AGLI Recortes de Prensa   Sábado 15  Mayo  2021

Por fin
EDITORIAL. https://gaceta.es 15 Mayo 2021

España, como el resto de la Iberosfera, lleva décadas soportando que el derecho positivo, es decir, que la simple voluntad del legislador sordo al debate, ciego a la realidad y desmemoriado con la Historia, imponga su voluntad en forma de ley con mínimas posibilidades de defensa constitucional.

Decretazo a decretazo, o mayoría simple a mayoría simple de los partidos del establishment bipartidista con la bien pagada contribución de los nacionalismos separatistas, el Boletín Oficial del Estado ha publicado una miríada de leyes que no soportarían una revisión de un Tribunal Constitucional que trabajara en la defensa del Estado de Derecho y que no fuera una correa de transmisión del poder político. Los ejemplos están en la mente del lector informado: políticas lingüísticas, leyes educativas, aborto, leyes identitarias de género, desmemoria democrática, funcionamiento de la Justicia, discriminaciones ‘positivas’, competencia, fiscalidad, transferencias…

Tan acostumbrados están nuestros gobiernos y partidos tradicionales a mandar a golpe de decreto o a golpe de pacto antinatural entre los que se dicen constitucionalistas y los enemigos de España, que en marzo de 2020, tras un primer amago de colocar al entonces vicepresidente Pablo Iglesias en la Comisión Delegada del Centro Nacional de Inteligencia, lo coló de rondón en el decretazo sobre medidas económicas por la pandemia de coronavirus chino (con perdón). Este desprecio por las instituciones y por las reglas de juego del Estado de Derecho, unido a la mansedumbre de los españoles, dio como resultado una ola de un centímetro de indignación. Apenas un par de artículos aquí y allá, algún comentario cáustico en la radio, alguna zapatiesta en una tertulia no subvencionada y a las ocho, aplausos en los balcones.

Y no habría pasado nada por colar de manera ilegítima e ilegal a Pablo Iglesias y al jefe de Gabinete de Sánchez, Iván Redondo, sin derecho (constitucional) alguno a participar en un grupo que tiene como misión elaborar la Directiva de Inteligencia, es decir, las grandes líneas estratégicas de trabajo del CNI, si no hubiera sido por VOX.

Los diputados de Santiago Abascal fueron los únicos que presentaron un recurso de inconstitucionalidad contra el Real Decreto del Gobierno que colaba a Iglesias y a Redondo en el grupo restringido que decide las líneas de actuación de los agentes de ‘la casa’ en la defensa de los intereses permanentes de España en, pongamos como ejemplo, Venezuela, Túnez, Irak, Croacia y en regiones como Cataluña.

Con su agilidad característica, el Constitucional tumbó ayer la trampa positivista del Gobierno y dio la razón a VOX. Para nuestra desgracia, constatamos de nuevo que el Tribunal Constitucional no atiende lo urgente y la decisión ya no afecta a un fugado Pablo Iglesias que gracias a la desidia del TC ha disfrutado durante estos meses de una cuota ilegítima de poder en el centro de la Inteligencia nacional mientras él se reunía, puño en alto, con lo peor del castrochavismo en Bolivia. No lo olvidemos.

De esta sentencia del Constitucional que da la razón a VOX sólo nos caben dos consuelos. El primero, que anula la incorporación a la Comisión delegada del CNI del estratega de Pedro Sánchez y manda al Gobierno el mensaje, tardío, de que no caben trampas en su política infame de gobernar por decreto.

El segundo consuelo es el de que hay un partido vigilando. Por fin.

El plan B de Sánchez es no parar de mentir
Jimmy Giménez-Arnau. okdiario 15 Mayo 2021

El maniquí está en rebajas, en liquidación. Va de fracaso en ridículo. Confunde la realidad con lo absurdo. No rige. Tras perder el control, se enrocó en Moncloa plagiando -gerundio que domina- al ególatra Narciso, otro majareta que sólo respetaba su propia imagen. Durante un tiempo indeterminado, el maniquí no dijo, ni hizo, nada plausible. “Pedro no sabe, Sánchez no contesta”, anda huido, parece. Su modo de ser transparente fue ocultar todo y engañarnos a todos. Desde que el titiritero dejó de transmitir su frialdad, aparentemente apasionada, en unos sermones infumables, dignos del dictador Maduro, supimos que el plan B de Sánchez era, y es, no parar de mentir.

130.000 muertos en pandemia, 6 millones de parados y España toda al borde de la ruina definen los logros del Gobierno socialcomunista que preside. Y sin temblarle el pulso condena a los trabajadores a la extenuación con impuestos medievales, mientras él se pira en Falcon a sobrevolar tifones que su ineptitud originó. Así es el tipo, blando de cadera y de mano dura, cree que su tranquilidad viene de tranca e infla gastos y tapa pérdidas con los palos que le arrea a la gente. El Rey, la Nación, la Constitución, los jueces, la UE, fuerzas del orden y periodistas mil que lo denigran, le importan un bledo. Estando en declive, aún piensa que es el amo de la feria y se resiste a someterse a tratamiento psiquiátrico.

“Soy un presidente feminista”, dijo el muy lerdo en la ONU. Ayuso le acaba de demostrar, en Madrid, que tiene más ovarios y cojones que él. El Constitucional también vapulea al ninot. La credibilidad del Narciso de Tetuán anda en horas bajas y su trío de ministras rojas, Belarra, Díaz y Montero/bis, anuncian que van a robarle al maniquí muchas más horas de sueño que le quitaba el demonio.

El plan B de Sánchez está en serio peligro. Habrá de embuchar, a su intención de no parar de mentir, las imbecilidades que le sugieran las tres ministras rojas.

Brutal embestida contra Madrid
Carlos Dávila. okdiario

Isabel Díaz Ayuso se declara perfectamente preparada para la guerra, sin ambages, sin disimulos, a primera sangre, que le ha declarado Pedro Sánchez. Es una embestida burriciega, de toro aparentemente manso pero de un peligro cornalón, que sólo tiene un objetivo: impedir que el embrión de la resistencia nacional que ha nacido el 4 de mayo, se extienda, como una mancha de aceite, resbaladiza y contagiosa, por las demás regiones de España. Sánchez, al albur siempre de lo que inventa para él su gurucillo Redondo, se dispone a ahogar financieramente a la Comunidad de Madrid, a robarle sus impuestos de Patrimonio, Sucesiones y Donaciones, y a propalar por aquí, por acá y por acullá una campaña de desprestigio no sólo de la propia presidente de la región, sino de ésta como paradigma de la insolidaridad, de lo que Moncloa denomina con un desahogo descomunal, la “cuna de la desigualdad nacional”. Para ahondar en este propósito, Sánchez cuenta con la colaboración interesada del trío autonómico Page-Puig-Vara, que esconde sus miserias económicas en el supuesto egoísmo elitista madrileño, a pesar de que guardan por Sánchez el mismo aprecio, o incluso peor, del que manifiestan los portavoces de la oposición.

En algo sin embargo tiene razón el aún presidente: su supervivencia en La Moncloa depende directamente de que el éxito popular en Madrid no se consolide definitivamente. Si hay que utilizar navajas manchadas con tinta china, se preparan sin el menor escrúpulo. No van a reparar en medios. Pero Ayuso tiene que atender al uso y disfrute que haga el PSOE de las más que probables rencillas que se están abriendo en su propio partido. Es curioso: ya se empieza a hablar del afán de protagonismo de la presidenta de Madrid, de su tendencia a marcar distancias con la dirección nacional del PP, y hasta de la intención de Ayuso de aparecer como opción alternativa al mismo Casado. De nuevo, el centroderecha, cuando obtiene un triunfo resonante, lo amortigua con recelos endógenos. El PSOE es maestro en utilizar este tipo de armas para aminorar el prestigio de sus oponentes. Esta es una constancia que deberían tener muy en cuenta los propagandistas de estas especies realmente miserables.

De este modo Sánchez puede encontrar ayuda para sus fines barreneros en el propio Partido Popular. Es cierto que por ahora apenas son apreciables estas reticencias, pero no lo es menos que existen, vaya si existen; es más, ya se visualizaron durante la campaña electoral en la que, claramente, Casado y sus directivos ocuparon un puesto subsidiario en las actuaciones de Ayuso. Entonces, el PSOE, ocupado únicamente en articular falsas agresiones contra alguno de sus ministros, y en intentar que el pobre Gabilondo cogiera resuello apoyando al infecto Iglesias, no cayó en la cuenta de estas mínimas reacciones que se estaban produciendo muy claramente dentro del PP, y eso salvó en gran parte el proceso electoral de Ayuso, pero ahora vuelven a entreverse estos “peros”, estos “sin embargo” que, de proseguir, pueden convertirse en aliados objetivos de Sánchez y sus peones de brega.

Porque estos no descansan. La última razón por la que no han articulado una legislación para el “postalerta” es porque, de ninguna manera, quiere La Moncloa tiznarse con los efectos secundarios, políticos, sanitarios, económicos y sociales del Covid. A Sánchez le trae exactamente por una higa lo que piense y sienta a este respecto su correligionario Page, o Lambán, el más crítico de los socialistas. Su inanidad, su tancredismo legal está dirigido básicamente a erosionar la trayectoria de la presidenta de Madrid. A eso dedica todos sus esfuerzos, aún a costa de sumergir a España entera en el caos judicial que se está produciendo. Como indica un periodista que conoce muy bien los usos monclovitas: “Lo que importa es que Ayuso no siga siendo la heroína que ha salvado a los madrileños de la pobreza”, y añade: “Se trata de lograr que, de una vez por todas, Ayuso aparezca como la culpable de todas las muertes de Madrid”. “O sea -termina- como si ella, su comportamiento, sus decisiones, sean aún más letales que el mismísimo virus”.

Y en eso están. Por el momento sin éxito alguno, pero un tipo que tiene en sus pecadoras manos nada menos que el Boletín Oficial del Estado, se convierte, de frente y por derecho, en el remedo de un cabestro incontrolado, un toro manso como aquel ‘Islero’ que rajó el enjuto cuerpo de Manolete y le llevó, tan joven, a la tumba. Tras su fuga después de las elecciones de Madrid, Sánchez se ha dejado ver por todos los escenarios posibles mostrando su mejor faz de hombre sereno, preocupado y muy templado, pregonando, otra vez más, el fin de nuestras desgracias. Se ha presentado como el “rey de las vacunas” al que España entera debe agradecer la “segunda nueva normalidad” y una inmunidad de rebaño, cuya sola denominación debería espantar a cualquier ciudadano que no quiera ser asimilado a una oveja. Mientras él tiene en peligro a una gran parte de la población vacunada en primera instancia con AstraZeneca, se jacta de que, para julio -ya veremos que no va a ser así- el 70% del país, ya estará inmunizado. “Gracias a mí”, le está faltando decir.

Naturalmente que de este modo no deja que nadie se apropie de la salud general. Ayuso lo sabe y por eso, nuevamente, ha decidido hacer la guerra por su cuenta denunciado el agujero negro de Barajas, sacando los viales de las neveras, comprando nuevas dosis, abriendo lugares para la vacunación, y completando un plan que ni siquiera la sectaria anestesista García, líder de Más Madrid, está pudiendo desmontar. Sánchez ha pinchado en hueso con Ayuso. Ha urdido todas las martingalas posibles para reventar su éxito, todas las instituciones del Estado las ha puesto a disposición de su venganza, pero hasta el momento ha fracasado, por eso alertamos de la nueva embestida, la más feroz que pueda pensarse, la que ya ha emprendido a la carrera para impedir que el triunfo de Madrid se convierta en el de España entera.

Ayuso y los ingleses
Javier Somalo. Libertad Digital 15 Mayo 2021

Dice la ministra Arancha González Laya que la culpa de que los británicos hayan puesto semáforo amarillo a España, o sea dudas como destino turístico, es de Isabel Díaz Ayuso por tanto libertinaje tabernario.

"…Una comunidad autónoma con una presidenta a la cabeza que dice que lo que importa es la libertad, irse de cañas, a los toros, que lo que importa es la movilidad cuando le dé la gana y donde le dé la gana".

Lo de los toros le habrá gustado menos a la de los berberechos, otra intelectual del aparato que no soporta perder tanto y que la derecha le gane por tanto. Desde luego, les cuesta de veras esto de la libertad cuando no es la que proponen ellos. La izquierda sólo reclama la libertad desenterrando a Franco pero no acierta a vivir con ella. En libertad, el socialismo soluciona poco y por eso tiene que andar manipulando el pasado y hasta aventurando oscuros futuros. Lo que es el día a día ya lo arreglará algún facha.

No se reponen al chasco: los bares y las cañas ya no son patrimonio o monopolio de la izquierda. Bueno, como que a Tezanos no sé si le dejarán entrar en algún bar después de su consigna, la misma que invocan González Laya y Carmen Calvo y que regaló a Ayuso el cierre perfecto de campaña con la llamada al voto de los tabernarios.

Algo de atractivo sí debe de tener para británicos eso de las cañas y los toros en libertad, que tanto disgustan a la ministra. De hecho, a veces se pasan de entusiasmo y acaban cada verano como las golondrinas de Bécquer, pero si nos ponen un semáforo desfavorable será por el Gobierno de España, no por el de la Comunidad de Madrid. Nadie ha oído a Isabel Díaz Ayuso ni a consejero alguno animar a salir a las calles sin mascarilla, violar una norma, un confinamiento o el sentido común. Pero todos hemos oído hablar por ejemplo, a la propia ministra González Laya, el 27 de marzo de 2020, cuando explicaba de esta forma la compra de test defectuosos para detectar el coronavirus:

"No estamos acostumbrados a comprar en China. Es un mercado que nos es un poquito desconocido (…) Hay muchos intermediarios que se presentan, nos ofrecen gangas y luego evidentemente resulta que no son gangas".

