade un tercero. Y una cuarta reflexión en la misma línea: "La pandemia nos agotó, nos dejó cansados, deprimidos. Tantas restricciones, tantos encierros, tantas muertes. Esta mujer hizo una campaña de alegría, abrió los negocios, llenó las calles. La gente quiere un poco de felicidad".

Me da en la nariz que el Gobierno sigue sin percatarse del fondo de la cuestión. Carmen Calvo ha tratado de banalizar el discurso de Ayuso diciendo que para un socialista es difícil hablar de cañas y berberechos, sin darse cuenta de que esa descalificación caricaturesca también ofende a su electorado de toda la vida. Cuenta Jabois que un conocido artista español de izquierdas le confesó que había votado a la candidata del PP "porque para mí la defensa de las libertades individuales es sagrada". "Si supieras cuántos famosos rojos han votado a Ayuso —añade a continuación— te quedarías flipado. No lo van a reconocer en la vida". Nótese que el interlocutor anónimo no se refiere a las siglas del partido, sino a la identidad de la persona que ha presidido el gobierno regional durante los meses de la pandemia. El detalle no es baladí. Otros testimonios, recogidos en el mismo reportaje, insisten en esa misma idea. "No he votado al PP por el partido, sino por su candidata. Me gusta esa chica. Me gustan las medidas que toma. Es valiente". Si yo fuera Pablo Casado tomaría buena nota de la matización. Si de verdad cree, como dio a entender en el discurso que pronunció en el balcón de Génova la noche de autos, que la conducta de los electores será la misma cuando las urnas cambien de ámbito territorial, es que él tampoco ha entendido nada.

Los 900.000 votos que su partido sacó de más respecto a las elecciones madrileñas de hace dos años tienen cuatro procedencias distintas. 89.000 vienen del PSOE, 91.000 de Vox, 430.000 de Ciudadanos y 300.000 de nuevos votantes. Lo normal es que ni socialistas, ni abascalistas ni al menos la mitad de los electores más jóvenes sientan la inclinación de ratificar su apuesta por el PP cuando sea él quien encabece la lista en unas elecciones generales. Es verdad que el desgaste de Sánchez sopla a su favor y que el hundimiento del partido de Arrimadas le garantiza una cosecha de votos más abundante que las que ha obtenido hasta ahora. Pero eso no significa que vaya a ganar. Y, si lo hace, que pueda llegar al Gobierno sin la ayuda de otros. O asume que necesitará a Abascal para alcanzar la tierra prometida o pagará caro el precio de su ceguera.

La última de las claves que ratifica el reportaje de El País es que el votante de izquierdas que se ha ido al PP no lo ha hecho solo por la actuación de Ayuso durante la pandemia. También hay mucha gente desencantada con la política de pactos del presidente del Gobierno con Bildu, ERC y Podemos. "Es una traición", brama uno de los ciudadanos que airea su indignación. Otro concreta: "Yo he votado antes al PSOE, pero esta vez he utilizado el voto de castigo contra Sánchez y el coletas". Que la coyunda con Podemos era veneno para la taquilla electoral socialista no se le ocultaba a casi nadie. Ahora que Iglesias ya no está, Iván Redondo —la mano que mueve la cuna— tiene la oportunidad de tomar buena nota y corregir el tiro. De que lo haga o no dependen en buena parte las novedades que nos depare el futuro.

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