Conviene insistir en que la frase anterior la pronunció una ministra de Asuntos Exteriores de un país europeo en el siglo XXI.

Unos meses más tarde de aquellas gangas, el 27 de julio de 2020, el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, el insufrible epidemiólogo Fernando Simón, atajó el asunto del turismo con un argumento indiscutible en términos egoísta incompetencia:

"Agradezco que los belgas decidan no recomendar venir a España. Es un problema que nos quitan. Menos riesgo de importación de casos".

Sin coches no hay accidentes de tráfico y el bueno de Simón puede dedicarse a otras cosas menos estresantes y emergentes como montar en moto, hacer surf o hacerse el gracioso y el simpático con decenas de miles de muertos no reconocidos por el Gobierno.

Seguro que vuelven las golondrinas británicas, y hasta más civilizadas, pero si se resisten será por miedo a que sólo se hable de libertad en la capital de España. Porque con coleta, moño o moldeado, el comunismo, elegido deliberadamente por Sánchez como compañero de Gobierno, ha sido letal también para la imagen de España. Eso sí que es un semáforo, y muy rojo, que desaconseja viajar aun sin pandemia.

Lo dijo Esperanza Aguirre en Es la Mañana de Federico: Felipe González ni se planteó gobernar con Izquierda Unida cuando el PP le ganó en las urnas. Bien es verdad que González no ha tragado nunca al PCE, que sí se jugó el tipo en el franquismo, y torció el gesto cuando Adolfo Suárez decidió legalizar el partido de Santiago Carrillo. Pero se refería la expresidenta al posible sentido común del antiguo PSOE de no abrir paso al comunismo, algo que ha hecho escandalosamente el adolescente político Pedro Sánchez. Lo vemos y sufrimos en España; se ve y se teme desde fuera.

Ayuso, en el estilo que ya ha marcado un hito en la política española, contestó en cuanto pudo, primero a la jefa de nuestra presunta diplomacia:

"Sólo faltaba que tuviéramos que hacer lo que dijera esta mujer; o la izquierda, que es muy dada a decir que tienes que cerrar (…) Lo que no puede ser es que, si vienen muchos turistas franceses, es culpa mía, y si no vienen turistas británicos, es culpa mía (…) Lo que están haciendo es no asumir la derrota electoral".

Y después se refirió a Pablo Iglesias, es decir, al comunismo, antítesis de la libertad que protagonizó su acertada, breve, sencilla y contundente campaña:

"Me parece que ha metido en sus listas electorales a todos los representantes de todos los delitos tipificados en el Código Penal. Creo que no han hecho ninguna propuesta en positivo. Pensaban representar al pueblo cuando ellos han ido triplicando sus patrimonios. Han sido dirigentes cada vez más ricos para ciudadanos o afiliados más empobrecidos (…) Creo que la inmensa mayoría de los ciudadanos respira desde que se ha ido".

Se ha ido Iglesias, que no es poco, pero cuidado con pensar que la coleta es el trofeo definitivo de la batalla de Madrid. Hay cosas que no están del todo claras en su extraña salida de la política y, aunque fuera cierta y definitiva, queda el comunismo de la "madre médica" y del niño Errejón, tan doctrinario y peligroso como el otro.

Ni Pedro Sánchez, ni José Luis Ábalos, ni Fernando Grande-Marlaska, ni, por supuesto, Arancha González Ganga han hecho nada que pueda devolver la tranquilidad a los españoles, paso previo e imprescindible para que la sientan los turistas. Sin ir más lejos, el aeropuerto de Barajas ha sido el piso franco de Sánchez contra Ayuso, contra Madrid. Jamás, en toda la pandemia, ha existido un control como es debido sobre tal coladero irresponsable del virus. Y cada día de estos dos años que quedan por delante veremos un ataque, una trampa contra el Gobierno de Ayuso, que preside una comunidad que es capital de España, sede de las instituciones y del Gobierno central de Sánchez.

No toda la derecha es Ayuso pero todos los partidos de la izquierda —Dios nos libre del fuego amigo y de refundaciones pomposas— están contra ella. Eso revaloriza la importancia de su victoria y el momento político abierto tras las convulsas maniobras de Ciudadanos. En mayo ha quedado demostrado que con las ideas propias también se ganan elecciones, se reconquista terreno perdido y hasta se conquistan nuevas plazas sin pedir perdón. Sólo hay que creer en ellas de verdad y rodearse de personas capaces de bajarlas al suelo. Vendrán a comprobarlo, los ingleses y el mundo entero.

Resiliencia y sablazo
Fernando Díaz Villanueva. vozpopuli.es 15 Mayo 2021

Con la afición que tiene este Gobierno a no llamar a las cosas por su nombre y utilizar continuamente eufemismos, el sablazo fiscal que nos espera viene recogido en un plan al que han bautizado pomposamente como Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. Diseccionemos el invento palabra por palabra. Empecemos por la recuperación. Obviamente la economía se tiene que recuperar tras el paso de la pandemia, pero para hacerlo no hace falta plan alguno, basta con volver a la normalidad, que se acaben cuanto antes las restricciones y que se deje respirar al sector privado para que vuelva a generar la misma riqueza que antes de la crisis. La recuperación no se puede hacer por decreto y, si algo se planifica, que ese plan incluya facilidades, no dificultades para recuperarse. Los impuestos no son precisamente una facilidad.

Vayamos con lo de la Transformación. Con esto no sé muy bien lo que quieren decir. Por transformación se pueden entender muchas cosas, la primera que la economía española se tiene que transformar, pero transformar en qué. Los españoles nos ganamos la vida con lo que sabemos y podemos hacer. Por mucho que el Gobierno se empeñe, España no podría transformarse en un país petrolero porque carece de yacimientos de petróleo, tampoco podría transformarse en una potencia espacial o en el campeón mundial en la fabricación de semiconductores. La economía española es la que es, la de un país industrializado del primer mundo con un gran peso de sectores como el turismo o la fabricación de automóviles y maquinaria diversa, ambos enfocados al mercado europeo gracias a ventajas como la cercanía, la pertenencia a la Unión Europea y la divisa común.

Los españoles, insisto, hacemos lo que sabemos y podemos hacer con lo que la naturaleza nos ha dado y nuestros antepasados nos legaron. El nuestro es un país envejecido con una media de edad superior a los 40 años, pero, a cambio, con población muy bien cualificada. La economía está plenamente integrada en el mercado mundial, las fronteras están abiertas y no se aplica más proteccionismo que el que viene impuesto por Bruselas. Evidentemente problemas hay, la tasa de desempleo es crónicamente alta, especialmente en las regiones del sur, y hacen falta reformas urgentes como la del sistema de pensiones, pero no se debe confundir problemas puntuales que deben ser abordados con España como problema. De modo que no hay nada que transformar a no ser, claro, que se quiera hacer para desmotar todo lo anterior.

Por último, la resiliencia es uno de esos términos que se han puesto de moda últimamente y que se emplea a discreción para casi cualquier cosa. Según recoge el diccionario de la Real Academia la resiliencia es la “capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos”. La economía no es un ser vivo, es una compleja red de interacciones entre agentes, una red que se adapta mejor o peor a un trastorno en función de la libertad con la que interactúen esos agentes y lo flexible que sea el marco normativo de esa interacción. Resiliente es, por ejemplo, la economía de Estados Unidos que demuestra una y otra vez cómo sale rápido de los baches. La nuestra no es tan resiliente. Las crisis a menudo se eternizan porque a los agentes económicos les cuesta ajustarse y reinventarse, no tanto porque no quieran hacerlo, sino porque no son víctimas de grandes rigideces normativas.

Es tiempo de recortes
Como vemos, los tres pilares sobre los que se edifica el plan del Gobierno son simples brindis al sol cuyo objetivo es correr una tupida cortina sobre su verdadera intención, que es mantener los niveles actuales de gasto público en un momento en el que la recaudación se ha desplomado a causa de la crisis ocasionada por la pandemia. Pero con esas no pueden ir a Bruselas a pedir dinero. La Comisión les echaría para atrás el plan y no entregaría los codiciados fondos Next Generation EU, por lo que, para hacerlo creíble desde un punto de vista presupuestario, han incluido una batería de alzas fiscales. Es algo tan prosaico como eso. No quieren gastar ni un céntimo menos de lo que gastaban antes de que el PIB se derrumbase. Entienden que, si tienen que hacer recortes, su clientela política se resentiría, proliferarían las protestas, y se lo harían pagar en las urnas.

Sánchez aspira a seguir en el poder muchos años más, algunos aseguran que hasta bien entrada la década de 2030. Su intención es igualar y superar la marca de Felipe González, que estuvo trece años en la Moncloa. A falta de poder imprimir moneda, que es lo que a él le gustaría, sólo puede hacerlo sobre préstamos, transferencias como los de los fondos europeos e impuestos más altos. Los primeros son caros y difíciles de obtener si se pide a lo loco. Los segundos no son gratis. La Comisión tiene que cerciorarse de que el dinero de los contribuyentes alemanes u holandeses se emplea correctamente, no para mantener clientelas empotradas a la administración, muy útiles para ganar elecciones, pero que son rémoras para el crecimiento económico. Los impuestos, por su parte, son impopulares. Por mucho que se afanen en negarlo los que defienden fiscalidades de infarto a nadie le gusta pagarlos. Queda recurrir al manido argumento de que esos impuestos sólo los pagarán los ricos, pero la realidad es que ricos hay muy pocos, por lo que el esfuerzo fiscal ha de realizarlo la clase media e incluso la baja.

La figura impositiva con la que más se recauda es el IRPF, un impuesto al trabajo de tipo progresivo que se resiente mucho cuando el trabajo escasea. Cada nuevo desempleado es un contribuyente menos por IRPF. Le sigue el IVA, con el que el Estado recauda aproximadamente un tercio del total y que grava el consumo. En las crisis el consumo se despeña por lo que se recauda menos. Por último, está el impuesto de Sociedades, que se carga sobre los beneficios empresariales, los mismos que se evaporan cuando las cosas vienen mal dadas. Lo cierto es que no hay mucho recorrido de subida. Los tres ya son altos y subirlos más, aparte de contraer el consumo y la contratación, provocaría airadas protestas entre la gente, especialmente si se sube el IVA, cuyo tipo general es del 21%.

Con las manos atadas ahí sólo les queda crear nuevas tasas, eliminar beneficios fiscales y recrecer otros impuestos por la puerta de atrás sin que se note mucho. El sablazo fiscal que se nos viene encima va por esa vía. Van a rebañar los restos de un caldero en el que no queda mucha sustancia. Como al final el alza no lo van a pagar los ricos ni las rentas altas, sino el común de los españoles, necesitan coartadas que justifiquen el rejón que nos van a propinar en el lomo. La favorita es la de la sostenibilidad medioambiental. En aras de la ecología cualquier medida parece justificada. El impuesto al diésel, la revisión de los impuestos de circulación y matriculación de vehículos, el peaje en las autopistas o la tasa a los billetes de avión están tratando de venderlas como sacrificios necesarios para disfrutar de un medio ambiente más limpio y saludable.

El problema es que en España hay 30 millones de vehículos, de los cuales 24 millones son turismos, es decir, que hay un automóvil por cada dos habitantes. Endurecer los impuestos al automovilista es subírselos a la mitad del país o más porque la mayor parte de familias tienen un vehículo en propiedad, a menudo con motor diésel, vehículos que circulan por los 10.000 kilómetros de autovías gratuitas que hay en el país. Si sube el diésel y hay que pagar en la autovía la economía familiar se resentirá. También lo hará la de los autónomos, muchos de los cuales son muy dependientes del vehículo para realizar su trabajo. Habida cuenta de la exorbitante fiscalidad que ya recae sobre el automóvil hacerla más dura todavía no parece la mejor idea.

El Gobierno arguye que impuestos como el del diésel se podrán evitar empleando alternativas más limpias, resumiendo, que quien contamina paga. Pero eso implica gasto. Los vehículos eléctricos no están al alcance de todos los bolsillos y hoy por hoy no son una alternativa completa a los de combustión interna. La autonomía de los modelos más asequibles deja mucho que desear y no hay suficientes estaciones de recarga. Con los peajes pasa algo parecido. Quieren institucionalizar el principio de quien lo usa lo paga. Un principio que cualquier liberal suscribiría, pero que, llevado a sus últimas consecuencias, traería el copago sanitario o la implantación de una tasa por ver las televisiones estatales que se financian con cargo al presupuesto.

Impuestos a los coches
Además, y esto es importante remarcarlo. Sobre los hidrocarburos ya recae un impuesto especial que duplica el precio de venta al público de la gasolina. Los automovilistas tienen que pagar además el impuesto de matriculación que desde 2008 está ligado a las emisiones de CO2. Si el vehículo es de segunda mano hay que liquidar el impuesto de Transmisiones Patrimoniales, cuyo tipo oscila entre el 4% y el 8% y que en algunas regiones está ligado a la potencia fiscal o al tipo de vehículo objeto de la transacción.

Todo para que el Gobierno pueda seguir gastando a manos llenas y llegue así en mejores condiciones a la próxima cita electoral que, después de lo ocurrido en Madrid el día 4, se presume algo más cercana de lo previsto. La operación, que sobre la mesa de diseño parece impecable, podría no serlo tanto cuando aterrice sobre una economía exhausta que tras año y medio de sacrificios ya no da más de sí.

15-M, de la ilusión a la estafa
Editorial ABC 15 Mayo 2021

El décimo aniversario del 15-M se parece más a una necrológica que a una celebración. La derrota de la izquierda en las elecciones autonómicas de Madrid ha sido el remate de un proceso de declive de aquel movimiento social que comenzó casi con su nacimiento. El 15-M pretendió ser el revulsivo antisistema de una generación de jóvenes que se sentían abandonados a su suerte. Con más o menos motivos para la indignación, la crisis de 2007 golpeó con dureza a la población en general, pero especialmente a la juventud, que sigue encadenada a unos niveles de desempleo escandalosos e incompatibles con un progreso equilibrado de España. Desde hace diez años, la situación de los jóvenes ha ido de mal en peor, y negarlo solo aumenta su sentimiento de incomprensión. Sin embargo, lo que los impulsores del 15-M ofrecieron a la juventud española era un engaño. La izquierda extrema se maquilló de posmodernidad alternativa, cuestionando la representatividad del sistema democrático y, por tanto, la legitimidad de las instituciones. Quisieron crear un contrapoder al margen de la democracia constitucional de 1978. En realidad, Pablo Iglesias, Íñigo Errejón, Juan Carlos Monedero y demás portavoces de la ‘gente’ fueron simplemente unos oportunistas en el caldo de cultivo de la crisis. Su oferta no era nada novedosa, sino el más rancio e inútil izquierdismo radical de tufo comunista, encarnado en Podemos. Hizo falta poco tiempo para que estos heraldos de la regeneración hicieran lo que la casta comunista mejor sabe hacer: purgas y ‘dachas’.

La realidad es que el 15-M fue la ilusión sincera de muchos que hoy están decepcionados y la coartada de otros, también muchos, para engancharse a la misma política con la que querían acabar. Las elecciones en la Comunidad de Madrid han hecho una radiografía inmisericorde de la izquierda, porque exhibe el fracaso integral de su arsenal más puro de ideología extremista. Falló la estrategia de recuperar Madrid y falló la táctica de hacerlo con un discurso incívico, violento y de trinchera. A la izquierda también le falló el reclamo de su ideología intervencionista y paternalista y perdió la batalla de las ideas con el centro-derecha. La izquierda fracasó con su propuesta de modelo social, basado en el enfrentamiento entre ricos y pobres, capital y periferia, barrios del centro y del sur. Y los madrileños dieron la espalda al permanente pesimismo hostil de la izquierda sobre la libertad individual y la autodeterminación de las personas. Solo faltó a sus candidatos pronunciar la terrible frase de «libertad, ¿para qué?».

El aniversario del 15-M se anticipó al 4-M con una victoria electoral del centro-derecha que no está haciendo reflexionar a una izquierda soberbia que, a lomos de la preocupación juvenil, se presentó con el mesianismo habitual de los totalitarios. La fuga de Pablo Iglesias -incluso de sí mismo, tras su cambio de imagen- representa el vacío en el que ha quedado aquel 15-M. Él se va y sus compañeros ya no ocupan las plazas, ni los barrios ni las facultades, sino una vicepresidencia del Gobierno, algunos ministerios y unos cuantos asientos en el Congreso de los Diputados para sostener una coalición solo unida por la mera posesión del poder. La izquierda no tiene proyecto para España. Está sumida en una guerra de siglas, protagonizada por represaliados de Iglesias, como Errejón, para alzarse con el liderazgo interno. Así ha evolucionado la historia del 15-M en diez años, de la ilusión a la estafa.

Del 15-M a la izquierda iliberal
Aquel movimiento fue utilizado por un partido contrario a la democracia liberal
Editorial La Razón 15 Mayo 2021

Por encima de las muchas interpretaciones que se puedan hacer sobre el porqué del 15-M, hay un dato marcado en el calendario. Surge a raíz de la recesión económica de 2008 y del temor a que pudiese afectar a lo que hasta entonces se entendía como Estado del Bienestar. En nuestro país hay una fecha clara que tuvo efectos electorales directos en la política española: el 12 de mayo de 2010, el gobierno socialista de Rodríguez Zapatero anunció un traumático recorte del gasto social, exigido por la UE y las instituciones económicas internacionales, que permitió el triunfo del PP en las elecciones de 2011.

Hay quienes han comparado el 15-M con el mayo francés del 68, aunque el parecido es más por algunos tics propagandísticos imaginativos –como aquellas pancartas de «Se alquila esclavo económico» o, más castizamente, «No hay pan para tanto chorizo»– y una cierta espontaneidad inicial que luego fue reconducida por aquellos que se autoerigieron en «intérpretes» del movimiento, que por la huella cultural dejada. Había también un rechazo a la globalización, a cómo las nuevas tecnologías podían cambiar el mundo del trabajo y los servicios públicos, pero sobre todo introdujo una idea que ha resultado nefasta y ha marcado esta última década: aquel lema de «lo llaman democracia y no lo es». Después de todo, la gran acampada de la Puerta del Sol se produjo tras una manifestación convocada por un grupo denominado Democracia Real Ya. Partiendo, pues, de que vivíamos en una democracia irreal, se introdujeron conceptos como «régimen del 78», incluso «casta», y se difundió la idea de que la Transición fue un amaño de las oligarquías políticas y económicas.

Con ese mensaje inmaduro y manipulador –de la escuela populista que se abría paso–, se alzaron esos nuevos líderes que acabaron dando expresión política al 15-M. De los primeros pasos como movimiento de protesta que pide tener voz en un sistema globalizado donde las decisiones sobrepasan las instituciones locales, se pasó a Podemos, un partido que creció al calor de los «indignados», pero que en sí mismo representaba, ya no la vieja política, sino la política iliberal que rechazaba el «régimen del 78» y proponía un proceso constituyente cuyos referentes estaban en los regímenes bolivarianos, encabezado por Venezuela, y otras dictaduras aún más terribles.

No es extraño que aquellas protestas terminasen en los actos de «rodea el Congreso» y el «no nos representan» como expresión inequívoca de que su lucha no era por esta democracia real y, afortunadamente, imperfecta. Es paradójico que justo a los diez años de aquel mayo de 2011, ese partido sea el mayor enemigo de nuestro sistema de libertades. El 15-M, que pudo tener nobles objetivos en sus inicios, acabó siendo víctima de una izquierda totalitaria que ha envenenado la vida política española.

Sí nos representan
Las protestas agitaron el descrédito de políticos e instituciones: se abrió una brecha que ha cristalizado en el auge de la desafección y el populismo
Alejandra Clements. larazon 15 Mayo 2021

En el «¡No nos representan!» que se coreaba en Sol está esbozada gran parte de la última década de nuestro país. El manifiesto ¡Indignaos! de Stéphane Hessel, en el que se reivindicaban los principios de la Resistencia Francesa contra el nazismo, se convirtió en el armazón teórico que ensambló las protestas que durante la primavera y el verano de 2011 recorrieron calles y plazas de toda España, pero cuyo icono terminó siendo la céntrica plaza madrileña y su permanente acampada. Las imágenes de los jóvenes españoles reclamando su papel en la sociedad y exigiendo cambios en la forma de gestionar lo común dieron la vuelta al mundo y encontraron réplicas en otros países (como el Occupy Wall Street). Como si fuera una reedición del Mayo del 68 francés, algunos vieron una revolución en ciernes que actuaba como una especie de catarsis colectiva para exorcizar los males de una sociedad que sufría las consecuencias de la Gran Recesión y que reflejaba el hartazgo de una juventud que buscaba su espacio: se descubría a una generación desencantada que aspiraba a cambiarlo todo. Al margen del mito que rodea al 15-M, a esa interpretación más o menos romántica que algunos le han atribuido, o al legado de apertura del debate público que pudo tener, la realidad es que aquel movimiento impulsó otros cambios en el marco mental de la sociedad española que han ido desarrollándose a lo largo de los últimos años y cuyas peligrosas consecuencias aún perduran.

Democracia representativa
Al cansancio evidente por los recortes para superar la crisis económica, se sumó otro elemento que actuó de catalizador para empujar a los indignados: la corrupción. Por aquel entonces, los escándalos acaparaban portadas y abrían informativos casi a diario. Aunque venían de años anteriores, los del boom económico, salieron a la luz pública coincidiendo con las restricciones que afectaban de lleno a la vida de los ciudadanos y la combinación de esos dos factores precipitó el impacto de aquel enorme enfado social.

Los españoles dejaron atrás esa cierta permisividad de tiempos anteriores y se instalaron en el convencimiento de defender la importancia de la higiene en la gestión pública (que el dinero público no es que no sea de nadie, sino que es de todos). Y junto a este cambio de mentalidad colectiva, tan positivo, también se asentó la convicción de que la política estaba intrínsecamente ligada a la corrupción y empezó a romperse el principio básico de la democracia representativa: se hurtaba la legitimidad indiscutible de los servidores públicos. Algo que, en realidad, no sorprende demasiado si tenemos en cuenta que gran parte del ideario que tenía entonces el 15-M marcaba como sus principales enemigos al consumo en masa y a la sociedad capitalista (quizá nunca fue un movimiento tan transversal y neutro como algunos querían transmitir).

Al hacer desaparecer el valor de la representatividad de los cargos públicos se quebraba uno de los pilares fundamentales de la democracia. El respeto debido a los políticos y a su papel clave no es incompatible (de hecho, es muy compatible) con una férrea exigencia, pero eso se resquebrajó. De aquel movimiento en la calle, más o menos espontáneo, se dio paso a un tejido asociativo que años más tarde, en 2014, se condensó en la creación de un nuevo partido, Podemos, y de un concepto que nos ha acompañado desde entonces: la nueva política (aunque ni siquiera era un término nuevo: Ortega ya lo usó en una conferencia en 1944). Y esa nueva política lo inundó todo. Se hablaba de una Segunda Transición que aspiraba a reformar o a derribar la primera (la genuina), según el lado ideológico al que se mirara, y se cuestionaba el sistema del 78 emanado de la Constitución. Se estimuló un discurso que conectaba perfectamente con las emociones de una sociedad asfixiada en lo económico y profundamente decepcionada.

Las cicatrices públicas
La desafección de los ciudadanos con sus representantes y el descreimiento del valor de las instituciones fue cristalizando hasta convertirse en el eje de la conversación pública. Y así se ha ido construyendo en estos años una política que ha ido importando a España estilos y métodos muy conocidos en otros países, pero que aquí no se practicaban: los del populismo. Con sus soluciones rápidas y simples, critican y cuestionan la verdadera esencia de la política (entendida como mejora de la vida de los ciudadanos) y que es la única vía para la convivencia.

El espíritu contestatario y de protesta permanente se han calmado diez años después, pero han dejado cicatrices profundas que han cambiado el paradigma político aupando la desconfianza y generando todo tipo de monstruos populistas. Ahora que el bipartidismo avanza e intenta recuperar su espacio perdido, ahora que los principales protagonistas de la nueva política ya la han abandonado y ahora que la idea del cambio de ciclo sobrevuela (en distintos aspectos) la España de 2021, la sociedad debería intentar superar algunas de aquellas secuelas. Debería reconciliarse con la política y alejarse del tóxico reguero ideológico que abona el terreno a los populismos (de todos los signos e ideologías) y que se sustenta en el rechazo sistemático a sus representantes, obviando que el poder para elegirlos reside en los propios ciudadanos y que eso es, precisamente, lo que legitima la democracia. El legado antipolítica del 15-M debe dejar paso al «Sí nos representan». Aunque, eso sí, con la exigencia de que lo hagan bien.

Una estrategia para lograr el poder
«La masa» tomó las calles y «una izquierda huérfana aprovechó los resquicios para ocupar puestos». Intelectuales opinan sobre la trascendencia del movimiento
Susana Campo. larazon 15 Mayo 2021

Hace hoy diez años. Aquel 15 de mayo de 2011 miles de «indignados» salieron a las calles y tomaron las plazas para expresar su hartazgo de la clase política y los poderes económicos, España no parece hoy la misma. Han cambiado muchas cosas, aunque aquella movilización no llegara a ser finalmente la revolución que muchos esperaban. La «masa» –en palabras del filósofo Fernando Savater– tomó las calles. Estaban indignados por elegir gobiernos que estaban al servicio de los bancos y no del pueblo que les había votado; indignados por la corrupción endémica de los partidos; indignados porque no podían llegar a fin de mes. Vitoreando consignas como «no nos representan» o el clásico «esta crisis no la pagamos» que abanderó el movimiento desde su nacimiento, miles de persona acamparon durante semanas y protagonizaron grandes protestas que solo se habían visto en España en manifestaciones contra el terrorismo.

La principal consecuencia política del 15M fue la aparición de Podemos, un movimiento que se convirtió en partido y que aprovechó el clima de indignación para asaltar el Congreso de los Diputados. LA RAZÓN analiza con cuatro intelectuales el alcance del 15 M y sus consecuencias en su décimo aniversario.

Teresa Freixes, jurista española especialista en Derecho Constitucional, asegura que «sabemos en qué derivó», en referencia al clima de crispación que se asentó en el Congreso con la llegada de la nueva política. «Supuso una crítica política que no se hacía solo en España. Yo lo había visto en París, Berlin, Roma, en Londres... Con lo cual, aquello de que el 15M surge en la política española porque no se sabe lo que pasa, es falso . El 15 M responde a una iniciativa internacional. Yo (en aquel entonces la jurista realizaba muchos viajes por Europa) recuerdo como a muchos grupos me los iba encontrando en distintos lugares. Era una estrategia». Freixes es muy crítica con el 15M. Lo compara, en cierto modo, con otras tendencias o corrientes. «Tenía su lógica. Había caído el muro de Berlín, había desaparecido el referente del comunismo como algo en favor de la igualdad y el progreso. Intelectualmente, la izquierda estaba huérfana», explica. En su opinión, de alguna manera, «sin que podamos considerar que el 15M haya nutrido intelectualmente a la izquierda, sí que ha tenido su influencia en la formación de fuerzas políticas que vieron que podían aprovechar los resquicios para ir ocupando puestos en la vida política, social y económica.

Aquel mes de mayo marcó, de alguna forma, la vida de muchos ciudadanos. Las asambleas y los encuentros entre vecinos que se citaban en la calle para conversar y debatir sirvieron para crear lazos entre completos desconocido. Precisamente, el filósofo Fernando Savater se fija en este aspecto. «Yo creo que algo interesante del 15M –más allá de las utilizaciones interesadas– fue que una serie de gente se quiso reunir libremente. No para hablar de fútbol ni para hablar de ese tipo de cosas, que es para las que habitualmente se reúnen, sino para hablar de otros problemas como los políticos y los económicos», destaca. En su opinión, la gente también se dio cuenta de que hay problemas que son difíciles y para los que no es fácil encontrar una solución. «Pensar en los temas políticos, no simplemente bajo el prisma del blanco y negro y de los buenos y los malos, sino la materia misma de los problemas, yo creo que esa parte, sí que fue interesante en la medida en que a alguna gente le sirvió para reflexionar y para ser unos ciudadanos más conscientes».

Carta abierta sobre Gibraltar XV
Enrique Domínguez Martínez Campos. https://rebelionenlagranja.com 15 Mayo 2021

Queridos amigos:

La actuación de los gobiernos de España relación con la humillación que supone mantener en nuestro suelo la única colonia que existe en la UE, no tiene parangón en ningún otro país de los 27 que forman esa Unión. Estoy de acuerdo con el exministro García Margallo –aunque él tampoco actuó de forma contundente para encauzar el problema como debiera- en que “Gibraltar es un síntoma de la debilidad de España”.

Sigo tomando notas para tratar de contribuir a que los españoles puedan saber en qué puede quedar ese Acuerdo entre la UE y GB después del famoso Brexit. Me temo que, de acuerdo con las partes, España no va a lograr ni a medio ni a largo plazo lo que debiera haber conseguido hace algunas décadas: su integridad territorial.

Hay que recordar que durante la Transición –antes de que el PSOE alcanzara el poder en 1982-, políticos españoles decían que para que España entrara en la OTAN debían cumplirse tres condiciones: no entrar en su estructura militar (un completo absurdo), la desnuclearización de España (tema controvertido en plena Guerra Fría) y la recuperación de la soberanía española sobre Gibraltar.

Sobre este último tema ya se encargó el PSOE de F. González y luego el de R. Zapatero de olvidarse de esa lógica y justa reivindicación. Es más, lo que consiguieron fue dar alas a Gibraltar para humillarnos más aún ante GB, sobre todo el ministro Moratinos.

Omitir la exigencia de nuestra soberanía sobre el Peñón continuó con el exministro del PP Alfonso Dastis quien, de acuerdo con Soraya Sáenz de Santamaría, no planteó la cuestión de la soberanía para aprovechar la oportunidad del Brexit.

La actual ministra de Exteriores, González Laya, no cesa de proclamar que la política exterior española debe basarse en el multilateralismo, los derechos humanos, el feminismo y el buen rollito. ¿Los intereses nacionales, la integridad territorial española, la defensa de nuestras fronteras ante las invasiones africanas programadas…? Eso es lo antiguo, lo arcaico, lo que no tiene sentido.

Que Gibraltar, una parte de España, tenga la tercera renta per cápita más alta del mundo (92.000 euros/año/habitante) frente a la de la Línea (22.000 euros/año/habitante) no parece tener importancia, siendo la mayor diferencia que existe en el mundo en una zona separada por una Verja. ¿Es admisible esta humillación? Con el cuento de la “prosperidad compartida”, ¿no va a tener Gibraltar más oportunidades para colonizar amplias zonas del Campo de Gibraltar? ¿Es eso lo que quieren los españoles?

La Cámara de los Lores británica, sí. El acuerdo-marzo firmado el 31 de diciembre pasado entre España y GB es para ellos sólo provisional. Lo que les interesa es el Tratado con la UE sobre Gibraltar. Y aquella Cámara lo tiene claro:

-Mantener la fluidez de paso por la Verja (punto esencial para GB para el mantenimiento de la colonia y su expansión económica y política).

-Mantenimiento del estrecho vínculo entre GB y Gibraltar.

-El deber moral del gobierno de GB es defender y representar los intereses de Gibraltar ante la UE. INTERESES, no pamplinas ni buen rollito.

Y la política exterior británica también. El 29 de marzo pasado estuvo en Gibraltar el ministro de Exteriores británico, Dominic Raab, para “mantener conversaciones con el líder del territorio británico (el alcalde de Gibraltar), sobre la consecución de un Tratado postBrexit con la UE”. También estuvo en la reunión el embajador de GB en España, Hugh Elliott. Dijo el señor Raab: “Nos comprometemos a lograr un Tratado que salvaguarde la soberanía de GB sobre Gibraltar y apoyar la prosperidad tanto de Gibraltar como de la región circundante”. Es decir, lo primero la soberanía. Después, la ampliación de la zona a colonizar. Al revés que España, cuyo gobierno ha decidido empezar por lo secundario para olvidarse de lo esencial.

Para rematar la faena, en una declaración oficial los reunidos añadieron: “La identidad británica de Gibraltar y la soberanía del Reino Unido deben ser preservadas… El Reino Unido apoyará plenamente a Gibraltar, a su gente y a su economía en cualquier escenario”. ¿Queda claro? Pues al gobierno sanchista parece no inquietarle, ni molestarle, ni indignarle semejante altivez y prepotencia británicas.

Sólo se atrevió a señalar que la negociación del futuro Tratado será “una negociación entre iguales”, esto es, UE y España por un lado y GB por otro. En su comunicado Exteriores añadió que “cabe recordar que Gibraltar es un territorio no autónomo sujeto a descolonización” y así figura en la lista de territorios no autónomos de la ONU. Por ello, España tendría capacidad de veto en el Tratado sobre Gibraltar entre la UE y GB. Estupendo.

Pero lo cierto es que España ha aparcado el asunto de la soberanía sobre el Peñón. De ahí la altanería y prepotencia británicas. Por eso GB sigue afianzando su permanencia en Gibraltar. Por eso los colaboracionistas españoles se frotan las manos. Por eso, a pesar de todos los vetos, España desea un Tratado esperando una “prosperidad compartida” , una limosna que, ojalá me equivoque, facilite la expansión colonialista gibraltareña en el Campo de Gibraltar.

El 2 de abril, en “ABC”, José María Carrascal –uno de los pocos españoles a los que les duele la humillación de Gibraltar- comentaba que GB le ha ido robando a España, repito robando, territorios anejos a la ciudad y al puerto de Gibraltar que no estaban incluidos en el Tratado de Utrecht de 1713. Y su única esperanza es que la UE no está dispuesta a mantener en su territorio una colonia británica después del Brexit. Creo que Carrascal peca de optimista.

Más adelante, en otro artículo de “ABC”, Carrascal niega que el tema de Gibraltar sea una especie de reliquia del pasado. Tiene razón. El tema sigue estando de plena actualidad en la ONU. Todos los años su Cuarta Comisión revisa la lista de los territorios del mundo aún no descolonizados, entre ellos Gibraltar. Y esto se debe al éxito de la diplomacia española en 1967, cuando la Asamblea General votó a favor de “una situación en la que, considerando que toda situación colonial que destruye total o parcialmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país, es incompatible con los principios y propósitos de la Carta de Naciones Unidas”. Por eso, para Carrascal, “el acuerdo al que llegaron Londres y Madrid sobre el futuro de Gibraltar (el día de Nochevieja pasado) podría haber sido redactado por su alcalde, Fabián Picardo”, debido a que la colonia conserva todos los privilegios otorgado por GB y, encima, gana los que pueda ofrecerle la UE.

Otro periodista, Alberto Rojas en “El Mundo”, destacaba hace unos días que la población gibraltareña estaba ya vacunada en un 92% contra la peste china. Al lado, en La Línea, la incidencia de la cuarta ola de esta pandemia sigue al alza. Así, mientras en el Peñón se abren comercios, bares, negocios y llega el turismo, en La Línea han quebrado o están a punto de hacerlo todas las pequeñas empresas. A la gente allí sólo le quedan dos salidas: o irse a currar a Gibraltar o al narcotráfico. La diferencia económica entre una zona y otra es desoladora. “Aquí (en La Línea) ya se alija el hachís hasta de día, a plena luz”. ¿Quién va a colonizar a quién? Por eso es preciso actuar de forma contundente para evitar que la base militar de Gibraltar siga creciendo mientras que todo su entorno vaya deprimiéndose cada vez más.

El 4 de abril, Domingo de Resurrección, llegó al puerto de Gibraltar un buque de la Royal Navy, el “HMS Trident”, que tendrá como base permanente ese puerto. Es la primera vez, en más de 30 años, que un buque de esas características tiene por base permanente a Gibraltar. Buque patrulla de alta mar, de 90 metros de eslora, con una tripulación de unos 150 marineros. Su estancia se debe “a la revisión de la política de Defensa de GB”. El comodoro Steve Dainton agregó que “se trata de una demostración del compromiso a largo plazo del ministerio de Defensa con el desarrollo de Gibraltar como nodo estratégico mundial”. Ahí radica el interés fundamental de GB. Y seguro que, también, de EEUU.

El 6 de abril el periodista Andrés Rojo en “La Razón” comentaba: “De todos es conocido el constante goteo de incidentes marítimos entre embarcaciones británicas y españolas en las aguas de soberanía española que rodean el Peñón…”. Recuerda Rojo que sólo fueron cedidas a GB las interiores del puerto de Gibraltar.

Me alegra comprobar que cada vez son más los españoles que se ocupan de la colonia gibraltareña. Catedráticos, economistas, militares, periodistas… ¿Se estará despertando, poco a poco, el sentido de la crítica, la dignidad en muchas personas que entendemos el pasotismo de otras muchas sobre la integridad territorial de España? Y, mucho menos, la de la sumisión y contento de este gobierno socialcomunista y de todos los colaboracionistas españoles que desean que Gibraltar siga siendo lo que es.

Por cierto, estos últimos no dejan de llamar “patrioteros” a quienes nos duele la humillación de Gibraltar. Y también “elementos ultras, que se gozan con subir de estraperlo al Peñón a izar la bandera española para presumir de su hazaña”. Esto lo dice un tal José Luis Yagüe en una revista llamada “La Tribuna Hoy”. Aquí “hay gente p’a too”, como decía aquél.

Con estos mimbres, a mediados de abril seguimos a la espera del Acuerdo o Tratado entre la UE y GB sobre Gibraltar. Con España de espectadora, con mucho veto pero sin molestar ni irritar a GB. Para, así, facilitar el enriquecimiento de los hombres de negocios a uno y otro lado de la Verja, aumentar la colonización de Gibraltar hacia el norte y satisfaciendo a los colaboracionistas, bien tratados y bien alimentados por el lobby gibraltareño que se encarga de tenerlos contentos.

Un éxito monumental más de la política exterior de este gobierno socialcomunista, único en el mundo de la UE y prácticamente satélite del Foro de Sao Paulo iberoamericano, al parecer.

Un fuerte abrazo,
Enrique Domínguez Martínez Campos
Coronel de Infantería DEM (R)


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¿Por qué no te aprietas el cinturón tú, Sántxez?
Eduardo Inda. larazon 15 Mayo 2021

Que con menos impuestos se ingresa más lo teorizó Arthur Laffer en la celebérrima servilleta que garabateó a Cheney en 1976. Sensu contrario, el genio de Ohio demostró que hay un momento en el cual las subidas de impuestos provocan un desplome de la recaudación porque el contribuyente opta por el fraude, por no gastar o por un subsidio que compensa más que currar. Las rebajas de impuestos de Reagan y Thatcher provocaron el mayor crecimiento de sus respectivas economías de los últimos 60 años. Algo parecido a lo que ejecutó el PP con Aznar y a la receta aplicada por el segundo Rajoy, una senda virtuosa invertida desde la llegada de Sántxez a Moncloa. Pero seguramente fue la liberal Esperanza Aguirre la que mejor entendió la Curva de Laffer. Y la aplicó recortando el tramo autonómico del IRPF y eliminando esa doble imposición que es el tributo sobre el Patrimonio o las Donaciones o la triple que constituye ese gravamen a los muertos mal llamado de Sucesiones.

Resulta ocioso, pues, explicar por qué la confiscadora izquierda hunde la economía cada vez que gobierna y por qué el PP la recupera cuando es su turno. Sántxez va camino de hundir la riqueza nacional más aún que el inútil de Zapatero. Ahora el remedio contra la crisis pasa por un subidón fiscal de 78.518 millones. La excusa de mal pagador es que la brecha fiscal de España con el resto de la UE es de siete puntos. Un engaño como la copa de un pino por cuanto en nuestro país la economía sumergida es un 65% superior a la media europea. Sea como fuere, Sántxez se va a cargar definitivamente la economía en general y a la clase media en particular.

Porque a los Amancios Ortegas de la vida estas cuitas les importan un pepino: aprietan un botón y en un segundo ponen toda su fortuna a buen recaudo en el paraíso fiscal de turno. Nos vamos a enterar de lo que vale un peine; habrá impuestazo al diésel, que astillarán los propietarios de los 13 millones de vehículos de este tipo. También encarecerán el coste de la matriculación de coches y de los billetes de avión, nos cobrarán por circular por las autovías por primera vez en 40 años, dispararán el IVA reducido y el hiperreducido (el de los alimentos) y el impuesto de sociedades y, en el colmo de la golfería, se cargarán la autonomía fiscal de las comunidades resucitando un Impuesto sobre el Patrimonio abolido por confiscatorio en toda Europa, Sucesiones y Donaciones.

Eso sí, los chiringuitos, los coches oficiales, los 22 ministerios (Rajoy tenía 13), la pasta para comprar a los independentistas catalanes y para contentar a los bilduetarras no se toca. Lo de los peajes en las autovías se pagaría en un pispás aboliendo el Ministerio de Irene Montero, que emplea sus 451 millones en peligrosas chorradas como convencer a los niños de que son niñas y viceversa, cerrando RTVE (otros 473), eliminando la publicidad institucional (100 kilos más) o cortando el grifo del rescate a la chavista aerolínea Plus Ultra. No sólo nos robarán sino que, además, con este saqueo se cargarán la economía para décadas. La pregunta a Falconetti es perogrullesca; ¿por qué no te aprietas el cinturón tú en lugar de asfixiarnos a los demás?

La hora del desengaño
Eduardo Goligorsky. Libertad Digital 15 Mayo 2021

En Cataluña también puede triunfar, como en Madrid y mañana en toda España, por la voluntad de sus ciudadanos, la consigna de "Libertad".

Formulo una pregunta que, a primera vista, y a esta altura de los acontecimientos, puede tacharse de ingenua o incluso estúpida: ¿por qué todavía una minoría de ciudadanos catalanes –que solo representan el 26 por ciento del censo electoral–, ya sean estudiantes, trabajadores, autónomos o empresarios, que no dependen para su subsistencia de las canonjías, favores o subvenciones del entramado oficialista, dedican parte de su tiempo y sus energías a una quimera tan ajena a sus intereses vitales y a la realidad circundante, y que no les reportará ningún beneficio material o moral, como lo es la independencia de una porción de territorio a la que algunos chamanes atribuyen valores impalpables rayanos en el esoterismo? Una quimera, además, preñada de antecedentes ruinosos y de peligros latentes.

Apestan a racismo
Es conocida la respuesta a esta pregunta, y por eso la he calificado de antemano como ingenua o estúpida. Los susodichos chamanes han lavado el cerebro del ciudadano medio catalán desde el parvulario con versiones tergiversadas de la historia que no resisten la investigación académica, con acusaciones de depredación económica que chocan con la evidencia de una riqueza que se remonta a los privilegios del proteccionismo gubernamental, y con apelaciones a raíces milenarias y peculiaridades lingüísticas que apestan a racismo y se contradicen con el mestizaje y el cosmopolitismo de una sociedad abierta, de acogida. Sociedad a la que, afortunadamente, es leal el otro 74 por ciento del censo electoral.

La campaña de adoctrinamiento que desemboca en esta anomalía está impregnada de odio al Estado de Derecho, a la Constitución del 78 y a la Monarquía parlamentaria. Y en el plano local, rezuma odio al nou vingut, al recién llegado, al diferente. Odio que se transforma en autoodio cuando algunos hijos de esos recién llegados reniegan de su pasado colectivo y se convierten en rufianes que actúan con el fanatismo de los conversos.

Pero la casta supremacista desprecia a los advenedizos y hace valer su abolengo cuando llega la hora de ocupar los puestos de mando. Basta hacer un repaso de las listas de gobernantes, funcionarios, parlamentarios y concejales que monopolizan las instituciones. Allí imperan los apellidos de las 400 familias autóctonas de cuyo poder se jactó uno de sus miembros, el hoy preso por delitos económicos Félix Millet. Todos portadores del odio congénito.

Caníbales voraces
El odio que acumulan estos prebostes es de tanta magnitud que sus sobrantes los derraman a raudales en las riñas que los enfrentan entre sí cuando se disputan parcelas del presupuesto de la Generalitat y de los fondos de recuperación. El escandalizado Francesc-Marc Álvaro los pone en la picota, harto de sus grescas fratricidas ("Andreotti en Waterloo", LV, 10/5): "No se trata de simple desconfianza entre socios: es canibalismo".

Este es el trance en que el ciudadano medio catalán debería despertar de su ensoñación inducida. Entonces vería que la carcundia que lo ha timado está compuesta por tribus variopintas de caníbales voraces, como lo atestigua Álvaro, que ciertamente conoce el paño.

El reparto del botín, con profusión de puñaladas traperas, se ha desarrollado en el escenario donde circunstancialmente negocian los capos mafiosos: el locutorio de una cárcel de cinco estrellas colocada, aquí, bajo la complaciente supervisión de la Generalitat. En este caso, los protagonistas, Jordi Sànchez (en representación del prófugo Carles Puigdemont) y el cenobita Oriol Junqueras, están purgando, con sentencia firme, sus delitos de sedición, malversación y desobediencia. Enzarzados en una guerra sin cuartel entre ellos para expoliar en beneficio propio su republiqueta de chichinabo y hermanados únicamente por el odio congénito a la patria común.

Al cónclave han asistido otros cofrades que están en libertad, entre los que sobresale el presidente en funciones de la Generalitat y aspirante al título de presidente efectivo Pere Aragonès, favorito de los pragmáticos y ninguneado por los ortodoxos. Así lo presenta el director del diario de la dinastía Godó (Jordi Juan, "El president ninguneado", LV, 2/5): "Incluso en el caso de que se llegase a un acuerdo, Aragonès ya sufre el desgaste del menosprecio de Junts. Ha sido un candidato ninguneado y puede acabar siendo un president ninguneado". Toma castaña.

Caciques hiperventilados
A los estrategas del "Hoy paciencia, mañana independencia" les resulta difícil meter en vereda a sus caciques hiperventilados. El 2 de abril escribió el editorialista del vocero de las 400 familias, citando un texto suyo, premonitorio, del 28 de febrero: "Esperar hasta el último minuto para cerrar la formación del nuevo Ejecutivo catalán y los apoyos a la investidura sería jugar con fuego". Y añadía: "El problema es la atroz desconfianza entre los mismos partidos que han integrado el Govern presidido por Quim Torra, marcado por la falta de impulso y cohesión". Un esperpento, en síntesis.

Sintomáticamente, estos estrategas trapaceros muestran la hilacha en dos editoriales consecutivos (LV, 1 y 2/5), el primero de ellos titulado "Acelerar los indultos":

Los condenados en el juicio por el procés llevan tres años en prisión. Y el llamado conflicto catalán sigue causando estragos en nuestra sociedad. Urge avanzar para resolverlo. Y un indulto constituiría un paso al frente en esa dirección. Cuanto antes, mejor.

Esto, a pesar de que, según confiesa el editorialista:
Como es fácilmente comprensible, las reiteradas soflamas de algunos líderes independentistas, afirmando que volverían a hacer lo que hicieron, pueden quizá cohesionar a sus seguidores, pero sin duda indisponen a los jueces y constituyen un obstáculo para los gestos de concordia que pueda tener el Gobierno.

¿Indulto, amnistía? Ja, ja, ja. Son los puigdemontistas quienes corean, frente a la sede de ERC, en Barcelona: "Junqueras, traidor, púdrete en prisión" (LV, 11/5). Lo dice el JxCat, no Vox.

En Cataluña como en Madrid
Esta reseña confirma que lo que urge no es insuflar más aire a los hiperventilados mediante indultos, amnistías, revisiones del Código Penal, mesas de diálogo o refuerzos para sus malversaciones crónicas, sino sofocar sus emanaciones de odio con todas las medidas que contempla el sistema legal. Si quieren seguir desahogando el odio acumulado, que continúen haciéndolo recíprocamente en sus interminables torneos de rapiña entre hampones mal avenidos. Hasta que los ciudadanos catalanes que les otorgaron su confianza, desengañados tras comprobar que a estos fariseos solo los mueven apetitos insaciables, ajenos a toda motivación patriótica, los depositen por abrumadora mayoría en la pocilga de la historia con el repudio que merecen.

En Cataluña también puede triunfar, como en Madrid y mañana en toda España, por la voluntad de sus ciudadanos, la consigna de "Libertad".

2011-2021, del cambio a la frustración
La gran decepción
Tras un trienio de movilizaciones que amenazaron el statu quo y tres olas de intento de canalización política, el 15-M cierra un ciclo, diez años después, con tintes de restauración
Iván Gil. elconfidencial 15 Mayo 2021

4 de diciembre de 2018 a las 19:00 horas. Puerta del Sol. El Ayuntamiento de Madrid, encabezado por su entonces alcaldesa, Manuela Carmena, inaugura una placa conmemorativa con la inscripción 'El pueblo de Madrid, en reconocimiento al movimiento 15-M que tuvo su origen en esta Puerta del Sol. Dormíamos, despertamos'. A unos metros de distancia, algunos activistas que participaron en aquellas movilizaciones corean “nada que celebrar si hay detenidos por luchar”, en referencia a los detenidos en la manifestación del 15-M en Madrid que todavía estaban pendientes de juicio acusados de desórdenes públicos. Políticos que se decían herederos del 15-M a un lado, protagonistas de aquel movimiento al otro. Los primeros celebrando a modo de reapropiación, los segundos afeándoselo.

El 15-M, como otros hitos de movilizaciones históricas previas, del mayo del 68 a las primaveras árabes, se decía irrepresentable, y cuando surgieron nuevas ofertas políticas que lo intentaron capitalizar fueron efímeras en sus expectativas, acabaron absorbidas dentro del sistema o contrarrestadas por movimientos reactivos. Diez días antes del décimo aniversario del 15-M, tras las elecciones en Madrid, en un grupo de WhatsApp surgido de una asamblea de barrio de aquel movimiento, uno de sus integrantes reflexionaba a modo de epílogo: "Solo hace 10 años que el 15-M nos unió y pensamos que todo era posible.... y vaya si han reaccionado".
placeholder Pancarta por la libertad de los detenidos del 15-M, en diciembre de 2018. (Getty: Lito Lizana)
Pancarta por la libertad de los detenidos del 15-M, en diciembre de 2018. (Getty: Lito Lizana)

En abril de 2011 nada hacía presagiar que el bipartidismo imperfecto pudiese eclosionar para dar paso a un sistema multipartidista. Menos todavía que nuevos partidos amenazasen la hegemonía de las dos grandes actores políticos desde la vuelta de la democracia o que se acelerasen recambios generacionales en buena parte de las estructuras de poder, además de en la monarquía. En el CIS previo a la ola de indignación popular que estalló hace ahora una década, con una amalgama de protestas intermitentes en el trienio 2011-2014 caracterizadas por el cuestionamiento de las élites gobernantes, PSOE y PP sumaban el 77,2% de la intención de voto. IU se situaba en un testimonial 5,2% y UPyD y CIU en el 3,5%.

El CIS del pasado mes de abril volvió a situar la suma de los dos grandes partidos por encima de la barrera del 50%, mientras que las dos últimas encuestas publicadas tras las elecciones del 4-M (Sigma dos para 'El Mundo' y 'NC Report' para 'La Razón'), lo sitúan en el 55,9% y el 53%. Del bipartidismo imperfecto, apoyado en minorías nacionalistas, se ha pasado al bipartidismo con extremos, con Podemos y Vox a cada lado del tablero y sin opciones de ocupar su centralidad.

Entre medias, las movilizaciones “sin siglas ni banderas” se canalizaron políticamente poniendo en solfa el statu quo y abriendo una fase de inestabilidad en el sistema político. Podemos se situó como primera fuerza en intención directa de voto en el CIS de noviembre de 2014, coincidiendo con su asamblea constituyente, irrumpió un movimiento municipalista llevando a las alcaldías de las grandes ciudades a plataformas ciudadanas referenciadas en el 15-M, se produjo la abdicación del rey Juan Carlos I y una moción de censura que descabalgó a Mariano Rajoy de la presidencia del Gobierno. De los vientos de ruptura a la restauración con leves concesiones lampedusianas.

“Hay un orden que sucumbe, pero no uno alternativo que lo sustituya. Hubo un momento de expectativa, de que se podía generar una alternativa, entre 2014 y 2016, pero fracasó”, concluye la politóloga y cofundadora de Podemos, Carolina Bescansa. El también cofundador del partido morado, activo participante en el 15-M y actualmente europarlamentario, Miguel Urbán, habla directamente de “cierre de ciclo” y le pone fecha: “La entrada de Unidas Podemos en el Gobierno”. “Del ‘PSOE y PP la misma mierda es’”, dice parafraseando uno de los lemas más repetidos en aquellas protestas, “a gobernar subordinados a ellos”.
placeholder Podemos anuncia que se presenta a las Elecciones Europeas de 2014. (Reuters: Andrea Comas)
Podemos anuncia que se presenta a las Elecciones Europeas de 2014. (Reuters: Andrea Comas)

El politólogo Pablo Simón, quien también participó de este movimiento en sus primeros compases en las plazas, mira más allá de la traducción política del 15-M, rechazando además que Podemos sea su consecuencia directa. Remarca así la capacidad que tuvo para condicionar la agenda introduciendo nuevas demandas sociales, especialmente la corrupción. Con todo, a modo de balance, entiende que “la polarización y el bibloquismo han roto la posibilidad de reformas que se abrió en el periodo 2014-2019”.

Una época en la que los nuevos partidos compartían elementos de regeneración, y pone como ejemplo un debate cara a cara entre Pablo Iglesias y Albert Rivera en 2015. El debate en el bar del Tío Cuco. “Parecía que se podían poner de acuerdo en muchas cosas, que era posible un efecto reformista, pero esa magia se rompió, se aterrizó en prácticas de bibloquismo”, concluye para enumerar como varios de los consensos del 15-M que se metieron en la agenda han quedado sin atender, como la reforma del sistema electoral o las propuestas sobre una banca pública o mayor separación de poderes.
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El 22 de mayo de 2011 en Sol, Madrid. (Getty: David Ramos)

En el CIS previo al 15-M, los encuestados señalan como los principales problemas del país, por este orden, el paro, los problemas de índole económica y la “la clase política, los partidos políticos”. “No somos mercancía en manos de políticos y banqueros” fue uno de los principales lemas del movimiento, y esa desafección se asociaba en buena medida a la corrupción. Así, el barómetro recogía que en una escala de 0 a 10, donde el 0 significa no estar 'nada implicado en casos de corrupción' y el 10 estar 'muy implicado en casos de corrupción', el 22,2% colocaba al PP en el 10 y el 14,5% al PSOE. (a la Ciu del 3% el 8%).

En total, el 74,8% suspendía en corrupción a los socialistas y el 77,4% a los populares. En el barómetro del CIS del pasado mes de abril, el orden de los problemas señalado por los españoles no variaba al de hace diez años, con la introducción de la pandemia: crisis económica en primer lugar, seguido del coronavirus, paro y problemas políticos en general.

En la batalla cultural abierta por el 15-M también se presentan síntomas de restauración. De “contraola”, en palabras de Bescansa, “como consecuencia del fracaso de la primera propuesta de cambio alternativo”, en referencia al fallido sorpasso en la repetición electoral de 2016 y el posterior abandono de la transversalidad para pasar del "ni de izquierdas ni de derechas" a plegarse a la identidad clásica de IU. Una contraola que, dice, “no nos acerca a la estabilización, no va a venir para generar un proceso de integración, sino que va a convulsionar aún más”. Para Urbán, “si bien las diferentes crisis que abrieron la ventana de oportunidad para el surgimiento del 15-M siguen ahí o incluso se han agrandado, el sentido común construido durante el 15-M está en franco retroceso desde hace tiempo, buena prueba de ello es el dinamismo de la ola reaccionaria que expresa desde Vox a Ayuso”.
placeholder Manifestantes del 15-M duermen en Sol en mayo de 2011. (Getty: David Ramos)
Manifestantes del 15-M duermen en Sol en mayo de 2011. (Getty: David Ramos)

El cierre de ciclo del 15-M tiene tintes de gran decepción, pero como todos los hitos de movilizaciones históricas, como mayo del 68 o la primavera árabe, deja otros posos más allá de las lecturas centradas solamente en sus resultados, como el de una ciudadanía activa, que se levanta ante lo que considera excesos y sitúa sus demandas en la agenda política. Sus reivindicaciones siguen vigentes, de las derrotas surgen aprendizajes y más allá de los hitos concretos, es preciso hace una lectura por olas o ciclos, pues la historia no se para y el 15-M habría sido solo una batalla dentro una guerra permanente. Aquello del "vamos despacio porque vamos lejos".

Primera ola: la Syriza gallega
Tras el primer ciclo de movilizaciones, Xosé Manuel Beiras fue el primer político en dar con la tecla para canalizar en las instituciones el 15-M. El verdadero ‘big bang’ debe buscarse en tierras gallegas. En el verano de 2012, el dirigente histórico del nacionalismo gallego rompía definitivamente con el entonces anquilosado Bloque Nacionalista Galego (BNG), tras haber sido el presidente de su Consejo Nacional, su portavoz en el Parlamento de Galicia y su candidato a la Presidencia de la Xunta de Galicia. Tras su abandono de las filas que había dirigido y representado largo tiempo, inmediatamente sentó las bases de un proyecto político, la coalición Alternativa Galega de Esquerdas (AGE), que construyó con la colaboración de la entonces coordinadora de IU en Galicia y hoy vicepresidenta tercera del Gobierno, Yolanda Díaz.

Bautizada coloquialmente como ‘la Syriza gallega’, fue el movimiento que inspiraría un par de años después el nacimiento de Podemos. Pablo Iglesias, que contribuyó a su éxito electoral en las autonómicas como asesor de campaña, conoció muy en profundidad el nacimiento de la Alternativa Galega de Esquerdas, su gestación y desarrollo. “La experiencia de AGE es una de las que más me marcaron y me ha hecho creer que lo de Podemos puede funcionar porque, independientemente de que esté protagonizado por figuras que venían de estructuras políticas tradicionales, entendieron que había cosas que habían cambiado. También que había que apelar a otros sujetos que permitieran la ruptura del régimen y la experimentación de formas políticas totalmente nuevas”, explicaba a la prensa, preguntado por esta cuestión, antes de celebrar un acto de campaña para las europeas en Galicia ya como cabeza de lista de su nuevo partido.

Entre quienes decidieron volar con Beiras, además de Díaz, tuvieron también un papel protagonista la sindicalista agraria Lidia Senra, posteriormente eurodiputada que compartió grupo parlamentario con Podemos, y Martiño Noriega, quien se convertiría en uno de los “alcaldes del cambio” como regidor de Santiago de Compostela. Beiras estaba convencido del advenimiento de la denominada "nueva política", un nuevo contexto que leía en los cambios sociológicos desde el inicio de la crisis y, principalmente, en la irrupción del movimiento 15-M. Anova y posteriormente la coalición AGE nació así con la vocación de convertirse en la herramienta política de la ciudadanía y las organizaciones sociales gallegas que habían salido a la calle al calor del 15-M.

“Beiras fue en las últimas elecciones el candidato más joven, paradójicamente. Fue el que mejor entendió cómo estaba cambiando la política, no solo por cuestión de alianzas, sino porque sabía que podía generar una nueva política apelando a elementos nuevos que entendían que el régimen del 78, el de la Transición, estaba caduco”, reconocería posteriormente Iglesias.

La voluntad de crear una suerte de frente popular, dejando a un lado la división de la izquierda respecto al planteamiento de la cuestión nacionalista, llevó a Beiras a buscar la alianza con Esquerda Unida (EU), liderada por Yolanda Díaz, próxima en aquel momento al sector de Izquierda Unida que luego fundaría Podemos y compañera de los tiempos de Juventudes Comunistas de Pablo Iglesias. El resultado fue la coalición AGE, en la que además de Anova y EU -sin representación en O Hórreo, el Parlamento gallego, desde 1982-, se sumaron Equo y Espazo Ecosocialista. La antesala que propició las condiciones necesarias para el surgimiento de las plataformas municipalistas llamadas "Mareas" en Galicia y "Ganemos" en el resto del Estado.

El coportavoz de Anova, Martiño Noriega, definía así a la formación, en un artículo publicado en Sin Permiso, que no deja lugar a dudas sobre la intertextualidad con Podemos y las plataformas municipalistas: “No tenemos nada, pero podemos tenerlo todo. Anova es una organización que ha decidido ser coherente con el reto marcado hace dos años [el 15-M]. Una organización con un discurso identificado, sin deuda bancaria, con un claro relevo generacional y con un importante capital simbólico ciudadano en cuanto a sus referentes. Una organización que apuesta con todas sus contradicciones por explorar la nueva cultura política y por participar en la acumulación de fuerzas para hacer frente a la bestia, en un proceso que no espera por nadie y donde Galiza como nación, corre el riesgo de quedar excluida. Si nosotros no somos capaces de hacerlo, otras lo harán”.

Pablo Iglesias aportó el argumentario a Yolanda Díaz, tanto a nivel del discurso como en lo referente a las formas de la "nueva política". Con la perspectiva del tiempo, la líder gallega de Izquierda Unida afirmó que Iglesias “incidió principalmente en nuestro discurso, y la grandeza de AGE fue precisamente eso. Su papel también fue fundamental en la estrategia comunicativa, porque el discurso por sí solo no es suficiente si no se sabe comunicar, y la riqueza de Pablo es que sabe cómo comunicar de un modo diferente al habitual, de forma directa y clara, para que se sea entendido por todo el mundo. La gente lo escuchaba y se identificaba rápidamente con nosotros. Tuve mucha suerte de tenerlo como asesor, además de amigo”.

Los discursos de campaña de la entonces número dos de Beiras, Yolanda Díaz, incidían constantemente en conceptos como “emergencia social”, “ilusión”, “combatir la troika” o “disputar el poder”, vocablos todos ellos recuperados más tarde por Podemos. Y es que los discursos que verbalizada Díaz desde el atril eran plenamente los de la "La Tuerka". Pero no sólo los discursos. También parte de la imagen, del modo con el que se envolvía el mensaje. Así, Iglesias fue quien decidió que la número dos de AGE saliese en el cartel electoral con su hija pequeña en brazos, para representar que se trataba del “partido de la gente común”.

El anuncio del adelanto electoral de las autonómicas gallegas, a octubre de 2012, cogió a AGE en pañales, sin apenas tiempo de organizarse. Pero no por ello se apearon de sus objetivos. De inmediato, Iglesias interrumpió todo lo que llevaba entre manos para desplazarse a Galicia tras recibir la llamada de Díaz y el beneplácito de la cúpula de Izquierda Unida, de la que un año antes ya había sido asesor de cabecera. En su maleta llevaba los "marcos discursivos" ensayados por La Promotora, la asociación universitaria que sería el germen de Podemos, y que por primera vez se iban a poner a disposición de un partido político de nuevo cuño, casto, sin interferencias de lo viejo ni vicios adquiridos.

Los resultados electorales fueron un éxito sin precedentes. Un partido con apenas un mes de vida había conseguido colarse en el Parlamento gallego con nueve diputados y situándose como la segunda fuerza más votada en A Coruña, Santiago de Compostela y otra veintena de ayuntamientos. “La señal de que las cosas eran posibles”, resumió Iglesias. El éxito electoral de una formación recién nacida fue la constatación palpable de que había espacio para superar el bipartidismo, para batir los reductos de la izquierda más radical, aunque “el centralismo arrogante español haga que se mire con desdén, o que directamente no se mire, lo que ocurre en otros lugares de España”, añadía Iglesias en aquellas fechas. “Yo no me cansé de repetir cada vez que tuve ocasión, en mis análisis y artículos, que lo que había ocurrido en Galicia era la señal de que las cosas (en el resto de España) eran posibles”.

La propia Carolina Bescansa argumentó que el éxito de AGE y otras iniciativas en el resto del país ponían de manifiesto que sí era posible alterar el status quo del sistema de partidos, que hasta entonces parecía inamovible. “En ese sentido sí, ese movimiento y otros pusieron sobre el tapete que los cambios eran posibles y que, por lo tanto, lo que había que hacer era impulsar una nueva opción”. El asalto institucional de AGE en Galicia convenció a los promotores de Podemos de la ventana de oportunidad abierta para dar forma a “nuevas herramientas políticas” con el objetivo de “disputar el poder”, es decir, con opciones verdaderamente posibles de conseguir el gobierno. Habían acertado en el diagnóstico, y las soluciones propuestas lograron rebasar las expectativas.

La experiencia de Iglesias en Galicia fue una revelación extraordinariamente esclarecedora para él. Fue su campo de pruebas, donde pudo asesorar desde el principio. Sin esta experiencia previa no se hubiese transitado por los mismos derroteros. Y la influencia del líder de Anova fue determinante en este sentido. “Beiras es un monstruo. Es el político vivo que más admiro junto a Julio Anguita. Sin Beiras seguramente no habría sido posible Podemos”, llegó a asegurar Iglesias con el paso del tiempo.

Segunda ola: la apuesta municipalista
El apartidismo fue una de las señas de identidad del 15-M durante sus inicios. El “no nos representan” fue un lema destituyente que ponía en duda la democracia interna de las formaciones tradicionales, su distanciamiento de la sociedad y los problemas reales de la gente, así como la limitación de voces impuestas por el bipartidismo, o “turnismo” como lo denominaría Iglesias. Con la intención de no reducir el movimiento a una protesta “anti”, sino de hacerlo propositivo, se remarcó que apartidismo no era sinónimo de apoliticismo. Todo lo contrario, se ponían sobre la mesa conceptos como regeneración democrática, separación efectiva de poderes y participación, condensados en el nombre de la plataforma impulsora: Democracia Real Ya.

Este carácter apartidista fue solo un punto de partida. La reforma de la ley electoral se coló ya entre los consensos de mínimos o “tres puntos básicos”, junto a la “verdadera separación de poderes” y la regeneración política, aunque no obtuvieron el respaldo generalizado de las distintas asambleas. Estas propuestas abrían ya el camino a la exploración de la vía institucional, una opción minoritaria durante los primeros meses pero que muy lentamente, y ya en un estadio de desmovilización, fue asumiéndose como necesaria.

Los primeros 'indignados' en apostar por la vía institucional fueron algunos de los miembros fundadores de Democracia Real Ya. Su iniciativa generó un fuerte rechazo en las asambleas y colectivos vinculados al 15-M y acabó por fracturar la plataforma en dos. Los que defendían mantener la esencia apartidista se quedaron en la plataforma y los que apostaron por la batalla institucional se constituyeron como asociación. Su proyecto no acabó de fraguar. Entre quienes más férreamente se opusieron, criticando los supuestos intereses personalistas de este sector, destacan integrantes de Juventud Sin Futuro, otro de los principales colectivos que impulsaron las movilizaciones. Muchos de sus integrantes han ocupado puestos de responsabilidad institucional de la mano de Podemos.

La vía institucional tardó en calar, habiéndose producido previamente evoluciones y mutaciones varias del movimiento. La más inmediata fue la descentralización del movimiento de las plazas a los barrios y pueblos (expansión para unos, repliegue para otros). De esta primera fase se pasó a la de las luchas sectoriales, con el arcoíris que representaron las mareas ciudadanas: educación (verde), sanidad (blanca), emigrantes (granate) o azul (agua pública). Es en este momento en el que coge un mayor impulso la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH). La que era entonces su líder nacional y ahora alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, se mostró siempre reacia a dar el salto institucional, rechazando incluso la oferta lanzada por el entorno de Pablo Iglesias, antes de crear Podemos, para que formara parte del proyecto en ciernes. Los que eran sus portavoces en Madrid, el ahora diputado Rafa Mayoral y la ahora ministra de Igualdad, Irene Montero, sí se integraron en la organización.

Varios meses antes del surgimiento de Podemos, otras iniciativas de carácter municipalista habían puesto los mimbres para explorar la vía institucional, pero desde un punto intermedio que apaciguaba las voces críticas: los ayuntamientos. Existía el convencimiento de que las instituciones locales, por su cercanía, eran más propicias para llevar a cabo una democracia directa y experimentar con una nueva cultura política alejada de los partidos tradicionales.

Las plataformas municipalistas nacieron de espacios como En Red, posteriormente Municipalia, Alternativas desde Abajo o la Fundación de los Comunes, en los que se teorizó durante meses la opción institucional, tratando siempre de atraer a los sectores con un carácter más libertario y por tanto reacio al asalto institucional. Una vez recorrido este largo camino se constituyeron, siempre de forma autónoma y desde una lógica quincemayista, los movimientos municipalistas. Guanyem Barcelona (luego Barcelona en Común), Ganemos Madrid (luego Ahora Madrid) o las mareas gallegas fueron iniciativas que se vieron rápidamente replicadas en todas las grandes ciudades. Todas ellas eran independientes, aunque bebían del trabajo hecho en los lugares más activos.

El ensayo-manifiesto 'La apuesta municipalista' (Observatorio Metropolitano) acabó por dotar de base teórica a estos movimientos. El salto de las plazas a las instituciones locales, con el impulso de partidos políticos tradicionales, chocó con aquel lema quincemayista del “somos apartidistas”. Si bien, todas estas candidaturas intentaron resaltar que no eran un frente de partidos de izquierda, al modo de una “sopa de siglas”, sino de un movimiento-partido que buscaba el cambio desde abajo. Pablo Carmona, del think tank Observatorio Metropolitano y uno de los autores del manifiesto municipalista, lo definía así en palabras a El Confidencial ocho meses antes de aquellos comicios municipales: “La potencia de estos procesos de confluencia se debe a que no se basan en una negociación de despachos, como si fuese un intercambio de cromos entre partidos, sino en unas reglas de juego marcadas por todos los participantes en el propio espacio, de abajo hacia arriba”. El 15-M reclamaba su mayoría de edad para acudir a las urnas.

Tercera ola: la irrupción de la hipótesis Podemos
La brecha para abrazar la opción representativa fue abierta desde estas plataformas y los promotores de Podemos aprovecharon la oportunidad para colarse sobre ella y llevarse el gato al agua. La formación emergente tomó el atajo y se escapó del pelotón quincemayista que, con paciencia y fieles a sus principios, llevaban meses tejiendo esta vía. Demasiado tiempo y demasiado dogma movimentístico, como llegó a reprochar Juan Carlos Monedero en uno de los plenarios constitutivos de Ganemos Madrid, anteponiendo la eficacia a los lentos procesos asamblearios.

El lanzamiento de la 'herramienta' Podemos cogió por sorpresa a los 'think tank' quincemayistas que llevaban tiempo cocinando esta posibilidad, a fuego lento, y con la paciencia de que la institucionalización del movimiento surgiese de un amplio consenso y una demanda social clara. Entonces ya tomaron la iniciativa, una capacidad que demostraron en las elecciones europeas, primero, y en Vistalegre I, después.

El partido Izquierda Anticapitalista (2008), cuyos militantes se involucraron en el 15-M desde sus inicios, aunque sin conseguir capitalizarlo, fue fundamental en la génesis de Podemos. La andaluza Teresa Rodríguez o el eurodiputado Miguel Urbán eran algunas de sus principales caras visibles. Ambos muy activos en el 15-M, en Madrid y Cádiz, respectivamente. Su estructura sirvió de lanzadera, aunque pronto se convirtió en un lastre para la estrategia diseñada por la promotora del partido, el 'clan de la Complutense'. En la asamblea constituyente de Vistalegre confrontaron con el modelo defendido por Pablo Iglesias, pero sus apenas dos centenares de militantes poco podían hacer ya con el indiscutible liderazgo que había adquirido Pablo Iglesias.

La vía institucional tardó en consumarse tres años. Podemos supo aprovechar 'la ventana de oportunidad' y ahora, coincidiendo con el décimo aniversario del 15-M, forma parte del Gobierno, pero no por un sorpasso al PSOE como se pretendía, sino como socio minoritario y con un “desgaste” que ha desembocado en la dimisión de su secretario general. Cierre de ciclo.

Otro de los preludios de la hipótesis Podemos se produjo en 2012 de la mano de Julio Anguita, con el impulso del denominado Frente Cívico ‘Somos Mayoria’. Una plataforma impulsada por el viejo profesor que pretendía rearticular el formato de partido-movimiento aprovechando el éxito del 15-M y el fracaso de IU para materializar en votos el contexto sociopolítico. Tanto Juan Carlos Monedero como Pablo Iglesias apoyaron esta iniciativa, llevándose de ella conocimientos, propuestas, lenguajes y recursos humanos para luego fundar Podemos. Tanto es así que hasta el propio Julio Anguita llegó a afirmar que Podemos “ha sido en el discurso y en las propuestas que marcan su aparición y fundación, el continuador de lo que el Frente Cívico planteó”. El cuestionamiento del “relato mítico de la Transición”, que en los años noventa apenas teorizaban Julio Anguita y un reducido número de militantes del PCE cercanos a él, fue otro de las grandes marcas que el califa rojo dejó sobre el líder de Podemos.

Tras irrumpir en las elecciones europeas de 2014 con cinco eurodiputados y un millón de votos, sin apenas estructura y una papeleta con el rostro de Pablo Iglesias, Podemos abogó por una estructura más vertical que la teorizada por los municipalistas, AGE o el propio Frente Cívico de Anguita, con una dirección rígida que marcó la toma de decisiones y la hoja de ruta. Se confrontó por un lado el modelo de movimiento-partido, aunque con líderes, frente al de partido a secas, con dirigencia clásica.

La eclosión del 15-M había cogido a Pablo Iglesias a medio camino entre Madrid y Ginebra, lo que no le impidió combinar su habitual empeño por la observación participante, estando en las calles y poniendo la lupa académica sobre lo que en ellas estaba ocurriendo. El movimiento de los indignados en España, primer reflejo en Europa de las primaveras árabes y antecedente de su salto al otro lado del charco, mediante el movimiento Occupy Wall Street.

En aquel momento, y en consonancia con los argumentos esgrimidos en su tesis doctoral, Iglesias todavía no entendía la institucionalización de los movimientos como una tendencia inevitable ni tampoco como característica de las nuevas formas de acción colectiva o desobediencia. Es más, veía en la flamante emergencia de los nuevos movimientos sociales un duro revés a quienes teorizaban su institucionalización como condición de supervivencia. Unas posturas marcadas por el poso de su militancia en el movimiento antiglobalización, cuyos ecos libertarios dejaban en un segundo plano, cuando no se criticaba directamente, la organización en partidos políticos.

Más en profundidad, el académico y militante había entendido, según las conclusiones de su tesis doctoral defendida dos años antes del 15-M, “que los movimientos globales europeos, a día de hoy, no pueden (y dudamos que sus activistas lo deseen) plantearse nada parecido a asumir responsabilidades de gobierno, siendo una cierta colaboración con algunas fuerzas electorales minoritarias de izquierda que no tienen aspiraciones políticas en solitario, una de sus pocas posibilidades (no exentas de problemas y polémicas) de una cierta interlocución con las instituciones. Sin embargo, ello no anula su capacidad de impacto y, sobre todo, sus posibilidades de interacción con movimientos sociales y proyectos políticos de otros lugares del planeta, en especial, de América Latina”.

Un “ni se puede ni se quiere” que comenzaría a cuestionarse a partir de aquel mes de mayo de 2011. Los cambios socioculturales operados transversalmente en la sociedad española por el 15-M no se reflejaron en el plano institucional. El PP de Mariano Rajoy se alzó con la mayoría absoluta en las elecciones de noviembre de aquel año. Iglesias, por su parte, seguía citando a Gramsci, para quien cada revolución ha estado precedida de un intenso trabajo de crítica, de penetración cultural, de permeación de ideas a través de agregaciones de personas y sus vínculos de solidaridad, pero la “emergencia” requería de atajos. Simplificar este proceso, pasaba indefectiblemente por aceptar las reglas de la democracia representativa, denostada por el grueso de los activistas de estas organizaciones asamblearias basadas en la democracia directa de tradición anarquista.

“Nos da la impresión de que los sistemas demoliberales tienen sus propios mecanismos de control. Un ejemplo, cuando en Chile la Unidad Popular toma el poder político mediante unas elecciones democráticas, EEUU organiza un golpe de Estado. Por otra parte, no parece que los gobiernos tengan ninguna soberanía frente a instituciones multilaterales como el FMI, el Banco Mundial o la OMC, a quienes no se puede elegir”, respondía el propio Pablo Iglesias en un encuentro con prensa tras regresar de la cumbre antiglobalización de Génova, en 2001, preguntado el por entonces portavoz de aquellos activistas por el motivo de no dar la batalla electoral y limitarse a la protesta callejera.

Los politólogos del departamento de Sociología y Ciencias Políticas de la Universidad Complutense comenzaron a señalar tras el ciclo de movilizaciones 2011-2014 que el repudio de los indignados a los liderazgos como una de las debilidades de este movimiento. Suntuosa amenaza hacia cualquier partido que quisiese recoger sus banderas y erigirse como el partido del movimiento estricto sensu. Tanto Íñigo Errejón como Juan Carlos Monedero subrayaron esta carencia desde un primer momento. Al principio, en reducidos círculos de debate político, para evitar el rechazo desde las filas quincemayistas, y a medida que se fue abriendo la discusión autocrítica y los interrogantes sobre los pasos a seguir comenzaron a plantearlo en público, aunque siempre resguardando sus opiniones de cientifismo ideológico.

Aquella mayoría absoluta de Mariano Rajoy el 20 de noviembre de 2011 comenzó a utilizarse como el principal argumento para justificar la necesidad de canalizar a través de un partido político las reivindicaciones de la calle que, contrariamente a lo expresado en las urnas, reflejaban un considerable apoyo en las encuestas del CIS.

Durante este período, Pablo Iglesias publicaría dos ensayos con elocuentes títulos: '¡Que no nos representan!'. 'El debate sobre el sistema electoral español y Desobedientes. De Chiapas a Madrid'. En ellos trazaba una genealogía de los movimientos sociales tratando de reivindicar el EZLN del subcomandante Marcos y a los desobedientes italianos como herencias del 15-M. Fuentes de inspiración “necesarias”, aseguraba Iglesias, para afrontar los nuevos desafíos políticos. Asimismo, contribuiría con el artículo 'Repeat Lenin: del 68 a los movimientos globales' en la obra colectiva 'Recuperando la radicalidad'. Un encuentro en torno al análisis político crítico. En el texto, Pablo Iglesias partía de las enseñanzas de Slavoj Zizek para reivindicar la reflexión leninista y defender como principal legado del mayo del 68 “el haber puesto en cuestión las estrategias históricas de los movimientos antisistémicos centradas en el Estado, en tanto que instrumento para la transformación social, depositario del poder soberano”. Nada más lejos de las pretensiones de Podemos, solo tres años después, que por el contrario sigue entendiendo el Estado como institución fundamental hacia la que enfocar su estrategia política.

La hipótesis Podemos fue despejándose, a lo que no sólo contribuyeron los resultados del 20N, sino también la persistencia de la crisis, las muestras de debilidad del PP muy afectado por la corrupción, y, al surgimiento, ahora sí, de líderes reconocidos por el 15-M. En un primer momento, los ojos se centraron en el caso extraordinario de Ada Colau, en la que el grupo promotor de Podemos en la Complutense llegó a pensar seriamente como la más adecuada para colocar al frente de su proyecto. Aquello quedó pronto en nada. El empuje mediático de Pablo Iglesias les hizo cambiar de opinión.

Las oportunidades florecían y el “no nos representan” se tradujo más bien en la necesidad de un relevo generacional, en la deslegitimación de las instituciones construidas "por sus padres" y de los actores que operaban en ellas. El propio rey Juan Carlos señaló que uno de los motivos para ceder la corona a su hijo era que merecía la pena “pasar a la primera línea una generación más joven, con nuevas energías, decidida a emprender con determinación reformas que la coyuntura actual está demandando y afrontar con renovada intensidad y dedicación los desafíos del mañana”. Palabras que, dado que se produjeron poco después de los sorprendentes resultados electorales de Podemos en las elecciones europeas, Pablo Iglesias se encargó de repetir para justificar su atrevida incursión en la política institucional.

Era el momento de poner sobre la mesa todo el corpus teórico de La Promotora, la asociación universitaria en la Complutense de varios de los fundadores de Podemos, que cuestionaba el “régimen del 78” y pasar a una fase más ofensiva en el ámbito institucional. Tirar abajo la puerta de una Transición “cerrada en falso” para ayudar a instaurar una nueva hegemonía. Uno de los principales fines con los que nació Podemos. Y una de las principales razones por las que en el décimo aniversario del 15-M se puede concluir el cierre de un ciclo.

“Sea como fuere, el régimen del 78 con su Rey, sus Pactos de la Moncloa, su bipartidismo, sus bases de la OTAN (aunque tras adaptar el discurso a la “centralidad”, Podemos se ha desmarcado de las protestas contra las bases de Rota “porque crean empleo”), su innegable consenso entre una buena parte de la población española está hoy en crisis. De hecho, el surgimiento de nuestra fuerza política, Podemos, solo puede entenderse en este contexto”, argumentaba Pablo Iglesias. La revisión académica del papel jugado por los actores políticos de la Transición se había puesto en marcha, por tanto, ya unos años antes en la Universidad Complutense, mediante la retahíla de seminarios, conferencias, ensayos e investigaciones anteriormente citadas. Con la irrupción de Podemos, sin embargo, se entendió que era el momento de que todo aquel trabajo académico saliese de los muros universitarios para llegar a la opinión pública. “Toca devolver la palabra al pueblo y abrir un proceso constituyente para construir el futuro de nuestro país”, afirmó el líder de la formación en su discurso durante la noche electoral de las europeas.

A medida que la Gran Recesión iba arrancando hojas al calendario y tomaba tintes de crisis institucional, con una fuerte falta de legitimación, los nuevos movimientos sociales, sobre todo los que mutaron del 15-M en 25-S (nombre que tomó la multitudinaria y polémica manifestación "rodea el Congreso" del 25 de septiembre de 2012) comenzaron a enmarcar este contexto como una “crisis de régimen”. Un concepto al que se aferraron los ideólogos de Podemos, grandes contribuidores a la desmitificación de este periodo histórico, para demandar un papel protagonista en la apertura de un hipotético proceso constituyente. “Esta idea de la crisis de régimen como cáncer terminal del sistema político surgido de la Transición no es, ni mucho menos, un planteamiento voluntarista propio de jóvenes que queremos ajustar cuentas con la veneración de la Transición española por parte de buena parte de las fuerzas políticas españolas”, según trataba de aclarar Iglesias.

Ahora que Los Verdes en Alemania vuelven a estar de moda, como referente político en España de Más País, el proyecto de Íñigo Errejón que pretende escalar a nivel estatal con el impulso del 4-M, no estaría de más revisar su pasado. Quizá como analogía o preludio del devenir del “espacio del cambio” o de las fuerzas a la izquierda del PSOE. En la década de los ochenta, Los Verdes acabaron divorciándose de sus bases por preservar la eficacia al precio de sacrificar su participación interna. Todo ello después de haber cosechado unos magníficos resultados electorales gracias a un contexto, como ocurrió tras el 15-M, marcado por la deslegitimación de la clase política y las instituciones, la resaca de la crisis económica de los años setenta y los fuertes niveles de movilización callejera.

La tensión entre la pata movimentística y la orgánica -es decir, el partido en las instituciones-, acabó por romperse en favor de la segunda, burocratizada y resistente a permitir un control desde abajo, en nombre del oportunismo y de la efectividad que garantiza la centralización. Del rupturismo al pragmatismo. De proponer un “cambio de régimen”, a integrarlo como muleta del PSOE. De los 69 escaños, el sorpasso y el objetivo de abrir una segunda transición, a los 35 diputados y gobernar como socios minoritarios del PSOE.

Cuarta ola en forma de contraola
El exdiputado de Podemos y profesor universitario especializado en movimientos sociales, transiciones y teoría política, Raimundo Viejo, define la "fase baja" actual como "la fase en la que, ante la crisis de la movilización empieza a cobrar fuerza el contramovimiento (no puede ser de otro modo, tal como sabemos desde los estudios de la acción colectiva)". Primero se expresaría, según continúa, "con el auge de un clima de opinión reactivo, muy marcado por los liderazgos comunicativos de la derecha mediática, pero también por los efectos de la readaptación de las redes a la lógica algorítmica que por fin ha metabolizado la sorpresa de la ola global de movilizaciones, como la Primavera Árabe, Generaçao à Rasca, 15-M, Occupy Wall Street o Yo soy 132".

En primera persona, el también activista, añade con tono académico en una respuesta a través de Telegram que esta fase "se ve además reforzada por el agotamiento de los proyectos que habían operado como un exterior constitutivo de nuestras hipótesis (Syriza en Grecia, la América Latina de Lula, Chaves, Evo, etc.) y, sobre todo, despega con Trump y las intervenciones de Bannon en Europa".

Tras el estallido de las movilizaciones contra el estado de alarma por la pandemia, las protestas de los apodados como "cayetanos", comenzó a visualizarse una suerte de 15-M invertido. Una canalización del descontento y la desafección con una características opuestas a las del movimiento 15-M, más nihilistas, individualistas, en busca de liderazgos fuertes, pero con un caldo de cultivo similar, como la crisis económica y la creciente falta de expectativas.

Si para Espinar "el ciclo del 15-M se cierra con el gobierno de coalición”, con el epílogo en la dimisión de Iglesias, apunta que en la reacción, "la última parte, es Vox". "Un refugio electoral de una energía del 'que se vayan todos', aunque no parece tener la fuerza del 15-M, porque Podemos le deja ese carril vacío con la conversión de partido 'outsider' a partido de gobierno y de orden. Quien ocupa ese espacio en términos de discurso de impugnación va a ser la extrema derecha". Se cierra el ciclo del 15-M y con ello, concluye Espinar, se acaba también "la anomalía española de que era de los pocos países sin una extrema derecha fuerte".

El director general de Public, Abelardo Bethencourt, quien ha trabajado en numerosas campañas electorales y ha sido jefe de gabinete del Secretario de Estado, director del gabinete del presidente del Gobierno y secretario del Consejo de Seguridad Nacional en la etapa de Mariano Rajoy, lo explicaba así: "Se han dado cuenta de que viene una crisis económica terrible y lo que quieren es convertirse en el partido de 'los de abajo'. Se están 'podemizando', replicando la misma actitud que Podemos en 2014 con la crisis anterior". Hacía referencia a unas manifestaciones de Espinosa de los Monteros negando que en España haya partidos de derechas. "Eso recuerda al lema de que no somos de izquierdas ni de derechas, sino que somos los de abajo. Quieren recuperar el eje de los de arriba contra los de abajo". En palabras de los dirigentes de Vox, "una alternativa patriótica y social" al "socialcomunismo" de Sánchez e Iglesias.

Además de los cambios que empezaban a percibirse a nivel discursivo, Bethencourt ponía el foco en el marketing digital del partido, concretamente en la campaña 'seguimos indignados', coincidiendo con el noveno aniversario del 15-M. "En ella habla gente que participó en el 15-M y que votó a Podemos, pero que ahora se reconocen defraudados. El mensaje es que el único partido que ahora puede recoger el malestar contra el sistema es Vox", relataba este analista político en las páginas de este diario.

El cierre de ciclo del 15-M tiene tintes de gran decepción para sus protagonistas y las amplias capas de la sociedad que respaldaron sus revindicaciones. Deja también aprendizajes, introducción de demandas en el debate público y la agenda política y avisos ante la tentación de los gobernantes de cometer excesos. "A una década vista, está claro que hemos vivido mucho, aprendido un montón de lecciones, reconoce Viejo, que quizá sea de los pocos optimistas. "La siguiente ola de movilizaciones, considerada en base al progreso histórico de las dos siguientes, apunta ya a que será un desbordamiento más potente aún", augura. La célebre reflexión de Albert Camus, en cambio, apunta en otra dirección con una visión más cíclica: "Fue en España donde mi generación aprendió que se puede tener razón y ser derrotado, que la fuerza puede destruir el alma y que a veces el coraje no obtiene recompensa".

¿Por qué la izquierda se niega a condenar los crímenes del comunismo?
A pesar de la recomendación de Europa, PSOE, Podemos e independentistas han votado varias veces en contra de condenar las atrocidades cometidas por el comunismo en el siglo XX
Admirado abiertamente por Iglesias, Garzón y otros líderes de la izquierda, Vladimir Lenin abrió 82 campos de concentración en toda Rusia. De noviembre de 1917 a enero del 1924 se asesinó en la URSS por motivos políticos o religiosos a un millón de personas, entre 15.000 y 20.000 de ellos eran sacerdotes focianos y católicos.www
A. Rojo. larazon 15 Mayo 2021

En la pasada campaña de las autonómicas de Madrid, Ayuso lanzó una disyuntiva que dejó perplejos a muchos al inicio de la carrera electoral: “Comunismo o libertad”. Pero, más allá de un slogan con gancho, ¿hasta que punto se sostiene establecer una identidad entre formaciones políticas como el PSOE, Podemos, Esquerra o Bildu y la ideología política causante, conforme a los historiadores más templados, de atrocidades inimaginables que segaron la vida de 100 millones de personas -con nombres, apellidos e historias personales como la suya o la mía- a lo largo del Siglo XX.

Ese genocida llamado Lenin
Antes de analizar el perfil ideológico de la izquierda española conviene realizar un breve repaso de la magnitud de las atrocidades cometidas en nombres de la revolución comunista.

En el “Domingo Sangriento” de 1905, considerado uno de los principales eventos que llevaron eventualmente al triunfo de la Revolución Rusa, las tropas zaristas abrieron fuego contra un grupo de manifestantes liderados por el sacerdote fociano Georgy Apollonovich Gapon asesinando a 96 personas según las cifras oficiales, a “cientos” según cierto revolucionario llamado Trosky. Su sangre provocó a la larga la caída (y el asesinato,junto con toda su familia) del propio Zar Nicolas II y la ascensión de Lenin. Vale la pena hacer una comparación cuantitativa de lo que se desató a continuación desde noviembre de 1917 hasta enero de 1924, cuando al fin murió Lenin.

Más de un millón de asesinatos por razones políticas o religiosas (15.000 a 20.000 sacerdotes).
Entre 300.000 y 50.000 cosacos asesinados.
240.000 asesinatos solo en la represión de la rebelión de Tambov.
Cientos de miles de trabajadores y campesinos asesinados por hacer huelga o por negarse a entregar a las tropas soviéticas sus alimentos.
50.000 ejecuciones a prisioneros de guerra “blancos”.
Entre 3,9 y 7,75 millones de muertos a causa de la hambruna entre rusos, kazajos y tártaros.

Y esto antes del primer día en el que Stalin asumiera el poder en Moscú.

Iglesias: Lenin, esa “mente prodigiosa”
Es de suponer que líderes políticos tan comprometidos con mantener viva la llama de la “memoria histórica” como Pablo Iglesias, Alberto Garzón mostraran repugnancia ante semejantes carniceros. Nada más lejos de la realidad.

La opinión que sobre Lenin tiene el líder de Unidas Podemos es conocida. Cree que tuvo una “mente prodigiosa” y que su ascenso al poder es “una de las grandes lecciones del siglo XX”. En este video (minuto 5:50) puede escucharse al propio Iglesias dando su opinión sobre el revolucionario ruso en el mismo momento en el que su partido irrumpía en 2014 en la política española después de haber sido financiado su embrión político (la fundación CEPS) con millones de euros provenientes del chavismo.

El ejemplo de Europa
Hace apenas un mes los partidos que propiciaron la llegada a Sánchez a la Moncloa tuvieron una oportunidad de oro para marcar distancias cuando el PP propuso en el Congreso una condena de los totalitarismos nacional-socialista en Alemania y comunista en distintas partes del mundo. Vox, Ciudadanos, Coalición Canaria y Foro Asturias votaron a favor y el resto (el gobierno Frankenstein al completo) voto en contra por lo que la iniciativa fracasó.

La iniciativa del PP, que ya había sido presentada en noviembre de 2020, sigue la estela de la resolución condenatoria del comunismo del Parlamento Europeo de septiembre de 2019 en la que se instaba a los estados miembros a que hicieran “una evaluación clara y basada en principios de los crímenes y los actos de agresión perpetrados por los regímenes comunistas”. Para el PE “deben mantenerse vivos los recuerdos del trágico pasado de Europa con el fin de honrar la memoria de las víctimas, condenar a los autores y establecer las bases para una reconciliación basada en la verdad y la memoria”.

El texto se aprobó con 535 votos favorables, 66 en contra y 52 abstenciones. Defiende que, mientras los crímenes nazis fueron evaluados y castigados en los juicios de Nuremberg, todavía sigue “existiendo la necesidad urgente de sensibilizar sobre los crímenes perpetrados por el estalinismo y otras dictaduras, evaluarlos moral y jurídicamente, y llevar a cabo investigaciones judiciales sobre ellos”.

 


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